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Loin des villes... | Privado

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Loin des villes... | Privado

Mensaje por Amelie Broussard el Mar Jul 29, 2014 7:36 am



| Sur de Francia — Orpierre | Verano |



La vida es breve; el arte, largo; la ocasión, fugaz; vacilante la experiencia, y el juicio difícil..”

–Hipócrates.

Donde todo inició...

Entre todas las personas en el mundo, ¿Por qué con él? ¿Por qué precisamente tenía que perderse con ese sujeto? Para Amelie, aquel rubio era un idiota con todas las de la ley para idiotas –si existiera una–. Pensaba que aquel fin de semana sería perfecto, iría escalar a Orpierre, una región ubicada al sur de Francia y muy visitada por turistas y por los amantes de los deportes extremos y de la naturaleza. Luego de aventurarse por aquellas montañas, una noche de camping estaría perfecta, pero nada resultó como ella pensaba. Se había perdido con un tipo que apenas conoció durante la excursión. Mijaíl, ese era su nombre. Se estresaba y no la estaba pasando nada bien, pensó que el hombre se sabía el camino de regreso pero nada. No sabía si confiar en él, en pocas palabras, estaba perdiendo la paciencia. Si tan sólo no se hubiera puesto a curiosear no estaría en aquella situación.

—Oye, ¿Estás seguro que vamos por la ruta correcta? Digo, a medida que avanzamos sólo nos topamos con más vegetación, y nos adentramos más en el bosque, eso parece —expuso Amelie con un tono de voz bastante serio y con cara de pocos amigos—. Hombres… Creen que se las saben todas.

Cansada, molesta y sobretodo pérdida, sentía que había caminado en círculos durante muchas horas. Temía que alguna fiera salvaje saliera de entre los arbustos y los atacara y aquel que la acompañaba sólo alardeaba de que estarían bien, ¿Qué podía ser peor que estar perdidos en medio del bosque? Nada, era el más terrible de sus días. Sólo buscaba descansar del trabajo y se topaba con esto, se lamentaba de su mala suerte. Era mejor que hubiera aceptado la invitación de sus amigos para ir a practicar surf. Su móvil no tenía cobertura y el hermoso cielo azul estaba volviéndose gris. La pelinegra cruzó sus dedos esperando que no fuera a llover; iba al lado de aquel hombre y sentía ganas de patearle el trasero pero no se atrevía.

—Alguien no parece muy convencido de conocer el lugar y creo que tu GPS está averiado, señor genial. ¿Sabes qué deberías hacer? Bajarle a tu ego masculino e intentar hallar un sitio en donde podamos usar nuestros teléfonos. Con tu terquedad no llegaremos a ninguna parte. Espera… —Comentó la mujer haciendo una pausa al final, observando a su acompañante con una mueca de sorpresa—. ¿Lo estás haciendo a propósito? De seguro estás tramando cosas y por eso finges que no sabes nada. Aparte, no creo haberte visto con el grupo de excursionistas antes.

Amelie estaba algo paranoica pero aún así se mantuvo al lado del rubio, no le tenía miedo y prefería estar al lado de alguien antes de pasearse sola por los alrededores. Guardaba esperanza de que aquel supiera cómo encontrar el camino de vuelta al campamento, aunque se veía más confundido que ella. Estaba a punto de armar un berrinche como niña pequeña pero se reservó aquella escena, sólo rogaba a los dioses que pudiera regresar pronto a la civilización o se volvería loca. Todo aquel enojo y su frustración las descargaba con Mijaíl, sólo porque era el único que la acompañaba. La culpa recaía sobre ambos, Amelie por estar haciéndole ojitos y buscándole conversación y él, por quién sabe qué.

