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Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

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Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Vie Mar 07, 2014 5:03 pm

-“Echó un último vistazo antes de cruzar la puerta, de abandonar la seguridad que le brindaba y convencerse a sí mismo de que la verdad le esperaba. No quiso olvidar la última palabra que oyó de sus labios, ni la lágrima que atrevida se deslizaba por su desnuda mejilla. En su interior, silencioso y oscuro, bajo la tenue luz de la soledad, prometió guardar, como si de un tesoro único se tratase, aquella expresión que emergió de su más profundo ser… Aquella percepción que su femenina voz le regaló antes de… Desaparecer.” – emití una cálida sonrisa tras leer esas últimas líneas, al tiempo que descendía el libro que sostenía con mi mano izquierda y lo dejaba reposar sobre mi propio regazo. – Podría ser interesante plantearlo en clase. – la derecha, la cual sujetaba un cigarrillo a medias, ascendía hasta colocarse entre mis labios para que pudiera disfrutar de una larga calada. – Los jóvenes de hoy en día desconocen el auténtico significado de la palabra “voluntad”. Y este autor… - desvié la mirada hacia un lado para observar la minúscula pila de tomos literarios que había subido conmigo a la azotea del instituto. – Eh… Es bueno, pero todavía quedan más candidatos.

Dulce atardecer invernal. La actividad de la zona se reducía y el bullicio se alejaba. No tenía planes. Así que… ¿Que mejor manera de pasar el tiempo que saquear la biblioteca y perderse entre literatos?  Dicho y hecho. Un total de once, o doce, volúmenes fueron elegidos para que me acompañasen en mi búsqueda. Once, o doce, que permanecían junto a mí mientras seguía sentado en el suelo más solo que la una. Preparar futuras clases no era aburrido pero tampoco fácil. A muchos podía importarles poco, a la mayoría, sí, pero dentro de la globalidad todavía existían alumnos exigentes que querían saber y saber. ¿Y quién era yo para defraudarles? ¿Un excéntrico recién llegado que deambulaba con libros acuestas  captando alguna que otra mirada de extrañeza, tal vez? Bueno, dejando esa cuestión por el momento… Quedaban más textos por revisar antes de elegir el tema para el próximo día. Di una segunda calada  y devolví  el libro que usaba a la pila. Suspiré.

-Vamos, Tatsumi, tómate un par de minutos. – me aconsejé. La verdad es que no había parado ni un segundo durante aquella activa jornada. Total, tenía que ponerme al día, ¿no? Aunque una pausa, ¿a quién le causaría mal? A nadie, ¿verdad?

Me levanté y caminé una serie de pasos, alejándome de los libros y la puerta de entrada al recinto para acercarme al borde vallado. Lo coherente hubiese sido trabajar en la sala de profesores pero pasar demasiado tiempo entre paredes podía resultar asfixiante…

-A este sitio le falta una máquina de café… Y compañía. Si sigo hablando solo pareceré más loco de lo normal… - solté una pequeña carcajada, fijándome en el paisaje que se alzaba frente a mí. ¿Loco? En el fondo, todos lo éramos. Unos más tímidos que otros.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Vie Mar 07, 2014 8:50 pm

Lis no se consideraba en general una persona muy dependiente del gremio, si bien si poseía un instinto gremial, se consideraba a si mismo demasiado individualista, si no puedes hacerlo tú mismo…que inútil eres, aun así era consciente de los beneficios de los grupos y del colectivismo, además de sus propias limitaciones ante la fuerza de cohesión grupal, y esas basuras que tanto habían inculcado sus tutores que alababan la Psicología Social.

Él en cambio prefería mas la oportunidad de estar solo para pensar, para su gusto era demasiado reflexivo, poco expresivo al hablar y demasiado ambiguo al expresarse, y lo hacía deliberadamente, porque sabía que cada quien tenía su propia interpretación del sí mismo y del otro, así como del ambiente y del interior, por lo cual sus palabras, acciones y decisiones eras constantemente interpretadas por los demás bajo sus propios estándares de realidad.

Así fue como decidió una vez más rehuir a la sala del profesorado, tenía trabajando en el Sweet Amoris, ya un par de semanas y aun no se había decidido a platicar con nadie, ya fuera porque se concentraba a posta en sus clases pasando del resto, muy a propósito de no ser ignorado por su relativo estado de “Nuevo”, o porque simplemente, era muy incómodo no conocer la dinámica que manejaban los más veteranos al referirse y tratarse entre ellos, ellos poseían sus chistes locales, sus apodos y sus jerarquías y él…bueno él era “Nuevo”, bendito estigma de los recién llegados que deben integrarse a un círculo social con una dinámica ya establecida, donde todos los demás resultan, intrusos, bacterias, virus, rupturas en la continuidad, o sea una falla no premeditada, inesperada, y por si eso fuera poco, su amor por la vagancia lo hacía poco permanente entre paredes, a menos que tenga algo que le retenga como un buen libro, o una comida atrayente en la mesa, si no existe el estará con seguridad en un lugar donde pueda respirar a sus anchas, sin sentir que los demás le observan.

Tras escapar deliberadamente del ambiente encerrado y aislado de la sala del profesorado se dirigió con intención de tomar el fresco en la azotea, que si bien estaba restringida para los alumnos, los maestros gozaban de inmunidad al respecto, subió las escaleras topando de frente con la puerta metálica, su mano se colocó en el pomo, y lo giro tras dejar escapar un suspiro, un olor ligero a tabaco le indico que era mejor levantar la mirada del zarpeado techo de cemento, pues al parecer alguien más ocupaba la azotea, al hacerlo noto a alguien recargado en el enrejado, no le reconocía, ni siquiera le figuraba entre los “Solo te he visto pasar”, por lo que cierta curiosidad afloro en su interior.

-Amhh…Buenas, ¿Le incomoda si me quedo?, no quiero regresar abajo-

Dijo mientras su mano derecha apuntaba con el pulgar tras su espalda como si hiciese alusión a las escaleras, era interesante que prefiriera quedarse ahí, entre libros y no estar abajo, por lo regular los profesores del Sweet Amoris estaban mucho tiempo por los pasillos, más que tratando entre ellos, era como si juntarse entre ellos no fuese muy cómodo, consideraba que las mas sociales eran las mujeres, en cambio los profesores parecían un caso peculiar en su individualidad y se repelían entre ellos, por lo cual no había entablado amistad con nadie.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Sáb Mar 08, 2014 3:14 pm

Si no hubiese sido porque la voz que irrumpió mi monólogo tenía una entonación distinta a la mía y el punto de origen físico que la determinó estaba algo alejado de mi propia anatomía, hubiese jurado que mi “locura oratoria” se había hecho patente y alguna división de mi ser estaba contestando a mis plegarias. Pedí compañía y allí la tenía. ¿Casualidad? Lo más lógico era pensar que sí, pero… ¿Y lo divertido que hubiese sido comprobar de primera mano que todo aquello que pidiese se convertiría en realidad al instante perdiendo su esencia deseable? Como un genio que escapase de la lámpara a mi antojo para concederme aquello que le sugiriese hasta otorgarle la libertad merecida por sus actos.

