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Anything you can do, I can do better!! (Priv. Lambert)

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Anything you can do, I can do better!! (Priv. Lambert)

Mensaje por Invitado el Vie Ene 24, 2014 4:13 pm

Era a penas la cuarta hora de toda la mañana, el almuerzo había pasado y las clases mas horribles también por lo tanto era un aliciente para cualquier persona normal, un aliciente que en dos horas estarían libres de cualquier cosa sin embargo para mi no era mas que un suplicio. Me habían separado de Shizuka en la clase y Hikari también estaba demasiado lejos como para poder comunicarnos como siempre, Fornarina tenía clases importantes a las que asistir y las demás personas no me importaban, realmente estaba aburrido de asistir a clases así. Abrí la puerta de la azote respirando profundamente. El aire del instituto estaba cargado de feromonas y de sudor, era un aire sucio que no se podía comparar a la pureza del de fuera, que al haber sido criado tan lejos en un sitio tan abierto lo echaba de menos.

Nada mas llegar a la azotea me tiré al suelo, me daba igual el aire fresco de la tarde, el sol que había ya calentaba lo suficiente y aun que estuviese tirado en medio de aquel lugar nadie iba a venir a averiguar donde había estado. Le había mandado un mensaje a Shizu y nadie esperaría por mi, ese momento era solo para que yo mismo pudiese relajarme, olvidar las clases y pensar en que hacer con la nueva productora que nos había contratado a mi manager y a mi. ¿que tipo de gente serían? ¿que querrían hacer? Yo tenía claro que no quería que me sacasen por televisión, al fin y al cabo mi gemelo podía verse comprometido si alguien le confundía por la calle. De todas formas actuar en directo era lo mismo y yo quería actuar, había nacido para ello y no quería pararlo por nada del mundo.
Cerré los ojos con actitud relajada y una pequeña sonrisa en mis labios mientras escuchaba nada mas que el aire susurrar pasando por encima de mi cuerpo. Últimamente no dormía bien, y eso ahora me pasaba factura, mas que nada por que poco a poco mi consciencia fue olvidando mi cuerpo y me abandonó para abrazarse a Morfeo, que me esperaba al otro lado de la puerta.
Y así dormido, pasaron la horas y ni siquiera el ruido de la campana de fin de clases consiguió despertarme.
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Mensaje por Lambert Chandelure el Mar Ene 28, 2014 2:20 am

Las primeras horas habían transcurrido de manera lenta y tediosa, como si se tratara de una tortura perfectamente planificada. Aquel horario era de chiste, ¿verdad? ¿Cómo eran capaces de poner asignaturas tan pesadas una detrás de la otra? A primera hora de la mañana una buena dosis de francés con el director, que a pesar de que le gustase, estaba demasiado adormilado como para enterarse de gran parte de la clase; a continuación pura historia, la cual se repetía y repetía cual mantra por los siglos de los siglos con el único objetivo de tener el poder en un bando u otro, represiones y reivindicaciones por doquier. Para una materia así, prefería tomarse una sopa de ajo, le causaría el mismo efecto y podría aprovechar el tiempo en algo en lo que verdaderamente estuviera interesado. Y para acabar la pesadísima clase de inglés, cuyo profesor poseía una voz soporífara que no invitaba precisamente a la atención ni a la participación por los alumnos, que como él, se quedaban dormidos en pocos minutos de comenzar con la teoría. La única ventaja que le veía era el poder recuperar las horas de sueño que había perdido al trasnochar. Abrió los ojos a duras penas cuando sonó el timbre de aviso para el recreo, aletenado sus largas pestañas para zafarse del abrazo de Morfeo y comenzar a caminar de nuevo por el mundo de la vigilia, agarró su mochila en forma de murciélago durmiente por las cadenas que tenía por asas y salió de clase a trompicones, con ansias de libertad. Estaba arto de estar sentado en aquellos cutres pupitres. Vestido con una camisa blanca, cubierta por un chaleco morado con disimulados motivos modernistas en un tono un tono un poco más brillante, de botones dorados en línea perpendicular los cuales estaban ligados a una cadena del mismo valor, ocultando un reloj en el pequeño bolsillo situado junto al corazón. Pantalones negros, elegantes y sencillos, contrastando con eslabones plateados ligados a dos trabillas en su cadera derecha, dándo el toque final con unos zapatos sencillos e igual de oscuros que una noche sin luna y un pañuelo blando anudado al cuello, oculto bajo el chaleco. A pesar de que hacía un buen tiempo por aquellos días como para ir sin chaqueta, no había que dejar de lado que seguían bajo el amparo del invierno. Aunque le gustase aquella época del año, le agobiaba el tener que llevar siempre encima un abrigo, no se sentía libre a la hora de moverse, por lo que no era extraño verle por aquellas fechas encogido en mantas y moqueando. Afortunadamenete, el ataque de los resfriados no consiguió mermar sus defensas esta vez al llevar un termo con té siempre encima. Esta vez, él ganaría la guerra de las nieves.

