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Entre garras y dientes [Priv]

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Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Miér Nov 27, 2013 8:40 pm

Nubes de diferentes tamaños y formas surcaban por el cielo ya oscurecido por la llegada de la tarde. Un tenue color naranja rojizo adornaba el horizonte en donde sus orbes azules se hallaban fijos, esperando a que finalmente el sol se ocultase. Su fachada melancólica era no más que otra forma de ocultar su naciente frustración. Llevó una de sus manos hasta alcanzar su reproductor y posteriormente acabo con toda la paz y tranquilidad que reinaba en el lugar al subir todo el volumen del ruidoso aparato, intentando no sufrir un derrame cerebral pero manteniendolo lo suficientemente alto como para que cualquiera que se encontrara a 10 metros de distancia lo percibiera. Esa tarde se había saltado aquellas clases durante las cuales debía compartir sus horas junto a otras secciones del segundo curso. Economía del hogar, educación física y laboratorio de química fueron abolidas totalmente para él, en cambio, decidió permanecer la mayor parte de su tiempo recorriendo los espaciosos jardines para finalmente en su primera oportunidad subir hasta la azotea a contemplar el final del día. No quería tener que darle explicaciones a la apática castaña ni tampoco acabar por ceder ante ella y disculparse por lo ocurrido aquel fin de semana, pues, deseaba conservar algo de su orgullo junto con su enojo. Por un lado, Loan sabia lo ilógico e irracional que estaba actuando contra ella pero por otro lado le daba igual. María finalmente se hastiaría de su carácter y terminaría por aburrirse de él, permitiendole a ambos regresar a sus rutinas normales y continuar con sus vidas... Ante tal pensamiento cubrió con su brazo parte de su cara en un gesto de molestia. ¿Hasta cuando seria tan terco?. En definitiva su madre había dado luz a una mula y no a un mono como solía llamarlo el otro ser causante de su enojo.


Luego del concierto, Loan regresó a su casa azotando cada puerta que se atravesase por su camino hasta llegar a su alcoba. Esa noche no pudo dormir. Su mente y pensamientos se hallaban enfocados solo en ella, en la molesta cantante y en su notoria falta de tacto (aunque el no fuera la persona indicada para hablar de ello). Una vez mas el idiota del pianista se había robado el protagonismo en escena, golpeándolo en su punto débil. Por otra parte, los sentimientos que empezaba a sentir por María eran lo suficientemente abrumadores como para hacerles frente, de tal forma que quizás, toda la escena de su molestia e irritación había sido solo una fachada para ocultar aquella indecisión. Tomando su celular en manos, intentó con sumo esfuerzo marcar su numero, pero siquiera se atrevió a hacerlo. En vez de eso, pasó toda la semana siguiente evitando encontrarse con ella entre los pasillos, ignorando sus mensajes y hasta llegó al punto de saltarse clases para no verla. En su mente había cosechado la idea de que entre más rápido se olvidara de ella, más rápido volvería a su monotoma vida sin dificultades y sin sentimientos molestos. Soltando un bostezo se giró sobre si mismo y quedó mirando en dirección a la puerta que daba paso hacia el lugar,  Más fácil seria olvidarme de cómo hablar... Que de olvidarme de ella , murmuró para si mismo mientras cerraba los ojos.


Entre todo aquel asunto sobre sus sentimientos, el rubio había olvidado por completo leer la carta que hacía días que su padre le entregó. Independientemente de su contenido él ya se imaginaba otra amenaza por parte del mismo; Explicándole que debía comenzar a involucrarse más en el mundo de los negocios ademas de tener que concentrase en sus estudios de manera que los culminara con las mejores calificaciones. De no cumplir con sus expectativas, lo obligaría a trasladarse nuevamente de instituto para enviarlo a vivir en el extranjero. "Un dolor de cabeza más". Nada de lo que pudiera hacer o pudiera decir su padre le afectaba del todo, ya que de por si sabía que debía obedecerlo por haberle dado su palabra. Pero no obstante, no permitiría que su viejo acabara con su paciencia insistiendole en cada oportunidad que tuviese. Ya era suficiente vivir con el estrés del instituto,la adolescencia y sus problemas personales como para también sumarle a todo eso la presión paterna.


Su mente y pensamientos pasaban a tornarse en blanco al tiempo en que se cruzaba de brazos sobre su pecho. ¡Al diablo con todos!. Accedió una vez más a hacer lo que mejor se le daba hacer en ese tipo de situaciones. Dormir para escapar de sus problemas. Luego se ocuparía de resolver los asuntos pendientes que tenia con su padre ademas de poner los puntos en claro con la odiosa castaña. Soltó un bostezo en señal de cansancio y quedó dormido a mitad de la azotea.


Última edición por Loan Desmont el Sáb Nov 30, 2013 1:00 am, editado 2 veces
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Jue Nov 28, 2013 5:09 am

En casa o en la escuela, el ceño fruncido que María tenía por naturaleza no hizo sino acentuarse durante los últimos días. Al principio pensó que el lunes, al llegar a la escuela, un breve mensaje al móvil de Loan sería suficiente para arreglar las cosas. Pasó un día y no recibió respuesta. Los días los dedicaba a mandarle mensajes; las noches las dedicaba a rodar por la cama sin consiliar el sueño. Tras el concierto, todo contacto entre ambos se cortó de improviso. Ella no dejaba de preguntarse qué había sido tan malo para que el violinista estuviese evitandola de manera tan evidente. A mitad de la semana se resignó a no recibir respuesta alguna así que se guardó el teléfono en modo vibrador. Quizás su mención sobre Harry hubiese molestado a Loan lo suficiente para que el desprecio que parecía sentir hacia el pianista se expandiera hacia ella, pero eso no tenía sentido. ¿Qué culpa tenía ella de la mala relación entre ambos musicos? No es como si prefiriera la compañía de Harry a la de Loan, pero el primero parecía leerla como un libro abierto y eso en su momento la sacó de equilibrio.

Mientras recorría los pasillos del Instituto buscando su siguiente clase, una idea ridícula le vino a la mente. ¿Estaría molesto en realidad porque ella hubiese admitido un posible encandilamiento por el moreno tiempo atrás? ¿Sería eso lo que todos llamaban... celos? Bufó con escepticismo. María conocía bien los celos, y no creía que Loan pudiese haber caído en ellos.

Antes tiraría su Stradivarius por la ventana. —murmuró al levantar la mirada. Estaba frente al gimnasio donde habría la típica clase de Educación física. Por lo general, compartía esa clase con el rubio, pero durante los últimos días él faltó sin más remedio. Se preguntó qué pasaría si hoy no le hubiese quedado más remedio que asistir. A decir verdad, no dejaba de pensar en él. En el brillo de sus ojos cuando sabía que estaba haciendo algo malo, en la sonrisa ligera que lo hacía parecer el perezoso más letal sobre la tierra; el recuerdo de su camisa negra le cortaba la respiración, y solo podía recuperarla cuando la rabia volvía a ella al recordar su despedida. ¡Que hombre más frustrante e irritante era aquel! De nuevo furiosa con él, decidió que tampoco quería verlo.— ¡Que te den, Desmont!

Dio media vuelta y se dirigió a saber donde. No quería saber nada de nadie. Necesitaba aire fresco y ya que el uniforme deportivo podía ensuciarlo cuanto quisiera, buscó el sitio más alto que encontró. La azotea. Tenía un complejo felino muy curioso, el cual le hacía necesitar de las alturas para sentirse en paz. Corrió escaleras arriba y abrió la puerta abruptamente. Se quedó ahí unos momentos, disfrutando la vista de una ciudad que se caracterizaba por su tranquilidad y silencio. Era un día ligeramente nublado en comparación con los anteriores cielos azules. Sus cabellos bailaron en el viento debido a las corrientes de aire que paseaban libres por aquel lugar. Pero en medio de la calma, una fragancia se metió en sus pulmones como la droga que uno ha dejado repentinamente. Abrió los ojos con sorpresa y encontró a unos metros de ahí la figura inerte de un muchacho.

Loan...

...Desmont. —murmuró entre dientes. Se le veía tan angelical como siempre que caía en la inconsciencia, con una leve diferencia. Al igual que ella, presumía de un ceño fruncido que volvía su expresión mucho más frustrada. Le dio un vuelco al corazón y, en vez de mostrarse delicada o encantadora, hizo lo menos ortodoxo posible. Se acercó sigilosamente y, aprovechando el elemento sorpresa, se sentó sobre el pecho del rubio e inmovilizó sus manos con los pies; técnica que aprendió en el club de Judo. De un momento a otro, su mirada inquisitiva estaba sobre él.— ¡Despierta, Desmont! Tienes que darme algunas explicaciones de por qué has estado evitandome todo este tiempo. —exigió de inmediato. Era muy claro que se trataba de una chica directa.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Dom Dic 01, 2013 5:04 am

La estruendosa melodía de NO SCARED se ocupaba de propiciarle un muro de desentendimiento total a sus alrededores, apartándolo completamente de la realidad y albergandolo en un espacio ideal para olvidarse de sus problemas. Quedarse con un trastorno de sordera permanente seria un sacrificio que estaba dispuesto a tolerar siempre y cuando logrará mantener su mente en blanco. El viento de esa tarde de otoño despeinaba los bucles del oji azul haciéndolos serpentear en el aire. Un poco de frió lo obligó a reclinarse hacia un lado en un intento de conservar el calor. Muy por debajo de su ubicación actual, ambos grupos de segundo año se hallaban trotando al rededor de la pista los cuales aprovechaban la oportunidad para charlar entre ellos sin apuro, claro que, Loan no podía siquiera escuchar su propia voz como para darse cuenta de ello. Aquellas clases que al principio de año le habían parecido una completa tortura, comenzaron a tornarse más interesantes cuando integradas a estas se hallaba cierta chica de mechones rojizos. Durante las horas que compartían juntos lograba sacar lo mejor de sí mismo en cuanto a tortura sardónica se tratase, fastidiándola, irritándola, y de vez en cuando logrando sacarle una que otra sonrisa con sus jugarretas. Sin embargo, el haberse acostumbrado al disfrute de su presencia significaba que también la falta de esta era algo que simplemente no podía pasar por alto. Por ello, lo único que se interponía en su camino para dejar de cohibirse era su maldito orgullo. Orgullo que acabaría con matarlo de frió por obligarse a si mismo permanecer ahí. El final de la temporada se acercaba para darle pronto inicio al invierno por lo mismo, los vientos que antes eran simples brisas se convirtieron en corrientes frívolas las cuales amenazaban con sembrarle un latente resfriado al rubio.

