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Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

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Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 7:07 pm

Era una noche cualquiera y a la vez no. ¿En qué quedamos? La pelirosa no tenía unas noches de sábados típicas de las pijas de su vecindario y tampoco de una adolescente de diecisiete años. O sea, no se reunía con el grupito de fresas del barrio para una pijamada y tampoco solía frecuentar los antros para puro bailar, respectivamente. Lo suyo era más bien conducir y participar en carreras. Dichas carreras para nada legales. Por eso, el secretismo que existía alrededor de esos sábados que solo sus amigas más íntimas sabían. Pero su madre y padre ni soñaban. Bueno, si lo hiciesen; no sería un sueño y sí una pesadilla. Así queda explicado la dualidad de costumbre que tenía. ¿Era corriente en su vida? Sí. ¿Era común para la edad que tenía? No. Tampoco es que supiera con mucha antelación los lugares dónde se reunía con los demás que tenían la misma rutina que ella. Siempre quedaba sabiendo la plaza un par de horas antes. Cada vez era más complicado hacerlo con tanto secretismo porque la policía siempre andaba pisando los talones de uno. Para no decir que entre ese grupo de personas habían muchos recedentes. Ella no hacía parte de esos que ya fueron cogidos al menos una vez por la policía. Y esperaba que no fuera pillada pronto. O al menos hasta cumplir dieciocho. Así no tendría que sus padres ir por ella y bastaba con que una de sus amigas lo fuera o algo por el estilo. Seguro que su madre, toda una señora de la sociedad y de la moda, si tiene que ir por ella al calabozo le da un infarto. Y esto que ni problemas cardíacos la mujer tiene.

Bueno, retrocedemos en todo este parloteo y nos centramos en el tema de que si la policía descubre donde hay los encontronazos de las carreras. ¿Qué pasa? Pues que ahí aparecen, una presencia muy poco (nada) grata y estropea el “festín” a todos. Principalmente, a los que están en medio de una carrera. Justo lo que hacía la muchacha, estaba a medio de su competición. Más bien, casi en el final de lo que sería la meta impuesta por los “organizadores” de tal evento. Para colmo llevaba ella la delantera y con una grande diferencia. Su primera reacción al escuchar la alerta de los que quedaban vigilando los alrededores de dicha plaza; fue girar por la siguiente calle que tenía a su derecha. Lo bueno de los que organizaban dichos eventos, era que eran un grupo organizado que dejaban siempre vigilantes por los alrededores y que informaban enseguida por una estación de radio si había movimientos sospechosos. En este caso, la policía, obviamente.  Y como venían por el sur y ella iba hacia el norte, meterse por una calle lateral era un buen plan para fugarse. Total, ni era medianoche y su diversión ya se había acabado. Hace mucho que ese tipo de encuentros no duraban hasta el amanecer. ¿Los agentes policiales se estaban volviéndose más listos o eran ellos que se estaban volviendo más descuidados? Una de estas opciones era de eso no había dudas.
No aminoró en nada la velocidad del coche aunque ya tuviera lo suficientemente lejos de la plaza que debería estar plagada de policías a estos momentos. Suspiró, había logrado escaparse aunque sin dinero y sin el ego lleno por ganar. Ya casi tenía todo eso. Al menos, había entrado en una carrera y la adrenalina le subió. Al fin al cabo, era por la adrenalina que competía, no por dinero ni nada. Eso eran extras que venían junto con las carreras. Pero lo que realmente le hacía hervir la sangre era el manejar el coche a altas velocidades, era hacer que tipos duros y mayores que ella comiesen el polvo de su coche. Desde luego, tenía un amor enorme a su coche; había sido regalo de quién le enseñó todo ese mundo. Todo eso el año pasado.

Tanto se adentró y giró de calle en calle que terminó por las zonas menos recomendadas de la ciudad. Tampoco es que tuviera lejos de esos barrios más que mediocres, eran bastante peligrosos. Igual no es que los temiera, pese a que siempre que iba por esos lares terminaba por meterse en alguna. Para su suerte tenía los contactos que tenía, por lo tanto solía zafarse bien de todo lo que metiera las narices. Y esa noche no fue excepción. Sin embargo, no lo hizo intencionalmente. No de esta vez. O sea, como iba ella a saber o adivinar que justo en la última calle que giró estaba ocurriendo una pelea. La calle de por si era estrecha, el propio giro que hizo, antes tuvo que desacelerar el coche frenando suavemente con el pie sobre el pedal correcto, fue bastante a justas. Y aunque fuera buena controlando su propio coche, ya lo conducía hace muchos meses hasta ya por unos sencillos ruidos fuera del común podría deducir, a priori, dónde estaría el problema del mismo. Sin embargo, ser buena es una cosa, tener toda la experiencia de una vida para poder frenar a tiempo cuando algo se interpone en el camino salido de la nada, o inesperadamente, a la velocidad que iba por una calle que mal estaba alumbrada; es otra cosa. Frenó de inmediato al ver que en medio de la carretera, que creía desértica, estaba un grupo de bultos que no distinguía para nada. Básicamente, lo que alumbrada bien la calle eran sus propios faroles que ofuscaban lo suficientemente para ver siluetas como si fuesen sombras. Para su suerte, y como si fuese una cría a corretear hacía un grupo de palomas, dicha gente que estaba en medio tuvo el impulso de apartarse corriendo para los lados al ver que se acercaba un coche. ¿Sabéis, esa escena de palomas volando a toda la prisa con miedo que las atrapen? Hablando figurativamente fue una escena de esas que pasó. Obviamente, la pelirosa ni sabía lo que estaba interrumpiendo. Aunque no era necesario ser un genio para deducir algunas opciones ya que estaba por uno de los peores barrios del lugar. Igual, no estaba nada preocupada con lo que acababa de interrumpir. Escuchaba sus propios neumáticos traseros derrapando en el asfalto. Con el frenazo, los neumáticos delanteros se detuvieran casi al segundo, los traseros no. Acaba de recordarse que esos estaban más gastados por el “Drift” del finde pasado; había participado en una competición que, básicamente, consiste en derrape. El coche no quedó en recto, desde luego. Quedó como una línea cruzada  y el asfalto con una enorme marca negra de los neumáticos. Un poquito de humo salía, la verdad. - ¡Me cargo la puta! – soltó de sus finos y femeninos labios. Podría ser perturbador, lo era la verdad, para muchos como de tal jovenzuela podría soltar tremendos tacos. Más con su voz dulce que aturdida a cualquiera que la escuchaba en ese plan. Claro que no fue escuchada por nadie ya que estaba dentro del coche de cristales cerrados y fue un simple siseo que soltó.
Enseguida pestañeó fijando los orbes rosados, una de las siluetas negras, la única que no se había movido por los vistos, estaba delante del coche. Si no le iban mal los cálculos mentales dichosa persona había quedado sin nada de espacio de los para-choques. – ¡No me jodas! – volvió a blasfemar para ella misma. Lo que le faltaba era haber herido alguien. Nunca había atropellado un gato siquiera. Si le había hecho daño a quién sea que fuese ese bulto, seguía de pie inerte. O sea, máximo le había rozado las piernas o simplemente se detuvo a justas para no tocar a dicho tipo. Bueno, por la forma de la silueta sería un chico. Su mente se llenaba de conclusiones no del todo seguras. En fin, dio marcha atrás, apartándose un poco de dicha figura oscura y aprovechó y enderezó su propio coche con un par de maniobras con el volante, el mango de las mudanzas y los pedales. Todo en perfecta sincronía con gestos resueltos. Acto seguido, abrió la puerta del coche saliendo del vehículo, pero no detrás de la puerta, totalmente abierta estaba. - Oye, tú. - llamó a dicha figura en medio de la carretera como ella y el coche - ¿Estás intacto? - fue lo único que se le ocurrió soltar. Ni muerta se acercaría a un extraño sin siquiera verle el rostro. Sencillamente, recostó los brazos, uno sobre el otro, en la parte superior de la puerta y luego la barbilla en ellos esperando la respuesta ajena. Aparentaba tranquilidad aunque su cerebro iba a mil a la hora haciendo varias posibles deducciones de su alrededor.

