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De nuevo, tú... [Priv.]

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De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Kenshi Koizumi el Lun Jun 16, 2014 7:54 pm

Estaba tumbado en el suelo del gimnasio, totalmente a solas. Mi pecho subía y bajaba constantemente en busca de aire y notaba como varias gotas de sudor resbalaban por mi rostro, mientras mis ojos estaban cerrados, una pequeña sonrisa decoraba mi rostro y un fino hilo de sangre resbalaba por mis labios, manchando mis mejillas. -Libertad... -murmure en voz baja, incluso podía dudar de si realmente lo había dicho o solo había sido un simple pensamiento. Este era uno de los pocos momentos del día en el que me podía sentir totalmente libre, "a salvo" por decirlo de alguna manera. A pesar de todo, estaba en el gimnasio del instituto al cuál había accedido sin permiso y si me pillaban dentro, estaba seguro de que no me iba a ir de rositas. ¿O tal vez sí...?

Si algo tenia claro es que no quería quedarme a averiguarlo, por lo que tras descansar un rato y recuperar por fin la normalidad de mi respiración me levante para ir directo a mi bolsa de deporte. La abrí y aprovechando la soledad, me quite la ropa para secarme el sudor de mi cuerpo con una de las toallas que había traído conmigo: acto seguido, volví a vestirme con otra ropa que, para mi sorpresa, también era de deporte a excepción de mi sudadera. -Otra vez me he equivocado -suspire y negué con la cabeza, para terminar de vestirme con mi otra ropa de deporte que se componía, básicamente, de un pantalón de deporte largo negro junto a la sudadera, también negra. Sin duda alguna, el negro era el único color que me quedaba bien.

Guarde todo en mi bolsa de deporte y me la colgué del hombro, mirando por última vez aquel gimnasio que visitaba casi cada semana. Sabía perfectamente que algún día tendría que dejar de venir aquí y empezar a bailar en la habitación de mi nuevo hogar al que consideraba temporal: sabia que tarde o temprano tendría que dejar de molestar a mi compañero, por mucho ofrecimiento que el me hiciera para quedarme en su casa: de por si ya me sentía mal estando allí. Aún así, no sabia donde ir: empezaría a trabajar de nuevo en la cafetería para ahorrar y poder alquilar un piso.

Mientras caminaba para salir fuera del gimnasio, me di cuenta de que el sol estaba a punto de esconderse para dar lugar a la luna. Sonreí: decidí probar suerte en la azotea, para ver si por alguna razón u otra la puerta estaba abierta. Caminé deprisa, subí las escaleras y, en efecto, la puerta seguía abierta: desde hace ya varios días esta estaba abierta y nadie parecía haberse dado cuenta de ello y, si lo habían hecho, nadie estaba haciendo nada por cerrarla como antaño. Una vez en la azotea, deje la puerta entornada y me aproxime hasta la barandilla, dispuesto a observar en silencio como el sol se escondía.

Sabia que aún quedaba un buen rato para que el sol se escondiese, sin embargo, esperaría paciente a que terminase de esconderse. Pero, de pronto, una extraña brisa de aire veraniega hizo su aparición y mi piel comenzó a erizarse. Note como un perfume que creía reconocer a la perfección, llego a mi nariz: lance un suspiro y cerré mis ojos, apretando aquella barandilla en la que estaban mis manos, recordando a la persona que no querría volver en mi vida, a la persona que me abandono.

Me gire y no vi a nadie allí, estaba solo.
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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Annie Leonhardt el Mar Jun 17, 2014 4:29 am

....

Los primeros rayos de sol atravesaban el ventanal de su inmensa habitación. Aún no sonaba su despertador; miró de reojo al reloj que descansaba sobre un lado de su pared: eran las 5 de la mañana.
Se maldijo para sus adentros. Si no se podía quedar dormida ahora sabía que lo lamentaría el resto del día. Pero...¿que importaba?, ¿de verdad tenía que ir a ese horroroso lugar llamado "escuela"?. Y un demonio.
Le costaba lo suyo tener que emprender el día. Si de ella dependiera no se hubiera levantado jamás de aquella cómoda y reconfortante cama en la que yacía postrada. Quizá...hasta le gustaba la idea de no tener que despertar jamás, vivir una especie sueño eterno.

