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Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

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Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Lun Abr 28, 2014 12:14 am

En la oscuridad de la noche, me encontraba aun sosteniendo la puerta de la cajuela, mientras observaba a la pelirosa desde afuera. Un par de palabras solté, por pura diversión, apenas las risas de mi parte, se escuchaban en aquella zona, donde solo nos encontrábamos la prescolar y yo. La anterior chica se esfumo, por el cual me importaba lo más mínimo, a donde se había largado. Por el momento solo era divertirme, con la linda gatita que se encontraba hirviendo de coraje por lo  que sucedía, al contrario yo debería estar enfadado, por lo que le hizo a mi auto, o no? Al menos no se encontraba sola, una pequeña persona le hacía compañía, y tal vez por mi mala memoria que tengo, y claro que el sarcasmo se encontraba presente, olvide completamente la identidad del bulto a lado de ella, y que más da, hasta los días de residencia, en el baúl del auto.

-Quita esa cara….. Mencione a la chica, con una sonrisa ladina mientras continuaba. -Te diré un pequeño secreto, para nuestro viaje, solo debes respirar normalmente. Capisci? Aunque no es mi problema, si no lo sigues. Finalice cerrando la puerta la cual detenía, para solo caminar con tranquilidad hacia la puerta del piloto. Buscando entre mi bolsillo las llaves de la puerta del auto, no tarde demasiado cuando me subí y encendí tanto el arranque, como el estero del Enzo. –Un poco de música, no vendría mal…… Mencione al pasar mientras seleccionaba una estación. Al finalizar direccione mi mano hacia el espejo retrovisor para acomodarlo y seguido solo conducir hacia el nuevo lugar destinado.

Después de las Zonas…

El viaje hacia el nuevo lugar designado, no era tan largo, simplemente iríamos a darle de comer a los peces. Cuando más conducía a dirección a la playa, se podía sentir el aire helado por el cambio de ambiente, al igual que la carretera se encontraba totalmente sola, ya que era un tanto tarde. Las luces del auto solo iluminaban el camino, mientras que por mi parte, observaba donde lo estacionaria. Al pasar de quince minutos aproximadamente, conduje el automóvil cercas del muelle. Apague el motor del Enzo, sin embargo solo deje las luces delanteras encendidas, seguido solo camine con tranquilidad hasta la cajuela. 
–Que tal el paseo? Divertido, o no? Mencione mientras abría la puerta nuevamente, y sonreí de paso. De nueva cuenta deje de sostener la puerta y solo me recargue en el auto, mientras sacaba de una cajetilla un cigarrillo, un momento de tabaco, es lo que necesitaba, solo una calada al cigarro realice, para luego voltear a ver a la chica. –No me digas, que ya te gusto estar dentro de ahí? Finalice con una leve risa.


Última edición por Jared Di Vogli el Jue Jul 31, 2014 7:46 am, editado 2 veces
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Lun Mayo 05, 2014 6:06 pm

Odiaba a ese tipo. No. Más que eso, superaba los niveles de odio, tenía una mezcla de emociones hacia él y ninguna de ellas era positiva. Dentro de la cajuela comenzaba a sentirse ahogada, estaba realmente oscuro y, no iba a negarlo, tenía miedo, sabía que allí no estaba sola. Permaneció quieta, no quería hacer ningún movimiento brusco que alarmara a su compañero de cajuela, no sabía quien era esa persona y en esta situación no podía confiar en nadie, ni siquiera en su compañero de encierro.

No tenía ni idea de la hora, desde que se había metido en esas calles peligrosas no percibía ninguna noción del tiempo, solo sabía que estaba todo oscuro, ni siquiera un haz de luz entraba por esa maldita cajuela. Y eso no era lo peor de todo. Vivía sola, nadie se estaría preguntando por ella, nadie la esperaba a cierta hora para comer o lo que fuera. ¿Por qué demonios se le había ocurrido, en un principio, desafiar a ese muchacho tan desagradable y peligroso? Pero solo recordar su rostro, su expresión, le daban ganas de desafiarlo nuevamente, darle un buen merecido y una patada. Sí, una patada fuerte en la entrepierna y luego saldría corriendo, para terminar escondida hasta el fin de sus días en el pequeño departamento. Por más que planeara una y otra vez como deshacerse del pelinegro, las cosas nunca terminarían bien para ella. Maldición.

El auto se detuvo y ella solo podía pensar una cosa...¿Dónde habían parado? ¿La tiraría por un barranco? ¿O la enterraría viva en el bosque? Una gota de sudor congeló su espalda. Ese tipo...¿le iba a hacer daño? Pensar que toda su vida acabaría de esa manera...aún tenía mucho por hacer, no quería que terminara.

Oyó la puerta del coche, pasos que se acercaban y finalmente vio la luz. No murió. Recibió la luz del exterior, el pelinegro había abierto la cajuela y hablaba como si la hubiera llevado a disneyworld. No iba a darle el gusto de responder semejantes preguntas, no respondería a sus provocaciones. Calma. Calma. Calma. Imposible.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, aprovechó la oportunidad, se lanzó sobre él tomando un poco de impulso que le costó un agudo dolor en el tobillo. Al lanzarse lo empujó, casi al punto de obligarlo a retroceder, pero no estaba segura que así había sido. Solo sabía que al menos estaba fuera de la asfixiante cajuela, esperaba que su acompañante al menos tuviera una mejor oportunidad para escapar, ahora que ella se volvía el punto de atención. No dudaba que el pelinegro le haría pagar caro ese empujón.

- Ahí tienes mi respuesta - le dijo desde el suelo, mientras se ponía de pie, no podía correr, no había forma de huir con ese tobillo que le dolía una barbaridad. Aún así tampoco iba a rendirse. Si iba a morir lo haría con dignidad y otro día, preferentemente de vejez, en manos del tiempo.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Miér Mayo 28, 2014 9:47 am

El lugar se encontraba apoderada de la oscuridad, el cual el tiempo no pasa en vano y se debe aprovechar, aquellos callejones sin salida habían quedado atrás, y solo el bien controlado respiro entre una caja sin salida, me demostraría si podía divertirme un rato más. Me encantaba hacerlo, solo de observar por un momento lo que me encontraba en mi camino, me daba detalles de separar las ratas de alcantarilla que van junto al flujo de aguas residuales, por las cosas que al menos poseían algo interesante por así decirlo, aunque todo no puede ser interesante. Apenas los audibles pasos entre la vieja madera intentaban desvanecerse con el ocurrente sonido de las olas del mar, el cual solo chocaban entre los soportes del más patético y simple lugar, que puede ser perfecto para aquellos acontecimientos menos inesperados. Claro, el muelle, un lugar excelente para aquellos que ¨Desean dormir con los peces¨, una simple frase, que posee un erróneo concepto de las cosas.

