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No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

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No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Nina Rutledge el Miér Jun 25, 2014 2:24 am

Iba saliendo de los vestuarios cuando vio a todos los chicos de su clase salir corriendo hacia la piscina. Sabía que a muchos les entusiasmaba jugar en el agua aún cuando, técnicamente, ya no eran niños. Las chicas salieron detrás suyo soltando risitas nerviosas por la desvergonzada coquetería de algunos, lo que consternó a la pelinegra. ¿Acaso la clase de natación era una cita colectiva? Se fijó mejor en sus compañeras y apreció una ligerísima capa de maquillaje (probablemente a prueba de agua), lo que la llevó a preguntarse por qué se les hacía algo tan interesante atraer a los hombres. Desde la perspectiva de la joven, ellos eran criaturas obscenas, huecas y lascivas, todo lo que comenzó a despreciar desde temprana edad. De hecho, duró unos momentos para siquiera acercarse a los demás, avergonzada de tener que usar el traje de baño que su madre le había obsequiado por su cumpleaños. Era (afortunadamente) de una sola pieza, pero tan ajustado que no había parte de su cuerpo que no fuera expuesta a la vista de todos.

Calma. —Se exigió a sí misma en voz baja, con la garganta tensa del esfuerzo de no temblar y caminar hacia la piscina. Hizo todo lo que estaba en su poder para no mirar a nadie a los ojos, pero tuvo que hacer una excepción con el profesor suplente, que era demasiado joven para tomarle en serio, pues éste brindaba las instrucciones de los ejercicios de la clase con una voz tímida e insegura. Nina frunció el ceño con poca paciencia, pues detestaba que una figura de autoridad fuera tan torpe e incompetente. Entre más hablaba el pobre, más sentía ganas de tirarlo a la parte más honda de la piscina. Aprovechó el tiempo entre tartamudeos y auto-correcciones del profesor para atar su largo cabello azabache en un moño en lo alto de la cabeza. Hacía bastante calor por la llegada del verano y todos querían nadar... incluso ella.

Primero pasaron las chicas.

Como hacía unos minutos, la mayoría de las jóvenes reían e intercambiaban bromas respecto a los trajes de baño, pero alguna que otra se aventuraba a saludar a los chicos, que estaban cada vez más alegres de mostrar sus "cuadros de verano". Nina no podía despegar los ojos del agua, valorándola. ¿Estaría fresca? ¿Podría descansar en ella unos minutos antes de que los chicos la "llenaran de gérmenes"? ¿Se ahogaría?

Cálmate. —Repitió, esta vez con más autoridad. Detuvo el interrogatorio mental cuando el aviso del profesor las hizo ponerse en posición, y luego... simplemente se lanzó al agua. Su clavado fue veloz y directo, como el corte que le haría una bala al aire, directa a su objetivo. Cerró los ojos una vez dentro y comenzó a nadar tan rápido como podía, pasando de esa tontería de "competencia amistosa". Llegó al otro extremo antes de que las otras siquiera pudieran ir por la mitad, volviendo al punto de partida con el cuerpo escurriendo como una cascada. Para su sorpresa, los muchachos le miraban con una mezcla de fascinación y chismorreo.— Tsk... —Chasqueó la lengua y buscó la escalera de auxilio, que resultaba un poco resbalosa con tanta humedad.
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Re: No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Neille Kassell el Vie Jun 27, 2014 8:37 am

Salir de los vestidores nunca antes había sido tan tortuoso. Le tomó algo de tiempo recuperar la compostura y a su vez, lograr disimular su creciente interés con respecto a los desnudos torsos de los otros chicos. Hubiera vendido su alma por tener solo cinco minutos más, para poder observar con lujo de detalle, las musculosas y largas piernas del capitán del equipo de básquet. Con la mirada fija en el castaño, o mejor dicho, devorándolo mentalmente, soltó un suspiro en señal de resignación al escuchar a su profesor ordenarles salir. Aunque era muy decepcionante ver marcharse a su prometedor objetivo, no podía quejarse, pues la vista auspiciada por los ajustados y provocativos bañadores de sus compañeras a las afueras de la habitación, compensaba por completo su deseo frustrado de obtener algo para degustar.