Una vez más giro sobre si mismo para quedar en su posición inicial. No había logrado conciliar el sueño por mucho que lo intentara debido a la incomodidad que sentía. Ese día como en muchos otros había olvidado algo importante en casa, sin embargo, Loan no se percató de ello hasta si no después de ingresar al salón de clases. El suéter que tanto uso le daba había quedado en el respaldo de una silla en su comedor.  Maldiciéndose a sí mismo por su falta de memoria, no tuvo más remedio que pasar las siguientes horas (de aquellas clases a las que si había asistido) arrinconándose sobre su propio escritorio. Aunque realmente el clima no fuera tan pésimo como objetaba el chico, no era algo que alguien que no sufría de la misma enfermedad que él pudiera opinar. Su cuerpo era más sensible a percibir las bajas temperaturas a su alrededor de manera que podía llegar hasta disminuir su propio calor corporal, obligándolo a llegar a un punto en donde entraba a un estado de hipotermia. El asunto no se volvería del todo grave siempre y cuando este permaneciera en lugares cerrados o cargara consigo alguna prenda que lo mantuviera caliente. Pero como su cerebro no parecía funcionar del todo bien aquel día, terminó por salir de su apartamento sin abrigo para luego cometer un intento de suicidio al subir a la azotea. En definitiva lo que fuese que ocurría con él y sus sentimientos por la cantante realmente le estaba afectando, — Con que de ahí viene el concepto de morir por amor… —, bufó por lo bajo mientras se frotaba las manos.

Poco a poco su cuerpo empezaba a sentirse entumecido y adormilado, por lo que ya le era bastante difícil levantarse por si mismo y salir de una vez por todas de aquella trampa infernal. Sus parpados cayeron por el peso del cansancio, aunque por raro que fuese, Loan trataba por todos sus medios de mantenerlos abiertos pues, si bien era sabido, lo peor en aquellas circunstancias era el quedarse dormido. Pero por mala suerte, no pudo resistir ante la presión y terminó por ceder. En última instancia tendría que gritar a toda voz para que alguien llegar a auxiliarlo, lo cual sería bastante humillante pero le evitaría la fastidiosa ida al hospital. Aun poseía cierta movilidad en los brazos, por lo que trato de levantarse pero sin éxito alguno. Soltando un suspiro, decidió darse por vencido y dejar a su suerte lo que estuviera por venir… Aunque esto no fuese lo que realmente esperase.

Sintiendo una repentina presión en su pecho y recuperando algo de adrenalina, sus ojos se abrieron al instante en que la chica se había apoyado sobre él, impidiéndole el completo movimiento de sus brazos pero propiciándole a sus vez algo de calor corporal. Loan se hallaba tan estupefacto por la repentina aparición que, apenas le había dado tiempo de notar que esta se dirigía hacia él. A causa del estruendoso sonido de sus auriculares, no tenía idea de que estaba diciendo la castaña, pero de algo si estaba seguro; Fuese lo que fuese, tenía algo que ver con su indiferente trato hacia ella. María lo mantenía aprisionado con sus piernas de tal manera que poco podía hacer para apagar su reproductor para permitirse escucharle, por ello y recordando el motivo que lo había llevado a subir hasta la azotea, decidió no dirigirle ni una palabra, al contrario, volteó su cabeza para observar hacia otro lado en un intento por ignórala, mientras con suma dificultad trataba de soltarse de brazos. Gracias a su compañera, logró recuperar algo de temperatura pero lamentablemente aun no era suficiente como para poder levantarse por completo. Ejerciendo un poco de presión sobre María, se zafó de su agarre y se inclinó hacia adelante hasta quedar frente a esta. Haciendo una mueca de irritación mientras pasaba su mano tras su cuello, empujó a la chica de espaldas dejándola caer sobre la superficie mientras sus brazos la sostenían firmemente. De un momento a otro, el oji azul cayó a un lado de María. Tomándola por la espalda y pasando sus manos por debajo de sus brazos, se aferró a sus hombros clavando su rostro en medio de sus omóplatos.

En definitiva no le hablaría, no le diría el por qué de hallarse molesto, y por supuesto no le explicaría las razones lo habían llevado a mantenerla en aquella posición. Por el momento, solo quería recuperar suficientes fuerzas como para marcharse… Solo quería estar ahí un poco más para respirar aquella esencia que había comenzado a olvidar.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Lun Dic 02, 2013 2:10 am

Las imprudencias eran su fuerte, lo sabía desde hacía tiempo atrás. La falta de tacto era un requisito indispensable para tratar con Loan, después de todo. No era un chico que se dejara llevar tan facilmente por la lástima y, de todas formas, a ella no le gustaba provocar tal emoción. No podían tratarse con normalidad y eso le quedaba muy claro. Sin embargo, el que hubiese estado ignorandola la fastidiaba tanto que no había visto otra opción que robar su atención. Y lo había conseguido. Vislumbró por unos segundos el brillo azul mar profundo de los ojos del violinista y sintió que algo se reconstruía en su interior. Algo volvía a estar en su lugar. Quería descubrir cosas de él que antes no le hubiesen parecido relevantes; la curiosidad era cada vez más intensa a pesar del peligro que significaba estar tan interesada en otra persona. Suspiró con la fuerza de quien intentar despejar la mente de dilemas emocionales. Y miró con gran molestia cómo su "mejor amigo" volvía a evitarla.

¿Cómo te atreves a...? —interrumpió el siseo de amenaza tan solo al notar la temperatura del rubio. Estaba pálido y por eso el tono atardecer de su cabello y el azul de sus ojos resaltaban tanto. Miró hacia el cielo al recordar que época del año era. Hacía frío. Ella estaba bien abrigada por el uniforme de gimnasia pero él iba ligero como si aun estuviesen en verano. Lo reprendió con la mirada.— ¿Es que eres un masoquista, Loan? Si te hubieses quedado aquí te hubiese dado una pulmonía o... —pensó entonces en los ataques de sueño profundo que sufría el chico tan constantemente. Su entrecejo se arrugó más de ser posible y lo miró con una mezcla de reproche y preocupación.— No seas tan desentendido con tu salud.

A punto de quitarle los audifonos sin ningún remordimiento, sintió que caía hacia atrás. Era una posición tanto o más comprometedora como en la que se vieron involucrados en el auditorio de aquel concierto. Pero no se detuvo ahí. No le dio tiempo ni siquiera a ruborizarse, pues de un momento a otro fue manipulada como una pequeña muñeca de trapo y atrapada desde atrás. Sentía la calidez del cuerpo ajeno, el roce de sus manos con sus brazos y su aliento tibio en un punto ciego de la espalda. No podía moverse, o al menos no sin romper la repentina esencia de serenidad que el rubio había creado. Calma, silencio. Una respiración tranquila y un cuerpo que la atraía sin decir nada. Permaneció ahí un rato, con las mejillas rojas tanto por el frío como por lo consciente que estaba de Loan. El no poder mirarlo era incluso más alarmante.

Pero la batalla la ganó un sentimiento explosivo.

Quizás, de sentir una verdadera amistad hacía el ojiazul, hubiese permanecido ahí tumbada en silencio disfrutando lo agradable que era tenerlo ahí, de esa forma. Le habría brindado un poco de calor y, si él lo permitía, un beso en la frente. Pero empezaba a perder la paciencia, porque no era una sólida amistad lo que la unía a él. No era un "agradable momento" lo que buscaba a su lado. Y no podía perdonarlo con tanta facilidad por su repentino distanciamiento. Ni la eternidad bastaba para María si tenía que conformarse con un vestigio de Loan. No le era suficiente. Se revolvió entre sus brazos, aunque la separación le pareció insoportable, y lo pateó quien sabe donde. Si seguía más tiempo sometida a él, las consecuencias serían brutales.

En esta ocasión no flaqueó al arrancarle los audifonos. Lo miró con tanta rabia como le era posible.

¡Deja de distanciarte de mi! —exclamó. Se sentó sobre la fría superficie y lo señaló con un dedo acusador.— Mírame. Loan, si quieres decirme algo, hazlo, pero no me apartes como si fuese cualquier otra persona. Sé que no lo soy. No me tomes por una tonta. —al hablar, su voz había perdido todo rastro de la dulzura que la caracterizaba al cantar. Ahora era ronca.— No seas un cobarde. Si creyera que huyes de tus problemas con tal facilidad no me gust... —el tiempo que tardó en reaccionar hacia sus propias palabras fue el mismo que tardó en morderse la lengua con brutalidad. Se le subieron los colores al rostro y tembló, casi con violencia. Miró al rubio completamente perpleja. De un momento a otro se había puesto de pie y corría hacia la puerta que conducía a las escaleras.

No podía mirar hacia atrás.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Mar Dic 03, 2013 3:50 am

Había escuchado sus reclamos en silencio, admitiendo que la chica tenía razón en lo que decía. Un descuido como el que había cometido ese día lo podía dejar colgando entre el delgado hilo de la vida y la muerte, convirtiéndose él en el único culpable de su condición. Pero por mucha importancia que debiera darle a su cuerpo, Loan mantenía un estilo de vida bastante relajado y hasta quizás desafortunado para algunos chicos de su edad, quienes trataban de disfrutar toda su juventud al máximo a diferencia de él, cuya única motivación real era la mujer que le había otorgado la vida. Sin tener alguna otra razón, solo vivía por ella y nada más que para ella (aunque en su mente no se desataran ideas o pensamientos depresivos o suicidas) él no le daba el valor suficiente a su futuro. Tomó sus consejos como simples palabras que se perdían con el pasar del viento y las dejó fluir. No cometería el mismo error dos veces, pero tampoco se dejaría llevar por los comentarios de la castaña para romper su voto de silencio. Una parte de él se sentía bastante irritado al escucharle preocuparse por su salud, no porque le desagradara su gesto, si no porque le demostraba que María era consciente de su enfermedad y por ello le propiciaba tanta atención. Sus sentimientos tan contradictorios le hicieron preguntarse si, cabía la posibilidad de que también ella se mostrara de la misma manera hacia el pianista, interesándose por él. Una batalla que quizás no ganaría era la que se desenvolvía dentro de sí mismo.


