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Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

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Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Lun Sep 22, 2014 5:57 pm

"Es difícil creer en las coincidencias,
pero es aún más difícil creer en cualquier otra cosa."

El fuego borboteaba alegremente debajo de las hornallas, calentando las diversas ollas que se encontraban sobre él, algunas llenas de comida y otras simplemente de agua, diversos preparativos para lo que sería la cena de aquel día, aunque preparar ésa parte no era el trabajo de la delgada muchacha que iba y venía entre el vapor. No, su tarea era ocuparse del amplio horno, donde al menos tres tipos distintos de pasteles comenzaban a elevarse, faltando poco para agregarse uno más. Cualquiera diría que el monótono revolver una y otra vez la variable mezcla sería cansador, pero no para la muchacha. La rutina la reconfortaba de una extraña manera, así como el saber que estaba haciendo algo que los demás disfrutarían, un postre delicioso para comer junto a una buena bebida caliente, aprovechando que el verano comenzaba a desmigajarse entre las brisas frías, llevándose consigo las hojas de los árboles.

Apartándose un mechón de cabello con aire cansado, esboza una tenue sonrisa al volcar el dulce preparado en el molde. Los pequeños muffins serían su último encargo del día, luego quedaría sólo decorar las cosas que había hecho y quizás amasar unas cuantas galletas, dependiendo del tiempo. Había aceptado el trabajo con entusiasmo, por muy bien que le pagaran en el instituto, no estaba en posición de rechazar nuevos ingresos y cualquier extra no utilizado iría a formar parte de sus magros ahorros. Tantas cosas que hacer simplemente para sobrevivir un día más, una semana más y tal vez llegar finalmente a conocer lo que se sentía no tener que preocuparse de cómo pagar el alquiler al mes siguiente. Aunque desde que tomó el trabajo en Sweet Amoris, las cosas comenzaban poco a poco a mejorar: tenía un sitio donde quedarse, pequeño pero ordenado y, la mejor parte, para ella sola. La zona no era particularmente buena, pero a ella le parecía el paraíso tener un sitio caliente y “propio” al cual regresar, por más que no fueran más que unas cuantas horas.

Uno tras otro, fue acomodando los chips de chocolate en los recipientes previamente ocupados por la mezcla, introduciéndolos luego en el horno al tiempo que retiraba los demás. El ambiente comenzaba a resultar algo asfixiante, de modo que se acercó hasta la alargada ventana y la abrió ligeramente para disfrutar de la brisa mientras desmoldaba sus diversas creaciones. Llevaba todo el día allí encerrada y comenzaba a faltarle un poco el aire, pero en realidad estaba divirtiéndose bastante. Su eficiencia le había valido varios halagos que su humildad no le permitió tomar en serio y, ahora que estaba a punto de terminar, dedicó una mirada crítica a los pasteles. Por supuesto que más temprano había preparado otras cosas, ayudando a los demás, pero en realidad la contrataron para la preparación de dulces y allí estaban sus últimas obras, desaparecidas las demás hacía algunas horas y otras descansando en el mostrador, a punto de seguir el camino de las primeras.

En ésas estaba cuando su jefe apareció por el marco blanco y de doble puerta, justo en el momento en que terminaba de quitarse las manchas de harina del rostro con un trapo tan blanco como el resto de la cocina. Ah, las ventajas de trabajar en un sitio de categoría.. No había grasa, todo era nuevo e impecable y la gente no se la pasaba gritando, era un cambio agradable.- Buen trabajo señorita Carstairs, si lo desea puede tomarse un descanso ahora, ya le pediré a alguna de las chicas que se ocupe del decorado.- “Señorita Carstairs” sin doble intención, desprecio o alguna baja intención, qué extraño sonaba. Con aire dubitativo asiente, señalando al cabo de unos segundos el horno.-Sólo falta que salga la última tanda de muffins y decorar los pasteles señor, enseguida iré–Replica con suavidad, decidida a cumplir su trabajo desde el principio hasta el final y, por qué no, con un cierto temor a que algo malo pasara si no era ella la que se ocupaba de sus tareas. Era uno de sus pocos actos de orgullo, terminar lo que había comenzado como correspondía, poniendo su completa dedicación en el proceso.

- Por favor, lleva todo el día atrapada en éste caldero, ya nos arreglaremos nosotros con el resto –Dice el amable hombre, abriendo la puerta y dejando entrar una agradable corriente de aire frío junto con una alta y decidida muchacha de cabellos rubios. Si bien era una de las camareras, el carácter revoltoso de Desirée hacía que pudiera decirte las cosas más directas o comportarse de manera estrambótica sin que pensaras que quedaba fuera de lugar. Más bien al contrario, le sentaba y era parte de su encanto, aunque en ocasiones le causaba problemas. Pero, pese a ello, los clientes y gran mayoría de sus compañeros la adoraban. Y resultaba bastante difícil no hacerlo, por mucho que sintieras que estabas hablando con un tornado.- ¡Jia! Ya escuchaste al jefe, también es mi descanso así que te vienes conmigo –Exclama la hiperactiva chica, arrastrando a la cocinera consigo sin darle lugar a replicar. A decir verdad, no le molestaría volver a trabajar allí, pensó mientras el jefe reprendía con fingido enojo a la voluptuosa Desirée, inmune a cualquier cosa que no fuera su alegre conversación.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Lun Sep 22, 2014 8:42 pm

“Dicen que los ojos son la puerta del alma,
pero dime de qué sirve esa puerta
cuando no tienes nada que observar.”
 
De nuevo la maldición que cargaba sobre él, sus dedos y su mente tenían toda la disposición para escribir, más había algo que no hacía conexión dentro de él y no le permitía expresar de su forma habitual todas y cada una de las ideas que le recorrían una y otra vez. Había podido hasta soñar con ellas, cosa que no sucedía muy a menudo, pero aún así no podía plasmar más que unas frases sin sentido en el papel, ya que se había rendido en la posibilidad de escribir en el computador gracias a que ver el documento en blanco y esa línea titilando demostrando que no había podido escribir nada le hacía enfurecerse y frustrarse mucho más. Es por eso que había pasado otra noche más en vela, dándole crédito a sus ya bastante profundas ojeras y marcando aún más ese ceño fruncido que llevaba toda la noche y toda la semana adornando su semblante, ignorando el hecho de que no había podido comer nada decente más que pizza gracias a sus absurdas cualidades en la cocina, que hasta el agua se le evaporaba haciendo que la mayoría de sus ollas sufriesen quemaduras inexplicables para cualquier persona.
 
Al momento de escuchar su estómago rugir, decidió levantarse en busca de algo que pudiera saciar su hambre, pero como la mayoría de las veces, no había nada ni en su nevera ni en su despensa que pudiese ayudarle a siquiera amortiguar mientras iba en dirección al café. Pensó en las sobras de la pizza que había pedido la noche anterior, pero la mueca de asco que apareció sin dudarlo dos veces sobre su rostro le dio la respuesta que necesitaba: tendría que salir de todas formas. Tomando sus llaves, el libro que había estado leyendo hacía unos días cuando prefería darse descansos, y su billetera, salió de su casa en dirección a la cafetería que visitaba normalmente desde que había llegado a Francia, gracias a su fácil acceso y cercanía a su hogar, además del indudablemente delicioso café que podía disfrutar todos los días.
 
Una campanilla que indicaba la entrada de un nuevo cliente sonó cuando Lawrence cruzó la puerta, haciendo que los ojos de las dependientes y los trabajadores presentes se posaran sobre él y demostrando por parte de las muchachas, algo más que una mirada amable que se le otorga a cualquier cliente. Miradas a las que el joven escritor estaba más que acostumbrado y que no le molestaba en lo absoluto recibir, pero que sin embargo, no fue partícipe de ellas gracias a que sus orbes estaban perdidos entre los centenares de letras que conformaban esa obra literaria que lo distraía del mundo exterior. Sus pasos firmes fueron directo a la mesa en la que se sentaba siempre, una mesa en la esquina del lugar que del daba vista de todos y cada uno de los presentes, desde la barra del desayuno, hasta los dependientes que entraban a la cocina, era como si tuviese vista de águila estando en ese lugar. Al momento de escuchar que alguien se acercaba a él, no se molestó en alzar la vista y simplemente permitió que la joven muchacha le dictara el menú, esperando a que terminara para simplemente mover sus labios en unos simples vocablos.
 
—Un latte de vainilla. —Musitó, esperando a que la joven se retirara para soltar un suave suspiro y dejar el libro a un lado. Se había olvidado de colocarse sus lentes por lo que la vista la sentía un poco pesada, pasando a refregarse sus orbes grisáceos y pasando a tomar los lentes del corte en “V” de la camisa, limpiándolos un poco antes de colocárselos y seguir leyendo, volviendo a su burbuja impenetrable por nadie a menos que él lo quisiera y deseando que nadie lo interrumpiese por lo menos hasta que le trajeran el café. Sin embargo, no pudo evitar el acomodarse en la silla, recostándose del respaldar dejando un poco del mismo a la vista y cruzándose de piernas con el tobillo sobre su muslo, pasa luego dejar su mano zurda sobre la parte superior de la silla y sostener el libro con una sola mano, todo sin dejar de pasear sus ojos entre las palabras y oraciones del mismo. «Al menos un poco de distracción se puede tener en este lugar.»
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Sáb Dic 20, 2014 1:09 am

Dejándose arrastrar serenamente, se adentra en el vestidor tras ese tornado de cabellos dorados que aferraba su mano con fuerza. No sería exagerado decir que era una de sus pocas amigas, si es que podía llamarle así a alguien que recién conocía, pero el tiempo y las convenciones sociales no eran un problema para Desirée: se las saltaba y ya. Y por alguna extraña razón, se había apegado a la delicada figura de Jia, quizás porque encarnaba la silenciosa paz que la otra muchacha anhelaba en determinados momentos. Además, le encantaba sacarla de su zona cómoda e inventar distintas formas de sorprenderla, algo difícil dado que la cocinera había vivido más de lo que su apariencia dejaba entrever. Un alma demasiado vieja en un cuerpo todavía muy joven era algo que no todas las personas podían comprender, o tan siquiera notar, a pesar de su honda mirada. Desirée, por otra parte, con sus 23 años, tenía ese aire decidido a llevarse el mundo por delante, denotando con ella una inocente energía que la hacía parecer menor que la castaña en algunos aspectos.

