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Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

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Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Lucita Kent el Miér Sep 11, 2013 10:04 pm

Maldije aquel día haberme levantado de la cama. El inicio del día había sido un fiasco, me había levantado tarde, había llegado tarde a clase, me había peleado con un profesor y me habían castigado de la manera más absurda, limpiando la azotea. No se apiadaron de mí, no, sabían que me la sudaba bastante eso de cumplir con los castigos y que sin supervisión me iría a mi casa en menos de lo que canta un gallo, así que hasta que llegara el profesor de turno, me dejaron sola en la azotea a puerta cerrada, sí, porque habían cerrado la puerta con llave, y a menos que fuera superman para salir volando o tuviera la contextura de la gelatina para saltar y no matarme... no podía salir de ahí. Le dí una patada a la escoba y al recogedor, la azotea era el lugar predilecto para que alumnos como yo se escabulleran del bullicio estudiantil y se fumaran un cigarro a escondidas... o algo más.

Así que en honor al maldito profesor de matemáticas, saqué mi paquete de cigarros y me encendí uno mientras me acomodaba en la barandilla y observaba cómo el sol se escondía en el horizonte. La tarde no apuntaba a que fuera a finalizar muy bien, las nubes comenzaban a arremolinarse en un núcleo de color gris oscuro y amenazaban con rebelarse y obsequiarnos con una tormenta. Me daba lo mismo, me gustaba la lluvia. Observé el panorama, la verdad es que la azotea estaba hecha una mierda, colillas por todos lados, bolsas de fritos tiradas a diestro y siniestro... ni de coña, si pensaban que iba a ser el servicio de limpieza del instituto ya podían ir contratando a otro, yo no trabajo gratis.

Me ofusqué aún más, ¿acaso el maldito profesor a cargo no iba a llegar o qué?. Seguro que me tocaba algún cascarrabias como el de matemáticas que empezaría a cantarme como una cacatúa que terminara de hacer mi deber para con la comunidad estudiantil. Maldita gente, se piensan que por barrer cuatro mierdas tiradas en el suelo te vas a volver más santa que la Virgen María. Me acerqué a la puerta, llegando al punto de la indignación, y le di un par de patadas, furiosa.

— ¡Abrid de una puta vez! — exigí pensando que nadie me escucharía. Y sorprendentemente la puerta se abrió, en ese momento me sentía más maga que David Copperfield. Para mi sorpresa, el que supuse era mi profesor a cargo se dejó ver bajo el umbral. Digo que supuse porque aquel tío era demasiado joven, lo mismo le convencía de que me dejara salir del instituto si le ofrecía un cigarro.
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Lucita Kent
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Mirko Joutsen el Jue Sep 12, 2013 12:49 am


Castigo ¬¬"
Y llega entonces la nodriza con sus ojos de hielo
Su clara postura y su enojo sin velo
La honesta nodriza de palabras nubladas
rejo en la mano y mirada rayada

¿Te es complicado dejarme en paz mi nodriza?
Que yo conozco los restos de mi truncado pasar
Mi acción y mi andar, mi bien y mi mal
Pero no como tú me dejo acomplejar

Augura el silencio un instante más
Permite que duerma un momento en paz
Déjame reír, y déjame llorar
Que de mi vida misma me quiero empapar

Fue entonces cuando el sonido tan característico de una hoja arrugada sin piedad hasta los límites de su resistencia ocupó por un instante el protagonismo de los pasillos del instituto. En un horario promedio sin duda alguna que el sonido se enfoque en una común hoja de papel no es algo ordinario, sin embargo, por obra del destino justo aquel instante en que tengo un espacio libre, sin tener que dar clase a ningún estudiante, concuerda perfectamente con el horario donde ninguno de los cursos se encuentra en descanso y, por lo tanto, los pasillos se hallan desolados. No sé el porqué, pero caminar a través de pasillos tan calmados me hace sentir alienígena, como saltando clase o rondando por un espacio en el que sin duda alguna no debería de estar...tch, sí claro, maldita consciencia, por supuesto que sabía "el porqué", simplemente no DEBÍA estar ahí en ese preciso instante, pues el instituto había hecho la jugada, y me había dado labores extracurriculares que hasta entonces me había tomado el atrevimiento de aplazar, porque vamos, siempre que tenemos que hacer algo aburrido la pereza nos tienta a procrastinar y no me digas que no ¿eh?.

