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The White Snake and The Blue Samurai

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The White Snake and The Blue Samurai

Mensaje por Uchiha Kodoku el Dom Mayo 11, 2014 12:56 pm

Título: The White Snake and The Samurai.

The White Snake and The Samurai:

Pareja: Kanda Yuu x Uchiha Kodoku.


Tipo: Romance, Hétero.


Género: Para todos los lectores.
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CAPÍTULO I.
LAZOS Y NIEBLA. LA OSCURIDAD DE VIENA.


El ocaso matutino se cernía caluroso sobre el edificio Central de la Orden Oscura, en Londres. Los suaves rayos solares asomaban por las montañas de Occidente. La luz se difundía en todas direcciones por las moléculas del aire, llega al observador e iluminaba todo su entorno, el color rojo se debía a la dispersión de la luz producida por la atmósfera, asomando leves tonalidades anaranjadas. Los colores, tales como violeta o azul, son dispersados con mayor eficiencia, y casi no llegan al observador.Todo en silencio. Todos dormitaban en aquel discreto edificio rodeado por aquel espeso bosque, salvo....

¡Inosensu hatsudou!

Un grito así se profería desde la Sala de entrenamiento, seguido de unos golpes chocándose, además de algo desquebrajándose, como si fuese el mismo suelo agrietándose.

- ¡Vamos, Uchiha! ¿No sabes hacerlo mejor?- espetó una voz de mujer con una sonrisa burlona. La susodicha chica estaba echando fluidos corporales por los brazos, heridos por las hachas de un robot de combate. El tejido dañado se desprendió de la misma piel regenerándola al instante, como una parte de Muda de Serpiente. La muchacha sonrió sacando una larga lengua de forma sádica. Parecían agradarle los combates, aunque fuesen un mero entrenamiento. Era como una serpiente sacando su lengua bífida.

Rato después algo parecía haber interrumpido el intenso entrenamiento de ambos, pues una vez que ella le dio un tremendo golpe al robot que le haría destrozarse a añicos, un pequeño gólem, una especie de murciélago pequeño con cabezal romboide, alas y una cola pequeña de serpiente, así como un único ojo acristalado color morado que lucía parpadeante. A través de él, la voz de Komui Lee, el Supervisor de la Rama Europea, resonó reclamando a la chica, morena, esbelta y de buen porte, cuya característica además de un "sello" rojizo en forma de rombo en la frente, eran sus ojos, rojizos, vívidos y profundos. Era Uchiha Kodoku, una de los últimos Shinobis que existían en el mundo tras una masacre, e indudablemente por sus rasgos era de descendencia pura japonesa.

- Uchiha Kodoku, se te requiere en el Despacho del Supervisor. Tienes una misión.- dijo, lo que la chica asintió sin mediar palabra alguna, y volteó la vista hacia l destrozado robot.

La chica no le dijo ni pío, por lo que se volteó y se encaminó al Despacho del Supervisor, una sala redondeada con estanterías, un sofá, sillón y la misma mesa tan desordenada como siempre ¡y qué decir del suelo!, que estaría a oscuras si no fuese por la luz de la araña que iluminaba toda la estancia del Despacho del Supervisor de la Sección Europea. El gólem parecía haberla seguido. Había alguien qu asimismo había llegado hace algunos segundos: Era un chico alto, envuelto en un uniforme de Exorcista de larga gabardina, con largos cabellos azulados recogidos en una cola de caballo, siempre dejando dos mechones enmarcando sus afilados rasgos asimismo japoneses. Por sus ojos, llamaban más la atención: negros y profundos como la misma noche, mas la chica fingió perfectamente no darse cuenta. Era Kanda Yuu, a quien no le parecía necesario perder tiempo en estas cosas, pero era una orden directa y debía acatarla. 

-Bien. No hay tiempo- comentó seriamente el Supervisor, chino, de ojos y cabello oscuro, con unas lentes casi ovaladas, extendiéndole un pequeño libro-guía a la muchacha, quien lo tomó sin gesto alguno, y manteniéndose de pie- Un grupo de buscadores han ido a Austria en una misión de rastreo ya que se notificó por otro grupo en los Alpes Austríacos que en tanto en la ciudad de Viena como en los alrededores del país se creó una espesa niebla desde hace un mes desde el mismo centro de Viena, pero hace días recibimos una llamada de SOS pidiendo ayuda, ya que los Akuma de aquella zona han aumentado extrañamente y los están atacando y ellos se han refugiado en importantes edificios, como la Ópera y los museos de historia del arte e historia natural. Debéis traerlos de vuelta y resolver el caso, sean cual sean las circunstancias. ¿Entendido?

La joven no dijo nada, pero se le dio a entender que así era, por lo que salió con ese librito hacia el lugar correspondiente sin desayunar, para marchar al lugar de reunión con quien debía directamente en Austria, por lo que se obligó a comer sano durante las horas de viaje en tren, hasta su llegada horas más tarde a la estación de Viena, justo al mediodía, poco antes de comer. Kodoku bien se lo imaginaba. Sabía que a él le gustaba realizar las misiones a la perfección. ¿Salvar a los Buscadores? Uhm ¿para qué enviarlos si no hacían nada por si mismos que valiera la pena?

- ¿Por que debemos hacer esto?- preguntó éste con un tono algo malhumorado y seco. No era la primera vez que le había visto. Había coincidido con ese hombre en anteriores misiones, pese a llevar un par de meses en la Orden. La niebla, conforme iban adentrándose en las calles de Viena, iba cubriéndoles hasta los tobillos

- No estoy segura. Es evidente que una panda de inútiles Buscadores estén aquí, y se hayan perdido.. Deberían enviarnos a nosotros antes que a esos hombres e inmediatamente al poseer noticias de esta niebla..- respondía la chica, caminando a nivel que el malhumorado Kanda. Primeramente deberían investigar y cargarse a los Akumas presentes a los alrededores y en la misma ciudad. 

El poco, angustioso y poco viento ondeaba las melenas de ambos, y la ciudad no estaba muy concurrida que se diga, pues figuras masculinas y femeninas, no en mucha cantidad, se lograban ver bajo una niebla cada vez más densa, con la cual, al rozar los labios de la chica, podía orientarse perfectamente. Sacó de sus ropajes un folleto o guía turística donde presentaban los lugares y la historia de Viena, y un mapa para orientarse bien. La túnica de Kanda se movía levemente por el viento, poseía una cara entre enfado y odio, no le gustaba tener que salvar a eso inútiles.

- El moyashi se habría prestado voluntario para hacer esto y seguramente el usagi también habría venido- dijo mirando al suelo y con cierto enfado en su tono de voz. Se paró cuando Kodoku sacó esa guía de Viena, para observarla con tranquilidad.