Un sueño en el que él siempre estaba; uno en el que él lo perdonaba; ese en el que ambos se amaban.
Pero era demasiado pedir...Y una vez más, como tantas, tantas veces... la rubia que ahora miraba triste aquella ventana volvió a repasarlo todo en su memoria.
Ese día en que lo había conocido, pero también humillado. Jamás se lo hubiera imaginado. En sus 17 años nunca había amado tanto como a Kenshi, de eso estaba segura. Lo amaba tanto que sentía un dolor físico.

Pero ahora después de todo lo que había ocurrido ella sabía que él jamás la perdonaría.
Suspiró. Sentía ganas de llorar pero ya no le restaban lágrimas.
Había creído, se había enamorado de nuevo y todo termino de la peor manera.

Se levantó, negó con la cabeza. Tenía que olvidar todo o moriría.

...................................................................................................................................

—Su desayuno, señorita Leonhardt. —la voz femenina de la mucama se escuchaba desde el otro lado de la puerta de su alcoba.-
—Gracias. Petra...—abrí la puerta y la miré. Tenía sostenida la bandeja de plata con toda la comida que se supone, iba a desayunar. —Pero se me hace tarde, tengo que salir ya.—
La mirada que me dedicó Petra ya la conocía de siempre, pero me limité  a colgar la mochila a mi hombro y dirigirme escaleras abajo. Al bajar caí en cuenta de que había alguien esperándome junto a la puerta principal. Miré asombrada cuando me dí cuenta que era uno de los grandulones de papá.
—¿Papá esta aquí?— me pregunté. Era extraño que llegara sin avisar.

Pero no me molesté en buscarle y darle los buenos días. Se me estaba haciendo tarde, y andar de cotilleo con mi padre era lo ultimo que deseaba hacer.

—Señorita.— la voz inconfundible del grandulón vestido de negro me detuvo en seco.
—¿A donde va?.— era incapaz de descifrar que tipo de expresión escondía sus ojos detrás de esos lentes oscuros. Parecía un robot sin emociones, me ponía de los nervios.
—Eso no le importa.  No se moleste en seguirme. ¿Le quedó claro?—.

No era la primera vez que le pedía que no me siguiera, que no necesitaba su cuidado y a estas alturas ya casi era normal, así que... no necesité repetirle nada. No me siguió. Después de tantas peleas y discusiones aquí habían comprendido lo complicada que era y ya hacía mucho tiempo que no me venían tocando las narices con todo eso de "era una chica que necesita tener cuidado", me traía sin cuidado.
Las rejas  automáticas que custodiaban la mansión se abrieron para darme paso, ya solo quedaba tomarme un metro y llegar al instituto.

..............................................................................................................................................................

Sus clases habían concluido exitosamente, todos los ejercicios fueron realizados de forma pertinente y correcta, sin errores, sin borrones y sin una sola corrección, no se podía esperar  menos.  Annie, era real y sencillamente brillante, pero ¿Qué más podía esperarse de alguien que creció rodeado de tutores y maestros en cada área académica existente? que se vio forzada a ser un prodigio destinada al éxito a costo de negársele vivir la más tierna infancia como a cualquier chica normal. Pero... lo que casi la mayoría no sabía era que ella odiaba todo eso. Odiaba apasionadamente verse forzada a tener que "cumplir" con lo que se veía obligada a hacer.

Como primera opción había decidido ir al jardín observar el atardecer , pero tuvo la mala suerte de interrumpir una confesión amorosa la última vez, así que decidió buscar nuevos lugares para hacer el vago. Tenía deseos de escribir alguna canción nueva, llevaba días con la letra dando vueltas y le provocaba frustración el tener dificultades para trascribirla. ¿Qué le estaba pasando? el no saberlo era una molestia, ¿Le estaría consumiendo la monotonía?. No. La causa de todos sus males era el tener que recordar a Kenshi a cada segundo de su vida...