Mi coche (?):

Mi ropa (?):
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Gray Fullbuster el Sáb Mar 29, 2014 1:01 am

Eran exactamente las diez y media de la noche. Un sábado, normalmente todo adolescente normal estaría en su casa jugando con sus videojuegos o pc. Aunque lo más lógico es que uno se pase toda la tarde y noche en la casa de su mejor amigo mirando porno o jugando GTA V. Pero claro, yo era todo menos normal. ¿Qué era lo que hacía todos los fines de semana? Fácil. Buscar a los bastardos que habían asesinado a sangre fría a toda mi familia cuando tan solo tenía cuatro años. Mi tío me dejó venir a Francia pensando que  seguiría con mi vida pero lo que nunca se imaginó es que un adolescente de dieciocho años intentaría buscar un grupo de seis personas completamente solo. Sin duda, si este hombre se llega a enterar, me obligaría a hacer entrenamientos en pleno invierno desnudo. Y no lo digo de coña. Una vez, cuando sin permiso me comí su gelatina, me tiró en un río completamente helado. Rezo para que no venga a visitarme un día de estos.

En fin, en lo que estábamos. Me encontraba en un bar, bastante mediocre, tomando una lata de cerveza. De reojo observaba a un grupo de gorilas que secreteaban entre ellos mientras jugaban un partido de poker. ¿Qué hacía ahí y por qué los estaba observando tan detalladamente? Bueno, unas cuatro horas antes, mientras hacía el vago en mi casa, recibí una llamada de Harold Forks, un francés que trabaja de detective privado. Era un íntimo amigo de mi padre y solía visitarnos mucho antes de la muerte de mi familia. Él es la única persona que sabe qué es lo que realmente estoy haciendo en Francia y, sorprendentemente, me apoya en todas mis decisiones.

A lo que iba. Recibí su llamada y me dijo que había conseguido una pista sobre los ladrones que estaba buscando, aunque no era fiable. Me explicó que todos los sábados, en los barrios bajos, ocurrían unos robatorios y que todos los testigos han afirmado que los ladrones siempre actúan en un grupo de seis personas. Me parecía increíble que la policía no lograra atraparlos, sin embargo conocía a aquellos tipos. No dejaban ni un solo rastro. Cosa que me hacía hervir la sangre. No estaba seguro de si realmente debía fiarme, pero no tenía mejor opción. Además… ¿Un grupo de seis personas? Demasiada coincidencia. Finalmente, Harold me explicó que uno de los testigos había visto a uno de ellos, un fin de semana, tomándose una cerveza dentro de un bar llamado “Nuit de lune”, que es dónde me encontraba ahora.
En un principio, Harold iba a venir conmigo, pero le surgió un caso y no pudo acompañarme. Aunque me hizo prometerle que le llamaría si llegara a pasar algo grave. Obviamente, lo tranquilicé diciendo que solo iría a observarlos, aunque sabía que era pura mentira, porque si lograba reconocer a alguno de ellos, sin duda le partiría la jeta.

Volvamos al presente. Observaba detalladamente a un tipo con una cicatriz en la mejilla derecha. Tal y como había descrito el testigo de Harold. El ego por haber ganado el partido de poker lo llenaba de alegría y mientras recogía el dinero de los que habían perdido, sonreía con superioridad, como si fuera el rey. Las ganas de borrarle la sonrisa de la cara se apoderaron de mí, y en menos de un minuto ya me encontraba delante de la mesa de los jugadores, retando al supuesto ladrón. Éste no se creía que un chaval se atrevía a desafiarlo, sin embargo aceptó el reto y me dijo me sentara delante de él. El juego empezó, y cada minuto se hacía más y más tenso. Él parecía muy seguro de sí mismo, pero yo no me quedaba atrás. Sabía lo que hacía, mi tío era un maldito experto en poker y cuando tenía tiempo libre, siempre echábamos una partida.

En el último momento el tipo me enseñó sus cartas, tenía una escalera de cifras, todas del mismo color. – Gané! – dijo triunfante. Sonreí de lado y le contesté: – Buena jugada, sin embargo no es suficiente. – le enseñé mis cartas, sacando una escalera real del mismo color. El musculitos se quedó estupefacto, mientras los demás jugadores me elogiaban. Me tiré atrás junto con la silla, colocando mi brazo sobre el respaldo. El ladrón,  aún en shock, me acercó todo el dinero que había en juego, sin embargo, negué con la cabeza. – Quiero otra cosa. – me miró confundido. – Hace catorce años, unos ladrones de procedencia francesa, han asesinado a una familia estadounidense, solo para robar cosas de valor. Te suena? – lo fulminé con la mirada. Con su cara me lo dijo todo. Solo con mirarle a los ojos pude adivinar que él había sido uno de esos bastardos. Éste se levantó de golpe tirando la silla y la mesa hacia un lado, mientras se lanzaba hacia mí para golpearme. Lo esquivé agachándome y con un movimiento rápido me coloqué detrás de él, para darle una patada en el culo. Sin duda no iba a contenerme. Éste se cayó de morros al suelo. No le hizo falta levantarse porque yo mismo lo cogí por el cuello de la chaqueta y aplaste su cara contra la pared mientras me acercaba hacia su oreja. – Quiero saberlo todo. – este resopló y empezó a reírse. Si esto seguía así sin duda iba a matarle. Sus amiguitos no tardaron en venir a socorrer a su “líder” y entre dos personas, me cogieron por los brazos y me arrastraron hacia la puerta trasera del bar, sacándome a un callejón estrecho y sin luz. Me seguían sujetando, aunque les costaba bastante.

