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El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

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El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Vie Mar 28, 2014 1:36 am

La vida dio un giro importante para Novak la noche que conoció a esa bella mujer, todo había empezado por un asunto de tráfico de drogas en el lugar donde el pelirrojo trabajaba dando su show de streaptease. Por obra del destino terminó metido en ese asunto y fue arrestado, las cosas no se veían nada bien para el ruso que si bien era inocente, no encontraba la forma de probarlo. Pero afortunadamente, Dios se apiadó de su alma y lo salvó de la perdición, una vez más. Westminster le ofrecía una solución que para sus oídos era más una salvación. La única forma de salir ileso en todo ese asunto del tráfico de drogas en la discoteca era trabajando para ella. No debía hacer nada más allá de lo común, solo tenía que recopilar buena información y llevarla a oídos de ella. Debía actuar como un verdadero soplón, mejor dicho, encubierto. Y ahí estaba, en la zona más baja y terrible de la ciudad, buscando alguna información importante.

No estaba allí al azar, como si de repente fuera a oír alguna conversación sospechosa, la razón por la que pisaba esa zona era porque la noche anterior había sido parte de una conversación "interesante", por así decirlo.

Mientras daba su numerito de baile sugerente, estaba atento a todo lo que a su alrededor sucedía. Entre las figuras distantes y las sombras a penas visibles vio a una rubia entregando unos billetes a un tipo que siempre andaba por ahí los viernes por la noche. Después del último incidente y con el cambio en la gerencia (el último gerente había sido arrestado cuando apareció Westminster la primera vez), parecía que había algunos dealers tratando de mantener un perfil bajo y algo oculto, pero tal vez eran algo tontos, atreverse a realizar semejantes acciones luego de la última experiencia no podía ser considerado inteligente.


El ruso ocultaba su cabello rojizo bajo la capucha de una sudadera gris, pantalones deportivos y zapatillas de igual función. Si había gente que se infiltraba en su territorio, él haría lo mismo. En ese momento se encontraba en la entrada a un callejón, sacando un cigarrillo del bolsillo donde guardaba el paquete, lo encendió y dio una calada mientras permanecía apoyado contra la pared, esperando a alguien. Tenía contacto con la rubia, no es que ella lo hubiera hecho dificil, sino al contrario. Recordaba haberla seguido pasado ya un tiempo desde el show, era casi de día cuando la vio abandonando el lugar con paso tambaleante. Esa había sido su gran oportunidad.

- Сладкая, no te ves bien para andar sola- comentó él, reconociendo esa mirada perdida y una sonrisa extraña en los labios. Probablemente había mezclado drogas y alcohol esa noche. Esa chica le importaba poco y nada, solo quería saber quien era el tipo al que le había dado el dinero. Necesitaba información para llevar a Westminster, quizás si conseguía algo bueno sería compensado.

Silenciosamente la había acompañado hasta su casa, ella lo invitó a entrar en la vivienda pero él ruso se negó de manera cordial prometiendo el encuentro al día siguiente cuando ella estuviera "limpia" de las drogas y el alcohol en su sistema. Pero quien sabe, Novak dudaba que la chica pudiera recordar algo, aún así no quería perder las esperanzas.

Esperó, esperó y esperó, pero no había señal de la rubia. Sin embargo, algo mejor sucedió. De repente, ante sus ojos, pasó corriendo el tipo de la otra noche, el dealer. Notó inquietud, por la forma en la que corría más bien parecía estar huyendo de algo...o más bien, de alguien. Alarmado, el ruso tiró el cigarrillo al suelo y fue tras el hombre. Donde fuera, tenía que seguirlo, había algo extraño...debía averiguar de quien huía y por qué. En otras palabras, iba a ayudarlo para ganarse su confianza y así conseguiria información útil. Sonaba sencillo, tal vez demasiado y eso era suficiente como para sospechar.


Última edición por Novak Kuznetsov el Lun Jul 14, 2014 7:36 am, editado 1 vez
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Jue Abr 03, 2014 10:53 pm

Viernes por la noche, lo de siempre. Esa noche tenía un trabajo más sencillo que realizar, por lo que simplemente se reuniría con un cliente en uno de los clubes de la ciudad. Acostumbraba a ir de vez en cuando a ese club, pero no era de sus favoritos, una vez se le insinuó un hombre increíblemente molesto y desde ese entonces sólo acude en ocasiones importantes o cuando es extremadamente necesario. Desde aquel interesante encuentro con dichosa pelirroja había empezado a tener mucho más cuidado con las mujeres, uno no sabe cuando se puede encontrar con una de esas sorpresitas que te da la vida y que te jodan el plan como ya le había sucedido unas cuantas veces. Da la casualidad que todas las veces han sido por mujeres interesantes, viva Francia.
 
Su vestimenta era algo diferente de la usual, no traía su traje respectivo sino que iba más informal de lo acostumbrado: pantalones de mezclilla oscuros un poco ajustados, camiseta roja con un estampado de esqueleto al frente, zapatos cómodos, chaqueta y sus accesorios comunes, incluyendo sus gemelas. Había dejado las dagas en casa pues que quería sacar a pasear a sus hermosas Magnums, desde su encuentro con Girlycard no las había sacado a pasear de la manera en que se lo merecían y además, esa noche estaba de un humor bastante peculiar.
 
Se adentró en el lugar luego de que aparcara su motocicleta y se dirigió a uno de los amplios sillones que se encontraban reservados allí, al momento de sentarse y posar ambos brazos en el respaldar del asiento, ya tenía a dos muchachas a su lado y una camarera con una vestimenta que no dejaba nada a la imaginación estaba sirviéndole el whisky de siempre. Sonrió socarronamente y miró a ambas muchachas al momento que reconocía a la que tenía a su derecha, esta era la que le había solicitado sus servicios para ese día y ya tenía el paquete que le había encargado. Cuidando de que nadie que estuviese alrededor les descubriera, retiró el brazo izquierdo de los hombros de la morena que se había sentado de ese lado y acarició con la yema de los dedos el sobre amarillo que mantenía en el bolsillo de su chaqueta.
 
Al momento en que iba a sacar y entregar la razón por la que se encontraba en ese lugar, notó que una mirada llevaba bastante rato posada sobre él, por lo que con el rabillo del ojo observó por unos escasos instantes en la dirección de la mirada pero la persona notó sus movimientos por lo que sólo pudo percibir un color rojizo, no distinguió si se trataba de cabello, ropaje o alguna que otra cosa y entre tanta gente, clientes y trabajadores con vestimentas de todo tipo, pudo ser cualquiera que estuviese allí.
 
Corroborando que no había nadie más mirando, sacó el sobre de manila y se lo entregó a la muchacha recibiendo el dinero, sonrió satisfecho y tomó el vaso chato con el licor para tomárselo de un solo trago. Si bien había ido para ese lugar con un solo propósito, quería disfrutar de las mujeres que se encontraban en ese lugar por unos momentos más, buscó con la mirada a la gerente del sitio y al no encontrarla chasqueó la lengua por lo bajo, había escuchado rumores de que el sitio había sido “limpiado” gracias a un incidente con la policía hacía un tiempo, pero no pensaba que se llevarían a su chica favorita en el lugar. Algo mosqueado y cansado de la morena que se había quedado con él (ya que la rubia anterior se había ido al recibir el paquete), se levantó lanzándole un par de billetes a la chica y dejando el pago de la bebida sobre la mesa, frunció los labios y colocándose las manos en los bolsillos salió del lugar con rapidez, definitivamente no era el mejor lugar.
 
Al salir, se colocó al lado de la motocicleta y chasqueó de nuevo la lengua, se la habían rayado. Unos malditos imbéciles le habían rayado la motocicleta. Otra cosa que se salía de sus cálculos. Estuvo por patear su caballo de acero pero prefirió contenerse y montándose en el susodicho sin colocarse el casco echó a andar a toda velocidad, después de todo la noche todavía era joven.
 
