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Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

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Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Mar Dic 31, 2013 7:10 am

La inmensa superficie azul, separada del asfalto por una suave alfombra dorada, se extiende infinitamente ante los ojos de la figura que sin dudarlo ni un instante, desciende por los escalones que nacen en la vereda y terminan perdiéndose bajo la arena, como si formara parte de la misma. Había requerido una buena caminata y, antes de eso, una considerable cantidad de mensajes para que le permitieran irse pero por fin estaba allí, respirando hondamente el aire de mar que tanto le gustaba. Desde su mudanza a Francia, apenas si había tenido tiempo de recorrer la ciudad y mucho menos sus alrededores, por lo que cuando por fin ése día se le presentó la oportunidad de tener un rato libre a su disposición decidió aprovecharlo. El juego de luces causaba que el océano mostrara un tono más grisáceo de lo normal, formando un cuadro más frío pero sin embargo no menos bello y una sonrisa se formó en sus labios mientras caminaba, con el oscuro estuche colgando a su espalda.

Acomodándose suavemente la bufanda color crema que le cubría el cuello, se acercó hasta unas rocas que formaban una pequeña plataforma natural  unos pocos metros más allá y depositó su carga sobre éstas con cuidado, como si en lugar de manejar una pesada funda de cuero negro estuviera moviendo una frágil taza de porcelana. Era inevitable, dentro de ese estuche se encontraba el objeto que más amaba en todo el mundo, desde que por primera vez a los seis años había sostenido uno entre sus manos. Su violonchelo. El instrumento de madera desgastada brilló bajo la luz opaca de ese día nublado cuando la chica lo retiró con delicadeza de su estuche, tras contemplar el mar unos momentos. No era el más nuevo ni el mejor, pero lo adoraba, como adoraba cada uno de los cellos que poseía pues eran para ella más que un simple instrumento, eran parte de sí, eran esa voz que la naturaleza le había negado.

Luego de tomar asiento sobre la dura superficie de piedra, arreglando tanto su abrigo como su vestido para que no se arruguen,  coloca el cello en posición, dispuesta a tocar. Sus ojos se cierran para escuchar los sonidos que la envuelven y lentamente, con la misma naturalidad con la que exhalas el aire al respirar, comienza. Sus dedos se mueven sobre las cuerdas con suavidad al mismo tiempo que el arco se desliza sobre ellas como una caricia, desgranando notas de una en una hasta entretejer una melodía. No se trataba de una canción en particular sino más bien una expresión de lo que representaba, al menos para ella, ese mar tranquilo y gris del invierno, que lamía con suavidad la fría arena.

canción:


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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Vie Feb 14, 2014 5:42 am

Los paseos no eran una costumbre para Nate, sin una buena razón el pelinaranja no abandonaba su habitación y jamás cambiaba el recorrido del Instituto a casa y viceversa. Su vida era sencilla, llana. A veces él pensaba que, si no fuera por las peleas que ocasionalmente se le presentaban o por las prácticas de Kendo, su vida carecía de sentido. Desde hacía ya mucho tiempo que se veía a sí mismo estancado, como si no tuviera más salida que seguir viviendo porque sí. Pero entonces recordaba a su madre, ella había dado su vida por la de él y tenía esa sensación de que se lo debía. Estaba mal, su mente era un desastre como cientos de cables enredados. Pero en fin, sin saber bien cómo, sus pies lo guiaron hasta la playa de la ciudad.

Una suave brisa alborotó ligeramente el cabello del muchacho mientras acariciaba su piel provocando un leve escalofrío, el aire era frío cerca del mar, más aún en aquella época de invierno. El ruido de las olas bravas, enfurecidas, resonaba en el silencio que llenaba ese espacio. Era la mejor época para el muchacho, la playa era un lugar desagradable para él cuando se llenaba de gente. Pero en ese momento, se convirtió en un sitio hermoso, lleno de paz.

Se sintió atraído hasta allí como si algo más que sus pies lo guiaran, ciertamente era mucho más. El silencio dejó de existir cuando en sus oídos sonaba una exquisita melodía. La música comenzó a filtrarse por su cuerpo, lo atravesó, tocando su interior, más precisamente su corazón. Sus pasos se hundían en la arena, sigilosos e hipnotizados al igual que el resto de su cuerpo. ¿Estaba soñando? ¿O acaso alucinaba? Esa música...¿era real? Y si lo era, ¿De dónde venía? Tantas preguntas que no podían ser respondidas por absolutamente nadie. Solo su mirada lo acompañaba en la búsqueda que despertaba curiosidad inusual en el estudiante.

La playa parecía desierta pero esa melodía...había llenado el lugar en a penas un instante. Nate no iba a rendirse con facilidad, si no encontraba la fuente de donde provenía la música no descansaría. Estaba ligeramente obsesionado, tenía que asegurarse que lo que oía fuera real. Hasta que por fin, vio una silueta entre las rocas. Una figura solitaria con el mar de fondo, parecía la escena de una película y así lo sintió el pelinaranja.

Se acercó lentamente a la figura que poco a poco adquiría forma hasta convertirse en la imagen de una jovencita que tocaba tranquilamente su violoncello. La curiosidad era demasiado insoportable, lo había sido todo el tiempo, como si aún no terminara de creer lo que estaba sucediendo. Esa incredulidad era en parte un miedo ligero, ¿A qué? Quien sabe. Esperó a que la melodía dejará escapar sus últimas notas, el sueño terminaba al mismo tiempo que la música. Pero eso no era ningún sueño, era un raro acontecimiento de la realidad, una coincidencia extraordinaria.

