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C'est l'amour [Annete & Elliot]

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C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Sáb Nov 30, 2013 7:12 pm

Después de unos días de pedirle matrimonio a mi novia le pediría que viniera a vivir a mi casa. Que que trajera todo lo que quisiera con tal de estar con ella dejaría espacio en el armario para su ropa, o incluso compraría un armario más grande. Aun recordaba el del beso que nos dimos frente a su casa como si fuera ayer... Annete y yo desayunamos en el instituto casi todas las mañanas, cuando tenía tiempo libre porque un par de veces estuve hasta arriba de trabajo, y otras ella estaba ocupada o no nos coincidían los horarios. Tan solo en unas semanas había llegado a lo profundo de mi corazón tan solo con charlas de media hora cada día, y conversaciones telefónicas que me hacían sonreír como un colegial de 17 años. Tenía una especie de maldición con mis parejas y es que todas me dejaban antes de los tres meses de salir juntos por una razón u otra. No toleré que pasara con Annete, obviamente. Annete me daba vida. Y si eso me parecía como si fuese ayer, la hermosa pedida de matrimonio en la fiesta de nochevieja aun la tenía en la mente todo el rato. La había invitado concretamente esta noche para cenar pero no le dije el sitio.

Me despedí de Jean, mi amado can y entré en el coche arrancándolo con un suave movimiento de mano con la llave en el contacto. El coche comenzó a emitir un suave pitido y eso era el aviso de que no me había puesto el cinturón de seguridad. Al coche le faltaba hablar.  Me abroché el cinturón y puse marcha atrás para salir del garaje. Solté levemente el embrague y al estar en la carretera metí primera y pisé el acelerador.

La historia de mi coche familiar estando soltero era muy graciosa. Un día por arte de magia mi querido y preciado Mercedes Benz descapotable de dos plazas desapareció del garaje de mi casa, reemplazado por el Audi último modelo familiar. Tan pronto como mi ira explosiva dejó mi cuerpo a la semana mi madre apareció por la puerta, con su sonrisa característica y me soltó “Es un regalo de mi parte para cuando tengas hijos, ¿Cómo está tu querida Sandrene? ¿Para cuándo la boda?” Sandrene una de mis ex, la más calmada de todas, el sueño de cualquier suegra... pero también la más reacia al compromiso... Sandrene al creer que el coche era una indirecta de mi parte huyó despavorida, casi ni me dio tiempo a explicar que la metida de mamá había hecho semejante disparate con mi Mercedes. ¿Y qué decirle a mi madre casi anciana? “Métase el coche por donde te quepa” solo pude decirle un “Gracias madre, me encanta, todo un detalle” y todo eso con una de mis mejores sonrisas. No quería ni imaginarme a mi madre enfadada… no me dejaría ver a mi hermana Jeannie en meses y se pondría peor que un tigre sin comida, un mono con rabia y el casero de El Fugitivo juntos era decir poco.El caso es que mi Audi espantaba a las mujeres pero… al final me acabé acostumbrando y me fue gustando. El Audi SR 6 Avant que me regaló mi madre y al que tanto le renegaba me acabó gustando realmente. Iba como la seda y aunque fuera un coche familiar la aerodinámica era básicamente perfecta y la estética tanto como por fuera como por dentro eran elegantes. A Annete no parecía disgustarle cuando empezamos a salir, asique agradecí que el coche fuera de su agrado, valió la pena mi enfado.

Marché hacia la casa de Annete y llegué justo a la hora que acordamos. Cuando llegué puse el punto muerto, bajé el freno de mano, quité la llave del contacto, me desabroché el cinturón, le di a la bocina para que Annete supiese que ya estaba esperándola abajo y salí del auto para ir a esperarla frente a la puerta de su casa. La tenía muy consentida, y podría estar como media hora en la calle y no enfadarme ni una pizca con ella.



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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Dom Dic 01, 2013 4:02 am

Ese día jamás lo olvidaría y cómo hacerlo luego de lo ocurrido con Elliot. Nunca pensé que algo así pudiera darse y menos con él, ni en mis sueños habría pensado en algo como aquello, pero, como cosas del destino, simplemente surgió, como la lluvia en pleno día de verano; luego de la muerte de Damien, creí que no me volvería a sentir atraída hacia otra persona, pasaron algunos años y efectivamente me cerré de tal manera que mi única compañía eran mis ilustraciones e historias, con ellas pasaba el tiempo libre cuando no estaba con mis colegas de profesión. Nunca intercambié palabras con el francés más allá del trabajo, tampoco lo vi con otros ojos, y menos creí que algo entre nosotros pudiera darse. Elliot Rousseau era la persona con la que menos pensé terminar así, hasta creí que era producto del cansancio y del trabajo pero no, era real. Ya llevaba más o menos un año trabajando como profesora en el Instituto en el cual el albino ejercía el cargo de de director, es decir, era mi jefe.

Aquella tarde me lo topé en el centro comercial mientras, disfrutaba de mi tarde libre y todo inició justo cuando me permití abrirme un poco a ese hombre que me resultaba un desconocido a pesar de que lo veía a diario en el instituto. Tan cerca y tan distante a la vez, a ambos no se nos pasaría por la mente encontrar a una persona tan parecida a cada uno, definitivamente eran cosas del destino. Intuí que todo daría inicio a una buena amistad pero, me equivoqué y lo supe justo esa noche cuando nos despedimos. Un beso, sólo un beso bastaría para hacerme saber que aquel hombre me atraía.