Pues bien, ¿de qué se trataba aquella tarea tediosa que quería trollear caminando a pico pala por los pasillos del instituto? hacer las veces de niñera, ni más ni menos. Resulta que una pequeña gamberra se las había arreglado para hacer sus maldades sin tacto, ganándose entre muchas cosas (entre las que se incluye el cariño de su profesor de matemáticas, ajá) un castigo como todos los castigos, inútil y aburrido, y como en este horario soy yo el único docente capaz de "vigilarla", entonces la tarea de sentarse y mirarla con detenimiento ha recaído sobre mi persona. No se trata de la labor más divertida del mundo, eso es innegable, y teniendo en cuenta que se halla encerrada en la azotea del instituto por su cuenta, sin posibilidad de escapar (vaya salón tan original de castigos) me atreví a "tomarme mi tiempo" en llegar a donde ella. Simplemente aguantarme las muecas y a veces pucheros de los estudiantes no es lo mío.

Recalco con precisión los tiempos lejanos en que yo también me encontraba en los salones de castigo, lejanos pero que muy frecuentes fueron. Pero yo era un angelito, y en mis castigos pocos habían callados como yo, ensimismados en su aburrimiento. A veces escribía para pasar el rato, y muchas veces mis poemas fueron dedicados a la "nodriza" como la llamábamos, una mujer buenorra pero amargada que era feliz castigando..me. Fue un tanto grato buscar basura en mi escritorio en cuanto me dieron la tarea de ahora ser yo la nodriza y darme cuenta de que aún conservo piezas de la "poesía" que escribía porque sí en mis castigos, porque puede que peque de masoquista, pero no me desagradaban del todo, pues aspectos como el silencio por su parte eran añorables.

Y yo entiendo a la niña, porque tal vez yo era más problemático que ella. No la criticaré, puesto que así como yo ella también ve las razones por las cuales actúa como actúa. Sé que el castigo por su parte no hará nada con respecto a su comportamiento, porque me recuerdo bien cómo yo pasaba de calladito a monstruo en cuanto el tiempo del castigo se terminaba, pero ojo, eso no quiere decir que vaya a ser totalmente "comprensivo" con ella, puesto que ¡ay! un alumno gamberro MERECE ser trolleado, es demasiado tentador y divertido para dejarlo pasar. Si ahora me hallo en una situación indeseable, me las arreglaré para hacerla más "amena" a mi manera. Vamos a ver qué pasa y qué tan fácil o difícil es para mí esculpir su comportamiento.

Finalmente me decidí a ir a la azotea, donde la pobre niña encerrada se hallaba. Me reía de manera interna, a la expectativa de con qué clase de monstrico me podría encontrar. Y vaya monstrico, y vaya mi puntualidad, porque justo cuando me encontraba a escasos centímetros de la manija de la puerta los desesperados gritos hicieron las veces de sinfonía en el silencio, mientras sus patadas se regocijaban de ser la percusión perfecta. Lo admito, estuve parado allí afuera por unos minutos, escuchando con detenimientos sus balbuceos hasta que finalmente me atreví a abrir. Fue curioso, tan sencillo como girar una manija y para ella era algo imposible.

- Voilà - Enuncié tras dejar la tortura psicológica de la soledad y la monotonía atrás. Dediqué un instante brevísimo pero significativo en divisarla, conocerla en su aspecto más superficial. Una tierna y joven pelirrojísima, visiblemente cabreada por las circunstancias. Una linda señorita que con sus ojos me decía que si enunciaba en voz alta mis impresiones era muy posible que no saliera bien librado. Le dediqué entonces una sonrisa, ligera y un tanto arrogante - Vamos, no te acostumbres a que por arte de tus maldiciones se te den las cosas que quieres, como por ejemplo que se abra la puerta - Dejando un espacio en silencio para que ella masticara mi presencia me dirigí a cerrar la puerta detrás de mí para entonces continuar - Mmm, y bien, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué hiciste para ganarte un castigo tan creativo como éste? porque bueno, no hay nada de impresionante en limpiar una habitación, pero hey, estamos en la azotea, eso debe de brindar algunos puntos, ¿no crees? -