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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Mijaíl Bjedov el Mar Ago 26, 2014 6:01 am

¡Qué día tan maravilloso! Mijaíl no dejaba de repetir estas palabras en su mente desde que había iniciado su paseo por las montañas de Orpierre. No conocía bien esa zona pero era un amante de la aventura y la sola idea de perderse en lo desconocido era más que atractiva. Sin embargo no contaba con que alguien le hiciera compañía. De hecho no había tenido ninguna expectativa de conocer a nadie, su plan para ese fin de semana era relajarse un poco y luego regresar a Sweet Valley en busca de su gran amor perdido. Pero el cruel y travieso destino también había hecho sus planes. ¿Cuáles? Arruinar los de Mijaíl y seguramente los de la chica que también estaba perdida, cuyo nombre era Amelie.

¿Por qué se había quedado conversando con ella? ¿Por qué le había hecho tantas preguntas sobre Francia, sus costumbres y los más bellos paisajes? ¿Por qué? Ya nada podía hacer al respecto, si bien no se arrepentía del todo, estaba seguro que la chica estaría furiosa con él y no la culparía por ello. Una charla distraída sobre diversos temas y ¡puf! El resto del grupo que participaba en la excursión junto con el guía, se habían esfumado. No había un solo sonido que quebrara la armonía del bosque, ni apagara el canto de las aves. Excepto, claro, las quejas de Amelie y la voz de Mijaíl señalando el camino hasta quien sabe donde, quizás hasta nunca jamás.

Mijaíl se creía un gran rastreador pero su sentido de la orientación, desafortunadamente para Amelie, era pésimo. Para él era algo normal ponerse en el papel del héroe así que no dudó en liderar una búsqueda improvisada para reencontrarse con el grupo. Se veía realmente extraño y hasta un poco patético tocando la tierra y moviendo algunas pequeñas ramas que habían caído de los árboles.

- Es por aquí – decía señalando siempre hacia adelante. No tenía ni idea donde estaban ni a donde se dirigían, pero ese bosque tenía que terminarse algún día y esperaba que fuera pronto. Estuvo a punto de darse por vencido cuando descubrió que el lugar era tan extenso que parecía no tener fin. Sin embargo, las palabras de Amelie lo hicieron cambiar de opinión. ¿Señor genial? No, eso estaba bien. ¿Tramar cosas? ¿Qué cosas? El rubio rara vez tramaba algo, la mayoría de las veces se la pasaba siguiendo su instinto, sus impulsos, o como el lo llamaba “Su voz interior”.

Se detuvo cuando escuchó las últimas palabras y giró para mirar a la chica con una expresión de confusión al tiempo que enarcaba una ceja. ¿Estaba bromeando o hablaba en serio? No la conocía como para saberlo pero juzgando su expresión y su tono de voz pudo adivinarlo rápidamente...hablaba en serio.

- ¿Qué? - preguntó aunque la había oído perfectamente, solo quería asegurarse que no se equivocaba o por lo menos que ella reconsiderara sus palabras – Escucha, niña...no recuerdo tu nombre y lo único que quiero es salir de aquí tan pronto como pueda para poder regresar con el grupo. Encontraré una salida de este lugar y saldremos juntos de esto. - aclaró con total seriedad para eliminar cualquier duda o sospecha en su contra, era absolutamente honesto y esperaba que eso fuera suficiente para que ella creyera en sus palabras.

El ruso volvió a caminar, esta vez solo unos pocos pasos hasta detenerse nuevamente. Miró hacia la izquierda, luego hacia la derecha y por último miró hacia arriba, al cielo. No había notado hasta ese momento que el sol estaba tapado por unas cuantas grises, cargadas de agua. Permaneció así unos breves segundos antes de dirigirse nuevamente a la muchacha que parecía querer asesinarlo allí mismo.

