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Remember You — Privado [Flashback]

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Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Sáb Oct 11, 2014 8:02 pm

Remember YouValeria Caprice ● Restaurante ● medio díaHace unos diez años atrás. Las familias más poderosas y unos que otros invitados privilegiados se encontraban en un hotel de renombre en Valley Amoris. Llegando sin falta alguna a la fiesta escandalosa de inauguración de la misma que llegó a llamar la atención a una interminable caravana de personas se acumulaba en la entrada que a penas la primera limosina que encabezaba las demás se tardó en estacionar. Inquisitivas personas, la menoría eran otras reporteras y guardias que remarcaban un límite a los mirones y reporteros de una gran pasarela. Como si de famosos se tratada, el generoso John “Jaime” Davison Rockefeller VI era el primero en salir del coche y junto con su hijo John “Seth” Davison Rockefeller VII que derritió el alma de las jovenzuelas ya que el niño de siete años echó una mirada con la intención de “encantar” mientras que este, en lo más íntimo liberaba la verdadera finalidad de amedrentar a los desconocidos para alejarlos de una buena vez pero no consiguió nada más que alterar a las féminas de su entorno por su encanto natural. Seth en ese entonces tenía un tormentoso humor desde que lo obligaron a ir a la fiesta y ahora no soportó el chillido de las chicas que se tapó los oídos haciendo pucheros. Su progenitor se distrajo observando casi sorprendido por la multitud hasta que se percató que a lado suyo, al agitar la mano para llevarle a su hijo, Seth no estaba. Seth se fue por la calzada llevando la delantera de Jaime haciendo que lo persiga y que el niño terminara por correr a casi por tropezones hasta llegar al interior del recinto.

La siguiente limosina avanzó y de ahí, la gran dama encantadora, la Princesa Emilie de Báthory al fin era reconocida gracias a su hermana que es la que más le encanta llamar la atención, iban juntas, ambas perdían su tiempo presumiendo apoteósicamente sus deslumbrantes vestidos que, irónicamente se hicieron más famosas que ellas. Los vestidos hechos por una gran compañía italiana, de los Caprice que por supuesto ellos han sido invitados. Mientras tanto que ellas se lucen ante las cámaras y los invitados también hacían su acto de presencia, Jaime y Seth entraron a carrera en el Hotel hasta que llegaron a un elegante comedor. Lo único que Seth recuerda era lo resbaloso que era el piso, se quitó los zapatos haciéndolos volar por doquier para así resbalar el mismo como siempre lo hacía en su casa. La servidumbre que estaban posados en los costados del comedor y listos para atender, observaron donde volaron los zapatos del niño. Seth fue capturado finalmente por su padre sosteniéndolo del brazo mientras que el niño caía lentamente y balanceándose gracias al agarre de su padre. Se columpiaba — yay! — Seth se divertía y en cambio, su padre estaba irritado por el comportamiento de su hijo pero luego al ver la actitud alborozada de su hijo no pudo reñirle. Suspiró el hombre hasta que un sirviente le dieron los zapatos — John, ponte los zapatos y compórtate… — tal vez no era un buen rol como padre pero trató, luego se marchó una vez que el mayordomo al fin llegó para cuidar de Seth — Te lo encargo. — dijo Jaime Rockefeller arreglándose el traje y el mayordomo asintió mansamente — Si señor. — Una vez que el hombre se retiró para recibir a los invitados, Seth siendo un niño muy activo iba de ahí y por allá, mareando al mayordomo — Señor Seth, podría estar quieto por… — hasta que Seth de repente desapareció como arte de magia. El niño de pelo rubio se encontró con unas inmensas puertas abiertas al aire libre.



en el jardín...
Era medio día, el sol se encontraba en lo más alto, aprovechaba que deslumbraba con toda su energía hasta llegar a cualquier ser viviente en la tierra. Seth detestaba el sol y el calor ya que era un día de otoño. Pero le picaba tanto la curiosidad, que sus inquietos pies lo llevaron al exterior y se encontró con un jardín demasiado elegante. El lugar era demasiado extenso, era como su casa que era una mansión y para él no le impresionaba casi nada que a correteos se paseó por el exterior. Ese lugar era tan inmenso que el mayordomo que llevaba las cosas del niño y lo seguía con cajas y todo a duras penas que lo ha perdido de vista después de doblar a una esquina del comedor. El mayordomo echó una gran rabieta entre dietes. Siempre desquiciaba a sus sirvientes. A Seth, desde muy pequeño le gustaba explorar y hasta ahora. Por lo tanto, el enérgico niño se iba corriendo hasta que se encontró con un laberinto. Le encantan los laberintos y de hecho, tiene uno en casa pero él sólo conoce el camino correcto el de su casa que de aquí. Era un niño lsito y no entró ahí por el momento. Dio media vuelta para volver a donde sus padre pero a cierta distancia observó a su mayordomo y observándolo mejor al rostro, tenía una cara de pocos amigos y echando rabietas otra vez, en el patio del jardín. Seth dio la vuelta de nuevo. Por donde estaba parado, había como una especie de túnel de hojas y muy espesas pero tenía el suficiente espacio estrecho como para que pueda caber un niño.


Última edición por Seth Rockefeller el Vie Oct 17, 2014 6:32 am, editado 3 veces
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Sáb Oct 11, 2014 8:09 pm

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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Sáb Oct 11, 2014 8:14 pm

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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Valeria Caprice el Jue Oct 16, 2014 8:13 am

Valeria tenía tan solo 7 años, sin embargo debido a su comportamiento ninguno de sus padres tenía el menor problema con llevarle a ningún tipo de evento, es más, se enorgullecían de la pequeña y esto la hacía sentir muy bien. Debido a esto no es de extrañar que, cuando llegó una invitación a un baile clásico en Francia, su madre les llevara a ella y su hermano mayor sin problemas.

Llegaban a la gala, Valeria era muy pequeña para poder hablar francés pero debido a sus constantes viajes y la gran inteligencia de la pequeña, podía manejar un nivel bastante correcto de inglés, que sería el idioma seguramente hablado por la mayoría ya que parecía ser que había gran cantidad de extranjeros, desde Norteamérica hasta China, desde Filipinas a Japón y así sucesivamente. En cuanto la limosina aparcó, un encargado abrió rápida y cordialmente la puerta, tendiéndole la mano a su elegante y bella madre para salir del coche, seguida de ella fue la pequeña Valeria, con un precioso vestido de princesa adorable, quien recibió la mano del hombre para bajar con mucha delicadeza aun para su edad, seguida por su hermano en smoking gris claro bien combinado, en cuanto salieron se pusieron cada uno a un lado de su madre y caminaron por el lugar, sintiendo rápidamente un buen bullicio por quienes estaban alrededor y notando enseguida el flash de las cámaras, un par de veces se detuvieron para posar pero pronto estuvieron en la entrada. Valeria no estaba en absoluto molesta por la atención recibida, escuchar halagos de quienes estaban ahí mirándole caminar con delicadeza y elegancia casi impropias de una niña de su edad le animaba a seguir mostrando lo perfecta y hermosa que era y se sentía, más aun con la seguridad de su madre junto a ella, quien también era una autentica belleza curvilínea, Valeria esperaba ser un día como su preciosa madre.

Vestido y peinado:

El peinado igual pero con el cabello largo hasta el hombro Lo sé, es una preciosura hasta de niña (?)