Debo admitirlo, me agradaba la idea de jugar con la cordura de una estudiante gamberra. Meh, me impacienta esperar sus reacciones.
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Lucita Kent el Jue Sep 12, 2013 2:16 am

Fruncí el entrecejo cuando aquel tipo me revisó de un primer vistazo, pareciera que quería hacerse una idea de mí sin siquiera haber intercambiado una sola palabra. Pues si se iba a guiar por el aspecto que llevaba la iba a llevar clara y lo mismo no salía en toda la noche de la azotea... En una fracción de segundo atravesó el umbral mientras cerraba la puerta con llave, nuevamente me volví a sentir como un león enjaulado, y eso que estaba al aire libre, qué irónico. Cuando dio media vuelta e intercambió sus primeras palabras conmigo no pude descifrar claramente qué talante llevaba, ¿era un profesor de aquellos que pretendían hacerse los amiguitos de los alumnos? ¿o por el contrario era un cabronazo de esos que ni sabes por qué aceptó el empleo de profesor?. Sea cual fuere la respuesta, ninguna de las dos opciones me gustaba, odiaba a los maestros que pretendían saberlo todo de ti y te embotaban la cabeza de absurdos discursos moralistas, ni qué decir de aquellos que sin siquiera darte media ojeada te clasificaban en un grupo social que rozaba el alcantarillado. Pero me daba lo mismo, estaba acostumbrada a los prejuicios, y uno más viniendo de parte de un desconocido podría hacer, tal vez, que ese castigo durase más, pero ahí quedaría, una vez terminara la tortura podría volver a mi día a día.

— ¿Qué importa lo que haya hecho? — pregunté, si quería saber por qué uno de sus alumnos estaba castigado que se informara mejor, era su trabajo, yo suficiente tenía con lo mío — El caso es que estamos aquí, y supongo que ambos queremos que esto termine cuanto antes, antes de que nos caiga el mar que abrió Moisés — continué mientras con un aspaviento señalaba el encapotado cielo — Tú no me gustas, yo no te gusto, acabo con esta mierda y asunto finalizado.

No quise darle más vueltas, estaba claro que por sus acciones no me iba a dejar salir de aquel maldito recinto. Bufé y me abstuve de lanzar cualquier tipo de maldición, estaba de muy mal humor, sobretodo recordando cómo me había ganado aquel miserable castigo. El profesor de matemáticas me había deleitado con un discurso sarcástico de por qué la gente bella como yo llegaba tarde a clase, lo más suave que mencionó fue un "... por culpa de las drogas" dando a entender al resto de los alumnos que si no querían ser unos desgraciados por el resto de sus vidas no siguieran mi ejemplo, básicamente. En aquel momento deseé haber llegado a clase colocada con alguna mierda de esas que te dejan la mente paseando por el mundo de los Teletubbies, al menos hubiera tenido una razón verídica para dar aquel sermón. Pero no, yo me limitaba a beber, fumar y de vez en cuando darme una alegría con la marihuana, y sí, era una delincuente, sin embargo poseía algo que muchos de aquellos polluelos llamados compañeros de clase no, y eran objetivos, mejores, peores, absurdos, magníficos, daba igual de qué se tratara, mis objetivos y mis convicciones pesaban sobre mi personalidad, y no pensaba dejarme arrastrar por un soplapollas que se cree que mostrándole esa clase de prejuicios a sus alumnos va a mejorar el mundo. Así que en resumen, mandé a la mierda al profesor y a su clase... verbalmente, y aquí me encontraba, podría haber sido peor, podrían haberme expulsado, pero era un factor que comenzaba a importarme más bien poco.

Recogí la escoba y el recogedor y me puse a barrer desinteresadamente, el profesor me seguía a paso lento pero preciso, esbozando una sonrisa socarrona. Le miré de reojo, ahora su expresión rozaba el deleite y eso me enfureció. ¿Qué quería aquel tipo?. No decía nada, sin embargo sus acciones hablaban, su indiscriminado misterio me estaba poniendo nerviosa y eso se traducía en más y más mala leche. Me quedé tiesa, firme, ahí parada y le miré a los ojos dedicándole una mueca tintada de provocación.