El escándalo formado por el grupo de adolecentes con las hormonas a mil por hora, llegaba  a alcanzar decibeles de ruido que pronto le proporcionarían un gran llamado de atención al joven docente. Por su parte, Neille disfrutaba de la algarabía junto al resto, siendo participe de las  risas incontrolables, gritos y bromas en doble sentido que ambos géneros se jugaban entre sí.  Coqueteo, flirteo, cortejo… Importaba poco el nombre que le diesen al indecoroso acto de la seducir, ya que al final, todo se reducía a dos personas dentro de una cama. Simple placer. Y aun sí el objetivo de esa tarde involucraba solo la actividad física dentro de un gran cuenco con agua… Muchos chicos solo se ocuparían de retorcer ese concepto de “actividad física”, para utilizarlo a su favor. Por supuesto, él era uno de esos.

Para gran placer de algunos, las féminas fueron escogidas a pasar primero. Estaba de más decir que, ningún joven con buena salud tanto mental como física, se perdería de tan gratificante espectáculo. Siguiendo a los demás hasta las gradas, tomó asiento junto a uno de sus compañeros, (un chico bastante escuálido y asocial) sin decir nada, se dispuso a recostarse sobre su hombro, como si fuese del todo normal para él. Ya muchos estaban acostumbrados a esa extraña afición de Neik por demostrar su afecto hacia otros de manera tan casual e improvisada, por lo que realmente nadie le daba verdadera importancia al asunto. Sin embargo, aquel enclenque parecía no poder salir del asombro, pero, lejos de alejarse o al menos expresar queja alguna por el  inquietante contacto, decidió acceder al capricho del llamativo rubio, y permanecer en silencio. Por supuesto, aquel color carmín sobre sus mejillas que solo demostraba lo muy nervioso que se hallaba, no pasó de ser percibido por los ojos del malicioso felino. Dedicándole una inocente sonrisa al contrarío, se dispuso a observar la competencia. “´Pobre iluso…”.

Uno tras otro grito de euforia se hicieron presentes por toda el área, al tiempo en que los esbeltos cuerpos de las chicas comenzaron a desplazarse en el agua, humedeciéndolas espléndidamente para el deleite de algunos. Sin embargo, el escándalo llegó a tornarse molesto de tal forma que, el ya irritado americano, se deshizo de su mascará de hipocresía barata para fruncir el entrecejo, “Cállense”, una tenue expresión de aburrimiento se apoderó de su rostro. Por un momento pensó en continuar acosando al tímido niñato, por lo menos hasta encontrar algo mejor que hacer o hasta visualizar su próxima presa. Y como si el destino hubiera intervenido en su mal intencionada decisión, los ahora bajos, pero aun, poco discretos comentarios de los otros chicos, lograron captar completamente su interés. Afinando un poco su oído y sin despegarse completamente del hombro ajeno, escuchó con atención la conversación que mantenían, — Woow… ¿Quién podía imaginar que Rutledge poseía tan buenos atributos? —, comentó el chico más alto, con una sonrisa de par en par, — Era de esperar. Es decir, ¿Te has fijado en los montones de ropa que usa esa chica?, Sabía que algo ocultaba… y pensar que se trataba de tal cuerpazo… —, agregó otro, con un tono de voz bastante lascivo, relamiendo sus labios con descaro, — No sé por qué se emocionan tanto. La personalidad de la chica es un asco. ¿Han tratado de entablar una conversación con ella?, JA! Esa perra ni siquiera es capaz de mirarte a los ojos antes de marcharse… —, finalizó el tercero, expresando su completo desagrado por la fémina. Tras unos cuantos comentarios más, los jóvenes dieron por terminado el tema. Sin embargo, Neille aun no quedaría satisfecho hasta saciar completamente su ahora, creciente curiosidad hacia la chica de cabellos azabaches.

