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Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

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Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Dom Sep 29, 2013 3:05 am

Caminaba con total serenidad la cual, no todo el mundo podría conservar al estar rondando por aquella zona y menos durante esas horas de la tarde. El liviano estuche de su instrumento golpeaba contra su espalda con cada paso que daba, mientras este por su parte, observaba con tranquilidad todos aquellos locales y callejones frente a él, tratando de localizar su objetivo pues, no estaba del todo seguro sobre la ubicación de aquel lugar. Ese local el cual pertenecía a un conocido de su madre. Soltó un suspiro con un deje de irritación al recordar lo insistente que había sido la mujer en el que aceptara la propuesta. El señor Louis, le había ofrecido el acceso libre a un espacio en donde el chico podría practicar dentro de uno de sus negocios en los suburbios de la ciudad, puesto que se trataba de una habitación a prueba de sonido en un café. El oji azul no estaba del todo de acuerdo en aceptar, sin embargo, no pudo resistirse a ofrecimiento tan tentador. Solía practicar en la escuela por lo menos unas dos horas, pero siempre con el infortunio de ser interrumpido por algún estudiante, o simplemente por alguien a quien le gustaba acabar con la privacidad que el rubio deseaba tener en aquellos momentos. Dada a las circunstancias, Loan no tardo en aprovechar aquella oportunidad.

Siguió andando unas dos cuadras antes de cruzar  en una esquina, en busca de algún callejón que diera con el portón negro que tanto buscaba. Esa mañana no había tenido mucho tiempo de alistarse, por lo que solo lucia una camisa manga larga de color azul cielo y unos jeans de color negro, ademas de su tan acostumbrado reproductor sobre su cuello. Luego de unos cinco minutos, el chico pudo visualizar el susodicho portón. Este se encontraba entre dos edificios de aspecto un tanto amenazantes y aterradores, cosa que, a cualquier persona con algo de sentido común hubiera aterrado al instante, sin embargo, Loan había perdido todo aquello ante su intensa ansiedad. Últimamente, no había tenido una sola practica decente dentro del instituto, y al llegar a su apartamento, era lo mismo. Unos meses atrás podía darse el lujo de tocar su violín durante unas horas pues, no había nadie viviendo a un lado de él, cosa que había cambiado hace un mes. Irremediablemente tuvo que desistir el seguir tocando pues, en cuanto fallaba alguna nota y el sonido chirriante de su instrumento atravesaba las paredes, solo debía esperar unos dos minutos antes de que su vecino apareciese a quejarse frente a su puerta. 

Ya dentro del callejón, se dispuso a seguir las instrucciones del señor Louis. Caminó hasta llegar a una pared a un costado de los dos edificios en donde se hallaba un grabado en la puerta de madera que decía "Le puits sans fond". Tocó la puerta tres veces como le habían indicado, y posteriormente esta se abrió mostrando a su paso a una mujer no mayor de 24 años. Era de tez blanca y contextura delgada, con ojos grises y cabello corto de color negro,  Tu debes ser el chico que el jefe mencionó. Bienvenido —, comentó sonriente mientras le daba espacio para que entrase. El oji azul estaba algo impresionado con la atmósfera del local pues, realmente contrastaba con la imagen exterior del mismo edificio. Daba la sensación de que se encontraba en un salón de la época victoriana pues, había detalles de madera por todos lados, muebleria de época y bastantes decoraciones que no parecían ir con todo el ambiente que se proyectaba afuera de este. Ahora entendía a lo que su madre se refería en cuanto a que el señor Louis era un ejemplo típico de un hombre británico. Salio de sus pensamientos en cuanto la chica se dispuso hablarle nuevamente,  Mi nombre es Nilo. Soy mas o menos la encargada de este sitio... Aunque mi salario demuestre lo contrario , dijo un poco decepcionada para luego reír por lo bajo,  En fin, tu no estas aquí para oír mis lamentos ¿O si?. Es por aquí , agregó mientras abría la puerta de una de los cuartos. Su interior no era muy diferente a la decoración del lugar salvo a que tenia menos muebles dentro de la misma. Adentro se hallaba un espacioso sofá, un atril, una silla de madera frente a este y un estante, en donde Nilo le explico que se hallaban algunas partituras en caso de que los clientes desearan probar diferentes piezas. También había algo dentro de aquella habitación que llamo la atención del chico, un piano de cola a un lado de un ventanal. El rubio supuso que debía tratarse del instrumento de alguna otra persona que se dispondría a practicar ahí luego, o simplemente de otra adquisición del dueño, en caso de que alguien deseara alquilarlo para tocar ahí.

 Bien, es todo tuyo. Si necesitas algo... No dudes en llamarme , agregó finalmente al tiempo en que sonreía de lado y le lanzaba un beso al chico,  Gracias..., respondió el oji azul con un deje de desconcierto y algo de diversión. Al cerrarse la puerta, sacó su violín y dejó el estuche sobre el espacioso sofá mientras, tomaba las partituras que se hallaban dentro de este. Entre todas estas selecciono una pieza de Vittorio Monti, la cual había sido uno de sus caprichos durante los últimos días pues, se le había hecho un tanto complicado llevarle los tiempos ademas de mantener una correcta afinación del todo. Ya con todo en sus manos, coloco los papeles sobre el atril y se dispuso a tocar la melodía.

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Última edición por Loan Desmont el Dom Sep 29, 2013 1:57 pm, editado 2 veces
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Harry Rutledge el Dom Sep 29, 2013 4:38 am

Había importantes ventajas al tener un trabajo y estar emancipado; entre ellas, uno podía rentar un auto bonito, salir cuando el reloj marcaba más de las cuatro de la tarde y comprar un piano de cola. Era eso último, por supuesto, lo más importante. Hacía ya casi dos semanas desde que había adquirido de forma total el hermoso ejemplar que era Charlotte, nombre que le había asignado al bello piano de cola de un negro brillante. En la tienda lucía como la pieza principal en una galería de arte, y como era de esperar, su apartamento era demasiado pequeño para alojar tan descomunal instrumento en él. Por suerte tenía buenos contactos en la ciudad, incluso en París, donde esperaba viajar en un futuro cercano. Pagando una cantidad razonable al mes, podía practicar sin interrupciones en una sala privada.

Era una inversión justificable. Un paso más para alcanzar sus ambiciosos objetivos.

Cuando el auto, que era una versión metálica de su propio estilo monocromático, dobló la esquina que lo conduciría hacia el portón negro, sonrió. De no ser por la peculiar muchachita que conoció el día que pagó por el piano, creería que no había nadie como Hathaway. Aquella chica era un verdadero dolor de cabeza para él, pues no perdía la oportunidad de insultarle y de mencionar la forma tan poco "ética" de triunfar en el mundo de la música clásica; pese a todo, tenía un gusto de lo más exquisito y gracias a ella tenía el acceso a la sala privada. Se lo compensaría después con algo amoral y de ética cuestionable. Un hombre lo esperaba afuera, en la calle, y abrió el portón negro para dejarle estacionar el auto.

