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Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

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Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Celestia Blackwood el Mar Ago 19, 2014 2:54 am

El bullicio que había en el ambiente no la dejaba pensar con claridad, si ya se le mezclaban los pensamientos cuando todo estaba en silencio el barullo no hacía más que empeorar la confusión que se le atravesaba por la cabeza.
Definitivamente le atribuía la culpa a su mala orientación el estar varada en por aquellos lares. Las calles le parecían mucho más lúgubres y se podría ver perfectamente que ella no encajaba allí. Su vestido de color rosa pastel contrastaba enormemente con las calles de tonos grises y las paredes adornadas con graffitis, de todas formas a ella le importaba muy poco la clara diferencia que tenía con las personas que pasaban por ahí o las miradas de indiferencias y burlas que le dedicaban. No se podría decir que tenía miedo, sino más bien le preocupaba, o mejor dicho le ponía los nervios a flor de piel, el no saber donde estaba ubicada. Ella solo tenía la intención de llevar su computadora a arreglar a una tienda que no quedaba muy lejos del centro de la cuidad, y luego, tal vez, pasarse por esas tiendas de arte que tanto le gustaban o sentarse en el parque. Pero lamentablemente esta atascada allí, sola, en medio de una calle que desconocía.

El hecho de que estuviera anocheciendo no ayudaba mucho a que se tranquilizara y lugar se hacía cada mas tenebroso para ella, aunque solo fuera una simple calle sin mucho transito. No quería moverse del lugar de donde estaba pero, además de que se veía como una idiota parada en medio del camino, si no lo hacía no encontraría la forma de llegar a su hogar. Miró el cielo que se teñía ya de un color anaranjado oscuro y si no estuviera tan preocupada hasta se quedaría un momento más para contemplar más a fondo el paisaje. Suspiró, cansinamente y comenzó a caminar sin saber bien a donde se dirigía. Pasó por varias calles que llevaban a lo que parecían recovecos desconocidos de la cuidad, a lo lejos veía tiendas a las que no atrevía a meterse a preguntar como llegar hasta el centro por qué le daban la sensación de que el lugar no era de fiar.
No se decidía entrar en ningún lugar, por lo que empezó a buscar alguna persona que no le disparará dagas con la mirada, pero nadie parecía en el modo amigable para darle indicaciones. Claro que no tenía la intención de hacer amigos, pero le gustaría que al menos alguien le regalase una sonrisa amistosa cuando hablase con alguien, ¡Pero no encontraba a nadie que le transmitiera confianza!

Se había ido ya bastante lejos, ahora si que estaba completamente perdida. Perdida y cansada, quería volver a su hogar para terminar con sus cuadros o al menos estar con sus hermanos. No importa si me asesinan con la mirada, a la próxima persona que vea le preguntaré, se dijo en su fuero interno, resignada. A lo lejos vio a una persona, que le llamo la atención por el característico color blanco de su cabello corto. Apuró el paso, casi corriendo y se detuvo justo detrás de la persona. Le tocó el hombro, con algo de pena, con la intención de llamar su atención. -Disculpa ¿Tienes idea de donde me encuentro? ¿O al menos puedes decirme como llegar al centro de la ciudad? -finalizó, con la esperanza de que al menos esta persona pueda darle alguna indicación y ya no estuviera tan perdida
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Ken Kaneki el Miér Ago 20, 2014 3:47 am

¿Cuánto llevaba ya en la ciudad? ¿Tres días, una semana? Le resultaba casi curioso la forma cómo le dificultaba llevar la cuenta del tiempo en períodos amplios, y en cambio, disfrutaba tanto de fiscalizar las minucias como el segundero de un reloj. Él y su manía de llegar puntualmente a todos lados, como no podía ser de otra manera.
No es que se quejara: hasta ese momento, su estadía en el Sweet Valley había resultado bien, o decente cuando menos. Se instaló sin dificultad alguna, y el viejo Yoshimura no requería su presentía para acordar detalles todavía, así que se daba el lujo de considerar eso como "tiempo libre". Aunque tal idea se le hacía divertida. ¡Ni siquiera estaba inscrito para estudios universitarios! Era nada más que un simple ciudadano agotando oxígeno. Pobre, pobre de él...

Casi podría reírse de sí mismo, pero no, no era el momento. No estaba tan desquiciado todavía, aunque su cabello decolorado en blanco y uñas pintadas de negro señalaran lo contrario (?). Al fin y al cabo, le gustaba su apariencia y las miradas disimuladas de las personas al verlo de reojo. Si iba a trabajar tiempo parcial los fines de semana, quizá sería necesario que se consiguiera una peluca negra, por fachada.
Pero se desviaba del tema, otra vez. Antes de siquiera notarlo, la gran mayoría del día había trascurrido y se encontraba ya a media tarde, no pasaría mucho tiempo antes de que atardeciera al ocultarse el sol, y la temperatura típica del verano se templara lo suficiente para considerarse deleitable. Se permitió sonreír, como si ese gesto concluyera todo su monólogo interno: «Hora de salir de la madriguera».

Era una interesante forma de decirlo, al menos, a él le entretenía lo suficiente. Tenía la excusa perfecta para, sencillamente, salir a caminar, o trotar. No por el ejercicio en sí, sino por la calma que era capaz de encontrar con el sonido de sus propias pisadas, e incluso su respiración entrecortada. Además, aprovecharía la ocasión para recorrer la ciudad donde habitaría por los siguientes, probablemente, muchos meses en el futuro. ¿Qué mejor? No se molestaba en prepararse demasiado para una velada nocturna consigo mismo. Todo lo que necesitaba era su propia presencia y nada más.

