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Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

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Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Sáb Mayo 31, 2014 5:58 pm

Salió de el instituto, en el cual había sido su primer día. Lo cierto es que no le fue nada mal, había conocido a dos chicos bastante agradables. Vestía unos vaqueros color claro, bastante ajustados. Converse negras, una camiseta negra y una ancho jersey de lana, morado. Su pelo era corto e informal, color azul turquesa. Caminaba a paso tranquilo, con la mochila colgada de el hombro derecho. Dio un suave suspiro, ya que llevaba media hora caminando, y ni siquiera sabía dónde estaba. Aquella zona no le resultaba familiar. No recordaba haber pasado por ahí esa mañana. Quizá era porque iba medio dormida, pero aún así. Parecía ser la zona central de la ciudad, ya que era muy transitada. Había mucha gente, coches, tiendas, bares, restaurantes... Resopló algo resignada, sin duda se había perdido. Se acomodó la mochila, agarrando el asa con cierta fuerza, mirando hacia los lados, buscando algún cartel que la guiase, o alguien que pareciese simpático para poder preguntar. Se sentía estúpida. Había vivido ahí durante muchos años, y se había perdido. Mientras visualizaba todos aquellos negocios, pensó que quizás fuese la hora de buscar trabajo, ya que no iba a estar dependiendo de sus padres siempre. Quería sentirse independiente. Poder comprar cosas sin tener que pedirle dinero a nadie. En una de estas, mientras buscaba algo para guiarse, encontró una clínica veterinaria. Sin pensarlo dos veces entró, en un principio para ver si había animales y poder juguetear un rato con ellos. En segundo lugar, quizás pudiese preguntar ahí, cual era el camino hacia su casa. Entró, empujando una puerta de vidrio, por lo cual pudo ver el interior. Una vez entró, cerró sin querer hacer mucho ruido. En la sala de espera, había varias personas con sus mascotas. Perros, gatos, conejos, pájaros. Incluso una cobaya. Esbozó una sonrisa bastante sincera. Eso sin duda le había alegrado el día. Aquellos animalitos tan fieles y cariñosos. Eran tan agradecidos. Todo lo contrario a la mayoría de la sociedad.
Miró hacia el mostrador y no había nadie, por lo que supuso que estaban ocupados atendiendo a otros animales. De todos modos, no tenía prisa y además, así podría disfrutar de aquellos animalillos que estaban ahí. Se agachó, dejando la mochila a un lado de la sala, asegurándose de que nadie se la iba a robar. Una vez se había sentado en el suelo con las piernas cruzadas en plan indio, comenzó a jugar con los perritos, acariciándolos y demás. Sólo por eso, daba gracias de haberse perdido. Lentamente el único gato de la sala, se le acercó por detrás, y comenzó a frotarse con su brazo. Rió levemente, cogiéndolo contra su regazo, para tras esto hacerle cosquillas tras las orejas y por la barriguita. De vez en cuando miraba hacia el mostrador, por si salía el veterinario o la veterinaria.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Dom Jun 01, 2014 5:51 pm

Aquella tarde en particular caminaba rumbo hacia mi veterinaria “Angel’s Heart” pensando en un pequeño problema que nos había surgido a mis compañeros de trabajo y a mí el día de ayer: Marie, la cariñosa chica que siempre atendía la recepción para nosotros, se encontraba muy enferma esta semana para poder ofrecernos su ayuda con el registro y control de los clientes. Mis dos socios de negocio y yo no teníamos a ninguna otra persona que se encargara de esa labor, así que decidimos tomar la carta en nuestras manos y hacer las funciones, tanto de veterinarios como de recepcionistas, hasta que nuestra querida amiga se curara de su enfermedad.

El turno que justo empezaría en minutos me tocaba a mí, así que iba por la calle con destino a la veterinaria. Era un día fresco, así que solo llevaba un delgado suéter celeste sobre una blusa de color rosado, que hacia conjunto con un pantalón de vestir color beige y unas botas negras de tacón bajo. Mis labios, cubiertos de tintura rosada, no mostraban la acostumbrada sonrisa gracias a la pequeña preocupación acerca de la salud de la chica francesa que se había convertido en mi amiga. Era alguien en quien siempre podía contar, y me sentía algo triste de no poder verla el día de hoy como acostumbraba a hacerlo.

Llegué a la veterinaria y quité el cerrojo de la puerta de cristal, entrando al recinto y asegurándome de colocar el letrero de servicio en “abierto”. Tras una rápida entrada al cuarto de consultorio, en la cual guardé mi bolso beige en el armario personal que teníamos en el mismo, me coloqué mi bata blanca encima de la vestimenta, asegurándome de que mi nombre bordado en esta estuviera en el orden correcto. Y apenas terminé con esa tarea salí de la habitación y me encontré con varios clientes y pacientes que debía atender. – Buenas tardes a todos. Por favor, pasen a la recepción en el orden de llegada que tuvieron, para así poderles asignar un número de atención – mencioné con voz suave y serena. Y todos los clientes fueron frente a la recepción en total orden.

Uno a uno fui asignándoles sus turnos, anotando todos los datos necesarios acerca de sus mascotas y suyos, e indicándoles que esperaran en la sala que se encontraba justo después de la recepción. Durante este proceso llegaron un par de personas más, así que también ofrecí el mismo servicio que el resto. Una vez todos obtuvieron sus números asignados, dejé la recepción y fui a la sala de espera para solicitar que el primer cliente viniera conmigo al consultorio, y una joven dama con un gatito negro caminaron hacia mí.

No tardé demasiado en atender al lindo minino, pues solo era un caso de revisión de una vieja herida que había tenido en su patita frontal. Le quité el pequeño yeso que llevaba desde hace un par de semanas y le examine en detalle, parecía encontrarse en excelentes condiciones, por lo que no haría falta ningún tratamiento adicional. Su dueña estaba muy feliz con las buenas noticias, y el gatito parecía compartir esa emoción por lo que pude notar en sus maullidos. Acaricié su cabecita con ternura y les acompañé hasta la puerta del consultorio, despidiéndome amigablemente de ambos tras salir del mismo.

Fue entonces que noté a una linda chica de cabello turquesa sentada en el suelo. Me llamó la atención la gran sonrisa que tenía en sus labios, y por un momento me recordó a mi misma cuando era más joven, pues también me gustaba acercarme a los animales y acariciarlos entre risas divertidas. Quizás una de esas sea su mascota y sea un cliente más que atender, o tal vez esté aquí por otra razón en especial. Me acerqué calmadamente hacia ella, y me agaché frente a su mirada color miel. – Buenas tardes, cariño. Soy la veterinario, Isabel. ¿Vienes para una cita con tu mascota?. Puedo darte un número de atención – le dije con tono suave y tranquilo mientras le sonreí amigable. Ciertamente ella había llegado mientras estuve dentro del consultorio, y lo correcto era atenderla como recepcionista antes de volver a mi labor como veterinario.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Lun Jun 02, 2014 5:12 pm

Se encontraba sentada en el suelo, jugueteando con los animales, esperando a que algún trabajador de aquella clínica saliese para poderle preguntar, aunque tampoco es que tuviese mucha prisa. Aún así, no tardó en ocurrir. Vio como una mujer bastante guapa entró con una bata blanca, en la cual parecía tener su nombre bordado. Una vez más, maldijo el no haberse puesto las gafas ese día. Entornó los ojos, para poder lograr leer cual era. Inés, Ise... Isa. ¿Isabel? Pensó para sus adentros, tratando de descifrarlo. Luego desvió la mirada hacia el rostro de ella, observando su larga melena oscura y aquellos ojos, que de lejos parecían ser oscuros también. Desvió la mirada hacia los animales, al notar como iban moviéndose a el lado de sus respectivos dueños. Se quedó un minuto mirándolos con una tonta sonrisa entre sus labios, eran adorables. Parecían un niño pequeño cuando iba a el médico con sus mamás. Una vez más, volvió a mirar a la chica veterinario, observando de su expresión, un tanto triste. Parecía preocupada, pero supuso que era por sus pacientes animales, ya que ese trabajo tenía muchos momentos bonitos, pero también tristes. Se quedó algo perdida entre sus pensamientos, como era algo muy normal en ella. Hasta que se vio interrumpida por una dulce voz. Volvió en sí y la miró, allí estaba la mujer de melena azabache, agachada frente a ella. Desvió la mirada hacia el nombre, viéndolo de cerca. Isabel, así era. Sonrió, volviéndola a mirar, negando lentamente con la cabeza. Buenas tardes, Isabel. Me llamo Ciel, y no... No vengo por nada de mi mascota, de hecho, ni siquiera tengo, a pesar de querer. Rió de forma leve, algo nerviosa. Hablar con desconocidos, no era lo suyo. Mucho menos para pedir favores. Aún así aquella mujer era muy tierna, por lo que no pudo esconder una sonrisa, cogiendo la mochila que había dejado en el suelo minutos después, se levantó lentamente, acomodándosela sobre el hombro. Verá... Vengo del instituto, pero me perdí y no sé llegar hasta mi casa, soy un desastre. Confesó, llevando una de sus manos hacia la nuca propia, rascándosela suavemente, en un gesto casi involuntario.