Las comisuras de sus labios se curvan tenuemente hacia arriba mientras escucha los relatos de su compañera, acomodando su ropa de trabajo en un prolijo montón y dejando fuera la muda limpia de calle antes de meterse en la ducha. Sentir el agua caliente sobre su piel, relajando cada uno de sus músculos y llevándose consigo la tensión, era una de las cosas que más le gustaban, especialmente luego de un largo día de trabajo. El agua en general le encantaba, ya fuera en una piscina o cayendo libremente del cielo en forma de llovizna. Incluso si era una fuerte tormenta y no tuviera dónde resguardarse, el cristalino líquido traía consigo algo más profundo. Claro que la joven no tenía idea que el día no hacía más que comenzar, por más que llevara en la cocina sus buenas horas, de modo que se tomó su tiempo para relajarse, haciendo pequeñas burbujas con el jabón y lavando con cuidado su larga cabellera.

Al salir, se seca con cuidado, colocándose crema para el cuerpo (uno de los escasos lujos que se daba) y comenzando luego a quitar la humedad de las castañas hebras con ayuda de un secador. Más allá de la ropa interior, sus pertenencias y ropa de calle no parecían estar por ninguna parte, pero no fue hasta dar vuelta por completo el vestidor que comenzó a preocuparse. Y la aparición de Desirée con una sonrisa peligrosa, sólo aumentó su preocupación.- Desirée –Llama dando unos pasos hacia ella, la larga toalla atrapada entre sus dedos e interponiéndose entre los ojos ajenos y gran parte de su propio cuerpo. Era más un hábito adquirido que vergüenza propia, pues la rubia muchacha ya la había visto sin ropa en varias ocasiones, iniciando la primera a la fuerza. Parecía haberse tomado a pecho el deber de romper con la serena vida de Jia al grito de que ninguna chica de 20 años se pasaba la vida trabajando o sin amigas y sacándola a todos los lugares posibles, sin darle la posibilidad de objetar nada. Y la verdad es que la muchacha se divertía bastante, desconocedora por completo de una vida que no fueran horas de trabajo o lucha por alcanzar el fin de mes. No estaba nada mal por una vez actuar como la joven que era. -¿Dónde está mi ropa?

Como toda respuesta, le entregan una caja acompañada de una suave risita.-Aquí tienes, el jefe dijo que el decorador de pasteles no podría venir hoy y que si te interesaría cubrir las horas extras. Y yo acepté por ti –Expresa su amiga con la más brillante de las sonrisas, obligando a la cocinera a sentarse mientras abría la caja por ella. Dentro, envuelto en un bonito papel color rosa, estaba un uniforme como los que las camareras utilizaban, acompañado de unos cuantos adornos cuya proveniencia era bastante evidente.- Tú eres infinitamente mejor que Jacques y además, te pagarán el doble las horas extras –Sin darle lugar a réplicas, explica la alegremente su plan, sin siquiera preocuparse por la ira de su compañera. Y no es que esta fuera a tomar forma completamente, gracias a la ducha, gran parte de su cansancio había desaparecido y lo cierto es que se trataba de un café altamente reputado y muy fino.. Y el agregado de dinero no le vendría nada mal, menos con el alto salario que ya pagaban. Además, porqué mentir, le gustaba trabajar en ése lugar. El tema era el uniforme.-¿Y no has pensado que quizás estuviera cansada? –Musita tras un suspiro, comenzando a vestirse con las comisuras de sus labios curvadas ligeramente hacia arriba. La rubia desestima el comentario con una serie de murmuraciones, ocupándose de peinarla con evidente felicidad.

Finalmente se halla lista, enfrentándose al espejo sin poder creer la imagen que sus ojos le devolvían: un recogido simple pero a la vez elegante mantenía prolijamente sujetados sus cabellos, haciéndolos parecer algo más cortos a excepción de los dos mechones que enmarcaban su rostro y demostraban el largo real de su cabellera. Adornar uno de estos con su cascabel no fue una opción y tampoco hubo réplicas de parte de Desirée, demasiado ocupada en tomarle fotos desde todos los ángulos. Amaba la moda y poder usar ese traje preciosamente confeccionado la alegró en el fondo, tanto como la inhibía la idea de trabajar a plena vista utilizándolo. Como si detectara su nerviosismo, la mayor se apresura en tranquilizarla diciendo que sólo decoraría sus propias creaciones y que el resto se ocuparía de los clientes, todo esto mientras la toma de la mano y la conduce por el pasillo hasta una puerta que daba casi detrás del mostrador.- Ya verás luego, Dess –Menciona una vez se encuentra en su puesto, ubicado en la parte izquierda del mostrador y reservado únicamente para ella y la camarera que atendía a los clientes en el espacio reservado para estos en dicha zona. Una sonrisa más amplia que la anterior responde a su advertencia mientras la cocinera se coloca sus lentes de marco rojo y comienza a elaborar preciosos diseños. Apenas si observa a las personas desperdigadas por el salón, perdiéndose de nuevo en hacer lo que le gustaba tanto como coser. No había nada de qué preocuparse, sin importar su vestimenta, seguía siendo tan invisible como siempre.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Sáb Dic 20, 2014 5:10 am

Los ojos del escritor indonesio se encontraban perdidos entre las palabras del libro que estaba sobre su mano zurda, la forma en la que el autor expresaba su historia le recordaba un poco a los buenos tiempos que tenía en el pasado, cuando todavía podía sentarse y tener diez páginas llenas de sus escritos en veinte minutos. La rapidez con la que sus ojos se movían al son de las frases era casi absurda y agradecía profundamente que nadie llegase a interrumpirlo en ese momento, aunque no podía negar que podía escuchar perfectamente algunos murmullos que, estaba seguro, lo tendrían a él como base. No entendía el por qué de tanto alboroto —mentira, lo conocía perfectamente—, no era la primera vez que Lawrence iba a ese lugar. Es más, se podría decir que era el lugar que visitaba con más frecuencia, y en el que gastaba más dinero, ya que tanto el café como la comida eran de su agrado, y también le ayudaban a sobrevivir.
 
Sin embargo, todavía recordaba perfectamente la vez en la que su madre le había planteado la situación de que contratara a una criada que le ayudase tanto en los quehaceres del hogar como para hacer la comida, de esa forma no tendría que gastar tanto dinero todos los días y tampoco destruiría su metabolismo con pizza y café, pero no le apetecía meter extraños en casa ni mucho menos abrirle las puertas de su hogar a cualquier persona, por mucha ayuda que pudiese ser. Por otra parte, era sorprendente la forma en la que todavía podía mantenerse en perfecto estado físico a pesar de su alimentación, quizás Dios le había sonreído en ese aspecto.
 
Law alzó la vista del libro en el momento que terminó de leer el duodécimo capítulo, justo en el momento en que la joven encargada de entregarle su café hacía aparición. Una cosa que debía de elogiar era la eficiencia del lugar, una cosa que el indonesio no toleraba cuando no era cumplida y otra de las razones por las que ese lugar tenía, por ahora, la etiqueta de “favorito”. Le dirigió una rápida mirada a la joven, logrando ver solamente que era de tez blanca y cabellos castaño-rojizo, además del uniforme tan peculiar que todas las jovencitas cargaban y que por supuesto no pasaba desapercibido para ninguno de los hombres que se encontraban allí, pero la sonrisa que se asomó por las comisuras de la joven no fue observada por el moreno sino hasta que por fin su taza fue colocada sobre la mesa, momento en el cual decidió dignarse a otorgarle otra mirada rápida antes de tomar la susodicha y darle un trago al glorioso néctar que poseía el nombre de café.
 
—Gracias. —Educación primero, siempre. Esperó unos momentos hasta que la joven se retirase del su mesa no sin antes soltar un “A sus órdenes, Monsieur.” Y volver a su lugar de trabajo, realmente que era un poco molesto el tener que lidiar con ese tipo de situaciones todo el tiempo, sobretodo cuando se trataba de muchachitas.
 
Volvió su vista al libro, dejándolo volteado en la mesa por unos momentos para así no perder la página y poder retirarse los lentes unos segundos. No, no había terminado de leer y tampoco había decidido brindar otro paseo de sus orbes por el lugar, simplemente sintió la necesidad de limpiar los cristales que al parecer se hallaban un tanto sucios. Al finalizar, decidió dejar los lentes en la mesa junto al libro y finalmente, luego de un suspiro, tomar la taza y darle un largo trago, pero como consecuencia de ello no pudo evitar que por pura inercia alzara la vista, encontrándose específicamente con la barra donde se encontraban en exhibición todos los pasteles y dulces que vendían allí, pero más aún, con la presencia de una persona que no había alcanzado a ver desde que acudía a ese café. Sus ojos, los cuales se hallaban en su tono natural, se quedaron fijos en la joven que se encontraba detrás de uno de los pasteles, decorándolos con suma concentración y que se notaba, cuidaba cada detalle. Se mantuvo así por unos cuantos segundos hasta que la curiosidad decidió matar al gato y levantó su mano para llamar a una de las dependientes. Bajó la taza hasta dejarla sobre su platillo y desvió su mirada hacia la joven que se le notaba a distancia que se encontraba ansiosa de poder atenderlo nuevamente.
 
—Dígame, Monsieur. —Comenzó la contraria con sus manos juntas bajo la bandeja. Lawrence desvió su mirada de ella para volver a ver a la decoradora y, si se observaba bien, se podría decir que estaba empezando a sonreír.
 