- Tú...¿eres real? - preguntó cuando la última nota se escapó como si fuera un leve suspiro, el último aliento de vida para el instrumento, al tiempo que sus ojos se posaban sobre el rostro de la joven con serenidad, era la primera vez que tenía esa sensación de estar fuera de la realidad.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Miér Feb 19, 2014 7:45 pm

Poco a poco se fue deshaciendo, perdiéndose en cada nota que resonaba desde las profundidades del desgastado instrumento y de ella misma. El mar la envolvía, no sólo con la fresca brisa sino más allá, desde adentro, el azul invernal de su propia alma, su propio mar. Era una canción que había tocado muchas veces y al mismo tiempo ninguna, pues al ser su propia expresión de lo que aquella superficie acuática le inspiraba, se iba renovando con cada nueva faceta que de éste veía. La melodía fue llegando a su fin, dejándola con la misma sensación entre la paz y la felicidad que siempre le producía el poder entregarse a esa música que la definía mejor que nada en el mundo, que era su voz pero también su refugio. Era el lugar donde no había ya miradas de lástima innecesarias, donde no importaba que estuviera destinada a un silencio que los demás parecían no poder comprender pues estaba lleno de cosas completamente distintas.

El último acorde se perdió en el aire, alargándose hasta desaparecer entre el frío del invierno. Ajena a todo, continuó con los ojos cerrados unos momentos más, hasta que una voz que parecía salida de la nada rompió el silencio, devolviéndola al presente. Como si saliera de un largo sueño, abrió los ojos con suavidad, sin poder evitar que una ligera sorpresa se trasluciera en ellos al descubrirse acompañada. Hyacinthe probablemente la reprendería si se enteraba que se había dejado llevar de manera tal en un lugar tan abierto pero al contemplar el rostro del joven no fue temor lo que sintió, sino una tenue curiosidad por la figura que había llegado hasta a ella sin que lo notara.

Bajando el arco con delicadeza, lo dejó reposar sobre su regazo mientras observaba a su acompañante.  Lo más llamativo para cualquiera hubiera sido su cabello anaranjado, que por supuesto atraía su mirada, pero desde muy pequeña su atención se había centrado siempre no sólo en las voces de las personas que las rodeaban sino en sus ojos. El tono de voz era siempre fácil de manipular y la expresión también si eras lo bastante habilidoso, pero lo que se reflejaba en los ojos era algo completamente distinto. Quizás fuera porque ella misma expresaba gran parte de sus sentimientos en ellos, no lo sabía, pero ocurría en ocasiones que resultaba más atinado guiarse por eso que por el resto.  Lo que encontró en esos iris, de un color algo más oscuro que el suyo, era difícil de definir pero la serenidad que traslucían en aquel momento concordaba con la que a ella misma la inundaba así que no se intimidó o siquiera consideró la idea de irse.  Después de todo,  si quisiera hacerle daño, su mejor oportunidad habría sido momentos atrás, cuando estaba distraída.

Las comisuras de sus labios se elevaron con suavidad ante la inesperada pregunta que respondió con movimiento afirmativo, dejando que sus orbes vagaran por el rostro ajeno unos momentos, con un brillo divertido asomando tras sus iris dorados. Esperaba algún comentario pero la pregunta tan inusual ciertamente le interesaba por lo que apartó los dedos que descansaban aún plácidamente sobre las finas cuerdas del instrumento, sujetándola con la opuesta, para extenderlos hacia el joven como una invitación a comprobar que no se trataba de alguna ilusión. No podía hacer más sin el cuaderno que se encontraba dentro del estuche, además de que no deseaba utilizarlo al menos en esos momentos, pues la expresión que la gente solía componer al enterarse de su condición solía incomodarla, si es que no se lo tomaban a broma, y quería mantener aunque fueran unos cuantos minutos más esa agradable sensación de hallarse en paz.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Lun Mar 24, 2014 9:00 pm

En su mente aún permanecía aquella melodía que había conseguido despertar en él una extraña sensación, imposible de definir con palabras. Se quedó mirando a los ojos dorados que tenía frente a él, mientras la muchacha lo observaba igualmente. Hubo un momento que pareció durar una eternidad, ese momento en el que esperaba la respuesta a su pregunta, la presencia de esa joven ¿era real? ¿o todo aquello era producto de un profundo y melancólico sueño? Con su mirada esperaba obtener la respuesta o por lo menos seguir preguntando en medio de aquel silencio. Pero pronto ella asintió con la cabeza extendiendo su mano para que él tuviera la oportunidad de descubrir la respuesta por su cuenta.  

Tocó cuidadosamente la mano ajena, con un miedo ligero de conocer la verdad. Pero solo eso bastó para que el tiempo se detuviera en ese instante. De repente aquel día parecía más brillante, no entendía por qué pero sintió un profundo alivio en su pecho. Por esa razón fue inevitable que en su rostro se dibujara una leve sonrisa. Quería decir algo pero no sabía bien qué, nunca había sido bueno para decir lo correcto en el momento adecuado, solo sabía que cada vez que decía algo lo hacía para alejar a alguien o alejarse él mismo, y estando allí en la playa después de escuchar aquella melodía, no quería ir a ningún otro lugar como tampoco quería que ella se alejara.