El ladrón no tardó en salir junto con una barra de metal. Supuse que quería apalizarme. Antes de que llegara a darme algún golpe, logre zafarme de uno de los gorilas y lo golpeé con el codo en la barbilla. Al otro simplemente le pegué un puñetazo con la mano libre. El ladrón no tardó en avanzar hacia mí y cuando levantó la barra, aproveché la obertura, me agaché y le pegué con la rodilla en el estómago. Soltó la barra, pero antes de que ésta cayera al suelo, la atrapé con la mano. – Confesarás quieras o no. – cuando iba a darle el golpe final, los faros de un coche me cegaron completamente.  Los mamones aprovecharon la ocasión y empezaron a dispersarse. El ladrón echó a correr junto a ellos. Me quedé confundido por un momento, y en menos de dos segundos estaba a tan solo a unos centímetros de un para-choques. – Qué cojones? – logró salir de mi boca. Entonces, levanté la mirada y pude ver un Giulietta blanco alejarse poco a poco.  Una chica salió del coche mientras me preguntaba si estaba intacto. – Eh…  – logró salir de mi boca mientras  giraba mi cabeza de un lado hacia otro. Me sentía medio atontado. Entonces, cuando logré reaccionar, me giré hacia atrás y logré ver a los gorilas alejarse a toda velocidad del callejón. – ¡Mierda! – grité. Sin pensarlo me acerqué corriendo hacia el Giulietta de la chica y empujándola dentro del coche, hacia el sitio contiguo, me senté en el puesto del conductor y cerré la puerta. – Lo siento, te tomaré prestado el coche por un momento. – dije sin esperar a la reacción de la pelirosa y arranqué a toda leche. En aquél momento me daba igual si lo que estaba haciendo era un delito, lo único que importaba era atrapar a aquellos bastardos.

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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 30, 2014 5:38 am

Ok. De todo lo que pudo calcular que podría resultar cuando el tipo se diera cuenta de lo que había casi a punto de pasar, nada pasó como lo predicho. Había todo un abanico de opciones, como por ejemplo, que le gritara, otro ejemplo, es que blasfemara y se largaba sin mirarla, también podría acabar en que la intentara robar o algo. O sea, estaba por esas calles desérticas y con una mala popularidad tremenda, no era ilógico pensar que no podrían ser asaltada ahí. Sin embargo, ella sabía defenderse. Además, justo en el en asiento del copiloto había un bate de béisbol descansando. No era tonta; sabía bien donde se metía todos los findes y había tíos lo suficientemente pesados que solo entendían si habían sido golpeados con pura madera en las partes. Entrecerró los ojos con una mueca burlesca plasmada en su rostro cuando escuchó la palabrota escupida de la boca del único que quedaba del grupito de palomas personificadas por así decir. Por los vistos, iba a optar por masacrar los oídos de la chica con enojos verbales. O eso pensaba ella. Porque no fue eso que pasó a seguir. El chico se lanzó hacía su dirección sin decir nada más de lo que ya había gritado con anterioridad. Tal acción ajena la puso alerta y la hizo separarse de la puerta y disimuladamente cogió del porta vasos de la puerta un frasco de spray. Un objeto mínimo que cabía en una de sus manos y podría pasar inadvertido. No tuvo como usar dicho spray porque esperaba un ataque o un golpe, pero simplemente fue empujada y empujada sin poder siquiera protestar. Y así acabó sentada en el asiento del pasajero. Nunca se había sentado ahí. No se quedó petrificada de sorpresa, se quedó lo siguiente a eso.  Y para colmo el bate le molestaba atrás de la espalda. Verdad, el bate. Se recordó y con la mano que no contenía el bote; retiró la herramienta de madera detrás de ella misma. No lo hizo por el lado izquierdo que sino el desconocido se daba cuenta. Y sí lo hizo por el lado de la propia puerta del asiento que ocupada. Tenía pensando darle tremendo golpe en su maldito rostro. Ni siquiera le había visto bien las facciones. No le importaba para nada quién fuese. ¿Quién se creía él para meterla de copiloto? Sí, lo que más rabia le daba no era que haya sido empujada o tratada con pocos cuidados. Eso a la pelirosa le sudaba en toda la regla. Lo que no podría perdonar es que estuviera metiendo sus manos asquerosas en su volante de cuero del modelo que más apreciaba de la casa de los Alfa Romeo. ¡Espera! Acababa de colocar su mayor tesoro en marcha y se proponía a conducirlo. ¡Para ella era como si la estuviesen violando!

¿Lo sentía? Lo sentiría en la propia carne cuando volviera aparcar y a bajarse del coche. Indignada y rabiosa; resopló abandonando con discreción el bate a sus proprio pies. Por el momento, no le iba aplastar la cara con un tortazo. No convenía hundirle la nariz en el rostro mientras conducía; prioridad era que el coche siguiera intacto. También se preocupaba por su propia seguridad. Pero si se rompía un hueso o algo, podría recuperarse. En un coche ni siempre era así. Y ese vehículo valía demasiado para ella. Para no decir que salió intacto de la carrera de esa noche. No iba a ser un idiota, que creía que sabía conducir solo por saber prender un coche, que le iba hacer una muesca, siquiera. Los pies se alzaron y se fueron apoyar en el panel de control que quedaba delante de su asiento actual para su pesar. Los pies quedaron, calzados con botas negras de cuero, mucho más alzados que antes por la postura y los cruzó intentando relajarse. ¿Cómo podría relajarse cuando tenía un imbécil conduciendo el “hombre de su vida”? Obviamente, tuvo que hacer presente toda su lógica para contenerse de volver a agarrar el bate. Por eso, se puso en esa postura que impedía, en un arrebato de furia, volver a coger el bate. – Sí querías un paseo y que te dejara en algún lugar; me hubieras pedido y te hubiera dejado. - ¡Qué va! Era pura coña. Enseguida, esbozó una sonrisa llena de sorna – Y si fuese en un agujero cualquiera del cementerio, no problema, lo habría hecho encantada. – las palabras ásperas contradecían en mucho el sonido de su voz dulce. ¿Pero que podría hacerse? No es como que pudiera cambiarse las cuerdas vocales o desarrollar unos tres tonos más graves la voz. Las manos acabaron en la nuca de muñecas cruzadas. No era una postura modélica para una muchacha de su cuña. Pero, ¿quién dijo que le importaba la etiqueta que su madre exigía que aprendiera? Además, no tenía  a nadie que engatusar o caerle bien por alguna intención oculta. Solo estaba ella, su amado auto y ese tipejo. Y desde luego, no estaba interesada siquiera a caerle mínimamente bien. ¡Se atrevió a meterla de copiloto en su propio automóvil! ¡Le jodió las pelotas que no tenía físicamente!