Supuse que se trató de algo instintivo eso de bajar el brazo junto al cigarrillo sostenido para ocultarlo en un segundo plano tras mi cadera, con cierto disimulo, al encarar a mi inesperado interlocutor. Debía guardar las formas, pues, no sabía a quién tenía delante. ¿Alumno? ¿Profesor? ¿Personal del centro?  Fumar delante de los más jóvenes podía ser un problema, un ejemplo al que aferrarse. Ya se sabe, ¿no? “Si un profesor puede hacerlo, ¿por qué él no?” Y agarrándose a ese vano concepto, lo harían y a lo grande, exageradamente.  Ahora bien, si aquel hombre era de un círculo distinto al del alumnado, la cosa podía variar, o no. Sencillamente, era un proceso maniático o de gustos. Cada cual era un mundo, un enigma por resolver. Lo mismo podía molestarle que fumase a que le resultase indiferente, o se animase a compartir ese "delito" conmigo. Pero más allá de aquello, lo más importante… ¿Le conocía?

Me habría apartado un mínimo las lentes, sin llegar a deshacerme de ellas, para fijar la mirada sobre la apariencia del caballero, pero sé que no me habría servido para recordar nada de él. Por favor, quitarme las gafas significaba no ver nada, pero nada de nada. Lo sumo contemplar una sombra borrosa en un entorno claro u oscuro. Y la borrosidad no suele ayudar a identificar. Mejor recolocárselas. Así, la mano libre se deslizó sobre el puente de mi nariz para subir la estructura de aquellas, ampliando mi campo de visión, siendo el punto de fuga aquel “desconocido”. Permanecí durante unos segundos en completo silencio, observándole con cierto descaro. No tenía muy claro si le había visto con anterioridad. Quizás podía habérmelo cruzado en la entrada, en los pasillos, en alguna sala. O en ningún sitio. Ni idea. Tampoco podía determinar del todo si era un alumno o un compañero de travesía. Tenía un aspecto joven y saludable, podía ser tanto una cosa como la otra, ¿no? La zona podía gozar de cierto nivel de restricción, sí, pero superar la tentación de lo prohibido iba implícito en la naturaleza del ser humano. Romper reglas era el pasatiempo de muchos. No podía descartar nada. Aunque, un momento, ¿por qué me estaba complicando tanto? Con lo sencillo que podían ser las cosas a veces…

Negué con la cabeza y sonreí. Solté el cigarrillo, el cual acabó en el suelo y siendo pisoteado por mí para apagarlo por completo. No era plan llegar e incendiar el instituto. Ser un pirómano casual no quedaría bien en mi currículum. Me sacudí las manos y me acerqué hasta él. Frente a frente, manteniendo esa peculiar línea de respeto que abarcaba el espacio personal de uno y otro.

-¿A esta hora? Nadie quiere hacerlo. – afirmé ante su curioso comentario. – Una vez el “rebaño” ha cumplido su cometido, es hora de buscar aire fresco hasta que el “pastor” nos reclame. ¿Por qué privarnos de él? – una alegoría que indicaba que así era como la sociedad se había establecido en la actualidad. Todos acudíamos a los mismos sitios, a las mismas horas, como ovejas dirigidas… Salirse del plan se consideraba “revolución” y adueñarse de la etiqueta de “oveja negra”. Bueno, a veces, merecía la pena ser una “oveja negra”. – Quédese. No creo que el “pastor” venga hasta aquí. Y si aparece, siempre podemos “saltar”.

Le tendí una de las dos manos con amabilidad, a modo de saludo, que podía estrechar o no.

-Tatsumi Yoda, el nuevo profesor de literatura. O eso dicen. – la pausa le dejaba un margen cómodo por si quería presentarse. Esperaba que lo hiciese. Quería saber y para saber había que preguntar, directa o indirectamente. He ahí la sencillez de la que hablaba...
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Lun Mar 10, 2014 6:45 pm

Su mirada se quedo fija en el otro, algo de su forma de hablar era, por demás singular, fuera del estándar que los demás usaban al hacerlo, rio levemente ante su comentario de “saltar”, y sus ojos se movieron hacia las escaleras de metal que servían para el mantenimiento del edificio

-Si no es molestia preferiría descarrillar por las escaleras y no de un salto directo por la azotea-

Sonrio de medio labio y estrecho la mano del otro con simpatía, le agradaba su singular forma de expresarse, era algo que salía de la rutina diaria, alguien como Lis que vivía algo sumergido en ella, por mas que luchara por ser mas anormal que normal, agradecia a aquellos que rompían con lo común.

-Lis Belaya, en medio va otro nombre pero significaría tener que decir el porque de mi nombre y ya lo hice un cliché asi que variare por hoy-

Solto la mano del otro y miro con tranquilidad los libros apilados, levanto la mirada y sonrio, era poco común que en si mismo decidiera no buscar otro lugar para estar, regularmente cuando rehuía a la sala de profesores era porque quería estar solo, pero en esta ocasión le agrado la idea de no ser el único buscando aire fresco.

Aunque mas que oveja se sentía un zorro, razones sobraban para eso, regularmente nadie quiere sentirse depredador o amenaza, a él le era indiferente, todos escogían sus propios caminos, y eso mismo hacia.

-¿Qué le hizo subir aca?, A mi el aire y la poca aglomeración-

Sonrio dándole tiempo al otro para contestar, porque si no lo hacia era probable que se tendiera en algún monologo analítico de su propia línea de pensamientos y eso resultaba muy egocéntrico de su parte.

Rió para sus adentros que fácil era limitarse por las normas sociales y no permitirse ser un libido completamente expuesto, si no el ser humano seria una de esas criaturas sumamente peligrosas que hacen a placer lo que quieren llevándose a si mismo a la extinción.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Mar Mar 11, 2014 1:33 am

Lis Belaya. Con un vacío entre nombre y apellido. Un vacío con significado, con vida propia que omitía para no tener que explicar la historia que pudiera esconder detrás. ¿Por qué? Me gustaban las historias, a través de su contenido podía adivinarse más de que lo cualquiera pudiera contar de mutua voz. Ah… Cuidado. El tiempo me había enseñado una lección básica: “el hombre que no quiere ser investigado, no regala pistas, no dibuja indicios, ni anuncia; por lo cual, aquel que quiere ser escuchado, habla sin hablar, mira sin mirar y toca sin tocar.” ¿Astucia o paranoia personal? Algo por descifrar. Disimularía, no quería pecar de cotilla de buenas a primera, pero tarde o temprano, acabaría enterándome.

-Hay saltos y saltos, Señor Belaya. – maticé sin tutear, sonriente, llevándome las manos hasta la nuca, permitiendo que mis brazos quedaran ligeramente flexionados y dirigiendo la mirada hacia la pila cercana. – Lo que importa es… Lo que pueda suceder durante la “caída”. – metafóricamente hablando.

Le había escuchado con atención, satisfecho con la rutinaria presentación aceptada. Dato curioso: no esclareció el asunto de profesor o alumno. ¿Otra omisión? Interesante cuestión.