Tomando una bocanada de aire antes de dar paso a su siguiente movimiento, decidió acortar un poco más la distancia entre él y su “amigo”, — Oye… ¿Por qué te mantienes en silencio? Dime, ¿Si?...No será… ¿Por mí, verdad? —, argumentó con un tono de tristeza en su voz, volteando a mirar hacia él, con ojos vidriosos y suplicantes, — E-Espera ¡Te equivocas! Y-Yo… yo solo estaba… Yo estaba ocupado escuchando a los demás… Por eso el silencio… —, mintió con nerviosismo, tratando de esquivar de alguna forma, su imponente mirada. El rubio sonrió con satisfacción.

Era obvio que el contacto con Neille afectaba completamente al pobre sujeto, — Oh, ¿Es así?, Uff… Por un momento pensé que no te agradaba —, sus falsas palabras sonaban como un mar de caricias a oídos del ingenuo, — Entonces,dime… ¿Qué sabes acerca de Rutledge? Ah, disculpa mi curiosidad pero, pensé que sería buen tema de conversación —, agregó con un gesto inocente, entrelazando ahora su brazo bajo el suyo, — Uh… bueno… Yo no he hablado nunca con Nina pero… —, tragó un poco de saliva antes de continuar, — Según los rumores…algunas chicas dicen que Rutledge siente desagrado por los hombres... e incluso se han atrevido a afirmar que es homosexual… —, respondió con timidez, pues realmente no le agradaba la idea de hablar a espaldas de otros. Por otro lado, Neille mantenía una mirada vacía en dirección a la piscina, como si tratase de descifrar el enigma oculto tras esa pálida mujer, — Su-¿Sucede algo? —, preguntó confundido el escuálido chico. Solo unos minutos bastaron para que el caprichoso oji azul, completara su fatídica travesura, — Oye ¿Qué tal si…

¿Por qué intentar obtener información por sus propios medios, cuando para ello existían sus peones? Su sonrisa parecía ensancharse conforme el flacucho chico de los lentes se acercaba en dirección a la escalerilla.”Vamos… Se bueno y haz lo que te dije”, ya solo faltaban unos cuantos segundos más. Cuando la joven terminó de completar sus piscinas, esta tomó dirección hacia la escalera más cercana, en donde tan pronto como decidió subir, el joven que ahí la esperaba la tomó por los brazos y posteriormente… Le proporcionó un fuerte abrazo en frente de todos los demás chicos ahí reunidos, ocasionando una gran conmoción. Su plan iba al pie de la letra:

“ — Oye ¿Qué tal si la ayudamos? Me refiero a que… Es un poco molesto ver como los demás critican a alguien sin conocerlo totalmente, ¿No te parece? Creo que si hacemos algo por ella, podríamos callar la boca de quienes la molestan y hablan a sus espaldas… ¿Qué me dices? —….— El plan es fácil, tu solo tienes que ir hasta donde esta y abrazarla. ¡Te aseguro que solo se trata de timidez! En cuanto sienta que alguien más se preocupa por ella… Nos dará a mostrar esa cara de vergüenza que todas las chicas hacen al sentirse felices —…— Yo te estaré apoyando desde aquí, no te preocupes. Confía en mi —“

La venenosa criatura había clavado sus toxinas en su frágil presa... Ahora esta sería quien enfrentase las consecuencias de jugar con una víbora.
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Re: No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Nina Rutledge el Vie Jun 27, 2014 9:38 am

