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Odisea en París [Priv. Loan]

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Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Mar Abr 29, 2014 7:33 pm

Era Noche buena cuando María visitó París por primera vez en su vida. La noche de invierno había despejado el cielo estrellado, mientras que en los edificios y calles se acumulaba una fina capa de nieve. El frío en la "Ciudad Luz" era casi insoportable, pero ella no lo sabría hasta salir del auto para encogerse en sí misma, intentando mantener sin éxito el calor que la calefacción le había brindado. Antes de todo esto, por supuesto, ocurrió su inminente despertar. Soñaba con extrañas melodías y un brazo firme a su lado, enfrentando una tormenta y caminando entre ella. Aunque el sueño era tan perturbador como una pesadilla, aquella presencia cercana la mantenía tranquila y en paz. Despertó poco a poco cuando una voz se filtró en su subconsciente, llamándola. De no ser Loan quien estuviera exigiendo su atención, y otorgándole la mano de aquella manera, se habría dado la vuelta para seguir durmiendo. Lo miró desconcertada, como si no entendiera muy bien lo que sucedía. Quizás creyera que todo el asunto del secuestro había sido parte de la pesadilla. Pero de ser el caso, el muchacho no habría mencionado el cementerio, ni tendría semejante malicia en los ojos azules.

A regañadientes, tomó la mano que le era ofrecida, ignorando la suave familiaridad de ésta, fingiendo que no se estremecía por el contraste entre el calor corporal ajeno y el frío del exterior. Le tomó algunos minutos acostumbrarse, aunque por suerte tenía el apoyo del rubio o sino habría resbalado en los escalones del hotel. Quiso echar un vistazo a la ciudad, que desde aquella perspectiva le era imposible de identificar, pero tanta multitud de luces en Noche buena dejaban muy claro que sólo lo sabría por la mañana. Si es que seguía ahí. Sabía que estaban muy lejos de Sweet Valley, pero... ¿acaso pretendía Loan que pasara toda la noche fuera de su casa? Levantando la mirada al inmenso y lujoso hotel, no tuvo más remedio que suspirar y seguir al muchacho.

Lindo lugar. —Dijo cuando ya iban en el ascensor. Pudo apreciar dos cosas importantes al recorrer la recepción: Una, debía ser un hotel de cinco estrellas si podía mezclar semejante arquitectura histórica con lujos de todo tipo. Y dos, mirando la forma en cómo la recepcionista había recibido a su compañero, era obvio que lo estaban esperando. El ambiente era un poco más cálido en el interior del ascensor, pero seguía teniendo ese nerviosismo de encontrarse en un lugar desconocido. Como un gato al que se le ha encerrado. Tarareó una canción de cuna para relajarse, mirando el techo para así no tener que ver la expresión de su sarcástico amigo. Cuando los minutos pasaron y el mareo seguía en su sistema nervioso, suspiró y bajó la mirada al reflejo de la pared.— ¿Cuánto más tardarás en decirme dónde estamos? Ya me quedó claro que no me abandonarás en un cementerio, pero siempre podrías estarme llevando a una subasta de chicas. Eso sería muy sucio, incluso para ti. —Sus ojos se veían más avispados que antes, tal vez por haber descansado en el auto. Le dedicó una lenta y maligna sonrisa; era aquella que a veces mostraba para dejar en claro que iba a jugar enserio.— Bueno, supongo que a estas alturas no importa donde nos encontremos. —Arrugó la nariz cuando pasaron del piso diez. ¿Cuánto podía subir esa cosa?— Pero al menos me gustaría saber por qué me trajiste, Desmont... —Ladeó el rostro hasta encontrarse fijamente con los orbes azules.

Aún conservaba una pinta rosada en sus mejillas y nariz, pero quizás no se debiera sólo al frío de la ciudad desconocida. Le había quedado muy claro que lo que ocurría entre Loan y ella era algo peligroso; algo que debía ser llevado con calma y precaución. Pero su naturaleza felina la invitaba a ser curiosa, a aventurarse más de lo que era razonable. Por eso mismo, bajó la mirada a los labios del muchacho y se paró de puntillas en un intento de alcanzarlos. No predijo que las puertas del maldito elevador se abrirían con un maldito pitido.
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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Loan Desmont el Dom Mayo 04, 2014 7:14 am