Pronto fueron recibidos por los porteros con una reverencia, Valeria escuchó un suspiro por parte de su hermano y le miró de reojo, a diferencia de a ella y su madre, a él no le gustaba ser observado por todos, pero se aguantaba por educación y respeto, además de ser la fiesta algo importante socialmente, Valeria sabía que a su hermano no le gustaba estar rodeado de muchedumbre pues era muy tranquilo, quizás preferiría estar en casa o viajando con su padre como ya era costumbre pero aun así la pequeña no podía evitar sentirse feliz de estar junto a él, al menos simbólicamente. Luego de mirarle un segundo él se percató y le devolvió la mirada con sus verdes y profundos ojos oscuros, provocando que Val se recatara, amaba mirarle pues le admiraba demasiado, pero odiaba ser mirada por él pues nunca veía sentimientos hacia ella, ya fuera alegría por hablarle, tristeza o al menos enfado, sin mencionar que las pocas veces que le hablaba tampoco demostraba nada hacia ella. Le sonrió a penas a su hermano y volvió a mirar al frente, no podía negarlo siendo tan pequeña, le asustaba su hermano y lo frio que era con ella, se parecía tanto a su padre que sentía mucho miedo, no podía evitar pensarlo, pero en cuanto escuchó voces dirigiéndose a ella salió de su ensimismamiento para responder, un par de personas le halagaban, ella les respondía en un inglés básico pero fluido, recibiendo buenos elogios de los extraños y sonrisas orgullosas de su madre.

Pronto esta presentación acabó, justo cuando llegaron Anana, una de las criadas encargadas de cuidarle, junto a otra mucama de la casa Caprice, quienes iban a recibir a Valeria para darle espacio libre a su madre de ir a socializar, esta se despidió acariciándole el rostro y se fue a saludar a unos señores a unos metros de ahí, llevándose a su hermano con ella, quien ahora sonreía, asentía y respondía a lo que le preguntaban, admiraba definitivamente mucho a su hermano y mirarle de lejos era lo que más le agradaba, así se sentía segura de su mirada. Pronto se retiró a comer un entremés con sus niñeras y aun esto lo hizo con la fina elegancia de una dama, hasta que decidió que quería conocer el lugar y comenzó a recorrer, siendo seguida de cerca por las mujeres, pronto topó con un gran balcón con ventanal que daba al jardín, era bastante bello y amplio, aunque no muy similar al suyo que era mucho más delicado, poseía más rosales y enredaderas dándole un toque mágico que Valeria amaba, sin embargo, diferente y extraño, aquel lugar era hermoso y no tardó en causarle mucha curiosidad a la pequeña dama, quien salió con elegancia seguida por sus mucamas, bajó los escalones del balcón para llegar al en cementado del jardín, miró a ambas mucamas y sonrió, una de ellas sonrió de vuelta hacia la pequeña pero la otra, a quien llamaba Anana, abrió los ojos como platos, ella conocía perfectamente esa expresión, la niña estaba a un segundo de hacer alguna travesura que les dejaría exhaustas. Intentó detenerla, iba a decirle algo… pero cuando iba a abrir la boca la pequeña ya había comenzado a correr lejos.

-¡Nos vemos aquí en 2 horas Anana!-dijo la pequeña. No demasiado fuerte para que no se escuchara adentro, aunque había música clásica de fondo asique difícilmente ocurriría.

Pronto se halló bastante lejos, aun se veía la mansión por obvias razones pero había zigzagueado tanto para que sus nanas no intentaran siquiera seguirla que había terminado muy lejos, aunque no estaba perdida, aun al menos, pero sabía que no debía ir mucho más allá pues no sería tan boba como para perderse en aquel lugar. Ya relajada comenzó a pasear tranquila, admirando una que otra flor y siguiendo su recorrido hasta que vió una especie de puerta de arbustos, como un pasaje hacia otro lado, sin poder aguantarse la curiosidad entró rápidamente, al ser tan pequeña y delgada estaba claro que pasaría pronto, pero aun así tuvo ciertas dificultades debido a no querer rasgar su precioso vestido hasta que consiguió meterse y se encontró con un ambiente cerrado, con una agradable pileta de 3 fuentes y unas cuantas bancas, parecía algo abandonado por una abundancia de hojas de árboles alrededor, pero no se veía casi polvoriento, al observar también notó rápidamente una cabeza rubia, pestañeó extrañada al encontrarse con un chico rubio como de su tamaño, delgado y con traje, que le observaba. Sin perder el tiempo sonrió ampliamente, quizás era un hijo de noble o del mismo dueño de casa si estaba tan apartado.

-¡Hola!-le saludó enseguida, levantando un poco la cabeza en gesto altivo y lleno de confianza-Soy Valeria, Valeria Caprice-se presentó e hizo una pequeña reverencia haciendo gala de su vestido, solo para sacar a relucir un poco más de la belleza que aun a su corta edad sabía que poseía-¿y tú?-preguntó curiosa y sonriente mientras se acercaba un poco.


Última edición por Valeria Caprice el Jue Jul 02, 2015 10:48 pm, editado 1 vez
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Vie Nov 14, 2014 9:18 pm


Nightwish - For the Heart I Once Had [Instrumental Version]

Había pasado un buen tiempo escondiéndose en el jardín. Le divertía ver al mayordomo desesperarse y frustrarse por no encontrar al pequeño príncipe. Hasta que en una de esas salió de su escondite y el viejo lo ha visto apenas. Se escondía tras los arbustos y tal, cada vez que este se atrevía a revisar bajo aquel arco de hojas. El pequeño era tan escurridizo que exasperaba al mayordomo. Era lo que realmente quitaba el lado malo de ese viejo. Parecía resignado de tanto seguirlo y buscando al niño que se dirigió a las gradas por si Seth ha entrado al elegante comedor. Los menudos ruidos en los finos azulejos de color de cuarzo del jardín estaban cada vez más cercas. Giró la vista y la observó atentamente. Ya es la segunda vez que Seth observa a una niña en todo el mes. — Oh no… una niña… — Se sorprendió sin decir nada, no sabía por qué se ha sorprendido tan rápido. La niña tenía demasiada confianza y altanera pero Seth en esos tiempos no sabía cómo tratar a las niñas o como actuar. O simplemente les miraba de reojo. Decía que eran demasiado extrañas y que nunca les gustaría. Desde entonces su madre le daba la contra, que tarde o temprano él será un hombre hecho y derecho. Observó el saludo cortesano. Cortesías… él no ha respondido de la misma forma, sólo la observaba y le miró de reojo hasta que la niña llamada Valeria se acercara sin más. El extraño ser se le acercaba y el pequeño rubio dio unos pasos atrás rápidamente, alejándose de ella hasta el punto de meterse entre las hojas esas de aquel arco, su escondite. Él detestó a las niñas y los jardines pero no había otro lugar que estar tranquilo de la gente. Siempre detestó este tipo de reuniones. En cambio la pequeña Valeria parecía que le fascinaba.

Seth arrugó la nariz y frunciendo el ceño observándola intentando hablar amablemente — John Rockefeller… — correspondiendo el saludo como debía pero no podía evitar responder pedantemente — ¿Qué quieres niña? — con la sinceridad muy pura de un niño. Le seguía mirando de reojo, la verdad a Seth desde esa edad detesta el color morado que era el color del vestido de la niña que estaba parada en frente de Seth. Mientras tanto los adultos al parecer han estado pasando al interior del gran edificio, ya al gran comedor del dichoso hotel. La madre de Seth, la vanidosa Emily de Báthory iba junto con su hermana. Ambas iban tras la diseñadora del vestido para darle elogios por la calidad de la misma. Profundizaban charlas, Emily es muy extrovertida y carismática, hasta llegar a hacer un acuerdo pero antes que nada decidía encantar a la “mayor” ya que los mayores son los que siguen las tradiciones y tienen más fuerza ante las decisiones. Emily tenía la intención de comprometer a Seth con la hija de los Caprice. El recinto poco a poco se llenaba, se observaban personas observando desde los balcones. Y ahí, el mayordomo que miraba los alrededores desesperadamente, parecía como si buscara para salvarse el pellejo. Seth lo quería molestar, decidió esconderse. El rubio le cogió el antebrazo de la niña para luego llevarla más en lo profundo del maravilloso jardín. Ya que la niña sabía dónde se escondía Seth, eso es lo que creía, para que “no sople” la llevó con él. La había llevado entrando al laberinto. Que es donde le gustaba explorar. Es cierto que tiene una en casa, pero ya sabe el camino de ida y de regreso de esa así que… estaba dispuesto a aceptar el reto de realizar el laberinto.