Al cabo de unos veinte minutos yendo a toda velocidad por la carretera, se dio cuenta que lo estaban persiguiendo un par de motos, ¿y ahora qué mierda? Aceleró un poco más adentrándose en la parte peligrosa de la ciudad, específicamente su territorio. Sonrió con diversión por el juego de “El gato y el ratón” que estaban teniendo y girando en una esquina aparcó la motocicleta en un lugar donde no la encontrarían por más que buscaran hasta debajo de las piedras. Eso era lo bueno de ser el dueño de un lugar y que la gente no sepa quién eres. Ahora a pie, empezó a correr por las calles aprovechándose de la oscuridad que había alrededor y de la sombra que le proporcionaban los altos edificios que tenía en la urbanización, al momento que se encontró cara a cara con el par de estúpidos que lo perseguían, sonrió con maldad y sacando un cigarro de su cajetilla personal se lo colocó en los labios para encenderlo. Le dio una profunda calada y al momento en que los tipos ya no aguantaban más las “estupideces” del muchacho pelinegro, este les sonrió de la manera más divertida del mundo y echó a correr por las calles, definitivamente empezaría a divertirse con este par.
 
El aire gélido le pinchaba la piel de una manera que le encantaba y su juego iba subiendo de nivel cada vez que les hacía una jugarreta a los intentos de gatos que intentaban atraparlo para algo que realmente no conocía el motivo, luego de unos quince minutos de ir de allí para allá se encontró con los tipos acorralándolo, al parecer por sus expresiones no les había gustado mucho el juego y, honestamente, el pelinegro estaba más que encantado con la situación. Miró alrededor tratando de encontrar un punto de salida y al encontrarlo, esperó el momento indicado para salir de allí y desaparecer de la vista de ellos. Si bien tenía sus gemelas consigo, no gastaría sus preciosas balas con dos idiotas que podían perderse más que un perro ciego en un laberinto, y además, le divertían demasiado como para hacerlo.
 
Cuando encontró el momento indicado, echó a correr nuevamente dejando atrás al par de idiotas y adentrándose en una calle con puras casas alrededor, no podían proporcionarle buenos sitios para esconderse, pero después de tanto correr estaba seguro que no lo perseguirían más. Pasó corriendo rápidamente frene a un callejón oscuro y cuando estuvo seguro de que nadie lo seguía persiguiendo se detuvo tratando de contener el aliento, respiró profundamente un par de veces retirándose el cigarrillo que aún mantenía encendido entre sus labios y alzando su vista hacia la luna sonrió con malicia y diversión. Sí que le había entretenido ese pequeño juego que de un momento a otro había empezado y que desde luego había ganado.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Mar Abr 22, 2014 5:25 am

Por un momento perdió de vista al extaño sujeto, tal vez lo había imaginado y perseguía a alguien que no era quien realmente él creía. Sus pasos se detuvieron al tiempo que su mente trataba de imaginar que dirección podría haber tomado aquel que corría antes. ¿Qué camino tomar? ¿El de un callejón sin salida o la calle que se extendía quien sabe hasta donde? No tuvo tiempo de pensarlo dos veces, los pasos de los otros se acercaban pesadamente, ya cansados de tanto correr, el sonido de sus pulmones indicaba que ya se rendían. De esta manera, Novak terminó por esconderse en el callejón. Bastó solo con dar tres pasos para ser atrapado por la sospechosa oscuridad del lugar que se reducía entre dos paredes maltratadas.

Una pequeña luz brillaba en esa oscuridad, pero no era una luz brillante, era más bien rojiza y algo apagada la cual provenía de un cigarrillo. Pero quien lo sostenía a penas era visible, una silueta perdida, oscura que vigilaba todo desde las sombras. El pelirrojo estaba de pie, su cuerpo no se movió, no pensaba hacer ningun movimiento brusco que pudiera acabar con su vida. Sabía que en esos callejones lo podía encontrar la muerte.

- A ti te conozco... - soltó de repente, no tenía otra cosa para decir, saludar con amabilidad no era una opción. Pero quizás estaba cometiendo un error que debía corregir de inmediato. - ¿Cómo se dice? - hizo una breve pausa buscando la forma correcta para dirigirse a aquel extraño que solo conocía de vista - Ah, sí...vengo en paz - agregó con su marcado acento ruso, a veces se le cruzaban las palabras y no podía expresarse como deseaba pero esperaba que de todas formas el otro pudiera comprender el mensaje que intentaba darle.

Apoyó su espalda contra la pared y desvió la mirada, esperaría pacientemente hasta que el sujeto decidiera acercarse. Novak no deseaba  dar ningun paso en falso, era una cuestión de vida o muerte, no sabía bien quien era ese tipo, podría acabar muerto si intentaba pasarse de listo y eso no era lo que quería. Lo único que deseaba era infiltrarse, obtener información relevante para llevar a Westminster. Pero aún más importante, estaba saldando deudas con su pasado, intentando recuperar el tiempo perdido y tal vez así recuperar su alma destrozada.

Le dolía el pecho tan solo recordar aquellos tiempos fatales, toda esa locura, el desequilibrio en su mente y su cuerpo que clamaban al unísono por más, haciendo que en sus venas corriera el veneno directo a sus organos, acelerando su corazón llevándolo al borde del abismo. Tomó aire, se estaba poniendo nervioso, debía tranquilizarse y seguir el plan que tenía en mente. Si lograba al menos un intercambio de palabras...

En medio del silencio, sus pensamientos se vieron interrumpidos por una llegada inesperada. Los tipos de antes. Esos que parecían agotados, los que perseguían a aquel que entre las sombras fumaba tranquilamente. Portaban armas y sus ojos iban cargados de una ira asesina. No cabía la menor duda, ahora sí estaba en problemas, las cosas estaban tomando un curso violento mientras los recien llegados apuntaban las pistolas hacia la pequeña luz rojiza que delataba al sujeto. Alarmado, Novak dejó de relajar su espalda sobre la pared, incorporándose para intentar alejarse de allí rápidamente. Pero los otros no iban a permitirle huir.

Alguien jaló el gatillo, dejando que una bala pasara tan cerca a él que casi pudo sentirla atravesando su carne. El miedo lo paralizó y permaneció allí de pie, sin atreverse si quiera a mirar a los ojos de nadie. En medio de la oscuridad, en el sitio menos agradable de Sweet Valley, la sangre se iba a derramar sin que nadie pudiera saberlo, solo quienes presenciaban ese espectáculo, los mismos asesinos.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Vie Jun 13, 2014 6:36 am

La luna iluminaba todo a su paso como la reina de la noche, a excepción de ese callejón oscuro y olvidado que se encontraba completamente a oscuras más que la tenue luz del cigarrillo que ahora sostenía entre sus dedos pulgar e índice. El silencio se hacía presente y el agitado corazón del pelinegro por la carrera se iba tranquilizando poco a poco, manteniendo su mirada fija en el cielo estrellado que ahora estaba siendo tapado por unas nubes de lluvia que no habían sido invitadas. Chasqueó la lengua y frunció el ceño a punto de apartar la vista del cielo por voluntad propia, pero esto ocurrió por un sonido que había escuchado más que por su deseo de retirarlos. Se visualizaba una silueta ancha y se escuchaba una respiración agitada, debió suponer que era un hombre. Retiró la espalda de la sucia pared de ladrillos y se colocó el cigarro entre los labios para luego meter sus manos dentro de los bolsillos, se le quedó observando completamente de frente dándose cuenta de que no era uno de los tipos que lo habían perseguido con anterioridad. Alzó una ceja, ¿cómo este hombre había llegado justamente a ese callejón y qué hacía allí a esas horas?

De un momento a otro, la voz ajena resonó entre el silencio arruinándolo maravillosamente, soltando unas palabras que le hicieron fruncir el ceño y tensar los músculos a la vez que fruncía los labios. ¿Le conocía? Extraño, a pesar de que estaba completamente oscuro, ¿aún podía decir que le conocía? Lo miró fijamente, sin apartar en ningún momento sus orbes azulados del hombre que tenía frente a él, no le haría nada puesto que no tenía un motivo por qué siquiera contestarle a sus palabras, pero ya era demasiada coincidencia que se encontrasen ambos en el mismo lugar y que luego este mencionase que “le conocía”. Sus palabras las entendía a la perfección, pero notó en su pronunciación que no era nativo del lugar, era demasiado obvio que ese acento no provenía de Francia o sus alrededores, ¿ruso, quizás?

