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Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

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Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Mar Jul 01, 2014 5:26 am

Esquivando uno de los varios puños que amenazaban con caerle encima con la agilidad de alguien acostumbrado a ésa clase de enfrentamientos, esbozó una torcida sonrisa. Sentía la adrenalina correr por su cuerpo con cada golpe, incluso aquellos que no lograba esquivar, aunque claro, eran de los menos ya que tenía muchos, quizás demasiados años de práctica. Si bien en un principio había comenzado para defender a su hermano más pequeño, con el tiempo había ido tomándole el gusto a la acelerada situación, era bastante mejor que pasarse el día sentado en clases y una buena forma de callar a los que lo molestaban. Bueno, sí, lo aceptaba, tenía un temperamento algo explosivo, pero todo sería más fácil si los idiotas aprendieran a estarse callados, además de que nunca golpeaba porque sí, como algunos de sus contrincantes. Una cosa era meterse en una pelea o incitar un poco a una persona algo molesta y otra muy distinta el golpear por diversión. Eso le sacaba de quicio por completo.

Y pensar que por dicha razón se había metido a pelear ése día en particular, aunque su propósito inicial fuera otro. Tan rápido había salido de casa en dirección a su objetivo, que no había traído su chaqueta habitual, su pequeño juguete o siquiera a Enzo, únicamente salió con lo puesto: remera roja con detalles en negro similares a alambres de púa y que hacía juego con uno de sus tatuajes, un pantalón verde, zapatillas negras y, por supuesto, elementos necesarios como llaves y billetera que había manoteado en su escape. Para ser sinceros, su incursión en la zona más oscura de la ciudad no había sido con fines precisamente pacíficos, de hecho, deseaba descargar varias de sus furias contra el primer ingenuo que quisiera golpearlo, pero por alguna extraña razón, la situación en la que se veía envuelto en esos momentos era a causa de intentar defender a alguien. Un niño, más precisamente. Uno con la suficiente mala suerte como para cruzarse a la aburrida banda de matones de turno. Encajándole una patada en la mandíbula a uno de los intentos de pandillero y agachándose luego para evitar la que otro de ellos intentaba propinarle, se dispuso a pensar. Quizás debería haberles pedido amablemente que se alejaran y… Ok, no, la simple idea le arrancó una carcajada que sólo alteró más al engreído grupito.

-¿De qué te ríes imbécil?- Inquirió uno de los que parecía el segundo al mando y que por cierto estaba bastante gordo. ¿Acaso todas las bandas debían tener un gordito? Tendría que averiguarlo, parecía ser requisito para entrar en la categoría de “patético intento de matón”. Vamos Skye, luego de todo éste tiempo cualquiera diría que 5 tipos no eran nada para perder el tiempo y más estando en un callejón donde el espacio reducido le daba una cierta ventaja respecto a sus corpulentos contrincantes. Vale, que era pura grasa, eso no cuenta como corpulencia, al menos no de la amenazante.-De ti, ¿de qué más? –Replica ignorando el pequeño hilillo de sangre que le bajaba del labio partido, marca de los escasos golpes que habían logrado alcanzarlo. Pero ¿Qué era una batalla sin trofeos? Algo muy aburrido. Uno, dos, tres más al piso a gemir como niñas de dolor, sólo faltaban tres y ya esos tenían sus buenos golpes encima. Claro, él no estaba como nuevo, pero porque simplemente le resultaba divertido llegar siempre al límite.

Lamentablemente, sus queridos enemigos no parecían ser del mismo tipo de pensamiento, porque mientras lidiaba con los dos que le faltaban para llegar al líder, sintió como si le partieran la cabeza contra algo muy duro, seguido del sonido de cristales rotos. En realidad habían roto algo muy duro contra su cráneo, pero por más resistente que fuera eso lastimaba a cualquiera. Un agudo dolor bajó desde la nuca hasta su espina, dejándolo viendo pequeñas estrellas varios segundos- Basura..-Susurró girándose hacia él e intentando enfocar la mirada sobre el que sostenía el dichoso objeto contundente: una botella, por supuesto, clásico. Y por si fuera poco por la espalda, como los cobardes que eran. Estos tipos eran un solo cliché. Si no fuera por el niño, se hubiera buscado oponentes decentes, no esas pestes. Pero qué más podía esperar de alguien que atacaba a un niño indefenso, era de hecho algo bastante predecible mas él, encerrado en su pequeño momento de descargue, se había cegado a todo lo demás. Todo porque.. En su confuso estado mental, se vio lanzado al piso por un nuevo ataque desde la espalda y una serie de patadas le llovió desde el cielo ahora más lejano, devolviéndolo a la realidad mientras intentaba cubrirse. A ver cómo se libraba de ésta ahora.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Miér Jul 02, 2014 2:59 am

Se había terminado la jornada de ese día, el trabajo había estado algo ajetreado: un chico llegó con fiebre a la enfermería y tuvimos que llamar al hospital, otros dos tuvieron una pelea y terminaron lastimados, y el último se tropezó en deportes golpeándose el brazo y la pierna. No es que me quejara, me gustaba hacer mi trabajo, solo que había terminado un poco agotado, no solía haber tanto movimiento por la enfermería del instituto; y pese a que deseaba descansar, tendría tiempo para eso luego, en ese instante me apetecía más un trago que una cama.
Había un viejo bar en una zona algo turbia, repleta de pandilleros descarriados, prostitutas y drogadictos, lindo lugar para ir cuando tienes 16, ¿no?. Solía andar por esos lugares a esa edad, pero el dueño de ese bar que frecuentábamos era un buen tipo en verdad, tanto que no encajaba bien con ese barrio; no nos dio ni una sola gota de alcohol hasta que cumplimos los 18 años, así que solo íbamos a perder el tiempo y tomar cosas suaves. En la actualidad a veces pasaba para charlar con el sujeto este, nos habíamos hecho amigos con el tiempo, y ahora no tenía excusas para no darme alcohol.
Sin embargo, no me esperaba que, al doblar una esquina, un niño de no más de diez años me chocase mientras corría, aferrándose a mi saco largo con fuerza. Me quedé sorprendido por eso, parecía asustado en verdad.

Palmeé su cabeza con suavidad para intentar tranquilizarlo un poco, poniéndome en cuclillas para estar a su altura. -¿Qué te pasó?, ¿te perdiste?- le pregunté con mi voz normal, aunque creo que la gravedad de la misma espantó un poco al chiquillo, pero no tanto como para no explicarme lo que ocurría.

