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Camino Rebelde

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Camino Rebelde

Mensaje por Revy Yang el Lun Mayo 05, 2014 10:04 pm

Titulo:
Camino Rebelde

Pareja: 
Castiel x Revy

Tipo: 

Hétero.

Género: 

Romance 

_______________________________________________

CAPÍTULO I: PASIÓN REBELDE.

Sangre, dinero, crímenes incluso fuera de la ley.. Tan solo el dinero y el poder eran lo más importante. El valor monetario de las cosas eran lo primordial en aquel mundo. Quizá el sol del atardecer le hacía navegar por aquel pasado de mierda. Había algo extraño entre la sangre y el hedor de los cadáveres, la podredumbre.. Una pluma blanca caía en la sangre recién secándose junto a los cuerpos en descomposición de un par de hombres, y uno de ellos, era su padre, un maldito hijo de puta que se pasaba los días acosando.... Por el momento ese recuerdo le zumbaba la mente como un jodido abejorro. Aquél era el comienzo de su vida como huérfana. Sin embargo, ahí estaba, perdiendo el tiempo con unos lameculos que tenían la misión de “enseñar”, en el patio del Instituto, aunque ella, como era obvio, llegaría bastante tarde. La Agencia Black Lagoon había requerido sus servicios como ladrona y asesina nuevamente, uno de sus trabajitos temporales. ¡Y pensar que el cliente era de fiar!

El mediodía se acercaba. Los estudiantes del Instituto Sweet Amoris, de Francia, estaban ya saliendo. La estúpida “princesa” y hermana del delegado principal, Ámber, con sus dos amigas, Li y Charlotte, luego otros alumnos como Lyssandro, Violetta, Rosalya o Kim, ya que los delegados principales se quedaban hasta poco más tarde, y el mismo rebelde y rockero Castiel, pelirrojo de tinte y originariamente moreno, quien, ni corto ni perezoso, se detuvo al ver a la peli-granate, Rebecca “Revy” Yang, quien era apodada “Dos Manos”, quien estaba rolando una de sus pistolas quizá por aburrimiento, aunque detuvo de estar pensando al notar la grisácea mirada del pelirrojo sobre ella. A menudo tenía la sensación de que la escudriñaba con la mirada, de que tenían en común más de lo que esperaban..

- ¡Hey! ¿Qué hay?- saludaría el chico, con su típico gesto de siempre. Pese a saber que tenía cara de pocos amigos y tenía fama de solitario y rebelde, Revy sabía que era un tío agradable con el que se podían echar unas bromas y unas risas de cachondeo, y hablar de cosas interesantes, y no como en los bajos barrios de donde venía: Roananpur, en Tailandia

- La misma mierda de siempre, Castiel.- respondería la peli-granate tras exhalar un suspiro.

- Y a mí me lo vas a contar.-enfatizó el chico con una leve sonrisa.- Comamos algo en el Burger de aquí al lado. Primero tengo que ir a por Demonio.- le ofreció el pelirrojo en tanto la chica accedía y guardaba su pistola en su funda. Sinceramente estando quieta tampoco conseguiría nada. ¿Una comida con Castiel? No sonaba nada mal, aunque, a decir verdad, no tenía tanta pasta para una comida decente, así que lo mejor sería ir a un Burger, pues tanto a ella como al pelirrojo le gustaban la comida rápida. Demonio era su perro, de raza Beauceron, un perro grande tipo pastor, alguna vez había salido a pasear con Castiel y su perro, y bien recordaba que alguna vez se hizo un rasguño al tratar de llevarlo ella. Sonaba cómicamente patético

Casi sin darse cuenta, ya estaba con el chico, con el perro y sentados a una mesa de fuera del Burger.

- ¿Te pasa algo, Revy? No te ves muy animada.-comentaba el chico una vez sentado frente a la peligranate.

