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Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

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Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Juvia Lockser el Miér Oct 01, 2014 6:27 pm

“A veces, una pata es mejor que una mano.”
Anónimo
Planetarium ~ Ai Otsuka
Era más que sabido, o más en su ámbito hogareño, que la única descendiente de los Lockser, Juvia Lavinia, podría tener gustos un poquito…¿salvajes? No, no es que la adolescente de diecisiete años fuera una rebelde y que viviera la vida loca como los demás jóvenes de su generación. Mucho por lo contrario, podría ser tachada de niña aburrida por ser cumplidora de las normas y obedecer, sin reclamar, a cualquier orden de sus progenitores.
La muchacha aunque tuviera su pelo teñido de azul y le gustara los tatuajes, tanto que tenía uno marcado en su propio muslo, era una chiquilla bastante recatada en su modo de vestir y de actuar. También tenía unos modales de extremo plomo incluso cuando se dirigía a infantes menores que ella. Por lo tanto, era muy corriente equivocarse, a priori, sobre el carácter de la misma. Estaba acostumbrada a que fuera vista como una chiquilla sin carácter. Algo muy erróneo y estandarizado de creer ya que ella era la prueba viva que podría serse una hija modélica y tener una personalidad determinada un tanto…¿insólita?
No, ser insólita no tiene nada que ver con su pelo teñido de un color tan exuberante como es el azul y tampoco con otro detalle de su apariencia. Más bien, tiene que ver con puntuales características que la relacionan con gustos poco concebibles hasta para un adulto.
Uno de sus gozos, uno bastante extravagante, se relaciona con el tener una mascota. No sería tan impresionante si tuviera inclinación por tener un perro, un gato, un pez o incluso un conejo. Sin embargo, su anhelada mascota ideal sería un oso. Lo que leéis, ¡un oso! Pardo, Polar, Panda, Negro entre otros. No importa el espécimen que sea, adora a todos los osos y si tuviera una mascota sería un oso sí o sí. Obviamente, es un antojo que ni el excéntrico del ingeniero de su padre está dispuesto a satisfacerle a la niña de sus ojos como suele decirle a su primogénita. Por lo tanto, es un capricho que se quedará en puros sueños de la muchacha.

Resignada a su suerte, su semblante se iluminó y sus ojos relucieron que ni dos zafiros al sol, cuando en el noticiero televisivo echaron el anuncio que una osa mama había tenido crías en el zoológico de la ciudad. ¿Extraño que una adolescente vea las noticias televisivas? Juvia, incluso lee el periódico a diario. No le agrada estar ignorante a lo que pasa a su alrededor y en el mundo.
De inmediato abandonó el suelo dónde se encontraba sobre un puf mientras revisaba los apuntes de las clases del día y terminó aterrizando como una pluma, elegante y ligeramente, sobre el sofá dónde se encontraban sus progenitores. No fue necesario expresar alguna oración para que los mayores se percatasen de las intenciones de su hija solo por su semblante risueño e ilusionado: ¡quería apadrinar un oso bebe! Y tal como lo predijeron, estaban en lo correcto tras anunciar en la tele que los bebes estaban disponibles para ser apadrinados por cualquier que pudiera permitírselo.
Su deseo fue concedido sin tener que insistir mucho la verdad. O sea, no estaba rogando para poder traer un oso para la casa. Simplemente ser madrina de uno que no conllevaría siquiera tener que cuidarlo a diario, pero que le daba derecho a visitarlo cuando lo deseara, participar en actividades con los cuidadores del mismo, tener la oportunidad de darle un nombre y dar un abono monetario mensual, nada más. Lo último su familia podría permitirse siendo de clase media alta y lo demás la joven era lo suficientemente responsable para comprometerse a ello.

Por fin, llegó su ansiado día. Este era justo el día de presentación al público de los bebes osos en compañía de cuidadores y de su propia mama. Los interesados en apadrinar a un bebe tendrían que ocurrir al evento para elegir cuál de los animales deseaba dar un nombre y rellenar todo el papeleo necesario con su documento.
Su mama la llevó de coche y la dejó delante de la enorme entrada del Zoo. Una entrada sin puertas con dos columnas de piedra, alzándose sobre el piso hacía arriba, que delimitaban la misma aunque había un inmenso espacio entre las grotescas columnas.
Pasadas las imponentes columnas tras haberse volteado para despedirse de su mama y ver el coche marcharse, se dirigió a la ventana lateral que tenía anunciando en un letrero bastante grande para leerse de lejos la palabra “Recepción”. Hizo la fila correspondiente para lo que venía; que era solicitar el apadrinamiento de un animal y no la compra de un boleto para una visita al lugar y sus habitantes.
No esperó casi nada porque la cola en que estaba era mucho más corta que la cola para comprar las entradas. Y de carpetita entre brazos con todos sus documentos copiados en folios A4 fue atendida. Rellenó todo lo que le fue entregado, dejó las copias que tenía. No todas, había traído más de lo necesario, pero como no sabía bien que le sería solicitado, trajo incluso la copia de su boletín de nacimiento y tarjeta con su grupo sanguíneo. Más vale presentar de más que de menos.
Tras dibujar sus firmas en un par de contratos y presentar otro documento en que sus progenitores le concedían el permiso para tal ya que era menor, le han indicado que debería esperar a que viniera uno de los cuidadores responsables por los osos bebes y su presentación para que la guiara a la guarida de los mismo y dónde se verían vistos por el público.
Esperó unos minutos hasta que la recepcionista, que le atendió y le ayudó con toda la burocracia, le indicó que el cuidador solicitado estaba llegando. Apuntó con el índice y una sonrisa simpática a un hombre de melena castaña bastante oscura que caminaba desde el interior del recinto sin techo. Probablemente el lugar con más techo en toda la ubicación sería dónde se encontraba el enorme acuario del Zoo y las casetas de la manutención de todo el tipo. Juvia le devolvió la sonrisa con cortesía a la señorita agradeciéndole por todo y se aferró más a su carpeta que le había sido devuelta; ya faltaba muy poco para poder mimar un osito polar. Podría mimarlos, ¿verdad? Ya lo averiguaría.