— ¿Qué? ¿Estás disfrutando mientras la camorrista del instituto se ve como una simple barrendera?. Pues te puedes meter este maldito castigo por donde te quepa — y acto seguido lancé la escoba y el recogedor por la barandilla. El eco del crujido de ambos objetos al chocar contra el suelo fue una prueba que se prestaba a indicar que habría que barrerlos también, pero con unos nuevos. — No pienso seguir con esta estupidez, mi horario lectivo ha terminado, abre la maldita puerta — le ordené con todo el descaro del mundo.

El cielo habló, y los truenos se hicieron escuchar, pronto comenzaría a llover.
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Mirko Joutsen el Jue Sep 12, 2013 5:43 am

Y te digo te digo, lo que menos me animaba a correr con un ánimo desmesurado a encontrarme con la chiquilla era exactamente eso que me mostró desde el primer instante que posé mis ojos en su ser; esas palabras alteradas y muecas descontentas. Si tanto le desagradaba el castigo, ¿por qué buscárselo? claro, ni soy una santa paloma ni pretendo jamás serlo, pero cuando estaba en mis años de instituto (hace 1000 años ya, ehem) yo era tan jodidamente masoquista que no me molestaban los castigos, total, me permitían estar por mi cuenta, así que no puedo decir que entiendo perfectamente el flujo de los pensamientos de estos niños, que aún conscientes de su falta de tacto se rehúsan a aceptar las consecuencias. Claro que muchos somos orgullosos y tercos como mulas, y claro, ponemos por encima nuestra ambición y nuestros ideales, y no culpo a nadie porque el ladrón juzga por su condición, pero aquel precepto respetable no es en muchas ocasiones el que brinda los mejores desenlaces a las situaciones.

La estudiante que se hallaba conmigo parecía ser una persona bastante particular, alguien que busca por todos los medios denotar su originalidad y descontento con el orden. No sé hasta qué punto lo sea, pero ¿quien soy yo para juzgar? lo único que con su apariencia y actitud me inspiraba en ese instante era la sensación de que cada segundo por su cabeza pasaban millones de pensamientos que bien podrían involucrarme, o no, y tal vez la importancia radicaba simplemente en el hecho que si lograba hacerla hablar cosas más allá de su show de niña enojada tal vez podría escuchar una historia de vida, un libro interesantísimo rebosante de contenido. Tal vez.

Por varios minutos me quedé en silencio siguiendo a la adolescente que en ocasiones me dedicaba muecas y palabras livianas mientras con desgano barría la superficie de la azotea. Se encontraba en un estado lamentable, basura por doquier, y ella debía limpiarlo porque sí, porque a alguien se le ocurrió. Bueno, jamás negaré la tendencia inteligentísima de relevar las labores tediosas a otros de la cual gozan todos los seres humanos, y debo admitir que ver la frustración de la niña me invitaba a sonreír en ocasiones, tal vez porque me agradaba ver a una niña problema comportándose (de mala gana, pero comportándose), o tal vez porque simplemente soy un hijo de...quien sabe.

Pero ay de mi dicha de no tener más que hacer que verla, porque pronto su paciencia se terminó y decidió continuar con su berrinche denotando con sus palabras y acciones sus tendencias rebeldes. Hasta cierto punto simpatizo porque, hombre, ya se había hasta pasado el horario de clase y el cielo estaba que se caía encima de nosotros, y después de tanto tiempo haciendo nada muchos nos salimos de quicio, pero ¿después de todo lo que me decía la dejaría ir así nada más? ni de riesgo.