Estuvo un rato en silencio viendo dónde rayos estaba siendo llevada. Más o menos conocía la calle por donde el desconocido acababa de meterlos. Reconoció esos carteles con varias luces apagadas por el tiempo y que nadie cambiaba porque realmente el aspecto no importaba. Carteles que indicaban nombres vulgares enseñando lugares mucho más chabacanos, todavía. O sea, los únicos que entraban ahí eran puros viejos verdes o críos demasiado hormonales con casi nada de pasta para pagar una buena prostituta y tenían que contentarse con los antros de esa calle dónde había “hermosuras” sin dientes o pieles a caer de tantas arrugas. – ¡Oh! Ya veo. Es un polvo que quieres y tu bolsillo no es ancho. – volvió hablar, molestamente, pero no siguió con los comentarios de mal gusto. El tío seguía concentrado en el camino, como si buscara algo. Mientras estuvo callada se le ocurrió pensar, como opción, que el desconocido estaba intentando cogerles el rastro a los demás tipos que se fugaron mal vieron el coche. Su instinto, que no sabía por qué ni como; casi nunca fallaba, la llevaba a creer más que esa deducción era la correcta. Lo miró de soslayo – No sería más sencillo llamar al móvil a tus coleguitas de juerga, ¿no? ¿O correr detrás de ellos como gay? Aprovechaban y jugaban al “pilla al pilla”.  Ahora tenerme aquí; a Romeo y a Giuletta, - se refería a ella misma como Romeo por el propio nombre del coche que era basado en la protagonista del famoso cuento que tenía como escenario “Verona” - solo para perseguir unos tipos que van a pata: es exagerado. – ponderó - Podría tener hora para llegar a casa, ¿sabes? – ni ella se creía eso, pero que sabía él para consumir así su tiempo y gasolina. Más una vez resopló molesta volviendo a perder la paciencia momentáneamente – Conduces como una nena. – dictaminó sin importarle que por tal insulto fuera golpeada. Total, seguía con el spray en la mano. Un movimiento violento hacia su persona y el otro tenía más que preocuparse con sus ojos que por conducir. Obviamente, eso iba dejarla con la faena arriesgada de tirar de la palanca del freno de mano. Y tal acción podría provocar otro derrape  y también que el vehículo volcara. Aunque confiaba que no pasara tal cosa en caso de ser obligada a tirar de esa dichosa palanca ya que el chico había desacelerado lo suficiente para poder observar la calle a la medida que se adentraban más en la misma. La palanca era la única cosa que no le gustaba del coche ya que debería ir igual que revestida de cuero como el volante. En un futuro tenía intención de hacerlo ella misma. – Me vas a gripar los motores si no le cambias la mudanza, otario. – advirtió con un insulto de regalo. No lo había visto a manejar la palanca de las mudanzas ni una vez desde que se apropió de su propio coche. ¿Es que no aprendió hacerlo o qué? Al fin, decidió descruzar los brazos y manejar ella las mudanzas con la mano libre, cambiándolas a la vez que negaba desaprobatoriamente con la cabeza. – Y toma atención que tengo los neumáticos traseros desgatados. Además, - añadió, señalando con el índice uno de los indicadores que poco a poco se bajaba el puntero y que una luz roja alrededor del cristal del mismo iluminaba, una vez que dejó la palanca que recién manejó – dentro de un cuarto de hora o algo; te pedirá de comer. Hombres. – concluyó con resignación negativa.
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Gray Fullbuster el Miér Abr 02, 2014 12:45 am

Después de meterme dentro de un coche ajeno y empezar a conducirlo pensé detalladamente qué era lo que estaba haciendo. Claramente estaba cometiendo una cosa fuera de la ley, ¿y yo soy quién quiere convertirse en un agente policial? Já, cada vez me estoy convenciendo de que ese sueño es prácticamente imposible para una persona como yo. Es más, la faceta de un delincuente juvenil me pega más.

Ni siquiera había visto el rostro de la propietaria del coche. De hecho, en estos momentos ni me interesaba quién fuera. Estaba completamente consciente de que lo que estaba haciendo no estaba bien, sin embargo, el deseo de atrapar a uno de los cabrones que tanto detestaba superaba cualquier otra cosa. La chica que estaba en el asiento del copiloto no estaba del todo contenta. Normal. ¿Qué persona en su sano juicio aceptaría que un desconocido se metiera en su coche y lo condujera? De hecho, más que enfadada estaba furiosa. No dejaba de soltar frases ofensivas e insultos hacia mi persona. No obstante, yo solo me concentraba en conducir y observar cada rincón de la calle. En aquellos momentos no veía a los sujetos que habían escapado anteriormente, cosa que hacía que apretara el volante con fuerza. Sin embargo, no podían estar lejos. Sólo tenían dos opciones. O meterse dentro de un antro o esconderse en algún rincón de la calle.

Había disminuido la velocidad del coche con tal de observar la calle con más detalle. Todo el callejón estaba rodeado de carteles, moteles y edificios sucios y abandonados. En algún que otro sitio veía a prostitutas, vagabundos y drogatas. Vamos, el callejón perfecto para alguien que no tiene dinero ni para un simple chupito de alcohol. La pelirosa seguía hablando, pero sinceramente, no escuchaba ni la más mínima palabra. Tenía cosas más importantes que pensar envés de estar peleándome con esa chica. Aunque si esta fuera una situación normal y corriente, como una discusión en plena calle, puedo asegurar que no me quedaría callado.

Logré escuchar lo último que decía. Cuando baje la vista para observar el indicador, resoplé. Era verdad, nos estábamos quedando sin gasolina y aún no había logrado ver a aquellos tipos. O bueno, hasta ahora. Justo cuando volví mi mirada hacia la carretera pude ver a uno de los mamones que se me había escapado antes. Cruzaba la carretera como si nada. Seguro que pensaba que no los estaba persiguiendo. No veía a su “líder” cerca, lástima, pero supongo que con este me bastaba para encontrar a los demás. Apreté el pedal acelerador y arrancamos como un petardo. Cuando estábamos a tan solo unos metros del tipo, que ni se percató de que un coche venía hacia él a toda pastilla, pisé el freno y el Giulietta se paró de golpe. Por poco salimos disparados por la ventana. Se nota que controlar un coche no es lo mío, siempre he preferido las motos.  

El tío se quedó petrificado delante del coche. Mejor, así no jugaba al “pilla al pilla” como había dicho la pelirosa anteriormente. Supongo que algunas cosas de su habla sí se me quedaron.  Salí del coche dejando la puerta abierta y me acerqué al tío pegándole un puñetazo en la cara.  Lo levanté por el cuello de la chaqueta y pregunté:  – ¿Y los demás? Venga tío, no me mires con esa cara de pendejo y habla. – este resopló. Se notaban las ganas del chaval de pegarme una paliza, pero simplemente se limitó a señalar el antro que quedaba en frente de la carretera. Sonreí.  – ¿Ves? Podrías haberlo dicho antes, así me ahorraba darte el puñetazo. – mentira, lo había pegado incluso antes de decir algo. De hecho, recibió otro golpe de mis nudillos en su jeta y se desmayó sobre la carretera. Supongo que lo recogería después, de todos modos no se despertaría hasta la mañana.