- Son cosas de la Agencia Lagoon. Las mercancías van como el culo y la Agencia, pese a tener fondos con el Hotel Moscú, podría decirse que está como en un pozo.- comentaría la chica mientras, de un bolsillo de sus cortos vaqueros sacaba un cigarrillo y un mechero.- ¿Un pitillo, Castiel?- Ofrecía la chica, y el chico lo agradecía, tomando uno de la caja que le ofrecía y encendía Revy en tanto esperaban.

Pedirían unas hamburguesas y bebidas para tomar antes de volver cada uno a sus casas. Todo parecía tranquilo en la lejanía de aquel cielo cada vez más tintado de atardecer.

- Seguro que se soluciona pronto.- trató de tranquilizarla el chico. Revy esbozó al parecer una tranquila sonrisita después de un bufido.

- Supongo que en el Instituto los profesores están como siempre y Nathaniel hecho un lameculos.- acertó a decir la chica dando una calada a su cigarro tras darle un mordisco a su hamburguesa, una vez que las sirvieron.

- Él y todos los empollones.- confirmaría el pelirrojo con una sonrisa surcando sus labios.- Ahora están metidos en nosequé rollo de unas olimpiadas y una feria. Parece que es como una concentración internacional entre varios Institutos reconocidos.- añadiría el muchacho con un gesto como de fastidio. Revy bien sabía lo que le molestaban esos eventos tan patéticos, aunque por otro lado será divertido.

- Al menos suena divertido.- sopesó la chica.- Aunque algo me huele a que habrá gato encerrado. Este tipo de cosas no suelen organizarse por estas fechas.- añadía, meditativa.

- Razón tienes. ¿Pero qué puede encerrar?

- A saber.- contestaría Revy encogiéndose de hombros.- Pero creo que Balalaika, la regente del Hotel Moscú, está inmiscuida en este embrollo.- añadía tras beber un largo trago de una cerveza que pidió como bebida.

- Habrá que esperar noticias, entonces.- comentó el chico tratando de animar o tranquilizar a su amiga, quien asentiría. Lo mínimo que se podía hacer era esperar, y ella detestaba esperar. 

- Supongo. No queda otra más que estar de brazos cruzados.- suspiró la chica, aunque no odiaba más otra cosa que estarse quieta y de brazos cruzados, esperando a que el pollo asome la cabeza.

La comida transcurría con total normalidad, en tanto Demonio comía carnes y mordisqueaba un hueso especial para prevenir el mal aliento típico de los perros. Una vez pagada la comida, Revy acompañó a Castiel a su casa, ya que a ella le pillaba de paso un piso que no era gran cosa. ¡Putos fondos! Al menos con los ingresos que tenía de momento mediante robos y asesinatos podría alquilarse un apartamento a medio año, pero no valía la pena.

La tarde transcurriría con tranquilidad después de comer, incluso se encontraron con Dutch, el jefe de la Black Lagoon, después de dejar descansar a Demonio junto a un banco en tanto ellos dos hablaban, un ex-Marine de las Guerras del Vietnam, y quien coordina las acciones del barco y organización mercantes, informando de malas noticias, aunque les invitó a tomar unas copas en un bar.

- Nuestro cliente ha resultado ser un fiasco..- informó éste una vez asentado a la barra al lado de Revy, quien se encontraba entre Castiel y él.- Y ahora un grupo bastante problemático se ha concentrado por los barrios bajos franceses. Así que nos toca mover el culo por una recompensa no demasiado corta. Balalaika quiere que nos ocupemos.

- No somos niñeras de los civiles, Dutch.- replicó la chica en tanto Castiel observaba la conversación, aunque si la recompensa era buena, debería ser suficiente.

- ¿Quiénes son esos tipos?- inquiría el pelirrojo tras tomar un trago de una cerveza que había pedido, aunque sus sospechas de lo que deseaban probablemente no iban muy lejos.

- Estafadores de la peor calaña, probablemente sean de grupos étnicos de Bulgaria que siquiera tienen la ciudadanía francesa.- contestaría Revy tras dar el suyo propio.