Ni siquiera sé cual es el nombre de la calle, sólo sé que está al lado de la estación del tren... Entré aquí porque pensé que si usted estaba ocupada con su trabajo, podía esperarla jugueteando con los animales de la sala de espera. Confesó de nuevo, con una sonrisa entre sus labios. Sentía que había sido demasiado fría y maleducada con aquella mujer tan tierna, pero quería ser directa y no quitarle mucho tiempo, ya que parecía estar ocupada.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Miér Jun 04, 2014 10:31 pm

La joven dama mencionó que su nombre era Ciel, y que no había venido como cliente para una consulta, sino que solo necesitaba información respecto a una dirección especifica cercana a la estación del tren. Aunque más interesante fue el hecho de que confesara que su intención desde el principio era jugar un poco con los animales mientras me esperaba para que le diera indicaciones. Sonreí enternecida ante aquella afirmación, pues me hizo recordar mi propia infancia y mis constantes deseos de permanecer cerca de lindos animalitos como estos. Tras levantarme al mismo tiempo que ella, esperé hasta el final para responder a su duda – Por supuesto que te puedo ayudar, cariño. Solo hay un pequeño problema: Existen tres estaciones de trenes en Sweet Valley. Así que tendrás que al menos recordar el nombre de cuál es la que deseas conseguir – aquello último se lo dije en tono de voz un poco preocupada. Pero no dejaría que Ciel se quedara perdida, así tuviera que llevarla personalmente a cada estación de trenes de la ciudad.

Y de pronto se me ocurrió una grandiosa idea – Si entras un momento a mi consultorio, te puedo facilitar una computadora para que veas el mapa de la ciudad. Quizás así puedas localizar la estación que buscas, corazón – le expliqué suavemente mi plan con una sonrisa tranquila. Esperaba que aquello le ayudara a encontrar su casa y así pudiera regresar sana y salva. – Y no te preocupes, no me causas ninguna molestia por darte acceso a la PC – agregué mientras ladeaba un poco la cabeza, aún sonriente.

Mientras la joven de cabello turquesa revisaba la computadora, seguiría atendiendo a los pacientes. – Por favor, el siguiente paciente – dije en voz calmada, y un señor mayor castaño con un cachorro de labrador dorado se levantó de su asiento de inmediato. – Adelante – les señalé con amabilidad tanto a Ciel como al señor la puerta del consultorio, para que pudieran ingresar. Después de que ambos entraran, entré a la habitación y cerré la entrada, dirigiéndome a la periferia de mi escritorio. – Tome asiento, señor. En un momento le atiendo – indiqué con voz suave y amigable. Le hice señas a la chica de cabello turquesa para que se acercara a mí, y la llevé al pequeño escritorio que se encontraba junto a la pared, en donde teníamos la única computadora del cuarto. – Tiene acceso a internet y el programa de Google Maps, pues lo utilizo mucho para buscar direcciones en la ciudad. Utilízala con toda confianza, cielo – le indiqué cariñosa.

Regresé al gran escritorio y tras sentarme en la silla reclinable, comencé a conversar con el dueño de mi próximo paciente. Él explicó que venía para ponerle sus vacunitas al hermoso cachorro, y se me derretía el corazón con solo ver esos ojitos castaños del dorado animalito. Era una ternura… – Es una buena decisión colocarle su primera vacuna de recién nacido. Le toca la triple, la cual es a la sexta semana, como bien sabrá – le indiqué tranquila, mientras hacía anotaciones en mi cuaderno. Luego de ello, me levanté de mi asiento y caminé hasta el hombre – Me encargaré de una vez de administrarle la vacuna, estimado señor –, y tomé al cachorro entre mis manos. Estaba algo inquieto, pero con solo mecerlo un poco y acariciarlo se volvía a tranquilizar. Sin embargo, sabía lo complicado que sería vacunarlo sin la ayuda de mi asistente Marie… Mientras caminaba hacia la camilla que tenia para colocar a mis pacientes, observé de reojo a Ciel, y se me ocurrió la idea de pedirle su ayuda, ya que era amante de los animales al igual que yo. – Ciel, cariño, ¿podrías acercarte para darme una mano con este cachorro, por favor? – le pedí dulcemente mientras le mostraba al perrito en mis brazos.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Miér Jun 04, 2014 11:07 pm

Una vez terminó de explicarse de una forma directa y algo fría para su gusto, ya que aquella mujer había sido muy dulce, ésta aceptó a prestarle ayuda. Cosa que le hizo dar un interior suspiro de alivio, para luego esbozar una sincera sonrisa. Si no llega a ser por Isabel, a saber hasta qué hora se hubiese quedado dando vueltas por la ciudad, perdida. La escuchó con atención, alzando ligeramente las cejas con preocupación al oír que había tres estaciones y tenía que recordar al menos cual era la que quedaba cerca de su casa. Apretó ligeramente el asa de su mochila, en un gesto de nerviosismo, ya que si le decía que ni siquiera sabía el nombre de la estación, sin duda iba a pensar que era tonta o algo por el estilo. Cuando estaba a punto de desesperarse para sus adentros, aquella tierna mujer volvió a hablar, esta vez con tono tranquilizador. Escuchó su idea de buscar la dirección en Google Maps, cosa que de cierto modo le había hecho sentir algo más tonta. ¡Claro que sí! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Ella era muy buena manejando ordenadores, de seguro si lo hubiese hecho desde un principio, ya haría como una hora que estuviese en casa, leyendo en la biblioteca. Pero de todos modos, tampoco había tenido nada de malo eso de perderse. Había caminado un rato, le sirvió para despejarse y encima, jugueteó con aquellos animales casi tan adorables como esa mujer con la que se encontraba hablando en ese mismo momento. Si me dejase hacer eso, me haría un enorme favor, de verdad. Respondió con una amplia y sincera sonrisa entre sus labios, asintiendo con la cabeza, mucho más tranquila.

Isabel comenzó a caminar e hizo un ligero gesto con la cabeza, para que ella y otro hombre, dueño de un labrador dorado y muy irresistiblemente adorable, la siguiésemos. Entró como en una especie de consultorio, en el cual atendería a aquel cachorro. La miró de nuevo y una vez más, obedeció sus indicaciones, acercándose a un escritorio que estaba pegado a la pared, con un ordenador sobre éste. Dejó la mochila a un lado, para que no molestase a nadie. Encendió el pc, y rápidamente comenzó a buscar en Google Maps lo poco que recordaba de aquella misma mañana, de camino hacia el instituto. Mientras buscaba, no pudo evitar oír lo que Isabel hablaba con su paciente, sobre vacunar a aquel animalito. A nadie le gustan las vacunas... Mucho menos si es la primera vez. Pobre cachorro. Pensó para sí misma, encontrando por fin la dirección. Buscó con la mirada un bolígrafo, el cual no tardó en encontrar. Sobre el escritorio había un lapicero, lleno de éstos. Cogió uno y se apuntó la dirección sobre la muñeca, no sin antes remangarse la manga de aquel enorme jersey. Una vez acabó de apuntarla, cerró las ventana de Google y dejó el bolígrafo sobre el escritorio, cuando justo entonces escuchó a Isabel llamarla, por lo que se giró sobre sí, mirándola con una pequeña pero dulce sonrisa, ¿Si...? Preguntó, esperando a que continuase. Le pidió el favor de echarle una mano con la vacuna de aquel perrito. Favor el cual no dudó en aceptarlo. ¡Por supuesto! Será un placer. Se acercó a ella, observando a el animal, con ternura.

Se sentía bien, aunque sabía que la vacuna le iba a doler un poquito, pero también sabía de que era para su bien. Posó suavemente la mano sobre la cabeza de aquel cachorro, acariciándola con mimo, para irse amistando con él, ya que supuso que el favor era calmarlo, mientras lo vacunaba. ¿En qué zona tienes que pincharlo, Isa? Preguntó algo curiosa, ya que si era en el muslo, podría ponerlo de lado y hacerle caricias en la tripita, mientras lo pinchaba. Además de que resultaría más fácil sujetarle las patitas en el caso de que no se estuviese quieto. Aunque parecía ser bastante bueno y tranquilo, sólo que estaba inquieto. Cosa que era normal. Como bien pensó antes, a nadie le gusta ir a vacunarse.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Jue Jun 05, 2014 12:52 am

La dama de ojitos miel accedió a mi petición, y le entregué con suavidad al hermoso cachorrito dorado. Les observé a ambos por unos instantes, y la verdad es que eran la combinación más adorable que había visto en mucho tiempo, no pude evitar sonreír mientras observaba los mimos de Ciel hacia el cachorro. Su pregunta curiosa hizo que le mirara a los ojos y le dijera con calma – Tendré que inyectarle en el muslito trasero. Es la mejor zona para que no le duela tanto y pueda absorberlo más rápido –. Me parecía que era información importante que debía conocer, ya que como amante de los animales quizás se interesara en su cuidado y protección, tal y como lo hice yo de niña.

– Cielo, ¿puedes ir acostándolo lentamente en la camilla para que se sienta cómodo, por favor? – le pedí amable mientras me giraba hacia el gran estante metálico que contenía toda la medicina que utilizábamos en la veterinaria. Lo abrí con la llave que siempre llevaba en mi bolsillo, pues por seguridad siempre lo manteníamos cerrado con seguro para evitar problemas; y tomé la vacuna necesaria junto con una jeringa de agua pequeña, especial para inyectar mascotas. Giré la llave de nuevo y la guardé de nuevo en el compartimento de mi pantalón, para luego dirigirme hacia el lugar donde Ciel estaba mimando a la pobre criaturita que iba a ser pinchada.