Luego de esa despedida tan peculiar, me quedé pensando en tantas cosas. Muchas me aterraban, después de un par de años, no me había sentido así, quise llamar a Amelie para contarle todo pero, preferí no hacerlo. tomé el peluche que me había obsequiado el francés y me era imposible quedarme quieta, y menos podía hacerlo al recordar que al día siguiente debía topármelo en el instituto, seguro se me caería la cara de vergüenza y quizás él, tomaría las cosas con normalidad, como lo haría cualquier hombre que apenas acaba de conocer a alguien. Lo cierto es que no fue así, desde ese momento aprovechábamos el tiempo libre para desayunar y hasta intercambiamos palabras durante las noches en largas conversaciones telefónicas, como lo harían dos adolescentes en el inicio de su relación. Olvidaba todo lo demás durante esos instantes en los que compartía con Elliot. Era más que una simple atracción, me estaba conectando emocionalmente con ese hombre y no había marcha atrás.

Acepté salir a cenar con él, aunque, no supiera el destino al cual me llevaría, confiaba en ese hombre. Pasé largo rato tratando de escoger la prenda adecuada para aquel encuentro, nada me gustaba, no podía evitar reír sola al verme en dicha situación, me sentía como una joven de 17 años en su primera cita. Había comprado ropa especialmente para la ocasión y simplemente la descartaba una y otra vez. Me gustaban los trajes clásicos, reservados y elegantes, quizás eran costumbres heredadas de mi familia y agradecía eso. No podía aparecer frente a Elliot con cualquier cosa puesta, eso jamás. Finalmente terminé por escoger un vestido de corte recto de color negro, elaborado con satén. Sin perder más tiempo decidí arreglarme lo antes posible para estar lista a la hora, también puedo incluirme en el grupo de mujeres que tardan horas en arreglarse, aunque, en mi caso lo hago en ocasiones que lo ameritan.

Terminaba de colocarme los pendientes justo cuando escuché la bocina de un auto, intuitivamente fui a asomarme al ventanal principal que daba justo frente a la calle. Vivía en un primer piso, así que era fácil reconocer al autor que accionó aquella bocina y sí, efectivamente se trataba de Elliot. Ya estaba finalmente lista, tomé mis pertenencias, incluyendo un abrigo y me preparé a salir de mi morada para dirigirme hasta el lugar en donde me esperaba quien sería mi acompañante esa noche. Llamé al francés al móvil para avisarle que ya iba en camino, que en pocos minutos estaría abajo y así fue.

Al quedar frente a él, le saludé con un beso en la mejilla y bajé un poco la mirada, quizás me sentía un tanto avergonzada, no lo sé, también pudieron haber sido los nervios.

—Bien, me disculpo por los minutos que te hice esperar… —Comenté mientras esbozaba una suave sonrisa esperando así el inicio de nuestra cita.


Última edición por Annete Drachenblut el Dom Feb 23, 2014 1:09 am, editado 2 veces
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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Vie Dic 06, 2013 12:54 am

La vi desde la ventana y sonreí. Desde ahí no podía verla de cuerpo entero pero seguramente iría absolutamente preciosa. Y eso pude comprobar cuando ella bajó con un vestido de cocktail oscuro de largura hasta la rodilla con los hombros al descubierto, un bonito cuello en V. Iba espectacular, increible. Tomé su mano derecha y le di una vuelta lenta a su cuerpo, girándola sobre sí misma. Cada detalle, sus complementos, su cabello, el vestido… era hermosa en todos los sentidos. En cuanto la tuve enfrente le dediqué un suave beso en los labios como saludo.

- Valió la pena la espera... Estas preciosa mi amor, como siempre.

Aun teniendo su mano entre las mías y le di un leve beso en esta. Solté su mano suavemente y le abrí la puerta del copiloto,sacando después de la guantera un pañuelo de seda negra. La lle varía desde Sweet Valley hasta París a la mismísima torre eiffel para cenar con el menú más caro con servicios especiales. Pero quería que fuese una sorpresa, siempre tenía sorpresas para ella. Aunque seguramente ya hubiera ido a la torre eiffel antes quería ver su cara al bajar del coche y viera donde estábamos.

- Mi vida quiero llevarte a un lugar especial pero… tengo que vendarte los ojos para que sea una sorpresa. Confía en mí cariño.

Le sonreí cálidamente por si estaba nerviosa intentar calmarla un poco, dándole un tierno beso en la frente y le até el suave pañuelo de seda rodeando su cabeza para así tapar sus ojos, con cuidado de no estropear su cabello o que el nudo quedara muy apretado. La ayudé a entrar en el coche y yo mismo le puse el cinturón de seguridad, después me senté en el asiento de conductor, preparé todo para arrancar y salimos de la casa de Annete. En un semáforo puse un pendrive en el aparato de música en el cual se podía enganchar desde un USB. Lo conecte y la música comenzó a sonar. En el grabe todas las canciones que Annete me había dicho en alguna que otra conversación que le gustaban. Así iría más cómoda y se le hacía el trayecto más corto. Iba concentrado en la carretera, pero de vez en cuando tarareaba las canciones que sonaban dentro del auto y hablaba con Annete para mantenerla entretenida, ya que no podía ver nada a través del pañuelo de seda que tapaba sus hermosos ojos.

Cuando llegamos a París fue directamente a aparcar al aparcamiento más cercano a la Torre Eiffel, y tuve suerte porque solo quedaba una plaza de aparcamiento. Sonreia por la suerte que había tenido y apagué el estéreo del coche. Me bajé del coche y fue hasta la puerta del copiloto, ayudándola a bajar ya que ella iba a ciegas.

- Voilà mademoiselle! Bienvenida a la Torre Eiffel. Supongo que has venido otras veces pero... conmigo no has venido todavía.

Suavemente le quité el pañuelo que ocultaba la belleza de la Torre Eiffel. Sonreí mirando su reacción de pasar a estar en su departamento en Sweet Valley a estar a tan solo unos metros aparcados cerca de la Torre.



