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Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

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Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Sep 06, 2013 6:17 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El olor a mierda era insoportable, olía tan fuerte que cuando me acerqué a aquella alcantarilla sentí como un puñetazo en mis receptores nasales. Pero no podía quejarme, era yo, el que estaba en aquel lugar de mala muerte, lleno de gente totalmente diferente a lo visto en el centro de la ciudad. Era un criadero de ratas, la academia de la vida, seguro que si salías de aquel lugar no podías tocar fondo, porque ya venías de el.
Tapandome la nariz me acerqué a unos cubos de basura llenos, los cuales aparté de una gentil patada. Strike, cayeron todos y pude ver aquella parte de la pared, mohosa y sucia. Subí encima de la basura sin contemplamientos y pasé, nada de exquisiteces, ningun señorito me habia contagiado sus modales. Apoyando mi mano en la pared me agaché y metí la mano en un agujero del tamaño de tres ratas paralelas, (¿Metros? Aqui medimos con ratas), no tardé mucho en empezar a sacar el brazo lentamente. Conforme salia mi brazo parecia tener una especie de nueva extension. -Oh si, me dije mientras sacaba aquello tan bonito.

Alcé frente a mi aquel bate, hermoso, sucio pero hermoso. Ja, sentía aquello como un nuevo bastón de la injusticia que abriría el mar de la monotonía como si nada. Aquí llega el profeta, bastardos. Me lo puse encima del hombro y empecé a caminar saliendo de aquel oscuro rincón. Mientras andaba procuraba raspar mas de lo normal la suela, por si algo se hubiese pegado... No era un princeso, pero no me gustaba llevar mierda encima. Solté un buen escupitajo a mi derecha mientras caminaba altivamente, como siempre.

Has tardado, chino.

El escupitajo fue a parar frente a los pies de un chico. Era mas bajo que yo, un tatuaje en la cara, pelo corto y negro y mirada decidida. Tras el tres 'brodas' mas se juntaban mientras pasaba de largo. Sin decir nada seguí mi camino, ellos se unieron, sabían que tenían que hacer.

-¿Estan ahí, no?

Pregunté sin establecer contacto visual con el chaval, el asintió con un 'Si' y nos pusimos en marcha. Hoy tocaba recuperar algo que era nuestro y que estaba en manos ajenas, sucias y ajenas. No mostraba expresión alguna, parecía un jodido maniquí, pero por dentro me quemaba de impaciencia, por fin un día libre para divertirme a mi manera.


Última edición por Shen Yang el Vie Nov 22, 2013 8:14 pm, editado 5 veces
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Nov 22, 2013 6:41 pm

Spoiler:
No se, no me gustaba complacer al personal, yo estaba hecho para ser el cancer del planeta tierra y todo aquel que la morase. Pero complacer a Lucita, bueno, como Lucita era de otro planeta se salía del plan y por lo tanto tenía que hacerla sentir bien a ella. Y si, al ser algo recíproco yo también disfruté, devorar su entrepierna, meter mi lengua en su X y literalmente morrearla fue algo como probar gastronomía de otro mundo. Casi quise comerme mi propia boca, ¿Como jardín secreto era posible eso? Aquella sucia boca, la mia, estaba empezando a empalagarse con el tóxico sabor de Lucita y yo solo quería hacerlo mas mío aún. Invitado, irónicamente, por ella no se como termine nuevamente, en un cuerpo contra cuerpo, eran ambos cuerpos, completamente desnudos y sudorosos el uno contra el otro. Pero a ella el sudor le importaba poco, se aferró a mi espalda con sus garras y volvió a hacerme sentir el dolor de sus uñas clavandose en mi espalda, sentía que en cualquier momento saldría mi alma por aquellas pequeñas heridas. Me arqueé mas hacia ella y el roce fue mas inevitable, fue como invitarla a bailar empujándola a la pista de baile, su respuesta fue un sensual grito, pero no un grito cualquiera, era como las trompetas que anunciaban el fin del mundo. Mientras arropaba su cuerpo con el mío y acababa de asimilar lo que pasaba, cuando el movimiento de su cuerpo invitó a mi corazón a salirse de su sitio, mi señorito se puso todo lo fuerte que pudo, y su X... digamos que la cosa se había puesto mojada. Empezaba a jadear como un perro, ya no había nada que ocultar, su grito de placer había desnudado todas aquellas capas protectoras que protegían mi raro orgullo. El simple roce de nuestros cuerpos había producido aquello, no podía imaginarme lo que podía producir una colisión, en el sentido que todos nos figuramos. Aún así, aun deseando abrazar aquel cuerpo y solamente enamorarme del calor de su cuerpo desnudo me aventuré a volver a mi posición anterior. Pero la muy vibora se deslizó de nuevo, y para cuando desperté de la ilusión me encontraba con el armario empotrado pegado a mi cuerpo y a una Lucita con ganas de carne impresionante. La esperé, deseando aquel beso que nunca llegó, sin duda, el amago mas cruel de la historia, cruel pero deleitante. El simple hecho de verla de nuevo, a aquel fuego apegandose de nuevo a mi, hacía que mi alma, enjaulada quisiese salirme por la boca.

Uffff...

La vista pareció nublarseme, aquellos perfectos labios, aquella boca llena de ironía placentera se habían vuelto a apoderar de mi sexo. Pero de una manera mas intensa. Mucho mas intensa. Parecía que iba a empezar a derretirme empezando por mi entrepierna. A la mierda todo, golpeé aquel armario empotrado mientras mi vista se alzaba al techo y soltaba un quejido que expresaba placer. Y su lengua, ay la madre que parió a la dueña de aquella lengua, esa lengua aparte de soltar comentarios ácidos... esa lengua era milagrosa. Acto reflejo o no, cuando disfrutaba de aquella felación impulsé mi pelvis un poco hacia delante, casi bailando con aquellas manos que recorrían aquella intima zona de mi cuerpo. Baje mi vista poco a poco, quería verla, quería destrozarla con la mirada, ¿Era un castigo placentero? No lo sabía, quizá su mirada, el hecho de ver como se movía me causó aún mas placer, y como terminaba aquel momento placentero dejando un morboso hilo de saliva que se extendía de su boca hasta mi X. Y como un pequeño guijarro que salta sobre el agua ella lo hizo sobre mi ombligo, una sola onda, un pequeño beso para dar su ultimo salto a mi boca. Choque de dos agujeros negros, donde ella se hundía lo hacía yo también. Donde nuestras lenguas se encontraban y nuestros labios se abrazaban fingiendo nostalgia se iba urdiendo una pequeña atmosfera salvaje en aquel pequeño mundo que se formaba cuando ella me besaba. Aquel sabor del paraíso que a ambos nos hacía entrar en trance, que nos hacía movernos sin darnos cuenta, aquel beso que hacía que nuestra boca fuese la entrada y a la misma vez salida a la perdición. No se como fue, no se como ocurrió, ni me interesa saberlo, aquel beso había hecho que terminase en el suelo, bajo ella, a la mierda las reglas, a la mierda todo, ya no había juego, donde antes había aquel inservible orgullo juguetón ahora solo había ansias de satisfacción. Y nos enzarzamos en aquella danza que solo Lucita y yo sabíamos disfrutar, llena de agarrones compulsivamente lascivos y besos que se perdían en la boca del otro para volver al haber recorrido el cuerpo ajeno, retroalimentación. Me coló otro beso, y sentí su humedo sexo rozar del todo el mío, casi, casi explota. Colé mis manos tras su espalda mientras empezaba a agarrarla con fuerza, pero se impuso su figura mientras sacaba algo de un cajón. El cual cerró fuertemente, con un golpe de madera seco, como el martillo de un juez, indicó el final de aquella sesión. Y mientras violaba de nuevo nuestro pacto no escrito y se separaba de mis labios abría aquella cosa que yo, en aquel momento admiré, porque era indicio de una cosa, era indicio de que iba a haber pe-ne-tra-ción. Y aunque mis rasgados ojos se abriesen de par en par, no pude imaginar que iba a acabar odiando aquel odioso trozo de plástico. Pensé que si lo ibamos a hacer había que hacerlo al 100%, al natural, sin nada artificial de por medio. Pero bueno, una Lucita precavida, no se veía aquello, me restregué los ojos como un niño quitandose las legañas frente al arbol de Navidad. Empezaba la fiesta, de nuevo, y ella sabía empezarla, aquella manera de embutir mi sexo en aquel trozo de latex casi hizo que lo mandase a tomar por culo. Me quedó como anillo al dedo, pero apretado, algo apretado, o era Jean o era yo, y la culpa era suya por comprarlos pequeños.

Y como si todo se detuviese, para tomar un ritmo a cámara lenta ví como ella bajaba lentamente, directa a meterselo entre las piernas. Observé aquel buen par de muslos y ese púbis con estilo mientras mi mente se ponía en blanco. Por un momento tuve miedo, y si, quizá aquel fuese mi pequeño gran secreto, el menda, yo, perdí la virginidad con el diablo. Lucita se iba a llevar algo que nunca podría recuperar, una primera vez mágica, mi pecho se hinchó como si fuese una amenaza externa, la punta empezaba a abrirse paso y lo único que pude hacer al respecto fue reir ligeramente. Vaya, dicen que el miedo es lo que se siente cuando se desconoce algo, quizá fue aquello lo que experimenté, pero fue un preludio a uno de los mayores placeres a los que pude acceder, a la mierda, sin duda fue el mejor. ¿Han visto alguna vez la clásica cuenta atrás de cuando lanzan un cohete? Pues fue un Five, four, three, two... y el One fue la ignición mas majestuosa que pude haber sentido en mis carnes. Gemí por completo, como si todos los poros de mi cuerpo se negasen a sudar mas y me obligasen a soltarlo por la boca, y así fue, formando un improvisado dueto con Lucita. Quizá no fui consciente de lo que pasaba, acababa de entrar dentro de la persona que mas odiaba, y a la misma vez, deseaba en aquel momento. Estaba a un paso de ser uno con un enigma con cabellera roja, observé su altiva figura, encima mía mientras se inclinaba lentamente hacia mi para apoyarse en mi torso. Fueron otras manos las que me tocaron, me retorcí un poco, extasiado, como si fuesen manos de ultratumba, frías y ardientes a la vez, metálicas y suaves al mismo tiempo, jugaron un pequeño tiempo con mis pezones, como la desconocida que nunca quise desear y a la que acabé sucumbiendo. Se escaparon unos prematuros jadeos por mi parte al sentir el primer movimiento, el roce interior, ¡El roce interior!

Toda mi existencia dió un vuelco, fue como una súcubo, aspiró toda mi energía para malevolamente devolvermela mas pura aún. Entre aquel canto de gritos y gemidos mi oído se deleitaba como si escuchase a una sirena cantar. Nada de aquel ambiente se desperdiciaba, ni siquiera los sonidos, aquellos sonidos sexys, sensuales y salvajes que me incitaban a seguir vivo por un segundo mas, para seguir disfrutando de aquella locura. Y entre aquellas camufladas carcajadas entre gemidos pude notar algo más, algo que pude identificar, algo que yo también sentí, lejos del placer fue algo que quiero dar a entender como... felicidad. Y en aquella nueva sensación, mi compañera se movía cada vez con mas efusividad, encima mía. Aquello se hacía cada vez mas bruto, mas fuerte, era como ver al placer a la cara, una cara que cada vez se volvía mas y mas nítida. Mis manos, mis traidoras. Mientras yo observaba su vientre, sin saber porqué noté que mis manos se volvían a posar encima del doble olimpo. Dos tronos que esta vez, sin contenerme agarré con fuerza, como si la Lucita arqueada fuese a caerse, pero no era un agarre del todo fuerte, dejaba que las palmas de mis manos patinasen, haciendo aquel agradable roce de sus pezones con las palmas de mis manos. Pero aún eso no pudo evitar subir la mirada lentamente, hacia aquel rostro que se negaba a mirarme, a aquel rostro que se me antojaba perfecto, a esa pérfida mirada que si fuesen espadas me hubiese clavado sin pensar. Mientras me mordía los labios, se me escapó otro gemido, sentir mi sexo dentro de ella era un pozo sin fondo de gozo, y ver como movía sus caderas cada vez con mas gracia lo hacían algo incomparable. Y mientras la perra intentaba mirarme de nuevo fuí yo el que echó el rostro hacia otro lado, acto involuntario, como quien retira la mano del fuego. Solté un par de jadeos, la sentía cada vez mas mía, con cada movimiento dentro de ella, en aquel baile que ella dirigía. No podía respirar, a aquello no se le podía llamar respirar, no tomaba aire, solo lo soltaba en forma de jadeos y pequeños gemidos varoniles. Finalmente me digné, quería embriagarme de aquel cuerpo titánico, retratarlo sobre mi cuerpo moviéndose en aquel enrevesamiento que nunca imaginé que sucedería. Y mi vista se centró en sus pechos, aquellos que agarré con posesividad, fuerza, ahora eran solo mis pulgares los que iban y venían con sus pezones mientras el resto de mis dedos se aferraban a sus senos, aquellos senos que me transmitían algo mas que una buena vista y un tacto perfecto. Bajé, lentamente por aquel sudoroso y empapado cuerpo perfecto, por aquel vientre que quería que fuese el plato de todas mis comidas, con una vista ampliada del 200%... Fijandome detalle por detalle, mientras aquellas curvas se movían hacia arriba y hacia abajo catapultandonos a dios sabe donde. Pero fue cuando me fije en la zona conflictiva cuando me di cuenta de algo, una realidad que me impactó como un puñetazo de Hulk en toda la cara, me excitó, y mucho el hecho de ver mi sexo apenas asomando al entrar en el suyo. Pero lo que realmente me sorprendió fue ver un color, el color rojo, ¿Pero que jardín secreto?... Aquel jardín secreto, sí, era aquel. Si salía rojo de aquel lado ahora podía interpretar los primeros de Lucita con mas claridad, aquella expresión de dolor se hacía en mi mente como una expresión lasciva y aquello sin duda... me cabreó, fue un enfado de una milésima de segundo, para dejar paso a una excitación extrema. ¿Ella había dejado de ser eso? ¿Yo me había llevado también la mitad del pastel? Mis piernas parecieron recogerse un poco, agarré con fuerza sus senos y moví mis caderas con fuerza hacía arriba. Cogí mucho aire y en mi semblante se dibujó la expresión del extasis, del diablo excitado por aquello de lo que se acababa de dar cuenta. Dejé que su movimiento me diese otra oleada de placer para, que al compás de ella, meterme en aquel baile, pero no lentamente, lo hice brutalmente, con fuerza, salvaje metí mi cadera hacia arriba, casi pareció que la penetré algo mas.

¡Wooooh!

Volví a hacer aquel movimiento que se cargaba su sensual coreografía, obligandola a que apoyase sus manos de nuevo en mi torso y que se apuntase a mi ritmo. Me pareció ver algo de dolor en su cara, me relamí los labios ante aquello, fuera cordialidades, me sentía dentro de Lucita, pero no lo suficiente, yo quería sentirme realmente mas dentro de Lucita. Mi movimiento ascendente y descendente, junto con el suyo fue tomando un mátiz mas fuerte y mis jadeos fueron a mas, soltando ahogados gemidos mientras me invadía una sensación que renovaba la anterior, y volvía, y volvía, ver como Lucita bajaba y subía, bajaba y subía. Me gustaba verla cabalgar de aquella manera, y si, todo me excitaba en aquel momento, y aquello no fue menos. Se sentía genial tener sexo con Lucita, así que aquello era el sexo... En algo parecido a un amago de mordisco abrí mis fauces gimiendo abiertamente, fuera leyes, fuera todo, bienvenido placer. Entrecrucé mis dedos con los suyos, lo buscaba, era vital, que ambos manojos de serpientes se cruzasen y sellasen aquello. El tacto de sus manos... sus manos era algo que apretaba mas, me delataba a mi mismo, con cada movimiento suyo hacia arriba yo la empujaba algo mas con mi pelvis, cada vez que bajaba lo hacía yo con mas fuerza y se notó en la manera en la que comenzaba a apretar sus manos, aquellas mágicas manos. La seductora chica, y yo entre sus piernas, que realidad tan embrujada. Pensaba que el estandar del placer en el sexo se mantenía en un nivel, pero no, era algo... algo que sobrepasaba mi imaginación, era gradualmente mejor, la secuela era aún mejor y todas las partes que las precedían las destrozaban. Se notó mi ánimo cuando busqué su mirada de nuevo, como había hecho tantas veces, sediento de aquel par de iris envolventes, enmarcados en aquellos ojos, puertas al multiverso donde nos habíamos perdido. Observé aquellos orbes como el explorador que acababa de encontrar la cuna de la vida, simplemente me perdí en ellos y obedecí. Obedecí el orden que existía, la verdadera jerarquía... ambos reyes. Cuando ambos intentabamos imponernos el uno sobre el otro no nos parabamos a pensar en lo bello y salvaje que sería actuar al mismo nivel, y lo estabamos logrando, quizá a ella le dolía un poco, y me duele a mi tambien reconocerlo, era la primera vez que me preocupaba por la satisfacción de alguien así que bajé aquel salvaje ritmo poco a poco, en mi contra, pero deseando que a ella le fuese mas placentero. En fin, lento o rapido, fuerte o suave, si se la metía o ella se la dejaba meter... en fín, ambos nos sentíamos en la gloria, y yo puedo asegurar que nada se volvió a equiparar a la sensación de sentirme dentro de Lucita, y al mismo tiempo envolverla con mi presencia. En aquel momento solo me importaba la recíproca satisfacción de ambos bandos, el resto se podía ir a hacer puñetas, incluída la razón. Lucita, así se llamaba la chica, no se, quizá, desde aquel momento fuese el primer nombre que me iba a hacer sentir algo cuando lo recordase.  

Soy Shen, encantado.-Espeté entre jadeos, y sonreí inmaculadamente.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Sáb Nov 23, 2013 11:08 pm

Spoiler:
Estaba vomitando. Qué bonito, ¿no?. Pero para hacerlo más poético, estaba vomitando mi éxtasis adrenalínico en todo su esplendor. Había buscado tantas veces aquella sensación que ni las podía contar, y me quedé pasmada al descubrir que con aquel simple contacto pudiera obtener un bombardeo interminable de velocidad por todo mi cuerpo. Era como si estuviera a punto de colisionar con el suelo tras tirarme de un rascacielos, como si estuviera viendo mi vida pasar justo antes de que una bala se internara en mi nuca, pero estaba viva. Podía sentir la sensación de perdición, podía sentir cómo me alejaba de este mundo para irme al otro barrio, y sin embargo estaba rebosante de vida. ¿Se podía lograr algo así?. Shen lo podía atestiguar mejor que ningún otro, porque él era el artífice de tan inusitada explosión de emociones que me carcomían segundo a segundo. Sus manos aferradas a mis senos jugueteaban con mis pezones como quien juega a la ruleta rusa con una sk-45, con el atrevimiento de jugársela una y otra vez , de no saber cuándo la bala estallaría en el cráneo, yo me retorcía, esperando a que la ruleta diera en el blanco, dejando que mis emociones dibujaran esas eses de borracho a través de mis movimientos. Era un placer extremo, ¿quién quería hacer paracaidismo cuando tenías a aquel hombre bajo tus piernas?. Mis gritos se elevaban un semitono cada vez que pulsaba en los interruptores, si continuaba de aquel modo podría ser la nueva voz del mundo de la ópera, porque mis cuerdas vocales, al igual que el resto de mi cuerpo, llegaban a lo más alto. algo le debió de hacer click en la cabeza, algo de lo que se dio cuenta, porque aferró mis pechos esta vez con más rudeza, los estaba aplastando bajo sus varoniles manos y moldeándolos a su gusto. Se dibujó una expresión de satisfacción en su semblante, que me llenó de una satisfacción más plena, le estaba dando yo el placer, y me gustaba que a él le gustara, aunque eso jamás se lo diría, porque no quería darle el gusto de que saliera, literal, de mi boca, una expresión que le encumbrara aún más en aquel trono egocéntrico que llevaba pegado al culo. Tal vez lo leyera en mi mirada, el placer que se desbordaba por cada poro de mi piel, tal vez él leyera en mi semblante que me estaba derritiendo por su culpa, que el acero con el que había forjado mi alma se estaba fundiendo como mantequilla ante la inclemencia de lo abrasador de sus llamas. Tal vez... ¿tal vez qué?. Él comenzó su propio baile, un baile más duro y temible que el Haka Maori de los All Blacks (?). Movió su cadera con garbo, le dio aquel tinte de fuerza que.. aquel movimiento me hizo ver las estrellas, de repente me había catapultado al espacio exterior y veía el mundo desde mi privilegiada posición. Pude notar cómo su jodido sable láser estaba haciendo aún más de las suyas ahí dentro, entró con todo, y yo le recibí con todo, emitiendo un grito de placer ¡el rey ha vuelto! ¡dios bendiga al rey! dirían en Kamelot, bueno, algo parecido había querido expresar con aquel llanto encantado que terminó en una sonrisa indeleble. Shen está aquí mismo, aquí dentro, y cada célula de cuerpo de Lucita le recibe como si fuera la mayor gloria conseguida por el reino. El hormigueo de la victoria volvió a recorrer cada milímetro de mi cuerpo, aunque el dolor también se sintió, supuse que, al ser la primera vez, y encima con un superdotado (?), debería de terminar de acostumbrarme, pero aunque en mi rostro se frunció un poco el ceño, me sentía terriblemente bien siendo avasallada por Shen y sintiendo el dolor que me proporcionaba, como si el hecho de sentirlo me hiciera descubrir que me encontraba completamente viva, que aquel dolor era real y no imaginario, que verdaderamente él... él estaba conectado a mi. Me volví a retorcer, sin poder evitar soltar una nueva carcajada, plena, llena, rebosante de satisfacción. Él era un tipo malo, pero a fin de cuentas, como ya había advertido, era un hombre, y aquel grito que emitió, como si estuviera descendiendo de la cima de una montaña rusa a toda velocidad, fue la representación perfecta de lo que yo quería decir. En fin, el instinto nos guiaba, obviamente no eran necesarias las palabras.

Volvió a realizar aquel movimiento, era el diablo más jodidamente sexy al que había tenido el placer de ver bailar, y volví a sentirme extasiada frente a su pícara osadía. Me estaba arrebatando el ritmo, porque se estaba poniendo más serio, y tuve que apoyarme en sus pectorales para no terminar derrotada de buenas a primeras. Intenté jadear y coger aire mientras los gemidos continuaban siendo la música ambiental de aquella escena. Cada vez que hacía que su miembro se alejara un poco de mi cavidad me entraban ganas de asesinarle, y cada vez que volvía a arremeter con fuerza para instalarse en ella me daban ganas de adorarle. Y en aquel bamboleo de sensaciones, de acuerdos y desacuerdos, sentía que mis energías bullían al mil por mil. Me gustaba demasiado que Shen se internara con desdén dentro de mí, me ponía cada vez más, me hacía sudar a tal punto que pensaba que terminaría deshidratada, me quitaba la fuerza pero me la volvía a conceder como buen titiritero que es. Cada vez que ascendía era por su culpa, cada vez que bajaba era por su culpa también, el caballo había tomado las riendas del jinete, y el jinete simplemente se dejaba llevar por su ritmo. Si por mi fuera, me alquilaría aquella cintura para el resto de mis días y procuraría que me manipulara de esa forma constantemente, observé placentera a Shen, al ídolo de mis masas, al boss. Cuando pude fijarme en cómo sus torneados abdominales se contraían y relajaban cada vez que se disponía a alzarme juro que tuve que contener otro orgasmo, nunca habría imaginado que el simple hecho de observar el cuerpo de una persona pudiera llevarme a un abismo que cegaba todos mis sentidos y los dejaba a expensas del placer. Sus jadeos se hicieron cada vez más fuertes, más sonoros, y cuando abrió su boca para esgrimir uno aún más fuerte que todos los demás... joder, me hubiera dejado devorar por las fauces de aquel león, aumenté mi ritmo sin darme cuenta, queriendo provocar de nuevo aquella atractiva y masculina expresión, perderme en aquel cántico celestial, pero sus dedos me trajeron de vuelta al mundo terrenal, tomaron mis manos posesivamente, envolviéndolas en las suyas, más grandes que las mías, el sudor de sus palmas, su mero contacto... quería tener aquellas sanguinolentas garras atascadas entre las mías, quería debatir en un encarnizado diálogo donde la necesidad era el tema que había salido a colación. Le devolví el agarre como pude, utilizándolo para asirme a él de alguna manera mientras él me seguía haciendo cabalgar en esos movimientos feroces y sin ningún tipo de condescendencia, arriba, abajo, arriba, abajo... el al centro y adentro ya venían implícitos en el vaivén. Volví a apoderarme un poco de la danza, mi cuerpo volvía a contorsionarse en sensuales movimientos, en indecentes movimientos acompañados de indecentes gritos que estallaban en disimuladas risas. Me miró a los ojos, joder, aquel rostro bañado en sudor hacía que me quisiera perder en ese oasis, quería beberle todo el agua que me había arrebatado, quería comérmelo entero, bebérmelo entero, me fastidiaba tanto estar tan necesitada de él aún en la plenitud que no sabía cómo disimular las sensaciones que seguían aflorando, descorchándose con violencia. ¿Por qué no aceptar los hechos? ¿Por qué no asimilar que funcionábamos mejor como uno que peleando? ¿Por qué no comprender que en aquel momento éramos la horma del zapato del otro?. Podía hacerlo, podía hacerlo porque él me había sumido en el estado de embriaguez que provocaba que quisiera reinar junto a un consorte, junto a un rey, que no exigiera los dominios para mi sola, que los manipulara junto a aquella mente sagaz e ingeniosa. Me decía a mi misma que tal vez no estaría tan mal tener un compañero de juegos con el que poder aumentar la diversión, con el que hacer travesuras, compartirlas y aumentar la satisfacción. Compartir. Qué palabra tan complicada, y sin embargo ahora estaba regocijándome en aquel acto que indudablemente necesitaba a más de un individuo para llevarse a cabo. Él disminuyó el ritmo de sus embestidas, yo pude coger aire con un poco más de fuerza, hacer un paréntesis de décimas de segundo para asimilar lo que se me acababa de pasar por la cabeza, me aparté el cabello de los hombros, tratando de enmudecer aquellas fantasías y centrarme de nuevo en la realidad. En Shen. En el chico malo y autoritario que incluso a mi me había sometido.

Eres un cabronazo — me reí con diversión, segura de mis más sinceras palabras. Mientras me inclinaba encima suyo aún anclada a él, por supuesto que anclada a él. Besé aquella sonrisa, como tratando de extender el tiempo muerto.

Llevé mis manos junto a las suyas a sendos lados de su cabeza en un sinuoso movimiento, y las retiré con lentitud para apoderarme de aquel enigmático rostro y observarlo mientras me perdía en mis divagaciones. Una gota de sudor avanzó hasta la punta de mi nariz, perdiéndose en el vacío hasta estrellarse con su barbilla. Me gustaba aquella cara, mucho, y no quería olvidar ni un solo detalle de sus facciones, necesitaba mantenerla presente, porque era una de las pocas, tal vez la única, quién sabe, que me tomaría la molestia de recordar, quería recordarla, y evocar siempre que me diera la gana aquel sentimiento de plenitud. Volví a jugar con su cabello, deslizando mis dedos entre aquellas hebras doradas y me abalancé a su cuello con parsimonía, como si fuera un vampiro que estaba degustando a su presa más exquisita. Cualquiera que hubiera visto la escena se pensaría que era un zombi dándose un festín, porque había avanzado hasta aquel apetitoso cuello como un animal hambriento. Volví a contonear mis caderas, rememorando el movimiento que momentos antes acabábamos de hacer, pero en esta ocasión de forma más pausada, sintiendo el contacto de mi vientre con el suyo, una y otra vez, y embriagándome del calor de aquel miembro que se encontraba en mis aposentos, duro, firme y sin intenciones de claudicar estaba el rey, así que yo trataba de agasajarlo moderadamente mientras mi lengua continuaba zigzagueando en aquel cuello. Descendí un poco hasta su clavícula, besando y chupando, y ascendí de nuevo hasta el lóbulo de su oreja mientras mis gemidos se intensificaban ligeramente, susurrándole en su oído toda mi excitación, excitándome eso aún más. Mientras tanto mis manos seguían jugueteando en su cabello, hasta que se deslizaron a su nuca y se colaron debajo de esta, incitándole a que se incorporase, poco a poco. Un pequeño break no estaba mal, yo necesitaba mi tiempo para terminar definitivamente con el dolor de una primera vez, y él... bueno, a él no sabía si le vendría bien o no, pero independientemente de aquello, quería tener más contacto con su cuerpo. Así que seguí con aquel pequeño juego de mordidas mientras me elevaba apoyada en aquel torso que para mí estaba más duro que una coraza, y viajé con mis manos de su nuca hasta sus hombros, y de sus hombros hasta su ancha espalda, queriendo cicatrizar los rasguños que le había provocado anteriormente con caricias. Quería que sintiera lo mismo que yo, dolor y placer al mismo tiempo. Quería que nos sincronizáramos hasta límites insospechados, hasta que la lujuria se quedara como un término angelical frente a lo que estábamos haciendo. Terminé por afianzarme en él rodeando su cuello con mis manos, dándole un semiabrazo, me gustó sentirle tan cerca de mí cuando volví a notar su pene metido hasta el fondo en mi vientre. Volví a retomar la danza, esta vez no quedaba un solo resquicio de dolor, esta vez estaba dispuesta a recibir al 100% el placer que se condensaba en el punto álgido por el que estábamos enganchados, nuevamente volvía a bambolear mis caderas, volvía a retorcerlas en un movimiento opuesto al de mi tronco, que se moría por seguir agasajándose con el roce casi pleno con el cuerpo de Shen, mis gemidos volvieron a elevarse, ni un cohete espacial podría alcanzarlos. Me gustaba tanto aquella sensación que seguía sin caber en mi gozo. Me gustaba el cuello de Shen, el cabello de Shen, el sudor de Shen, su mirada, sus comentarios ácidos, aquel torso de infarto, su mandoble, el gran mandoble. Era casi incoherente que me gustaran tantas cosas de una sola persona, absurdo, completamente absurdo, pero en aquella situación en la que nos dejábamos dominar por nuestros instintos primarios cualquier cosa podía suceder. Lo que hizo que me diera una punzada en el pecho es que si aquellos instintos estaban dictaminando la verdad de mis pensamientos respecto a él. No quise pensarlo, no tenía caso, ya lo discutiría más tarde conmigo misma, o tal vez ni siquiera eso. Ahora simplemente deseaba seguir bebiendo de la fuente de energía de la que me alimentaba, de aquel chino cañón, de su esencia de maldad y de sus manos celestiales.

Hmng

Fue lo único que salió de mi boca, me estaba quejando, mi cuerpo se estaba quejando porque el ritmo había descendido demasiado y mis hormonas estaban disparadas, volando como cañonazos en plena Segunda Guerra Mundial. Mi cuerpo volvía a pedir acción. Afilé mis dientes para morder juguetonamente aquel lóbulo, y de repente mis movimientos se volvieron desenfrenados, en aquella posición podía padecer aún más si cabía, la magnitud del tamaño de su miembro. Y volví a deshacerme en gemidos, gemidos que fueron directamente a su oído, levanté el rostro, despidiéndome de aquel cuello con lágrimas en el alma, y junté mi frente a la suya, cerrando los ojos y acortando las distancia de nuestros labios, no sabía por qué, pero sentía que si dirigía de nuevo mis ojos a los suyos, su penetrante mirada me devoraría entera, y quería pero no quería, seguía aferrada a su cuello, con los músculos de mis brazos en tensión. Mis caderas iban de arriba a abajo, mi cuerpo se empujaba con el suyo repetidamente, mientras me dejaba penetrar por él, una y otra vez, sin descanso, la tregua había terminado y la desmesura volvía a invadir el campo de batalla. Más, más, más, joder, más. Quería sentirle dentro una y otra vez mientras mis erizados pezones se debatían en su propia trifulca con los de él, daba igual, siempre terminaban siendo amigos. Apreté el agarré, terminé por abrazarle, reposando mi mentón en el espacio entre su hombro derecho y su cuello, el movimiento iba a más y a más, y a mucho más. Joder, el éxtasis se quedaba corto para lo que estaba sintiendo en aquel momento, mis gritos volvían a hacer eco en el silencio de la habitación, unos gritos fieros, unos gritos que dejaban constancia de mi dependencia de él. Quise abrazarle más fuerte, joder, pero no podía, y en el trascurso de aquella rencilla me incliné hacia detrás, casi me dejé caer, pero me estaba ahogando en aquel manantial de sucia excitación. Me apoyé sobre mis manos en el suelo, procurando no despegarme más de la cuenta, me relamí los labios y le miré fijamente.