Una sonrisa amenazó con formarse en sus labios tras sentir el tacto de aquella mano sobre la suya. Sin embargo, de alguna sorprendente manera logró contenerse y girar sobre si mismo sin siquiera inmutarse. No era tiempo para dejarse llevar por simples gestos, de hecho, ya no le sobraba tiempo alguno... Caminando a paso apresurado, ambos jóvenes se dirigieron hacía el mostrador en donde un encargado con solo ver el broche que colgaba a un lado del traje de su chófer, pareció reconocerlo inmediatamente. Entregándole un par de llaves electrónicas, el joven castaño le indicó al oji azul el número de sus habitaciones para finalmente hacerlo firmar unos cuantos papeles antes de que estos se marchasen de camino al ascensor. En el transcurso, Loan se percató de los múltiples hombres vestidos de negro cuales parecían seguirlos con la mirada por todo el corredor. Se trataba de nada más que los guardaespaldas de su padre. Uno de estos al verlos cruzar el umbral del hotel, no tardó en sacar su móvil para realizar una llamada telefónica. Lo estaban monitoreando , posiblemente aun dudaban de su asistencia al baile y por esa razón miles de ojos se encargaban de seguirle el paso. A diferencia de ocasiones anteriores, esta vez Loan no dejó que le importara mucho lo que esos tipos pudieran estar haciendo ahí. Esa noche nadie le arruinaría su velada con Hathaway, ni siquiera su padre.

Una vez dentro del ascensor el chico recostó su espalda sobre la pared del fondo, pasando una mano sobre su despeinada cabellera, soltó un suspiro en señal de fatiga. Debían apurarse y llegar a la suit para comenzar con los arreglos de vestimenta y demás. Y aunque el tema del tiempo no dejaba de ser percibido por sus pensamientos, Loan se hallaba más preocupado por otro "pequeño" detalle que debía arreglar.... Confesarle a María lo que ocurría, entre otras cosas. Para tratarse de un frívolo adolescente con complejo de superioridad y notoria arrogancia, de vez en cuando el apático oji azul podía perder el control y dejarse llevar por sus nervios como otro simple ser humano. Y es que, ¿Que le diría?, ¿Como podría llegar y hablarle de sus sentimientos justo después de todo lo que le había dicho semanas atrás en los vestuarios? En definitiva la chica lo tacharía de demente antes de siquiera darle una respuesta. Aun así, de alguna manera no se permitiría escapar, no volvería a darle la espalda a su verdadero pensar y por supuesto, dejaría atrás aquel miedo que le impedía formar lazos con ella.

Al escucharla tararear supo que de alguna manera la pelirroja solo trataba de calmar sus ansias, así fuese con la melodía de una ridícula tonada infantil. Pues, concebir en tu mente que uno de tus supuestos amigos te ha raptado sin ninguna razón aparente es algo completamente ilógico e impensable. De hecho, coincidía con ella en cuanto a que, de encontrarse en la misma situación, lo primero que pensaría sería en el trafico ilegal de órganos ya que nadie en sus completas facultades mentales raptaría a otra persona solo por tratarse de nada. Quizás Loan finalmente había perdido la razón. Cuando la escuchó hablar nuevamente, soltó a propósito un pesado y sonoro bostezo en gesto de aburrimiento, — Te falta creatividad Hathaway, ademas ¿Subastas? ¿A que demente le gustaría comprar a una gruñona como tú? —, se mofó mientras compartía una sonrisa con esta, cruzado de brazos y sin dejar de observarla, — Hmm.. —, fue lo único que contestó a su notoria resignación. Al fin y al cabo la insistente castaña terminó por ceder...o por lo menos eso parecía.

Impredecible. Aquel adjetivo le iba perfectamente a la dueña de esos traviesos orbes cafés. Anticipándose a su próximo movimiento, decidió permanecer en la misma posición de espaldas hacía el fondo. Si esta supiese que solo unos cuantos minutos atrás él había intentado la misma hazaña, hubiera sospechado que solo trataba de continuar lo que habían dejado a medias. Y por un instante pareció ceder pues, a solo sentir su respiración a escasos centímetros de su rostro no pudo evitar humedecer sus labios por reflejo. Sin embargo, su mirada intercepto el momento en que los botones del ascensor anunciaban su llegada al ultimo piso. Por un lado, maldijo su mala suerte y a su falta de iniciativa por dejar perder la oportunidad de probar otra vez aquel fruto rojo al que ahora  se había vuelto adicto, y por otro lado, la satisfacción de haber encontrado una remota oportunidad de hacer sonrojar a su preciada "amiga", lograba ayudarlo a olvidar aquella mala pasada. Recuperando la compostura, su expresión se volvió completamente neutra al escuchar como las puertas del ascensor comenzaban a abrirse en par. Tras estas, una pareja de ancianos, (aunque posiblemente dueños de alguna fortuna), lucían inmutados tras observar la peculiar posición de la peliroja sobre el rubio. La mujer mayor no pudo contener su asombro, por lo que terminó por soltar una gran "Oh" antes de cubrir su boca su mano. Su esposo, igual de absorto pero menos conmocionado, solo se limitó a toser por lo bajo para tratar de captar la atención de la ahora considerada "atrevida chica"