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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Jue Dic 26, 2013 6:52 am

No sabría explicar a ciencia cierta qué era lo que estaba pasando, si se trataba de un sueño o simplemente estaba imaginando cosas. Iba a tener una cita con Elliot y esta vez algo más formal que simples encuentros durante las mañanas, en las que desayunábamos juntos. Por más que yo tratara de evadir que todo aquello era algo fuera de lo común y que se trataba de una ilusión, la realidad me daba ligeros pellizcos para hacerme ver que no era así, ese hombre y yo habíamos logrado conectarnos muy bien en tan poco tiempo, como si realmente estuviéramos destinados el uno al otro. Y siempre estuvo tan cerca de mí que no lograba hacerme la idea de que era todo real, pero sí lo era, definitivamente lo era.

Pensaba en tantas cosas mientras iba a su encuentro, mis labios se curvaban en una sonrisa de esas espontáneas que sólo revelan los enamorados. No podía negar que me sentía algo nerviosa, impaciente y feliz por esa noche; Elliot me había conquistado con cada uno de sus gestos, su forma de ser. Todo él era perfecto, al menos para mí y caía lentamente en aquello que la gente llama amor. Sí, empezaba a estar tan atraída a él que sin duda alguna, me había enamorado y aunque, no se lo dijera directamente mis actitudes me delataban.

Cuando estuve finalmente cerca de él, los nervios me hicieron una mala pasada en mi estómago. Avergonzada, y  más nerviosa de lo normal, y más con la expresión que tuvo el francés al verme; su mano se posaría sobre la mía y me haría girar detallando cada complemento en mí. No pude evitar reír por lo bajo y seguir con ese juego, con Elliot siempre me sobraba el buen humor.

Asentí levemente ante su comentario, agradeciéndole con aquel ligero movimiento de cabeza, me aliviaba saber que había hecho una buena elección con el traje porque arriba en mi departamento ya me estaba frustrando sino elegía algo bueno en poco tiempo, pero, eso ya era una página pasada e innecesaria para esa noche tan especial para ambos. Le observé algo incrédula al notar aquel oscuro pañuelo de seda en sus manos, no lo sé, pero me emocioné y aún más, sentí como la curiosidad despertaba en mí era como si esperara algo realmente sorprendente. Elliot siempre estaba lleno de sorpresas, seonreí haciéndole ver que confiaba en él. Esperé plácidamente a que atara aquel trozo de tela alrededor de mis ojos para cubrirlos, ese beso en mi frente hizo que las mariposas en mi estómago revolotearan una y otra vez. Sólo él causaba esas extrañas sensaciones en mí.

Ya dentro del coche intenté calmar mis emociones, todo aquello era tan increíble que se me hacía difícil de creer. La duda me asaltaba, quería saber lo antes posible a cuál lugar me llevaría, de seguro sería especial y me apenaba un tanto que se tomara tantas molestias conmigo. Aún con los ojos vendados, pude percibir cuando se sentó en el asiento de al lado, haciendo que el auto iniciara movimiento, no sin antes ayudarme a colocarme el cinturón de seguridad, me lo quería comer, era exquisitamente atento. Colocó música y justo aquellas canciones que a mí tanto me gustaban, hasta me sorprendía que tarareara algunas durante el camino, yo cantaba otras para dar a entender que me sentía a gusto a pesar de estar con mis ojos en penumbras.

Conversábamos de vez en cuando y del resto se encargaba la música, aunque, eso no mantenía a mis pensamientos tan distraídos. Los disimulaba muy bien y agradecía que fuéramos personas comunes y corrientes y no seres sobrenaturales capaces de leer mentes. Por un momento me pregunté si de verdad yo deseaba eso y sí, claro que lo quería, sólo que no lo había notado; reprimí tanto mis emociones desde la perdida de Damien que me resigné a pensar que algo hermoso llegara a mi vida y que viviría sumergida en el más atroz invierno hasta el fin de mis días. Lo cierto es que, la vida se encargó de decirme que no, de mantener mi esperanza a salvo y una vez más, me dio una de esas lecciones que jamás se olvidan y que te ayudan a seguir hacia adelante con la frente en alto a pesar de las adversidades.

Entre tanto distracción, el camino se me hizo verdaderamente corto, evadiendo cualquier rastro de tiempo mientras íbamos directo hacia el destino que había sugerido Elliot para nuestra primera cita. Mis orbes se mantenían ocultos tras la seda pero mis oídos estaban más alertas que nunca; en algún momento llegamos, no sé en cuánto tiempo, ni cómo, sólo sé que llegamos al notar que el ritmo del auto había disminuido y que ahora se movía de manera diferente hasta que finalmente se detuvo. En ese instante sentí que el corazón se saldría de su caja torácica y mi mente se nubló a causa de la emoción, a pesar de estar entretenida durante el transcurso del viaje, tener en cuenta de que ya estaba en ese lugar especial que había reservado para mí hacía crecer en mí un sinfín de emociones que se mezclaban entre sí.

Aprovechando que Elliot había salido del auto aproveché para respirar profundo y tranquilizarme y logré conseguirlo justo cuando escuché la puerta del copiloto abrirse, eso era señal de ¡es hora de salir! Me mantuve serena y apoyándome de la mano del hombre logré salir ilesa del vehículo. Claro, aún mis ojos se mantenían a merced de la oscuridad de la seda.