Siempre me daba un poco de culpa el tener que hacer algo como inyectar a criaturitas tan inocentes como esta, pero todo era por su bien y por la hermosa vida que tendrían por delante. Suspiré algo intranquila, y mi rostro seguramente mostraba algo de ese deseo de no querer hacerle daño. – Lo siento bebé. Te dolerá un poquito, pero es por tu bien para que crezcas sano y fuerte – le dije al cachorrito en voz preocupada y suave mientras le acariciaba su cabecita. Y miré a Ciel a los ojos, como pidiéndole que le mimara más mientras hacia mi trabajo. Preparé el medicamento en cuestión de segundos, tomé un algodón con solución antibacterial y luego de limpiar su muslito le inyecté lo más delicadamente que pude. El perrito chilló un poco, pero se mantuvo quieto todo el tiempo.

Al terminar el procedimiento, deseché la jeringa como era debido en el bote de basura y lo primero que hice fue cargar al cachorrito entre mis brazos, meciéndole mientras le daba cariño en su lomo. – Ya pasó, ya pasó… – le decía en voz suave. Le quería regalar un poco de mi nueva tranquilidad adquirida, gracias a que todo salió bien. Y el perrito parecía reaccionar positivamente a eso. – Ciel, cariño, ¿puedes cargarlo un ratito mientras converso con el señor? – le pregunté a la chica de ojos miel, mientras le ofrecía una vez más a la dorada criaturita.

Caminé hacia mi escritorio y garabateé una serie de instrucciones en la receta médica, además de llenar una casilla de observación en la ficha del perrito. Mientras le entregaba el papel al señor, le indiqué que tendría que traer a la criaturita nuevamente dentro de unas dos semanas, a lo cual él respondió conforme. Después de que Ciel le entregará a su mascota, el señor salió agradecido del consultorio con una sonrisa en sus labios. – ¿Podrías sentarte un momento en esa silla, por favor? – le pedí dulcemente a la joven dama. – Muchas gracias por tu ayuda, cielo. El día de hoy he estado trabajando sola porque nuestra recepcionista y amiga se ha enfermado hace poco, así que no tengo más remedio que hacer mi turno como recepcionista y como veterinario – le expliqué con serenidad aunque un poco preocupada por mi propio día. Después de una pequeña pausa, le miré serenamente – ¿Has encontrado lo que necesitabas para regresar a casa? – le pregunté un poco más alegre y dulce. Si le había podido ayudar con tan solo prestarle nuestro PC, estaría feliz.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Vie Jun 06, 2014 1:00 am

Sin poner ninguna pega, tomó a aquel cachorrito entre sus brazos, esbozando una tierna sonrisa, en cuanto notó como éste comenzaba a lamerle la mejilla. Casi por inercia arrugó la nariz y caminó hacia una camilla. Lo dejó ahí mientras escuchaba las indicaciones de Isabel, las cuales obedecía casi por adelantado. Una vez dejó al perrito sobre la camilla, para luego continuar dándole caricias, dirigiendo la mano hacia la tripita, para que se tumbase y relajase. En efecto, se tumbó de lado, mirando a Ciel, mientras ésta sonreír como tonta. Ay, qué adorable que es. Pensaba una y otra vez, mientras lo observaba. Tras escasos segundos, se echó hacia un lado, para que Isabel pudiese hacer su trabajo con comodidad. Aún así, no cesó las caricias sobre aquel animalillo. Shh… Ya está, ya está. Susurró con tono suave, mientras la veterinaria lo vacunaba. Ladeó ligeramente la cabeza, para poder mirarlo. La vacuna apenas duró un segundo, por lo que supuso que aquella dulce mujer, era una buena profesional. Una vez terminó, se agachó un poco, para poderle dar un beso en la nariz a aquella dorada criatura, la cual se levantó en cuanto dejó de acariciarlo. Una vez más, oyó a Isabel nombrar su nombre, por lo que la miró sonriente. Le pidió que cargase al animal mientras conversaba con su dueño. ¡Claro, sin problemas! Dijo animada, tomando una vez más al perrito entre sus brazos, comenzando a mecerlo, mientras éste de nuevo, le lamía la mejilla, sacándole alguna que otra suave risa, ya que le provocaba cosquillas.

Observó de reojo lo que hacía Isabel, aunque al oír el bolígrafo, lo supuso. Continuó dándole mimos a aquel cachorro, para luego acomodarle el arnés y la correa, ya que seguidamente se iría con su amo. Tras varios segundos, dejó al perro en el suelo, el cual echó a correr hacia su dueño, alegremente.  El mero hecho de estar ahí con esa dulce mujer y los animales tan alegres, le animaba la mañana. Sinceramente preferiría convivir con animales antes que con muchas personas. Una vez aquel hombre salió con su perrito de la clínica, se giró para poder observar a Isabel, con un amplia sonrisa entre sus labios. Ésta le indicó que se sentase, y una vez más obedeció. Se sentó y volvió a hablar. Le dio las gracias por ayudar, y Ciel respondió con una sincera y tierna sonrisa, negando ligeramente con la cabeza.

Lo cierto es que le había gustado mucho estar ahí. Tras esto, confesó que había tenido que estar sola ya que su amiga y compañera estaba enferma y no había podido ir a trabajar, por lo que ella tenía que hacer el trabajo de recepcionista, además de el de veterinaria. Alzó ligeramente las cejas, mirándola algo preocupada. Aquella mujer había sido demasiado buena con ella. Vaya...  Bueno, he pensado que como usted me ha hecho el favor de que pueda buscar la dirección en su pc. Pues si usted quiere puedo venir a echarle una mano por aquí hasta que su compañera vuelva, de todos modos me he dado cuenta de que vivo a diez minutos de aquí. No es necesario que me pague. Me encanta ayudar a los animalillos, si por mí fuese tendría mi casa lleno de ellos, pero mis padres no me dejan. Confesó dando un ligero suspiro. De cierto modo, quería devolverle el favor, aunque no sería ningún sacrificio, ya que como había dicho antes, le encantaban los animales. Pensando mejor en lo que había dicho segundos antes, quizás podría parecer algo desesperada o maleducada.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Sáb Jun 07, 2014 12:26 am

Aquella forma de tratar a los animales que tenia la joven Ciel era simplemente adorable. Ella podía entenderles con tan solo acariciarlos, y en su rostro se dibujaban sonrisas realmente sinceras y hermosas, se notaba que la felicidad llenaba su alma con tal solo tener la oportunidad de mimar a uno de estos preciosos animalitos… Me recordaba mucho a mi misma cuando era tan solo una niña, cuando descubrí el verdadero amor que tenia por el cuidado y protección de las mascotas y animales de todas las clases y tipos. Pude ver mi antigua sonrisa reflejada en su lindo rostro, y sus ojos miel brillar incluso más que los míos. Ella tenía un corazón de oro, y quizás no se había percatado de ello aún…

La razón por la que le pedí que se sentara fue por una idea que rondaba mi mente después de mirar su gran desempeño como ayudante, pero me gustaría mucho terminar de observar si tiene la determinación de seguir adelante por el camino que le iba a presentar. Su corazón iba por el camino correcto, pero necesitaba saber si sus deseos también lo estaban… Escuché atentamente su comentario, mirándole a los ojos y no podía evitar sonreír ante aquella sinceridad tan cálida que emanaban sus palabras. – Primero que nada, muchas gracias cielo por ser tan dulce y ofrecerte para ayudarme en mi situación difícil. No sabes lo alegre que me hace que una chica tan cariñosa como tú quiera darme una mano en mi trabajo – respondí inicialmente a su comentario, con un tono suave y dulce mientras esbozaba una sonrisa tranquila. – Si no es mucha molestia para ti, me gustaría observar cómo te adaptas al resto de la tarde de hoy antes ofrecerte un trato interesante para tu persona. ¿Puedes terminar de ayudarme con el resto del día, cariño? – revelé un poco que tenía algo en mente para ella, pero también le di a entender que la estaría probando en su desempeño como asistente. Seguramente la joven de cabello magenta entendería que debía cuidar a mis pacientes y no podía dejar que cualquiera trabajara en la clínica veterinaria. A pesar de esa pequeña prueba, esperaba que Ciel no tuviera ningún problema y se ganara por su propio esfuerzo y dedicación el puesto que le ofrecería…

Esperé su respuesta, y cuando afirmó que podía quedarse, le sonreí con gran alegría y ternura. No pude evitar sentir que aquella chica se convertiría en un ser especial que tendría el honor de conocer de antemano. – Muchas gracias, Ciel. Eres una dulzura – le dije abiertamente mientras nuestras miradas se interceptaban. Me levanté de la silla y fui al armario donde guardábamos nuestras pertenencias, y saqué una de mis batas blancas de este, para luego acercarme a la chica de ojos miel y ofrecérsela – Como serás mi asistente, puedes utilizar esta bata para cuidar tu ropa y proteger a los animalitos también – le mencioné suavemente.