-Parece que nos quedamos sin tiempo, ¿Alguna sugerencia o seguimos adelante? - Ni bien terminó de hacer esa pregunta una gota cayó del cielo como una bala de agua que impactó helada sobre el saco color beige del rubio, esa era la señal. - Listo, ya no hay tiempo. Hora de correr, niña– dijo rápidamente antes de lanzarse a correr a toda velocidad, esperando encontrar algún campamento cercano, un refugio, no importaba lo que fuera solo algo que cubriera sus cabezas de la lluvia que comenzaba a ser la gran protagonista del día.
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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Amelie Broussard el Jue Oct 02, 2014 6:42 am



| Sur de Francia — Orpierre | Verano |


¿Qué? ¿Niña? ¿Le había llamado niña? Ese hombre prepotente al que quería patear hasta enviarlo al otro lado del mundo le había dicho “niña”. Pero resultaba que no podía y en esos momentos maldecía su mala suerte, aparte le había dicho “niña” y eso era más indignante que haberse extraviado. Amelie entrecerró los ojos y lo miró con cara de pocos amigos, como si casi pudiera fulminarlo con la mirada. Empuñó las manos y respiró profundo, así evitaría golpearlo. Aunque aquel parecía muy serio, ella no le creía nada. Llevaban largo rato dando vuelta en círculos. Sí, en círculos. La francesa tenía una memoria brillante pero por estupidez suya no guardó detalle de su caminata hasta el punto en donde estaban. Quizás si se relajaba un poco y dejaba de ser tan dependiente de ese hombre podría regresar y eso era exactamente lo que haría de no ser por la muy antipática lluvia.

—Está bien, niño. Por ese lado no hemos ido pero me parece que… —Había mencionado con calma hasta que la voz de aquel sujeto la interrumpió. Volteó su mano y justo sintió como una gota fría tropezó con la palma de su mano.

Amelie se quedó estática sin saber qué decir, esas nubes grises anunciaban una trágica tormenta. Claro, era trágica porque estaba en medio de un bosque desconocido y veía lugar alguno en donde refugiarse. Lo primero que le pasó por la mente fue echarse a llorar como una niña, pero no haría tal cosa. Estaba a punto de decirle al rubio que ese camino no parecía seguro. Ella era muchacha de meterse en aventura en ese tipo de lugares y había aprendido algunas cosas. En vez de descender estaban subiendo más y la inclinación del suelo por el camino que había tomado el hombre parecía acertar con sus suposiciones, si iban por ahí, se alejarían más de la civilización.

—Oye… Grandote, por ahí no, ¡Espérame! —Dijo Amelie algo pensativa y aturdida a la vez.

Sus ideas no se estaban coordinando adecuadamente y al verlo correr a él con aquella angustia hizo que ella tomara las mismas acciones. Ya no pensaba, sólo corría, sus pies se movían por si solos mientras las gotas de agua empezaban precipitarse contra el suelo y la arboleda. La pendiente estaba algo abrupta en algunas partes y el suelo empezaba a ponerse un tanto resbaladizo a causa de la lluvia. La mochila en su espalda estaba algo pesada, llevaba material suficiente para subsistier, pero eso hacía que su cuerpo se volviera más lento al avanzar. Corría detrás del rubio guardando cada centímetro del paraje que recorrían en su mente. Notaba como la pendiente se iba volviendo más rocosa, podrían estar cerca de un acantilado y en esos lugares suelen haber cavernas aparte, Amelie fue distraída por el sonido de una vertiente de agua. No era de la lluvia, era de algún río cercano. Tal fue la distracción de la pelinegra en ubicar aquel sonido que perdió el control de sus piernas y tropezó con una de las rocas que se atravesaban en su paso. No cayó completamente en el suelo pero cuando intentó mover el pie, el dolor fue tan terrible que hizo que ella se hincara en el suelo con una de sus piernas y se aferrara a la otra. Bajó la mirada, tratando de contener el malestar.

—Maldición… —Murmuró para sí mismo entre jadeos. Cerró los ojos con fuerza a medida que el dolor aumentaba y su pierna parecía no querer responder a ningún movimiento. Sabía que tenía algo para esa clase de accidentes pero ignoró aquello, no quería moverse por más que la lluvia siguiera aumentando su nivel.