La muchacha observó el gesto de rabia y desdén que recorría el rostro de Kanda, comprensiva y muy seria. Sabía que ese par de idiotas les hubiera venido bien esta misión, algo raro estaba pasando, pues. El repiqueteo de los pasos de ambos Exorcistas formaban un mar de murmullos con los de tan poca gente. Tarde o temprano tendrían que aparecer los Akumas, y si no, indicios en qué basarse para la causa de esa neblina.

- Mueran o no, me es igual. Lo que hemos de hacer es nuestro deber como Exorcistas, matar al enemigo y conseguir la Inocencia, si la hay- comentó ella firmemente para con su misión como Exorcista. 

De un paso a otro, se encontraban en una plaza, al parecer, llena de calles salientes de la circunferencia que formaba la misma plazoleta, asimismo sumida en una neblina cada vez más espesa. Se detuvo entonces con Kanda, mirando analizadoramente a los lados con sus rojizos ojos, quizás buscando primeramente un hostal donde hospedarse, aunque por si no había comida de sobra, ella se había ocupado de llevar comida preparada en una mochila. Maleta clásica de Exorcista en la siniestra y folleto y mapa en la diestra, se detuvo un momento con Kanda a observar los itinerarios.

- No me gusta que niebla espese, corta la visibilidad a la hora de combatir- dijo Kanda observando cada calle de la plaza, agarrando el mango de mugen con fuerza. La niebla empezaba a tapar las puertas de las casas cercanas las cuales extrañamente estaban decoradas con unas letras en rojo. Observó un momento los itinerarios y volvió observar las calles, podía oír unos pasos por la calle- "Supongo que serán los últimos rezagados"- pensó Kanda mientras miraba a la kunoichi.- Acabemos esto cuanto antes, ¿Dónde están los lugares donde se ocultan los cobardes de nuestros buscadores?- dijo con un tono de furia a esos idiotas.

La chica observó a Kanda, comprendiendo su ira y furia por tener a unos Buscadores tan cobardes que ni siquiera podían hacer su trabajo bien hecho. E igualmente le resultaba frustrarte, le hervía la sangre al pensar en esos idiotas, puesto que los Buscadores son simples humanos que quisieron sincronizarse alguna vez con la Inocencia, pero les salió el tiro por la culata.

- En la Ópera y en el Museo de Historia. No deben andar lejos, según el mapa- respondió ella, de modo que, como Kanda, aligeró el paso y fue con él una calle más arriba, cruzando pues la plaza tan poco llena de gentes debido a la niebla, y donde se encontraron una calle bastante ancha. Espionaje, búsqueda de información.. Ante esos asuntos la kunoichi era muy versada, y bien sabía lo que se debía de hacer en cada momento.

A mitad de la calle, ancha para el paso de los ciudadanos y huéspedes viajeros, se asomaron algunos curiosos, a quienes ambos Exorcistas preguntaban, con sutiles fórmulas de demasiada cortesía, no exentas de cierta frialdad, qué es lo que causaba esa niebla.

- Hace dos semanas que ocurrió, sí- contestó una encorvada viejecita con un poncho morado- Una bestia enorme pasó, similar a un enorme ente, y maldijo la ciudad, no sabiendo exactamente el porqué, pero muchos rumorean que fue por no entregarle una joya escondida en la Ópera.

¿En la Ópera, eh? ¡Bingo! Los Museos no era un buen lugar de espera, pues estaba en reformas tras una de las batallas del Imperio Austro-Húngaro contra la nación Prusiana, y después contra Alemania.

-¿Una bestia...?- pregunto Kanda sin girar la cabeza a la anciana. Cada momento que pasaba la niebla era mas espesa, y Kanda no estaba dispuesto de perder mas tiempo con esa anciana. Así que la miró de refilón mientras la niebla la iba haciendo desaparecer hasta que se volvió una figura negruzca en la espesura.

La niebla se volteó más espesa, haciendo que la figura de la anciana se perdiese en la oscuridad. Tampoco ella estaba dispuesta a perder más tiempo.

- Vamos directamente a la Ópera. No perdamos más tiempo- decidió aunque consultó un instante en silencio mirando hacia el peliazulado.- Supongo que la niebla no alcanza los tejados. Saltemos. Siento algo extraño. No sé si será una trampa. Pero mejor asegurarse.- añadía, tras lo que dio un gran salto con Kanda, aterrizando en pie en uno de los tejados de los edificios de aquella calle, y comenzó a correr aprisa en dirección hacia la misma Ópera de Viena. Los cabellos se mecían a cuan velocidad con la que ellos acudían.- "Es extraño, pero parece que esta niebla está hecha de un material poco común. Quizás esa joya o lo que quiera que fuera.. posee propiedades que sólo la Inocencia puede tener. Sin embargo, puede ser que sea un arma de doble filo. A un mismo tiempo puede ser el arma que utilicen los Akuma para atrasarnos.."- pensó ella para sí.

A la lejanía, empezaban a verse motitas negras en un cielo cada vez más gris, angustiando a los vieneses. Mas un majestuoso edificio, el centro neurológico de la vida musical vienesa y uno de los polos de atracción del mundo musical se hallaba al fondo de esas motitas: la Ópera de Viena, centro musical de los Vieneses. Kanda afirmó y salto con ella a lo alto del edificio la niebla aun no había llegado pero al ritmo que iba no tardaría mas de unas 2 horas en ocuparlo todo.

-Debemos darnos prisa si la niebla sigue a este ritmo, no podremos luchar con facilidad- dijo de una forma de vista critica.

Observo al fondo una estructura enorme con un tejado de color verdoso y columnas bien construidas, pero se veían en el cielo unas motitas negras..."Akuma". Parecían casi doscientos los Akuma que se apilaban en torno a la plazoleta donde estaba el edificio de la Ópera y el edificio mismo.

- Hai- asintió firmemente, saltando después desde el borde de uno de los tejados con precisión, para después activar su Inocencia con solo pensarlo mientras los Akuma emitían una luz púrpura desde sus cañones. El símbolo de su frente se clarea un poco con unos adornos en morado, disipándose por la frente y los ojos, cuyas marcas se oscurecen más y se extienden por detrás de la espalda, asomando también detrás de la cabeza una especie de "capucha" similar a los de las cobras para intimidar al enemigo, al acceder al segundo nivel sus corneas son menos sensibles a las ilusiones provocadas por los Akuma, además que se le prolongan las vértebras del cóccix nacen como una "cola" robusta de serpiente. La fuerza puramente muscular y física, así como la agilidad y otros atributos dados en un nivel inicial aumentan 5 veces más, siendo capaz de, a la vez rasgar, envenenar al enemigo afectando su sistema nervioso y sus sentidos, aunque si se trata de Akumas de mayor nivel, la afectación es temporal. Apenas dura unos minutos, y para los Noé podría durar tan solo unos segundos. El nivel de la Muda aumenta hasta las extremidades dañadas, incluso el rostro. - ¿Listo para la caza, Kanda?