Antes de entrar al antro, miré a la chica que seguía sentada dentro del Giulietta.  – Em… Siento lo de antes. Si nos volvemos a ver  te pagaré la gasolina. – creo que no le haría gracia volver a ver mi careto, después de todo soy el supuesto “secuestrador” de su coche y si fuera a querer volver a verme seguramente sería en un juicio por denunciarme. En fin, me giré y caminé directamente hacia la puerta del antro.

Todo había sido demasiado fácil. Ver al tipo cruzar la carretera, que me dijera la localización de sus amiguitos… Podía oler a trampa perfectamente y sabía que si entraba dentro de aquél sitio, un mínimo de ocho personas con barras de metal se abalanzarían sobre mí. Además, nadie ha dicho que el antro no pueda ser la propiedad de unos de los ladrones. Después de todo, muchos hacen un buen negocio con eso. Al entrar dentro del sitio, antes de darme cuenta, ya me había quitado la parte superior de mi ropa quedándome solo en pantalón. Sí, yo y mi maldita costumbre de desnudarme en los momentos más inadecuados. Pero en fin, qué diablos. Peleo mejor sin ropa. Tiré la camiseta y la chaqueta al piso, cerca de la entrada.Tal y como esperaba, muchas miradas se fijaron en mí. Sonaba música house por todo el sitio y cuando vi a cinco hombres acercarse, entre los cuales estaba “mi amigo” con la cicatriz en la cara, sonreí. Pasaban empujando a cada persona que les cruzaba por delante. – Que empiece la fiesta, bastardos. –
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 04, 2014 6:01 pm

Mal acabó de señalar el indicador de gasolina volvió la vista para la frente e inmediatamente pudo percatarse que alguien atravesaba la calle. No era un alguien cualquiera, pero ella ignoraba quién era. Por los vistos, su chófer sí sabía quién era, tanto que volvió acelerar sin previo aviso. Momoi en un reflejo dejó caer la mano sobre la palanca de las mudanzas y en menos de un segundo le cambió para una más correcta para la velocidad que iban. – Mi motor… - siseó volviendo a enfurecerse, pero ni siquiera tuvo tiempo a fulminarlo con la mirada. Tal como aceleró, frenó y volvió a escuchar el chirrido de los neumáticos en el asfalto. Por poco no salió expelida por el cristal delantero, para su suerte tenía las piernas sobre el panel y le frenó el salir volando. Aunque un dolor agudo le recurrió el coxis. ¿Quién le manda ir sin cinturón cuando es un imbécil que conduce? Pero el dolor agudo pasó en menos que canta un gallo por la madrugada, además, su preocupación era más con su precioso motor con turbo que seguía así y terminaría más que gripado y lo tendría que cambiar. Resopló cansinamente a la vez que bajaba las piernas; el tipo salió sin decir nada más per dejó la puerta medio abierta detrás de él – Encima tiene trasero grande este. – no tenía intenciones de abandonar la comodidad del coche, por lo tanto solo estiró el brazo y cerró la puerta olvidada del otro lado. Por un momento se dejó de ver porque tuvo que inclinarse para el movimiento y cuando volvió avistarse por el cristal el desconocido le daba un buen puñetazo al recién encontrado. – Auch. – entrecerró un ojo y con burla se acarició su propia mejilla como le hubiesen encestado a ella el golpe – Eso hasta a mí me dolió. – murmuró para si misma quedando observando el teatro delante suyo. No diría pelea, porque solo era uno que golpeaba y el otro servía de saco de boxeo. – Entonces, no jugabas al pilla pilla. – concluyó algo que ya antes era un tanto obvio.  

Pensativa se quedó mirando, ni cuando el sujeto cayó al suelo dejó de observarlos. Sus pensamientos venían, se iban y así consecutivamente. Siempre intentaba descifrar “el cómo” y “el por qué” de lo que sea que pudiera llamarle la atención. Sin embargo, no es que tal escenita típica de esos lares le llamara la atención, era obligada a ponerle la atención porque la habían llevado ahí. Y de algún modo empezaba a interesarle todo aquello. – No metas las narices en lo que no te importa. – una voz sonó en su mente, la voz de la sensatez, su propia voz. – Ya estoy involucrada. – se excusó ella misma en su dueto mental. – Sí que nos volveremos a ver. – replicó pero en un murmullo cuando el chico desapareció por la puerta señalada por el otro. No se quedó mucho más tiempo inmóvil en la comodidad del cálido coche. Sí, iba a salir de ello. No lo haría sin el bate en una mano y el spray en el bolsillo trasero de los shorts. Tampoco sin la llave del vehículo que cerró por la llave automática una vez fuera del auto. También empuñaba el móvil de pre pago que usaba esas noches mientras se agachaba junto al “saco de golpes” del otro; se le dibujó una mueca de decepción al ver que estaba inconsciente – No me sirves si no puedes contarme lo que realmente pasa aquí. – hablaba para el delincuente como si le escuchara y estuviera con todas sus facultades intactas. – Pero necesitas un baño que conste. – abanicó con la mano que sujetaba el móvil delante del rostro – Hueles fatal deja que te diga. – seguía hablando como si nada cuando el ruido desde dentro del antro empezó a escucharse afuera. Y no era sonido de música. Suspiró resignada negando con la misma desaprobación. O sea, sea lo que sea que quiera ese tipo; ¿no lo vio demasiado fácil? El otario inconsciente tenia estructura para dar pelea, ¿por qué no lo hizo? Algo se cocía y la muchacha quería saber el qué. Era adicta a la información y demasiado curiosa para no meter las narices. Por algo, era una de las mejores informadoras de la ciudad. Mientras dejaba la soledad de las calles para adentrarse a saber dónde, porque ella nunca había entrado en esos antros; hizo una llamada para la policía; denunció un alboroto dando el nombre del local que se apreciaba arriba de la entrada. Tenía como unos diez minutos para largarse de allí con ese tipo. ¿Por qué lo hacía? Tenía que tener un por qué, le daba en la gana y listo.