Mi indumentaria. El sombrerito tiene una pequeña mariposa de oro como adorno.~~:
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Oscar Jarjayes el Sáb Oct 04, 2014 1:23 pm

El reloj suena las 5 de la mañana, me despierto a la hora que un hombre de campo que se levanta para prepararse para trabajar en su huerta y sacar a los animales a pastorear, en este caso no tenía gallina que me avisara, era una alarma y un pequeño mono pigmeo que se acostumbró a las hora que me hice costumbre para prepararme en todo sin que me falte nada ya que soy a veces olvidadizo, con un sueño hacia el mayor posible esfuerzo para arreglarme, ya me había bañado antes de dormir así no perdía un poco de tiempo y solo me disponía a vestirme, cepillarme los dientes, peinar y acomodar mi melena larga, dar de comer a mi pequeño compañero y por su puesto yo también me puse a desayunar algo simple y en calorías, pan tostado con mermelada de durazno y manteca y un buen te dulce, en ese momento no estaba pensando en mi trabajo y de lo que había ser hoy, me había despertado con hambre y algo de resaca porque me pase un poco con una bebida alcohólica, me había tomado un vaso completo de whisky, y eso se supone que debes tomar poco pero rompí las reglas por tanta curiosidad de que me pasaría y me llevo a dormir en la cama rápido y desde ahí no sé si hice algo tonto, ojala que no, pero si mi pequeño compañero está bien y eso quiere decir que no pasó nada malo asique lo tomo algo que termino bien y punto.

Al punto de terminar mi desayuno se me vino en la mente lo que tenía que hacer, (si, ya me desperté de mi sueño) y me acorde de la razón y me dije en mi mente "¡los pequeños oseznos cierto debo preparar un buen discurso de ellos!...¿o no será necesario?, ya veremos que diré" me respondí a mí mismo ya que yo era el encargado de representar todo este evento, no soy el dueño del zoológico del que tendría que poner su cara, pero es muy tímido y no le agrada las cámaras, asique así fui elegido por ser el más carismático en hablar abiertamente con todas las personas más que los demás trabajadores, por eso he sido elegido para esta ocasión especial y debo hacerlo bien lo más posible que pueda, ya que hasta los noticieros vienen también a grabar a los pequeños y a su madre hasta estoy incluido, pero yo ya había trabajo con cámaras documentales, aunque no era el protagonista que explicaba, era el tercero que ayudaba al protagonista con mi fuerza ya que era el de los pocos que podía aguantar cosas grandes, en ciertos límites claro, ni que fuera el hombre más fuerte del mundo que existió en siglo el IX a ese nadie lo supera hasta con el dedo levantaba una cosa muy pesada, ese récord nadie llego aun a pasarlo.

Ya estaba todo listo para partir a mi trabajo, bueno estábamos listos él y yo(el pequeño mono pigmeo yumekichi), debíamos preparar todo para la apertura de lo que faltaba, asique fui caminando tranquilamente acompañado, todo muy contento y animado, por fin esas pequeñas cosas que vi crecer distante van a tener sus nombres, me hubiera gustado entrar y estar cerca de ellos pero esta prohibido relacionarse con estos ya que algún día ellos no deben depender un humano, van hacer grandes y deberán ser separados para ser llevados a otra parte para aprender a sobrevivir y luego ser liberados en su hábitat natural pero si están en condiciones de ser liberados ya que no todos tienen suerte como la pobre madre de los oseznos, tristemente no se adaptaba y termino aquí, pero al menos esta feliz igualmente y relajada aunque lastimosamente no tenga el derecho a ser libre, y es tan lamentable...muy lamentable.
Aunque no podía relacionarme al menos en las revisiones podía estar con ellos un rato, por su puesto cuando eran recién nacido y cuando empezaron a penas a caminar, nunca les hice mimos ya que la madre era quien tenía que hacer eso, yo solo tenía que ser el cuidador y nada mas, otra cosa no puedo ser para ellos o no serán salvajes completamente no había otra solución pero es inevitable mirar a estos chiquitos son tan hermosos, es una lastima que no los pueda abrazar, aunque bueno si abrace un oso, pero era de otro zoologo que trabaja en el parque Yellowstone, el vive en el parque y él se encontró con un oso negro huérfano, y como era del lugar decidió hacerlo suyo por capricho total ya estaba en su hábitat y lo llevaría a pasear para que de a poco a la vez sea un animal salvaje y busque sus propios alimentos, cosa que lo logró y el oso solo viene a visitarlo, y cuando estaba ahí este oso corrió gritándome y dije en mi mente muy conmocionado, "este es mi fin de mi viaje" ya que no atendí y me vino de sorpresa, pero termino bañándome con su lengua y mi amigo se burlo por ver mi cara de asustado y termine siendo abrazado tierna mente; de ahí el cariño hacia ellos me quedo mucho mas.