El mayordomo había puesto más atención y observó una sombra, la sombra de Seth y de Valeria desaparecer para el otro lado del jardín. Donde este antes había buscado. Entes que nada Jaime, el padre de Seth, lo llamó. Rápidamente fue tras al llamado, no iba a desobedecer a su amo para nada. Jaime era una persona muy tranquila y serena. Había preguntado por Seth y porque no estaba con él. Si lo ha perdido de vista, este no se preocupaba del todo. Tenía la confianza de que Seth estaba bien y que no se perdería todo el día. El deseo de Jaime era la misma de la Princesa Emily, aliar a ambas casas para un gran dichoso porvenir siguiendo las primitivas costumbres de aquella época. Tal vez la muchacha guardaba cierto rencor que es capaz de depositar todo aquello a su propio hijo y mantenía aquella mentalidad de esas épicas medievales, era lo que la mente de la misma se alimentaba gracias a la fuerte influencia de su difunto padre. La joven Emily, estaba ansiosa y entusiasmada por la calidad de fiesta que montaban aquel medio día.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Valeria Caprice el Miér Nov 26, 2014 2:55 am

Valeria no demoró en notar la renuencia del ojiazul a su cercanía, lo cual no pudo sino impulsar un pequeño deseo de molestarle aun cuando ni le conocía. Se detuvo un momento para no incomodarle demasiado y que, de ese modo, no se fuera antes de tiempo. Pronto vió el ceño fruncido y sonrió un poco, vaya que si se divertiría.

-Solo paseaba, el lugar es muy bello-habló tranquila y amable, buscando agradar al rubio, si llegaba a caerle bien luego podría meterse un poco con él y lograría divertirse esa tarde, eso era lo que pasaba por su infantil mente en aquel momento mientras, en otro lugar, su madre era avasallada por una joven y guapa mujer y su hermana, ellas habían hecho dos encargos especiales para aquella fecha en específico y elogiaban el trabajo, buscándole rápidamente tema de conversación.

La elegante Marietta era bastante perceptiva y podía intuir que la caprichosa Emily quería algo más que solo alabar su trabajo, sin embargo era inteligente y astuta, por lo que escucharía su propuesta más adelante. Sin imaginarse que ésta trataba sobre comprometer a su preciada hija la mujer conversaba con presteza y elocuencia, mientras esperaban que se sirviera el banquete. Mientras se desenvolvía la relación de ambas madres sin saber que sus hijos acababan de conocerse, la pequeña Valeria era ahora arrastrada hacia algún lugar del jardín por el rubio que acababa de conocer, quien se hacía llamar John. Pudo ver de reojo la silueta lejana de un mayordomo, no era nadie que ella conociera, por lo que no le buscaba a ella y, por ende, seguramente era al rubio a quien perseguía con ese rostro afligido, pronto fue capaz de descifrar de que trataba todo, el niño estaba allí ocultándose, a diferencia de cómo era con ella seguro que a él le andarían buscando desesperados y por eso se la llevó con él, asumió rápidamente que el chico no quería ser encontrado y, por tanto, se había llevado arrastrando a la única que conocía su paradero. Amplió su sonrisa al descubrir esto, ahora tenía como chantajearle y no necesitaba actuar tan amable ni nada.

-De acuerdo, frenamos aquí-dijo soltándose del agarre y apoyando una mano en la cadera, en una clara imitación de la pose que su madre hacía cuando se ponía seria o tenía que regañar a alguien en su trabajo, y decía a alguien porque a ella jamás le había llegado siquiera un resquicio de ello, sus padres le consentían en todo y, como nunca pasaban tiempo con ella, no tenían idea de que tan revoltosa era, mientras que sus criadas y mayordomos no tenían permitido levantarle la voz siquiera y ella se aseguraba de mantener aquella regla implícita, pues cualquiera que lo intentaba estaba, al día siguiente, empacando sus maletas, excepto dos niñeras que eran mucho más que simples empleadas, ya que cumplían 10 veces más el rol de madres que su propia madre y eran las únicas, además, que aguantaban el fuerte carácter de la pequeña. -Si no te has fijado, estamos entrando a un laberinto, niño-fue lo primero que Valeria pronunció en cuanto John le hubo soltado y se hubo girado hacia ella-No sé qué planeas pero si no me lo dices gritaré que me estás secuestrando-no amenazó, advirtió, cruzándose de brazos y sonriendo angelicalmente-Seguro que tus padres quieren encontrarte ¿quieres que les llame?-comentó y preguntó de manera sarcástica, aun a pesar de su joven edad ya tenía un manejo bastante amplio de lo que era manipulación, las mentiras y el engaño, cualquiera que le conociera diría que no era más que una pequeña harpía, que no tenía futuro más allá que como una víbora come gente, y ciertamente tenían razón, ya que sería solo más adelante, cuando su vida diera un fuerte giro, que cambiaría su manera de ser para mejor y, de no ser por aquello, seguramente se convertiría en una versión mucho menos humana de quien era su madre. -Ahora que estamos claros, no vuelvas a jalarme, podría caerme y mi vestido no se arruinará por un niñito impulsivo que no sabe ocultarse sin correr a lo tonto-habló filosa luego de volver a separar su brazos para apoyar una vez más la mano en su cintura-por otro lado, tu apellido no me suena, asique no eres hijo del anfitrión, ¿has venido aquí antes? ¿Conoces el camino de ese laberinto?-preguntó frunciendo un poco los labios y desviando la mirada hacia el camino que se abría paso frente a ellos mientras las mucamas que se suponía estaban a cargo de ella se ocultaban por otro lado del jardín, de modo que la irritable Marietta Lissandre no les fuera a divisar y llamar ya que si se enteraba que habían perdido de vista a su preciosa hija no tardarían mucho en estar de patitas en la calle y una de ellas también conocía perfectamente a la pequeña morena como para saber que, aunque le encontraran, no habría fuerza humana que le hiciera quedarse a su lado.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Lun Mayo 18, 2015 6:13 pm

Elevó la vista al cielo y negó la cabeza apartando la vista de Caprice. A Seth no le veía nada interesante la decoración y las flores. Simplemente indiferente — pff niñas… — Con esa edad, no podía darle más asco la niñita esa — “Las niñas son raras, dan asco” — repugnaba en sus adentros mirándola de reojo y consideraba soltar a la niña. No entendí el esmero que ponían en ellos, pero Seth sólo le daba utilidad las cosas. Le gustaba ocultarse tras los arbustos con figuras un tanto raras pero sólo le daba utilidad a ello. Estaba llegando a un gran laberinto. Así que el niño nada más le fijó la mirada filosamente como suele hacer al sexo opuesto y se notaron unos leves tonos vivos en los mofletes del jovencillo por el enojo y frunciendo más el ceño tiernamente mientras que aún seguías escabulléndose arrastrando a la niña de forma tosca hasta que esta se soltó. La miró de reojo nuevamente al escuchar las “amenazas” de la niña y luego alzó de hombros como que no le importaba de lo que decía.  Sólo escuchaba “blah blah blah” y le ha dado la espalda — niña amargada

Un comedor muy fino decoraciones en oro macizo de época con pizcas de detalles húngaros que le daba nostalgia a la privilegiada Emily, las manos a la falda, al estilo cortesano saludando a los invitados. Mientras que su hijo se adentraba al laberinto y se rió burlón dejando  a la niña donde ella había parado — ¿A caso es que tienes miedo de perderte? —  se dio media vuelta y le sacó la lengua. Luego siguió su camino — Apuesto que tú te perderías primero — dijo en forma desafiante. En lo que era bueno el niño John VII  era su don de convencer a las personas tocando en la parte más débil de las mismas y tener el control absoluto. A esa corta edad sentía que estaba en el centro del mundo. La niña tenía la decisión de aventurarse junto a Seth o acusarlo.

aquí un ejemplo del salón
Salón:


Off:
Espero que esta vez lo entendamos (???
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Valeria Caprice el Lun Mayo 18, 2015 11:12 pm