Pasó el recreo en la cafetería en compañía de su hermana mayor y su mejor amiga, comiendo pequeños aperitivos traídos especialmente en bandeja para el potente dúo Chandelure, sorbiendo con cuidado de su termo y escuchando conversaciones que inevitablemente acababan en sexo por parte del joven, enfadando a la chica que no portaba su sangre y estallando después a carcajadas. Sin duda, la hora del descanso era una de las más interesante, por no decir la única, de todo el horario escolar; quizá únicamente iba para estar allí sentado junto a la calefacción mientras presenciaba berrinches, sonrojos e incluso algún que otro tortazo que no le importaba recibir por alguien de confianza. Le divertía de algún modo. Sin embargo, las clases de después, aunque fueran un poco más entretenidas que las de la mañana, tenía algo mucho más interesante entre manos. Hacía excasos días que había conseguido que le hicieran una copia de la llave de la azotea, donde supuestamente los alumnos no tienen el poder de acceder, por lo que sería un interesante picadero en un futuro no muy lejano. Lo único que le faltaba era una persona con la que compartir aquella diversión. Donde una vez la ropa se desprendía, ya no había vuelta atrás; ambos desnudos bajo el cielo infinito, pudiendo gritar a pleno pulmón con escasas posibilidades de que alguien pudiera oirlos en su intimidad. Una idea tan excitante que era imposible no relamerse únicamente pensándola. Él era dueño de las llaves y en sus manos, las presas siempre serían cazadas. Pero los pasillos siempre andaban vigilados por un profesor de guardia, haciéndosele imposible acceder a las escaleras en las horas siguientes y teniéndo que resignarse con cumplir con su horario a pesar de la desmotiación que le atormentaba. El timbre dio la señal para finalizar el horario lectivo, y como no, aprovecharía aquella oportunidad ahora que todos sólo tenían en mente volver a casa.