Por un momento fue como si todo ocurriera en cámara lenta. El ir saliendo del agua, sintiendo la gravedad contra su cuerpo, y que cada gota de agua se impregnara a su cabello, su traje de baño y a los millones de poros que llevaba en la piel, sin mencionar lo empapadas que estaban ahora sus pestañas. Sí, resultaba pesado, casi agotador, realizar algo tan sencillo como lo era subir por una escalera. Nina sabía en el fondo que no se trataba de la gravedad ni del peso del agua, sino de aquellos risueños estúpidos que hablaban de ella a sus espaldas. No sabía qué clase de cosas se inventaban ahora, pero en Nueva York había todo tipo de historias sobre "La chica Rutledge" que había seducido a un hombre y luego le había acusado de violador. Siempre creyó que el país de la libertad tendría más confianza en una niña pequeña, pero diversos infortunios la llevaron a ser víctima de injustas acusaciones por parte de sus compañeros de clase. Cuando viajó a Francia pensó que lo superaría pronto, pero las marcas que dejaba una cosa como esa parecían perseguirla a donde quiera que fuera.

El sonido de fondo era como un zumbido molesto y mareante. Todos profesando desprecio, todos juzgando antes de conocerla, todos... en fin... todos siendo los de siempre. Al menos, creía que podía darse el respiro de ser ignorada por sus compañeros. No se esperaba lo que ocurrió a continuación. De hecho, podría decirse que nadie se lo esperaba.

El contacto llegó tan de improviso que no lo vio venir. El agua fresca que caía por su cuerpo escurrió ahora por otra persona, que la sujetaba tan cerca de su cuerpo como una hoja humedecida contra la corteza de un árbol. La pelinegra abrió los ojos de pura y alterada impresión. Fue como si todo se detuviera, como si hasta los cotilleos y las risitas perdieran volumen e intensidad. Las chicas que llegaban a la meta se quedaron mirando con interminable asombro. Y después ocurrió lo inevitable.

Si empujó con semejante fuerza a Simon Bennet al suelo, fue sólo porque sabía que era un buen chico con buenas intenciones. Si se hubiese tratado de otra persona, le habría destrozado los dientes ahí mismo. Pero eso no minimizaba los daños. El muchacho cayó de espaldas al suelo y gritó de terror, lastimándose la fina piel de papel, volviéndola rojiza y ensangrentada. Era tan menudo y debilucho... era un ángel, o lo más cercano a uno. Pero ella no lo sintió de ese modo. Todos sabían las pocas ganas que tenía de ser tocada, o al menos la gran mayoría. No tenía ni puñetera idea de lo que había llevado a ese camarón a abrazarla, ¡y con esa fuerza! De ser una chica normal habría creído que la confundió con un oso Teddie. Pero no era normal. Sintió nauseas y mucho, mucho enojo. La piel le escozaba ahí donde el pobre chico Bennet le había tocado, pero evitó a toda costa tallarse como si deseara librarse de un germen.

... Yo... —Levantó la mirada al descubrir un silencio sepulcral. Poco a poco iba tomando consciencia del mundo real y su maquinación. Todos la miraban de forma distinta; algunos con miedo, otros con admiración infantil, y uno que otro con repulsión. Pero todos coincidían en algo: No entendían ni un puto jardín secreto de sus razones. El profesor se acercó a ella con una mezcla de decepción y temor en la mirada, lo que resultó en la gota que derramó el baso. ¡MIERDA! Frunció el ceño al darse cuenta que tenía los ojos lacrimosos, y que si no se había soltado a llorar aún era por el shock. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan humillada.— L-Lo siento... —Le dijo con voz quebrada al profesor, pero él no parecía satisfecho. Se giró hacia el chico del suelo, un poco acelerada y con varios mechones oscuros escapando de su peinado.— Dios, lo lamento mucho, Simon. Yo...