Al parecer unos tipos habían intentado meterse con él y otro sujeto lo había ayudado, pero ahora estaba en problemas. Era un problema, si eran tantos como ese niño decía, mi trago debería de esperar, no podía dejar que matasen a un tipo que ayudó a un niño a costa de su integridad física. Mandé a ese niño a su casa y me dirigí a donde me había indicado previamente; la escena que observé al llegar no era buena, el muchacho estaba siendo pateado brutalmente, sería un milagro que no le hubieran quebrado nada.
Afortunadamente ese día me había vestido lo suficientemente ligero: una remera blanca, chaqueta negra, pantalón de jean negro y zapatos del mismo color. Podría moverme con soltura.

Corrí hasta esos tipos, pateándole a uno la articulación de la rodilla de la pierna que usaba de apoyo, haciéndolo ceder para, cuando lo tuve a una altura idónea, patearle la cabeza haciéndolo volar hasta estrellarlo contra una pared. -Siguiente por favor- exclamé con una sonrisa desafiante para los otros tres que quedaban en pie. Y así como vinieron hacia mí, fueron cayendo, al primero bastó con darle un puñetazo en la boca del estómago y cuando caía darle con la rodilla en el mentón; el siguiente con un golpe seco con el puño en su cara quedó dormido, y el último una patada bien dada en las pelotas fue suficiente para noquearlo. -Tch… los pandilleros de hoy día son tan débiles- mascullé mientras limpiaba la rodilla de mi pantalón, había quedado algo mugrosa. Me acerqué hasta el que estaba siendo apaleado, lo tomé de un brazo y lo levanté suavemente, pasando su mano por detrás de mí cuello y sujetándolo de la cintura, llevándolo fuera del callejón, sentándolo despacio contra la pared y poniéndome en cuclillas frente a él. -Oye, hazme el favor de no morirte, no peleé contra esos tipos para que te mueras, ¿ok?- le dije serio mientras lo observaba superficialmente, tenía el rostro bastante golpeado y su cabello tenía sangre en la nuca. Sin pedir su opinión levanté su camiseta y comencé a tocar su tórax para comprobar si tenía alguna costilla rota, encontrándome con grandes moretones, seguro hechos por la paliza; noté que tenía un par de tatuajes, pero no les presté entera atención, lo más importante eran sus golpes. -¿Te duele en especial algún lugar que no sea la cabeza?- pregunté serio, haciendo presión suave en un lugar que se veía especialmente violeta cerca de uno de sus pezones. -¿Si hago esto duele?, si es así debo llevarte al hospital, podrías tener fracturada una costilla- le dije volviéndolo a ver a la cara, el sujeto no estaba mal, debajo de tanto golpe podía distinguirse una linda cara, pero me preocupaba más su estado de salud.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Miér Jul 02, 2014 8:37 am

Bien. Día normal, preciosa tarde de verano que prometía toda clase de diversiones e interesantes situaciones para verse envuelto. ¿Y dónde estaba él? En el piso de un mugriento callejón, siendo golpeado por cuatro matones cuya mejor perspectiva de honor era acercarse al de una cucaracha.  Y todo porque había tenido esa estúpida discusión con Drystan, una de las tantas que solían mantener pero que ésa vez se les había ido un poco de las manos y había terminado por meterse en aquel barrio de mala muerte, a buscar una bolsa de boxeo de gran boca para expulsar sus frustraciones. Claro que no contaba con que debería ayudar a alguien o que lo atacarían por la espalda, que no era la primera vez que se veía envuelto en un enfrentamiento con muchas personas ni la última, pero ninguno había terminado tan mal. O los franceses tenían un muy bajo concepto de pelea (que él no era el mejor pero nunca atacaba tan traicioneramente) o había tenido muy mala suerte. Teniendo en cuenta la semana que acababa de pasar, probablemente se trataba de la última opción.

Cerrándose un poco más sobre sí mismo, logró evitar con bastante éxito que le destrozaran la cara a patadas y, si no fuera porque con los cuatro encima no tenía demasiadas posibilidades de levantarse, quitando por supuesto el hecho de que dudaba que su cuerpo respondiera luego de tanto ataque, hubiera continuado con la pelea. No era de los que se rendían, ni siquiera cuando se encontraba ya en las últimas y la botella en la nuca realmente le había sacado de quicio. Por favor, una cosa era ser lo suficientemente orgulloso como para negar tu derrota y otra muy distinta el llegar a eso. Y sin embargo lo que más le preocupaba en ése momento era que estaban arruinando una de sus remeras favoritas, o qué haría para llegar a casa sin que sus hermanos lo notaran. Lo último que deseaba era otra regañina o preocuparlos, pero aquello resultaba hasta gracioso. Al menos el niño estaba a salvo, recordaba haberlo visto alejarse unos cuantos segundos antes de que lo tiraran al piso. ¿O había sido después? Ésa parte era algo confusa.

Sorprendentemente, la lluvia de golpes comenzó a disminuir con la llegada de una grave voz y los sonidos de nuevos ataques que, oh milagro, ya no iban destinados a mí. A pesar de que no escuchó los primeros comentarios por la persistente puntada en su cabeza y un preocupante pitido en los oídos, tras unos momentos se hizo el silencio. –Nadie muere por esto –Replicó con una mezcla de acidez y una sonrisa más torcida de lo normal, cortesía de un par de cortes en los labios y la mejilla. Bravo Skye, ahora tendrás que ver cómo te las ingenias para entrar a casa sin que aquellos dos lo noten.. Bueno, en realidad, primero debería preocuparse de cómo llegaría hasta casa, pero era algo que no se admitiría ni siquiera a él. Si no estuviera ocupado aguantando el dolor que lo recorría con cada movimiento, bien que se enfrentaría a ése tipo por meterse. Él nunca necesitaba ayuda para las peleas, era demasiado su orgullo, aunque de tan perdido que estaba ni siquiera notó que habían salido del estrecho espacio sino hasta que se vio sentado en la vereda, agradeciendo el sostén que la tibia pared de concreto le ofrecía. Recién  entonces puso observar a su.. No, no iba a llamarlo de esa forma, él no andaba necesitando que lo salvaran, no era alguna clase de princesa, era un simple transeúnte que había aparecido casualmente por ahí, nada más. Y que convenientemente te ha ayudado susurró una voz en su cabeza que se parecía peligrosamente a la de su mellizo.

