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The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

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The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

Mensaje por Charlotte Ross el Jue Mayo 01, 2014 5:15 am

Aún seguía sin saber qué era lo que Yami había pedido para beber en la barra, yo había pedido un trago que todos conocían y era bastante popular, pero el nombre de la bebida de mi rubio acompañante no lo conocía en absoluto, me intrigó por completo desde que vi al bartender prepararlo y más aún la reacción de Yami al  probarlo, había podido contar al menos tres tipos diferentes de licores que estaban mezclados en la bebida, podía deducir fácilmente que cualquiera que no supiese controlar bien la bebida o no tuviese un hígado de acero como el mío, se emborracharía con la primera tomada. Luego del breve brindis observé que casi se había tomado por completo esa bomba atómica de licores entremezclados y no pude evitar alzar ambas cejas en señal de asombro, definitivamente era una caja de sorpresas que no dejaba de asombrarme. Escuché su propuesta y dejando el vaso que tenía en mi mano pasé a tomarme lo poco que quedaba en el pequeño vaso ajeno, mis papilas gustativas danzaron y tuve que agarrarme de la barra gracias al golpe alcohólico que estaba recibiendo. Jamás había probado algo así y déjenme decirles que el nombre lo tiene bien puesto, cerré los ojos con fuerza y negué un par de veces con la cabeza para poder liberarme del limbo que la bebida me había provocado, una vez de vuelta en mis cinco sentidos pasé a cumplir mi siguiente objetivo: llegar a la piscina.
 
El lugar me recordaba un poco a un club en el que mi familia y yo acostumbrábamos a ir cuando mi padre tenía tiempo libre, finalmente Yami me había contestado la duda que tenía y no pude evitar sonreír porque me la hubiese contestado. Él y yo teníamos bastante confianza antes de haber venido a este evento, pero podría decir que ahora era una de las personas que sabía podía contarle absolutamente todo sobre mí, obviamente no de una sola vez, pero estaba más que claro que el nivel de confianza que teníamos cuando pasamos el umbral de la puerta de la mansión, al que tenemos ahora era completamente diferente, y sólo en cuestión de un par de horas. Después de haberme quitado el chal y dejarlo a un lado, sentí como las grandes manos de Yami recorrían mi espalda, mis tatuajes. El simple hecho de que le hubiese dejado verlos ya era un gran paso. Sentí un leve escalofrío correr por mi espina dorsal y sonreí otra vez, era mucho mejor que decir cualquier cosa. La piscina se veía realmente provocativa, pero no malgastaría las horas que pasé arreglándome para la fiesta y para él ni mucho menos tener que calarme después el regaño de Monsieur Pierre por arruinarle el vestido. Esmeralda… ¿huh?” Pensé manteniendo la sonrisa y estando aún frente a la piscina. 
 
No había sentido cuando Yami se había escabullido a cambiarse, incluso cuando me levanté a buscar el par de copas de champán no me había percatado de que no estaba allí. Agradecí infinitamente que me hubiese alejado lo suficiente de la piscina cuando escuché un chapuzón detrás de mí. Me volteé con una expresión en el rostro que podía decir claramente que no podía creerlo, que estaba loco y que a la vez me daba risa. Seguía con las copas en las manos y no me movería por nada del mundo para entregarle la suya, quería que viniera a mí. Lo vi sacar su cabeza del agua y observé cómo su cabellera colorida empezaba a caer por sus hombros y hacia atrás, debía de admitir que nunca lo había visto con el cabello así y me gustaba bastante, le hacía ver sensual. Reí por lo bajo al escucharle de nuevo y le entregué la copa junto con un guiño, le miré de arriba abajo y ladeé la cabeza para mostrarle una sonrisa traviesa.