- Ya te lo dije, no te acostumbres a que por arte de tus maldiciones se te den las cosas que quieres, que este mundo no es de niñas caprichosas - Tomé las llaves de la puerta y se las mostré, agitándolas tentativamente, para luego tras una pequeña maniobra con mis manos llevarlas a mi bolsillo. Acto seguido me dirigí al borde abismal de la azotea, ojeando los remanentes de lo que alguna vez fue una escoba y recogedor - Vale, ahora tenemos un problema. La forma sencilla de salir de ésta era limpiando la azotea, pero ahora que has dejado ir los implementos, tenemos que inventarnos una forma de convencerme de dejarte salir a tu casa. - Giré y enfoqué mi vista hacia mi compañera - Yo tampoco quisiera seguir con ésta estupidez pero...meh, me puedo aguantar, así como me puedo aguantar...¿cómo es que dijiste? la caída del mar de Moisés sobre nuestras cabezas. Así que la decisión es tuya mi niña...eh, ¿cual es tu nombre?. Sé que eres más que inteligente, y te hallarás la manera de quitarme éstas llaves de alguna manera, pero hasta entonces, te invito a divagar en la azotea - Le dediqué entonces una sonrisa pícara, que estaba seguro le desagradaría completamente, ¿hasta cuándo finalizará su mala actitud? - Por cierto...me paso de maleducado, ¿no es así? mi nombre es Mirko Joutsen, y dentro de muy poco me verás como tu profesor de italiano - Y yo divago por mi cuenta, recuperando de mi mente los residuos de mi pasado andar, preguntándome en cada instante el límite de su paciencia.
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Lucita Kent el Jue Sep 12, 2013 2:02 pm

Aquel tipo tenía una habilidad increíble para enervarme. Se tomó mis palabras casi como si fueran un chiste, y un chiste divertido, porque al parecer le habían entrado ganas de jugar a ver quién era el más gracioso de los dos. Me había mostrado las llaves, balanceándolas  entre sus dedos con gracia y habilidad para después esconderlas nuevamente en su bolsillo, pareciera querer envolverme en una trampa para capturarme, ¿cómo me podía sentir más atrapada de lo que ya estaba?. Mi costumbre era estar a mi aire, hacer lo que me diera la gana, sin restricciones, y ahora me encontraba arrinconada física y mentalmente. Digamos que me había declarado la guerra, quería probar mis habilidades de estratega en un situación tan simple y a la vez condenadamente complicada. Él tenía la llave, literal y metafóricamente, para acabar con este asunto de una vez por todas y al parecer yo me la tenía que ganar.

Relajé mi semblante, mi aparente enojo se disfrazó de seriedad y di unos cuantos pasos a su alrededor, observando detalladamente su porte informal y su actitud sobrada. Decidí dejar mi enfado atrás, o al menos disimularlo, si seguía comportándome de aquella manera no iba a ganar nada, y no quería seguir regalándole excusas para que se mofara de mí, terminaría más enfadada y él más divertido, y sería como perderme en un vórtice infinito de frustración. No pensaba cederle la victoria en esta discusión, supongo que mi orgullo, aunque muchas veces me metía en problemas, otras tantas hacía de modulador de mis acciones y pensamientos. Ya había asumido que con este hombre debería de actuar con la cabeza bien fría.

— Mirko Joutsen... — murmuré en voz alta, saqué un nuevo cigarrillo y me lo encendí, el viento comenzaba a rebelarse y el humo que despedí de mi primera bocanada se perdió en un instante — ... el nuevo profesor de italiano, ¿eh?. Supongo que te han encomendado tan "loable" tarea para probar tu desenvoltura como profesor — agregué. Volví sobre mis pasos, efectuando el mismo rodeo en dirección contraria hasta quedar frente a él. — Claro, siendo tan joven deberás demostrar tu indudable habilidad como docente, supongo que la edad es un factor en contra para ti, así que estamos en las mismas, por raro que parezca — Caminé de un lado a otro, deleitándome con mis divagaciones en voz alta y disfrutando de la atención de mi interlocutor, quien ahora mostraba un gesto interrogativo.

El viento comenzaba a silbar, el eco de la futura tormenta se acercaba a pasos agigantados, me aparté mi indomable cabellera del rostro ante el rebelde y sonoro silbido del aire.