-Inspiración y espacio me arrastraron hasta esta azotea. – una respuesta fugaz y concentrada a su pregunta. Se había percatado del material por allá esparcido. Bueno, era complicado no hacerlo. ¿Aire y poca aglomeración? Mmm... – Hay quien gusta de encerrarse en un sótano abarrotado de libros y quien prefiere sacarlos a pasear. ¿La verdad? Para apreciar la auténtica naturaleza de una idea plasmada lo mejor, a mi parecer, es hacerlo en plena libertad. Sin muros, sin límites, sin ojos incautos. – acabado el tenue estiramiento, brazos en descenso, introduje las manos en el interior de los bolsillos de mi pantalón, regresando mi mirada sobre Lis. - Otros, en cambio, optan por recluirse en despachos, o ciénagas lúgubres, a la  luz de una vela inacabada... Ya sabe. – o no, no tenía por qué. ¿De qué clase sería él? – Digamos que  me he establecido aquí, cual bardo ambulante, para facilitar mi búsqueda entre hojas y hojas. – más o menos. -  Desde mi posición, supone más placer que trabajo. Disfrutar leyendo en silencio y al aire libre no tiene precio, aunque sea un deber… Pero, dígame… ¿Suele frecuentar mucho este sitio o es de los que no deberían estar por esta zona? No recuerdo haberle visto antes. – tampoco podía presumir de llevar tiempo más que suficiente para atreverme a tal afirmación, pero así era la vida. - Le admito que es un buen lugar, siempre que no acabemos todos aquí arriba. – añadí socarrón. – O… Nos veremos obligados a encontrar aire y “soledad” en otra parcela.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Miér Mar 12, 2014 8:24 pm

Seguía aquel individuo, haciendo su mente trabajar un poco más de lo normal, mas acostumbrado a un léxico menos rebuscado, menos metafórico y sin mucha figurativa, ya que la manada común no suele expresarse cual libro de novela victoriana, ligeramente traducía a la era moderna, una leve risita quiso escapar de entre sus labios, haciendo que se encogiera sobre si en un intento de contenerse a sí mismo, aun así una mueca de risa contenida quedo en su rostro por escasos segundos más mientras se recomponía y enderezaba en su totalidad

- Si, supongo que sí, pero qué más da rotar por el mundo, si lo divertido es no estar siempre en el mismo lugar, aunque el humano dependa de la rutina y lo cotidiano-

Entre esas disyuntivas filosóficas, y lo poco común del léxico del otro, ya se sentía de nuevo en sus años de vago estudiante universitario que reñía con los estudiantes literatos y los estudiantes filósofos de las facultades vecinas, donde al igual que sus compañeros y hermanos de facultad, argumentaban que aunque la psicología se desprendía de la filosofía, eran un poco más estructurados y menos ambiguos, claro que era una gran falacia, ya que de científicos no tenían mucho, y de ambiguos se podría decir que tenían tela para pisar y cortar.

-¿Así que prepara su clase?, yo prefiero hacerlo en el patio o el jardín, los chicos de jardinería son muy silenciosos y suelen desaparecer sin que lo notes, y el patio tiene suficientes bancas y espacios ocultos como para poder escabullirse y trabajar en paz-

Sonrió suavemente y se recargo en la pared tras dejar de lado la puerta, permitiéndole a sus espalda apegarse a la fría esencia del muro mirando con tranquilidad al otro

- Yo enseño Psicología, y soy relativamente nuevo, más veterano que usted, pero menos que el resto, así quedo a flote de la dinámica interior de la sala de profesores y detesto eso, por eso vago por el instituto-

Rió con levedad encogiendo a placer los hombros una vez más, bendita costumbre, comenzaba a creer que era mejor dejarla estar que intentar dominarla y anularla ya que solo terminaba causándose frustración a si mismo al no poder contenerla con la exitosa frecuencia que quisiera.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Sáb Mar 15, 2014 12:26 am

-Cual fantasma errante... – vagaba…

Bingo: profesor. ¿De Psicología? No pude evitarlo, es más, no quise evitarlo, la ceja derecha se alzó, tomando mi rostro una expresión de sorpresa momentánea, mientras repasaba su exterior. Podía hacer un pequeño esfuerzo por ahondar entre mis recuerdos y por mucho que fisgonease en ellos, no encontraría la recurrente figura de ningún psicólogo conocido, así de primeras, o por mera preinscripción “profesional”, durante mi trayectoria personal. Vaya, vaya… Ignorante, o no, la imagen de aquel no se me correspondía con la de un “psicólogo”. Me hubiese aventurado por un ámbito más matemático y sólido, en vez de por algo más reflexivo y desconocido. De acuerdo, a su modo, la psicología tonteaba en mares científicos, pero también se revolcaba con los principios más humanistas que uno pudiera considerar. Era una de esas mezclas donde se confundían fácilmente teoría y práctica, fundamento y concepto, incluso, percepciones individualistas y universales. Oh, pero centrándonos en lo importante, mi visión del conjunto me había llevado a un error. Prejuzgando nada más obtener información básica, ¿en qué pensaba? A pesar de las vivencias del hombre, había conductas a las que ningún ser podía negarse, véase la que recién había tenido en una callada interior.  

-Así que psicólogo, ¿eh? – la pausa precedió a esas palabras que confirmaban lo oído. Docente o no, su rama le catalogaba de serlo, como a mí podían tacharme de infame escritor. No era que aprobase las etiquetas pero el mundo se regía por ellas y todo, absolutamente todo, giraba en torno a su enfermizo núcleo, como si se tratase de un engranaje en perfecta conexión y unión, luciendo un funcionamiento puntual e idóneo. – Si me permite… - ¿nervioso? De repente, un poco. Asimilar su profesión con cierta naturaleza clínica, me hizo tensarme levemente.

Unas manos que se volvieron inquietas dentro de mis bolsillos rebuscaron para acabar extrayendo un paquetillo de cigarros y su respectivo mechero. Otra cosa que no pude evitar, ponerme a fumar. Bueno, me había dejado el anterior a medias y necesitaba una ayudita para recuperar la calma con disimulo… Saqué uno de los inmaculados cilindros y lo llevé hasta mis labios para encenderlo antes de volver a guardar la cajetilla y el encendedor. Unos pasos de aquí para allá, me colocaron junto a Lis, a un lado. Imitándole, apoyé la espalda  y la suela de uno de mis zapatos contra la pared, manteniendo la pierna flexionada. Una rápida calada liberó aire y la ocupación plena de mi boca.

-Psicólogo… - se me escapó una risa seguida de aquel susurro que podía parecer cínica, pero que no pretendía serlo. Si Eiichiro hubiese estado allí, con nosotros... Madre mía... - ¿Sabe? Hay quien dice que hace mucho que tendría que haberme dejado “aconsejar” por algún colega como usted, de lo suyo. A lo que yo respondo que hace mucho que hubiese necesitado muchas cosas. – una redundancia camuflada cual confesión de gratis que podía interesarle o no, pero que emití por voluntad propia. – Y veterano, ni más, ni menos. Bueno, eso es algo relativo, ¿no cree? Si lo dice porque lleva aquí más tiempo que servidor, no voy a negárselo. Las evidencias no pueden ser negadas. Ahora, si hablamos de experiencia como tal… ¿Cómo podríamos cuantificar quién es más veterano? – desde luego, me iba por las ramas, me gustaba, iba con el pack completo. – Pero… De acuerdo, no me avergüenza admitir que soy el novato. Sólo espero que no haya inocentadas por aquí, prefiero aceptarlo que tener que sufrirlo. Bastante me cuesta prepararles material decente a esos pequeños granujas. – una nueva calada di para relajarme, sacudiendo la ceniza en el suelo y girando mi mirada hacia el otro profesor. – Una duda… Me ha resultado paradójico algo de lo que ha comentado… Veamos, ¿no es curioso que busque donde esconderse cuando ejerce una enseñanza que lo que pretende es precisamente esclarecer y sacar a la luz lo que se oculta en nuestra mente a nivel emocional? Siempre imaginé que la Psicología se encargaba de llenar el silencio de otros y aquel que la impartía gustaba de ser sociable. Y, en cambio, usted prefiere “alejarse”. ¿Es una cuestión de “seguridad" y "adaptabilidad", o hay algo más en su actitud? – cuidado, podía volver a errar, claro que sí.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Sáb Mar 15, 2014 1:05 am