Sentía el calor fluir por su cuerpo una vez más, aunque no estaba seguro si se tratase por el mero intercambio calórico a causa de la fricción entre ellos, o por el hecho de que su corazón bombeaba a un ritmo acelerado más que la velocidad normal. Fuese lo que fuese, ya había caído en cuenta de que podía movilizarse todo lo que quisiese, sin embargo, no lo había hecho. Sabía que entre más tiempo permaneciera en aquella posición, más oportunidades tendría de retrasar la discusión mordaz que se desarrollaría al separarse de su compañera. Su terquedad y enojo lograrían sacar lo peor de él y finalmente terminaría por escupir palabras de las que luego se arrepentiría por bastantes días. Abrazarla con firmeza no lo salvaría de sus insistentes preguntas, pero por lo menos le proporcionaría la oportunidad de mantener su aroma grabado en su mente por al menos unos segundos más. Al sentir que comenzaba a removerse entre sus brazos, gruñó por lo bajo mientras ejercía un poco más de fuerza para mantenerla en su agarre, claro que, no esperaba bacilar al tiempo en que esta le proporcionó una patada en la espinilla la cual lo obligó a soltarla. Unas cuantas maldiciones camufladas por un murmullo inaudible se escaparon de sus labios y luego una mirada feroz se dirigió dispuesta a clavarse en los orbes cafés de la chica. Presentía que era cuestión de tiempo para que su máscara de indiferencia desapareciera por completo, solo para ser remplazada con una nefasta ira. Apoyándose de sus brazos y con sumo esfuerzo, logró sentarse para mantenerse ahí sobre el suelo, observando con brusquedad a la joven a la espera de un mar de palabras a contrarrestar.


No podía negar la verdad en sus argumentos pero tampoco podía flaquear y terminar por darle la razón. Hasta que la ultima sensación de amargura desapareciera de su cuerpo, no toleraría dejarse llevar ni tampoco se permitiría abrumarse por los comentarios de su compañera. Si bien, era un hecho que su existencia era más que relevante para el oji azul, la verdad era que este no se había percatado de ello si no hasta poco tiempo. Pero, ya era demasiado tarde como para dar marcha a tras a sus palabras, pues salieron disparadas inmediatamente a que esta terminara de hablar No puedes crear distancia en donde nunca hubo cercanía ¿Verdad?... Además, has de tener demasiada autoconfianza en ti Hathaway… , respondió en un tono de burla y enojo mientras apoyaba su peso sobre una de sus rodillas, Podría decirte muchas cosas, como que tu egocentrismo no tiene límite… Pero a lo que a mí concierne, ese no es el punto a tratar… Y si bien podría llamarte tonta, ya te has contestado a ti misma al equivocarte en pensar que tengo algo más que decirte y no lo he hecho aun , agregó esbozando una sonrisa venenosa al igual que sus palabras. Su pecho comenzaba a palpitar intensamente al tiempo en que manifestaba todo aquel resentimiento, siendo su deseo de desquitarse más fuerte que el de preservar una amistad.


Por un momento, permaneció callado haciendo memoria de sus palabras sin mostrar el mínimo arrepentimiento por el significado de estas. Cuando la castaña continuo con sus argumentos, Loan respondió a esto rodando los ojos y volteando a mirar hacia quien sabe dónde, tratando de dar por entendido que la conversación había terminado. Pero contra todo pronóstico, tuvo que volverse hacia ella para luego denotar su evidente enojo al escucharle pronunciar aquella palabra que tanto odiaba, ignorando por completo la última frase tan significativa de su compañera. Cobarde. Si, lo era, él lo sabía y nada podía hacer para cambiar lo que era. Esa manera de alejarse de toda situación complicada, de evitar las relaciones o el dejarse entender por otros, temiendo a salir lastimado. Tanto tiempo viviendo de la misma manera no lo haría cambiar de un momento a otro, por lo que aun le costaba enfrentarse a la realidad y por ello, su reacción ante tal comentario no sería del todo agradable. Levantándose e irguiéndose frente a esta, se cruzó de brazos mientras observaba desde arriba en una pose de arrogancia e ira, viendo como esta se disponía a dejar el lugar a toda prisa, Si yo soy un cobarde, entonces dime… ¿Qué eres tú? Huyes con la cola entre las patas luego de escupir tantas estupideces. Nunca pensé que fueras tan patética Beatrix , soltó en seco sin moverse ni un poco de donde estaba, Adelante, sigue tu camino escaleras abajo y déjame solo pues dudo disfrutar de la compañía de un gatito asustado…. Además, puede que aproveches de encontrarte con tu amigo y este decida tocarte alguna pieza… —, agregó sardónico, — Tengo entendido que cualquier chica le va bien mientras sea bonita y tonta como todas las demás , sentenció sosegado mientras le daba la espalda, caminando hacia el rejado y esperando a que esta desapareciera del lugar. 
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Mar Dic 03, 2013 6:07 pm

Necesitaba salir de ahí cuanto antes. Sí, cometió un par de errores al subir a la azotea aun cuando no era consciente de la presencia del rubio, pero eran justificables si podía mantener un poco de su orgullo intacto. Por otro lado, Loan no era el tipo de chico que protegía el orgullo ajeno con palabras moderadas al estar molesto, y comenzaba a comprobarlo ahora. La primera serie de acusaciones la hizo parar en seco, como si le hubiesen disparado una flecha a la altura del pecho. Miró desorbitada las escaleras y aferró unas uñas que no se romperían facilmente al marco de la puerta. Aunque la sangre bombeaba violentamente contra su cabeza, tuvo un par de pensamientos racionales. En primer lugar, que sí había sido un error sentir tal desesperación por ver al muchacho de los ojos azules, en especial cuando éste aseguraba no sentir lo mismo. En segundo lugar, que él era tan capaz de poseer una lengua viperina como ella. «— Así que esto se siente... Ah, ya veo.—».

Por un momento, mientras él soltaba todo lo que tuviese por decir, María luchaba por no perder el equilibrio en el último escalón. La situación física era muy similar a la emocional, pues sentía que de flaquear solo un poco, caería en un abismo del cual no podría salir con facilidad. Pero la resistencia en ambos sectores era su fuerte. Apretó los dientes y, con suma lentitud, se giró hacia el rubio. Apreció su mirada rabiosa y las facciones que la hacían perder la cabeza. En ese momento, aunque no podía negar su belleza, había poco de él que podía debilitarla.

Si, bueno. Lamento ser yo la patética al hablar de "una cercanía que nunca existió" luego de que me desgastaras los labios en la enfermería y en el concierto. —pronunció cada palabra con una cortesía sarcástica, que destilaba encanto salpicado de molestia. No tenía una voz tan potente como la de un hombre, ni podía darse el lujo de gritar. La mirada que le dirigió bien podía dirigirse a su peor enemigo, pero con Loan siempre había algo que variaba el sentimiento.— Y sin duda yo soy la más cobarde entre los dos al querer volver a clase. Es evidente que los dos días que has pasado evitandome no pueden considerarse gran cobardía, ni tampoco el hecho de que aun ahora busques insultos apropiados para hacerme perder los estribos. —suspiró y dejó caer la mirada al suelo. Más "despreocupada" que furiosa, devolvió los pasos hasta el violinista y se detuvo a escasos centímetros.

Por un momento parecía querer usar la seducción en ese conflicto, con la mirada clavada en sus labios y los dedos rozando algunos mechones rubios. El contacto era tentador hasta para ella, pero sus ojos mostraban otro tipo de malicia. Pronto se vio que ese no era su principal objetivo. La delicadeza desapareció cuando tiró con fuerza de uno de estos mechones y acto seguido propinó una fuerte bofetada al chico. Su pecho subía y bajaba por la adrenalina y sufría temblores varios en el cuerpo. Sus ojos estaban enrojecidos por la ira pero su orgullo les impedía mostrar alguna lágrima.

Hasta para insultarme eres un perezoso, Desmont. —le reprochó al emujarlo contra la valla que rodeaba la azotea para evitar accidentes. El sonido metálico le dijo que aquel había sido un buen golpe.— ¿Por qué no dejas de hacer una tormenta en un vaso de agua? —insistió con voz ronca, haciendo un esfuerzo por sujetarlo aun cuando sabía que la altura y la fuerza estaban del lado del ojiazul. Lo miró fijamente.— Por lo visto tienes una gran hostilidad con Harry, pero no sé que tiene que ver conmigo. Porque además... —se interrumpió a si misma al caer en una posibilidad. La tomó furiosamente y encaró a Loan.— ¿Acaso estás celoso de él? ¿Por eso dices esas cosas?

Si bien, los celos eran una posibilidad factible y lógica, ella no acababa de creer que pudiera ser verdad. Quizás la incredulidad que sufría tuviese más que ver con el hecho de que nadie nunca había sentido tanto por ella para ser victima de los celos. Tragó con dificultad al darse cuenta que quizás Loan tuviese razón, y solo estaba siendo una egocéntrica. ¿Qué razones tendría él para sentir algo tan fuerte que lo condujera a la falta de cordura por los celos? Sacudió la cabeza, atormentada. Ella sí que se había sentido celosa, y mucho. Y dudaba que aquel sentimiento pudiera desaparecer con facilidad. Por lo visto, él estaba empeñado en negar cualquier lazo o importancia. Recordaba su amabilidad y paciencia en el concierto, incluso su preocupación en la enfermería. Todo a su modo, claro. No podía ser todo producto de su imaginación. Lo que solo la llevaba a una posibilidad.