Revolvió con algo de cansancio sus lisos cabellos rubios, acomodando un mechón dorado que caía sobre su oreja derecha. Sentía arder su cara, un extraño estado febril se hizo presente en su cuerpo, y de repente lo recordó: no había comida nada durante el día y los primeros síntomas de debilidad se acentuaban aun mas.
Y le molestaba la idea de tener que volver hasta la cafetería por algo para comer. No estaba realmente segura de sentir hambre, pero su estado físico denotaba cierto desequilibrio.

Las voces lejanas del alumnado se escuchaba resonar en todas partes. Sentía que la cabeza le iba a estallar. Necesitaba salir de ese lugar cuanto antes.
Sus pasos lentos pero precisos se escuchan retumbar en todo el edificio. La rubia cayó en cuenta de que ya casi no quedaba nadie en el instituto, cosa que la dejó mucho más tranquila. Su objetivo era ahora llegar a la azotea y al parecer nadie parecía querer impedirla como solía suceder antes. Suspiraba cuando subía las escaleras, me sentía débil y con cada escalón más sentía que caería abajo rodando como una pelota.

¿Por qué subía si me sentía cansada?, no tenía ni la más mínima idea. Su parte consciente le decía que solo estaba perdiendo el tiempo y la otra, muy, muy en el fondo le decía que solo venía en busca de recuerdos que la herirían aun más.

Eché un vistazo detrás mío y noté que la luz del sol se hacía cada vez más débil. ¿Tenía que apresurarme e ir a casa?, eso pensaba pero mis piernas a pesar de mi cansancio se seguían moviendo escaleras arriba hasta llegar a la puerta que daba el pase. Esperaba encontrarme con la puerta cerrada con aquellos enormes candados de siempre cosa que me haría reflexionar y demostrar que había en efecto perdido mi tiempo en venir hasta aquí. Pero en su lugar me encontré con la puerta abierta...como si la hayan olvidado de cerrar.
Una brisa ligera golpeo mi rostro y entonces las imágenes volvieron a mi cabeza.
La imagen de un Kenshi bailando, con aquellos movimientos impresionantes. Deleitándose con la música que solo él podía oír.

En vano me puse a recordarlo de nuevo. Bajé la mirada y me quedé parada unos segundos ahí sin saber si cruzar o no el marco de la puerta. Sin embargo no fue hasta que elevé la mirada y miré hacía la barandilla de la azotea que noté que alguien más estaba allí. Fruncí el ceño, ¿quién osaba destruirme la tarde interponiéndose en aquella hermosa pero melancólica puesta de sol?. Me sentía acalorada de nuevo, mi fiebre estaba empeorando pero podría decirse que se debía a que sentía increíblemente fastidiada.
Pero de repente...de repente observé con atención. La figura de aquella persona era masculina, pero, no era eso lo que más me llamaba la atención. Sino lo familiar que me resultaba . Al parecer aún no había notado mi presencia porque parecía absorto mirando la puesta de sol.

Mis ojos seguían sobre él. No creía creer lo que estaba viendo, no quería admitirlo. Quería creer que estaba alucinando, que estaba delirando... que lo que veía no era real.
Pero no. Lo que veía era tan real como el sentimiento de inquietud que sentía ahora.
Que la figura masculina que miraba concentrado la puesta de sol era Kenshi.

Mi corazón se aceleró y mis piernas comenzaron a flaquear. No sabía que hacer. Me sentía debil, mareada y quizá la euforia no me permitía pensar con claridad. Moría por darle un fuerte abrazo y decirle todo lo que no pude en su momento. Pero no podía, definitivamente no podía. Retrocedí mis pasos sin dejar de mirarlo, tenía que salir corriendo de aquí como a de lugar antes de que lo lamentara.



"Cuando miras a alguien fijamente esta al parecer nota que efectivamente hay alguien mirándolo y entonces uno se voltea para ver si es así. Es como una reacción natural del ser humano, es como si la mente percibiera cuando alguien lo mira fijamente". - recordaba el pasaje de psicología que leí esta mañana en la biblioteca.