Pasaron unos segundos sin que se le ocurriera ni una sola palabra para decirle, ni una disculpa por haber hecho una pregunta tan extraña. Se aclaró la garganta como si de pronto las palabras acudieran a él pero murieron antes de salir entre sus labios. ¿Qué podía decirle? No estaba acostumbrado a iniciar una conversación, rara vez sentía curiosidad por alguien más como para decidirse a hablarle. Tampoco conocía mucha gente así que eso dejaba los cálculos a un lado, solo estaba seguro de una cosa: Tenía que hablar con ella. Podía sentir algo extraño, casi mágico en esa chica, no alcanzaba a entender del todo lo que pasaba en ese momento pero había sido hechizado por notas musicales que, arrastradas por el viento, lograron llegar a él. Debía tomar esa decisión, por más complicado que le resultara, debía arriesgarse por lo menos en esta ocasión.

- Soy Nate - se presentó repentinamente, sin preámbulos, rompiendo el silencio que los había abrazado durante largo rato - ¿Cuál es tu nombre? - hizo aquella pregunta de manera directa, algo que podría considerarse una torpeza de parte del muchacho, pero era la única manera que conocía.  Esperaba conocer mejor a la joven cuya melodía lo había atraído hasta allí pero sería algo realmente complicado ya que la personalidad del muchacho no dejaba de ser algo hosca, aún así ya había dado el primer paso...
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Mar Abr 01, 2014 7:31 am

Las olas continuaban su particular danza contra la arena, extendiéndose sobre la dorada superficie cual una caricia mientras contemplaba al muchacho que había escuchado una melodía raramente alcanzada por oídos ajenos a los suyos. Era una sensación algo extraña y a la vez fascinante, el ser consciente de que su concierto no había tenido como único espectador a ése mar que parecía incendiarse con los rayos rojizos del atardecer. Y lo más extraño de todo era que no le molestaba en lo absoluto, por lo que mantuvo su mano extendida hasta que sintió el cálido roce de los dedos ajenos sobre su piel. Pero no fue ése contacto lo que la dejó sin aliento sino la tenue sonrisa que él esbozó de repente. Se sentía como si el sol hubiera asomado de repente tras un cielo oscuro, iluminando todo con un halo fugaz y por un inesperado momento olvidó todo lo demás.

No supo cuanto tiempo se mantuvieron en silencio, envueltos por el calmo sonido del mar que bastó para devolverla a la realidad, aunque esa curiosa sensación se negaba a abandonarla. Se trataba de algo nuevo, ya que ni siquiera Hyacinthe la había oído improvisar de ésa manera, y cuando la voz del joven volvió a sonar con su presentación se vio obligada a enfrentar un aspecto que por primera vez en su vida le causaba una molestia que no se originaba en las reacciones de los demás sino en su propio problema. Su expresión se tiñó de un deje nostálgico con la pregunta, haciéndole un gesto al muchacho para que tomara asiento a su lado si lo deseaba antes de girarse hacia el estuche donde se encontraba ése pequeño cuaderno que, por más inverosímil que eso sonara, había deseado no utilizar en esa ocasión.

Con la misma delicadeza que al sacarlo, se dispuso a colocar su violonchelo sobre la capa de terciopelo que recubría toda la parte interna de la funda, no sin antes asegurarse de que no tuviera rastros de arena que pudieran dañarlo por el roce. Quizás fuera algo exagerado pero ninguna precaución era suficiente cuando de su instrumento se trataba, al menos no para ella. Por esa razón no pudo evitar acariciar con cariño la oscura madera, colocando con cuidado el arco sobre el mismo. Lo más conveniente hubiera sido guardarlo donde correspondía pero aún tenía la esperanza de continuar tocando, además de que el cuaderno se encontraba en un pequeño compartimento justo debajo de donde habitualmente iría ése elemento y colocarlo correctamente sólo estorbaría.

La tapa se abrió tras unos segundos ante la presión de sus dedos, permitiéndole retirar su contenido– Hola Nate –Escribió con una pulcra caligrafía tras abrir las cubiertas azules en busca de una hoja en blanco, sin poder retrasar más ése momento- Mi nombre es Narelle –Añadió antes mover la libreta para que el joven pudiera observar su contenido. Siempre se había expresado con grácil desenvoltura frente a las personas, ya se tratara de desconocidos o amigos, pero en aquellos instantes volvió a sentir esa dolorosa punzada que no la invadía desde que era pequeña. Sus ojos se pasearon un instante en el precioso paisaje que había elegido como escenario para su música antes de sentirse lo suficientemente calmada como para fijarlos en la figura del muchacho de cabellos anaranjados. Probablemente él pensara que era algo tonta o peor aún, que estaba burlándose pero no quería escribir lo que simplemente le haría confirmar esos pensamientos. – ¿Me escuchaste? –Las palabras se sumaron a las demás letras que ya rompían con sus formas oscuras el pálido vacío de la hoja, acompañadas de una sonrisa que sus labios volvían a dibujar. Aunque sólo fuera para evitar que el joven se alejara sin más, aquella pregunta aunque obvia bastaría por ahora…¿Verdad?
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Lun Abr 14, 2014 6:01 am

Esperó la respuesta, con inusual paciencia e interés, realmente quería conocer a la chica misteriosa, aparentemente algo solitaria, como un alma errante, incomprendida. En sus ojos pudo ver que repentinamente un cambio había azotado el momento de calma entre ellos, ¿Habían sido sus palabras? ¿Se había apresurado en preguntar por su nombre? Tantas preguntas lo invadieron en breves segundos, no sabía que pensar, tenía un extraño miedo a alejarla.