-¿Qué te crees?- El chico sonrió de medio lado con suficiencia, pasando los dedos índice y corazón de su diestra por el filo de su estilizada katana, Mugen, activando su Inocencia, y el filo de la misma, se volvió platinado, tras lo que pasó al nivel dos de la espada Mugen, creando una espada en la zurza unido por un halo de Inocencia azulado.- Mugen...hatsudou..

Se escuchaba los angustiosos gritos de la gente que huía, y algunos vieneses exhalaban su último suspiro deshaciéndose en cenizas, ni siquiera los esfuerzos de la policía austríaca podía contra las Balas de los Akuma. Hubo un grupo de diez que les rodeaba a ambos Exorcistas, quizás planeando la posibilidad de no dejar ningún hueco a los Exorcistas. Incluso, encima de uno de los edificios cercanos, había un Akuma de nivel dos de apariencia extraña. Usaba una especie de casco, y todo su cuerpo estaba recubierto por una especie de coraza negra, en uno de sus brazos se hallaba un pañuelo a modo de lazo color granate, y a ambos lados de sus dos largas piernas unos mecanismos negros. Similar forma que un motociclista rebelde, Belze, el nombre del Akuma de nivel dos, sonrió con sorna a y la vez que alzaba levemente su diestra con afiladas garras negras más oscuras.

- Ocúpense de ellos. - dijo el Akuma con una voz ronca y socarrona.

Sin embargo, gracias a una espesa niebla que usó para rodearse con ella, se desapareció dejando tras de sí un sinfín de cuestiones. Mas los Akuma comenzaron a disparar con sus Balas de Sangre, levantando las calles que finalmente se convirtieron en una plaza en ruinas, salvo el edificio de la Ópera, que, al parecer, "custodiaba" ese Akuma de nivel dos.

A cada paso que daban, los Akumas iban pereciendo y desapareciendo, hasta que finalmente, con una última explosión abatió todo, por el momento. Con el suelo de la plazoleta y los edificios salvo la Ópera estaban hechos trizas, aterrizó suavemente mientras la "cola" de serpiente hacía a su vez de equilibrio. 

- Kodoku ¿cómo vas?- preguntó el chico a su compañera, con quien una vez más compartía algo más que una simple relación laboral y se sentía cómodo con ella. Fue entonces cuando ella respondió a la pregunta al segundo.

- Sobre la marcha. Tengo la sensación de que algo más se esconde en la Ópera, y ese Akuma de nivel dos con patético aspecto se adentró en el edificio, uhm.- respondió con seriedad- "Aun así, si no nos damos prisa, puede que sea una Inocencia la que sea robada. Parece ser que el Akuma puede mantener el control de la sombra, de modo que la niebla será producto de una Inocencia puesta en la Ópera."- pensó la mujer para sí, analizadoramente.- Debemos darnos prisa. Tengo un mal presentimiento.- añadió dirigiéndose hacia el peliazulado, de modo que, seguidamente, salto de roca en roca ágilmente, junto con Kanda, para finalmente llegar al edificio intacto.

Kanda se acercó e intentó abrir la puerta de entrada con los brazos, mas parecía que estaba atorada por el interior y no iba a ser tan fácil abrirla así.

-Si me permites abriré la puerta..-dijo desenvainando nuevamente a Mugen, la activó en su segundo nivel para tener mucho más fácil acceso, y se posicionó a unos 5 metros de distancia de la puerta.-Hakka Tourou (八花蟷螂, Ocho mantis religiosas de flores)- Usando el Ningentou, Kanda crea un movimiento que corta rápidamente al enemigo ocho veces. La puerta se fraccionó en 8 trozos de un tamaño similar cada uno y se desplomó casi automáticamente después de que Kanda le diera un leve toque con la mano izquierda.

Una vez que traspasaran las puertas de entrada, bloqueadas con anterioridad, se hallaban ante unas magníficas escalinatas, unas escaleras de mármol adornadas con esculturas de Gasser, representativas de las siete artes, y relieves de ballet y ópera en toda la enorme pared clara. Esta gran escalinata conduce al impresionante vestíbulo, conocido como el Vestíbulo Schwind, pintor que lo decoró. En la sala destacan los bustos de grandes compositores y directores. Un poco más arriba hay una sala privada, el salón de té, donde las más importantes autoridades, la usaban como rato de ocio en los entreactos. En ella aún se mantienen las sedas con las iniciales del gran emperador Francisco José. El auditorio es sencillamente impresionante, pero como curiosidad, allí se celebraba el baile de la Ópera de Viena, el último jueves de Carnaval, todo un acontecimiento social para personas de la alta sociedad.

Mas sin embargo, el tétrico aspecto que presentaba el edificio entero contradecía lo descrito: las cortinas desgarradas, los cristales quebrados y rotos, las lámparas apagadas.. La única luz que se podía proyectar era desde el exterior, iluminando débilmente la estancia. Kodoku sacó de sus ropajes el folleto con lo importante del edificio de la Ópera de Viena. Una ligera pero tétrica sensación le recorría la sangre. A lo lejos se podían escuchar sonidos similares a gritos, que probablemente conducían a una trampa. La kunoichi no dijo palabra alguna.

- ¿Crees que deberíamos dividirnos para encontrar a los estúpidos buscadores y la inocencia si la hay?- dijo Kanda secamente mientras deshacía su nivel dos.

La verdad es que esta ópera no tenia el aspecto esplendido que tendría en un pasado, los capiteles de algunas columnas se habían desgastado por falta de mantenimiento y otros habían caído al suelo. Las cortinas antaño, rojas tenían un lustre apagado y estaban completamente destrozadas y el suelo estaba lleno de escombros. Observó analizadoramente la tétrica estancia antes de responder a Kanda. En el exterior el cielo se clareaba, dejando paso a un caluroso sol. Mas, sin embargo, la neblina no huía pese a dicha claridad.

- Será lo mejor. Hay algo que no me gusta. Si necesitas algo, llámame al Golem. Si no encontramos nada, nos encontraremos aquí en una hora y media o después vamos a comer algo, si te parece bien.- respondía ella. 

Se alejó corriendo por las escaleras arriba y viró corriendo sumida en la oscuridad alternada por la anaranjada luz estampada en el tinte dorado que se extendía por el firmamento. Los cabellos y los pegues del traje ondeaban. Recorrían un largo pasillo, resonando muy levemente sus tacones del calzado de punta abierta. Las claras paredes estaban alternadamente llenas de cuadros, y pasaba siempre por alguna que otra habitación importante, mas cuando accedía a un segundo piso, casi similar a la primera estancia, no le sorprendió que el suelo estuviese cubierto de una leve niebla gris clara.