Le miro de reojo, después miro de nuevo al frente y pego su cabeza a la pared mirando el techo, y por eso no decía que era Psicólogo, todos tenían demasiados mitos sobre la carrera, sociables, eso le hacía querer reír, parecía que nadie lidiaba con un psicoanalista ortodoxo como fueron varios de sus maestros, frio, distantes, siempre mirándote por encima del hombro, conductistas ortodoxos, Dios nos libre de ellos, peores que un entrenador de perros, ya que estos trabajan con personas no con animales.

Carraspeo un poco y cerró los ojos, tras abrirlos se giró quedando de costado para mirar al otro y le miró fijamente

-No se necesita ser psicólogo para decirle que si no es por voluntad propia, nadie puede ayudarte, y que tus problemas solo los entenderás tu-

Se separó de la pared y se encamino a la rejilla donde había encontrado recargado al otro recargándose de espaldas a esta apoyando los codos para hacer soporte y extendiendo las piernas a lo largo cruzándolas por los tobillos

-Segundo lo digo por tiempo no por experiencia, de hecho mi primera clase fue muy aterradora y desastrosa, sobre todo porque mi materia es optativa, solo tuve dos alumnos !Viva, yo¡-

Lo dijo con mucho sarcasmo lo último mientras hacía fiestas aguadas con las manos sin siquiera levantar los brazos

-Y tercero Sociales no somos, si te gusta lo grupal, lo social o el trabajo gubernamental, entonces eres sociable, cuando te pones entre cuatro paredes a escuchar los problemas de amas de casa sin sexo, empleado Godínez sin motivación, o adolecentes siendo adolescentes entonces eres aspirante a Buda o mártir, yo pase un año de mi vida vendiendo mi alma por dinero aplicando test en una empresa, ¿se entiende?-

Eso era lo que los psicólogos hacían, luchar con los problemas propios y de otros, y aun así los tachaban de casi brujos.

-Los psicólogos, nos etiquetamos entre nosotros, pero no a las personas, los organizacionales, venden su alma a las empresas, los psicoanalistas todos con la madre, los conductistas a hacer babear perros, los humanistas todo aquí y ahora, pero pasas más de la mitad de tu carrera sabiendo que los prejuicios son la madre de todos los problemas sociales y sin embargo la sociedad lo prefiere así-

Suspiro y se pasó una mano cansada por los cabellos y sonrió de medio lado con languidez

-Nos dicen que no somos quienes para juzgar, te lo enseñan en toda la carrera y al salir, eres un desempleado más, al que contratar, y cuando los demás saben que estudias o a que te dedicas nunca falta, y disculpe la expresión, las preguntas bobas, todos tienen una idea y empoderan al psicólogo de algún artífice mágico, poderoso del cual no poseemos nada, somos humanos solo que nuestro gusto va de observar, analizar, escuchar, deducimos-

Sonrió un poco más y se acomodó mejor en la rejilla cruzando los brazos sobre su abdomen de manera relajada, sabía que estaba hablando mucho, pero quería que por una vez alguien entendiera lo difícil que era su carrera, todos la lindaban de fácil, de mítica y de caso algo similar a la astrología y esas chácharas de pláticas motivacionales.

- Tengo que admitir, que no lo sabemos, siempre estamos con miedo, trabajamos con gente, emociones, al comenzar las practicas sientes un nudo en el estómago, un pánico tremendo y aun así entras en cámara gesell con una sonrisa o lo más sereno que puedes, porque ahí alguien ahí que está depositando un algo en ti, y tienes que recibirlo aceptarlo y devolverle algo, es…es complicado, lloran, ríen se enfadan, te atacan, te gritan, y nadie fuera de un consultorio debe saber quién, como, cuando ni porque, solo tú y tu cliente, compañero o paciente, dependiendo de tu rama es como le llamas, pero todos se hacen cargo, es por eso que soy psicólogo, amo serlo, solo nosotros vemos el monstruo bajo la cama de la gente y le ayudamos a que lo vea a los ojos y decida qué hacer con él, y para eso no se necesita ser sociable, solo empático, además no estas para hacer amigos, estas para contener, para esclarecer y dejar ir, por eso soy poco sociable, si te apegas solo lo justo, no te será tan doloroso ni difícil dejarlo ir-

Vaya le había dado una catedra al otro y de seguro que le había aburrido, pero ni de broma se disculparía, creía en lo que decía y no pediría perdón por ello, solo evitaría dejarse llevar así con mucha frecuencia.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Sáb Mar 15, 2014 5:49 pm

Un comportamiento de lo más intrigante. ¿Acaso había tocado algo que no debía tocar o esa casi “irascibilidad” procedía de la mismísima nada? Imposible. Como decían, cada acto tenía su consecuencia, cada estímulo su reacción y cada pregunta su respuesta. Sobre mis “problemas” y mi “voluntad” no iba a discutirle, tenía toda la razón. No estaba dispuesto a que nadie entendiese mis dificultades, a que me ayudasen siquiera, eran tiempos en los que la inmadurez emocional guiaba mis impulsos. Ahora, analizándolo todo desde un punto de vista más objetivo y maduro, comprendía que de haber permitido la participación en mi día a día de un psicólogo, posiblemente, habría evitado hacer muchísimas de las tonterías que hice. Pero, a lo pasado agua, ¿no? No servía lamentarse de lo ocurrido en el pasado, como tampoco servía hacerlo en el presente.

Continuaba fumando, respetando aquel arranque del otro donde hablaba con intensidad, y no lo hacía por hacer, en el fondo había algo más, algo denominado “insatisfacción”, o eso me transmitía. Sin moverme de mi sitio, mis orbes se clavaron sobre el profesor, controlando su desplazamiento y su expresión. Lo mismo se mostraba resignado, que irónico, que enigmático, que apacible. Variaciones intermitentes y prolongadas, igual que su oratoria. Un discurso de lo más concienzudo, había que añadir. ¿Intentaba convencerme a mí o reforzar su propia opinión? Pudiera de tratarse de ambas. El caso era que todo lo que empezaba, debía tener su final y cuando el hombre dejó de hablar, yo, bueno… Comencé a reírme, sonoramente, con ganas, aprovechando alguna calada de más.