Parpadeando un par de veces para aclararse la vista y alejar de paso esa  molesta vocecilla, contempló a que hombre le devolvía la mirada con una cierta preocupación. Realmente debía verse mal si era merecedor de tales expresiones de un desconocido, pero todo aquello le causaba cada vez más gracia. Probablemente producto de una concusión, lo que también hizo que tardara en caer en la cuenta que tenía la remera completamente levantada y le estaban tocando como si nada esos dolorosos moretones.- Estoy bien. .-Musitó, mordiéndose el labio para distraerse de aquel daño mediante la aplicación de otro. Extrañamente funcionaba para evitar que emitiera sonidos en voz alta aunque claro, no quitaba la angustiante sensación. –No tengo una costilla fracturada, estoy bien, en serio –Intento quitarle importancia, esperando convencer al otro y que se alejara. Nunca se le había dado bien el recibir ayuda de otros, le costaba incluso con sus propios hermanos y era lo suficientemente mayor como para cuidarse solo.- Esto, gracias, ahora si me disculpa, me retiro –“Y no vuelvas a hacerlo” Añadió para sí mismo, apartando las manos del pelirrojo de su cuerpo y bajándose lentamente la remera. Silencio, mantén la expresión calma, iba repitiéndose como un mantra mientras colocaba las manos contra la pared y, girándose lentamente intentaba comenzar a incorporarse.

Casi lograba despegarse del piso y hubiera podido cantar victoria, a pesar de que sentía que intentaba hacer funcionar un juguete destrozado con cada movimiento, si no fuera porque a medio camino un fuerte mareo vino a recordarle que los golpes en la cabeza afectan más de lo que parece en un principio. Sus ojos se nublaron ante una luz blanca, atinando a sujetarse de lo que tenía más cerca y descansar allí la frente hasta que el temblor fue pasando. Lamentablemente, lo que tenía más cerca resultó ser ése desconocido y cuando levantó el rostro, encontrándose con ésa penetrante mirada, se apartó como si el contacto lo quemara, buscando apoyo nuevamente en el muro.- Disculpa, tropecé.. -Refunfuñó con la vista clavada en el suelo y bastante molesto, lo único que le faltaba, caerse sobre ése hombre. Y lo peor era que no era en absoluto desagradable a la vista, por fin algo que verle a los golpes, si llegaba a ruborizarse, con suerte no se distinguiría. Pero no era una maldita quinceañera para andar sonrojándose con cuidados que no necesitaba y antes de que su cabeza lo traicionara de nuevo, estaría bastante lejos de ahí. Era sólo cuestión de volver a intentarlo con mayor lentitud.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Lun Jul 14, 2014 2:28 am

O era muy tímido o era muy idiota, de todas maneras, el querer marcharse alegando que estaba bien, siendo que a simple vista era todo lo contrario, me parecía absurdo. Sin embargo lo dejé ser, apartando mis manos y viendo sus intentos de ponerse de pie con una expresión que claramente intentaba decir “ya, déjalo, no podrás”, no por desalentar al muchacho, sino porque realmente no podría, su estado se lo impediría.

Le observé fijamente desde que comenzó a pararse hasta que, inevitablemente, terminó cayendo a mis brazos débilmente tras perder sus fuerzas. -Lo sabía…- pensé soltando un pequeño suspiro mientras lo sostenía con firmeza. Al levantar su rostro hacia mí parecía tener la mirada un poco perdida, pero aun así fue inevitable el apreciar que poseía unos muy hermosos ojos de un dorado algo opaco, eran muy llamativos sin duda. No obstante se alejó de mí nerviosamente pidiendo disculpas, alegando que el caer sobre mí fue un simple descuido. -Mmm…- musité con los labios en respuesta, observando sus lentas reacciones y un nuevo intento por levantarse por sí mismo. -Ok, ya es suficiente…- dije tras un suspiro, poniéndome de pie para colocarme a su lado, pasar mis manos por debajo de sus rodillas y espalda, terminando por levantarlo y sostenerlo al estilo “princesa”. -… no estás bien, siquiera te puedes parar y por donde se te vea estás golpeado…- exclamé serio mientras emprendía la caminata a un paso normal, era bueno tener bastante fuerza en casos como este. -… vamos a ir a una farmacia y compraré lo necesario para tratar tus heridas…- luego de dar ese lamentable espectáculo de autosuficiencia, no podía dejarlo ir hasta saber que no moriría al dar tres pasos. -… y si te resistes también conseguiré un collar, correa y bozal para perros…- eso último lo dije con una sonrisa desafiante dirigida hacia él.

No es que lo conociera de alguna parte, no sabía su nombre siquiera, pero dejarlo allí solo o a su suerte luego de haberlo rescatado de esos sujetos no me parecía correcto. Al menos debía asegurarme de que estuviese descansado como para regresar solo a su casa, y justamente eso haría, le agradase la idea o no. No estudié medicina para ignorar algo así.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Lun Ago 04, 2014 9:35 pm

Bravo, aplausos para ti, se maldijo mentalmente de su fallido intento de alejarse en paz y por sus propios medios, como si no fuera suficiente vergüenza el haber necesitado ayuda. Orgulloso hasta la médula y en exceso, sí, lo tenía bien claro, así como la inevitabilidad de su propio carácter, tan propenso a rebelarse contra él mismo como con los demás. Y caer para colmo en frente de ése tipo, que además de su particular insistencia en ayudarlo (incomprensible para el menor) comenzaba a resultarle peligrosamente atractivo. Producto de la contusión, es producto de la contusión . Sí, eso debía ser. Estaba tan golpeado que perdió la noción de la realidad y estaba ruborizándose con un completo desconocido, gracias al cielo por los moretones que lo disimulaban. Imposible que en su estado estuviera mirando esas cosas, así que de acuerdo, lo aceptaba, estaba peor de lo que había creído en un principio.