No planeaba rondar demasiado lejos, pero debían considerar, ni siquiera estaba seguro si al salir sabría siquiera cómo devolverse a casa sin pedir indicaciones de por medio; después de encargaría de ese inconveniente menor cuando fuera el instante. Darse una vuelta por barrios peligrosos podría resultar... provechoso. Atrayente, era una mejor palabra. Además, su apariencia no desencajaba del todo con el lúgubre ambiente de las calles poco transitadas, y una atmósfera que extrañamente lo tornaba todo gris...
¿O sería idea suya? ¿Algún efecto de luz? Como fuera, lo único destacable en su persona sería la máscara de cuero negra que llevaba, la que tenía grabada una sonrisa de dientes sin labios y le cubría parcialmente la mitad del rostro, dejando sólo uno de sus ojos visibles. Oh, claro, todo por comodidad.

A decir verdad, quería que algo mínimamente interesante pasara, tal vez por esas casualidades de la vida. Hizo un tiempo de trote ligero por quince minutos, sin retener demasiado una imagen mental de las calles más que algunas como paredes con graffitis y alguna que otra referencia espacial que le sirviera para regresar luego. A esa hora, ya había prácticamente anochecido, lo que realmente no le preocupaba demasiado, sabría arreglárselas solo. Sintió un pequeño toque en su hombro, casi apenas perceptible, acompañado de una voz femenina preguntándole por una dirección. La cual, lamentablemente, no tenía ni idea cómo llegar—. Hm, lo siento. Creo que no te soy demasiado útil —le respondió pausado, dudando un momento si voltearse o continuar permaneciendo de espaldas a la chica. No iba a darle la clásica explicación de porque era nuevo no tenía noción de dónde estaba parado. Bien, al cabo que todavía era una buena persona—. Si quieres te acompaño a buscar —propuso con simplicidad, volteándose finalmente en dirección a la muchacha desconocida, y fijándose un momento en su lindo vestido de color rosa. Sonrió a través de los dientes de la máscara—. No muerdo.

off:
Sé que la apariencia no era necesaria, sólo tenía ganas de presumir. (?)
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Celestia Blackwood el Lun Ago 25, 2014 6:52 am

La respuesta llegó rápidamente, aunque el muchacho no se volteo de primera sino que lo hizo a los segundos. Lo que más le impresionó de él era la eterna sonrisa sin labios que llevaba impregnada en la interesante máscara que parecía lo bastante atemorizante para alejar a cualquier persona. Sin embargo no causó ese efecto en ella, se podría decir que todo lo contrario. Celestia es una persona que acostumbra a ser bastante pusilánime pero en esta ocasión la mirada suave que se dejaba ver en el único ojo visible fue lo que hizo que ignorara por completo lo demás. También se podría decir que su lado curioso fue más fuerte que su parte racional que le decía que la apariencia del muchacho no era de lo más confiable. Se quedó mirando fijamente, inspeccionando minuciosamente cada parte de la máscara, dejando de hacerlo solo cuando escucho la última frase sacándole una sonrisa algo divertida.

-Estoy segura que no... -le contestó mostrándole la misma sonrisa, pero esta vez con un deje de travesura -No tienes que hacerlo si no quieres pero… Te agradecería mucho que me acompañaras, la verdad es que nunca había estado por estos lares y me perdí, todavía no conozco muy bien Sweet Valley -admitió con vergüenza esquivando su mirada para dirigirla hacia un graffiti de colores  llamativos combinados con negro y el color gris que tenía de por sí el lugar  -Y sería mucho mejor acompañada que sola ¿Verdad? -finalizó con una pregunta retórica, volviendo a mirarlo a los ojos con las mejillas ya en su color normal.

Se quedó muda por algunos minutos. Hundida en su mente analizó otra vez la imagen del chico. Comenzó por el pelo incoloro, que le hacía recordar a una de sus amigas y siguió con su vestimenta que difería siendo esta de color negro. ¿Por qué confié en una persona como él? Se reprocho internamente, de todas las personas con las que me crucé él es que tiene el aspecto más “terrorífico” por así decirlo. Pero aún así no podía dejar de pensar que por alguna extraña razón no le inspiraba tanta desconfianza como debería. Bueno, el dicho dice "No juzgues a un libro por su portada"

-Te prometo que te compensaré de alguna forma -dijo, como intentando convencerlo de que la acompañara. No entendía muy el por qué seguía hablando con esta persona, ella estaba consciente de que era un muchacha bastante amistosa y que acostumbraba a hablar con gente que desconocía, pero en contextos diferentes, tal vez se debía a que estaba perdida y por eso lo hacía, aunque de todas formas quería saber más de él. -¡Ya sé! En el centro hay una cafetería muy buena que está abierta 24 horas, una vez que lleguemos allí te compraré algo en ese lugar ¿Que dices? -le sonrió cálidamente, esperando que aceptara. Miró el cielo que ahora llevaba el color grisáceo que las nubes nocturnas le otorgaban, no se percató cuando se hizo más de noche hasta ese momento que vio su reloj marcando las 8:38. No era tan tarde como había suponido pero aún así estaba oscuro, no pude llevar mi pc a reparar, lastima, se dijo a si misma. Tomo al chico del brazo y lo adelanto un poco, incitándolo a caminar. Caminó un par de pasos aún sosteniéndolo, pero lo soltó rápidamente, recordando que cuando se acercaba a la gente con la intención de llevarse bien, actuaba con mucha confianza y eso en vez de resultarles agradable, les molestaba, y ella no quería ser desagradable para nadie. -¡Ah! Lo siento, acostumbro a hacer eso, es molesto ¿No? jeje… -voltio totalmente sonrojada y nerviosa, dirigiendo la mirada a cualquier lugar menos a él -Por cierto… Mi nombre es Celestia Blackwood, puedes decirme como gustes.

Off:
No importa, tu apariencia sirvió de mucho. Referencias a TG en la última parte, no pude evitarlo
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Ken Kaneki el Mar Sep 02, 2014 11:43 pm

Con sinceridad, al voltearse, se quedó unos segundos esperando alguna reacción de la muchacha. Por simple apariencia, se podía decir que ella no acudía por esos lares muy amenudo, sumado por la dirección que le pidió, casi aseguraba que la susodicha estaba simplemente extraviada y posiblemente nerviosa, como cualquier persona en su situación. No sabía qué esperaba que ella hiciera con exactitud, pero la repentina naturalidad con el que lo trató a pesar de su ligeramente intimidante fachada le tomó por sorpresa por decir menos. Especialmente por la máscara de cuero negro, y la sonrisa de dientes completos que adornaba su adorable expresión digna de un espectro en Noche de Brujas. Probablemente parpadeó, pero hizo lo posible para no se notara.