Solo las luces del auto quedaron encendidas, iluminando el gran camino del muelle, hasta casi al tope de la orilla y con el silencio que se apoderaba un par de minutos, bien podía ser la combinación perfecta para una escena no tan agradable. Con cigarrillo entre los dedos mientras realizaba una calada, observaba a la gatita salir de su lugar después del agradable paseo, el cual seguro disfruto, no siempre tienes la oportunidad de viajar acompañado en la cajuela de un auto, además seguro la conversación con tal compañía debió ser conmovedor, es una profunda lástima que no pude escucharlos, hubiese sido divertido seguramente. Aquel rostro de angustia que mostraba en su pálido rostro, se desvaneció por completo, al ver un poco de luz en el asfalto. Por mi parte solo mostré una leve sonrisa, que patético realizar tanto escándalo por una significativa acción, existen peores cosas.

-Al parecer la gatita posee garras y puede bufar. Mencione con tranquilidad después que la chica salía inmediatamente del auto, y a la vez empujándome con enojo. Al observar tal acción solo comencé a reír suavemente y ver todo la situación con diversión. Siguiendo en mi posición, cruce mis brazos un momento mientras soltaba el humo del cigarro hacia arriba, una vez realizada dicha acción voltee a ver a la preescolar que cayó al suelo. –Parece que me enternecí con tu respuesta. Exclame con tono sarcástico mientras dejaba de tener los brazos cruzados y levantar suavemente los hombros, continúe hacia la pelirosada. –Con esta acción de valentía, se supone que debo retroceder hacia atrás? O acaso tú deberías estar huyendo o no? Continúe mostrando una sonrisa ladina, mientras me acercaba a ella, una vez que se encontraba de nuevo de pie.  –No te veo correr….. Exclame con más seriedad al momento de detenerme en frente de ella y una vez realizado, acerque mi rostro hacia su oído para susurrarle. –Si no deseas correr, porque no ayudas a tu amigo a que vea la luz, igual podrías acompañarlo a nadar. Finalice riendo mientras me incorporaba y señalaba al fiel amigo de la gatita.


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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Miér Jun 18, 2014 6:50 pm

Una brisa helada cortó su rostro, pero eso no evitó que mirara con desprecio al pelinegro mientras éste hacía algunos comentarios tan desagradables, en ese tono de voz que le hacía hervir la sangre de odio. No entendía, ni quería entender las razones que movían a ese tipo para que actuara de esa manera tan irritante. Quizá justamente ese era el problema, ella buscaba razones cuando parecía que en realidad no había ninguna en particular. Parecía más un juego, sí, eso era. Un juego mortal.

- No te tengo miedo..- respondió cuando él se burlaba de ella, aunque no era del todo cierto, le molestaba que pusiera en duda su valentía y su fuerza de voluntad para huir. - ¿Sería más divertido si corriera pidiendo piedad, verdad? - quiso saber, aunque realmente no le importaba, no le daría esa satisfacción por más necesario que fuera. Escapar ya no era una opción. No con ese tobillo. Solo podía enfrentarse a él y esperar algún milagro que la salvara de las garras de  ese ser tan desagradable para ella.

Se cruzó de brazos, tratando de adoptar una postura desafiante y miró hacia la cajuela que permanecía abierta pero en su interior aún estaba algo oscuro a penas dejando ver a la otra persona con la que había compartido el espacio hacía solo unos pocos minutos. Trató de identificar a esa persona pero no pudo, no sabía quien era pero estaba dispuesta a averiguarlo.

- ¿Y por qué tienes a esa persona ahí, eh? ¿Qué te hizo? - preguntó con curiosidad, pero si vio en la obligación de interrumpir antes de obtener respuesta - No me digas. Ensució tus zapatos, ¿verdad? - se burló con una sonrisa. Estaba nerviosa, no iba a negarlo, pero trataba de parecer más tranquila para poder encontrar una rápida solución o hacer tiempo hasta que llegara alguien, cualquiera que pudiera ayudarla en esa situación tan extraña y complicada.

No sabía lo que iba a sucederle, pero iba a ganar la mayor cantidad de tiempo posible, sus últimas palabras y sus lágrimas por la vida que desaparecería no iban a llevarselas las olas ni los peces. No iba a huir más, era hora de luchar para conseguir su libertad.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Jue Jul 03, 2014 9:44 am

Le parecía un divertido juego, continuar perturbando la tranquilidad de la chica, era más divertido observar sus reacciones que realizar acciones un tanto perjudicial para ella. No le parecía suficiente con el paseo por la ciudad en tal agradable asiento, pensaba que era hora que el compañero de viaje de la chica se presentara ante ella. Una vez que comunico lo que deseaba al oído ajeno, se incorporó y camino con tranquilidad hacia la cajuela. Estiro sus brazos y seguido coloco sus manos en la puerta. Observo por un momento el interior y comenzó a reír suavemente, no duro demasiado su risa ya que volteo a observar a la pelirosada. –No lo sé Chasqueó la lengua y continuó –Corre, grita, arrástrate, pide piedad, realiza lo que se te plazca, de todas formas será divertido para ojos ajenos. No lo crees?- Exclamó sin dejar de mostrar en su rostro una bien dibujada sonrisa.

-¡Vaya! Determinación- Mencionó fingiendo impresión de lo que observaba, la chica desafiaba al pelinegro y no solo eso, mostraba curiosidad por ver ante sus ojos lo que aguardaba la cajuela. El pelinegro dejo de sostener la puerta de la cajuela de todas formas no ascendería, e inmediatamente sujeto dos maletas rígidas en color negro, las jalo hacia a fuera colocando en el suelo, y por fuerza de gravedad se podía apreciar que su peso era grande. Soltó el mango de ambas maletas y comenzó a deslizar hacia atrás las mangas de su camiseta negra. –Solo buscaba diversión- Contestó a la respuesta de la chiquilla con tranquilidad, y tomando nuevamente ambas maletas camino hacia la chica. – Los ensucio cual líquido carmín y sabes…….lo disfrute….- Continuó sonriendo ladino y seguido lanzo una de las maletas a los pies de la chica. –Sujétala y sígueme, para que veas, lo divertido que es, que se te ensucien los zapatos.-  Mencionó en tono serio, mientras caminaba hacia un extremo del muelle, donde la arena aún se apreciaba y rocas de gran tamaño se cubrían levemente por el agua del mar. –Rápido!! Y sin cuestionar!!- Alzo la voz hacia ella y seguido continuó. –No dudare que seas la amiga de aquel chico.- Finalizó con tranquilidad, refiriéndose al compañero de viaje de la chica. 
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Mar Jul 22, 2014 5:21 am

El dolor en su pie era cada vez más agudo, no podía evitar hacer una mueca de dolor de vez en cuando al sentir como si le clavaran un cuchillo cerca del tobillo. Estaba intentando ganar un poco de tiempo y al parecer lo estaba logrando, el pelinegro hablaba y seguía un juego con sus propias reglas. Natsumi repudiaba cada palabra que salía de la boca ajena, ¿cómo podía existir alguien así? Eran personas como ese tipo las que le hacían desconfiar de los demás y con toda razón, de otra manera no estaría en una situación tan espantosa como la que le tocaba vivir ese día.