— Supongo que tú también te encuentras en una encrucijada, ¿cómo permitirte fracasar con un alumno nada más llegar a este instituto?, te tomarían por poco más que un chiste de profesor, alguien que no merece ni una minúscula pizca de respeto, y eso pesaría sobre tu conciencia, tu autoestima y tu trabajo, cómo no. Pero... — me acerqué nuevamente a él, salvando la distancia respetuosa impuesta entre alumno y profesor, posando mi mirada a escasos centímetros de la suya y apuñalando aquella mirada ambarina que ahora trataba de ocultar cualquier tipo de emoción — ...¿qué pasaría si creen que un profesor trató de aprovecharse de su "indefensa" alumna?. ¿Qué pasaría si se enteran de que el nuevo, joven y atractivo profesor de italiano se quedó toda la noche con una estudiante en la azotea, haciéndola cumplir "un castigo"? ¿O qué pasaría si, por ejemplo, me cayera accidentalmente del tejado? — continué mientras me deslizaba hacia la barandilla y me apoyaba en ella con los codos, inclinando el torso hacia el vacío que se extendía a mis espaldas — ¿O simplemente si por culpa de esta tormenta que se avecina y tu terquedad pillo un resfriado?. Vaya, parece que ahora me siento más cómoda, sabiendo todas los cargos y consecuencias que pesan sobre tus hombros. Yo soy una simple alumna, sin embargo, tú eres el encargado de castigarme y a la vez protegerme, debe de ser bastante difícil, y a veces no se pueden conseguir ambas cosas — concluí.

Había puesto las cartas sobre la mesa, no quería dejarme arrastrar por su juego, aunque sabía que ya lo había aceptado y había realizado mi primer movimiento. Sinceramente, aquel hombre me pareció bastante curioso, supuse que me tomaría como la simple matona del instituto, no le culpaba, la mayoría me consideraba una rata de cloaca y yo vivía cómoda interpretando aquel papel, aunque no hubiera pretendido buscarlo. Me dejé envolver por el juego, repentinamente mi mal humor se había esfumado y por primera vez desde que aquel hombre... Mirko, había atravesado el umbral, sentí que llevaba las riendas de la situación, pese a ser una mocosa de 18 años.

— Ah sí, mi nombre, Lucita Kent, encantada — le mencioné con un tono irónico y divertido.
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Mirko Joutsen el Dom Sep 15, 2013 5:59 pm

Y ella no permitiría que como si nada me aventurara a tomar las riendas de la situación. Su rostro me lo indicaba, su actitud me lo indicaba, y si simplemente se hubiese limitado a bajar la cabeza sin más, aunque me habría ahorrado mucho trabajo, hasta cierto punto también me habría decepcionado. Pero era poco lo que me perturbaba, puesto que alimentar la rabia de la niña no era más que una burla para mí. No me malinterpretes, no busco ni buscaré burlarme de ella misma que una niña fortísima e inteligentísima ha de ser, pero su actitud inevitablemente me inspira algunas risillas.

De un momento a otro ella decidió con su astucia girar completamente la situación. Mitigar su enojo que sin duda alguna era el centro de su desventaja y demostrar una actitud que hasta cierto punto mimetizaba aquella que hasta ese punto le había dedicado. Se aventuró a darme un discurso moral, a intimidarme apelando a nuestra diferencia de rangos, la impresión de los otros y factores como el clima incluso. Se regocijó de sus palabras, del efecto que podrían tener conmigo, y aquello se evidenciaba en su jocoso andar, en la manera como caminaba y me demostraba algunas expresiones híbridas entre burlonas y siempre seguras.

Admirable. No sé que es todo aquello que ella ha experimentado en su vida, y tal vez ni me importe, pero sin duda alguna la estudiante que se halla frente a mí es una mente un tanto madura, un tanto experimentada, una mente que ha vivido más allá de lo que muchos han vivido. Yo soy una persona de vida tranquila, siempre lo he sido, pero el que no haya tenido una vida accidentada no quiere decir que no tenga con qué enfrentarme a su altanería, porque alguna que otra ventaja tengo sobre ella.