La observó con profunda curiosidad y un ligero aire de confusión que esperaba no fuera algo evidente, mientras ella le indicaba que tomara asiento. Pero el permanecía de pie, con la cabeza inundada de preguntas confusas, dudas y miles de cosas más que nada tenían que ver con lo que sucedería a continuación. Ella colocaba el violonchelo con sumo cuidado, dejando que éste reposara sobre el estuche como si tomara un descanso después de haber trabajado en sus notas y melodías.

Nate no consiguió ver el cuaderno que sacaba del compartimento hasta que se lo presentó con una caligrafía fina, delicada, donde lo saludaba y se presentaba. Él leyó al instante y luego dedicó una rápida mirada a los ojos dorados que ahora divagaban, como esquivando algo a lo que probablemente se había acostumbrado. En su pecho sintió algo, pero no podía identificar que era lo que sentía cuando la observó en ese momento, no por su condición sino la manera que ella lo afrontaba.

Se aclaró la garganta, más para llamar su atención que por necesidad propia,  ralentizando una respuesta, tratando de llenar el vacío silencio. Su mirada seguía clavada en ella, no la observaba de otra forma, sino como lo hacía un momento atrás, todavía sentía esa serenidad al estar frente a ella. Debió estar distraído un buen rato, ya que ella formulaba una pregunta a través del cuaderno lo que hizo que inevitablemente el muchacho dejara que una sonrisa asomara en sus labios.

- Sí, escuché. - alejó su mirada del rostro ajeno para posarla en las rocas - Es un nombre raro...jamás lo había escuchado. - En silencio agregaba lo bien que le sentaba un nombre así a la chica. Un nombre agradable y enigmático que sonaba mágico, lleno de calidez y serenidad. - Y bien, Narelle, ¿Qué haces en un lugar así, a esta hora? - quiso saber. Su curiosidad era sincera, sin importar las condiciones, las circunstancias o lo que fuera. Se sentó y esperó que ella hiciera lo mismo, esperaba tener una conversación, o mejor dicho, quería tener un conversación con Narelle, ya que había sido cautivado por completo desde la melodía hasta las palabras. ¿Qué clase de tonto sería si la ignoraba, si ignoraba lo tranquilo que se sentía desde que la había encontrado, aunque fuera por casualidad, en medio de la tarde que se apagaba lentamente?
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Miér Mayo 14, 2014 4:54 am

Al sentir un ligero sonido se atrevió a mirarlo por encima de su cuaderno, sorprendiéndose ligeramente al notar que su expresión no había cambiado en lo absoluto. Lo contempló unos momentos más sin saber cómo continuar aquella conversación, descolocada con la reacción inesperada del muchacho. Era algo completamente nuevo el encontrarse con alguien que no le dedicaba una mirada irritada o compasiva al descubrir que ésa era su única manera de comunicarse más allá del lenguaje de señas y eso ya estaba bastante acotado porque no muchas personas lo sabían. ¿Sabría por qué lo hacía o pensaría que simplemente se trataba de una chica algo extraña? Sin atreverse a preguntarlo, atendió a su respuesta, sonriendo suavemente al sentir que esa tenue sensación de calma regresaba lentamente a instaurarse dentro de ella.

El extraño juego de luces y sombras que inundaba la playa resultaba levemente hipnótico y la joven de cabellos oscuros olvidó el frío que hacía que sus mejillas tomaran un tono tan rojizo como el de los últimos rayos del sol. Resultaba reconfortante el encontrarse frente a frente con alguien que la observaba a los ojos sin temor o diferencia alguna, a pesar de que se tratara de un completo extraño. Ni siquiera Hyacinthe había podido evitar que una ligera tristeza tiñera su mirada en su primer encuentro, a pesar de que ya había asistido a varios de sus conciertos pues era invitada por renombradas orquestas desde muy pequeña.

Bajando el rostro hacia su regazo, volvió a enfocarse en su cuaderno.- Gracias, a mi me gusta el tuyo –Expresó con sinceridad, sin comprender del todo el sutil estremecimiento que le produjo escuchar su propio nombre de los labios ajenos. Probablemente fuera porque casi nadie la llamaba así, ni siquiera las pocas personas que había logrado conocer en el instituto aunque no pudo pensarlo demasiado pues le habían formulado una nueva pregunta.- Quise aprovechar la oportunidad de conocer este mar ya que hace poco que vivo aquí -Y dedicarle una canción, como siempre, pensó para sí pero no se atrevió a dejar que esas palabras cubrieran las hojas si bien era algo obvio dada la melodía que había ejecutado.La música siempre expresaba de más esas cosas que a veces ella misma deseaba ocultar.

El móvil que descansaba en uno de sus bolsillos vibró para anunciar un mensaje, pero Narelle no lo sintió puesto que en esos momentos el joven de cabellos naranjas tomó asiento a su lado, sobre las rocas que la arena y el tiempo habían logrado alisar. Una ráfaga repentina agitó sus cabellos y las blancas hojas de papel, obligándola a cerrar los ojos durante unos segundos, tras los cuales cerró con cuidado el estuche que envolvía su adorado instrumento para evitar que se dañara con algún elemento. Eso no implicaba que no fuera a seguir tocando, sino que simplemente prefería mantenerlo a salvo dentro de su hermética coraza– ¿Y tú? ¿Qué te trae hasta aquí? –Logró finalmente preguntar con unos rápidos trazos, inclinando el cuaderno para facilitarle la lectura.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Lun Jun 23, 2014 1:35 am