Sin embargo, tenía la vaga esperanza de que el pelirrojo se convenciera de que estaría bien luego de un pequeño descanso y, cuando se creía libre de manejarse a su antojo, el mundo se inclinó. Sus pies abandonaron el seguro contacto del suelo, cerrando los ojos ante el repentino movimiento que lo había mareado casi tanto como el anterior. Casi, porque el contacto había sido bastante cuidadoso.- ¿¡Qu-Qué haces!? –Exclamó al descubrirse entre los brazos ajenos, aferrándose instintivamente a la remera del mayor. Decir que estaba sonrojado antes no era nada comparado a ése momento, si bien la emoción predominante era una apenada irritación.- ¡Bájame en éste instante! Estoy bien, he estado peor, no es nada –Intentó revolverse a pesar del punzante dolor de los golpes, llevándose una mano a la nuca cuando el botellazo vino a recordarle su presencia con un blanco destello que borró unos momentos el paisaje frente a sus ojos. Drain probablemente daría un ojo de su preciada y bonita cara, esa que cuidaba más que a su propia vida, solo para ver a su hermano mayor en ése estado, cargado como una dulce princesita que ha sido salvada de su tortuosa prisión por el caballero de brillante armadura. Y un cuerno.  El caballero salvador era él, por ende, no podría jamás ocupar el lugar de princesa… Grandes palabras para alguien que efectivamente estaba siendo cargado como una sin siquiera ser capaz de oponer una resistencia decente. ¿Y si se tiraba al suelo? Era una opción viable, dignidad ya no le quedaba con su último intento de irse por su cuenta así que no tenía nada que perder.- Trátame como un perro y te morderé como uno –Masculla molesto, desviando la vista de ésa sonrisa pero quedándose finalmente quieto, más porque sus músculos se quejaban demasiado que porque temiera a la amenaza en sí.

Respirando hondamente, comienza un intento de relajación bastante infructuoso dada su propia vergüenza, de modo que termina por regresar la vista al rostro del pelirrojo, aprovechando la oportunidad para observarlo con más detalle.- ¿Por qué me ayudas? –La duda es demasiado fuerte, otra persona se hubiera conformado con llamar una ambulancia o dejarlo estar.- No estoy tan mal, ¿sabes? Puedo intentar caminar –Susurra con un mohín más digno de un niño pequeño molesto que de un chico de su edad, tirando sin notarlo de la remera que aún sujeta entre sus dedos al sentir las risitas de un grupo de chicas que pasaron junto a ellos. Aceptar cuidados definitivamente se le daba muy mal.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Miér Ago 13, 2014 6:53 am

Por su carácter, que ya había demostrado ser testarudo por su intento de marcharse pese a estar así de maltratado, era evidente que se opondría rotundamente a ser cargado de esa manera seguramente penosa para él, porque claro, su orgullo se notaba a distancia. Pero no podía importarme menos ese hecho, iba en contra de mi oficio el dejarlo allí a su suerte, me haría cargo de esto, no importaba si debía llevarlo arrastrando tomado de un pie. Además que era la excusa para verle mejor a la cara, tratar de ver un poco sus facciones bajo los golpes, aunque ese sonrojo que tenía no me hacía fácil las cosas, no obstante me resultó un poco tierno que se avergonzara así, aferrándose a mi ropa con fuerza.

-Claro, lo que tú digas- pensé al escuchar su orden y justificación, mirando hacia adelante sin prestarle atención a sus débiles forcejeos que duraron menos que un suspiro, era muy útil su dolor en ese momento, le obligaba a quedarse quieto y a mí me ahorraba las molestias. -… Jeh~… me gustaría verte intentarlo… sin embargo, más que un perro, pareces un conejo herido…- exclamé con evidente burla, manteniendo la sonrisa que para ese comentario le había dado. -… aunque debo admitir que eres obediente como uno- agregué al verle quedarse inmóvil.

No sé el por qué, pero me resultaba un poco entretenido el burlarme de él, claro seguía atento por si se desmayaba debido al dolor, o si tenía alguna queja sobre sus golpes. No obstante, el molestar a alguien que aparentaba ser tan orgulloso, sin duda alguna, era divertido.
Por un momento dejé de prestarle atención ya que él tampoco me miraba, comenzando a pensar en lo que necesitaría comprar para tratarlo: agua oxigenada, gasas, algún calmante fuerte, banditas para cortes menores, pomada cicatrizante, entre otras cosas. Lo necesario para dar primero auxilios básicos, pero lo cierto era que estaba preocupado por la herida en su cabeza. “Ningún golpe en la cabeza, por más leve que sea, es algo que se deba dejar pasar”, eso era lo que me había dicho una vez aquel hombre hace tantos años, ese que había logrado cambiar mi vida poniéndome en el camino correcto. Sus consejos eran palabras que trataba siempre de tener en mente, los cuales me fueron muy útiles a lo largo de mi vida… aunque eran un arma de doble filo, ya que, aunque me ayudaban, también mantenían vivo el recuerdo de un hombre que no me vio más que como un niño al que debía ayudar… un hombre que no supo ver a través de mi fachada seria… que no supo ver en mis sentimientos…

Sin darme cuenta me había arrojado de cabeza a un recuerdo preciado y doloroso a la vez, caminando por inercia, había dejado de prestar atención a mí alrededor por más que mi mirada pareciera fija. Fue entonces que las palabras del chico en mis brazos me trajeron a la realidad otra vez, casi instantáneamente al oír su voz; le regresé la mirada un momento y la volví al frente al segundo siguiente. -¿”Por qué” dices?... mmm… supongo que porque fuiste incapaz de levantarte, te caíste sobre mí, estás más golpeado que un saco de boxeo y, porque mi profesión me impide dejarte solo en este estado- respondí a sus dudas en forma de sermón imponente y sin mirarlo, pero con ojos serios y algo fastidiados, ya que me pareció molesto que aun insistiera en poder valerse por sí mismo en sus condiciones, era absurdo, incluso para alguien con su carácter.

En el instante en que terminé de responderle sentí que el agarre en mi ropa se había hecho un poco más fuerte, lo que me llevó a mirarlo, sorprendiéndome un poco al ver una expresión muy adorable en su cara. Parecía un niñito molesto y avergonzado, seguramente por las chicas que pasaron junto a nosotros, las cuales nos dedicaron miradas intrigadas, risas divertidas y susurros chismosos… En verdad… en verdad lucía tan… tan pequeño… y tan adorable…
¡No!, ¡paren todo!, esto debía ser controlado inmediatamente, no podía permitirme el dejar salir ese lado de mí, acababa de conocer a ese chico, no era nadie como para mostrarle una faceta distinta a la que usaba siempre, menos la que… la que era apasionada de las cosas pequeñas y lindas… eso jamás, era algo que solo mostraba con mi hermanita, nadie más podía verlo… siquiera un chico que parecía un conejito asustado…

Con gran esfuerzo contuve ese impulso de restregar mi rostro contra el suyo, deteniendo mi paso solo por un momento para verle directamente, sonriendo con malicia y acercándome solo un poco a él. -Si te avergüenzas de esa forma cualquiera va a pensar que eres mi novia… ¿o es que estás tratando de seducirme?...- murmuré con la voz espesa, dedicándole ojos de depredador. -… si es eso debo decir que vas por buen camino… aunque me gustan más los que se resisten un poco…- finalicé con una risa nasal, volviendo la vista al frente.