Casi chillo como una adolescente cuando Elliot me dio la bienvenida a nada más y nada menos que a París y más especifico, a la Torre Eiffel. No es que fuera algo extremadamente fabuloso como para sorprenderme tanto, sí había estado un par de veces por ahí pero, en ese instante era especial, muy especial y eso me emocionaba bastante haciéndome ver que era la primera vez que visitaba aquel monumento. Al momento en que el rectángulo de tela negra abandonó mis ojos contemplé a aquella estructura con bastante conmoción; quise lanzarme encima de él y darle un beso de esos que te cortan la respiración pero contuve esos desenfrenados deseos guardando la compostura.

Una sonrisa tonta se dibujaba en mis labios sin dejar de ver lo hermosa que lucía la Torre Eiffel en ese instante. Era como si todo a mí alrededor desapareciera y sólo estábamos Elliot, Eiffel y yo. Lo miré con un brillo inexplicable en mis ojos, ese mismo que aparece cuando miras al amor de tu vida y como si todo lo demás perdiera sentido me acerqué y sólo le besé.

Un beso corto, tierno y cálido, eso era todo. Mis manos se entrelazaban con las suyas llevándolas a la altura de nuestros pechos entre el poco espacio de ambos cuerpos. Mis orbes se posaron en los suyos; una sonrisa enigmática hacía su aparición y la emoción estaba apretada en mi interior. Nuestros rostros quedaron a escasos centímetros, casi podía sentir su respiración. Las miradas decían más que mil palabras, era como si más nada tuviera sentido, como si todo careciera de importaba y sólo importábamos los dos.

—Muchas gracias por este detalle, las palabras no alcanzan para explicar todo lo que siento en estos momentos —mencioné en voz baja, casi susurrando sin dejar de mirarlo. Me sorprendí de la honestidad de aquella frase, la turbación de mis emociones me habían llevado a eso y fue inevitable dejar escapar aquello.
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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Mar Feb 25, 2014 12:09 am

No podía explicar cómo sus emociones afectaban tanto a las mías. Su felicidad me hacía sentir completo… creo que no necesitaba más en la vida estando a su lado. Ahora solo faltaba que se mudara a mi casa junto con su gatito Niamh para que mi felicidad se hiciera completa y esperaba que la de ella también. Besé sus perfectos labios lenta y suavemente como si fuera lo más dulce y delicado del mundo. Por una vez le diría a dónde íbamos, ya que la última vez la llevé casi en su contra a una fiesta de año nuevo en una mansión que no le apetecía demasiado ir y engañada en vez de a la fiesta la llevé al embarcadero de la mansión a pedirle matrimonio. En ese momento después del beso le acaricié las mejillas a mi única pelirroja preferida y le comenté parte de mi plan de la noche. Obvio no iba a decirle el motivo de la elegante cena.

- Tengo reservada una mesa de primera clase en el restaurante Le Jules Verne, que está dentro de la torre en breves –Miré el reloj- hay que llegar puntuales, vamos. Te encantará.

Besé su frente, me encantaba besarle la frente ya que me transmitía la sensación de protegerla y de que todo iba a salir bien, que la protegería siempre. Le ofrecí el brazo y ella lo tomó, y con eso comenzamos a caminar hacia allí mientras charlábamos de nuestras cosas llegamos a la entrada. Al llegar le enseñé la reserva a la anfitriona que estaba allí para comprobarlas y luego nos llevó a través del ascensor privado al restaurante en la segunda planta. Y ahí estábamos en “Le Jules Verne” a 125 metros del suelo y dirigido por el famoso chef Ducasse. El ambiente elegante y contemporáneo era de lo mejor, con colores apagados como el marrón chocolate e  iluminación indirecta en tonos ámbar.

Cuando llegamos un caballero muy amable nos guió hasta nuestra mesa. Todas las mesas tenían una increíble vista, pero a mi petición nos asignaron una mesa frente a la ventana central donde podíamos apreciar la noche de Paris en todo su esplendor. Era una verdadera maravilla cenar allí arriba, ver París iluminada desde las alturas mientras cenas con tu ser amado era una experiencia demasiado bella para perdérsela, y más en un momento tan importante como pedirle a esa mujer que viniera a vivir conmigo.  Le retiré la silla a mi prometida para que se sentara y cuando lo hizo me senté frente a ella.

- Espero que el ambiente, las vistas, el menú y mi compañía sean de tu agrado.

Sonreí tiernamente a la diosa que tenía ahí delante de mi... por ella había sido muy difícil conseguir reserva, tenías que pedir a veces incluso meses antes pero ya se sabe que los contactos y amigos siempre hacían maravillosos favores.

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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Mar Feb 25, 2014 2:47 am

Elliot podría hacerme suspirar como una adolescente y eso hasta que me causaba gracia. Ya parecía costumbre de él darme este tipo de sorpresas, primero hacia que los nervios jugaran conmigo y luego terminaba haciéndome reír como idiota. Siempre se las ingeniaba para causar en mí esas sensaciones. A estas alturas no podía creer que me casaría con él, aunque, me pellizcara y terminara dándome cuenta de que no era un sueño, sentía que estaba soñando. Era realmente feliz a su lado y en cada detalle buscaba la manera de robarme una sonrisa. Recordé un poco la noche en que me pidió matrimonio, me temblaban las piernas, para qué negarlo, pero luego todo cambió y esa noche en vez de ser una tortura se convirtió en una noche muy especial para mí, un recuerdo que guardaré en el baúl de los momentos más bellos de mi vida.

Luego de que mis ojos se libraran de la oscuridad de la seda y me sorprendiera al ver el sitio al que me había llevado Elliot en aquella ocasión, me calmé un poco más. Ya no sentía los mismos nervios cuando empezamos a salir aunque, a veces me excedía de emotiva, ¿Y cómo guardarme toda la felicidad que sentía en esos momentos estando a su lado? Era casi imposible y en definitiva no podía reservar algo tan importante como eso. Intuía que no sólo se trataba de ir a ver a la Torre Eiffel, sabía que Elliot había planeado algo más y así era. Cenaríamos en un reconocido restaurante que se situaba en el interior de la torre, admito que aquello me sorprendió bastante pero, ya empezaba a acostumbrarme a esos detalles del hombre que se convertiría en mi esposo.