Él mentía.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Jue Dic 05, 2013 5:50 pm

Permaneció de espaldas hacia la puerta, esperando escucharla finalmente cerrarse en cuanto la castaña se retirara para dejarlo solo con sus problemas existenciales. Independientemente de toda la basura que ya había escupido contra ella, sus latidos no habían desacelerado ni su rabia había desaparecido por completo. Por muy a lo contrario, sentía inmensas ganas de gritar a todo dar y expulsar aquello que lo hacía enloquecer por dentro. Su mente solo podía concebir ideas vagas de lo que en realidad le molestaba de la situación, percatándose de que ni siquiera él tenía idea del por qué de estar tan enfurecido. Evidentemente estas desquiciado Loan. Suspirando con pesadez, se dio media vuelta y llevó una de sus manos hasta su rostro cubriendo la mayor parte de este. Nunca en su vida había actuado de una manera tan infantil y a la vez prepotente frente a alguien a quien consideraba como un amigo. Pero estar fuera de sí mismo sumado a su mal carácter, no era la perfecta combinación de humores que lograrían llegar a una reconciliación exitosa. Unos minutos habían pasado desde que María se dispuso a marcharse, sin embargo y como pudo comprobar al mirar entre la abertura de sus dedos, la figura de la castaña se hallaba aun inmóvil a unos cuantos pasos frente a él. Genial. Si antes había optado por callar en vez de empeorar aún más las cosas, ya era demasiado tarde. Sus palabras parecían haber surtido efecto en ella, ya que su rostro denotaba cierto deje de incredulidad y a su vez enojo que por seguro no tardaría en expresar. Sus orbes azules se clavaron en los de ella sin romper el contacto ni por un segundo, estando atento a recibir de golpe… Todo aquello que había cosechado.

Respiró profundamente y luego expulsó el aire contenido en sus pulmones, estando atento y consiente de cada una de sus palabras sin llegar a interrumpirla. Lo menos que merecía era que él le mostrase la cara incluso si estaba dispuesto o no a entender sus replicas. No existía excusa que  valiera ante sus argumentos, de hecho, un sentimiento de vergüenza lo invadió completamente por el hecho de que negar sus acusaciones seria como mentirse a sí mismo. Sin embargo, qué más daba cuando ya había mandado todo al demonio por su maldito orgullo, Y de esas tantas veces en que “desgaste tus labios”… ¿No fuiste tú la primera en actuar? , respondió con suma calma, cruzándose de brazos y observándola con frialdad, Esta claro decir que nunca me queje por ello, lo admito pero… ¿Te parece bien definir como cercanía a algo que cualquier adolescente haría a esta edad? Pues, llevarse dejar por las hormonas no convierte a nadie en un ser indispensable para otro , agregó en un tono burlón mientras enarcaba una ceja y negaba con su cabeza. Una sonrisa surcó su rostro al tiempo en que reía por lo bajo. Otra vez la cantante había dado en el clavo con sus palabras, atinando al uso de la que mejor describía al oji azul. Recuperó su compostura y luego suspiró, rodando los ojos al ver la expresión de furia que se denotaba en su rostro, Evitarte… Pues no lo creo. ¿Te has figurado la posibilidad de que simplemente no tenía deseos de verte más? Llamar cobardía a mi falta de interés hacia ti solo demuestra lo creída que puedes llegar a ser , afirmó soltando un largo bostezo, percatándose de su aproximación.

A tenerla justo frente a él, pudo apreciar en su rostro una imagen bastante nueva de ella. Enojo e ira se ocultaban tras sus delicados rasgos faciales al tiempo en que deslumbraba una mirada dura e impasible contra él. Sintió su mano rozar con sus cabellos, proporcionándole una caricia demasiado agradable al contacto. En ese momento Loan no tardó en comprender lo que le esperaba. Sin siquiera intentar zafarse de su agarre cuando esta jaló de sus mechones, recibió con gusto aquel golpe a el cual tanto se había buscado. Su mejilla había cobrado un color carmín al igual que los ojos de su compañera, pero su expresión continuaba mostrándose lejana e indiferente a todo. Pasó sus dedos por encima de su mejilla, contorneando su alrededor y sonrió. No articuló ninguna palabra para su defensa y en vez de eso, le permitió una vez más arremeter contra él. El sonido metálico retumbo por todo el lugar al tiempo en que un gemido de dolor se escapaba entre sus labios. Debía admitir que, para tener una contextura tan delgada, la chica era ridículamente fuerte, Lo lamento, pero mi forma de ser no va a cambiar , respondió con total sinceridad, reincorporándose como si nada hubiera pasado, aunque en sus adentros la sensación de irritación aclamaba por retribuirle el golpe. Se irguió de pie frente a ella, cubriéndola con su sombra y dándole a mostrar una postura un tanto amenazante. Otra vez antes de poder decir algo, la apática chica iniciaba con sus comentarios y en esta ocasión, mencionaban un nombre que poco a poco le comenzaba a valer menos que nada, Decir que tengo algo en contra de ese tipo, es como admitir que le doy la suficientemente importancia a su existencia como para dejar que me moleste, cosa que no es así. Personas que se esconden tras sonrisas falsas aprovechándose de la ingenuidad de otras… Eso me irrita , afirmó sin miedo alguno clavando su mirada en ella, Contestando a tu pregunta. No, de hecho tú no tienes nada que ver con ello. Puede que en su momento solo fuiste utilizada como objeto de nuestra discusión, pero no por ello quiere decir que por ti, ambos repudiamos al otro… Es simplemente, un choque entre ambas personalidades, nada más nada menos , agregó sardónico inclinándose hacia ella al tiempo en que le sonreía con malicia. Mordiéndose la lengua, se hizo unos pasos hacia atrás para otorgarle espacio.

No fue una sorpresa para él escuchar aquella hipótesis salir de su boca. Celos… por supuesto. María no tardaría mucho en saltar a esa conclusión luego de ver sus arrebates irracionales en cuanto el nombre del castaño era mencionado. Por ello, debía dejarle en claro que nada de lo que decía tenía que ver con lo que en realidad pensaba de ella, Dime, ¿Qué te importa? O es que… ¿Esperas que así sea? , reaccionó a la defensiva cruzándose de brazos pero sin llegar a apartarse de ella. Si quería cumplir bien con su papel, debía mantener su actuación hasta el final. Dejarse llevar por sus sentimientos amargos le hizo más fácil las cosas, ya que solo debía abrir su boca para cerrar la de ella, No seas ilusa…. , susurró a su oreja, rompiendo la poca distancia que mantenían. De un momento a otro, Loan la tomó de brazos, arrastrándola y empujándola hasta que esta quedara a espaldas del rejado, manteniendo sus muñecas cautivas por encima de su cabeza como semanas antes había hecho en la enfermería. La presión que ejercían sus manos sobre las de ella no era para nada gentil. Sus uñas se clavaron en la piel ajena mientras un color entre rojizo y morado comenzaba a denotarse donde su agarre cobraba fuerza, Vamos a poner los puntos en claro, Hathaway… , comentó con una voz ronca y amenazante, luego, manteniéndola aprisionada con solo una de sus manos, pasó la otra por debajo de su cuello para tomar con brusquedad los mechones rojizos de la contraria, tirando de su cabello y obligándola a alzar la mirada hacia él, No me gusta que me jodan la paciencia con suposiciones estúpidas. Así que hazme un  favor… Deja ya de darte tanta importancia en mi vida , escupió con desgano, alzando el tono de voz mientras fruncía el ceño y su respiración se tornaba más violenta. 
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Vie Dic 06, 2013 3:44 am

Estaba tan segura de que las palabras de Loan eran un desesperado intento por mentirle, y por mentirse a sí mismo, que jamás pensó que pudieran ser una verdad. Su mirada denotaba una impaciencia inquietante; ¿sería quizás que no soportaba la ingenuidad de la castaña? Ella apretó los dientes, como si tuviese que soportar un dolor desgarrador por el cual no estuviese dispuesta a gritar. No quería mostrar cuando le dolían las crueles palabras del muchacho. «Crueldad», pensó con desaliento. Desde que lo conoció, siempre consideró que Loan Desmont era incapaz de ser cruel. Era un muchacho tranquilo que escondía una personalidad fuerte y rigurosa, pero en ningún momento le pareció quien disfruta atormentando a otros. Y debía aceptarlo, la estaba matando. Cada una de sus palabras le arrebataba el aliento pero no de la excitante manera que lo había hecho en el concierto, en medio de la penumbra. Ahí, bajo nubes oscuras y un frío arrebatador, estaba torturandola. Tras cada una de sus burlas las rodillas que se ocultaban bajo sus faldas temblaban y amenazaban con ceder. Caería en cualquier momento.

No creí que fueses el tipo de chico que se deja llevar por las hormonas como un idiota. —murmuró, sorprendida de no sonar molesta. Realmente sonaba sincera, vulnerable.

No creía que fuese de esa manera. Cuando sintió sus labios sobre los suyos pudo sentir calidez, atrevimiento, valor, deseo... pero jamás impulsos adolescentes. ¿Podría ser que era todo lo que significaba para el violinista? Una niña bonita que casualmente se sintió atraída hacia él. La seguridad que minutos antes la habían impulsado a golpear al rubio desapareció con tanta violencia que el acercamiento del joven la tomaron desprevenida. Abrió los ojos con sorpresa y creyó que finalmente desfallecería. «Ah, pero eso sería demasiado conveniente. Y tengo la suerte de un marginado», renegó para sus adentros. Cerró los ojos porque en realidad no quería ver aquellos ojos azules. Si lo hacía, corría el riesgo de perderse en ellos. Porque así como debía aceptar que todo había sido un juego para él, también debía aceptar que no lo había sido para ella. Sentía algo lo suficientemente fuerte para verse herida en ese instante.

Loan, basta. —pidió con voz temblorosa, haciendo de lado la tristeza con tanta brusquedad como le fue posible. Necesitaba sentir la misma ira de antes, protegiendose con la rabia con la que podía luchar contra él. Frunció el ceño y los labios, y a poco estuvo de escupirle en la cara.— ¡Deja de decir todo eso! No sé por qué lo haces, por qué insistes en mentir así. ¡Sé que es mentira! ¿Olvidas quien soy? ¿A quién conociste en ese salón de castigo? No soy ninguna niña tonta a la que se le pueda engañar con facilidad, idiota. Si no me hubieses mirado antes así, quizás te creería, pero... pero no fue así. Tú... —se interrumpió por si misma, incapaz de concluír.