- Lucita Kent - Crucé los brazos frente a mí, dirigiendo mi mirada hacia la suya de una manera directa y habiendo ahora esfumado la burla de mi rostro (ojo, la burla, no la sonrisa) - No tengo intención alguna en apelar a algo tan banal como lo es el rango. Ya somos conscientes tanto tú como yo de nuestra situación simplemente al ver nuestros rostros; el tuyo de niña y el mío de anciano, punto. No pretendo jugar con mi presunta superioridad porque a fin de cuentas ¿es significativa? una joven en la vida no tiene ni menos poder ni menos influencia que alguien mayor, puesto que el conocimiento no viene intrínseco a la experiencia - Liberé entonces mis brazos y me acerqué a ella, inquisitiva y atenta a mi turno para jugar, dedicándole entonces un ceño un algo fruncido, más símbolo de seriedad que de enojo - Así que no me vengas con eso, que poco me interesa la impresión que el cuerpo de este instituto tenga conmigo. Sí, soy un profesor nuevo y hasta cierto punto estoy en un "periodo de prueba" pero la verdad es que confío plenamente en mi actitud y mi manera de actuar frente a cualquiera, en una situación u otra. No temo la influencia que puedas tener en la impresión de los demás sobre mí, que más allá de algún maltrato que pueda tener contigo, el cual jamás de los jamases llegará a tener un lugar, tendré pie para contrarrestar cualquiera de tus mentiras, después de todo, la niña causa problemas, maleducada y desobediente es otra, ¿o no? - Me acerqué un tanto más, inclinando mi cuerpo y bajando mi mirada para de esta manera contactar perfectamente con la suya - Niña, no tienes derecho alguno en hacerte en contra mía, de mis preceptos, de mi manera de tomar un castigo o de siquiera hablarte, que poco conoces de la situación. Yo no te conozco, no sé lo que has vivido, no sé tus ideologías o lo que pretendes con lo que haces, pero piénsalo, ¿acaso no sería yo el mal profesional si me permitiera que simplemente siguieras comportándote como te comportas? porque sí, todos tenemos derecho a diferir, pero nadie tiene derecho a levantarle al voz a otro o desobedecer una autoridad por el simple hecho del descontento, o lo que yo llamo "rebeldía injustificada". Ser rebelde porque sí no tiene ningún pie argumentativo, y hasta que dejes la altanería con tus superiores, las ganas de desobedecer porque quieres desobedecer o el que apeles a tu indefensa situación de estudiante frente a tu muy competente situación como ciudadana no me queda más remedio que considerarte una niña mimada, que no quiere más que llamar la atención y seguir la moda de la rebeldía. ¿Y es que acaso es algo más que eso? ¿Tus ideologías realmente valen la pena? Atrévete a demostrármelo -

Jamás levanté mi voz, jamás. No es mi intención, ni jamás lo será.


Spoiler:
Lamento la tardanza. Espero no se vuelva a repetir
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Sep 15, 2013 9:33 pm

Si bien pensaba que mi discurso podría haber mellado su confianza, únicamente me generó otro quebradero de cabeza. Por muy frías que fueran, mis amenazas no había surtido efecto alguno en aquel curioso personaje. Sus palabras, recitadas a través de un tono de voz serio y calmado, me habían golpeado como una bofetada inesperada, devolviéndome a la cruda realidad. Para cuando el profesor finalizó su discurso las primeras gotas de lluvia hicieron acto de presencia, casi por instinto me quité la chupa de cuero, tirándola en dirección a la caseta que coronaba la azotea, pues no quería que la lluvia la mojara, y estaría relativamente resguardada bajo el saliente del tejadillo.

Me irritaba sobremanera que me considerase una simple chiquilla mimada, según mi percepción, para ser alguien mimado necesitabas de otra persona que te tratase con dulzura o un especial aprecio, y yo no había experimentado ese tipo de relación. Me había vuelto a poner nerviosa, y nuevamente mi mal genio le estaba ganando la partida a mi raciocinio, nunca nadie me había dado un sermón, o al menos nadie había logrado dármelo sin que le rompiera antes la boca. Y sin embargo, él se había limitado a permanecer estoico en su posición, relajarse aún más y tener la osadía de considerarme una niñata a la que dar una lección. Ni siquiera sabía por qué no había pasado ya a la acción, a fin de cuentas, si golpeaba a un profesor podría tomarme unos días libres en el instituto debido a la expulsión que probablemente recibiría. ¿Entonces por qué no lo hacía?.