Esperaba allí de pie, alguna señal, un indicio que le sirviera para utilizar las fuerzas que estaba juntando y así salir corriendo sin importarle el dolor, solo necesitaba desaparecer, volverse invisible para vivir en paz. Sin embargo, la reacción del peligroso desconocido fue inesperada para la joven estudiante a quien le lanzó una extraña maleta, mientras el sostenía, no sin antes comentar que todo aquello no era más que diversión. La pelirrosa arqueó una ceja y no ocultó una mirada de desconfianza hacia el muchacho ante las palabras que soltó luego en un tono verdaderamente serio, era la primera vez que le escuchaba hablar de esa manera pues hasta el momento solo había oído la burla y el sarcasmo salir de su garganta.

Lo observó mientras se alejaba por un extremo, allí la llamó con voz clara y potente, levantando la voz para que se notara quien controlaba el tablero de ese extraño juego que involucraba tanto la vida como la misma muerte. Así que el pelinegro tenía temperamento. No quería comprobar si era cierto o no que el pelinegro tenía caracter fuerte, así que se limitó a levantar la maleta y sujetarla mientras hacía el intento de alcanzarlo, siguiendo sus pasos con calma, aún quería guardar energías por si necesitaba huir desesperadamente.

- ¿Para qué quieres que lleve esto? - preguntó ligeramente irritada, esa maleta era bastante pesada para ella y le estaba costando algo de trabajo llevarla si no podía caminar bien. - No estoy cuestionando nada...pero debo recordarte que me chocaste con tu autito de juguete y todavía me duele el pie, esto está muy pesado -se quejó, aunque debía estar agradecida de seguir con vida, la muchacha era impulsiva y era prácticamente imposible hacer que se callara la boca cuando algo le molestaba.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Jue Jul 31, 2014 7:45 am

Se detuvo en la orilla del muelle, y observo hacia abajo contemplando por un momento el agua que descendía de la arena, a pesar de la oscuridad y la escasa luz de los faroles del auto, sabia el punto exacto donde tendría que dejar aquellas dichosas maletas que traía consigo. No por otra cosa se dirigió al muelle, él tenía cosas que hacer, y la gatita solo fue un objeto de juegos para el momento. Mientras seguía dando la espalda a la chica, comenzó a escuchar sus quejas ante lo ordenado por él, por una parte pensaba que debía estar agradecida, ya que aún no la dejaba a su suerte, en total oscuridad y sin nada que poseer, aunque la palabra ¨vida¨ debía contar como propiedad hacia ella.

-¿Dónde he visto esto antes?- Se dijo mientras arqueaba una ceja y cruzaba los brazos por un momento fingiendo recordar esa situación de niñitas quejonas. –Es cierto.- Continuó llevando sus manos a sus bolsillos de su pantalón oscuro. De una manera u otra la situación de quejas le resulto familiar al pelinegro, junto a su compañera de diversiones, siempre solía quejarse de sus pendientes cuando les tocaba trabajar juntos, y eso solía irritarle a Jared, sin embargo no podía hacer absolutamente nada, en ese tiempo solo seguía ordenes además el dinero se lo impedía. Una tras otra queja escuchaba cada día, aunque solo todo se trataba de drama por parte de su compañera, siempre tiende a decir que solo es una señorita y que los trabajos son demasiados para ella, aunque más de irritarle le daba gracia que se nombrara señorita, cuando él sabía que no era así. Deslizo suavemente su mano hacia el cinturón por la parte baja de su espalda y tomar rápidamente su arma, él no era fanático mucho que se diga de las armas de fuego, sin embargo debía poseer una en sus manos, como si se tratara de una joya o algo por el estilo. –¡Rápido!- Dijo alzando la voz ante la chica con frialdad, mientras dejaba de darle la espalda y la apuntaba con el arma. – Y yo dije que no dudaría en que acompañes aquel chico.  ¡Así que guarda silencio!- Continuó apuntando el arma a un lado de ella e inmediatamente jalo el gatillo, escuchándose el estruendo de la bala disparada ante el suelo.

Comenzó a reír a carcajadas por un leve momento, sin embargo levanto sus brazos y sonrió ante ella. –¿Dónde quedaron mis modales?- Dijo fingiendo educación e inmediatamente guardo su arma. -Una señorita debe ser tratada con delicadeza.- Continuó acercándose a ella, y se inclinó para poder sujetarla debajo de sus rodillas y la parte de su espalda con sus brazos, y seguido la cargo. –¿Aun te duele el pie?- Preguntó sin dejar de fingir amabilidad. –Dicen que un poco de agua fría, cae de maravilla- Continúa mientras se incorporaba completamente y caminaba con ella, hacia la orilla de muelle donde el nivel del agua era un poco más alto, y sin pensarlo la soltó de sus brazos. 

+18:
Spoiler troll (? En mi siguiente respuesta, agregare lo que me comentaste del pj extra en el trama, de igual manera si tienes otra idea, ya me dices xD


Última edición por Jared Di Vogli el Lun Sep 22, 2014 5:36 am, editado 1 vez
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Mar Sep 02, 2014 4:25 am

La pelirosa estaba ya cansada de ese jueguito que el muchacho llevaba manipulando desde hace ya un buen rato. Tenía ganas de lanzarle la maleta por la cabeza y salir corriendo, claro en otra ocasión lo habría hecho, pero esta vez tenía un dolor agudo en el pie que parecía no ceder. Con algo de preocupación la jovencita pensó que tal vez se trataba de un esguince. Así se veía obligada a ceder ante todo lo que el otro ordenara, no tenía escapatoria y lo peor del caso es que el despreciable acompañante estaba armado. "Que buena suerte, Natsumi, realmente envidiable" pensó burlándose de sí misma con sarcasmo.

No le agradaba la forma en la que hablaba el pelinegro, el muy señorito estaba acostumbrado a que todos hicieran lo que a él se le viniera en gana, y para Natsumi eso era realmente despreciable. Le dedicó una mirada que delataba su pensamiento, pero no le dijo más nada, tal vez así la dejaría en paz de una vez. Quizá si se portaba sumisa y obediente, el muchacho la liberaría de su tormento. Sí. Eso era posible, al menos para la pelirosa era la única esperanza.

El disparo la tomó sorpresa y no pudo mover un solo músculo, el tipo estaba demente o realmente iba a matarla. Lentamente la esperanza parecía más lejana y patética. ¿Tenía salvación o estaba condenada? Miró al pelinegro primero con terror y luego frunció el ceño, verdaderamente furiosa.