—Nada mal. Te agradezco que no quieras arruinar mi belleza la noche de hoy. —Comenté en tono de broma mientras iba subiendo la vista de su traje de baño a su torso y de su torso a su rostro, específicamente sus ojos. Aquellos ojos verdosos tenían un poder de atracción increíble, eran absolutamente hermosos. Me quedé viéndolos como idiota por unos minutos, me gustaban más que sus lentillas violetas. Lo vi mover los labios y lo escuché hablar, pero estaba tan ocupada mirando sus ojos que no pude entender lo que decía. Se veía millones de veces más atractivo con los ojos verdes. —Wow. —Fue lo único que salió de mis labios en un susurro. Desvié la vista para poder concentrarme y cerré los ojos unos instantes para volver a mí, ¿qué me pasaba, por Dios? No era la primera vez que veía ojos verdes en mi vida, es más, los míos eran amarillos. Pero aún así, no pude evitar pensar que según lo que me había dicho, era una de las escasas personas que lo había visto de verdad. Traté de entender lo último que me había dicho antes y suspiré al recordarlo, sonreí mirándolo nuevamente a los ojos pero no como antes, la sorpresa ya se me había pasado, aunque las ganas de plantarle un buen beso seguían allí. Ensanché mi sonrisa por mis pensamientos y simplemente abrí la boca para contestarle. —No, no la conocía. Pero no puedo decir que no me gusta. —Agregué, atrevida, y me llevé la copa a mis labios para tomar un trago del exquisito champagne que estaban sirviendo.
 
La parte donde había bebido quedó manchada con la forma de mi labio inferior gracias al color carmesí de la pintura de labios que estaba usando, me separé un poco de él para dejar la copa en una de las mesitas que se encontraban por allí y empecé a caminar alrededor de la piscina, desde que había entrado a ese sitio había notado la hermosa vista que se podía ver desde las enormes ventanas de cristal que estaban en frente y no quería perdérmela por nada del mundo. Me coloqué frente a una de las ventanas cuidando de no colocarme muy cerca y crucé uno de mis brazos por debajo de mi pecho tomando con mi mano mi antebrazo, tenía una de las mejores vistas que había visto desde que llegué a Francia, aunque bueno, como bien todos saben no es que hubiese venido a ver los paisajes del país.
 
—Te explicaré el motivo detrás de los tatuajes. —Le dije a Yami en un tono de voz tranquilo, gracias a que éramos los únicos en la habitación y era un lugar cerrado y bastante grande, con cada cosa que dijéramos se producía un pequeño eco, por lo que no había motivos por el cual debiésemos de alzar la voz para comunicarnos. Me voleé levemente pero sin girarme del todo y me llevé mi mano izquierda a la nuca apuntando desde la derecha, señalando la llave antigua que tenía tatuada ahí. —Fue el primer tatuaje que me hice, tenía 16 años cuando falsifiqué por primera vez unos documentos para que me dejaran tatuarme ya que era menor de edad, agradecí que siempre me decían que parecía de mayor edad. —Continué, recordando los momentos cuando me los había hecho. Cualquiera diría que era una estupidez, pero sabía que Yami lo apreciaría, después de todo somos muy parecidos. —Significa la llave que me dejó en libertad, el día cuando me fui de casa. —Agregué y volví a ponerme en la posición en la que estaba cuando me coloqué frente a la ventana. Hablar de mis tatuajes era algo bastante nostálgico, no era normal en mí ponerme sentimental o siquiera recordar mi pasado, pero quería que él lo supiera. Podía ser una total desgraciada que no considera en absoluto los sentimientos de otras personas y le sabe a cualquier cosa lo que pudiesen pensar los demás, pero había conocido en Sweet Valley a personas que podían eliminar y complementar aquello que mis padres hicieron. —El segundo… —Hice una pausa para luego continuar. —El segundo significa el enredo de emociones que soy, el nudo que no se puede desatar y empezó a carcomerme lentamente al principio. Agradecí hacerme este tatuaje pues fue la manera de liberarme de eso y ahora soy la persona que conoces. —Concluí y terminé por darme la vuelta con una sonrisa en los labios. No era un momento triste, al contrario, contándole eso era una de mis maneras de agradecerle lo que había hecho por mí. Me recosté de una columna y me crucé de brazos cambiando mi sonrisa a una divertida, ya había hablado yo, ahora quería que hablara él. —Tengo dos tatuajes más, pero los tendrás que ver de otra forma. —Añadí en un tono algo pícaro y sin poder evitarlo me eché a reír brevemente.