- Ya veo.- Desde hacía rato Demonio estaba la mar de raro, quizá presintiendo algo fuera de lo común, y como tal, deseaba proteger el territorio. Castiel se acercó al oído de su amiga y le susurró:- Nos vemos a las nueve en casa.

- Está bien. -comentaría la peli-granate

Revy se quedaba a menudo en casa de Castiel por no tener suficientes fondos para comprar un apartamento, siquiera para el alquiler del piso donde residía. Dutch se despidió con un gesto amable de la mano. La mujer se terminó la cerveza de un trago, la verdad es que se sentía algo mejor por las palabras del pelirrojo

La tarde daría paso al ocaso vespertino en lo que cantaba un gallo, y se encontraba fuera con Dutch, quien marcharía pronto para seguir vigilando el bote de la Black Lagoon y supervisar la mercancía, y en tanto la chica marcharía a las afueras de París, donde compraría un poco de comida para una perrera a la que iba a dar de comer a los perros allí para que no tuviesen hambre durante el resto del día hasta pasado uno o dos días. Se conocía que ella iba muy a menudo a esa perrera, o a algunos lugares donde perros abandonados, y no tenía fondos para comprar ningún perro, siquiera adoptarlo temporalmente, sus mascotas favoritas, algo más que tenía en común con Castiel. La chica se acuclillaría, llevando una bolsa de galletas y lo que le gustaba a los perros. Sacaría unas cuantas galletas, carnes y lo que habitualmente comían los perros, los cuales se acercaron olisqueando.

- Aquí tenéis, pequeñines.- musitaría la chica pensando que nadie la oiría, pero, una voz familiar masculina se acercaría a la zona donde se encontraba ella. El aroma que él desprendía era inconfundible.

- Así que estás aquí.- musitaría el pelirrojo en tanto se acercaba donde ella estaba. Eran las ocho y 15, y aún había tiempo para ir a casa de Castiel. De paso se había llevado unas pocas cosas para el día siguiente, pues iba a pasar la noche en su casa.- No sabía que te gustaba ir a estos lugares.

- Ya ves. No dispongo de suficiente pasta para dar un hogar a un perro, siquiera alquilarlo, así que a menudo vengo por aquí.- comentó la chica, reincorporándose una vez que acarició a uno de los perros por detrás de las orejas y estar jugando un rato con ellos. Sinceramente, tras aquel poderío y fortaleza de la chica, se escondía alguien agradable.

- Vamos, entonces.- comentó el chico. 

Al comenzar a caminar hacia el interior de la ciudad, un olor a barro podrido, hedor a sangre y podredumbre imbuía aquella noche. El instinto se lo decía. Y prácticamente nunca se equivocaba. Se detuvo en una callejuela junto a Castiel, paralelamente a una boca-calle, escondiéndose detrás de una pared, cogiendo la muñeca del chico de forma instintiva en tanto con la mano libre, ya que la vacía bolsa de comida la había tirado a un cubo de basura, desenfundaba una de sus pistolas Sword 9mm Cutlass. Ya era hora de darle diversión.

El individuo ya se estaba acercando. Parecía llevar una calibre 45, modelo Colt 1911

- Así que ese es uno de esos tipos...- susurraría la chica para que solo Castiel pudiese escucharla.- Bordearemos el edificio por la parte trasera. Con la velocidad que lleva, es obvio que está buscando caza, o ser cazado, o está actuando de señuelo..- Añadiría antes de echar a andar rodeando el edificio por la parte trasera con Castiel. Bordearon el edificio por dicha parte, pudiendo ver a la lejanía a ese tipo, al que luego se le juntaron otros dos. Tiroteos se escuchaban por las manzanas cercanas.- ¡Serán hijos de puta!

- Son unos cobardes, Revy, no atacan si no es en grupo para matar a mayor gente.- susurró el chico mirando a su amiga, fastidiado por esos pistoleros. Se dio cuenta de que Revy había soltado su mano, aunque estando cerca de aquella poderosa chica estaba seguro, o al menos eso creía.