Soy totalmente inofensivo, como notarás —se permitió volver a bromear, escogiéndose de hombros, inclinándose ligeramente hacia adelante como si fuera ejecutar una reverencia formal. Cosa tal que no realizó, por supuesto. En su lugar, dedicó una mirada más al rosado del vestido que contrastaba notoriamente con todo lo gris del ambiente, como un farol en medio del océano—, igual que Frankensteins. Él no quería hacer daño a nadie, las cosas sólo pasaban a su alrededor sin que nadie pudiera evitarlo —prosiguió, deslizando sin notarlo los dedos por las comisuras de la máscara. ¿Mencionó alguna vez cuánto le gustaba la literatura de Marry Shelley?

Volvió a asentir con la cabeza ante la petición de la otra de que la acompañara, que de todas maneras, él mismo se había ofrecido para ello en primer lugar. Observó con ligera diversión los expresivos gestos que la muchacha ejecutaba, incluso podría decirle, se le hacían lindos. Aquéllo funcionaba cómo un motivo más para hacerle de escolta, pues empezaba a creer no sería del todo buena idea dejar a una chica sola en plenos barrios peligrosos, menos cuando empezaba lentamente a anochecer. Aunque no llevara algún reloj consigo, bastaba con darle un vistazo al cielo opaco y las nubes que surcaban por él. Y en lugar de todo parecerle gris, las sombras también empezaban a tornarse negras.

Dicen que los conejos fallecen cuando están solos —respondió a la pregunta retórica, encogiéndose levemente de hombros, casi ladeando la cabeza con expresión aburrida. ¿Dónde había escuchado esa frase antes? ¿Un libro? ¿Una persona, quizá? No recordaba, y tampoco era el momento de preocuparse por eso—, pero, tú no eres un conejo, ¿verdad? —repuso, sonriendo nuevamente bajo la expresión de la máscara, sólo que ésta vez, la suya fue una sonrisa afable.

Los alrededor se encontraban vacíos, tanto, que casi resultaba sospechoso, incluso si bien era cierto que no mucha gente rondaba ese lugar. Era apenas un callejón con una pared pintada, ¿qué tenía de interesante? La voz de la muchacha hizo que nuevamente se girara hacia ella, para corresponder a su entusiasmo con un gesto cordial—. Me encantaría, nadie puede negarse a una buena taza de café —le regaló un guiño cómplice con su único ojo visible. Tal vez podrían llevarse bien y pasar un tiempo agradable, después de todo. Pero primero debían, de preferencia, empezar a moverse rápido de allí antes que algo indeseable se les adelantara. Como si leyera sus pensamientos, en ese momento, la chica de cabellos oscuros lo tomó del brazo para obligarlo a avanzar unos pasos en la misma dirección que ella, a saber cuál fuera, pues en realidad podría decirse que ambos estaban perdidos.

Nuevamente, no pudo dejar de considerar adorable la forma en que ella se disculpó por su acción instantes siguientes, evitando su mirada. Suspiró con paciencia, y optó por obviar el tema—. Un placer, Celestia... muchacha del vestido rosado  —agregó a continuación del nombre, haciendo uso de la oración "puedes decirme como gustes", al menos, le parecía una característica destacable—. Soy Kaneki Ken —se presentó con simpleza, olvidándose un momento del orden según los nombres occidentales—. Ya que ninguno de los dos tiene la mínima idea de dónde está parado, recomendaría que camináramos hasta llegar a algún lugar —decidió, breve y conciso, empezando a caminar en línea recta en espera que Celestia lo siguiera.

Debía existir alguna buena y sustentable razón para que los barrios peligrosos recibieran ese nombre: barrios peligrosos, aunque dicho de esa manera resultaba una redundancia innecesaria. En el peor de los casos, algún idiota trataría de robarles algo, por mucho que él no tenía nada interesante que ser robado, la muchacha podría ser un caso diferente. O también, en un escenario algo más absurdo, pudiera ser que por su fachada lo confundieran con un ladrón estando al lado de la chica de vestido rosado, pero pensar en ello ya hasta el divertía. No debía tomarse el asunto tan en serio.

¿Qué venías a hacer en este lugar, de todas maneras? —lanzó la pregunta al aire, en tanto continuaban en movimiento por los callejones desolados de la zona.
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Celestia Blackwood el Jue Sep 11, 2014 11:33 pm

Rió despacio cuando el muchacho realizó la casi reverencia. Le parecía algo paradójico que dijera que era inofensivo luciendo como lo hacía y estando en donde estaba, aunque ella sabía que no era alguien peligroso. Siguió con la vista los dedos que se paseaban ágiles por las comisuras de la oscura mascara. Miró lo que parecían ser tornillos que sobresalían de ella e instantáneamente lo relacionó con el personaje que antes había nombrado, pero prefirió no hacer comentarios al respecto por qué le parecía algo rudo de decir a la primera, pese a que seguramente los tornillos de debían a eso. ¿Será uno de esos aficionados a la literatura? Tal vez es uno de esos que se "disfrazan" como sus personajes favoritos, se dijo mentalmente.

La sonrisa no se le borraba de la cara, como era costumbre en ella, y comenzaba a cuestionarse porqué siempre sonreía, aún cuando estuviera extraviada. La extendió aún más cuando el muchacho acepto acompañarla porqué, aunque no iba a admitirlo en voz alta, le daba un poco de miedo estar sola por esos lugares, no porque temiera que le sucediera algo sino que sabiendo lo mala que era para orientarse sumada a su torpeza terminaría más perdida de lo que ya estaba, y aunque el chico tampoco supiera muy bien donde ambos se encontraban estaba segura de que no era tan tonto como lo era ella y sabría ubicarse mejor. Observó otra vez la eterna sonrisa grabada en su cara mientras lo escuchaba hablar, no sabía muy bien como interpretar sus comentarios ya que no podía ver sus expresiones, solo podía ver un ojo de color grisáceo, pero de todas maneras sus comisuras nunca bajaron.