Ven — susurré — acércate más o me voy a quedar helada, eres mi calefactor personal — me fui deslizando de nuevo como una serpiente, dejándome rodear por su masculina figura. Tenía ganas de perderme en aquellos músculos, de tenerle encima, de que no me diera opción a escapar de él, supongo que a fin de cuentas yo también soy una mujer. Y supongo que él era el único hombre que hacía que mi instinto más femenino saliera a la luz, otro motivo más por el que odiarle y adorarle al mismo tiempo. Maldito seas Shen, maldito seas por siempre, me acabas de crear... una dependencia.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Lun Nov 25, 2013 6:14 pm

Spoiler:
Arqueé la ceja picaramente ante su comentario, ¿Que yo era un cabronazo? Seguro que a aquella conclusión no le había costado llegar. Y como si estuviese petrificado ante mi diosa del sexo, ví como su perfecto rostro, esa cara que a mi tanto me gustaba se me acercaba, pudiendo perderme en ella, volvía a sentirme nada. Y volvió, aun estando ambos sumidos en el mas puro instinto pude darme cuenta de que ella era así de salvaje, siempre quería comer por su cuenta, no esperaba, actuaba, quería predominar, y sus ganas de saciar su hambre se materializaron en aquel frenesí de su boca sobre mi cuello, fue una doble jugada, también quería seguir satisfaciendo su apetito mas intimo, con aquellas mega-caderas. Aquellas caderas del infierno que se contonearon haciendo de lo nuestro un contacto total, un acercamiento masivo que mezclaba nuestros sudores al fin, una forja de la locura. Mi emperador andaba feliz en el palacio que le había tocado, las cavidades que rozaba, aquella presión existente, el placer de sentirme dentro de aquella entrepierna de fuego, en colaboración con su paseo, de aquel paseo real, de la estela placentera que dejaba su boca por la parte alta de mi cuerpo, chupando, lamiendo, besando y devastando todo lo que se encontraba. Y aquel huracán entendido como aquella boca que escupía ambrosía y entonaba cantos dignos del cielo se detuvo cerca de mi oreja, con aquellos gemidos, era como escuchar al diablo quejarse, se excitaba, me excitaba. Hice lo mismo, gemí junto a su oído, fuertemente, que pudiese oírme hasta lo mas recóndito de su oscuro ser. Y mientras lo hacía, la máldita titiritera, bruja, hizo que me reincorporase lentamente, mientras lo hacía yo tomaba aire, como si acabase de salir del mismisimo infierno y pidiese oxígeno, como el bebé que aspira su primera bocanada de aire, la busqué, pero solo encontré aquella enfermiza atmosfera que ambos creabamos con nuestros jadeos. Me retroalimentó, no fue un descanso siquiera, el hecho de tenerla junto a mi seguía consumiendo mis energías. Sus manos bailando en mi espaldas casi me hicieron exclamar, pedir un basta, un paro, pero yo empezaba a adorar esas manos. Aquellas mismas manos que hicieron de mi caparazón, de mi sagrada y venerada piel un pequeño coladero del color rojo, si, esas mismas manos ahora intentaban sanar todo lo que hicieron, era como intentar arreglar los estropicios de un terremoto provocando otro. Cerré los ojos, disfrutando el tacto de su piel, de aquella capa, del disfraz externo del ser que mas deseaba en aquel momento, como extasiado, espasmódico.

Pero algo me volvió a hacer abrir los ojos, retomó el baile, aquellos movimientos lascivos, aquel acompasado ir y venir que a mi tanto me gustaba. Aquello que hacía que tanto a mi como a ella nos diesen estocadas en el pecho con cada penetración, aquello que nos hacía perros y sucios, y al mismo tiempo nos elevaba al séptimo cielo. Mis manos, bravas, se posaron sobre aquellas caderas sudorosas, agarrandolas con firmeza, buscando ser partícipe de su baile, de aquel movimiento sensual. No cabía en mi tanto gozo, y no había mejor manera de liberarlo que gemir, gemir libremente, finalmente lo hice, sin orgullo alguno, aquel rostro que ella acordonaba abrazando mi nuca se alzó buscando una mayor cercanía con el cielo y lo solté todo, en un sonido aquejado, una queja por querer desear más de aquello que disfrutaba, de aquella nueva sensación, quería beberme todo el pozo, a la mierda, el oasis iba a ser todo mío, nada de racionalizarlo. Excitado de nuevo, renovado como hace un segundo, y como el siguiente, mi sexo pareció hacerse mas grande por segundos, de nuevo, sintiendose mas agobiado pero mas a gusto dentro de la sabrosa vagina de la chica torpedo. El ritmo se fue acentuando, y sus sucias caderas, aquellas que sujetaba con posesividad bajaban y subían a placer, sin contar con mis manos, que las empujaban intentando de nuevo meterse en el baile. Me retorcí al sentirla alejarse, como se despegaba poco a poco, mi mirada imperativa quiso azotarla por hacer aquello, nadie le había ordenado aquel alejamiento, pero parecía exhausta, perdida, como yo. ¿Quería orientarse o que? Nadie había dicho que aquello fuese a ser un viaje guiado por nadie, al menos, hasta que me dí cuenta de que acababa de llevarme su virginidad, y ella la mía. Se apoyó en el suelo, de nuevo, en aquel maldito suelo que empezaba a arder, aquel suelo que se hacía roca volcánica, dura pero caliente. Su comentario despertó de nuevo el depredador en mi, ¿Me daba el relevo? No debía haber hecho eso, no debía haber despegado su cuerpo del mío, haberme provocado de nuevo, haberme... hecho taparla de nuevo con mi cuerpo. Pero a veces, alguien prefiere comer en condiciones, mientras me ponía sobre ella posicióne sus manos contra las mías, un contacto total, mi pene parecía entrar cada vez mas adentro, pero de repente salió, me eché hacia atras. No, no me rajé, quería llevarme la comida al nido, mientras mi emperador me maldecía por sacarlo de su apetitoso X. La cogí de las manos y la levanté, la dirigí hacia mi y acabamos poniendonos de pie, erguidos, ¿Que demoinos haces Shen? Nada, quería algo mas... cómodo para ambos. La obligué, casi tirandola a la cama, a ponerse en una posición que me favorecía, aunque, a ambos nos favorecía. Ver aquel cuerpo, aquel cuerpazo ahí me obligó a no perder mas tiempo, me recliné en la cama lentamente, reptando cual lagarto, mi rostro pasó por entre sus pies, llevándome aquel magnífico sabor de un lento y amplio lenguetazo a lo largo de aquel maligno eje, que ahora sabía diferente, mucho mejor, y dejaba mas sustancia en la boca. Me seguía resbalando a lo largo de su torso, bebí del mismo pozo otra vez, mi nariz pareció olfatear aquel ombligo como una presa indefensa pero apetecible, y me sumergí lentamente en su pecho mientras mi entrepierna se mantenía cerca de la suya y mis rodillas obligaban a aquellos ardientes y apetitosos muslos a levantarse por encima de estas. Mi vientre se apegó totalmente con el suyo, y mi rostro emergió hacia su barbilla, procuraba que mi emperador no se metiese aún, estaba ansioso, como un humano en el espacio, sin aire, se sentía fuera de casa. Mi dedo indice se deslizó por su pezón izquierdo, haciendo una pequeña vuelta alrededor de este, subiendo hasta su labio, tapándolo, deseaba que mi dedo se fundiese ahí. Caían gotas de mi sudor encima del suyo, ver como caía sobre su lubricado cuerpo hicieron que me replantease que bella era la lluvia comparado con aquello. Mi pelvis se fue apegando poco a poco con la suya, mientras mi mano izquierda soportaba casi todo mi peso, obligando a mi mano separarse de su boca, y hacer que mis brazos quedasen atenazandola, a ambos lados de su cara, se flexionaron un poco mientras la parte baja de mi cuerpo se iba apegando mas con la suya. Era raro aquel extraño baile silencioso, el preludio a otra barbarie. Finalmente me digné, entre pequeños jadeos a meter mi glande lentamente en su sexo de nuevo, y lo metí, lo metí y lo metí cada vez mas dentro mientras mis brazos se tensaban mas y mi rostro delataba el inmenso placer que sentía conforme se iba adentrando mas y mas, llegando a un punto que parecía que no iba a entrar mas lo forcé, a entrar mas, en aquel lento pero potente movimiento. Cuando ví que aquello iba a hacer que reventasemos lo llevé lentamente hacia atrás, sin despedirme de aquel palacio de paredes placenteras hice que mi sexo saliese del todo de ahí, nuevamente, quedando solo mi glande dentro. Flexionando mis brazos del todo, incliné mi rostro hacia el suyo, pegando mis labios con los suyos, en un beso improvisado, rozando aquellos carnosos labios dije lentamente, con un tono que ni yo supe identificar, algo que me hizo excitar a mi también:

Y ahora, en la misma pista de baile donde bailó una, que baile el otro.

Y se volvió a meter, quizá aquella penetración fue mas potente que la anterior, mas placentera. Pero solo fue la primera, fueron varias, largas, prolongadas, desde lo mas profundo hasta el límite del abismo, cada vez mas fuertes. Mi pelvis se movía al ritmo que solo ambos conocíamos, me encantaba bailar, y mi nuevo baile favorito se llamaba sexo. Mi pelvis se movía en pendulares movimientos, haciendo cada movimiento mas notable, obligándome a buscar de nuevo aquel placer, amplificarlo. Gemí de nuevo, abiertamente mientras inclinaba alzaba mi rostro y apretaba la fuerza que ejercían mis brazos sobre la cama. Aquella enorme cama que empezamos a usar con aquello. Observé a mi complice durante aquello, detenidamente, de nuevo, y aquello me hizo sonreir, mientras una gota caía de mi rostro al suyo, ver el rostro de Lucita volvió a estimularme. No sabía si era consciente de que me estaba tirando a la chica que me molaba, a mi primera chica, a aquel bombón endulzado con aquella salvaje esencia. Y aquello hizo que entrase en el modo salvaje de nuevo, arrojandome a dios sabe que fuerzas. Mis manos buscaron apoyarse en el cabecero de la cama, agarrandose a este con fuerza, mi espalda se estiró y mi torso cubrió como una sudorosa pero lejana lona el cuerpo de Lucita. Y aquel apoyo me sirvió para empezar literalmente a embestir con mas fuerza, haciendo de aquel baile una brutal danza tribal, mi pelvis decidió dejar las galanterías, el movimiento lento por una estampida que iba y venía, cada vez con mas fuerza. El nuevo carburante del futuro, poder en todo su esplendor. Me agarré con mas fuerza al cabecero, era estimulante aquella manera de penetrarla, de como me hacía gemir la sensación, los jadeos que entremezclabamos y como mi pene empezaba a arder dentro de su vagina. A la mierda todo, iba con la intención de romper la maldita cama, cuando parecía que iba a ralentizarlo solo era para coger mas fuerza, y con la fuerza la velocidad, el choque, el jodido choque. ¡Ese jodido choque era la reputa hostia! Me hice adicto a aquel choque y lo que conllevaba con aquello, cada vez que hacía boom se producían mil booms dentro de mí, y lo que se metía dentro de ella, ella que me hacía sentir tan bien... sin florituras, aquella vagina se sentía tan bien... Esa sensación que solo Lucita podía proporcionarme, ¿Como se sentía ella? ¿Le gustaba aquello? Se supone que era su primera vez, pero ya le había dado el primer break y no iba a haber mas. Habíamos abandonado la razón precisamente para disfrutar de aquello, para entregarnos a lo salvaje y disfrutar de aquellas embestidas que ahora parecían tener un ritmo fijo, pero potente. Emití unos cuantos sonidos guturales, los gemidos y los jadeos se peleaban entre sí, ninguno sabía cual salir primero, mi alma quería salir primero, ella lo llevaba pidiendo desde hace mucho, le mataba sentirse uno con Lucita. Dejé de observar a ninguna parte, con aquel ceño fruncido, producto de aquella brutal serie de movimientos que no dejaba de repetir, aquellos movimientos que me hacían... me hacían y dejaría que me hiciesen. Dirigí mi mirada a Lucita, la observaba desde arriba mientras mis sudorosas manos luchaban, agarradas a aquel cabecero.

Aun no me has contestado-Dije mientras mis pulmones me obligaban a interrumpir aquello. Tragué saliva al mismo tiempo que cogía aire, no podía perder tiempo, me sentía presionado a disfrutar todo lo que pudiese. A disfrutar aquellos segundos, los cuales contaba como pequeños orgasmos-¿Que se siente?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Miér Nov 27, 2013 3:09 pm

Spoiler:
Una de las cosas que más me gustaba de Shen, era que se saltaba cualquier tipo de acto cordial, era directo, no le gustaba perder el tiempo, como a mi, por eso me gustaba cabrearle poco a poco, porque respondía sin ningún miramiento, sin medias tintas, ante cualquier paréntesis. Aún disfrutaba de la calidez explosiva de su miembro cuando su torso me abrazó, obsequiándome con el vaporoso sudor de su cuerpo, me agarró de las manos y repentinamente se salió, "¿pero qué mierda...?" estuve a punto de decir, y probablemente aquello le hubiera complacido, pero por suerte él estaba desbocado, ni siquiera me dejó el tiempo necesario para refutar sus actos, porque tan pronto se despegó de mi, me hizo levantar de aquella lava sólida, del suelo. Me giró con violencia, me tiró literalmente a la cama, era la primera vez que me excitaba tanto que alguien se pasara de listo conmigo, supongo que Shen tenía el privilegio de atraerme mucho más que cualquier otra persona, y por eso le permitía lo que le permitía... seamos sinceros, seguía más salida que el pico de una plancha, y sus ademanes sólo incitaban a pensar que la fiesta estaba llegando al punto álgido, que él estaba en aquel preciso momento de borrachera máxima, perfecta, donde aún eres consciente mínimamente de tu alrededor pero el acohol fluctúa imbatible por las venas, era algo muy parecido, sólo había que cambiar el alcohol por el sexo. Se deslizó entre las sábanas dispuesto a atacar en cualquier momento, y yo observaba maravillada, desde el cabecero de la cama, cómo se movía sinuosamente. Repasó mi cuerpo, desde la punta de los pies, hasta mi pecho, haciendo un alto en mi ombligo, causando un terremoto de magnitud diez en mi vientre. Su sibilina mirada asomó a través de mi mentón, aquella mirada hechizante era el preludio de una nueva guerra, había aprendido a leer con rapidez sus expresiones, ahora Shen estaba tomando el testigo, y lo iba a descuartizar. Emití un gemido agudo pero suave cuando repasó con su índice mi pezón, me estaba matando, porque su pene estaba rozando mi clítoris, pero no entraba, y solo con tenerle ahí, amenazando, la desesperación me consumía, traté de hacerle ver lo que necesitaba, pero él siguió con aquella mirada aterradoramente impasible, no tenía derecho a quejarme, había cedido mi turno en aquel juicio para que el abogado del diablo ejerciera su mayor poder. Enterrada en su territorio, me sobresalté un poco cuando sus rodillas se apegaron más a mis muslos y estos se levantaron obligados a cederle más terreno, haciéndole más fácil su táctica perversa, me retorcía gimiendo, mi boca pedía a base de gemidos más, él lo sabía, el maldito desgraciado lo sabía, me había castigado haciendo aquel receso más largo de lo que esperaba. Se inclinó, quedando su rostro en las alturas, podría jurar que ahora sí creía en dios, ya que veía la magnificencia de aquel rostro acercarse en el cielo encapotado de aquella habitación, regalándome la lluvia divina proveniente de su cuerpo, dejé escapar un suspiro, dejando que mi mente se aletargara presa de aquel atractivo semblante. Y zas, el emperador se metió de nuevo, sor-pre-sa, lo hizo con lentitud, primero el glande, y después todo el cuerpo, lentamente, pero una vez ahí, afianzó la penetración apretando, magullando aquel placer que por momentos se volvía a elevar precipitadamente. Grité y arqueé mi espalda en respuesta a aquella puñalada trapera y él lo volvió a sacar, lentamente, dejando la punta como vigilante, sin contacto pero con un inmenso contacto a la vez, volviéndome loca. Se terminó de inclinar sobre mi, regalándome un beso improvisado que hizo que cada una de las neuronas de mi cabeza estallaran y se convirtieran en polvo, y con los labios a una milimétrica distancia me habló, con ese tono de voz ronco y sexy, podría jurar que mi adrenalina estaba al límite, que ni dando una vuelta en un Ferrari de Fórmula 1 podría elevarse más.

Y el verdadero bombardeo llegó tras el discurso, el bombardeo llegó cuando volvió a penetrar con fuerza e ímpetu y yo me retorcí, abriendo los ojos sorpresivamente, fijos en los suyos, y estallé con otra exclamación. ¿Para qué contenerse?. A la mierda todo, Shen me gustaba, probablemente fuera el único tío que me había atraído de verdad, y pensaba aprovechar aquellas circunstancias para disfrutar de su masculina sensualidad, aunque mi alma quedara desnuda frente a la suya, ¿qué más daba? a fin de cuentas, ambos nos habíamos decidido a vivir al cien por cien aquel desenfrenado momento. La metía, tomándose su tiempo, mientras yo ardía en aquel fuego condensado en mi entrepierna, y cuando estaba en lo más hondo volvía a afianzarse, sus estocadas eran perfectas, con cada una de ellas rasgaba mis entrañas y el placer se diluía como una gran herida interna. Los tensos músculos de sus brazos eran la prueba más fehaciente de todo el frenesí del que era partícipe y compartía conmigo, no se limitó, se dejó llevar, en su semblante reinaba un ceño fruncido, pero en sus garganta reinaba un coro de gemidos cada vez más acusados que me estaban poniendo a mil, iba a tener de nuevo un accidente, iba a saltarme el quitamiedos, me lo iba a llevar por delante y me iba a estampar contra el duro asfalto de aquel placentero movimiento, y cuando nuestras facciones nuevamente se encontraron, él se agarró con brusquedad del cabecero de la cama y danzó aún más salvaje, completamente ido, sus intensas bocanadas y aquel rostro que desprendía regocijo no pudieron más que llevarme al límite de la excitación, rozando el abismo, no entendía el porqué, tampoco me paré a pensarlo, pero verle de aquella guisa, completamente abandonado a sus instintos, completamente entregado a nosotros, hizo que una colisión astral dejara su huella dentro de todo mi ser, aún seguía incrédula ante aquella sensación, ante un éxtasis tan glamuroso formado únicamente por su satisfacción. Su gozo era el mío también. Las embestidas dejaron de conceder tiempo, de repente se volvió aún más brusco, se acercó aún más, y aquel movimiento pélvico irresistiblemente encantador se hizo más acusado, y más, y más, y mucho más, de repente la lentitud parecía una utopía, ahora la estaba metiendo hasta el fondo, sin exquisiteces, ahora la fuerza imperaba en sus movimientos acompañada por la velocidad, ahora su pene iba y venía dentro de mí como un meteorito a propulsión, cada vez que llegaba hasta el fondo emitía un grito, cualquiera pensaría que me estaban apaleando, y en cierto modo así era, era la jodida mejor paliza que me habían dado en la vida. De repente volvía a gritar, volvía a gritar con tal efusividad que de un momento a otro pensé que me quedaría ronca, era tal el placer otorgado por su agresividad que me estaba derrotando, ya no sabía cómo reaccionar, por lo que hundí mis manos en el mullido colchón, intentando desgarrar las sábanas o qué sé yo. Las embestidas eran cada vez más fuertes y más veloces, el ritmo aumentaba, tenía que seguirle el paso, mis caderas comenzaron a moverse de arriba a abajo, fortaleciendo el contacto, encumbrándolo a los cielos de aquel paraíso del cual Shen me había abierto las puertas. Me aferré con mis manos a sus muñecas, quise entremezclar mi propia tensión con la suya, sentir el ir y venir de sus desbocadas pulsaciones, casi suplicaba por aquel bestial movimiento, porque jamás parase, porque en el momento en el que finalizara me vería abocada al fin, y esa concepto ahora mismo no entraba dentro de mis planes. Notaba cómo cada vez su portentoso mandoble se crecía dentro de mí, se creía definitivamente el rey que ha conquistado el reino, y el reino seguía aclamándolo a través de mis gritos desenfrenados, aquellos gritos que se entremezclaban con el sensual sonido que emanaba de sus fauces, llevándome de nuevo al manicomio. Su movimiento, su cuerpo, me estimulaban a tal grado que mis sonoros quejidos evocaban más bien la inmensa necesidad que crecía por momentos, cuanto más me daba, más quería de él, cuanta más fuerza le propinaba a sus embestidas, más se movían mis caderas buscando más roce, me había sumido en un avasallamiento del cual no pretendía salir bajo ningún concepto, quería, literalmente, fundirme bajo el escultórico cuerpo de aquel diablo. Entonces, nuevamente, habló entre jadeos, procurando aspirar todo el aire que sus pulmones eran capaces de atrapar, volvió a realizar aquella pregunta que yo traté de evadir en un principio, porque esa pregunta para mi implicaba muchas cosas, cosas que no quería que él supiera, no tenía el derecho, y sin embargo le respondí, porque mi cabeza aún estaba deleitándose de la ambrosía surgida de sus movimientos.

Fuego — respondí entrecortadamente mientras deslizaba mis manos a través de cada uno de sus brazos, hasta anclarlos, nuevamente, alrededor de su cuello — es como si me hubieras metido un lanzallamas ahí abajo... y la llamarada se expandiera por todo el cuerpo, me encanta — sonreí mordiéndome el labio inferior y dedicándole una mirada llena de pasión.

El huracán de desenfreno que nos había arrasado me llevó a hacer gala de mis dotes más elásticas (?). Doblé mi pierna derecha, empujando su torso con mi rodilla un poco hacia detrás al interponerla entre nuestros cuerpos, y deslicé mi pierna hasta abrazar con la articulación su brazo izquierdo, creando un sistema de anclaje y desestabilizando su agarre del cabecero, su mano fue a parar al colchón. Acto seguido hice lo mismo con la otra pierna, y él quedó aún más junto a mi, su cuerpo quedó más apegado al mío y nuestras respiraciones se acompasaron al son de aquella escasa distancia.

Cuidado diablo, te estás tirando a la hermana mala de Boomer — bromeé ladeando mi sonrisa.

Mis muslos estaban en tensión, los brazos de Shen estaban en tensión al soportar aquel agarre. Todo estaba en una jodida tensión extrema, y eso hacía que me pusiera aún más, ¿tenía límite aquel paraíso de placer? ¿Tenía límite mi flexibilidad? (?) No lo creo. Volví a danzar bajo su cuerpo, propinándole una serie de empujones a su vientre con el mío, simulando una pelea en el punto álgido, y cada vez que propiciaba que su miembro se internara más en mi vagina, mis labios rozaban los suyos debido a la escasez de distancia, los jadeos volvieron a agilizarse en conjunto al movimiento, haciendo que nuestros alientos simularan una unión cada vez que hacía que me penetrara de nuevo y deshaciendo aquel aparente enlace cada vez que daba marcha atrás para internarse nuevamente, aquella nueva danza hacía que me cansara más, que jadeara más, que gritara más, pero tan solo con ver su renovada expresión sentía que aquello merecía la pena, que el nuevo baile me llevaba al cuarto limbo, que volvía a estar en la cuerda floja, pasión extrema. Mis brazos le obligaron a terminar de descender ante mí, haciendo que nuestros labios entrechocaran con brutalidad en un morreo sucio, lleno de lascivia. A la vez que hacía a mi vagina danzar con brutalidad alrededor de su pene, mi lengua devoraba con ansias cada uno de los recovecos de su boca, la segunda pieza del puzzle encajaba tan bien como la primera, yo me amoldaba a él y él se amoldaba a mí a la perfección, y la unión era cada vez mayor, tal y como lo había estado pidiendo mi cuerpo desde los inicios. Sus labios incandescentes eran la mayor delicia que había probado hasta el momento, fuego puro, rabia pura, como todo él, mis gemidos se colaban en la profanación de aquella boca maldita, querían salir libres, pero mis labios se negaban a deshacerse de los suyos, ya habíamos tenido tiempo de coger aire antes, ahora sólo quedaba consumirlo hasta el final. Mis manos fueron desde su nuca hasta su trasero, a aquellas nalgas tensas, y lo atraparon. Mi instinto de mandataria construyó su propia fábrica de ideas que se manifestaron a través de mi forzado movimiento, obligándole a penetrar con más énfasis aún, a molerme a palos. Si él creía que había sido suficiente es que no sabía a quién se estaba enfrentando, ¿o tal vez fuera solo el precalentamiento?. Quién sabe, pero yo ya simplemente me limitaba a ser guiada por mi propio instinto, y mi propio instinto me decía que quería aún más, que quería escuchar de nuevo aquellos jadeos llenos de rabia, y que aquella rabia se volviera a propulsar en forma de embestidas poderosas y temibles. El sudor de nuestros cuerpos era ya uno solo, y la manera en la que nos movíamos de nueva era la locura más pura que hubiera probado en toda mi vida. Su miembro seguía tan erecto y fortalecido que mis defensas comenzaban a mermar, el baile era tan asombroso que de nuevo el calor se apoderaba de mi, de nuevo se me nublaba la vista y comenzaba a llegar al nirvana. Tuve que deshacer aquel terrible beso para gritar con fuerza, para dejar que un nuevo orgasmo invadiera mi cuerpo y martilleara a mi mente, para que el temblor se acumulara con indecencia y me provocara tal espasmo que hizo que la resonancia se traspasara a su cuerpo. Mi agarre en su trasero se aflojó un poco, mi clítoris aún expulsaba el eco del placer, como una campana que tiembla incesante tras el tañido, era tal la explosión de placer que mi cuerpo se sentía vulnerable. Debí de gritar otro par de veces más, no lo sé, no estoy segura, porque mi mente era aún presa de aquel interminable regocijo, tal vez necesitara otro tiempo muerto para recomponerme, pero sabía que él no me lo iba a dar, él no estaba en condiciones de esperarme, me había tomado de la mano y se había echado a correr como poseso en aquella carrera hacia el placer más absoluto, y en realidad, me gustaba demasiado aquel talante indómito.

Y tú... — dije con la voz temblorosa, con los iris de mis ojos encapotados — ¿qué sientes tú? — pregunté tratando de mirarle a los ojos con firmeza, pero aquella expansión de placer me había dejado derrotada, ahora sólo podía seguir observando aquellos apetitosos labios.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Jue Nov 28, 2013 9:25 pm

Spoiler:
A quemarropa, ratatatatatata, ¿Cierto que así suenan las ametralladoras? Pues así quería sonar yo. Estaba extasiado, en un frenesí lleno de placer, una marea de tsunami que me golpeaba cada vez que la penetraba. Un ir y venir que me mataba por dentro y por fuera, y que irónicamente me hacía sentir cada vez mas vivo, que hacía que desease aquel momento con mas locura, aferrarme a aquella realidad donde solo Lucita y yo existiamos. Solamente pensar que estaba poseyendo a aquella diosa bajo mi cuerpo, el hecho de que podía hacerla mas mía aún, aquello no hacía mas que excitarme aún, haciendome que la embistiese aún con mas fuerza. Sin piedad alguna, sin pausa alguna, sin necesidad de pararme a reflexionar sobre aquello, solo sabía que debía disfrutar del momento, vivirlo, y sin duda, disfrutar de Lucita.

Mi movimiento se iba acentuando cada vez mas, nuevamente, como una onda expansiva que no veía el fin. Ella era mi carburante, y cada vez que me sentía dentro de ella algo me impulsaba a volver a penetrarla con mas fuerza, yo ya no era dueño de mis movimientos. Yo ya era un animal, un animal que jadeaba como una jauría de perros de caza, un animal con la fuerza de diez embestidas de rinoceronte, un animal mas impuro que un carnero negro. Pero me encantaba, esa sensación desenfrenada, de descontrol, de animal. Notaba con cada penetración, como su placentero sexo parecía moldearse a merced del mío, como una contracción de paredes que me hacía pensar si por ahí se podía entrar al cielo. El movimiento involuntario de Lucita, aquel baile que hacía sin querer, con aquel canto aquejado, aquel sonido junto con aquel movimiento me obligaban a continuar con aquello, a seguir, era un estimulo mas, una necesidad mas, parecía mi fuente de energía, lo que alimentaba a la locomotora en dirección al placer extremo. Pero tuve que valerme un poco de mis propios pulmones para poder seguir con aquello, con aquella gala de fuerza que nos llevaba a un placer mayor y  mayor por segundo. En cualquier momento parecía que iba a partir en dos el cabecero de la cama, con cada penetración, cada vez que me sentía mas dentro de Lucita, dentro de aquel cuerpo que me llamaba aún estando dentro, cada vez que mi pene se metía mas y mas yo parecía impacientarme mas, como un niño goloso que solo quiere alimentarse a base de aquel dulce paradisiaco. El roce con su cuerpo, la fricción parecía que iba a crear la electricidad que nos iba a hacer relampagueantes. Y el choque con su cuerpo, el choque creaba el calor y la potencia que parecía que nos iba a hacer volátiles. Y su mirada, su mirada indescriptible, aquella a la que observe con posesividad cuando sentía sus manos reptar entre mis brazos para terminar en mi nuca. Y entonces ella respondió, ya no esperaba el silencio por su parte, aparte de aquellos excitantes jadeos que me noqueaban una y otra vez, si que esperaba su respuesta, porque cada segundo que pasaba me hacía sentirme mas afín con la del cabello de fuego. Y su respuesta me complació, como si fuese música para mis oídos, e hizo que quisiese comermela de otra manera, de embestirla con mas fuerza. Y aquella mirada acompañada de sus afilados dientes mordiendo los labios mas deliciosos de la tierra... aquella expresión viciosa que solo evocaba mi incesante necesidad de seguir con aquel baile que nos complacía a ambos por igual, cada vez más, y más.
Y el movimiento se hizo mas latente, aun más, mientras sonreí picaramente ante su astucia, su flexibilidad, aquel ingenio y picardía de Lucita. Aquello lo hizo algo nuevo, mas aún, mas renovado, más... digno de nosotros. Solté una carcajada que se difuminó entre mis alocados jadeos, casi imperceptible, pero que quedó reflejada como un eco en la sonrisa que seguía enmarcada en mi rostro, pero que se veía obligada a verse dispersada por la incesante necesidad mía de jadear y coger mas de aquella atmosfera enfermiza, aquella donde mi respiración se juntaba mas con la de Lucita, donde nuestros alientos parecían chocar nada más salir de nuestras bocas, creando una nube negra que terminaba en tormenta. No sabía como había maniobrado todo, solo sabía que tenía que seguir proporcionandonos aquel placer, aquel que solo se producía cada vez que se ensartaba mi pene dentro de ella. Y fue como hacer chocar dos planetas, el nuevo roce con su cuerpo, seguido con su voracidad que invitó de nuevo a mi boca al baile mas prohibido de la noche. Mi boca con la suya, mi pene con su vagina, ¿Acaso había algo mas perfecto? Cada cosa en su lugar, como dios manda. Nuestras bocas parecían estar hechas la una para la otra, ahí repuse mis energías, con su delicioso sabor, con aquella bebida energetica que podía reponerme diez mil veces con solo un trago. Y su vagina, que también parecía haber sido creada sola y exclusivamente para mi sexo, el cual también pensaba lo mismo, era una sensación que empezaba en una parte del cuerpo, mi sexo, y se extendía hasta toda pequeña partícula que me componía. Como una red de placer. Empecé a hundirme en aquel pantano que era su boca, cuando sentí que mi duro pene provocaba algo en ella, una nueva sensación que la hacía retorcerse del placer y deshacer el beso para gemir, gemir como una profesional. Y mientras la escuchaba no me paré a preguntarle de nuevo, sentirla retorcerse, jadear y gemir me complacía mucho, muchísimo, me ponía mas cachondo aún saber que la hacía sentir así de bien y simplemente eovcaba en mi el sentimiento de ir a por más. Seguí con aquello, mientras me costaba mas y mas respirar, era como bucear por primera vez lanzandome al mas profundo oceano sin saber lo que me esperaba. Escuché su pregunta, y mi mirada se dirigió hacia ella mientras seguía como un insaciable semental, ensartandola una y otra vez mientras algo recorría mi cuerpo haciendo que me costase mantenerme en aquel mundo. Pero por el contrario, mi mirada se fijó en ella, como un par de cañones dispuestos a bombardear aquella sumisa mirada, que solamente me provocaba. Decidí no responderle, aún no, al igual que había hecho ella. Sentía que el volcán que había dentro de mí iba a entrar en erupción, y se notó en la fuerza que ejercía. Arqueé la espalda hacia dentro, con mas fuerza, insistía, quería ser el principal exportador de placer de Lucita, quería hacerla subir a lo mas alto para que los dos cayesemos y nos diesemos de bruces contra el mundo. Su vagina se sentía genial, bien, mas que apetecible. Y fue con la mirada que le lancé cuando de alguna manera pude avisarle de lo que iba a pasar. Mi impetú se multiplicó, estaba dispuesto, estaba al máximo de aquello, estaba con la piel cayéndoseme por el placer, quemándome por fuera y por dentro. Y fue con tres últimas embestidas, conectadas por un gémido que emití mientras arqueaba mi espalda hacia fuera. Yo, acababa de venirme, pero de alguna manera u otra, como si desde lo mas profundo de mi, alguien me hubiese coordinado, saqué mi pene en el momento justo en el que eyaculaba. Y observé como aquel preservativo, estaba... rasgado, ya sabía yo que era mucha presión para mi emperador, parecía que aquellos ropajes no habían podido soportarlo a el y a la ardiente vagina de Lucita. Pero no reparé mucho en ello, yo estaba extasiado, con la mirada perdida. Mi esperma goteaba encima del púbis de ella, resbalando hacia la zona conflictiva, goteando de aquel rasgado preservativo. Pero no me importaba, como si caía a cascadas. No puedo expresar lo que sentí, la primera vez que me corría con alguien como motivo, aquella sensación llamada sexo, aquello... simplemente se podía definir como eso, sexo con una diosa.