- No te separes de mí.- susurraría la chino-americana enarbolando su inseparable segunda pistola.- La calle está cortada por ese lado. Ya que tu casa está unas calles más al norte, puedes ir adelantándote. - añadiría la chica.- Yo te cubro las espaldas. Huelo apenas una veintena de esos cabrones.

Y comenzaría el tiroteo. Disparos y balas por doquier cuando ellos dos salieron a nivel de la acera de aquella calle. Ella disparaba desde las Sword 9mm Cutlass con gracia y maestría, cuyas balas salían de los cañones con una fuerza y precisión nada normales. Las balas eran de acero, huecas y un poco más grandes que la mayoría. Gracias al medio-alto calibre de las Sword 9mm Cutlass puede atravesar el hormigón y crear orificios de entrada y salida, pese al retroceso que cause cuando se apriete el gatillo debido a lo estrecho que es el cañón. Dos en las rodillas de un par de tipos, otras dos en plena frente. Un río de sangre, pese a que una bala pasó bastante cerca de Castiel, causándole un rasguño, lo que causaría que, en una recarga de una de las Sword 9mm Cutlass, Revy acertase en pleno corazón de los que quedaban, en tanto se destornillaban de risa, por lo que sucumbirían por una sonrisa muerta en los labios. Y la chica sonreía pese a estar matando, le divertía cuando eran asuntos como aquéllos, aunque durasen tan poco.

- ¡Chupaos esa, mamones!- comentaría con ácido desprecio a los matones ya muertos, montando un río de sangre, saltando hacia atrás y posándose en cuclillas al lado de Castiel, quien se cubría con una mano la hemorragia, la cual fue ocupada por un pañuelo que la chica llevaba siempre por las emergencias.- ¿Estás bien? - Inquiría enfundando sus pistolas.

- Por suerte sí. Esa bala no ha llegado a darme de lleno.- contestaría el chico en tanto se adentraba con ella a la casa. Demonio los recibía con saltos y moviendo la cola al olisquear los familiares aromas de ambos.- Hola, Demonio.

- Mejor dejar que cicatrice sola.- le comentó ella tranquilizándolo en tanto saludaba afablemente al can, que movía la cola alegremente. No insistiría, mas prefería ser paciente con él con ese pequeño rasguño, que sinceramente no era nada comparado con las mortales de esos mamones, y fue a tomar asiento con él tras dejar las cosas en un perchero del hall principal. - ¿Saco alguna pizza para cenar?

- Claro -asentiría el pelirrojo en tanto dejaba de prensar la pequeña herida, la cual había dejado de sangrar, lo cual se levantó y acompañó a la chica para echar el pequeño pañuelo a la basura, siendo acompañado por Demonio, para que el perro pudiese comer con ellos. 

La chica sacó una pizza grande, unas patatas fritas de tentempié mientras hacía la pizza al horno, y unas cuantas bebidas del frigorífico, preferiblemente sake, tras lo que pondría el horno de 5 a diez minutos para preparar la temperatura adecuada para la pizza. Suponía que sus padres le habían enviado botellas de sake y más alimentos de uno de sus viajes. Castiel encendía la tele del comedor por si había algo interesante. La cena transcurriría normal y tranquila, uno al lado de otro, comiendo junto con Demonio, escuchando las noticias o lo que pusieran interesante en la televisión. Aunque entre bebida, y la tranquila cena, cada momento parecía más intenso.

Durante la transmisión de las noticias, justo cuando pasados los deportes, un anuncio de preservativos de una marca específica, "encendía la mecha". Roja como un tomate, sobre todo por estar cerca del chico que, muy en el fondo, le gustaba desde que lo conocía, no solo por ser apuesto ni rebelde o rockero como ella, sino por algo más. Había algo que encendía la mecha, pero no sabía porqué. No le importaba que guardase una fortuna por la profesión de sus padres, ni por tener la casona que tenía..