Joven...

Harry Rutledge. —saludó de inmediato a la atractiva encargada. Sabía de ella debido a unas fotos que había buscado en internet. Sí, confiaba en Beatrix, pero no era tan estúpido para recorrer aquellos barrios sin primero hacer una investigación. Mostró su sonrisa más encantadora, que a los ojos de la mujer, resultaba casi inocente.— Tu debes ser Nilo, la encargada. Es un placer. —estrecharon las manos, lo que pareció desconcertar un poco a la encargada puesto que el pelinegro no superaba ni los 17 años. Su forma de expresarse era, por lo regular, de un adulto demasiado seguro de su encanto.

Nilo mostró la destreza de una anfitriona, siendo coqueta pero muy profesional. Le mostró las diferentes salas del lugar, que poseían distintos instrumentos y, algunas incluso estudios de grabación. Ese debía ser el paraíso para todo amante de la música clásica, en especial por el ambiente victoriano que se respiraba en cada rincón. Cuando el recorrido terminó, preguntó por Charlotte. Nilo pareció un poco desconcertada al principio, hasta que, al acercarse por el pasillo, palideció. Le explicó que, por un mal calculo de reserva y pagos de nómina y demás, habían cedido la sala a un muchacho de su edad. Harry estuvo muy cerca de perder todo aprecio por la encargada, hasta que ella, notando su mal humor, le aseguró que encontraría otra sala donde el otro muchacho pudiera practicar. Después de todo, sería más sencillo mover a un violinista que a un pianista. Suspiró y prestó atención al sonido que provenía desde el interior de su sala. Era un manejo muy limpio del violín, lo suficiente para hacerlo esperar hasta que la melodía terminase. Un segundo después de que hubiera cesado, entró.

La mirada que le dedicó a aquel rubio de ojos azules no fue mucho más prolongada que el disparo de una bala. Francés como ningún otro, talentoso en el violín y seguramente hijo de riquillos. Bufó y sin demorar, se dirigió al piano.

Te encontrarán otra sala en unos minutos, así que podrías ir guardando el violín en su estuche cuanto antes. —dijo con suma tranquilidad, como si nada en el mundo pudiera contradecir su afirmación. Le dirigió otra mirada breve y sonrió de lado.— No está mal para un novato.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Dom Sep 29, 2013 5:09 pm

Estaba tocando la mitad de aquella pieza, cuando en su rostro comenzaba a reflejarse un leve pero notorio deje de enojo. Si bien, se podía percibir cierta gracia en la melodía, en cortas ocasiones había fallado el alcanzar ciertas notas, remplazando estas por silencios en el tiempo equivocado. Aun no lograba terminar de perfeccionarse, cosa que realmente lo irritaba pues, el oji azul era bastante estricto consigo mismo en cuanto a tocar se tratase. No era del tipo de músico orgulloso o presuntuoso el cual buscaba echarse aires de gloria cada vez que tocaba frente a otros, tratando de obtener ciertos halagos y logrando así aumentar su ego. La música era su pasión, pasión que solo compartía frente a sus allegados o en raras ocasiones, en un escenario, como lo fue en aquel concurso donde participó al igual que la castaña. Pero, aun así, el joven poseía cierta obstinación la cual era solo comparable al de un excéntrico, ya que si se trataba de confeccionar su técnica y mejorar sus melodías, entonces si se podría decir que en su actitud se llegaba a percibir cierto aire de arrogancia. Luego de unos minutos, solo se escuchó el sonido de la ultima nota haciendo eco en la habitación al tiempo en que el joven descolocaba el instrumento de su posición sobre su cuello. Soltó un suspiro, para luego apresurarse a retroceder las hojas de la partitura y dedicarse una vez más a ensayar. Detuvo el tacto de su mano con el papel al escuchar como la puerta comenzaba a abrirse, para luego subir la mirada y posarla en el objeto de su interrupción. 

Sin mostrar signos de nada, solo se dedico a imitar el leve pero completo análisis que le proporcionaba el recién ingresado, para luego seguirle con la mirada hasta que finalmente se posiciono frente al piano de cola al fondo de la habitación. Luego de que aquel chico entrara, la joven anfitriona le siguió, mostrándose un poco avergonzada por el repentino comportamiento del castaño al irrumpir de manera tan brusca en el recinto. Por un segundo, pensó en preguntarles si necesitaban algo de espacio para retirar el instrumento pues, supuso que aquella interrupción se debía a algo relacionado con el piano. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, el otro chico se había apresurado a hablar, dejando a su paso un comentario bastante cortante. La mujer volteó a mirar rápidamente al rubio, como si esperara alguna reacción violenta por parte del mismo, sin embargo, aquello nunca pasó, — Ha... —, fue lo único que salio de su boca mientras sonreía con un deje de burla. El rostro de la anfitriona se debatía entre una expresión de confusión y asombro, la cual tuvo que cambiar rápidamente al tratar de resolver el problema. Nilo le explicó brevemente la situación a Loan, informándole el error cometido por su parte e indicándole que por favor la siguiera para poder ofrecerle otra habitación, disculpándose con él por lo ocurrido. Sin embargo, el chico no parecía mostrar signos de que siquiera estaba escuchando lo que decía pues, tan rápido como había terminado de hablar la mujer, este se volvía a posicionar frente al atril y comenzaba a tocar nuevamente la pieza anterior. 

Esta vez, se notaba gracialmente como la melodía comenzaba a tomar más fuerza con cada nota que entonaba el maravilloso instrumento. La intensidad con la que tocaba era diferente a cuando había tocado minutos antes, percantandose él mismo de que había logrado lo que tanto buscaba... Evitar los errores molestos. Loan no parecía preocuparse por el aviso que le había dado la mujer, ni tampoco por la presencia del nuevo amateur frente al piano. Él simplemente, se había dedicado por completo a su música ignorando cualquier otra cosa a su alrededor. Una vez terminado, Nilo se acercó un poco mas hacia el joven violinista, — Esto... ¿Escuchaste algo de lo que dije? —, comentó con curiosidad mientras sonreía un poco temerosa e incomoda. El rubio solo le dedicó una mirada para luego sentarse en la silla tras él, y posteriormente cruzarse de brazos, observándola, — Si te refieres a lo de cambiar de habitación. Si. Te escuché —, dijo para luego apoyar sus codos sobre sus rodillas inclinándose hacia adelante y posicionando sus puños bajo su mentón, — Pero lamentablemente no lo haré —,  agregó en un tono de cinismo mientras le sonreía de lado. Volviendo a recuperar la postura anterior, fijó su mirada sobre el soberbio castaño, — Si quieres tocar, simplemente espera a que la habitación se desocupe —, dijo en un auge de descaro pero sin mostrar expresión alguna, — Pero si tanto te urge... ¿Por qué no tratas de mover el pesado piano por ti mismo? —, finalizó burlón. Particularmente no le agradaba crear escenas o discutir con otros en asuntos que podían arreglarse con un simple acuerdo, sin embargo... Bajarle los humos a un personaje como lo era ese, simplemente era una oportunidad que no podía dejar perder.