—Te toca. Cuéntame algo sobre ti. 
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Charlotte Ross
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Re: The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

Mensaje por Yami Motou el Jue Mayo 01, 2014 7:00 am

¿Habéis oído alguna vez el famoso dicho de que una persona tímida, al beber alcohol, se pone totalmente extrovertida, y que la persona extrovertida se vuelve callada? Bueno, pues aquí estaba yo para romper el mito, porque si de por sí yo hablo mucho cuando quiero hacerlo, estando alcoholizado empiezo a hablar muchísimo más. Y que conste, tal vez era por eso que se me había ocurrido pedir ese maldito trago, esa fusión de bebidas alcohólicas que seguramente terminaría impidiéndome incluso hablar, porque se me adormecería la lengua. Sin embargo, llegado a un punto en el que sabía que si seguía bebiendo iba a terminar tirado en el suelo sin poder moverme, le ofrecí a ella el resto de la bebida. Me la aceptó con gusto pero noté que, al igual que a mi, ese trago logró que le diese vueltas la cabeza. Sonriendo de lado, una vez que hubimos terminado con eso, nos encaminamos a la piscina techada que tenía el sitio.

He de admitir que no esperaba que me preguntase por mis ojos. Es decir, no esperaba que hiciese hincapié en el por qué siempre usaba lentillas, aunque había que admitir que era un detalle curioso de mi persona. Sin embargo, antes de mentirle, decidí que si, le contaría la verdad de por qué las utilizaba. Lo que ni siquiera yo imaginaba, era que terminaría de cabeza en una piscina, enseñándole a Charlotte quien era yo en realidad. Quién era Yami Motou realmente. Mostrándole mi mirada de niño asustado, esa mirada que tan pocas personas han logrado ver, porque yo se los impedía.

Finalmente salí del agua, secándome un poco el cabello, para caminar hasta su lado, y tomar una de las copas que tenía ella en la mano, sonriéndole de lado. Al parecer, tal como me dijo, si le había gustado esa contraparte mía que tenía estos arrebatos. Sin embargo, a pesar de que ella intentaba esconderla, noté su curiosidad en torno a mis ojos. No pude evitar que mis mejillas se colorearan al darme cuenta de ese hecho, de que ella sentía que le había mostrado una parte mía que nadie más conocía, y efectivamente, era así. Hace años que nadie veía por vez primera estos ojos. Una vez recuperada su sorpresa, y desaparecido mi rubor, volvimos a nuestras poses habituales. Ella orgullosa, y yo cortejándola. No es que me molestase, podría estar así toda la noche.

Le dio un trago a su champagne, y yo hice lo propio con el mío. Apenas estábamos empezando con lo que prometía ser una noche larga, y yo no estaba realmente seguro de como continuaría. Al menos no aún. Sin embargo, ella acabó respondiéndome esta interrogante sin que yo se lo pidiera, dejando la copa sobre una de las mesas, y acercándose al gran ventanal, que daba a un gran paisaje al exterior. Se veía hermosa bajo la luz de la luna, y creo que habría empezado a babear literalmente en ese mismo segundo, de no ser porque me dijo una frase, una sola frase, que me puso en alerta absoluto: Te explicaré el motivo detrás de los tatuajes. Joder, esos dos tatuajes, desde que ella se había quitado el chal y me había permitido verlos, había aflorado con mi curiosidad. No creí que fuera a explicarme el por qué los tenía, pero lo hizo. Libertad, eso significaba la llave. Y el símbolo tribal... su tormento de emociones, ese tormento del que pudo librarse cuando se hizo ese tatuaje, eso que significaba tanto para ella. Mientras estaba hablándome, aún sin apartar la vista de la ventana, dejé también la copa sobre la mesa, y me acerqué a ella por detrás, de forma sigilosa, pues no quería que me notase, y podría jurar que no lo hizo, hasta que estuve prácticamente pegado a ella, con un brazo aferrando su cintura, y el otro haciéndola girarse hacia mí. Ella me dijo que era mi turno, y que debía contarle algo sobre mí.

En ese preciso momento, sonó el reloj con las doce campanadas de la medianoche. Dejando atrás el año viejo, y comenzando el nuevo año. En medio de las campanadas, los gritos que se escuchaban desde afuera, y los fuegos artificiales que aparecieron frente a nuestra vista, alumbrando los ojos de Charlotte, los cuales se me hicieron aún más hermosos, y haciendo brillar sus labios... les juro que simplemente no lo pensé, e incliné mi rostro hacia el suyo, rozando nuestros labios por primera vez en la historia. Si, se escucha muy patético de mi parte, pero en ese momento no estaba pensando con claridad, y ni siquiera sabía por qué lo había hecho, tal vez había sido un mero impulso, y en realidad no estaba arrepentido. Sus labios eran suaves, realmente, y en ese preciso segundo, ni siquiera Mana apareció en mi cabeza. Por ese momento, todo giró alrededor de nosotros dos.