Retomé mis pasos tras eso, buscaba seguir molestándolo un poco, siendo mi principal objetivo el ocultar mi otra cara. Más adelante podía verse la farmacia, era cuestión de unos pasos para llegar.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Mar Sep 02, 2014 4:08 am

Lo único que le faltaba, además de estar siendo cargado tan.. femeninamente, el encantador añadido de  un grupo de colegialas que se habían detenido específicamente a mirar y señalarlos abiertamente. Vaya espectáculo, tan grandecito y cargado con tanta delicadeza, sí, sí, muy bonito, ¿podía desaparecer ya? Y para colmo ése pelirrojo llamándolo “conejo”, uno de los animales más tiernos e indefensos de la tierra. Él, Skye Davkovic llamado “conejo herido”, sus hermanos pagarían por oír eso. Definitivamente, prefería caer al suelo, quizás si perdía la conciencia, dejaría de sentirse tan avergonzado. Si no doliera tanto.. Pero el hecho es que dolía más de lo que le gustaría admitir y pensar en situaciones alternativas no iba a curar sus heridas ni liberarlo de su captor/salvador, opciones intercambiables dependiendo del punto de vista.

-¿Tu profesión?–Inquiere algo perdido, luchando contra el impulso de ocultarse en el pecho ajeno para evitar la fija mirada de las niñitas persistentes. ¿Qué los críos no deberían estar en clase? refunfuña en su mente, pensamiento hipócrita si consideraba su escasa asistencia al instituto en los años anteriores. O, si nos movíamos a una época más actual, que estuviera vagando por las calles en lugar de estar en la universidad o trabajando, como cualquier otra persona normal. Lo cierto era que “normal” no solía encajar en su perfil, demasiado problemático, perezoso en ocasiones, con un orgullo descomunal y poco afecto a seguir órdenes. En resumen, no cumplía con ninguno de los requerimientos básicos para entrar a trabajar de algo que no fuera guardaespaldas de sus hermanos (en el poco probable caso de que deseara hacerlo) y su amor por el estudio no había dado muestras de crecer con el paso de los años. Afortunadamente, sus madres tenían la capacidad económica suficiente para mantenerlos con comodidad y él podría trabajar de algo parecido a sus funciones actuales en el caso de que no pudieran hacerlo.

Pero basta por el momento, comenzaba a sonar como Drystan, siempre preocupado por el futuro y el qué dirán. Él era más una persona del momento, aunque verse avergonzado públicamente con ésa clase de ayuda no estaba entre sus momentos favoritos.

Quiso reprochar algo más, manteniendo aún sin ser consciente la expresión de niño molesto, pero justo en el momento en que se giraba (despacio, con cuidado, te recuerdo que te rompieron la cabeza, Skye) se encontró con el rostro del mayor situado a escasos centímetros del suyo. Demasiado cerca , pensó con una tenue sensación de pánico, sin tener en cuenta que cualquier cosa era “demasiado cerca” cuando estaba colgando de los brazos de alguien, pues estaba demasiado ocupado intentando con todas sus fuerzas no sonrojarse. No, no y no, no importaba qué tan bien luciera el pelirrojo o lo bonitos que resultaran sus ojos vistos a menor distancia… ¡Auxilio! Jamás en toda su vida deseó tener el rostro violeta por las magulladuras tanto como ahora.

-¡¿Có-cómo que tratando de seducirte?!-Reclama inclinándose peligrosamente hacia atrás, lo más lejos posible del ajeno.- No estoy intentando nada y no soy la novia de nadie, te recuerdo que tú fuiste el que me alzó en primer lugar, podría caminar, tomar un taxi, cualquier otra cosa -¿Por qué demonios su corazón dio un saltito? Qué estupidez, su delirio estaba llegando a niveles peligrosos, la velocidad de la última frase así como su mirada clavada a un costado lo delataban demasiado. ¡Él no era la chica de nadie!- Esto es tu culpa ¿por qué tienes que llevarme así..? –Su voz se quiebra un momento, angustiosamente avergonzado y terminando por ocultarse en el hombro del mayor, acción que había jurado y perjurado no hacer.

Ya está, se quedaría allí, hundido en la tela oscura de la remera, hasta que todo pasara o, en el mejor de los casos, muriera allí mismo de pena. Ésa voz tan similar a la de su mellizo vuelve a resonar en su cabeza, señalando que todo sería más fácil si aceptara ser ayudado, que de todos modos no podía hacer nada por su cuenta en ésos momentos. ¡Yo no necesito ayuda de nadie! responde enroscando con más fuerza los dedos ya sujetos a la prenda ajena mientras las risitas iban apagándose en la distancia hasta desaparecer completamente.

Para su sorpresa, arribaron a su destino antes de lo esperado, cambiando los sonidos de la calle por el común ajetreo de una farmacia:  gente pidiendo medicamentos, cajas cambiando de manos y el particular ruido de los envoltorios metálicos al golpear unos contra otros, así como el de las bolsas, tanto plásticas como de papel. Si bien no había más de dos o tres personas en el lugar, se mantuvo muy quieto en su escondite, esperando a oír que la mayoría saliera antes de asomarse. Sus planes de huida regresaron al pensar que forzosamente el otro debería soltarlo para hacer lo que fuera que quisiera hacer allí dentro, comprar remedios, volver a decirle que parecía su novia ( ¡No estoy sonrojado!) o lo que fuera, en ése momento tendría su oportunidad. Pero, no tenía en mente los planes del mayor.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Miér Sep 03, 2014 2:51 am

No me esperé que sintiera intriga por mi trabajo, pero no me provocaba ningún problema el responderle. -Soy enfermero- contesté sin hacer demasiado énfasis en el asunto ni extendiendo más la conversación.

Aunque lo realmente interesante vino momentos después, ya que su reacción ante el acercamiento fue bastante entretenida, poniéndose rojo de tal forma que sus moretones se hicieron algo más oscuros debido al flujo de sangre más fuerte en esa zona. Sin contar que comenzó a reclamarme por mis palabras, echándose hacia atrás al punto de casi caérseme de las manos, era una fortuna que fuera poseedor de buena fuerza en los brazos. Me sonreí divertido mientras lo escuchaba, se veía tan apenado por mis palabras, tan adorable que en vez de calmarme, mis ganas de restregar mi rostro contra él se incrementaron un poco más, pero esta vez pude controlarlas gracias a que me parecía divertido verlo refunfuñar así.