Nilo, quien estaba acostumbrada a tratar con situaciones como esa, intentó tratar de convencer al chico nuevamente pero... El aire tan pesado que se respiraba en aquella habitación le advirtió a su sentido común el que quizás no era buena idea interferir entre los dos músicos, — Vamos Loan, hay otras habitaciones disponibles por lo qu-... —,no terminó de completar la frase pues, la mirada sentenciante del oji azul la hizo callar. El rubio se levantó nuevamente dispuesto a continuar con otra pieza pero antes, le volvió a dirigir una mirada al intruso, — Ahí esta la puerta —, escupió mientras le hacia un ademan con la cabeza en dirección a la misma. 

Si bien solo habían pasado solo unos segundos compartiendo el mismo aire... Ya lo había clasificado como un posible incordio.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Harry Rutledge el Dom Sep 29, 2013 9:23 pm

Harry, que nunca hacía distinciones a la hora de hacer un negocio, trato y/o trabajo con cualquier persona, tenía una secreta y para nada buena opinión sobre los rubios. En su opinión, y especialmente los ojiazules, carecían de las neuronas suficientes para realizar algunas actividades especificas. El muchacho del violín, por ejemplo, parecía incapaz de comprender que, un piano de semejantes dimensiones, no podía moverse con la misma facilidad que un jodido violín. Tenso como raras veces, hizo un ademán con la mano hacia la preocupada encargada. Debía estar muy angustiada por el hecho de que dos de sus clientes fueran tan obstinados y, por qué no decirlo, jóvenes. Se notaba más que nerviosa, perdiendo poco a poco la serenidad de una encargada que tiene el control de todo. Bien, él no iba a rebajarse a actuar como un niño mimado, tal como parecía ser el caso del rubio. Respiró profundamente y le dedicó a la mujer la sonrisa más encantadora que poseía.

Nilo, tranquila. —dijo con ese tono de voz suave y despreocupado. Tomó su mano y le besó los nudillos.— ¿Por qué no nos traes un poco de té? Negro inglés, por favor. Y unos chocolates de menta.

Al principio la aludida no se movió, como si quisiera reafirmar su autoridad ahí, pero al final sacudió la cabeza y se marchó de la sala. Harry sintió su ego satisfecho. Cuando sonó un "clic" al cerrarse la puerta, arrastró la mirada con infinita pereza hacia el rubio, desvaneciendo entonces la sonrisa. Adiós al chico encantador. Lo inspeccionó una vez más, sin omitir detalles como el buen gusto al vestir, su elegante técnica para sostener el violín y, más allá, la expresión testaruda de su rostro. Creía reconocerlo de algún lado, pero no estaba muy seguro. Tocó un par de notas en el piano de forma distraída, como si ignorara la densa atmósfera de la sala. Intentaba recordar si debía tener cuidado con ese sujeto o si, en cambio, podía despacharlo sin más.

Ah, mover un piano como este me haría perder la elegancia que exige el lugar. —replicó, palabra por palabra, como si hablara con un niño estúpido. En realidad, la ironía no era del todo burlona, pues él si que exigía elegancia en casi todas sus acciones. Lo miró con mala cara al caer en cuenta por qué se le hacía tan familiar. Unas semanas atrás, mientras mantenía una charla con esa peliroja teñida que le sacaba canas verdes, la escuchó mencionar algo de un amigo que tenía gran talento con el violín. ¿Sería mucha coincidencia que se tratara de un violinista rubio, ojiazul y tan joven? No, Harry no era propenso a creer en las coincidencias. Ocultó una afilada sonrisa y se aclaró la garganta.— Y ya que no se necesita gran destreza para sacar un violín, podrías salir tu sin ningún problema. —se puso de pie y deambuló por la sala, como si de pronto quisiera admirar los pequeños detalles victorianos en ella.— Las clases de violín cuestan una pequeña fortuna... —comentó, como quien no quiere la cosa.— Y este lugar igual. Es bueno saber que uno trabaja día a día para pagar ambas cosas, ¿no es verdad?

En este punto, se detuvo a un metro y medio, mirándole sin la más mínima intención de disimular el desprecio. Le sacaba varios centímetros y, con la frente en alto, era demasiado evidente. Sentirlo por debajo de si mismo era satisfactorio por más de un motivo, pero incluso así, no volvió a sonreír. En cambio, y con la tranquilidad de un soberano, sacó el móvil color escarlata de su bolsillo trasero y marcó un número reciente. Tras dos timbrazos más de los que hubiese querido oír, sonó un suave saludo al otro lado.

¿Si, María? —dijo. Aunque divertido con la situación, no pudo evitar volcarse en la conversación.— Quería agradecerte por tu recomendación. Si, es un lugar muy agradable... —esperó unos segundos, sin apartar la mirada de... ¿cómo lo había llamado Nilo? Ah, si. Loan. Algo que la muchacha había dicho le arrancó una sonrisa de lo más perversa.— Todo tipo de sorpresas, sí. —entrecerró los ojos, cada vez más complacido, y recargó el antebrazo en una repisa llena de partituras.— La próxima vez deberías acompañarme, estoy seguro que te encantaría la sala en la que estoy ahora. ¿Sabes? Tiene una acústica esplendida para el piano, pero seguro que un violín suena mejor. Un mono podría tocar aquí y de cualquier modo sonaría genial.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Dom Sep 29, 2013 11:54 pm

No hizo algún otro comentario luego de se había negado aceptar el ofrecimiento de Nilo. Su mirada aun permanecía enfocada en las partituras frente a él, y con un deje de aburrimiento este seguía pasando las hojas de un lado a otro en busca de algo mas que tocar, pues no quería perder valioso tiempo el cual podría estar utilizando para mejorar su técnica. Aquellos era uno de los pocos momentos en que Loan realmente parecía ser ajeno a cualquier realidad pues, cuando algo de su interés entraba a su mente, era prácticamente imposible atraer nuevamente su atención, sin embargo, ese día era bastante distinto. Escuchó como el chico le indicaba a la joven anfitriona, con un gesto gentil y bien ensayado, el que se retirase, con la excusa de que fuera a buscar algo de beber para ambos, a lo que Loan interpretó inmediatamente como un: Estorbas, pues, tan rápido como esta salio de la habitación dejándolos a ambos solos, pudo notar como la faceta de caballero de su no tan deseado acompañante, se desmoronaba por completo. Dejando a un lado lo que hacia con las partituras, se quedó de pie y giro la cabeza al sentir nuevamente la mirada del contrario sobre él. A simple vista, el castaño vestía y lucia como alguien de bastante clase y educación, aunque esta ultima bien siempre podía ser fingida, el cual parecía tener cierta fijación por el piano. En si, el no parecía ser el tipo de personas que utilizarían cualquier comentario sin antes medir cada palabra antes de soltarlo pues... Arrogante y soberbio eran los únicos dos adjetivos en los cuales podía pensar para describirlo, por lo que en el peor de los casos, resultaba serle el tipo de persona con la cual siempre estaría en desacuerdo.