- ¡Púdrete! - le gritó y dejó caer la maleta al suelo. Si ya no había forma de salvarse, nada le importaba, ella también haría lo que quisiera y antes de que el otro la ejecutara le insultaría hasta el último aliento. Esa forma de pensar era absolutamente patética pero la jovencita era temperamental y en ese momento su mente dejó de razonar. Sin embargo, el pelinegro parecía tener todo calculado. Guardó su arma y se acercó a la pelirosa con una intención sospechosa. ¿Por qué de repente pretendía ser tan amable? - ¡Bájame ahora mismo! - ordenó con voz firme, pero temblaba mientras hacía el torpe esfuerzo de golpear el pecho del joven para obligarlo a que definitivamente la dejara de nuevo en el suelo. Sus palabras amables eran como un veneno letal pero silencioso, ella sabía que algo se ocultaba tras ese acto caballeroso que en realidad era una actuación. Al mencionar el agua fría, Natsumi abrió los ojos como platos, ¿No iba a...? ¡Tenía que estar bromeando! - ¡¿Qué--?! - A penas pudo formular el inicio de una pregunta que se ahogo con el agua, el infeliz la había lanzado desde el muelle directamente hacia el mar. No sabía nadar muy bien, de hecho siempre había evitado las benditas clases de natación a las que su padre la obligaba a ir. Por supuesto ella había sido desobediente y nunca había tomado ni una sola clase. Ahora se arrepentía de ello.

Su pie aún no respondía y peor aún no sabía como demonios hacer para moverse del lugar donde había caído, solo levantaba la cabeza para respirar pero el mar la absorbía, la atrapaba para convertirla en rehén. La jovencita movía los brazos en todas las direcciones posibles pero no había caso. En sus labios podía sentir el sabor de la sal y el agua que se filtraba hasta su garganta, mientras otra parte viajaba a sus pulmones. Demonios. Se estaba ahogando. Segundos atrás, cuando nada le importaba, ahora sí lo hacía. ¿Por qué la vida tenía que ser tan injusta con ella? ¿Por qué?

- P-Por...Fa..vor - pudo decir mientras tomaba aire para mantenerse con vida - A...yúda--me - No aguantaba más, la presión que sentía en su cabeza y su cuerpo era demasiado poderosa, no encontraba más fuerzas, no podía luchar más.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Lun Sep 29, 2014 11:27 pm

¿Mostrar caballerosidad ante una señorita? Eso era lo peor que pudiese creerle al pelinegro. ¿Amable? Tal vez, si al menos posee un beneficio para su persona. Aunque se notara la gran falsedad en su rostro. Su trabajo dio un giro inesperado al ser el show de media noche. ¿Divertirse? Claro que disfrutaba ver a la chica en el agua. Pensó que saldría inmediatamente de la zona. Sin embargo aún seguía ahí, esperando a ser rescatada. Al menos se percató que en verdad era de esas gatitas agresivas que no les gusta el agua fría. Desde la orilla procedió a observar desde arriba a la pelirosa. Comenzó a reír de manera cínica y sin más que decir, se dio media vuelta. Solo en el muelle se escuchaba silbar por parte de él, con severa tranquilidad, cada paso firme y tranquilo, que parecía que deseara que fuera en cámara lenta.

–Qué desastre.- Dijo llevando sus manos a los bolsillos de su pantalón y a la vez actuaba como si la chica lo estuviese escuchando. – ¿Qué dices? ¿Qué te gusta el agua?- Alzó la voz por un momento mientras recogía la maleta restante y regresaba a la orilla del muelle. Se inclinó para ver de nueva cuenta a la chica. –Me pregunto cuánto tiempo tarda una persona en ahogarse.- Dijo con el mismo tono despreocupante y seguido sujeto ambas maletas para lanzarlas a la suave arena de la playa. –Tardas demasiado…. Entonces es verdad que los gatos poseen siete vidas.- Levantó los hombros suavemente, dando entender a la afirmación de aquel mito. Procedió a sentarse en la orilla y con tranquilidad retiro su arma de su espalda baja donde la poseía y la coloco a un lado de él, al igual que su camiseta negra entre otros objetos.  

-¿Por favor? No lo sé. Me gusta verte desde aquí- Comentó con desdén, mientras cerraba sus ojos y luego abrió solo uno. –Bien, bien. La gatita esta mojada- Comentó chasqueando la lengua. Procedió a dar un pequeño impulso a su cuerpo para lanzarse al agua del mar. Una vez que pudo flotar se acercó a la chica. –Eres demasiada dramática- Dijo mientras se acercaba por detrás y la sujetaba. No deseaba que se pusiera más violenta y acabarían los dos por ser alimento de peces. ¿Karma? Puede ser. Procedió a llevarla hasta la orilla y una vez ahí, comenzó a burlarse nuevamente. – ¿Esperas el beso de la vida?- Dijo después de sujetar la muñeca de la chica con fuerza contra la arena  y acerco un poco su rostro al rostro ajeno, mostrando la típica sonrisa ladina. Esperaba la reacción de la fémina ante tal acción, deseaba divertirse el resto de la noche. Aunque se percató de un sonido proveniente del muelle, no menciono palabra alguna. Sin embargo ya sabía de quien se trataba. Aquellas maletas en la arena debían entregar, y así finalizar un negocio más.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Dom Oct 19, 2014 8:07 pm

Su mirada se nubló, el paisaje se volvía cada vez más borroso y oscuro, no es que hubiera mucho por ver pero las luces a lo lejos se desvanecían, así su mirada se volvía más opaca, no podía enfocarse en nada, ni una voz, ni un alma. Nada podía salvarla de las crueles garras del destino, de una trágica muerte a la que había sido literalmente lanzada. Pero si existía algo como el karma esperaba que cayera con toda su artillería al despreciable joven pelinegro, ese desconocido que hubiera preferido perder antes que encontrar. Lentamente su cerebro se apagaba, cedía a la calma, dejaba de mover sus brazos y piernas que ya estaban cansados de tanto luchar, solo quería estar tranquila...

Por su mente pasaron miles de recuerdos, pensamientos, ahora podía comprender aquello que decían acerca de como la vida pasaba frente a tus ojos en solo unos pocos segundos. Recordó a sus hermanas, a quienes no veía hace tiempo, a su madre, su padre...quería llorar pero no podía, la angustia le oprimía el pecho y lo peor de todo era ese final. Aún quería probar cosas nuevas, quería dar su mejor esfuerzo en el dojo, deseaba terminar el instituto y luchar por sus sueños, sin importarle nada más. "¿Por qué? ¡¿Por qué?!" Se preguntó con frustración y profunda tristeza, sabiendo que aquello sería lo último que podría pensar con claridad antes de perder el conocimiento.

Durante un momento fue todo oscuro, su cuerpo flotaba en la nada, no había ningún ruido que pudiera romper la paz en ese profundo vacío. ¿Ya estaba en el más allá? ¿Era el cielo o el infierno? ¿El inframundo acaso? No había forma de saberlo, era como un sueño extraño, uno del cual podría no despertar. Pero, de pronto, sintió algo, seguía flotando pero percibía una sensación cálida, como si alguien la estuviera sujetando. Dejó de flotar y comenzó a sentir frío...¿estaba viva aún? ¿cómo? Escuchó una voz, tardó en reconocer de quien provenía pero cuando lo hizo supo que el sueño no era más que una pesadilla. Sin embargo, aún no tenía control sobre su cuerpo, a penas recuperaba la conciencia y podía sentir que seguía ahogándose, probablemente eso debía al agua en sus pulmones.