Ya con la escena lista, Loan se apresuró a darle los toques finales al interesante melodrama. Acercándose hasta su oreja y sin apartar la mirada de la anciana pareja, comenzó a hablar con un tono poco disimulado, — Querida, creó que deberías esperar hasta por lo menos llegar a la habitación... Se que te gusta experimentar cosas nuevas pero... Un ascensor no me parece el lugar adecuado para darle riendas sueltas a tus fantasías —, comentó para luego esbozarle una burlona y a la vez seductora sonrisa a la mujer de hilos de oro, la cual, acabó por sonrojarse como un tomate tras aquel gesto. Tomando a María de la mano, acabó por guiarla hasta las afueras del lugar y comenzó a caminar en dirección a su habitación, pero no sin antes dirigirle una ultima mirada a los ancianos, — Disculpen la molestia. Tengan buenas noches y una feliz navidad —, sentenció antes de perderse en el corredor y entrar a la suit.
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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Miér Mayo 07, 2014 5:25 am

El sonido del ascensor la hizo dar un respingo violento, abriendo los ojos y siendo consciente de que ya no estaban solos. Ni siquiera se había detenido a pensar que alguien podría haberlos visto. Incluso si no se preocupaba mucho por el "¿Qué dirán?", sabía lo que dos adultos mayores pensarían de aquella escena. Por supuesto, Loan y María eran apenas unos adolescentes y, por lo tanto, debían estar enloquecidos por las hormonas. "Bueno, no se puede decir que no lo estemos", reflexionó con las mejillas ardiendo de vergüenza. Dejó escapar un suspiro de frustración, tanto por haberse visto en una situación tan bochornosa, como el haber sido interrumpida en aquel momento. Por otro lado, en el fondo sabía que de haber tenido éxito en su pequeña travesura, cosas peligrosas pudieron haber ocurrido en ese ascensor. No estaba muy segura de que pudiera soportar un segundo rechazo del rubio. Su rostro apenas mostraba aburrimiento, como era lo común, contradiciendo sus verdaderas emociones.

Apenas sintió un leve cosquilleo en la oreja que le hizo temblar de los pies a la cabeza, cuando él tenía que decir aquello. ¡Claro, Loan Desmont no podía quedarse callado en aquel maldito momento! Oh no, debía decir lo más inapropiado que se le ocurría. El rostro de la joven cambió lentamente de la incredulidad a la ira, subiendo de un tono rosado al escarlata. ¡¡Lo mataría!!

¡Jódete, maldito bas... tar...! —Ni siquiera tuvo la oportunidad de maldecirlo como era apropiado, pues éste ya le jalaba para salir del ascensor. El hurón era un pillo de primera, y no le faltaba ingenio para cometer ese tipo de bromas pesadas. Ya los dos jóvenes tenían experiencia molestándose el uno al otro, y había quedado muy claro que podían ser muy peligrosos para el orden público. Fugazmente, la chica se preguntó cómo podía admirar y gustar tanto de una persona como Loan. Le observó embelesada mientras éste le conducía por el pasillo. Era demasiado directo para considerarse amable, demasiado antipático para considerarse tierno, demasiado sarcástico y malvado para considerarse inocente... demasiado él, para considerarse un príncipe. ¿A quién engañaría aquella fachada de niño rico que vela por los intereses de una dama? Era un testarudo, orgulloso y pedante chico que sabía tocar el violín, y eso... le gustaba demasiado para seguir disimulando. Gruñó por lo bajo, mordiéndose el labio inferior y resignándose a que aquellos pensamientos nunca salieran a la luz. Cuando llegaron a la suite, tenía la esperanza de que pudiera pasar la noche con él como si sólo fueran buenos amigos. "Hermanos, tal vez". Pero la idea no hizo mas que provocarle nauseas.— Bueno, no puedo quitarte el mérito, Desmont. —Comentó con fingida admiración al entrar. Aquello no era una habitación, era casi un departamento. Una mini-cocina cerca de la puerta principal, una salita con pantalla plana y lo más seguro es que una o más habitaciones al cruzar un pasillo.— Este parece el lugar de descanso del villano de una película de Hollywood. —Le dedicó una lenta y provocativa mirada que, además de coquetear, buscaba burlarse de él.— Muy apropiada para ti.