Ya estaba el zoológico, los limpiadores y cuidadores nocturnos ya estaba saliendo del lugar y ya me dejaban  todo a mí y a los demás compañeros que estábamos viniendo a trabajar y preparar los últimos detalles antes de abrir las puerta del lugar, los cuidadores del acuario, los entrenadores de los delfines, lo lobos marinos y los osos ballenas o los cachalotes, aunque me gusta mas los osos ballenas y por ultimo tenemos dos cuadras mas adelante de los animales marinos a las estrellas de hoy, los osos polares. No faltaba poco que abran las puertas, la gente ya estaba inscribiendose afuera para ver quien daría los nombres a estos oseznos  y para mi suerte no es gran multitud porque ya me imaginaba ayer que no sabría como seleccionar tantos nombres con los demás cuidadores, nos volveríamos locos de remate por tantos nombres.
Ya estaban abriendo las puerta, ya era hora de que me valla a presentar con la gente, asique me dirigí hacia donde estaba el grupo y ya estaban todos acomodados gracias los demás guías que ya se encargaban de otros grupo con otro distinto interés y de los míos era los fanáticos de los animales acuáticos y de hielo que venían esta vez solamente a ver a los osos entonces me acerque al grupo y salude con los brazos bien abierto muy amistosa mente y les exprese con gratitud sin exageración -¡¡¡Bienvenidos al Zoo Sweet Vallet, espero que hoy se diviertan!!!- murmure feliz mente y después dije -después de ver a los osos también tendremos un show acuático especial y nuevo- y seguí progresando mis palabras mientras apoyaba mis manos en mi cintura a la vez señale al publico -ustedes se han anotado como candidatos para apadrinar unos de esos osos polares, que son hembra y macho, por su puesto a lo que él ganador podrá acompañarme después a la veterinaria del zoo para poder estar mas cerca de ellos y sentir su pelaje, ya que hoy por suerte es el ultimo chequeo de los pequeños y le pedimos especialmente a los veterinarios que nos esperen mientras que disfrutan de verlos hasta que estemos en la hora de la revisión de los pequeños- la gente estaba tan emocionada y especialmente vi alguien mas emocionada que ellos, la chica de pelo azul mostraba mas interés, veremos si tiene suerte porque ese entusiasmo no todos tienen y después dije -por favor síganme al sector- y desde ahí nos empezamos a dirigir hacia los osos.


Spoiler:
Pude con un epic rol(? jaja espero que te haya agradado mi respuesta xD
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Juvia Lockser el Mar Oct 14, 2014 6:38 pm

"Valora la belleza de las cosas sencillas."
Anónimo
Silence ~ Lucia
Para cuando le fue señalado el guía y cuidador, que eran la misma persona, a su alrededor ya había un grupo que se organizaba gradualmente. Quedó del todo establecido y en silencio, ya que hasta el momento se había escuchado varios murmullos entre los integrantes que iban mostrando curiosidad unos por los otros. Sin embargo, no fue el caso de la más joven del grupo que al parecer era Juvia. Se percataba claramente que los demás eran adultos o de la clase universitaria mínimamente hablando. Lo que provocaba que nadie le prestara atención a una adolescente que se mantenía con la vista puesta en la puerta que se abría y por esta se asomó al fin un hombre.
Que conste que no tenía ningún problema en socializar, pero no había venido a ello. Había venido a ver los tan anhelados ositos y hacerse madrina uno. Y solo en su cometido podría mantener su mente que imaginaba los mil gestos que podría hacer un osito bebe. Incluso se acordó como uno giró sobre su propio cuerpo cuando fueron anunciados por la tele. ¡Era simplemente tan encantador! Por lo tanto no era de extrañar que no se hubiera acercado a nadie. Asimismo, nadie lo hizo tampoco. Era descartada como persona interesante por los mayores al ser una mísera adolescente. Igual no es que se percatara de ello y aunque lo hiciera no le importaría mucho. Al fin al cabo, la soledad es algo que hace parte de su cotidiano y no propiamente lo ve con negativismo.

Sus ojos relucieron como si fuese piedras preciosas al escuchar que presenciaría un nuevo espectáculo acuático. Y su sonrisa se ensanchó más cuando los animales por los cuales había venido eran mencionados. Aunque la duda le surgió y se le notaba en el semblante. La sonrisa no le abandonó el rostro, pero los constantes pestañeos de los parpados indicaban el desconcierto de la joven. – ¿Candidatos? – se indagó mentalmente mientras las manos fueron alzadas y acomodaron el sombrero que estaba bastante arreglado sobre la cabeza de la propia. Fue una acción inducida por una nerviosa confusión de qué el encargado de su grupo quería decir con tal palabra.
Bueno, era obvio que todavía no había decisiones definitivas en cuanto a quiénes podrían apadrinar uno de los dos ositos, pero lo que le resultaba turboso era justo en qué consistía el método para la resolución final. - ¿Un concurso? ¿Un cuestionario sobre el conocimiento de ositos? ¿Una prueba sobre cómo cuidar a dicha especie de animales? – las preguntas rápidas y feroces le atravesaban la mente haciendo que ella terminara por juguetear con una mecha azul de su pelo. Con parsimonia y con dos dedos de la fina mano, enrollaba y desenrollaba el mechoncito que le caía por el rostro. Era un gesto muy habitual en la muchacha cuando alcanzaba cierto grado de duda y no la expresaba. O más bien, se olvidaba de manifestar su incertidumbre.
¿Por qué no exponía sus preguntas en lugar de pensarlas? ¿Vergüenza? ¿Miedo? No y no. No era una adolescente insegura de sí mismo o tendría pena de verse como una ignorante. Desde de infanta había sido enseñada que no hay que temer el preguntar, y sí, la ignorancia de quedarse con las dudas por vergüenza. No obstante, le había descolocado tanto el anuncio que todavía no había una decisión final que se embarcó su propio mundillo mental llevada por la sorpresa. Y para cuando iba a indagar alzando su mano, que abandonó el mechón que sostenía con delicadeza, volvió a bajarla ya que más de uno de los presentes atacaron con preguntas.