Notó una mirada furtiva del chico en tanto Demonio dormitaba. La chica esbozó una picarona sonrisa, que conjuntaba con su mirada castaña y ya no tan vacía como se pensaba habitualmente Incluso unas ruborizadas mejillas parecían permanecer en las de Castiel, junto con una sonrisita igual de pícara, lasciva y furtiva. Un gesto que era nuevo para ella, y, sin embargo, parecía dejarse llevar. El chico extendía su brazo hacia ella. Aquel silencio y aquel gesto,.. decían mucho de lo que quería.. Una mano rozando una pierna de la chica.. Su tacto.. Nunca lo había percibido mejor que en aquel momento.. Incluso notaba que el chico la arrimaba hacia él, en tanto clavaba su mirada gris en los marrones de ella, quien no prefería decir nada, sino dejarse llevar, correspondiendo a la mirada del chico. Profundos y hermosos, ¿cómo no se había dado cuenta antes?. La herida ya estaba cicatrizada.. El chico deslizaría la mano posada en la pierna hacia la mejilla de ella, que tenía un pequeño corte en el labio inferior, asimismo cicatrizado. La mujer se atrevería a posar una de sus manos, cubiertas por guantes sin falanges y sin tela en el dorso de la mano, sobre la de Castiel cuando éste rozó su ruborizado pómulo. No tenía miedo. El miedo era para las nenazas.

- También te han hecho un pequeño rasguño, ¿lo sabías?- inquiría el chico mirándola a los ojos.

- Lo noté, pero tampoco es de importancia alguna. La tuya está sanada completamente.- acertó a decir la chica. Aquella sonrisa, aquellos gestos, aquella cercanía, sinceramente conquistaban con el tiempo. 

Las palabras dichas hace un rato, enfrentándose a esos pistoleros de pacotilla, le habían dado en qué pensar. Reconocía que pensar en cosas como las de hace rato no tendrían importancia alguna. Ella deslizaría la única mano libre hacia la barbilla del chico, quien ahora tocaba su cabello largo y granate, sin hacer mucho caso a la estúpida televisión. Poco le importaba. Aquél era más lejano. A sus ojos, solo existía Castiel, quien en aquellos momentos acariciaba su cabellera recogida en una cola de caballo. Tampoco temía en posar aquella mano libre en los opacos y brillantes cabellos pelirrojos de él, quien no se negó al tacto de la chica, que era dulce. A ella se lo podía permitir, puesto que generalmente su cabello era sagrado, y nadie, salvo Revy hasta ahora, lo podía tocar.

De las mejillas y el cabello, él pasaría al cuello de la chica, cuyo rubor se hacía más evidente. Aquella mecha estaba más encendía que antes, sentía el calor corporal del chico que subía como la suya, probablemente por aquel toqueteo.. Revy iba a mencionar algo pero el pelirrojo posó un varonil índice sobre sus labios.

- No digas nada.- le susurraría éste, ahora deslizando sus manos hasta rodear la cintura y costados de la chica con los brazos, acariciándolos. Ya decía que no era oportuno tratar de hablar

Mediante las significativas, pícaras, lascivas y provocativas miradas se hablaban entre ellos, con las manos de ella posadas cercanas a la nuca y pectorales de él sobre la ropa.. No se sabía cómo, pero cada segundo que pasaba, era como un largo minuto, quizá una hora. El tiempo parecía haberse detenido, y sin embargo, los rostros parecían acercarse cada vez más.. La noche parecía pasiva, indiferente y única ante tal "evento". Él la abrazó fuerte contra él en tanto los labios se rozaban mutuamente.. Los ojos entrecerrados. Ella notaba el tacto cálido y varonil del chico, deslizando sus manos nuevamente por las mejillas y el cabello de éste, enredando sus dedos suavemente entre los intensos y rojizos cabellos de él en tanto el muchacho mantenía una mano en la espalda y la otra en el cabello granate de la chica que conocía hacía cuatro años atrás, de aquélla que tenía demasiadas cosas en común con él, aquélla... a la que amaba... Los sonidos provenientes del exterior, tanto de la policía como los disturbios parecían más lejanos que nunca. Incluso nulos..