Ignoró cualquier respuesta que él fuera a darle, dejándolo solo en el umbral para poder explorar un poco el lugar. La temperatura era perfecta, y la decoración le recordaba a los museos históricos que tanto le gustaban en Sweet Valley. Era todo muy tradicional y francés, aunque contaba con algunos detalles modernos muy propios de...

"Espera".

No puede ser... —Susurró, sorprendida. Acarició la fina cortina de lino color hueso que se interponía entre ella y la ciudad a la que había sido arrastrada. La retiró con cuidado y apreció un océano de penumbra con millones de luces nadando en sus aguas. Muy, muy lejos de ahí, pero claramente visible, se encontraba una torre majestuosa que nadie en el planeta podía no reconocer. Se quedó un largo rato pegada al cristal, empañandolo debido a la cercanía de su incipiente respiración.— Estamos en... París. —Entonces se giró hacia el rubio, mirándolo fijamente sin denotar enfado. De hecho, parecía casi ilusionada.
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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Loan Desmont el Jue Mayo 29, 2014 6:23 pm

Por alguna razón, al ser partícipe de aquellos ridículos pero necesarios momentos con María, en donde ambos disfrutaban de mofarse del otro con el único propósito de sacar a flote lo peor de ellos mismos, no podía evitar mirar hacia el pasado y recordar su vacía infancia. Y es que, ¿Cuanto no hubiera dado por conocer a la pelirroja antes?, memorias llenas de fragmentos dolorosos pudieron bien ser remplazados por mares de bucles rojos y una sonrisa sardónica difícil de odiar. “Tal vez mechones cafés, como sus ojos. Supongo que no siempre fueron de ese color”, se cuestionaba a sí mismo, riendo por lo bajo mientras y cerraba la puerta tras de sí. Ya era tiempo de lidiar con la fiera.

Tan pronto como entraron a la suite, Loan observó con cierto gesto de incomodidad los alrededores del cuarto. No era la primera vez que disfrutaba de uno de sus “indeseados” privilegios de heredero, de hecho, el año pasado durante una de las reuniones con su padre, tuvo que permanecer hospedado en ese mismo hotel, por mero capricho del mayor. Pero no importaba cuantos lujos y beneficios fueran servidos en bandeja de plata frente a él, aquel chico nunca se acostumbraría al estilo de vida tan ostentoso y superficial al que su progenitor parecía fascinar. En vez de eso, mientras se hallase en un lugar cálido y dispusiera de suficiente espacio para dormir, no le importaría hospedarse en un basurero. Sin embargo, de alguna manera agradecía que tanta arrogancia al final sirviera para algo más que resaltar un estatus, ya que, de no haber asistido, no estaría esa noche en compañía de la femme más hermosa y apática de toda Francia. Esa chica no tenía idea alguna de cuanto agradecía Loan, su presencia junto a él.

No pasó mucho tiempo antes de que uno de los mordaces comentarios de su amada felina resonara con despojo en el cuarto. Y aunque en ocasiones anteriores no hubiera desperdiciado la oportunidad de argumentar algo más contra ella, prefirió callar y solo escuchar sus alaridos. Tomando posición a un costado de la pared, se cruzó de brazos y con un gesto de diversión en su rostro, decidió esperar hasta que la pelirroja cayera en cuenta de una vez por todas de que se encontraban muy lejos de Sweet Valley. Cuando la expresión en su rostro pasó de malhumorada a estoica luego de correr finalmente las cortinas del balcón, sus palabras de escepticismo no dejaron de ser percibidas por el oji azul, — Aunque no puedo asegurar lo mismo de tu salud mental, me complace decirte que tus ojos funcionan correctamente. Efectivamente, estamos en Paris Hathaway —, afirmó con burla, caminando a sus espaldas hasta tomarla por detrás para luego colocar sus manos sobre sus hombros, — ¿No es hermosa la vista? —, susurró aun lado de su oreja derecha con una tortuosa lentitud. El aroma de su cabello poseía aquella esencia que tanto lo había tentado minutos antes en su trayecto dentro de la limusina.