¿Que que siento?-Dije mientras mi perdida mirada se dirigía, empañada de placer hacia la suya, y mi pecho se henchía buscando una bocanada de aire-Siento que Dios me ha pegado una patada en el culo, tan fuerte que me ha mandado a un rincón tan lejano, recorriendo todo el jodido universo, a un rincón donde encontré al diablo, que resultó ser una mujer. Salí de mi propio Paraíso para entrar al Infierno... y lo que yo siento, es que tú... acabas de hacer que beba fuego.

Fue lo que dije. Con una voz llena de masculinidad, plagada de sincera hombría, con aquel tono algo tosco y resentido que me caracterizaba, pero sincero. Y no me arrepentí de decirlo, nunca me había expresado de aquella manera, quizá... no, sí que lo hice, ese era yo, en mi mas pura forma. La tensión de mis brazos se fue disipando, cuando me inclinaba para sentarme sobre mis muslos, lentamente, acababa de tragarme una estrella, ¿Como demonios iba a sentirme? Quizá algo mareado, no se, no distinguía entre el espacio y el tiempo, solo sabía que Lucita era mi medida de tiempo y todo lo que se extendía a mi alrededor era Lucita. Pero al ser un sexo salvaje, un sexo entregado al instinto, un sexo cegador no me quedé a deleitarme con aquella nueva sensación, sabía que aquello... solo acababa de empezar. Lo primero que hice fue quitarme aquel preservativo mal puesto, maldito plastico manchado de rojo. Mi pene parecía perder fuerza por momentos, pero yo sabía que todo mi ser trabajaba en que volviese a estar disponible, pero hasta los campeones se cansan, para dar despues un espectáculo de los buenos. Y entonces ví su sudoroso cuerpo de nuevo, brillante, cegador, empapado con el sudor mas impuro y delicioso. Mientras respiraba con mas fuerza, recobrando aquel peculiar movimiento de pecho volví a recuperar mi picardía, por unos segundos. Posicioné mis manos en sus muslos, masajeandolos un poco con el roce mientras inclinaba mi rostro hacia el pozo. Y limpiaba los alrededores, de todo aquel sudor y todo el esperma que se había escapado encima de su perfecto cuerpo, dejándolo todo limpito y dándome el capricho de lamer su sexo de arriba a abajo y de derecha a izquierda. Pero mientras lamía iba acumulando más y más saliva, nadie sabía lo que pasaba por mi cabeza. Toda aquella saliva, mezclada con su sudor, el jugo de su fruta prohibida y el esperma que limpié... todo lo llevé hacia su boca, de la mía a la suya, lo compartí con ella. Nuestra lasciva receta que deposité en su boca violentamente, en un beso que parecía indicarle que aunque acababa de correrme seguía mas vivo aún. Aquel beso desenfrenado que me hizo agarrarla por los lados con posesividad, con fuerza, casi abrazandola mientras mi lengua volvía a asaltar la boca ajena y mis labios no se cortaban un pelo a la hora de frotarse contra los suyos. Y tragué, el producto de aquel beso, y me lo volví a tragar para volver a por más. Ladée completamente mi rostro, el fuego seguía latente en mi cuerpo. Todo aquello eran sensaciones nuevas, me sentía un explorador de lo oculto, pero no iba a ir lento, iba a explorar aquella jungla con machete en mano y con total libertad. El roce con su cuerpo, el baile de mis manos sobre su embadurnada piel, la degustación de su sucia boca... todo parecía una coreografía previamente ensayada. Cada segundo, cada décima, cada milésima me sentía nacer nuevamente bajo el seno de mi diosa del sexo. La abracé con mas fuerza y me entregué, voluntariamente a la locura. Pero cogido de la mano de Lucita, yo quería perderme, pero solo con ella. Intercalé un par de besos con efusividad, un par de rapidos 'picos' para separarme mi rostro un poco de ella y anclar mi vista sobre la suya, ya era un puzzle, mi mirada y la suya ya establecieron la conexión previamente y la mezcla de ambos pares de esmeraldas era un amistoso cruce de viperinos rayos. Me deslicé poco a poco por su cuerpo hasta dejar mi rostro encima de su pecho, para coger algo de aire, sin soltar el abrazo que la mantenía conmigo. Simplemente apoyé mi cabeza entre sus pechos, aquellos con los que aún quería jugar, mientras escuchaba su respiración, la cual era un reflejo de la mía.

Piénsalo. Tu, yo y las horas que nos quedan por delante.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Sáb Nov 30, 2013 12:25 am

Spoiler:
No cerré los ojos ni por un segundo, estaba completamente extasiada al ver aquella expresión que me lanzó, aquel cúmulo de centelleos en sus iris que sólo podían significar una cosa, bomba va. Esgrimió el último gemido del momento, la última escena de aquel acto daba su final y su tono varonil se alzó sobre mis oídos de una forma tan sensual qué únicamente pude aferrar con más fuerza su cuerpo cuando él terminó por correrse. Ni un segundo, ni uno solo me perdí de ver aquella expresión en su rostro, de verle experimentar aquella sensación idílica de placer, quería metérmela en la cabeza para siempre, y dejar que mis oídos se masturbaran con la algarabía salida de sus cuerdas vocales. Sacó el mandoble antes de eyacular, y suerte que lo hizo, porque sino quién sabe si dentro de nueve meses estaría pariendo a los vástagos del diablo, el condón estaba destrozado, no pude evitar esbozar una sonrisa, Shen tenía esa manía de destruirlo todo, consciente o inconscientemente. Su semen goteando en mi pubis... menuda escena, definitivamente éramos dos sujetos dignos del National Geographic. Me gustaba sentir la calidez de sus fluídos sobre mi cuerpo, me hacía creer que de cierta manera estaba más unida a él, aunque quién sabe si se lo habría hecho a toda fémina con la que congeniara, mi ceño se frunció sin yo quererlo, prefería no pensar en esas cosas. Por suerte sus palabras me distrajeron de mis pensamientos, y la sonrisa volvió a asomar a mi rostro cuando me dijo lo que me dijo. Supongo que en cierto modo me reconfortó que sintiera lo mismo que yo, que se viera igual de invadido por las llamas del infierno, no podía mentir, no cuando su tono varonil surgía espontáneamente y su mirada perdida vagaba en mi búsqueda, al igual que me había ocurrido a mí minutos antes. Noté cómo la tensión se desvanecía, cómo él se relajaba y se daba un espacio para asimilar el paraíso que se había tragado de repente, se sentó y se quitó el magullado látex de encima, despreciándolo, pobre Jean, si él supiera lo que Shen portaba... se sentiría probablemente muy desdichado. Me le quedé mirando aún maravillada, maravillada porque en realidad creía haber descubierto a una máquina sexual, incansable, irrefrenable y lo más importante, duradero, me reí para mis adentros, me había tocado la lotería, y pensé en lo agradable de haberme estrenado con aquel semental, y de haberlo hecho de una forma natural, tan natural que hasta daba miedo. Entonces le volví a ver los cuernos al diablo, fue como si de repente a Shen se le encendieran los iris, símbolo de una nueva travesura, una idea malvada con la que divertirse, y cual fue mi gozo cuando deslizó las yemas de sus dedos a lo largo de mis muslos, acariciándolos y volviendo a castigarme con aquella corriente eléctrica y repasó con su lengua mi sexo, de arriba a abajo, de derecha a izquierda, emití un leve temblor, aún estaba muy sensible por ahí abajo, mucho. Quise gemir, o eso era lo que me pedía el instinto, pero únicamente salió de mis labios el ligero eco de un suspiro placentero, de un estado de armonía y felicidad impropios de mi persona. Él se deslizó hasta mi boca, y me depositó mediante un ardiente beso todo aquello que había recogido en su elaborada limpieza, la mezcla de lo mío más lo suyo, el producto de nuestra pasión materializado, y yo le correspondí deseosa de compartir lo nuestro con sus labios y su lengua, y lo tragué de buena gana sintiendo que aún creyendo que el placer era insuperable, él hacía magia con un leve movimiento y ponía su pedestal aún más alto. Ahí, con aquel beso desenfrenado, ahí, atrapada en aquel posesivo abrazo sentí por una milésima de segundo que había encontrado un lugar en el mundo al que querría volver una y otra vez, y me asustaba pero a la vez me reconfortaba, qué irónico. Apretó aún más el abrazo, y con gusto le hubiera dejado abrazarme con más fuerza, me gustaba ver al Shen oculto, al Shen que había salido a relucir tras aquella pelea de titanes, me gustaba perderme en la posesividad de aquel hombre, otra ironía más de la que me hacía partícipe, porque yo siempre he sido libre, sin embargo, verme atrapada en aquella figura me extasiaba. Dos fugaces besos y se apoyó sobre mis pechos, descansando su cuerpo y su mente, he de suponer. Jugué con su alborotado cabello, dejando paso a la calma, y él volvió a hablar.

Sonreí ante su propuesta, parecía proponerme algo, querer negociar conmigo cuando no existía la negociación. Simplemente aspiré y expiré hondo, dejándome arrastrar por los resquicios de aquel extenuante ambiente, sin decir nada. Me limité a pasear mis manos, acariciando desde su cabello hasta sus hombros, queriendo relajarle en cierto modo, aunque sabía que Shen no es muy dado al relax. Terminé el improvisado masaje depositando mis manos en sendos lados de su cuello, alzando su mentón con mis pulgares para conectar sus ojos con los míos, me dejé hipnotizar por aquella mirada reptiliana, llena de sagacidad. Paseé mi pulgar por su labio inferior, moldeándolo imaginariamente.

No hay nada que pensar, porque los dos ya estamos de acuerdo en aprovechar el tiempo — sonreí para avanzar de nuevo a su mandíbula y darle un beso en la comisura de sus labios, un beso que se fue trasladando paulatinamente al eje centrar de aquella fábrica de frases ingeniosas. Abrí sus labios con el movimiento de los míos, proporcionándole un beso tal vez más pausado, pero no por ello menos apasionado. Después de aquella batalla tocaba descansar. ¿Descansar?. No, tocaba provocar de nuevo, pero esta vez las cosas debían hacerse con más cuidado, era inmensamente sencillo y placentero provocar a Shen, pero ambos estábamos en un estado post-apocalíptico, así que tendríamos que restaurar el mundo poco a poco, y el comienzo, de nuevo, era aquel intercambio de saliva. Me alcé un poco sobre él, dejando que mi larga melena se esparciera heterogénea por su costado y su espalda, y nuevamente me propuse ser su guía turística en aquel jardín de ensueño, de éxtasis sexual. Los dos fuimos incorporándonos poco a poco, era increíble sentir cómo nos sincronizábamos cada vez mejor, no necesitábamos hablar, nuestros cuerpos se estimulaban a tal punto que nuestras mentes simplemente se dedicaban a observar aquel espectáculo. Con él aún abrazándome, me deslicé con intenciones de salir del nido, mi mirada se lo dijo todo, mi mirada le pedía que no deshiciera aquel contacto, que viniera a donde yo fuera, que no se despegara de mi, el tiempo es oro, y no quería perder un solo segundo sin estar pegada a su magnífica silueta. Así que salimos de la cama, y ya de pie simplemente volvimos a bailar a nuestra manera, nuestros pasos se deslizaron con cautela a través de aquella habitación, yo guiaba el ritmo y él simplemente me seguía el compás, sus brazos aferrados a mi cintura desnuda, los míos aferrados a su cuello. Cada vez que yo daba un paso hacia detrás, él daba el mismo paso hacia delante, el movimiento de nuestras bocas que volvían a fundirse en otro morreo marcaba el ritmo, nuestros cuerpos simplemente se contoneaban con parsimonía llevados por un calmo deleite, por un nuevo calentamiento antes de la carrera. Entramos en el baño, y, sin despegarme de él por completo, entré en la ducha, haciendo encendiendo el grifo para que escupiera mil y un chorros de agua. Cuando el vapor del agua caliente comenzó a condensarse entré, dejando que el líquido me empapara entera, de la cabeza a los pies, y atraje con suavidad a mi camarada para que hiciera lo mismo.

No existe nada con lo que podamos limpiarnos verdaderamente — le susurré — pero quiero experimentar contigo el punto de ebullición — finalicé mientras tomaba un poco de gel y lo depositaba en mis manos.

Le miré de arriba a abajo, sin ningún tipo de vergüenza, aquello había dejado de ser importante, en realidad nunca había importado. Embadurné sus hombros y su pecho de jabón, y lo esparcí con mis palmas a través del resto de su cuerpo. Decidí deleitarme mientras tocaba y veía al milímetro cada parte de su cuerpo, de aquel cúmulo de células que me habían llevado al séptimo cielo, de aquel cuerpo ahora completamente mojado... Mis hormonas comenzaban a revolucionarse de nuevo. Acaricié sus hombros, sus brazos y su torso, y le di media vuelta para poder seguir con el rito de relajación a través de aquella espalda magullada, era una puta bestia, ¿cómo podía haberle hecho tantos arañazos? Deposité un beso, como si quisiera pedirle perdón, aunque en realidad lo único que quería hacer era sellar aquella firma sobre él, dándome el placer personal de tomarlo como si fuera mío. Seguí bañando a aquella ancha espalda en gel, dejando que el agua siguiera empapándonos a los dos de calor, dejando que el vaho que se había extendido fuera la nueva y visible atmósfera de nuestras experiencias. Y entonces avancé hasta su trasero, siguiendo con mi ritual, y de ahí bajé a sus fortalecidos muslos, acariciando por detrás y por delante, queriendo otorgarle aquella experiencia de relajación, de súmmum y éxtasis. Terminé por deslizarme hasta sus pantorrillas, y cuando hube terminado de enjabonarle por completo ascendí de nuevo, y estando a sus espaldas le abracé posesivamente por la cintura mientras ladeaba mi rostro y lo apoyaba en su espalda. Cualquiera pensaría que mis actos solo querían degustar el placer tras el sexo, pero yo era una despiadada inconformista, había decidido hacerlo todo con calma, pero la trampa había estado ahí, latente, esperando a llevarse a cabo. Mi abrazo se desvaneció un poco y mis manos fueron a parar a sus ingles, acariciando peligrosamente la zona de conflicto, y como quien no quiere la cosa, como si fuera un pequeño desliz sin ninguna mala intención, volví a acariciar con mucha suavidad aquel miembro, se me escapó una risita traviesa.

Esto también tendrá que ser limpiado, ¿no? — pregunté con fingida inocencia, como si no me hubiera dado cuenta. Pero él sabía que de inocente no tenía nada, que simplemente le había arrastrado con gracia a un nuevo juego, a uno del que nunca nos cansábamos.

Le rodeé con precaución, haciendo que mis manos volvieran a bailar alrededor de aquella sensual cintura, y me coloqué frente a él, esta vez pegando mi cuerpo mojado a su cuerpo mojado, el agua se acumulaba disimuladamente en la unió de su torso con mis pechos, yo simplemente volví a besar aquellos pectorales firmes, aquellos pectorales por los que resbalaban infinitas cascadas de agua, ver a Shen completamente mojado y desnudo hacía que mis instintos despertaran poco a poco, que volvieran a maquinar una nueva estratagema para llevarse aquel cuerpo al abismo del placer.

¿Por qué será que nunca me canso de ti? — pregunté divertida, mientras finalizaba mi pregunta enterrando mis labios, nuevamente, en aquel escudo de músculos.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Sáb Nov 30, 2013 5:00 pm

Spoiler:
No importaba cuantas veces ocurriese. Cada vez que besaba a Lucita sentía como si fuese la primera vez, dejaba que me invadiese aquella sensación, abordándome nuevamente como si fuese un navío desconocido cuando ya lo había frecuentado muchas veces. Mi boca con la suya, bonita unión, perfecta unión. Y el roce con su cuerpo no se escapaba a la sensación de novedad, provocaba chispas a lo largo de toda mi tersa piel, sudorosa y preparada para aquellas sacudidas que se repetían una y otra vez, sin fín. Sentir el tacto de su cabello de nuevo, aquel pelo ardiente que fue lo que primero que me llamó la atencion de ella, el pelo de aquel ángel que horas antes bailaba en los callejones de la parte mas sucia de la ciudad, aquel pelo que parecía puríficar todo lo que se atrevía a mantenerse cerca. Y perdido en aquel mar de descripciones perfectas, de aquel inmenso sabor, hipnótizado por sus labios carnosos me levanté lentamente. Entendía lo que pasaba, pero no lo comprendía, ambos parecíamos títeres, simples muñecos en manos de una pasión que no lograbamos entender y que nos movía a placer, y ambos aceptabamos como el método mas viable. Y de nuevo aquel baile, aquella sensación de estar bajo el control de una fuerza sobrenatural. Nos fuimos reincorporando, poniendonos de pie, inconscientemente pero con todas las ganas del mundo, sin deshacer aquel nudo llamado beso, aquello que nos mantenía, con aquel candado, aquellas manos traviesas que rodeaban mi cuello, y las mías picaras que la abrazaban contra mí como si fuese vital su contacto físico. Era un baile sin coreografía previa, una danza improvisada perfectamente ejecutada, paso suyo, paso mío, beso suyo, dos míos, tres suyos, roce suyo, agarre mío. No me quería despegar de ella, no sabía a donde iba, pero si sabía donde quería quedarme, junto al cuerpo de Lucita. Y fue por culpa de aquello que terminé en la ducha, junto a ella. Ella también parecía sentir aquel contacto, aquella mortal cercanía como algo irónicamente vital. Parpadeé, parecía que el mundo me daba una bofetada varias veces seguidas para orientarme. Ah si, la ducha. Ella entró primero, y yo deseé ser el agua que caía sobre aquel titánico cuerpo. Yo deseaba ser cada una de aquellas gotas que bordeaban, resbalaban y morían a sus pies. Tuve envidia de ese agua, aquel maldito agua que la tocaba sin permiso alguno. Parecía que su ardiente pelo iba a apagarse con el contacto del agua, pero no, aún seguia ahí. Tan puro como el fuego que era. Y como un perro con correa entré, invitado por ella, a aquel nuevo escenario de nuestra locura. Entré con gracia mientras dejaba que el agua me sobase a mi tambien, me empapase mientras soltaba un par de pequeñas risas por el comentario de la diablesa. ¿Realmente era así? ¿Tan sucios estabamos?

Experimenta, tu experimenta

Dije con picardía, y me dejé mimar. ¿Si? Si, mimar. Notaba como las suaves manos de Lucita, embadurnadas en aquel gel recorrían cada uno de aquellos músculos que parecían gustarle. Aquellos que parecían tensos cuando realmente estaban relajados por culpa de la electro-terapia de Lucita. Me dejé manipular, muy a gusto, sintiendo el placer de experimentar con las manos de la diablesa. Notar como dejaba la marca ardiente de sus labios entre aquellos boquetes que había abierto en mi armadura, como se quedaban eternamente sus labios en mi espalda. No se podía expresar, solamente cerré los ojos y sentí como sus manos bajaban a lo largo de mi espalda, haciendo magia. Pasando por mi trasero, ella también parecía tener un fetiche con el mío. Y de ahí a la parte inferior, sintiendo como el contacto de Lucita era lo único que importaba. El agua estaba templada, pero ella hacía de ello un agua ardiente. Y ardiente fue, cuando la sentí subir, de nuevo, para finalizar aquella extraña pero placentera limpieza en una  especie de abrazo que rodeó mi cuerpo desde atrás, para poder sentir su rostro, aquel hermoso rostro contra aquella espalda convertida en campo de batalla, parecía sanar todas las heridas y al mismo tiempo reabrirlas con toda la crueldad del mundo. Fue mágico, no se, no acostumbraba a imaginarme aquel tipo de cosas, ni a pensar en los abrazos como algo... excitante, pero aquel, desde luego, fue un abrazo que mas que mantenerme junto a ella me hizo fundirme con ella. Me hizo reflexionar bajo aquella lluvia artificial. Bajo la cual volvió a dejar notable su picardía, al resbalar aquel abrazo y transformarlo en un lascivo movimiento en mis ingles. No, no y no. ¿Que había sido de mi emperador? Después de aquel extasis, el tipo andaba semi-erecto, semi-preparado, a mitad de camino de nuevo, como si quisiese repetir la fiesta. Y fue el contacto de las manos de Lucita, y ese obsceno comentario lo que hizo que se espabilase de nuevo, quizá no del todo, pero le dió como el rayo de sol que molestaba cada mañana, al despertar. Me había encantado el tono de falsa inocencia que usó conmigo, me mataba escucharla, y moriría mil veces solo con la misma palabra repetida una y otra vez.
Y con su ya sonado baile, el baile del año, aquel moverse felino, se volvió a poner frente a mí. Y mientras ella  se apegaba a mi y se volvía a apoderar de mi cintura, decidí tomarme mi turno. Mis manos, empezaron en un suave masajeo de sus hombros, pero leve, que acabó imitando a las gotas, acompañandolas a lo largo de su espalda, permitiendome rozar sus costados mientras mis manos bajaban en dirección al suelo, como si la gravedad llamase de la manera mas sensual. Terminaron en su trasero, en la parte baja de sus cachetes, rodeandolas con gentilidad mientras se aferraban cada vez mas fuerte para moverse en una especie de masaje improvisado mientras me deleitaba sobando aquel culazo. De vez en cuando, los dedos mas traviesos en aquel masaje se colaban en la parte mas perdida de aquellos cachetes, una zona que yo ya me conocía, pero preferí seguir con aquel juego que ambos disfrutabamos. Mis manos fueron subiendo lentamente, extasiadas por el tacto de aquel culito respingón que agarraban con posesividad. Respondí a su comentario inclinando mi cuerpo hacia el suyo. Ella nunca se cansaría de mi nunca, ni yo de ella.

Yo también se de algo que se tiene que limpiar

Y mientras mis manos lloraban por tener que separarse de su trasero, las cuales, antes de despedirse dejaron una especie de palmada en el culazo de Lucita y un agarre potente. Moví a Lucita por las caderas, para digirila contra la pared lentamente, pero con la agresividad que me caracterizaba. Y cuando la tenía contra la pared, en la posición donde parecía mas vulnerable me separé de ella, dolorosamente, solo para observar aquel cuerpazo de nuevo. Aquel cuerpo esculpido en piedra divina que ahora lucía completamente mojado y apetitoso. Sin dejar de observarlo, me eché yo también algo de gel en las manos, en ambas, las cuales fueron directas a aquel sexy vientre el cual aclaré con efusividad y algo de fuerza mientras iba subiendo a el verdadero objetivo. Ambas manos terminaron sobre sus senos, las bordearon un par de veces antes de empezar a masajearlas con cuidado, disfrutando aquel tacto y procurando proporcionarle el máximo a ella también. Aquel suave amaasamiento que buscaba que aquellos pechos se moldearan a mis manos. Pero la suavidad fue desapareciendo, para dejar a un manoseo mas fuerte, que las rodeaba continuamente, las agarraba a ambas a la vez y las hacía girar en direcciones opuestas, con fuerza. Finalmente acabé por juntarlas a ambas, con fuerza, sus senos aplastados y sus pezones, aquellos que me llamaban, juntos. Mi rostro se acercó a sus senos, mientras mis manos los agarraban con fuerza y firmeza y abría mi boca para que mi bífida lengua se adelantase de nuevo. Junté ambos pezones y me los metí en la boca, a ellos y todo lo que pude llevarme de los senos. Y en una especie de extraño beso, empecé a lamer e intercalar mis labios con sus pezones. Aquello me ponía bastante. Los sorbí, una y otra vez mientras apretaba los senos, el uno contra el otro, permitiendome mover un poco mis manos de vez en cuando. Finalmente abrí mis labios lo máximo que pude y los sellé para succionar, succionar como una aspiradora aquel par de pezones y toda la zona de senos que tenía dentro de mi boca. Aquella boca a la que le había dado muchos nuevos usos aquel día. Usos exclusivos para Lucita, aquella chica que... dios, solo quiero encontrar las palabras adecuadas de describirla sin sonar irrespetuoso.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Vie Dic 06, 2013 6:47 am

Spoiler:
Sonreí con lascivia cuando de sus labios manó la frase del deseo, no podría dar una descripción concreta de todo lo que se arremolinaba en mi ser con tan solo escuchar el murmullo masculino y sensual de Shen. Tras su presto y enfurecido agarre se tomó la molestia de dirigirme al calabozo guiando mis caderas con sus manos, aquel contacto candente era un estímulo a mi explosiva apetencia sexual, sus movimientos, calmados pero autoritarios y agresivos, me envolvieron entre su cuerpo y la pared. Observé sus movimientos, con los labios entreabiertos, que deseaban elevar en el vaho de aquella ducha un leve suspiro, pero ni siquiera fui capaz de hacerlo. Él se separó unos centímetros para echarme una mirada de arriba a abajo, yo hice lo mismo. Quise volver a admirar con mis propios ojos aquel cuerpo divino, ninguno de los dos tenía vergüenza, parecíamos maravillados el uno con el otro y aquella reacción no era sino un estímulo más que sumar a la lista para terminar desbocando nuestra incipiente curiosidad por el otro. Supongo que lo que más me encandilaba de Shen era aquella personalidad arrebatadora. Era guapo, muy guapo, pero lo que realmente le hacía atractivo era aquella manera de llevar a cabo las cosas, era como un niño con un juguete nuevo, y a la vez era como un terrorista con una bomba en las manos. Aquella dualidad era la que más me intrigaba, aquella dualidad era la que hacía de Shen un hombre completamente imprevisible y excitante. Y sus ademanes... ufff, sus ademanes, no daba lugar a réplica alguna, era el dictador más convincente del mundo entero, podría decirse que su autoritarismo también me excitaba bastante, demasiado, cosa que no había pretendido hacer notar, pero él ya se había dado cuenta de ello. Untó el gel en sus manos y las posó sobre mi vientre comenzando a masajear con su característica rudeza, ¿pretendía limpiar el lugar que había masacrado por dentro?. No, no lo creo, pero se divertía haciendo aquellos movimientos, y lo que a él le resultaba entretenido a mi también, en aquella situación nuestras emociones estaban entrelazadas, y dependían las unas de las otras para mantener aquel tenso nudo de excitación. Así como yo en un principio había descendido, él jugó al revés, sus morbosos dedos ascendieron provocativamente hasta parar en mis senos, bordeándolos como si volviera a tantear el terreno con curiosidad, como si estuvieran degustando el aroma de la comida antes de comérsela, su increíble magnetismo hacía que se me erizara la piel, era como si volviera a empezar todo de nuevo, como si fuera otra primera vez, como si nos acabáramos de encontrar y hubiéramos dejado que los instintos nos absorbieran, me vi sumida de nuevo en aquel deleite de expectación y nerviosismo, la adrenalina volvía a arremolinarse en todo mi cuerpo, él era capaz de hacerme regresar de nuevo, de resetearme para darme el subidón. Y vaya subidón me dio cuando sus garras se apoderaron de nuevo de mis pechos, dejando fluir aquel sentimiento de codicia que tenía hacia él en suaves movimientos, aquellos movimientos que me hicieron cerrar los ojos para transportarme de nuevo al palacio del rey. Volvía a lanzarme en la realidad alternativa, una tan perfecta que no podía creer que de verdad existiera. Pero su condescendencia se fue flagelando mientras los movimientos pasaban, paulatinamente, a ser más ariscos, más rudos y enérgicos, sus dedos se hundían con mayor comodidad en mis pechos y los agarraban con más posesividad, el balanceo que se llevó a cabo iba en direcciones opuestas y volvía a desencadenar el caos en aquella ducha. Recliné mi cabeza en la pared, dejando que el agua empapara mis párpados cerrados mientras tragaba saliva. Era una pecadora demasiado compulsiva como para merecerme aquel paraíso, pero a la mierda, yo aprovechaba las oportunidades, siempre, y Shen era una oportunidad que no pensaba dejar escapar. Para cuando quise mirar hacia abajo él ya estaba realizando su siguiente táctica, las gotas entrechocaban con su cuerpo como si les doliera entrar en contacto con aquel león, la lluvia artificial evocaba un sonido de cuenta atrás, mientras su rostro se inclinaba y sus manos apretujaban mis senos con mayor fuerza para juntarlos entre sí. Su boca maravillosa se abrió y boom, el nuevo bombardeo de sensaciones placenteras llegó a través de mis pezones, que se vieron engullidos por aquellos labios de diablo, los dos, en su boca. Y joder, tuve que posar mis manos en sus hombros con fuerza, porque aquel placer por partida doble era difícil de controlar. Jugueteó con ellos cuanto quiso, yo le dejaba encantada, sorbió con más fuerza, siguió moldeando mis pechos con sus manos a su antojo, e hizo danzar su lengua de dios obsequiándome con los bocados más jugosos que jamás me hubieran dado. Dejé que mis ojos se bañaran con el agua tibia y que mis gemidos se entremezclaran con el vaho que nos invadía. Shen se motivó de nuevo y succionó con más y más fuerza, y yo me ponía cada vez más y más, le maldecía más y más y le glorificaba más y más.

¿Te diviertes, diablo? Déjame algo de diversión a mi también, ¿no? — traté de soltarle con un tono desinteresadamente divertido, pero, nuevamente, los gemidos se colaban entre mis palabras y mi respiración se volvía más arrítmica por momentos.