-Tu eres incapaz de mantenerte parado dos segundos sin caerte, así que no me vengas con que puedes tu solo, porque no te creo…- le recriminé serio nuevamente en forma de sermón, sonriendo seguidamente. -… y así te ves lindo y pequeño, te sienta bien, no importa por donde te mire- exclamé en tono burlón, pero con algo de mi seriedad de siempre… aunque lo dije bastante enserio dentro de todo… se veía muy adorable así.

Lo dejé que se escondiera en mi hombro todo lo que quisiera, no me molestaba para nada, es más, lo hacía ver más tierno, aprovechando que no me veía para mostrar una sonrisa tranquila hacia él. Siquiera sabía su nombre y ya estaba un poco encariñado con ese muchacho testarudo, tal vez justamente porque me recordaba a mí cuando era más joven y peor en testarudez, no dejando que nadie me ayudara a menos que me estuviera medio muriendo en la calle, y siquiera en un caso así daba demasiado el brazo a torcer.
Sabía bien que ayudarlo era lo correcto, ya que cuando yo estaba en su lugar me hubiera venido bien que alguien me forzara a recibir ayuda, no dejándome ser caprichoso con el bienestar de mi propia vida.
Unos momentos después fue que llegamos a la farmacia, había con suerte tres personas antes que nosotros, pero parecía que estaban por irse. Tuve la idea momentánea de bajarlo y dejarlo sentado en el suelo, esperando que su malestar le impidiera irse, porque era evidente que eso intentaría, pero teniendo en cuenta que pasó un rato de descanso en mis brazos, la probabilidad de que estuviera descansado y con más fuerzas para salir huyendo era más alta, por lo que tomé la siguiente decisión:

-Ni dios lo va a bajar de mis brazos- decidido eso, lo acomodé un poco para yo también estar más cómodo, y ya listos me fui a hacer cola, esperando nuestro turno para ser atendidos, el cual no tardó nada en llegar.

La cara del hombre que nos atendió, al ver como estaba cargando al chico, fue una de las cosas más graciosas que vi en mi vida, estaba totalmente anonadado por la escena que formábamos, pero eso no me detuvo para comenzar a pedirle todo lo que necesitábamos: gazas, agua oxigenada, una aguja, cinta, analgésicos y un par de calmantes más fuertes.

Las cosas no tardaron casi nada en estar listas para que pagara, pero había un problema, mis manos estaban ocupadas, y mi billetera en el bolsillo trasero del pantalón. -Oye, hazme el favor de sacar la billetera de mi pantalón, necesito pagar…- le pedí, o mejor dicho le ordené, aunque amablemente o intento de amabilidad. -… ¿y me dirías tu nombre?, es molesto tener que llamarte “oye” y “tu”, mi nombre es Izuna, por cierto- por fin se daba la ocasión para decir nuestros nombres, aunque lo principal era pagarle al hombre que esperaba con las cosas en una bolsa de plástico.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Lun Sep 29, 2014 5:27 pm

Decidido, apenas el pelirrojo lo bajara para comprar lo que fuera que necesitara, saldría de allí a toda velocidad. O bueno, la mayor velocidad que pudiera, aunque implicara arrastrarse camino a… cualquier lugar donde pudiera ocultarse. Regresar a casa no era una opción viable, alguno de sus hermanos podría estar allí o volver antes de lo previsto, encontrándose con un Skye más magullado de lo normal. Drain no le preocupaba, se preocuparía pero su reacción principal sería burlarse, el gran problema siempre era su mellizo. Ni siquiera sus madres lo regañaban tanto a la hora de la verdad, pero con Drystan, no había sonrisa o excusa que valiera. Cierto que era el primero en cubrirlo y respaldar sus vagas explicaciones, no del todo ciertas, sobre sus golpes o faltas al colegio, pero por eso mismo era quien más lo reprendía. Y Drystan daba miedo cuando realmente estaba enfadado. Era realmente difícil lograr irritarlo y sin embargo su querido hermano mayor tenía un don para eso.

No, ni en sueños vuelvo a casa. Quedaba entonces la cuestión de ver a dónde terminaría su huida, quizás en el parque o algún lugar tranquilo en el cual pudiera echarse a dormir. Sí, allí estaría bien. Con renovadas energías, asoma los iris color miel por sobre el hombro del mayor cuando su turno se acerca. Ya casi, ahora, bien, ahora tendrá que bajarme y.. sus planes de nuevo frustrados, pues el esperado contacto con el suelo jamás llegó, sino que en su lugar lo acomodaron mejor, como si realmente importara que se sintiera bien entre los brazos del pelirrojo. Que por cierto parecía poder leerle la mente, actuando de manera impredecible y evitando cada oportunidad que Skye tenía para alejarse.

- Tienes que estar bromeando –Las palabras brotan solas de sus labios, pasando de ser una reflexión mental a un incrédulo susurro. Finalmente había abandonado su escondite, apartándose de la tela oscura que utilizó de refugio para mirar con los ojos muy abiertos al joven que continuaba cargándolo. Podía notar de reojo la expresión del farmacéutico, bastante similar a la suya en lo desconcertado, aunque claro, el desconocido tenía algunos motivos más gracias al cuadro que formaba un joven cargado como princesa por otro.- ¿No vas a bajarme? –Inquiere como toda respuesta a la petición, ignorando el carraspeo proveniente del otro lado del mostrador por la tardanza en el pago. Durante unos segundos se mantiene así, inmóvil, a la espera de una acción que aliviara su pena y el creciente nerviosismo.- Me llamo Skye, te alcanzaré la billetera si me bajas –Se presenta automáticamente, mas por reflejo que por deseo propio, aprovechando la ocasión para unir su deseo.- Te daré la billetera si me bajas, Izuna.

El tiempo continúa su curso mientras el rubio observa desafiante los orbes ajenos, ignorando olímpicamente al hombre que los había atendido hasta que comienza a quejarse, murmurando algo sobre los jóvenes de hoy en día, una pérdida de tiempo y algo que sonó a “lleven sus escenas románticas a otro sitio”, haciendo referencia a la cola que comenzaban a atrasar. Echando un vistazo hacia atrás, observa los rostros prolijamente acomodados en una línea, murmurando entre ellos mientras contemplaban la escena, algunos con irritación y otros con la misma expresión entre burlona y divertida de las chicas de antes.