Si salía con vida de aquella situación sería sin dudas por pura suerte, obviamenten no sería sencillo olvidar los sucesos de ese día, sin embargo lo importante para ella era poder sobrevivir. Afortunadamente para la pelirrosa, la suerte estuvo de su lado, y después de un momento pudo recuperar el conocimiento. Apenas sabía donde estaba, aunque recordaba claramente al despreciable joven de cabello oscuro que la había arrastrado hasta la playa. No podría olvidarse nunca de su rostro, añoraba el día en que podría cobrarle cada una de sus terribles acciones. Pero, de momento, no podía pensar en ello, lo importante era encontrar la manera de escapar de las garras del mal que representaba el muchacho.

Abrió sus ojos lentamente, buscando algún punto en el cual fijar su mirada, pero el paisaje era pobremente iluminado, aún así consiguió observar a quien tenía frente a ella, se horrorizó a causa de la cercanía, quería que por lo menos estuviera a cincuenta metros. Sus orbes rosadas expresaron el espanto y el desprecio que sentía, y con la poca fuerza que tenía levantó su brazo para apartar al pelinegro, marcando una nueva distancia.

- Casi me muero...Tú...querías matarme - lo acusó intentando que su voz sonara firme, pero apenas parecía un susurro, tampoco tenía demasiadas fuerzas para insultarlo así que guardó silencio durante un rato. En ese tiempo, un ruido llamó la atención de ambos. Desde el muelle se percibía movimiento, había alguien más. Natsumi comprendía a medias lo que estaba pasando, y no era para menos, solo esperaba que todo terminara pronto, porque si no la dejaba ir, ella misma encontraría la forma de escaparse.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Dom Nov 02, 2014 1:38 am

Disfrutaba las reacciones de la fémina, ante lo ocurrido en la playa. Y si fuese a detener su burla ante ella, estaría muy equivocada. No era para tanto un simple chapuzón, ni que fuera a morir fácilmente al menos eso pensaba el pelinegro. Todo fue un simple juego para divertirse. -¡Vaya! Agresividad.- Dijo en tono burlesco mientras retrocedía hacia atrás por la reacción ajena. -¿En serio? No me digas.- Mencionaba con sarcasmo ante las palabras ajenas. –Si quisiera matarte ya lo hubiese realizado desde aquel callejón. ¿No lo crees? Aunque tú buscabas la muerte, ya que te habías lanzado a mi auto.- Continuó en tono festivo. Después de aquel sonido proveniente del muelle, procedió a sujetar la muñeca de la chica con fuerza, para que se levantara rápido de la arena. – ¡Rápido! Sujeta una de las maletas y sígueme.- Dijo tal indicación a la pelirosa. Por su parte camino hasta los maletines para sujetar solo uno ya que la fémina se llevaría el otro y si no, seguía sus indicaciones no será agradable verlo enojado. Por el momento todo es diversión para su persona y cuando se trata de negocios las cosas son más serias. Trabajo es trabajo y no un juego de infantes.      

Continuó caminando hasta subir las escaleras que daban camino hacia la superficie del muelle de madera. Mientras esperaba que el nuevo coche en tono negro terminara de estacionarse y respectivamente apagar su motor, procedió a colocarse su camiseta que dejo en el suelo junto a otras pertenencias y seguido sujeto de nueva cuenta el maletín dejado en el suelo. –Muévete..- Mencionó ante la fémina para que se apresurara con el maletín restante. La puerta del auto ajeno se abrió y un hombre mayor salió de él. – ¿Es necesario responder esa pregunta?- Dijo ante el ajeno después que mencionara sobre los maletines que serían entregados a él. –Revisa lo que quieras…- Continuó con tranquilidad, mientras colocaba uno de los maletines encima de la puerta de la cajuela del auto. Sin decir palabra alguna, arrebato el otro maletín de las manos de la fémina y de igual manera la coloco encima de la cajuela. Esperando que el sujeto revisara su mercancía entregada procedió a cruzar los brazos un momento. Solo se escuchó el sonido del seguro de metal al ser cerradas nuevamente. ¨Todo en orden.¨ Fueron las palabras del ajeno. –Negocios son negocios.- Respondió con seriedad mientras sujetaba el dinero acordado. Sin embargo arqueo inmediatamente su ceja diestra al ser  señalada la pelirosa por aquel individuo. –Solo nos divertimos un rato. ¿Acaso la conoces?-  Inquirió con leve curiosidad. Ya que se le hacía un tanto extraño que un tipo como él, tuviese conocimiento de una chica cualquiera que se encontró en el callejón.

-¿Quién lo iba a pensar? Toda un joyita.- Fingió sorpresa al saber el origen de la chica. Ahora queda perfecto aquella frase. ¨No juzgues un libro por su portada¨ Una vez que el sujeto procedió a retirarse, el pelinegro desvió su mirada hacia la fémina y mostró una sonrisa ladina. –Y decías que yo era un niño de papá, y resulta que tú naciste bajo una cuna de oro.- Continuó con burla. – Hiragi Natsumi… Qué interesante..- Se dirigió de nueva cuenta hacia ella, y se detuvo delante de dicha fémina. –Tu papá debe estar preocupado por su niñita, Seguro deberíamos llamarlo ¿Qué te parece?- Dijo en tono sarcástico mientras su mano diestra la llevo hacia su barbilla en forma de interés respecto al tema de la familia adinerada. Aunque simplemente podría tratarse de un juego más en sus manos, el pelinegro es todo un rompecabezas. -¿Cuánto cuesta tú vida?- Preguntó ante ella, mientras daba unos cuantos pasos para dirigirse donde dejo sus pertenencias momento atrás. Se inclinó un poco para dejar el paquete entregado hace un momento y seguido sujeto su celular. –Deberías llamar…- Finalizó sonriendo ladino y seguido le entrego su celular.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Lun Nov 03, 2014 6:55 am

Lentamente volvía a ser consciente de lo que pasaba a su alrededor, de esa pesadilla que era parte de su realidad. El joven pelinegro no había perdido el humor sarcástico que tenía desde un principio, no perdía oportunidad para burlarse de la indefensa y asustada muchachita de cabello rosado. Natsumi no le dijo más nada luego de su última acusación, después de todo, el despreciable muchacho estaba en lo correcto al decir que si hubiera deseado matarla, lo habría hecho varios minutos atrás, allí donde todo había comenzado, en ese callejón perdido en el mapa.

Él la obligó a ponerse de pie, la levantó como si fuera una muñequita de trapo incapaz de moverse por su cuenta, a lo que ella pensó si estuviera en mejor estado le hubiera golpeado por tratarla de esa manera, sin importar las consecuencias. Sin embargo aún no tenía el margen de tiempo necesario como para pensar en castigos imposibles de realizar, ya que la voz del pelinegro le interrumpió con una orden firme y clara.