El desorden, por norma, era algo que la desorientaba y esto que aturdida ya se encontraba debido a la noticia del hombre que los dispuso en guiarlos y explicarles todo el procedimiento. Procedimiento este que se quedó por el camino, por así decir, ya que el cuidador terminó por ser asaltado con preguntas varias y sin orden. Ni siquiera esperaban su turno para hablar, simplemente lo hacían y eso le mareaba a Juvia. Hay que entender que no está acostumbrada a inmiscuirse en grupos ya que tiene clases en su propio hogar. No ha crecido en ese medio dónde los debates típicos de una clase eufórica por un tema puedan excederse y perder la organización.
Suspiró resignada deteniendo su mano a medio levantar y la descendió dejándola sobre la asa del bolso que le colgaba de un hombro. La carpeta no se encontraba entre sus brazos, porque mientras esperaba el cuidador la habia guardado en el bolso. Intentó entender y enterarse de las preguntas que se mezclaban entre sí como si fuesen una bolita de lana mal hecha que terminaría en puros nudos. Sonrió complacida cuando la voz del que los guiaba por un camino de piedras cuidadosamente colocadas para dar la sensación de un recinto muy natural, se hizo escuchar acallando la confusión de voces que se habían vuelto un ruido molesto. Y se suponía que ella era la más joven y no hacía tanto jaleo.
Por lo visto, el guía era un excelente orador. Logró no solo silenciar como también ordenar todas las preguntas y como un buen profesional, las respondió concisamente y muy entendible. Se desarrollaba bien siendo el principal objetivo de atención del grupo, algo que, la ojiazul, no pasó por alto y escuchó con extremada atención cada una de las palabras. No obstante, ninguna de las interrogaciones hechas por los demás coincidía con sus indagaciones mentales. O sea, tanto alboroto y ni una coincidió con lo que deseaba saber.

Los murmullos entre la congregación, que hacía parte la joven, regresaron una vez que se comprobó que no había más dudas y volvieron a proseguir por el camino que le indicaba el castaño. Ese fue el momento que Juvia aprovechó para apresurar el paso apartándose de los demás y acercarse al hombre que iba como cabecilla del grupo. – Hola. – saludó bajo y alegremente después de colocarse a uno de los lados de su nuevo interlocutor – Se llama Juvia. – se presentó señalándose con un índice su propio rostro mientras la otra mano seguía sujetando el alza del bolso para evitar que se deslizara de su hombro. Era consciente que su forma de dirigirse a ella misma era muy peculiar, por eso vio necesario apuntarse con el índice indicando que se estaba presentando – Juvia está algo confusa. No sabe qué procedimiento se llevará a cabo para la elección decisiva para apadrinar un osito. – inició la explicación algo recelosa por si no se expresaba bien. No tenía vergüenza de expresarse, pero sí temía no ser entendida. - ¿Usted puede iluminar su mente y explicar a Juvia? – preguntó alzando la mirada ya que el hombre era lo suficiente alto para no poder mirarlo frente a frente sin mover la pequeña barbilla que finalizaba su rostro.
Intentó controlar su ánimo expresando una sonrisa educada. Los modales era algo que una dama debería tener siempre como prioritario. Eso fue lo que le fue enseñado desde que tiene el uso de la razón; comportarse y encajar aunque no tuviera contacto a menudo con grandes grupos. No obstante, por más que pudiera controlar sus sonrisas, los músculos del rostro, no podría disimular el brillo ansioso de sus ojos. Y tampoco los gestos que ella misma hacía por inercia, como por ejemplo, el dedo que regresó al mechón de pelo, enrollándolo como si lo quisiera ondular más de lo que ya estaba. – Juvia realmente quiere crear un lazo con un osito. ¡Le encantan mucho! Aunque no le dejen tener uno en su casa. Igual se sentiría apretujado, ¿no? – tales palabras no había pensado decirlas, pero igual abandonaron sus labios llenas de ilusión. Tampoco pudo controlar la emoción de su voz. Al fin la cabo, no era especialista en auto control debido a que siempre fue incitada por su mama en ser ella misma. Por lo tanto, y en cierto modo, podría resultar ambiguo el modo de ser de la peliazul: una mezcla de extrema educación con la extrema naturalidad que podría surgirle de palabras y gestos. Se notaba que era fruto de dos inmensos opuestos: un ingeniero y una hippie.

Off:
Perdón por tardar tanto, Quería responderte desde la semana pasada, pero tocó estar con el papeleo de la uni y fue una semana estresante, porque por otros casi termino yendo para el centro que no era. En fin, tuve que arreglar todo lo disparate y pues me puse muy ansiosa y tal. Una vez más me disculpo por la tardanza. u3u
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Oscar Jarjayes el Miér Oct 22, 2014 9:10 am

Bien, ya estábamos comenzando la marcha hacia el sector marino e invernal, este sector es especialmente como dije en un principio de animales especiales provenientes de lugares fríos o casi no tan de los dos lados; podría decirse eso por las ballenas que ya se acostumbrado al los cambios del clima, en fin, no tengo que andar de perder el tiempo que debo presentar a los oseznos por primera vez al todo el grupo que se presento para la oportunidad de darle sus nombres respectivos a esos dos pequeñines adorables y mordelones como su madre, si son muy tiernos probando por primera vez los pescados que les hicimos probar por primera vez y ahora disfrutaran verlos comiendo tierna mente.
Entre que íbamos hacia el aposento, empezaron a salir muchas preguntas de la gente en el camino, era todo entrevero las preguntas, actuaban como niños pequeños preguntando forma muy desordenada, exceptuando por la joven callada, si, era la mas llamativa hacia mis ojos por su color de pelo y forma elegante de vestir, los demás eran comunes y no tan tranquilos de lo que deberían ser un poco, pero de todas formas puse orden y les dije tranquilamente sin perder la calma -tranquilo todos de a uno por favor, no puedo hacer respuestas si se mezclan demasiado- murmure a la gente entusiasmada, sin perder la paciencia con mi carisma, y de ahí dispuse a señalar a todos los preguntones poco a poco, respondiendo curiosidades y preguntas comunes, hasta las preguntas bromistas que no me causaban nada de gracia pero eso no me hacia perder mi postura y cambiar todo mi humor.
El revuelo de preguntas parecía a verse calmado asique el trote debíamos seguir tranquila mente hacia el lugar, en que me dispongo a seguir y guiar; de pronto la mas joven del grupo se adelanto del resto y me saludo con tanto entusiasmo aunque a la vez trataba de aguantarse la emoción y eso a mis ojos no le pueden dejarse engañar por los entusiasmos de la gente, ya me acostumbre ver tantas emociones diferentes que ya se detectar un poco su emoción en sus expresiones, traten de ocultarlo o no a mi no me engañan. Como todo buen hombre respondí a su saludo con mi gran carisma -es un gusto juvia, yo soy keiji y el que ves a mi hombro acompañándome se llama yumekichi- disponiéndome a señalar con mi dedo en mi hombro derecho al pequeño mono pigmeo -creo que usted me hizo recordar palabras que no dije cuando la recibí a usted y a los demás, pero bueno los veía tan entusiasmado que no lo hice- saque una pequeña risa algo ruborizado por no saludar antes mejor -bien, ¿tienes dudas de como será la elección?...nada complicado, asique te puedes animar, solo deben elegir el nombre correcto para los osos nada mas- respondí una parte de la duda de la joven de pelo azul -si el nombre que elegiste es suficiente mente bonito para el estilo de uno de esos pequeños se va poder acercar a ellos, y la dejaran que los visites y los alimentes cada día que pueda venir, hasta el momento en que deban irse a la naturaleza, eso si ganas...¡mucha suerte que la elijan señorita juvia y podrá conseguir su deseo de tocar a los oseznos!- murmure con entusiasmo sin sacar mi mirada hacia ella mientras le ponía pulgares arriba de los ánimos y luego me dispuse a preguntarle a ella -¿alguna duda mas que sacar?...espero que no te haya confundido- respondí un poco nervioso pero sin exagerar, no quería nada mas confundirla.