—Quiero que la joven de allá… —Correspondió, sabiendo que su mirada sería suficiente para que la joven entendiese hacia dónde estaba señalando. —Me traiga un pedazo de pastel. —Otra vez sus ojos se rehusaban a alejarse de la silueta femenina, por lo que simplemente decidió ceder ante ellos y quedársele viendo.
 
—Oh… Eso será imposible. —El indonesio alzó una ceja y le miró con cierta frialdad, frialdad a la cual la muchacha no supo reaccionar. —E-eh, las encargadas de atender esta zona del café somos nosotras, lamentablemente la chica que usted solicita no tiene permitido salir de su área. —Lawrence sonrió, cediendo ante esas ganas de postrar una de esas sobre su rostro desde que la muchacha se cruzó en su mirada, y alzó la taza de café para darle otro sorbo con cierto nivel de arrogancia que para cualquiera podría resultar molesto. —E-ella sólo se encarga de el área de dulces. —Continuó, añadiendo sin darse cuenta un tono diferente en su voz, uno muy diferente al amable que habitualmente utilizaban en los clientes. El de los celos, ¿quizás?
 
—¿El área de dulces, no? —Repitió, bajando la taza no sin antes hacer como si fuese un brindis y tomar con rapidez tanto el libro como sus lentes y empezar a dirigirse hacia la barra de dulces. —Con su permiso, señorita.Se alejó de ella con tranquilidad, sintiendo la necesidad de reír pero sin realmente hacerlo por la descortesía que podría ser ello, y todos sabían que Law siempre era tanto un caballero como una persona educada. Caminó hasta la barra para luego dejar sobre ella sus pertenencias, incluyendo su sus lentes y cerró el libro no sin antes ojear la página en la que había quedado, la recordaría para continuar luego. Se quedó observando a la joven por unos segundos más, un poco más prolongados a los anteriores, y apoyó su mentón de los dedos de su mano diestra para mayor comodidad.
   
«Interesante…»
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Sáb Dic 20, 2014 9:04 am

El ir y venir de las demás chicas a su lado, en particular de la bulliciosa Desirée, que parecía ser el centro de la adoración de la mayoría de los clientes, la distrajo en un principio, haciendo un gran esfuerzo para desaparecer entre el movimiento y poder trabajar a gusto. Siempre se había desenvuelto mejor entre las sombras, creyendo firmemente que ése era su lugar y prefiriendo dejar el protagonismo de la escena a personas como su amiga, que manejaban la atención de una manera mucho mejor que ella e incluso la deseaban, mientras que la cocinera no hacía más que huir de ella. Cualquiera diría que se trataba de una costumbre impuesta en los años en que se vio obligada a servir en casa de su tía, y de hecho así era en gran parte, mas a eso se sumaba su carácter tranquilo, que la inclinaba aún más a la invisibilidad que sus propias costumbres. Incluso así vestida, ciertamente algo incómoda por la cantidad de gente y la nueva ropa, consiguió poco a poco abstraerse de la realidad, centrándose en cambio en los abundantes pasteles que ella misma había horneado unas horas antes ése día.

Con la misma paciencia y cuidado que caracterizaba todos sus actos, acomoda poco a poco los dulces a decorar, incluyendo también los muffins que le habían alcanzado desde la cocina y que aún desprendían un humo transparente, inequívoco indicador de que estaban recién sacados del horno. El aroma era delicioso, aumentado por el tenue vaho del café que llegaba a su nariz, proveniente de las tazas que sus compañeras cargaban de aquí para allá antes de distribuirlas a las correspondientes mesas, ordenando pedidos con una eficacia y equilibrio dignos de elogio. Jia no se hubiera sentido capaz de hacerlo, su lugar estaba allí, apartada y tranquila entre sus creaciones culinarias, dando los últimos toques para un disfrute que probablemente no le estaría atribuido, pero que estaba encantada de proporcionar. Cocinar no tenía sentido si no te preocupabas en hacer algo delicioso, dando todo de ti mismo para poder brindarle al otro un delicioso acompañamiento, o quizás un final, a sus comidas.

Dado que la muchacha que solía ocasionarle las mayores distracciones, se hallaba ahora ocupada con un gran grupo de clientes que requería toda su atención y encanto, la joven cocinera pudo dedicarse a aquello para lo que la habían contratado, seleccionando los pequeños postres en miniatura para comenzar la decoración. Las magdalenas aguardaban allí, tibias, esperando los adornos de crema, chispas y demás ingredientes que los convertirían en los codiciados muffins de la tienda, y de ellos se ocupó con total dedicación y no menos habilidad, montando la pálida crema chantilly con un suave movimiento giratorio de su mano, sin que por eso perdiera la forma o se desgranara en algún sitio. Más bien al contrario, coronó la masa como una encantadora montaña nevada, sobre la que hizo llover algunas chispas y colocó luego en la bandeja de exposición, antes de continuar con el resto. El trabajo llevaba tiempo, y alguien menos experimentado habría tardado más, pero el toque hábil y la experiencia de Jia le daban las herramientas necesarias para finalizar esas docenas en poco tiempo, y poder pasar al fin a los grandes pasteles.

Sin perder la expresión de concentración, poco a poco fue olvidando su nerviosismo inicial, dejándose llevar por la costumbre y la seguridad que su posición relativamente protegida incluían. Los clientes obviamente preferían a las charlatanas y preciosas meseras, de modo que la joven de cabellos castaños no tuvo que tratar con nadie incluso si ordenaban algo de su sector, ya que las mismas chicas venían a buscarlo y se lo entregaban a cada persona. Hasta ahora, todo venía saliendo como Des había prometido y no parecía tener razones para preocuparse por nada más que por poner la correcta cantidad de crema o el ingrediente que mejor sabor diera a los ya utilizados. Incluso comenzaba a admitir que usar el uniforme no estaba nada mal.. Era precioso y diseñado para otras personas, pero el suave roce de la seda de la falda y la caída de la misma se sentían muy bien. Lo examinaría más tarde, para copiar parte del patrón y armar su propio diseño, siempre había algo nuevo por aprender.

Un movimiento extraño a su lado, justo en el espacio de la barra que se encontraba libre de pasteles, le hace levantar la mirada, apartándola de los pequeños arabescos que dibujaba con la pálida crema, si bien sus dedos se mantenían aun haciendo una ligera presión sobre la manga de repostería que utilizaba para dichos casos. De todas las cosas que podría encontrar al levantar la mirada, entre las menos esperadas se encontraba la presencia de un completo desconocido frente a ella. Y mucho menos uno que parecía llevar allí algunos minutos, observándola en silencio. Debido a la sorpresa y nerviosismo que tal descubrimiento le generó, sus manos se cerraron sobre la fina manga, haciendo que salpicara crema no sólo a parte del piso y el pastel de turno, sino también, gracias a la presión, a su propio rostro, adornándolo de un par de ligeras manchas de la espesa y dulce mezcla.

Éste fue el disparador que necesitó para sobrellevar la impresión y ser consciente del pequeño desastre que había causado, desviando rápidamente la mirada del extraño para posarla en cambio en la superficie cubierta de blanco. Los acelerados latidos de su corazón no le permitieron notar que sus mejillas comenzaban a cubrirse de una pálida tonalidad rojiza, mientras ella se afanaba en limpiar el entorno, obligando sus dedos a reaccionar y soltar la tela, ahora vacía, que había contenido la cobertura de los pasteles. Girándose hacia el moreno visitante tras unos cuantos segundos y fijando en él sus iris desiguales, brillantes a través del cristal de los lentes que los disimulaba,, se dispone a atender al recién llegado como correspondía, pensando que quizás su amiga no le hubiera informado de todos sus deberes en ése puesto. De modo que se dirige al joven con voz suave, y quizás demasiado baja, debido a la impresión.-- ¿Puedo.. ayudarlo en algo, Monsieur?
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Mar Dic 23, 2014 8:12 pm

La expresión de la muchacha encargada de atender la mesa de Lawrence estaba sorprendentemente más amargada que nunca, cosa que era en cierta parte para la diversión del indonesio. No es como si le gustase hacer sentir mal a los demás, o en su defecto, hacerles cabrear, pero es que era demasiado divertida la forma en que los celos podían atrapar a una persona, y más con el descaro que había protagonizado las acciones del muchacho en su anterior diálogo con ella. Sintió las miradas de la mayoría de las camareras cuando cruzó todo el local hasta llegar a la barra de dulces, quedándose allí con ambos brazos sobre la misma y con la mirada fija en la joven que, al parecer, no había notado su presencia. Unos cuantos murmullos alcanzaron los oídos del escritor, que al desviar su mirada fueron callados y no vueltos a hacerse notar. No le molestaba mantenerse de pie, de todas maneras la escena frente a sí era lo suficientemente entretenida para querer quedarse allí un buen rato, por lo que simplemente, luego de mantener su vista sobre ella por unos segundos más, decidió bajarla y así quedarse deleitado por lo que la muchacha estaba haciendo.
 
Los pequeños postres que se encontraban alrededor de ella y en la vitrina, estaban perfectamente decorados, puestos a la perfección con una habilidad impresionante que hizo que hasta el inexpresivo escritor mantuviese un fantasma de sonrisa por un tiempo mucho más prolongado del usual. Su rostro, manteniéndose todavía apoyado en una de sus manos, estaba ladeado con cierta delicadeza hacia un lado y sus orbes grisáceos no se apartaban del trabajo ajeno. Era increíble cómo alguien podía tener tal habilidad de decoración, la paciencia y el control propio de lograr en segundos lo que alguien regular logra en minutos y aún así mantener un ritmo perfecto. Era casi notable el asombro que sentía el indonesio para con ella, y eso que sorprender a Lawrence no era nada sencillo, además del hecho de llamar su atención desde un punto tan alejado como era en dónde él se había encontrado. Algo inusual por fin había sucedido desde que había llegado a Francia.
 