Kenshi volteó. Estaba segura pero fui más rápida que él y me escondí detrás de la puerta. Me sentía ridícula. Pero aun no sabía que demonios hacer. —¿Que estás haciendo, Annie?, ¿por qué actúas de esta manera?...¿por qué?.—

Salí de mi escondite. Aún temblaba... pero tenía que hacerlo, tenía que hablarle aunque él me odiara, me despreciara ahora después de todo. Estaba dispuesta a cargar con eso porque lo tenía merecido.
—¿Kenshi? — pronuncié su nombre casi en un susurro. Estaba segura que mi voz sonaba apenas, despacio, casi temblorosa. No era miedo lo sentía.
Era culpabilidad. Por más que haya estado evitando este día sabía que tarde o temprano llegaría. No podría seguir posponiéndolo. Pero lo amaba, lo amaba tanto como aquella noche en la enfermería. Cuando aquella mirada cálida le decía todo cuanto no necesitaba oír para comprender. Ya casi podía sentir aquella mirada helada sobre ella. Pero estaba dispuesta a soportar el dolor del desprecio, sólo por él. Aunque ahora quizá él ya no la vea de la misma forma. Quería asegurarse de que aquellos hermosos, misteriosos e hipnotizantes ojos no la mirarían nunca más con aquella calidez que solo él podía proporcionarle.


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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Kenshi Koizumi el Mar Jun 17, 2014 3:50 pm

Aquella brisa tan extraña consiguió ponerme en un estado de alerta pero, lo más extraño, era que el olor de un perfume extremadamente familiar llegó hasta mi: en ese mismo momento lacé un suspiro, mis ojos se cerraron y mis manos apretaron con fuerza la barandilla donde descansaban tranquilamente. Tenia la sensación de que alguien me estaba mirando, por lo que giré mi cuerpo para comprobar si había alguien mas allí. Quizás, por suerte, seguía allí solo.

En un momento varios pensamientos volvieron a mi cabeza, en concreto, los de un día en especial: bailaba libremente en la misma azotea en la que me encontraba y sin esperarmelo, una figura femenina que reconocí a la perfección apareció allí, justo la misma persona de la que me enamoré y a la que me entregue por completo sin ni siquiera dudarlo; justo la misma persona que acabó abandonándome sin darme ni una sola explicación de que había hecho para merecerme ese abandono tan doloroso.

A pesar de todo el dolor, no podía olvidarme de ella, no podía olvidarme de aquel día en el que creo que nuestras vidas cambiaron por completo, aquel día en el que hicimos el amor en la enfermería, aquel día en el que dos personas se quitaron sus mascaras y se mostraron tal y como eran realmente. ¿La seguía amando en el fondo? Ni yo mismo lo sabía, pero lo dudaba. Estaba tan acostumbrado al abandono que era algo normal, pero a diferencia de otras veces, cuando ella lo hizo pase los peores días de mi vida. Y a esos peores días, tenia que sumarle los acontecimientos que sucedieron después.

De mis pensamientos solo me sacaron unos pequeños pasos y, de nuevo, ese perfume volvió a hacer acto de presencia, lo que consiguió hacer que mis ojos se abriesen. Por alguna razón mi corazón empezó a latir un poco más de prisa, pero esos latidos parecieron cesar cuando escuche la única voz femenina que no estaba seguro de querer escuchar: era ella, era Annie. -¿Aún sigues usando ese perfume? -pregunte, sin girarme, mirando al horizonte. -Sería capaz de reconocerlo en cualquier lugar -lance un pequeño suspiro y me gire para mirarla. No entiendo por que, pero una sonrisa decoró mi rostro. -Sigues igual de guapa que cuando te conocí -extendí mi mano para que ella la cogiese: cuando lo hizo, la acerque a mi lentamente, mirándola a los ojos. -¿Te apetece ver la puesta de sol conmigo? -sonreí y casi sin dejarla contestar, la coloqué enfrente de mi, mirando ambos al horizonte, juntos. La abrace por la espalda, sin pensarlo demasiado. -Gracias a ti comencé a apreciar estos pequeños detalles con los que disfruto cada día, ¿sabes? -confesé, mirando como se escondía el sol.