Después de eso, le pedí con amabilidad – ¿Podrías hacer entrar al siguiente paciente, por favor cielo?. Si no estoy equivocada, el siguiente paciente es un perro lobo siberiano muy amistoso que ya conoces –. Ella había estado jugando con los animalitos de la sala, así que debía recordar bien al majestuoso can blanco y negro, en especial porque era muy juguetón y alegre. Me dirigí hacia mi asiento detrás del escritorio y empecé a preparar la siguiente receta médica y el cuaderno de observaciones…

Off-Rol:
Hola Ciel ^^ Si lo deseas, puedes narrar la entrada del nuevo cliente al consultorio, e incluso hacer que el dueño del perrito hable acerca de la razón por la que vino. No tengo problemas en que avances la historia si así gustas ^^
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Sáb Jun 07, 2014 1:28 am

Una vez que Ciel terminó de hablar, escondió las manos bajo las mangas de aquel enorme jersey que usaba como chaqueta. Estaba algo nerviosa ya que no sabía cómo Isabel iba a reaccionar ante aquella propuesta. Para su sorpresa, reaccionó bien. Le volvió a dar las gracias, a la que respondió de nuevo con una sonrisa en forma de ''no es nada''. Tras esto, le comentó que le gustaría observarla durante el día de hoy, para ver como se desenvolvía. Cosa que Ciel vio normal. De todos modos, no era más que una chica de 18 años que estaba en tercer curso. La escuchó con atención en todo momento, hasta que terminó de hablar. ¡Está bien! Cuenta conmigo, Isa. Respondió de forma alegre y sincera, sin ningún tipo de compromiso. Sabía que no iba a ser fácil, al menos no mucho, pero era algo que realmente le gustaba e iba a dar lo mejor de sí. Si se quiere, se puede. Isabel le dio las gracias una vez más y seguidamente le dijo que era una dulzura. Ante esas últimas palabras no pudo evitar ruborizarse levemente, sonriendo algo tonta. Gracias... Respondió con cierto tono tímido. Así era ella. A pesar de parecer seria y algo fría, era bastante tímida. Observó a quien ahora era su compañera. Ésta se levantó y caminó hacia un armario, sacando una bata blanca. Era como la que ella llevaba, pero sin el nombre. Ciel se levantó y se quitó el ancho jersey que llevaba, para estar más cómoda, lo dobló de forma despreocupada y lo guardó en la mochila que cargaba en el hombro, del instituto. Luego se acercó a Isabel para coger la bata con una dulce sonrisa entre sus labios, mientras escuchaba su explicación de el por qué tenía que llevarla. Se la quitó de las manos con suavidad, para acto seguido colocársela. Le quedaba algo holgada ya que su cuerpo era pequeño, pero no le importó. Se remangó ligeramente las mangas, y listo. Muchas gracias por dejarme hacer esto, de verdad. Comentó sincera, mirándola con ilusión.

Tras agradecérselo, la dejó hablar de nuevo. Le preguntó si podía atender a uno de los clientes que había en la sala de espera. Uno que llevaba como mascota un perro lobo siberiano. Sin duda sabía cual era, ya que le había llamado la atención anteriormente. Era el único que estaba tumbado, sin juguetear. Asintió ante su petición con alegría y salió de la consulta, dirigiéndose hacia la sala antes nombrada. Echó un vistazo hasta visualizar a el perrito antes descrito. Le hizo una señal al dueño para que la siguiese, y éste no tardó en obedecer. Una vez salieron de la sala de espera, le dio los buenos días y observó al perro, el cual cojeaba un poco. Según su tamaño, era un cachorro de mediana edad, supuso que tenía una pata lastimada ya que iba algo cojo. Lo guió hasta la sala en la que había estado anteriormente con Isabel, en la camilla. Una vez dentro, se agachó para acariciar al perrito, el cual estaba inquieto, como todos. Mientras lo acariciaba y calmaba, miró al dueño algo curiosa. ¿Y bien, que le pasa a esta criaturita? Preguntó, para luego darle paso a explicarse. Le comentó que estaban paseando y empezó a correr, pero que de buenas a primera dio un chillido y desde entonces cojeaba. Bien... Según su explicación, puede que se la haya lastimado. Pero para eso estamos aquí, para saberlo con certeza. Respondió con una tierna y tranquilizadora sonrisa entre sus labios.

Cogió al perrito en brazos, haciendo fuerza ya que éste era grande, debido a su raza y pesaba. Lo colocó sobre la camilla y continuó con las caricias y mimos, hasta que el animalito se cansó de estar de pie y se tumbó ya que le dolía una de las patitas. Tras esto, fue agarrando cada una de ellas con suavidad y moviéndolas hasta que dio un pequeño chillido. Bien, es la delantera izquierda. Confesó segura, ya que era la que le dolía. Una vez sabido eso, la movió sin hacer presión y esta vez no chilló, por lo que supo que no era rota, ya que si fuese así, habría chillado con sólo moverla. Rota no está, así que puede respirar tranquilo. Sólo es lastimada, de todos modos, si usted quiere podríamos hacerle una radiografía. Comentó mirando a su dueño, continuando con sus caricias ya que de nuevo volvía a estar incomodo por el daño hecho anteriormente. El hombre sonrió aliviado y negó ante la idea de la radiografía, a lo que Ciel respondió. Bien, espere un segundo. Tras decir esto, miró a su compañera Isabel, para que entrase a poner algún remedio, ya que no sabía si debía vendarle la patita o hacer algo más.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Dom Jun 08, 2014 11:20 pm

La respuesta de la dulce chica de ojos miel a mi propuesta fue más que maravillosa. Ella debía comprender mis razones para hacer aquella prueba durante el día, o tal vez no cuestionaba mi autoridad. Para mí era claro que se trataba de lo primero, pues pude comprobar por lo poco que hemos interactuado que en realidad es una joven muy lista e inteligente. Y su naturalidad con los animalitos era simplemente admirable, así que también parecía tener el corazón necesario para continuar esta vocación.

Le di una tarea bastante simple a mi asistente del día: Realizar el chequeo preliminar de nuestro siguiente paciente mientras le supervisaba personalmente. Dejé que ella fuera a buscar al cliente y al hermoso perro lobo siberiano que le describí, y apenas el dueño del can entró al consultorio, le di los buenos días al señor y le di una rápida inspección visual a la mascota. Con solo observarlo de reojo, tuve una idea clara de cuál podría ser el problema que le afecta. Se trataban de años de experiencia puestos en práctica a través de mi profesión, aunque la pregunta que me hacía en estos instantes era si la dulce Ciel también tendría esa capacidad.

Escuché la explicación de nuestro cliente, y todo parecía indicar un esguince de pata, como lo había previsto. Dejé que la chica de cabello turquesa se encargara de revisarla por su cuenta, para ver a que conclusión llegaba. Sin embargo, me levanté de mi silla y me acerqué hasta la camilla en papel de observadora mientras seguía sus procedimientos. La verdad es que no solo me asombró por su ternura y el cariño con el que trató al hermoso animal, sino también por el buen nivel de conocimiento que ya poseía a su alcance. No podía sonreírle más alegre de lo que le mostré a sus ojos una vez que estos me buscaron. – Buen trabajo, Ciel. En efecto, sospecho que es un esguince de pata, cosa que es común cuando los perritos se esfuerzan un poco más de lo que deben al hacer ejercicio, o por un mal movimiento durante la actividad – le expliqué con tono suave y dulce a la joven, al mismo tiempo que lo hacía para el dueño. – De hecho, no creo necesaria hacer una radiografía. Pero si me lo permiten, haré una confirmación del diagnostico de mi cariñosa asistente – mencioné tranquila mientras me acercaba al lobo siberiano. Antes que nada, acaricié un poco su cabeza y le dediqué unas palabras dulces que le hicieron quedarse tranquilito mientras le miraba la patita delantera izquierda. Acerqué lentamente las manos y empecé a tantear con delicadeza cerca de la articulación, lo cual hizo que mi paciente chillara un poco.

Luego de ello, me enfoqué en los dedos de la patita, y los revisé con mucho cuidado mientras le comentaba a Ciel con voz serena – Cariño, en casos como estos, no olvides también realizar un chequeo de las articulaciones y los dedos de sus patitas. A veces podrían indicarte con más certeza si el miembro está fracturado en lugar de solo lesionado –. Era importante que al mismo tiempo que estuviera aquí, fuera adicionando más conocimientos a los que ya poseía. Y para mí era un placer ser su tutora…

Una vez confirmado el diagnostico, solo restaba pasar al tratamiento. Miré al dueño y le dije suavemente – Como solo es un esguince, le vendaremos la patita para que quede firme y recta, y solo tendrá que darle un antiinflamatorio por dos días. Después de eso, podrá quitar la venda si y solo si ve que puede caminar un poco mejor –. Entonces me giré hacia Ciel y le pedí amablemente su ayuda – Cielo, ¿puedes sacar de esa gaveta un rollo de vendas?. Y dime si tienes experiencia vendando patitas, porque me gustaría enseñarte si aún no lo sabes –. Le sonreí dulcemente mientras le decía aquello. Comenzaba a tomarle cariño a aquellos ojos miel que me acompañaban.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Lun Jun 09, 2014 4:13 pm

Hizo todo aquello bajo la supervisión de Isabel. Hizo lo que creía necesario y llegó a la conclusión de que no era roto, sino un esguince. La veterinario profesional estuvo de acuerdo. Se acercó y comenzó a revisar la patita antes mencionada, para ver si podía corregir la teoría de Ciel. Ésta se hizo a un lado, para que estuviese cómoda. No dejó de mirarla. Isabel le aconsejó que también diese un chequeo en los dedos y articulaciones, ya que podría indicarle si en lugar de una simple lesión, estaba fracturado. La escuchó con atención, observando lo que hacía. Una vez acabó, se dirigió a el dueño de aquel animal, comentándole que sólo era un esguince. Iba a ponerle una venda y que sólo se la podría quitar cuando viese que el animal camine mejor. Al oír que iba a vendar, se adelantó un poco y se dirigió hacia una gaveta. La abrió y sacó una venda algo elástica, con las dos sujeciones. Se acercó de nuevo a aquella dulce veterinario y ésta le preguntó si sabía poner una venda, porque si fuese que no, ella le enseñaría. Pues cuando yo me hago un esguince, me la pongo algo apretada. No como para que me corte la circulación, pero sí para mantener la zona sujeta. Explicó, mirándola con una dulce sonrisa. Supongo que no habrá mucha diferencia. Y así era. Se acercó a aquel adorable perrito, desenrollando la venda. Una vez estuvo a su lado, le acarició la cabecita con mimo, para que estuviese tranquilo. Éste como respuesta le lamió la mejilla, como todos. ¿Por qué le gustaba tanto a los perros lamerle las mejillas?

