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¡Esta vez serás mío, pequeño panda!

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¡Esta vez serás mío, pequeño panda!

Mensaje por Lambert Chandelure el Vie Ene 24, 2014 2:10 am

Era sábado por la tarde, alrededor de las cuatro y media; el invierno presentaba un paisaje nevado alrededor del centro comercial, cuyos alrededores se encontrban húmedos a causa de la retirada de la escarcha sobre ellas para que no obstruyera el paso. A pesar del frío clima de Enero, las calles se encotraban llenas de cálidas sonrisas que iban y venían de un lado a otro mientras se compartían con los amigos bajo el amparo de aquella tarde soleada. Algo normal en un fin de semana. Las puertas automáticas se abrieron de par en par nada más detectar los pasos de un joven que caminaba de manera fime. Vestía una larga casaca ceñida de color morado apagado, la cual lucía un cuello alto, un cierre lateral abotonado en plata y pequeños volantes en los bordes, confeccionados por encaje negro. Pantalones elegantes y oscuros como una noche sin luna, ligeramente anchos, cuyos camales escondían los largos cordones de una botas militares color chocolate. Las manos en los bolsillos de su abrigo, la nariz oculta bajo su alto cuello y los hombros fruncidos para protegerse contra el frío. A primera vista parecía imponer ligeramente por su porte recto y su mirada decidida, fija al frente. Sin duda alguna, hoy sería el día en que lo conseguiría. Los dependientes de los puestos externos ya no se asombraban tanto al verle después de varias veces, aunque todavía les impresionaba su extravagante aspecto; sin embargo, hoy era diferente, ni siquiera se atrevieron a saludarle con la mano. Muchos sábados, uno tras otro pero esta vez lo conseguiría. No lo dejaría escapar por nada del mundo. La calefacción interior le había templado un poco el cuerpo, por lo que relajó los hombros, ya un tanto entumecidos, y movío la cabeza de un lado a otro para crujirse el cuello. Mucho mejor después de estar medio encorvado todo el trayecto. Un paso hacia delante y las escaleras mecánicas enseguida comerzaron su ascensión. Tras aquella tarde, habría cumplido su parte del trato y le demostraría a su hermana que quien quiere, puede. Dejaría a un lado todas aquellas veces en las que su hermana lo hacía todo por él, sintiéndose de alguna manera alguien inútil. Aunque pensándolo bien, era algo normal, se trataba de su hermana mayor. Por una vez deseaba mostrarle que también era capaz de lograrlo, que podía ser un rival digno para ella con un poco de esfuerzo, aunque le costara más. Recordar los momentos en las casetas de las ferias encendieron fuego en su mirada, sintiéndose más capaz de lograrlo. ¡Tenía que conseguirlo! Las personas que subían junto a él, lo miraban extrañados y quizá un poco incómodos con sus antiguos ropajes y su colorido cabello, el cual destacaba de su oscuro conjunto. Pero no le importaban las opiniones de los demás, Lambert era un Chandelure y mostraba orgulloso su porte característico sin que nadie osara a contradecir sus formas. Se arregló con orgullo el cuello del abrigo, respirando hondo por la nariz para después pisar el suelo del segundo piso y mirar con atención el letrero de "Recreativos". Sonrió con suficiencia, esta vez era la suya.