-No, no lo soy –carcajeó por su comentario que le pareció algo interesante y que, debía reconocer, nunca lo había escuchado, pero era segura que la volvería a usar alguna vez en su vida –Sin embargo estoy segura de que falleceré si me quedo sola en estos momentos –finalizó susurrando una risita. Las calles de repente le parecieron mucho más solitarias que antes, y se pregunto donde se habían ido todas esas personas que hacían tanto alboroto. Se burlo internamente de ella cuando se dio cuenta que había terminado en un callejón con una persona desconocida. –Me alegra que aceptes, me gustaría conocer más sobre ti –dijo arreglando un mechón de pelo que se había escapado de su trenza, sonriendo a lo que había parecido un guiño que se vio más como si hubiera cerrado ambos ojos. 

Miró la terminación de su vestido cuando lo escuchó nombrarla con un apodo un tanto extraño. ¿Por qué le llamaba la atención el vestido? Era un solero simple como los que acostumbraba a usar en verano, aunque estaba claro que destacaba del lugar porque era lo único “colorido” que había cerca de allí, era algo simple y normal, de todas formas el apodo no le molestó sino que le agrado, más bien, le dio gracia. –Es un placer también, Kaneki –le respondió risueña –Si, supongo que será mejor moverse rápido de aquí antes de que anochezca completamente –replicó, caminado un poco más apresurada para ir a su par. Lo contempló de reojo mientras se sumía en sus pensamientos, quería salir lo más rápido posible de allí y llegar a esa cafetería para poder relajarse y tomarse una buena taza de café, cosa que no hacía desde hace tiempo. La voz de Kaneki la obligó a salir de sus pensamientos y tuvo que girarse para mirarlo

Se suponía que debía llevar mi pc a reparar -señaló el bolso que colgaba en su hombro derecho -Pero… me distraje, me perdí, y terminé aquí... ¿Y tu? No parecías alguien que se había perdido, ¿Qué es lo hacías por aquí? –se permitió preguntar con esa soltura tan característica en ella –Tengo una pregunta para ti –prosiguió bruscamente sin esperar a que conteste, volviendo a sonreír con picardía. Dejaría solo por esta vez salir su curiosidad y su lado de “interrogadora” a la luz, algo que no hacía muy seguido porque luego de un par de preguntas ya se volvía incomodo y molesto, claro, para el “entrevistado”, para ella nunca se le hacía aburrido curiosear. -¿Por qué llevas una mascara y tapas uno de tu ojos? –interrogó cerrando uno de sus orbes y señalando con el dedo índice el que permanecía abierto –Además ¿A qué se debe esa sonrisa tan… espeluznante? –dijo ya abriendo sus dos ojos y esta vez su dedo señalo sus labios -¿No eres de aquí, verdad? Tu nombre parece extranjero, déjame adivinar ¿De Japón, no es así? Tu nombre tiene muchas “k”, seguro que eres de allí  -pregunto sin dejar a Kaneki hablar. No acostumbraba a hablar mucho pero el muchacho le parecía tan misterioso y eso seguramente fue lo que hizo que no se alejara de él cuando vio su fachada. –Lamento si son muchas preguntas, es que eres bastante… Digamos enigmático, y yo soy un tanto molesta y curiosa como para dejar pasar la oportunidad –se justificó, regalándole una sonrisa amable.
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Ken Kaneki el Jue Sep 18, 2014 9:01 am

Hasta el momento, ambos jóvenes parecían congeniar aceptablemente bien. Por supuesto, eso no quería decir que se convertirían en amigos de la noche a la mañana, y menos en un lúgubre lugar como aquél, pero era agradable tener algo de compañía femenina de vez en cuando. Él continuaba siendo un chico, después de todo, pero sin las hormonas tan desbordadas como otros especímenes que tenía la desgracia de conocer. Como fuera, entre una ligera broma a otra, las cosas debían continuar su curso. Perfectamente podrían proseguir caminando en lugar de quedarse parados en medio del callejón, como si la presentación introductoria entre ellos no hubiese acabado todavía. Aunque no iba a negar, empezaba a disfrutar el tópico sencillo de la plática.

Hablando de conejos, ni siquiera sabía bien el por qué de su mención. Tan sólo, allí estaban, como una respuesta ingeniosa a una pregunta retórica que ni siquiera era necesaria de responder—. No fallecerías, dudo tengas tan mal sentido de orientación como para caer a un alcantarillado y romperte el cuello —repuso, encogiéndose levemente de hombros, obviando lo trágico del escenario y quizá tomando el comentario susurrado demasiado literal. ¿Cómo saberlo? Era poco probable que la situación dicha se diera, pues de cualquier manera ninguno estaba dentro de un relato de terror, y una hipérbole de vez en cuando no dañaba a nadie—. Lo mismo digo de ti, si es que eso puede ser considerado un halago —le devolvió una sonrisa tímida, que bajo la máscara ni siquiera era visible, pero que su ojo grisáceo podía reflejar bastante bien en su conveniente reemplazo.

Después de la breve presentación en que ambos intercambiaron valiosos datos, como el nombre con el cual dirigirse uno a uno, era buen momento para iniciar la travesía, si resultaba apropiado decirle de esa manera a vagabundear en busca de una calle, una señal o una tienda que indicara se hallaran más cerca de la civilización. En su lugar, parecía que recorrer callejones con la pintura descascarándose pobremente se hacía eterno. Empezaba a oscurecer, para colmo. Que no era sorpresa dada la hora, pero que no dejaba de considerarse un inconveniente si uno requiere guiarse nada más por la memoria visual y un (quizá pobre) sentido de orientación.