Sonrió y acto seguido comenzó a vendarle la patita, asegurándose de que le apretaba lo justo, como para no hacerle daño, ni tampoco soltarse. Cuando acabó de vendarle, le puso ambas sujeciones, para que no se desliase. Para su sorpresa el perro no intentó quitársela, sino que sólo la olió. Era normal que se sintiese extraño. Sonrió de nuevo, acariciándole la cabeza de forma juguetona, Muy bien, campeón. Eres muy bueno. Dijo como premiándolo, mientras que el animal parecía estar más contento. Una vez terminó, lo ayudó a bajar de la camilla, cogiéndolo de nuevo en brazos. No tardó en acercarse a su dueño, el cual lo acarició y le puso de nuevo la correa.

Se giró para mirar a Isabel, esperando a que hiciese o dijese algo. Estaba bastante contenta de haber podido ayudar a aquel perro tan tierno. Le gustaba mucho estar ahí, sobretodo por la compañía de ella. Le gustaba mucho su forma de ser y hablar. Era bastante cercana y dulce. Se sentía cómoda, cosa que en ella, era algo difícil. De nuevo se giró al oír la voz de aquel hombre, dándole las gracias mientras caminaba hacia la puerta de la clínica, siendo medio arrastrado por el perro lobo. Rió levemente, no las de. Que tenga un buen día. Respondió, para luego perderlo de vista. Una vez más, miró a su tierna compañera, dedicándole una sincera y dulce sonrisa. Gracias por dejarme hacer esto. Comentó agradecida.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Miér Jun 11, 2014 11:42 am

Fue una grata sorpresa saber que la inteligente chica sabía exactamente como hacer un vendaje. No solo tenía la noción de que función cumplía, sino que me explicó con exactitud como debía realizar el procedimiento y que precauciones tomar. Sonreí dulcemente y ladeé un poco la cabeza con ternura – Estas en lo correcto, cariño. Por favor, ¿puedes hacer el vendaje por mí? – le pedí suavemente, a lo cual ella accedió casi de inmediato. Su entusiasmo y las ganas de ayudar que poseía eran inmensos, y comenzaba a pensar que tal vez le gustaría estudiar esta carrera a futuro. Sin embargo, habían muchas cosas duras detrás la veterinaria que seguramente no había vivido, y que incluso a mi misma me lograban bajar el ánimo… Siempre intentaba concentrarme en los buenos recuerdos, y esos eran los que quería darle a Ciel a partir de ahora…

No negaré que reí suavemente mientras me llevaba la mano derecha a los labios al ver como el hermoso can lamió la mejilla de la chica de cabello turquesa tras un poco de cariño en su cabecita. La supervisé mientras me colocaba a su lado pero conservando cierta distancia para no molestarle. Ella tenía habilidad para este tipo de trabajos, y era claro que lo disfrutaba, pues su amor y cariño por los animales le impulsaba a ello. Una vez que terminó su trabajo, me acerqué y solo toqué el vendaje para ver si tenía la firmeza correcta, la cual poseía. – Buen trabajo, Ciel – le dije con alegría, para luego irme al escritorio y preparar la receta médica mientras ella se encargaba de tratar con el dueño de hermoso perrito.

Tras escribir lo necesario para la recuperación y cuidado del bello lobito, me acerqué una vez más a mi linda asistente, quien ya había hecho todo lo necesario para que nuestro paciente pudiera partir tranquilo. Observé al señor que era su dueño, quien tenía una sonrisa de tranquilidad en los labios al ver que su amigo se encontraba bien. Extendí mano con la receta para que estuviera a su alcance, y le expliqué con voz calmada – Como le mencioné antes, es necesario que compre este antiinflamatorio para asegurar la buena recuperación de su hermoso perro. Además, le anoté que no debe quitarle la venda hasta que vea que camina con más normalidad, nada de ejercicios fuertes mientras se recupera totalmente, así que solo sáquelo a caminar a paso tranquilo y distancias cortas. Y sobre todo, le espero en dos semanas para realizar el chequeo de control –. El hombre me agradeció y solo le sonreí tranquilamente – Gracias a usted por confiar en nuestros. Hasta luego – me despedí con amabilidad mientras Ciel se encargaba de llevarlo hasta la puerta.

Luego de eso, la chica de ojitos color miel me observó y me regaló una sonrisa muy bonita – Gracias a ti, cariño, por ayudarme con mi trabajo. No sabes lo mucho que aprecio el que estés aquí – respondí con dulzura mientras ladeaba la cabeza sonriente. Después de una pequeña pausa de algunos segundos, en los cuales le miré a los ojos, le confesé algo que estuve pensando desde hace mucho – Sabes algo, corazón… Me recuerdas mucho a mi misma cuando era más joven. He adorado a los animales desde que tengo uso de razón, y siempre he tenido ese deseo de protegerlos y cuidarlos dentro de mi ser. Por eso terminé estudiando esta carrera tan bonita pero dura. Puedo ver en ti esa misma pasión, pero me gustaría escuchar de ti misma un poco al respecto, si no es mucha molestia –

Tenía deseos de conocer mejor a la hermosa chica, y no pude evitar hacerle aquella petición. Esperaba que no le molestara mi curiosidad respecto al tema, e incluso estaba dispuesta a responder sus preguntas acerca de la veterinaria o incluso sobre mi misma si deseaba saberlo. Era una persona maravillosa que no solo quería como asistente y alumna, sino también como una amiga cercana…
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Miér Jun 11, 2014 10:22 pm

Una vez terminó el vendaje, Isabel se acercó a el perrito para comprobar que estuviese bien puesto, a lo que Ciel dio ligeros pasos hacia atrás, dejándole espacio para que lo comprobase agusto. La miró con una sincera sonrisa cuando le dijo que había hecho un buen trabajo. La siguió con la mirada mientras le explicaba a el dueño de aquel animal tan adorable, lo que tenía que hacer hasta que se curase. Una vez éste se fue y ambas se despidieron, aquella dulce mujer le agradeció el hecho de que la estuviese ayudando. Ciel la miró serena y sin borrar aquella sonrisa de sus labios. Negó con la cabeza, No es nada, Isabel... Me gusta mucho estar aquí y hacer esto. Confesó, desviando la vista hacia la sala de espera, percatándose de que de momento no había apenas gente. Por lo que pudo hablar más tranquila, aunque la que habló fue ella. Le dijo que le recordaba a ella cuando era más joven. Siempre había adorado los animales, y quería protegerlos y cuidarlos. También dijo que esa misma imagen, era la que veía en mí. Eso último hizo que una tímida sonrisa se apoderase de sus labios. Dio un leve suspiro al oír que quería que le contase algo de su vida; conocerla mejor. Aquel no era un tema agradable para poder contarle a aquella tierna mujer, pero aún así, se apoyó en la camilla en la que anteriormente había atendido a aquel perro lobo siberiano.

Bueno... Primero he de decir que si fueses otra, hubiese respondido algo así como ''¿qué narices te importa?'' Pero por ser tú, te lo contaré. Me pareces demasiado dulce y agradable. Creo que eres una persona de fiar. Mis padres nos abandonaron a mis siete hermanos y a mí, yo era muy pequeña, así que no lo recuerdo con claridad... Uno de mis hermanos, el mayor, murió. Estuve un año en el orfanato, hasta que me adoptaron. Era un matrimonio rico, así que bueno, los primeros meses sí fueron buenos, dentro de lo que cabe. Cenas y fiestas de gente adinerada, en los cuales, sinceramente me aburría un montón. A partir de los dos o tres meses, ambos empezaron a viajar por cuestiones de trabajo, sólo le importaban el dinero. Yo me he criado con mayordomos, cocineros y sirvientes. La verdad es que me siento orgullosa de ellos. Nunca he salido por la ciudad, ni siquiera he ido a el instituto o colegio; hasta hace unas horas. Hoy era mi primer día de clase, y bueno... He conocido a dos chicos super agradables. Luego me perdí de camino a casa y llegué hasta aquí. Explicó, mirándola de forma sincera, metiendo las pequeñas manos bajo los bolsillos de aquella holgada bata blanca.