—¿Quién eres? —Preguntó, relajándose conforme los segundos pero sin bajar la guardia, de todas formas nunca lo hacía y recién había salido de una persecución. Nunca confiaba en nadie, ¿por qué empezar ahora? Se apoyó lateralmente de la pared para tener la posibilidad de observar al recién llegado y también a la entrada del callejón, rompiendo el silencio nuevamente con sus palabras pero de forma sutil. Pero como quien no quiere la cosa, volvió a su posición anterior al escuchar como se acercaban más personas, para luego finalmente visualizarlas en la entrada del callejón. Eran ellos, los ratones que se las habían dado de gatos intentando perseguirlo por los confines de su territorio, realmente que el destino no quería dejarle descansar ni un poco, pero quién dice que no disfrutaba del juego.

Estiró su cuello, moviéndolo de lado a lado haciendo sonar su nuca con ello y posó por unos escasos segundos sus ojos nuevamente sobre el hombre anterior, que parecía conocer a los ratones por la forma en la que se había sorprendido con su llegada. A decir verdad, Noah también estaba levemente sorprendido, puesto que habían conseguido llegar a él en tan poco tiempo. Roedores al fin. Observó el brillo de un arma que salía a la luz y no era la de él, puesto que todavía mantenía sus manos dentro de sus bolsillos y sus hermosas gemelas todavía estaban en sus escondites, sus ojos y cuerpo estaban relajados, puesto que por mucho que dispararan jamás podrían acertarle con firmeza. Se retiró el cigarro de los labios soltando hacia arriba el humo casi con delicadeza para luego soltarlo y dejarlo allí, ahora tendrían que ingeniárselas para encontrar al pelinegro.

Se escuchó un disparo y para mala suerte de los ratones no consiguieron atinarle a él, sino a la pared a sus espaldas. Sonrió entretenido y soltando una breve risa empezó a caminar hacia el chico de acento que todavía no conseguía encontrar el origen.

—Ups, fallaste. —Comentó, divertido. —Te recomiendo que apuntes un poco más a la derecha, si es que quieres dispararme en verdad. Y, más aún, si quieres dispararme en la cabeza. —Agregó conteniendo sus carcajadas y colocando una mano en el hombro del chico. Gracias a la cercanía, pudo notar que era aproximadamente de su estatura y con algo de suerte notó unas hebras rojizas. Entrecerró los ojos ante aquello pero prefirió no comentar ni pensar absolutamente nada y dándole un par de palmadas al contrario empezó a susurrar diciendo: —Y a ti, te recomiendo que no te muevas de aquí. —Concluyó, sacando una de sus gemelas del estuche y apuntando por encima del hombro del chico, para luego pasar a disparar a uno de los tipos, dándole en el hombro izquierdo.

—Y así es como se dispara un arma.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Vie Jun 20, 2014 8:15 am

El silencio absoluto en ese callejón se asemejaba más al de un cementerio, no había ni siquiera una paloma que se atreviera a volar por encima de ese oscuro y recóndito lugar. Ni  una mosca rondaba por allí, en la infinita y negra oscuridad que invadía ese sitio, como si vistiera de luto, acompañando a los caminantes que elegían el peor destino al andar por los rincones más terribles de Sweet Valley. El rojo que encendía el lugar pertenecía al cigarrillo del joven al que Novak perseguía, lo cual le daba al callejón un aspecto más vacío y peligroso de lo que en realidad era. La pregunta del otro no sobresaltó al pelirrojo pero tampoco encontró en su mente la respuesta adecuada. ¿Qué quién era? A esta altura no era sencillo decidir si mostrar su verdadera cara o esconderse tras un disfraz listo para presentar su mejor obra. Decir que era un drogadicto rehabilitado, un streeper con buena paga o un tipo que trabajaba para una mujer de la policía con el fin de asegurarse la libertad, no eran buenas opciones. Entonces...¿Quién era él?

"Uno más del montón, quizás" estuvo a punto de responder, confiado en que la charla podría extenderse mientras la oscuridad los protegía de las sombras que venían siguiendo sus pasos. Pero fue entonces cuando se oyó aquel disparo que le congeló la sangre al ruso. Se quedó de pie, como si supiera que cualquier movimiento en falso lo convertiría en presa fácil.

El otro muchacho habló, se burlaba de los que habían jalado el gatillo. Novak no comprendía como podía decir cosas como esas con tanta soltura, sin una gota de miedo, sin que le temblara la voz. La pregunta ahora era...¿Quién era ese tipo? Se reía a carcajadas, como si eso fuese un juego. Incluso se había tomado la molestia de acercarse y hacerle una recomendación, bastante útil por cierto, porque el pelirrojo estaba perdiendo la razón lentamente. ¿Dónde se había metido? ¿Estaba realmente listo para enfrentarse a cosas de este tipo? No podía enfrentar sus propios demonios internos, ¿cómo iba a lograrlo con los de afuera?

No movió un solo músculo, estaba asustado, no iba a negarlo. Era la segunda vez en ese mismo año que una bala le pasaba tan cerca que incluso podía sentirla incrustada en su carne. Se guiaba con el oído, no quería dar ninguna señal de que estaba allí, más disparos, quejidos y golpes sordos. ¿Quién le había dado a quién?

Esperó unos segundos antes de reaccionar, ya no había más ruidos que captar, el silencio se apoderaba nuevamente del vacío callejón. Un callejón que había visto almas perdidas, cuerpos caídos y asesinos escondidos. Lentamente, Novak dio media vuelta para descubrir lo que había sucedido. Había un cuerpo que yacía en la entrada al callejón, no podía saber si estaba vivo o muerto pero la sangre oscurecía la camiseta del hombre herido por el hombro, quizá estuviera inconsciente, cercano a la muerte. Los otros no se veían por ningún lado, ¿habían conseguido huir?

- ¿Qué fue todo eso? - quiso saber Novak, sujetándose la frente como si hubiera recibido un golpe en el rostro, demasiado certero como para noquearlo y dejarlo aturdido. Necesitaba saber qué estaba pasando pero más importante, ¿Era seguro permanecer allí?
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Dom Jul 06, 2014 6:04 am

Le dio una vuelta a su hermosa gemela sobre su eje para luego soplarle la punta cual película y pasar a guardarla en su estuche, dio un par de pasos hacia el frente, específicamente hacia el ratón que acababa de ser sacado de su fantasía gatuna para verificar que seguía con vida. Le dio una patada en el hombro izquierdo, el lugar en el que le había disparado y sonrió al escuchar un gemido agudo de dolor. A pesar de que el cuerpo estaba empezando a empaparse en sangre, estaba seguro que le había disparado en un lugar no letal y que si el idiota ese no empezaba a moverse, moriría desangrado y por estúpido. Se agachó frente a él luego de darse cuenta que los otros retrasados roedores ya no estaban por allí, dejando a su “compañero” herido en el suelo y sin nadie a quien acudir. Supuso que iban a informar la situación a su dueño, como buenas ratas de alcantarilla, pero les tomarían al menos cuarenta y cinco minutos el salir del territorio del pelinegro ojiazul, para siquiera poder empezar a dirigirse al oeste de la ciudad.
 
—Lárgate de aquí, basura. —Masculló restándole importancia para luego levantarse y dirigirse frente al otro desconocido. Sonrió al escuchar su pregunta dándole a entender que estaba más que sorprendido con la situación. A decir verdad, Noah pensaba al principio que era otro estúpido más que se la daba de la gran cosa en ese lugar y ese acento extranjero no le daba menos qué pensar, pero el hecho de que preguntase después de observar la situación de peligro le resultaba extrañamente interesante. —Un disparo, eso fue. —Respondió seca pero divertidamente, queriendo jugar un poco con el joven.
 
A pesar de que no parecía ser alguien de quien tuviese que preocuparse, había algo que no terminaba de entender y que definitivamente no estaba en sus planes, ¿qué hacía él ahí a esas horas? ¿Quién era? Y la última, pero no menos importante, ¿cómo sabía que él estaba ahí si es que estaba buscándole? Esas eran las tres preguntas que le hacían no bajar la guardia con el chico, aunque si de guardia hablamos no la bajaba con nadie, ni siquiera con sus “compañeros de trabajo” y de “confianza”.
  