Miró a Celestia al tiempo que ella contestaba a su primera interrogante, con deseos de preguntar cómo una persona se distraía, perdía y acababa en ese lugar, según sus propias palabras. Pero no tuvo tiempo de ello, fue ahora su turno de ser atiborrado con probablemente demasiadas preguntas al mismo tiempo, por parte de la muchacha. No le molestaban la mayoría de ellas, pues era defendible la curiosidad de una persona, aunque tampoco diría que le era agradable sentirse como entrevistado—. No sé qué esperas que te responda... —se sinceró, pasando una mano por su cabello blanco, y luego detuvo su vista en sus uñas negras un momento breve, antes de continuar hablando, sintiendo casi como participar en el extraño monólogo de una película—. Sólo salí a trotar un rato. No es nada interesante. Y sí, soy de Japón —declaró con sencillez, sonriendo al mencionar lo último, en parte divertido por la perspicacia ajena—. ¿Tantas "k" en verdad lo delatan, o fue una inferencia convenientemente acertada? —cuestionó, más o menos curioso. Se tomó unos segundos antes de proseguir, en referencia a las preguntas sobre su máscara y la sonrisa sin labios que ésta ostentaba.

Podría decirse... —colocó su dedo índice sobre el lugar en que quedaría su labio, que en este caso, era a la mitad de la expresión homóloga que tenía en su máscara, inclinándose ligeramente en dirección a Celestia—. Es un secreto —susurró con voz profunda, siseando un suave  "shh" en señal de no me interrumpas. ¿Por qué no? Hacerse el interesante era divertido de vez en vez. Rápidamente regresó a su semblante normal, actuando como si nada hubiese pasado allí—. O puede que me convenzas de decírtelo una vez me invites una taza de café —finalizó.

Sin más, no quedaba otra opción de continuar por el sendero, en línea recta y doblando por algún callejón de vez en cuando. Era casi extraño no encontrar a ningún otra alma rondar por el desolado lugar, casi como si en un instante todos se hubiera evaporado en el aire. A lo más, uno que otro gato callejero se cruzaba en su camino. Tuvo que hacer un esfuerzo mínimo para evitar suspirar de frustración, deteniéndose para apoyar su espalda en una pared de ladrillo—. Por favor, creo que a esta altura incluso podríamos pedirle indicaciones a un borracho o a un vagabundo —se quejó. Oficialmente, agregaría "extraviarse" a su lista personal de disgustos la siguiente vez. Aunque, como si algún ser divino lo escuchara, de entre las sombras se distinguía la figura oportuna de una persona, envuelta en sábanas y acostada en el suelo. Bien, casi podría echarse a reír en ese momento. No era necesario hacer contacto visual, pues el hombrecillo en el suelo sólo les dirigió una de "¿Tienen una moneda?".


Última edición por Ken Kaneki el Dom Oct 12, 2014 8:39 am, editado 1 vez
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Celestia Blackwood el Miér Oct 01, 2014 8:11 am

La imagen de ella cayendo por un alcantarillado y quebrándose el cuello le vino instantáneamente a la cabeza, pero eso en vez de darle repelús le causó gracia ¿Qué haría ella cerca de un alcantarillado? Además, ¿Cómo sería tan torpe para caer en el? Estaba consiente de que su cerebro y su cuerpo no eran muy sincronizados que digamos, por eso acostumbraba a caer y tropezar, pero no era tan torpe ¿Verdad? O al menos eso es lo que ella quería creer. De repente la situación se vio trágica para ella; morir por debajo de la cuidad sin que nadie supiera que se está allí le pareció horrendo, pero le resto importancia porque sabía que las probabilidades de que le pasara eso a ella eran una en un millón.

Miró de soslayo la calle que estaba a un costado de ella, notando como el agua desechada de algún lugar corría impaciente por los cordones y caían finalmente a una alcantarilla; ¡Vaya tarde la mía! Se quejo en su interior. Pasar su tarde en calles para nada interesantes con una persona que acababa de conocer no era su plan. De todas formas no era como si Kaneki le molestara, no, de hecho todo lo contrario, pero hubiera preferido encontrárselo en otro lugar más… adecuado, y no en un lugar con luz opaca y poco transito, aunque de cierta forma el sitio tenia una atmósfera que parecía combinar con el muchacho y le daba al encuentro un “no sé que” que lo hacía interesante.
Después de varios minutos de divagar en su mente, salió del trance y observó como Kaneki se llevaba la mano hacia la cabeza y fue allí cuando se percató por primera vez del color que llevaba en las uñas. Ella no era lo que se podría decir partidaria de que los hombres llevaran las uñas de colores, simplemente no le gustaba, pero esta vez no le desagradó, de hecho le daba más curiosidad. Quiso preguntar, pero se auto-controló y no permitió que la pregunta saliera de su boca, sabía que su cuestionario había sido mas o menos largo e incluso ella tenía un limite, estaba segura que si seguía preguntando el muchacho no solo la miraría con extrañes sino que se alejaría y ella quedaría con las dudas en la punta de la lengua y además perdería a un posible futuro amigo.

-Con esa sonrisa casi psicópata esperaba que digieras que salías a cometer algún crimen. –bromeó. Ni ella sabía con exactitud que era lo que esperaba que le contestara. En parte, su broma era cierta, esperaba que digiera algo más acorde con esa expresión que inyectaba desasosiego en cualquiera que lo viera, pero su parte racional comprendía que esto no era una historia de suspenso ni una novela policial y se esperaba algo simple como “salir a trotar”. –Solo un poco, aunque para mi es más fácil de adivinar, porque tengo descendencia japonesa, estoy acostumbrada a escuchar ese tipo de apellidos… -musitó en respuesta obsequiándole una sonrisa leve. Contempló como su dedo se posaba entre medio de sus comisuras elevadas. Sus labios quedaron en una pequeña línea recta cuando lo vio acercarse y entreabrió los ojos con perplejidad, no me esperaba eso, confesó para sus adentros. Un leve escalofrío le recorrió la espina dorsal, pero casi instantáneamente le volvió la sonrisa, vaya, si que atemoriza cuando se pone serio, admitió una vez más para su interior. –Estoy segura que una vez que tomes ese tan esperado café me dirás todo. –carcajeo, aligerando un poco su tensión.