Cerré mis ojos al momento en que él depositó un beso sobre mi frente, me encantaba cuando lo hacía, me causaba una sensación de protección. Estaba segura a su lado y eso me hacia sonreír espontáneamente. Tomé el brazo del albino y caminamos juntos hasta nuestro destino, platicamos de muchas cosas durante el trayecto. Estaba realmente agradecida con la vida por haber puesto en mi camino a aquel hombre tan maravilloso. Me sentía verdaderamente feliz y mi sonrisa desbordaba por sí sola toda aquella felicidad. La anfitriona del lugar nos guió a través del ascensor que llevaba al restaurante que se hallaba justo en el segundo nivel, en poco tiempo ya estábamos en aquel espectacular lugar, “Le Jules Verne”. Ese nombre me hizo querer agregar algún comentario intelectual de mi parte pero, me lo reservé hasta que se diera la ocasión.

Al momento en que fuimos guiados hasta nuestra mesa, observé con distracción a toda la ciudad de París que se abría paso frente a mis ojos desde aquella altura. No pude evitar reír un poco, esa selección tuvo que haber estado entre los planes de mi amado hombre; era sencillamente adorable. Tomé asiento con especial cuidado y al momento en que él hizo lo mismo, hice un esfuerzo para fijar mi mirada en la suya. La vista que tenía de París me hipnotizaba pero, más hipnotizante era la mirada de mi prometido. Afirmé mis ojos en los suyos y le dediqué una cálida sonrisa al momento en que tomaba sus manos.

—Debo admitir que todo este lugar es maravilloso, incluso hasta el nombre. Leí a Jules Verne cuando era niña, un tío es fanático del famoso escritor y las aventuras narradas en sus historias te atrapan sin que te des cuenta —mencioné con calma sin dejar de mirarlo, le sonreía como tanto a él le gustaba que lo hiciera—. Pero, lo más maravilloso de todo esto, es que estoy a tu lado y eso es lo único que importa, te amo.

A veces las palabras no alcanzaban para expresar todo lo que sentía por Elliot, estar a su lado me hacia feliz, me llenaba de vida y aunque, habían veces que lograba hacerme refunfuñar lo amaba. Acepté casarme con él porque sencillamente no me hallaba en este mundo sin él; ese hombre había llenado aquel vacío que se apoderaba de mi interior conforme pasaba el tiempo. El fue el primer día de primavera en mi vida, luego de un largo y tortuoso invierno.
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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Vie Mar 28, 2014 2:04 am

Su sonrisa y sus pequeños gestos de cariño hacia mí me embrujaban. Tan perfecta… ¿Por qué tenía que ser tan adorable? Solo tenía ojos para ella… Y cuando me dedicaba esas sonrisas tiernas me entraban ganas de abrazarla y llenarla de suaves besos, como en esos momentos. Me incliné y besé los labios de la mujer que amaba, uno ligero, cariñoso, ante la atenta mirada de un maître que no me había ni fijado que estaba presente de lo atento que estaba en prestarle atención a mi futura esposa. ¿Mala educación? Tal vez, pero no iba a quedarme con las ganas de besar a mi esposa. El maître viendo que aún no habíamos decidido que tomar decidió ir a atender a otra pareja que había varios asientos más retirados de nosotros. Sonreí ante el comentario de Annete de Jules Verne mientras miraba el menú del lugar, uno de los más importantes escritores de Francia y de toda Europa gracias a la evidente influencia de sus libros en la literatura vanguardista y el surrealismo. De sus novelas de aventura para mi gusto me gustaban Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en ochenta días, muy buenas esas obras.

- Jules Verne, El padre de la ciencia ficción junto con Herbert George Wells sin lugar a dudas. Tu tío tiene buen gusto. –sonreí a mi amada, extendiendo una mano para acariciar su mejilla levemente con cariño- Tengo que decirte algo importante.

Estaba deseando darle la sorpresa al final de la noche. Por lo pronto empezaría por pedirle que se viniera a vivir conmigo. El maître acabó de servir a la otra mesa y volvió a la nuestra, interrumpiéndome. Estaba deseando que llegaran los postres, no para comerlos sino para entregarle un sobre con su pasaje a Venecia, una de las tantas sorpresas que tenía preparadas para Annete, como siempre. Ella mencionó que le gustaría ir a Venecia y otro día mencionó que le gustaría una boda intima. Allí en Venecia tenía pensado pasar unas semanas con ella, no había problemas ya que pedí vacaciones en el instituto para los dos. Podíamos disfrutar sin adolescentes, sin preocupaciones, sin papeleos… Solo nosotros dos y Venecia.

- ¿Qué desean el señor y la señora?

Preguntó el maître amablemente, que había vuelto a nuestra mesa. Cerré el menú, lo estuve leyendo pero desde el principio sabía lo que iba a escoger. El menú degustación estaba compuesto por varias cosas, pero de mis favoritas eran entrante de langosta con verduras, de pescado el rodaballo braseado y los postres… mi postre favorito de los que había en la carta era la tarta de mouse de chocolate con avellanas y praliné crujiente.

- El menú degustación para mí, por favor.

Luego de escucharme observó a Annete para que le dijera que iba a cenar esa noche. Le entregué al hombre la carta con el menú para que se la llevara. Siempre que iba a un restaurante así me pedía los menus degustación. Me permitía poder probar una amplia gama de platos, no tan solo unos pocos.