Se mantuvo en aquella posición esperando recibir alguna otra ofensa, un puñado de maldiciones o quizás solo una simple señal de molestia por parte de ella, después de todo, la había arrastrado a la fuerza hasta ahí sin darle explicaciones.  Pero, sin poder formular una sola palabra más, el sonido de un golpeteo en la puerta lo obligó a ser consciente de que no le quedaba mucho tiempo. Dejando a Hathaway, se encaminó hasta esta y atendió al llamado. Se trataba del asistente de su padre, cuyo propósito no era más que anunciarle la hora límite de su partida al palacio. Loan se interpuso entre este y la puerta, previniendo que María escuchara la conversación y al mismo tiempo bloqueándole el campo visual al indeseado sujeto, — Saldremos en una hora —, fueron sus últimas palabras antes cerrar la puerta. Era de esperar que su padre lo importunara incluso en momentos como esos. Volteando a ver a la chica, tomó su móvil en manos y caminó hasta quedar frente a ella, — Tienes diez minutos para arreglarte. Dentro de aquella habitación encontraras un closet. Tu vestimenta ya ha sido preparada —, mencionó señalando hacia el gran cuarto dentro de la enorme suit. Sin darle muchos más detalles o siquiera detenerse a responder sus quejas, continuó con las instrucciones, — En un rato tocará a la puerta una estilista. Ella se encargara tu peinado y maquillaje. Por favor, no intentes sacarle los ojos a la pobre mujer —, agregó, y aunque la frase se diera para una broma, su rostro permanecía inexpresivo. Aun quedaban asuntos pendientes por resolver y no podía arriesgarse a dejarlos sin cuidado, — ¿Alguna duda con respecto a lo que acabo de decir? —, preguntó rompiendo el contacto visual para fijar la mirada en la pantalla del celular, — Sino es así, entonces me retiro —, sentenció dándose la media vuelta.

Antes de siquiera abrir la puerta, sus pasos se detuvieron a solo escasos centímetros de esta. Otra vez, la observó de reojo, — Estaré en la habitación de al lado, por si me necesitas. En cuanto termines vendré a buscarte así que no tienes de que preocuparte, después de todo… No puedo dejarte sola ni por un segundo —, aquellas palabras pronunciadas con dulzura escondían su verdadero significado tras esa característica sonrisa burlona a la que tanto ya se había acostumbrado. Esa noche aclararía sus sentimientos antes de que cierta felina decidiera asesinarlo.
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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Mar Jun 10, 2014 6:49 pm

Había algo fantástico en París que no podía definir con exactitud. Su grandeza, el mar de luces parecía interminable, y sólo estaba contando la parte norte de la ciudad. Su belleza, incluso a esa distancia la torre Eiffel se veía majestuosa como un pilar de luz. Su nostalgia, después de todo, ella y el rubio eran franceses de nacimiento y crianza (especialmente ella que jamás había salido del país), de modo que la capital era como el centro de su patriotismo. Pero incluso con toda esta semblanza, no entendía lo que estremecía su interior y le conmovía tanto. Un grito ahogado escapó de sus labios cuando sintió el calor de un par de manos sobre sus hombros, y luego, ese aliento familiar contra su oído. Y sus palabras. Sí, la vista era preciosa, ¡mucho más bella de lo que jamás pudo admirar en el pasado! Pero ahora entendía que no era la vista la que la tenía tan cautivada. Miró a Loan de reojo, detallando su perfil; su rostro era como el de un ángel perezoso, y quizás malvado si tomaban en cuenta el brillo maléfico de sus ojos azules; pero María había descubierto con el paso de los meses que ese "príncipe azul" era mucho más humano e imperfecto de lo que nadie podría imaginar.

Has superado mis expectativas. —Le reprochó con un un tinte acusador en la voz, pero supuso que esto no podía ser dicho del modo que ella deseaba. Recordó la tarde de castigo en los vestuarios y la "tregua" que se habían jurado; en cierto modo, le parecía inapropiado reprocharle algo de lo que él no tenía control. Frunció el ceño y los labios, antes de añadir:— Ahora eres todo un secuestrador, ¿quién lo diría? Te creía más del tipo "pervertido oportunista".

Una broma común y corriente que, por primera vez en mucho tiempo, no obtenía una réplica. Claro que era magnífico tener la última palabra, pero le inquietaba la razón. Esa misma razón que tenía a Loan asistiendo a un baile en París, como si fuese un evento de lo más normalito. ¿Qué persona podía permitirse algo así? Miró la espalda del rubio con aires de preocupación; esperaba desde lo más profundo de su ser que todo aquello no acabara mal. Cuando él volvió a su lado, todo rastro de juego se había esfumado. La chica sintió como si escuchara a un alto comandante, así que puso la debida atención. Asintió a cada una de sus instrucciones, aunque el muchacho quisiera tomarle el pelo. E incluso cuando le hubiese gustado decirle "Sí, me encantaría saber por qué me trajiste aquí", prefirió callar y negar con la cabeza. Suponía que las respuestas vendrían cuando tuvieran que hacerlo. Por ahora, la despedida de Loan le había dejado más que confundida, sin saber si aquello era un halago o un insulto. Proviniendo del hurón, podía ser cualquiera de las dos.