¿Acababa de llamar “amargada” a Valeria Caprice? Ese chico sí que tenía agallas, o era muy tonto, de todas maneras hasta ahora la ojiverde no veía mayor ingenio en él por su manera de actuar respecto a la situación así que simplemente le acusaría, no tenía problemas por ello pues lo que ese chico idiota le dijera no le molestaría; sin embargo al escuchar el discreto desafío salir de su boca, la pequeña morena volvió a voltearse hacia él con una mirada diferente, un pequeño brillo apareció en su mirada, ella siempre ganaba, no iba a dejar que un niño torpe como él le sacara la lengua de esa forma y se fuera inmune, lo humillaría de una u otra manera, ella era especialmente buena en ese tipo de cosas y, vamos, el laberinto frente a ella era un fuerte incentivo para aceptar, aun siendo un lugar totalmente desconocido para ella, la curiosidad era algo nato en ella y si bien no era de las que se andaban perdiendo o metiendo en problemas por ir de metiche, no podía negar que el desafío y el lugar casi le obligaron a aceptar. Frunció los labios un momento y comenzó a avanzar hacia el laberinto, ¡Alerta! Se dijo a sí misma en seguida, debía fijarse bien en el camino para poder volver en caso de no encontrar la salida, aunque algo le decía que podría con ello y ella tenía mucha confianza en sus predicciones, que por lo demás, solían ser correctas.

Mientras la menor de los Caprice se adentraba en el laberinto junto al primogénito Rockefeller, sus padres ya comenzaban a acomodarse en el salón comedor destinado para el evento social. De una forma u otra la princesa de Báthony había terminado sentada a la izquierda de Marietta mientras su querido hijo disponía del asiento a su derecha, la enérgica joven no parecía perder oportunidad de hablar con la que en aquel momento parecía su amiga de toda la vida y la mayor Lissandre no estaba demasiado dispuesta a continuar con la charla, su paciencia era mucha pero no estaba dispuesta a lidiar con niños caprichosos en aquel momento, siquiera su hija de tan corta edad actuaba de aquel modo con ella, aunque claro, parecía tener todos los modales correspondientes para estar en aquel lugar. Y mientras sus madres interactuaban los hijos competían. La joven Valeria no estaba para nada dispuesta a perder contra aquel chico y se mantenía alerta de en donde se encontraban, hasta ahora sabía perfectamente como regresar pero se notaba bien encaminada mientras el contrario parecía querer chocarse con ella cada dos por tres pues casi en cada vuelta volvían a toparse, a ese paso casi sería mejor irse juntos pero no parecían dispuestos a ellos, aunque al menos por parte de la ojiverde, lo que menos le importaba era ir o no con él, lo que le importaba era llegar a su destino al otro lado del jardín sin contratiempos.

Pasaban los minutos mientras el almuerzo de los mayores daba comienzo y la competencia de los menores se desarrollaba, paso a paso, vuelta a vuelta, hasta que llegó el momento cúspide. Ahí estaba la salida, Podía verla a un costado y sabía que estaría fuera al girar ahí, por lo que apresuró el paso y pronto estuvo afuera con una gran sonrisa satisfecha al ver que el contrario aun no salía ni estaba cerca de hacerlo. Se cruzó de brazos, confiada en que el chico se había perdido y tardaría más en alcanzarla –. ¿Quién había hablado sobre perderse primero? –. Pensaba orgullosa y divertida, había ganado como se había propuesto y ahora soo restaba esperar al perdedor para jactarse de su victoria.


Última edición por Valeria Caprice el Jue Mayo 21, 2015 7:46 pm, editado 1 vez
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Jue Mayo 21, 2015 3:55 pm

Parecía una “pulga” con una gran integridad pero Seth siempre logra persuadir hasta la más férrea persona. Finalmente había convencido a la niña de vestido morado antes que acusara al mayordomo que buscada exasperadamente al primogénito de John VI. Seth llevaba la delantera e intentaba que Caprice le perdiera de vista. Detesta la sensación que alguien lo sigue o que lo están observando todo el tiempo. Desde que era un “microbio” le asustaba esa sensación y dormía con la luz prendida hasta que maduró empezó con su arduo entrenamiento en su adolescencia. El niño seguía sólo su instinto y cada vez que avanzaba había caminos cerrados. Una que otra vez veía a Valeria y Seth mantenía distancia de la niña por mera inercia que justo el camino que iba a ir el pequeño diablillo rubio era el correcto. Entonces prefirió desviar su camino lo antes posible mientras una que otra piedra se entrometía en su camino ¡la pateaba! — ¡Niña fea! — hizo morros berrinchudamente.

Mientras que Seth a propósito había desviado su camino hasta encontrarse con una especie de escondrijo estrecho y que logró salirse del laberinto — ¡Pero que laberinto mal hecho! — el mayordomo ha estado dando vueltas y buscando cada rincón del jardín hasta que ha pensado una loca idea en dónde se había metido el diablillo y era el único lugar donde no ha revisado, el laberinto. Si conoce muy bien a Seth ni bien vea un laberinto este se aventuraría por ahí buscando un camino. Y eso es lo que estaba a punto de hacer John VII, no obstante le tentaba observar aquel poso después de salirse del laberinto. Tan curioso y es como si aquella pequeña competencia entre los niños nunca hubiera existido. El mayordomo entró sin duda al laberinto pero no era tan bueno en estas cosas y siempre se equivocaba de camino.

En el fino comedor no había sucedido nada interesante aún. La señora Rockefeller estaba cómoda sentada a lado de su modista favorita de toda Francia. Estaba a gusto charlando y aplicando todas esas mañas para atrapar con su carisma y encanto para entablar amistad en tan sólo pocas horas. El sir John VI junto con unos, opulentos burgueses, tampoco deberían faltar en estos ajetreos domésticos los del sexo masculino en un grupo a parte y no faltaba que iniciaran una partida de ajedrez aunque no faltaba la presencia de Emily en el juego. Luego de tanta charla había llegado el momento en que ambos grupos se agrupan para llegar a un acuerdo, una ayuda mutua entre las familias pero no sólo económicamente, un future buen porvenir para la más joven pareja de ambas compañías en la sala más fina del recinto. El sir Rockefeller estaba de acuerdo con la unión y que cuando tengan la edad suficiente para decidir y depender el futuro de la familia pero Emily no estaba de acuerdo con ello. Ha intentado convencer a que firmaran ya el compromiso ¿Cómo no negar a la dama más codiciosa y encantadora en la época? Pero ha sido negada por parte de la familia Caprice..

Pero aún no se había cerrado el trato para unir a ambas casas, Dentro de la mesa, ha sido un momento clave  en el que ambas familias compartían una amena reunión pero bajo de ella Emily haría todo lo posible para mover los hilos a que firmaran el trato. Mientras charlaban y reían, John VII se había trepado sin pensarlo dos veces sobre la cornisa del pozo y observó dentro del mismo con la mirada curiosa e inocente — Nada interesante… — la mirada se tornó a neutra y aburrida luego de decir eso mientras que apartó la mirada de ahí y se ha sentado en el mismo lugar. Cruzó de brazos. No cabía duda en su mente infantil que Valeria había llegado a la meta y Seth había perdido. Había decidido abandonarla e ir a donde su padre para pedir que se vayan de una vez. Se le había erizado en el momento que ha escuchado el eco de su voz pero de forma tardía y también se erizó más como un pequeño gatito e indefenso pero poniéndose a la defensiva al escuchar un arbusto cerca y moviéndose como si hubiese un “monstruo” dentro. Como detestaba cuando pasaba eso. Ahora no había ninguno de sus padres cerca para que vean que realmente existían los monstruos. Y el “monstruo” apareció ante sus ojos pero había salido volando muy rápido que el jovencillo Seth se arrebató y por el arrebato había echado un gran salto hacia atrás y así consiguió caer dentro del pozo.