Rompí suavemente el beso cuando las campanadas terminaron. Volví a mirar su rostro, y no estaba seguro de que decir, después de lo que había hecho. Sin embargo, decidí que lo mejor que podía hacer, era devolverle el favor de los tatuajes, y contarle algo sobre mí, sobre mi vida. Y eso fue lo que me dispuse a hacer.

—Mi padre murió cuando yo tenía sólo 15 años —empecé a contarle, mientras miraba hacia el exterior. Mis ojos esmeralda debían estar brillando por la humedad que los acaparaba, y mi cabello seguía cayendo sobre mis hombros, aún algo húmedo por el chapuzón en la piscina —Mentiría si dijera que me sentí mal por su muerte. Él fue un desgraciado, conmigo, y con mi familia. Fue un asesino, y un asqueroso violador —hasta yo sentía el veneno en mi voz, y no me gustaba para nada. —Mi padre es la causa de lo que soy hoy en día. Formé este carácter, esta apariencia falsa, y escondo lo que realmente soy, para defenderme del daño que él me causó. Defenderme de todo lo que pueda volver a hacerme daño —suspiré con pesadez, y observé el rostro de Charlie —Tengo una cicatriz en mi pierna derecha. Más precisamente, cerca de la cadera. Esa cicatriz la hizo mi padre. Y a pesar de que han pasado años, nunca se ha borrado. Está ahí de forma permanente, y a veces me odio cuando la veo —finalicé, en un susurro.

Jamás pensé que me abriría tanto, para contarle a Charlie lo que había pasado. Y a pesar de que no fui exacto con lo que me hizo mi padre, a mi y a mi familia, si fui muy explícito al contarle lo hijo de perra que el sujeto era. Suspiré profundamente. A decir verdad, me esperaba más de una pregunta de su parte, y por alguna razón que ni yo llegaba a comprender, me encontré pensando que estaría encantado de otorgarle las respuestas.
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Re: The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

Mensaje por Charlotte Ross el Vie Mayo 02, 2014 11:47 pm

Mi mirada seguía fija en la esplendorosa luna llena que se asomaba entre unas cuantas nubes iluminando todo a su paso como la reina de la noche, mi tono de voz era bajo pero seguro y mis gestos corporales eran tranquilos. Un suspiro salió de mis labios sin permiso y sin retirar la vista de ese hermoso círculo luminoso empecé a hablar sobre mis tatuajes. Al mencionarlos, se apareció en mi rostro una pequeña sonrisa nostálgica y sin poder evitarlo mi cuerpo reaccionó con ganas de abrazarse a sí mismo, tal vez aún en alguna parte de mi corazón permanecía ese dolor incansable que me impulsaba a ser esa persona que soy hoy en día. Permanecía diciéndole el pequeño relato sobre dos de mis tatuajes, aquellos que tenían mucho más significado para mí que los dos restantes, puesto que me sentía con la necesidad de abrirle mi corazón y hacerle saber quién era yo, quién era la verdadera Charlotte.
 
No me di cuenta de cuándo pasó ni en qué momento se acercó a mí, pero ese gesto tan delicado y dulce me sorprendió lo suficiente como para que mis ojos se abrieran de par en par y un leve tono rosáceo empezara a inundar mis mejillas. Espera, ¿qué? Me estaba empezando a sonrojar. Sí, señores, leyeron bien. Charlotte Ross se empezó a sonrojar por el contacto de un chico. No pude decir nada y gracias a Dios había terminado de hablar y de decirle todo lo que le tenía que decir, pero por Dios que sus ojos eran atractivos, de inmediato mis orbes amarillentos se posaron sobre los suyos volviéndose a perder en su intenso color esmeralda. Su mirada segura y penetrante me hizo casi perder la cordura, pero sus fuertes y expertos brazos me estaban sosteniendo perfectamente lanzando una corriente eléctrica por toda mi espina dorsal.
 
Coloqué ambas manos sobre sus hombros y las fui bajando por sus tríceps hasta llegar a sus antebrazos y luego posé mis manos suavemente sobre su pecho desnudo, todo lo anterior sin apartar la vista de sus ojos. Ese momento era… muy diferente con los que pudiera haber tenido con anterioridad, sentía algo distinto, algo que me hacía sentirme con algo de frustración. Normalmente era uno o el otro quien tenía el control de la situación, pero en ese preciso momento nadie dominaba a nadie, sólo éramos nosotros dos en esa enorme habitación.
 