—¿Qué? ¿Tienes miedo? —Preguntó de repente, sacando su cajetilla de cigarros nuevamente y tomando uno de los mismos con los dientes, para luego pasar a encenderlo y darle una larga calada. —Vamos, responde, ¿o es que la lengua te la ha comido algún gato?
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Lun Jul 14, 2014 7:21 am

Novak seguía de pie, congelado, siendo testigo de una escena en la que jamás había imaginado presenciar o formar parte. El pelinegro golpeaba al hombre caído y el pelirrojo solo podía observar. No terminaba de entender lo que pasaba allí, había corrido tras el muchacho para obtener respuestas pero a cada segundo que pasaba las dudas se acumulaban en su mente y no tenía idea como hacer para que el otro pudiera aclarar esa nube en su cabeza.

Esperó unos segundos hasta que el muchacho volvió a ponerse de pie luego de decirle algo al tipo que anteriormente había sido herido. Novak trató de componerse y encontrar la manera de sacar información del joven frente a él, pero eso era una tarea imposible. Poco tiempo tardó en tomar una decisión en la que no debía arriesgar su vida y al mismo tiempo lograr su objetivo.

- No fue lo que quise decir - respondió el ruso cuando pudo juntar valor suficiente como para dirigirle la palabra al pelinegro que parecía bastante serio en su tono de voz pero su respuesta era evasiva y hasta parecía tener un ligero toque de burla. - ¿Por qué esos tipos comenzaron a disparar? - preguntó, sabiendo que en esa pregunta se estaba poniendo en juego su propio cuello. Solo deseaba que la suerte estuviera de su lado. - No tengo miedo - respondió con firmeza ante la segunda pregunta del pelinegro - Solo te seguí para hablar de negocios y mira lo que me encuentro...-agregó llevándose una mano hasta la frente para borrar los rastros del sudor que delataban su anterior sensación del miedo frente al peligro.

Al momento que terminaba de formular la pregunta y casi sin darle tiempo suficiente al muchacho, el hombre en el suelo, haciendo caso omiso de las palabras que le habían sido pronunciadas como orden absoluta, se quedó en su lugar, pero una respuesta salió de su garganta. - Esto no ha sido nada...-dijo en voz a penas audible, con gran esfuerzo ya que el dolor en su hombro lo atormentaba - Volverán muchos más a buscarte...te encontrarán donde sea...estás muerto, muchacho -agregó con una sonrisa desafiante y hasta se atrevió a escupir cerca de donde estaba parado el pelinegro. Sin levantar ninguna sospecha sacó una navaja de su bolsillo y la abrió frente a la mirada de los únicos dos presentes en la extraña escena. El hombre aguardó unos segundos para que ambos pudieran admirar con cuidado el diseño del arma blanca antes de clavarsela el mismo en el pecho, provocando un daño mortal que lo arrastraría hasta la tumba.

La situación se le escapaba de las manos al pelirrojo que había comenzado persiguiendo a un supuesto dealer que estaba armado y no había dudado en dispararle a un hombre que lo perseguía por motivos desconocidos. Eso había sido muy poco, a penas el principio. Ahora, más que testigo de una escena, era testigo de la muerte de un hombre. ¿Por qué razón ese tipo habia cometido tal acto? ¿De qué hablaba antes? Tantas preguntas, ninguna respuesta, todo parecía empeorar. Nervioso, Novak corrió hasta la posición del pelinegro, no muy lejos del cuerpo del hombre.

- говно - soltó sin saber que hacer a partir de entonces, o poniéndolo de otra manera, mejor sería huir antes que las cosas pudieran empeorar más y fueran dos hombres sobre el suelo, abandonados en ese sitio que dejaba ver su lado más hostil entre las sombras de la oscura noche.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Mar Jul 15, 2014 4:35 pm

Noah seguía ahí, parado tranquilamente mientras sus labios y pulmones disfrutaban del delicioso tabaco de vainilla. A decir verdad, seguía levemente sorprendido de que el muchacho desconocido siguiese de pie ahí frente a él —aunque muerto de miedo, cabe aclarar— y no hubiese salido corriendo de una vez por todas. Aunque, si lo pensaba bien, la situación estaba a su favor: se encontraban en su territorio, el desconocido no tenía ni la menor idea de lo que estaba sucediendo y, si todo salía mal, podría limpiar la basura de una sola pasada, sin ningún inconveniente detrás de ello. El pelinegro sonrió en su fuero interno, su diversión iba más allá de su sadiquismo e incluso cualquiera que lo viese pensaría que es un loco desalmado, aunque a decir verdad o estaba tan equivocado, pero aún así, la locura y ‘Noah’ no podían ir en la misma oración sin que se escuchase su risa con sólo iniciar esta.
 
Aspiró con una elegancia absoluta la nicotina saborizada del tabaco de vainilla y lo fue bajando poco a poco hasta llegar a cruzarse de brazos sobre su pecho, parecía que sus ojos brillasen en esa oscuridad intensa cual depredador en busca de su presa a altas horas de la noche y su rostro sereno ahora mostraba una pequeña sonrisa satisfecha, vaya noche para distraerse un rato. Escuchó la voz ajena volver a tomar el trono entre el silencio y éste sólo se dignó a escucharle sin dirigirle su mirada azulada, ¿Por qué comenzaron a disparar?” Estuvo por bufar, pero prefirió mantener la compostura y volverse a alejar de la pared, dirigiéndose a su vez un poco más adelante, hacia las afueras del callejón, más no permitiendo que la luz de la esplendorosa luna le reflejase en el rostro, todavía no. Tenía que cerciorarse de ser concreto y sencillo con él, no podía andárselas de confianzudo y mostrando su físico así como así, las coincidencias eran demasiadas como para pensar que el muchacho estaba ahí por casualidad.
 
—Porque querían sentirse depredadores cuando en realidad eran la presa. —Contestó, soltando el humo del cigarro hacia arriba e inundando el callejón con su olor dulzón. El pelinegro colocó su mano libre dentro del bolsillo correspondiente y se quedó observando hacia arriba, contemplando de nuevo el hermoso cielo azul noche, el mismo color que poseía el casco que utilizaba para cualquier situación que requiriera su motocicleta. Le escuchó de nuevo y esa última frase le hizo voltear levemente la cabeza para observarle, ¿un negocio? Heeh. Ensanchó la sonrisa, pero aún sin permitir que sus blancos y perfectos dientes salieran a relucir y soltó unos vocablos burlones diciendo: —Si querías negociar conmigo no tenías que seguirme hasta aquí, me podías haber dicho lo que querías en el pub donde trabajas. —Murmuró con calma y serenidad, manteniendo la sonrisa y observándole con profundidad, esperando alguna reacción que lo delatase y le confirmara a Noah que efectivamente era él el que lo estaba observando en el bar de hacía un rato, de todas formas había dicho aquellas palabras más al azar que porque estuviese seguro de la identidad del chico, pero las coincidencias eran demasiadas. Sabía que había algo en ese chico que le parecía extrañamente familiar y no era su acento en cuestión.
 
Su atención fue robada por la rata de antes, haciendo que el moreno simplemente desviase su mirada del joven a el idiota tirado en el suelo. Movió un poco el dedo pulgar de la mano que sostenía el cigarro para rozarlo con el mismo y hacer que las cenizas cayesen al pavimento deteriorado, para luego pasar y darle otra calada al delicioso tabaco. Las cejas del muchacho se alzaron levemente, claramente fingiendo una sorpresa inesperada, su rostro se volvió preocupado y se empezó a acercar al hombre que minutos después pasaría a la otra vida.
 
—¿Me buscarán? Oh, no. ¿Y ahora qué haré? Qué miedo… —Empezó a decir colocándose ambas manos en el rostro y empezando a negar fingiendo claramente un acto de miedo puro, para luego soltar una carcajada y tirar el cigarro al lado de la oreja derecha del hombre. —Como si me importara que me buscasen, imbécil. De todas formas, van a terminar como tú.Masculló para luego poner los ojos en blanco. Estaba por voltearse para volver a recostarse en la pared, pero escuchó cómo el hombre se movía gimiendo de dolor y supuso que por fin se levantaría y se largaría como la basura que es, más sin embargo, las cosas no sucedieron como el pelinegro esperaba. Giró su rostro para observar a la rata de alcantarilla y notó que poseía en sus manos una navaja grande color blancuzca, la cual dejó en el aire por unos minutos para que la contemplaran, y finalmente se la clavó en el pecho, específicamente la parte inferior de su pecho, exactamente en la vena cava, causando una herida fatal. Noah observó la situación desde su punto y se colocó una mano en el rostro a modo de “qué imbécil”, para luego simplemente suspirar de resignación y colocarse ambas manos en los bolsillos. —Vaya idiota.
 