Al entrar sintió algo bajo de los pies, algo suave y no creía que fuese la tapicería; bajó los orbes con parsimonia quedando a cuadros por lo que veía. – ¿Esto…no es su ropa? – con el bate recogió las dos prendas para no agacharse y las alzó para examinarlas – Espero que más adelante no me encuentre sus jeans y ropa interior. – comentó en parte con burla y por otra parte con dudas si el tipo no sería un pervertido exhibicionista. ¡Era lo que más le faltaba! Al meter el móvil en el bolsillo libre de los shorts pudo ocupar la mano con la ropa, llevándosela con ella. No entró en escena de inmediato ya que se quedó recostada en el umbral de la entrada. La fiesta anterior seguía dentro del local como sospechó y el ruido de la misma le había advertido que había empezado. Quería seguir apreciando como el chico se movía, no lo hacía nada mal cuando era solo él contra cinco y la verdad creía que iban a unirse más a la fiesta contra su “secuestrador”. Solo no entendía por qué carajos tenía que despelotarse. No podría negar que realmente estaba bien formado todo el torso. Tenía que dejar sus análisis para más tarde, en algún momento tenía que interrumpirlos de nuevo para finalizar todo aquello o ella se vería envuelta en todo el arresto cuando viniera la policía y eso no le convenía nada. Había elegido un plan muy arriesgado al meter la policía en medio. Total, decidió moverse cuando vio que un nuevo participante se iba a unir a la fiesta cuando dos de los maleantes habían caído por culpa de los golpes del “exhibicionista”. Rápidamente le alcanzó al sexto integrante, era dada al deporte por lo tanto tenía reflejos y movimientos rápidos. Como se le acercó por la espalda, le toqueteó con el bate como quién llama a un amigo para que lo mire. Y desde  luego eso hizo el tipo. No es que sea tonto ese tipo, pero hay ciertos movimientos que el cerebro los asimila y los hace cuando hay otros gestos concordantes para que esos salten a la vista.  Y por pura inercia el tío ese se giró y ni siquiera había acabado de girarse cuando ya tenía el bate golpeándolo justo en el oído. Con bastante impulso le dio un valiente tortazo al sujeto que no pudo hacer otra cosa que quedarse totalmente aturdido y hasta perdió el equilibrio. Sí, no importa si tu adversario es menor que tú como la pelirosa era de él o que tenga menos aptitud que tú para pelear o no tenga mucha fuerza; si te da un buen golpe en el oído y como este está conectado a la zona del cerebro del equilibrio, lo pierdes. Además, siendo un golpe con madera maciza sin previo aviso te quedas totalmente desorientado. Y eso es lo que estaba pasando. La joven aprovechó para encestarle un buen rodillazo en las partes íntimas y tirarle al suelo al empujarlo como si fuese un espantapájaros desgastado por el tiempo. Había logrado tener los ojos de todos puestos en ella hasta la música dejó de sonar. O sea, ese antro solo estaban puros musculitos de mala pinta y aparece una chica de la nada y que tampoco tiene mala pinta como las mujerzuelas que suelen poblar esos antros; deja cualquiera estupefacto. Satsu sabía que la inmovilidad provocada por el espanto no iba a durar nada por lo tanto tomó rápidamente la palabra – Veréis, - alzó el bate quedando en el aire para que le diesen la libertad de expresarse – tenéis dos opciones: dejar que ese – señaló al “exhibicionista” – se venga conmigo y largaros antes que venga la policía. O seguir con vuestro “festín” y que la policía los coja. Seguramente, todos aquí presentes tenéis antecedentes, ¿no? – bajó el bate y sonrió angelicalmente – Además, que muchos tendréis estupefacientes en mano que son prohibidos por la ley. O sea, acabéis una temporada en la cárcel. – la sonrisa dejó de ser de angelito para volverse una de prepotencia, la mirada no la tenía baja ni dudaba; miraba fijamente a lo que suponía que era el manda lluvia de ese antro. – Vosotros mismo, el tiempo corre y mira que los llamé hace más de cinco minutos. – podría apreciar la duda en el aire, seguramente, se preguntaban si era un farol o no. Las dudas disiparon cuando las lejanas sirenas empezaron a escucharse como un susurro alargado por el viento de fuera. Y el lugar se volvió un juego de quién llega primero a la salida. – Han llegado antes… - siseó molesta porque los cálculos no le habían dado del todo cierto – Tú… - se acercó y tiró la ropa para quién hablaba – Bonito tatuaje, pero date a las piernas que no quiero que me cojan a mí también. – ordenó jalándolo de un brazo para fuera del antro; ya podía avistar las sirenas. Para su suerte  los coches de la patrulla que solo eran un par se habían tenido cuando la mayoría de la gente por idiota estaba huyendo justo para el lado donde venían los coches. No condujo al tipo al coche, no le convenía manejar, sería más discreto que se fuera a pata dejando el coche como si nada ahí como si fuese un simple aparcamiento de alguien que no tenía que nada que ver con todo el alboroto denunciado. – Tu “Romeo” vendrá por ti después… - se despidió del coche una vez que pasaba por ello y siguió para adelante hasta que se metió por el primer callejón que encontró.
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Gray Fullbuster el Lun Abr 07, 2014 8:32 pm

Dos de los cinco Shreks decidieron adelantarse e ir a por mí. Bueno, se agradecía. Después de todo, sería algo complicado noquear a los cinco a la vez. Cuando el primer mamón estaba a unos dos metros de mí, apoyé mejor mis pies en el suelo y desde la izquierda, con un gran impulso de la cadera, del hombro y del giro en todo el cuerpo, le pegué directamente en las costillas. Este se desplomó y los demás se quedaron algo estupefactos por la rápida reacción que tuve. – ¿Os doy clases de boxeo? – pregunté mientras sonreía con prepotencia y apartaba el flequillo de mi frente hacia atrás. – Este que acabo de realizar es un simple golpe directo. – comenté mientras observaba como su compañero se abalanzaba sobre mí. Me agaché con total tranquilidad y cuando el tipo estaba justo delante, dirigí mi golpe desde abajo hacia arriba dándole directamente en el mentón. Cayó justo al lado del Shrek 1. Volví a ponerme recto. – Esto ha sido un uppercut. O bueno, si se os hace más fácil… También se llama gancho. –  esbocé una sonrisa mientras arrugaba la frente. El tipo de la cicatriz parecía un toro furioso a punto de embestir. Él, junto a sus otros dos amiguitos se lanzaron a por mí y cuando quería empezar a moverme también, todo se quedó en silencio. Y los que antes parecían bestias furiosas a punto de matarme, se quedaron de piedra mirando completamente estupefactos hacia la entrada. Cuando me di cuenta, todo el antro estaba en silencio mientras la gente clavaba su mirada en un solo punto.  

– Qué tanto miran? – pensé y con total calma giré mi rostro. En la entrada, alzando un bate de madera, estaba la chica a la que había medio “secuestrado” anteriormente, y un musculitos desplomado a sus pies. Me quedé a cuadros. – Qué mierda está haciendo? – murmuré mientras la miraba con ojos abiertos como platos. La pelirosa totalmente segura de sí misma anunció que la policía estaba a punto de llegar y que me dejaran ir con ella. Todos la miraban con algo de duda,  pero antes de decir algo,  se escuchó la sirena de los coches patrulla de lejos. Todos empezaron a empujarse en un intento de ser los primeros en salir por la puerta. El tipo de la cicatriz resopló y empezó a correr hacia la salida de emergencias. Antes de que pudiera reaccionar e ir tras él, la pelirosa me “devolvió” la ropa que había dejado tirada en la entrada del antro y me jaló hacia otra salida. En fin, no tenía tiempo para protestar. Si me detienen sería un fastidio y me vería obligado a recibir una ostia de mi muy “amable” tío. No nos dirigimos hacia su Giulietta. En fin, una decisión sensata. Si nos metíamos dentro del coche, corríamos el riesgo de ser cogidos por la poli, y creo a ninguno de los dos nos viene bien. Nos metimos por un callejón y bajamos unas cuantas calles.