Spoiler:
no ahí problema yo también soy lerda en responder xDDDD
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Juvia Lockser el Dom Nov 09, 2014 3:15 am

"...destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria; que la épica tan bien puede escribirse en prosa como en verso..."
El Quijote ~ Miguel Cervantes
Carry On ~ Olivia Holt
- Mucho gusto, Keiji-san. Y… - los zafiros orbes se alzaron junto con la barbilla para poder ver mejor al mono señalado sobre el hombro ajeno. Sus orbes dejaron de ser de un tono oscuro para volverse como agua cristaliza tras observar el otro animal. Bueno, le otro animal, porque todos los presentes eran animales, incluso ella. Vamos, era creyente en la teoría evolucionista de Darwin. Sí, a sus diecisiete años ya se había leído obras tan científicas como reveladoras escritas por estudiosos del calibre de Darwin. Por algo no tiene los gustos comunes y corrientes de una adolescente. – Yumekichi-san. – incluso al mono lo trataba con toda la gala que fue enseñada. Tal como fue mencionado antes, no discernía entre los humanos y otros animales; en este mundo lo seres vivos para la muchacha solo podrían ser de dos tipos: animales o vegetales.
Una sonrisa encantadora  se le dibujó en el delicado rostro observando maravillada, con la cabeza un poco inclinada para delante y algo ladeada, al mono sobre el hombro ajeno. Era muy curioso tal escena y que el mono se mantuviera tranquilo, incluso. Le encantaba esa…¿sincronía? Si es que el término adecuado fuera ese en relación a como se comportaba el Yumekichi. Y pese a su confusión de catalogar dicho nexo entre el humano y el mono, se contuvo de indagar sobre lo que le provocaba tanta curiosidad. Se contendría por el momento ya no tenía intención de interrumpirlo ya que tenía las mismas ansias que cualquiera por saber más de lo que les esperabas más adelanta. Y simplemente se rio, quedamente, ante el comentario de que sirvió de recordatorio humano. – No fue nada. Juvia cree que nadie se ha percatado siquiera que, Keiji-san, no se presentó. – ni siquiera la peliazul había caído en la cuenta de ese pequeño descuido ajeno si no lo mencionara el cuidador y guía del grupo.
Con toda la atención de una briosa alumna en clase escuchaba la respuesta a sus preguntas. Cuestiones que del todo no fueron respondidas. Ya tenía el conocimiento que si fuera seleccionada podría elegir nombre y participar, dependiendo de su disponibilidad, del cuidado del osito. O sea, la introducción personalizada que le ha dado no era una novedad. Y lo que siguió esclareciendo, tampoco fue una aclaramiento de nada, porque el suspense continuó en el aire. ¿Es que acaso sería una elección al azar? ¿O dejarían los ositos elegir? Esta última pregunta mental le resultó bastante pintoresca, pero le agradaba de sobremanera. Estaba segura que cualquier osito mal la viera, la elegiría. ¿Y en qué se basaba en tal razonamiento? Cualquiera, incluso si estuviera en marte, se daría cuenta su amor por los osos de cualquier raza. ¡Tenía un oso enorme de peluche sobre su cama! Y pese a que este ocupaba la mayoría de la misma, solía dormir con el mismo solo por ser un peluche en forma de oso. Además, que tenía conocimiento sobre estos animales para reglar y vender. Y no se trata de un simple gusto de una jovenzuela ya que si sus progenitores le permitiesen ir a la universidad, elegiría una carrera dónde pudiera investigar el hábitat y todo lo relacionado con sus animales favoritos.