Gracias a la posición en la que se encontraba, no sólo podía ver lo que la joven hacía, sino también cómo estaba vestida, de pies a cabeza. Había visto un par de veces el uniforme de las muchachas que trabajaban allí, pero nunca se había puesto a detallarlo puesto que nadie en ese lugar le había llamado la atención tanto como para mantener su vista fija en esa persona, hasta ahora. Lawrence bajó la mirada de los postres hacia la vestimenta ajena, paseando sus orbes en las delicadas telas coloridas desde el color pálido de la prenda superior, siguiendo por el trabajado delantal blancuzco, bajando hasta la falda bajo el mismo de un color oscuro y llegando finalmente hacia las medias altas con estampado de rayas blancas y negras. Era un uniforme muy bonito, ya entendía por qué la mayoría de los hombres que acudían a ese lugar se la pasaban cortejando a las camareras, aunque por supuesto el escritor estaba tan sumido en sus pensamientos o en los libros que llevaba para leer junto a la comida o el café que no sentía la necesidad de imitar a los de su propio género, ni nunca la sentiría.
 
Sin embargo, al momento en que su mirada volvió al rostro de la sorprendente muchacha, sus orbes se encontraron con los ajenos. Por fin había notado su presencia. Pero, para más sorpresa aún, el resultado fue de un pequeño desastre de crema gracias al susto que le había dado. El rostro semisonriente de Law pasó a ser deleitado por una sonrisa completa, sin mostrar sus blancuzcos dientes pero sonrisa al fin, y de inmediato se retiró la mano que apoyaba su mentón para sacarse del bolsillo uno de sus tantos pañuelos y pasárselo con rapidez, después de todo había sido culpa suya que aquel accidente ocurriese. El indonesio no pudo evitar el notar el sonrojo que se asomaba con delicadeza por el rostro contrario, haciendo que su mente vagase por unos segundos gracias a un pensamiento que se le había empezado a pasar desde el momento que detalló su vestimenta, pero, como si el destino quisiera joderlo un poquito más, el hecho de que unas pequeñas manchas de crema blanca se hubiesen cruzado por las mejillas de la muchacha fue lo que hizo que esos pensamientos pasaran a ser de todo menos sanos, de todas maneras hombre es hombre y Law tenía tendencias a tener una “mente sexy”, de vez en cuando. Y este era uno de esos momentos.
 
Su mente le jugaba una mala pasada con imaginar a una desconocida de la forma en que lo estaba haciendo, colocándola en una posición que muchos utilizaban en ese tipo de situaciones y reemplazando la procedencia de esas manchas blanquecinas, pasando de dulces a otro estilo, añadiendo el hecho de que ese uniforme no ayudaba mucho a detener sus perversiones. Y justo en el momento en que la mente del indonesio iba a convertirse en la de un adolescente con problemas precoces, escuchó la voz contraria que logró sacarlo de sus ensoñaciones. Vaya, que su mente sí que había hecho de las suyas. Esperaba que la cara de idiota no se haya hecho presente cuando ese tipo de imágenes lo llevaron a otro mundo, pero sabía que eso no habría sucedido gracias a que su típica expresión seria lo había salvado. Aunque la sonrisita entre juguetona y divertida no parecía tener ganas de irse.

—Eh, no. ¿Estás bien? —Preguntó, encontrándose con su voz un poco ronca, pasando a aclararse la garganta. Le hizo entrega del pañuelo que se había mantenido en su mano todo el rato y con la mano libre, acercó su dedo índice para limpiar aquellas manchas de crema, culminando luego a lamerse el dedo y probar de la esponjosa crema. —Está deliciosa. —Comentó con toda la tranquilidad del mundo, sonriendo finalmente con su par de hileras de blancas perlas cuando notó lo que ese acercamiento causó en la joven. —Tienes un poco en los lentes. —Su tono de voz fue un poco divertido, así como la situación le parecía divertida. Vaya, Law, y aún así le hablas a pesar de lo que acaba de pasar por esa desgraciada mente poco apta para menores, quién lo diría. —Aunque puede que sí puedas ayudarme en algo… —Rectificó su anterior negación, cambiando su sonrisa a una más cortés para no terminar de asustar a la pobre muchacha e ignorando lo que su subconsciente le decía. —Quisiera un pedazo de esos pasteles, pero también quisiera observarte decorarlos, ¿podrías hacer eso por mí?
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Sáb Ene 31, 2015 7:44 pm

El ligero temblor de sus manos no duró más que unos segundos, aquellos necesarios para que respirara profundamente y consiguiera recuperar la serenidad que tanto la caracterizaba. Si bien para algunos ser sorprendidos de ése modo podía no ser la gran cosa, para Jia se trataba de una cuestión completamente distinta. Era el hecho de ser repentinamente consciente de que su “invisibilidad”, aquella a la que estaba tan acostumbrada, había desaparecido. Bien, no es como si creyera que realmente podía ser invisible, pero durante tantos años la habían obligado a comportarse como si lo fuera, que de manera inconsciente se había acostumbrado a pasar por completo desapercibida en casi todos los ambientes y momentos. Por ello, ser objeto de la atención de alguien sin haber hecho nada para provocarlo, era una de las cosas que le sorprendía y, por qué no, asustaba ligeramente. Una cosa era ser observada por determinadas personas en determinados lugares y cuando tenía la intención de que la notaran, pero que sucediera de ése modo.. Y menos cuando había tantas otras camareras disponibles para la atención, mucho más llamativas y preciosas a las cuales observar. Resultaba, sin lugar a dudas, extraño, pero al fin y al cabo estaba trabajando y ya que utilizaba el uniforme como el resto de las chicas, debía esforzarse por atender al recién llegado.

Al dirigirse a él, tuvo por fin la oportunidad de observarlo con mayor detalle, encontrándose con una figura que haría desfallecer a muchas de sus compañeras. De hecho, su amiga le había hecho mención en un momento de un determinado cliente que solía visitar el café con frecuencia, llevándose los suspiros y no menos batallas por parte de las jóvenes para atenderlo cada día. Claro que de ahí a pensar que el dueño de tantos suspiros era el hombre frente así, había un largo trecho que la mente de Jia no había alcanzado a recorrer. Por el momento se centraba en observarlo, perdida entre el desconcierto, un cierto nerviosismo y la curiosidad. Uno diría que con su experiencia, interactuar de ése modo con un cliente no sería la gran cosa, pero en ocasiones, la joven de iris desiguales podía llegar a ser más tímida, o mejor dicho, introvertida de lo que pudieran pensar. Servir en silencio era su fuerte y preferencia. La sutil distancia que le permitía mantener le gustaba. Sin embargo, no podía negar el atractivo del joven que se encontraba frente a ella, con el cabello oscuro cayendo sobre la piel bronceada y esos ojos penetrantes. Un extranjero reconocía a otro extranjero cuando lo veía y ése caso no sería la excepción, el desconocido no era de procedencia francesa, si no de nacimiento, tenía unas profundas raíces en otra cultura, una que se antojaba bastante interesante, más teniendo en cuenta la combinación de los mechones azabache con esos orbes grisáceos.

Su rostro se ladea ligeramente hacia un costado al oír la respuesta negativa, ciertamente inesperada. Uno no se acercaba simplemente por el hecho de hacerlo ¿o sí? Tales pensamientos vagaban por la mente de la cocinera hasta que un largo dedo vino a rozarle la mejilla derecha, llevándose consigo una pequeña mancha de crema que no sabía que se encontraba en dicho lugar. Como toda respuesta, sus labios formaron una perfecta “o”, acompañados de una notoria intensificación del tono rojizo de su pálida tez que la joven intentó disimular ocultando la parte inferior de su rostro tras la tela que ahora descansaba en entre sus manos.- Oh, lo siento.. Muchas gracias.. -No supo cuándo sus dedos sujetaron el pañuelo que el ajeno le ofrecía, pero ya era demasiado tarde para devolverlo y mucho más cuando probablemente estaría manchado, de modo que terminó de limpiar los restos de crema que podrían quedar. El siguiente comentario vuelve a apenarla, aunque esta vez controlar sus emociones resulta algo más fácil, disimulando la anterior reacción al quitarse los lentes con suavidad para examinarlos mejor. La atrevida mota blanca descansaba tranquilamente sobre el marco rojo, desapareciendo ni bien frotó con suavidad el mismo. Y pensar que había hablado tan tranquilamente de ése modo, esperaba que nadie más lo hubiera notado, lo menos que quería era causar problemas al dueño de aquel precioso sitio. Si tan sólo supiera que la reputación del dueño era la menor de sus preocupaciones...-Lo lamento, se ha manchado.. De todos modos muchas gracias por prestármelo –Expresa devolviendo la pequeña prenda a su dueño ni bien hubo terminado. De ser por ella, la lavaría y se la entregaría limpia, pero era esperar demasiado de alguien que probablemente vería por ésa única vez. La vaga sonrisa aún adorna sus labios cuando por fin escucha su solicitud, tardando aún unos instantes en responder debido a que desconocía sus posibilidades de cumplir tal pedido. Des no había dicho nada, pero quizás..

Las miradas de las demás trabajadoras del café le pasaron desapercibidas hasta que un conocido torbellino de rizos rubios apareció junto al moreno, trayendo consigo una silla algo más alta que las demás, destinada a la zona de la barra que se encontraba un par de metros más allá y con una expresión que indicaba su profunda diversión, desconcertante para la Jia. Y de hecho fue Desirée quién respondió la pregunta formulada a la cocinera, acomodando el asiento junto al cliente como si fuera algo completamente normal.- .Buenas tardes monsieur, veo que ha encontrado al orgullo de nuestra repostería, por favor, no dude en acomodarse aquí, dado que es un cliente habitual –¿Entonces ésa persona solía venir seguido? Desde la cocina no tenía demasiada visión de los visitantes y solía pasar sin prestarles demasiada atención, perdida en sus propios pensamientos. La voz de su amiga continuó con la frase como si nada, dedicando una peligrosa mirada a las demás muchachas que observaban el lugar, con algo que podríamos describir entre risa y desafío. Su estratagema estaba dando resultado, por fin podía exponer a Jia como correspondía y si el sexy de cabellos negros era el primero en notarla, pues que así fuera. Si alguien se interponía, ella se haría cargo.-. Haremos una pequeña excepción–Finaliza volviéndose a las dos personas que formaban parte de su plan sin saberlo con una encantadora sonrisa, guiñándole disimuladamente el ojo a la mayor.- .Mi compañera aquí le servirá lo que usted guste de nuestra selección y si necesita café, yo misma me encargaré de recargar su bebida, si me disculpan, estaré por allá –Un gesto de su mano sirve para señalar la ubicación junto a las máquinas de café, donde los clientes solían sentarse antes de que se retire con velocidad, no sin antes de dedicar otra otro afilado vistazo a sus compañeras.