Gira que gira, sintió que la caída nunca terminaría hasta que sintió el agua empezando por sus pies hasta que todo su infantil cuerpo se ha sumergido dentro del agua. Como un gato mojado y asustado intentó llegar a la superficie y lo ha logrado a duras penas. Abriendo muy bien la boca para capturar grandes abocanadas de aire. Pero por suerte cerca de sus pies había encontrado una gran piedra para poder pararse encima y así poder quedarse quieto y respirar tranquilamente. Y es así en ese momento que Seth empezó a odiar el agua. Podía “maullar” a ver si alguien cerca lo escuchaba — ¡Ayuda, Ayuda! — y así sin parar.  Estaban a punto de empezar la cena, a sir John VI sintió un gran escalofrío por la espalda y era ese presentimiento en el que algo iba mal, no tenía la más remota idea. Se había percatado que los primogénitos de ambas familias no presenciaban el momento. Por suerte el mayordomo alcanzó a escuchar la ayuda de Seth, entre ecos.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Valeria Caprice el Sáb Mayo 23, 2015 11:56 pm

La pequeña Caprice acababa de sentarse en una tallada banca no muy alejada de la salida, moviendo las piernas en vaivén al no alcanzar a tocar el suelo y esperando tranquila, admirando el paisaje en espera del que había sido su oponente mientras, por otro lado, dentro de la mansión la cena ya acababa y los hombres se alejaban para jugar ajedrez y conversar de cualquier trivialidad. Marietta sonreía relajada, sabiendo para sus adentros que, de ser ella quien jugaba, podría dejar en vergüenza a la mitad de los jugadores y ganar más parejamente a los demás, quizás perder con el más anciano de ahí, quien parecía ser el más experimentado en el juego, o con otro hombre dentro del grupo quien también parecía ser muy bueno; más aun así no entraría a aquel circulo pues sería mal visto verla a ella entre todos los hombres, algo así como la manera en que se veía la princesa de Báthory al merodearlos.

Pronto quien pareció interesarse fue su primogénito, Leone fue desde siempre un intelectual y actividades como aquella le llamaban la atención, por lo que preguntó a su madre para ir a participar y claramente la mujer accedió con una gran sonrisa, aprovechando el momento para acercarse al juego como apoyo para el joven. Pasado un rato entre conversaciones y actividades del momento, la joven princesa pareció querer acercarse nuevamente a la primogénita Lissandre y pronto volvió a engatusarle con sus un tanto hiperactivas, a la perspectiva de la morena, conversaciones triviales. Finalmente luego de un rato la mujer pareció dignarse a decir lo que realmente quería y fue apoyada por su marido, hablando ambos con la mujer sobre un compromiso con el primogénito Rockefeller y su querida niña. La joven empresaria les permitió hablar y hablar hasta que se cansaron, para luego poder dar su respuesta clara al tema. Quién pensaría que alguien fuera capaz de rechazar tan digna propuesta de la familia Rockefeller, pues cuando la mujer rechazó el compromiso y no firmó la propuesta, es más, rallándola para que fuera inválida, muchos comenzaron a cuchichear sorprendidos y la cara de molestia de la princesa era notoria; era obvio que no se rendiría con ello pero Marietta hablaría con su marido para estar alertas en caso de que algo ocurriera.

Fue mientras se hablaba de la posible promesa que la joven Valeria se levantó y comenzó a caminar por el lugar, ya resignada a que el chico se habría perdido o devuelto y simplemente quedándose con el sentimiento de haberle ganado al menor, o al que ella pensaba era menor pues era levemente más bajo que ella. Fue cuando caminaba, ya alejada de su anterior localización, que escuchó un lejano “Ayuda” alterado, ¿Esa era la voz de John? Parecía serlo y no pudo evitar apresurarse al llamado, ¿Qué pasaba? Realmente no podía decir que le preocupara pero su curiosidad llamaba, ¿Algo había detenido a su oponente? Y cuando se acercó pudo divisar un pozo antiguo, el sonido provenía de ahí, oh… ¿Se había caído al pozo? En primer lugar, ¿cómo había salido del laberinto? Bueno, bien pudo haber encontrado una salida aparte, después de todo eran solo arbustos los que formaban el escenario, pero era lo de menos, avanzó a trote rápido y asomó la cabeza, apoyando ambas manitos en el borde del lugar para no caer y buscó con la mirada –. ¡Hey! ¿Estás herido? Te ayudaré –. Dijo en seguida, comenzando a mirar a los costados en busca de algo… y ahí estaba, sacó un par de enredaderas y tomó el balde con la cuerda a un costado del pozo para meterlos al agujero –. Sube tu pie ahí y sujétate a la cuerda –. Indicó rápidamente mientras dejaba caer el objeto sujetando la soga tras haberse asegurado de que la misma estaba bien afianzada desde arriba. En cuanto el rubio estuvo listo Valeria avanzó hasta dar la vuelta a un árbol, mientras más palanca obtuviera mejor pues el peso del chico era algo que dudaba poder sujetar por mucho, suerte que el pozo no era demasiado alto –. ¿Listo? ¡Comenzaré a tirar! –. Avisó para hacer lo dicho y comenzar a jalar.

No podía negar que le costó horrores dar el primer jalón, pero luego de este comenzó a ser un tanto más sencillo, el pequeño parecía poner de su parte al sujetarse de los costados para subir más rápido. Llegó un punto en el que dejó de sentir el peso, ¿Se había caído? No, pero no le escuchó gritar así que se giró y notó como estaba alejándose del borde del pozo así que soltó la cuerda y se miró las manos que, acababa de notar, dolían bastante. Miró al joven, antes iba a hablarle y fastidiarlo, cobrarle la ayuda, pero sus manos estaban heridas y sangraban un poco debido al roce de la cuerda y bueno, ¿Qué podía hacer? Dolía horrores y Valeria no era precisamente de las más fuertes, no en aquel entonces al menos, así que las lágrimas comenzaron a caer y la pequeña comenzó a correr hacia otro lado para alejarse, después de todo no quería que el desconocido la viera, que vergüenza, ahora solo quería ver a Anana, que Anana la abrazara y mimara, que curara sus heridas, siendo cualquier otra seguramente habría querido a su madre, pero bueno, no era cualquier otra así que corrió por el camino que rodeaba el laberinto, bordeando el bosque a todo lo que le daban sus largas piernas hasta llegar a una zona conocida donde pudo ubicarse mejor.

Se detuvo un momento para respirar y pronto siguió corriendo, encontrándose antes de lo esperado con el par de criadas que caminaban por aquella parte del jardín, probablemente para ocultarse de las posibles represalias que podrían obtener de Marietta –. ¡Anana! –. Gritó con su infantil y adorable voz, una que solía no demostrar pues con ella se veía mucho más pequeña, más de su edad, ya que frente a otros solía fingir una voz para verse más “adulta” y encajar mejor –. ¡Anana, duele Anana! –. Se quejó la pequeña en italiano mientras corría hacia la mujer, ignorando a la otra mucama que se veía bastante sorprendida por la actitud de la pequeña –. ¡Anana, Anana! –. Seguía llamando cual pollito a su madre al llegar a los brazos de la castaña que ya se había agachado y esperaba a la morena con los brazos abiertos para abrazarla y cobijarla –. Mis manos, Anana, duele mucho –. Explicó tras haber abrazado a la mujer para alejarse y mostrarle sus manos heridas en lo que pequeñas lágrimas caían de sus verdes ojos, esperando que ella lo resolviera.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Jue Mayo 28, 2015 7:58 pm

Todo era tan oscuro como si no sabes si sientes que has cerrado los ojos en la oscuridad, pero al mirar arriba sólo se podía ver un poco de luz. Seth de pequeño era muy asustadizo y no le gustaba estar en la oscuridad que hasta llegó a llorar. El pozo tenía una especie de tejado y de esa manera no llegaba ni un rayo de sol, sólo un muy leve esplendor alrededor. Sentía desde las puntas de sus pequeños pies que se entumecieron de frio. Era como un pequeño gatito mojado, que se quejaba del frío y llamando a su madre entre sollozos. Ni bien la princesa de Báthory se preocupaba por su niño, en cambio el Sir Rockefeller era más susceptivo de las cosas malas que pasan con su hijo. En esos días, Seth y John VI eran muy unidos hasta que sucedió la más grande tragedia de sus vidas, que las cosas no eran las mismas, era como ver que los colores se quitan, metafóricamente hablando, y los sabores ni hablar. Al parecer la única que alcanzó a escucharlo era Caprice, entonces Seth dejó de quejarse y le miró de reojo mientras que se limpiaba las lágrimas — ¡Vete de aquí! — dijo el niño pero de tanto eco ni él mismo se entendía porque retumbaron en sus oídos.