Soltando un bostezo y pasándose una mano sobre su cabellera despeinada, se dedicó a sentarse otra vez sobre la silla de madera. Cruzándose de brazos tras su cuello y mirando fijamente hacia el techo, solo se permitió estar consiente de los pasos del contrario pero sin darle la mayor importancia a siquiera mirarlo. Escuchaba el va y ven de sus pies recorriendo la habitación hasta detenerse nuevamente frente al gran instrumento, dejando sonar unas cuantas notas. El comentario que le siguió al toque del piano, le había confirmado al oji azul el que realmente existían personas totalmente estúpidas en el mundo las cuales no podían leer entre lineas o simplemente fingían hacerlo, — Siendo tu, me preocuparía menos por el asunto de perder elegancia y más, en el de como entender un sarcasmo  —, respondió sosegado al tiempo en que rodaba los ojos. Si algo había aprendido de ese chico era que, lo que le sobraba de orgullo le faltaba en perspicacia. Otra vez desinteresado en lo que ocurría, optó por tomarse un descanso e ignorarlo. Tomó su teléfono celular y comenzó a escribirle a la única persona con la cual había intercambiado números en lo que llevaba del año escolar. La castaña le contesto inmediatamente con uno de sus típicos comentarios que no vienen al caso, como lo eran sus constantes amenazas e indirectas. Hacia pocos días desde su ultimo encuentro en la enfermería en el cual, aun no tenia respuestas para explicar lo ocurrido, sin embargo, ambos parecían no tomarle mucha importancia al asunto, no por ahora.

Su atención, pero no su mirada, fue atraída una vez mas por el contrario. Esta vez, el chico había cambiado sutilmente el tema anterior con algo mas bien relacionado con el estilo de vida de ambos. Loan sabia de por si a donde quería llegar el castaño con tanto juego y comentario suelto, sin embargo, no estaba con ganas de explicarle su condición económica a un perfecto extraño,— ¿Decías algo? —, respondió con un toque de inocencia fingida sin levantar la mirada, actuando como si no hubiera escuchado nada de lo que decía, lo que en parte no era del todo mentira, pues toda su concentración estaba puesta sobre su teléfono. No podía negar que si había asistido a una academia de música o que su preciado instrumento no era más que una pieza de arte valorada en millones de euros, sin embargo, la capacidad para tocar el violín o la destreza musical que poseía eran atribuciones que no podían ser simplemente compradas con dinero, ya que prácticamente  había pasado toda su vida esforzándose para conseguir por si mismo aquel talento del cual estaba totalmente orgulloso, por lo que si realmente había obtenido algo por esfuerzo propio, era ello. Soltó un suspiro y luego volteó a mirarlo, percatándose de que este se dirigía hacia él. Al igual que él, se quedó fijamente observándolo, a la espera de algún otro monologo aburrido o simplemente otra petición para que se largara de ahí. Levantó una ceja en señal de curiosidad, para luego fruncir un poco el ceño pues, se había percatado de que se hallaba mirando al contrario hacia arriba, cosa que realmente detestaba con toda su alma.

Su rostro volvió a tornarse pacifico y sin expresión al notar como su acompañante se disponía a hacer una llamada telefónica de un momento a otro. Imitando su comportamiento, continuó escribiéndole mensajes a la áspera castaña. Esos dedos que segundos antes se movían agilmente por todo el celular, se quedaron estáticos al igual que su mirada al escuchar el nombre de "María", salir de la boca del otro chico. Como si nada hubiera pasado, siguió escribiendo pero esta vez, prestando atención a cada palabra proveniente de la conversación que sostenía el castaño. Casualidad fue la primera palabra que se le vino a la mente, ya que, después de todo aquel era un nombre bastante común incluso fuera de la religión cristiana. Sin embargo, tenia la sensación de que quizás su atípica amiga era realmente otra persona que se hallaba al otro lado de la linea. Cerrando su móvil, se cruzó de piernas y apoyó su mentón sobre una de sus manos observando directamente al chico. Soltó una corta pero sonora risa ante el ultimo comentario del castaño, — Ahora entiendo por que tanta afinidad por querer que cambie de cuarto... —, comentó por lo bajo, asegurándose de ser lo bastante claro para que el otro lo escuchara — Es que solo aquí, el mono podría tocar el piano y aun así sonar como Beethoven —, agregó sonriendo cinicamente, observándolo a los ojos. Se levantó estirando completamente su espalda y tomó nuevamente el violín. Esta vez, no se dispuso a tocar una magnifica pieza como lo había hecho minutos antes, si no, por todo lo contrario, empezó a deslizar su arco por todas las cuerdas sin seguimiento alguno, provocando solo espantosas y sonoras notas las cuales resonaban por toda la habitación, — Es cierto, la acústica de este lugar es bastante buena —, soltó entre tantos alaridos que propiciaba con su instrumento. Si el amateur deseaba seguir con aquella conversación durante la hora de practica del rubio, entonces Loan le expresaría su mas sinceras opiniones, destrozando sus tímpanos.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Harry Rutledge el Lun Sep 30, 2013 1:14 am

"A ver, a ver... tenemos aquí a un muchachito con buenos dotes argumentales. Ah, y conoce el sarcásmo. Si, ha de creer que es un genio por ello. ¿Qué más? Si, la pequeña pelirroja de lengua viperina lo conoce. Es posible que hasta sean amigos. Y yo que solo veía a practicar. Bien, quizás debería dejar eso para después o sino ese maldito sonido me enloquecerá de verdad". La sonrisa que se formó en sus labios fue tan tensa que era imposible creer que estaba divertido o feliz. Era mas bien la prueba de que su paciencia estaba siendo llevada al límite. Y él, cuando perdía la paciencia, no era una buena persona. Suspiró largamente, como si presenciara la rabieta de un niño, y le pidió un segundo a María. Sin mucho esfuerzo, con velocidad, tomó el arco del violín de las manos del maldito rubio y la guardó tras la espalda, paseándose como si no hubiese ocurrido nada. Miró por una ventana por encima de un edificio de paredes cenicientas, hacia el precioso valle.

Ahora... ¿qué me decías, querida? —dijo, con un tono cansado. Al otro lado de la línea, la muchacha lanzó un "¿Sucede algo malo?" en extremo suspicaz. Su voz, aun en el teléfono, era como la de una musa. El muchacho analizó cuanto tardaría el rubio en ir por su arco, de modo que, rapidamente, respondió.— No, en realidad todo está bien. Pero me ha surgido algo interesante. He conocido a un violinista hoy; cuando su arco toca las cuerdas del violín, crea el sonido más horroroso que he escuchado... —esperó un segundo, deleitándose con la risa de la muchacha. "Si Loan lo escuchara, sería un problema". El moreno hizo una breve mueca de irritación, pues eso solo confirmaba sus sospechas. Aun así, le molestaba que ella lo mencionara justamente a él.— Ah, ¿tu amigo? Tal vez no tenga tan buen oído. En todo caso... —una sonrisa de lo más peligrosa se formó en su rostro, y la mostró al mirar al ojiazul.— ¿Cuando aceptarás mi propuesta?