Inhaló aire con dificultad. Miró la interminable fila de miradas acusadoras y se detuvo en una particular. Eran unos ojos azules muy curiosos que no recordaba haber visto antes (Pero claro, ella no se fijaba demasiado en los ojos ajenos). No supo por qué deseó atacarlo, herir cada parte de su jodido cuerpo hasta que gritara de dolor y se lamentara. Todo ese cúmulo de emociones le pareció irreal, y como única escapatoria, decidió dejar la batalla. Dio media vuelta y se largó de ahí, abandonando el recinto a pesar de los gritos de su profesor. Su rostro era la viva imagen de la culpa, del miedo y de la rabia. Sus cejas tan negras estaban a un alfiler de tocarse, y sus labios, que por lo general estaban quietos y serenos como los de una muñequita, se torcían hacia abajo con ferocidad. Al escuchar voces afuera, cerca de los vestidores y la salida, optó por no ir por ahí. No quería que nadie la viera en ese estado, salvo que le tuviera un buen tranquilizante.

Se metió en un armario de tamaño considerable que estaba casi a la vuelta de la piscina, donde solían guardar el equipo de mantenimiento. Olía a cloro y moho, pero al menos había silencio. No se dio cuenta al entrar que había dejado la puerta ligeramente abierta, así que se dejó caer sobre una alfombra roída para abrazarse las rodillas. Permitió que algunas lágrimas se escurrieran por sus ojos hasta el suelo, pero lo único que pudo aliviarla fue morderse la mano. No gritó ni maldijo. Sólo se mordió hasta que la marca de sus dientes quedó bien encajada.
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Re: No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Neille Kassell el Lun Jul 07, 2014 6:07 am

Entre un mar de miradas curiosas y expresiones de escepticismo, se ocultaba una traviesa sonrisa que poco encajaba con aquel panorama. Por un instante, no pudo salir de su asombro justo como el resto de sus compañeros. Sus orbes azules se hallaban fijos en el afligido rostro de Simon, quien aun horrorizado, se hallaba tendido en el suelo. Sin embargo, lejos de sentir preocupación o empatía, comenzó a prestarle más atención a las interesantes reacciones que ahora Rutledge, parecía esforzarse en ocultar. Repulsión, lastima, desesperación… “Fascinante”. Estaba tan absorto en sus pensamientos que no tuvo tiempo de disimular su obvia curiosidad cuando sus ojos azules finalmente se toparon con aquellos grises, en los cuales brevemente, logró percibir cierta hostilidad dirigida hacia él. ¿Lo había descubierto? No, eso no era posible. Todos sus compañeros eran demasiado estúpidos como para siquiera dudar de sus intenciones, por lo que, ¿Cómo podría ser esa chica la excepción a ello?

Tras el cruel rechazo a la inocente muestra de afecto, la oleada de críticas acerca del comportamiento de Nina no se hizo esperar. Muchos la tildaron de narcisista arrogante, pues, creían que sus razones para lastimar a Simon, se basaban en opiniones superficiales en relación con el aspecto del académico. Otros repudiaban la actitud de superioridad que, según ellos, abarcaba toda la personalidad de la “Engreída” americana. Sin embargo y lejos de dejarse llevar por los comentarios de aquella bandada de imbéciles, Neille había sacado sus propias conclusiones luego examinar con cuidado todo el comportamiento errático de Rutledge. De hecho, a una parte de él le resultaba bastante familiar la escena que ahora vivía en carne propia la chica de cabellos azabaches… Cosa que no le agradaba del todo, “No. Esto no tiene que nada que ver conmigo. Ella y yo… No somos iguales”, se repetía a si mismo mientras se levantaba de su asiento y caminaba en dirección al chico de los anteojos.

Lo único que esperaba recibir Simon Bennet al ver como Neik se acercaba, era algún simple gesto de compasión, o por lo menos, escuchar algunas palabras de disculpa tras haberlo involucrado en tan desastroso malentendido. Era eso, nada más. Con solo sentir algo de arrepentimiento por parte del rubio, bastaba para que este le perdonara. Pero en vez de ser reconfortado, lo único que obtuvo fue un gran vació en su corazón. Kassell siguió de largo frente a él, observándolo únicamente por el rabillo del ojo al tiempo en que una burlona pero disimulada sonrisa se escapaba de sus labios, dejándole muy en claro que no había llegado hasta ahí precisamente para curar sus heridas. Algunos chicos de su clase intentaron ayudarle a levantarse, sin embargo, este pareció no reaccionar. Aun sus orbes se hallaban fijos en aquella maliciosa figura la cual, de un momento a otro desapareció entre la multitud de chicos que ahora se disponían a nadar. “Nada personal, Simon”.