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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Mar Abr 29, 2014 10:14 am

La duda me invadió al momento en que ese “tengo que decirte algo importante” escapó de sus labios. Claro, hubiera podido mencionar lo que tenía en mente de no ser por el maître, quien se había llegado hasta nuestra mesa –de nuevo–, sentí un poco de vergüenza y sólo esbocé una suave sonrisa como queriendo disculparme. Elliot me tenía totalmente distraída y con lo último que mencionó luego de su comentario sobre las obras de Verne, capturó mi atención aún más. El lugar era esplendido y toda la cosa pero, él siempre lograba decir o hacer algo que me hacía perder la noción del espacio, del tiempo, ¡De todo! Hasta dejé pasar por alto el menú cosa que recordé al momento en el que el maître preguntó por nuestra orden.

De nuevo me sentí apenada y un leve sonrojo se asomaría en mis mejillas; reí internamente por aquel descuido pero para ser honesta, el menú era lo que menos me preocupaba e interesaba. Estaba en compañía del hombre al que amaba así que, ¿Qué más podía importar? Más nada. Esperé a que Elliot ordenara para luego hacerlo yo. No me extrañó en lo absoluto que pidiera el menú degustación, siempre lo hacía; mi hombre era tan predecible en algunas ocasiones que no pude evitar esbozar una sonrisa para así contener una posible risa. Cerré la carta y dirigí mi mirada hacia el maître; obviamente no me había decidido por mi orden así que al final terminaría pidiendo lo mismo que mi prometido.

—El menú degustación también, por favor —mencioné con tranquilidad dedicándole una suave sonrisa al hombre.

Al entregarle la cartilla y luego de que anotara nuestro pedido se retiró no sin antes hacer una breve reverencia. Dejé escapar un suave suspiro y observé de nuevo a Elliot, llevé mis manos sobre la mesa, extendiéndolas hasta las de él y tomarlas. Las estreché con suavidad y afirmé mi mirada en la suya. Le dediqué una de esas sonrisas que lo atontaban, me encantaba hacerlo, siempre lograba desconcentrarlo con eso. Era tan adorable. Pero aquello sólo era inicio de una letal interrogante de mi parte, obviamente no se me había olvidado lo que mencionó antes de la llegada del maître.

—Ya sabes querido mío que tengo una memoria brillante para cada cosa que dices, ¿Verdad? —Dije con toda la serenidad que me caracterizaba sin dejar de mirarle así que sin muchos rodeos inquirí—. ¿Qué es eso tan importante que me tienes que decir, amor?

Por alguna extraña razón me sentía en paz aunque, moría de curiosidad por saber qué me quería decir aquel. Siempre tenía algo bajo la manga y para qué voy a mentir, amaba que me sorprendiera con algo nuevo y que lo hiciera justo cuando menos me lo esperaba. Definitivamente el destino se había encargado de obsequiarme el amor de un hombre maravilloso; no sólo estaba enamorada de él, lo amaba y había aceptado estar toda mi vida a su lado. Nos casaríamos pronto aunque para mí el matrimonio era más que un simple documento civil y un anillo, era sentirme plenamente segura y feliz al lado de alguien al que verdaderamente amaba sin prejuicios. No quería una gran fiesta ni nada de esas cosas, prefería algo más íntimo, con nuestros amigos más allegados y seres queridos, sólo aquellos que tenían que ser testigo de nuestra unión ante el mundo.
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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Dom Mayo 25, 2014 9:34 pm

Al parecer mi dulce prometida estuvo tan atenta ante mis palabras que olvidó responder al maître, que parecía acostumbrado a que los clientes se tomaran su tiempo en decidir. Le pedí también el mejor vino que tuviera disponible, solo para mí y mi dulce prometida. Asintió con la cabeza y se marchó para entregar la orden a los cocineros. El sonrojo en las mejillas de mi adorable Annete me hizo esbozar una sonrisa de enamorado, totalmente embelesado en sus amorosos encantos. Su sonrisa… la sonrisa que me dedicó después de que se fuera el maître  me hizo tener unas terribles ganas en esos momentos de robarle un lento beso apasionado, tomarla en brazos fuertemente como una princesa, casarme con ella y hacerla la mujer más feliz del mundo con cada minuto que pasábamos uno al lado del otro. Con ella se congelaba todo, y el mundo pasaba a girar en torno a ella. Todo mi mundo ahora era ella y solo ella. Y mis ganas de formar una familia iban en aumento lentamente... y en realidad nunca me había planteado eso con ninguna otra mujer. Por la dulzura que mostró con esa niña pequeña que conocimos de casualidad porque se había perdido y no encontraba a su mamá aquel hermoso día de otoñal del pasado año donde se produjo el encuentro que nos unió y por como trataba a mi hermana Jeannie sabía que sería una madre asombrosa. Ya habría tiempo de pensar en los detalles, por ahora no diría nada. Quizá no hoy, ni mañana, ni dentro de un año… pero deseaba que se cumpliera ese deseo de formar una hermosa familia.

Tomé sus manos entre las mías acariciando con el dedo pulgar el anillo que compré para ella y que le di en año nuevo en aquella fiesta a la que la casi le obligué a ir conmigo. Lo que ella no esperaba era que no iríamos a la fiesta en sí, sino al embarcadero de la mansión. Bajo la luna llena y las estrellas le pedí matrimonio… Nunca se me olvidarían esos momentos que pasé con ella allí. Los besos, los abrazos, el embarcadero… el agua vestida con el reflejo de las estrellas… fue la pedida de matrimonio perfecta, digna de una diosa como lo era Annete. Simplemente ese anillo le quedaba perfecto.