Si estuviese en libertad de reír a carcajadas, lo haría. Por lo general no era de los que jugaban a los teatros dramáticos en el sucio arte de los celos, pero él mismo empezaba a sentir cierta posesión por aquella chica. Y no, no es que le gustara como algo más que una colega, pero pensar que ella estaba más interesada en ese mocoso riquillo, le desconcertaba. La última vez que la había visto, le había sugerido asistir a un curso especial para vocalistas fuera de la ciudad. Era algo corto, nada fuera del otro mundo. Sabía que ella quería ir, pero había tenido que posponer su respuesta por ir a no sé qué concierto. Ahora, podía utilizar la conversación a su conveniencia.

Hey, Hathaway... —murmuró de forma más íntima. No estaba muy seguro de si el rubio había escuchado, pues por un momento le pareció que el juego iba más allá de eso. Deseaba la sala para si solo, pero estaba en uno de esos momentos donde solo le importaba tener la última palabra. Cerrar un negocio y salir victorioso. "No sé si tendré tiempo, quería... hacer planes con un amigo". Harry casi destruyó el arco entre su mano, sin embargo, empleó el tono más encantador para responder:— Ah, si de eso se trata... Ten. —casi le lanzó el móvil al rubio, con una mirada desafiante que esperaba una negativa. La esperaba con ansias.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Lun Sep 30, 2013 4:38 pm

Estaba totalmente consiente en que pronto acabaría con la paciencia del castaño, obligandolo a reaccionar de alguna u otra manera contra él. Cuando se fijó, este ya se encontraba aproximandose hacia donde se encontraba tocando. No opuso resistencia al dejar que tomara el instrumento. Evidentemente dejó de tocar, y se quedó de pie observando como ocultaba el objeto tras su espalda, como si tratara de apartarlo de un niño pequeño. Loan soltó un bufido para luego pasar su mano libre por detrás de su cuello en señal de cansancio. ¿De verdad iba a continuar con todo eso?, ya era bastante irritante el tener que siquiera respirar el mismo aire, como para también tener que seguir coexistiendo en la misma habitación por mas rato. Si aquel arco hubiera sido la pieza original que iba junto al violín, no hubiera dudado ni un segundo en recurrir a algo más que la violencia para que se lo devolviese. Aquel era un segundo arco el cual llevaba consigo para remplazar el original, el cual se hallaba guardado en su apartamento, pues, no solía llevarlo consigo prácticamente nunca, a diferencia del violín. Caminó hasta el sofá en el medio de la habitación y se dedicó a guardar su instrumento dentro de su estuche, ya que poco podía hacer con el sin algo con que tocarlo. Aquel chico continuaba hablando por teléfono como si le importara poco lo que había hecho, y por supuesto que Loan no le daría el gusto de dejar que aquello le afectara pues, después de todo él era el rey de la vagancia. Rodando el estuche hacia un lado, se abrió espacio entre el sofá y se acostó completamente sobre este, dejando caer su cabeza sobre uno de los costados del mismo y estirando sus largas piernas en el lado opuesto. 

Sus ojos permanecían cerrados. Aun escuchaba con curiosidad aquella conversación que el contrario mantenía con la misteriosa, pero quizás, conocida chica. No estaba seguro a donde iba a termianr todo eso, ya que, ni siquiera tenia idea de como habían llegado al punto de involucrar un tercero en aquella indirecta disputa.  Si quieres seguir ligando por teléfono, hazlo afuera , soltó en un suspiro mientras abría los ojos y miraba hacia el ventanal. No pudo evitar sentir cierta irritación la cual no demostró, al escuchar las opiniones del castaño acerca de como tocaba el violín. Sin embargo, terminó una vez mas por rodar los ojos sin comentar nada. Si bien, había sido muy infantil de su parte hacer tales y molestos ruidos con el violín, solo para interrumpir la conversación, Loan no era el único que actuaba como un mocoso pues, ahí se encontraba el castaño, criticando y echándole más leña al fuego en lugar de darle fin a aquello. Esta vez, fijó su mirada sobre él, notando que lo observaba con una sonrisa socarrona tras haber soltado un comentario hacia la persona con quien hablaba por teléfono. El ceño del rubio se frunció levemente. ¿A que juegas?.

No podía mentirse a si mismo, no en ese momento, porque lo que realmente era cierto es que estaba demasiado interesado en confirmar sus sospechas. Se levantó solo para quedar sentado sobre el mueble, dejando una de sus piernas sobre el mismo y recostando su antebrazo en el reposadero. No se conocían, no tenia idea de como se llamaba y sin embargo, estaba seguro de que había algo que los conectaba. Estaba irritado. Con su celular en mano, decidió preguntarle directamente a su compañera si, en ese instante, se hallaba hablando por teléfono. Sin embargo, la misma pregunta se le hacia estúpida pues evidentemente si lo estaba haciendo, dudaba que le fuera a responder. Soltando un suspiro, guardó su móvil dentro de su bolsillo, deteniéndose a mitad de la acción pues, su duda había sido aclarada. Instintivamente giro a ver a el producto de su molestia, el intolerable castaño. De su boca había salido la palabra Hathaway. Loan se mantuvo con una expresión serena en el rostro, aunque en su interior se habían desatado algunos sentimientos no tan gratos contra el pianista.

Si bien, el castaño hablaba con una voz calmada y pacifica, en su rostro se denotaba cierto aire de obstinación y molestia. El rubio por su parte estaba intrigado y a la vez complacido, pues, al parecer el príncipe estaba teniendo ciertos problemas en lograr lo que quería. Lo divertido de aquella situación era que, por algún motivo, el oji azul tenia la leve sospecha de que el castaño trataba de hacer aflorar ciertos sentimientos de celos, en él. No entendía ¿Por qué?, o que lo había hecho pensar en que entre él y María existía alguna relación, puesto que, aunque poseían una amistad con ciertos comportamientos bastante cuestionables, no era como si la castaña y él se debieran algo más a parte de ello. Más que cualquier otra cosa, solo compartían mismas bromas secas el uno contra el otro. Aun así, decidió seguirle la corriente, no porque sintiera algo de rivalidad contra él al tener tanta cercanía con la cantante, lo que realmente si era cierto, si no, porque detestaba la idea de que esta mantuviera una amistad con alguien tan falso. Viendo como el completo extraño apretujaba su arco como si se tratase de cualquier cosa, Loan se levantó y se plantó frente a él para luego arrancárselo de las manos,  Esto no es un juguete, niñato , escupió con notable enojo en sus palabras. Se dio la vuelta en un intento de acostarse nuevamente, pero por lo contrario, se detuvo al notar por el rabillo del ojo en que el principito se acercaba a entregarle su móvil. 