Tenía que equilibrar la balanza, estaba claro, era inhumanamente injusto que me tuviera retenida en aquel refugio de lascivo placer, por mucho que me encantara. Así que ni corta ni perezosa, deslicé mi diestra desde su hombro, donde aún se agarraba con desesperación, a lo largo de su pecho, sin prisa pero sin pausa, hasta llegar ahí abajo, por suerte la diferencia de altura me daba facilidad para llegar hasta su miembro, y mientras dejaba que siguiera operando en mis senos, mientras temblaba del placer y la excitación y mis gemidos se extendían hasta su nuca, agarré su pene, como si fuera un encuentro casual, casual pero premeditado, "Uy, no te había visto", hubiera dicho mientras le daba un empujón. Pude volver a discernir sus constantes vitales ahí, arrebujadas en su miembro, un miembro que ahora palpitaba con notoriedad. Supongo que desestabilicé un poco sus intenciones, ¿pero qué esperaba? el juego era de los dos, por fortuna para él, no era del tipo de mujer que se quedaba tirada en la cama en pose estrella de mar esperando a que la satisfagan, no, a mí me gustaba torturar a mis víctimas, y Shen era mi víctima preferida. La palma de mi mano chocaba abiertamente con aquel miembro, y mis dedos se fueron cerrando poco a poco mientras él succionaba como un poseso, como si le importara bien poco los tejemanejes que llevaba yo a cabo en "la falda de la montaña". Sonreí misteriosamente mientras mi rostro se ladeaba escasos centímetros para abrirle el espacio a Shen. "Sigue trabajando diablo, no seré yo quien irrumpa en tus horas laborales", ¿o sí?, definitivamente tenía una insana adicción a provocar al chino, ¿pero de qué vivía yo sino de insanas adicciones?. Su pulso ahí abajo iba aumentando por momentos, y me decidí a desencadenar el fruto de mi agarre en un estilizado y precario movimiento ascendente y descendente, no queremos que el rubio deje su labor, ¿no?, pero hay que complicársela. Así que comencé imitando sus intenciones, dejando que el tímido contacto se fuera amplificando a través de mi movimiento, un movimiento uniforme y delicado, estaba en mi etapa de señorita recatada, pero no duraría mucho, simplemente necesitaba ponerle en situación, advertirle, pero oh Shen, Shen es tan magnífico que pese a dar buena cuenta del nuevo y placentero roce que se llevaba a cabo en su cuerpo no dejó mis pechos así como así. ¿Era esto la guerra fría? Sería una buena comparación, aunque el frío no entraba de ninguna manera en la descripción de los regalos que nos estábamos dando. Él no cejó en su empeño, maldito león orgulloso, no dejaría escapar a la presa ni aunque tuviera una manada de hienas amenazando en los alrededores, maldito sea, cómo me gustaba. Dejé que mi cuerdas vocales esgrimieran otro gemido, ya no existía esa tensión inicial que nos impidiera exclamar a voces la atracción que sentíamos el uno por el otro, porque ya lo habíamos experimentado de la mejor forma, ahora sólo nos quedaba probarlo de nuevo, al cien por cien, sin dudas, sin orgullos de por medio. Y la sensación que me daba aquella libertad me sumía en el pleno regocijo. Procuré arquearme disimuladamente para entrar más en contacto con su cuerpo, mientras mi mano ahí abajo maniobraba como el delincuente que está matando a navajazos a su víctima, sin ningún tipo de piedad. Quería volver a matarle de placer, tal y como él pretendía hacer conmigo, por mí podíamos irnos los dos ahora mismo al infierno. Moví de arriba a abajo, intentando observar su prepucio saliente para obtener la certeza de cuán excitado estaba, pero él me cubría el rango de visión, sin embargo, podía acreditar que su soldadito había vuelto a ascender con mucha facilidad, vaya genio, aquello estaba cada vez más duro y grueso, me mordí el labio inferior como gesto de satisfacción. Así que mi estrategia se limitó a corresponder a la suya, cada vez que se motivaba con mis pechos y me hacía soltar algún gemido, yo masajeaba su miembro con rapidez y fuerza, cada vez que descendía su ferocidad lo hacía yo, él había puesto el ritmo inicialmente, ¿no? pues que acarreara con las consecuencias, me divertía demasiado aquella situación, me ponía aún más cachonda de lo que ya estaba. El maldito bastardo era una fábrica de ingenio, y menos mal que yo podía seguirle el ritmo, sino probablemente ya hubiera sido derrotada con otros dos orgasmos más a cuestas.

¿No te cansas, diablo? — pregunté seductora e irónica, con una nueva proposición de provocación y reto en mis labios, quería que me contestara, que me diera una "bofetada" a su manera, seguía ignorándome, muy valiente, pero todo tiene su fin.

Decidí hacer que mis intenciones fueran más allá, aproveché mi aparente postura de corderita acorralada para deslizar mi vientre, tratando de apegarlo más al suyo. Con mis habilidades de contorsionista hice que uno de mis muslos se levantara, que mi rodilla se apegara a su cintura y mi pantorrilla fuera más allá, a su trasero, para atraerle a mi cercanía, me encantaban sus manos en mis pechos, si por mi fuera se podrían quedar fosilizadas ahí mismo, pero nuevamente quería más, y los buenos modales no eran precisamente uno de mis fuertes. Así que gracias a mi apoyo en la pared, pude utilizar mis facultades de gimnasta para hacer que su cuerpo quedara a escasos centímetros del mío, y esta vez comencé con el juego sucio, sucio en cualquiera de los sentidos. La danza volvía a ser parte de nuestro rito sexual, como había sido incluso la primera vez que nos vimos, porque ambos danzábamos en un tumultuoso debate de armas. Pero esta vez la violencia se condensaba en nuestros sexos, y yo quería ser quien diera el primer puñetazo. Seguí moviendo mi mano de arriba a abajo, primero unos movimientos suaves y lentos, pausados, dejando que su cima descubriera el nuevo mundo una y otra vez, procurando que se deleitara del placer que también podía provocar la parsimonía, y de vez en cuando variaba el movimiento, tal vez una o dos sacudidas, quién sabe, no lo contaba, que eran fuertes, destructivas, un par de sacudidas que ponían a mil en un milisegundo y se reseteaban tal y como venían. Digamos que pretendía desesperarle, y en la fugacidad de las provocaciones, en la intercalación de movimientos, de velocidad y de delicadeza, atraje su miembro hasta mi vagina, pretendiendo hacer que entrara de un momento a otro, pero negándole el acceso al final. Podía notar la humedad que se condensaba en mi sexo, podía notar cuán dispuesta estaba a que irrumpiera nuevamente con voracidad, sin embargo le negaba a él lo que ambos ansiábamos, y eso no hacía más que ponerme peor a mí, pero también a él, porque las palpitaciones comenzaban a tener un ritmo puramente desenfrenado. Aquella postura más que lasciva me motivó aún más, ver a Shen tratando de esquivar mis ataques únicamente me hacía ansiarle con mayor determinación. Mi sexo prácticamente estaba llorando por él, y yo procuraba mantenerme distante a esa imperante necesidad, pero sabía que sucumbiría tarde o temprano, la cuestión era saber cuándo sucumbiría él, porque el roce de sus labios y de su boca con mis pechos comenzaba también a dar sus frutos, y la reverberación de aquella onda expansiva sexual comenzaba a hacer estragos en todas y cada una de las células de mi cuerpo. Diablo, diablo, y más diablo, me tienes maldita. Aumenté el ritmo del meneo a uno digno de Too fast and too furious, que te jodan chino, te vas a acordar de mí y de todos mis muertos. Y en medio de aquella intensa paja coloqué su punta, nuevamente, a la entrada de mi vagina, placer x2 x3 x4, no lo sé, no soy hombre ni tengo pene, pero seguro que no le desagradaba. Entonces, en aquel último movimiento estratégico, trate de entonar con una gracia supuestamente inocente las palabras que pretendía que detonaran la bomba.

¿No vas a entrar? Ya sabes que tienes pase VIP, darling, ¿o es que acaso el diablo está cansado?

Uno de los pocos buenos consejos que me dio mi madre en la vida fue el siguiente: "Si pretendes atacar el orgullo viril de un hombre atente a las consecuencias, eso sí, si lo haces bien, probablemente eches el mejor polvo de tu vida".

¿Sería verdad aquello?. La respuesta sólo la tenía Shen.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Sáb Dic 07, 2013 3:19 am

Spoiler:
Ya no sabía a que jugaba, solo iba a por ese placer, esa provocación que nos ponía tanto a mi como a ella, esos contactos lascivos que no hacían mas que alimentar la hoguera con mas gasolina. Me encantaba sentir como su respiración se resquebrajaba por culpa mía, por aquel manoseo que yo disfrutaba cuando moldeaba sus senos repetidas veces y no cesaba en aquel succionar de pezones. Aquellos pezones que parecían un par de guindas colocadas estratégicamente en dos pasteles deliciosos. Me encantaba aquello, a ella tambien, dos razones menos para no detenerme. Y me encantaba sentir como en lo mas profundo de ella se revolvía con aquello mucho mas de lo que aparentaba. El mero hecho de que Lucita jadease para mi me ponía, y el imaginar aquello mucho más. Y aquella voz calentona que ya no podía evitar entrecortada, en pequeñas dosis sensuales que entraban por mi oído como pequeñas dosis de veneno que hacían que quisiese que su sensual voz siguiese y siguiese resonando. Ella quería que le dejase 'algo' pero eran las típicas preguntas que ella hacía para castigarme, como un preludio, un aviso. Ella no pedía permiso. Y el permiso que se tomó lo noté cuando su mano viajó placenteramente desde mi hombro hasta la zona conflictiva, el solo hecho de que sus manos resbalasen a lo largo de mi piel parecía dispersar mis células y reordenarlas a su antojo, manos mágicas que fueron a parar en un buen sitio. Las manos, al igual que la dueña de estas, eran pícaras como nadie mas, llegaron ahí como si quisiesen insinuar casualidad y se quedaron como las dueñas de ese lugar. Unas dueñas que me hicieron estremecerme del placer al notar como se enrollaban los dedos de su mano y terminaban de estimular mi sexo con un tímido masajeo que fue cobrando mas notoriedad por momentos. Pero no, yo no paré ante aquello, era recíproco ¿No? Así que lo hice incluso con mas fuerza aún, parecía querer sorber aquel buen par mientras mis manos se movían ya libremente y las agarraban de distintas maneras. Tuve que separar mi boca de sus senos para poder tomar una bocanada de aire, o vaho contaminado, y poder compaginarlo con un gemido que salió fruto del movimiento de Lucita ahí abajo. Era como una especie de advertencia, pero me encantaban sus advertencias, así que volví al lío y me puse de nuevo con sus senos mientras algo ahí abajo parecía ponerse mas grande por momentos en la mano de la diabla, y ese algo, era como agitar un volcán, un jodido caos ardiente, pero yo amaba ese calor producido por su mano, hasta podía suplicarle que no parase, pero ella ya sabía que a mi eso me encantaba y el hecho de que siguiese masajeandolo por algún motivo me mataba. Pero era una matanza mutua, cada vez que yo succionaba con fuerza o retorcía ligeramente sus pechos ella parecía sacudirmela de una manera que solo ella sabía, añadiendo el mensaje de 'Estoy aqui'. Era un ojo por ojo y diente por diente. Pero no entraban en las cuentas esos comentarios sexy-ironicos de Lucita, que solo buscaban provocación, provocación y mas provocación. Y tambien una respuesta por mi parte, pero mi boca estaba exclusivamente dedicada a sus senos. Los cuales dejé de succionar por un momento, para dedicarme plenamente a sentir una de sus exóticas maniobras de cambio de postura.

Y adelantandome a los acontecimientos, con una previsiva picardía, mis manos agarraron con mas fuerza sus pechos, los cuales parecían ya tener las marcas de estas grabadas, y como para no tenerlas, el tacto tan perfecto para unos senos eran los de Lucita. Y bien, tras rodearlos y sentir como ella me apagaba mas contra ella, y poniendonos en peligro al crear la electricidad del choque de nuestros cuerpos bajo aquella continua cortina de agua, mientras aquella solución a la destrucción definitiva se iba gestando yo me centré en agarrar aquel par de guindas y morderlas no como un caballero, no como un salvaje, fue morderlas fuertemente con mis labios, a ambos pezones y disfrutar como nunca un bocado tan bizarro. Tras dejarlos rojos como lo que eran, guindas, separé algo mi rostro para que mi voz pudiese ser escuchada por ella, para que simplemente escuchase lo que quería.

Tssss... cansado.-Dije casi carcajeandome, desafiante-¿Es que te gusta que te ponga contra la pared, pedazo de zorra?

Añadí aquello último mientras notaba que toda resistencia era poca y el contacto se iba haciendo mayor y mejor por momentos, ¡Mayor y mejor! Un contacto que hacía que el agua se acumulase en espacios donde nuestras pieles decidían no separarse y disfrutar la una de la otra. Pero aún así, la zona conflictiva era la mayor prioridad, no entendía aquellas sacudidas de mi sexo que me dejaban confuso, pero lleno de ganas de otra sacudida mas por parte de La del cabello ardiente. Y como Lucita sabia dirigir, mejor que James Cameron, supo que era el momento de un plano mas sucio, un plano que ella y yo conocíamos bien. Dirigió mi sexo, en aquella efusiva paja, hacia las puertas de su paraíso clandestino. Parecía que las chispas saltaban aquel pequeño espacio entre mi glande y los diversos pliegues de su sabroso X. ¿Como demonios podía hacerlo? Nunca podría describirlo. Como el simple hecho de sentir mi sexo rozar el suyo hacía que toda mi picardía se redujese a nada y entrase en un estado de extrema desesperación por segundos. Pero ella misma, que me metió en el pantano me sacó sin quererlo, aquella estimulante voz, que llevaba cierto tono de desafió me hizo salir de aquel estado desesperado de 'Di lo que quieras y lo haré, siempre y cuando me dejes una sola penetración'. Mis ojos se abrieron algo más, mientras la pegaba mas contra la pared, como a mi me gustaba y reducía cualquier espacio a nada. Y cuando nadie se lo esperaba, mi mirada volvió a entrar en juego, era como el arma mas básica de mi arsenal, no podía dejarla. Esta, centelleo imitando un aura de inocencia empapada con lascivia mientras se clavaba en los cósmicos orbes de la diabla. Ladeé algo el rostro, mis manos, dios sabe cuando y donde pasaron de estar en sus senos a un diferente sitio cada una; una se metió bajo el muslo de Lucita, aquel con el que rodeaba parte de mi cintura, y la otra se fue a lo mas bajo de su sexy cadera.

¿Como? ¿Pase VIP? ¿Donde?-Mi tono de voz no era mas que una burda imitación de lo que mi mirada ya expresaba. Mientras decía aquello movía mi pelvis hacia los lados apegandome seriamente contra ella y haciendo de aquello un roce que me hizo gemir para mi mismo, un espasmo interno, una sacudida potente el simple hecho de sentir como acariciaba fuertemente las puertas del jardín del Edén. Seguí con aquel roce, a veces circular, a veces dios sabe que dirección tenía pero que se lubricaba de la humedad ya existente por ahí, sin necesidad de agua. Finalmente, buscando aquella complicidad que disfrutabamos cuando nos compaginabamos hice que aquel vaivén de sexo que pendulaba frente a su vagina parase mientras la mano que reposaba bajo su cintura se iba por detras, bordeando su trasero para no quedarse enganchado y quedarse aferrado a su muslo. Ella sabía lo que yo buscaba con aquello, ya tenía los dos muslos, y solo uno me rodeaba... así que asentí en una especie de orden no dada para matarnos a ambos y dejar mi pene besando su vagina, saludando de nuevo al placer supremo.-¿Aquí?

Terminé aquella frase como una especie de secuela y a la misma vez prólogo de lo que iba a suceder. Mis manos se impacientaban agarrando aquellos muslos tan tersos, tan calientes y tan bien hechos para sujetar, toda ella entera estaba hecha para mis manos. Y mi sexo, mi sexo parecía vibrar emocionado esperando el momento del definitivo IN. Ella y yo sabíamos que no ibamos a seguir jugando, todo estaba predispuesto, hasta la pared estaba dispuesta a soportar la salvajada que se le iba a venir encima.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Dic 08, 2013 1:12 am

Spoiler:
Uy, ¿el chino se estaba cabreando?. Ojalá hubiéramos empezado por ahí, ¿no?, ahora sus lametones ya no eran lametones, ahora sus labios se habían cerrado alrededor de mis pezones y los habían agredido, un mordisco salvaje y sensual lleno de necesidad. Joder, qué puta maravilla, mis pezones eran la viva muestra de mi estado, estaban completamente rojos y erectos, estaban vibrantes por el toque del diablo, era increíble cómo la química desbarataba todos mis planes y se ponía del lado de Shen para aventajar su ofensiva a la mía. ¿Que si me gustaba que me pusiera contra la pared? ¿Que si era una zorra? Sí y sí. Por mí podía ponerme donde le diera la reverenda gana, podía castigarme de mil y un formas que yo encantada recibiría el castigo, ya sólo tenerle pegado a mi vello erizado era una jodida tortura. Alzó aquella viperina mirada, y como si fuera un maestro de los dardos la clavó en la mía, en la puta diana, entreabriendo un poco más los párpados y dedicándome un leve centelleo que simulaba inocencia pero estaba cargado de astucia. Astucia sí, porque ya me había acorralado aún más contra la pared, no cejé en el empeño de seguir maniobrando en su miembro, no le iba a dejar ganar ganar tan fácilmente, así era como a los dos nos gustaba. Me dejé atrapar en sus orbes, en aquel verde contaminado que me provocaba la irremediable necesidad de sumirme en la ciénaga de su cuerpo. Aquel contacto era tan sucio y a la vez tan puro que ya no sabía en qué punto había sobrepasado mis propias limitaciones, digamos que ya, en aquella situación, en nuestro segundo polvo, daba buena cuenta de cuánto me gustaba aquel maldito desgraciado. Él meneó la cabeza y deslizó sus manos con habilidad, ¿era yo o cada vez lo hacía mejor? ¿podía superarse a sí mismo? Lo creía imposible, pero bueno, era Shen, no existen imposibles para Shen. Una de sus manos fue a parar bajo el muslo que aún apretaba con ahínco su cintura, y la otra a mi cadera. Era como si me hubiera agarrado con más posesividad, y eso me gustaba. Además, ambientó su propia escena haciendo gala de unas preguntas inocentes pero rastrearas, me había visto venir, sabía que mis provocaciones no eran otra cosa que el producto de la necesidad que ya se agolpaba furiosa en mi sexo.

Comenzaba a menear su pelvis acechando indiscriminadamente, bamboleándose en la zona conflictiva con descaro, y cada vez que el roce se potenciaba yo soltaba un gemido ahogado, sin dejar de mirar aquel par de esmeraldas en bruto que eran sus ojos, abriendo poco a poco, cada vez un poco más cuando encadenaba aquellos movimientos increíblemente sensuales. Comenzaba a empaparme de su ligero baile, a seguirle los movimientos a la par que seguí entonando unos gemidos aparentemente débiles pero intensos, llenos de determinación, él seguía con su vaivén, de acá para allá, rozando mi sexo con la punta de su miembro. El vaho condensado en el cuarto de baño parecía una ola de frío gélido en comparación a la temperatura de nuestros cuerpos, que eran fuego puro. Sus manos seguían agarrando con rudeza mi cuerpo, que se amoldaba a la perfección, él estaba hecho para tocarme, yo estaba hecha para tocarle a él, nos compenetrábamos de una forma muy poco común, como si lo hubiéramos hecho durante toda una vida, y apenas nos conocíamos de una noche y media mañana. Él estaba buscando algo, y yo sabía lo que él buscaba, lo corroboré cuando su movimiento cesó, esculpiendo en mi rostro un gesto de decepción, volvía a jugar con mi ardiente necesidad de él, porque bueno, era consciente de que no quería otra cosa más que... ¿Más que qué? Más que lo que preguntó él, eso era lo que quería, y Shen maniobraba con gracia, apostaba por devolverme la provocación con una sensualidad certera e impasible. Sonreí relamiéndome mi labio inferior, como si estuviera haciendo el precalentamiento de lo que sería una lucha desenfrenada, sin concesiones ni paréntesis.

Llevé mi mano a su abultado sexo, la desesperación me carcomía, y lo volví a meter nuevamente, con lentitud, en mi sexo, las puertas siempre habían estado abiertas a él, más abiertas ahora que nunca en aquella posición, cuando sentí de nuevo el vibrante calor y las pulsaciones dentro de mi esbocé un gesto de satisfacción, nuevamente volvía a sentirme completa, a la mierda los juegos, era hora de entrar en acción de una buena vez. Quizás quise alargar aquel leve contacto, porque contoneé mis caderas hacia delante y detrás, como tratando de hacerme a la idea de que estaba de nuevo dentro de mí, queriendo complacer a mi desesperada necesidad, tranquila, ya está aquí de nuevo, no se ha marchado. ¿Acaso era alivio? Podría decirse que sí. Le mordí juguetona la barbilla, para finalizar aquel contacto con el roce de mis labios, mientras continuaba zigzagueando mi cuerpo alrededor de aquel contacto en demasía placentero. Procuré separarle unos centímetros, para que fuera partícipe de mis movimientos, el agua de la ducha se acumulaba en la unión de nuestros vientres, formando un pequeño lago en medio de aquella tormenta. Mis manos fueron a parar a su pelvis, aquella endemoniada parte de su cuerpo que tenía la magia de hacerme entrar en el pleno éxtasis, se movieron al compás de mis caderas, que intercalaban movimientos circulares para desembocar en otros más lascivos, prácticamente estaba guiando yo su propia penetración, y me ponía cada vez más cachonda, sin embargo mis gemidos aún no resonaban con la fuerza que anteriormente habían demostrado, no, esto aún era el previo, lo gordo estaba por llegar. Me incliné buscando sus pectorales para jugar de nuevo con aquellos pezones, succionando poco a poco, mientras mi lengua repasaba aquella zona erógena aleatoriamente y se entretenía colocando y descolocando el piercing que lo enmarcaba. Nunca me habían llamado la atención los piercing, ahora era un requisito imprescindible para ponerme a mil. Abandoné aquel juego repasando con una lamida la extensión de su pezón y más, alcé la vista para mirarle a los ojos y deposité mis manos en su nuca, su estrategia estaba a punto de culminar.

¿Estás preparado? — pregunté, mis intenciones no iban más allá de advertirle que la situación ya estaba en el punto álgido, nada más ver su expresión atisbé que lo había entendido perfectamente, me seguía maravillando la compenetración que teníamos, ni siquiera eran necesarias las palabras.

Su agarré se fortaleció, y yo me apegué más a la pared sin perder apenas distancia con su cuerpo, tampoco es que tuviera mucho espacio. Di un leve salto mientras constataba cómo su otra mano se aferraba a mi nalga con mayor fuerza. Y con aquel leve movimiento juro por mi vida que entré en un estado sexual tan intenso que ni entrando y saliendo del infierno podría haber sido tan brutal. Terminé de encajar mi otra pierna en su pelvis, cruzando ahora ambas alrededor de él, y Shen me mantenía suspendida, arrinconada contra la pared y contra él, sin ningún otro tipo de apoyo que no fuera el anclaje que unía nuestros sexos. La fuerza de la gravedad me ayudó a experimentar el placer de tener su miembro metido hasta el fondo y más dentro de mí, y aquel rápido pero salvaje movimiento me hizo emitir el primero de los muchos gritos que secundarían aquel acto.

Aquí, de esta forma, joder, estoy notando cada centímetro, y eso que son muchos, ¿puedes conmigo, tigre? — le dije mirándole fijamente a los ojos, dedicándole un gesto empañado de una tremenda lascivia, la guerra esta declarada de nuevo.

Utilicé mi propio agarre para procurar moverme arriba y abajo, mi gesto era débil, pero la posición ayudaba muchísimo a que el placer se expandiera libre y descontrolado, apoyé mi rostro en su torso esculpido por los dioses y levanté la vista, cegada por el sex appeal de aquellos músculos firmes y tensos. Dejé escapar una risa en conjunto a la oleada de gemidos que invadió mi boca y le agarré del cabello que descendía húmedo tras su cuello, tiré de él en un movimiento seco y enérgico, haciendo que su rostro se elevara, que su cuello se estirara y los músculos se tensaran más. Paseé mi lengua por su nuez, extasiada por cada uno de sus detalles masculinos, y acto seguido le mordí en un arranque de calor. Estaba explotando mis propios límites, los mordisco se intercalaron con besos, con chupetones, quería comerme aquel cuello entero, saborear el palpitar de sus venas a través de mis labios, parecía una jodida vampira. Desvié mi lengua hacia el lóbulo de su oreja, manteniendo aún el agarre en sus cabellos, estaba tan sumamente excitada que no sabía si era yo la que hablaba o era mi propio instinto.

¿Te gusta, diablo?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Lun Dic 09, 2013 2:01 am

Spoiler:
Era como la química perfecta, una mezcla donde pusiesemos lo que pusiesemos siempre nos iba a dar un resultado que nos satisfaría a ambos, no importaba como lo hacíamos o en que cantidad, el mero hecho de hacerlo ella conmigo y yo con ella era lo que lo hacía ser lo que era; algo magnífico. ¿Que ella volvía a estar en el punto de ebullición? Si, era algo mas que visible, palpable, parecía que aquella agua a cierta temperatura se evaporaba al entrar en contacto con el caliente cuerpo de Lucita. ¿Que yo estaba cachondo? Vamos, si se pudiese haber retratado la situación de mi paciencia, se podía entender por un mono impaciente y violento que golpeaba la habitación llamada control. Pero no era un control puro, soberano como se entiende, era un control... salvaje, lascivo, era un control como la calma que precedía a la tormenta, nunca podía faltar. Pero no hablemos de ello como si fuese un control en si, no era mas que una excusa para penetrar a Lucita como un salvaje, era una excusa para provocarla a ella, y a mi... Pero ella siempre se saltaba esas leyes no impuestas. Mi provocación parecía haber tenido efecto, ambos volvíamos a estar excitados de aquella manera, incluso mas, no, no se podían comparar las ganas que tenía de volver a rozar el vientre de Lucita desde dentro, follarmela bien dicho cuando sentí su mano de nuevo sobre mi sexo y como accedía voluntariamente a llevarlo al suyo propio. Fue una penetración nuevamente lenta, pero catastroficamente placentera. Volvía a experimentar aquella enfermiza sensación que me encantaba, aquella que parecía hacer que mi sexo palpitaba dentro del suyo y me devolvía un eco lleno de placer y lujuria, ansias de algo mayor, de un algo que nos unía y nos encadenaba mas y por el contrario nos hacia sentir un extraño alivio, de ausencia de pesadumbre, yo me sentía así, me sentía realizado cuando mi pene estaba dentro de ella. Y a ella también parecía gustarle, hizo algo que nos aseguró que si, estaba entrando, aquellos movimientos que no hicieron mas que desease mas que nada aquella sucia realidad.

Ella aún no había hecho lo que yo esperaba, y me impacientaba, y no se porque, al mismo tiempo me encantaba, quizá era la primera cosa, el primer ser que me gustaba que se saliese de mis previsiones. Ella se puso algo juguetona, exploradora de mi piel, nuevamente procurandome una especie de sacudida electrica que me rodeaba como una segunda piel con el roce de sus manos. Solté un gemido algo debil, al notar como aquella penetración iba de mas a mas, como aun habiendo amado esa sensación se me hacía nueva, como sacaba lo mas perro de mi... Me volvía loco Lucita, pero ¿Por que pedir? Ella me había dejado entrar a su casa, que menos que dejarla dirigir la visita en aquel habitat del placer... ¿Pero como y cuando? No necesitaba un mapa, porque me encantaba como me perdía intentando predecir sus movimientos, pero la muy sucia, volvió a aquella zona erógena que tanto me gustaba que Lucita bordease con su brava lengua mis pezones, que jugase con ellos y con los rudos adornos que estos tenían coronandolos. Como, en aquel baile aleatorio de su lengua, sentir como si mis pezones se empalmasen también, como un par de pequeños cúmulos de sangre. Terminó con aquel pequeño capítulo con un lametón, tal y como vino, separó aquella ominosa lengua de ahí para dedicarme otra mirada, empezada por ella, donde ambos ojos se juntaban como un puzle de dos piezas. Sentir como sus manos reptaban hacia mi nuca y justo ahí, el mero hecho de estar ahí y cerrarse en una especie de candado que me hacía participe de un pacto que yo ya había firmado mucho antes que ella. Ella me miró, yo la miré, ella habló y yo asentí. Era simple, nos entendiamos sin hablar. Ella sabía que estaba preparado, que yo estaba listo para ella desde el momento en el que decidimos perdenos juntos. Y cuando ella entendió el código que figuraba en mi semblante todo fue una cuenta atras. Una cuenta atrás donde se pudo apreciar como yo me tomaba el capricho necesario de manosearcilla aquel culo respingón, antes de agarrarlo, sujetarlo con fuerza mientras la notaba elevarse contra la pared.  Y boom, mil bombas de hidrógeno parecían explotar en mi pecho, ¿De donde habían salido? No se, pero mi cuerpo se sentía nuevamente revitalizado, listo para acribillar a balazos a aquella diabla contra la pared. Un solo movimiento fue suficiente para que aquel nuevo encaje me hiciese sentirla, y que esta emitiese un grito que no evocó mas que mi sonrisa. Y aquella sonrisa no se borró, aquel comentario, impuro hasta las trancas me dominó por completo y me estimuló como cualquier otro atributo destacable de la sexy Lucita. Así que notaba cada centimetro...

Bufff... sentirme dentro de ti, súblime, y mas sin ese puto plastiquito embutiendo mi Big Boy

Respondí de la misma manera, obscena y llena de un lascivo deseo que no se daba el lujo de perder aquella peculiar picardía que nos caracterizaba a ambos. Y si, ahora podía literalmente follar con Lucita al natural, al 100%, mi pene desnudo dentro de su placentera vagina. Y en cuanto a su pregunta, la agarré con mas fuerza, toqueteando con fuerza aquel trasero hecho como dios manda mientras pensaba que le iba a responder solo como ella quería, mediante hechos. Vería si podía con ella. Sentir como se impacientaba, y el mero hecho de aquellos debiles movimientos me producían un placer enorme solo aumentaba mis expectativas. Como subia y como bajaba su vagina alrededor de mi sexo, indescriptible, y como se combinaba aquella magnifica sensación con su mirada y el reclamo emitido por su boca. Me dejé llevar, 'Dejala jugar', me dije. Mientras notaba como maniobraba y tiraba de las palancas para hacer de mi cuello su banquete personal. Un banquete que no solo ella disfrutó, ¿Era posible que la depredadora y la victima lo disfrutasen? Si, me encantaba, no, amaba la manera en la que la diablesa devoraba, lamía y se hacía dueña de mi cuello con esa boca, idealizadora de la lascividad, compinchada con aquellas fauces que mordieron mi cuello llegando a hacer que desease que dejase marca en este. Esa lengua que instantaneamente encontró otro punto malditamente agradable, ¿Era yo así o era Lucita y su boca? Como fuese, aparte del extraño cosquilleo que me agradaba plenamente sentí sus palabras. Y como un soldadito obediente asentí, inconscientemente. Pero siempre desencadenaba algo, y lo que Lucita tuvo que sentir despues de haberme dedicado aquello fueron mis manos bajo ella, como los dedos se reagrupaban para hacer un agarre mas solido, que la atenazaba con mas fuerza ahora. Supuse que ya que había dado un paso, me haría la carrera entera. Así que abrazandola con mas fuerza e impetú, con ganas, decidí mover mi pelvis en su dirección, para propiciar una penetración mas fuerte, una que me hizo arquear la nuca mas de lo que ya estaba mientras notaba el gran interior de Lucita, la casa del placer. Tras saborear aquel único movimiento flexioné ligeramente mis rodillas para crear una especie de posición que sin duda vendría mejor para lo que iba a suceder. Mi rostro se posicionó cercano al de Lucita, como un emisario del diablo, parecía que lo dijese todo con aquella picara sonrisa entorpecida por los llegados jadeos. Desde que llevabamos en aquella posición solo ella se había dado el placer de moverse, pero me tocaba a mi, era hora de que ambos empezasemos a gozar de una manera mas... fuerte. Mi abrazo se volvió a hacer mas notorio mientras mi pelvis se separaba de ella para volver de nuevo, a ensartar mi pene dentro de ella, lentamente, con parsimonia. Dí un pequeño grito, solo aquella pequeña penetración en condiciones propiciaba aquel placer, no podía imaginarme lo que harían unas embestidas. Saltándome cualquier regla me pegué contra Lucita, su resbaladiza piel no provocaba mas que deseo en mi, y esta a su vez, se pegó mas con la pared, en su totalidad. Solté un par de pequeñas risas antes de empezar a mover mi sexo dentro de ella, ahora con un ritmo lento, con un movimiento directo y ascendente que entrecortaba mi respiración y me hacía poseerla con mas fuerza. Arriba y abajo, penetrarla en aquella posición era algo asombroso, podía sentir cada parte de aquella grata cavidad, además de los diversos pliegues de la entrada a su sexo que no pasaban desapercibidos en aquella fiesta del placer. El sexo de Lucita, desde la entrada, era algo que gozaba totalmente cada vez que la subía y la bajaba. Gemí sin temor unas cuantas veces mientras impacientemente iba convirtiendo aquella inserción reiterada en algo con el mismo ritmo, pero con mas fuerza, como si desease romper la pared. Era el mismo ritmo, pero aquel movimiento se había convertido en lentas embestidas que terminaban en un empuje que me hacían jadear o gritar cada vez que me sentía completamente de ella y la hacía rozar nuevamente la pared. Cada ir y venir, era acompañado por un gesto mas fuerte, como el agarre a aquel culazo que sostenía fuertemente, aquel en el que mis dedos se dieron el raro capricho de alinearse justo en la mitad de sus nalgas y curiosear un poco por ahí mientras yo explotaba en extasis con cada penetración. Yo ya no hacía nada conscientemente, ni siquiera sentía conscientemente.