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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Mijaíl Bjedov el Sáb Nov 08, 2014 7:24 am

A penas escuchó la voz de la muchacha a su espalda, más bien prefería no hacerle caso. ¿Qué podía saber ella? Él era un buen rastreador, tenía conocimientos sobre la tierra, su comportamiento y todo lo relacionado a la misma. No es que fuera un tipo arrogante pero tenía conocimientos y no iba a dejar que las palabras ajenas le hicieran creer lo contrario. Siguió corriendo tan rápido como sus pies se lo permitían, evitando resbalarse, sorteando cada obstáculo como si fuera de vida o muerte. Su espíritu aventurero lo guiaba, pero también su instinto de supervivencia. Tenía que encontrar un lugar donde pudieran refugiarse hasta que la tormenta pasara, así luego podrían regresar con el resto del grupo al que habían perdido unos cuantos minutos atrás.

No pasó mucho tiempo hasta que percibió algo en la joven que iba detrás, su velocidad había disminuido hasta quedarse completamente inmóvil, al parecer algo le molestaba. ¿Qué podría ser esta vez? Solo esperaba que no fuera una especie de berrinche por no haberle hecho caso al tomar otro camino diferente al que ella había querido señalar. Aún así, por si acaso, volvió sobre sus pasos hasta llegar a ella. Entonces notó que verdaderamente había algo mal.

-¿Puedes ponerte de pie? - le preguntó con serenidad, con eso ya podría saber más o menos que era lo que le sucedía. Al obtener su respuesta, sin pensarlo dos veces, tomó el brazo de la pelinegra y lo pasó por su cuello mientras su propia mano se situaba en la cintura ajena. -Voy a ser tu soporte, debes apoyar tu peso sobre mí, así podremos avanzar -explicó con la misma calma anterior, no quería provocar más molestias de las que ya tenía así que se limitaba a un comportamiento amable. -Estoy seguro de que encontraremos un sitio para resguardarnos hasta que pase la lluvia. - De alguna forma tenía que distraerla, y no se le ocurrió nada mejor que expresar sus propios pensamientos. Realmente tenía la seguridad de poder encontrar un lugar seco donde pudieran quedarse por un rato. Trataba de ser positivo, pero quizá eso no era suficiente.

Al cabo de un rato, después de una larga y lenta caminata, Mijaíl encontró una pequeña cueva, o por lo menos así parecía. La luz desaparecía detrás de las nubes oscuras así que era dificil distinguir entre el cielo gris y los grandes árboles que rodeaban el lugar. De todas formas, eso era mejor que nada, no era una cueva demasiado profunda por lo que no habría problemas con los murciélagos u otros animales que podrían habitar dicho sitio. Así que sin dudarlo, el ruso ingresó acompañado de la pelinegra.

Una vez dentro la ayudó a tomar asiento, él se ubicó a una distancia prudente de la chica, tratando de pensar una nueva solución para la actual situación a la que se enfrentaban. ¿Debía encender una fogata o solo quedarse sentado? Permanecer quieto dentro de una cueva tan pequeña, imposible de explorar, era el mismo infierno para el rubio. Entonces, ¿Qué debía hacer? Prefirió cruzarse de brazos y esperar. Tal vez era una tormenta pasajera. Aunque el clima no parecía ser el verdadero problema, pues el protagonismo ahora caía sobre el dolor que aquejaba a la joven que lo acompañaba.

-¿Cómo te encuentras? - quiso saber, quebrando el silencio que los rodeaba, además de cortar con el ambiente incómodo que hasta podía respirarse. -No tengo nada que pueda servirte de ayuda, pero si necesitás algo solo dímelo. -Continuó, y esperaba que la joven comprendiera de una vez que él no era ningún enemigo.
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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Amelie Broussard el Dom Dic 21, 2014 5:30 am



| Sur de Francia — Orpierre | Verano |


Amelie se estaba aguantando el dolor como mejor podía, no podía creer que eso le estuviera pasando justamente a ella, ¿Qué demonios había hecho para que estuviera en esa situación? Ya ni quería pensarlo detenidamente, estaba a punto de sentarse a llorar como una niña pequeña. La torcedura estaba rasgándole la fortaleza lentamente y probablemente terminaría con un yeso cubriéndole gran parte de la pierna. No le importaba la lluvia, si estaba pérdida, si la acompañaba un idiota con gran ego. Sólo quería que el maldito dolor cesara. Dejó que el rubio continuara con su camino y ni siquiera se molestó en pedirle ayuda, él parecía más preocupado en sí mismo que en cualquier otra cosa. Así que ella haría lo mismo, se preocuparía sólo por ella. Ya bastante tuvo con haberse alejado de la civilización.