- Ahora nadie podrá impedirme que continúe con mi plan - dijo mirando escaleras arriba. Con su extravagante mochila colgando de un hombro, miró hacia un lado, hacia el otro, sin divisar a nadie que pudiera pararle los pies y comenzó a subir la escalinata con grandeza y orgullo. Es posible que no fuera el primero en estrenar las grandes alturas, pero estaba seguro de que sería de los pocos que le sacarían un auténtico provecho. Una sonrisa picaresca se acentuaba sobre sus labios a cada escalón avanzado, la emoción le corría por las venas como un veneno letal, ocasionando que aumentara un poco el ritmo, siendo cuidadoso de no hacer ruido por si alguien escuchaba sonidos extraños y le fastidiaba el plan. Dejó atrás las aulas, los despachos y se encontró frente a frente con una pesada puerta oscura, una sóla cerradura le separaba de su "Cueva de las Maravillas" y él tenía el "Ábrete sésamo" para acceder a ella. Lentamente, la llave entró dentro y concuidado la giró hacia la derecha, provocando un suave sonido de aviso para después abrirla con suavidad. Nadie devía enterarse de que estaba allí, ¿verdad? Una pequeña ráfaga de aire le dio de lleno en la cara, tornándose en pocos segundos en una ligera brisa que mecía sus blanquecinos, violáceos y rosados mechones de cabello. Dejó la mochila junto a la pared, volvió a cerrar la puerta y guardó las llaves en un bolsillo del pantalón. A continuación abrió los brazos, cerró los ojos mirando al cielo y respiró hondo - Ah... Es maravilloso... - murmuró casi para sí, el cual se llevó el viento como una mera mota de polvo. Era una sensación tan relajante que no podría evitar quedarse dormido después de un momento apasionado, cosa con la que tendría que tener cuidado. Por ello debía inspeccionar el lugar con mucho detalle. Sin embargo, al bajar la mirada se percató de algo que deficientemente había pasado por alto. Un joven de cabello rubio dormitando cual corderito en una pradera. La malicia adornó su cara en forma de sonrisa. ¿Qué hacía allí aquel chico? ¿Saltarse las clases? ¿Buscar un sitio para fumar? De una manera u otra, también debía poseer una copia de la llave. Se acercó con paso delicado, como un depredador agazapado para no despertarlo de ninguna de las maneras, observándolo de arriba abajo con ojos hambrientos. Parecía un chico menor que él, tanto estatura como en edad, delgado pero con una silueta interesante. Quizá podría jugar un poco con él mientras Morfeo lo mecía entre sus brazos. El joven se agachó junto al menor, haciendo caminar las puntas de sus dedos cual ladrón de guante blanco para quitarle las llaves de la azotea, las cuales lanzó al vacío sin remordimientos. Ahora él era al amo de todo. Clavó sus rojas pupilas en el dulce rostro adormilado del pequeño, viéndose éste dulce y de alguna manera indefenso. - Vamos a jugar un poquito contigo... - susurró casi en un suspiro. Con la punta de los dedos, movió delicadamente en cuerpo ajeno para posicionarlo boca arriba, poco a poco, tardase el tiempo que tardase, todo para que aquel conejito se quedara encondidito en su madriguera onírica. Colocó una pierna entre las dos del rubio, mordiéndose los labios y conteniendo una pequeña risilla picaresca; después se sostuvo con las manos en el suelo y se acercó a la cara del extraño para poder apreciarla más de cerca. Aquello cobraba emoción por momentos, era cierto que había sido una buena idea cumplir todo el horario escolar para encontrarse un premio como aquel. - Despacito, con cuidado... - exhaló apenas junto a la mejilla ajena. Con la mano derecha, se introdujo bajo la tela de la camiseta del menor, subiendo poco a poco como quien roza la más fina porcelana con los dedos, acariciando desde del vientre hasta el torso. Se relamió, quedando su lengua apoyada en uno de sus largos colmillos. ¿También podría lamer un poco de su sangre? La idea ya comenzaba a excitarle de tan sólo imaginarla. Se acercó al cuello indefenso, tratando de buscar aquel olor a licor que era imposible detectar para un humano y sin embargo, creyó realmente percibirlo, por lo que hambriento, lamió en dirección ascendente el lado derecho del cuello del joven. ¿Llegaría a despertarse antes de pasar a mayores? Quizá con un poco más de estimulación lo averiguaría.
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Re: Anything you can do, I can do better!! (Priv. Lambert)

Mensaje por Invitado el Miér Ene 29, 2014 1:23 am

No me di cuenta de que las horas pasaban rápido pues mi consciencia estaba realmente lejos, se había alejado a otro mundo, cerrando puertas a su paso para que poco a poco yo nunca pudiese encontrarla. Mi cuerpo suspiró girando la cabeza, aun tenía demasiadas cosas en la misma, cosas que ni yo mismo podía saber cuales eran y seguramente en cuanto despertase ni me acordaría de que estaban allí, paseándose por mi mente como un pequeño conejo en una pradera. Mi mente voló a una velocidad abismal y recorrió todo lo que había en mis recuerdos. Esas horas, soñé con mi hogar perdido en las montañas, en una silenciosa montaña con solo el ruido de los pájaros pasar por la mañana temprano, soñé con la nieve que se acumulaba frente a la puerta, polvo blanco y frió que te hacía resguardarte o trabajar mas duro, pero también lo disfrutabas. Pero sobre todo soñé con el frío invernal.
Soñé con el aire que dejaba toda tu piel de un color durazno, que llenaba tus ropas de copos de nieve que se apilaban, con el aire que mecía las banderas y veletas, y que, si no marchabas pronto a casa, podía congelarte en breves minutos y que tu lo único que sentirías es que ibas a caer en el sueño mas profundo y duradero, con un sopor digno de un animal.