Me gusta. ¿Te gusta a ti, diabla?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Mar Dic 10, 2013 6:29 pm

Spoiler:
Uffffff, sí, no podía decir otra cosa más que ufffff, podría haber sido mi vocabulario para el resto de la eternidad, ya no necesitaba las palabras, ni los gestos, ni nada, nuestra comunicación rebasaba cualquier frontera, ¿internet? ¿3G? ¿4G? ¿5G? ¿20G?. Podían mandar toda aquella mierda a la basura, esto sí era comunicación y lo demás mariconadas. ¿En qué momento aquellas manos se hundieron con semejante desdén en mis nalgas? ¿Cómo era posible que su abrazo se hubiera vuelto más tenso y forzado y yo no me hubiera dado cuenta hasta ahora?. La única explicación plausible era que mi cuerpo ansiaba su contacto de una manera enfermiza, como si mis hormonas se hubieran terminado de desequilibrar por completo y orbitaran alrededor de la estrella más grande de todo el universo, de Shen y su implacable magnetismo, a estas alturas parecía una maldita esquizofrénica liberada de su jaula. Parecía el drogata más adicto del mundo, aquel que llevaba un lustro sin probar la coca y de repente caía en un desierto de aquel polvo blanco prohibido. El desierto era su cuerpo, las dunas las conformaban sus músculos aguerridos y el éxtasis se dejaba ver en aquel salvaje enlace que me provocaba una sensación de vértigo multiplicada por mil. Acercó sus facciones, con ese gesto infantil y malintencionado coronado con una sonrisa de indudable atractivo, sentir su aliento entrecortado por los jadeos era mi medio de vida en aquel instante. Apartó levemente su pelvis con sensualidad, para volver a insertarme su pene, lenta pero generosamente. Me dedicó un grito, unas notas elevadas que se perdieron en los graves mediante un gemido, aquella voz, aquel ronco gemido hizo que me humedeciera más, y el agua de la ducha no tenía nada que ver. Ahora sus cuerdas vocales desembocaban en risas, ¿estaba contento? no podía ver más allá de lo que yo misma estaba sintiendo, pero la risa juguetona de Shen se me antojó como un tesoro perdido en el mundo que yo había logrado encontrar, ya sea por la casualidad o el destino, y sin darme cuenta me sentí la mujer más dichosa del mundo. La cadena de movimientos que llegó a continuación, con aquel movimiento ascendente y descendente, me lo tomé como el mayor gesto de pleitesía que aquel titán me hubiera dirigido jamás, estaba completamente poseída, y no solo por mi instinto, sino por él, su demonio interno se fundía por momentos con el mío, sintiendo el calor del choque en mi vagina, sintiendo aquel pene de generosas dimensiones entrar y salir a paso lento pero con profusión. El sonido de mis nalgas ahora chocando con parte de sus muslos era el ritmo en esencia pura de aquel movimiento, el asombroso placer de su pene en aquella posición superaba todas mis espectativas y me disparaba a toda velocidad para estamparme de pleno con el muro del placer más indecente. Mi espalda entrechocaba con fuerza con la pared, sus embestidas volvían a transformarse en un tornado imparable, arremetían cada vez con más fuerza y me estampaban contra la pared con mayor vigor, jo-der, esto era mejor que hacer caída libre. Mis sentidos estaban extraviados en la resonancia de mis propios gritos, que simulaban ser quejidos, pero cuyo verdadero significado se sustentaba en aquellos ardientes golpes que Shen me propinaba heróicamente. Estábamos, hablando en plata, follando como jodidos perros en celo.  Él jugueteó con sus dedos, recorriendo un inesperado camino en mis nalgas y me respondió complacido, antes de retornarle la respuesta le di un arrebatador beso en los labios.

Me gusta, diablo.

Y sin esperar a que finalizara la frase sus embestidas se tornaban más furiosas y angustiadas. Qué bello placer, tan desconocido antes para mi, estar con un hombre que me atraía de semejante manera en aquella postura, teniendo sexo desenfrenado. Podría vomitar arcoiris, aunque ahora lo único que esculpieran mis cuerdas vocales fueran los sucesivos gemidos que se entrelazaban con los suyos. ¿Química o magia?. ¿Por qué, por qué había llegado hasta este punto con Shen? ¿Por qué le había provocado? ¿Por qué había tomado por voluntad propia el papel de Eva, de atraerle a un pecado que pesaría sobre nosotros durante mucho tiempo después?. Yo jamás me dejaba llevar por cosas tan superficiales como el sexo, pero su mera presencia me había estado provocando desde hace mucho tiempo, desde antes de entrar en aquel edificio. Meneé mi culito con gracia, dejando que sus dedos explorasen todo lo que les diera la gana mientras el cerebro me seguía zumbando, inexplicable comenzar a pensar en aquel tipo de cosas demasiado profundas para mi en un momento tan instintivo como el que estábamos teniendo, ¿en eso se basaba la dualidad del ser humano?. Alcé mi rostro, mis pechos se bamboleaban con soltura debido a los tremendos movimientos de Shen, chocando aleatoriamente contra su torso y proporcionando un placer adicional imprevisible y excitante. Por suerte el vapor no me dejaba ver su rostro por completo, pero el centelleo esmeralda de sus ojos seguía ahí presente, más visible y analizador que nunca. En aquella posición que le proporcionaba un estímulo extra a mi clítoris me vi atacada inesperadamente por un nuevo orgasmo, joder, ¿acaso era multiorgásmica? ¿cuántos llevaba?. Necesitaría a un matemático para poder contarlos. Mi sexo vibraba nuevamente, con aquel intenso y agradable resquemor producto del placer en materia orgánica. Me estaba corriendo apoyada práctica y únicamente en su pene, porque el apoyo contra la pared no era gran cosa para mi. Hinqué mis uñas en la parte trasera de su cuello, ahí donde mis manos se anudaban para sujetarme a él, y a la par que un nuevo grito, mi cuerpo convulsionó debido al delirante orgasmo que se expandió por todo mi cuerpo.

Y de repente, de repente yo ya me había vuelto un animal de la más baja calaña que solo se guiaba por un temperamento brusco y decidido, quería todas las fichas del casino para mi, pero mi condición física era más inestable que la suya, él aguantaba más el vaivén del placer que yo, pero yo me podía aún deslizar dentro de aquella cúpula explosiva de lascivia para seguir maniobrando a mi antojo. Aproveché mi agarre para levantarme un poco sobre Shen, para echar a su miembro de mi vagina sin previo aviso, y lo que es peor, para bajarme de aquel abrazo que me mantenía en volandas. Ni siquiera era consciente de si Shen estaba o no molesto conmigo, porque no era mi mente perversa ya la que ideaba la cadena de planes en aquella ducha, sino las emociones desbocadas que todavía tenían a mi sexo palpitando hasta la saciedad. Recorrí con mis manos su cuerpo escultórico, y me llevé las suyas a mi cara, una en cada lado, todavía con las mías encima, ladeé mi rostro para chuparle el pulgar, cerrando los ojos sólo para deleitarme de su huella dactilar. Y acto seguido coloqué las mías en sendas mejillas de su cara, desplazando uno de mis pulgares hasta su labio inferior, estirándolo para dejarlo volver a su sitio, me acerqué para morder aquel labio que parecía hinchado y sorbí con todas mis fuerzas el jugo que se acumulaba en el interior de su boca en un beso que combinaba el indomable ir y venir de mi lengua con el agarre de mis labios sobre los suyos. Desplacé mis manos de sus mejillas a su cuero cabelludo, estiré, estaba completamente loca, desbocada, era todo por su culpa, por tener aquel cuerpo que me hacía suspirar, aquellas manos que me moldeaban a la perfección y aquel miembro que hacía que pusiera el grito en el cielo. Pensé que nunca terminaría de saciarme de Shen, que nunca sería suficiente.

Y como si fuera una experta bailarina de ballet, me di media vuelta tras deshacer el beso abruptamente. Apegué mi trasero a su vientre, el espacio contra la pared era mínimo. Tomé su mano derecha con ansiedad, sin ningún tipo de cuidado, mientras levantaba mi pierna derecha, y la inserté bajo la articulación de mi rodilla. Si mi madre me viera puta sería el mínimo me los adjetivos que me dedicaría. Busqué su miembro con mi otra mano, notaba que mi pulso estaba aceleradísimo y aún seguía temblando como un cachorro recién nacido, pero mi determinación era más fuerte que el resto de sensaciones, y, entre gemidos desesperados lo encontré, y lo volví a meter en mi palacio, volví a sentir el cúmulo de calor en mi vagina que aún estaba borracha del anterior orgasmo, pero yo necesitaba más, necesitaba terminar explotando, y la mecha ya estaba encendida para avanzar entre chispas a una explosión catastrófica. Terminé por apegarme a la pared, mis pechos se aplastaron contra la cerámica y mis manos reptaban más arriba, como si intentaran buscar algún tipo de agarre inexistente. Me había castigado más a mí misma, la niña mala se había puesto contra la pared para recibir su merecido. Y bueno, qué decir que siendo Shen el que me lo daba era el mejor castigo de la historia. Volvía a menearme sensual pero desesperada, congraciada con la nueva postura pero a la misma vez apaleada, los gemidos habían quedado en un segundo plano sustituídos por los gritos cada vez más altos y escandalosos. Mi trasero resonaba cada vez que chocaba con su vientre, cada vez que su miembro se metía más profundo en mi cavidad. Y yo, con la cabeza ladeada, me seguía quejando a grito vivo, como si llorase, pero en realidad riera por aquel intenso placer. Arqueé mi espalda y cambié mi punto de apoyo de la pared a su cuerpo mojado, dejándola reposar sobre sus pectorales, mis brazos se alzaron buscando de nuevo su cuello para enlazarlos de nuevo tras él. Mi rostro ladeado ahora se escurría cerca del suyo, mis labios volvían a rozar su carótida. Oh, joder, maldito ser infernal, era increíble el atractivo que ejercía sobre mí, cómo me domaba sin siquiera pestañear. Estaba al mil por ciento, tras otro par de gritos conseguí calmarme un poco y coger aire, mi  boca ya estaba de nuevo en las cercanías de su oído.

No puedo más, me estás volviendo loca, Shen — le dije, como si estuviera suplicando algo. Y de repente fui consciente de que aunque hubiera dicho infinidad de veces su nombre en mi cabeza, apenas lo había pronunciado con mis labios, y pronunciar su nombre, aquellas cuatro jodidas letras sexys aumentaban mis niveles hormonales sin decencia alguna — Shen... — musité de nuevo mientras me meneaba para sentir su pene más adentro — Shen, Shen, Shen... — y cada vez que lo decía mi vagina se humectaba más y estaba más cachonda.

Y de nuevo, en aquella nueva danza, mi cuerpo se llenó de la energía que emanaba su nombre.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Sáb Dic 14, 2013 2:04 pm

Spoiler:
Lo amaba, me encantaba, no podía dejarlo ¡Bang! Me elevaba, me extasiaba, no podía dejarlo ¡Bang! Me llenaba, y me volvía a encantar, no podía dejarlo ¡Bang! Con cada 'Bang' que penetraba a Lucita, cada disparo que entraba en aquella diana miles de sensaciones me abordaban, se hacían dueñas de mi y en el mismo segundo me abandonaban pidiendome que lo volviese a hacer, era como una marea del placer. Me sentía forzado por eso y mas a seguir dandome y dandole a Lucita, la de la entrepierna ardiente, placer, gozo, ¡Mas! A esas alturas lo único que había era solo pureza, una pureza que era sucia al mismo tiempo. Emitida, como gemidos, gritos o jadeos. El tacto, el de sus manos alrededor de mi cuello, o el de las mías alrededor de aquel culazo. Miradas perdidas, que no sabían donde se habían metido, si algo era excitante, era saber que ambos, que... era nuestra primera vez, y era una primera vez de leyenda. Una primera vez inolvidable. Por la manera en la que lo hacíamos parecía que era la enésima vez que lo hacíamos, parecíamos maestros del sexo, pero no, era nuestra jodida primera vez. Volvamos al tacto, sentir como de nuevo mi piel chocaba contra la suya, como mi pecho era donde aterrizaban los suyos, o no se si era al reves. Como se producía con cada embestida, como sentía aquella placentera vagina engullir de nuevo mi sexo hasta sentirme dentro de Lucita, como un organo mas. Y lo que rodeaba la zona conflictiva, lo más mojado y húmedo de todo el lugar, el vaho parecía solido cuando intentaba colarse en aquella fiesta. Debido a esto tuve que afianzar mas, agarrar con mas fuerza aquel trasero, para que no se resbalase y poder darnos el festín una y otra vez. Mantuve un mismo ritmo, extasiado decidido a seguir así, si te gusta no lo cambies... Pero se hizo mas fuerte, algo gradual mientras escuchaba los gemidos de Lucita volverse mas fuertes, como convulsionaba, parecía arquearse desde dentro y que alcanzaba una especie de summum que materializaba en este mundo con un grito que de nuevo me abofeteó como un estímulo, esta vez no iba a parar. No era algo normal en mi complacer a las personas, cualquiera pensaría que era por mi propio placer, pero aparte... quería hacerla sentir bien. Y con eso en mente seguí haciendolo, incluso mejor cuando pareció haber disfrutado aquello, si que parecía un mini-orgasmo que había tenido contra la pared. Pero ella seguía con aquella locura que la caracterizaba, de querer romper la jerarquía siempre. Y aprovechando la fuerza que la sostenía logró sacar mi sexo del suyo, ¡Ha roto la unión! Pero me contuve mientras la veía ponerse de pie y bajarse de mi fuerte abrazo. Parecía querer devorarme con la mirada, y lo materializó con las manos, como se paseaban de nuevo. Solamente me mordí los labios, impaciente, mientras la dejaba hacer lo que quisiese, yo me iba a divertir igualmente con ella así que porque no... ¿Volver a jugar?  Mi pene parecía latir como teniendo vida propia, se contraía buscando de nuevo aquel paraiso del que le habían alejado. Le mande estarse quieto mientras Lucita parecía atraparme de nuevo con aquellos dedos que ahora bailaban en mi cuerpo para acabar guiando (que novedad) a las mías a su rostro. Quise tener manos de seda para poder rozar aquel rostro perfecto, pero ella se abalanzó y en una especie de mordisco se llevó mi pulgar. Ella tomó mi rostro, y tras jugar con mi labio acercó de nuevo aquellos labios carnosos pero no para darme aquellos besos que me ponían tonto, sino para morder el labio que antes era la cuenca de toda la sangre que había acumulado. Con violencia tiró de mi pelo, guau, parecía que se tomaba eso del instinto muy en serio. Mi lengua quiso filtrarse, colarse para aunque sea lamer aquella boca, creadora de mi nuevo licor favorito. De hecho lo logró, pero ella no terminó con aquello, de nuevo con sus descarados movimientos que siempre finalizaban de alguna bonita manera.

Yo sabía mas de baile que nadie. Pero de nuevo Lucita parecía haber sido instruida en... ¿Lucitismo? Si, seguramente esa fuese su escuela de baile. Un giro sensual con una elasticidad que embriagaba. Hizo que su trasero se pegase a mi vientre, ¿Acaso sabía lo que era aquello? Aquel culazo, aquel trasero que tanto deseaba romper ahora estaba en la posición perfecta, tal y como lo había deseado toda la noche. Pero ella decidió hacerlo variar, terminé con mi mano bajo la articulación de su rodilla, una manera extraña, pero me excitaba hacerlo de una nueva manera, dejemosla guiar. Ella parecía mas sedienta de sexo, una diosa hambrienta, y me encantaba saber que lo que la alimentaba lo tenía yo, que yo era su sustento... y ella el mío. Me encantaba esa especie de impaciencia violenta que poseía. Lo hacía como si fuese su cumpleaños y mi sexo fuese su regalo, y al final lo logró insertar ahí. Mientras parecía enchufarme de nuevo a una especie de red de energía infinita a través de su vagina como medio. Ella volvió a ponerse de cara a la pared. Y yo, ayudando un poco, quizá dando la mitad de mi fuerza para que terminase de ponerse contra esta, era el momento de devolverle el favor. De que la niña mala que era recibiese el castigo por haber jugado indebidamente, cuando le placía. No se si lo recuerdan, era un justiciero. Y era hora de repartir justicia de la mejor manera que podía. Ella se puso contra la pared, que bonita vista la de aquel enorme y perfecto trasero contra mi vientre, seguido de aquella espalda curvada perfectamente que terminaba con aquellas enormes mechas de fuego que salían de su cabeza. Pero la vista se me nubló con el movimiento que ambos produciamos, que terminaba en algo nuevo. Parecía una penetración novedosa, como volver a follar de nuevo. Pero claro, ella nunca podía estarse quieta, dejarse hacer. Tenía que seguir provocandome, rozandome de nuevo con su cuerpo y aquella rara manera de doblarse que irónicamente amaba. Pero aún así la castigué con un par de embestidas no fuertes, sino potentes y medí por los gritos que ella daba. Esto no solo le provocó a ella, me provocó una perforante sensación, de nuevo, que me sacudía y me hizo perder todo el oxígeno que me podía permitir. Tomé aire, el mismo que ella mientras la escuchaba hablar y yo reducía poco a poco el ritmo, sin dejar de hacerlo fuerte. ¿Se podía hacer? Si, y ella lo sabía bien. Mi garganta parecía seca aunque había tragado mucho, pero volví a tragar saliva para reirme ante su comentario, y dejar paso a un semblante de chico malo, ¿Era mi momento? Si. Cada vez que ella decía mi nombre parecía apuñalarme, me gustaba que aquella palabra que me designaba la dijese ella, me nombrase ella, que lo dijese de aquella manera tan sensual. Cada vez que lo decía, yo sentía que mi sexo estaba mas dentro de ella, incluso mas que otra vez, parecía que el interior de su vagina y mi pene latían al mismo tiempo, en perfecta sintonía, situación indescriptible.

Pero yo también sabía cortar el juego cuando mejor se ponía, para hacerlo aún mejor. Dejé que aquella danza se prolongase un poquito mas para llevarla del todo contra la pared mientras soltaba su pierna y la obligaba a caminar del todo contra la pared, a que todo aquel mojado y perfecto cuerpazo, aquellas grandiosas curvas bien puestas se pusiesen del todo contra la pared. Apegué mi pecho contra su espalda mientras mi sexo parecía que iba a perforarla por dentro de la presión que ejercía, me apegué mas, y mas... Mientras mi barbilla se acababa apoyando en su hombro para respirar lentamente y parar aquel baile. Dejando solo la sensación vibrante de ambos sexos unidos, de mi ser dentro de ella. Mis hebras doradas hicieron contacto con su cabello ardiente, de fuego, mientras ladeaba mi rostro para dejar mis labios a nada y menos de su oído. Mis pies parecían capturar los suyos al ponerse detras, mi pelvis era ya una con aquel tremendo culo, mi vientre y mi pecho se familiarizaban con su sexy espalda y yo en aquel momento tomaba ambos brazos, uno para cada uno. Parecía una especie de llave contra la pared, pero no había intimidad en aquello, el aire no se podía filtrar por ningún lado, el rostro de Lucita casi besaba la pared mientras desde sus pechos hasta los pies no había ningún espacio existente entre la pared y ella. Tomé aire, aquel aire que acariciaba su rostro. Aquel aire ponzoñoso que había convertido el vaho del agua pura en veneno.

Te estoy volviendo loca... tu me estas volviendo loco. Como sea, hagamos de esto un manicomio.-Le espeté a lo mas pegado que pude a su oído, casi parecía que me lo iba a meter en la boca. Aquella oreja que solo escuchaba lo que quería y hacía que lo de dentro lo interpretase como le diese la gana-Eh, Lu--Corté aquello para dar una fuerte embestida contra la pared y llevarmela contra este, ¿Se podía llegar mas a dentro de Lucita? Si, jadee antes de decir:-Ci--Otro movimiento pelvico hacia delante, este a diferente del otro fue mas elástico, con un simple vaivén de caderas y no un choque fuerte--Ta

Agarré sus muñecas con fuerza, afianzando mi posición de domador, castigador. Incluso me di el lujo de acariciar estas con mis pulgares mientras echaba sus brazos algo hacia atras como si tomase las riendas de un caballo salvaje y su pelvis se apegaba mas contra mí. Fue un agarre fuerte cuando empecé con un simple bamboleo, un simple movimiento débil dentro de ella que me me seguía produciendo aquel hormigueo en mi pecho. Aquello fue gradualmente a mas, aumentando de intensidad mientras no la dejaba separarse de la pared y yo me cebaba de su vagina y el choque de su culo contra mi vientre. Mantuve la misma intensidad, entraba rápido, algo fugaz y me hacía volar, y salía lento y suave, como una caricia de 360º. Seguí con aquello, aquel ritmo enfermizo que se alternaba entre lo rápido y lo lento, cuando de repente solté una especie de rugido, un gemido o algo así, no supe ni lo que grité. Pero si se lo que pasó despues. Solté sus muñecas lentamente mientras las devolvía a su sitio y notaba como sudábamos mas, como si fuesemos fuentes. Aún estando bajo el agua. Mis manos saltaron de sus muñecas a sus caderas, para tomarlas por detrás en aquella pequeña pausa de dos segundos para tomar aire. Aún estaba algo confuso por el extraño gemido que había emitido, no era consciente de lo excitado que estaba y el enorme placer que me producía que hasta ya emitía sonidos quejumbrosos sin darme cuenta. Deshice aquel arqueamiento de espalda en el que me había posicionado sin darme cuenta, aun no me había venido pero parecía que ya lo había hecho un millón de veces. Observé a Lucita contra la pared, aún seguía ahí y aunque fuesen menos de diez los segundos que paré para tomarla por la cintura me parecieron muchos, había que seguir castigandola. No me podía permitir perder ni un segundo mas, así que ahora mientras la tomaba con ambas manos, cada una agarrandola por un costado la llevé contra mi, y la alejé. Con fuerza, vigor, ya no valían ritmos suaves ni bailes entre plumas. Parecía que incluso entraba mejor de aquella manera, y provocaba otra sensación distinta. Eran los mismos sexos, la misma vagina y el mismo pene, pero parecía distinto conforme avanzaba. Volví a hacerlo, chocando su trasero contra mi vientre con mas fuerza y penetrandola de nuevo. Gemí por todo lo alto, me podía dar el lujo. Le añadí el extra de mis movimientos pelvicos mientras tomaba un ritmo fijo que la estampaba una y otra vez, a mi y a ella. Empecé a jadear como un animal mientras reprimía mis ganas de gritar, ansioso de mas, mientras me apoderaba de sus caderas con mas fuerza aún. Aquel cuerpazo era mío, aquella chica torpedo y su cuerpo ,totalmente mio, libre de castigarlo como me diese la gana, y darme cuenta de eso y ser consciente de ello me excitaba mucho mas. Y volví a hacerlo, quizá mas excitado que nunca, con mas ganas e impetú que nunca. Me quería fundir en dos con ella, no sin antes cumplir mi promesa de partir en dos aquel trasero, aunque fuese desde su vagina. ¡Bang! Lo idolatraba, me mataba, no podía dejarlo ¡Bang! La odiaba, me atraía, no podía dejarla ¡Bang! Lucita.

Di. Dilo. ¡Que lo digas! Mi nombre... ¡De nuevo! ¡Que lo pronuncies!
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Lun Dic 16, 2013 2:43 pm

Spoiler:
Oh baby, oh yeah. Me encantaba provocar a Shen porque era tan buen mal chico que siempre me sorprendía con sus retorcidas reacciones. Me llevó contra la pared, dos milímetros más y hubiera acabado morreándome contra la cerámica del baño sin quererlo, pero parece ser que Shen tenía la habilidad, entre muchas otras, de calcular la distancia exacta que él quería, eso o fue pura potra. El caso es que me dejó ahí empotrada, y yo pude notar cómo su masculina figura me atrapaba por detrás, soltó mi pierna, ¿un acto de bondad para apaciguarme antes de que el cataclismo se me viniera encima?. A saber, yo ahora mismo sólo sentía el metal de los piercings de sus pezones sobre mi espalda, que en conjunto con el resto de curvaturas de su abdomen, evidentemente también apegadas, me provocaban una nueva sensación de emoción, tener a la bestia detrás de mi, sin saber cuál iba a ser su próximo movimiento era más que excitante. Pude detectar fugazmente su rostro, había acomodado su mentón en mi hombro y ahora su vibrante respiración la sentía a través del ligero vaho que se revolvía alrededor de su boca. Oh baby, me dijo algo, algo de un manicomio, sí, más que sus palabras ya sólo escuchar esa voz amenazadora y sensual me producía un sarpullido global de excitación, mi piel ya estaba en estado de evaporación, ¿se estaría fundiendo con el vapor del ambiente?. Si era así que se esperase un poco porque ansiaba experimentar su nueva treta. Treta que llegó ipso facto, no me jodas, si creía que mi nombre era un simple sustantivo necesario para hacer referencia a mi persona, Shen se había violado todas las jodidas normas de la lengua francesa. "Lu" y recibí una primera embestida que me hizo gritar, "Ci" y dale, volvió a hacerlo, lo metió de nuevo, aunque esta vez fue más decoroso "Ta". ¿Ta?, mejor dicho "ratatatatata" joder, si así era como le gustaba pronunciar mi nombre por mi que se dedicara a contar sus sílabas por el resto de la eternidad, con solo notar su masculino mandoble, su masculino mandoble sincronizado con su voz, sincronizada con mi nombre... oh baby, no tengo palabras para explicar todo lo que sentí en aquel instante, quizás mis uñas, que ahora resbalaban desesperadas a lo largo de la pared tratando de aferrarse a algo, fueran una leve explicación gráfica de todo lo que se desataba en mi interior.

¿Y después de aquello qué? Después de aquello el chino se las dio de poli, me agarró de las muñecas, permitiendo sentir su tacto rudo, si se hubiera fijado en mi pulso, hubiera concluído en que podría estallar en cualquier momento, a este paso iba a morir de una hemorragia interna producto de todas las explosiones que me estaba provocando. Hizo algo así como una especie de llave, no sé, lo único de lo que era consciente es que me había quitado la única manera de expresar mi vicio hacia sus embestidas, ya no podía tratar de aferrarme a nada, ahora únicamente estaba a expensas de Shen, el domador de fieras. Volvió a penetrarme de manera continuada, un poquito más, un poquito menos, ahora hasta el fondo, ahora no, ahora te lo doy todo, ahora te doy aún más. Cada movimiento me desencajaba la mandíbula, que trataba de abrirse todo lo posible y más para dejar volar los gritos que nacían con toda la naturalidad del mundo de mis entrañas. Ah, de repente aumentaba la intensidad, oh baby, el chino era un jodido portento. Y de repente boom, rugió, literal, r-u-g-i-ó, oh-my-fucking-chinese-god, si hubiera estado en la posición adecuada le hubiera devorado aquella garganta con la única intención de degustar su voz de nuevo. Si quedaba algo relativamente humano en Shen, era su cuerpo, algo esencial para lo que estábamos haciendo, pero del resto poco quedaba, parecía un animal salvaje, no, no lo parecía, lo era, ahora dejaba escapar mis muñecas para trasladar sus manos a mis caderas, se apartó de mí, ya no sentía aquel torso de fábula contra mi espalda, maldito desgraciado, cada vez que su cuerpo se pegaba el mío era como si millones de conexiones entre ambos establecieran contacto y nos retroalimentásemos el uno al otro, por eso, cada vez que un movimiento disponía cierta distancia entre ellos me quejaba casi por inercia, a ese nivel de dependencia había llegado. Pero no tardó en llamarme a su lado, o eso hicieron sus manos, me despegó de la pared, sus jadeos eran constantes pero intermitentes, le notaba un poco ido, supuse que el raciocinio ya no formaba parte de sus planes. Su táctica fue tosca, nada de galanterías, quería ahorrarse cualquier tipo de cordialidad, no era necesaria, y su imperante rudeza era una de las cosas que más me gustaban de él. sus jadeos se fueron haciendo cada vez más evidentes a medida que volvía a entrar con fuerza en mi vagina, pude notar el fuerte choque de su vientre contra mi trasero, y cómo su miembro volvía a recorrer el interior de mi sexo feroz, iba a toda pastilla, estaba en una etapa en la que cualquier tipo de paréntesis era inaceptable para él. sus gemidos me excitaron demasiado, y aquel continuado vaivén de su pene en mi vagina, estrepitoso, demandante, me hizo gritar de nuevo, mi adrenalina estaba tan sumamente condensada en mi cuerpo que necesitaba liberlarla por algún lado, y los gritos eran la única manera de equilibrar mi propia balanza interna. Oh, oh, baby, jamás pensé que el éxtasis fuera tan prolongado. Y en medio de aquella marabunta de sensaciones, en aquella posición, follando como auténticos animales, me habló, bueno, más bien me reclamó.

No pude evitar sonreír mientras estiraba un nuevo gemido que iba desde el grave hasta el tono más agudo que mis cuerdas vocales me permitían. Me estaba propiciando tal sensación de placer que mis piernas temblaban de una forma exagerada, era como si en realidad me estuviera sosteniendo sobre dos palillos que iban a caer inminentes. Volví a arquearme, buscando más contacto del que ya compartíamos, suspiré entrecortadamente, necesitaba acumular oxígeno en mis pulmones, él no me daba tregua. Aprovechando que aún estábamos en pie, aprovechando que él se estaba comportando como un auténtico animal, quise llevar sus instintos más allá. Mi trasero se aplastaba contra su vientre, sus embestidas continuaban marcando el ritmo del desenfreno del que éramos presas los dos. Volví a entrecruzar mis brazos alrededor de su cuello, nuevamente hacía gala de mi elasticidad. Mis caderas se rebelaron contra su agarre, contoneándose desenfrenadamente, estábamos, literalmente, bailando mientras teníamos sexo, él dirigía sus propios pasos en pos de seguir perforando mi vagina con fuerza, sin contemplaciones, yo me limitaba a encender aún más la llama propiciando más placer mutuo con mis movimientos.

Shen — le susurré sensualmente, todo lo que mis fortuitos jadeos me permitían, realicé un movimiento circunvalado con mis caderas, uno fuerte, inesperado — Shen — repetí, dejando caer el susurro en su oído, y mi presuntuoso contoneo siguió deslizándose alrededor de sus potentes embestidas. Y mientras tanto, mientras realizábamos aquel acto salvaje me fui agachando poco a poco, al compás de sus embestidas, y él me siguió el juego, no sé si era muy consciente de lo que estaba ocurriendo, ni siquiera sé si yo misma lo era — Shen, Shen, Shen — exclamé esta vez con más fuerza, era imposible no terminar gritando cuando él estaba completamente desbocado. El contoneo continuó, el puro perreo que estábamos llevando a cabo continuaba su camino al embaldosado suelo de la ducha, y yo no podía parar de gemir su nombre, de repente me había vuelto una viciosa de aquellas cuatro letras. Mi culo bamboleaba con gracia contra su vientre, propinándole leves empujones, su pene seguía entrando y saliendo a toda velocidad, rápido y furioso, sí, como la jodida película. Sus rugidos, los míos propios, la sincronización sobrepasaba los límites de la demencia para internarse en la locura. Y así, en medio de aquella escena de violencia, terminamos ambos de rodillas sobre el suelo, sus manos aún sobre mis caderas, su aliento embravecido rozando mi cuello que se estiraba buscando el ángulo perfecto para que mi repetida palabra fuera directa a su oído, para que diera en la diana sin dilación. Apoyé mi nuca sobre su hombro, y arqueé mi espalda todo lo que pude, despegándola de su torso. Recibí una nueva embestida y deshice la postura para que ésta fuera más intensa, y así lo hice repetidamente, cada vez que él salía yo me arqueaba y me separaba de su cuerpo con la misma violencia con la que él lo hacía, y cada vez que volvía a internarse volvía a mi convexa posición para que la unión fuera desastrosa en nuestros nervios, nervios que hacía mucho tiempo se habían saltado el dicho de "a flor de piel". El acto era tan brusco que los gritos se fueron haciendo más potentes, a este paso ni toda la insonorización del mundo impediría que el mundo fuera consciente del espectáculo que estábamos dando, ¿pero qué importaba? a mi ya no me importaba nada más que los fervientes jadeos de Shen, ese envolvente sonido que pedía aún más, yo se lo quería dar todo, le quería llevar a su propio súmmum, a un trono construído con mis propias manos.