- Tsk...- tenía ganas de responderle algo más pero prefirió guardarse para si misma las palabras. ¿Acaso no se daba cuenta que entre su tobillo y el asunto de que casi se ahoga, tenían efectos sobre su cuerpo? Darle órdenes de esa manera...vaya tipo, pensó molesta la pelirrosa. Lo siguió en silencio y así se mantuvo durante un rato. Obediente y tranquila, si eso era lo que debía hacer para librarse de ese despreciable joven, lo haría con tal de obtener su preciada libertad y no volver a verle la cara nunca más. Pero no por eso iba a perderse los detalles del encuentro con otro desconocido.

Hasta el momento no se le había ocurrido pensar demasiado en el asunto de los maletines. Sin embargo, ahora estaba al tanto, por lo menos, de que había alguien a quien entregárselos. El que sostenía la muchacha le fue arrebatado, ella no dijo nada solo observó atentamente los movimientos del pelinegro y el recién llegado. Se hizo la distraída mientras pudo, no quería llamar la atención del otro y mucho menos que la lanzaran al mar de nuevo por estar metiendo las narices donde no debía. Pero de un momento a otro, su invisibilidad desapareció, fue sacada de su anonimato tan abruptamente que a penas pudo articular palabra.

- Yo no...-comenzó a decir, pero luego perdió la voz, perdió el valor. Sus labios quedaron entreabiertos, incapaces de defenderse, de negar su propia identidad. Mientras tanto, el sádico joven parecía encontrar otro motivo para atacar a la muchacha con ese sarcasmo, esa burla a la que comenzaba a acostumbrarse. Ahora que el "cliente" se había retirado, la soledad en la playa se hizo mayor para la jovencita, y la pregunta del pelinegro no hizo más que producirle una gran incertidumbre. ¿No iba a liberarla? ¿Acaso esa pesadilla no tenía fin? - Yo no soy como tú - le respondió finalmente, con la voz temblorosa, pensando en Daichi, en la vida que él llevaba a varios kilómetros de ella junto a una mujer que lo engañaba a sus espaldas, ese hombre al que llamaba padre...¿se preocuparía sinceramente por ella? No estaba segura, pero sabía que la cuna de oro nunca había sido suya, estaba reservada para un heredero digno.

Las cosas se le iban de las manos...¿alguna vez las había sujetado? No. Directamente, todo estaba fuera de control desde el principio. Ella no era más que una pieza de ajedrez para aquel muchacho, quizá fuera un simple peón enviado al campo de batalla para sufrir las peores consecuencias. Se cruzó de brazos mientras el viento helado congeló su piel y sus huesos, trataba de pensar con claridad pero el mar estaba en su mente, y las olas de pensamientos terribles se agitaban en su interior.

Él insitió en que lo llamara, su tono de voz, su sonrisa, todo en ese muchacho le inflingía un extraño temor, pero más que eso un gran desprecio. Deseaba con todas sus fuerzas borrarle esa sonrisa. Deseaba hacerle pagar por todas las desgracias e infortunios que había ocasionado desde el momento que apareció en su camino.

- ¿Llamarle? - preguntó para asegurarse que había oído bien, al tiempo que tomaba el móvil que le había ofrecido. Miró durante unos segundos la pantalla encendida, sujetando con fuerza el aparato, luego levantó la mirada hacia él y le devolvió la sonrisa. - ¡Me tomas por idiota! - respondió finalmente, con toda la ira que había escondido hasta el momento, y sin dudarlo un segundo lanzó hacia el mar el teléfono celular. - Se acabó. No tengo intenciones de seguir tu pequeño juego un segundo más - agregó dedicándole una mirada furibunda - Ya cumplí tu tarea, entregaste tu mercancía, ¿ahora qué? ¿no puedes solamente dejarme ir? - quiso saber, mientras su voz dejaba entrever la desesperación que la situación le provocaba. El no poder controlar el juego ni sus reglas era algo tremendamente injusto, más el hecho de saber que había perdido desde el comienzo.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Dom Nov 30, 2014 7:16 am

Por un momento el silencio entre ambos reinaba a su paso, los suaves susurros del inmenso océano se mostraba imponente, oscuro y peligroso. A la espera y reacciones de la fémina, el joven pelinegro se mantenía calmado ante la situación. ¿Preocuparse? Para nada, solo se trataba de un simple juego. Ahora solo ellos dos se encontraban, nadie más interrumpiría su agradable conversación, si de esa manera pudiera decirse. Entregó su teléfono celular a las manos ajenas, para que ella intentara al menos llamar a dicho señor millonario. Sin embargo al parecer se perdió un momento en sus pensamientos. De nueva cuenta se escuchó las olas chocas entre las rocas de aquel muelle. -¿Llamarle?- Imitó aquellas palabras ajenas. – ¿Acaso dije otra cosa? – Arqueó su ceja diestra. – ¿No piensas marcar? Natsumi..- Dijo con cierto tono de burla y haciendo énfasis en su nombre. – O es que acaso temes de que tu padre no pague por ti. – Añadió con una sonrisa. De una u otra forma intentaba presionar a la pelirosa, además que notaba que la chica tardaba demasiado y más cuando miraba la pantalla del teléfono móvil. Si fuese otra chica, inmediatamente entre sollozos intentaría localizar a cualquier pariente cercano e inclusive a sus más peores enemigos, todo por salir a salvo del peligro que la acecha.  

Por un momento comenzó a carcajearse por las palabras ajenas. ¡Por fin! La niña decidió defenderse ante las acciones del pelinegro y eso hacía que él riera más.
– Qué miedo. – Chasqueó la lengua mientras miraba a Natsumi con aquellos ojos celestes. – ¡Vaya! Mi celular. – Dijo después de desviar su mirada hacia la dirección donde había caído. – ¿Debería matarte por eso? – Sonrió ladino y seguido volvió a ver a la contraria. Frunció los labios un leve momento y seguido se acercó a ella, sujetando sus hombros e inclinándose un poco, para quedarse a su nivel. – Tú siempre, te tomaste por idiota. ¿Lo sabias? Tú pudiste correr, he irte de aquí, pero no. La niña sigue a mi lado.- La miraba a los ojos y cada palabra la decía con seriedad. -¿Por qué no te has ido aun? Tienes la oportunidad y no lo haces. Mira, sigues aquí parada y no puedo ser adivino, para deducir que te encuentras temblando.-

Se incorporó y soltó los hombros ajenos, paso a un lado de ella, para guardar los objetos que dejo tiempo atrás, antes de que llegara el individuo que esperaba el pelinegro. Sin embargo antes de continuar, procedió a nalguear a la fémina. –Anda que esperas para irte. – Dijo con una leve risa de burla. – ¿No se supone, que posees ganas de irte? ¿Qué esperas? No me digas que esperas que te lleve a tu casa. Aunque no es mala idea llevarte, así puedo ver la gran mansión de la niña. – Finalizó ante ella y continuó con lo pendiente que deseaba realizar. Por un momento ya no le tomo importancia a la chica y una vez que tuviese sus cosas en su lugar, cerró la puerta de la cajuela de su auto. De nueva cuenta se dio permiso de encender un cigarrillo y con tranquilidad una leve calada realizo. - ¿Entonces?- Inquirió ante las próximas acciones que realizaría la fémina. –Si no desear correr, te puedo proponer que trabajes en mi casa, la última sirvienta desapareció misteriosamente. – Finalizó agregando su posible opción, aunque inevitablemente comenzó a reír por sus propias palabras.    
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Lun Dic 15, 2014 9:45 am