Una movida clave, el peón atacando a la reina. Sacrificar la reina por un mísero e insignificante peón era el único paso que quedaba para salvarse del peón. “Los mirones son de palo” dicen, pero era casi imposible de dejar quieta a la princesa Emily. Es por eso que no aguantaban mucho tiempo en el juego que hasta John VI convenció a su oponente dejarlo en “Tablas” aunque él iba ganando. Es decir, abortó el juego en un empate. Luego llevó a Báthory para hablar a solas para las próximas movidas en el luego en el que ella quería ganas. John es reconocido como uno de los mejores estrategas en el mercado pero también muy bueno en sus próximas movidas. Todo lo que desea su amada y querida cónyuge, trató de ver las posibilidades para satisfacer sus caprichos.

El infante rubio no le agradaba la idea de ser ayudado por una niña — No — replicó en cuanto ella le había preguntado que si quería ayudarle y no al que estaba herido. Si que estaba algo herido, tenía unas ligeras rasgaduras en sus rodillas pero por el frío él no sentía nada más que el entumecimiento de sus pies. Aunque cuando ella se había ido, empezó a sentirse muy incómodo estando solo dentro de un pozo. Por unos segundos deseaba a que volviera la niña a que estar solo entre la oscuridad — Val… — susurró mientras que empezó a temblar involuntariamente, por el frío y miedo que sentía en esos momentos. A saber el objeto dónde lo había conseguido y también la enredaderas que estaba unido al objeto al que se parecía aun balde. Seth había quedado algo atónito pero algo era algo. Su imaginación simplemente le llevaba a pensar que eso lo sujetaría aunque a mitad del camino eso se rompería. Siendo un niño muy pequeño pero su imaginación se limitaba por ser escéptico desde temprana edad. Pero aparte sólo pensaba en salirse de ese lugar. Era una liana que podría resistir el peso de Seth de 7-8 años de edad.

Mientras tanto su padre presentía que algo malo le sucedía a su hijo, mientras que Emily estaba muy fresca que ni una lechuga. Después de haber hablado a solas, ella se dirigió a entremezclarse con su diseñadora de modas preferida, ahí hablando de cosas de chicas y que también empezaba a iniciar una nueva partida de ajedrez con quien sea. Jhon VI se fue a buscar a su primogénito, se dirigió por el jardín porque es por esos lugares donde el pequeño diablillo se va a corretear y a molestar al mayordomo. Desde el balcón observando el jardín, era podía tener una amplia vista. Notó que había un pequeño laberinto. Pero Sir Rockefeller ni sospechaba que era donde Seth se había metido, simplemente pensaba que a Seth le asustaba los laberintos, cosa que no era cierto. Obviando eso se había dirigido al otro extremo del jardín donde posiblemente era donde John junior se había perdido. Tampoco estaba el mayordomo pero aún así se iba en busca. Estaba algo preocupado que a diferencia de su esposa.

No resistía el olor húmedo del pozo. El mismo entre el agua habían algunas cosas que no conocía Seth que eran cosas verdes sobre la piedra en la que él estaba parado y eso era lo que le hacía resbalar como si fuese jabón— Si, listo… — Seth tomó la liana y puso su pie dentro del balde aunque casi se le escapó el balde en cuanto Valeria había tirado de la cuerda casi antes de tiempo. Como la niña había indicado. Como detestaba que le indicaran pero era una forma de salir de ahí. Mientras que se elevaba, y en cuanto la niña empezaba a jalar la enredadera Seth tenía que ayudar como si estuviera trepando sosteniéndose de las piedras dentro del viejo pozo. El camino era algo ajetreado como la que tenía que resistir la pequeña niña que le ayudó a salir de ahí. Cuando llegó a la cornisa del pozo y como un gatito al salir del agua se alejó del pozo aunque cayendo y haciéndose algunas otras rasmilladuras en ambas rodillas y empezaron a sangrar.

Pero Seth a esa edad no era de los que agradecían pero a penas había percatado que la presencia de Valeria se había esfumado con el viento. Frígidas brisas le abrazaban al pequeño rubio y Seth empezó a temblar como una gelatina pero el mayordomo llegó y se sorprendió porqué estaba todo mojado, sucio y lleno de hojas que llegaron a aferrarse en el cabello rubio ceniza de Seth y el resto de su ropa que hace unas horas estaba pulcra. Luego lo llevó a donde su padre, no le gustaba que le alzaran o que le tomaran de la mano, simplemente caminaba a lado del mayordomo. Pero en el camino habían algunas criadas de la familia Caprice. Desde ese momento Seth escuchó claramente un llanto de una niña y ese llanto era la de Valeria. Es por eso que desde ese mismo momento detestó a ver y a escuchar a niñas llorar. Seth intentó ignorar pero los lloriqueos de la niña John VII es como si le contagiase el llanto por mera empatía humana que también había llorado.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Valeria Caprice el Jue Jul 02, 2015 11:31 pm

Como era de esperarse, Anette atendió con presteza las pequeñas heridas causadas por la soga en las frágiles manos, parando a besar con suavidad los dorsos de ambas mientras la pequeña Valeria seguía llorando y llamando “Anana, Anana” en una actitud increíblemente infantil para ella, que sin embargo no era extraña en una joven de tan dulce edad. Mientras la mujer tomaba en brazos a la joven y ambas mucamas la llevaban para curar los raspones sin dejar ésta de sollozar y abrazarse a su querida Anana, la madre de la ojiverde intentaba discretamente ser perdida de vista por la increíblemente persistente princesa de Báthory, quien seguía intentando conversar con ella mientras Marietta solo deseaba alejarse y buscar a sus criadas para preguntar cómo estaba su hija pues tenía un extraño mal presentimiento. Por suerte Leone, su primogénito, notó que su madre necesitaba algo de ayuda y distrajo la atención de Emily, entrando a la escena al llamar a Marietta y pedirle algo que la princesa no pudo escuchar antes de que la mayor se excusara para acompañar a su hijo.

Pocos minutos después la empresaria se encontró con Anette cargando a su hija en la entrada del jardín, ésta aún llorando por el dolor en sus delicadas manos se avergonzó de ser vista por su madre y ocultó el rostro en la mucama, ella nunca lloraba si no era para conseguir algún gran capricho con lágrimas de cocodrilo y por ello su madre tampoco estaba acostumbrada a la vista que la joven propinaba, enseñando la fragilidad propia de una pequeña de su edad al pasar de los brazos protectores de su nana hasta el piso para ser abrazada por Marietta, gesto extrañamente maternal que la pequeña seguro atesoraría por muchos años más, pues si bien la mayor amaba a ambos hijos, no era precisamente una mujer de piel y aquellos gestos eran extraños en ella. Lo que más le sorprendió fue que al ser soltada por su madre, fue su hermano quien entró a escena acariciando su cabeza y consiguiendo con una increíble facilidad que las lágrimas de ésta dejaran de caer, enseñando ella una casi nunca vista genuina e inocente sonrisa en respuesta a los labios fruncidos en leve preocupación que eran el único gesto de Leone, ciertamente no olvidaría ese momento en mucho tiempo.