-"Yosh. El Akuma o la Inocencia deben estar cerca. Según las palabras de la anciana de antes, describían una joya que se hallaba en este edificio; y hace un par de semanas, un extraño ser vino buscando la misma, y que a la misma vez se provocó esta niebla. Éso da a señalar que es una Inocencia escondida por aquí, y que el Conde envió al Akuma de nivel dos para robar la preciada joya vienesa."- pensó analizadoramente ella para sí, y dado a que la Inocencia Parasitaria estaba activada, el camino de niebla se había dividido en dos partes a los lados, aunque la mujer hizo caso omiso, pensando agudamente que ésta había reaccionado ante su Inocencia. Escondida entre las sombras, fundiéndose con el entorno como buena shinobi que era, inspeccionaba cada rincón que veía, impasible, pese a sin encontrar nada.. todavía.Viró a la izquierda.

-Pareces buscar algo, ¿no es así, Exorcista?- dijo una burlona voz masculina. La figura del Akuma de nivel dos aparecía al fondo del pasillo, que hizo detener a la chica en seco y se dejara ver con un gesto macabro, a lo que la joven le recibió sacando la larga lengua con gesto sádico y relamiéndose antes de comenzar la "caza".

- A ti.-contestó simplemente. 

Se iluminaba una enorme sala donde se encontraban, al parecer era un salón de Baile de los de la alta nobleza, aunque el suelo de madera a buen nivel estaba levemente cubierta de una fina capa de polvo, dándole una apariencia casi desvalida a la iluminada sala. El Akuma de nivel dos sonrió burlesco y socarrón, y la joven Uchiha no se dejaba engañar ante tal enemigo mientras éste concentraba energía en sus garras para hacer aparecer un par de sombrías "pistolas" hechas de Materia Oscura. 

El Akuma disparó una esfera de energía oscura y Kodoku esquivo saltando hacia el techo a gran altura tras lo que cayó en picado sobre éste mientras proseguía con su activado nivel 2 de su Inocencia, y el Akuma lo bloqueó primero con una y luego con la otra oscura arma de fuego, pero lo que no se esperó fue una patada al costado lateral que recibía de su enemiga, que lo mandaría hacia la pared, rompiendo ésta debido al impacto. El Akuma modificó la forma de sus armas oscuras de fuego, convirtiéndolas en unas enormes cuchillas que abarcaban casi ambos brazos. 

Prosiguió un combate cuerpo a cuerpo, en cuya disciplina sobresalía la chica, incluso era más fuerte con la Inocencia de Tipo Parásito, quien, bloqueó con un pie una patada del Akuma, rodeó la misma pierna de su enemigo con la suya, y con la libre le golpeó al Akuma mandándolo de nuevo hacia la pared, desquebrajándola, aunque no todo estaba acabado ¿o sí? Aún el Akuma estaba vivo, sujeto por la cintura por la larga cola de serpiente de la joven shinobi.

-..No ha estado tan mal, para un patético Akuma como tú- habló la Exorcista con una media sonrisa de autosuficiencia, ironía y sarcasmo, con un ácido y sádico desdén, con la intención de no dejarle ningún margen de movimiento.- Y desgraciadamente.. se acabó para ti, Akuma. Kubire (くびれ, Contracción)- Usando su "cola" o sus manos desnudas, con esta técnica puede atrapar al oponente y ahogarlo como un método más lento y letal de tortura si bien el usuario así lo quiere, gracias a poderosos músculos que se desarrollan (como en el caso de las pitones y boas), de modo que la musculatura de la misma cola era intensa cada segundo que pasaba, como si fuese una constante tortura para el Akuma.

- ¡Suéltame, zorra!

- ¿Oh..?- la sádica sonrisa de la chica se acentuó más si cabía.- No dijiste las palabras mágicas..- siseó. Si era sincera le daba igual, lo mataría de sofoco si era necesario. El Akuma intentaba zafarse de sus ataduras, aunque al rato lo consiguió, debido a que la chica lo permitió. ¿Había acabado? No. Estaba por terminar. Lo había lanzado nuevamente hacia la pared. Varias losas quedaron levantadas por tal energía y las luces quedaron apagadas y rotas, tan sólo siendo iluminada por el amarillento Sol de media tarde, creando un aspecto ciertamente anciano. ¿Tanto habían estado allí?

La joven sonrió de lado con suficiencia, y se desplazó con una pasmosa velocidad y reapareció justo frente a él, propinándole una poderosa Mordida de Serpiente Blanca con la cual acabó con el Akuma, quien profirió un grito desgarrador antes de desaparecer.

>> Owari da- susurró para sí la Exorcista, tras lo que volteó a sellar su Inocencia en el rubí de la frente, y comenzó a subir por unas estrechas escaleras que conducían al tercer piso 

-¡¡¡Bastardo!!- grito un segundo akuma dolorido por los 8 cortes que le produjo Kanda en su cuerpo, las heridas sangraban una sangre de color morado que se derramaba por el suelo y se filtraba por las grietas que este tenia. Kanda se sonrió un poco se giro y volvió a realizar la misma tecnica que acaba de ejecutar

-Hakka Tourou (八花蟷螂, Ocho mantis religiosas de flores)- Usando el Ningentou, Kanda crea un movimiento que corta rápidamente al enemigo ocho veces. Esta vez lo redirigió para cortar le 2 de las piernas que le quedaban y atacar esos ojos tan asquerosos que poseía cerca de la mandíbula. El akuma soltó otro grito desgarrador que resonó por todos lados al sentir como sus ojos eran rebanados en dos. El suelo empezaba a teñirse cada vez mas del color de su pútrida sangre y si Kanda llegaba a tocarla moriría en un corto periodo de tiempo. El peliazulado decidió terminar con esto cuanto antes y salto sobre el akuma poniéndose al altura de su cabeza.- Se acabo tu vida, estúpido montón de chatarra- dicho esto atravesó esa esfera con las dos espadas la cual desprendió un brillo rojizo y se fragmentó. Kanda se separo de un salto y el Akuma explotó desapareciendo en la nada.

Al llegar al tercer piso, la kunoichi se detuvo mirando hacia los lados, ya que una enorme sala similar a una biblioteca se hallaba ante sus ojos, parcialmente iluminada. Escuchó entonces un desgarrador grito precedido por una explosión. Sonriéndose  levemente hacia sí misma, suponía que Kanda había derrotado a algún otro Akuma mientras avanzaba por la enorme sala similar a una Biblioteca. 