Un tic en la ceja delata la creciente irritación que toda ésa situación estaba comenzando a generar en el muchacho, amenazando con llevar sus nervios al mismo punto que lo metió en la pelea para empezar.- Aquí tiene, cóbrese –Ordena entregando unos billetes desordenados, provenientes de su propio bolsillo. Arrebatándole la bolsa de las manos, ni siquiera espera que le entreguen el cambio, rechazándolo con un chasquido de la lengua al tiempo que dedica una mirada fulminante a Izuna. Cabe aclarar que sus mejillas ardían, pero no era algo que pensar en ése momento- ¿Podemos irnos ya?
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Mar Sep 30, 2014 4:15 am

Le escuché murmurar algo que casi me hace reír, más por su expresión que por otra cosa, se veía tan impactado por no haberlo dejado tocar suelo, era tan adorable que no pude evitar dejar escapar una sonrisa burlona que se mantuvo en mi rostro un buen rato. -No, no lo haré…- le respondí viéndole directo a los ojos aun con esa sonrisa que pasaba a ser maliciosa. -… un gusto Skye, y mejor dame primero la billetera, luego pensaré si te bajo o no- respondí de forma pícara y veloz, simplemente me estaba mofando un poco del pobre chico, no podía evitarlo si se comportaba de esa manera.

La gente poco a poco comenzaba a acumularse detrás nuestro, el farmaceuta se estaba impacientando, los murmullos empezaba a correr sin más, y allí nosotros, en un duelo de miradas sin fin para ver quién cedía primero en esta guerra: por su parte mostraba ojos molestos, nerviosos e infantiles, sin mencionar ese sonrojo que comenzaba a mostrarse en su rostro pese a los moretones, los cuales se hacían un poco más opacos debido a la circulación más veloz de la sangre, era tan expresivo ese muchacho que me obligaba a intensificar mi propia mirada y sonrisa, una maliciosa, burlona y dominante, clavada en los ojos ajenos con insistencia, intentando decirle con ellos “ya, ríndete, no perderé contra ti”.
No tenía problema alguno en que nos quedáramos allí todo el tiempo que él siguiera en obstinado, poco me importaba la gente formándose detrás, menos me interesaban los comentarios del que esperaba su pago, nada más tenía ojos para persistir con ese chico.

Sin embargo la pelea acabó muy pronto, ya que el chico simplemente pagó con su dinero y tomó las cosas apresuradamente, pidiendo que nos fuéramos de allí. Se me escapó una pequeña risa nasal por esa manera tan linda de demostrar que estaba avergonzado hasta la médula. -Claro, amor, nos iremos enseguida…- comenté con total naturalidad saliendo de la fila tras agradecerle al encargado. -… Lamento mucho las molestias, mi amorcito es algo tímido y testarudo, trataré de entrenarlo mejor…- comenté al aire y en voz alta para todos los presentes, entre los cuales había algunos que había hecho comentarios un tanto ofensivo contra los homosexuales, cosa que ligeramente me molestó. Sin decir más salimos del lugar, deteniéndome a un lado de la puerta para no obstaculizar el paso. -Bueno, veamos, el parque más cercano está a cuatro calles de aquí, cuando lleguemos te bajaré con la condición de que no escapes…- comenté mientras miraba en algunas direcciones para ubicarme correctamente, empezando a caminar nuevamente con rumbo al nuevo destino. -… si lo intentas… me veré obligado a castigarte, ¿entendido, Skye?- le dije viéndolo de reojo pero con un rostro y voz bastante sugerentes, aunque claro que era solo con ánimos de molestar.

Generalmente no era tan burlón con nadie que no fuese mi amigo o tuviera mi confianza, pero no podía evitarlo con este chico, era más inocente de lo que parecía, y aun así se intentaba hacer el rudo y el todo pudiente. Me causaba tanta gracia que no podía aguantar las ganas de fastidiarle un poco. No obstante en mi mente aun seguía mi principal objetivo: hacerle una revisión más a fondo y curarlo en la medida de lo posible. Siguiente parada, el parque.

off:
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Skye Davković el Sáb Dic 27, 2014 8:04 pm

Su incredulidad crecía a cada momento, sumada a la vergüenza que su situación le provocaba. Y ni que decir de sus nervios. En otra situación, eso habría bastado para que otra persona se ganara un buen golpe, pero magullado como estaba (y otras cuestiones que ni siquiera iba a plantearse en ése momento) tales reprimendas resultaban imposibles. Además, en el fondo, muy enterrado bajo capaz de orgullo y negación, sabía que el mayor sólo quería ayudarlo y en cierto modo le agradecía la intención. El problema radicaba en que no soportaba la ayuda de los demás. Y mucho menos si venía acompañada de tal tratamiento delicado, ser llevado en brazos y que, como si todo lo demás no fuera suficiente, lo llamaran tierno. ¡A él! Su orgullo no se recuperaría jamás. Pero ahora sus pensamientos estaban centrados en abandonar lo más pronto posible la farmacia, alejando de sí las miradas de sorna y molestia que las otras personas presentes les brindaban.

La bolsa se arrugaba más a cada momento, debido a la presión que sus dedos ejercían sobre ésta. No había notado hasta el momento el tenue dolor de los nudillos, mas resultaba ciertamente una distracción el provocarse una sensación distinta a las ganas de hundirse para siempre en la tierra, salir corriendo o desaparecer, quizás todo al mismo tiempo. Encima el pelirrojo no parecía tener ningún inconveniente con ser el centro de esa clase de atención, dedicándole una sonrisa que no presagiaba nada bueno. Por eso terminó por rendirse, pagando él mismo de su propio bolsillo las cosas y esperando que eso bastara para librarlo de ésa situación. Pero claro, las cosas no podrían nunca ser tan simples. Sólo durante un segundo una llama de esperanza volvió a encenderse en su pecho, cuando sintió que el cuerpo que lo sostenía firmemente, comenzaba por fin a moverse, mas, como todas las veces en que había esperado que algo saliera como lo deseaba, la esperanza murió al momento en que Izuna volvió a hablar.