Estúpido hurón. —Refunfuñó en silencio. No demoró en ponerse en marcha, sacándose la ropa y dandose un baño de agua caliente. Abusó un poco de los productos de belleza que el hotel ofrecía, lo que no era raro en ella y su amor por la belleza. Afuera, cuando estuviera totalmente seca, descubrió el vestido oculto en el armario, y no pudo evitar sonreír. Era precioso, y la tela era suave como las alas de una mariposa. La estilista llegó cuando intentaba subir el cierre sin mucho éxito, y se presentó con una sonrisa mientras la ayudaba. Era guapa y tenía un fuerte acento parisino. Conversaron un poco mientras María era maquillada y peinada. El resultado fue bonito y muy sutil, lo que era genial pues podía moverse a su antojo.

La estilista se despidió con dos besos en las mejillas y le pidió que esperara ahí, lo cual, evidentemente, ella no hizo. Cada minuto que pasaba sus nervios iban aumentando, y no le hacía gracia que Loan se burlara de ella por estar temblando como una gelatina. Salió de la habitación, descubriendo que afuera sus tacones hacían un sonido elegante que adentro la alfombra amortiguaba. Se sentía un poco expuesta, de modo que sus mejillas no podían estar más encendidas. Caminó sólo un par de metros (admirando las obras que colgaban de la pared), cuando el sonido de otros pasos la hizo girarse. Miró a Loan de los pies a la cabeza y sintió que el corazón le latía con violencia. Avanzó hacia él con lentitud, reprimiendo las ganas de alisarse el cabello y el vestido.

Bueno... no estás tan mal. —Evitó mirarlo a los ojos en todo momento, porque entonces no podría ocultar lo evidente.— ¿N-Nos... vamos? —Y extendió su mano al rubio, como había visto que hacían las damas en películas de otra época.

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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Loan Desmont el Lun Jun 30, 2014 3:50 am

Al cerrar la puerta de su habitación, dejó caer todo su peso sobre esta, deslizándose hasta quedar sentando en el mullido tapiz que recubría la alcoba. Su rostro se hallaba oculto tras sus manos, dando a mostrar una imagen de desconcierto y confusión, bastante ajena a él. Sus mejillas comenzaban a arder con intensidad y su respiración parecía no perder velocidad. Loan Desmont estaba perdido. Y es que, ¿Qué demonios había sido todo eso? ¿"No puedo dejarte sola ni por un segundo”? ¿De verdad?  De haber permanecido siquiera un segundo más dentro de aquella suite con la lunática de cabellos rojizos, su orgullo y auto-control se hubieran visto comprometidos a tal punto que... No sentiría arrepentimiento alguno de lo que pudiera haber hecho.  

Aunque por un instante su latente incomodidad decidió tomar el control de sus pensamientos, no disponía del tiempo suficiente como para dejarse llevar por sus inseguridades. Retomando la compostura, se irguió y caminó hasta el cuarto interior, topándose con una gran cómoda sobre la cual, reposaba el traje de etiqueta que con tanto afán su padre lo había obligado a usar. Observando el atuendo con desdén, lo dejó permanecer ahí y posteriormente se dirigió hasta llegar al cuarto baño en donde, simplemente permaneció.

Una parte de él deseaba descansar eternamente dentro de aquella tina, dejar sus responsabilidades a un lado, y olvidarse por completo del contrato que había firmado con el insaciable demonio. Pero de ser todo tan sencillo, no se vería forzado a estar en ese mismo momento, confirmando su pronta llegada a tan ostentoso palacio. “A fin de cuentas siempre te las arreglas para hacerme obedecer, ¿No es así?” Una amarga sonrisa se formó en sus labios, al tiempo en que el espejo frente a él, reflejaba un sombrío pero sofisticado aspecto. Su antes despeinada cabellera, lucía ahora bastaste manejable al ser peinada hacía atrás, proporcionando un mayor espacio para apreciar su mirada, mientras que, el traje de tonalidades monocromáticas, le otorgaba la madurez que tanto debía hacer denotar esa noche. Ya con todos los preparativos listos, lo último que se escuchó fueron los pasos del francés al abandonar la habitación.