No había hecho ninguna falta ayudarle. Confiaba plenamente en él, si era sincera consigo misma. 
Decorada con un dorado barnizado, el techo presentaba enormes y majestuosas pinturas que, seguramente, eran propiedad de los pintores austríacos del siglo 19 o más antes. A los lados habían varias estanterías de madera marrón oscura, alternadas por una serie de asientos. En el centro del pasillo, concretamente sobre el losado negro y blanco, se hallaban varias mesas circulares, de extremo a extremo. El losado suelo estaba cubierto por la leve niebla gris clara, de modo que los pies no se le verían mucho y parecía que se concentraba más. hacia la sala contigua.

-"Bien. Esta sección parece una Biblioteca.. y parece ser que la niebla se espesa más hacia la sala contigua. La Inocencia debe de estar cerca, de hecho."- pensó para sí mientras paseaba la azabache mirada, y la cola amortiguaba el murmullo de sus silenciosos y sigilosos pasos con el calzado que llevaba.

Después de destrozar a ese akuma, Kanda desactivó su inocencia y la envainó, para proseguir su búsqueda. Volvió a la habitación la cual su puerta destrozo anteriormente y comprobó que no había nada, simplemente la oscuridad que se hallaba ahí dentro y los trozos de madera destruida por su hombro. Siguió avanzando por el pasillo destrozado por el pequeño enfrentamiento de antes abrió una puerta tras otra hasta encontrar al grupo de buscadores que se encontraban maniatados en una habitación de dicho pasillo.

Se les veía muy sucios después de arrastrase por este lugar unos días. Kanda los libero con hábiles movimientos de la espada.

-Gracias señor exorcista, dijeron todos los buscadores supervivientes.

- Tsch..- dijo Kanda secamente y se alejo de ahí yendo a buscar a Kodoku y a la Inocencia así que decidió ir hacia arriba hacia donde había ido la chica, así que se encamino de vuelta a la entrada y subió por la escalera. Avanzó hasta la puerta de la sala siguiente, aunque ésta estaba atrancada, quizás desde dentro, de modo que se apartó unos metros para tomar carrerilla, y después golpear con una patada la puerta de madera, que se abrió desquebrajándose. 

Una inmensa luz plateada que traspasaba una única y gran ventana de transparentes cristales iluminaba una especie de despacho, aunque era de lujo, con una chimenea, un par de mesillas, un par de sillones y un sofá, y una mesa principal rectangular con una especie de trono de madera y arropado en granate se hallaba a un lateral de la ventana. Una repentina luz tenue y verdosa se hallaba al lado de la chimenea, en un frasco en forma de campana, transparente, que contenía una pequeña esfera verde con unos óvalos rodeándola. Sin duda Inocencia, pues la mayor concentración de niebla estaba alrededor de ella, formando un miniremolino que hacía turbio el cristal de la urna que contenía la Inocencia.

Mas no se esperaba que por tener la Inocencia activada, un despliegue de niebla que chocaría con la misma kunoichi y su Inocencia activada, que la hizo retroceder un poco, aunque el suelo se desquebrajó un poco por el intento de frenarse para que el impacto no la llevase demasiado lejos, las córneas adicionales cubrieron ambos ojos. 

- Hakufū (白風, Viento Blanco)- Es una técnica ofensiva en la que el usuario expulsa una cantidad semejante a un "dragón" de su boca, portador de una especie de orbe en su garra derecha, el cual se enrosca hasta estar "unido" a ésta, tras lo que comienza a liberar una luz cegadora que crea un sonido ensordecedor para quien esté demasiado cerca, pues inhibe los sentidos del enemigo hasta paralizarlos, en caso de enemigos mayores, o explotando en poco tiempo. Dado a que el usuario previamente se cubre de las córneas especiales de las serpientes, aunque para ello deba estar a cierta distancia.- "Bueno.. No he de usar mucha energía,pero sí la suficiente como para desquebrajar el contenedor de la Inocencia si no quiero que ésta se dañe.. ¡Ikuso!"

Theme Song!:

La especie de tornado que formaba la niebla se dividió entonces en dos, por el mismo punto en que ella activó su técnica, tras lo que dirigió rauda como el viento mientras usaba la cantidad exacta de sonido para vibrar el cristal lo requerido, y de un toque desquebrajó la ovalada cápsula que contenía la Inocencia, la cual cogió con la cola antes de que la técnica desapareciese pudiese hacer más daño. 

Kanda escuchó fuertes ruidos provenientes del tercer piso y se dio prisa en llegar allí.

-"Seguramente Kodoku habrá acabado con el akuma de antes y habrá recuperado la inocencia... Es una chica que cumple las misiones de forma perfecta, me gusta trabajar con ella" pensó Kanda mostrando una sonrisilla de satisfacción. Llegó a la biblioteca o al menos eso parecía y vio como la puerta estaba destrozada en el suelo y una luz verdosa salia del cuarto que se extendía tras la puerta.

Kanda se sentó en una silla de la biblioteca a esperar a la joven la cual saldría triunfante después de conseguir la nueva Inocencia y haber destrozado a ese Akuma fácilmente, pero Kanda no sabia que hacer después de esta misión. Pensaba quedarse una pequeña temporada, un día o dos, para relajarse y montar guardia si era necesario, y lo que es más, no ver al usagi ni al moyashi tan pronto. Pero no se lo había comentado a su compañera debía hacerlo cuanto antes por que podría ser una negativa y entonces volvería a la orden. Puso la mano en su frente como tomándose la temperatura, lo hacia para pensar cuando no se sentaba con los brazos sentados y en una posición sombría.

La chica salió de la sala con la Inocencia en las manos, como suspendida levitando entre ellas. La niebla había desaparecido, por lo que había sido causa de la Inocencia. El atardecer predominaba ante Viena. Se acercó a Kanda. El sonido de sus sandalias de punta abierta y poco tacón resonaba levemente en la madera del suelo. Sonrió muy levemente al verle. Tomó su maleta en la diestra y después desactivó su Inocencia. Se detuvo frente a Kanda, suponiendo que había liberado a los estúpidos Buscadores y derrotado a tan patético Akuma de nivel dos.

- Ya tenemos a los Buscadores y la Inocencia que causaba la neblina.- comunicó ella aunque silenció después por si Kanda tendría alguna sugerencia de si quedarse en Viena un par de días más o irse de inmediato a la Orden; aunque estando en la piel de Kanda estaba segura de que era lo primero, quedarse un par de días en Viena, para no ver a tales elementos que había en la Orden, que no comprendían el deber verdadero de un Exorcista.

- Todo está cumplido, como siempre lo hemos hecho de forma eficaz.- Kanda se levanto cogió su maletín y agarró a Mugen con la otra mano y se encaminó con la joven para salir rápidamente del edificio.

Anochecía. La luna proyectaba algo de luz sobre las calles mostrando las sombras de algunos edificios y la destrucción ocasionada en la plaza antes de entrar en la opera.