Sus palabras fueron frías y concisas, sin ningún sentimiento de repulsión o lástima, simplemente frío. Acostumbrado. Escuchó una frase que no entendía y de inmediato posó sus ojos sobre el muchacho que hasta ahora había olvidado que estaba allí por culpa del reciente teatro de la rata. Le miró de arriba abajo, ahora con mucha más claridad ya que se había posado bajo la luz de la luna. Poseía un cabello rojizo y estructura fornida, por lo que no debía ser cualquier idiota, pero le daba cierta gracia lo sorprendido que estaba. Volvió su atención a la palabra que antes había escuchado y frunció levemente el ceño al darse cuenta de qué idioma era, “Ruso, ¿huh? Con razón me parecía familiar su forma de pronunciar el francés.” Pensó a la vez que sacaba su teléfono móvil de su bolsillo diestro y procedía a realizar una llamada urgente.

—Vlad, tenemos un problema, trae los cleaners de inmediato.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Lun Jul 21, 2014 9:18 am

Cerró los ojos varios segundos, tal vez minutos, unos cinco apróximadamente. Necesitaba calmarse y no podía conseguirlo de ninguna manera. En sus veinticinco años de vida jamás había formado parte de un escenario como ese, manchado de sangre y miseria humana. El destino jugaba cruelmente con él, pues comenzaba a sentir que cualquier esperanza de vida que hubiera tenido en el pasado ahora se desvanecía, lo devoraba la sombra que se cernía sobre ese callejón del cual, para él, ya no había salida. Cuando en su mente la idea de salir corriendo le pareció genial, ahora le parecía absurda. No habían pasado más de diez minutos cuando se dio por vencido, rindiéndose a su suerte. La desesperación lentamente iba dando paso a la resignación, que de eso él sabía bastante.

Colocó ambas manos sobre su cuello y lentamente abrió los ojos, sin haber tomado ninguna decisión por el momento, sintiéndose absolutamente perdido en un mundo que no conocía y al cual había ingresado por accidente. Siendo testigo de la muerte de aquel hombre, comenzó a sentirse más un cómplice, como si él lo hubiese guiado hasta allí, donde la muerte le daría su beso más frío; Primero en la agonía de una bala en su hombro y luego, con el filo de una navaja, le daría una caricia antes de llevárselo de la mano fuera de la tierra de los vivos. El pelirrojo levantó su mirada hacia el cielo, el cual le pareció absurdamente perfecto al contrario de aquellos pecadores, como él, que se atrevían a levantar la mirada para admirar en silencio esa belleza inalcanzable, la que ninguno merecía.

Sus pasos resonaron en el vacío del callejón mientras se alejaba del cuerpo que yacía inerte, sin vida, y se dirigía hasta el pelinegro que apenas parecía haber terminado una rápida conversación telefónica. Aún en silencio, lo miró seriamente, esperando descubrir algo en la oscuridad, preguntándose si realmente había un rostro al cual mirar allí o solo era un demonio de la noche que arrastraba a los humanos hacia una trampa, y los eliminaba uno por uno. Se estremeció ante tal pensamiento, porque significaba que él era otro que caería bajo esas garras solo para ver su propio fin.

Las palabras no salían de su garganta, por más que en su mente formulara cien preguntas, no podía articular ni una sola palabra, ni siquiera emitía sonido alguno. Ya no era el miedo, lo que le impedía hablar, era el hecho de saber elegir muy bien cuales serían sus últimas palabras (si alcanzaba a pronunciarlas claramente).

-Supongo que no es un buen día para hacer negocios, ¿verdad?-preguntó, aunque enrealidad no esperaba respuesta. Solamente lo decía por la necesidad de escuchar su voz, dejando escapar un poco de su alma en el aire, deseando perderse como lo hacía el mismo sonido. Existir, dejar de existir, la diferencia estaba en que no se puede pensar en la segunda sin haber pasado la primera en su plenitud. Novak estaba seguro de los errores  que había cometido, se arrepentía de la mayoría, sabía que jamás había sido un buen tipo, pero aún así...quería una segunda oportunidad. Quería abrir los ojos, que la luz lo cegara por unos segundos, sintiendo la calidez en su rostro y ahí, descubriría que estaba feliz de estar vivo.

-Dime, ¿Qué pasará ahora? - se atrevió a hacer una nueva pregunta, desafiando todas las probabilidades que iban en su contra, escupiendo en su cara a la muerte. Si quería llevárselo, lo haría algún día pero no ese mismo. Hizo su elección, la vida antes de la muerte. - Si piensas matarme, me temo que no te será tan fácil. No si quieres mi ayuda, y creeme que la necesitarás. - declaró con una sonrisa ligeramente ladina, a la espera de una reacción de parte del pelinegro, mientras el callejón se iluminaba de repente con una potente luz que pertenecía a algún coche, entonces pudo ver el rostro de aquel que estaba frente a él, por primera vez lo veía claramente.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Jue Ago 07, 2014 11:41 pm

—No, es mi día libre. —Murmuró contra el teléfono, escuchando luego la respuesta del receptor de sus mensajes y poniendo los ojos en blanco ante las mismas. —Simplemente llega rápido, estoy en la segunda calle después del Hotel de Lucy a mano izquierda. En el callejón. —Agregó y finalmente colgó, guardando el móvil en su lugar y volviendo su mirada al cuerpo que yacía en el suelo. Un chasquido de lengua se hizo presente entre el silencio y la frente del pelinegro se volvió arrugada gracias a un fruncir de ceño, ¿es que no podía disfrutar en su día libre? Aunque de libre no tenía mucho gracias a la entrega del pedido que antes le había dado a la chica. Dio unos pasos al frente, hacia donde la rata se encontraba y se agachó frente a ella con molestia, tomando con sus dedos pulgar e índice el casquillo de la bala que antes había empleado. Se la guardó en el bolsillo de la chaqueta y se levantó de nuevo sin decir palabra, sacando de nuevo la cajetilla de cigarros y volviendo a inundar el lugar con el olor a vainilla del tabaco.
 
Una fría ventisca recorrió el callejón donde se encontraban, despeinando el cabello del asesino y brindándole un poco de aire fresco en ese lugar de mala muerte. Cerró sus ojos quedándose callado y permaneció de pie cerca de la salida del callejón. Una nube había osado colocarse frente a la reina de la noche, tapándola y así dejando en penumbra y oscuridad al par de hombres que ahora parecían ser cómplices en el asesinato. Ciertamente, Noah no tenía nada de inocente en el acto, pero el que había decidido suicidarse había sido él, por lo que para el moreno, eso no contaba como asesinato.
 
El muchacho ruso empezó a reaccionar, haciendo que Noah inevitablemente abriera uno de sus ojos y lo observara de reojo. Las palabras del ajeno volvieron a inundar su sistema auditivo a lo que el chico respondió con una sonrisa burlona, pero otra vez sin dedicarle alguna respuesta concisa y que le diese otra característica más de él. Sabía perfectamente que nada en la vida eran casualidades, que había una razón detrás del molesto muchacho que había sido, lamentablemente para él, testigo de una muerte estúpida. Noah no se sentía para nada preocupado, es más, hasta le divertía un poco la situación. Si se ponía a pesar, hacía mucho tiempo que no sucedían cosas así de interesantes, por lo que estaba más que consciente que las cosas le harían disfrutar aún más. Una pregunta alcanzó a inundar su mente y le obligó a girarse del todo para enfrentar al pelirrojo, ¿qué pasará? Tampoco lo sabía, pero tampoco le interesaba. Lo único que podía decir con exactitud era que Vladimir llegaría a limpiar el desastre y luego simplemente se iría, importándole absolutamente lo mismo si el pelirrojo decidía hablar o no. De todas formas nadie le creería.
   