¿Qué estaba sucediendo? No tenía ni idea, el guiño de Desirée indicaba que algo estaba tramando, pero no tenía tiempo para preguntar en ésa situación y menos cuando, aparte de los pasteles y preparados que aún quedaban para decorar, tenía ahora un cliente del cual encargarse. No es que el joven en sí le molestara, era más la incomodidad momentánea de hallarse fuera de su sitio, tan seguro y apartado. Pero parte de ella se sentía feliz de poder escuchar de boca del propio comensal el gusto por sus elaboraciones, de modo que volvió a centrarse en esos penetrantes ojos. Los lentes aún continuaban entre sus dedos y no tardó en volvérselos a colocar, acomodando un poco las cosas para que el moreno pudiera sentarse a gusto.- ¿Qué pastel le gustaría probar, Monsieur? Elija lo que desee y por supuesto, puede quedarse si así lo gusta –Invita con una suave y ambigua curva adornando sus labios, contemplándolo por entre las espesas pestañas, de un tono más oscuro que sus cabellos. Sus palabras estaban teñidas de un suave dejo que hacía que su francés fuera único, una entonación delatora de que tal idioma no era el materno, más notoria ahora gracias al leve momento de nerviosismo pero sin que por ello escucharla resultara desagradable. Y etérea, desaparecías, hasta que una mirada lo cambió todo
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Mar Feb 03, 2015 1:14 am

Se sabía nada más observar al indonesio que lo menos que hacía era sonreír, o siquiera demostrar algún indicio de emoción en su rostro, con esa seriedad absoluta que lo caracterizaba y su falta de atención para con los demás, permitiéndose entregar algo de esta solamente cuando algo o alguien le interesaba y merecía su preciado tiempo. Sin embargo, contrario a lo que acostumbraba, sobre su rostro estaba posado el fantasma de una sonrisa que parecía no querer retirarse en un buen rato y sus orbes grisáceos no se alejaban del angelical rostro femenino frente a sí. Mantenía el contacto visual con todas sus acciones, reacciones y expresiones, maravillándose ante lo hermosa que le había parecido la muchacha y sorprendiéndose por el hecho de que no la había visto por allí, porque vamos, a pesar de que lo último que hacía Lawrence al visitar diariamente ese lugar era observar a las camareras o a la gente a su alrededor en general, iba con tanta frecuencia que ya se conocía la mayoría de los rostros de los trabajadores. Tanto que estaba al tanto de la rotación que tenían las jóvenes para atenderlo cada vez que acudía. Una cosa es ignorar su entorno, pero eso no significa que no esté al tanto de lo que sucede a su alrededor.
 
El libro que anteriormente estaba leyendo había sido olvidado, quedándose sobre la barra y con la página en la que se había quedado delicadamente marcada. La mirada contraria estaba colgada en la del mayor, esta última demostrando mediante un extraño brillo el interés y la leve admiración que sentía por ella. Una de las cosas que le atrajeron a ella fue, principalmente, que no la había visto por allí, pero también el hecho de que no parecía igual a las demás camareras. No detestaba el comportamiento que tenían con él, ¿cómo podría? Alimentaban su ego siempre que acudía a ese café, pero le molestan las mujeres que sólo querían llamar la atención y que son demasiado inmaduras como para pensar en otra cosa que lo que sus hormonas desean. Sin embargo, la muchacha frente a sí no era así, es más, era todo lo contrario: callada, serena y tranquila. Diferente. Interesante. Paseó su mano diestra por la cubierta rígida del libro y rozó con el borde de los dedos su oscura barba de hacía un par de días, movimiento que hacía por inercia cuando le gustaba lo que sus ojos estaban observando, pasando luego a mirarle con más detenimiento.
 
La forma en que tenía el cabello era peculiar, siendo el mismo era de un color oscuro y recogido con trenzas que le sentaban bastante bien. Hizo el mayor esfuerzo de no volver a detallar de más el atuendo contrario para evitar de esa manera que su mente volviese a hacer de las suyas y lo llevase al país de las perversiones los sueños, por lo que simplemente se entretuvo con la belleza de su rostro y su larga cabellera castaña. Law estaba apoyado en la barra con ambos brazos, pero aún así no llegaba a la altura de la muchacha, y cómo no, con su altura de casi dos metros era difícil que una adolescente le llegara siquiera al hombro. Porque era una adolescente, ¿no…? Momento, ¿había estado fantaseando perversiones con una niña? Excelente, Lawrence, vas por un camino excelente. Escuchó a su subconsciente reprochándole y frunció el ceño como única reacción, tratando de ignorar en la medida de lo posible lo que ese pensamiento podía significar. Oh, tranquilo, no te preocupes. No es como si estuvieses convirtiéndote en pedófilo, no. Para nada. Estuvo por rodar los ojos, pero prefirió seguir con la idea principal de ignorar tanto aquella voz, como la posibilidad de que estuviese volviéndose loco.
 
—¿Hm? —Ladeó su cabeza al escucharle hablar, observando cómo un tono rosáceo se apoderaba de sus mejillas. El fantasma de sonrisa que no había desaparecido del rostro del escritor se convirtió en un alzar de comisura que hizo que un par de camareras que observaban con atención la escena entre la adolescente y el indonesio, soltasen un suspiro exagerado típico de novelas de mala calidad. —No te preocupes, puedes quedártelo. —Su voz sonó suave y amable, demostrando esa caballerosidad y educación de los cuales estaba orgulloso, mientras observaba cómo se quitaba los lentes. Antes, cuando habían mantenido esas miradas fijas, creyó ver una extraña mezcla de colores entre los orbes ajenos, pero pensó que sería un error de su cansada y trasnochada vista que se juntaba con algún brillo de los cristales que cubrían los susodichos, pero al momento en que consiguió robarle otro poco de su atención, no pudo evitar el mostrar su sorpresa con un alzar de ceja y un entreabrir de boca. ¿Heterocromía? No estaba equivocado, ciertamente había visto dos tonos opuestos en los obres de la muchacha, siendo uno verde y otro azul. Los suyos no pudieron apartarse de ellos por mucho que quisiera, añadiéndole muchos más puntos a la forma en que su belleza le había llamado la atención. Ni siquiera recordaba el haberle hecho alguna petición gracias a que se había quedado colgado observándola por segunda vez. Se le había olvidado además que era una simple niña que quizás trabajaba a medio tiempo allí después de clases, pero es que Lawrence no podía con tanta belleza junta. Era simplemente demasiado.
 
No estaba en trance ni en shock, simplemente no podía despegar su vista de la morena, tanto así que tardó en notar la presencia de otra de las camareras que trabajaba allí. Cuando por fin pudo desviar su atención a la extrovertida muchacha a su lado y cerrar la boca, notó que le habían traído una silla especial para la altura de la barra. Law borró casi inmediatamente la posible sonrisa que adornaba su rostro y simplemente asintió a las palabras de la francesa. Si bien recordaba, aquella muchacha era una de las que mejor le caían en ese lugar, puesto que si bien le gustaba llamar la atención, no era precisamente la suya y no era todo el tiempo, además de que se notaba que su personalidad animada era expresada de igual forma con todos los clientes. Ya de nuevo en sí mismo, entendió perfectamente el por qué de tales acciones, la verdad es que se había tardado un poco en comprender el por qué de las palabras de la muchacha y más aún, el tono divertido en el que las decía, pero ahora todo tenía sentido. Correspondió a sus atenciones con una arrebatadora sonrisa amplia, pensando en si guiñarle un ojo o no, pero deteniéndose en el último momento. No era necesaria tal expresión, la sonrisa sería suficiente. Y no fue sino hasta que mencionó la palabra “café” que recordó que el que había pedido momentos antes seguía esperándolo a un lado del libro y sus lentes, calientito y gustoso.
 
—Muchas gracias, eh… —Pasó su mirada en un movimiento rápido para ver el nombre en su identificación. —Desireé. —Mencionó fugazmente antes de que se retirara y volvió su mirada nuevamente a la preciosa repostera, encontrándose con que ya se había colocado los lentes. Sintió algo de decepción, puesto que quería observar más esos peculiares ojos, pero no lo demostró, pensando en la posibilidad de poderle arrebatar otra mirada sin aquella cubierta rojiza un poco más adelante. Levantó la taza de café y se la llevó a los labios para darle otro sorbo, deleitando a sus papilas gustativas con el delicioso líquido amargo para luego, sin desviar su mirada, decir: —Un tres leches, por favor. —Pidió y cuando la joven asintió, volvió a centrar su atención en el café. Quizás podía comenzar a leer de nuevo, pero quería contemplar esa expresión concentrada nuevamente y apreciar la increíble perfección que tenía la muchacha para decorar, por lo que desechó la idea rápidamente y esperó pacientemente a que llegara con su postre. —Gracias. —Le dedicó una mirada y volvió a sonreír, un poco más encantadoramente que con Desireé, aunque no realmente por coquetearle. Notó la clara diferencia entre su francés con el de su compañera de trabajo, aunque desde antes había notado que no era de natalidad francesa, igual que él. Sin embargo, Law había trabajado un par de años atrás en su pronunciación, pero a pesar de ello todavía se notaba que era extranjero. Estuvo a punto de preguntarle de dónde provenía, pero prefirió callar cuando comenzó a trabajar en sus decoraciones nuevamente; no quería interrumpirla, así que sencillamente permaneció en silencio y observándola con otra posible expresión satisfecha sobre su rostro.
 