No quiso decir nada cuando él se volvió a ver qué era lo que ocurría, Amelie era excesivamente orgullosa y no iba a demostrar por nada en el mundo que estaba en aprietos. Así que al escuchar la interrogante del hombre, se armó de valor e intentó ponerse de pie, pero falló vergonzosamente. Su pierna no reaccionó cuando ella intentó incorporarse y tras un quejido volvió a caer sobre su otra rodilla. Al cabo de unos segundos supo que era inútil seguir en aquella situación, así que decidió hablar, pero jamás cruzó mirada alguna con su acompañante.

—Creo que me torcí el tobillo y no puedo mover el pie —masculló Amelie intentando que su voz saliera de forma natural.

Asintió al escuchar las palabras ajenas, ya a esas alturas no estaba para llevarle la contraria a nadie. Se apoyó en él, evitando largar un grito cuando se incorporó del todo. Se le notaba tensa, la francesa era de las personas que por muy mal que estaban se aguantan todo y justo ese era el caso. Respiró profundamente al momento en que iniciaba una lenta caminata hasta quien sabe dónde. Estando de aquella manera lo mejor era permitir que el hombre la guiase, si tendría que defenderse de cualquier cosa, al menos habían muchas rocas en el camino y sus prácticas de kick boxing le ayudaban en eso de la defensa personal. No pudo evitar rodar los ojos ante su último comentario, pero evitó salir con alguno de sus comentarios irónicos. La pobre estaba con el pie lastimado y lo menos que le importaba era si terminaba empapada por la lluvia que empezaba a caer violentamente.

—Lo que digas, grandote —dijo con un deje de fastidio, pero sin que sonara del todo mal. Aunque viniendo de ella, probablemente si se escucharía muy mal.

No podría decir con seguridad cuánto tiempo se tardaron en llegar a un lugar seguro, ya estaban empapados completamente, pero al menos Amelie podría descansar un poco más y buscar la manera de asistir a su torcedura. Agradecía que fuera tan precavida con esas cosas. Al estar en aquella cueva sólo se quedó sentada observando la nada, aguantándose aquel insoportable dolor. Sin pensarlo dos veces e ignorando al hombre, empezó a asistir su herida. Se mordía el labio inferior cada vez que intentaba mover el pie. Pero entre tanto, se compadeció del rubio, al menos había buscado refugio aunque le siguiera cayendo mal.

—Me encuentro de maravilla, tanto que me gustaría quedarme sentada esperando a hacerme vieja porque lo único que necesito es salir de este maldito lugar… —Sabía que no podía decirle eso, así que sólo se ahorró sus propios pensamientos. Le miró y sólo liberó un suspiro mientras movía su cabeza de un lado a otro.

—Lo único que necesito es… ¿Un doctor? Eso o terminaré con un yeso alrededor de mi tobillo durante quince días probablemente —se mordió la lengua ante su cruda respuesta, pero es que no podía estar más indignada—. Ya qué, tendremos que esperar a que pase la tormenta. No queda de otra… Espera, ¿Te gusta meterte en líos y no sabes cómo salir de ellos? Oh no, yo creo que estás algo grandecito para esos descuidos. Pero bien dice mi madre, mujer precavida vale por dos.

Amelie era terriblemente odiosa y más cuando le tocaban la poca paciencia que podía tener, le miraba con una sonrisa burlona mientras vendaba su pie. Ahora, debía preocuparse por no pescar un resfriado.

—Al menos podría usted encender una fogata, mis defensas no son tan buenas como las suyas.