Cada palabra que leía en el cuaderno de la joven, sentía que podía escucharla, era algo extraño pero tenía la idea de que las notas que antes había oído formaban parte de ella como si esa melodía liberara una voz en su interior y cantaba a través del instrumento. Sentado desde donde estaba, Nate observó el mar y el sol que dejaba ver solo una pequeña porción, desapareciendo lentamente, esperando captar la atención de algún alma solitaria que quisiera reflejar sus memorias en los rayos que se apagaban a los lejos.  Fue un breve segundo que se distrajo, apreciando la tranquiladad que sentía estando allí, esa tarde, en la playa, junto a una joven que ya no era más una desconocida. Era una agradable jovencita, que curiosamente había logrado sacar al pelinaranja de su rutina, de su melancolía diaria. Narelle. Todo en ella le representaba paz, serenidad, no podía dejar de pensar que tal vez fuera un ángel. Ella escribió en la hoja y Nate leyó el cuaderno una vez más sin poder evitar una leve sonrisa.

- Aún así, te arriesgaste al venir sola... - comentó sinceramente, sin poder ocultar sus pensamientos - ¿Y qué te parece el mar, eh? - continuó mientras  una ligera ráfaga de viento lo despeinó. Se suponía que era invierno, pero Nate no percibía el frío de la estación, ni siquiera podía sentir la temperatura que comenzaba a descender y lentamente enfriaba su cuerpo. No le importaba el clima, estaba abrumado por esa nueva sensación que no lo abandonaba.  

La observó mientras cerraba  el estuche y no podía dejar de apreciar los delicados y cuidadosos movimientos de sus manos para emprender dicha tarea. Pudo comprender lo mucho que significaba aquel instrumento para la jovencita de ojos dorados, más que comprenderlo lo podía notar con solo observarla. En su vida él jamás tuvo algo como aquello, nada que cuidar con tanta dedicación, durante años había estado rendido a su suerte, dormido mientras la vida pasaba como otro sueño más. Se distrajo nuevamente, perdido en sus pensamientos, en la tristeza que lo invadía antes de oír la dulce y embriagadora melodía que lo atrajo como un imán, y en la tranquilidad que ahora sentía mientras el sol se apagaba en el lejano horizonte. Se alejó de sus pensamientos cuando notó que Narelle inclinaba su cuaderno para facilitarle la lectura de las palabras que allí estaban escritas.

Su corazón se detuvo al leer, era una pregunta más complicada de lo que parecía realmente. No se atrevía a mentir, pero tampoco quería dar lugar a una conversación profunda acerca de por qué iba caminando para calmarse de su tormentoso pasado, del dolor que día por día lo aquejaba y muchas veces hasta le quitaba el sueño. No. No quería que terminara esa paz, quería olvidarse de todo solo por ese instante.

- Nada en particular - respondió sin mirarla, volviendo a observar los últimos rayos de sol que ya estaba próximo a desaparecer por completo. - Claro, excepto, tu música - agregó en un tono más relajado para suavizar su anterior respuesta, que estaba seguro había sido absolutamente seca y cortante. - Eres buena con eso, ¿hace mucho que tocas? - quiso saber con una mezcla de curiosidad y un toque de evasión, aprovechando que había cambiado el curso de la conversación hacia la música, deseaba saber todo aquello que ella decidiera contarle. No quería hablar de él, para nada, si podía preguntar algo, lo que fuera, con tal de conocerla y alejarse de sus propios demonios esperando las respuestas de un ángel.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Jue Jul 03, 2014 8:00 am

Con una pequeña y silenciosa risa, bajó el cuaderno mientras se llevaba los dedos suavemente a los labios, para cubrirlos. El joven probablemente no sabía cuánto de verdadero había en sus palabras, en particular en ése “Te arriesgaste” pues era todo un peligro el que hubiera huido de ésa manera de sus padres y Hyacinthe, más siendo consciente del trabajo de su progenitor. Ser embajador no sólo implicaba conocer muchos países y culturas, sino también adaptarse a una vida de traslados constantes e incluso, en algunos casos, amenazas por el poder que ostentaba al ocupar dicho puesto. Más de una vez Narelle había tenido asignados guardaespaldas y aún así, aquel día, había dejado de lado toda precaución. El mar siempre tenía esa extraña atracción sobre ella, simplemente no podía evitarlo.

- Está tan hermoso como siempre y como nunca –Escribió sin pensar en la blanca superficie, olvidando que la enigmática respuesta podría tener sentido sólo para ella. La oscuridad iba extendiéndose lentamente, envolviendo al dorado círculo para llevárselo a su sueño diario y la playa no tardaría en acusar la falta de luz, a excepción de aquella que se prolongaba desde la carretera, pero la jovencita había perdido la noción del tiempo. Era vagamente consciente de que la noche se acercaba porque cada vez el brillo sobre los anaranjados cabellos de Nate iba disminuyendo, pero no era algo que le interesara demasiado. Sentía demasiada curiosidad por él, por su reacción distinta, por esa sonrisa que apenas asomaba unos cuantos segundos pero iluminaba todo a su alrededor, como una estrella fugaz.