La chica se aferró al cuerpo del chico, quien la mantendría abrazada fuertemente, como si desease que no escapara de su lado, acariciando su espalda medio desnuda por la camisa negra que usaba. Ella notaba cómo él trataba de rozar su lengua con la de ella, así que separó levemente los labios para que éste tuviese acceso a la misma. En el momento en que ambos músculos bucales se rozaron, la intensidad de aquel beso parecía aumentar, apasionado, acariciándose mutuamente. Al ella posar sus manos sobre el pecho del chico, notaba cómo cada latido era como un segundo, más fuerte e intenso, que parecía querer salir del pecho. La muchacha se atrevería a más, metiendo así ambas manos bajo la camiseta del chico, así notando sus marcados pectorales y abdominales. Ante tal acto, él bajaría sus besos y leves y suaves mordiscos por el cuello de la chica, ruborizada, en tanto él permitía que la chica le retirase la chaqueta y la camiseta roja que habitualmente llevaba de su grupo de rock favorito, "Winged Skull".

Un nuevo estruendo se escucharía en tanto ambos se "querían comer con los ojos". ¿Gases lacrimógenos? ¿La policía? ¡Genial! Y además el Beaucerón comenzaría a ladrar para proteger su territorio, siendo despertado de su sueño..

- Malditos cabrones.. -susurraría la mujer con cara de mala uva, en tanto se daba cuenta que Castiel recogía la ropa quintada y, sin previo aviso, tomó a Revy en sus brazos después de apagar la tele.
- Unos imbéciles no nos van a joder el momento, Revy.- musitó el chico aún con aquella sonrisa en sus finos labios, convencido de que aquella noche tenía que ser única.- Agárrate a mí.

- Cas...Castiel...- balbucearía la chica en tanto rodeaba con sus brazos el cuello del pelirrojo para no caerse y no demasiado fuerte, notando el calor de su desnudo torso, en tanto éste subía las escaleras hacia el cuarto donde él dormitaba. La estaba llevando como un varonil caballero, aunque harto por aquel molesto sonido proveniente del exterior. En tanto el chico besaba nuevamente los labios de la chica, la llevó directa a la cama, y ella no oponía resistencia alguna, pues deseaba con fervor estar junto al pelirrojo..junto al hombre que, en realidad, amaba sin importar qué. Castiel dejó a Revy en el suelo, de pie. El chico tomó asiento en una mullida cama simple, de mantas o sábanas negras y rojas, a conjunto con el resto de la habitación. Era la primera vez que iba a dormir ahí. Habitualmente, al ir a casa de Castiel, dormitaba en un cuarto para invitados o un segundo cuarto que tenían en la casa