El escritor se llevó a los labios por última vez la taza para terminarse el café antes de dar el último bocado de pastel, y si bien no era un amante del dulce, debía de admitir que era una de las pocas veces que le daban ganas de repetir el postre, debía felicitar al chef. Ese pensamiento le hizo querer reírse, ya que la tenía frente a sí, pero el susodicho se esfumó de sus siguientes acciones cuando notó que una traviesa hebra se escapaba del elaborado recogido que adornaba su cabellera. Estiró su mano diestra para acomodársela y en el momento que ella se levantó para contemplar su obra le colocó el mechón por detrás de la oreja, sin notar lo que dicho acto podía causar en la muchacha e ignorando el “¡Oh!” que soltaron todas las muchachas al observarle hacer eso.
   
—Ah, perdona. No pude evitarlo.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Dom Mayo 17, 2015 9:51 pm

¿Qué se traía Desirée entre manos? Primero el cambio de puesto, luego el vestuario y ahora esto. Había prometido expresamente que no tendría que atender a nadie, conocedora ya de las inclinaciones de su amiga a pasar desapercibida, pero al parecer las cosas habían cambiado. Y la rubia parecía inmensamente feliz con la situación, como si llevara planeándolo desde el inicio. Pero eso era imposible, claro, Desirée no podía saber que alguien vendría a sentarse en la barra justo cuando ella salía a atender, menos alguien que deducía era uno de los clientes habituales del café. Normalmente las personas no sabían que existía, tomaban la comida o postres que horneara, según la ocasión, la disfrutaban y se iban. La presencia de una pequeña desconocida no iba a cambiar en nada el discurrir de las cosas. ¿Entonces por qué le daba la impresión de que la chica de cabellos dorados tenía algo que ver con lo que estaba sucediendo? Hablaría con ella más tarde al respecto, de eso y de las fotos. Pero no iba a negar que las inesperadas acciones de su amiga siempre conseguían distraerla, arrancarla de la segura rutina que se había autoimpuesto y hacerla brillar un instante. Sólo uno, el suficiente para recordarle qué tan viva estaba y, aunque esto escapara al conocimiento de Jia, hacer que los demás notaran la belleza que la muchacha misma no parecía ser capaz de notar. Los vivaces ojos celestes prácticamente habían gritado “disfrútalo”, ocultando las malas miradas que sus demás compañeras de trabajo le clavaban desde que él se sentó justo en su sector y dejándola en una compañía inesperada, mas no por ello desagradable.

Más bien al contrario, con darle un vistazo al joven bastaba para notar que de desagradable no tenía ni un cabello. Tras años de práctica, había aprendido a observar por entre las pestañas a su alrededor, siendo capaz de ver aquellas cosas que supuestamente le estaban vedadas, incluso con la cabeza gacha. Era de agradecer tal habilidad, puesto que le permitió pasear la vista por los largos dedos de su mano derecha mientras cortaba la porción del pastel que solicitó. Resultaba atrapante la manera en que se movía, con una gracia felina y ligeramente peligrosa que le recordaba a una pantera, algo bastante inusual en alguien de su tamaño. En realidad tú también te sales del margen de tamaño, reprocha una vocecita interna que se apresura a acallar dejando el fino plato frente al moreno y girándose con rapidez. No volvió a mencionar lo del pañuelo ante la negativa ajena, mas lo guarda con esmero en uno de los bolsillos de su delantal, decidida a limpiarlo y devolvérselo como correspondía. Quedárselo estaba fuera de la cuestión, no era para nada correcto.- No hay por qué, Monsieur, que lo disfrute –Expresa con suavidad, deleitándose un momento en la sonrisa del mayor. Comprendía a la perfección por qué Desirée y las demás estaban tan perdidas por ese hombre, la intensa expresión que traslucían los ojos grises era impresionante. Eso y el indiscutible atractivo físico del hombre. Por un instante siente el impulso de medir sus manos con las suyas, tan diminutas y pálidas a comparación, consiguiendo reprimirlo justo antes de dejarse llevar. No estaba para nada bien tener esos pensamientos, no, no.

Volviéndose a su trabajo, hace un esfuerzo por encontrar el remanso de paz que la inundaba siempre que realizaba una tarea de su agrado. La atención la ponía nerviosa, cierto, pero tampoco iba a tomarse una importancia que no tenía. Podría haber atraído su curiosidad el simple hecho de la decoración, algo que mucha gente apreciaba con gusto, y no negaría que se había encontrado ante él en una situación vergonzosa, pero de ahí a importar más de lo necesario, había un gran camino. Uno que probablemente nadie recorrería con ella. Después de todo, era sólo una más de las trabajadoras del local, y el visitante, sólo un cliente interesado en los dulces del día. Tomarlo como un halago o interés intrínseco a su propia persona, escapaba de sus posibilidades. Continúa con su trabajo con normalidad, sumergiéndose en el mismo gracias a los mecánicos movimientos y la tranquilizadora idea de que el desconocido pronto regresaría a la lectura. Al menos de eso se convenció, hasta que sintió que esos mismos dedos que había estado admirando escasos segundos atrás, le rozaban el cabello, arrasando en un instante con la serenidad que normalmente la acompañaba sin esfuerzo alguno.

Ni siquiera notó el mechón suelto sino hasta que él lo acomodó, causando que su rostro volviera a teñirse de rojo, esta vez con mucha más intensidad que antes. Respirar, se estaba olvidando de respirar, ¿dónde habían quedado las horas de meditación?.- N-No, está bien, no se preocupe..-Murmura desviando rápidamente la mirada y acomodándose los lentes. Estaba bastante mayor como para negar que le resultaba atractivo (demasiado, de hecho), pero pasar de ese vano pensamiento, a que consiguiera traspasar su calma con una facilidad absurda, era otro cantar. Uno bastante peligroso.-Gracias –Finalmente vuelve a elevar el rostro hacia él, confiando en que aquello no fuera notorio más que para ellos dos. Si tan sólo supiera que su deseo era más que imposible.. Buscando una distracción, observa el plato vacío y deja tranquilamente la manga con crema junto al cupcake que estaba decorando. Entrelaza sus dedos frente a ella, sosteniéndoselos con una imperceptible fuerza mientras busca los ojos del extraño. -¿Puedo ofrecerle alguna otra cosa? Su taza de café está casi vacía, puedo buscar más, si lo desea–Diciéndose a sí misma que esa sensación de electricidad que nacía en el punto donde él la había tocado desaparecería, comienza a acomodar los elementos ya terminados en el mostrador de vidrio que correspondía.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Lun Mayo 18, 2015 12:27 am

Por un momento, Lawrence decidió prestar atención a su alrededor, obligándose a desviar la mirada de la doncella frente a él y paseándola con cierta discreción entre los individuos que conformaban el lugar. Estuvo por reírse, pero no hubo siquiera un leve movimiento en sus comisuras, o su rostro en sí, al momento en que notó cómo todas y cada una de las chicas presentes (a excepción de Desirée) se quedaban esperando a que él las viera, cosa que le hizo interrumpir su cometido y volver a la repostera. Lastimosamente, Lawrence tenía la mala costumbre de ignorar a los demás de manera tal que no los llegaba a conocer bien, y por ello, pensaba que la joven que le había hecho llegar el asiento era igual de hueca que las demás dependientes del lugar. Se equivocaba, o eso comenzaba a pensar, cuando la observó otorgarle una sonrisa a la muchacha frente a él, pensando en si debía de reconsiderar el seguir ignorando a los demás o quizás prestarles un par de miradas más antes de decidir cómo eran. Pero eso se había quedado en, por ahora, un quizás, y reafirmaba el hecho de que era la que mejor le caía.
 
Las dulces palabras ajenas llegaron a sus oídos y decidió acatarlas, puesto que en definitiva había disfrutado del postre como un pequeño niño al que se le era regalado un caramelo. Law estiró la espalda y volvió a apoyar su codo en la barra una vez hubo terminado, siendo el momento en que pudo acomodar el travieso mechón de nuevo a donde pertenecía. No se esperaba una reacción inmediata, ni mucho menos el pronunciado sonrojo que apareció en el rostro de la menor. Solamente había sentido el impulso, mas no podía negar lo que ese tono rosáceo sobre sus mejillas le duplicaba en belleza, ¿realmente esta joven no se daba cuenta del atractivo que poseía? ¿O es que sencillamente jamás se había visto en un espejo? Pedofilia, pedofilia… Volvió a escuchar en su mente, haciendo que frunciera el ceño y que cambiara casi de forma radical la expresión en su rostro.
 
El escritor se relajó un poco cuando escuchó de nuevo la voz contraria, haciéndole ignorar de nuevo la vocecilla de su subconsciente y relajándole el semblante. Bajó la mirada por un momento hacia la barra antes de volver a encontrarse con sus orbes desiguales, tapados por el cristal de los lentes, y asentió ante su agradecimiento, ladeando muy ligeramente el rostro con un aire de seducción involuntaria que hacía parecer a Lawrence como el propio Adonis en persona.
 
No hay de qué, espero no haberte molestado —mencionó con suavidad. Al momento de escucharla mencionar su casi vacía taza, desvió sus orbes hacia ella para verificarlo y negó una sola vez, recordando que la joven que antes había aparecido, Desirée, le había ofrecido el mismo servicio pero con una fácilmente entendible segunda intención. —No te preocupes… —agregó, girándose para buscar con la mirada a la susodicha y llamarla con una sonrisa una vez encontrada. —…tu amiga me ayudará con eso —le guiñó un ojo con rapidez y se volvió hacia la extrovertida muchacha cuando esta hizo aparición. —¿Puedes traerme más café, por favor? Sin azúcar —Desirée asintió con la cabeza, para luego dirigirse hacia su compañera y sonreírle muy ampliamente. Law también sonrió, no de igual forma que ella, pero sí sonrió.
 