Por un segundo, la idea de tomarlo y estrellarlo contra su frente le pareció la mejor opción, pero aquello era bastante infantil incluso para él. También, tomarlo para luego colgar la llamada lucía como una buena idea, sin embargo, su tercer pensamiento fue el ganador. Guardó dentro de su estuche el arco y agarró el teléfono en manos. Posteriormente le sonrió al chico en señal de falsa gratitud y se dispuso a hablar,  ¿Sabes?, una consulta al oftalmologo te vendría bien Hathaway , comentó burlón al tiempo en que se sentaba en el sofá. Al otro lado de la linea podía notar la total sorpresa de la castaña, pues inmediatamente como escuchó la voz del rubio, comenzó con el interrogatorio. Escuchaba los balbuceos de su compañera con una sonrisa en su rostro,  Pues, decidí aceptar una invitación del dueño para venir a ensayar, pero para mi desgracia terminé por pasar la tarde con un príncipe, no tan encantador , respondió ante su curiosidad por saber que hacia él ahí,  Por cierto, ¿Sabias que los monos pueden tocar el piano? , agregó mientras observaba con completa fascinación al castaño. La chica intento saber a que se refería con lo de mono, pero pasando a otro tema, le preguntó si conocía a "Harry",  Ah, con que tiene nombre , comentó sosegado como si realmente no le importara saber. Ahora bien, ambos estaban igualados en cuanto tener información sobre el otro. Ya sabiendo que aquel sujeto se hallaba irritado por algo relacionado con la castaña, decidió continuar con su juego,  Cambiando de tema, supongo que ya se te ha borrado aquella marca , murmuró por lo bajo, tratando de sonar como si de tratase de algo personal, pero siendo lo suficientemente claro para que se escuchase, al mismo tiempo, llevó su dedo indice hacia la comisura de sus labios en donde antes había estado su herida. "Eres un...". Aquel intento de amenaza solo logró sacar una corta carcajada en el rubio,  Si si, dormiré con un ojo abierto. En fin, ¿Quieres que nos encontremos en el estadio, o prefieres que te espere frente a tu casa? , agregó, recordandole en que se aproximaba la fecha del concierto. Mientras, empezó a tomar una posición mas cómoda en el sillón, ignorando por completo de que aquel móvil no le pertenecía, o quizás, solo actuaba como si no lo supiera.
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Mensaje por Harry Rutledge el Lun Sep 30, 2013 7:33 pm

Era una apuesta interesante. ¿Por qué? Quizás se sentía aburrido de la monotonía de la amabilidad. Tal vez, por otro lado, ese rubio le había caído lo suficientemente mal para querer aprobechar cualquier mínima oportunidad de fastidiarlo. Fuera lo que fuera, se sentía tentado a conseguir que esa otra chica lo mandara a volar, incluso si él hacía lo mismo con ella. No es que la muchacha no le cayera bien, pero era demasiado moralista para su gusto, tanto que podía entender por qué se sentiría tan cómoda con ese "niñato" de ojos azules. Unos amigos muy interesantes. Bufó con cierto cansancio. Lonano o como se llamara parecía querer jugar con fuego, pero debía saber que uno se quemaba si no se era cuidadoso. Parecía la versión humana de un perezoso y eso le sacaba de quicio en tantos niveles que era imposible contarlos. Harry Rutledge, después de todo, era un joven demasiado activo para tolerar la pereza.

De hecho, era tanto su deseo de desmoronar la calma que conservaba el dichoso amigo de Hathaway, que no vio otro camino por seguir. Lo que le sorprendió fue que en ningún momento ese chico se fue a los golpes, como había supuesto. ¿El más alto tendría las agallas para lanzar por la ventana un violín original como el que le había visto usar? Probablemente si, pero no disfrutaba arruinar tan preciosas obras de arte solo para fastidiar a un imbécil. Ah, pero como le tentaba. Cuando le vio tomar el móvil, esperó una conducta poco caballerosa, como colgar la llamada y tirar el teléfono al suelo. Verlo responder con tanta calma fingida, le arrancó una sonrisa desafiante. "Si son amigos, no se atreverá a jugar con ella como yo", dio por hecho entre malignos pensamientos. ¿Qué podía decir? Él no sentiría ningún remordimiento en desechar a la muchacha siempre y cuando eso le diera una satisfacción personal.

¿Príncipe? —replicó al recargarse contra la pared cuando le escuchó mencionar aquello. Era un apodo curioso, que despilfarraba sarcasmo por donde se viese. Sin embargo, sonrió con inocencia.— Ah, empiezo a creer que te has enamorado de mi. No te culpo, pero no me van los chicos. —bufó, como si aquello fuese remotamente posible. Aguardó un rato más, deseando poder oír el diálogo de la pelirroja teñida. El que el idiota lo llamara mono confirmó su falta de imaginación, pero al mencionar lo siguiente, resopló disgustado. ¿Qué hacía esa maldita mocosa dando su nombre a diestra y siniestra? ¿No le había dicho que era un asunto de lo más privado? Apretó los puños, poco a poco impaciente por impactarlos contra esa carita de "ángel".

El maldito niño rico estaba tocando sus límites. Se trataba de una conversación de lo más "inocente" entre dos amigos e, incluso así, estaba perdiendo la paciencia. Esa chica no tenía buen gusto, es lo que pasaba. Cuando escuchó lo siguiente, se puso tenso. ¿Una marca? Probablemente en la ropa o en algún apunte, porque ese rubio parecía demasiado infantil para haber experimentado gran cosa. Harry se apartó de la ventana y se sentó con gran habilidad en el banquillo del piano, tocando una y otras teclas como si quisiera recordar que sonido hacían. Lo último fue el colmo de los colmos. Se levantó con brusquedad, sin estar seguro de poder controlar su temperamento, y le arrebató el móvil antes de que la chica pudiera responder, se lo pegó a la oreja con exasperación.

Bien, ha sido un saludo de lo más entretenido, ¿no? —rió entre dientes, con más amargura de la acostumbrada. Al otro lado de la línea, María sonaba casi tan impaciente como él. "¿Por qué no me dijiste que era Loan? Ah, y no te hagas el inocente, que no conoces esa definición. Voy a quedar con él". La directa respuesta no le sorprendió tanto como le enfadó. Era una maldita ingrata, pero no lo demostraría así. Para su desconcierto, se sintió riendo y conteniendo una carcajada poco elegante.— Bueno, no puedo decir que me sorprenda. Ambos tienen una lengua de lo más afilada. —aunque el adjetivo para el rubio fuese simple y burlón, para la chica albergaba un segundo significado. Ella se quedó callada, cayendo en cuenta de ello.— Eres transparente, preciosa. ¿Olvidas que te he oído cantar desde hace semanas? —miró de reojo a Loan, satisfecho de que éste no pudiera saber a lo que se refería. La satisfacción duró poco cuando ella le pidió hablar de nuevo con el rubio. Un sentimiento amargo se deslizó por la garganta del moreno.— De acuerdo, te dejaré tranquila por hoy, pero todo sería mucho más sencillo si admitieras que te gusta el mono violinista.