—¿Qué pasará, dices? —Preguntó, deleitándose con la posibilidad remota de que su voz sonase sin ganas de provocarle miedo al muchacho. Se retiró el cigarro de los labios, escuchando las frases que salían de los labios contrarios y sintiendo unas enormes ganas de reírse, cosa que consiguió después de tratar de contenerse sin mucho éxito. —¿Tu ayuda? —Volvió a reír, mostrándole al chico que todo lo que había sucedido no era más que un chiste para él. —Si quisiera matarte lo hubiese hecho antes de que te convirtieras en testigo de un accidente.Contestó, dándole una calada al tabaco y dedicándole una mirada entre perturbadora y divertida. —No necesito tu ayuda. ¿De dónde sacas tan ridícula afirmación? —Preguntó, soltando el humo anterior. En ese momento, las luces de un auto le iluminaron, mostrándole al chico la mirada y sonrisa que poseía en su rostro y su expresión despreocupada. Se quedó parado, observándole por unos segundos cuando dejó de ser iluminado. Suspiró ante aquello y le dio la espalda al joven comenzando a dirigirse a la salida del callejón, específicamente a ese mismo auto que acababa de pasar. —Ho, Vlad, que me has arruinado el anonimato. —Masculló, posando sus orbes sobre el rubio muchacho que salía del asiento del piloto con un maletín en su mano y tres hombres más detrás de él.

—Cállate y dime dónde está. ¿Otra vez fumando? Maldición, L... —Se vio interrumpido por la mirada del chico. Mientras menos cosas dijeran sobre él, mejor. —Vale, vale, ya voy. Pesado.

—Ahí está. —Agregó, señalando sobre su hombro el cuerpo de la rata, ignorando el adjetivo calificativo que le había colocado el muchacho y quedándose allí tranquilamente, como si todo eso fuese una simple reunión de unos amigos de toda la vida a altas horas de la noche.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Sáb Ago 23, 2014 7:42 pm

No era sencillo para Novak asimilar lo que allí había sucedido, pasar por aquel intento de recopilar información para una mujer a la que a penas conocía y lo había convencido tan fácilmente, a ser testigo de un asesinato (que más bien había sido un incomprensible suicidio)  poniendo en riesgo su propia vida.  No podía pensar con claridad, una nube gris cubría sus pensamientos. En su interior algo se resquebrajaba, y aunque era solo un poco, podía sentir que si no hacía algo pronto terminaría por romperse, y dejaría atrás lo último de su razón y cordura.

Miró a aquel que las luces iluminaron de manera súbita y fugaz, sin darse cuenta lo observaba con el ceño fruncido, las respuestas que previamente le había otorgado el pelinegro no le convencían en absoluto. Solo se alegró, en cierto modo, de que rechazara su ayuda. Cuando recapacitó esa absurda oferta, advirtió que pudo haber sido un grave error, lo que significaban más problemas que luego lo llevarían directamente a la cárcel por quién sabe cuantos años. Prefería no pensar en ello.  

Un hombre se bajó del auto, más bien parecía un muchacho, Novak trataba de no mostrarse soprendido al respecto así que permaneció de pie, como si fuera una estatua. El recién llegado respondía al nombre de Vlad, sin embargo el pelinegro no fue nombrado. Pero ¿tenía un nombre, cierto? El mal sea como sea, siempre lleva un nombre, algo que lo identifique. Solo debía averiguarlo. El pelirrojo estaba analizando la situación,  al menos eso intentaba, además de buscar la calma. Se cruzó de brazos mientras hacían desaparecer el cuerpo del misterioso hombre, arrastrándolo al mismo infierno y echó una rápida mirada hacia el que antes había sido un simple objetivo para complacer a Elise y convencerla de algo que no podía ser.

- Así que ahora vamos a pretender que aquí no ha pasado nada - comentó, pensando en voz alta, pero calculando exactamente cada palabra - No sé si sea capaz de hacerlo, ¿Sabes? - Se acercó un poco al muchacho, para que el otro no pudiera escuchar. Ya había dado el primer paso, debía andar con cuidado si no quería terminar como el otro - ¿Ahora sí vamos a hablar de negocios? - quiso saber, aunque dudaba si el siguiente paso que había dado era una trampa. ¿Estaría bien perseguir esa loca idea que tenía en mente? ¿Estaría bien poner su cuello por una causa que movía su interior? Si todo eso estaba mal, si era el error que estaba evitando cometer desde el inicio, entonces nada podía hacer. Ya todo estaba dicho, ya todo estaba hecho. Esperó con falsa calma la respuesta del otro, el miedo ya no lo agobiaba, solo la incertidumbre y el desamparo se encargaban de acorralarlo. ¿Sería el fin? ¿O solamente el comienzo de una larga cadena de causa y efecto?

Sin embargo, nada de lo que Novak pudiera imaginarse se comparaba a lo que estaba a punto de suceder. A lo lejos se escuchó el rugir de una moto, o tal vez dos. No. Eran más, incluso parecía que un auto galopaba furioso, haciendo rechinar sus ruedas por el asfalto en su recorrido, cada vez que daba la vuelta en una esquina. Eran como campanas que a los lejos advertían un final para nada feliz. Mientras el ruido se iba haciendo más cercano, él no tuvo que buscar en su mente para adivinar lo que vendría, el suicida se había encargado de hacer muy claro que no estaba solo y muchos más buscarían al pelinegro. Era la promesa de un apocalipsis que el otro no temía y sin embargo él estaba en medio, víctima del fuego cruzado.

El tiempo no deseaba detenerse ni por un segundo, de hecho parecía correr a mayor velocidad, como si fuera un aliado de la muerte, ayudando a derramar cada gota de sangre con sorprendente rapidez. Así, El caño de escape de una de las motocicletas anunció la proximidad a la que se encontraban y pronto se le hizo un nudo en el estómago al ruso y por un momento deseó saber qué hora era, por más absurdo y patético que fuera ese pensamiento, quería saberlo para sentir que aquello no era un mal sueño, sino que era la realidad y pasaba en ese mismo instante. Se le escapaba el tiempo, la vida, en tan poco tiempo... No había otro fin más que ese.

Pronto, los vehículos encontraron  la ubicación de los presentes en ese callejón de la muerte, el oscuro rincón de la perdición y el pecado. Las luces encandilaron los ojos de Novak y por un breve segundo no supo que sucedía a su alrededor, solo escuchaba los motores latiendo como corazón mecánico, retumbando en el espacio que se vio reducido ante la llegada de los nuevos invitados. El pelirrojo alzó una mano para atajar la luz que lo encandilaba, con la intención de ver lo que pasaba, pero a penas lo hizo recibió un golpe en el estómago de un tipo que se había bajado de una de las motocicletas Pero no era el único, otros más descendieron con la intención de atacar.

Intentó reaccionar y devolver el golpe, el cual falló terriblemente y a cambio recibió el impacto de otro golpe en la mandíbula. Se tambaleó un poco y retrocedió.No tuvo ningún descanso, los golpes eran rápidos,  y sobre todo efectivos. No había forma de escapar, todos los caminos lo conducían al mismo fin, quizá el también terminaría siendo arrastrado hasta el infierno.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Dom Sep 07, 2014 4:59 am

Noah estaba tranquilo, relajado y sereno ante la situación que estaba presenciando. Con una simple llamada le bastaba y le sobraba para limpiar el “desastre” que podían ocasionar en su presencia y quién mejor que Vladimir y su equipo para lidiar con ello. Sus zafiros se vieron cubiertos por unos momentos por sus párpados, permitiéndole a la reina de la noche llenarle por completo. Su extremidad anormal se mantenía aún escondida, más por decisión propia que por comodidad y para no dar algún otro tipo de dato al ruso detrás de él. Ya suficiente tenía con que supiera que era peligroso. Por otra parte, esperaba que desapareciera de su vista mucho antes de que la rata deseara morir, más su mente todavía no ataba los cabos necesarios para aclararle el panorama y descubriera el verdadero propósito del pelirrojo con él. Una bocanada de aire se escapó de sus labios a forma de suspiro, sus manos se encontraban ambas metidas en los bolsillos de su pantalón y su aliento tenía ese conocido sabor a vainilla. Permitió que Vald trabajara con tranquilidad, bajando un poco el mentón y pasando luego a abrir un ojo, girando su rostro hacia un lado con lentitud y observando entre el flequillo.
 