Cierto, ella vio algo en el brillo de sus ojos que la hicieron saber que él no era como todos los demás. Podía ser un bruto y un perezoso cobarde, pero nunca un mujeriego cruel que jugara con los sentimientos de otra persona por gusto o aburrimiento. Y sin duda alguna, él no había jugado con ella.

Pero era tarde para decirselo, o para hacer algo al respecto. De un momento a otro lo tenía encima y sin ninguna piedad la acorralaba contra el rejado. El gole dolió lo suficiente para arrangarle un gemido de dolor. Si bien, antes se había visto a la misma distancia de Loan, nunca había sido de esta forma. No explotó la pasión que antes le había hecho sonreír y sonrojarse, la que le incitaba a besarlo y a bajar todas sus defensas. Ahora más que nunca, sentía que necesitaba defenderse. Se sentía como un animal indefenso y asustado. Temblaba de los pies a la cabeza y su mirada comenzaba a empañarse; veía de forma borrosa las furiosas expresiones de aquel que podía romperle el corazón y, de forma imprevista, sollozó. Nunca antes había llorado frente a él, hasta ahora. Las lágrimas corrían por sus mejillas y la histeria la dominó con una fuerza mayor que la ira.

Suéltame... —susurró sin voz, gimiendo de nuevo por el dolor en las muñecas. Quizás no estuviese sangrando, pero dolía tanto como si le arrancaran las manos a tirones. Se revolvió entre el cuerpo del joven y el rejado y de un momento a otro se encontraba gritando.— ¡Suéltame! ¡¡Déjame ir!! ¡Basta! Por favor... ¡Suéltame! —lo empujó con toda la fuerza de la que fue capaz, cayendo de rodillas al suelo por la inercia. Las rodillas se le rasparon pero ni siquiera podía notarlo.

Ya no podía ver a Loan o a la azotea, a penas y sentía la brisa helada. Lo único que tenía enfrente era a su madre, a aquella mujer a la que solo conocía de fotos. Le sonreía de una manera desquiciada, con los ojos muy abiertos y con un cuchillo en la mano derecha. Susurraba palabras tiernas pero María solo podía temblar y llorar del pánico.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Vie Dic 06, 2013 6:28 am

Sin darse cuenta, Loan había pasado el límite de violencia que deseaba infringir en ella, apretando con más fuerza sus muñecas al tiempo en que recordaba todas las palabras de la castaña. Ella sabía que su comportamiento era inusual, que sus comentarios buscaban ocultar su verdadero significado tras la fachada de indiferencia que él mismo había creado y que carecía de sentido alguno negar que todos los recuerdos de ellos dos fueran nada más que patrañas y engaños. Evidentemente no lograría convencerla fácilmente de ello y por tanto había llegado a los extremos de su cordura para poner a prueba su terquedad. Obligarla a someterse contra él, pareció en su momento, una buena manera de hacerle entender lo poco que le importaba y el peligro que correría si seguía con su insistencia. Pero Loan nunca pensó llegar al punto de dejarse llevar por su ira y hostilidad arremetiendo de tal forma contra su compañera. Estaba en lo cierto, él no era otro chico más cual buscaba solo disfrutar de la compañía femenina para satisfacerse a sí mismo o que utilizaba a las chicas como un medio de entretenimiento. No, para él, se trataba de criaturas delicadas que solo por un simple roce, podrían llegar a romperse en mil pedazos, por ello, trataba a muy a su manera de alejarse de los problemas que incluía involucrarse con una. Nunca en su vida se imaginó que al conocer más a fondo a una mujer, descubriera que efectivamente no todas eran copas de cristal, pues también existían quienes fuertes como diamantes podían resistir cualquier adversidad. María era así, pues poco a poco se convirtió en el objeto de su interés por más que deseara no tener sentimientos extraños hacia alguien. Lastimar su orgullo y su persona era lo menos que deseaba hacer y sin embargo, ahí se encontraba, hiriendo su tersa piel con brusquedad y derramando veneno con cada palabra que le dirigía. Eres un maldito bastardo, justo como él. La imagen de su viejo surcó por su mente, dejándole una sensación amarga en su boca y un nudo en el estomago.
 
"Los primeros años de su matrimonio habían sido apacibles, llenos de amor, promesas y recuerdos felices juntos. Ella juraba que nunca amaría a otro hombre como él y él le aseguraba que ella era única en su vida. Aquella historia era solo comparable con una novela rosa, salvo que esta no tendría un final tan feliz. Después de haber concebido su primer hijo, su esposo había llegado a distanciarse, despidiéndose temprano para ir al trabajo y regresando a horas de la madrugada por culpa del mismo. Por su parte, a ella le fue sugerida la idea de permanecer en el hogar y cuidar de su hijo, como una ama de casa dispuesta a recibir a su marido con los brazos abiertos, incluso si esta podía valerse por sí misma al tener una profesión. Logan no le permitía salir de aquellas cuatro paredes, descuidar la educación del niño o ejercer su carrera, tornándose algo agresivo en cuanto recibía alguna contradicción. Sin embargo, él tenía derecho a regresar cuando quisiese a casa, a no rendirle cuentas a nadie y a criticar sin apuro alguno los imperceptibles defectos de su mujer. Durante ocho años le fue posible a Odette complacer a su esposo, pero durante esos ocho, ese hombre ya se había desentendido de su familia. La noticia le fue dada no por otra persona, si no por él mismo, confesándole sin vergüenza alguna que no deseaba mantener por más tiempo aquel matrimonio y que además, deseaba iniciar su nueva vida con otra mujer y su segundo hijo. Las lágrimas de su madre no cesaron durante un año, obligando al infante a madurar rápidamente para poder comprender su sufrimiento y poder consolarla, logrando que un odio inmenso contra su padre se albergara en su corazón. Aquella persona se había robado la felicidad a la mujer que más amaba, cambiándola como si fuera un objeto por una versión más joven e ingenua. Desdichar la vida de otros, llenándola con vacios imposibles de remplazar era lo que ese hombre había logrado."
 
Frunció el ceño al despertar de los recuerdos "felices" de su pasado, cambiando de un momento a otro su expresión de sosegado a una que demostraba desconcierto. Sus suplicas lo atrajeron nuevamente a la realidad, obligándolo a presenciar una escena que nunca imaginó posible, o más bien, nunca imaginó convertirse en el causante de la misma. Su enojo fue rápidamente remplazado por preocupación,  Tranquiliz-... , trató de completar la frase, pero un mar de gritos de angustia propiciados por la castaña lo detuvieron al momento. Sus orbes azules temblaban ante la imagen que María le otorgaba. Las gotas de agua salada se derramaban por todo el contorno de su rostro, mostrándose ante él como una criatura frágil, de aquella a las cuales no podía lastimar. Su cuerpo y mente no parecían reaccionar, pues aun la sujetaba con la suficiente fuerza como para apresarla contra el rejado, por lo que era de esperar que María en un intento desesperado, agitara y forcejeara con su cuerpo para librarse de él. Solo al sentir aquel repentino vació en sus manos, lo hizo recuperar la razón y ser consciente de lo que ocurría. El empujó que le propició solo lo alejó unos cuantos centímetros de ella, distancia que mantuvo para permitir que se relajara aunque fuese un poco, sabiendo que aquello era casi imposible. Aquel golpe en seco contra el piso ocasiono raspones en las rodillas de la cantante, los cuales no dejaron de ser percibidos por el oji azul. Una inmensa necesidad de levantarle, disculparse, rogarle por que le perdonara y finalmente abrazarle sin soltarla jamás era lo único que sentía en esos momentos, deseando por un instante dejarse llevar, pero lamentando que la situación no se prestara para ello. Mereces morir, idiota.
Sus puños se mantenían cerrados, su mirada fija en aquella cabellera de color cerezo y su boca cerrada, obligándose a si mismo permanecer en silencio. ¿Eras esto lo que deseabas?, ¿Destrozarla, lastimarla, llegar hasta el punto de herirla físicamente solo para obligarla a alejarse de ti? ....¿A que le tienes tanto miedo Desmont?.Sus pensamientos lo atormentaban mientras sus ojos no dejaban de observar hacia el sueloSintió el impulso de consolarla, llevando una de sus manos hasta el tope de su cabeza manteniéndola en el aire y sin atreverse a tocarla la apartó nuevamente,  Es suficiente Hathaway, no pienso hacerte nada más, por lo que por favor... Deja de llorar , su voz se escuchaba distante pero las palabras que había logrado pronunciar eran totalmente sinceras. Respirando profundamente, se dio la vuelta para caminar a unos cuantos metros hacia un lado de ella, alejándose para luego recostarse sobre el rejado y posteriormente dejar caer su peso al suelo. Sus rodillas hacia el pecho cubrían su rostro al tiempo en que este se abrazaba a sus piernas. No deseaba verla en ese estado, no deseaba tener que continuar con todo aquello y simplemente no deseaba que las cosas acabaran ahí, pero nada de lo que pudiera querer o no se cumpliría, pues no lo merecía. Alzó el rostro en dirección a María fijándose en su rostro y cuerpo mal herido. Poco a poco Loan se retiró la única prenda que cargaba sobre su pecho, arrojándola a un lado de la castaña e importándole un comino lo que significaría y le ocasionaría después el no llevarla consigo,  Límpiate la cara con eso,  haz lo mismo con las rodillas y las manos... Estas hecha todo un desastre , comentó de manera automática sin medir sus palabras,  Cuando hayas terminado, regresa a clases , agregó sin sugerirle en ningún momento el que le devolviera la prenda, pues podía imaginar diferentes escenas de lo que le ocurriría a partir de ese momento a su camisa. Adoptando una posición a espaldas del rejado, estiró ambas piernas completamente sobre el suelo y volteó a mirar hacia a un lado, tratando de no encontrarse con los orbes cafés. No estaba seguro de que la discusión había llegado a su fin o si simplemente aquello apenas había sido el comienzo.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Vie Dic 06, 2013 7:11 pm

Dicen que la ignorancia es la fuente de toda felicidad. Que más vale no saberlo para poder sonreír todos los días. Desde la perspectiva de María, a quienes tutores y profesores insistían en llamar Beatrix con un acento francés realmente molesto, eso no era cierto. Ocultar la verdad de algo, por más dolorosa o vergonzosa que sea ésta, solo genera problemas y caos a su alrededor. Pero quizás ahora, donde el caos se avecinaba y rompía todo a su paso, cuando la silueta de su madre la rodeaba como un manto de sangre y muerte y solo quedaba el susurrar del viento... la ignoranciano no fuera tan mala.