Realmente no se sentía muy orgullosa de su vida. La habían tenido encerrada en aquella enorme mansión, como si fuese un bicho raro. Así se sentía. Se quedó en silencio, mirando a Isabel, esperando que no la juzgase o se riese de ella. Se apartó el pelo de sus ojos miel, con un ligero movimiento de cabeza, para luego rascarse aquella diminuta nariz que poseía. Quizás he hablado de más. Lo siento, Isabel. Frunció ligeramente los labios, mirándola.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Dom Jun 15, 2014 12:14 am

Allí estábamos la dulce chica de cabello turquesa y yo, de pie una frente a la otra mientras le mencionaba lo mucho que me recordaba a mi misma de joven, y una sonrisa muy bonita se dibujaba en los labios de Ciel gracias a mi comentario. Sin embargo, al momento de pedirle que me hablara un poco de sí misma, noté un suspiro de su parte y tuve la sensación de que había cometido un error al decir aquello, porque sus ojos me dijeron que hubo una historia triste detrás de aquella respuesta. Pero la chica de mirada color miel se enfocó en mis ojos violetas y siguió adelante con mi petición curiosa.

La aclaración que me dio Ciel al principio me hizo ver una cosa en particular: Ella también sentía que podía confiar en mí de la misma manera que yo lo hacía en ella, y eso me aliviaba un poco por la torpeza previa que cometí. Pero de inmediato me llevé la mano derecha sobre los labios al escuchar que no solo había sido abandonada por sus padres, sino que también perdió a su hermano mayor por muerte. Su pasado era triste y lleno de soledad, aunque luego encontrara un poco de luz en sus muchos “padres y madres adoptivos verdaderos”… Sin embargo, era muy triste saber que aquella dulce alma había tenido una vida tan complicada y solitaria con su corta edad. Estaba sin palabras…

Un breve silencio inundó la sala, pero no le quitaba la mirada a sus ojos miel. Apenas se disculpó, supe que era lo que debía hacer para responderle… Me acerqué suavemente a ella y la envolví con mis brazos cálidamente. La apreté delicadamente contra mí, y cariñosa jugué con su cabello usando la mano derecha mientras le abrazaba. – Aunque tu pasado sea muy triste y duro, Ciel, eres una joven mujer dulce, inteligente y excepcional que tendrá un futuro brillante. No mires atrás, y sigue la luz que está frente a ti. Sé que serás brillante como una estrella si sigues tus sueños… – le dije en un susurro dulce y amoroso. En el fondo de mi corazón lo creía así, veía esperanza en su camino…

Hice una pequeña pausa, en la cual le hablé con acciones más que con palabras, pues mantuve el cariñoso abrazo que le regalaba a la chica. Sin embargo, había algo importante que quería que supiera… – Ciel, me encantaría que formaras parte de la familia que tenemos en la veterinaria. Quiero que te quedes aquí como una asistente de veterinario, y que poco a poco puedas lograr un sueño por tu cuenta… Y deseo que tú no solo seas mi protegida, sino también una amiga cercana… ¿Aceptas mi propuesta, corazón? – mencioné en el mismo tono de voz que antes, continuando aquel gesto de ternura hacia la joven.

No estaba segura de que me respondería, pero sabía que Ciel sería totalmente sincera conmigo. Me había contado su historia a pesar de que no debía hacerlo, y mencionó que podía confiar en mí. Le devolvía un poco de esa confianza a través de mi abrazo, y esperaba que sus ojos color miel cobraran el brillo especial que posiblemente perdieron en su difícil infancia.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Dom Jun 15, 2014 3:06 pm

Una vez terminó de contar su historia, respondiendo a la petición que aquella dulce veterinario le hizo, un silencio se apoderó de aquella sala. No fue un silencio incómodo, sino más bien... triste. Ciel la miraba, con las manos en los bolsillos, suponiendo que aquello debía de ser incómodo para Isabel, por lo que decidió disculparse. Observó como la tierna mujer, comenzaba a caminar hacia ella, pero cuando realmente se sorprendió, fue cuando la abrazó. Nunca antes la habían abrazado de aquella forma; con cariño. No al menos que ella recordase. Se quedó durante unos segundos quieta, petrificada entre sus brazos. Por su cuerpo pasaban muchas sensaciones en aquellos momentos. Sentía una gran calidez en su interior. Una tranquilidad que nunca antes había sentido. Sintió... ¿Cariño? No lo sabía. No sabía lo que era, pero le gustaba. Correspondió a su abrazo, rodeándola con los brazos suavemente. No pudo evitar entornar los ojos, posando la frente sobre uno de los hombros de Isabel. Pero cuando pensaba que no se podía sentir mejor, ella comenzó a hablar. Dijo que era una joven mujer dulce, inteligente y excepcional con un futuro brillante, a pesar de todo lo que había vivido en un pasado. Aquellas palabras, hizo que los ojos miel de la pequeña, se humedeciesen. Pero no era de tristeza, o quizás un poco sí.

En ese momento Ciel no entendía que le estaba pasando, pero era la primera vez que alguien le decía eso. Notó como un pequeño nudo de apoderaba de su garganta, quedando en silencio, entre los brazos de la mayor. Tras escasos segundos, la dulce veterinario volvió a hablar, diciéndole que le encantaría que se quedase y formase parte de la clínica. Aquello hizo que la peliturquesa, esbozase una sincera sonrisa, aún sin romper el abrazo.

Continuó hablando, comentándole que no sólo quería que fuese su protegida, sino que también una amiga cercana. Ciel se quedó sin palabras. ¿Amiga...? Nunca había conocido el significado de aquella palabra. Aún así, aquella mujer le había hecho sentir genial, en cuestión de minutos. La soltó lentamente, secándose los ojos con la manga de aquella blanca bata. No había llegado a llorar, pero sí los tenía húmedos. Tras esto, la miró con una dulce y sincera sonrisa, tranquilizadora. Claro que quiero, amor. Respondió, haciendo una pequeña pausa. De veras, muchas gracias por todo. Nunca antes me había sentido así, por lo que todo me resulta extraño, pero es muy agradable. Eres una persona genial, tanto por fuera como por dentro, y eso se ve. Me alegro mucho de haber encontrado a alguien como tú, y si llego a saber esto, me hubiese perdido hace mucho tiempo, sólo para entrar aquí y conocerte. Continuó, tratando de deshacer el nudo de su garganta, aunque le costaba. ''Demasiadas emociones para un cuerpo tan pequeño'' ¿De qué le sonaba eso...? Tras hacer otra pequeña pausa, siguió hablando, sin apartar su mirada serena de aquella tierna mujer. ¿Sabes...? Hasta ayer pensaba que en el mundo sólo habían personas que no valían la pena, ya que es con ese tipo de personas con las que me he ido topando a lo largo de los años. Pero hoy, me he dado cuenta de que no es así. Y no sabes cuanto me alegro de haber estado equivocada todo este tiempo. Confesó con total sinceridad.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Vie Jun 20, 2014 9:00 pm

Nos quedamos allí, abrazadas con ternura y cariño por un par de minutos más. La pequeña joven de cabello turquesa había conquistado mi corazón a su propia manera, y sentí la necesidad de expresarle aquellos lindos sentimientos que brillaban dentro de mí ser. Ella había correspondido mi abrazo, e incluso se acomodó en mí para poder recibir el calor que le ofrecía. No solo empezaba a quererle como una amiga, sino que deseaba guiarla por un camino que llenara su propio corazón de felicidad y orgullo. Ella se merece lo mejor de este mundo…

Mi idea de que fuera una asistente de veterinario en la clínica y mi pequeña amiga pareció encantarle a los ojitos miel de Ciel, pues me agradeció con tono sincero y una sonrisa dulce. Podía sentir como mis propios ojos se humedecían un poco al verla al rostro y escuchar atentamente aquella palabras de halago y fortuna que venían del fondo de su corazón. – Ay amor… Gracias por tus hermosas palabras. Haces que me sienta muy feliz – dije dulcemente mientras me llevaba ambas manos unidas al regazo, en un gesto de ternura.

Mi pequeña amiga continuó hablando, y la opinión que dio del mundo, podía imaginármela a través de sus jóvenes ojos. Moví mis manos del regazo al pecho, podía sentir como ella había perdido la esperanza en las personas, pero mi influencia pareció hacerla cambiar de parecer. Una alegría inmensa llenó todo mi cuerpo y no pude evitar sonreír con gran felicidad ante la última afirmación. – Me alegra mucho escuchar que piensas que el mundo es un poco mejor, linda Ciel – le dije en tono calmado y suave, para luego colocar suavemente mi mano derecha sobre su mejilla – Verás que encontrarás muchas más personas especiales en tu vida, y estarás rodeada de gente muy buena. Tu personalidad tan dulce y sincera será lo que las atraiga a ti… Y sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites, corazón – añadí con sinceridad y calma mientras ladeaba un poco la cabeza en gesto enternecido.