El bolso donde llevaba su computadora ya comenzaba a pesarle en el hombro y es que cargar con al menos un kilo en su hombro no era para nada satisfactorio; los pies comenzaban a dolerle, porque llevar sandalias no era lo más adecuado para andar caminando por tanto tiempo, pero eso no se puede juzgar ¿Cómo iba ella a saber que terminaría perdida? Aunque reviviendo viejas experiencias debería haberlo visto venir; y para completar la situación, ni siquiera un alma había a la vista. Se detuvieron luego de andar sin un rumbo fijo, Kaneki parecía irritado y no podía culparlo, ella también se frustraría si tuviera que ayudar a una torpe muchacha. –Lo siento, Kaneki –se disculpó. –No debería haber hecho que me acompañases, ahora ambos estamos más perdidos que antes –finalizó con un gesto apenado. Pero cuando levantó la vista él no la miraba sino a un punto entre las sombras. Miró a donde su compañero dirigía la mirada y pudo divisar a un hombre acostado en el frió suelo envuelto en un par de sabanas que le servían de abrigo. -¡Ah mira, allí hay alguien! –exclamó feliz de que al menos pudiera pedir indicaciones. Se acerco a paso apresurado a la persona que estaba a un par de metros, se agachó quedando así más o menos a la altura del hombre.

Disculpe señor, podría decirnos donde… -la frase se esfumó en el aire, porque antes de terminarla sintió un brusco empujón que logró tirarla al suelo. Levantó la vista entre asustada  y sorprendida, y fue entonces que se percató que su bolso y el hombre ya no estaban, sino que se lograban ver a unos metros más adelante. ¿Es que acaso ella tenía en la frente un tatuaje que decía “Por favor, róbame” y no se había percatado de ello? ¡Era la segunda vez que le robaban estando en Sweet Valley! ¡No podía creerlo! -¡Oh Dios mío, mi bolso! –gritó una vez que salió de la sorpresa -¡No puede ser posible! ¿Por qué a mí? –finalizó incorporándose y limpiando sus manos en su vestido sin importarle las manchas que podía dejar en él. Se giró, con los ojos acuosos suplicándole con la mirada a Kaneki que la ayudara. –Kaneki… sé que esto será algo imprudente pero… ¡Por favor, ayúdame a recuperar mi bolso! –rogó casi en la desesperación. –Juro que nunca más te pediré algún favor, además no solo te comprare un café en recompensa, te compraré dos, no, todos los que quieras ¡No! Te compraré una cafetería entera si me ayudas –terminó de implorar exagerando tan solo un poco la situación.
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Ken Kaneki el Lun Oct 20, 2014 2:39 am

Pese a las preguntas que se asemejaban poco menos que a una interrogación policial, el comentario de Celestia en referencia a su inofensiva apariencia le arrancó una pequeña carcajada, aprovechando la ocasión para también fingir hacerse el ofendido—. ¿En serio me tienes tan poca fe? —le replicó igualmente divertido, cruzando los brazos al pecho y respingando la nariz bajo la máscara—. Siempre me he visto a mí mismo como un anti-héroe trágico, en realidad... —agregó como al pasar, encogiéndose de hombros tal cual se platicara de un tema banal. Sí, en definitiva, resultaba mucho más apropiado de esa manera, a decir verdad. El papel de villano cometiendo crímenes a la intemperie de oscuridad no le sentaba en absoluto, ¿cierto?

Asintió suavemente con la cabeza al escuchar su explicación. ¿Descendencia japonesa, eh? Se escuchaba como una excusa lo bastante factible para ser considerada verdad, así que optó por concederle el punto. Quizá sería un interesante tópico de conversación luego, cuando estuvieran compartiendo un café en una cafetería local como bien los dioses mandaban. De cierta manera, le agradó cuando pese a su último gesto, inclinándose hacia Celestia con un dedo entre los dientes de su máscara resaltando la sonrisa siniestra, a la vez que pronunciaba esas palabras con voz profunda de película de terror, la otra no se vio aterrada en lo más mínimo. Y de no ser así, al menos lo fingía bien. Correspondió a su sonrisa amigable, cerrando su ojo no cubierto—. Prácticamente, no "todo". No creo que te interese saber la talla de mis calcetines, por ejemplo —se rió un poco, haciendo un ligero ademán de dedo al mencionar la palabra en comillas.

Como cualquier persona, era normal impacientarse después de un gran rato dando vueltas y deambulando sin llegar a algún lugar todavía. En consideración que la misión se trataba de algo tan simple como, literalmente, llegar al centro de la ciudad, consideraba casi hilarante el poco sentido de orientación de ambos. Todo lo que parecían hacer al caminar y caminar era nada más que hundirse más en los callejones y muros descascarados de pintura. Si no fuera porque el hecho empezaba poco a poco a irritarlo, incluso se permitiría realizar un comentario jocoso al respecto. En su lugar, tan sólo se quejó en voz alta. Cosa que quizá no debió hacer, pues Celestia de inmediato habló disculpándose, y no era necesario ver su rostro para imaginar su gesto apenado al hacerlo. Probablemente él le hubiera replicado aquello, de no ser porque la mirada de su ojo gris se hallaba clavada en una figura recostada en el suelo del callejón, envuelta en mantas y algunos cartones.