-Sí que necesitaba desahogarse, ¿eh? – antes que psicólogo era humano, ¿se le olvidaba ese detalle? - ¿Quiere un cigarrillo, Belaya? – quise tomarme la libertad de nombrarle por su apellido, como si nada, como si lo conociera de antes. – Parece más tenso que yo, y ya es decir. – para que nadie se confundiera, respetaba sus argumentos, pero la forma de exponerlos me divirtió. Y reír era una excelente terapia. Para él y para mí. – No sé en qué momento habrá podido entender que ser sociable, o no, tiene alguna connotación negativa. Considero que las relaciones son un tema demasiado personal para que nadie deba opinar. Pero, hay un par de cosas que no está considerando. La primera es que el hombre es social por naturaleza, más o menos, para avanzar y desarrollarse siempre tendrá que contar con el apoyo de otro, aunque solamente contemos a una única persona dentro de su círculo. Y lo segundo es que de forma indirecta acaba de desvelarle una de sus mayores debilidades: apegarse a alguien. ¿Eso es lo que teme? Porque si es así, creo que su lucha es inútil, que esconderse o alejarse no le servirá. Cada uno de nosotros  termina apegándose a otro irremediablemente: familia, amigos, compañeros, pareja. No importa el vínculo en sí, sino su fuerza. Y eso conlleva serios riesgos. Ya sabe, ¿no? Lo que se tiene siempre representa una oportunidad de pérdida. Y perder, además de ser un proceso doloroso y traumático, supone una fuente de aprendizaje y refuerzo para el alma. ¿Miedo? ¿Profesional? ¿Personal? Da igual, caballero. Sentirlo no es malo, al contrario, demuestra que se está vivo y se posee la característica de sentir. Amar, odiar, admirar… Sentimientos, al fin y al cabo. ¿De verdad cree que con la empatía es suficiente? A lo mejor en su ámbito laboral, en el otro se queda corto. ¿Cree que su profesión merece más reconocimiento que la de los demás? – otra sana carcajada. - No lo está entendiendo… O no me estoy explicando.

Un desvío visual rápido hacia el cigarrillo y un largo suspiro. Me separé de la pared, volviendo a deshacerme de un pitillo (esta vez sí) casi consumido y me acerqué a la pila de libros para recoger el que había estado leyendo con anterioridad, con una actitud algo más seria.

-No se ofenda, pero no creo que sea ningún mártir. Simplemente se ocupa de hacer aquello que eligió hacer en su momento, responsabilizándose de las consecuencias que puede generarle. Igual que yo. Sin obligaciones, haciendo pleno uso de sus facultades y derechos. No está bien lamentarse de algo basándose en las elecciones de los demás. No es ético, ni profesional. Podemos estar de acuerdo en que usted trabaja emociones, pesadillas, problemas, pero no piense que mi trabajo no es similar. Tanto uno como otro, tienen algún en común, la interacción con otras personas y lo que ello representa. ¿Por qué considera que su labor se aleja de la de los demás? Por favor, ¿es que no lo ve? Todo está conectado. Nos movemos en una misma circunferencia. ¿La diferencia? Que usted está en un punto diferente al mío, pero sigue en la misma línea. De ahí, que ambos poseamos herramientas específicas que no han de alejarnos, sino más bien complementarnos. Su don, por llamarlo así, se basa en recomponer el puzzle emocional de otros, el mío, se ocupa de motivarlo, de que no se apague. Es lo que tiene diferir, ¿sabe? De ser todos iguales, hace mucho que nos habríamos extinguido. Y no es ni bueno, ni malo, es coherente y necesario. – pasé algunas páginas. – Debería confiar más en su prójimo, en vez de resaltar lo negativo de lo que le rodea. Si tanto le gusta ser lo que es, muestre un poco más de orgullo, de pasión, porque con todo lo que me ha dicho, me hace pensar lo contrario. Ah… Por poco olvido lo tercero… ¿Qué problema hay en tener una clase de dos alumnos o una materia optativa? Olvídese de la cantidad. Tener una clase repleta de jóvenes en la que nadie aprenda no tiene valor. Quédese con que uno de sus alumnos sea capaz adoptar las ideas que desea transmitirle, que entienda sus palabras. Si consigue que uno solo pueda llegar a algo así, ser profesor tendrá sentido. Creo que tiene un gran potencial empático, no voy a negárselo. Y muchas posibilidades de éxito para conseguir lo que pudiera proponerse. Y eso, sin duda, es lo que puede darme miedo de usted. Es más que un psicólogo. Por ello, tener un respiro no es problema, el problema surge cuando es algo más continuado.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Sáb Mar 15, 2014 7:16 pm

Miro al otro tranquilamente, ni se inmuto, enarco una ceja con elegancia y declino el ofrecimiento de un cigarro, no fumaba, casi no bebía y ni hablemos de meterse otra cosa, sus adicciones eran mas fáciles y baratas de conseguir, muy poco desatrampado, lo que mas le aficionaba era comer, y eso era de lo que podías conseguir en cualquier lugar mientras pudieras pagarlo, y si contábamos que por el momento podía hacerlo, no había forma en que mínimo no tuviese un caramelo consigo y hablando de pulsiones y llenar huecos oralmente, busco en su chaqueta sacando un paquete de dulces de tamarindo confitado, abrió el paquete tomando uno llevándoselo a la boca mientras escuchaba al otro sonriendo con suavidad, era curioso que le estuviese explicando todo aquello, no iba a interrumpirlo, sonaba casi como sus maestros, se rio en silencio negando levemente pasándose una mano por el cabello rascándose la nuca, dejando después que sus manos descansaran holgadamente cruzadas por las muñecas sobre su estomago mientras sus codos servían de trípode junto con su espalda manteniéndole en equilibrio.

-Lo entiendo, lo comprendo, lo veo, no hay día en que no lo note, eso no significa que en mis arranques mas humanos, no me olvide de los demás, después de todo soy muy egoísta, vengo de una familia muy individualista y no me gusta ser un todo en el grupo, después de todo y citando a la Gestalt, el todo es mas que la suma de sus partes, y las partes difieren del todo, para mi no existe una única forma de entender las cosas, pero eso seria ahondar en cosas que ya repase, estudie, aprendí, asimile e interiorice y no quiero sacarlas de donde están cristalizándose, que los demás hagan sus propias conclusiones-

Agito la mano que tenia sobre la otra de un lado a otro como si le restara importancia, ya que en gran parte lo que había dicho había quedado entendido de diferente forma, pero eso no le molestaba era normal, siempre existirían diferentes versiones de la verdad, ya que todo suceso tiene mas de una versión, cada quien lo veía y lo entendía desde su lugar.

-Además nunca dije que fuera un mártir, yo específicamente no, algunos parecen ser felices sufriendo de cargar problemas cotidianos, yo no soy psicoanalista, tampoco clínico, no veo pacientes, empezando porque soy multimodal, en otras palabras hago de todo un poco, y no soy especialista en nada, no soy de la creencia de que una sola técnica terapéutica pueda aplicarse  de lleno a una persona o varias y ser exitosa, y tampoco creo que mi carera sea mas importante que otras, jamás, es como decir que ¿que es mas importante, la base de la montaña o la piedra del pico?, sin la cumbre no seria montaña, y sin base lo demás no podría estructurarse, todo importa, en fin, eso es mi falacia personal-

En realidad lo decía con mucha calma, hace buen rato que todo se había apaciguado en el, tal vez, si necesitaba desahogarse, pero de eso a ponerse molesto había un gran trecho, en realidad el no solía ponerle importancia a ese tipo de cosas, sabia que cada quien entendería cosas diferentes.