No expresó su descontentamiento sobre la falta de información y que sus cuestiones fueron esquivadas elegantemente, hay que admitirlo este punto, ya que Keiji lo hizo con maestría y simpatía. Juvia supuso que no le era permitido exponer todos los datos de la selección y lo respectaría. Siempre muy obediente y discreta en su forma de ser, porque de su aspecto no puede decirse lo mismo y esto que solo empezando por su pelo que es del color del mar salado.  – Confundir, no. Aunque claro del todo no se ha quedado. – Igual, - alzó las finas manos con las uñas, esmeradamente, limadas que estaban cubiertas con barniz transparente dando un sutil brillo a las mismas. – está bien, Keiji-san. Juvia esperará hasta el momento adecuado. – replicó ilusionada. Más que nadie también le gustaba le misterio, por algo era una lectora empedernida. Cuentos, novelas: las buenas tramas siempre te daban misterio y los desenlaces se volvían inesperados. ¿Ese día seria así? Aunque el inesperado que podría pasar era que no pudiera apadrinar un osito y eso ya no le complacería nada. Se quedaría con esa sensación “¿De qué hago con mi vida?” cuando se termina una saga que sigue por años. En fin, no habría motivo para pensar el peor. No obstante, cuanto más se desea algo, más se teme por ello. Eso había leído más de una vez.
Con un suspiro negó ligeramente con la cabeza como si sus temores fuese humo y así los pudiera disipar. Tal movimiento provocó que los mechones delanteros se meciesen y esta se viera obligada a colocar el pelo, que no era del todo lacio ya que parte de ello eran algo ondulado, detrás de las orejas dejando a la vista las mismas. – Cambiando el tema drásticamente. ¿El personal del zoo, como usted, puede pasear así con los animales? – la curiosidad no pudo con ella. Más cuando algo la embelesaba como esa conexión que había con el mono y el humano. Desde luego se refería a como transportaba a Yumekichi y su tranquilo comportamiento en el hombre de Keiji.
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Oscar Jarjayes el Vie Dic 26, 2014 12:23 am

Mientras que los reposables veían los nombres, con el grupo y yo empezabamos a ver cada animal poco a poco para ahorrar el tiempo de la llamada de los nombres de los dos oceznos, muy pocas preguntas habia de la mayoría yo hablaba mas contando de todo un poco contando cosas para que no se me cansaran de mi super documental en vivo y directo pero solo habia una persona que seguía sacando dudas y con una inmenza gana de curiosear mas el asunto de lo que veíamos, pero en ese momento se escucho por los parlantes de que empezaría el show de los animales marinos dentro de 5 minutos, "¡oh muy bien!" dije en mi mente ya que estos chicos se me estaban desesperando y aburriendo, a lo que los detuve en frente mio y les exprese del asunto -¡¿Alguien gusta de ir a ver el show de los animales acuaticos?!...¡Vamos sérá divertido hoy tenemos cosas nuevas gente!- les ví medio pensar en ese instante a lo que por suerte aceptaron pero mi simpatica amiga fue la que gusto mas del asunto y por su puesto nos fuímos directamente al sector acuatico de forma emocionada los dos oh...perdon quise decir los 3 y un grupo algo amargados.

En cuando estabamos serca del sector del show acuatico, una pregunta inusual vino hacia ella, -¿que sí los demás tambien pueden pasear animales como yumekichi?- reí un poco porque no pensaba sobre eso, ya ni siquiera ellos se le ocurrieron reclamarme al llevar a yumekichi conmigo y no dejarlos con los otros de su especie, jamas tampoco yo lo pensé -creo que soy el unico loco que lleva un animal salvaje en su hombro paseando a todos lados dentro y fuera de este zoo- empeze a presumir un poco asiendo muecas de genialidad, algo así como sonrisa sarcástica que ponen las estrellas de cine pero no me salio ya que mi cara mas bien fue la de un idiota contento pero al menos valio la pena, ok fuí obacionado y no todos tienen suerte de ver mi suerte, aunque quizas por tener un animal micro tampoco se haga notar en publico si no ya me pedirían que lo metan en el zoo, pero no es posible ya que mi pequeño amigo ya se acostumbro ser un vago conmigo y encerrarlo en una jaula sería sentenciarlo a la depresión, aunque si él se fuera de mi ¿que aría yo solo y aburrido?, preferiría escaparme del país que me lo quiten para encerrarlo, el fue y siempre será mi apoyo constante como yo soy para él, torsere cuellos si es posible pero no voy a dejar que me quiten a mi mejor amigo. -ok juvia siendo curioso, si los osos fueran micro y tuvieras uno ¿cómo sería tu relación?- pregunte de forma positiva y a la vez para pasar el rato mientras que llegabamos al show.


Spoiler:
Disculpa la tardanza pero aqui esta...espero que te guste  Cool
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Juvia Lockser el Mar Ene 13, 2015 1:40 pm

"Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música."
Stockhausen, Karlheinz
Candles ~ Daughter
El zoo era uno de los lugares preferidos de Juvia. En Japón siempre le permitían visitar varios zoos de diferentes ciudades. Obviamente, uno de los progenitores siempre la acompañó cuando era otra ciudad que no fuera dónde vivían, pero fueron lugares que siempre tuvo su presencia. Y nunca se cansaría de ellos aunque viera el mismo zoo mes tras mes, no la agotaría. Animales, incontables razas que no podría presenciar que no fuera en la tele o en sus hábitats normales, o sea, que poder verlos a vivo y a colores en los zoos era algo maravilloso. No solo eso era lo más fascinante de todo, era el hecho de humanos y otras razas pudiesen coexistir…tratarse unos a los otros…Juvia creía fielmente que los demás seres vivos podrían tener emociones y desarrollar las mismas. Y como padres y madres, los cuidadores eran como compañeros fraternales para estos seres vivos. Era cierto que cobraban por este trabajo, pero no se podría tener un trabajo de este si no tuviera un gusto enorme por los animales; si no amaras cualquier tipo de vida y la respetaras, así de sencillo era como Juvia lo pensaba. Por lo tanto, encontrarse en ese lugar rodeada de vida en todo el sentido, animales, plantas, hábitats y seres, todo en una misma ubicación conviviendo en paz y seguridad era como ser pez en el agua. ¡Los zoos deberían ser considerados una de las maravillas del mundo!
La joven estaba maravillada y se sentía afortunada como si tuviera ganado la lotería por tener un guía simpático que se disponía en solucionar dudas y explicar varios detalles a la medida que iban avanzando viendo las especies en sus hábitats. Podría ser un iracundo cuidador que solo se interesaba por los animales y detestaba los humanos, pero ese señor que los guiaba para nada era así. ¡Incluso prestó atención a Juvia sin juzgarla por su aspecto o su edad! La fémina de pelo tintado y de orbes tan azules como el mar que relucían de emoción estando de lo más risueña. ¡Para nada se aburría! No obstante, no podría decirse lo mismo de los demás. ¿Para qué venían a un zoo si no se interesaban lo más mínimo en la variedad de animales? Por ella se quedaría ahí horas y horas apreciando cada especie. ¡Eran todos tan increíbles! O así  pensaba la moza.