Sin duda alguna, era una bella puesta de sol, quizás una de las mas bonitas que había tenido el placer de presenciar en mucho tiempo. Quizás aún no había caído en la cuenta de que tenia delante de mi a la mujer que me abandono y me hizo mucho daño, pero era incapaz de pensar en tratarla mal, a pesar de que tenia motivos de sobra para hacerlo. Lo que me llevo a tratarla bien fue su rostro, que me dejo ver en unos simples segundos que no se encontraba bien y lo último que querría era iniciar una pelea verbal: no tenia motivos para empezar una, pero tampoco tenia pensado en echarle en cara lo que me hizo meses atrás. Simplemente no sabia muy bien lo que estaba haciendo, pero una parte de mi necesito abrazarla y estar tranquilamente con ella. -Quizás no te lo creas, Annie... -dije, observando aun el sol. -... pero a pesar de todo, me alegro de volver a verte -confesé, depositando un suave beso en su cabeza.
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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Annie Leonhardt el Miér Jun 18, 2014 4:53 am

¿Por qué no era capaz de  actuar con normalidad?, pero.. es que cuando se trataba de Kenshi y más en esta situación me era imposible. No podía. Mis piernas temblaban en solo pensar en como reaccionaría. Quería salir corriendo (algo que en incontables ocasiones lo había considerado). Pero antes de que me diera cuenta Kenshi ya había notado mi presencia... sabía que antes de pronunciar su nombre, su característico estado de alerta le haría saber de mi presencia.
Me sentí idiota y contuve  como pude mis ganas de echarme a llorar.


Había advertido el aroma de mi perfume.


Cuando formuló tal pregunta no se molesto en girar y mirarme. Formuló aquello mirando el horizonte naranja que anunciaba que el sol estaba apunto de irse a dormir. Y finalmente cuando se giró a mirarme, sin antes decir dejar en claro que aquel perfume lo reconocería donde sea.

Contuve la respiración y podría jurar que mi fiebre aumentaba a 1000 por minuto cuando aquella sonrisa se dibujó en su rostro pálido y fino. Me ruboricé tanto que sentía arder como el fuego mis mejillas.
-Sigues igual de guapa que cuando te conocí - volver a oír su voz de nuevo me hacía sentir viva. Me extendió su mano y sin pensarlo dos veces posé mi mano sobre la suya. No podía articular palabra. moción era indescriptible. Me acercó a él lentamente y sus ojos azules miraban fijamente los míos. No lo soporté...era demasiado para mí.

Bajé la mirada apenada... estaba completamente segura que mi rubor se notaba a kilómetros.
Y aunque sentía una inmensa felicidad... aún no podía creerlo. Por un segundo pensé que estaba dentro de un sueño, todo parecía demasiado irreal, ¿me habré desmayado y estaré soñando con Kenshi de nuevo?.
No fue hasta que se oyó otra vez la voz de Kenshi, preguntándome si deseaba ver con el la puesta de sol, que advertí que todo lo que estaba pasando era real.

Sentí como sus brazos me rodeaban, me colocó delante de él. Sentía su energía tan cerca de la mía. Aquel sentimiento de seguridad y calor había regresado... cerré los ojos por unos instantes. Me permití disfrutar aquel momento. Si moría ahora... moriría feliz.
-Gracias a ti comencé a apreciar estos pequeños detalles con los que disfruto cada día, ¿sabes? -confesó, en medio del espectáculo solar.
-Quizás no te lo creas, Annie... -dijo, observando aun el sol. -... pero a pesar de todo, me alegro de volver a verte -confesó y depositó un pequeño beso en mi cabeza.

La luz naranja poco a poco iba extinguiéndose. Estaba con él, aquí, en el mismo lugar en el que lo había visto por segunda vez. Sus palabras me reconfortaron inmensamente pero aun sentía culpabilidad. La misma culpabilidad que me consumía día a día. La misma que me mataba a cada minuto de mi vida.