¡Claro, un vagabundo! No se veía mejor opción que preguntarle direcciones a un vagabundo en ese momento, ¿verdad? ¿Qué cosa tan mala podía pasar? El tono de entusiasmo de Celestia era envidiable al dirigirle la palabra, y por un momento, fue lo bastante idiota para pensar en ello como algo bueno también. Se equivocó, por supuesto. Pues ni diez segundos trascurrieron entre la interacción de la muchacha y el viejo, cuando de un momento a otro el hombre se encontraba corriendo metros adelante con el bolso hurtado de su compañera, y ésta, apenas recuperándose de la impresión fue empujada bruscamente al suelo. No alcanzó a reaccionar más allá, apenas cuando la voz urgida de ayuda de la chica se dirigió nuevamente a su persona—. Demonios, eso sí es tener mala suerte... —comentó en voz alta, suspirando para sí mismo, pero ni siquiera hizo el intento de reír por la situación. No era gracioso que le robaran a Celestia justo en frente de sus narices. ¡Maldita sea! ¿Para qué se había ofrecido a escoltar a la chica entonces si no para evitar una situación como ésa? De todas maneras, no valía la pena perder más tiempo, o el bastardo continuaría alejándose de su posición.

Y no, no iba a dejar que eso pasara. Lo mejor era darse prisa en lugar de quedarse estáticos en el callejón, entonces. Empezó a caminar rápido, sin evitar tomar a Celestia suavemente de la muñeca antes de también iniciar trotar, cada vez a mayor intensidad—. Sí, sí, sí. Sólo sígueme, prometo que recuperaremos tu bolso y luego me comprarás todo el café de la tienda —trató de escucharse optimista y aliviar un poco a su compañera, pero le resultó difícil evitar que la severidad se colara en su tono. No tardaron en divisar la silueta difusa del vagabundo por los callejones, y de inmediato se dirigieron a darle alcance. No, no era necesario gritar "¡Detente!" al aire y en verdad esperar que el ladrón les hiciera caso, eso resultaría tan estúpido como dejar que eso pasara, en primer lugar. Al menos, tenían cierta ventaja: el hombre en cuestión parecía correr maravillosamente lento, y un tanto tambaleante.

Patético. Por alguna razón, eso lo molestó especialmente. Si el hombre en cuestión tan sólo se cayera o tropezara con sus propios pies, en ese momento sería capaz de patearlo en el suelo. ¿Por qué? Porque se lo merecería el muy maldito. Pero probablemente ya estaba sobre reaccionando un poco, sólo un poco.El vagabundo dobló en un último callejón, y casi podría apostar su libro de Takatsuki Sen que el dichoso hombre todavía no notaba que lo seguían. Soltó a Celestia, y nuevamente, hizo una señal de “guarda silencio”, sólo que esta vez la expresión en su rostro sí concordaba con la de su máscara. El callejón se veía vacío y solitario, para variar. El ladrón estaba allí, recuperando aire, y luego al voltear a verlos colocó una pequeña cara de espanto. Al menos, no sacó un arma blanca o algo por el estilo, o todo se complicaría un poco más.

Sin más que hacer, se acercó rápidamente a interceptar al hombre escasos metros frente suyo. Adivinando sus intensiones, el vagabundo sujetó con más fuerza el bolso robado, así que optó por lo más sencillo: le dio un fuerte rodillazo en el estómago, causando que se doblara sobre sí, soltando un alarido. Lo tomó del brazo, que todavía se aferraba a la pertenencia robada, y en lugar de aplicar fuerza y jalar, lo dobló a su espalda—. Por favor, ¿puedes soltar el bolso? —pidió con voz ligeramente cansada, deteniéndose antes que al sujeto le sonara un hueso. El hombre no hizo más que escupir maldiciones. Bueno, hizo el intento. Esta vez sí ejerció más presión, acercándose levemente al oído al vagabundo—. En Babilonia a los ladrones les cortaban la mano, ¿sabes? —preguntó a modo retórico, ladeando la cabeza a un costado como si de repente hablara del clima. No sonreía, pero la expresión grabada en la máscara daba la impresión contraría—. Es lo que te merecerías, pero en su lugar, supongo que puedo doblarte los dedos —ademán de encogerse de hombros, y de inmediato se escuchó un “crack” seco. Uno por uno, hasta cinco veces consecutivas. No era necesaria mucha fuerza para doblar cada pequeña articulación hacia atrás, pero el sujeto en cuestión se encargó de hacer el proceso más ruidoso de lo necesario. ¡Cómo no! Debía dolerle. Ahora sí se permitió sonreír. Y al soltarlo, el vagabundo cayó como saco de papas gimiendo y sosteniendo su mano afectada. Se lo merecía. Tomó el bolso de Celestia, que a esa altura se encontraba un poco olvidado. Y dirigiéndose donde la muchacha aprovechó para arrojárselo.

Allí. Te dije que lo recuperaríamos —habló de buen humor, caminando rápido y empujado discretamente a su compañera para alejarse del callejón. El asunto estaba sanjado, no necesitaban hablar más de ello—. ¿Crees que si avanzamos en línea recta llegaremos a alguna parte? Al menos un negocio de mala muerte —sugirió, todavía considerando la idea. Seguro ninguno tenía deseos de pedir indicaciones a un vagabundo ahora.
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Re: Lost... Again. {Priv. Kaneki Ken}

Mensaje por Celestia Blackwood el Sáb Nov 08, 2014 9:37 am

¿Anti-héroe trágico? Se dijo para sus adentros; ciertamente le parecía un término bastante acertado, porqué ella consideraba que en ese mismo momento la estaba ayudando de manera “heroica” aunque tal vez esté exagerando un poco, claramente no “era su héroe” pero ella consideraba que a pesar de tener pinta del villano de la película él era una persona amable y simplemente no encaja en ese papel.  Sonrió divertida para ella misma cuando se le paso por la mente que la imagen y actitud del chico no encajaban, pero que eso solo le hacía tener más curiosidad hacia, no obstante, prefirió no decir nada porqué no tenía mucho que acotar, solo le dirigió una sonrisa en forma de respuesta a su comentario. Kaneki, luego de haberse inclinado a ella y provocarle escalofríos los cuales logró disimular muy bien, le regaló una sonrisa y volvió a cerrar su ojo no parchado dando la impresión de que tenía ambos orbes cerrados y ella como era de esperarse le correspondió -¿Y qué sabes tú si en un futuro no muy lejano no necesitaría saber la talla de tus calcetines para, no sé, salvar tu vida o algo parecido? –dijo bromeando incoherentemente. Era obvio que no necesitaba saber tal cosa, pero ella se consideraba el ser más impertinente que pudiera existir en la faz de la tierra y seguramente acabaría por preguntarle cosas insignificantes y sin importancia como aquella.