>>Kodoku... ¿te apetece quedarte aquí unos días?- dijo Kanda mientras andaban por los escombros de la plaza junto a su compañera.

Asintió ante las palabras de su peliazulado compañero, y quizá desde una misión atrás o la acontecida algo más, podría adivinar en lo que el peliazulado pensaba, y se dispuso a caminar en silencio con él. Bajaban por las escaleras hasta que finalmente salió con Kanda de la Ópera, observando ante ellos el caótico paisaje que habían creado antes con la anterior batalla con los doscientos Akuma. Echó un vistazo a los derrumbados edificios, a las desvalidas calles próximas a la plaza y al levantado suelo de la plaza, alzándose sobre éstos la alta y gran estatua que no se había derrumbado.

- Sinceramente, estoy de acuerdo con que nos quedemos. No tengo demasiadas ganas de cruzarme con idiotas en la Orden.- respondió ella, siendo sincera y con tranquilidad y afabilidad, puesto que le agradaba conversar con Kanda.

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ƒƒ CAPITULO 2. LAZOS ƒƒ

Kanda mostró una pequeña pequeña sonrisilla al saber que pensaban lo mismo sobre los de la Orden. Además le encantaba la idea de estar con su compañera por la que sentía algo más, Kodoku Uchiha, en Viena, unos días de tranquilidad y vigilancia.

-Deberíamos buscar un hostal para alojarnos.- dijo Kanda con el mismo tono tosco de costumbre que lo caracterizaba.

La destrucción de la zona era muy notoria, había casas afectadas cerca de la plaza, la misma plaza se vislumbraba totalmente deteriorada por el paso de los akumas y era difícil moverse con seguridad para cualquiera que no fueran ellos dos claramente. Mientras tanto los buscadores se las ingeniaban para salir de la Ópera.

- Así lo pienso. Busquemos una posada por la próxima plaza.- comentó ella tras las palabras de Kanda, por quien sentía un profundo respeto, cierta admiración incluso le profesaba cierto cariño, pese a conocerlo desde hacía pocos meses, y posiblemente era una amistad en transcurso de ser una fuertemente sólida, aunque no lo parezca por las personalidades de ambos.

El caótico paisaje les dificultaba el paso un poco, aunque saldrían de un modo u otro. Los pasos les llevaron a una plaza vienesa donde, cerca, había un quinteto de posadas para pasar la noche, y suponía que en el cartel de una o dos de ellas rezaba que estaba cerrado por lo llenas que estuvieran. Las dos ocupadas posadas se encontraban a uno y otro lateral de la plaza, y las otras tres se hallaban por los edificios de la plaza.

Kanda observó atento las posadas que estaban cerradas, se dirigió a una que estaba abierta para preguntar si tenían suficientes camas para ellos dos. Pero a él lo que mas le gustaba, aunque se negaba rotundamente a admitirlo, era estar con ella, se sentía cómodo a su lado y mucho menos molesto por su presencia.
Tocó a la puerta y le abrió un señor corpulento con un bigote alargado como si fuera francés.

-¿Qué quieres?- dijo en tono muy seco.

-Busco alojamiento para mí y mi compañera- dijo Kanda con su humor agrio de costumbre. El señor le miró con una mirada de pocos amigos, como si evaluara a los dos nuevos inquilinos desconfiadamente, y se apartó dejándoles pasar. Había poca gente por las horas que era, quizás estarían cenando en sus respectivos domicilios después del incidente de la Ópera.

Salida de una puerta postrada a la derecha de la recepción, una mujer de cabellera rubia y ojos marrones claros se acercó a ambos Exorcistas, pensando que posiblemente eran viajeros.

-La hora de cenar es de nueve a once de la noche. Lo que se precise estaré en recepción con mi padre.- les comentó la vienesa que, al parecer, dirigía el restaurante de la posada, a la vez que ser familiar del propietario.- Aún están a tiempo.

Kodoku la miró de reojo, en silencio. El posadero les dio unas llaves de una habitación con dos camas dobles, quizás una de las pocas habitaciones libres de aquel hostal. La peliazabache viró la mirada hacia Kanda, consultando si deberían cenar antes de acostarse, ya que eran por lo menos las diez y cuarto de la noche.
Kanda agarró las llaves de la habitación, miro a Kodoku con una significativa mirada y afirmó secamente.

-Pasaremos a dejar nuestro equipaje en la habitación y bajaremos a comer de inmediato- dijo Kanda fríamente mirando al posadero de mala gana.

Subieron unas escaleras de madera marrón oscuro llegando a un pasillo con diferentes puertas de madera de roble, el posadero se paro en una puerta y les invitó a pasar. Cuando subieron, un hervidero de murmullos por parte de las botas y el calzado de los tres hacían repiquetear las escaleras de dura y resistente madera.

Cuando llegaron al primer piso, el posadero les invitó a entrar en una habitación sencilla, con buena iluminación, además de la plateada luz que ofrecía la luna predominante sobre el firmamento, dos camas, una mesa de noche con una lamparita y dos cajones, un aseo y muebles varios típicos de las posadas. Los cubrecamas eran de un color beige, en claro conjunto con las marrones paredes. La chica avanzó hacia una de las camas y dejó su maleta sobre el cubrecama, en silencio. Quizás no tendría nada que decir.

Kanda observó cómo el posadero cerraba la puerta y oyó como bajaba la escalera poco a poco, ese tipo no le inspiraba confianza y cada vez que oía su voz le hervía la sangre. Se acercó a la cama que había dejado Kodoku libre dejo su maletín, y se desató la vaina de Mugen del la cintura dejándola en una esquina cerca de la cama. Se encaminó al baño y cerro la puerta tras de sí sin mediar palabra, se quitó la parte alta de la túnica y comprobó que las vendas de su pecho estaban algo ensangrentadas y con algunos agujeros.

-"Probablemente sean trozos de piedra y de madera de cuando tuve que esquivar a ese montón de chatarra"- Se quitó la venda y se extrajo algunos trozos de madera mas grandes mientras un poco de sangre bajaba por su torso y cayendo al suelo en pequeñas gotitas.

La chica observó que Kanda se metía en el aseo. No se le ocurrió molestarlo, ni en pintura. Pensativa, se encaminó hacia una de las ventanas de la habitación, sentándose en el alféizar de ésta, esperando pacientemente a Kanda, por lo que no le molestaría ni nada que él no quisiera. Días conociéndose, ya sabía perfectamente sus gustos y lo que le disgustaba. Exhalando un leve suspiro después, se levantó y, abriendo su clásica maleta de Exorcista, se dispuso a colocar su ropa bien puesta en un lado del armario, todo ordenado y limpio, como le gustaba tenerlo todo. Todo era un silencio bastante tranquilo, aunque algo le sabía mal, no sabía el qué.