La forma en como se expresó al final, antes de colgar y casi romper el móvil por ello, fue como un golpe bajo. No para el rubio ni para él mismo, sino para la entonces confundida muchacha. Si no podía darse el gusto de molestar a ese idiota y, por fin sacarlo de la sala, al menos podría descargarse un poco con esa niña ingrata. Suspiró, agradecido de que tanto drama terminara, y señaló la puerta. Había llegado al extremo de revelar cosas íntimas de una persona a quien, hasta cierto punto, apreciaba, debido a la ira. Tocó el piano con velocidad, demostrando ahí cuan frustrado estaba consigo mismo. ¡Maldita fuera aquel idiota! ¡Y maldita fuera esa mocosa!
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Lun Sep 30, 2013 10:34 pm

Se mantenía de lo más entretenido conversando con la castaña que, solo se limitó a reír cuando escuchó aquel comentario acerca de su orientación sexual, — No creo ser del tipo de chico al que le van las divas —, comentó entre carcajadas, dejando desconcertada a María, pues no tenia idea de a que tenia que ver aquello con lo que ella le estaba diciendo. Estaba complacido ante la afirmativa que le había otorgado la castaña referente al concierto, por lo que no contuvo las ganas de sonreír. Por otro lado, el castaño no parecía para nada contento con lo que veía pues, se denotaba en su rostro un claro enojo cada vez en que la chica le respondía al oji azul, provocando el que Loan solo quisiera molestarlo más. De un momento a otro, el contrario decidió acabar con aquella conversación tomando bruscamente su teléfono, luego, cambio completamente aquel tono de voz tan falso que usaba al hablar, el cual, lo había visto usando anteriormente con la anfitriona y con la misma María, por uno más seco y amargo. Pudo notar que se hallaba exasperado. Loan se reclinó contra el mueble cruzándose de brazos para luego observarlo como si esperara algún berrinche por parte del mismo. Cosa que si ocurrió. Ahí se encontraba, tratando de sobrellevar una conversación sin sacar a flote su verdadera actitud de soberbia y arrogancia. No pudo evitar sentir cierta molesta cuando el principito describió a la castaña con aquel adjetivo, puesto que, aunque bien era cierto, Loan sabia de por si que su comentario no era la típica respuesta bromista entre amigos, si no más bien, una manera de desquitar su furia con ella.

No tenia idea de como una chica como María había dado con tal narciso, ni de como podía siquiera mantener una charla con él. Cierta duda se reflejó en el rostro del rubio al escuchar lo que le pareció ser un especie de cifrado. Cuando este mencionó que la había oído cantar antes, no sonaba como si realmente se refiriera a ello, si no más bien, a algo más. ¿De que se trataba?. Llevó una de sus manos hasta su cabellera rubia y la despeinó un poco, tratando de calmar aquellos nervios que comenzaban a aflorar en él. Si el castaño seguía con aquel comportamiento contra la chica, Loan terminaría por plantarle el rostro contra el maldito piano. Se dispuso a levantarse y caminar hasta quedar nuevamente frente al atril y comenzó a buscar otra composición para matar el tiempo. Lo miró por el rabillo del ojo y posteriormente detuvo lo que hacia para cruzarse nuevamente de brazos. Realmente aquel idiota comenzaba a ser un dolor en el trasero. Si bien, le molestaba la cercanía que mantenía con la cantante, no tenia o mas bien, no debía, poner palabras en la boca de otros, — Al final el niñato no pudo aguantar las ganas de hacer una rabieta —, rodó los ojos y siguió en lo que estaba. No le daría la suficiente atención a el amateur, no por ahora.

Al terminar de hablar y cerrar su teléfono como si este no valiera nada, le apuntó hacia la puerta al rubio en señal de que se largara, sin embargo, Loan hizo caso omiso a eso y se quedó en donde estaba. Con la mirada fija en el demente pianista, escuchó como este comenzaba a tocar con claro enojo aquel majestuoso, pero a la vez, ruidoso instrumento. El oji azul mantenía una sonrisa socarrona en su rostro la cual, mostraba con descaro al contrario, — Curioso. No te van los chicos... ¿Pero parece que tampoco tienes suerte con las chicas, verdad? —, escupió al tiempo en que caminaba hasta quedar al costado del piano, — Claro. Dudo que alguna mujer le agrade salir con un mocoso como tú —, sentenció al tiempo en que se sentaba sobre el instrumento. Dejándose de indirectas, Loan le dio inicio al segundo round, olvidándose de los comentarios con doble sentido, para mostrar su total desagrado. Se mantenía sobre el piano con la vista fijada en el techo, con una expresión fría y distante, — Demasiado sueño... —, susurró por lo bajo mientras soltaba un sonoro bostezo. Luego y sin previo aviso, bajó del piano y se posicionó a un lado del castaño. Hacia tiempo atrás que no probaba con el piano, pues realmente su pasión era el violín, sin embargo, esto no significaba que no supiera como tocar uno. Sin pedir autorización alguna, empezó a tocar algunas notas las cuales, contrastaban por completo con los anteriores sonidos dejados salir por el príncipe.

One Summer's Day:

Aquella pieza la había aprendido cuando chico, pues, se trataba de uno de sus OST de una de sus películas favoritas. Si bien, era bastante infantil, escuchar aquella melodía era bastante reconfortante para el rubio. Al terminar, volteó a mirar al castaño, — Espero que te haya hecho sentir mejor —, comentó en tono de burla. Nuevamente, se levantó de ahí y se encamino hasta donde se hallaba su violín, dándole la espalda a su tan odioso acompañante. Ya había perdido un montón de tiempo en aquel juego sin sentido, así que realmente deseaba por lo menos practicar algo mas antes de que desistiera de la idea de permanecer ahí. No tenia intenciones de seguir lastimando el orgullo de aquel chico pues, realmente le valía poco saber el verdadero motivo de su tan repentina obstinación. Estaba rebuscando entre unas cosas dentro de el estuche de su violín, cuando el repentino sonido de su celular llamó su atención. Había recibido otro mensaje de Hathaway.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Harry Rutledge el Miér Oct 02, 2013 5:19 am

Raras eran las ocasiones en las que no se salía con la suya, y menos frecuentes aun, las que lo hacían parecer un verdadero perdedor. Sí, incluso bajo el pesado orgullo que se había creado desde la infancia, debía admitir que había perdido. Él, Harry Rutledge. Su expresión abandonó todo rastro de burla y desafío. Había sido llevado a un límite que habría preferido no tocar, y tal era su frustración al respecto que no estaba dispuesto a seguir ese estúpido e inmaduro juego. Había dado por hecho que se trataba de un rubio al que le faltaban algunas neuronas, y que lo único que le atraía a María de él era su talento con el violín. Quizás, y no estaba dispuesto a admitirlo en voz alta, se había equivocado al jugarle tan rápido. Aun lo despreciaba, tal vez con más intensidad que antes, pero no por los mismos motivos. Soltó un largo y exagerado suspiro, como si quisiera eliminar con él todo rastro de ira. No funcionó. Tenía el corazón desbocado de puro cabreo. Deslizó sus fríos dedos por la superficie del piano, haciendo sonar una enigmática melodía que rayaba en lo empalagosa, siendo, para un conocedor, el sarcasmo hecho música.