Quizás habría sido mejor no saber nada, no ver nada. Pero retroceder el tiempo no era algo que pudiera hacerse, ni siquiera ella, que desde siempre había tenido la sensación de poder hacerlo todo. Nada estaba fuera de sus posibilidades, excepto cambiar las cosas que ya habían ocurrido. Bajo la oscuridad y el frío que la abrazaba con tierna crueldad, escuchó las lejanas palabras de aquel muchacho que con un suspirar, capataba su atención. No levantó la mirada ni tampoco pudo secarse las lágrimas; sin embargo, dejó de llorar. Le escocían las muñecas al igual que las rodillas y la espalda; aunque los dos musicos no se habían involucrado en una pelea a puño limpio (aún), se habían dejado las marcas necesarias para resentir la frustración y el dolor. Era una forma curiosa de aliviar sus pensamientos angustiantes.

Se preguntó: ¿Quién era ella? ¿Por qué permanecía tan decaída como el frágil pétalo de una rosa de cristal? Buscar una respuesta no era la solución, sino disipar preguntas tan estúpidas. Aspiró con fuerza, sin importar lo infantil que sonara al tener la nariz congestionada, y lentamente se puso de pie. No necesitaba echarle un vistazo a sus rodillas para saber que sangraban; sin embargo, lo hizo con las manos solo para ver hasta donde había llegado la ira del rubio. No perforó la piel de las muñecas, pero daban la apariencia de haber sido sujetadas con cadenas de hierro con forma de dedos.

No me des ordenes. —susurró, sorprendida de que pudiera decir tal insolencia luego de lo que había sufrido minutos atrás. Lo que sea que le hubiese ocurrido con los recuerdos de su madre, no podían hacerla olvidar lo que pasaba en el presente. Se giró hasta tener en la mira a Loan. Le sostuvo la mirada tanto tiempo que pudo recuperarse de algunas heridas emocionales con tan solo apreciar su rostro; por otro lado, su propia mirada era dura, inflexible y acusadora. El cuerpo le dolía y no podía negarlo, pero lo tenía rídigo como las cuerdas de un violín que para cualquier otra persona sería imposible creer que estuviese herida.— No creo nada de lo que me has escupido antes. —dijo entonces, un poco más alto para ser escuchada. Su voz sonaba ronca, siendo imposible que cantara antes de unos días de reposo.— No creo que seas esa clase de chico y tu deberías saber que no soy la clase de chica que has mensionado, además. No soy tonta ni frágil, y tu no eres como tu padre. —supo que mencionar eso era una declaración de guerra, pero no le importó. Ella no mentiría ni sería delicada con Loan, tal como él no lo había sido con ella. Estaba tan herida que la única alternativa era defenderse. Por algún motivo, supo que esto no cambiaría jamás. No era solo que estuviesen molestos el uno con el otro; era el hecho de que ambos confiaban en la resistencia del otro. Caminó hacia él y se agachó para propinarle un buen zape en la cabeza. No como uno amistoso luego de una broma pesada, sino uno en el que pudiera descargar su enojo.— Pero si quieres fingir que eres un patán al que no le importan mis sentimientos, si quieres hacerme creer que eres el imbécil que no puede ni tocarme porque "no le intereso", entonces así te tararé.

Sin mayores discursos, se hincó frente a él con las piernas a cada lado de su cuerpo, aunque eso significara un fuerte dolor en las rodillas. Lo miró desafiante y volvió a abofetearlo. Además del Judo, ella no sabía pelear; no sabía el significado de golpes bajos ni de jugar sucio. Sin embargo, le bastaba con causarle un daño considerable al dueño de los ojos azules. Golpeó su pecho tantas veces que perdió la cuenta; con sus puños o las manos abiertas, el daño era el mismo. Sabía que él estaría respondiendole, no se dejaría vencer por ella, porque nunca lo había hecho.

En un arranque de locura, en el que los orbes ambarinos chispeaban de ira y emoción, lo miró fijamente y le soltó lo más impactante que podía en aquel momento.

¡De todos modos ganaré yo, Desmont! —gruñó, como un pequeño felino molesto que no ha perdido del todo la capacidad para ser tierno.— ¿Cómo podrías ganarme cuando yo al menos admito que me gustas?
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Sáb Dic 07, 2013 1:27 am

Estaba de más el afirmar que, después de lo ocurrido minutos antes, el frío y la posibilidad de que el oji azul terminara por caer en un estado de hipotermia habían desaparecido por completo. Luego de la adrenalina infundada por sus emociones, la temperatura de su cuerpo no se vería afectada por las brisas invernales ni tampoco por su falta de abrigo. Pero aunque su condición aparentaba ser bastante estable, sus ojos solo reflejaban un aire de cansancio y agotamiento. Pocas veces en toda su vida necesitó alzar la voz para enfrentarse a alguien, pues sus argumentos por si solos lograban silenciar cualquier otra voz. El haber perdido los estribos era también un golpe bajo para alguien quien estaba acostumbrado a actuar de manera racional. Al final de la tarde logró comprender que los efectos del mismo miedo que lo llevaba a actuar de aquella manera terminarían por acabar por completo con él. Suspiró resentido al escucharla negar su ofrecimiento, aunque era más que obvio que luego de haber pisoteado algo de su orgullo María no estaría dispuesta a marcharse así como así. Decidió permanecer para perturbar su existencia a causa de su culpabilidad, bramando furiosa palabras que buscaban alguna reacción del objeto de su enojo, pero sin surtir el menor efecto en él. Su mirada permanecía fija sobre el jardín trasero del instituto, escuchando atento pero sin atreverse a darle la cara. No fue hasta luego de unos segundos que la castaña logró captar su atención al utilizar la peor oración que se le pudo haber ocurrido. Loan enarcó su ceja al tiempo en que giraba la cabeza y clavaba sus orbes azules sobre la contraria, frunciendo levemente el ceño y mostrando claramente su disgusto con su expresión, Tú no sabes absolutamente nada de mi... , mintió. Ella había dado de lleno al mencionar a su padre, por lo que negarlo sería una pérdida de tiempo para ambos, de hecho, negar sus acusaciones no ocultaría lo que ya era obvio para ella, por eso optó por permanecer callado hasta el último momento antes de que ella tocara su punto débil, Y si me crees o no, allá tú , sentenció con un deje de arrogancia en su voz. Por lo visto ella no dejaría que las cosas acabaran ahí, pero Loan por su parte deseaba desaparecer en ese instante. Pensó que lo mejor sería marcharse, tomar su camisa y finalmente retirarse del instituto, pero para su mala suerte, Hathaway tenía otros planes para ambos.
 
Acercándose sin aviso alguno y siento tan descarada como solo podía ser ella, le proporcionó un golpe sobre su cabeza, el cual no fue para nada bien recibido por el rubio. El ceño ya fruncido comenzaba a marcarse aun más ante su arrebate, mientras que instintivamente subía una de sus manos hasta donde había recibido el golpe. No podía decir que no lo merecía, pero tampoco es como si fuera a contenerse ahí sin decir nada al respecto, Tan agresiva como siempre... , soltó por lo bajo mientras la miraba directamente a los ojos. Rodó los ojos al tiempo en que se disponía hablar nuevamente, no porque le importara poco lo que tuviera que decirle, si no porque no lograba comprender a que quería llegar ella con toda esa discusión,  Adelante, haz lo que te haga sentir mejor , respondió indiferente a sus acusaciones mientras sonreía de lado. Claramente ella se negaba a creer el que su amigo no era nada más que un bastardo el cual prefería huir de la realidad antes que enfrentarla, por ello, Loan tendría que obligarla a aceptar aquella idea. No tuvo intenciones de apartarse de ahí, siquiera moverse o esquivar sus golpes. Nuevamente una bofetada le fue propiciada por su mano y tras esta una serie de golpes sobre su pecho descubierto comenzaban a ocasionarle algunos moretones y arañazos. Sus ojos se cerraban instintivamente con cada ataque,  mientras este se quejaba en murmullos, mordiéndose los labios para no dejar salir los sonidos de dolor que amenazaban con escapar. ¿Por qué se contenía a responderle?¿Por qué simplemente no le propiciaba un golpe de regreso?... Era debido a que Loan se hallaba tan absorto con la imagen que le ofrecía la castaña que siquiera le dio tiempo de pensar en su situación. María lucía como una cría, atacando con todo lo que su fuerza podía dar pero sin estar segura de donde acertaban sus golpes o no. De hecho, observarla a ella era como observar a un indefenso gatito tratando de defenderse de alguna amenaza.
 