Las horas transcurridas y el dolor en sus pies y en su hombro no ayudaban más que para que le irritara el hecho de no poder encontrar a nadie cerca del lugar. ¿Se había ido a meter a un desierto sin arena y ella no se dio cuenta? Había comenzado a pensar que estas situaciones que le pasaban casi a diario no eran vicisitudes sino que estaba todo fríamente calculado por alguien a quien le divertía verla perdida y sin ayuda alguna, sin embargo debía darle crédito a ese “ente” que su mente acababa de crear, porque esta vez, comparado con muchas otras veces que se había perdido no estaba completamente sola sino que acompañada por el muchacho que parecía totalmente enajenado por las mismas razones que ella. Disculparse le salió casi instintivamente, nunca le había gustado el incordiar a otras personas y menos si las conocía apenas hace unas horas, pero el muchacho no respondió sino que se quedó mirando fijamente el tumulto de harapos que se encontraba tirado en la calle no muy lejos de ellos y en esos momentos no se le paso en la mente más que preguntar por direcciones, pero la situación terminó con ella en el suelo casi a punto de llorar y con su bolso desapareciendo a lo lejos.

Rogar por ayuda le había parecido la mejor opción y aunque ella misma había dicho que no le gustaba ser una carga para los demás no le quedaba de otra que depender de la ayuda de Kaneki otra vez, porqué en verdad no quería que se llevaran su pc y ella así de escuálida y enclenque no podría hacer nada ni siquiera con aquel decrepito vagabundo, aunque eso no quitara que se sienta apenadísima por pedirle ayuda. Lo siguiente que sintió fue un jaleo en su muñeca y a los instantes se encontraba trotando siguiéndole el paso a Kaneki tratando se ponerse a su par. –Gracias y de verdad lo siento Kaneki, no quería que esto pasara, sé que es molesto, lo siento, lo siento. –se disculpó una y otra vez. A los minutos ya podían divisar al hombre, que corría a paso lento y de forma graciosa, que si no fuera porqué estaba a punto de largarse a llorar hasta se reiría de la situación como acostumbraría a hacer. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca del hombre Kaneki soltó su mano y le indicó que guardara silencio y ella obedientemente lo hizo sin estar totalmente segura si era por la expresión plasmada en el rostro del muchacho o porque simplemente era naturalmente dócil.

Celestia no pudo hacer más que quedarse allí, a un costado observando toda la escena. De cierto modo le parecía ruda y hasta algo perturbadora toda la situación, porqué la máscara que le había parecido inofensiva y agradable ahora solo le daba la sensación de demencia. El sujeto se inclino adolorido cuando Kaneki le propinó un rodillazo y ella llevó ambas manos a su boca evitando que salga un pequeño grito de impresión y las mantuvo allí porqué sabía que debía mantenerse callada. Además sabía que si sacaba sus manos seguramente le exigiría a Kaneki que parara luego de escuchar el primer dedo partirse. Tenía los ojos bien abiertos, inyectados en sorpresa, le parecía algo increíble que el chico que minutos atrás se encontraba charlando alegremente con ella ahora estuviera partiéndole la mano a un vagabundo, pero entendía perfectamente que ella le había pedido ayuda y debía aceptar los métodos del muchacho, que  tal vez esa era la manera en la que un anti-héroe actuaba. Dejó su boca libre cuando el hombre cayó al suelo con un sonido sordo y tuvo que sacar instintivamente las manos para atrapar el bolso que Kaneki le había arrojado; miró por última vez al hombre que estaba el suelo tomando su mano y siguió caminando en dirección contraria siendo empujada levemente por su compañero.

-Eh… Yo… Gracias, de verdad te lo agradezco mucho... –estaba impresionada, no sabía que decir, un agradecimiento un poco torpe fue lo único que logró salir de sus labios. Lo miró anonada, él actuaba como si nada hubiese sucedido; cuando pidió su ayuda ella solo esperaba que actuara como todas esas personas en las telenovelas que correteaban al ladrón y con un golpe bastaba, no se le pasó por la mente que el hombre terminaría con algunos huesos fracturados. –Si… -dijo aún vacilante. -Caminemos en esta dirección y seguramente llegaremos algún lugar, doblar no es conveniente, podríamos encontrarnos a otro de esos. –finalizó con una sonrisa bromista mientras lo miraba y a su vez  señalaba con su dedo índice el camino en frente de ellos. No diría nada sobre el tema por ahora, ser ingenua era lo que mejor le salía y de todas formas cuando estuvieran en esa cafetería ya tendría tiempo para abarrotar de preguntas al pobre muchacho. Se mantuvo en silencio el resto del camino, hasta que de repente las calles se habían hecho más luminosas y aunque fuera poca, había gente transitándolas. -¡Tenías razón, si seguíamos en línea recta llegaríamos a algún lugar! ¡Ahora solo hay que buscar esa cafetería! –el tono de entusiasmo era evidente en su voz, pero es que estaba tan ansiosa por sentarse a tomar su tan esperado café que no pudo evitar esconder su alegría. Miro el perímetro a su alrededor y extraordinariamente el lugar en donde se encontraban no quedaba a más que un par de cuadras del susodicho lugar. –La cafetería está a un par de calles, te prometo que solo caminaremos esto y cuando lleguemos allí te compraré la cafetería entera en recompensación. –le dijo con expresión risueña y luego de acomodarse su bolso, lo tomó de la muñeca como él lo había hecho antes y llevó en dirección a la cafetería.
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