Mi corazón se aceleró. Y antes de que el sol pudiera esconderse por completo me giré  para verlo a los ojos. Él siempre tan alto que yo tenía que elevar completamente la cabeza para poder verlo, y él haciendo un mínimo esfuerzo por bajar un poco la mirada hacia abajo para poder encontrar mis ojos.
Me sentía acalorada y mi estado febril iba empeorando por minuto. Pero no me importó, no me importó tanto la puesta de sol como Kenshi. Había fallado al hombre que amaba, a la persona a la que entregué mi corazón.

Suspiré antes de que pudiera hablar. Cuando me miraba de aquella forma me sentía como una niña tonta.
―Yo... Kenshi...y-yo... ―lo miré apenada pero estaba decida a intentar disculparme ―S-sé que... te herí. Y créeme, era lo último que quería hacer. Lo juro.  ―bajé la mirada, mi vista comenzaba a nublarse por las lágrimas que insistían en salir. ―Sólo quería protegerte...― dije con dificultad mientras me limpiaba la cara.
―Comprenderé si decides alejarte de mí. De verdad... quiero que sepas que jamás dejé de amarte incluso cuando decidí alejarme de tí para evitar más problemas que hayan puesto en riesgo tu propia vida...―lo abracé fuertemente. Si ahora solo quedaba el desprecio quería irme al menos con su ultima esencia.
El sol ya no estaba. Se había ido ya. Las estrellas comenzaban a adornar poco a poco el cielo nocturno. Como pequeñas gotas brillantes en el cielo.
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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Kenshi Koizumi el Miér Jun 18, 2014 3:47 pm

Noté enseguida como su rostro comenzó a ruborizarse con rapidez cuando confesé que seguía igual de guapa que antes. No mentía: a pesar de que hace meses que no la veía ni sabía nada de ella, Annie seguía igual de preciosa que antes, incluso sus ojos azules, los cuales ahora mostraban -o me dejaban ver- una clara tristeza, seguían siendo preciosos. Y esto era algo que no podía negar, me hubiera hecho daño o no: ella era hermosa, para mi lo era.

Lo ofrecí mi mano para luego preguntarle si quería ver conmigo la puesta de sol. Ella, a pesar de que no me respondió, no dudo ni un solo segundo en coger mi mano y fue en ese mismo momento, al sentir la calidez de su mano, cuando mi sonrisa en el rostro se ensancho aún más: era sensación, la de sentirla tan cerca de mi y sentir su calidez, la que echaba de menos, a pesar de que no olvidaba el increíble daño que ella me había provocado.

Al acercarla a mi noté como su mirada se desvió al suelo, lo que solo me confirmo que estaba, quizás, apenada por todo lo que me hizo hace unos meses, aun que ese rubor de sus mejillas, ese rubor que le quedaba tan increíblemente bien, no desapareció. La rodee con mis brazos y la coloque delante de mi, para que los dos pudiéramos observar la puesta de sol con tranquilidad: confesé que gracias a ella comencé a apreciar estos pequeños detalles -como la puesta de sol- y que me alegraba de verla, a pesar de que ella pudiera no creérselo. Deje un pequeño beso en su cabeza cuando termine de hablar.

Nos quedamos en silencio un par de minutos, observando como el sol de escondía dejando lugar a su compañero nocturno, la luna. En un momento dado, sin que la puesta de sol hubiera terminado, ella se giro y me miro a los ojos: en ese momento recordé nuestra amplia diferencia de altura, ya que mientras que ella tenia que alzar completamente la cabeza, yo simplemente tenia que bajar un poco la mía para poder encontrarme con sus ojos. Fue entonces cuando tras suspirar, ella empezó a hablar.