Cada vez que aquel muchacho se acercaba sentía escalofríos recorrer por su cuerpo, sabía de lo que era capaz y más sabía que tenía que deshacerse de él cuanto antes. Pero...¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía irse sin que le hiciera daño? Su mente estaba confundida, con el temor de dar un paso en falso y terminar de nuevo en la oscura cajuela del coche ajeno, como también de volver al agua helada del mar. Quizá esa era otra explicación para esos constantes escalofríos...por culpa de ese bastardo estaba empapada. Afortunadamente si conseguía regresar a su departamento no tendría que darle explicaciones a nadie, salvo al encargado del edificio que, con seguridad, le regañaría. Esperaba secarse antes de llegar, y con suerte sin resfriarse. Aún así, era pedir demasiado, nadie tenía tanta suerte, menos ella que en un solo día le habían ocurrido tantas cosas...

Se cruzaba de brazos intentando, escuchando de mala gana la respuesta del pelinegro que para variar estaba jugando con ella. Lo dejó hablar, lo dejó burlarse todo lo que quiso, pues al fin se había dado cuenta que responder ante sus provocaciones no significaba más que una pérdida absoluta de tiempo y energía que ya no tenía.

-A ver, Señor Listo...¿Crees que si pudiera correr no lo habría hecho hace rato? Es más, hubiera pateado tus sucias maletas al mar y luego escapado. - frunció el ceño, obviamente era incapaz de contener sus palabras - ¡Y si estoy temblando es porque me mandaste a nadar con los peces! -exclamó exasperada al fin, no podía aguantar la presencia del joven, su mirada sobre ella, hablando como si fuera un caballero y comportándose como un cretino. Nadie había logrado jamás tal nivel de desprecio para Natsumi.

Al fin la liberó, le hizo una tentadora invitación que la pelirrosa tuvo que verse en la obligación de desconfiar por lo menos unos segundos. Se quedó en silencio mientras su rostro se volvía de color rojo, y no porque estuviera avergonzada, estaba más furiosa que antes. ¿Acaso le había nalgueado? Si hubiera sido parte de una serie cómica animada, el humo podría verse saliendo de la cabeza de la joven.

-¡Muérete! -le gritó, apretando los puños, haciendo tanta fuerza para no lanzarse sobre el pelinegro y darle un golpe que podía sentir las uñas clavándose en las palmas de sus manos. Comenzó a caminar, como pudo, alejándose de la ubicación del muchacho. No le importaba si intentaba detenerla, estaba segura que no lo haría, pues parecía que ya no necesitaba nada más de ella. Tampoco la mataría, con el susto que le había dado, era obvió que no diría una sola palabra a nadie.

Lentamente se alejaba, sintiéndose más aliviada, como si todo aquello no hubiera sido más que una horrenda pesadilla, o una escena para una película de terror. Al fin, todo había acabado, era libre, podía respirar tranquila. O por lo menos eso creyó al dar los primeros pasos hasta que se detuvo al oír esa voz, otra vez. ¿Quería que trabajara como sirvienta? ¿Ella? ¿Cuando la anterior había desaparecido "misteriosamente"? Natsumi por poco se echó a reír junto al pelinegro, pero no porque le resultara divertido, sino todo lo contrario.

Se giró para volver a mirar al joven que fumaba un cigarrillo con tanta tranquilidad, que hasta eso le irritaba a la pelirrosa. Entrecerró los ojos, mirándolo con suspicacia, no entendía su comportamiento, tampoco se esforzaría en hacerlo, ese tipo de persona era a la que seguramente se le debía aplicar la frase "mejor perderlo, que encontrarlo". Por desgracia, lo había encontrado en esos callejones, en ese territorio peligroso y ahí estaba ahora...

-¿Trabajar? ¿Para ti? ¿Y qué gano yo con eso? -sin poder evitarlo alzó una ceja, en tanto su voz se expresaba con un ligero sarcasmo que cubría la confusión de las palabras ajenas. Se lo pensó por un momento. No quería trabajar para ese muchacho despreciable, no quería tener nada que ver con él. Pero...por otro lado, trabajar para él podía ser una ventaja. ¿Por qué? Porque podría tomar venganza. Así es, a la jovencita de cabello rosado se le cruzó la oscura idea de hacerle pagar al joven por sus malos actos. Todavía no lo tenía muy claro, pero el objetivo era sencillo. Ya lo resolvería en su momento. Necesitaba cambiar el juego a su favor.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Miér Dic 31, 2014 5:25 am

El juego continuaba ante la fémina. ¿Hasta qué momento terminaría todo? Palabras entre palabras, acciones entre acciones, faltaba poco para que todo terminara, ya no se trataba por diversión, ahora las cosas poco a poco se volvían insulsas para el pelinegro. Ahora deseaba más que solo juegos, más que solo palabras de burla ante ella, buscaba algo más. ¿Un reto? Tal vez. Ante ella una vez más, frente a frente intercambiando palabras y sin dejar a un lado aquellos ojos fulminantes que emanaban de ella. Una vez más poseía agallas, lo cual hacia todo divertido de cierta manera para el ajeno, aunque poco a poco perdía lo atrayente. — Pero no lo hiciste…. Te hubieses arriesgado, además posees agallas para levantar tu voz ante mí. Tú plan de tirar mis pertenencias al mar y luego huir, bien pudo funcionar. ¿O no? — Respondió sonriente ante la fémina.  

Una vez más el silencio se apoderó del lugar. Se esperaba una respuesta ajena ante la propuesta del pelinegro. No era tentadora, pero tal vez él pudiese encontrar, lo que falta para que todo se vuelva más interesante que antes. Aunque no pudo soltar una carcajada al ver la reacción de la chica ante la nalgada proporcionada. Solo se trataba de una nalgada, no la estaba matando o algo por el estilo, pero aun así, fue bastante cómico para su persona. — Tan agresiva, así me gustan. — Volvió a reír. — ¡Vaya! No soporta demasiado una pequeña broma. — Mencionó con tranquilidad levantando sus hombros por un momento y claro restándole importancia a la nueva dirección que decidió seleccionar la chica. Le daba igual, si menciona algo respecto a lo ocurrido, fuera lo que fuera, no le importaba en absoluto.

Una calada más a su cigarrillo, para al menos contrarrestar el frío que sentía después de aquel incidente. — Propuesta….. Intercambio……. — Dijo una vez que aquel humo saliera de su boca hacia arriba y sin borrar de su rostro aquella sonrisa ladina, escucho las palabras ajenas. — Cierre… — Musitó y seguido camino hacia dirección de la ajena, sin olvidar tirar el resto del cigarrillo a un lado. — ¿Qué ganas tú? Buena pregunta. — Sonrió ladino una vez que se detuvo enfrente de ella e inclusive se inclinó un poco para estar al mismo nivel. — La parte más importante de un negocio, son sus clientes…— Deslizó su mano hacia la altura de su espalda baja. Claro, mostraría de nueva cuenta ante la fémina a su vieja amiga, el cual ya había conocido en el callejón.