Sigue así, no pares diablo — fueron mis últimas palabras antes de que volviera a cambiar de posición, una posición simple pero devastadora para ambos, ni siquiera fue necesario apartar su mandoble de mi reino, esta vez no sería grosera. quería permitir que Shen se desenvolviera a su antojo sin tener que refrenar aquel ritmo que seguía aumentando y que impedía que mis gritos descendieran de tono. Deshice el lazo que ataba mis brazos alrededor de su cuello y me incliné hacia delante, apoyándome sobre mis rodillas y mis manos en el suelo, dejando a su vista mi trasero en todo su esplendor y sin dejar que el contoneo finalizara, de ningún modo desharía aquella unión que nos mantenía en un éxtasis más poderoso que el mejor colocón del mundo. Jadeé sonoramente, mi pelo se revolvía como podía a lo largo de mi espalda, mis pechos habían descendido abruptamente hacia el vacío que se abría entre mi cuerpo y el suelo, y comenzaron a balancearse brutalmente, a pelearse entre ellos, cada vez que recibía un nuevo movimiento por parte de Shen. Procuré acompasarme a su ritmo, volver a compartir las riendas de aquel caos de situación con él, ya no necesitábamos tratar de ordenarnos el uno sobre el otro, todo pensamiento o avaricia humana había desaparecido, estábamos completamente expuestos a nuestros instintos, las palabras no salían, el único idioma que hablábamos era el de los gemidos lascivos. El agua seguía manando compulsivamente, desde aquella altura parecía que nos pegaba con más fuerza, daba igual, fuerza era lo único que sentíamos, fuerza y necesidad, sentir la tensión de aquel vientre pegarme con más fuerza ahora que nunca era mi estímulo principal, todo lo demás se podía ir a la mierda, su pene entraba increíblemente bien, me invadía con total libertad y dejaba su estela de destrucción por todo mi cuerpo. No dejaba de gritar, ¿alguna vez mi voz había adquirido un tono normal? No lo recordaba. Oh baby, oh, oh, baby. La fiereza de aquellos movimientos, lo salvaje de aquella posición, sus rugidos emanando constantemente de su boca, ¿cuánto tiempo más podría aguantar?.

Oh Shen, no sabías cuánto me estabas dando, no te podrías dar ni la más mínima jodida idea, porque estábamos hablando de cantidades que superaban lo astronómico.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Lun Dic 16, 2013 9:34 pm

Spoiler:
¿Sabes? Era como volver a probar lo mismo, y pensando que te ibas a encontrar con lo mismo te encontrabas con un sabor nuevo. Con cada penetración, con cada estela de placer que volvía a retomar me encontraba con una sensación nueva, que mejoraba a la anterior pero te pedía que lo volviese a hacer. Aquel loco desenfreno de querer más, de anhelar mas, de querer apoderarme de Lucita como mi jodida fuente de placer, aquello es lo que me hacía agarrarla como un salvaje, un descosido que no hacía mas que hacer chocar su culazo contra mi vientre con mas fuerza. Parecía que hasta había rebote y todo, y a ella le gustaba. Le gustaba aquel castigo infringido, un castigo... bueno, no era como tal, pero era divertido llamarlo así, cosas nuestras. Me gustaba como gemía la muy perra, cada gemido que soltaba era como una nota que se quedaba en los azulejos del baño como notas en un pentagrama, una sinfonía que venía seguida y que no hacía mas que estimularme y querer escucharla mas, y para eso tenía que seguir haciendo lo que hacía, perforar y volver a perforar, ¿Era un buen trato? Si. Se me empezaba a nublar la vista, no veía mas alla del trasero de Lucita y no me atrevía a observar su cabellera por si me quedaba cegado. Miraba con recelo, le tenía envidia a aquellas gotas que seguían cayendo por su espalda sin mi permiso, abusando de aquel tobogán perfecto mientras parecían reirse de mí. Pero aquella ladera que terminaba en falda de placer se volvió a arquear de alguna manera, ni de coña, no iba a parar. Seguí con aquellas envestidas contra aquella perra mientras parecía hacer de nuevo aquel extraño lazo que de alguna manera u otra cambió el color de todo. Quiso regular de nuevo, saltarse el castigo. Pero me gustaba que lo hiciese, que se aprovechase, que me provocase de aquella manera, de hacer que mis manos resbalasen de sus caderas y que intentasen sujetarse a estas con dificultad mientras empezaban a contonearse y nos sumían en un lento baile. En función a eso me reajuste de nuevo a mi compañera de restregueo, hice de aquello una perforación que iba a elevarse, a buscar el techo de su vagina como si quisiese aferrarse a este mientras se deslizaba dentro con fuerza y poder. Se escuchaba una canción de fondo, el equipo de música aún sonaba, pero lo que realmente sonaba de bien era escuchar gemir mi nombre, importarlo con lascivia desde su boca hasta mi oído. Parecía que mi nombre se había convertido en una palabra tabú que a ambos nos encendía escuchar, ¿Shen? Ella se movía serpenteando sin mi permiso ¿Shen? Yo intentaba retomarla, adaptando mis embestidas a el movimiento bamboleante de su trasero ¿Shen? Ella volvía a bailar ajena pero empujandome a seguirla ¿Shen? Yo la seguía como un perro y resultaba que ambos lo disfrutabamos. El último Shen me lo guardé para mí, alcé la vista mientras disfrutaba como lo gritaba, como hacía de aquellas cuatro letras algo digno de escuchar y atesorar. Respondí, de nuevo, inconscientemente soltando una especie de rugido mientras subía el ritmo de aquella impregnación lasciva y desafiando a sus caderas resbaladizas la intentaba hacer mas mía.

-Nghhhaaaaahhh...-Se coló cuando me encontraba arrodillado en el suelo, sin importarme como había terminado ahí, sabía que había sido bailando el baile prohibido pero esa era la gracia, que no podías acordarte de como era. Con mucho egoísmo me hice dueño de su cuerpo lentamente mientras mi pene me pedía mas energía, mas fuerza para poder hacer de su amiguita la vagina mas feliz del mundo. Disfrutando de su pequeño espectaculo de contorsionismo seguí con lo mío, como un salvaje, totalmente entregado al instinto y sin arrepentirme de ello. No conocía mis límites, la linea se desdibujaba una y otra vez, cuando pensaba que no podia recibir mas placer parecía que la vagina de Lucita abrazaba mi pene y engatusandolo lo obligaba a ordenarme que siguiese. Respiraba por la boca, jadeando como un perro de caza tras kilometros persiguiendo el conejo de Lucita, un momento, yo ya tenía el conejo de Lucita ¡Ooooooooowwwww! Aquel tipo de pensamientos ayudaban a que volviese a empujar mi vientre contra su culazo con mas fuerza y que por ende mi pene entrase con mas fuerza, que el choque de ambas pieles y la continua friccion de nuestras X produjese en nosotros un algo que no se podía describir. Quizá se podía intentar descifrar por mis jadeos y por los enormes gritos de Lucita, pero no, no se podía intentar entender. Seguí con lo mío mientras disfrutaba de alguna manera del calor de Lucita, mas caliente que aquel agua, polvora mojada que estallaba en cualquier estado. Pero cuando empezaba a pillarle el gusto de nuevo a sus extrañas posiciones ella decidió hacerlo mas ortodoxo, mas normal, mas salvaje, la posición de la selva, del mundo animal, ¡La posición que todos los animales se conocían! Lentamente, ella me dió el placer de complacerme, se quería entregar al placer completo, a la sumisión para que pudiese... para que yo pudiese... que bonito gesto por su parte, para que yo pudiese cumplir mi promesa de partir aquel culazo por la mitad. Ella apoyó sus manos en el suelo y yo reafirmé mi posición mientras su comentario parecía rebotar en las paredes como un recordatorio de petición, algo así como 'Shen, fóllame, pero hazlo duro' Y yo soy un hombre de palabra, benditos mis ojos que vieron una figura tan bella frente a mi. Eso, era ARTE. Seguí embistiendo, pero yo sabía que no lo daba todo, agarré aquel trasero ahora, parecía arañarlo con las llemas de mis dedos que querían dejar mis marcas mientras me empujaba hacia delante. Pero fuí parando progresivamente en aquel nuevo mar de placer. ¿Para que paras, pedazo de gilipollas? ¿Para que? ¡Ceremonia! ¡Inauguración de una nueva era! Dejé de embestir, paré, del todo. Me sentía vivo, mas que nunca, llené mis pulmones de aquella ponzoña que llamabamos aire y alcé una de mis manos para acabar dirigiendola con rabia hacia el trasero de Lucita, lo suficiente como para poder deleitarme de aquel azote que pareció dolerme a mi también cuando sentía el chispazo recorrer mi brazo desde mi mano hasta lo mas profundo de mi, se esculpió una sonrisa pícara de nuevo en mi rostro. Puse ambas manos en aquel culazo y afiancé mis dedos mientras sacaba lentamente mi pene, con dificultad. Tragué saliva y me preparé para dar el pistoletazo de salida.

¿Que no pare? Ni que lo pidas. Voy a darte hasta que se te deshaga el jardín secreto

Y cuando mi glande parecía que iba a aspirar de nuevo el aire, de ver de nuevo el mundo real lo obligué a volver, pero no lo hice volver gentilmente. Lo devolví al País de las Maravillas como yo mejor sabía, con una acometida hacia delante que me hizo rugir del placer, del gozo enorme que sentía al hacerlo. Y lo volví a hacer, otra acometida llena de corpulencia que nos daba una enorme reacción cada vez que lo hacía. Sin limitaciones, sin temor a dejarme toda la vida teniendo sexo con mi diosa, me había entregado totalmente al instinto, un pacto con la diablesa y yo lo había aceptado. Lo siguiente fueron una lluvia de acometidas, embestidas con extrema solidez y firmeza. Quería romper en dos su pompis, quería aquel culazo bien moldeado, que ahora lucía la marca de mi mano, aquel que manoseaba con excesiva posesividad y que usaba como agarre, quería hacerle honor y darle lo mejor de mí, que cada vez que viesen mi pelvis aquel par de nalgas que se restregasen de alegría. Y lo que pasaba dentro... parecía que hasta entraba mejor, que llegaba mas a dentro de Lucita, que se formaba un inmenso nudo en un momento que se deshacía en una explosión de gustosa satisfacción. Otra vez, otra vez, otra vez... la misma sensación, con diferentes sabores, placer que aumentaba por cada milisegundo. Aquello era una gozada, Lucita era una gozada, ella y todo lo que venía con ella, el jodido pack completo, como una RockNRolla. Llevábamos lo nuestro, pero yo seguía revitalizado, ¿Red Bull? Probad la vagina de Lucita, un sorbo y no dormireis en siete días. ¡Yeeeeeeeha! No cabía dentro de mi gozo aquello, cada vez que mi pene se movía arrasando por dentro y al mismo tiempo sanando cada vez que se retiraba hacia una falsa retirada. Me costaba contenerme, no existía el control cuando algo tan placentero se te servía y no podías dejar de embriagarte de ello. Mis movimientos se habían hecho ya algo rítmicos, me guiaba por los gemidos de Lucita, con cada acometidas pretendía por un lado hacerla gritar, aquello me ponía, y mucho. Mi sexo parecía doblar su tamaño de nuevo, y eso que ya era dificil, podía sentirme conectado ya plenamente a ella. ¿Bluetooth? ¡Sexo donde lo alla! Afiancé mi posición de nuevo, esta vez sin pausas, sin dar un jodido aviso. Había que buscarlo de nuevo. Me encantaba tenerla teoricamente sometida de aquella manera, aunque ella ya participaba bastante poniendo su cuerpazo a mi disposición, y se lo iba a devolver aún mas, con mucho mas... El ritmo empezó a subir, y subía, y subía. Y mientras agarraba con mas fuerza y empezaba a quemarme por dentro el movimiento de mi pelvis hacía de mi pene una especie de metralleta que ¡Ra ta ta ta ta! a aquella velocidad iba a calcinar toda la jodida y placentera vagina de la diablesa. Gemí, rugí, o grité, no sabía como clasificarlo, si hasta parecía que aullé, no se que jardín secreto hice, pero lo que si sé es que quería expresar el enorme placer que sentía en aquel instante cuando me sentía mas vivo que nunca y la realidad se hacía lo mas anhelable posible. Miré a mi compañera bajo aquella lluvia que no nos podía lavar, me encantaba Lucita y le iba a expresar lo mucho que me ponía con cada acometida. Aquel baile desenfrenado de una sola dirección se empezaba a poner mas caliente, ¿Es que acaso no estaba lo suficientemente caliente? No se sabía, con Lucita no había límites.

¡Aaaaaaaaaaauuuuuuuuuuu!
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Miér Dic 18, 2013 4:13 pm

Spoiler:
¡Pum!
Fue como dar el pistoletazo de salida, y lo dejó bien remarcado el cabronazo de él. Ni bien había terminado de colocarme a cuatro patas, Shen se emocionó, se emocionó más de lo que se emociona usualmente. Agarró mi trasero con fuerza, como si fuera a desgarrarlo en cualquier momento, con una violencia inaudita incluso para él. Pero cuidado, antes me dejó un aviso, había continuado con aquella brutal fuerza, empotrándose contra mi interior, pero de repente paró, ¿pero qué jodida mierda le pasaba? hubiera replicado, le hubiera insultado, desgraciado, maldito, hijo de p... pero no me dio el tiempo necesario para escupirle la ira contenida que cargaba con sólo haberse frenado. Me dio una hostia, sí, me dio un puto latigazo, con la mano, me pegó el muy... hijo de... maldito descerebrado, cada vez que se proponía hacer algo nuevo me sorprendía, el plas resonó en el pequeño habitáculo que compartíamos, la piel en aquella zona se me erizó más de lo que ya estaba, y una descarga eléctrica me recorrió todo el jodido cuerpo. Era una enferma mental, definitivamente, porque aquel azote, aquel golpe realizado con una remarcada desmesura, aquel golpe que partía del instinto más primitivo de Shen me puso aún más caliente, ¿tanto me gustaba la violencia?. Estaba perdida, definitivamente, violencia, Shen, sexo, Shen, violencia, SEXO. Podía sentir el significado de aquellas tres palabras recorrer cada uno de los músculos de mi cuerpo, convulsionándolos y arrastrándome a un maremoto en el cual la moral se había sumido en la desidia. Grité mientras emitía una carcajada. Vamos, que el chino lo había pillado, supongo que era muy sutil en mis palabras, pero él sabía interpretarlas a la perfección, no pares y fóllame hasta matarme, o qué sé yo, algo así había querido decirle, y él se lo tomaba al pie de la letra, no me quedaba duda de que era otra víctima más el desenfreno, al igual que yo. Sus palabras me trajeron un poco a la realidad, hicieron que abriera los ojos, que estirase los músculos de mis párpados casi hasta que me dolieron. Más, me iba a dar más, ¡yeah!. Estaba más que motivada, estaba en aquella recta final de la carrera, en ese glorioso momento de expectación, cuando estás a escasos metros de la línea de meta y sabes que vas a ganar, que no hay manera de que el resto de los rivales se te adelante, que vas el primero y el triunfo está más que cantado. volvió a agarrar mi trasero, afianzó el agarre de sus manos y lo hizo más suyo, pareciera que se quisiera llevar el copyright de algo que era mío, en aquel momento le hubiera cedido todos los derechos sobre mi culo para que hiciera lo que le diera la puta gana con él, un momento, eso es lo que precisamente estaba haciendo. Nuevamente volvió a sorprenderme con otro acto, otro que me molestó aún más que cuando hubo parado minutos antes, lo sacó, ¡sacó el mandoble!. Comenzaba a pensar que al chino le gustaba enfurecerme para su mayor divertimento, se estaba acostumbrando a hacer aquello, y curiosamente aunque a mi al principio me enervaba, al final... bueno, digamos que sus malas acciones en mi contra al final siempre tenían una recompensa, ahí residía su exótica sensualidad, en aquella maldad juguetona.

El tiempo pasó, los segundos simbolizaban horas en mi reloj biológico, creo que meneé el trasero, pidiendo más. Sin embargo él no se hizo esperar, arremetió de nuevo contra mi vagina a lo grande, internándose en ella a la perfección ¡diana! y vaya diana, era una diana gloriosa. Yo que pensaba que mi primera vez sería una mierda, you know, falta de experiencia, un tipo que busca más su propio placer que el de ambos... pero estando con Shen todo se volvía multicolor, sí joder, podían mandar al nyan cat a tomar por culo, ¿arcoiris? putas mariconadas, lo que Shen creaba eran auroras boreales. Entró secamente, pero con la fuerza de un titán, y rugió como consecuencia del brutal contacto, él rugió, yo aullé, elevé mis notas agudas de nuevo, las notas que aclamaban el placer del cual me hacía partícipe. Volvió a repetir el movimiento, de nuevo, seco, brutal, era tan perfecto, era jodidamente enfermizo, adictivo, era el súmmum de mis más temibles emociones, concentradas en aquel miembro, en aquella fuerza. Después retomó su quehacer. Aquel pene entrando y saliendo de nuevo, proporcionaba una sensación tan única que casi me parecía increíble, me encantaba, embestida tras embestida aumentaba mi adicción a su sexo, a todo él, maldita sea, qué puto peligro de hombre. Esto... esto no estaba previsto, podríamos decir que el dicho de "la curiosidad mató al gato" se me podía aplicar perfectamente, yo me había propuesto desatar a la bestia, lo que no sabía es que al liberarla me había condenado a mí misma a caer en el caos más absoluto. Pero no me arrepentía, de nada. Si hubiera estado de nuevo en la misma situación, es más, le hubiera provocado desde el primer momento, me lo hubiera tirado en un jodido callejón. Mis gritos se seguían agudizando a medida que él continuaba penetrando, revitalizándome cada vez que se internaba hasta el fondo, tratando de llegar a la cima de algo, no lo sé. Su pene parecía más vivo que nunca, parecía haberse agrandado, ¿aún más? retroalimentación, lo dicho, él se hacía más grande cada vez que me embestía, yo me humedecía más y más. Los dos, tirados como perros con rabia en el suelo de la ducha, bañándonos en una lluvia de indecencia y pasión extremas. Nos desenvolvíamos a marchas forzadas, habíamos rebasado nuestros límites hacía mucho tiempo, increíble, jamás en la vida había sentido una atracción tan brutal como aquella, jamás en la vida pensé que encontraría a un demonio como él, un demonio que me llevara al paraíso a través de la maldad y el engaño, era tan sublime, era un jodido  dios. Volvió a afianzarse, más, aún más, se apoderó con más alevosía de mi trasero y sus embestidas cambiaron, sus embestidas se aceleraron, era como sentir una puta ametralladora, pero en vez de disparar balas lanzaba bombas, cinco, diez, quince bombas por segundo, el ritmo y la devastación en mi cuerpo aumentaban a medida que él se endurecía más si podía caber y subía la velocidad, era como un sprint interminable, como si él tuviera esa maravillosa capacidad de alargar un momento perfecto, eso que dura milésimas de segundo él lo convertía en milenios, mi plena satisfacción se hacía eco en el ambiente a través de mis gritos descompuestos. Jadeaba, gemía, gritaba, volvía a gritar, y él simplemente seguía arremetiendo con fuerza, maltratando de placer a mi trasero cuando chocaba violentamente contra su vientre.

Me... me estás desmontando, joder — exclamé dejando escapar una risa que rozaba la histeria, me había vuelto completamente loca.

De alguna manera necesitaba corresponderle con toda mi energía. Necesitaba devolver aquel favor, devolver aquel movimiento. Lo sé, me tenía sometida por completo, pero desde aquella placentera sumisión podía rebelarme de alguna manera, ¿no?. Mi movimiento fue simple pero efectivo. Me removí levemente y comencé a empujar con violencia, hacia delante y detrás, casi pareciera que estábamos en medio de una pelea, el placer se duplicó, al igual que mis gritos. Creo que me desplacé un poco hacia detrás, como queriendo hacer aún más fuerza contra él para notar del todo, aún más, al mil por ciento, a aquel semental. Sin embargo no supe en qué momento ocurrió, pero el leve cambio de posición me hizo un click. Un disparatado click. De repente el placer no se había duplicado, ¿se había cuadruplicado?. No lo sé, no era consciente de nada, pero en aquella posición ahora, cada vez que me insertaba su pene hasta el fondo llegaba a... no sé a dónde llegaba, pero me daba en una zona completamente desconocida para mí y que me sumía en la rabia y la locura. Algunos lo llaman punto g (?). Pero qué mierda le pasaba al chino joder, era mejor que Sherlock Holmes. Mis gritos rugieron, aullaron, y todo lo que cualquier puto animal pueda hacer. Era una sensación indescriptible, como si el fuego estuviera consumiendo literalmente mi vagina, era un placer tan potente que no podía contener siquiera aquella posición, estaba temblando, mis piernas temblaban, mis brazos temblaban, la cabeza me daba vueltas, pero Shen no paraba, y si lo hubiera hecho en aquel momento le hubiera odiado de por vida. ¿Podía gritar más? ¡Podía! Estaba batiendo mis propios récords, ¡mejor marca personal, y en aumento!. La desesperación que nació de aquel desmesurado placer era tal, que antes de seguir temblando tuve que darle un puñetazo al suelo, tratando de reestablecerme de algún modo, de "recuperar la compostura", pero no hubo manera, cada vez que su gran pene se metía, cada vez que aquel vibrante miembro rozaba con brutalidad las paredes de mi interior y su punta alcanzaba aquella cima de placer me retorcía con brutalidad y gritaba como si me estuvieran matando.

¡Shen, joder, no puedo más! ¡Estás.. estás...! — estás haciéndolo tan bien que me voy a correr a lo bestia, eso quería decirle, pero las palabras no terminaban de salir, mi cerebro no lograba procesarlas al cien por cien — ¡Me voy, mierda, me voy...! — fue lo último que pude decir. No es que le estuviera advirtiendo de nada, o no era la pretensión, simplemente necesitaba vocalizar algo, decirme a mi misma que aún tenía la capacidad del habla.

Mi vista se nubló, fue algo prodigioso, fue algo que ni en la vez anterior en la que lo habíamos hecho alcancé. Fue el súmmum del súmmum, era algo parecido a la muerte, algo parecido, digo, era como si estuvieras en el filo del precipicio, a punto de caer, y justo cuando la adrenalina estalla viendo que la vida se iba a esfumar en plena caída libre sales disparado al cielo, como si te hubieran lanzado con un puto tirachinas. Mi grito se estiró de tal manera que pensaba que me iba a dejar sorda a mi misma. El orgasmo llegó con tal violencia que no me quedó de otra que convulsionar, perdí las fuerzas por completo, el placer me había consumido y me había arrebatado todo el vigor que presumía tener. Caí sobre mis brazos, mis pechos aterrizaron con violencia apretándose contra el suelo, mi trasero se alzó aún más y bamboleó de un lado a otro, y mientras yo seguía gritando como una jodida posesa. Aquel clímax me estaba matando por dentro y por fuera. El grito desgarrador que emití colapsó en otros tantos, trataba de coger aire y no podía, sólo tenía energías para dejarme embargar por aquella sensación inmensa, por aquella maravilla que me había regalado Shen.

Terminé jadeando como una maldita perra, invitando al oxígeno a entrar a mis pulmones, apoyando la frente contra el suelo. Shen... Shen era mi genio personal, aquel que hacía magia por sobre todo mi cuerpo y me llevaba a un estado irreconocible y desesperado. Era la maldad personificada, la sensualidad convertida en persona. No pude dejar de pensar en él, abrí los ojos, ciega aún por aquel orgasmo devastador.

Y por primera vez en mi vida, tuve miedo. Miedo de haber encontrado a aquel diablo.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Dom Dic 22, 2013 2:13 pm

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¿Era aquello la vida real? ¿Era Matrix? No me importaba lo que fuese, yo solo quería que todo se limitase a Lucita y Shen. A ella y yo. A que esa sensación fuese eterna y real, que perviviese siempre y que nos volviese a sacudir de nuevo, una y otra vez. Una y otra vez, como mi pene que entraba con una lubricada sequedad que lo hacía ir y venir, acompañado de la fuerza salvaje, del rugido de mi alma al poder tomar a Lucita y poder fundirnos los dos. Ella con su característico bamboleo seguía ayudando a que la penetración fuese eso y más. a que mis manos luchasen por aferrarse mas a ese cuerpo salvaje y que se confiasen cada vez que chocaba contra mi vientre. Y como olvidar esos choques, esos choques que la pegaban contra mí, como pequeños azotes sin querer que cada vez parecían mas fuertes. Era mi primera vez, pero con cada penetración me sentía desvirgado de nuevo, como si aquello que disfrutaba, aquel... sexo que tanto me encantaba y que parecía que empezaba a conocer se hiciese mas desconocido y mas sorprendente por segundos, por cada jadeo, por cada gemido, por cada grito, por cada embestida... el precio que pagabamos encantados. Mis vistas eran perfectas. La figura de Lucita frente a mi, perfectamente dibujada y que hacía que mi vista se perdiese, que pidiese un descanso al no poder soportar lo titánico de aquel cuerpazo mojado y al mismo tiepmo ardiente. Aquel cuerpo que emanaba placer y que me hacía preguntarme de que era capaz, si podía saciarlo. Bajo una falsa promesa de castigo seguí agarrandola con fuerza, pensaba que me abandonaba, que no me quedaban mas, solo para embestir mas y mas fuerte, para acometer con mi sexo dentro del suyo y sentirme dentro de ella, de poder disfrutar una y otra vez de su vagina y de ella. Pero me desconcertaba, pensaba que no tenía las fuerza suficientes pero cuando miraba a su trasero encontraba mis manos ancladas, como garras sobre una presa, y lo hacían con fuerza, demasiada fuerza, y me planteaba '¿Realmente no se controlarme?' Con fuerza o no seguí disfrutando del tacto de aquel culazo que seguia viniendo y yendose, con una extraña marcha, un ritmo bajo la lluvia, un baile que nos hacía avanzar a la velocidad de la luz en aquel creado espacio, en aquel mundo donde exclusivamente estabamos ella y yo.

Donde su voz se hacía un eco que no perdía la fuerza y resonaba aún con mas fuerza. Ella decía que la, que la... que la estaba des-mon-tan-do. No solían afectarme mucho las provocaciones, y aunque esa no lo fuese me dejé llevar aún mas por ello, era la magia de la voz de Lucita, podía hacer de un animal una bestia solo con tres palabras, y así fue. El ritmo fue a mas, la fuerza fue a mas, todo fue a mas, incluso su insumisa rebeldía. Pero aún así no podía escapar, no podía negarse al hecho de que aquella iba a ser la pose con la que la iba a degollar. Aún así, remarcó el hecho de que era un juego de dos jugadores y pareció menearse hacia atrás con mas brío. Mi reacción fue instantanea, yo también lo haría mas para delante, como si quisiesemos saltarnos la ley de Murphy. ¡A la mierda la Ley de Murphy! Y al saltarnos lo que nos venía en gana, al hacer lo que realmente queríamos, tal y como lo hacíamos el placer volvió a hacerlo, si, volvió a despegar a toda velocidad, como viajando através del tiempo, perforando cualquier barrera y saltandose los limites volví a experimentar algo superior, algo mejor, algo que me saciaba y al mismo tiempo me dejaba con ganas de mas. Sentí en aquella travesía, que mi sexo ahora llegó a un sitio nuevo, si, ya me sabía donde había estado, o por lo menos sabría orientarme y sabía perfectamente que rozaba algún sitio que hacía que Lucita lo gozase como una salvaje. Y verla así, sentirla así me retroalimentaba, su placer era el mío... lo compartíamos. Pero pude notarlo, se acercaba, venía de nuevo, el discurso del rey. Sentía el poder de nuevo dentro de mi, esta vez amplificado, con cada roce con las paredes de su vagina que ahora formaban parte de mi sexo se hacía mas notorio, mas nitido, mas fuerte, mas instintivo. Saber que iba a ser lo mejor de lo mejor. Sus gritos se hicieron perforadores, y sus palabras mas afiladas, el movimiento de su cuerpo... todo de ella me excitaba, me estimulaba a seguir dandolo todo, alimentaban la bestia que había en mi. Lujuria, bonito pecado.

Donde se supone que debería estar mas cansado parecía mas lleno de vida que en cualquier otro momento, mas salvaje que nunca. Mis manos se resbalaron de su trasero y se agarraron a la parte baja de sus caderas, la abracé contra mi, del todo, rodeando la parte externa de su pelvis, con fuerza, casi arañando. No podía respirar pero no notaba la falta de oxígeno en mi cuerpo. Y en ese momento fue cuando me quemé, nos quemamos, ardimos como bastardos que eramos. Ella parecía que se iba a venir, se venía, lo hacía, podía notarlo, como en la zona conflictiva todo se hacía paradisiaco. Y entonces, me esforcé, con todo lo que pude, lo ibamos a hacer juntos, habíamos follado juntos e ibamos a corrernos juntos. No conté la de veces que la penetré antes de que sucediese, pero si que se que nunca olvidaré aquello, cuando notaba que toda mi energía vital se la llevaba aquella súcubo, la cual parecía desplomarse como un castillo de naipes. Cuando todo se puso humedo, cuando lo ultimo que me quedaba de fuerzas lo invertí en aquel salvaje baile atisbé la luz. La ví un poco, para sumirme en la oscuridad, en la oscuridad mas placentera y acogedora que jamás hubiese imaginado. Mis ojos se cerraron, mis manos flaquearon pero mi pelvis dió una ultima embestida para quedarse aparcada dentro de su vagina, y al mismo tiempo, al unísono ambos parecímos gemir, soltarlo todo por la boca. Expresar cuan placentero resultaba ser aquello. Volví a rugir, incluso mas que Mufasa y Chewbacca juntos para regalarle la última a Lucita, un ultimo movimiento para corrernos a la vez. Y todo pareció reducirse a aquellos segundos, a los que precedieron y los que protagonizaron aquello. Boom, solté todo mi discurso dentro de ella. Notaba como una enorme cantidad de semen fluía dentro de ella a borbotones y yo me revolvía del espasmo al sentir aquello, como ahora si que eramos uno. Como aquello se terminaba de caldear. Ya no había ningún plastiquito para recoger nada, parecía que hasta se salía de su vagina porque ya no cabía mas de la extraña mezcla de sus flujos y los míos. Parecía que aquella sensación no me iba a abandonar, yo me quería quedar dentro de ella, seguir sintiendola, pero algo en mi me hizo retroceder lentamente mientras sacaba mi sexo del suyo y dibujaba un grueso hilo blanco que iba desde mi glande hasta la entrada del paraíso. Me eché hacia atras, y como si hubiese estado atrapado una eternidad bajo el oceano sin oxígeno tomé todo el aire que pude y solo pude perderme en el mar de pensamientos que no dejaban de ahogarme. Un mar de pensamientos, un sinfín de ellos, una inmensidad y todos ellos llevaban el mismo sello, el mismo nombre: Lucita. Mi pecho no parecía ser suficiente para poder soportar lo fuerte que respiraba, y lo explosivo de cada latido de mi corazón. Me eché del todo hacia atras, me senté apoyando mis manos en el suelo mientras las gotas de agua que salpicaban mi cuerpo me recordaban que todo aquello era real. Mi primera vez... Lucita... genial, sublime. Aunque parecía raramente saciado mi pene aún retumbaba, mi piel anhelaba la electricidad de Lucita y mis manos querían volver a quemarse sujetando aquel trasero. Aún así, solamente pude echarme una mano al pelo y exclamar para romper el silencio protagonizado por los jadeos y los gemidos que llegaban tarde:

Ha sido... ¡Legendario!

Dije, extasiado aún, perdido en aquellas invisibles caricias producto del sexo que aún nos sacudía aún estando distantes. Pude soltar algunas pequeñas risas, incluso respirar y darme el lujo de observar el bello contorno de Lucita antes de que algo entrase en mis oídos, y no eran sus queridos jadeos y gemidos. Era un timbre, y llevaba bastante tiempo sonando, demasiado. Ambos parecíamos saberlo, pero parecíamos haberlo ignorado. El timbre de la puerta llevaba sonando demasiado tiempo, como si hubiesemos estado follando una eternidad y el timbre hubiese estado ahi desde el principio. Otra muestra de cuan lejos estuvimos de la realidad y lo inmersos que quisimos estar en nuestra querida ficción. Una ficción que irónicamente también pertenecía a aquella realidad, pertenecía a aquel mundo, aquel mundo en el que me despertaba cada mañana, donde me movía. Todo aquello pertenecía a nuestro mundo y se me había grabado a fuego, y iba a ser eterno hasta que aquel mundo se acabase. Grabado a fuego, Lucita.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Lun Dic 23, 2013 12:27 pm

Spoiler:
Fue una sensación indescriptible sentir aquel rugido final asomarse a mis oídos. Fue indescriptible notar aquellas manos deslizarse a través de mis caderas hasta abrazarlas por completo, palpar con mi ardiente piel la suya, notar la tensión en sus músculos y su aliento exhalando gemidos que iban más allá del placer mundano. Fue indescriptible notar cómo él llegaba al clímax a la par que yo, cómo su pene retumbaba en mi cavidad, peleándose con las paredes de mi vagina para soltarlo todo. Sincronización. Eso es lo que éramos, pura sincronización, nuestras células estaban hechas para pelear ente ellas y fundirse, nuestros cuerpos reaccionaban el uno con el otro, se correspondían con una naturalidad abrumadora. Justo cuando me corrí, él hizo lo mismo, inundó mi interior con su semen, salió con violencia mientras me dedicaba su última estocada y yo desenvolvía mis gritos en algo mucho más grande. Pude notar cómo mi interior se llenaba, rebosaba de él, tanto que no cabía todo lo que me estaba dando, convulsionamos a la vez, nos regalamos el último espasmo mientras el ensordecedor eco de nuestros gritos se terminaba desvaneciendo a la par que nuestras sensaciones. Él se retiró mientras yo me iba incorporando poco a poco, vi cómo un hilo de semen descendía de mi vagina, con la vista aún nublada y los sentidos apagados me quedé unos segundos ahí sentada, intentando recuperar la cabeza. Sus palabras fueron las que me despejaron e hicieron que soltara una pequeña risita. Di media vuelta y le observé ahí tendido, contra la pared, descansando de aquella pelea que tanto habíamos disfrutado, la mejor que hubiéramos tenido, sin duda alguna. Gateé en su dirección cuando nuestras miradas volvieron a entablar contacto, me perdí en su mirada, navegué en un océano de caos cuando alcancé su regazo. Seguía impresionada por su culpa, seguía muy confundida por su culpa. Porque nunca había experimentado esta clase de sensación, y supuse que necesitaba indagar un poco más acerca de ello cuando mis manos se posaron en sus hombros y le arrebaté de nueva cuenta un beso apasionado. La electricidad volvió a invadir mi cuerpo, ¿cómo era posible? ¿era alguna clase de brujería?. Finalicé aquel beso acariciando su labio inferior con mis dientes.