- Vamos allá - se dijo a sí mismo antes de entrar. Una multitud de sonidos de disparos, fichas que se caían, canastas y gritos de desesperación ahondaron repentinamente en sus oídos. Algo normal, estaba en el principal núcleo de ocio. Tanto niños como adultos se pasaban tardes enteras allí, tratando de conseguir puntos día tras día y así llevarse un codiciado premio a casa. Y él no era diferente a los demás. Allí, en uno de los estantes del mostrador central, donde se canjeaban todos los tickets, estaba lo que hacía casi mes y medio había fijado como objetivo. Un panda de peluche, regordete de algodón, con una caña de bambú y una cría entre sus brazos. El muchacho podría haber hecho uno mejor con sus propias manos, pero todo era una cuestión de orgullo. Pues seis semanas atrás, el trío Chandelure decidió pasar una tarde entretenida en aquel mismo local, jugando a juegos dispares y siendo apalizados completamente por Circe. El mediano, enfadado ante la habilidad maestra de su hermana, decidió hacer una apuesta para conseguir aquel osito en que se había fijado su hermano menor. Dos meses como plazo, nada de trampas ni juegos de agujas, y así lo hizo. Tarde tras tarde, aprovechando al máximo los sábados, estaba muy cerca de conseguir los trescientos puntos para el panda. Y hoy era el día de lograrlo. Con paso decidido entró en los recreativos y comenzó por unas cuantas canastas, siguió superando los records de varios niños en algunos videojuegos (quedando muy por debajo de las cifras de Circe) y finalmente llegó a su pieza preferida, el pinball. Metió una moneda, apoyó la punta de la lengua en el colmillo izquierdo mientras formulaba una sonrisa y comenzó la partida tras crujirse los dedos. Las bolas sumaban puntos cada vez más rápido, dos, tres, cuatro, cinco esferas extras rondando por todo en recinto; el joven tambaleaba un poco la máquina de tan fuerte que apretaba los botones laterales. Con las pupilas clavadas en su trayectoria, tratando de no perder ninguna. Sin embargo, una a una fueron cayendo en el recinto, hasta que sólo quedaron dos. Una gota de sudor decoró su frente a causa de la tensión, sabía que era ahora o nunca, después no tendría tiempo de volver. La máquina se movía de un lado a otro por las fuertes sacudidas que le propinaba el apretar los controles laterales con tal de conseguir su objetivo - ¡Vamos! - se gritó a sí mismo. Las necesidades básicas desaparecieron ante tal grado de concentración, incluso el pestañear se hacía secundario con tal de seguir sumando puntos. Un combo detrás de otro, los números se volvían locos de tanto subir, los leds no dejaban de parpadear. Sin embargo, cuando estaba a punto de hacer su jugada maestra, un fuerte estruendo cortó el filo hilo de su concentración. Parpadeó, viendo completamente paralizado como la última esfera de metal daba paso al Game Over. Las tiras de puntos comenzaron a salir por la ranura, mientras el muchacho miraba la pista con porte pétreo. Tan cerca del record... Y estropeado por un mísero ruido. Los segundos pasaban y él seguía mirando el recinto vacío - ¡Mierda! - masculló para, a continación, propinarle una patada a la máquina. Arrancó la tira de puntos, que junto con el taco que llevaba sujetos con una goma en el bolsillo, comenzó a contarlos. Cien... Doscientos... Doscientos noventa y nueve. Estaba a un mísero punto del premio por el que tantas tardes se había pasado allí. Era una situación desesperante. Con el ceño fruncido, sacó impacientemente su cartera para comenzar una nueva partida; sin embargo, además de targetas de identidicación y varios pares de condones, no llevaba ni un sólo céntimo más. Resopló por la nariz, guardó la billetera nuevamente y se llevó las manos a la cabeza, ahogando un grito de desesperación - ¿En serio? No me jodas ahora puto destino - Inmediatamente comenzó a ir de un lado a otro de los Recreativos, con la esperanza de encontrar una moneda en el suelo o un ticket olvidado en un despiste, ¡lo que fuera! La cuestión es que tenía que salir de allí con un peluche bajo el brazo. - Nada, absolutamente nada. - acabó por volver junto al pinball, golpeando una vez más la máquina - Como encuentre al responsable de haberme hecho perder el punto de la discordia, le arrancaré los ojos - mascullaba al cuello de su abrigo. ¿Y ahora? ¿Qué podía hacer? Su orgullo le impedía volver otro día, pero su cartera le empujaba a volver. Todos sabían que el orgullo era mucho más alto que una simple billetera de cuero. Se sentó en un puff en forma de dado en una especie de sala para los más pequeños y cerró los ojos para tratar de calmarse. Quizá la tranquilidad iluminaría su mente con una solución alejada de la violencia gratuita.
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Re: ¡Esta vez serás mío, pequeño panda!