Y poco después llegaría la otra mucama con el médico que se encontraba en la mansión para atender las cuasi insignificantes heridas en ambas manos de la joven Valeria. Poco después de esto la fiesta terminó para los Caprice, quienes se retiraron con una sonrisa y una breve despedida para quienes habían interactuado con ellos, teniendo especial énfasis en mantener breve la despedida con los Rockefeller pues la elegante Marietta sabía que si decía una palabra de más, sacaría a relucir nuevamente las largas conversaciones de la joven Emily, que si bien era una persona por demás agradable y elocuente, no era del todo el tipo de persona con quien la mayor solía relacionarse y le mareaba un poco, aunque claro, en ningún momento dejó entrever ningún tipo de molestia por la compañía o conversación ajena. Pronto estuvieron fuera del lugar, con Valeria preguntándose brevemente qué habría sido del joven rubio, John. Pero el pensamiento era ahogado por los mimos de su nana y la alegría de ser atendida por su madre, aunque no podía negar que se sentía ligeramente nerviosa pues sentía que su hermano la observaba de vez en cuando y, si bien no era mucho, era extraño que fuera ella la observada.

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Dos años después.

Una joven Valeria de ya 9 años se encontraba sentada junto a su madre y al lado derecho de esta, como era usual, su hermano de ya 15 años, moldeándose como el gran hombre que llegaría a ser y, como siempre, causando gran admiración en su pequeña hermana sin importar qué estuviera haciendo. En este caso, estaban dirigiéndose a una fiesta en Suecia. Y pronto la limosina terminó su camino y salieron con la elocuencia y elegancia dignas de su familia, enseñando la morena con orgullo su sencillo y armonioso Vestido, el cual combinaba con la camisa roja que traía su hermano. Caminaron con una sonrisa, marcando el paso hasta entrar a la gran mansión que era esta vez anfitrión del evento. Ni bien llegar a la presentación, su madre fue saludada por una que otra persona, su hermano fue robado por otros jóvenes nobles y ella pasó a retirarse en la búsqueda de éste, claro, con un disimulo infantil para no ser notada por el mayor antes de ella misma encontrarse con un par de jóvenes a las cuales saludó como la pequeña dama que era, cordial y sonriente en un ya mucho más fluido y grácil inglés.

En la medida que la fiesta continuaba, la joven Caprice ya se había adaptado por completo, saludando a uno que otro pequeño de más o menos su edad y conversando con ellos, jugando de vez en cuando sin llegar a destacar de mala forma en el ambiente y paseándose sin problemas por el lugar, claro, siendo seguida de cerca por sus mucamas favoritas, “Anana y Nanala”. Tras un rato el evento pasó a un cambio de música en lo que el centro de la habitación se despejaba, era hora de bailar, y cómo no, la hora de lucirse para Valeria. Claro estaba que no dejaría de lado las formalidades y esperó a que alguien le invitara, pero tampoco es como si hubiera necesitado esperar mucho pues un rubio joven con quién había hablado antes le propuso esa pieza con presteza. Entonces ella y su nuevo acompañante de más o menos su estatura a pesar de ser mayor comenzaron el baile con gracia y diversión.

Hasta que llegó un punto del baile en el cual se hizo cambio de parejas y la morena se separó del joven heredero Sørensen, con quien había estado hasta el momento, para encontrarse con un rostro extrañamente familiar. Al ver al joven de claro y rubio cabello platinado con profundos ojos azules no pudo evitar sentir cierta familiaridad, le conocía, sabía que le conocía, solo que no recordaba del todo, pero pronto el nombre vino a su mente, ella siempre se había sentido orgullosa de su memoria –. ¿John? –. Preguntó ladeando un poco el rostro sin dejar de bailar –. ¿John Rockefeller? –. Consultó nuevamente, curiosa al querer confirmar si recordaba correctamente el nombre ajeno, sonriendo animada sin prestar mucha atención a los eventos que hubieran transcurrido años antes en su primer encuentro.

Y desde otro punto, un ligeramente celoso hermano vigilaba sutilmente a la pequeña bailando desde la lejanía, mientras la madre de los hermanos Caprice divisaba apenas la nueva escena en la que se encontraba su hija menor, reconociendo al acompañante como el primogénito Rockefeller sin olvidar aún la propuesta que la joven princesa de Báthory le había hecho y que, según ésta misma, seguía en pie aún años después de haber sido hecha. Marietta examinó levemente al joven, recordaba que tenía la misma edad que su hija y, al parecer, también era alto para su edad pues a diferencia de la mayoría de los chicos de la edad de Valeria, no era más bajo que ella. Tenía que admitir que, de una forma muy inocente, se les veía bien juntos, sin embargo esto no cambiaba los puntos de vista de la Lissandre, quien seguía en contra de comprometer a su hija sin importar de quién se tratase.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Seth Rockefeller el Miér Jul 22, 2015 5:15 pm

Todo el mundo en la fiesta de gala se volvió a dispersarse. Iba de un lado para el otro la princesa que al parecer “sutilmente” iba detrás de su diseñadora favorita hasta que el primogénito de la misma le distrajo y también intervino su mismísimo esposo decidió ‘cortarle el carril’ a Emily, y luego con un cortes permiso a sus más cordiales invitados para que luego John y Emily se retiraran a hablar en privado. Un momento siquiera. La llevó lejos de ahí, era de gran ayuda para descargar el ambiente que había en ese momento que se enmascaraba ameno. Intentó convencerla que deje de convenció que tomara asiento en una mesa vacía y hablar. Con lo tanto que ella parloteaba, no había nada que resaltar como interesante en sus diálogos y a John sólo le interesaba el bien de su hijo aunque este era casi ausente en la vida de su primogénito. Ese piquete en la consciencia había aparecido otra vez. Esa espina lo sentía sólo John VI, a pesar de aparentar ser un hombre frío y poco expresivo, tiene un gran corazón comparando la de su mujer. No pudo resistir mucho tiempo sin saber nada de su hijo y por mero instinto se dirigió hacia los jardines. Un movimiento algo imprescindible. La acción del hombre de negocios ofendió a la princesa Báthory, siendo interrumpida. — ¡¿Pe-pero a dónde vas?! — preguntó Emily. Accidentalmente la mujer con el codo empujó una botella de vino haciéndola caer y acto seguido se levantó ágilmente de su asiento con la intención de alejarse con unos cuantos pasos en retroceso. Todo para evitar que le salpique su vestido el cual con tanto esmero lo hizo la más distinguida señorita Marietta. Había perdido el control de su movimiento en retro que estaba a punto de tropezarse y topar su espalda con un mozo un tanto sospechoso pero este antes de que ella cayera, la sostuvo en los brazos. El buen reflejo siempre lo ha tenido siempre y cuando se trate de sus idolatrados y costosos accesorios. La muchacha había alzado la mirada para examinar a su salvador y lo observó con curiosidad. Ella estaba inclinada y lo podía observar perfectamente pero pronto ella y con un poco de ayuda con el sirviente se puso firmemente de pie.

Mientras lo hacía, el curioso hombre le robó los pendientes y lo raro es que ella no había sentido nada pero cuando estaba de pie volvió por sus propios pasos sin dejar de observarle. La mirada de Báthory la desvió una vez que le agradeció y levantó la barbilla nada más y nada menos se trataba de su soberbia algo enmarañada. Había hecho una mueca arrugando la nariz y la frente en un degradado en el marco de su rostro se marcó rojo por el enfado expresando más que desagrado por cierto descaro por parte de su conyugue, no de su salvador. La expresión había cambiado una vez que observó a sus costados, si a caso algunas personas clavaran la mirada hacia ella, esta por inexorable reflejo enmarcó una tenue sonrisa encantadora. Ahora el rojo en degradado en su rostro se denotó a la altura de sus mejillas. Los sirvientes que ella conocía le entregaron un abanico y ella rápidamente lo abrió y se cubrió su cara hasta la altura de sus mejillas. Ella a paso apresurado siguió a su esposo y sus pasos la llevaron al jardín. No le perdió el rastro, la mirada viva de Emily notó a la señorita Mariette en un camino pero ella no se sentía digna de presentarse con ese rostro como un tomate y por otro camino entre murallas su mirada no tardó en encontrar a John VI. Corrió y hasta cuando llegó a nivelar sus pasos con las de él y percatarse de que no había nadie cerca ella podía ya podía descargar lo que llevaba dentro. — John “Jaimie” Davison Rockefeller sexto ¿Se puede saber a dónde va? — entre dientes regañó. Todo su rostro estaba en un tono rojizo como si toda la sangre de su cuerpo se concentrara en su cabeza. Cerró el abanico y cerrado le propinó con golpe con ese mismo objeto en la cabeza de John VII en un pequeño salto, puesto que era más alto que ella, y otros más en donde ella podía — Odio cuando no me hablas ¡¡y me dejas hablando sola!! — por supuesto John VI no había respondido y se rió. Siempre ha sido tranquilo y sereno, sólo le respondió con una sonrisa peor a la vez ella entendía cada expresión de su esposo. Es el único que puede persuadir a Emily como sacarle de quicio, también de notar cada detalle en ella que realmente le gustaba y los pendientes que le faltaban no se percató de ello porque simplemente ella tenía el cabello que llega a cubrirle los oídos. — Uff… no sabes la vergüenza que he tenido que pasar… — musitó Emily cubriéndose el rostro con el abanico. Un paseo un tanto romántico pero muy fugaz para el gusto para la joven princesa pero para el hombre maduro cada momento que pasa con ella es perfecto y adora cada momento que pasa con ella. La tomó de la mano mientras que caminaban.