Porque en realidad sabía que me merecía ese castigo, y la ágil mente del profesor me había expuesto mi situación de una forma abrumadora. Sin embargo, aún así, seguía inconforme con los hechos. Hubiera aceptado el castigo, de mala gana, si el profesor de matemáticas no hubiera puesto en tela de juicio mi integridad social. Pero vaya, parecía que aquí la única que debía merecer un escarmiento era yo, y era algo que sencillamente no podía aceptar, por mucho que el curioso Mirko tratara de hacerme ver lo injusto de mi actitud. Repentinamente el chaparrón cayó sobre nosotros, la densa lluvia nos azotó indiscriminadamente y en cuestión de segundos estábamos completamente empapados, pero parecía que a ninguno de los dos le importaba. Con suerte sería una de las últimas tormentas de verano, salvajes como un león, pero tan duraderas como un leve parpadeo.

Observé al profesor, quien seguía dedicándome una impasible mirada. Estaba furiosa, furiosa por la verdad que yacía en sus palabras y furiosa por su actitud calmada y neutral. Me acerqué a él mediante un paso uniforme pero apresurado, el eco del choque de mi andar con el agua acumulada en el suelo quedaba completamente opacado por la lluvia torrencial. Él no varió su expresión, pese a que me veía avanzar con cara de pocos amigos, y yo ya estaba harta, harta de él, de sus sermones y de sus prejuicios sobre mí. Le agarré de la camiseta y le zarandeé, pareciera que estaba dispuesta a iniciar una pelea, aunque probablemente esa no fuera mi intención, ni yo misma lo sabía.

— ¿Y con qué derecho me juzgas? ¿Acaso no deberías haberte informado mínimo de por qué he recibido el castigo? — le volví a zarandear desenfrenadamente — Vienes aquí, con esa actitud tan irritante, prejuzgándome y esbozando esa sonrisa insoportable. ¿Te crees superior a mí? ¿O crees que me divierte contestarle mal al maldito profesor de matemáticas porque sí? — Bueno, la verdad es que sí que le tenía ganas a aquel profesor, era bastante desagradable, pero no le había saltado hasta ese entonces porque no me había dado motivos, aunque he de decirlo, me quedé muy a gusto después de mandarle a la mierda — No tengo por qué aguantar a un viejo descerebrado que me pone en evidencia frente a todo el alumnado simplemente por mi aspecto, no por llegar tarde ¡por mi aspecto, joder! Me da igual que me tildes de una rebelde sin causa, si ese es tu maldito argumento ¡ja! me río ante tu singular perspicacia. No tengo... es más, no debo quedarme sin hacer nada cuando alguien me ataca bajo el influjo de una mentalidad cerrada y anticuada que no hace sino poner más barreras entre las personas, la vida me ha enseñado a pelear por seguir mi camino siendo quien soy, sin tener que avergonzarme de ello, y tú, que ni siquiera habías intercalado una palabra conmigo hasta ahora, no eres quién para decirme cómo soy, o lo que debo hacer.

Realmente me sentí frustrada cuando simplemente esbozó otra de sus sonrisas. Estaba en cierto modo asustada, de repente mi sinceridad había caído tan fuerte como aquel chaparrón que inundaba la escena, y sentí que aquello era simplemente lo que buscaba Mirko, el porqué. Darle la satisfacción de concederle un acto de honestidad me sacó de mis casillas, de repente me sentía como una niña que se enfada porque su madre le ha reñido, y aunque parezca raro, era una experiencia demasiado nueva para mí. Nadie me había puesto límites, nadie se había parado a advertirme acerca de lo que debía o no debía hacer.

Y lo más frustrante de aquella situación, era que mi cabeza fría se había ido a quién sabe donde, y estaba montando un circo digno de un niño de primaria, ¿pero qué se suponía que quería que hiciera?, ¿dejar que el profesor de matemáticas me humillara día sí, día también?. Imposible, mi actitud, lo quisiera o no, jamás me lo permitiría.

— ¡Maldita sea, deja de sonreír así! — fue lo único que pude decir a la par que, nuevamente, le zarandeaba.
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Re: Cuando la mecha encuentra la llama [Priv. Mirko Joutsen]

Mensaje por Shizuka Yurioka el Miér Oct 09, 2013 3:24 am

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