Ella era fácil de querer. Con solo verla interactuar con los animales podías observar su verdadera personalidad, dulce y cariñosa, salir a la luz del día con total sinceridad. Sin embargo, se notaba que ella era fuerte, aunque un poco solitaria. De ahora en adelante contaría conmigo como apoyo para mejorar su vida…

Alejé mi mano suavemente de su rostro y ahora le miraba con dulzura el atuendo que llevaba puesto. La bata blanca le quedaba un poco grande, pero le sentaba muy bien. – Creo que tendré que pedirte tu talla, cariño. Quiero mandar a hacerte una nueva bata con tu nombre grabado, una que esté hecha a tu medida para tu comodidad – mencioné con tono un poco divertido, pero totalmente honesto. – Aunque por hoy, todavía tenemos que atender al último de nuestros clientes. ¿Podrías hacerme el favor de llamar al señor que tiene al conejito color canela, cielo? – le pedí amablemente con una sonrisa tranquila en los labios.

Estaba pensando en invitarle una bebida a mi nueva amiga al terminar la jornada, aunque no estaba segura de sí tendría que irse a casa apenas terminemos con nuestro último paciente. En todo caso, esperaba que el conejito no tuviera nada graves, y así la primera experiencia de Ciel en la veterinaria fuera lo más agradable posible para ella. Ya luego conversaría con la dulce chica para hablarle de mi invitación…

Off-Rol:
Disculpa la tardanza, Ciel. Aquí está mi respuesta a nuestro tema ^^ Quise terminar con la revisión de un último animalito y luego ver si terminamos el tema con una invitación a un café o algo parecido. Ya veremos que hacemos al respecto ^^
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Ciel Nagato el Miér Jun 25, 2014 6:21 pm

Tras decir todo aquello, lo cual era cierto, pudo observar el rostro de su amiga y compañera; la cual confesó que se sentía muy feliz de oír las palabras de la menor. Su gesto le parecía de lo más tierno. Se quedó en silencio, observándola mientras trataba de asimilar todo aquello. Quizás eso que sentía era... ¿felicidad? ¿Ella también estaba feliz? No tenía ni idea, pero era demasiado agradable. Un cálido sentimiento se apoderaba de su interior, junto con seguridad. Aquella mujer la estaba cambiando. Puede que no a ella, pero sí su visión de la sociedad, a parte de que estaba descubriendo nuevas sensaciones; sentimientos.

Tras escasos segundos continuó hablando, confesando que antes pensaba que la sociedad no valía la pena, pero tras aquel día, tras su experiencia en el instituto, más la que había tenido con ella, le había hecho darse cuenta de que realmente estaba equivocada y que se alegraba de que fuese así. Isabel sonrió, comenzando a hablar, diciendo que le alegraba escuchar aquello. Tras esto extendió el brazo ligeramente, para acariciarle la mejilla a la menor, haciendo una leve pausa para luego continuar hablando. ''Verás que encontrarás muchas más personas especiales en tu vida, y estarás rodeada de gente muy buena. Tu personalidad tan dulce y sincera será lo que las atraiga a ti… Y sabes que puedes contar conmigo para lo que necesites, corazón''. ¿Podía contar con ella...? Nunca antes le habían dicho eso. Ciel la miró con una sincera sonrisa, la cual se le escapó sin que se diese cuenta. Gracias, cielo... Y lo mismo digo, aquí me tienes para lo que sea. Respondió mirándola con cierta ternura. Ambas se quedaron en silencio, mirándose, hasta que Isabel retiró la mano de su rostro, bajando la mirada hacia su bata, por lo que Ciel hizo lo mismo, tratando de averiguar lo que miraba. Justo entonces, ella habló, diciéndole que debería pedirle una de su talla, para que así fuese más cómodo trabajar. La joven rió levemente, tirando ligeramente de su propia bata, comprobando cuando le sobraba. De aquí tengo para sacarme un vestido de boda, comunión y bautizo para mi hijo. Bromeó divertida, sin poder dejar de reír.

Tras esto, la dulce veterinario volvió a hablar, esta vez indicándole que tenían que atender a el último cliente. Un señor con un conejito canela. Ciel asintió, acomodándose ligeramente la bata para así caminar hacia la sala de espera, en la cual se encontraba él. ¡Buenas tardes! Pase por aquí, por favor. Comentó con una sonrisa tranquilizadora entre sus labios, caminando de nuevo hacia la consulta en la que anterior se encontraba con Isabel. Una vez allí, cogió el conejito entre sus brazos con mimo. Al principio estaba nervioso y daba pataditas, tratando de huir, pero la pequeña comenzó a hacerle caricias y mecerlo ligeramente, logrando calmarlo. Mientras hacía aquello, miró a su dueño, el cual se encontraba al lado de la tierna y profesional veterinario. Y bien, ¿qué le ocurre a esta criaturita? A lo que aquel hombre comenzó a hablar algo preocupado. Dijo que su conejo era muy propenso a tener otitis, ya que no era la primera vez que tenía. Nunca había sido grave, pero sí notaba a el animal inquieto, apenas dormía y lloraba mucho. También dijo que no era necesario que le hiciesen una revisión, ya que llevaba cuatro años con aquel conejo y sabía reconocer una otitis desde lejos. Lo único que quería era que le mandasen algún antibiótico. Ciel miró a su compañera, ya que lo que ella sabía era que obviamente había que mandarle un antibiótico, aparte de un inflamatorio.
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Re: Perdí el rumbo, encontré trabajo. [Priv. Isabel Rubio.♥]

Mensaje por Isabel Rubio el Dom Jun 29, 2014 3:38 pm

La sonrisa sincera y tierna que se encontraba en el rostro de la pequeña Ciel era recompensa suficiente para mi, más sin embargo, la joven chica de cabello turquesa me sorprendió al mencionar que yo también podía contar con ella para lo que quisiera. Una sonrisa enternecida se dibujó alegremente en mis labios y le dije con total tranquilidad – Muchas gracias, mi corazón –. Hoy empezaba una hermosa amistad que estaba segura que perduraría por años, y que sería muy especial para ambas, no solo porque compartíamos nuestro amor hacia los animales, sino porque ambas éramos chicas con mucho futuro por delante.

Mi comentario divertido acerca de la bata de trabajo que le había prestado pareció alegrar incluso un poco más el ambiente en el consultorio, y no pude evitar reír suavemente al momento de escuchar a mi nueva amiga hacerlo, especialmente ante su propia broma respecto a lo grande que le quedaba aquella ropa especial que utilizábamos para tratar a nuestros pacientes. Terminé incluso llevándome la mano derecha a los labios en un gesto de ternura, entre risas alegres mientras miraba los ojitos color miel que tenia frente a mí.

Nos quedaba un solo paciente pendiente, y era nuestro deber atenderlo con las mismas energías que habíamos utilizado durante toda la tarde. Le pedí a mi asistente de ojos tiernos que fuera por él, y ella se encargó de hacerle pasar al consultorio. Mientras Ciel calmaba a nuestro paciente, el hombre que era su dueño explicó que el conejito color canela parecía tener otitis, y que le era común tener esa enfermedad. Me extrañó un poco que dijera que no hacía falta examinarle, pero inmediatamente negué con la cabeza a su comentario – Señor, si bien es cierto que usted sabe lo que puede tener su mascota, para mi es necesario hacerle un pequeño chequeo para determinar si está en lo correcto o no – le dije con tono firme. Nunca me tomaba mi trabajo a la ligera, y prescribirle a un conejito medicamento sin siquiera verlo era un gran no no para mi. – Ciel, cariño, lleva al conejito hasta la camilla. Revisaremos las orejitas un poco – añadí segura pero calmada mientras miraba a mi asistente. Sabía que ella no cuestionaría mis razones, pues eran muy validas.

Una vez que ambas llegamos hasta el sector donde estaba la camilla, le hice una seña amigable a Ciel para que dejara al conejito en reposo. Le di algunos mimos con suavidad y dulzura, aunque se veía muy tranquilo y apacible gracias al trabajo previo que hizo mi asistente para darle ese estado de ánimo tan necesario. Mi mano fue hacia la pared, tomando así un otoscopio que me ayudaría a ver el interior del oído de tan precioso animalito. Delicadamente, alcé su orejita y con cuidado acerqué el instrumento para observar. El oído medio parecía tener algo de pus, pero por suerte la parte más interna se veía sana y el tímpano estaba intacto. Me preocupaba que se hubiese extendido demasiado y quedarán daños permanentes, así que tendría que solicitar al dueño que venga para chequeos constantes.

Alejé el otoscopio del conejito y le hice un poco de mimo por haberse portado bien. Aproveché esa ocasión para revisar su pelaje y la piel. Todo parecía muy normal, e incluso se notaba que era una mascota bien cuidada y alimentada, porque no tenía signos de malnutrición o de bichos raros sobre él. Eso me hizo preguntar el porqué tendría tanta ocurrencia de otitis como lo mencionaba el dueño. Una vez que terminé mi revisión rápida, dejé al animalito en las tiernas manos de mi asistente – Acarícialo mucho, cielo. Se ha portado muy bien – mencioné para la joven de cabello turquesa con una sonrisa tranquila.