-Porque como bien sabemos ambos soy humano, y cuando no quiero, no lo hago, eso de abrir mi armario todos los días y decirle a Monster inc. Que se quite de mi camino que quiero una pareja, no funciona mucho, ya que no tengo ganas de sentarme ha hablar con el y saber porque existe, de momento prefiero dejarlo estar, cuando me de la gana iré con mi supervisor y le diré que es hora de otras 10 sesiones en las que le hable de mi, mi ,mi y mi y de los demás y que quiero que mande al carajo a Sulley, Mike y Boo, junto con todo su sequito que ya me canse de verles cada noche y cada mañana, recordándome que soy mas histérico que las frígidas victorianas y mas sociópata que la mayoría, un voyerista sublimado y un sádico por gusto, se entiende, mis problemas los se, me los han enumerado, y no quiero moverlos por el momento, no lo hare hasta que me de la gana y este dispuesto a llevarme a las ultimas consecuencias para arreglarlos y quedar conforme-

Era extraño, no sentía molestia alguna, solo estaba  hablando, reflexionando en voz alta, compartiendo un poco con el otro, seria que era fácil hablar con el ya que a pesar de todas las observaciones que le hacia, no estaba tratando de juzgarle ni de cambiar su opinión, solo le daba la propia y le hacia reflexionar de lo que le decía.

-Y por mucho que deteste admitirlo, es cierto, soy muy retraído, demasiado tímido y no muy sociable, pero eso es por el hecho de que cuando me inmiscuyo con alguien, puede estar seguro que nunca le abandono,  no les sigo, eso es cierto, pero cuando me llaman, estoy ahí, cuando me necesitan, voy, soy de lo que espera, no de los que actúa, soy muy pasivo, a pesar de mi explosiva e irascible personalidad, nunca lastimo, puedo ser hosco y mucho, pero me adapto a la mayoría de las situaciones, yo confió en los demás, en quien no confió es en mi mismo, a pesar de todos los años, se que siempre habrá una parte de mi que desconoceré, y esa parte es la que me preocupa, porque aunque no es visible la mayor parte del tiempo, puedo sentirla, y se que no es nada bueno, por eso soy tan rígido, tan serio, mi mascara social es esa, yo no uso sonrisas, así no es como me escondo, me escondo desapareciendo, siendo distante, que mi rostro diga lo que quiero que diga, no lo que en verdad quiero, y lo que quiero que diga es “No te me acerques”, aunque lo que en verdad quiera sea que alguien hable conmigo, al final es porque solo yo se lo que siento, pero si, es muy personal, muy estúpido puede que para otros, pero para mi es así, es si quiere verlo de una forma mi razón, o mi escusa, depende de la persona-

Se rio abiertamente, y se rio con ganas, porque en realidad, le causaba gracia su propia personalidad, detestaba silvestrearse a si mismo, pero lo hacia con mucha frecuencia y así es como resultaba mas deprimido cada vez, pero hoy se sentía de un extravagante buen humor al respecto de ello.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Dom Mar 16, 2014 5:48 pm

-¿En serio? ¿Al carajo? – negué con la cabeza divertido. – Yo, en su lugar, hubiese aprovechado y me habría ido de fiesta con Mike y Sully. No sé. A mí me parecen buenos chicos. ¿Y quién dice que uno no puede hacerse amigo de sus propios monstruos?

Curioso sujeto aquel que decía llamarse Lis –espacio- Belaya. Había vuelto a confesarse, reforzando la imagen teórica que mi mente ya había formado de él. Una imagen incompleta, que necesitaba llenar los huecos vacíos que pululaban a su alrededor. Pero, intrigado, me preguntaba cómo sería realmente aquel hombre en la práctica. Parecía tener una tendencia muy autocrítica y bien delimitada, producto de su experiencia, la cual se me antojaba dura. No me extrañaba, lo enfocaba más como un mecanismo de autodefensa, como si se viese obligado a tener activada alguna barrera que le permitiese hacer frente al contacto más directo. Aunque, al mismo tiempo, su debilidad se convertía en su anhelo: repudiaba la compañía pero la exigía. Quizás, repudiar y exigir eran términos exagerados. Podríamos sustituirlos por algo más liviano como rechazar y desear.

-Me sigue faltando información, Belaya. – así era. – No puedo juzgarle, ni tampoco lo pretendo. Hasta donde sé y guiado por sus palabras, no estoy en condiciones de admitir si es, o no, más histérico que una frígida victoriana, un sociópata, un voyerista sublimado, un sádico, y un largo etcétera más… Lo que veo, lo que tengo delante de mí, me indica lo que creo que es, me equivoque o no,: un hombre sencillo que carga con sus propios miedos, sus dudas, sus fuertes convicciones, sus fantasías… Y un lado oculto como podemos tener cada uno de nosotros, donde brilla una desconfianza mutua, pero que es precisamente la parte más atrayente del mismo, la que no varía y nos define, queramos o no queramos aceptarlo. – me giré hacia él para prestarle una atención más “individual”. - Por ejemplo… Finjamos, tanto usted como yo, que tenemos una relación más profunda y duradera, ¿de acuerdo? Que conozco aquello que acaba de contarme y que usted conoce lo que pudiera contarle de mí, defectos y virtudes por excelencia. Que llegamos a confiar el uno en el otro. Compartimos nuestro día a día, nuestros quehaceres, nuestros monstruos y necesidades. Usted llama y yo acudo, yo llamo y usted acude. Olvídese de quién es o a qué se dedica, y olvídese a lo que pueda dedicarme yo. Hablo a efectos personales, ¿va? – asentí, sin más. – Supongamos que conseguimos una relación equilibrada, en la cual nos entendemos y nos complementamos, con nuestros más y nuestros menos… Pasa el tiempo, y en su transcurso, memorizamos el comportamiento exterior de ambos. Es decir, cada cual ha conseguido comprender la conducta de su contrario. Individualismo, egoísmo, libertad, pasividad, actividad y mil aspectos más. Al final, recorrido ese trayecto de conocimiento, nos establecemos en una rutina ideal, que nos funcionaría, pero que no dejaría de ser una rutina. ¿Por qué no dar un paso más juntos? ¿Por qué no atreverse y lanzarse a lo desconocido si alguien le incita, le apoya a ello? ¿Por qué no indagar en esa parte oculta que se nutre de nuestro auténtico miedo y que puede desvelar nuestra naturaleza real? Quitando dicha preocupación, ¿no siente la curiosidad de llegar al fondo? Obvio que hacerlo con un desconocido representa distintas ventajas que no podrían darse con un amigo, una pareja, o lo que considere, pero podría ser bastante interesante y desembocar en una unión vital o en una ruptura sin arreglo. En una medida justa de control o en un descontrol sin igual. No sé. Si la siente, ¿por qué no explorarla y compartirla con quien elija sin cuestionarse nada más? Está ahí, y tarde o temprano, le tocará enfrentarla. La vida, el destino, como quiera llamarlo, es muy bromista y le encanta ponernos en compromisos de lo más variopinto. Y la soledad no es una buena táctica. – y él se estaría preguntando a qué venía ese ejemplo y a dónde quería llegar, ¿cierto?