Kanda se limpió la sangre y se puso unas vendas nuevas mientras escondía las otras para que la muchacha no las viera, y salió del baño con su túnica bien colocada de nuevo. Vio a la Uchiha poner la ropa en el armario y el hizo lo mismo en el lado opuesto, el reloj marcaba las 10 y media con una sonora campanada. Kanda lo miró con desdén y le dedicó una significativa mirada a la kunoichi consultándole si deseaba comer algo antes de acostarse.

El sonido de las campanadas que daban las diez y media sacaron a la muchacha de sus pensamientos cuando terminó de colocar bien las ropas y ver a Kanda hacer lo mismo. A la par comprendió la mirada desdeñosa de éste, ya que sabía que el posadero, al principio no le había caído nada bien, lo mismo que ella. Resopló exhalando un pequeño suspiro.

- Es la hora. Aunque si quieres podemos ir a un restaurante cercano, en vez de al restaurante de la posada.- le comunicó ella, disimulando la preocupación que sentía por Kanda. Sabía de algún modo que éste estaba un poco herido por la intensa pelea y estaba disimulando las heridas, y bien sabía ella que se podía regenerar de sus heridas escepcionalmente más rápido que los humanos normales. Mas, ella se guardaría sutilmente los secretos que compartía con Kanda, no se lo diría a nadie. Los asuntos entre Kanda y ella, sólo podían ser resguardados por ellos solos.

- Sí, me gustaría, muchas gracias.... Como habrás comprobado no me cae muy bien el posadero.- Dijo un poco seco y algo desanimado. Dicho esto se acercó lentamente a ella y a su oído para decirlo algo que solo ésta pudiera oír.-Lleva la Inocencia, no me fío de ellos- dijo en un tono seco y un poco dolido. Después de esto se separó de ella y se volvió a atar a Mugen a la cintura y se dirigió a la puerta para ir a cenar con ella.

La chica, como era habitual, escuchó atentamente las palabras de Kanda, y asintió sin mediar palabra. 

- Por supuesto. Tampoco me fío de él- le susurró la chica al oído de Kanda, comprendiendo perfectamente las palabras emitidas por éste. Mantuvo guardada la Inocencia bajo sus ropajes, a buen recaudo. Tomó las llaves puestas en un pequeño cuenco junto a la lamparita de la mesa de noche, salió con él de la habitación cerrando con llave suavemente y bajó hacia la sala principal de la posada, donde estaba aquel posadero de voz seca y agria, y aquella muchacha que dirigía el restaurante de la misma posada. Se detuvo al llegar con Kanda al hall principal, aunque pasó por alto a las palabras del posadero y su "ayudante". Kanda le dirigió una mirada de desprecio a ambos sin fijarse mucho en ellos.

-Mi compañera y yo hemos decidido ir a cenar fuera.- Dijo Kanda en tono seco y muy molesto por ver ese estúpido y a su ayudante.

-¿Está seguro, señor?- dijo el estúpido posadero.

-¿Realmente le importa nuestra decisión?- dijo muy molesto y en un tono excesivamente seco, después de eso salió por la puerta abriéndola muy bruscamente con un sonoro golpe en la pared y se perdió en la oscuridad del exterior.

El exterior se presentaba tranquilo, con un poco de viento que ondeaba los trajes y las cabelleras de ambos jóvenes Exorcistas. Las calles se veían silenciosas y tranquilas. Kodoku exhaló un pequeño suspiro de alivio, pasando con Kanda por edificios típicos de Viena del siglo XIX, de aquella época. Por suerte había un restaurante abierto cerca de donde se hospedaban, con menú a gusto del consumidor.

Kanda estaba algo enfurecido por el estúpido posadero, no le hacia gracia él ni su ayudante pero le relajaba estar con su compañera. Así que se dirigieron al restaurante, las mesas estaban decoradas con manteles rojos, con algunas velas que iluminaban la terraza ligeramente y unas rosas del mismo color que el mantel daban el toque de un restaurante romántico con un menú muy variado. 

Sinceramente patético. Si bien tenía toques "románticos", a la kunoichi poco o nada le importaban. La mesa reservada estaba en un cubículo bastante apartado y con vistas a los jardines interiores del restaurante. Había gato encerrado.. Komui debía de estar detrás de todo esto. Sería típico de ese payaso sospechase ese tipo de gilipolleces, para con ambos Exorcistas no debían tener tales detalles estúpidos. ¿Qué maquinaba? Tsk.. Conociéndolo, nada bueno, aunque quizás algo sobre Kanda... En fin.. La chica tomó asiento, pensativa, con ambas manos juntas entrelazando los dedos, delante de la boca, con gesto serio y meditativo. En fin.. Sinceramente, alrededor de la figura de Kanda se movía un aura de misterio, al igual que ella. Por pensar en otra cosa, se ocupó del pedido del menú que ten ante sus ojos. 

- ¿Qué pedirás?- quiso saber Kanda observando por encima de su menú a la chica, lo que causó que ella saliese de sus pensamientos, aunque él se daba cuenta de que a su amiga, quizá la única que poseía, le ocurria algo.

- Supongo que algo sano, como es habitual- contestó ella, como sin darle importancia al asunto.

- Oe, ¿te encuentras bien?- le preguntó a la chica, zarandeándola muy levemente al posarle su mano sobre su hombro.

- Hai, me encuentro bien. Son solo cosas mías..O puede ser posible que no- aseguró la chica- A decir verdad me temo que ese estúpido Komui está tras todo esta estupidez..-le confió la chica, pues era con el único capaz de entablar una conversación normal.

- Asimismo me da mala espina. Por el momento no es bueno centrarnos en eso. -corroboró tratando de tranquilizar a su compañera, aunque el chico no le apetecía indagar sobre esos temas tan en público, justo cuando el camarero venía a anotar el pedido de ambos. 

- Supongo que sí. -se convenció la chica, aunque no lo lograba del todo. Era verdad que sentía algo por el chico, pero eran asuntos que mantenía en su fuero interno quizá por timidez.

La cena transcurrió con toda normalidad cuando el camarero les sirvió el pedido una vez requerido en las cocinas y retirado el menú. El ambiente no mostraba anormalidades, ni levantó sospechas por ninguno de ambos, aunque sí murmullos que ambos ignoraban. Cuando terminaron, ambos se fueron de regreso a la posada, siendo responsable de los costes la misma Orden, por lo que era menos molesto por su parte.

Al llegar a la posada, quizá la mayoría se encontraba en sus respectivos dormitorios, solo la hija del posadero, que les atendió para entregarles las llaves antes de retirarse a acostarse. Así, subieron las escaleras hacia la habitación que compartían.