Pocos minutos después, un sonido estruendoso me hizo alejar mis ojos de los hermosos orbes de Yami, encontrándome con un precioso fuego artificial de colores carmín y verde que podía jurar era del tamaño del cielo entero. Si no se me iluminó el rostro, fue porque me vi interrumpida por un agarre que no me esperaba para nada por su parte. Mis labios se vieron envueltos en un cálido y delicioso aliento a champaña a la vez que por acto reflejo retiraba mis manos de su pecho y rodeaba su cuello con las mismas, profundizando así ese encuentro inesperado que, a decir verdad, me tenía con ganas desde hace rato.
 
Estuve a punto de maldecir su separación, pero de inmediato borré ese pensamiento y sentimiento de mi mente, cualquiera desearía un beso así en año nuevo y yo lo había tenido con alguien que, honestamente, no me molestaba en lo absoluto. Miré sus ojos nuevamente y estuve a punto de abrir los labios para decirle algo, pero realmente no sabía qué decir y agradecí profundamente que hubiese sido él el que empezara a hablar.
 
Lo escuché atentamente y puedo decir con seguridad que no me esperaba una historia como esa, se veía triste, amargado y se notaba a kilómetros que hablar sobre ese ser era como veneno para su alma. Observarlo así, abriéndose ante mí y completamente vulnerable casi me hacen besarlo de nuevo, pero opté por una opción mejor. Le sonreí dulcemente, sí, dulcemente mirándole casi con ternura y me puse de puntillas para abrazarlo —si es que podía aún más, ya que andaba entaconada—. A decir verdad, duramos aproximadamente dos minutos abrazados y yo sin soltarle ni un momento. No me daba pena ni lástima, al contrario, le entendía perfectamente. Nuestras historias eran completamente diferentes pero similares al mismo tiempo y eso era algo que me ayudaba a entenderle quizás como nadie habría hecho hasta ahora.
 
—Yami… —Empecé, separándome de él y tomando con ambas manos su rostro casi con extrema delicadeza. —Tu padre fue un desgraciado. —Comenté de una y casi me echo a reír por mi intento tan pobre de aumentarle el ánimo. Le dediqué una sonrisa y acariciando su mejilla diestra con mi pulgar me dispuse a bajar la mano libre hacia su hombro nuevamente. —Si este es el que eres ahora, no veo cuál es el problema porque yo fui así una vez también. Cuando estaba pequeña, mi hermana Luna murió por una enfermedad mortal y mi padre fue el primero en apuntar como culpable a mí. —Añadí tratando de no desviar la mirada para que no notara mi tristeza al mencionar ese doloroso recuerdo. —Hubo una vez en la que fui vulnerable, pero luego de ello me convertí en lo que soy ahora, esta chica atrevida que tanto te gusta, ¿o me equivoco? —Esta vez sí reí, reí por lo bajo un tanto divertida y a la vez algo melancólica. —Pero no le veo nada de malo al Yami de ahora, al que yo conozco. Y puedo decir que ahora me gustas mucho más.
 
Mis palabras salían de mis labios sin permiso y por más que trataba de ser explícita con mi explicación e intento de subirle el ánimo, sentía que podía decirle absolutamente todo y abrirme a él de la forma en la que él lo hacía conmigo. Faltaban detalles, claro está, pero estaba segura que en un futuro muy cercano tendríamos la oportunidad de sincerarnos el uno con el otro y sin rodeos.
 
—Debo preguntarte algo… —Empecé de nuevo sin inmutarme de mi posición. —¿Te arrepientes de ser quien eres y de cómo todo te llevó a el “hoy en día”? —Pregunté con un tono de voz serio que hasta a mí me sorprendió. Siendo honesta, podría ser una pregunta que no esperaba, a lo mejor pensaba que le preguntaría sobre su padre o su familia, pero esas serían preguntas que le haría mucho más adelante. En este preciso momento lo único que me importaba e interesaba era saber si el miedo y vulnerabilidad que aún habitaban en el interior del hombre que tenía en frente podían hacer que se derrumbara en cualquier momento, y eso para mí, era inaceptable.
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Re: The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

Mensaje por Ryan Koufman el Jue Jun 05, 2014 6:08 pm

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Re: The Face Behind the Mask. {Priv. Yami Motou}

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