Ha sido legendario, sin duda alguna — dije mirándole a los ojos — Tú y yo... — no sé qué es lo que me proponía decir, más bien creo que era mi subconsciente el que había tomado las riendas de mis palabras, sin embargo, desperté definitivamente de aquella atracción encantadora cuando escuché sonar el timbre. ¿Lo había escuchado antes? Sí, llevaba sonando durante un buen rato, pero la realidad en la que habíamos estado vagando Shen y yo estaba a años luz de la verdadera realidad, y al mismo tiempo se situaba justo al lado, por eso no pude darme cuenta del insoportable chirrido de aquel timbre hasta aquel momento. Mis ojos se abrieron más, como si de repente me hubiera estrellado contra la realidad y fuera demasiado tarde. Miré a Shen de arriba a abajo en un fugaz vistazo, y apreté el agarre de mis manos sobre sus hombros, me limité a comprobar que aquel genio de verdad era de carne y hueso, que no había sido una ilusión, que seguía ahí en frente de mí. Y cuando palpé, cuando me aseguré de ello, me levanté a toda prisa, cogí una toalla con la que traté de secarme como pude, revolví mi pelo en ella y sequé mi cuerpo como pude, aunque el agua aún bailaba alrededor de mi piel. Salí desnuda del cuarto, observando el desastre que habíamos dejado en la habitación, recogí los disfraces y los dejé debajo de la cama. Y una vez salí al salón traté de exclamar con calma pero rudeza.

Ya va, joder — habían comenzado a golpear la puerta mientras el timbre seguía resonando, me asomé por la mirilla, era Jean. — Mierda — mascullé.

¿Dónde estaba mi ropa?. Ah sí, en el cuarto de disfraces. Entré a toda hostia y me puse el primer tanga raro que encontré y los shorts, ¿dónde estaba mi sujetador? mierda, no tenía tiempo, rebusqué en el cuarto y encontré la ropa de Shen, me puse su camiseta y recogí sus pantalones, cuando tomé aquella prenda entre mis manos escuché el sonido metálico estamparse contra la madera del suelo. La llave. La recogí, la observé durante unos segundos y me la metí al bolsillo. ¿Por qué hice eso? No lo sé, quería creer que fue para descubrir qué era lo que tramaba el chino, pero en mi interior sabía de buena cuenta que aquella llave sería la excusa perfecta para verle de nuevo, para hacer que de una u otra forma reapareciera en mi vida, aunque solo fuera para pedirme aquella llave. Salí de allí, vestida de mala forma y entré en la habitación para pillar los boxers de Shen y sacar una camiseta de Batman (?) del armario. Cuando volví a entrar en el baño él ya estaba de pie.

Ponte esto — le lancé la ropa — No salgas de la habitación, y si sales, que no sea por la puerta — le advertí, aunque quién sabe lo que Shen haría, él nunca acataba las órdenes, chico rebelde donde los haya.

Volví a salir del baño y de la habitación, cerrando la puerta tras de mi. Y en ese pequeño camino, en esos escasos diez pasos que di desde la habitación hasta la puerta de entrada me di cuenta de todo lo que acababa de ocurrir. Shen se había corrido dentro de mi, mierda, mi rostro palideció, quise echarme las manos a la cabeza, ¿estaba loca? ¿cómo mierda había dejado que...?. La pasión me había consumido hasta tal punto que ni siquiera me había dado cuenta de eso. Pastillas, necesitaba pastillas, unas pastillas muy caras, y yo no tenía un puto duro. Eso sí, no estaba dispuesta a arriesgarme a traer al mundo a una versión en miniatura de aquel diablo, no ahora. Con un sinfín de pensamientos agitados y con una palidez aún más evidente abrí la puerta del piso para encarar a Jean, me recompuse como pude, evitando pensar en aquello que verdaderamente me carcomía, si Jean se enteraba... era mejor no pensarlo. Él estaba ahí parado, tras el umbral, con el ceño fruncido y cara de malas pulgas. Le miré y di unos cuantos pasos de vuelta al sofá, que había colocado en su sitio minutos antes, y me senté.

¿Qué quieres? Te dije que no me molestaseis — espeté. Jean no me respondió, su semblante denotaba una ira contenida. Le aguanté la mirada, como si no me importara su mal humor.
¿Te has vuelto a duchar? Tienes la ropa medio empapada.
Sí, ¿algún problema? ¿ahora tengo que decirte hasta cuándo voy al baño a mear? De de joderm...

Ni siquiera pude continuar la frase, Jean se había adelantado unos cuantos pasos recortando las distancias, me agarró del pelo con violencia, arañando mis capilares y haciéndome levantar en un leve forcejeo.

No me jodas, Lucita, ¿te crees que soy gilipollas?. El piso está insonorizado, pero cualquier imbécil puede escuchar lo que pasa dentro si está a medio centímetro de distancia. Gritabas como una maldita zorra. Te lo has tirado, ¿no es así?. Aún cuando yo me preocupo por ti, velo por tu seguridad, tú sigues desentendiéndote del asunto y te dedicas a follar con el primero que pasa — me susurró al oído, con un odio contenido. Jean hijo de puta, era astuto sólo para lo que quería.
¿A ti qué coñ0 te importa? No soy de tu maldita propiedad, es lo que te he dado a entender, y sigues con lo mismo — me liberé del agarre por la fuerza, reculando un par de pasos para mantener una distancia preventiva.
¿¡Dónde está!? ¿¡Dónde está ese maldito hijo de puta!? — gritó como poseso, evadió mi distancia y me agarró con fuerza de la muñeca, arrastrándome hasta la habitación, pensé que se iba a cargar la manilla cuando abrió la puerta.

Me zarandeó para liberarme de su agarre y se paseó por la habitación y por el baño, pero no había ni rastro de Shen, ¿habría huído por la ventana?.

¿Aquí lo habéis hecho? — preguntó mientras señalaba a la cama — Sí, es aquí donde lo habéis hecho, maldita zorra... te gustó, ¿no?. Te gustó que te la metiera, pues no te preocupes, que yo tengo mucho más que darte que Shen. — estaba completamente cegado por la ira, lo noté no solo por el tono de voz, sino porque ahora se desabrochaba el cinturón con violencia — Te voy a dar tan bien que todo el jodido edificio te va a escuchar suplicando por más, zorra ingrata.
No sabes lo que dices — escupí con desdén — ni aunque fueras el último hombre del mundo follaría contigo — estaba cabreada, muy cabreada, Jean me estaba tomando como un título personal, y a mi no me hacía ni puta gracia que nadie se las diera de mi posesor. Mis palabras incentivaron su ira aún más, me tiró a la cama con rudeza, parecía querer más bien golpearme.
¿Ah sí? Pues este tío con el que no te quieres acostar es el que te ha mantenido a salvo de tu querido padrastro, y aún así ni siquiera me sueltas prenda de sus movimientos. Te voy a dar, Lucita, te daré hasta que me sacies, y después te dejaré tirada en la calle como la perra que eres.
No necesito tu jodida protección — respondí con desdén — No necesito la protección de alguien que no se atreve a salir a la calle sin un séquito de seguridad. No necesito la protección de un cobarde.

Su furia se materializó en una bofetada, me dio con todas sus fuerzas, quedé aturdida por unos segundos, segundo en los cuales él ya se había apoderado de uno de mis pechos. Recobré el conocimiento en cuanto sentí el contacto y le encajé un rodillazo en los huevos, antes de que pudiera continuar. Él dio un gemido de dolor y yo le aparté a la vez que le encajaba un puñetazo en la mandíbula. Le eché a un costado, liberándome de aquella prisión que me atenazaba, y me levanté de la cama a toda prisa para buscar una salida.

¡Ven aquí, maldita zorra! — gritó desde el cuarto una vez yo ya me encontraba en el salón.

Tenía que salir de ahí como fuera, pero bajar las escaleras del edificio como si no ocurriera nada no era una opción precisamente viable. Sólo me quedaba una salida, la ventana del salón, tenía que ingeniármelas para salir por la maltrecha escalera exterior, que parecía a punto de derruirse, pero cualquier cosa era mejor a que aquel cabronazo volviera a tocarme un pelo.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Lun Dic 23, 2013 7:53 pm

Y ella vino de nuevo, amazónica, con el último bocado de ambrosía antes de echarme del paraíso. Su sensual figura se desenvolvió como si fuese felina y gateó hacia mi para dejar mis labios ardiendo de nuevo, efímero. Lo que había comenzado con un beso se terminaba con otro del mismo calibre, lleno de aquel sabor que no sabía odiar. Mientras ella se levantaba y se alejaba de mi, negándose a nuestra voluntad de quedarnos así todo el día aproveché para comermela de nuevo con la mirada, para ver como se secaba y como algo blanquecino parecía haber goteado de entre sus piernas. Me había corrido dentro de ella, lo había hechado todo, y no fue inconscientemente, me había gustado, que mas decir. Ella pareció secarse rapido, daba igual como lo hiciese, seguiría embelesado con su figura cuanto mas se quedase por ahí, pero se pudo escuchar el aporreo de la puerta y ella salió. Justo cuando lo hizo me levanté lentamente, ya era hora. Eufórico me puse de pie lentamente mientras tomaba otra toalla y empezaba a secarme entero, conteniendome, fingiendo una falsa tranquilidad para mi mismo. Recorrí cada parte de mi cuerpo, secándolo como si Lucita lo estuviese haciendo, intentando recordar como era el tacto de su piel al rozar la mía. Sonreí, cuando me ví en el espejo se disparó aquella euforia tras la fiesta, ví mi propia sonrisa y eso fue el catalizador de que llevase los puños al aire, cual gladiador triunfador y exclamar un grito que me obligué a ahogar y tomaba aire de nuevo. Era consciente de lo que había pasado, y eso era lo mejor. Terminé de secarme cuando noté que Lucita volvía para lanzarme unas prendas, tenía bastante prisa y parecía hablar algo nerviosa, ¿Es que le iba a abrir la puerta? Idiota, ¿Acaso no sabía como jugar con Jean? Como fuese acabé poniendome aquellas prendas, me gustó aquella camiseta, me la puse de nuevo frente al espejo mientras sonreía como un bobo y revolvía mi cabello salpicando algunas gotas. Dejé de sonreir cual idiota, lo hice lentamente, me tomé mi tiempo, aún sentía aquella extraña energía fluir dentro de mi cuando me recostaba contra la puerta y apoyar la cabeza contra esta para poder escuchar lo mínimo.

Se podía escuchar todo perfectamente, el interior estaba hecho para que la música retumbase por toda la casa así que los sonidos viajaban por toda la casa sin dificultad alguna. Se notaba el cabreo en la voz de Jean, es mas, Jean era la furia en persona, y Lucita no pareció calmar aquel cabreo, no podía hacerlo, ella no eligió las palabras correctas porque no existían las palabras correctas para aquella situación. Escuché atento, Lucita iba a tener que tratar con el sola, no iba a interferir en aquello, no si valoraba las ventajas de tener a Jean como contacto. Pero había algo en mi que me empujaba a abrir la puerta y gritar '¡Aquí está ese hijo de puta!' pero no lo hice, quedo en mi imaginación mientras mantenía una aparente calma que no era mas que la lona de un circo lleno de caos, donde el instinto y la razón aún luchaban, donde las fieras y los domadores se mataban. Finalmente suspiré y decidí caminar en dirección a la ventana, cada ser humano con su problema, y lo de Lucita y Jean a mi no me importaba para nada. Saqué mi pie hacia aquellas escaleras exteriores en mal estado, me había costado horrores subirlas, pero había una palanca que parecía poner todos los escalones en paralelo al suelo para poder bajar. Pero algo pasó, quise dar el primer paso, y largarme, pero no, algo me mantuvo cerca de aquella ventana en contra de todo lo que yo creía correcto y me mantuvo en el marco de aquella ventana, discretamente escondido. Algo me controló en contra de mi voluntad para mantenerme y escuchar como Jean abría aquella puerta y metía a Lucita dentro, en aquella habitación que habíamos hecho arder antes. Pero esta vez, la única violencia que hubo fue por parte de Jean, una voz violenta y gestos que podía imaginarme aunque no pudiese verlos. Escuché de nuevo, esa voz, la de la del cabello ardiente, esa voz que antes me había mantenido hipnotizado ahora sonaba diferente, mucho. Conforme cada uno iba soltando una palabra la presión que ejercían los dedos de mi mano sobre la camiseta se iba acrecentando, se iba haciendo mayor, mi pecho se henchía y me mordía los labios con tanta fuerza que parecía que me los iba a arrancar solo para no poder decir nada. Pero al final, hubo algo que no me gustó escuchar, algo que no desee escuchar, algo que no hubiese escuchado si me hubiese ido como tenía planeado en un principio. Un algo que me hizo colar la mirada por la ventana y verlo a el, como intentaba apoderarse del cuerpo de Lucita. No se que tipo de sentimientos afloraron en mi, no se que es lo que hubo en aquello que ví que levantó tanta ira en mi. ¿Fue el hecho de que la golpease? ¿Fue el hecho de que la tocase de esa manera? ¿O fue el hecho de que simplemente le gritase? No podía entenderme. Lucita... ella, ella realmente, no quería pensar en ello, pero no podía evitarlo, ella había dejado una enorme marca en mi, eso era lo que me controlaba, lo que no me dejaba ser yo mismo. Aún estando expuesto al sol mi rostro parecía ensombrecido. No me lo pensé siquiera, nadie tocaría a Lucita, nadie trataría así a aquel maldito interrogante. ¿Volvía el instinto? Quizás, pero esta vez hasta la razón estaba de mi parte, el macho alfa volvía. Pude ver como ella escapaba y el intentaba perseguirla, cambié de ventana de un salto, desde la de la habitación hasta la del salón. Entré, y aunque tras de mi el sol golpeaba con fuerza sentía que solo dejaba una estela de oscuridad tras de mí. No miré a Lucita a los ojos, entré con fuerza, evitando mirarla, no podía hacerlo. Simplemente caminé con fuerza guiado ciegamente por la ira. Dí un par de pasos mas antes de alzar la vista y ver como el llegaba, rojo, histérico. Nada más verme acometió, corrió con todas sus fuerzas hacia mí lleno de rabia y alzó su puño contra mí, apenas lo pensó nada mas llegar al salón, fue como si me hubiese olfateado.

-¡Sheeeeeeeeeeeeeeeeeen! ¡Hijo de la gran puta!

Dijo acompañando a su puño mientras lo lanzaba con fuerza hacia mi. Mis dientes rechinaron con fuerza, crujieron. Aún con la cabeza algo baja me negué a cualquier especie de batallita, yo estaba furioso, demasiado para pensar lo que hacía. Puse mi cabeza en la trayectoria de su puño, le metí un cabezazo y sus nudillos parecieron explotar al entrar en contacto con mi cabeza. No sentí nada, solamente aquel 'crack' ajeno y la respiración de Jean, que fue reemplazada por un gemido de dolor de Jean. Este se echó un poco hacia atrás, un mínimo, y cuando lo hacía adelanté mi pié izquierdo mientras rotaba levemente, flexioné mis rodillas a la par cuando mi pié derecho se echaba hacia atrás con fuerza, casi arrancando el suelo. Mis caderas giraron en el mismo sentido levemente y mi brazo derecho se alzó para dibujar un angulo de 90º perfecto terminando en un puño lleno de furia. ¿Realmente era yo aquel tipo? Aquel que ahora enseñaba un rostro lleno de cólera. Y entonces, cuando Jean pareció hacerse a la idea de que no me iba a quedar quieto ante aquello y empezaba a darse cuenta de que el no era el único con puños lo vió. Como mis pies se afianzaron al suelo empujándolo, invitandolo a destruirse por la fuerza ejercida, como la explosión del movimiento de mi cadera hacia el mismo lado acompañaba al potente movimiento de brazo que iba directo a su cara. Mi espalda parecía haberse contraído y expandido como un resorte, un puñetazo con toda mi fuerza, toda la rabia que no sabía de donde había salido. ¿Realmente estaba a punto de golpear a Jean? Sí. Aquel angulo recto perfecto fue directo a su cara, cerrándose con fuerza, parecía silbar. Y boom, le impactó en todo el rostro con una enorme potencia, puedo asegurar que cuando sentí el choque hasta la fuerza se duplicó. Mi puño parecía arder cuando colisionaba contra su rostro y lo obligaba a salir disparado hacia el suelo y yo me inclinaba para mandarlo con mas fuerza. Lo que precedió a aquello fue el choque del cuerpo de Jean contra el suelo, y después, solo silencio... Sabía lo que acababa de hacer, pero no entendía como había decidido hacerlo. Recuperé poco a poco mi postura erguida sin dejar de ver como a Jean se le formaba una especie de papilla en la boca. Mi puño aún permanecía cerrado, temblando con tanta furia comprimida. Lo único que pude hacer fue romper aquel silencio por el bien de ambos, aún sin mirar a Lucita, no quería hacerlo, no sabía porque. Pero sabía que no tardarían en llegar los colegas de Jean, aquel grito se había escuchado en todo el edificio, y mas cuando la puerta del apartamento estaba aún abierta.

-Lucita, vete. Ya.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Jue Dic 26, 2013 12:21 pm

La cosa se me estaba complicando demasiado, más de lo que yo pensaba. Mi idea principal había sido cortar por lo sano con aquella obsesión que tenía Jean hacia mi. Terminar de aclarar las cosas, aunque aquella conversación finalizara a base de hostias. Lo que no había planeado es que Jean terminara como un perro endemoniadamente histérico, ni mucho menos que Shen reapareciera dándoselas de héroe. Había logrado escapar hacia el salón, y justo cuando Jean ya hacía acto de presencia, nuevamente, Shen apareció por la ventana, palpitándole la vena de la sien, con una cara de mala hostia que no le había visto durante toda la noche, y mira que había tenido ocasiones para llevar esa jeta de diablo iracundo. Pero no sé por qué, ahora sus puños temblaban y su ira flotaba en el aire, alrededor de su silueta, retando a la furia de Jean. El franchute no esperó a nada, Jean estaba histérico, y tras... "cagarse en sus muertos" no esperó ni medio segundo para encajarle un puñetazo, a lo bestia. Pero Shen parecía venido de otro mundo, parecía no reaccionar a ningún estímulo de esta dimensión, parecía más bien... absorto en su ira, y no dijo una sola palabra cuando propulsó su cabeza en forma, obviamente, de cabezazo para interceptar curiosamente aquel ataque. Menuda hostia se llevaron ambos. Yo me quedé detrás del sofá, aún aturdida por la aparición del chino y por el nuevo combate que se estaba librando, la puerta del piso había quedado abierta de par en par y se comenzaba a escuchar movimiento escaleras abajo, maldije por lo bajo, pero no tuve tiempo de tratar de cerrar aquella entrada, no tuve tiempo porque aquellos dos comenzaron con una pelea salvaje, parecían dos bestias combatiendo por su territorio. ¿Qué coñ0 le pasaba a Shen?. Ni siquiera se dignó a dirigirme la mirada, simplemente estaba de espaldas a mi debatiéndose en una encarnizada pelea, sin otro afán que el de golpear a Jean. El baile estaba siendo tan abrupto en un espacio tan cerrado como aquel que se estaban jodiendo todo el puto mobiliario sin darse cuenta. El chino volvía a realizar aquella danza incomparable, volvía a menear las caderas al compás de sus puños y volvía a combinar aquel arte bailarín con la ferocidad de sus puños. Jean no tardó mucho en caer al suelo tras recibir un puñetazo del chino en toda la cara, cayó medio inconsciente al suelo, y el chino pareció relajar los músculos, digo que pareció porque pude ver de reojo cómo su puño seguía temblando, aquel temblor producto de la ira aún perduraba. Me disponía a tomarle del brazo, no sé por qué, pero ya... ya qué, el chino se había dado de lo lindo con Jean, mínimo sacarle de ahí como fuera. Pero antes de que pudiera realizar cualquier movimientos sus palabras hicieron que me parase en seco. Tres palabras, tres palabras que no me gustaron nada, mi nombre ahora sonaba diferente en su boca, más distante, no me gustaba un jodido pelo. Fruncí el entrecejo, tratando de mirarle a la cara, pero él seguía sumido en su mundo de odio y destrucción. Daba lo mismo, aunque hubiera intentado llevármelo por la fuerza él no se hubiera dejado, y mucho menos nos lo hubieran permitido la secta de Jean que ahora había alcanzado el último piso y observaban a Shen con cara de pocos amigos, lógico teniendo en cuenta que Jean yacía a sus pies.

Y si recapitulaba, todo este jodido cristo se había montado por echar un polvo. Me podía ir de aquí a la Paramount Comedy a hacer un monólogo de aquella situación absurda.

No sé en qué estaría pensando Shen, no sé por qué ni siquiera me miraba, ni sé por qué me exigía que me fuera, sólo sabía que llegaban casi doce tíos, y el chino permanecía ahí plantado, sin mover un sólo músculo pero con la rabia aún a flor de piel. Parecía que no le importaba ponerse en modo berserker, en modo survival, en modo destroyer. Estaba de muy mala hostia.

Qué es lo próximo, ¿mandarme a dormir pronto? — le dije burlonamente mientras unos cuantos adeptos de Jean terminaban de ingresar en el cuartucho. Él siguió sin hacerme caso, daba lo mismo, no teníamos tiempo para perdernos en una charla, la docena de gallitos llegaban armados hasta los dientes y se lanzaron contra el chino a toda hostia, sin conceder siquiera medio segundo para pensar.

Me lancé a un lado de la habitación, y cogí lo primero que encontré en mi rango de visión, un atizador que reposaba en el suelo junto a la pequeña chimenea que se asentaba cercana a la ventana. Oh sí, ya tenía un boken metálico con el que hacer gala de mis habilidades kendokas (?). Si bien vi como a una docena entrar por la puerta, podría jurar que escaleras abajo se escuchaban más pasos con intenciones de llegar hasta el piso. Pude ver, en medio del caos, cómo Jean recuperaba un poco el conocimiento y se incorporaba para apartarse mientras sus sirvientes se encargaban de darle pelea a Shen. Claro, no todos se quedaron a hacer compañía al chino, cuatro de ellos se alejaron para venir a "darme mi merecido", y yo les respondí reculando unos cuantos pasos para dirigirme a la habitación. Los tíos no se lo pensaron y vinieron a por mi a toda hostia, por suerte, tenían que hacer fila india si querían entrar en el cuarto para darme alcance, valiosa ventaja que supe aprovechar. El primero cayó tras darle con el atizador en todos los morros, tenía la boca completamente llena de sangre y gemía como un bobalicón. El segundo no se hizo esperar y dio un salto para salvar el cuerpo yacente de su compañero y entrar para darme caza. No fue problema alguno terminar con él, le di un par de estocadas con mi improvisada arma mientras daba un giro de 180 grados y me agachaba para golpear la parte frontal de las rodillas del tercero que pretendía entrar, pegó un grito ante el dolor, y con el segundo aún intentando recomponerse, me encargué del despiste del tercero para darle una patada en la cabeza una vez se agachó y terminar de noquearle.

El cuarto fue el cabronazo que más problemas me dio, llevaba un bate en las manos y su rango de alcance era similar al de mi atizador. No me quedó más remedio que terminar entrando en el baño para ganar un poco de tiempo. el tipo estaba bastante cabreado, normal, me había jodido a tres de sus compañeros y era mujer, toa una deshonra para ellos, supongo. Exclamó algo en idioma fúrico (?), no le entendí, ni me interesaba entenderle, sólo me fije en que meneaba el bate con violencia de un lado a otro intentando golpearme, parecía un retrasado mental intentando golpear una piñata, una estrategia patética. Una vez me encontré completamente dentro del baño, aproveché el pequeño armario que había encima del lavamanos par a abrirlo con rapidez delante de las narices de aquel imbécil y darle en toda la cara para aturdirle por unas décimas de segundo. Sí, décimas de segundo que aproveché para darle con el atizador en la cabeza y hacer que se desplomara en el suelo aparatosamente.

Cariño, comienzo a adorarte — le dije al objeto metálico, casi maravillada (?).

Sin embargo, tanto desplazarme por aquella casa había impedido que supiera el estado en el que se encontraba Shen, en realidad no tendría por qué preocuparme, sabía que el chino era un genio de la lucha y se las podría apañar, sabía que no necesitaba ayuda, de hecho podía largarme ahora mismo por la ventana del baño y dejar que él se encargara de todo, quedarme con su jodida llave y evadir cualquier clase de problema sin pensar en otra cosa que no fuera yo, como siempre hacía. Y sin embargo, no supe por qué razón, me encontré asomándome a través de la ventana del salón con disimulo para ver cómo estaban las cosas por ahí. ¿Por qué no me largaba simplemente y le dejaba con todo el marrón?. Era la opción más sencilla, y ya tenía yo suficiente movida con eso de tener que comprarme la pastillita del "por si acaso". Pero no, no hice caso a mi cordura, no lo hice cuando vi cómo todo el salón estaba infestado de siervos de Jean, si habían sido doce los que llegaron en un inicio y yo había conseguido librar al chino de cuatro... podía ver a los otros ocho tirados en el suelo, pero habían llegado otros diez. A ese ritmo ni el chino, que era un genio, podría con todos ellos, ¿pero cómo podía ayudarle?. A mi mente se le encendió la lucecita cuando pude ver en aquella escalera maltrecha del exterior una pequeña manguera anti incendios.

En otros tiempos supongo que esa escalera sería la vía de evacuación principal y dejarían ahí varias de las mangueras anti incendios para poder apagar cualquiera de ellos desde una posición menos peligrosa. Me desplacé un par de pasos y me agaché con cuidado para romper el cristal contenedor de mi nueva arma (?). Debía tener cuidado porque aquella escalera era más inestable que un castillo construído a base de palillos. Logré hacerme con la manguera y posicionarme tras la ventana.

¿Cómo funciona esta mierda? — me pregunté a mi misma mientras giraba una rosca que había alrededor de la boca de la manguera. La respuesta lelgó por sí sola cuando un chorro de agua fortísimo emergió sorpresivamente del aparato, fue bestial, di un par de pasos hacia detrás para compensar la fuerza que portaba de repente en las manos, asomándome peligrosamente al borde de la escalinata. Pero... fue genial ver cómo los secuaces de Jean caían como bolos en la bolera cuando mi chorro de agua mega potente les daba de pleno. El chino continuaba liado, regalándole unas cuantas hostias a otros tantos secuaces, pero todos los nuevos que intentaron entrar terminaron estampados contra el suelo o directamente no llegaron a la entrada. No estaba mal, para luchar solo con agua me había jodido a unos cuantos para dejarle el camino más libre al chino.

Sin embargo, cuando la furia de la manguera se extinguió (?), pude ver a dos últimos tipos que entraban, me miraron con el arma entre las manos y fruncieron el ceño a más no poder, echaron a correr hacia mi, y yo les miré con una sonrisita socarrona, con una de esas sonrisas que tanto irrita a la otra persona porque ve en ella el gesto de un ganador. Bueno, pues los tíos no se contuvieron, arremetieron contra mi sin pensar en las consecuencias de lo que estaban haciendo. No pensaron en nada los malditos descerebrados, la barandilla a mis espaldas se desplomó, cayendo al vacío, y yo fui tras ella y acompañada de los dos subnormales que por poco logran golpearme pero que solo lograron hacer que nos despeñáramos.

¡Von voyage! — exclamé casi histérica, emitiendo una risotada ante el fin inminente.

Y creí que el fin iba a llegar, pero nada más caer en el vacío vi un enorme contenedor repleto de bolsas de basura, era la única oportunidad de salir ilesa de aquella caída, sino podía darme por muerta. Me aferré a uno de los tipos que caían conmigo y forcejeé una milésima de segundo con él, todo para colocarme encima suyo y aterrizar sobre aquel cúmulo de mierda con el cuerpo de aquel desgraciado como protector... "por si acaso". El plan no pudo salir mejor, porque caímos sobre el contenedor, el tío se desmayó por la impresión de la caída y yo salí relativamente ilesa de lo que hubiera podido ser un descenso mortal. Mierda, ¿cómo estaría Shen?. Me estaba poniendo de muy mala hostia, simplemente por el hecho de preocuparme por el chino, esperaba que pudiera salir pronto de ahí, le había conseguido quitar a buena parte de la comitiva de encima, ¿podría él con los restantes?. No me cabía duda, y aún así, no sabía por qué pero seguía al acecho, mirando hacia aquella ventana desde el contenedor de basura. Me bajé y aterricé en el suelo de un salto, sin dejar de mirar a las alturas.

Puto chino, sal de una maldita vez — escupí molesta.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Sáb Dic 28, 2013 5:55 pm

Me gustaba disfrutar de mis emociones de cualquier manera, lo mas salvaje que pudiese o de la manera mas sana. Pero aquello se saltaba lo ya visto. Mi puño parecía irradiar un enorme calor, parecía una roca volcánica dispuesta a achicharrar todo lo que tocase. Me había gustado noquear Jean de un puñetazo, un solo disparo. Pero percibía otro extraño placer, uno relacionado con el deber, el deber de haberle dado a aquel hijo de puta su merecido por tocarla, a ella. No me reí ante su comentario, siquiera me digné a mirarla, en aquel preciso instante ella era la persona que mas odiaba de aquella sala, no Jean, ni siquiera los doce capullos que entraban por la puerta. Pero nada de aquello iba de ajusticiar a nadie, nada de aquello lo hacía por saldar cuentas, todo aquello lo hacía por puro placer, razón fuera, aún estaba sumido en aquel estado de trance. El sexo me había dejado saciadisimo, pero el humano es un animal que come sin tener hambre, y en aquel momento había algo que el sexo no pudo haber calmado, mis ansias de violencia. De los doce que entraron por la puerta rápido uno vino cual kamikaze, sin pararse a pensar, que aquel puño lleno de rabia le iba a hacer ver las estrellas muy de cerca. Me quité la camiseta de Batman, muy a mi pesar, y se la lancé a la cara al tipo para taparle el rango de visión. La camiseta era el envoltorio de un potente puñetazo que se le alojó al hombre en toda la cara e hizo que cayese como un peso muerto al suelo. Los otros tardaron mas en reaccionar, de doce que eran tres se habían quedado reanimando a Jean y el resto venían a darme fiesta. O darnos, porque Lucita se llevó cuatro a otro lado. ¿Que demonios pensaba hacer? No pensaba salvarle el coñ0 otra vez. Nada mas terminar con el primero y abrir el apetito, otro acometió contra mi, no se movían como los niños de la calle, estos eran hombres entrenados, un solo error y lo pagaría caro.