Me solté de su brazo. – Puedo caminar por mi cuenta. – comenté y seguí andando hasta bajar unas cuantas calles más. Maldición, había perdido definitivamente la oportunidad de sacarle información al tipo de la cicatriz sobre los demás ladrones. Oh, y de paso encerrarlo. Al cruzar la siguiente curva me paré. – No creo que vayan a pillarnos ahora. – comenté algo molesto. – De todos modos… ¿Por qué tuviste que llamar a la policía? – giré mi rostro para verle la cara y resoplé. No sabía cómo actuar delante de la pelirosa. Por una parte, supongo que simplemente quería ayudar, pero por otra, estaba cabreadísimo porqué había dejado escapar a uno de los ladrones que había participado en el asesinato de mi familia. ¿Quién mierda no estaría cabreado? Tiré la ropa que llevaba en la mano al asfalto y bajé mi cabeza mientras me despeinaba con las dos manos. – ¡Que mierda joder! – pensé y decidí deshacerme de mi furia dándole una patada al contenedor de basura que estaba a unos tres metros. Este rodó calles a bajo. En este momento, logré escuchar la sirena de la patrulla acercarse. – Lo que faltaba. – me acerqué rápidamente hacia la tipa, y la jalé hacia los contenedores de basura restantes. Me senté en el suelo detrás de los contenedores y arrastré a la pelirosa para que se sentara a mi lado. Antes de que esta pudiera decir algo, le tapé la boca y murmuré: – Cállate, sino nos van a pillar. – la patrulla pasó justo a nuestro lado, sin embargo no nos vieron. Solté a la pelirosa y suspiré.– Esto es un fastidio, fuck. – me apoyé contra la pared del edificio que teníamos justo al lado y resoplé.
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 14, 2014 10:18 pm

No era su intención llevar al tipo del brazo como un crío, pero una vez que pasó al lado del coche tenía otras cuestiones más importantes para preocuparse e intentaba visualizar mentalmente las diversas calles de ese lugar. No era la primera vez que iba allí, pero tampoco había ido más de tres veces y de las tres había ido con una de sus mejores amigas por puros negocios de la otra. Cuando sintió el tirón brusco para que los brazos se separasen fue como se hubiera recién despertado; estaba tan metida en todas sus posibilidades de escaquearse inadvertidamente que ni se dio cuenta que llevaba al chico como perro por una cuerda. – Adelante lord. – burlona hizo un gesto con el brazo y la mano como si le indicara a una dama que prosiguiera. Unas cuadras más adelante y se detuvo ya que el chico se había parado. El bate seguía sujetado por una mano y se balanceaba un poco con la parte superior del mismo para bajo. No había dicho ni una palabra desde que se burló del desconocido. Por lo tanto el que cortó el silencio fue la voz masculina que se escuchaba bastante mosqueada. Y la única respuesta de la rosada fue una ceja enarcada y una sonrisa de medio lado. – Para ser tan iluso serás nuevo por estos lares. – replicó en su mente sin siquiera incomodarse en contestarle. No tenía que dar justificaciones de sus actos a nadie y mucho menos a un tipo que se adueña de su coche y lo conduce tan inexpertamente. Satsu le sostuvo la mirada para después bajar la mirada hacía la ropa que volvía al suelo como tapicería, solo le dio la espalda para apreciar la calle dónde estaban y así poder ubicarse por dónde estaban cuando su imprevista compañía le quitó los ojos de encima para despeinarse de forma repentina. No se quedó casi nada de espaldas hacía él ya que dio un brinco al escuchar un golpe y se giró sobre sus talones volviendo a verlo. ¡Acababa de golpear un basurero! – Hombres. – murmuró desaprobatoriamente mientras todo el sonido existente era ahogado por el estruendoso ruido del basurero tirado que iba rodando por la calle; tapa para un lado y lo demás para el otro. Todo ese ruido logró que se escuchara unos cuantos ladridos de perros a lo lejos. Probablemente, sobresaltados por lo estruendo que hizo eco. – Más bruto e impulsivo, imposible. – masculló mordiéndose el labio inferior volviendo a perder, momentáneamente, la calma que solía ser una de sus mayores cualidades. Al fin al cabo, ella quería pasar inadvertida y ese tipo en lugar de intentar hacer el menos ruido posible, hacía totalmente lo contrario para no decir que ni se vestía y solo llamaría más atención si alguien los viera.  