- ¿Qué sucede? Parece que nunca viste mi cuarto por la cara que has puesto.- mencionó el chico con una sonrisa.
- La verdad es que no. La habitación de mi apartamento no es gran cosa comparado con esto- se sinceró ella, pues normalmente dormitaba en una habitación de invitados.
- No te comas la cabeza y ven.- comentaría el chico para tranquilizarla.  Accediendo, prefirió pasar del tema y caminando con cautela hacia donde él estaba, extendiéndole un brazo. Tal fue que picó la chica al tomar la mano del pelirrojo, que éste la jaló para sí recostándola y colocándose sobre ella, con aquella sonrisita seductora que surcaba sus labios, así acorralándola, aún con la mano de la chica cogida con la suya, con fuerza aunque con ternura. Ella deslizaría la mano libre por la mejilla de él, mirándole con fijeza, incluso con una calidez nada antes sentida sinceramente hacia alguien..
- No pensé que caerías .- rió él.
- Es lo que deseo .-mencionaría ella deslizando la entrelazada mano hacia la otra mejilla de él, en tanto éste se ocupaba de arrimar su rostro al de la chica para besar aquellos labios, gesto que ella correspondería. Nuevamente comenzarían las caricias mutuamente por las espaldas y el cabello, y el chico se atrevería a quitar las hebillas de las correas que enfundaban las pistolas de la chica, y la misma camiseta negra sin mangas que vestía. Al notar el varonil tacto del pelirrojo en su piel sentía estremecerse, en tanto se apegaba más al cuerpo del chico.. El tacto de sus rojizos e intensos cabellos era suave. Notaba estremecerse cada centímetro que el chico tocaba de ella. 
En ese momento mientras Castiel estaba besando a Revy, jugando ambos con sus lenguas sus manos profesándose caricias de pasión incontrolable, los sentidos de ambos empezaron a nublarse dando solamente lugar al tacto y al gusto. Era lo único que necesitaban en ese momento. El chico, en esos momentos, bajó los tirantes del sujetador negro de la chica, enterrando su rostro entre aquellos montes femeninos que erguían por el deseo los besos del hombre, no se hicieron esperar arrancando de la garganta de su amor gemidos incontrolables, los cuales solamente podía expresar tomando la cabeza de su hombre y apretándole más hacia el pecho de ella, en cuyo momento, rodeaba al pelirrojo por la cintura con sus piernas, y éste procedió a abrir su cinturón dejando caer sus pantalones junto al resto de los ropajes, mientras que con la otra mano ayudaba a su amante a despojarse de la prenda inferior a la vez que ella con una mano le desprendía de la prenda interior al chico. Al sentir su piel, se fundieron en un apasionado beso el cual solamente acallaba los gemidos de los cuerpos en estos momentos están fusionando para hacerse en un solo ser, lleno de pasión y deseo..
La noche pasaría larga y tendida. Como era obvio, la mañana siguiente llegaría. El rey astral atravesaba las cortinas de la habitación donde ambos, arropados y aparentemente sin ropa, aún dormitaban. Era un sábado por la mañana, aún temprano. Una suave y fresca brisa se adentraba. Aún quedaban vestigios de la noche anterior, tanto de los alborotos de la calle como lo acontecido ahí dentro..

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CAPÍTULO II: ESENCIA

Incluso por la mañana temprano hacía un calor de mil demonios. La brisa fresca aliviaba algo las altas temperaturas de aquellas horas. Además, al moverse levemente de entre los brazos del chico, le dolía la cabeza por la resaca, así que se quedaría dormida si no había nada que hacer aquel día. Él, detrás de ella, con la cabeza puesta sobre su hombro, un brazo rodeando su cintura y el otro pasando por su mejilla, notando aquella varonil mano por sus cabellos. Pasaría un largo rato hasta que finalmente ambos despertarían. Una caricia en los mismos le indicaba que el chico se había despertado abriendo sus oos grisáceos, lo que hizo que ella se moviese levemente abriendo sus ojos marrones, desviando su mirada de reojo hacia directamente los del chico. Estaba claro.. No había sido un sueño.. La noche había sido real.. Simplemente esbozó una suave sonrisa que no se había visto en ella en mucho o tiempo, o casi nunca.

- Buenos días, dormilona.- saludaría el pelirrojo con una sonrisa en sus labios antes de besar a la chica en los suyos.

- Buenos días, Cas.- saludaría ella al corresponder al beso, usando un apodo cariñoso, quizá a la única persona a la que profesaba un sentimiento de amor verdadero.- ¿Qué hora es?- inquiría la chica en tanto trataba de incorporarse, aunque volvería a recostarse al notar una punzada en la cabeza, al dolerle de la resaca.

- ¿Y a mí me lo preguntas?- Inquiría el chico con aquella sonrisa en sus labios, se levantaría .- ¿Qué te pasa, Rev? .- preguntaría el chico ayudándola a volverse a recostar en la cama por el gesto que ponía.

- Me duele la cabeza, de la resaca de anoche.- contestaría la chica en tanto el muchacho le acariciaba la larga cabellera suelta.