Tras dejar todo instrumento en su lugar, fui hasta el escritorio y tomé la receta médica. – Señor, ciertamente su conejito tiene un problema de otitis. Lo que me preocupa un poco es que mencione que es seguido, así que quiero enviarle unas gotas para el oído para curar la infección externa, más un antibiótico de alto espectro para ver si podemos evitar que ocurra nuevamente otro caso de otitis – expliqué al hombre mientras escribía los nombres de los medicamentos y las instrucciones que utilizaría para administrarlos. – Quiero que lo traiga de nuevo a este consultorio dentro de dos semanas para poder ver su progreso. ¿Le parece bien? – agregué mientras le miraba al rostro, extendiendo la receta médica. – He escrito con todo detalle lo que de hacer, así que no tendrá ningún problema. ¿Alguna consulta adicional? –
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Mensaje por Ciel Nagato el Jue Jul 03, 2014 5:21 pm

Tras aquellos minutos de ternura entre ambas, decidieron que lo mejor era terminar el trabajo por hoy, atendiendo a el último cliente; y así fue. Ciel siguió las órdenes de su ahora amiga y compañera y fue a atenderlo. Lo guió hacia la consulta para luego tomar a el conejito entre sus brazos, dándole mimos y así lograr calmarlo. Su dueño, comenzó a explicar qué le pasaba. Lo tenía desde hace cuatro años y era muy común que tuviese otitis. También dijo que no era necesario que le hiciesen una revisión, ya que siempre era igual. Ante esas palabras, la pequeña miró a Isabel, ya que aunque él dijese que no, pero supuso que para ella, era necesario hacerle una revisión y asegurarse de que era eso. En cuanto la peli-azabache habló, afirmó los pensamientos de Ciel. Como era lógico, no le bastaba con unas simples explicaciones, y le mandó que colocase a el animalito sobre la camilla, para examinarlo. No tardó en obedecer, ya que lo veía normal. Una vez lo dejó sobre la camilla, continuó con las caricias hasta que vio cómo la mayor cogía el otoscopio, entonces se echó a un lado, para no molestarla mientras revisaba las orejitas de aquel adorable conejo. Se quedó a su lado, observando con atención lo que le hacía, ya que quería aprender y el día de mañana, saber cómo cuidar y examinar a los animales que lo necesitasen. Tras escasos segundos, ella soltó el otoscopio y continuó examinando el pelaje y la piel, asegurándose de que estuviese sano.

Una vez terminó, dejó los materiales en su sitio y una vez más le indicó que lo mimase, ya que se había portado bien. Ciel lo cogió entre sus brazos y continuó acariciándolo como hace unos minutos atrás. Incluso se le escapó darle un pequeño beso en la cabecita, ya que comenzaba a estar algo inquieto, quizás porque le dolía el oído. Comenzó a mecerlo lentamente, mientras que su compañera se dirigía hacia el escritorio y así apuntarle la receta y el antibiótico, junto con unas gotas. Cuando le eche las gotas, sécale las orejitas con un algodón, de ese modo quedará más limpias y no se le acumulará de nuevo el pus. Así aparte de que se le cure más rápido, habrá menos posibilidades de que la otitis se repita. Se atrevió a decir sin el consentimiento de la profesional, ya que ella de pequeña recordaba haber tenido un conejo a el cual también le entró otitis, y así le recomendaron curarle. Tras decir aquello, Isabel le dio la receta y le dijo que en unas dos semanas, se pasase de nuevo por la clínica, para así hacerle una revisión y ver el progreso. Una vez esto, la pequeña le devolvió el tierno animal a su dueño, y lo acompañó hasta la puerta, amablemente. Hasta dentro de dos semanas, que pase un buen día. Se despidió con una sonrisa entre sus labios.

Una vez hecho esto, volvió a entrar, asegurándose de que no había nadie más en la sala de espera. Volvió a la consulta, en la cual la esperaba Isabel. El trabajo ha terminado por hoy, cielo. Comentó animada, comenzando a desabrocharse la bata lentamente, para luego colgarle en su antebrazo, ya que no sabía dónde se guardaba. Lo cierto es que aquel trabajo le encantaba. Le resultaba tan reconfortante... El poder sentirse útil, ayudar a animalitos. Y no sólo a ellos, sino que también a los dueños, ya que obviamente, estaban preocupados por sus mascotas. Aunque de sobra sabía que no todo en ese trabajo era de color de rosa. Habían animales con enfermedades graves, que incluso que podían morir ahí... Pero al menos ahí estaba Isabel, para tratar de hacer todo lo que podía para evitar eso. O al menos intentarlo. Y ahora, también estaba ella. Que aunque no supiese mucho sobre veterinario, pero estaba dispuesta a hacer lo que fuese por mejorar y facilitarle el trabajo a aquella dulce mujer, a la cual le dedicó una tierna sonrisa.- ¿Te apetece hacer algo ahora, o tienes cosas que hacer? Propuso, ya que tras ese día ajetreado, quería relajarse un poco con ella, hablar y que así se conociesen mejor, ya que supuso que pasarían mucho tiempo juntas.
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Mensaje por Isabel Rubio el Mar Jul 08, 2014 3:48 pm

Sonreí muy contenta por la excelente intervención de mi linda asistente. Había dado un consejo muy bueno y acertado respecto al cuidado del conejito que yo misma había pasado por alto. Apenas nuestros ojos se cruzaron asentí en silencio como señal de aprobación para ella. Tras aquello, le entregué la receta médica el hombre, y una vez más resalté las palabras de Ciel para que él las siguiera – Por favor, tenga en cuenta la recomendación que le dio mi asistente. Es muy, pero muy importante el cuidado externo de las orejitas de su conejo – añadí con énfasis y el señor aceptó gustoso el consejo ofrecido. Tomó la receta y luego al animalito hermoso entre sus brazos, y salió por la puerta, despidiéndose de nosotras con una sonrisa agradecida. – Hasta luego – mencioné amigable con una sonrisa tranquila.

Gracias a la ayuda de la hermosa chica de cabello turquesa, había terminado otro duro día de trabajo sin ningún problema. Suspiré aliviada de que ninguno de los casos que tuve que presenciar el día de hoy fuera grave, y que todos esos animalitos estarían bien en el futuro cercano. A pesar de que debía mantener una actitud indiferente, me era imposible no estar afectada por el estado físico de cada uno de los pacientes que tenía que diagnosticar. Era una de las cosas más difíciles de mi profesión, y tenía que vivir con eso día tras día… La dulce voz de mi acompañante y amiga me despertó del letargo mental, y le miré a los ojos mientras le mostraba una sonrisa tierna. – Muchas gracias por tu ayuda, corazón. Has hecho un trabajo fantástico el día de hoy – le hice como cumplido alegre a Ciel. Me había ayudado mucho hoy, y esperaba que fuera así de ahora en adelante. Había conseguido a una aprendiz grandiosa esa tarde tan extraña para mí.

Me acerqué a ella y tomé delicadamente la bata que tenía en el antebrazo, y luego caminé hasta el armario donde teníamos todos los juegos de vestimenta de trabajo. Coloqué dentro en sus respectivos ganchos tanto la prenda blanca que ella utilizó como la mía, la cual me retiré allí mismo de encima. Giré ante su comentario, y le ofrecí una sonrisa tranquila – Estaba pensando exactamente preguntar eso, cielo. ¿Te apetecería acompañarme e ir a tomar algo? ¿Un café, un té o cualquier otra cosa?. Me encantaría que siguiéramos conversando tranquilas en algún sitio, pero no sé si tienes mucho apuro en regresar a casa. No quiero causarte molestias – mencioné con calma y jovial.

Para mi suerte, a Ciel le encantó la idea, así que terminé ampliando aún más la sonrisa que le dedicaba. – ¡Que alegría!. Conozco un lugar muy popular, pero intimo en donde podemos compartir nuestras historias. Queda a unas tres cuadras de aquí, y voy generalmente allí al terminar jornadas muy difíciles de trabajo – confesé tranquila y amigable. Tomé mi cartera del armario, y de esta saqué un lápiz labial color rosado para retocar el color de mis labios mientras observaba el progreso en el pequeño espejo del almacén de madera. Terminado aquello, cerré la puerta con llave, como siempre acostumbraba, y caminé hasta donde estaba mi joven amiga. – Estoy lista. Cerremos la veterinaria y vayamos a mi lugar favorito – expresé con ternura y serenidad.

Salimos del consultorio y pasamos por la ahora vacía sala de espera. Unos pasos más y estuvimos frente a la puerta principal de cristal. Tras pasarla, me giré para cerrar con llave, pues mi compañero de trabajo no vendría hasta un poco más tarde a cubrir su propio turno. Y una vez que me aseguré de que todo quedara en orden, le hice una ligera seña a Ciel para que me siguiera hasta el sitio que le acaba de recomendar. Allí podríamos pasarla bien conversando de nosotras mismas, libres del ajetreo del trabajo y más como amigas intimas.

Off-Rol:
Hola, corazón. Primero que nada, te aviso que este es mi último mensaje del tema. Tuve que hacer que Ciel aceptara la propuesta de Isa para poder escribir la última parte, y por eso me disculpo contigo U_U Dejé todo para que respondieras una última vez y así cerraramos el tema.

Si quieres podemos abrir un nuevo rol, continuando esta misma historia del día, en donde Isa y Ciel se van al lugar descrito para sentarse a conversar tranquilas. Así Ciel puede preguntar con más calma acerca de la veterinaria, y viceversa.

Si no te gusta esa idea, podemos crear un team de rol diferente. No tengo ningún problema al respecto. Solo tienes que avisarme y coordinamos por MP.

Gracias por haber roleado conmigo ^^ Un abrazo.
-Isabel-
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