Sus orbes destellaron mucho más y el delicado semblante se le iluminó como si acabasen de encenderle un foco en dirección al mismo. Esta forma de entusiasmos visual surgió al escuchar lo del Show Acuático. Su delgada mano de dedos largos se alzó indicando que ella se apuntaría a asistir a tal espectáculo desde luego. Y con la misma rapidez la descendió. Era una dama, le habían enseñado a comportarse con tranquilidad teniendo en cuenta cada gesto que hacía para que lo hiciera con gracia. O sea, no podría dejarse llevar por la espontaneidad del momento provocada por su frenesí. Suspiró colgando su mano del alza del bolso, así la mantendría quieta y no la movería por inercia…quizá. Lo cierto es que Juvia guardaba dentro de sí una chiquilla muy extrovertida con bastante energía. Asimismo, la etiqueta era lo que formaba una señorita de su clase y así debería comportarse. O eso le ha hecho creer su maestra de la etiqueta toda su corta existencia. - ¿Qué animales participan? – se mordió el labio inferior dudosa, un modo de tranquilizarse y contener las demás preguntas que se acumulaban en la garganta. En su pensamiento rondaban las focas, las ballenas, los delfines y un sinfín de animales acuáticos. ¡Incluso pingüinos! Juvia adoraba los pingüinos. Para esta no había animales más románticos que esta especie. Eran como protagonistas de novelas que estaban destinados a encontrarse y morir juntos. Y aunque se contuvo de no pronunciar nada de sus pensamientos, su rostro era un claro poema que en su mente había todo un mundo de ilusión.
Desde luego siguió al señor que tan amablemente le prestaba atención. Otro detalle que la estaba dejando más cómoda. Normalmente recibía atención fuera de su hogar, pero una atención negativa ya que siempre destacaba por el color tintado de su pelo. Las jóvenes de su medio social siempre implicaban con su tono de pelo. Algunos adultos también, pero esos su mamá sabía cortarles antes que acabasen cualquier crítica hacia su hija. Es más, siempre halagaba su brote como una hija ejemplar que nunca le casaba problemas. Y luego añadía que era mucho más madura que la mayoría de los hijos de sus amistades. Amor y comprensión nunca le faltó en el hogar, pero no por eso no se sienta sola en cierta medida. Sabe relacionarse, es simpática y educada. No obstante, no es libre. Son más libres los animales en zoo que ella misma. Quizá por eso es que se decanta por ellos. Tienen lo que ella no tiene aunque no le falte nada a priori.
La palabra “loco” pronunciada por Keji-san le hizo retroceder a la primera vez que leyó el cuento de “Alice en el País de las Maravillas”. Se imaginó ella misma siendo Alice y Keiji-san sería el Sombrero Loco; tiene una imaginación muy fértil. El otro día terminó por imaginar a un amigo, o algo así es de ella ese mozo, con un vestido amarillo porque su nombre de pila era el apellido de un personaje femenino de una saga que la tenía prendada. Juvia era una pardilla, pero una pardilla con una mente muy viva. Una mente que rogaba por más saber y más vivir. Vivir que encontraba en los libros. – Juvia leyó una vez que las mejores personas están locas, Keiji-san. Y Juvia cree que el mundo necesita más de falta de cordura que de cordura en sí. – sonrió mirándole de soslayo ya que seguía caminando a su lado y luego sonrió afable. Realmente disfrutaba de la compañía de aquella persona y sentía que podría soltar mucho de su mente sin ser acusada de tonta.