Tanto contacto que el rubio hacía hacia su piano solo aumentaban sus ganas de cometer asesinato. ¿Cuando pensó que llegaría el día de conocer a alguien tan testarudo y duro como él? Le enfadaba la simple idea de que el verdadero motivo por el cual le detestaba tanto, es porque en realidad se parecieran. Toleró incluso el que ese jodido individuo se sentara a su lado, pero en el momento que sucedió, todos sus músculos se pusieron en tensión, como si fuese a saltar a un lado o, mejor aun, asestarle un puñetazo. Siguió así un rato más hasta que reconoció la melodía que el muchacho ojiazul interpretaba. Por algún motivo, lo miró entre sorprendido y desconcertado. No esperaba notas tan dulces y armoniosas.

Permaneció callado un largo rato, hasta que se relajó... a medias. Miró por encima del piano cada detalle de la sala victoriana, transportándose a esa época donde la música clásica era la bendición de cada día. De haber sido otra persona, en otro momento y con otro pasado, es posible que ese chico le hubiese caído bien. Pero al abrirlos y descubrir sus manos blancas como la leche sobre la tapa negra del piano, cayó a la realidad. Sus antecedentes no iban a ser borrados y él no iba a cambiar. Con cara de pocos amigos, miró al rubio.

La canción es demasiado buena, incluso para que tu puedas estropearla. —declaró en voz baja. Era la forma más cercana de admitir que le había gustado. Creyó que se sumirían en un nuevo silencio cuando el sonido de un mensaje de texto sonó en la sala. No se sobresaltó tan solo porque, en el fondo, lo veía venir. Su mirada se ensombreció y evitó mirar en dirección a ese teléfono cuando el otro chico lo sacó. No quería saberlo. No quería reconocer que algo de lo que le había dicho a la chica había sido, quizás, cruel e injusto.— ¿Qué más da? —masculló y se puso de pie.

Su tiempo era preciado igual que su orgullo, pero se sentía cansado y no tenía mucho más que decir. Ya esperaría a que María desahogara sus penas con ese imbécil, aunque tal como iba su intuición, podía equivocarse. Ella era más parecida a si mismo de lo que nunca comprendería, y quizás solo por eso, es que se toleraban mutuamente. Luego de lo que le había dicho, por otro lado, no estaba tan seguro. Respiró profundamente y se armó de paciencia para mirar a Loan por encima del otro.

Haz lo que quieras hoy. —dijo fríamente, y luego señaló al piano.— He hecho un contrato y este es mi tiempo para usar la sala a esta hora. Si tienes un problema, arreglalo con la administración. —sus ojos oscuros se volvieron más duros y serios. Ya no estaba jugando al amenazar.— Si vuelvo a verte aquí y me fastidias, no me importará mucho romper una o dos leyes. —su tono de voz era demasiado suave para tal amenaza. Se dirigió a la puerta y la abrió, volviendo a tomar una bocanada de aire y recuperando el fingido encanto que enmascaraba su personalidad en el exterior.— Por cierto, te sugiero que no la abraces muy fuerte.

Y con este enigmático consejo, se marchó.
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Re: Los polos iguales se repelen a muerte [Priv]

Mensaje por Loan Desmont el Lun Oct 07, 2013 2:38 am

Tomando el objeto en sus manos decidió tomar asiento una vez mas. Al parecer, y no para su gusto, la chica estaba algo curiosa o quizás algo preocupada por saber que había ocurrido entre él y el príncipe, " ¿Esta aun Harry contigo?, no contesta mis mensajes...". El oji azul simplemente decidió cerrar su celular, ignorándola por completo. No estaba molesto o algo por el estilo, como parecía ser el caso del castaño, sin embargo, no podía sacar aquel tan molesto sabor amargo de su boca al saber que aquel idiota compartía cierta cercanía con la cantante. Sentía que, toda aquella situación solo había logrado desatarse gracias a que él había mencionado y utilizado como punto de discusión a la chica, cosa que le desagradaba por completo. Por lo visto, Harry era el tipo de persona la cual precisamente trataba de evitar a toda costa, sin embargo, Loan sentía la necesidad de no dejarse intimidar por el pianista, respondiendo a cada una de sus palabras sin quedarse callado ningún segundo. Si, después de todo, él era así. Para el rubio, la violencia sin sentido es totalmente innecesaria cuando se tiene un buen argumento para responder o en su defecto, para contraatacar. Ambos poseían esa habilidad de hacer rabiar al contrario con solo palabras, la misma que terminaba por hundirlos, como había ocurrido con el castaño. 

Carcajeó por debajo cuando lo escuchó mencionar su critica constructiva tras la pieza de piano que había tocado. Más que ganas de molestarlo, pareció como si el pianista le había soltado un elogio al rubio. Loan solo se dedico a asentar con la cabeza mientras tomaba su violín en manos y cambiaba las partituras al frente de este. Muchas cosas no habían quedado claras aun, luego de la repentina llamada de la castaña y el extraño encuentro con el moreno. Pensó en girarse y tratar de entablar una conversación menos ácida con Harry, sin embargo, la sola idea le parecía de lo mas irónica dado a que, solo unos segundos antes, ambos habían tratado de destrozar la moral del contrario haciendo burla a sus habilidades como músicos. Suspiró amargamente ya que al final de todo tendría que recurrir a la "raíz" del problema para poder aclararlo todo. Luego de unos minutos de incómodo silencio, el chico frente al piano pareció finalmente tener la determinación como para acabar con todo eso. El oji azul alzó una ceja un tanto sorprendido al escucharlo decir que se retiraría, alegando en otras palabras que por ese día la habitación seria únicamente para el rubio. Un bufido se escapo de sus labios para luego darle la espalda, queriendo ignorar lo ultimo. Por supuesto que esa no seria la ultima vez que visitaría ese local y quizás tampoco la ultima en que utilizaría esa habitación en especifico, por lo que en resumen, ambos tendrían la fortuna o desgracia de saber que verían al otro mas seguido de lo que realmente quisieran. 

Sin ocultar su expresión, giró aquel rostro lleno de confusión al escuchar su ultima frase. "Te sugiero que no la abraces tan fuerte". Trató de buscar alguna respuesta por parte del contrario, sin embargo, el castaño ya se había apresurado en abandonar el salón. Quiso o más bien se obligó en no seguir pensando en los comentarios sin sentido de Harry y continuar de una vez por todas con su practica. Cuando finalmente creyó que había obtenido aquel espacio para si mismo, la puerta se abrió nuevamente, mostrando a su paso a la no tan profesional anfitriona, llevando en manos unos cuantos bocadillos y bebidas. La mujer se apresuró en preguntarle ¿A donde había ido el otro chico?, a lo que Loan respondió con un no tan aclarador, — Fue a practicar el como discutir contra un mono —.
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