Mensaje por Kazumi Fujikage el Jue Feb 13, 2014 8:13 pm

Este sábado no me dedicaría a estudiar ni leer, no porque no quisiera, en verdad me apetecía un buen libro… pero lo cierto era que ya había terminado todas mis tareas el día anterior, ya había leído todos mis libros y, para completar, el club de natación de la ciudad estaría cerrado una temporada por refacciones. Lo que quería decir que, por primera vez en mucho tiempo, tenía un fin de semana entero para vaguear. -Esto no es bueno… debo hacer algo, ¿pero qué?- me pregunté a mi mismo caminando de un lado al otro por todo mi apartamento con un peluche de medusa en los brazos. No quería estar sin hacer nada, me ponía melancólico no hacer nada; mentalmente me dije “¡cocina algo!”, pero recordé que no me gusta cocinar, luego un “¡limpia a fondo la casa!” resonó, pero siempre la mantengo limpia, no tengo nada para limpiar. -Mmmh… ¡no quiero estar sin hacer nada, mooh!- volví a replicar de una forma un tanto infantil, mientras me sentaba pesadamente en una silla de la cocina con el peluche en brazos.

Escuchaba como el reloj sonaba con cada segundo en un insistente tick tack, y con cada sonido muchas imágenes venían a mi mente de forma espontánea, imágenes que no deseaba ver, cosas de años pasados que no quería recordar. Cerré con fuerza mis ojos y me paré de golpe, esto borró las imágenes, y automáticamente salí corriendo a mi habitación para cambiarme de ropa. Me puse un cuello de tortuga negro algo ceñido al cuerpo, unos jeas azules oscuros, deportivas negras, tomé un abrigo marrón con sujetadores de madera, agarré mi billetera, móvil y llaves, y sin pensarlo más salí de mi casa. No era buena idea quedarme allí más tiempo, no sin nada qué hacer, recuerdos dolorosos volvían a mí como si nada, no quería pensar en eso, no quería llorar.
Caminando sin apuro llegué hasta el centro comercial, lo miré desde fuera, no era adepto a esta clase de lugares, no estando solo al menos, pero entre esto y quedarme sin hacer nada, prefería esto. Me adentré a esa jungla de gente, aún era de mañana pero estaba lleno de personas que iban de aquí para allá con bolsas grandes de compras. No me sentía en mi propio ambiente, siquiera sabía bien para dónde ir, mi único rayo de luz fue encontrar una librería entre tanto tránsito en la cual me metí como si no hubiese un mañana. Me quedé ahí un par de horas, encontré varas novelas interesantes, también algunos libros para la universidad que había estado buscando desde hace un tiempo, y claro que me los compré, había recibido mi paga en el trabajo días antes. En total tenía 7 libros en mi poder, 4 novelas y 3 para estudiar, pero aun era temprano como para regresar a casa.
Fui a comer algo rápido, una hamburguesa en un local de comida rápida no me haría mal, no suelo comerlas seguido. El centro comercial cada vez se llenaba más, parecía ser la hora pico, y yo aun sin querer regresar a mi casa.

Pasé un rato más, creo que me recorrí todo el recinto en pocas horas, y ya no tenía nada que hacer. Seguía siendo temprano para volver. -Podría volver y leer un poco…- pensé hacia mis adentros al observar con interés mi bolsa con los libros. Pero cuando estaba por tomar la decisión definitiva, el sonido de unos niños gritando y riendo me desconcentró, haciendo que vea un lugar por el cual no había pasado antes, un local que decía bien grande “Recreativos” estaba frente a mí, y a simple vista parecía ser enorme por dentro, lleno de juegos y distintas actividades. Mi mirada se llenó de brillos al ver ese lugar, hacía mucho tiempo que no iba a un sitio así, por no decir que solo había ido una vez en toda mi vida. -Probaré algo de suerte, tal vez gane algo jeje- pensé con una gran sonrisa muy inocente en mi rostro, entrando en el lugar con mucho ánimo y felicidad.