Sin embargo, ese tenue sol que el joven escondía tras su rostro pareció apagarse tras sus últimas palabras, llevándose consigo parte de la curiosamente cálida sensación que la invadía cada vez que la veía.  El cambio de tono no le molestaba, llevaban apenas si unos momentos juntos pero ya había comprendido que la voz del joven a veces no se condecía con la expresión de sus ojos, quizás inevitablemente más sinceros. Sin pensar en lo que hacía, se inclinó hacia él, rozándole apenas la mejilla con la punta de los dedos en una efímera caricia, pues no tenía más para intentar trasmitirle sus sentimientos, ¿Cómo pedir perdón si tu única forma de contactar con el otro es a través de unos vagos trazos sobre el papel? Era superficial, frío.. Insuficiente para intentar compensar la calma que con sus preguntas le había arrebatado. Un desconocido, alguien que veía por primera vez y sin embargo, desde el fondo de su alma, no deseaba herir a la única persona que no la había prejuzgado ni mirado con lástima.

No bien hubo apartado suavemente la mano, desvió la vista hacia su regazo, donde sus palabras descansaban encerradas en una cárcel de papel, y luego en dirección al estuche que contenía su verdadera voz. Por una única vez, desearía ser libre al igual que las notas que se habían perdido, etéreas, en el viento. Asintiendo vagamente a la última frase de Nate, guardó con velocidad el cuaderno dentro del estuche pues tenía una idea en mente y el cuaderno no le era demasiado útil cuando se hallaba en movimiento, en cualquier caso, podía comunicarse a través del móvil, lo que sería más rápido y sencillo. Tras ponerse de pie, se colgó el estuche a la espalda con la graciosa agilidad de alguien que está acostumbrado a manejar un objeto considerablemente más grande que su cuerpo, volviéndose luego a la figura que aún permanecía sentada en las rocas. Dando unos pasos hasta colocarse frente al joven, fijó sus ojos en los suyos y, con las comisuras de sus labios dulcemente curvadas hacia arriba, extendió su mano hacia él, con una invitación que danzaba oculta en sus iris color miel.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Vie Jul 04, 2014 10:35 pm

Por más que ella se ocupó de ocultar el hecho que demostraba que el pelinaranja había dicho algo que le resultaba ligeramente divertido, él pudo notarlo solo con observar su pequeño gesto. Pero Nate no podía ocultar lo cómodo que se sentía junto a la joven, sus problemas eran aplacados por aquella sensación de paz y tranquilidad con una pizca de alegría cada vez que veía el brillo en los ojos dorados de la muchacha.

Una vez más observó como ella escribía en el cuaderno para responder una de sus preguntas. Leyó siguiendo el curso de la muñeca y una fugaz sonrisa iluminó el rostro del muchacho al percibir que lo que estaba escrito en la hoja era más una reflexión para sí misma que una respuesta dirigida a su interlocutor. Mientras el sol terminaba por apagarse ambos permanecían en el mismo lugar, como si fueran parte de un bello retrato, o de algo que un artista recibiese como revelación divina y decidiera plasmarlo sobre un lienzo. Los unía ese momento, esos breves o largos minutos que podían ser la misma eternidad si así lo deseaban.

Después del ligero cambio en el tono de la conversación pudo sentir que la brisa helada había congelado sus manos, en todo ese tiempo no lo había notado y quizás esa era la señal de que la eternidad comenzaba a contar los años para volverse realidad con un principio y un fin. Una sensación de vacío lo invadió, había estropeado momentáneamente aquello que le hacía bien. Creyó que ya no podría arreglar lo que había dicho, que el tiempo podía deternerse pero jamás retroceder y aunque se había esforzado por tapar sus verdaderas emociones, éstas se le habían escapado solo un segundo. Sin embargo, mientras caía lentamente en la oscuridad de pensamientos negativos, el leve contacto que Narelle realizó lo regresó a la claridad, le devolvió la paz. Si eso no era cosa de ángel, no sabía que otra cosa se suponía que fuera.

Iba a decir algo, pero su garganta no se lo permitió, su voz se ahogó en un sentimiento de plena felicidad. Nadie jamás se había acercado a él de esa forma, nadie jamás lo había rescatado de sus más terribles pensamientos. Eso era más de lo que podía pedir o imaginar. Sus orbes ocre demostraron la sorpresa al sentir la calidez del tacto pero nada malo había en esa sorpresa más que una silenciosa gratitud. ¿Qué podía decir? Nada. El silencio hablaba por él, no hacía falta decir más, las olas también hablaban, empujadas por el viento, letra por letra se podían entender en el vaivén de las mismas.

Cuando ella apartó delicadamente su mano del rostro del muchacho, el sentimiento fue él mismo de antes, se sentía seguro y relajado otra vez. La última pregunta que él había realizado fue respondida vagamente, pues parecía que la muchacha algo tenía en mente. Nate la siguió con la mirada tratando de adivinar lo que haría, ya que no terminaba de acostumbrarse a las sopresas que ella le despertaba en cada acción. Aún cuando ella extendió su mano para que el la tomara, él no tenía ni idea de lo que pasaba por la mente ajena.

Los ojos de Narelle brillaban de una manera particular, y Nate no podía negarse mientras sus ojos se encontraran. Era capaz de aceptar cualquier cosa, como si estuviera hipnotizado, pues curiosamente la joven le despertaba confianza y seguridad. Donde quiera que fuera, siempre que lo invitara, él la seguiría sin importar nada más.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Miér Jul 30, 2014 6:44 pm

Los  segundos pasaban mientras esperaba una respuesta a su invitación, con un creciente nerviosismo. ¿Por qué los nervios? Era incomprensible, no concordaba con su habitual naturaleza desenvuelta y sin embargo, allí estaba, tan inquieta. Definitivamente aquel joven despertaba en ella sensaciones nuevas, nunca creyó que le afectaría tanto encontrar a alguien que la aceptara rápidamente a pesar de.. eso. Su silencio estaba siempre allí al medio, como algo que los demás intentaban esquivar u obviar, dependiendo el caso. Pero no él, quizás por eso temía que rechazara su idea, que se alejara sin más entre las pinceladas oscuras de la noche.