Pero mi mente no se quedó en ese vago recuerdo, aceleró el tiempo a una época mucho mas cercana, hasta donde casi sin pensarlo podía ver mi casa y a mi compañera, viajó hasta el reencuentro con mi hermana y de ahí cada cosa empezó a difuminarse. Ahora era esta la ciudad nevada, con el frío invernal tan adorado. Era maravilloso ver lo que la mente humana podía llegar a imaginar, para juntar todos tus sueños en uno solo, convirtiéndolo en la estampa mas maravillosa. Pero el frío cesó de repente, el aire se quedó estático como si de un momento a otro algo hubiese tapado el único modo de sentirlo. Me removí en sueños, el panorama cambiaba, se distorsionaba, cosas se juntaban y otras se separaban cahoticamente, echas un lío en mi cabeza. Yo girando ante un mundo estático que no paraba de cambiar, agarrando mi cabeza y rezando por encontrarme sano y salvo al lugar donde quiera estar.
Pero no era mi amada Rusia lo único que me gustaba, también me gustaba la calidez de la piel, la suavidad de poder tomar una mano con la otra, me gustaban las sonrisas que transmitían felicidad, pasión. Y fue justo eso lo que comencé a sentir y por eso mismo la ventisca había pasado.

Sentí calidez en mi estómago y poco a poco iba subiendo por mi cuerpo. Entonces recordé a la única persona que me había tocado así antes, la única que había conseguido llenarme de calor. Entre sueños me removí inquieto, alzando la mano despistado como queriendo palpar algo que no estaba ahí -nhn...-susurré en sueños segun notaba la extraña sensación subir hasta mi pecho. Giré la cabeza hacia un lado somnoliento y me removí de nuevo al sentir una calidez en mi cuello, mas duradera y también quizás mas dulce. Mi mano palmeó el aire unos segundos hasta topar con el brazo y luego volvió a caer, como yo en mi preciado sueño, solo que poco a poco mi consciencia iba volviendo a su ser. Volví a susurrar lo mismo esta vez aun con los ojos completamente cerrados-Pa..ra..-susurré-Hermano, no me ... apetece...- dije entre sueños mientras seguía sintiendo la calidez en mi piel.
Poco a poco mis ojos se fueron abriendo y lo que mostraban no era la cabellera rubia de ese alocado, sino una cabellera blanca como la nieve.

Quizás fue ese pensamiento lo que me dejó estático unos minutos, o también el echo de que tenía a un chico encima de mi adentrándose por mi ropa, pero aquello no duró demasiado. En menos de un segundo, metí mi mano por su pantalón, rozando una de sus partes mas sensibles, mientras que con la otra atrapé su brazo. Alcé la cabeza teniendo en cuenta de que si la subía nos miraríamos directamente a los ojos y yo no tenía una cara encantadora levantado por la fuerza y mucho menos en una situación tan comprometida. Fruncí el ceño solo como yo sabía hacer.
-Oye.. me pregunto que pasará si no te levantas ahora mismo de donde estas- dije bufando, con un tono serio y muy poco amigable, con cierto acento extranjero.-Ah.. ya se que pasará- Moví un poco la mano que estaba dentro de su pantalón -Que tendremos tortilla para cenar- mi voz sonó a amenaza. Estaba enfadado ¿y quien no lo estaría?
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Re: Anything you can do, I can do better!! (Priv. Lambert)

Mensaje por Ryan Koufman el Mar Mar 04, 2014 6:18 am

Cerrado por ausencia de rango de uno los integrantes. Si se desea abrir nuevamente ir al tema de reapertura de temas.
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