Lo que más temía, ocurrió casi de inmediato al dejar de escuchar el basurero rodando, otro sonido reemplazó sus oídos y fue lo de la sirena de un coche de policía. No necesitó ni moverse para ocultarse, el tipo tiró de ella llevándola para detrás de los demás basureros. La sorprendió porque se preocupara mínimamente por su alrededor después de la escenita pasada. Casi se le pasó el enfado sino fuera porque le tapó la boca y la mandara callar. O sea, él es que estaba de escandaloso pegando a los contenedores de basura y blasfemando para derecha e izquierda como si no tuviesen que esconderse. Y ahora le ordenaba como si fuese la rosada el problema de todo. ¡Fue ese tipo que entró en su coche y la llevó para dónde le complació! Siguió con la mirada el coche que pasaba justo delante de los contenedores que servían de barrera para no ser vistos hasta que los perdió de vista. Y enseguida los labios, bajo la mano ajena, se abrieron para cerrarse en un segundo atrapando entre los dientes parte de la piel del inicio de la palma foránea.  Acababa de morderle hasta que retiró la mano del rostro femenino. ¡¿Quién se creía que era para tocarle siquiera?! El semblante de Satsu ya no era un mar de simpatía desde luego, pero empeoró cuando volvió a escucharlo como si tuviera toda la razón para estar cabreado. – Un fastidio…¿dices? – masculló sarcásticamente – Tú entras a mi coche, haces con que me vean contigo y te das al lujo de querer saber por qué llamé la policía como si fuese el peor de tus problemas. – la enfadada ahora era ella y no era la misma clase de enfado de cuando el otro conducía su auto sin permiso.  En ese momento su enfado explotó porque su ego acababa de ser atacado por la imbecilidad ajena. Ya ni su voz tenía ese timbre dulce o agudo, se escuchaba más grave. - ¿O te creías que entras a un antro de estos, te montas la fiesta que quieres, partes la cara a los de esa pandilla y no te pasará nada? – lo miró fingiendo incredulidad por la ingenuidad ajena - ¿De verdad lo creías? – soltó una carcajada seca – Si no hubiera llamado la policía y mantener a las pandillas ocupadas porque andan de patrulla por aquí, mañana sería tu ultimo de día con aliento, créeme. – lo miraba con ferocidad – El tuyo y el mío, porque fue mi coche que condujiste y estaba contigo. ¿O crees que no se iban a enterar? – resopló. ¿Por qué los hombres son tan idiotas? Igual ella estaba exagerando, posiblemente, ella tenía escapatoria, no tenía su existencia en peligro porque se llevaba bien con uno de los mayores capos de la ciudad que le respaldaba las espaldas. Pero tal como se estaba comportando ese tipo, necesitaba de un zarandeo de realidad y de darse cuenta que toda la acción tiene sus consecuencias. Porque si hubiera sido otra chica en su pellejo, no tendría las espaldas calientes y podría causarle problemas a esa persona. Principalmente, si hablamos del bajo mundo del crimen y de la delincuencia. Tampoco quería admitir que solo metió sus narices para ayudarlo. No después de su modo infantil e impulsivo de comportarse en esa situación.  – Por eso, no seas tan arrogante de sospechar siquiera que te ayudé. Lo que hice fue para mi propia salvación. – aclaró por si las moscas, aunque era mentira. Le echó una última mirada, directa a los ojos y luego se levantó. – Tienes dos opciones: - volvió hablar, su tono volvía a normalizarse aunque sería tan serio como antes – vestir al menos tu camiseta y seguirme para largarnos de aquí. – se sacudió el trasero por haber estado sentada en el inmundo piso detrás de unos contenedores; no se le antojaba andar con algo pegado o algo por el estilo – O quedarte aquí, exhibiéndote, y zafarte solo. – colocó el bate entre las piernas para formar una coleta con ambas manos al tomar todo el pelo rosa y con el mismo cabello hizo un nudo, atándole en el alto de la cabeza. – Tú eliges. – sin esperar respuesta se echó a caminar justo para el lado contrario al que se dirigió el coche patrulla mientras el bate volviía a su mano. Insistía en que se vestiría por el simple hecho que alguien con un tatoo siempre destaca más. Encima un tatuaje hecho en el pecho; no cualquiera tenía los cojones de hacer una en esa zona. En fin, ya no esperaba nada del tipo. Ni siquiera quería perderse en cálculos mentales deduciendo si le siguería o no. Tal como dijo: era su elección, no la de ella.
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Gray Fullbuster el Sáb Abr 19, 2014 11:40 pm

La pelirosa no tardó en responder a mis quejas. De hecho, creo que se había cabreado más que yo, sin embargo, este hilito que contiene una bolsa con mi paciencia en mi interior, se había reventado cuando la tipa dijo que todo lo que hizo fue para su propia salvación. Una risa sarcástica se escapó de mi boca. – ¿Para tu propia salvación dices? Mira, es cierto que fue mi culpa por haberme metido en tu coche y conducirlo, pero la que me siguió al antro fuiste tú, nadie más. Podías haberte largado perfectamente cuando me salí del coche. – resoplé. – No tenemos relación alguna como para que te preocupes si acabo muerto o no, ese es mi problema, no el tuyo. – puede que estaba siendo algo borde pero todo lo que decía era completamente cierto y no me iba a arrepentir de ello. – A demás… ¿Crees que soy tan estúpido como para meterme en un antro y pelearme con una pandilla de ladrones sin ningún plan? Patético. – mentira, en realidad no tenía ninguno, pero necesitaba defenderme con algo, ya que no iba a permitir que mi orgullo fuera pisoteado por aquella mujer.

Después de echarme una última mirada, la pelirosa se levantó y me dijo que tenía dos opciones. Una era seguirla y vestirme, y otra, seguir exhibiéndome mientras me las apañaba solo.  Miré mi torso mientras abría los ojos como platos. Era cierto, ni siquiera me había percatado de que seguía desnudo.  – ¡Mierda! – exclamé mientras me levantaba rápidamente para ir a buscar la camiseta junto con la cazadora. Me agaché para recogerlas y lo primero que hice fue ponerme la camiseta. Me puse la cazadora y seguí a la pelirosa. Normalmente me habría ido hacia otro lado para no tener que seguirla, pero lo cierto es que no conocía del todo estas calles y no quería quedarme hasta la madrugada buscando por dónde salir. Supongo que de momento los dos tendríamos que dejar nuestras diferencias a parte. Cuando logré alcanzarla, comencé a caminar a su lado.  – ¿Y bien? ¿A dónde vamos? – pregunté mientras giraba mi cabeza de un lado hacia otro. Las calles estaban prácticamente desiertas, a excepción de algún que otro vagabundo o prostituta. En fin, bajamos unos cuantos callejones más y yo seguía sin quitar mi vista de cada rincón que recorríamos. – Ya no los volveré a encontrar… Realmente perdí una buena oportunidad. – pensé mientras la cara de aquél tipo con la cicatriz aparecía en mi mente. Con tan solo imaginarlo me hervía la sangre y daban ganas de golpear una pared. Pero vamos, no era hora de montar un espectáculo.

Cuando estábamos al final del callejón, salimos a una carretera algo estrecha y oscura, y en menos de un minuto, un Jeep Compass nos cegó con los faros mientras se nos venía encima. Oh tío, gracias por mejorar mis reflejos. Empujé a la pelirosa hacia atrás y los dos caímos de espaldas al asfalto. – ¡¿Pero este qué mierda hace?! – exclamé mientras me levantaba rápidamente. Pensé que el conductor se había largado sin siquiera ver que estábamos bien pero me equivoqué. Dio marcha atrás y volvió a girar el coche hacia nuestra dirección. – Qué cojones… – el Jeep empezó a moverse a toda velocidad hacia nosotros. Se veía que el conductor no tenía ninguna intención de parar, vamos, nos quería atropellar a toda costa. Agarré a la pelirosa por la muñeca para ayudarla a levantarse y empezamos a correr por el callejón por el que habíamos venido antes. – Tengo una leve idea de quién puede ser, hijo de perra. – si estaba en lo cierto, era el tipo de la cicatriz que tantas ganas tenía de atrapar. Aunque ahora mismo habíamos cambiado de papeles y éramos nosotros los que teníamos que correr como si no hubiera mañana. Al parecer, dejarme vivo, después de decirle que era un sobreviviente del robo de hace años, sería algo peligroso para él y su pandilla. Sabía que había una posibilidad de que me persiguieran, pero en mis planes nunca entró que la pelirosa acabara metida.
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

Mensaje por Ryan Koufman el Vie Mayo 02, 2014 1:59 am

Cerrado por personaje eliminado..
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Re: Une Mauvaise Nuit et Pas Si Mal [Privado Gray Fullbuster]

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