Cuando la fuerza de sus golpes parecía disminuir, tuvo que permanecer en silencio pues su compañera parecía tener algo más que decir. Al escuchar aquellas palabras, sus ojos se abrieron desmesuradamente como si acabaran de darle la noticia más extraña en su vida. A parte, no entendía muy bien el significado de "ganarle", pues no estaba al tanto de que se estuviera desarrollando algún tipo de competencia entre ellos. Sin lugar a dudas, María era realmente extraña. Soltando una carcajada desmedida, increiblemente el rubio comenzó a reír por los aires mientras de sus ojos se llenaban de pequeñas gotas de agua. No era una risa sardónica ni tampoco de felicidad, era algo más bien como una forma de liberar la tensión de su cuerpo, No tienes remedio. De verdad que... no lo tienes , expresó al tiempo en que se secaba las lagrimas de sus ojos y volvía a retomar la compostura, ¿Ganar? , preguntó curioso mientras con sumo dolor, la tomaba por las muñecas nuevamente pero sin llegar a infligir la misma cantidad de fuerza que le había ocasionado aquellos hematomas, evitando así que esta lo volviera a golpear, En todo caso... ¿Qué quieres lograr admitiendo que te gusto? ¿Esperas escucharme corresponder a tus sentimientos?¿Es eso? , infirió inclinándose hacia adelante sin mostrar expresión alguna y sin usar alguno de sus tonos particulares al hablar, Ten algo en mente Hathaway... Incluso si lo hiciera... No lo admitiría , respondió a su propia pregunta sin dejar de observarla. Era satisfactorio para él saber que se había ganado un espacio en alguna parte del corazón de la castaña, pero por ello, temía por que él no se lo merecía. Soltando un largo suspiró, Loan bajo la mirada sin soltarla de brazos, guardando silencio antes de darle inicio a su siguiente movimiento, Pasando a otro tema... Creo que llegó mi turno de utilizar tu cuerpo como saco de boxeo , escupió mientras le sonreía cínicamente a la chica, Prepárate .
 
En un abrí y cerrar de ojos, Loan había retomado el control de la situación nuevamente, empujando con todas sus fuerzas a la castaña hacia el suelo, cayendo de espaldas y proporcionándole otro golpe en seco. Como aquella vez en el estadio, sus cuerpos permanecían demasiado juntos como para saber que algo iba a ocurrir. Pero a muy a lo contrario que cualquier persona se imaginaria al ver aquella escena, las intenciones del rubio no eran ocasionarle placer a la castaña. Se acercó lentamente bajando hasta quedar a un lado de su oreja para luego susurrarle, Ojo por ojo... Diente por diente , amenazó dejando claras sus intenciones. Sin apuro alguno, volvió a someterla a su agarre con una sola mano mientras con la otra decidió subir la camisa de la joven hasta la altura de su pecho, dejando al descubierto la piel blanquecina oculta tras el pedazo de tela y exponiendo su lencería. Por unos minutos, no tuvo vergüenza alguna al recorrer el cuerpo ajeno con su mirada, apreciando hasta el último detalle y memorizando cada marca como si de un mapa se tratase. Aunque la acción del joven podría ser mal interpretada, su rostro y facciones permanecían neutras, como las de alguien quien se disponía a leer un libro sin apuro. No era posible predecir lo que ocurriría a continuación. 
 
 
Pasando su mano libre por el estomago de la chica comenzó a deslizar sus dedos, contorneando su ombligo y subiendo solo unos centímetros más por encima de este, para iniciar con su cometido. Sin reparo alguno, sus uñas se clavaron a un costado de su cuerpo, rasgando y rozando peligrosamente la piel de manera tosca, dejando un rastro líneas carmines que anunciaban el inicio de una irritación. Buscaba romper completamente esa imagen que ella tenía de él, demostrándole que realmente era como cualquier otro chico, un completo idiota. Sin arrepentirse por ello, repitió la misma acción sobre su pecho, siendo sutil pero a la vez hiriente con sus dedos, marcando por doquier y sonriendo con satisfacción. Una y otra vez, lastimaba y marcaba el cuerpo de la contraria como si no le importase lo que hacía, ni de lo que ocurriría al acabar con ello, Ahora te das cuenta que no es agradable, ¿Verdad? , argumentó sardónicamente mientras dejaba a un lado su mano y posteriormente bajaba su cabeza hasta el estomago de la misma, Bueno, incluso si no es así... Ya tendrás tiempo para arrepentirte , dicho esto, mordió inmediatamente su costado, asegurándose de que la presión que ejercía sobre ella la obligara a pronunciar algún grito de dolor o gemido, disfrutando hasta el último momento el tenerla a su merced, No te libraras de esta tan fácilmente...
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Dom Dic 08, 2013 3:28 am

Hablar sobre su padre fue el error más grande que hubiera cometido. No dijo nada cruel ni que no pensara o creyera, pero mencionarlo mientras Loan estaba tan molesto y fuera de sí, no era lo más inteligente. Le conocía por poco más de un mes, un tiempo tan reducido que nadie creería que eran tan buenos amigos. Menos aun, nadie creería que esa amistad se hubiese transformado rapidamente en algo voluble, intenso y confuso. ¿Qué eran ahora? ¿Amigos, enemigos o simplemente dos adolescentes confundidos? ¡Ya no importaba más! Había dicho algo doloroso y eso no podía cambiarlo. Sin embargo, se dijo cuando pudo desquitar su enojo en el rubio, tal vez no quisiera cambiarlo. No tenía porque disculparse de decir algo que a todas luces era cierto. Loan no era como su padre, aunque él pudiera creer lo contrario. Parecía creerlo. Lo veía en las manchas oscuras de sus ojos azules y en el pequeño temblor de sus labios al haberlo mencionado. Si María no creía ser todopoderosa y omnipresente, debía admitir que él tenía un poco de razón en una cosa: Ella no lo sabía todo sobre él. No sabía sobre sus verdaderos pensamientos, lo que vivió en su infancia y lo que lo había llevado a ser como era.

Pensar en ello no hacía sino suavizar su determinación de lastimarlo físicamente, pero eso tampoco importaba. Había dicho, al final, algo muy grave. ¡Por Dios que lo había dicho! Nada más caer en cuenta de ello se le subieron los colores al rostro y gran parte de su cuerpo tembló de temor. ¿Qué sucedería ahora? Volvía a creerse vulnerable y al borde del abismo, lo cual la hacía sentir extraña. Cuando reconoció sus sentimientos en el concierto no lo hizo creyendo que se lo gritaría en la cara al violinista; de hecho, no pensó que lo llegaría a confesar jamás. Para ella bastaba con pasar tiempo a su lado y divertirse como no lo había hecho con nadie. Ser ella misma y que él hiciera lo mismo.

¿Entonces por qué lo había dicho? ¿Qué esperaba oír en respuesta? Definitivamente, no su risa. No aquel sonido que le provocaba espasmos en el corazón y le revolvía el estómago. Si era posible, se sonrojó más bajo un profundo ceño fruncido. Estaba más enfurecida que antes, pero el giro que había dado la situación era tan inesperado que no pudo ni siquiera reaccionar.

¡Pues claro que no lo tengo! Me sacas de quicio. —se quejó, aunque era un reclamo tan desgastado que ni siquiera surtió efecto. Quiso levantarse y tener así la ventaja de la altura; deseaba patearlo con fuerza y dejar cardenales en todo su cuerpo. A decir verdad, desde que se quitó la camisa le era muy difícil no querer dejar marcas por toda su piel. «— Rasguños y cardenales —», se recordó a duras penas, sabiendo que no podría ni convencerse a si misma. De un momento a otro volvía a verse atrapada por las muñecas. Cerró un ojo por el leve dolor que sintió, pero su orgullo no había hecho sino intensificarse desde que las lágrimas se atrevieron a escapar de sus ojos. Ahora jugaría con dureza, y no como una niña indefensa. Lo miró con desafío.— Sé que no lo harías. No esperaba que me dijeras nada. No era una declaración, ¿sabes? Y por supuesto que tiene que ver con ganar; de haber cerrado mi boca, es probable que aun tuviera ventaja sobre ti. Seguro que creerías que estoy loca por Harry mientras que a ti te veo solo como un "buen amigo". —le soltó con tal rapidez que era imposible no notar que sus palabras eran más producto de la vergüenza que de la intención de herir su orgullo. Sí, ella tenía serias desventajas en contra de Loan, y es que a ella se le daba muy mal fingir que poco le importaba la situación.

Le importaba, más de lo que le gustaría aceptar. Y por supuesto que le afectaba la cercanía de Loan, aunque sus movimientos no condujeran a un juego de caricias juguetonas, sino a un claro intento por vengarse. Cada vez que sus dedos le rozaban todo su cuerpo se estremecía. ¿Cómo podía creer él que no había competitividad en ello? La estaba destrozando y ni siquiera la había golpeado. Bueno, el golpe al caer contra el suelo había dolido lo suficiente para gruñir, pero eso no contaba. La verdadera tortura era sentir la piel siendo rasgada, ardiendo como si estuviese en contacto con el fuego. Sabía que si él hiciera más presión, acabaría con la ropa ensangrentada. Y le dolía de verdad, pero aun así, no era de miedo ni terror por lo que comenzó a gemir.

D-Desmont... detente. Esto ha ido demasiado lejos. ¡N-No puedes vengarte de mi! —de nuevo hablaba sin sentido. No pensaba en realidad lo que estaba diciendo. ¿Que no podía? Pues claro que podía, y lo estaba haciendo. La tenía completamente sometida en cuerpo y alma, lo cual empezaba a aterrarla de verdad.— Esto es mucho peor de lo que yo te hice. —le recriminó por sus palabras, casi ladrando de enojo. Las piernas le temblaban y para su mala suerte, sentía la grave tentación de rodear al chico con ellas. Por otro lado, sus manos deseaban volverse puños para apartarlo. ¿Qué clase de contradicción era aquella? ¿Loan sabría lo que le estaba ocasionando? Lo supiera o no, era evidente que se aprovechaba de sus reacciones. Parecía leerla como si fuese un libro abierto. Cuando la mordió en el costado, ella casi gritó. No era un gemido de dolor como el de hacía un rato, cuando comenzó a llorar; tampoco era un bufido de irritación y arrogancia. Era un sonido salvaje y torturado. Era la perfecta mezcla de dolor y placer. Completamente gutural. De sus labios comenzaba a nacer las palabras que se negaba a pronunciar.— Loan, por fa... —pero fue interrumpida por un sonido alarmante que provenía de las escaleras.

Sonaba como la marcha de un ejercito, aunque debía suponer que se trataba al eco. En realidad eran solo unos cuantos estudiantes y un par de profesores. Pero si subían y los encontraban en esa situación, pensarían lo peor de ellos. No creerían que estaban peleando, ni que María sufría como nunca antes lo había hecho. Pensarían como cualquiera que sus hormonas adolescentes habían estallado de imprevisto. «— Tal vez en parte tuvieran razón. —»

Desesperada por huír, se revolcó contra Loan.