Según sus palabras, sabía a la perfección que me había hecho daño y para que negarlo, me había hecho mucho daño. Abandonarme era lo último que quería hacer e incluso me lo juro: bajo la mirada y yo hice una pequeña mueca. En silencio, seguía escuchándola: Annie quería protegerme y comprendería que decidiera alejarme de ella, a pesar de que ella nunca dejo de amarme. Sin esperarmelo, ella me abrazó con fuerza, cosa que me sorprendió: acabe sonriendo y abrazándola yo también, llevando una de mis manos a su cabeza, para que escondiese su cabeza en mi pecho, para que llorase.

Después de unos segundos, cogí su mentón para que me mirase a los ojos. Las lagrimas caían por sus mejillas y le ofrecí una sonrisa: con suavidad, comencé a limpiar cada una de sus lagrimas hasta que estas cesaron de salir. Después de esto, me senté en el suelo, apoyando mi espalda en la pared y ofreciendo a Annie sentarse conmigo, encima de mis piernas o como ella quisiera. -Durante días estuve llorando por ti, esperando saber algo de ti -confesé, lanzando un suspiro. -Cada vez que recuerdo ese día puedo escuchar el sonido de mi corazón destrozándose en mil pedazos -desvié mi mirada durante unos segundos para luego volverla a centrar en sus ojos. -Viví en la calle, volví a robar, a pelearme e incluso estuve a punto de suicidarme... -hice una pequeña mueca antes de continuar. -Y en cada solitaria y fría noche, al cerrar mis ojos, solo aparecías tu: recordaba cada momento junto a ti, tu perfume, tu sonrisa, tus besos, la calidez que emanaba de tu cuerpo, aquella noche en la enfermería... -lleve mi pulgar a su labio inferior para pasarlo por allí y luego acariciar su mejilla. -En todo este tiempo jamás comprendí tu decisión -dije, lanzando un pequeño suspiro. -Y no creo ser capaz de comprenderla: me abandonaste sin darme ni un sola explicación. Solo desapareciste, me dejaste solo... -hice una pequeña pausa. -Pero creo que tomaste la mejor decisión, la decisión que todos escogen: alejarse de mi. No puedo ser capaz de tenerte rencor o culparte por eso -volví a desviar mi mirada. -Es a lo que estoy acostumbrado, al fin y al cabo...

Lloraría si no fuera por que gaste todas mis lagrimas. No sabia si la odiaba o no la odiaba, pero algo en mi interior se alegraba de tenerla de vuelta, aun que solo fuera por un rato, aun que luego volviese a desaparecer de su vida. El dolor era tan grande que mis sentimientos no eran capaces de aclararse.
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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Annie Leonhardt el Jue Jun 19, 2014 8:03 pm

No sabía si iba a ser perdonada. Pero Kenshi me abrazaba y la calidez de su cuerpo contra el mío bastaba para hacerme feliz. Sabía muy bien que había obrado mal y no era buena tomando decisiones, siempre terminaba eligiendo la decisión más destructiva mientras creía que estaba haciéndolo bien. Aunque francamente desde el primer momento pensé que alejarme de Kenshi no iba a dar buenos resultados; al menos no emocionalmente pero al menos había logrado que Benoit no haya interferido más... al menos por un tiempo.

Ahora mismo estaba demasiado enojada conmigo misma. Pero la calma volvía a mí cuando sentía que la mano de Kenshi se apoyaba sobre mi cabeza. Paz y tranquilidad... el efecto que Kenshi ejercía en mí era casi sobrenatural. No podía seguir reprimiendo mi llanto. Todos esos meses los había estado pasando terrible y ahora aunque quería mostrarme determinante era imposible, mis lágrima caían sin cesar.
Kenshi cogió mi mentón. Sus ojos profundamente azules se postraron sobre los míos otra vez, y él sonreí. Me dedicaba una sonrisa tierna y reconfortante que me hacía olvidar hasta las penas más mortíferas. En un acto de consuelo Kenshi me limpió las lágrimas. Una vez más era él quién estaba para mí. Una vez más era él quién se dedicaba a darme consuelo.


Me hacía sentir de lo peor...