Vladimir era un médico forense de calidad, además de que tenía cualidades como asesino cuando se le presentaba la oportunidad. Era por eso que Noah confiaba en él, no plenamente, pero era una de las escasas personas que consideraba “cercanas” y les tenía respeto. Oh, sí, que Noah puede tenerle respeto a las personas. Sólo tienen que ganárselo. El moreno sonrió de lado al momento de escuchar la voz del volcán en erupción, la forma en que insistía en compartir palabras con él le parecía fascinante. Quería mantenerlo hablando y su insistencia había despertado la curiosidad en Noah, ¿es que alguien puede ser tan irritante e interesante al mismo tiempo? No sabía realmente el porqué de su presencia allí, parado como si fuese un poste de luz dañado en medio de un callejón. Normalmente cualquier persona hubiese huido despavorida al ver siquiera el brillo de una de las gemelas del alemán, más sin embargo el ruso no lo había hecho. Se había quedado allí temblando de miedo, eso  sí.
 
—Nadie te ha preguntado si serás capaz de hacerlo o no porque aquí no ha pasado nada.La elección de palabras del moreno siempre era acertada. Desvió su vista del trabajo de Vladimir al momento en que éste le dirigía por el rabillo del ojo una mirada interrogativa, más no decidió argumentar su duda en voz alta al notificar la sonrisa del moreno adornando sus comisuras. El médico sabía perfectamente que cuando a Noah le interesaba algo, no dejaba de indagar hasta pulir y entender el porqué de su llamada de atención, por lo que siguió trabajando sin interrupciones, mas escuchando atentamente la “conversación” que se desarrollaba. —A ver, ilumíname. —Propuso, alzando una ceja y abriendo el otro ojo en el proceso, sin inmutarse de su lugar pero sin dejar de girar el rostro hacia él. Estaba por añadir algo más, pero la mirada alarmada de su compañero le hizo volver su vista al frente y su semblante, mirada y aura se volvieron serios, casi algo oscuros. Algo no estaba bien.
 
El asesino frunció los labios en una delgada y recta línea, sonó su cuello y estiró un poco sus músculos. Ése sonido de motocicletas no era bienvenido y sabía perfectamente quiénes serían los intrusos. Al parecer se les olvidaba quién era el dueño. Las manos le picaban, empezando a sentir un cosquilleo por todo su cuerpo, la adrenalina estaba comenzando a fluir dentro de él y sus músculos estaban reaccionando a ella como si de una droga se tratase. Las pequeñas piedras en el asfalto temblaban gracias a la gran cantidad de motocicletas que se acercaban. Agradeció infinitamente el haber dejado a su pequeña en un lugar donde estaba seguro no la encontrarían y se había traído todo… No, casi todo su armamento. Le dedicó una rápida mirada a Vladimir, que esperaba ya hubiese recogido el cuerpo de la rata y hubiese desaparecido todo rastro de evidencia posible, pero todo lleva tiempo. Y a veces tiempo es lo que menos se tiene.
 
En ese preciso momento, lo que esperaba que sucedería se presentó ante él, un sinfín de motocicletas que rugían furiosas le encandilaron la vista y un grito de alerta de su compañero alemán le hizo asentir con la cabeza. Cualquier persona en ese momento se hubiese quedado con un semblante serio, preparándose para lo que venía a continuación, pero Noah era diferente. Su mirada sombría se vio intensificada por una sonrisa sádica y absurdamente llena de emoción. Sus ojos se abrieron ampliamente y su cuerpo reaccionó con una habilidad impresionante, claramente demostrando que estaba más que acostumbrado. Un puñetazo le hizo voltear el rostro y escupir un poco de sangre, para luego pasarse el dorso de la mano y limpiar el restante, ¿quién había sido el idiota? Paseó su mirada alrededor, pero sus ojos eran engañados por el montón de luces que jugaban a favor de sus contrincantes. Soltó una breve risa cínica, sintiendo cómo alguien iba a depositarle otra marca en su rostro pero deteniendo ésta acción al agarrarle del cuello, tumbándolo de un rápido movimiento hacia el suelo. Continuó caminando, sacando sus preciosas gemelas de sus escondites para colocarlas una al frente y otra al lado izquierdo.
 
—Han sido malos chicos. —Masculló, para luego comenzar a disparar con una agilidad y precisión impresionantes. ¿Qué sería del ruso? No le importaba, a pesar de que sentía algo de pena por haber dejado perder semejante objeto curioso, siempre podía conseguirse otro. —Vlad, prepárala. Tal vez deba usarla a ella.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Mar Oct 21, 2014 8:15 am

Izquierda. Derecha. Estaban por todos lados. ¿Cuántos tipos habían bajado de esas motocicletas? ¿O es que acaso seguían llegando? No podía saberlo, los golpes no le permitían ver por más que se esforzara en esquivarlos. Estaba algo oxidado en materia de peleas callejeras, apenas podía recordar la última vez que había probado el sabor de su propia sangre.

Los puñetazos iban y venían constantemente, Novak trataba de proteger su rostro lo mejor que podía pero desde aquel golpe en la mandíbula resultaba bastante difícil esquivar exitosamente el aterrizaje de cada golpe. Entonces, comprendió algo, aquello era una danza contra la muerte. Y él, era un bailarín calificado, solo era cuestión de seguir la música y mantenerse en pie hasta que acabara.

Recibió otro golpe en el rostro, fue un fuerte impacto que lo clavó a la pared de ladrillos y por un segundo la danza parecía haber llegado al final. Sin embargo, el pelirrojo sonrió ligeramente, luego de secar un rastro de sangre en la comisura de sus labios con el dorso de la mano derecha. Si danzaba contra la muerte, ¿por qué no habría de sonreírle también?

Permaneció apoyado breves segundos antes de reaccionar, respondiendo con un golpe sumamente efectivo a aquel que lo hostigaba minutos atrás. El sonido que emitió la nariz de su oponente al quebrarse, fue como una vieja melodía para el ruso, quien luego del primer ataque no pudo controlarse. El hombre cayó arrodillado en el suelo, gritando de dolor, entonces Novak vio su oportunidad para deshacerse de él. Sus ojos azules brillaron, tenía esa extraña sensación recorriendo en sus venas, en su interior había algo que le pedía acabar con ese tipo. Pero él no era un asesino. No quería serlo tampoco.

Dio otro golpe al hombre, no tan fuerte pero lo suficiente como para dejarlo en el piso, inmóvil durante un buen rato. Estaba intentando escapar, ya no le importaba saber en que estaba metido aquel joven de cabello negro, resultaba obvio que era algo de una magnitud insospechable y esa información ya era suficiente, por lo menos para él. Las autoridades se encargarían mejor de los asuntos de la investigación. Novak había cumplido su parte del trato, ahora era libre.

Esquivó a cuanto se le cruzara en el camino, más se detuvo cuando oyó disparos. La situación se volvía cada vez más turbia, en un escenario poco favorable para todos. Por extraño que fuera, el sonido de las balas esta vez no espantaron al ruso, sino que llamaron su atención y buscó inmediatamente de donde provenían. Así, encontró al pelinegro una vez más, lo vio deshacerse de unos cuantos tipos con solo jalar un par de veces del gatillo de dos armas idénticas. La agilidad del muchacho a la hora de disparar era impresionante, pero el pelirrojo no podía admirar semejante acto de brutalidad, no cuando su misión era ayudar a las autoridades para detener ese tipo de situaciones.

Se acercó corriendo, limpiando el camino a golpes, dejando que sus manos se ensuciaran con la sangre de otros, solo para acercarse al joven que empuñaba las peligrosas armas. Observó como la mirada del muchacho brillaba, como si se tratara de un juego muy divertido. Intentó no fruncir el ceño, por lo que desvió la mirada y sonrió sin ganas.