Ese sitio estaba más lleno que el centro comercial en sí, también había pocos adultos, la mayoría eran niños que correteaban de aquí para allá viendo en donde jugar. Solo había estado en un lugar así a los 18 años, y fue porque unos compañeros de escuela me arrastraron diciendo “¡no puedes pasártela estudiando todo el día!”. Me había gustado mucho ir allí, pero justamente por el estudio y el trabajo es que no pude volver más. Esta era mi oportunidad de divertirme un poco, aunque fuese solo.
Fui hasta el mostrador donde estaban todos los premios, solo por curiosidad, ya que veía a muchos niños con tiras de cupones de puntos canjeables; no había muchas cosas que me interesasen, y el premio principal era algo caro, solo me gustaron una serie de medusas de peluche muy coloridas, entre todas una de color rosa. ¡Esa!, esa medusita pequeña debía ser mía, y lo mejor era que no costaba tantos cupones, solo unos 150, eso se conseguía rápido con algo de esfuerzo.
Fui hasta un juego de disparos, pero no duré demasiado, solo conseguí unos 10 cupones, además que era de zombies, esas cosas no me gustaban ni un poco. Pero seguido de ese encontré un juego que era de pescar, parecía para niños pequeños, pero daba cupones, era sencillo y muy adorable. No tardé más de unos 30 minutos en conseguir todos los cupones que me eran necesarios, y más, habré sacado 200 en 2 partidas; los tomé todos, los enrollé y me los guardé en un bolsillo para ir a cambiarlos. No obstante, antes de llegar al mostrador y poder conseguir mi medusita, un chico jugando al paiball captó mi atención, era fascinante la forma en que el medidor de puntos aumentaba, su concentración parecía implacable, y la forma en la que jugaba, aparte de ser un poco violenta, era impresionante; y como si fuera poco también su apariencia era llamativa, era albino igual que yo por lo que notaba, eso o se había decolorado el cabello, y su ropa era muy singular.

En fin, dejar de mirarlo era complicado, además que estaba por alcanzar el record de la máquina, quería ver como terminaba esto; lo malo fue que, justo antes de terminar su juego, un niño tiró abajo una máquina no muy grande, pero que hizo un estruendo impresionante, para cuando volteé nuevamente a ese muchacho un aura de furia y desolación lo rodeaba, claramente había perdido en el último momento. -Pobre chico- pensé mientras le veía recoger sus cupones y marcharse al área donde los más pequeñitos jugaban. Por instinto saqué y miré mi pelota de cupones, tenía más de los que necesitaba, eso era seguro, lo miré a él sentado en ese dado de peluche, no era difícil notar que se lamentaba mucho por haber perdido… no lo pensé mucho más, sonreí y me dirigí hacia donde estaba ese chico, algo nervioso pero bueno, ya estaba yendo. -E-Este…- mascullé al estar a su lado, me había puesto rojo sin pensarlo, no solía tomar la iniciativa para hablarle a un desconocido, hablar con uno no me era problema, pero siempre me hablaban a mí, no como ahora. -… p-pude ver que… bueno… t-tuviste problemas con e-ese juego… este… s-si quieres te daré los cincuenta cupones que no usaré… quiero decir… a mí no me sirven… y… e-eh… ¿l-los quieres?...- era complicado, esto era más complicado de lo que pensaba, soy alguien reservado, me pongo nervioso fácilmente, eso era demasiado para mí, incluso mi cara estaba toda roja.

Mientras hablaba le extendía los cupones mencionados, los cuales previamente había contado y separado para dárselos. Esperaba no estar siendo muy entrometido, pero la verdad que no podía verle así, hasta noté que parecía no tener más dinero, no podía quedarme tranquilo si no le daba una mano.
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Re: ¡Esta vez serás mío, pequeño panda!

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Abr 04, 2014 2:23 am

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