- Tu memoria cada vez me sorprende más, mi amor –Dije con la misma calma con la que ella me hablaba. Mantuve una breve pausa para luego seguir hablándole a mi amada- Está bien, pensaba esperar a los postres, pero te lo diré ahora…

No, para los postres le tenía preparado algo más especial que pedirle lo que le iba a pedir a continuación. La miré a los ojos para hablarle sinceramente desde lo más profundo de mi alma, haciéndole entender que quería…

- Quiero que mañana mismo tú y Niamh os mudeis a mi casa para empezar nuestra vida juntos. Te extraño cada noche que pasamos separados, quiero despertarme todos los días un poco antes de que suene el despertador para ver tu angelical rostro dormir, deseo llenarte de todos los caprichos que quieras y tenerte como la reina que eres… quiero despertarte todo los fines de semana con el desayuno en la cama y despertarte entre suaves besos.

Al decirle todo aquello me imaginaba todas las escenas de despertar todas las mañanas a su lado, prepararle el desayuno e ir juntos al instituto a trabajar. Para mí si se hiciera realidad mi petición sería un hombre realmente afortunado y completamente feliz. Deposité un beso en cada una de sus suaves manos esperando una respuesta sincera y afirmativa a mi propuesta.



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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Vie Sep 05, 2014 7:51 am

Por un momento me había perdido en aquellos ojos claros y sinceros que se fijaban en los míos. Estaba completamente hipnotizada por ellos y quizás hasta haya dejado escapar un suspiro de esos que sólo son típico de los enamorados. En cuestión de segundos el restaurante y la hermosa vista de la torre Eiffel se habían desvanecido, sólo estaba concentrada en la cristalina mirada de mi prometido y en sus palabras. Caminaba entre nubes y tocaba las estrellas con la punta de mis dedos. Sí, ya no había marcha atrás, estaba completamente enamorada de Elliot Rousseau. Lo amaba. Le daba gracias al cielo por permitirme conocer a ese hombre, en tan sólo una tarde el destino se encargó de unirnos y así fue. Yo quería hacer feliz a Elliot tanto como yo lo era a su lado. Cada uno de sus detalles y atenciones me hacían sentir tan afortunada y sí que lo era. Él se encargó de derribar aquella muralla llena de miedos e incertidumbres e hizo que fuera capaz de amar nuevamente. Entrelacé mis manos con las suyas y sonreí enternecida ante sus palabras.

—Bien, soy todo oídos… Y ya la curiosidad me está haciendo sentir impaciente, así que no creo llegar al postre —mencioné dejando escapar una leve risa. Y era verdad, la incertidumbre ya empezaba a apoderarse de mí.

Escuché atentamente cada una de sus palabras, mis labios se entreabrieron un poco sin poder creer lo que escuchaba y hasta creo que sentía mariposas en mi estómago, era eso o quizás ya me estaba dando apetito. No lo sé. Mis piernas temblaron un poco y mi rostro se encendió, supe que estaba muy sonrojada. Luego de toda aquella conmoción no pude evitar sonreír anonadada. Ladeé mi cabeza aún tratando de contener mi estado de adolescente enamorada al escuchar aquellas palabras. Estaba emocionada, nerviosa, en fin, era una montaña rusa de emociones. Debía calmarme y buscar las palabras adecuadas para hablarle y claro, también guardar la compostura. Respiré profundo y continué con la cercanía de nuestras manos. Me perdí una vez en su mirada y dejé que las palabras fluyeran por sí solas.

—De verdad, estaría encantadísima de poder compartir mis días contigo. Estar a tu lado me hace sentir completa, feliz, no sé… Son muchas cosas a la vez. Y creo que estoy dándole muchas vueltas al asunto y yo —mencioné con calma, pero la emoción se había apoderado de mí. Cerré mis ojos y estreché aún más sus manos—. Sí, acepto irme a vivir contigo… La idea de que vivamos juntos me parece grandiosa y si es mañana mismo es más grandiosa todavía. No sé, yo digo que sí a la décima potencia, al infinito y más allá.

No sé ni cómo me esforcé para responderle, estaba muy emocionada, aunque al final ya dejaba ver la alegría que sentía ante su propuesta. Ese hombre era único y estaba conmigo, no lo podía creer. En muchas ocasiones pensé que estaba soñando pero no, todo era real. La Annete del pasado creía que estas cosas a veces eran una enorme pérdida de tiempo pero es porque esa Annete no se había topado con aquel que la haría cambiar de opinión y ahora por juegos del destino estaba con ese ser con nombre y apellido y era Elliot Rousseau.
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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Elliot Rousseau el Vie Oct 31, 2014 1:51 pm

Sus cálidas manos se entrelazaron con las mías con total, ambas las besé cuando tuve oportunidad, parándome a mirar el anillo de compromiso que le entregué en año nuevo. Y su sonrisa... Ay su sonrisa… Su increíblemente hermosa sonrisa hacía que mi corazón latiera fuerte y veloz. Aunque mi adorada Annete cabilara un poco antes de responder verdaderamente un sí o un no a mi proposición de mudarnos juntos, ella aceptó. Ya estaba acostumbrado a sus adorables rodeos en voz alta, y a sus mejillas encendidas de color escarlata cada vez que le decía algo que le producía cierta vergüenza por alguna razón. Esas pequeñas cosas entre otras, eran las que me enternecían el corazón. Sabía que su respuesta a la petición de que viviera conmigo sería grata, pero e inundó una agradable felicidad escucharlas salir de esos perfectos labios suyos.

- Me acabas de hacer el hombre más feliz del universo, por millonésima vez. Gracias por ser parte de mi vida, mi reina. –Sonreí a mi futura mujer- Estoy seguro Niamh y Jean se hacen muy buenos amigos, le encantará su nueva casa.