En principio quiso creer que sus oídos lo habían traicionado, haciéndole imaginar cosas gracias a su golpeada cabeza. Fue sólo cuestión de segundos para comprender que no, que realmente había escuchado ésas palabras dedicadas a él. “Claro amor nos iremos enseguida” fueron la total condena de Skye, haciendo que toda la sangre que quedaba en su cuerpo se acumulara abruptamente en su rostro mientras él abría y cerraba la boca sin que brotara sonido alguno de ésta, imitando a la perfección a un pez fuera del agua. Quiso preguntar un “qué”, insultar, negar lo anteriormente dicho o reaccionar de alguna manera, pero sólo consiguió proferir un ruido ahogado, más propio de alguien que estuviera quedándose sin aire. Y la realidad es que mucho no le faltaba para eso, ya que con los comentarios ajenos sentía como si hubieran vuelto a golpearlo, ésta vez, en la boca del estómago.

-¿En.. ¡¿Entrenar?! –Consigue por fin que sus cuerdas vocales cooperen, moviéndose de tal manera que casi consigue caerse de los brazos del mayor, aunque ésta vez sin realmente desearlo.- ¡¿Có-como, por qué.. Qué demonios estás haciendo?! –Genial, ahora estaba tartamudeando, el nerviosismo había ganado la batalla y ahora sólo podía observar a Izuna con una expresión que dejaba a las claras su desconcierto y mayor enojo que antes, planteándose seriamente el hacerle perder el equilibrio y enseñarle unas cuantas cosas, sin importar si se desmayaba en el intento. Al menos, habría vengado su malherido orgullo. Sin embargo, había una pregunta central que no dejaba de rondar en la periferia de su mente. ¿Por qué le afectaba tanto todo aquello?. Cierto que llevaba toda su vida creando una imagen de joven fuerte, independiente, orgulloso y no menos explosivo, que no necesitaba ayuda de nadie sino que era quien enfrentaba sus problemas, a veces incluso los de los demás. Podría ser en parte el golpe dirigido a aquello que venía negando necesitar desde que tenía memoria. Pero en cierto modo iba algo más allá y el muchacho no alcanzaba a comprender la razón, aunque por supuesto, no dudó en atribuirlo a su estado, desechando otras hipótesis antes incluso de que pudieran tomar forma completa.

Y pensar que creí que era lindo se reprocha, achicándose lo más  posible ante la mención del castigo. Sus pensamientos habían divagado un momento con la sugerencia implícita en aquellas palabras, suficientes para dejarlo de nuevo sumido en el silencio e intentando controlar su ahora desbocada imaginación. Era oficial, el golpe había terminado de arruinarle la cabeza, pasando de odiar al pelirrojo, a imaginarse una situación bastante distinta, todo en menos de cinco minutos. Vale, no, seguía irritado con él y bastante, no era momento de dejarse llevar por las hormonas y menos con él. Ya más de una vez había tenido problemas por su orientación sexual, siendo uno de los motivos por los cuales terminaba enrollado en más peleas de lo normal y la razón de que mantuviera oculta su preferencia. No se tomaría en serio esas palabras luego de la obvia representación de la farmacia, no estaba en condiciones de mantener otro enfrentamiento físico y dudaba que su mal genio no brotara si escuchaba algo relacionado a la homofobia.

-Haz lo que quieras..-Refunfuña girando el rostro hacia el lado contrario para disimular su expresión, suficiente había tenido ya por un día de comentarios sobre su supuesta ternura y demás. Él no era tierno y jamás lo sería. Mejor dejar que Izuna hiciera lo que quisiera hacer y librarse de una vez de ésa situación. Además, el cansancio comenzaba hacer mella en su resistencia, haciendo que sus ojos se entrecerraran ligeramente mientras se dirigían al parque, sintiendo muy a su pesar comodidad en esos brazos ajenos, o mejor dicho, en la calidez de la persona que lo llevaba como si de una pluma se tratara. Seguía repitiéndose que no debía bajar la guardia, pero mientras se dirigían a su destino, no pudo evitar pensar que quizás, dejarse llevar un poco no estuviera tan mal..
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Izuna Sakuragami el Jue Ene 01, 2015 7:52 am

Tuve que hacer un gran esfuerzo para no reírme por la cara que puso al escuchar mis comentarios dentro de la farmacia. Esperaba algo cómico, pero no tanto como esa expresión toda roja de incomprensión total, seguida de un intento fallido de hablar que lo hacía parecer un pez. Skye de verdad que ponía a prueba mi resistencia a esta clase de cosas, sin mencionar sus respuestas tardías y el tartamudeo tan evidente, agitándose al punto de que casi se me cae de los brazos. No importaba cuántas veces intentase pensar en otra cosa, la única palabra que se me venía a la mente al verlo era: lindo.
Ignoré en cierta medida esos claros deseos de matarme que provenían del muchacho, agradeciendo que se tranquilizara por si solo sin tener que regañarlo ni nada, hasta podría arriesgarme a decir que estaba mucho más calmado que en un principio, casi pareciendo resignado a lo que sea que hiciese. Tampoco tuve problemas en explicarle lo siguiente que haríamos al llegar al parque, aunque la tentación de decirle aquella pequeña amenaza fue más fuerte de lo que esperaba, saliendo de mí sin control alguno.

Aunque esperaba una reacción distinta, el que accediera a mis palabras no era malo, haciendo que de mí escapase una risa nasal muy tranquila. -Eso mismo haré- respondí con serenidad, empezando a caminar luego a paso relajado, viendo como poco a poco el chico pasaba de tener una mirada molesta, a una muy agotada, casi como si estuviese a punto de caer dormido; suspiré con una pequeña sonrisa, viéndole por un corto momento, levantando otra vez mis ojos hacia el camino. -Si quieres dormir hazlo, caminaré despacio para que puedas descansar y te despertaré cuando lleguemos- con un movimiento rápido lo acomodé mejor en mis brazos, de forma que su rostro quedase pegado a mi hombro para que se pudiera relajar.

Tal vez fuese por mi oficio que sentía el deber de ayudarlo y cuidarlo, pero la verdad era que nunca había tratado de esa manera a ningún otro paciente. Por alguna razón era un poco más cariñoso con él de lo que solía ser con el resto de las personas, puede que incluso me sintiera un tanto identificado al verle así de vulnerable, incluso con esa postura de no necesitar ayuda de nadie más. Cuando era un adolescente también causaba muchos problemas, pero aquella persona nunca me dejó solo e hizo todo por ayudarme… sentía que hacer esto era lo correcto.
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Re: Walking disaster [Priv. Izuna Sakuragami]

Mensaje por Tema Cerrado el Mar Feb 17, 2015 12:54 am

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