El chico no dijo nada y se metía en el aseo para cambiarse, y sin embargo la chica tomó asiento en el alféizar de la ventana, quizá aún absorta en sus pensamientos, algo que notó el peliazul notó al salir del aseo recién aseado y cambiado, lo que se acercó a ella sentándose a su lado. Estaba de brazos cruzados, como observando al exterior por si se notaba algo extraño, aunque en parte aún estaba absorta en aquellos pensamientos y quizá por ello no podría dormir. 

- ¿Alguna novedad?

Silencio por respuesta, quizá porque la joven estaba saliendo de sus pensamientos, o quizá tomándose su tiempo para contestar.

- Aún no, Kanda. Parece que las gentes poco a poco retoman sus vidas después de lo acontecido.- contestaría la chica. Desviaría la mirada hacia los profundos del chico.- Me barrunto que tarde o temprano terminará este estrés.

- Ya veo.- comentaría el chico, que observaba a su amiga con suspicacia.- Aún andas pensando en eso ¿verdad?

- Sí. -admitiría la chica, sin ningún tipo de reparo, queriendo ser más sincera con él que ocultarlo.

- Tranquilízate, Kodoku. Como se esperaba, solo son estupideces.- trató de tranquilizarla, sentado a su lado.

El estar a su lado parecía estremecerla, por lo que sentiría una especie de escalofrío. Aún así, el darle vueltas a lo acontecido y lo sospechado para que los dos se junten para la misión, quizá haya sido una tontería el haber pensado en eso desde el principio

- Quizá tengas razón y no sean nada más que falsos rumores y tonterías

- Ve a dormir. Yo me quedaré montando guardia.- trató de tranquilizarla el chico, lo que la ojirojiza le miró a los negruzcos ojos azabache. Suavizó una sonrisa antes de poder retirarse del alféizar.

- De acuerdo. entonces. Buenas noches, Kanda..- diría ella antes de recostarse en una de las camas, aunque, al hacerlo, sentiría una muy leve punzada en el brazo enfermo, cosa que aguantó para no preocupar más al peliazul.-..Arigato..-susurraría ella cerrando finalmente los ojos despacio, para así tratar de dormirse. No parecían pasar ni las horas, Kodoku no podía dormitar. Aquella mancha del brazo, vestigio de su enfermedad, le estaba dando problemas nuevamente. Aunque sentía un calor junto a ella.. un calor y aroma inconfundibles, unos brazos rodeándole los costados. Y enseguida notaría sus mejillas enrojecer y encenderse por el calor que sentía- ¿Kanda?

- Te duele el brazo, ¿me equivoco?- inquiría él una vez le colocó una venda verde medicinal a su amiga en el hombro afectado. Bajo la gabardina que llevaba, se veía una mancha grisácea marrón que estaba entre el hombro y casi el codo.

- ¿Cómo lo supiste?

- Noté tus escalofríos, simplemente. Además nunca me dijiste cuando ocurría.

- No te tendrías porqué tomarte estas molestias, Kanda. No lo hice por no preocuparte, teniendo en cuenta que tendrías tus propios problemas para lidiar con los de alguien más.- comentaría la chica aún con ese rubor en sus mejillas.- Sin embargo, te lo agradezco.-Agradecería, aunque desearía que el chico se quedase con ella, por lo que, pensándolo o no, éste se quedaría quieto, junto a ella. A cada segundo sentía su cálido halo, su tacto en el cabello, y era.. ¿cómo decirlo? cercano y reconfortante...

- Oye,. para lo de tu enfermedad.. ¿No has encontrado una cura para eso, verdad?- quiso saber el chico con gesto preocupado, pues no quería perder a su única amiga.

- Por desgracia no. Aún así, no pienso permitir que esta enfermedad me gane, pase lo que pase.- contestaría ella, decidida a no dejarse ganar por una enfermedad como Shinobi Médico. En tanto se giraba cuidadosamente para estar frente a Kanda, pensaba que la enfermedad estaría conectada con algún poder oscuro, quizás alguna variante de la Materia Oscura, incluso con aquella Bala de Sangre que disparó un Akuma contra ella cuando no sabía nada de la Inocencia, lo cual detestaba, observó cabizbaja y sintiéndose frustrada e impotente al sospechar de aquella materia. Tenían que encontrar la cura, pese a que ésta sea escasa en todo el mundo. Le era igual si las mejillas todavía estaban ruborizadas y de un color rojizo manzana. Se sentía fatigada, frustrada y cansada, con la mirada quizás ausente o perdida.- Quizás no esté tan bien como creía. Es frustrante.- musitó sin alzar la voz, como su fuese para sí o pensando en voz alta.

- No te preocupes tanto. Estoy aquí contigo.- comentó Kanda para tratar de animar y tranquilizar a la joven, deslizando una varonil y cálida mano por una de sus mejillas y cabellos, tomándola previamente por la barbilla.- No estás sola.- Y la abrazó fuerte contra su pecho, de forma que la chica notaría más el sonrojo, y él asimismo se sonrojaría, asimismo notando los enormes pechos de la chica contra los del chico sobre la camisa que llevaba. La chica sujetó con fuerza la misma, esbozando una gran sonrisa al apoyar su cabeza sobre el pecho del peliazul. Ella notaría una varonil mano de él en la espalda y otra en el cabello, acariciándolo con una calidez y ternura jamás vista en él.

- Kanda...Quédate conmigo..- pediría ella alzando leve su mirada rojiza hacia los negros azabache de él.

- No me separaré de tu lado...- dijo mientras acariciaba el cabello de la chica, despacio y con ternura, abrazándola contra su pecho.

No deseaba otra cosa que estar junto a Kanda. Su cabello, sus ojos, su todo, no sólo físico, sino también su personalidad la atraía. No sabía qué ni porqué era, pero se sentía mucho más segura con él a su lado. Comenzaba a notar caricias, cómo las manos de él se deslizaban por sus espaldas y cabellos, incluso por la cintura y mejillas. Ella rodeó sus hombros con los brazos, apegándose más a él, que asimismo estaba rojo dle rubor que sentía al estar con la chica.

- ¿Estás mejor?- quiso sabe éste mirando a los ojos a la Uchiha.

- Claro. A tu lado siempre me siento mejor- se sinceró la chica, aunque el chico no se separó de ella. Sentía como un imán hacia ella, algo que no sentía de hacía mucho tiempo, o casi nunca, y ella era la única en sacarle una sonrisa y esa parte que en él llevaba escondida durante tanto tiempo y que sólo ella había logrado deslumbrar.

- Es bueno saberlo.- comentó él esbozando una sonrisa verdadera que no sentía en mucho tiempo, o casi nunca. De alguna forma, sabía que no se iba a dar por vencida. Pensando en que estuvo casi toda su vida solo, y el hecho de que ella estuviese ahí, con él, de alguna forma le levantaba el ánimo, además sabiendo que la chica era mujer de promesa..

[...]
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