- La retirada no es una opción, ¿cierto? - habló en tono ligeramente divertido, sabía que no era cuestionable la idea de irse o permanecer allí y acabar con todos y cada uno de ellos. La mirada en los ojos del chico lo decían todo, era imposible abandonar hasta que la última gota de sangre no fuera derramada en aquel suelo.Más cuando tenía un as bajo la manga, aquel que podía otorgarle lo que más deseaba: ganar.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Noah Levine el Lun Dic 22, 2014 5:32 pm

Quizás era demasiado todo lo que estaba sucediendo, disparos por parte del pelinegro y por parte ajena, yendo y viniendo una y otra vez, siendo esquivados por el mismo con un peligroso esfuerzo de no perder la concentración, pero viendo la enorme excitación que aquello le causaba, estaba seguro que no habría problemas. Además de los disparos, los gritos adoloridos de los contrincantes también abundaban en el ambiente, puñetazos y golpes que eran devueltos por, suponía, el ruso pelirrojo de antes y también impartidos por las ratas que decidieron no más que probar su cobardía, puesto que tenían que venir en grupo para intentar acabar con un solo hombre, o bueno, dos dado el caso que se encontraba en compañía del muchacho antes mencionado.
 
Noah desvió su mirada hacia Vladimir, que estaba impartiendo unos cuantos golpes también, y lo observó asentir ante su petición. Que el alemán decidiera sacarla era símbolo de que se la estaba pasando en grande. Para mala suerte suya, el desviar la mirada permitió que uno de las ratas se acercara en medio de toda la conmoción lo suficiente para que fuese tarde para Noah el esquivar el siguiente golpe, aunque para su leve sorpresa, era una bala lo que se acercaba a él. Movió un poco el rostro consiguiendo que la bala le rozase el pómulo diestro y comenzara a sangrarle el mismo, llenándole la mejilla de sangre. El alemán chasqueó la lengua y colocó sus orbes helados en la persona responsable, recibiendo ahora un puñetazo por el lado izquierdo, el cual ocasionó que se aturdieran un poco sus sentidos y se agachara un poco, aunque sin colocar su rodilla en el suelo. Sonrió brevemente con un brillo peligroso en los ojos y se incorporó delineándose el golpe con el dedo pulgar, giró una de las pistolas por el gatillo y la apuntó hacia el frente, disparando sin siquiera pestañear.
 
—Maldito desgraciado. —Escupió, limpiándose de nuevo la boca con el dorso de la mano y observando la sangre que había en ella. —Genial. —Era increíble la cantidad de engendros que habían venido a “vengar” a su amiguito, Noah se volteó con rapidez para observar alrededor y, en el momento que volvía a ver al frente, notó que se le era lanzado algo. Lo tomó con la mano zurda no sin antes guardar la gemela en su lugar respectivo y contempló el forro rojizo que contenía a su pequeña amiga. Guardó la otra gemela y en un rápido movimiento sacó la katana que estaba dentro, tirando el forro a un lado y alzando una ceja hacia Vladimir. —Ya te estabas tardando. —Rió brevemente, colocándose la espada al frente de sí y comenzando a sacarla para apreciar su hoja, la cual brillaba levemente ante la luz de la luna.
 
—No creas que es fácil llegar a ti cuando te andas moviendo a cada rato y tienes un montón de imbéciles queriendo clavarte un golpe, Noah. —El muchacho esbozó una sonrisa felina, demostrando su diversión y la cierta gracia que le causaban aquellas palabras. —En fin, yo me retiro, llámame cuando termines y quieras que limpie... —Se cortó por el puñetazo de una de las ratas, cortándolo desde arriba y tomándolo luego por el brazo para torcérselo detrás de la espalda. —…este desastre. —Noah desvió su mirada asintiendo, sin dejar de sonreír, y sacó la katana por completo, caminando unos pasos al frente para luego colocarse en posición y analizar a quién debía cortar primero. Sin embargo, fue en ese momento también que sintió la presencia de el ruso, que se había perdido hacía un rato.
   
—Pensé que estarías muerto. —Esa y otras formas de saludar, por Noah Levine. —¿En serio me estás preguntando eso? —Rió por lo bajo sin dejar de mirar al frente, esperando a que alguna de las ratas se acercara, o al menos era una excusa para mantenerse allí conversando con el joven. —Huir es de cobardes. —Concluyó y echó a andar, esquivando algunos disparos. Lo que más le gustaba eran las peleas cuerpo a cuerpo, pero eran mucho más divertidas cuando estaba acompañado de ella. Esquivó un puñetazo que iba para su estómago y movió su muñeca en un movimiento circular para juguetear un poco con la katana, pasando luego a sonreír y cortar en forma vertical el torso de la rata, terminando con cortar el aire en un rápido movimiento para retirar la sangre de la hoja. —Hm, ¿quién es el siguiente?
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Novak Kuznetsov el Jue Feb 05, 2015 12:10 am

La respuesta del pelinegro sacó una ligera sonrisa de los labios del pelirrojo, siendo sus palabras tal y como había pensado al momento de realizar su pregunta. No le extrañaba que a los ojos del muchacho huir era sinónimo de cobardía, más sin embargo no pudo evitar preguntárselo. Se veía en la obligación de seguir adelante con su búsqueda, recopilando toda la información posible de aquel joven cuya sed de sangre a esta altura parecía insaciable.

Novak se dedicó a cubrirle la espalda cuando el otro echó andar poseído por el deseo de tomar una vida tras otra. El ruso pudo observar los movimientos magistrales con los que guiaba una katana, lo que significaba que no solo era un experto en armas de fuego sino también con las armas blancas. El joven era la joya de la muerte; Matando a diestra y siniestra, sin un dejo de culpa, sin remordimientos. No había un por qué, no había una conclusión clara, nada que pudiera revelar en qué o con quién estaba metido el joven de cabello oscuro. Todo lo llevaba a un callejón sin salida, ¿sería una extraña coincidencia o una absurda paradoja?

Un hombre se abalanzó sobre el pelirrojo, tomándolo por sorpresa, y ajustó su brazo alrededor del cuello de Novak. El aire dejó de parecer suficiente, los movimientos que realizaba en un intento por liberarse del agarre eran lentos, insuficientes. ¿Por qué la muerte no abandonaba ese callejón de una vez? Estaba cansado de pelear, agotado mentalmente por la presión que sentía con respecto a la tarea que se le había encomendado. Conseguir información no era nada sencillo, se había imaginado las cosas de manera diferente, y todo era a causa de esa mujer...Entonces, se dio cuenta de algo, un pensamiento cruzó su mente. No era nada que no hubiera pensado antes, sino que lo había ocultado, creyendo que era algo imposible. Pero, ¿Qué tal si sólo lo había utilizado? ¿Y si lo había enviado como sacrificio, tratando de conseguir otra información? Más lo pensaba y más creía en esas palabras. ¿Desde cuando él caía tan fácilmente por los encantos de una mujer? Estaba haciendo el papel de tonto. La frustración y el enojo de apoderaron de él, en el momento justo que parecía quedarle solo el último aliento. Se sirvió de la fuerza de sus emociones para liberarse, impactando con el codo sobre el estómago ajeno, para luego tomar el brazo del hombre y torcerlo hasta que pudiera oír el crujiente sonido de su hueso quebrándose. Repentinamente estaba ciego de ira, necesitaba descargarse.

- Te metiste con el tipo equivocado - le dijo antes de golpear incontables veces al sujeto. Después de los primeros golpes el otro cayó al suelo y siguió recibiendo una paliza de parte del ruso cuyo puño no tardó en teñirse del color de su cabellera, pero éste parecía no darse cuenta. El cuerpo del hombre había dejado de moverse de un momento a otro y aún así Novak seguía impactando sobre el rostro ya desfigurado. Su mente estaba aislada, su conciencia había abandonado su cuerpo dejando solo a los instintos más básicos. Mientras, a lo lejos, las sirenas de la policía comenzaban a acercarse rápidamente y a la misma velocidad fueron huyendo las ratas que habían orquestado una absurda emboscada. El pelirrojo volvió en sí al oír el grito de uno de los hombres que indicaba la inmediata retirada de aquel sitio.

Buscó al pelinegro, pero entre tanto movimiento apenas podía mirar con atención. O quizás había aprovechado el momento para escapar, lo cual era más que probable. Se quedó de pie, sin saber que hacer, pensando que lo mejor sería permanecer allí y entregarse, dar testimonio de lo que había ocurrido y quien sabe, quizá pasar un tiempo tras las rejas. Estaba seguro que era lo justo.
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Re: El muerto no declara...{Priv. Noah L.}

Mensaje por Tema Cerrado el Jue Ene 07, 2016 8:47 pm

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