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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Mijaíl Bjedov el Vie Feb 06, 2015 4:58 pm

Mijaíl guardó silencio luego de obtener una tajante respuesta de parte de la pelinegra. ¿Qué podía decirle? No iba a juzgar su actitud, pero de donde él venía bastaba al menos un simple gracias. La joven insistía en un comportamiento hostil hacia el ruso, sin importar sus intentos por encontrar al grupo, ni siquiera el hecho de haber encontrado un lugar seguro para resguardarse de la tormenta.

- ¿Eso es una petición o una orden? - preguntó con cierta curiosidad, respecto a las últimas palabras pronunciadas por ella. - Para eso necesitaría leña seca, cosa que difícilmente pueda encontrar cuando afuera hay una tormenta. - le explicó, sin esperar respuesta, con un tono suave y tranquilo, como si le estuviera hablando a una criatura. - Además, no te pasará nada. Tan pronto como termine esta tormenta seguiremos buscando a los demás y podrás ver a un doctor. - Se cruzó de brazos y observó con atención las gotas que caían violentamente, habían tenido suerte al encontrar un lugar seco justo a tiempo.  Si bien estaban prácticamente empapados, podrían haber estado peor, con la cantidad de agua que ahora caía del cielo hubiera sido muy dificil encontrar un buen sitio como aquel y más en el estado de su compañera.

Él, por otro parte, estaba extrañamente pensativo, esperando resolver en silencio la situación que se le presentaba. En el fondo, sabía que Amelie tenía razón, necesitaban una fogata, pero no esperaba que la tormenta pudiera durar tanto como para tomarse el tiempo necesario y encender una, tenía la esperanza de salir pronto y reencontrarse con el grupo. Ésa era su misión principal. Aún así, no quería ser el responsable si algo le pasaba a la muchacha, quizá no debía tomarse tan a la ligera sus palabras.

- Bien, volveré en un segundo. Trata de que no se te caiga una roca encima o algo así. ¿De acuerdo? - Sus palabras por más que estuvieran cargadas de burla tenían una pizca de seriedad encima. Había cambiado de opinión con respecto a la fogata, decidido a mantener a salvo a Amelie, que ya suficiente tenía con el asunto de su tobillo, Mijaíl iría a buscar algo de leña. Tenía un tiempo limitado para salir y conseguir lo que necesitaba, por lo que no tardó en abandonar la cueva.

Se echó a correr sin importarle el barro bajo sus pies, podría resbalarse y golpearse con alguna piedra pero su mente no estaba en eso. En su cabeza tenía un mapa de los lugares por donde había pasado anteriormente, si seguía ese recorrido podría regresar más rápido con lo necesario para por fin encender la fogata que Amelie tanto reclamaba. Aunque era imposible encontrar algo seco en medio de esa tormenta, Mijaíl recogió unas cuantas ramas húmedas y se las llevó bajo el brazo de regreso a la cueva.

Cuando cruzó la entrada sonrió de manera triunfal. Esa fogata sería la más improvisada en toda su vida, pero era mejor que nada. Solo necesitaba algo con que encenderla y para eso también necesitaba yesca. Dejó a un lado las ramas y se quitó el bolso que llevaba cruzado al pecho, casi había olvidado que lo llevaba, no creyó que fuera necesario hasta que recordó que dentro llevaba entre otras cosas un encendedor.

- Una vez más, he salvado el día - comentó mostrándole el encendedor a Amelie sin borrar la sonrisa de su rostro - Ahora, necesito algo seco...¿tienes papel en tu mochila? - preguntó comenzando a construir la fogata, probablemente no sería suficiente pero por lo menos podrían secarse al calor del fuego hasta que pasara la tormenta. - Es una lástima, si no fuera por la lluvia tendría mejores recursos para armar esto - comentó más para sí mismo que para su compañera. No era un perfeccionista pero cuando se trataba de estas cosas era mejor hacerlas bien, aunque dada la situación en la que se encontraban era lo único que podía hacer.
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Re: Loin des villes... | Privado

Mensaje por Tema Cerrado el Dom Abr 05, 2015 4:03 am

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