No entendía por qué, pero había algo extraño con los dedos de su mano diestra. Estos le cosquilleaban de manera anormal y por mucho que pensara no hallaba explicación lógica para ello. El dulce no había sido, puesto que no tenía sentido, y el café menos… Lo más extraño, era que aquellos dedos que cosquilleaban eran los que habían rozado la cabellera y la piel ajena… El indonesio decidió sacarse esos pensamientos de la cabeza, dándose cuenta de que no tenía conocimiento de la joven más que cocinaba como los dioses y tenía el aspecto de una, por lo que, recibiendo la taza de café que le había traído Desirée, le dedicó una mirada llena de curiosidad a la extraña castaña.
   
¿Y bien? ¿Cómo debo llamarte? —preguntó. —¿Deberé decirte “chef” por siempre? —agregó, divertido, a pesar de que solamente se había referido a ella de esa manera en su mente. Sí, Lawrence podía ser divertido, sobre todo cuando era alguien que le llamaba la atención a tal calibre. Le dio un sorbo al café antes de dejarlo sobre la barra y alzó una ceja acompañada, de nuevo, con el fantasma de una sonrisa. —Me llamo Lawrence. Lawrence Trafalgar, pero puedes decirme “Law”, a secas.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Jia Carstairs el Lun Mayo 18, 2015 1:42 am

El mantener las manos ocupadas poco a poco va tranquilizándola, si bien la sensación continúa persistente. Toda la repostería que había terminado de descorar encuentra su lugar en la arreglada estantería destinada a la exposición, los pasteles en la parte inferior y refrigerada y el resto esperando sobre la mesada. Inconscientemente se toca con la mano derecha la pequeña porción de piel que el moreno había acariciado sin quererlo, acomodando las caprichosas hebras antes de continuar con su trabajo. Los muffins y cupcakes estaban casi listos, de modo que se dedicó a llenar la parte superior de chispas de diversos tipos, dulces, chocolate, una cereza sobre algunos.. Cada uno tenía su propia forma y verlos tan encantadoramente terminados le encantaba. Era como cuando terminaba una prenda particularmente difícil y podía verla lucirse en una persona. Inmensamente satisfactorio. Crear algo bello siempre la hacía feliz, y en esta ocasión parecía haber quedado tal y como lo esperaba.

Además, el trabajo la distraía ligeramente del joven que se mantenía sentado frente a ella. Perder el control no tenía nada de positivo, se lo habían enseñado los años de experiencia en Escocia. La única vez que se dejó llevar, la situación terminó con consecuencias desastrosas, su estadía en Francia era una de ellas. -No me molesta, Monsieur – Niega con un movimiento de cabeza, perdiéndose un momento tras el mostrador al inclinarse para cambiar de lugar una crème brûlée.- Mi trabajo es atenderlo –Algo similar a una sonrisa curva sus labios, desapareciendo con demasiado rapidez de nuevo. Sólo permanece la mueca ambigua, fantasmal e insinuante. Antes de que pueda decir algo u oponerse, su amiga llega en un revuelo de rizos rubios, dedicándole una explícita mirada a Jia antes de desaparecer tan velozmente como había llegado. La brillante sonrisa, por supuesto, no es algo que vaya a saltearse, ni la curva de sus cejas dedicada únicamente a la cocinera cuando el joven de ojos grises le da la espalda. Ahogando un suspiro, vuelve a dirigir la mirada en dirección a los ordenados pastelitos, pensando la mejor manera de organizarlos y aprovechando que Desirée se robara la atención de su compañero durante unos instantes al traerle el café.

¿Cuántos arriba y cuántos abajo? El equilibrio y la elegancia eran algo funtamental a la hora de acomodar una pieza de comida para la exhibición, puesto que influían mucho en la elección y gusto del cliente. El trabajo estaba prácticamente terminado y podría retirarse, haciendo una lista mental de las cosas que debía hacer cuando llegara a su hogar mientras colocaba el último cupcake sobre la bandeja. Perdida en sus pensamientos, lame suavemente una machita de crema que quedó en su dedo índice izquierdo, entrecerrando los ojos al sentir el dulce deshacerse en su lengua. Luego la voz ajena la trae de nuevo al mundo real, haciendo que oculte rápidamente el brazo tras su espalda. No lo notó, no lo notó. Necesita parpadear un par de veces para comprender la pregunta que le estaban realizando, pasando la desconcertada mirada del moreno a Des, que le dedicaba unos evidentes gestos desde un ángulo visible sólo por su amiga.
Los iris desiguales traicionan su confusión sólo unos segundos, antes de adoptar la templada distancia de siempre.- Monsieur Trafalgar –Repite probando pronunciar el extraño nombre, mas sin dejar de lado la cortesía. – Un placer –Inclina levemente la cabeza ante la presentación, mas nuevamente los hechos se desarrollan antes de que siquiera pueda pronunciar palabra, puesto que su jefe aparece a su lado como por arte de magia.- ¡Señorita Carstairs! Me alegra ver que no se ha marchado. Discúlpenos un momento, joven -El alivio es evidente en cada gesto del dueño, dirigiéndose a Law brevemente antes de llevarla un poco más allá.- Los últimos productos que horneó ya están listos y me preguntaba si podría hacerme el favor de terminarlos ahora, si es tan amable. Por supuesto, todas estas molestias serán recompensadas como corresponde, no se preocupe –Imposible negarse ante el amable anciano, por más que el cansancio brille en sus ojos de manera fugaz antes de ser reemplazado por un asentimiento enérgico que hace parecer a lo demás una simple ilusión.- Claro, no se preocupe – Continúa asintiendo con suavidad ante los detalles del pedido y señala los espacios donde dejarán próximamente las cosas. Una vez están de acuerdo sobre las cosas, el hombre posa su mirada sobre Trafalgar como si lo viera por primera vez. Y es el turno de Desirée de aparecer de la nada, arrastrando consigo al dueño sin ningún tipo de pudor antes de que pueda decir algo al respecto.

Recién entonces la joven es capaz de regresar junto a su inesperado cliente, respirando hondamente para no suspirar.- Le pido disculpas, surgió una situación inesperada –Acomodándose la falda, toma asiento en la silla oculta por la madera del mostrador, destinada al descanso de los trabajadores de ésa área. Se toma un momento para acomodarse los lentes, cerrando los ojos con un ademán que revelaba su fatiga más de lo que le hubiera gustado. Sin embargo, nada de esto se refleja cuando vuelve a abrirlos, buscando los orbes grises.- Mi nombre es Carstairs, Jia Castairs –Los mechones sedosos se escapan nuevamente del recogido cuando vuelve a inclinar la cabeza ante Lawrence, enmarcándole el rostro.
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Mensaje por Trafalgar Law el Jue Dic 10, 2015 11:30 pm

Quizás por una fracción de segundo, observar la escena que tenía frente a sí le hizo imaginarse dentro de uno de sus propios libros. No pudo evitar quedarse colgado viendo, sin mencionar palabra o realizar algún movimiento por el simple hecho de estar bajo el inconsciente hechizo que la joven había puesto sobre él. Se imaginó por un momento que esa escena la había escrito él y que sencillamente por obra y gracia de alguna fuerza superior o sobrenatural, estaba viviéndolo en carne propia. Una locura, claramente, pero eso era lo que el escritor indonesio sentía. Además, decir que los movimientos ajenos estaban cargados de una extraña elegancia era poco, no sabía por qué, pero había algo en la manera de actuar de la castaña que podía embriagar al muchacho de orbes cristalinos. Por supuesto que dichos movimientos estaban respaldados por una experiencia innegable, pero aún así no le quitaban el encanto.
 
Las palabras ajenas le hicieron volver a la realidad, dejando un poco atrás la impresión recientemente mencionada y tuvo la intención de responder, mas se vio interrumpido al notar la tenue y bastante rápida sonrisa que la muchacha le había otorgado. Monalisa, fue lo primero que pensó. Al momento de recibir su esperada bebida, no dudó en darle un sorbo luego de confirmar que fuera el color correcto. Si había una cosa que detestaba por encima de todo era que le trajeran un café más claro o más oscuro de lo que lo había pedido. No es que fuera extremadamente quisquilloso con lo que ingiere, un simple vistazo a lo que come diariamente puede ser una clara evidencia de ello, pero el café es sagrado para él, independientemente de lo que su antojo sugiera en ese momento. Es por ello que antes de que se retirara la extravagante dependiente, le dedicó un guiño de ojo en agradecimiento por tal perfeccionismo para luego volver a lo que realmente lo mantenía en ese Café.
 
Si había algo que caracterizaba al moreno de ojos claros, era lo increíblemente observador que era, una habilidad que se debía desarrollar prácticamente con obligación si se quería ser un escritor de renombre. Por supuesto, Lawrence la dominaba a la perfección. Es por ello que no pasó desapercibida la acción realizada por la ajena, esa rápida lamida a su dedo índice consiguió que el muchacho entrecerrara sus orbes por unos segundos y la mirara fijamente mientras se “escondía” en la taza de café.
 
Puedes retirar el Monsie… —aclaraba con suavidad cuando fue interrumpido por una voz entre dominante y simpática. Law estiró la espalda dejando la taza sobre la barra y se mantuvo observando en silencio la situación con el fantasma de una sonrisa divertida en su semblante. Aunque a decir verdad, no pudo observar mucho más que cómo se llevaban a la muchacha del área. Decidió permanecer tranquilo, por lo que mientras el superior de la castaña se aseguraba de indicarle bien lo siguiente que tendría que hacer, el indonesio se encargó de volver a su lectura para pasar el rato. No dudó en ignorar todas las miradas que se le eran recibidas por parte de las demás dependientes ni mucho menos se molestó en poner atención a sus murmullos, preferiría esperar a la Diosa pastelera perdido en una lectura que perder su tiempo con cosas inútiles.
 
Al escuchar de nuevo esa voz con un tono perfectamente educado, subió la mirada hacia ella y apoyó el codo diestro sobre la barra. Law negó con la cabeza un par de veces en respuesta a su disculpa y al notar el cansancio en su semblante, se acercó por inercia un poco más hacia ella, apoyando un poco el torso en la barra.
   