Ambos nos sentamos en el suelo. Yo encima de sus piernas, me sentía pequeña e insignificante.
-Durante días estuve llorando por ti, esperando saber algo de ti -confesó para luego lanzar un pequeño suspiro. -Cada vez que recuerdo ese día puedo escuchar el sonido de mi corazón destrozándose en mil pedazos -desvió su azulada mirada para luego volverla a centrarla en los míos.-Viví en la calle, volví a robar, a pelearme e incluso estuve a punto de suicidarme...- Lo que me acababa de confesar no era algo que me hubiera gustado oír. Y aunque a medida que lo decía, peor me sentía en realidad era necesario que lo escuchase de sus propios labios. -Y en cada solitaria y fría noche, al cerrar mis ojos, solo aparecías tu: recordaba cada momento junto a ti, tu perfume, tu sonrisa, tus besos, la calidez que emanaba de tu cuerpo, aquella noche en la enfermería... -deslizó su pulgar sobre mi labio inferior para seguidamente  acariciar mi mejilla.

Negué con la cabeza de forma muy suave cuando él mencionó que no había acabado de comprender mi decisión. Que lo había abandonado sin dar explicaciones... y tenía razón. Tenía todo el derecho de enojarse conmigo y odiarme...Y tras hacer una pequeña pausa, agregó: -Pero creo que tomaste la mejor decisión, la decisión que todos escogen: alejarse de mi. No puedo ser capaz de tenerte rencor o culparte por eso - su mirada azul se desvió por unos instantes. Y sentí frío...se sentía frío cuando sus ojos no se posaban sobre los míos..


-Es a lo que estoy acostumbrado, al fin y al cabo...


Odiaba escucharlo decir aquello. Sentía ira y enojo. Pero obviamente la que menos tenía derecho de quejarse era yo. Pero, no era solo él quién lo había pasado mal.
Quería decirle todo; desde la noche en la que fui a buscarlo y que en su lugar solo encontré su casa completamente quemada y aquel cuerpo carbonizado por la llamas.
Que aun tenía guardada la foto que había encontrado entre los escombros aquella noche. Que no había cerrado un ojo por las noches cuando él había estado desaparecido. Y el sentimiento terrible de culpabilidad que me había estado acechando todos los días.

Quería contarte con lujo de detalles todas las pesadillas que inundaban mi sueño noche de por medio. Era una agonía sin fin. Pero quería que él estuviese bien, que Benoit lo dejase en paz de una buena vez.
Pero no lo hice. Quería ahorrarme esas ocurrencia, ya vendría el momento propicio para decirlas, pero no ahora. Di media vuelta. Para poder mirarlo fijamente. Sentía mi cuerpo temblar de nuevo a causa de la debilidad. ―Por favor. No quiero volver a escucharte decir todo eso... ―acaricié sus mejillas.

Estábamos sentados, los dos en aquella enorme y silenciosa azotea del instituto. El sol ya se había ido y la brisa cálida consigo también. Se podía sentir una brisa fresca, que traía de vez en cuando una que otra hoja, esparciéndose por todo el lugar.―Te amo...Kenshi.― y la rubia siguió mirándolo, había algo en el joven que hacía que no pudiera apartar la mirada.  Y cualquier sentimiento de pesar desapareció cuando sus labios rozaron los de él.
Fundiéndose en un delicado, suave y profundo beso.


Cuando separamos nuestros  labios lo miré. Sus ojos brillaban casi como las estrellas que se mostraban aquella noche. No sé cuanto tiempo había transcurrido, pero no me importaba en lo más mínimo.
Aparté un pequeño mechón de cabello  azabache de su frente. Admirar su rostro pálido y hermoso de aquella forma era única. Podría jurar que la luna le daba un toque mágico.

Recordé a su madre, la foto que me había mostrado tiempo atrás y una vez más me dije que sus facciones eran similares.Su madre fue una mujer realmente hermosa, sin lugar a dudas había heredado mucho de ella. Sonreí para mí... sabía que me veía como una idiota.



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Re: De nuevo, tú... [Priv.]

Mensaje por Shizuka Yurioka el Dom Jul 13, 2014 4:24 am

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