Seth finalmente había salido de las entrañas del pozo. Ya sea la curiosidad u otra cosa que, él antes de irse de aquel lugar, volvió a observar dentro del pozo pero con lentitud retrocedió hasta quedar sano y a salvo firme sobre la tierra. Observa Valeria llorar y a una mujer pasar. Era sería la última vez que Seth a los siete a ocho años vio a Valeria Caprice. Estaba aliviado de haber salido de ahí y de no ser por ella, sentía que nunca hubiera salido de ese esponjoso lugar. El mayordomo estaba enfadado y regañó a Seth mientras que le cubrió con su saco negro para mantenerlo caliente. Ambos se quedaron en el mismo claro en al que las criadas de Caprice y Valeria se había ido. El mayordomo atendió sus heridas ya que siempre él lleva unas “curitas” porque Seth a esa edad era muy travieso y torpe que siempre llega a lastimarse y rasmillarse los codos o las rodillas. Desde siempre había aprendido a resistir el ardor del yodo pasar sobre las mismas. Una vez atendido, ambos se quedaron algo aturdidos al escuchar a la princesa Báthory que rápidamente se pararon firmemente pero luego esa tormenta se calmó. Evidentemente se trataba de Emily pasar por uno de esos caminos. No tardaron en contemplar la terrible imagen que Seth tenía y su padre se acercó para darle un abrazo y cargarle para atenderle. Emily por su puesto mantiene distancia con la de su hijo ya que desde siempre lo veía repulsivo y ni si quiera le dirigía un contacto visual con él, nunca. Ella se retiró volviendo a la fiesta. Poco después los pendientes como por arte de magia aparecieron en sus oídos, eran los auténticos y nadie se ha percatado con éxito por aquel misterioso acontecimiento. Por desgracia no tenían ropa para reemplazar la mojada de Seth y no tenían otra que retirarse de la fiesta. Lo mismo que con sus más distinguidos invitados, los Caprice se despidieron con cortesía y los Rockefeller les correspondió de la misma forma. Ambas familias se retiraron y en sus respectivas limosinas. Desde esa época, Seth odia las fiestas de exigida etiqueta.

//
Años después Seth ha tenido que aprender a acostumbrarse a las fiestas y que terminó por ya ser indiferente con las mismas. Obligado, tenía que ir con su familia y por supuesto que los Rockefeller no tenían que faltar a en una en especial. Ahí estaban los Caprice y obviamente John VI tenía que satisfacer ese capricho de Emily ¿cómo no? Además le encanta verla entusiasmada y que esta vez podrían ya realizar su objetivo de llegar un acuerdo de hace unos años. Ella no haya roto el contacto su idolatrada amiga la señorita Lissandre, ni loca. Pero Seth se mantenía lejos de los negocios y simplemente quería seguir su vida a libre albedrío. Cómo detestaba llevar traje formal, aunque el blanco le sentaba muy bien pero era incómodo. Alto para su edad y no falta que sea más codiciado tal y como lo había heredado el encanto de su madre pero con su propia esencia de rebelde. A esa edad entre diez años Seth era muy reservado, serio. y tímido. No solía jugar como niño de su edad debía hacerlo pero jugaba solo. Así ha estado en aquella fiesta. Su madre junto con su esposo empezaron a buscar entre la multitud a la familia Caprice y Seth por su lado se dirigió al banquete y ahí ha estado sin conversar ni nada, sólo a comer cada bocadillo que encontraba atractivo para sus orbes azulados. Nada le encontraba atractivo que la comida hasta que sus admirados ojos se fijaron a una jovencita de su edad. Hacía todo lo posible para esquivar la mirada de cierta personita. Él no quería nada que ver con los asuntos de su madre y mucho menos con los Caprice y con un bocadillo en la boca se ha puesto a esconder bajo la mesa una vez que se percató que nadie lo veía. O al menos eso era lo que creía. Su padre le sorprendió escondiéndose bajo la mesa.

Los guardaespaldas de Seth cubrieron la zona y es cuando John VI sacó a Seth de su escondite con exit. Convenció a base de sobornos a su propio hijo. Así que él se dirigió a la pista de baile y no tardó en llamar la atención y ese excesiva atención que recibía le resultaba agobiante y sofocante más que todo. En algo que era bueno, era actuar y actuó con naturalidad. Seth sacó a alguien al azar, una jovencita de su edad. No importaba quien era pero tenía que ir a bailar. Las mejores cualidad culinarias le esperan a Seth en cuanto él termine el baile y la fiesta. La muchachita que ha sido elegida como pareja de baile del rubio estaba claramente estaba muy ilusionada. Niñas enamoradizas no faltaban que iban tras Rockefeller. No tiene la mas mínima idea de que trataba la fiesta pero eso le importaba poco. El joven Rockefeller era olvidadizo de cosas que para él es de poca importancia o son más bien recuerdos reprimidos como si le restauraran el cerebro ¿De quién se trataba? Nada más y nada menos que Valeria Caprice. Seth la recuerda muy bien y la última vez que la vio era que ella lloraba. Él nunca llegó a agradecerle como debía hacer un caballerito. Lo correcto, debía hacerlo y luego olvidarse que lo hizo. En el baile, como si hubiera ensayado por milésima vez lo hacía con perfección dejando encantada a la jovencita hasta que llegó ese punto de cambiar parejas. Había descubierto que él detestaba llamar la atención y le incomodaba las miradas que se fijaban en él, ya sean niños o adultos, igual de molestos.

Ese detalle que ella le dijera por su nombre, se trataba de alguien importante en los negocios ¿Cuál negocio se trataba que su familia tenga el privilegio la de Rockefeller? No tenía claro que eran los Caprice pero no le interesaba. Seth a pesar de ser alto seguía siendo un niñato mimado y malcriado. Manentía su mirada fija a la de Caprice mientras que seguía el nuevo ritmo de la música clásica pero este desvió la mirada cohibiéndose y liberando un leve sonrojo — El mismo… — replicó sin rechistar y se le crispó la piel. Carraspeó intentando deshacerse de ese ardor de sus mejillas. No ha sonreído pero quería intentarlo aunque sin éxito, sonriendo ladinamente manteniendo el ceño fruncido que tanto lo caracteriza — Podría llamarme Seth si lo prefiere pero… disculpa ¿Usted es…? — Elegancia, elocuencia aunque no ligeros titubeos al hablar, y la personalidad mareante era muy claro que lo heredó de su madre, mas o menos, pero a duras penas logró descubrirlo a pasar de los años. No había dónde perderse. Él simplemente se hacía el que no la conocía pero mantenía particular forma de hablar como con su gracia. — Si ofende la pregunta, hacérmelo saber señorita.
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Re: Remember You — Privado [Flashback]

Mensaje por Tema Cerrado el Lun Sep 07, 2015 7:21 pm

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Re: Remember You — Privado [Flashback]

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