¿Estás bien? —fijó su mirada en sus obres bicolores y ladeó la cabeza levemente. Jia Carstairs… El escritor no pudo evitar sonreír brevemente. Un nombre hermoso para una mujer hermosa. —El placer es todo mío, Jia.
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Mensaje por Jia Carstairs el Dom Oct 23, 2016 1:25 am

Se esfuerza por disimular el cansancio que la ha invadido de repente ante la idea de hacer horas extras, recurriendo a su autocontrol para evitar que otro suspiro escapase de sus labios. No estaba en posición de negarse a hacer horas extras, aunque lo cierto es que llevaba trabajando desde entrada la mañana y aún no había tenido la oportunidad de tomar siquiera un bocadillo decente, concentrada como estaba en terminar su trabajo a la perfección. Por supuesto, pensaba comer como correspondía al llegar a casa, pero una vez más el torbellino que constituía su mejor amiga la había absorbido, dejándola vestida con ese uniforme (cuya idea bastaba para volver a subirle los colores a su pálida tez) y encima frente a tantas personas. Cierto, se encontraba “a salvo” detrás de la barra, pero aun así… La llegada de Lawrence había constituido una interesante mezcla de pánico y sorpresa, debiendo hacer un esfuerzo consciente para no quedarse boqueando ante el recién llegado, mas de algún modo estaba consiguiendo sobrellevarlo. Después de todo, se trataba de un visitante para nada desagradable a la vista, más bien todo lo contrario.

Sus dedos se pierden entre los mechones castaños, apartándolos con suavidad de su rostro, si bien en poco tiempo vuelven a acariciarle las mejillas. Era inevitable, pocas cosas conseguían sujetar las hebras sedosas el tiempo suficiente para evitar el marco que solían formar en torno a su rostro. - Me temo que tendrá que soportar mi compañía un po..-Acababa de levantar la cabeza, curvando las comisuras de sus labios en una imperceptible sonrisa de disculpa, cuando las palabras se apagan entre sus labios al notar la repentina cercanía del mayor. La distancia de la barra se acorta cuando el joven se inclina sobre ella, preguntándole algo que la cocinera no llega del todo a escuchar. La atención al público no era lo suyo, las personas normalmente no notaban su existencia, siendo más un concepto que un ser humano real, y por tanto, cuando alguien le prestaba tanta atención como ahora, la muchacha simplemente no sabía cómo reaccionar. Porque el moreno la observaba de verdad, no una mirada tranquila sobre una camarera nueva, sino como si realmente pudiera viera. Como si hubiera dejado, por un instante, de ser invisible. Y eso, por supuesto, no dejaba de provocarle un cierto temor.

Estás dándote demasiada importancia, Jia. Aparta tales pensamientos de su cabeza, aduciendo el interés ajeno por su bienestar como una simple seña de cortesía, quitándole importancia a la situación con un delicado gesto de la mano. Creer que los demás estaban interesados realmente en ella sólo le había causado problemas, puesto que era tan sólo una ilusión. Excepto en contados casos, tales como Desirée, la sencilla norma social llevaba a los demás a prestar una atención que consideraban obligatoria.Como si alguien pudiera fijarse en ti, las palabras de su tía le vienen a la mente con dolorosa precisión, debiendo acomodarse los lentes en su afán por esconder el ramalazo de dolor que los orbes bicolor habían mostrado, transparentes, durante escasos segundos. No, no había tiempo de pensar en eso, no cuando había situaciones más urgentes que requerían su atención en ese momento.

- No es necesario que se preocupe, Monsieur –Algo similar a una sonrisa se acentúa en su boca, permitiéndose un instante el lujo de contemplar a Lawrence con detalle por entre las pestañas antes de que se aparte. Era, sin dudas, un hombre muy atractivo, y esos tatuajes... Una cabeza rubia la salva de delatar pensamientos para nada apropiados, indicando que había llegado el momento de su descanso y que podía tomárselo allí mismo. – Pero, Desirée, no está bien.. Seguramente Monsieur Trafalgar se sentirá incómodo, además de que el jefe jamás lo permitiría.. Y el trabajo..- Comienza a exponer sus razones, completamente válidas, para rehusarse, pero como siempre, la férrea terquedad de su amiga se impone.- Nada de excusas, es hora de tu descanso y ya he hablado con el jefe sobre esto, está completamente de acuerdo, así que tú disfruta de tu tiempo libre y luego puedes continuar, ¿de acuerdo? –Pocas personas podían negarse a la voluntad de Desirée cuando esta decidía tales cosas, ni siquiera el dueño del café. A pesar de ello, Jia intenta volver a negarse, pero la única respuesta que obtiene es una sonrisa torcida y una humeante taza frente a ella. Agotada de sólo pensar en perseguirla, se quita los lentes y los guarda en el bolsillo de su delantal para evitar que se humedecieran con el vapor. ¿En qué estaría pensando Desirée? Casi podía sentir las miradas fijas de las camareras sobre ellos en ese mismo momento.

- Mis disculpas por el comportamiento de mi compañera, si lo desea puedo retirarme  y dejarlo disfrutar su café sin problemas..-Murmura dedicándole a su acompañante una inclinación de cabeza y contemplándolo, sin ser consciente de que ahora sus iris desiguales habían quedado completamente al descubierto.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Trafalgar Law el Jue Oct 27, 2016 6:48 pm

Como bien se sabía, era muy difícil que alguien captara la atención del moreno, motivo por el que él mismo se encontraba sorprendido —por no decir fascinado—, con lo llamativa que resultaba ser la muchacha que tenía frente a sí. El libro que tenía sobre la barra de dulces estaba más que olvidado y con cada minuto que pasaba decidía prolongar su estadía cada vez más. Cosa que jamás sucedía. No pudo evitar el acercarse a ella de repente, notando en sus facciones el cansancio que sentía, así haya sido por unos escasos segundos que ella lo dejó entrever. Quizás para cualquier otra persona, aquel gesto pasase desapercibido, pero para Lawrence no. Él se daba cuenta muy fácilmente de todo, aunque los demás pensaran que no. No es necesario ver con los ojos para poder saber.
 
Estaba agradecido en su interior, porque no lo admitiría en voz alta, de haber acudido ese día al Café. Estaba consciente de todas y cada una de las mujeres que trabajaban allí, y de lo hermosas que eran, pero el que con sólo verlo una vez soltaran hormonas por doquier y actuaran de forma extravagante sólo para llamar su atención, lo hacía perder completo en interés en ellas. Para Lawrence primero estaba la mente antes del físico, y eso era lo que veía en la señorita Carstairs frente a él.
 
Aún estado medio recostado de la barra, cerca del rostro femenino, frunció el ceño y la miró fijamente a sus orbes bicolores. No podía creer lo que estaba diciendo, ¿soportar su compañía? ¿Por qué hablaba como si pensara que estar con ella era un calvario para él? Estuvo a punto de bufarle en la cara, pero se contuvo. Primero, por respeto a ella, y segundo, porque eso no era digno de un caballero y menos hacia una dama. Negó con la cabeza un par de veces, sin alejarse o cambiar su posición ya que la cómoda silla que Desireé le había traído con anterioridad le daba la altura suficiente para que su cometido se pudiera hacer sin mayor esfuerzo, y apretó la mandíbula mientras indagaba en su mente una buena forma de decir lo que quería decirle.
 
¿Cómo podía pensar eso? Lawrence se había levantado de su asiento para ir hacia ella directamente. Por supuesto que no era un calvario, más bien era una compañía más que placentera, sin mencionar lo buena que era a la vista.
 
Yo no estoy soportando nada. Es más, fui yo el que irrumpió aquí sin autorización y la distrajo de su trabajo, Mademoiselle Carstairs —Hizo énfasis en su nombre, enredando su lengua al mencionarlo y sin dejar de verla a los ojos. Si ella no dejaba de llamarlo Monsieur, él no dejaría de llamarla Mademoiselle. Dos pueden jugar el mismo juego. Sí me preocupo, ¿desde qué hora estás trabajando? —Inquirió, preguntando con cierta ronquera en la voz que aclaró de inmediato, volviendo a estirar la espalda para darle su espacio a la morena y volviendo a apoyar su mentón sobre su tatuada mano diestra.
 
Estuvo por decir algo más, pero la extravagante joven de rizos rubios volvió para hacer lo que a él estaba empezando a ocurrírsele, que era llevar a Jia a tomarse un descanso. Sin poder evitarlo, las comisuras del indonesio se alzaron en una pequeña sonrisa que trataba de esconder su diversión. Esta muchacha le caía cada vez mejor. Al escuchar su nombre venir de los labios femeninos, negó con la cabeza rotundamente. Jamás se sentiría incómodo con algo así y mucho menos luego de ver lo cansada que estaba. Seguro tiene levantada desde muy temprano, pero quién era él para juzgar cuando era portador de unas sombras bien oscuras bajo sus ojos. Por otro lado, en el momento en que Desireé se estaba retirando del área de postres, el escritor le guiñó un ojo a modo de agradecimiento por su buena acción y la dejó ir, no sin antes pedirle de una buena vez lo que debía comer. Ya se había saltado las reglas con tomar el postre antes de tener algo en el estómago.
 
¿Puedes traerme un buen plato de comida? Escoge tú lo que quieras —Agregó, ahora sí dejándola ir y poniendo de nuevo su atención sobre la morena, que ahora se encontraba sentada. Por un momento, se quedó colgado al verla. No es que fuese completamente diferente sin los lentes, pero fue como si un zafiro y una esmeralda lo estuviesen viendo fijamente. Podía quedarse viéndola a los ojos todo el día sin cansarse… —No. No te vayas, quédate. Así podremos conversar mejor. Más bien discúlpame a mí por tomar tu tiempo de descanso.
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Re: Anywhere else but here {Priv. Trafalgar Law}

Mensaje por Tema Cerrado el Jue Jun 01, 2017 11:28 pm

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