- Tranquila.- la tranquilizó el chico.- Hoy desayunaremos aquí. No te muevas y descansa. Bajaré a por el desayuno y después sacaremos juntos a Demonio.- comentaría el chico antes de depositar un suave beso en la frente de la peligranate y marcharse a la cocina.

La chica asentiría, manteniéndose acorde con el plan que comenzaba Castiel. Se quedaría en la desordenada y con el aroma todavía de Castiel impregnando la cama en donde se encontraba recostada. Después de todo era ancha aunque simple. Se asentaría posando una mano sobre su frente, quizá recordando lo acontecido la noche anterior. Después de desayunar tendría que salir con Castiel para sacar a Demonio, algo que la mantenía tranquila. Tener un perro llevaría muchas responsabilidades. 

A pesar de la resaca, las imágenes de lo que aconteció la noche anterior iban y venían como destellos luminosos, recordando cómo los besos, la respiración agitada, las caricias, el hecho que ambos cuerpos en efusión para la entrega total,.. dieron como resultado una velada maravillosa, y además del hecho de que lo había hecho en los brazos del hombre que ella deseaba, y amaba sobre todo. Los recuerdos comenzarían a hacer efecto en ella, acelerándose el pulso y la respiración, a eso agregar el aroma del desayuno que el joven estaba preparando abajo. El chico aparecía abriendo la puerta con una mano, habiendo dejado desayunar a Demonio antes de poder sacarlo a dar una vuelta con Revy en aquel nuevo día.

- Rev, ¿no te dije que te quedases recostada? .-inquiría el chico al notar la respiración agitada de su amor, acercándose a la chica, quien exhalaría un profundo suspiro, esbozando una dulce sonrisa.- ¿Estás bien?

- S..Sí, Castiel, estoy bien.- contestaría la peligranate.- Recordaba la velada de anoche. .. Y ahora con el desayuno.. Creo que no te di las gracias por tan buena velada que pasé contigo

- Así que es eso.- comentaría el chico con una sonrisa, tomando asiento junto a ella y dándole uno de los desayunos preparados.- ¿Has dormido bien?

- Sí, claro -contestaría ella con una sonrisa en los labios, desayunando con el chico con tranquilidad, notando que la cefalea por la resaca se le estaba amainando.- ¿Y tú qué tal?

- No ha habido noche en que hubiese dormitado mejor.- contestaría el chico, desayunando con su amante y pareja, de la que en el Instituto no hablaría, y estaba seguro que ella tampoco abriría la boca para nada. Revy comprendía la imagen que deseaba conservar el pelirrojo, aunque ambos fuesen pareja. Ser forzado a besar a su chica no estaría nada bien. Aunque bien lo amaba, sabía bien lo que era estar fuera y dentro del Instituto.

Tras desayunar y vestirse, bajaron para sacar a Demonio, juntos, dando una vuelta por el parque, y el centro, mirando discográficas del estilo favoritos de ambos, el Rock Gungre, un estilo mezcla entre el Rock y el Metal, para después, antes de volver a casa o ir a comer a algún lado, detenerse en el parque a descansar.

- Oye, Rev.- la llamó él cuando ambos estaban asentados en un banco del enorme parque antes de llegar a la avenida donde se encontraba el pobre apartamento de la peligranate.

- Dime.- contestaría la chica posando su cabeza sobre el hombro del chico, el cual la rodeó con su brazo amablemente.

- A partir de ahora desearía reservar mi reputación el el Instituto.

- No me es problema alguno.- espetaría la chica, alzando levemente su mirada hacia él, que la miró directa a los ojos.- Además, siempre actúas según tu instinto. Aunque, alguna vez podríamos hacer una "escapadita" ¿no crees?- sonreiría la chica medianamente, y el chico sonreiría, sabiendo que ella le comprendería más que otra mujer.


- Sabía que me comprenderías, Rev.- comentaría el chico antes de besarla en los labios, gesto que ella correspondería. El can estaría junto a ellos, atento, y salvaguardando su "territorio".




 

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