Luego de que Rutledge decidiera darse a la fuga, el profesor a cargo ordenó a los demás estudiantes guardar silencio para procurar seguir con el entrenamiento. Esta vez, los hombres debían cumplir con el cronograma de ejercicios, mientras que las chicas solo observarían desde las gradas. Aprovechando la ocasión, el preocupado docente solicitó la ayuda de una de sus alumnas para ir en la búsqueda de Nina, pues temía que su estado emocional le provocará aun más problemas de los que ahora tenía. El mayor debía ocuparse de levantar un informe a ambos adolecentes tras el altercado de esa tarde. A Rutledge por su comportamiento violento y a Bennet, por violar el espacio personal de la chica sin motivo aparente.

A duras penas, la apática chica accedió a la petición de su maestro. Por supuesto que no quería ir, ¿Quien sí? Muchos preferían evitar a la sombría adolecente antes que hacerla enfadar (Y ya todos habían visto el resultado de esto último). Pero ya que nadie más se ocuparía de hacerlo, se resignó a cumplir con su papel de sacrificio y dirigirse a la búsqueda de su compañera… O al menos así era, hasta que alguien se atravesó en su camino, — De hecho, yo me puedo ocupar de traer a Nina —, comentó una voz masculina, captando completamente su atención y deteniendo por completo su paso. Frente a ella se hallaba Kassell, quien parecía estar de un estupendo humor, — ¿De verdad? Es decir… ¿No deberías estar practicando junto al resto? —, argumentó curiosa, cruzándose de brazos mientras observaba al oji azul.

A punto de concebir su siguiente jugada, decidió desviar la atención de la perspicaz chica antes de causarle más sospechas, — Ok, ok, me descubriste —, respondió entre risas, pasando una manos tras su cuello — La verdad es, que no tengo muchas ganas de nadar hoy…—, ¿Realmente tendría que darle una explicación a todo?, esa mujer comenzaba a ser un dolor de cabeza, — Así que, ¿Por qué no hacemos un trato? Si accedes a guardar silencio…  Yo podría tomar tu lugar e ir a buscar a Rutledge —. Poco a poco fue aproximándose a su rostro, hasta dar con su oído, — ¿Qué te parece? Así... podrías aprovechar el tiempo para echarle un ojo a tu querido Jaison —, susurró con dulzura, siendo aquella su carta triunfal, — Su-Supongo que… está bien…

No le costó mucho seguirle la pista a su ahora agonizante presa, ya que el rastro de agua que había esparcido desde la alberca hasta el almacén de equipamiento, dejaba en claro su ubicación. Su notoria aflicción parecía afectar su sentido común, “¿Un closet? ¿De verdad? Rutledge, comienzas a darme lastima…”, se mantuvo en silencio frente la puerta entreabierta del sucio locker, disfrutando del llanto que a los adentros de este se podía escuchar. Sin tapujos ni advertencia alguna, actuó por simple capricho. Recostandose sobre el closet, terminó por bloquearle la única salida a la oji gris, dejándola completamente encerrada en aquel angosto espacio. Pasó solo un minuto antes de que Neik comenzara a reir con euforia desbocada que poco sentido venía a la situación. Él solo deseaba, hacerse notar. — Ah… De verdad, no esperaba verte limpiando las baldosas de la piscina con el esquelético cuerpo de Bennet  —, un par de aplausos se hicieron resonar tras la mención de aquel nombre, — De hecho, fue incluso más impresionante el verte actuar como si realmente te importara —, su tono denotaba alegría y a la vez burla que poco se molestaba en ocultar, — Sin embargo, no vine hasta aquí solo para alabar tus dotes de actriz —, sentenció con una expresión fría en su rostro. ¿Qué demonios se traía entre manos?