No es que me hubiese propuesto convertirme en una herramienta de autoayuda para ese hombre, ni nada por el estilo. Era algo mucho más simple. Tener la posibilidad de resolver un enigma era cuanto menos apetecible. Y, apresurándome, mientras me seguía valiendo de la imagen teórica y práctica de aquel, visualizarlo como tal cobraba una intensa fuerza que podía nublar la objetividad de la situación. No estaba en disposición de valorar los pros y los contras de mi descabellada idea, me centraba en el momento, no en el antes, ni en el después.

-Dice saber qué darle a los demás, dice conocer su “voluntad”, pero… ¿Y usted? ¿Qué espera? ¿Qué cree que pueden darle? Puede entenderlo más de lo que piensa y catalogar sus palabras como excusa y razón, indistintamente, pero… Voy a ignorar todo eso, voy a continuar con mi ejemplo y ser directo con usted. Sea sincero en su respuesta ante la pregunta que estoy por plantearle, sino no tendría gracia lo que le expongo… - y tampoco quería aguarle la fiesta, ni borrar su sonrisa, ni su buen humor. - ¿Qué pasaría si quisiera empujarle y acompañarle en el descubrimiento de su lado oculto? ¿Me asaltaría con un contundente “no te me acerques”? – me agarré a su intención de “esperar” en vez de “actuar”.

No voy a mentirles, por normalidad, la respuesta hubiese sido una rotunda negativa en la que me saltaría con algo típico sobre coartar sus derechos o algo así, pero no era lo que buscaba con todo aquello. ¿Me sorprendería? Nunca actuaría en contra de la decisión de nadie, a no ser que se tratase de una situación de fuerza mayor, ya nos quisiéramos referir a un desconocido o conocido. Mis “estudios”, por definirlo, contaban con la colaboración, no con la obligación. De darse, los resultados quedaban contaminados y no se avanzaba. Las relaciones, como bien había dicho, eran ramas delicadas, con las que no se debía jugar. Y cuando se daban conmigo, tendía a cuidarlas.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Lun Mar 17, 2014 1:34 am

Soltó una carcajada fuerte y sonoros, y tras ella estallo en risas, risas que le llevaron a perder el equilibrio que mantenía y caer de sentón al suelo tras un breve y rápido cambio de la risa al susto se llevo una mano a la cabeza y la otra al estomago para continuar riendo tomo aire tratando de calmarse pidiéndole tiempo al otro con ademanes entre bocanadas de aire
- Ya…ya…perdón, es solo que eso es difícil de imaginar, no imagino para que alguien querría hacer semejante cosa, después de todo, abrir la puerta a la locura propia no tiene un retorno, una vez que abres la caja de pandora nunca podrás devolver lo que escapo a su interior-

Miro fijamente a Tatsumi mas relajado y sonrió ampliamente era curioso que hiciera ese tipo de hipótesis, para ser alguien que tenia tantos libros a mano era raro que no supiera la regla principal de los discursos de Freud

- Atender a mi amigo, o al hijo de mi amigo implica perder su amistad, por eso, siempre le diré si valoro su amistad, que yo no podre hacerlo, o al menos eso solía decir Freud, aun así el le dijo a su hija Ana todos sus sueños y le pedía le escuchara mientras se auto analizaba, si intentase empujarme a mi foso oscuro, Yoda créame que aunque no quisiera acompañarme lo jalaría conmigo ya que me ha empujado en el, de algo tendría que aferrarme para no morir en el intento-

Encogió los hombros sonriendo rascándose la nuca con un gesto despreocupado y algo avergonzado por decir eso, ya que no era en si la intención, se puso en pie sacudiéndose un poco y acomodándose la ropa

- Pero como solo son figurativas, ambos sabemos que no es cien por ciento verídico, ya que no sabemos como actuaremos hasta que estamos ahí, podemos hacer muchas conjeturas y al final ser lo contrario, pero ya fue mucho de mi, ahora yo quiero saber ¿Por qué tanta curiosidad?, todos tenemos problemas, ¿Por qué el interés en mis huecos?-

Era algo que en verdad deseaba saber, el otro parecía muy intrigado por sus huecos, era como si quisiera llenarlos, de una forma u otra, otros no se tomarían tantas molestias, simplemente lo dejarían estar y punto.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Mar Mar 18, 2014 10:22 pm

-¿Y por qué no? – argumenté sin demora, con un tono amable y jovial, sin apartar una mirada aún más sorprendida.

Ya lo había dicho antes, ¿no? Ese hombre conseguía asustarme a medias. Una reacción le llevaba a otra, y fuese cual fuese, ninguna era predecible. Lo cual podía desconcertarme y si algo me desconcertaba… Mejor. Lo tomaba como una experiencia nueva que podía aportarme lo suficiente como para continuar. Así que… Continuar era lo que tocaba. Una aspiración egoísta y decidida, pero sin mala intención.

-Bueno, no soy psicólogo, eso ha quedado patente. Ni siquiera me esforzaría en serlo. Tampoco me atrevería a refutar a Freud, ni a ningún otro de su índole. – sonreí. - Simplemente observo y podría decirse que no me disgusta observarle. – a pesar de llevar unos minutos con él, hablando por hablar, comentando lo que había surgido por casualidad. -  Y eso le lleva a preguntarme el porqué. Comprensible. – me encogí de hombros. - ¿Y qué debería responderle? – con aire reflexivo, me acaricié el mentón. – Veamos… ¿Por qué? ¿Por qué esa curiosidad e interés por sus huecos? – me mantuve en silencio, dedicándole unos largos segundos a una meditación que se movía entre respuestas muy diferentes entre sí, pero que nacían de un mismo punto de origen: Lis. – Mmm… - ladeé la cabeza  y terminé abrazando el libro que portaba, tras haberlo cerrado, claro está, al cruzarme de brazos. - ¿Con sinceridad? No tengo ni idea. – era la pura verdad. – Estaba aquí leyendo una obra actual que aboga por la libertad del hombre. Un extraño personaje que por circunstancias de la vida se ve obligado a tomar una tajante determinación que alude a su debilidad como persona. Pero, consecuente de sus actos, finalmente decide cambiar el rumbo de su camino en vez de detenerse y conformarse con lo que otros le dan. Una elección que le favorece a él y a la mujer que deja escapar por un bien mayor, por una protección que ningún otro podrá otorgarle jamás. Convierte su voluntad en fuerza y prosigue. Y de repente… De repente, llega usted y mientras me distraigo a medias pensando que daría oro por un buen café, mi mente se nubla y aparecen sus huecos. Entonces… - respiré con calma. – Vi algo que me atrajo de usted. Pudiera tratarse de un detalle básico. El hecho de que oculte una parte de su personalidad es normal, pero confesarlo abiertamente es meramente atrayente. Es como cuando alguien te dice “no mires aquí” y sientes el deseo de mirar, aunque sabes que no es lo adecuado. ¿Motivos quiere? No puedo darle muchos, apenas le conozco y siendo atrevido, digamos que su parte oculta me incita a querer “mirar”.

No juzgues a un libro por su portada, sino por su contenido”; y era lo que hacía. Quería ver esa parte. Ver hasta dónde llevaba el “miedo” y si existía razón para sentirlo. A lo mejor en esa oscuridad no éramos tan diferentes.