Jean, mi perro akita, amigo fiel, era muy importante en mi vida aunque para algunos solo fuera un animal de compañía. Él adoraba a Annete creo que casi tanto como yo, y era muy amistoso y respetuoso con otros animales. Seguro no tendría ningún problema en tratar con el tierno minino Niamh… y mañana mismo mi diosa de piel de marfil y yo estaríamos durmiendo en la misma cama, acurrucados. Era todo un honor para un simple hombre, despertarme todas las mañanas con esa mujer con la que tanto había soñado ahí a mi lado.

En resumen la cena estuvo deliciosa, desde el primer plato hasta el último de ellos. Las conversaciones con Annete siempre eran muy interesantes. Era una mujer muy sabia esa era una de la infinidad de cosas que me enamoraron de ella. El camarero se pasó a retirar los últimos platos sucios y anunció que iria a traer el postre.

-Tengo otra cosa que darte, en realidad –Dije, llevándome la mano al bolsillo de mi pantalón, sacando un sobre blanco alargado con el nombre de Annete grabado con tinta negra. Era su pasaje para nuestra luna de miel a Venecia- Esto es para ti. Espero que te guste este pequeño presente.

Puse el sobre misterioso encima del centro de la mesa y lo deslicé lentamente hacia su lado. Había pensado en todo. Ya había pedido vacaciones para ella y para mi en el trabajo en esa fecha, incluso tenía ya a los profesores sustitutos que iban a impartir nuestras clases mientras nosotros estábamos casándonos en Venecia y teniendo una increíblemente romántica luna de miel.



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Re: C'est l'amour [Annete & Elliot]

Mensaje por Annete Drachenblut el Vie Dic 12, 2014 12:34 am

¿Qué podía decir? Estaba completamente enamorada de aquel hombre, era feliz a su lado y eso no cambiaría en los próximos años. Sonreía como una idiota en tan sólo pensar que viviríamos juntos, que formaríamos una familia. Creo que hasta me atacaron las mariposas en el estómago nuevamente al recordar que sería su esposa. Las palabras no alcanzaban para demostrar tanta felicidad, pese a los altos y los bajos que te da la vida, también te brinda momentos hermosos y justo me había hecho el regalo que jamás pude haber deseado, –ni imaginado–.  Hacía apenas meses atrás yo sólo estaba centrada en mi trabajo, era una nómada, no pasaba demasiado tiempo en alguna ciudad y desde muy joven había viajado por casi toda Europa, alimentando mi curiosidad y dedicándome a lo que más me apasionaba en la vida: El arte. Había conocido a Amelie, aquella francesa que ahora era como una hermana para mí. Al siempre alegre Giovanni y a otros compañeros más que siempre han estado a mi lado, incluso cuando Damien había dejado de pertenecer a este mundo. Aunque mi tristeza fue larga y estuve tan aislada de conocer a alguien, apareció Elliot, en el momento menos esperado y ahora… Me casaría con él. No podía estar más feliz.

Mis padres y familiares ya estaban enterados de aquel suceso y cómo no, mi padre era el que más saltaba de alegría, siempre quiso que tuviera una familia a pesar de mi independencia. No aceptaba del todo que yo estuviera sola y alejada de ellos, pero era parte de mi personalidad y al menos agradecía que lo respetara. Esos recuerdos me aislaron de la realidad unos minutos antes de volver a centrarme en los preciosos ojos de aquel hombre al que tanto amaba. Sonreí al escuchar sus palabras, era tan adorable. Parecía un niño de lo feliz que parecía, me dieron ganas de apretujarlo y besuquearlo, pero debía contenerme, estábamos en un restaurant y debía comportarme.

—Eres un tierno, Rousseau. Si no estuviéramos rodeados de tantas personas te comería a besos —mencioné con una amplia sonrisa, lanzándole un beso al aire—. Te amo.

La cena sin duda estuvo exquisita, siempre había disfrutado de la cocina francesa, incluso, aprendía a preparar algunos platillos típicos de Francia. Y ahora que tendría de esposo a un francés, con mayor razón. Aunque algunas veces terminaba cocinando él y le hacía bromas diciéndole que debía ser chef y no profesor. Platicamos de todo un poco, bueno, yo tenía la mala costumbre de romper los silencios incómodos con cualquier cosa que se me pasara por la mente y en mi vida había leído sobre tantas cosas que a veces sentía que me sobraba información en mi cabeza. Justo al momento del postre, él me pasó un sobre blanco con mi nombre grabado. Lo observé suspicaz. Seguro era una de sus tantas sorpresas que casi me harían saltar como una niña y sí, efectivamente era así. Cuando abrí el sobre me di cuenta que eran dos pasajes para una de las ciudades que más amaba: Venecia. Aquel lugar era de ensueño para mí. Sólo había estado una única vez y deseaba regresar.

—¿Venecia? ¿Es en serio? No puede ser —dije sin poder contener mi alegría, tenía esos pasajes en mis manos y sencillamente no lo creía—. Espera, la fecha es justo aquella que… ¿Nos casaremos allá?

Mi cara de sorpresa era inconfundible. Me había vuelto a asombrar como cuando me pidió matrimonio, lo amaba. Estuve a punto de ponerme de pie y ponerme a saltar y a bailar como idiota, pero no. Sólo estreché sus manos ignorando el postre. Ya no sabía qué más decir.

—Sabes que tengo unas ganas inmensas de ponerme a saltar y de besuquearte todo… No deberías hacerme estas sorpresas en público, Elliot Rousseau. Ya verás cuando regresemos al hotel —aludí como si le regañara, pero sólo estaba bromeando.
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