Oh, antes de continuar quisiera recalcar el hecho de que, este locker… solo se abre por fuera —, comentó con un tono de aburrimiento, como si lo que acabara de decir no tuviera relevancia alguna, — Umh ~  Así que... Procura recordar eso antes de intentar interrumpirme —, aquello había sido una advertencia bastante clara. Para ser sinceros, ni el mismo entendía el “Por qué” de tanta fijación por hostigar a esa chica en particular, sin embargo, no había llegado tan lejos como para retirarse ahora, — Lo que vine a decirte es… que no importa lo mucho que trates de ocultar tus miedos ante todos, ya que al final del día… —, hizo una pausa, reflexionando por completo el significado que deseaba transmitir, — Alguien se ocupará de revelarlos por ti —, afirmó, inconsciente de lo melancólicas que sonaban sus palabras. No trataba de ser agradable y menos, con una completa extraña, — Afrontarlos es la única alternativa, pero por lo visto... Eres del tipo de personas que prefieren huir del problema antes que hacerles frente, ¿No es así? —, esbozó una sonrisa y comenzó a reir por lo bajo. Tentando la paciencia de aquella mujer, se atrevió a juzgarla una vez más— Cobarde.
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Re: No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Nina Rutledge el Vie Jul 11, 2014 6:07 pm

Aunque cualquiera diría que en su estado actual Nina era inconsciente de lo que ocurría a su alrededor, pudo escuchar el característico sonido de una puerta al cerrarse. De hecho, no era el crujir de la madera ni el "clic" del cerrojo lo que más llamó su atención, sino el peso de una presencia al otro lado, una sombra al ras del suelo que descansaba plácida debajo de su dueño. Porque sí, sabía que le pertenecía a un chico, y no a uno cualquiera. Neille. Ahora mismo no recordaba su apellido, y no lo habría recordado más que para escupirle encima y degradarlo a un simple montón de letras maltratadas; sin embargo, era el tipo de chico que nadie solía pasar por alto, especialmente ella, que tenía una "lista negra" de los estudiantes de Sweet Amoris. Habían unos peores que otros, pero Neille estaba por encima de los más obscenos y retorcidos. No es que lo considerara directamente peligroso, pero hallaba en él una malicia interior que la asustaba cada vez que pasaba a su lado. Quizás era por por esta paranoia que se sintió, de buenas a primeras, como encerrada por el mismísimo Hannibal Lecter.

Si no tiró la puerta de un solo tiro fue por la risa del chico, la cual no sólo la desconcertó, sino que la puso a temblar. Al principio deseó pensar que él estaba ahí solo para burlarse, como lo haría cualquier idiota de instituto que deseaba hacerse el chulo y ganar sus quince minutos de fama. Pero el rumbo que llevaban sus palabras, en especial su tono de voz, la hacían sospechar de algo peor. De pronto el espacio dentro del armario se le hizo pequeño y asfixiante; la garganta se le cerró de forma tan precipitada que le dificultó tomar aire por un minuto. Se sentía de nuevo en la piscina, pero no envuelta en el fluir del agua tranquila, sino atrapada en la presión de una oscuridad que no la dejaba respirar. Tuvo que obligarse a sí misma a calmarse, a no caer en la claustrofobia.