Con solo adelantar su recorrido poco menos que un metro, fue suficiente como para percatarse del peligro inminente. Sus pies se detuvieron al percibir el sonido de los finos zapatos de aguja aproximarse hacía él. “…” Tenía que admitirlo, nunca antes había sentido tanta fascinación por el calzado femenino como lo estaba haciendo en ese mismo instante, instante en el que las finas y delgadas piernas de su compañera, parecieron apoderarse por completo de su ser. Tragó antes de disponerse a hablar, y sin embargo, en el primer intento por formular una oración coherente, sus palabras se desvanecieron en el aire. “Respira… o terminarás por encerrarte junto con ella en esa suite”. Ganas no le faltaban, pues no estaba del todo seguro querer otorgarle el privilegio a otros hombres de poder contemplar a su “amiga”, — Tomaré eso como un cumplido —, respondió con cierta dificultad ante las palabras de la dulce pelirroja, — Tu tampoco luces tan mal. De hecho, te ves hasta decente —, afirmó, aun cuando su opinión fuera totalmente diferente. María lucía hermosa.

Se agradeció a sí mismo el no permitirse desviar nuevamente la mirada, pues, al fijarse en las teñidas mejillas de Hathaway, supo de inmediato que no debía desaprovechar aquella oportunidad, ¿Después de todo, para que estaban los amigos? ,— ¿Impaciente mon cheri? —, contesto con picardía, aprovechando la oportunidad para tomar su mano y besar con suma lentitud, la espalda de esta, — O es que acaso… ¿Te incomoda mi presencia? —, agregó, esbozando una sonrisa ladina. Lo estaba disfrutando completamente. Y aunque hubiera preferido continuar hostigando a su preciada compañera, Loan seguía consiente de la hora que era, — Si me permites... —, tomó su brazo y lo pasó por debajo del suyo, dándole así a ambos jóvenes, una apariencia de amantes parisinos.  Hecho esto, guió a la chica hasta el ascensor y posteriormente hacia el lobby del hotel, en donde su preciado chofer los estaba esperando. Dirigiéndolos hasta la entrada, se dispuso a abrirle las puertas de la ya preparada limusina y finalmente, arrancó hacía la autopista.

A solo unos minutos de su destino, el oji azul decidió nuevamente hablar, antes de que la paciencia de Beatrix, decidiera acabar,  — Dejando a un lado tus ridículas teorías de secuestro, te informo que no tienes de que preocuparte —, sus ojos se hallaban fijos en los de ella, aunque en sí, no expresaban burla alguna, — Para hacerlo breve, digamos que fui invitado a un baile en donde solo asisten empresarios y magnates de la economía —, hizo una pausa, al tiempo en que le advertía con la mirada, no intentar interrumpirlo, — Supongo que a estas alturas ya debes haber sacado tus propias conclusiones sobre mí y mi estatus —, su tono de voz sonaba bastante seco, pues, con solo pensar en escalas sociales, le hacía enojar, — No te equivoques. Además del violín Stradivarius, no poseo fortuna alguna de la cual debas estar al tanto —, aclaró, pasando una mano tras cuello, — El hecho es que, mi padre, es el dueño de una gran compañía. Es su dinero. Y dado a que no vivirá eternamente, planea que de alguna forma… Yo me mantenga a cargo de sus negocios, por lo menos, hasta que su siguiente sucesor tenga la edad suficiente como para tomar su lugar —, finalizó, volteando a mirar hacia el camino. Aunque se había quitado un gran peso de encima al contarle una importante  parte de su vida, no estaba del todo feliz por ello.  

Respirando profundamente, sus palabras se dirigieron nuevamente hacía ella, — ¿Tienes alguna otra duda?


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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Mar Jul 01, 2014 3:31 am

Quizás María debió detenerse a reflexionar un instante, pues no parecía conveniente embelesarse de su mejor amigo de esa forma. Él conocía sus sentimientos y lo último que deseaba era convertir esa velada en un circo de remordimientos y miradas incómodas. De hecho, atribuyó el recuerdo de aquella torpe confesión al repentino silencio del rubio. Le molestaba un poco ser la única que tuviera que preocuparse por ello, como si su orgullo se hubiese roto y ya no pudiera recomponerlo. Si no le puso mala cara al muchacho fue únicamente porque estaba demasiado guapo para eso, pero en otras circunstancias habría tirado de su cabello aunque éste ya no colgara como plumas sobre su rostro. "Aunque si fueran otras circunstancias, ni siquiera tendrías este problema". Esta realidad la hizo bajar de su nube de indignación para aceptar que, en efecto, de haber sido siempre la amiga incondicional del violinista, habría podido acompañarlo al dichoso evento ese sin pensamientos románticos ni deseos adolescentes. Hasta le habría podido gastar una broma sobre su aspecto de "gangster".