— Yo soy tu cliente y tú, me ofreces un servicio… — Ahora la daga del pelinegro apuntaba ante el pecho de la chica y cada palabra que mencionaría el pelinegro, lo combinaría con cada movimiento realizado con su arma blanca. — Por cada movimiento perfecto que realices, tendrás a tu cliente satisfecho. — La hoja de metal ahora tocaba su piel blanquecí, inició a recorrerla de forma ascendente con suavidad. — Cada satisfacción merece una recompensa, cada deseo lo pedirás tú……… — Detuvo la hoja a medio cuello, en el conocido escaleno medio.  —Pero…. — Realizó una leve pausa antes de continuar, aunque eso no evito que presionara la hoja ante su piel.

— Al mínimo error, tu cliente se disgustara…… — Sin sutileza alguna, realizó un corte pequeño ante su piel. — ¿Lo comprendes? — Retiró la hoja del cuello de la fémina y a la vez dejaba de inclinarse ante ella. — ¿Entonces? Es un ¨Si¨ o un ¨No¨ Señorita Hiragi….. — Mencionó con cierto tono de burla, marcando énfasis en dichas opciones. Mientras obtenía una respuesta ajena, procedió a caminar hacia su auto, dando la espalda a la pelirosa. No poseía toda la noche para escuchar la respuesta, así que debía ser inmediatamente. Además cada quién poseía sus planes, y sacaría provecho de ello.            
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Natsumi Hiragi el Lun Ene 26, 2015 5:01 pm

Ante la primera respuesta que obtuvo del pelinegro tuvo que morderse la lengua para no decir lo que pasaba por su mente. Escapar nunca había sido una opción viable, ¿Quién en su sano juicio se atrevería a salir corriendo, sabiendo que el otro iba armado? En ese caso en particular, huir hubiese sido lo mismo que suicidarse. Pero, como bien decía el pelinegro, si se había atrevido a otras cosas, ¿Qué le impedía irse de una vez? No estaba dispuesta a admitir que en cierto modo, el joven estaba en lo cierto. Nada la retenía, era libre de dejar la playa en cualquier momento. Sin embargo, ahora que planeaba su venganza, era incapaz de mover un pie en la dirección opuesta. Estaba en un camino sin retorno.

Las palabras del pelinegro seguían siendo venenosas, afiladas como una cuchilla. Natsumi comenzaba a preguntarse como aquel joven se había convertido en un ser tan desalmado. Lo observaba en silencio, asimilando cada palabra, buscando un límite al cual aferrarse y abandonar esa locura. Pero a cada segundo que pasaba, los deseos de vengarse eran más poderosos, alguien tenía que demostrarle que el mundo no estaba a su merced. Quería verlo sufrir.

Ese último pensamiento la aterró. ¿Y si no eran tan diferentes, después de todo? No. No podía ser de esa manera. Estaba pensando demasiado, lo mejor sería evitar la compasión o cualquier otra emoción que bloqueara su objetivo final. Quién sabe la cantidad de vidas que el joven había acabado...se merecía cualquier tipo de sufrimiento, o incluso más que eso.

Apartó, entonces, cualquier rastro de duda en su mente, pero no fue por iniciativa propia. Él continuaba provocándola, prácticamente la arrastraba al lado oscuro al amenazarla nuevamente con su daga. El frío del metal congelaba su sangre por dentro, mientras su corazón parecía detenerse por un breve instante.

- De acuerdo - respondió una vez que él decidió apartar la daga de su cuello, recuperando el aire nuevamente. Su respuesta había tardado lo suficiente como para que él le diera la espalda, retirándose lentamente. Pero al instante que habló, se arrepintió. Ahora si que no había vuelta atrás. Colocó una mano sobre su cuello, donde todavía sentía el filo del arma que pertenecía al pelinegro. - Pero solo con una condición...no vuelvas a amenazarme. - advirtió con voz temblorosa, detestaba la forma en la que él se burlaba de ella, con ese aire de superioridad como si ella fuera menos que nada. Era la única condición que se atrevía a imponer, y no aceptaría una respuesta negativa.
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Re: Una gatita en la cajuela [Priv. Natsumi H.]

Mensaje por Jared Di Vogli el Lun Mar 02, 2015 9:03 am

Su mirada, sus gestos, su temor, aquel sentimiento que invadía cada rincón de su ser. Ella había captado cada palabra, y sabía que no se trataba de un simple juego. Por otra parte seguramente tenía en cuenta que no tendría escapatoria alguna, si algo fuese a suceder. Solo lo menciono una vez y no lo volvería a repetir, al mínimo error que cometa será su perdición. Se detuvo en seco por un momento y al escuchar la afirmación ajena, optó por voltear a dirección de la fémina. — Claro…… Es una promesa…. — Guiño el ojo y apenas una sonrisa tenue se dibujó en su rostro. Solo aquellas palabras quedaban a la interpretación de Natsumi, tal vez cumpliría con la estipulación o solo fingía, no obstante se averiguaría más adelante. El pelinegro le gusta ser una persona de palabra cuándo se trata de negocios, siempre existe el tiempo para el juego y otra para los negocios, en todo caso la seriedad es el elemento principal.

—¡Rápido! ¿Acaso esperas que te cargue hasta el auto? — Dijo mientras se dirigía a su automóvil. Era momento de irse de ese lugar tan desolado y regresar a descansar un poco, aunque no necesariamente a su casa. Verificó que la cajuela estuviese bien cerrada y seguido subió al auto, espero que la fémina realizara dicha acción para encender dicho auto. Los estragos del chapuzón en la playa aun los sentía, ese frio recorrer su cuerpo y esa sensación aflictiva, que comenzaba poco a poco en su cabeza. Antes de partir encendió la calefacción y acto seguido condujo a dirección de los barrios residenciales. En el transcurso del camino, no existió cruce de palabras en determinados momentos, más que el suave sonido del aire al momento de filtrase por las ventanillas.

No obstante, existía un detalle que llamo su atención por un momento. ¿Acaso aquella fémina no poseía quien estuviese a su pendiente? Es hija de un gran sujeto, y es extraño que no tuviese guardaespaldas a su lado. Aunque eso no le quita el hecho que es una ¨Niña de papi¨ De igual manera, tal vez más adelante se descubran más cosas, además, es importante ya que es primordial para el beneficio de ambos. Después de un tiempo conduciendo por las calles solitarias, y por el tiempo un tanto tarde. El auto se detuvo a las afueras de una casa, que aparentaba inhabitable desde hace tiempo. El pelinegro no menciono palabra alguna y solo optó por apagar el motor, por lógica terminarían entrando en aquel lugar.  

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