... —Callar le fue todavía más complicado, pero temía que el rubio realmente la abandonara ahí sin ningún tipo de remordimiento. Se acercó a la puerta muy lentamente, poniendo sobre ella las manos con un roce suave y delicado, como si intentara alcanzar a Neille y transmitirle la calma que ella luchaba por mantener. "Todo bien, no me pondré a gritar". Lo escuchó a detalle, y tras cada palabra del rubio, sintió que se le aflojaban las rodillas. No sabía cual era la intención de ese lunático, ni tampoco por qué ella le prestaba tanta atención; aunque Neille era para ella como un demonio presentado ahí sólo para hostigarla, en parte, era como oír a su propio reflejo diciendo las cosas que ella ya sabía. "Nina, Nina. ¿Por qué huyes?". Se mordió el labio inferior, se tocó el cabello con los nervios a flor de piel, y cuando pensó que el rubio no podía decir nada peor... cuando creyó que se había cansado... le escuchó. "Cobarde".

Pasaron un par de minutos en los cuales reinó el silencio. Ni una respiración, ni un movimiento, nada que indicara que una persona estaba ahí encerrada. Pero una chispa encendida se estaba propagando desde su mente hasta su cuerpo, accionando una rabia tan natural, tan cálida, que por un instante no sentía las nauseas de cuando alguien la tocaba. La patada llegó tan rotunda sobre la puerta del locker que todo se estremeció; y a ésta le siguió una segunda, que tronó al fin el maldito cerrojo. Tras un último crujido, y un par de nudillos lastimados, la pelinegra escapó a su prisión y su mirada amenazante se clavó en el rubio.

No eres nadie para hablar sobre mí. —Siseó lentamente, arrastrando las palabras. Cruzó el tramo que los separaba en dos pasos y lo sujetó de los hombros con fuerza, a falta de ropa. Aunque la americana no solía tolerar semejante contacto de pieles, ahora estaba demasiado molesta incluso para fijarse en ello. Estampó al muchacho contra la pared y supo que le dejaría marcas ahí donde estaba presionando. Sus ojos, normalmente grises y monótonos, casi parecían adquirir el azulado de los ajenos, aunque probablemente se debía a la iluminación de la piscina. Su entrecejo mostraba sólo una parte de su enfado, pues fue su voz pesada la que dejó caer sobre el chico su verdadero sentir.— Llamarme cobarde es un poco irónico viniendo de tu parte, sabandija rastrera. —Posicionó su antebrazo sobre la clavícula masculina, pues tampoco deseaba asfixiarlo. Se acercó a él, a escasos centímetros de su rostro, con la única finalidad de intimidarle. De cierto modo lo sabía, podía olerlo así como él lo había detectado en ella. Cosas similares que chocaban entre sí por lo rotos que estaban. Piezas afiladas, peligrosas. Pero después de todo, seguían siendo chicos de instituto. La mirada de Rutledge lo decía todo.— No puedes escapar tampoco, ni siquiera si finges que te importa una mierda. De hecho, te ves mucho más lastimero que una chica encerrada en un armario de limpieza. Es sólo que los otros no pueden notarlo... son demasiado... idiotas. —Se atrevió a desviar la mirada un momento, pero toda su expresión corporal dejaba en claro que el peligro estaba latente. De un momento a otro, un puño atestó el rostro del rubio con la fuerza de un muchacho promedio.

Nina lo observó sin intenciones de volverlo a tocar, y aunque su mirada era dura como siempre, y su boca un poco mezquina, había algo en su rostro que delataba la inesperada simpatía que había sentido por aquel ojiazul. ¡Estaba tan desconcertada y molesta! Jamás había sentido interés y repulsión por la misma persona en el mismo momento, de modo que no tenía muchas ganas de escarbar en ello. Tenía la esperanza de que Neille se concentrara en su ceño fruncido y no en el sonrojo de sus mejillas.

Sé que fuiste tu. —Escupió ella en un intento de desviar su atención.— Si eres tan valiente, al menos ten la osadía de molestarme directamente y no de mandar a un chico como Simon a hacer tu trabajo sucio.  
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Re: No todos somos un pez en el agua [Priv. Neille]

Mensaje por Ryan Koufman el Vie Sep 12, 2014 9:59 pm

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