Que increíble capacidad de afectarla, un completo extraño, capaz de borrar todo con una sonrisa o esos dedos que se cerraron sobre los suyos. A decir verdad, el gesto que había realizado era una invitación a unirse a su lado, jamás espero que Nate la tomara de la mano de aquella forma, mas no podía negar que resultaba particularmente agradable y evitó profundizar en sus pensamientos, comenzando a caminar sin soltar la calidez que apartaba de su piel el cortante viento invernal. Sólo cuando iniciaban ya el recorrido por la playa, cayó en la cuenta de la absurda diferencia de altura entre ambos, riendo al notar que con suerte si llegaba al pecho al pelinaranja, algo de lo que no había sido consciente al hallarse sentada. Bueno, no es que la muchacha de ojos dorados fuera particularmente alta, más bien al contrario pero no dejaba de resultarle gracioso.

Dispuesta a mencionarlo, introdujo la mano libre en el bolsillo del abrigo hasta dar con el móvil, a falta del cuaderno, y fue entonces cuando ésa paz, tan dulce y preciada aunque breve, se esfumó.  Incontables mensajes, apilándose uno sobre el otro con increíble velocidad, como si con ello pudieran suplir la imposibilidad de ubicar a la chica con una simple conversación telefónica. Bueno, al menos sus padres, porque el teléfono no tardó en comenzar a vibrar ante la llamada de Hyacinthe y apenas si pudo atender cuando la verborrágica rubia inició su retahíla de reproches, aprovechando que no podía observar las replicas de su pupila. Claro que tampoco podía responder mucho ni siquiera en lenguaje de señas, pues tenía ambas manos ocupadas y, antes que soltar la mano del mayor, que se constituía en su único punto de calma, prefería soltar el móvil. Con un último suspiro, asintió al comentario de la tutora, apresurándose en escribir un mensaje con su ubicación ni bien hubo terminado la llamada.

Al menos habían respetado su privacidad, absteniéndose de utilizar la aplicación de gps instalada en el teléfono de la jovencita, para ubicarla en caso de emergencia. Aunque estaba segura que, de no haber atendido en aquel momento, probablemente lo hubieran hecho. Desviando el rostro hacia la brillante superficie del océano, intentó recuperar la paz con una profunda inspiración, presionando ligeramente sin notarlo la mano de Nate. –Lo siento, parece que debo irme..-Tipeó tras unos largos momentos, evitando cuidadosamente cruzar su mirada con la del joven, si bien fue capaz de esbozar una suave sonrisa. Su encuentro se desvanecía como un sueño con la llegada de la noche, sin tener en cuenta que aún no se hallaba preparada para decir adiós.
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Nate Barrett el Lun Sep 01, 2014 7:02 am

El mundo bien podría haberse acabado en ese preciso instante, poco le importaría al pelinaranja. La playa se había transformado en otro mundo absolutamente diferente, no era parte de un sueño ni de la realidad, al menos él no lo percibía de esa forma. Era algo más, algo especial, indescriptible. Era el lugar donde dos extraños se habían encontrado por capricho del destino. Un día de invierno, como lo era aquel, dificilmente podía olvidarse, parecía detenido en el tiempo, reservado en la memoria para siempre.

Mientras sus pasos lo guiaban junto a Narelle, Nate desvió su mirada hacia el manto azul que cubría sus cabezas, no encontraba palabras para expresar sus pensamientos, de repente, sentía que no había ni una sola palabra que pudiera hacerlo. Distraídamente se fijó en el sitio donde el sol se había despedido por última vez, ya no había un solo rayo que iluminara el cielo, solo el reflejo que se dejaba ver en la luna disfrazando el día de noche. Y aún no encontraba la forma de poner en sus labios lo que quería decirle a la joven de ojos dorados que caminaba a su lado. Era la primera vez en toda su vida que sentía verdadera curiosidad por conocer a alguien más, apagando el miedo que su conciencia le recordaba siempre sobre dejar entrar en su vida a los demás. Al final, se rindió, tal vez era mejor no decir nada, no preguntar, no arriesgarse...

Nate miró de reojo a la muchacha y no pudo evitar una leve sonrisa, no la conocía ni remotamente y aún así sentía que había pasado una vida entera a su lado. Era una extraña sensación, eso era lo que despertaba en él tanta curiosidad. ¿Cómo podía ser que, de entre todas las personas en el mundo, una muchacha que a penas conocía tuviera tanto poder sobre sus emociones? No había ninguna respuesta a aquella pregunta, mientras más pensaba, más quería saber de ella, no importaba lo que fuera, se conformaría con saber lo que quisiera contarle.

Así, cuando el tiempo parecía detenerse por completo, cuando las palabras acudieron a su mente y estuvo dispuesto a formular las preguntas que tanto habían dado vueltas por su mente, el mundo hizo su llamada al plano de la realidad. Bastó con leer lo que Narelle había escrito en su móvil luego de atender aquella llamada que había explotado la burbuja  que ambos habían creado casi sin quererlo. El joven soltó delicadamente la mano de la muchacha, algo que le resultó más dificil de lo que había imaginado. Sintió que el frío acariciaba su piel y se vio obligado a resguardar sus manos en los bolsillos. Así que después de todo, si había sido un sueño...