Pero todavía podía ser esa amiga, pensaba con un rastro de esperanza. Estaba ahí con él y jamás se arrepentiría de ello, incluso si debía tragarse sus sentimientos; si debía fingir que el brillo de su mirada era simple burla o que el temblor de sus labios se debía al frío del corredor... todo valía la pena. Por poco sonrió cuando él le devolvió el ácido comentario de su vestuario, pero esa forma de engatusarla con la voz de un artista la hizo sonrojarse más. Intentaba con toda la dignidad del mundo mantener una respiración tranquila, pero él se lo estaba poniendo jodidamente difícil.

En absoluto, monsieur. —Le replicó en voz baja, conteniendo un suspiro por el placer de aquel beso. Le miró con el porte de una reina que, sutil y en silencio, disfrutaba las atenciones de un súbdito. Quién sabe cómo, encontró su propia voz para decir:— Me intriga saber a dónde vamos pero jamás podría incomodarme su presencia. Ya que usted es siempre tan... —Sus palabras se desvanecieron en el aire cuando él tomó su brazo y al fin hizo que su resistencia cediera. La cercanía, la calidez, el afecto... estaban empezando a marearla. De hecho, le escocían los ojos. Pero era "María", la chica que podía resistir lo irresistible, y en ese momento Loan tenía una etiqueta en la frente que decía "Pruebame", cual bombón.— Amable. —Finalizó, más como respuesta a la cortesía del rubio que como conclusión de su anterior broma.

Siguió al muchacho en todo el camino sin rechistar, destrozándose los sesos buscando algo ingenioso que decir. Nada le venía a la mente, como si su ingenioso sarcasmo se hubiese esfumado en protesta a los nervios y la interminable electricidad que corría entre el rubio y ella. Ya dentro de la limusina se dedicó a contemplar las calles de París, que descansaban a tan altas horas de la noche con un lúgubre atractivo. Le recordaban un poco a sí misma, pero no sabía hasta qué punto; después de todo la historia francesa siempre estuvo salpicada de sangre y belleza. En ese momento, la voz familiar y medio somnolineta de Loan la devolvió a la realidad, girándose hacia él y cayendo en cuenta de lo oscuros que parecían sus ojos bajo la escasa iluminación del vehículo.

Lo escuchó atentamente y se mordió el labio para reprimir su explísitamente sincera opinión: "Pues es difícil no preocuparme contigo enfrente, en un sitio cerrado y estando tu tan atractivo. Pareces un ángel caído que intenta que le venda mi alma". María tenía los labios tensos y blancos, pues aunque Loan hablaba tranquilo y sin enfado, sus palabras tenían suficiente peso para agitarla y quitarle la poca calma que había conservado hasta ahora.

Oh... —Fue todo lo que dijo en un principio, soltando el aire que había contenido con gran dificultad. En su mirada podía notarse el desconcierto, la sorpresa y la preocupación; no importaba el alivio que significara saber que Loan no era un excéntrico millonario (si bien apreciaba su Stradivarius), porque lo que pasaba con él era muchísimo peor. Imaginó a tan orgulloso chico siguiendo la orden de un magnate de los negocios como un títere, siendo los hilos motivos que ella aún desconocía. La pelirroja se llevó una mano al pecho, como si pudiera reparar aquel profundo vacío. De nuevo le molestaron los ojos, pero en vez de echarse a llorar, hizo lo que había querido hacer en toda la noche. Se levantó del asiento y avanzó hacia el rubio, descansando en sus piernas y abrazándolo por el cuello.— Olvida eso de las dudas por un segundo, Loan... —Le pidió en voz baja, cerca del oído. Sabía que corría el riesgo de despeinarle y arrugarle el traje, pero le era imposible preocuparse por eso.— Sé que quizás no quieras que te abrace. No lo haré de nuevo si me lo pides. Pero... por un momento déjame hacerlo. Por favor. —Y sin poder evitarlo, besó su frente, acarició su cuello. Hizo todo lo posible por hacerle entender que de una o de otra forma, estaba ahí con él.— Me importa una mierda si tienes dinero o no... —Le aseguró con seriedad.— Yo te...

En ese justo instante, la limusina se detuvo con la suficiente brusquedad para tumbarla completamente sobre el muchacho, y entorpecer así sus palabras. La chica enrojeció y no supo como proceder. De hecho, simplemente no pudo hacerlo. Recuperar la razón en esas circunstancias fue como un balde de agua fría.
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Re: Odisea en París [Priv. Loan]

Mensaje por Ryan Koufman el Vie Sep 12, 2014 8:38 pm

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