Ya se encontraba en la entrada de la ubicación dónde pasaría el espectáculo. Lo supuso mentalmente sin que le fuera anunciado ya que era algo obvio porque la entrada, dónde se encontraban unas amplias escaleras que indicaban las decenas de acentos, tenia un enorme cartel plastificado adorando la misma e informando que ahí ocurriría el espectáculo acuático. También se veía a lo lejos, en el centro del lugar con las bancas rodeándole, una enorme piscina con paredes igual de inmensas construidas con puro vidrio de lo más resistente que pudiera haber. Ya fue mencionado que Juvia se sentía en el paraíso, ¿no? La jovencita adoraba el agua y todo el tipo de animales que se relacionara con el agua. Bueno, en sí amaba todos los animales, pero los del hielo y del agua tenía su corazón ganado. - ¿Si los osos fuesen pequeños y Juvia los pudiera tener? – repitió por inercia con aire pensativo la cuestión que le fue expuesta. La mano abandonó el ala que sujetaba para acomodar su sombrero. Este no necesitaba de ser recolocado, pero fue un movimiento sin pensar y motivo ya que se estaba imaginando en la misma posición que Keiji-san, pero con un oso. ¡Era su sueño hecho realidad!
Sí, Juvia era una adolescente sencilla que tenía como objetivos tener un oso en su hogar. No era nada ambiciosa o caprichosa como la mayoría de sus conocidas. Con un osezno sería feliz. Por su mente han pasado varias escenas, no eran recuerdos porque era pura imaginación de sus deseos y de nada que hubiera ocurrido en la realidad, en que abrazaba un oso, le daba pescado fresco y lo observada siempre hasta cuando estaba presente su maestra que le daba clases en casa. – La casa de Juvia se llenaría de hielo. – respondió teniendo el aire perdido, todavía. Había visto una película recientemente dónde el padre de un hombre le envió pingüinos y este tuvo que llenar la casa de hielo para mantenerlos a una temperatura fría. ¡Una preciosidad de película! – Porque hay que mantener el hábitat a bajos ceros, ¿no? También tendría siempre mucho pescado fresco, del día desde luego, para tenerlos bastante alimentados. – sus manos terminaron sobre su anguloso rostro cubriendo las mejillas exactamente y su rostro de ilusión estaba hecho todo un poema – Le daría mucho cariño y hasta le escobaría con cuidado su pelo blanco. ¡La vida de Juvia en el hogar se volvería perfecta! – confesó dejándose llevar por su propia imaginación. No obstante fue sacada de sus ilusiones surrealistas ya que una voz interrumpió el curso de su pensamiento. Un tono bastante burlesco y molesto, algo que no notaría Juvia porque es bastante contundente para entender cuando se burla de su persona. – No seas tonta, niña. Los osos no se cepillan. – dijo la extraña voz de un tercero que había escuchado la plática entre el cuidador y la moza.
Juvia solo supo asentir descendiendo las manos de sus mofletes aunque el tercero solo se reía de la supuesta tontería de la peliazul. Asimismo, esta no ha tomado a mal el comentario o la risa, que no era una carcajada pero era notoria, ya que tomó el interrupción como algo positivo de escuchas otras opiniones. Además, le estaban hablando directamente para ella. Eso era positivo, ¿no? O sea, la habían ignorado del todo hasta el momento, excepto Keiji-san que estaba siendo amable. – ¿Entonces como mantiene su pelaje suave, Keiji-san? – volvió a mirar a su compañía desde el inicio, no estaba ignorando al otro desde luego. Es más, hasta hizo un huequito entre ella y Keiji-san, apartándose para un lado, para que el tercero se sintiera más agrupado entre ellos. No escuchó la respuesta ya que empezaron a moverse hacia los asientos por las bancas escaleras de arcilla, porque, en una plataforma de piedra en uno de los exteriores de la inmensa piscina, una persona con traje de buceo anunciaba por megáfono que el show iba a empezar.
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Oscar Jarjayes el Miér Ene 21, 2015 2:17 pm

Cuando entraba empezaba recibir millones de preguntas de todos, hasta mas que nada de la propia Juvia, ella tenía mas curiosidad que todos los demás, sus preguntas eran muy seguidas y a veces se ponían imaginarias, no me molestaba en absoluto pues la conversación con ella era divertida, ella tiene buena imaginación, yo en cambio soy un seco en imaginar cosas, mi cabeza cualquier cosa puede pensar pero imaginar mucho o relacionar con lo fantástico no era nada lo mio, pues no soy de leer ya que se dice que si lees mas ideas tienes, pero yo soy un vago y un ocioso a mi trabajo, lo único que leo son documentos de trabajo o investigo la naturaleza para saber que son sus causas a veces que se deteriore, como por ejemplo un amigo zoologo del otro lado del planeta ha tratado de salvar a las tortugas gigantes de una isla y cosa que resulto y ahora por fin ya ahí crías de esas criaturas, mas es un festejo tan hermoso de saber que seguirá preservando aun la especie y claro seguiremos intentando para que siga lo positivo hasta siempre que haya solución posible.
En ese momento cuando nos acomodábamos Juvia hablo algo de la locura, no entendía nada asique como un idiota le sonreí he hice que la entendí, aunque me salvo su segunda pregunta y era del evento que estábamos por presenciar en este momento, "¡oh genial que bueno que pregunto eso!" dije en mi mente ya que como dije de esas cosas de libro de ficción no soy experto para nada ya que preguntaba entonces le empece a responder mientras no sentábamos casi al medio del escenario en el tercer escalón para ver bien y estar algo cerca de los animales marinos sin perder mi gracia y mi sonrisa natural -Pues tendremos a los lobos marinos, a los cachalotes, pingüinos y delfines- le respondí a lo que después volvió al temas de los osos, bien no me molestaba hablar seguido ya que así hacíamos tiempo para esperar el comienzo del show, pues la gente aun se estaba acomodando y los entrenadores de estos animales ya se estaban preparando con los animales, valla saber con quienes empezaran de nuevo pues hoy harían un nuevo show con ellos, si, una nueva rutina divertida hasta los propios entrenadores harían también su propio sketch siendo parte de la nueva obra. Entre eso Juvia me hablo de la película "los pingüinos de papá" no paraba de decirme como estaría de feliz de estar igual como el protagonista, pero admito que yo también me gustaría que me pase lo mismo, pero en la realidad no se puede hacer eso y si se intentara sería un delito, al menos que armes tu propio zoológico y los puedas tener ahí contigo, bueno pero trabajando aquí es igual como un sueño realizado.
En ese momento antes de que gritara el megáfono me pregunto algo interesante, algo de que se puede peinar a los osos, jamás he hecho eso, pues no sabia si era necesario peinarlos pero supongo que no creo a lo que le respondí a ella después un poquito serio y con duda al respecto -No lo creo Juvia, pues siempre he cuidado animales salvajes y ni un instante jamas pensé eso de peinarlos, pues en las enseñanza de cuidado jamas hubo sobre peinar animales salvajes, se ha hablado, pero si de la gente que tiene de mascota indocumentadas y salvajes que después son dadas a los zoo al llegar a una edad que no se puede con ellos, lo lamento Juvia, pero creo que si ganas no podremos intentar hacer eso, pues podría salirse el olor de los pequeños y la madre creo que nos lo reconocería- a cuando le dije eso la tone desilusionada en esa pregunta, pero bueno, eran las reglas, no todos los animales salvajes se los pueden peinar y después le dije -pero no te negare lo suavecitos que son sus pelajes de pequeños- y al decirlo eso la animo un poco.
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Re: Everything for a Teddy Bear ||| Keiji Maeda |||

Mensaje por Tema Cerrado el Miér Mar 04, 2015 3:33 am

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