- No te disculpes - dijo forzosamente, sabía que la culpa no era de ella, pero comenzaba a sentir la ausencia de esa cálidez que antes lo embriagaba. Su mirada se fijó en un punto lejano, en la nada misma, odiaba las despedidas y esa no era una excepción. - Nos veremos en otra ocasión - agregó en un tono de voz que demostraba, efectivamente, que aquella no iba a ser la última vez que sus caminos se cruzarían. Realmente, no estaba seguro si así sería pero quería creer...esa también era la primera vez que quería creer con toda su fuerza.

Sin poder evitarlo por más tiempo, buscó su mirada, quizá para convencerse por completo que volvería a verla, para no olvidar su rostro, grabando hasta el mínimo detalle en su memoria. Le dedicó una ligera sonrisa, de las más sinceras que había obsequiado en su vida. No iba a dejar que esa despedida le afectara, para sí mismo se repetía que aquello realmente no era tal cosa. No podía existir un adiós tan pronto, no podía ser que todo hasta entonces hubiera sido tan fugaz, no estaba dispuesto a creer en ello. Deseaba profundamente creer que solo era un "Hasta luego".
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Re: Mar de invierno [Priv. Nate Barret]

Mensaje por Narelle Sokhna el Sáb Dic 20, 2014 5:28 pm

Narelle siempre se caracterizó por ser una niña tranquila, y una adolescente relativamente dócil, que mantenía una relación alegre y cercana tanto con sus padres como con su propia tutora, sin desobedecer sus órdenes cuando algo le disgustaba, sino más bien tratar de llegar a un acuerdo. Tantas conexiones perdidas por las repentinas mudanzas que el cargo de su padre implicaba, sin poder echar raíces más que con el océano que mantenía unida su alma con el resto de la tierra. Era el único sitio con el cual había establecido un vínculo completo, consciente de que siempre lo tendría cerca, sin importar el lugar donde se encontrara, puesto que cubría la mayor parte del planeta. Entonces ¿por qué Hyacinthe no podía comprender su deseo de visitar dicho espacio en el nuevo hogar al que habían arribado? Entre los trámites que su inscripción al instituto requería, los compromisos sociales de sus padres y constantes prácticas con el chelo, la joven apenas tenía tiempo para dormir entre sus amplias actividades, ni qué decir de salir fuera de la vista de sus perennes guardianes.

Pero eso era lo único que siempre requería: la libertad de poder pasar un tiempo a solas con sus propios pensamientos, fuera de las paredes que abarcaban la mayor parte de sus horas. Ni siquiera salía tanto como el resto de las personas de su edad (más allá de no conocer a nadie en la ciudad, sus amistades siempre habían sido mayores y más tranquilas en lo referente a la clase de salidas) y cumplía con los requisitos académicos y sociales que sus padres imponían. Pero su silencio amable ocultaba más que una muchacha dócil, y visitar aquellos sitios que más le gustaban, así como tener un tiempo para sí, eran cosas a las que iba a aferrarse con manos y dientes.

La brisa helada rodeó sus dedos con mayor fuerza que antes cuando estos se vieron apartados de la cálida envoltura de la mano de Nate, recordándole con mayor fuerza aquello de lo que se veía obligada a alejarse. Esos ojos, oscuros ahora debido a los rayos de sol que abandonaban ya por completo el lugar, y la sonrisa que había iluminado su día como el sol de verano, con una completa sinceridad… Incluso la pacífica atmósfera que se había instalado entre ellos mientras caminaban sobre la arena, cada vez más cubierta de sombras, se desvanecía con la misma facilidad que un sueño. Hubiera deseado guardar el móvil y olvidar, tanto los mensajes como las llamadas de su profesora pero era demasiado tarde. Además, no tenía otro medio de comunicarse con él de momento, el cuaderno estaba ya guardado y no tardarían en llegar a buscarla.

Como si aquello pudiera evitar o atenuar el abrupto final de su encuentro, inclina el rostro hacia atrás para dibujar nuevamente los rasgos de su acompañante con la mirada, deteniéndose en esa medialuna que adornaba los labios ajenos una vez más. Era increíble cómo suavizaba toda su expresión, aunque sin duda lo que más le intrigaban eran sus ojos, esos capaces de reflejar en un solo momento toda la sinceridad respecto a su condición que jamás había presentado nadie más desde el primer momento. Con lentitud subió los suyos hacia éstos, devolviéndole la sonrisa con una tristeza mayor a la que quizás debería sentir, justo en el momento en que su teléfono volvía a vibrar y la figura de Hyacinthe hacía aparición sobre las escaleras que dividían la carretera de la playa. Asintiendo al comentario, cruza su mirada una vez más antes de alejarse hacia la rubia que la esperaba impaciente, temiendo no ser capaz de hacerlo si demoraba un poco más.
Al llegar junto a su tutora, se encontró con que el panorama era peor de lo que creía, mas por una vez no prestó atención a las palabras ajenas, volviéndose hacia Nate para despedirse con un suave gesto de la mano, mientras la mujer se metía en el automóvil y la obligaba a entrar consigo. –Hasta luego-Moviendo los labios tenuemente, como si con ello las palabras fueran a resultar audibles por fin, formula la despedida que no fue capaz de realizar, manteniendo los dorados iris fijos en la playa incluso mucho después de que ésta hubo desaparecido entre las calles de la ciudad. Quizás, sólo quizás, volvieran a encontrarse. Después de todo, ya lo habían hecho una vez..
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