-¿Le parece mal? – no fuera a molestarse.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Miér Mar 19, 2014 8:47 pm

Le miro lanzar un largo discurso reflexivo, y se limitó a asentir y parpadear un par de ocasiones, ese hombre sabía hablar mucho, en un discurso que exigía al máximo la habilidad de mantener una atención flotante y una apertura máxima a las posibilidades de discurrir o decantarse en redundancias o evasivas, aun así se limitó a escucharle y parpadear como se dejó claro anterior mente, en algún punto termino por cruzarse de brazos y sentarse en el piso que más daba, nadie le diría que se parara de ahí, así que no se quedaría de pie como monigote a la espera de la petrificación.

- No, no me parece mal, era curiosidad, meramente eso, por otro lado, no me gusta que me hagan favores, sin dar algo a cambio, independientemente si el otro ya tiene algo que recibir, por lo tanto me gustaría saber, en que podría ayudarle yo a usted, por ejemplo, apenas empiezo a vivir solo, y acostumbro cocinar de más, ¿le es algún inconveniente que yo le comparta de eso extra que cocino?, claro hipotéticamente hablando-

Miro al otro con una sonrisa de medio labio, enarcando una ceja mientras le observaba desde el suelo con tranquilidad con los brazos cruzados y las piernas en flor de loto, recargado levemente en la rejilla, en verdad se podría decir que era flojo, no duraba mucho de pie cuando lo está sin hacer nada más que platicar, ya que empieza a pasar de un pie a otro y resulta algo cómico verle, por lo cual tiene a sentarse con mucha frecuencia cuando se encuentra en esos casos.

Bostezo con suavidad, comenzaba a irse de apoco la luz y a refrescar por igual, solo esperaba que la primavera llegase pronto o terminaría por buscar una excusa para retirarse e intentar ser el primer humano en invernar.
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Tatsumi Yoda el Lun Mar 31, 2014 9:37 pm

Asentí aliviado, divertido y tranquilo. No había metido la pata. Bien, no quería tener malos rollos nada más llegar o incomodar sin necesidad.

Lejos de la preocupación, acababa de pronunciar dos palabras mágicas y sugerentes bajo mi propia supervisión para mi alegría personal: “ayudar” y “cocinar”. Vivía solo al parecer, como un servidor, lo cual me hacía identificarme con su persona sin problemas, cercano más que distante, familiar más que extraño. Una casualidad, no tan casual, pero con una gracia especial que no resultaba para nada desagradable. Favor por favor, ¿eh? Muy bien… ¿Cuánto hacía que no comía algo decente? Pfff… Me fallaba la memoria. ¿Sería la edad o la ausencia del típico placer culinario? Bueno, siendo racionales, un poco, tampoco mucho,  que los excesos según el caso no eran del todo beneficiarios para nadie, mi último bocado del día fue un sándwich sacado de la cafetería del centro y un café turbio y con escasez de calor, así que…

-Belaya, ¿me permitiría… – ni corto, ni perezoso, me adelanté (a veces muy parado y otras muy quieto, ¿verdad) y me planté frente a él. Me incliné resguardando el libro bajo uno de mis brazos y le tendí una mano para que se levantara, si lo deseaba. - …aprovecharme de usted por esta noche? – reí por lo bajo. – Se nos hace tarde aquí arriba y recién consiguió abrirme el apetito. ¿Qué tal si valiéndonos de sus dotes de cocina me acompaña y cenamos juntos? Usted pone las manos y yo el resto. ¿Le apetece? – ya terminaría el trabajo de clase en casa, más tarde. La verdad es que tenía hambre y dada la escasez de menús en mi rutina pues… Ea, eso, favor por favor, ¿no? -  Parece algo cansado. Y dudo que esta azotea sea lo bastante cómoda. No puedo prometerle que mi cocina sí lo sea, pero... Menos es nada, ¿no cree?

Equivocado, o no, ese profesor sí que parecía tener mucho que enseñarme. Por el momento, se valía con la comida. Genial. ¡Mi estómago ya rugía sólo de pensarlo!
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Re: Al encuentro de la "voluntad". [Lis Lukavym Belaya]

Mensaje por Lis Lukavym Belaya el Mar Abr 01, 2014 4:53 am

Rio con suavidad negando, nunca pensó que el otro se entusiasmase tanto con la idea de la comida, hoy en día que la gran mayoría compra “comida” pre cocinada, el detestaba esas porquerías, amen a la verdad, el hecho que las generaciones actuales metiese todo al microondas era algo que en lo personal detestaba, en su fantasía interna imaginaba a la comida plastificarse en el estómago debido a la radiación del aparato y al descomposición en la molécula original de los alimentos, por lo cual veía esos aparatos como bien dirían los fanáticos religiosos cosa del demonio.

Tomo la mano que le ofrecían, poniéndose en pie, sacudiéndose después el pantalón y acomodándose la camisa, miro al otro dando un leve aplauso con una sonrisa tranquila

- Venga pues, alimentemos al hambriento y cobijemos al desvalido-

Rio con suavidad guiñándole un ojo mientras veía en el rededor localizando los libros que estaban aun parsimoniosamente apilados en el suelo, camino a ellos inclinándose a levantarlos, era de las personas que suele hacer lo posible por ser servicial, más por cortesía que por otra cosa, no sabía en realidad si le nacía o era ya una conducta meramente aprendida.

Le resultaba curioso, no saber incluso esas pequeñas cosas de sí mismo, era como si siempre estuviese ese otro alguien en las sombre haciéndote hacer cosas y no saber si es bueno o malo que existe, simplemente sabes que debe existir y que no puede ni debe desaparecer, porque al hacerlo significaría una ruptura tremente en ti mismo y resultaría en una pérdida total de tu persona, algo semejante a la locura, y a la vez diferente.

Se enderezo con los libros entre sus brazos y miro a Tatsumi con atención, resultaba un hecho de increíbles coincidencias y a su vez no parecían una coincidencia, era por ello que él creía en tantas cosas, era por eso que no era un Psicólogo encasillado a una sola teoría, creía en demasiadas cosas que resultaban poco científicas, poco comprobables, pero para el eran reales y no permitiría jamás que alguien quisiera decirle en que debía creer, ese era uno de sus problemas, creía en la religión pero no ciegamente, creía en el universo, creía en la energía, creía en lo no visible, creía en el alma, creía en la tecnología, creía en el amor, creía en demasiadas cosas y jamás dejaría de creer en ellas, solo añadiría nuevas ideas y adaptaría las anteriores para que las nuevas cupieran, sabia también que con el paso del tiempo dejaría de poder hacerlo y que sería más complicado creer en cosas nuevas, pero ahora que aun tenía la posibilidad estaría abierto a todo, aun y que le resultara difícil hacerlo.

Sin saber muy bien porque sonrió y se giró caminando a la puerta abriéndola para el otro, mientras mantenía el equilibrio de los libros entre su cuerpo y su otro brazo

- Le sigo Yoda, a partir de hoy usted será mi guía-

Le guiño un ojo y se puso a reír por lo bajo negando con suavidad por sus propias palabras, sonaba como cuando se referían a los terapeutas grupales, eran los guías, los facilitadores de las técnicas, eran los creadores de una dinámica diferente, en cierta forma Tatsumi había logrado eso con él, ya que era muy probable que de haber sido otra persona el resultado hubiese sido diferente, pero eso era algo que no sabría.
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