¡Alguien viene! —susurró con voz ronca, rogando por qué el la escuchara y tuviese cabeza para apartarse.— Quítate ya o pensarán que... ¡Tu sabes! ¡Apartate!
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Lun Dic 16, 2013 12:12 am

Estaba tan fuera de si que le era incluso difícil asimilar la situación en la que ambos se encontraban, pasando por alto lo que significaban sus acciones frente a los ojos de otros. En un principio deseaba arremeter contra su cuerpo tanto como a su mente, lastimando sin piedad aquellos lugares que se había atrevido a marcar con sus dulces caricias y palabras, dejando en claro que ya no volvería a mostrar estas frente a ella. Pero muy a lo contrarío de lo que quería demostrar, sus sentimientos e impulsos comenzaron a tomar el control de sus acciones, apartándolo completamente de su plan original. Su boca continuaba su labor de saborear la piel ajena mientras sus uñas permanecían clavadas en los costados de su cintura, deslizándose e hiriendo cada vez con menos fuerza. Era un festín el que se estaba dando con su cuerpo debía admitir, y por lo que podía escuchar entre sus quejas y alaridos, no era el único que comenzaba a disfrutar de ello. Por mucho que la castaña vociferara contra el por lo que le hacia, sus palabras no eran para nada convincentes cuando su rostros le dejaba vislumbrar expresiones que simplemente reflejaban placer al contacto. El no era consciente de que sus acciones provocaban aquellos gestos en ella, pues siquiera estaba consciente de que sus manos se habían detenido para tomar las de ellas para desplazarlas hacia ambos lados, dejándolos nuevamente en una posición bastante comprometedora. Se podían escuchar tras los jadeos del cansado oji azul, los acompasados latidos de su corazón cuales eran tan ruidosos que no se sorprendería si su compañera se percatase de estos. Un momento de calma le fue permitido al rubio, durante el cual su rostro permanecía ocultó tras sus mechones ya despeinados, sumergido entre el cuello de la chica, — Ya no se si es venganza lo que quiero cobrar... Pero no por eso significa que me detendré aquí —, susurró a su oído tomando un tiempo para observarla de reojo. Aquellas palabras aun resonaban por su cabeza y era de por si obvio que no las dejaría pasar por alto, por ello, María tendría que sufrir un poco más.


Sentir celos de una persona que apenas y conocía ya era un golpe bajo para él, y sin embargo, aun dejaba manejarse al antojo de sus sentimientos cuando el nombre de ese chico era mencionado. Bajó nuevamente su rostro hasta su estomagó para morder con recelo. Ya le había sido suficiente con saber que ella estaba al tanto de lo que sentía, para también dejarse influenciar por sus palabras que aclaraban lo fácil que le era a ella manipularlo con simplemente decir "Harry".  Era un tanto humillante, pero a la vez él sabía que merecía ese tipo de trato,ya que muy bien se lo había estado buscando al dejarse llevar por su testarudez. Por todo ello, su orgullo e idiotez lo habían llevado a desquitarse con la castaña, aunque esto no pareciera del todo cierto. Por un momento rompió el contacto de sus labios contra su piel para mirarla de frente, sintiendo plena satisfacción al verle tan frágil y a la vez dispuesta a arremeter contra él. Inconscientemente había llegado a acercar su rostro al de ella, quedando a unos cuantos centímetros por encima, esperando escuchar aquellas palabras salir de su boca, las cuales solo aclamarían por más... Sin embargo, no todo salia como él quería. Se había sumido tanto en sus pensamientos llenos de la castaña, que apenas y había reaccionado cuando esta forcejeaba contra él mascullando entre dientes palabras que no alcanzaba a oír... O era así hasta que esta soltó un comentario que básicamente el rubio no pudo desaprovechar la oportunidad de replicar, — ¿O podrían pensar... Que? —, respondió mientras sonreía con cinismo y la apretujaba con fuerza en las muñecas, siendo consiente de la respuesta.


Una parte de él deseaba permanecer ahí, mandando al diablo las opiniones de terceros que de seguro no serian las mejores al verlos recostados sobre el suelo en aquella posición. Por ello, no se iría por lo convencional ni tampoco le daría el gusto a su compañera de sentirse libre de él. Claro que a ninguno de los dos les favorecía ir a la oficina del director luego de que algún rumor se filtrara por el instituto al ser descubiertos en la azotea haciendo "quien sabe que". Por ello, se levantó con sumo cuidado de su compañera y le tendió una mano para levantarla, y sin esperar a que esta aceptara, la atrajo hacia si para ponerla de pie, — Eres demasiado lenta —, recalcó al tiempo en que tomaba rápidamente su camiseta del suelo y volvía a colocársela, dándole en todo momento la espalda a la castaña y contando los segundos para que los intrusos entraran a escena. Sin pensarlo dos veces, se acercó nuevamente a esta y tomó una de sus manos con la suya, colocandola a escasos centímetros de su rostro y rozando su propia mejilla con la palma ajena, — Solo sígueme el juego, ¿Quieres? —, susurró de manera apacible, forzando su agarre. Al escuchar que la puerta comenzaba abrirse, Loan puso en marcha su plan previniendo que María actuara antes de iniciar. Su mano tomó impulso sobre la de María para luego soltarla al tiempo en que esta golpeaba contra su rostro, dejando una marca totalmente roja con la marca de cada uno de sus dedos. Intencionalmente dejó golpearse por ella, actuando como si él fuera la victima en frente de los ya presentes alumnos y profesores, mostrando un rostro de completa confusión.


Uno de los docentes no tardó en identificar a ambos estudiantes de segundo, ordenandoles entregarle una explicación. Solo unos minutos bastaron para que asumiera el que una riña se había llevado a cabo en ese lugar, pues al solo fijarse en la ropa de ambos era evidente de que no se trataba de una charla entre amigos. — Retírense a los vestidores a cambiar sus uniformes. Cuando acaben, quiero verlos a ambos limpiando las regaderas y bastidores en castigo por haber faltado a clases —, sin mas preámbulos, el profesor ordeno a los alumnos y a sus colegas retirarse, incluyendo en ello a los dos busca pleitos, — Solo espero que Hathaway no decida empujarme mientras bajamos las escaleras  —, escupió sardónico mientras reía descaradamente frente a esta mientras cruzaba ambos brazos tras su cuello. Ahora había encontrado el lugar perfecto para terminar aquella charla sin que nadie los interrumpiera.
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Re: Entre garras y dientes [Priv]

Mensaje por Beatrix Hathaway el Mar Dic 17, 2013 5:52 pm

Venganza o no, ambos adolescentes sabían en el fondo por qué estaban haciendo aquello. El haber mezclado sus volcánicos temperamentos con una amistad que comenzó a formarse semanas atrás y, por qué negarlo, una tormentosa atracción física, solo podía acabar de esa forma. Lo más sencillo era culparse mutuamente, aunque María hubiese aceptado algo que ni en sueños creería decir jamás. Conocer a Loan Desmont era lo mejor y lo peor que le había ocurrido en la vida; sus pensamientos y acciones estaban constantemente relacionados con el rubio y le costaba trabajo que no fuera de esta forma. Una vocecita en su cabeza que no alcanzaba a escuchar bien le decía que eso no sería eterno; tarde o temprano alguno de los dos tendría que marcharse. Pero ahora era imposible considerarlo. Su presencia era palpable y exquisitamente dolorosa; estaba ahí y nadie, ni siquiera ella misma, podía negarlo. Sólo necesitaba extender los dedos para tocar el dorso de sus manos.

Pero como en todas las situaciones en las que ambos se involucraban, había llegado el final. Mantener semejante pelea de manera tan furtiva no había sido la mejor idea; evidentemente, no podrían llegar a nada a menos que estuvieran de verdad a solas, con horas y horas de tiempo para discutir. Y él parecía saberlo. Sin embargo, fueron sus palabras las que la hicieron adquirir un color escarlata en las mejillas. ¡Ese idiota! No pretendía que lo dijera, ¿cierto? No es como que ella hubiese planeado subir ahí para seducirlo.

¡Desmont! —gruñó a lo bajo, como si fuese la peor grosería que se supiera. Le sorprendía que el muy cínico todavía tuviera el descaro de ofrecer su ayuda. Esto quedó comprendido cuando él la levantó de todas maneras, sin esperar autorización. Era un poco bruto, había que decirlo, pero quizás sólo desde la retorcida perspectiva de María... era encantador. No dijo ni pío al verlo ponerse la camisa pues no estaba dispuesta a admitir cuanto le había gustado sin ella. Ya bastante malherido tenía el orgullo. Por ello mismo, le dio un vueclo al corazón cuando el joven tomó su mano y la posicionó tan cerca de su rostro; era un tipejo cruel y tal vez ni se diera cuenta. ¿No sabía cuanto deseaba acariciarlo? ¡Ah, pero el enojo también estaba ahí! Tan cerca, podía propinarle una buena bofetada. Lo que la sorprendió de verdad, fue descubrir que la había dado... sin querer.

Apenas vio a los presentes cuando la mano le ardió por el mismo golpe. La retiró pero eso no bastó para mejorar la opinión de los docentes. Se veían confundidos pero muy molestos, y ya esperaba el castigo que seguía a continuación. A pesar de esto, pudo ser peor. Un castigo por faltar a clases no era ni la mitad de malo por hacer lo que creerían que pudieran estar haciendo un par de adolescentes en la azotea de la escuela. Hizo una mueca de disgusto, pues el castigo asignado tampoco era muy suave que digamos. Le lanzó una mirada venenosa a la espalda de Loan y esperó con ilusión que pudiera apuñalarlo de esa forma. No funcionó, y como si su suerte no fuese ya muy desastroza, el maldito violinista mencionó sus deseos en voz alta. Uno de los profesores la vio y supo al instante que ella era muy capaz de hacerlo, así que la mantuvo a cierta distancia del rubio.

Tan sólo no vayas a tropezar, Desmont. Tienes talento para caer inconsciente. —masculló como último recurso.

Había perdido esa batalla.
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