Tras esquivar una patada baja le regalé un izquierdazo al hombre en el pecho, lejos de quejarse el intentó arrancarme la cabeza de un revés con el antebrazo, pero aprovechando su peso y la fuerza de su brazo empujé su hombro dejando su espalda descubierta. El resto fue coger su nuca con fuerza, sujetandola sin piedad y estampandola contra el espejo de la pared. Llovieron fragmentos de cristal y sangre mientras yo me agachaba junto al cuerpo y esquivaba otro golpe que iba directo a mi cuello. Pude verlo por el espejo antes de que se rompiese que alguien iba a por mí, pero pareció una especie de sexto sentido. Desde el suelo desafié a la gravedad con una doble patada giratoria que fue a parar a la cara de nuestro nuevo amigo. Bonito sonido, fue continuado, uno tras otro. Boom, boom y el tío caía KO con la nariz ensangrentada. Me recuperé a tiempo para entretenerme con dos, me golpearon un par de veces, pero pude bloquear con mis antebrazos antes de que me arrinconasen rapidamente en una esquina. Pensaban que los lobos habían arrinconado al conejo, pero realmente el lobo se había dejado encerrar. Reaccioné rapido ante aquello, sabía lo que iba a pasar si lo hacía y aún así lo hice, era la única manera de ganar el juego de la manera que a mi me gustaba. Me arriesgué empujando a uno de los dos, con la suficiente fuerza como para hacerle tambalearse y caer al suelo de bruces. El precio a pagar fue dejar mi espalda al descubierto, y el bastardo que quedó aprovechó para dejarme un buen corte de navaja que fue de mi hombro derecho al centro de mi espalda, pudo haber cortado mas, pero me reincorporé a tiempo. La sangre brotó inmediatamente de mi espalda. Me enfadé, porque en aquel momento solo quería ver mi espalda bordada por los arañazos de Lucita, y ahora aquel corte había arruinado aquel bello mosaico. Giré mi rostro y el tipo pareció amedrentarse, toda la furia de mis puños fueron a mis ojos para lanzarle un destello malicioso, pareció congelarse. Y entonces toda la ira fue de nuevo a mi brazo, y mientras giraba con todo mi cuerpo un revés mas potente que el de Federer fue directo a la cara del desafortunado. Y mientras el caía hacia un lado volví a girar, un movimiento potente de piernas y cadera, de 360º para volver a golpearle con el otro antebrazo y destrozarle la cara por los dos lados. Todos mis golpes eran devastadores, ninguno iba con la intención de provocar en ellos mas furia o rabia, yo quería autodestruirme con ellos, no iba a disfrutarlo lentamente, lo iba a hacer a lo grande. El tipo cayó de rodillas, y antes de que pudiese hacerle otro arreglo en la cara al que empujé me recibió con una patada en la espalda que me hizo recorrer un pequeño espacio y arquear la espalda del dolor. Me regaló otra en el costado pero la agarré antes de que pudiese retirar la pierna y le bordé la rodilla de un codazo. Cuando me giré el parecía aquejarse de cierta manera mientras enfundaba sus puños en una pose de luchador. Llevaba un par de puños americanos, y no parecían muy amigables. Lejos de ponerme en guardia yo también caminé despreocupado hacia el, como si quiesese entregarme a la muerte. Dí un paso en su campo y lanzó un izquierdazo mas rápido que el rayo, pero yo poseía ojos de dios, brazos de titán y el suficiente estómago para apartar su puño con otra ostia y agarrar el otro brazo con mi mano. Antes de que pudiese siquiera preguntarse que pasaba mi codo recorrió horizontalmente su cara, dos veces, cuatro golpes que lo dejaron para el arrastre. Lo aparté de una patada mientras observaba a un Jean que ya había recobrado parte de su consciencia. De los tres que lo atendían uno vino pegando patadas al aire, no me dejó responder, solo lanzaba patadas, endemoniado. Tanto laterales como frontales, las esquivé todas y cuando el tipo se preguntó porque no impactaban aproveché para colarme cual serpiente frente a el, como por arte de magia. Y alzar la palma de mi mano de manera ascendente, y mortal, directa hacia su nariz, el tabique pareció hundirse. 'Crack' Solo escuchaba eso a lo largo de la pelea, sonidos que hacían la banda sonora de aquello optar a la mejor. Pero aquel crujido era mi favorito, era mi leitmotiv, yo lo llamaba crujido de cereales, porque crujía como ellos. Shen O'Flakes, con un 90% mas de dolor en cada paquete. Nunca me hartaba de los Shen O'Flakes.
Agarré al tipo antes de cayese K.O., lo sujete bien fuerte por el cabello, con fuerza sujeté su melena y ante la atónita mirada de sus compañeros le bordé la cara con ¿Diez puñetazos? No los conté, pero cuando solté su pelo y cayó al suelo este ya estaba lleno de dientes bañandose en un diminuto charco de sangre. Mientras Jean pretendía ponerse de pie los otros dos se pusieron serios y se levantaron, y con ellos sus juguetes, a los que no ví hasta que lo hicieron. Uno con una enorme porra extensible, y el otro con un machete bien cuidado. Y yo, yo... ¡Yo tenía mi cuerpo! El de la porra fue el primero en venir. Aunque al principio me golpeó en el estomago con ella luego empezó a agitarla como un subnormal así que antes de que me retorciese se la arrebaté y se la estampé en la boca, se le quedó encajada dentro. Al parecer me afectó mucho lo de la porra, el efecto vino tardío, pero no pude evitar doblarme del dolor cuando el otro venía a cortarme el cuello de un corte. Me tiré al suelo cual gusano y le hice caer de una patada a sus pies. Y calló, pero se puso de pie muy rapido y tuve que saltar de espaldas y colarme debajo de una mesa. Aún recuerdo como mis piernas bailaron intentando no ser cercenadas por aquel machete. Agarré una pata de la mesa y salí por el otro lado tirando de mi propio cuerpo. Pero cuando asomé la cabeza por el otro lado me lo encontré encima de la mesa, dispuesto a cortarmela. Y como si estuviese en una película de las típicas de mi pais volví a meterme cual sabandija bajo la mesa. Me puse de cuclillas y tirando de toda la fuerza explosiva que pude alcé un lado de la mesa mandandola a volcarse y con ella al tipo. Salí y agarré una silla de madera que había junto a la mesa. El tipo levantó la mesa de nuevo con una patada dejandola como estaba. El intentaba rodear la mesa y yo huía hacia el lado al que el iba. Una especie de pilla que acabó con sus nervios mientras yo parecía divertirme. Hasta que al final decidí alejarme de la mesa y el empezó a lanzar machetazos al aire, parecía una especie de diablo sarraceno con una cimitarra que partía el aire en dos. Rechazaba su intento de acercarse con la silla, hasta que al final el machete se clavó en la silla y antes de que el pudiese sacarlo asomó mi puño de entre las patas de esta y le dió en toda la jeta. Volví a acercarme con la silla a el mientras se echaba hacia atrás por el dolor y mi puño volvió a aparecer de entre las patas de la silla. Y así un par de veces mas antes de que sintiese un golpe en la parte trasera de mis rodillas. Algo me hizo arrodillarme, pero no fue eso lo que mas me preocupó. Fue notar la porra rodear mi cuello lentamente, y cerrarse para ahogarme. Al parecer el tipo de la porra aún quería guerra, y había aprovechado la única oportunidad que tenía para acabar conmigo. Y de hecho estaba apunto de conseguirlo. Pero cuando me estaba ahogando me iluminé, ahora entendía a Jackie Chan... Agarré la silla y la lancé por encima de nuestras cabezas, con la fuerza que me quedaba, gimiendo por el enorme esfuerzo. Y tiré con mi cuello y todo mi cuerpo hacia delante, dejando al porras debajo de la silla, la cual le impactó de lleno en toda la cabeza. Zaska, recuperé el oxígeno mientras tosía dificultosamente. Ya no quedaba ninguno de todos los que habían venido, todos aquellos ocho me los había cargado. Y había mas por venir, pero no me podía permitir el lujo de acabar muerto o capturado, así que decidí que era el momento de huir. Pero antes, tenía que terminar con lo que había empezado.

-A todos tus amigos les he hecho una cirugía facial. Ala, para que luego vayais todos conjuntados.

Decía mientras me brotaban hilos de sangre de la boca y tosía. Posicioné el cuerpo del porras encima de la silla, el andaba inconsciente, pero lo dejé mas o menos sentado, parecía un zombie, pero que mas daba. Dí tres largos pasos hacia atrás y esprinté hacia la silla para dar un glorioso salto con una potente patada por delante que impactó de lleno en toda la cara del porras, ahora todos tenían la cara como un cristo. El estruendo fue tremendo, y fue lo que hizo al patizambo Jean levantarse del todo, a duras penas mientras me veía abrir la ventana lentamente para largarme de su inexpugnable fortaleza. Pero logró colarse un ultimo bastardo, esquivando el loco ataque de Lucita, la muy hija de puta... ¿Como demonios? Daba igual, con un hidrobomba digno de un Blastoise estampó a toda la plantilla antes de que un par fuesen a por ella. El último que me quedaba lo disfruté de una manera indescriptible, frente a un Jean que ya podía ponerse de pie agarré a ostias al ultimo como si no pudiese defenderse, a todo aquel cuerpo entrenado que lo protegía. Me duró diez segundos antes de que cayese como un paquete, ante la atónita mirada de Jeann.Retrocedí rapidamente hacia la ventana mientras veía a mas hombretones entrar por la puerta, escupí algo de sangre antes de alzar el pulgar hacia Jean y llevarlo hacia abajo, cual emperador dictando sentencia.

-Sabes que si intentas joderme yo también lo haré. Dejémoslo como un pacto verbal, no te acerques mas a ella.

Fue lo último que dije en aquel edificio antes de bajar como un condenado a base de saltos aquellas plataformas que formaban parte de la escalera de incendios. Entonces pude ver la jodida barandilla rota, me asomé por si acaso, y la ví. Vivita y coleando. No me paré a mirarla, ya empezaban a salir por la ventana. Así que tras bajar como alma que lleva el diablo todas las escaleras que pude salté de lleno a un contenedor donde me encontré un mullido cuerpo que amortiguó mi caída, ¿Ahora eran desechables los gorilas?. Una caída donde quedé cegado por los rayos matinales, que se colaban por cualquier lugar, dejándome cegado ante la figura de Lucita que eclipsaba estos con su ardiente cabello. Tardé en salir del contenedor, pero cuando lo hice fue enérgicamente, levantandome como si nada hubiese pasado, rebosante de energía. Nada mas aterrizar en el suelo comencé a correr pasando a un lado de Lucita.

-¡Vamos!

Exclamé dándole la espalda, pero esta vez, en mi cara no había lugar para un ceño fruncido. Ahora se dibujaba una amplia sonrisa que se fundía en mi blanco rostro que recibía de lleno los rayos del sol. La gente solía usar aquella expresión mucho, pero yo me doy el derecho a usarla mejor que nadie, yo sabía que aquella era la frase adecuada: Había sido una noche inolvidable. Lo que había empezado con puñetazos había terminado con ellos, había perdido mucho aquella noche; desde Caleb y los chicos, pasando por Jean y toda aquella parafernalia, pero la había ganado a ella, había ganado un enigma que quería resolver: ella.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Dic 29, 2013 7:26 pm

Le vi descender de aquellas escaleras como un dios, bueno, a trompicones, pero como un jodido dios. Shen se deslizaba con agilidad a través del intrincado e inestable conjunto de escaleras que se hilaban a la fachada lateral del edificio mientras unos cuantos gorilas salían a toda hostia por la ventana en su persecución. Si me hubieran dado una cámara de vídeo hubiera podido simular ser uno de esos reporteros de documentales de los que echan después de comer y relatar cómo el mono alfa (?) evadía con presteza a los aparentes depredadores. Aunque bien sabía yo que el depredador era más bien él. Terminó por lanzarse al contenedor de basura en el que había aterrizado yo minutos antes, cayó sobre el pobre desgraciado al que había utilizado como amortiguador y que seguía inconsciente. Shen se reincorporó, lleno de heridas y moratones, parecía venir de la Segunda Guerra Mundial, como si de repente le hubieran disparado de un cañonazo hasta mi posición, iba hecho unos zorros pero saltó del contenedor con energía e incluso podría decirse que buen humor, parecía que la lucha había terminado de saciar el instinto primario que le había faltado llenar. Sonreí con desdén cuando me instó a echar patas junto con él y comencé a correr al son de sus pasos, no sin antes mostrarles el orgulloso y erguido dedo corazón de mi mano a los gorilas que seguían tratando de alcanzarnos en vano. Shen se me adelantó un trecho, pero no tardé en alcanzarle, podía ver la extensa musculatura de su espalda estirarse y contraerse constantemente mientras la sangre de las heridas circulaba aleatoriamente invadiendo su nívea piel. Fruncí el ceño cuando me fijé en que uno de los cortes era mucho más extenso que los demás, iba desde su hombro derecho hasta casi el centro de su espalda, la herida no parecía peligrosa, pero la sangre manaba en abundancia y podría infectarse, más teniendo en cuenta que se había tirado a lo Indiana Jones sobre un contenedor de basura. Sin embargo, de momento, lo único que nos mantendría a salvo sería seguir corriendo como diablos a través de los numerosos callejones para salvar más distancia con los gorilas de Jean y terminar por evadirles del todo. Había sido una noche muy movida, y la mañana no se había quedado atrás, el sexo con Shen había sido increíble, era la primera vez que conectaba de aquella forma tan salvaje y natural con otra persona... y la pelea me había revitalizado, había despejado a mis instintos, me había aclarado las ideas y se había encargado de impulsar mi astucia para elaborar una nueva estrategia. Ya no tenía a Jean de mi parte, no tenía a nadie que me protegiera las espaldas, pero en realidad me daba lo mismo, Jean hubiera terminado siendo más una carga que un beneficio antes o después, había sido mejor atajar el asunto ya. Y ahora contaba... contaba con el chino, con Shen, con el animal rabioso, con el niño bomba. No sabía lo que esperaba de él, ni siquiera estaba segura de volver a verle, pero por mucho que me pesara aquella última idea, pensar en todo lo que había compartido con el en poco más de doce horas me elevaba los ánimos hacia las alturas, me sacaba una sonrisa. Pensaba que, a fin de cuentas, todas aquellas horas habían merecido la pena por conocer a alguien tan sumamente curioso y enigmático como él. Los rayos del sol nos golpeaban con violencia, aunque la mañana se presentaba más que fresca, podía ver cómo el vaho se expandía cada vez que exhalaba el aire en aquella carrera por la libertad definitiva y cómo mis pulmones parecían recibir mil y un pinchazos cada vez que el aire helado se colaba en ellos.

No recuerdo durante cuánto tiempo estuvimos corriendo, pero vagabundeamos a la carrera por un sinfín de calles y callejones, con la única idea de asegurarnos de que despistábamos a cualquier secuaz de Jean, el tipo tenía demasiadas ovejitas a su cargo en aquel sector, y debíamos asegurarnos de terminar en una zona donde el pastor no llevara a pastar a las ovejas. Comenzábamos a desfallecer un poco, corría a la misma altura que Shen, y su rostro ahora colorado del sudor denotaba cansancio, el mío también, no habíamos dormido en toda la noche y habíamos pasado por un sinfín de peleas, carreras, y lo que es más agotador, sexo salvaje. Podríamos creernos los dioses del Olimpo, pero nuestras almas indomables reposaban en cuerpos humanos que a fin de cuentas, como todos, necesitaban descanso. Y en medio de aquella fatiga logré discernir dónde nos encontrábamos, me ubiqué repentinamente porque vi el bar donde trabajaba, El Antro, en la calle de enfrente. Me paré en seco y agarré a Shen del antebrazo, y jadeando a más no poder tiré de él sin siquiera mirarle, cruzando la calle, mi vista sólo se mantenía fija en aquel local que había visitado hace unas cuantas horas y era un desastre, fruto de la mafia que se traía mi padrastro entre manos. Por suerte esperaba que la cosa se mantuviera calmada en los próximos días. Metí la mano a uno de mis bolsillos traseros y encontré la llave con la cual abrir la puerta del local, Shen permanecía quieto detrás de mí, jadeando como yo, y recordé repentinamente la llave que le había robado al chino, palpé uno de mis bolsillos delanteros y la noté ahí, suspiré aliviada para mis adentros. La verdad es que cuando abrí la puerta no tenía muchas ganas de hablar con Shen, en realidad no me gustaba que hubiera terminado a hostia limpia con Jean, no quise pensar en qué cable se le cruzó para hacer todo lo que hizo, para joderse a ocho de sus seguratas, al Jean mismo y salir relativamente ileso, no quise pensar en qué conexión de su cerebro decidió mandar a su "aliado" a la mierda. Prefería no pensarlo porque así me quitaba posibles culpabilidades que no venían a cuento. Daba igual, probablemente el chino tuviera la labia suficiente como para poner de su parte a quien le diera la jodida gana, probablemente ni Jean pudiera resistirse a su "encanto social" pasado un tiempo, así era Shen, era un jodido agujero negro, sabías que al acercarte terminarías envuelto en un caos irrefrenable, pero aún así era imposible evitar la atracción que ejercía sobre ti de una u otra forma. Entramos al local,  estaba más limpio, al menos ya no había cristales tirados por el suelo, ni mucho menos camareros malheridos, he de suponer que Jacques había hecho su buena obra del día, mierda, le debía una. Pese a que el bar no estaba tan desastroso como antes seguía siendo un caos. Varias mesas seguían volcadas junto con las sillas, y la madera de la barra permanecía teñida de sangre. Suspiré y moví el cuello de un lado al otro, como si intentara espabilarme de nuevo. Volví a tomar a Shen del brazo y le dirigí hacia el centro del local, tomé un taburete y le senté en él quedando a sus espaldas. Simplemente me fijé en la pedazo de herida que surcaba su espalda, que como siguiera en ese estado se iba a poner más fea que la cara del Fari chupando limones (?). Me incliné un poco sobre su cuerpo, apoyando mis manos sobre sus hombros con suavidad, me daba un poco de miedo entrar en contacto con Shen, porque mis hormonas reaccionaban con demasiado entusiasmo a las suyas.

Espérame aquí, no te muevas — le dije al oído. La verdad es que ni siquiera le había explicado por qué estábamos en aquel lugar, pero a mi no se me daban bien las explicaciones, y no creo que él tuviera ganas de escuchar nada acerca del tema, parecía centrado en sus propios pensamientos.

Me dirigí hacia la bodega del bar y busqué el botiquín, a mi el papel de enfermera no me iba mucho, bueno, si recapitulamos al inicio de la mañana sí me iba, pero en otro sentido (?), sin embargo no me quedaba de otra, supongo. Por suerte en El Antro teníamos movidas tan a menudo que nuestro botiquín era el bolso de Mary Poppins de la medicina, teníamos de todo porque en una pelea repentina... podía ocurrir de todo, así que me decidí a cogerlo. Salí cargando con aquel mamotreto y con cara de malas pulgas, observé a Shen, quien curiosamente había permanecido obediente en su sitio, en el trecho desde la bodega hasta mi compañero recogí un par de botellas que coloqué sobre la mesa de al lado del chino.

Ron y vodka, elige, te mereces un buen trago, después de todo no cualquiera se ventila a ocho tíos con la misma facilidad que tú — le dije ladeando mi sonrisa, y volví a sentarme detrás suyo, para apegarme a la musculatura de su espalda y observar todas las heridas — Relájate Shen, relájate y disfruta — le dije con un tono irónico mientras sacaba la botella de agua oxigenada, la abría y echaba buena parte del contenido por la herida principal de su espalda.

Fue hasta divertido ver cómo burbujeaba su sangre, aquello debía de doler, pero para eso tenía el otro alcohol, para olvidarse de todo dolor, o algo así, a veces pensaba que a Shen le hacía bastante tilín el rollo sado (?). Agarré varias vendas y algodones que comprimí y utilicé para limpiar aquella mezcla, para en definitiva limpiar aquella herida, cualquier enfermera que me hubiera visto obrar en aquel enorme tajo se hubiera llevado las manos a la cabeza, yo sólo me limité a reír cuando repetí la operación y me di cuenta de cuán desastrosa podía ser a la hora de intentar curar a una persona, lo mío más bien era inflingir heridas, no curarlas. Pero aún así me esforcé en hacerlo lo mejor posible, y aún no entiendo por qué, porque a fin de cuentas era Shen quien había decidido enfrentarse a Jean, era Shen quien se había metido solito en la movida, podría haber echado patas, y no se lo hubiera reprochado, mis problemas eran mis problemas, sus problemas eran sus problemas. Parecía que en aquel sentido también empatizábamos y sin embargo nos habíamos colado el uno en los problemas del otro, como si tuviéramos algo más que ver. Y podría jurar que eso me reconfortaba y al mismo tiempo me daban ganas de asesinarle, yo y mi dualidad. Terminé con su espalda, y procuré dejarle una cuantas gasas protegiendo aquella herida, menos mal que no se podía ver la espalda, porque cualquier que viera el intento de... vendaje que había hecho se pensaría que había hecho más bien una inocentada. No pude evitar bufar de nuevo ante mi... "gran estilo". Me quité su camiseta, quedando desnuda de torso a espaldas de él, y asomé mi brazo por encima de su hombro con la camiseta.

Póntela, es mejor que tengas la herida lo más tapada posible — mencioné mientras soltaba aquella prenda para que cayera en su regazo.

Yo aproveché para levantarme y asomarme hasta la barra para pillar una camiseta nueva y ponérmela, tenía algo de ropa por el bar, eso sí, nada podía evitar que pensara que aquella noche me había cambiado de ropa más veces que la Barbie en pleno desfile de modelos. Volví hacia Shen, tomándole del mentón desde mi altura y observándole, seguía teniendo ganas de invadir de nuevo aquellos labios, debía de ser una jodida perra hormonada o yo qué sé, o debía de ser él un verdadero genio. Pero me contuve, contuve al instinto, ya le había dejado vagar a sus anchas durante demasiado tiempo, era hora de ser racional... dentro de lo que cabe. Tomé la botella de ron y le di un trago largo para luego enchufarme un pitillo, exhalé el humo con calma y le dirigí una mirada analizadora.

¿Y ahora qué harás? Hoy ha sido tu noche de perder amigos, primero Caleb, ahora Jean... Caleb era un simple pringado, una marioneta que estuvo demasiado en uso y terminó dejando de ser útil, pero Jean es harina de otro costal, Jean tiene poder — le dije, no era nada que él no supiera, pero aún así debía recordarle a todo lo que se había arriesgado, y cuando lo pensé mejor y me di cuenta de todo aquello, cuando vi todo lo que se había entrometido en mi vida y en la suya propia le agarré con violencia y le acerqué a mí — Y la próxima vez que te metas en mis asuntos... te asesino — le susurré mientras me dejaba embargar por el ritmo de su respiración. Nunca jamás le había dado las gracias a alguien, y ese no sería el primer día, pero podría decirse que había sido la frase con más intenciones de agradecer que había dado en la vida, podía estarse orgulloso. Me levanté y me senté al otro lado de la mesa, necesitaba mantener un poco las distancias, cogí la botella de ron nuevamente, la levante y le di otros dos lengüetazos prodigiosos. Le miré de nuevo, un poco atontada por el alcohol, que fluía ya con confianza en mi sangre, y me reí, alcé mi botella, como si quisiera brindar con él — Por una de las noches más legendarias que hemos vivido — enuncié informal. Y antes de poder volver a dar otro trago, la energía de mis movimientos hicieron que la llave que le había quitado a Shen descendiera del poco profundo bolsillo de mi pantalón y cayera al suelo en medio de un sonoro tintineo, ambos observamos el pequeño objeto metálico.

Yo no pude más que dedicarle una mirada de niña traviesa.

¡Uy! — exclamé con inocencia barata mientras recogía la llave y la depositaba en la mesa, delante de las narices de Shen. No sabía si mi descaro sería bueno o no en aquella situación, di un nuevo trago a mi ron y cabeceé un par de veces. — Jamás me hablaste de tu llave, ni del secreto que encierra el lugar o la cosa que abre, y dijiste que me lo enseñarías, y que el coñ0 me haría palmas — puntualicé con desdén, recurriendo a mi más que desarrollada memoria (?).

Le miré de nuevo, con una sonrisita maliciosa y los ojos brillantes, era increíble cómo incluso cuando estaba medio borracha seguía con aquel afán de provocar a Shen, parecía un acto natural en mi, era arriesgado, y me gustaba, tanto como me gustaba él. Y mi curiosidad, mi gran curiosidad había sido desvelada a través de aquella pequeña jugarreta, no sabía cómo se lo iría a tomar él, pero en resumidas cuentas era como si le dijera "Háblame de ti", sólo quería descubrir más la piel de aquel demonio, saber lo que se traía entre manos, conocerle mejor.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Ene 24, 2014 8:43 pm

I just had sex and it was great, i just had a fight and it was great- No se si pretendía comenzar a escribir una canción, creo que ya pertenecía a una, pero que jardín secreto importaba solo quería remarcar lo que había pasado y asegurarme de talarlo en mi mente, hacer de aquello como un sello directo a mi diario personal. La sangre se bombeaba de nuevo cuando pateabamos aquellas calles, ella y yo, la diablesa y el diablo. Hacía algo de fresco pero mi cuerpo seguía ardiendo, aquella manta de sudor no parecía querer enfriarse y me mantenía templado. Una manta de sudor salado que se filtraba en las heridas y de alguna manera hacía que escociesen y de algún modo me hacía sentir mas vivo. Me movía por las calles con seguridad aún en aquella situación, sabiendo que en la siguiente intersección me perderían de vista... perdón, nos perderían de vista. Me costaba asimilar que la del cabello de fuego aún permanecía a mi lado, y el darme cuenta de aquello, de que la mujer problema corría junto a mi y no de mi hacía que mi corazón de alguna manera latiese mas fuerte, aunque quisiese echarle la culpa al mero hecho de correr no podía negar que ella seguía provocando en mí alguna extraña sensación. Por un momento observé su rostro, y todo pareció detenerse. Y lo recordé todo, en lo que tardé en dar una zancada a mi mente volvieron aquellos eternos minutos en los que solamente quería poseerla. Sonreí, me encantó aquella expresión de su rostro mientras huíamos del declive, como si evitasemos la onda expansiva de la bomba atómica que habíamos lanzado.

Solía alardear de mi forma física, solía creer que mi cuerpo era una máquina bien engrasada, el prototipo perfecto. Pero despues de todo por lo que había pasado aquella noche sin un minuto de descanso no podía prometerme llegar más lejos. Los perros de Jean eran persistentes y no nos iban a dejar en paz, no se me pasó por la cabeza abandonar a Lucita a su suerte y escalar todos aquellos salientes por los que pasamos mas de una vez. Quería seguir correteando por aquellas calles, en aquella mañana fría donde el traicionero sol no paraba de delatarnos y no nos proporcionaba ningún rayo calentito. Mientras la ciudad parecía despertar nosotros aún esprintabamos para despertarnos la mañana siguiente y frente al espejo sonreír, como contándonos a nosotros mismos que tan emocionante fue aquella noche. Nos estábamos apagando, y aquellos capullos parecían haberle dado muchísima importancia a nuestra caza, empezaba a temer que nos diesen alcance, o peor, nos cogiesen. Zigzagueamos entre las calles y terminamos en una que me resultó familiar, conocida de alguna manera, como si se hubiese mascado en ella la traición. Y si, fue en esa calle donde ella me tomó del antebrazo y tiró de mi, indicándome hacia donde ir. En esa calle la volví a odiar por tocarme, por hacer arder mi antebrazo con sus dedos candentes que no hacían mas que sangrar con mas fuerza mis heridas, heridas de las que salía sangre caliente, sangre que hervía por culpa de la del cabello de fuego. Me llevó de nuevo a aquel antro, se palpó los bolsillos de atrás mientras yo posicionaba mis manos en mi cintura, jadeando y observando como una gota de sudor caía desde el puente de mi nariz, la usaba como trampolín y dejaba un charco milimétrico en el suelo. Mientras esta sacaba la llave de ahí detrás no pude evitar fijarme de nuevo en su trasero, plasmado, ahí, y sonreí porque sabía que no me miraba, quizá ella estaba demasiado enfrascada en asimilar la situación que no se daba cuenta que incluso en aquel caos me permitía ser así de obsceno. Ella entró, y yo, como si no tuviese prisa tuve que ser invitado de alguna manera. Volvió a tirar de mi brazo, y como no la volví a maldecir, no es que no me gustase, es que odiaba que me gustase algo que no lograba entender. Pude deleitarme de la estela de destrucción que habíamos dejado, al menos, un trozo. Lo de aquel bar parecía un caos ordenado, como si se hubiese montado una gresca y hubiesen apartado todo lo roto para arreglarlo al día siguiente. Habíamos involucrado a mucha gente aquella noche, ¿Y que? Mejor, nos habíamos divertido todos. Era la Chino's Party, y no iba a ser la última, aquel jodido barrio iba a cagarse en la madre que me parió, tenía pensado hacer de aquello peor de lo que ya era, planes de reforma para el infierno. Para cuando quise darme cuenta ya estaba sentado en un taburete, y podía notar la respiración de Lucita en mi espalda, junto a sus manos, parecía examinar la bonita herida que me habían dejado en la espalda. ¿Tan fea era? No iba a negarme a que me tratase, así que ella pareció entender con mi pasividad que me iba a quedar efectivamente quieto en aquel taburete. Cuando se alejó volví a sumirme de nuevo en aquellos pensamientos, cuando ella no estaba cerca podía concentrarme, no sé, era como una especie de señuelo para mi, como un lápiz para un tonto, una luna para un hombre-lobo...

Las gotas de sudor resbalaban a sus anchas a lo largo de mi cuerpo, mis puños aún vibraban y no tenían la intención de calmarse, pero mi mirada era la viva expresión de la calma, de una calma algo tétrica, una calma de película de terror. Por mi mente las letras se ordenaban una y otra vez, formando palabras que procuraba usar como el papel de las paredes de mi cerebro, palabras a las que di quizá demasiada importancia. Palabras que parecieron esconderse cuando ella volvió a aparecer, con aquel maletín del dolor y bebidas. Quedé impasible ante sus palabras, como si ya no me afectasen, como si el monstruo que se ocultaba entre sus palabras ya no me asustase. Cerré los ojos cuando volvió a estar cerca mía, parecía tener una percepción extrasensorial para saber cuando ella estaba cerca. Mis heridas parecieron aumentar de tamaño, como diciendo: 'Curanos, Lucita'. Cuando yo lo que irónicamente deseaba es que se fuese, se fuese y no me confundiese más. Seguí con aquella actitud petrea, como si fuese una estatua; apenas reaccioné o me moví cuando el escozor del agua oxigenada ardió en mis heridas. Tanto aquel surco como los arañazos de Lucita, todas aquellas aberturas en mi preciosa y querida piel empezaron a arder, como si el fuego se parase a acampar en mi espalda y ahora tuviese plumas traducidas como lenguas de fuego. Ya no me rayaba, no me preguntaba porque me había peleado con Jean, lo había hecho por ella. Y por muchas excusas que quisiese ponerme nunca podría negarlo, me había quedado en un principio por aquella chica. Toda aquella ira se desató, toda la tormenta, sobre ellos, solo porque Jean hizo lo que no debía. ¿Pero quien era ella? Ella era la que parecía cortarme el hombro con su piel cuando dejaba resbalar mi camiseta encima de mi regazo. Nada, mis brazos no querían levantarse y tomar aquella camiseta, me gustaba aquella sensación de torso desnudo. Finalmente mi mirada recuperó algo de su brillo picaro, a tiempo para cuando ella tomaba mi mentón con posesividad pero con mucha duda. Fue como clavarnos una estaca a los dos, al mismo tiempo, ella sabía que no debía haberlo hecho y recobró la compostura a tiempo. En mi mente el instinto y la razón seguían echando un pulso, era el equilibrio perfecto, me encantaba. Mis ojos aún seguían persiguiendola, como sus manos tomaban aquella botella... quien fuese ron para bajar por aquella garganta.
Tomé la botella de vodka, a la mierda, me la bebería a palo seco, y así hice. Mientras ella hacía de narradora y me recordaba todo lo que había perdido aquella noche yo hacía un sonoro sonido gutural al fluir aquel vodka por dentro. Solté aire, y parecía que iba a quemar la mesa, seguía agarrando la botella cuando ella me agarró, quería acentuar aquella parte, ella quería que se me quedase, pero sonreí, feliz, me gustaba que me hubiese dado las gracias, aún a su manera, pero era una de las pocas veces que me alegraba demasiado por algo que no esperaba escuchar de la boca de alguien, era como un regalo de cumpleaños en cualquier otro día del año. Alcé la botella con aquella especie de brindis, de hecho, había sido algo legendario, algo irrepetible, no fue una noche, fue la noche. Tragué, con los labios parecía besar la botella intercaladamente para tomar algo de aire, a traguitos pequeños para dejar la botella de vodka con fuerza sobre la mesa cuando algo cayó al suelo. Ella puso la llave, despues de recogerla, le faltaba un 'jiji' por su parte para acompañar ese 'uy', si, algo así y hubiese aplaudido. Mientras ella hablaba tomé la llave, como si no quisiese que ella siguiese viendola, como remarcando que aquello me pertenecía a mi y que desde un principio aquello no debió salir de mi bolsillo. No quería que Lucita se encaprichase con aquella llave, no quería que se pusiese tonta con aquel tema. Pero yo amaba mi dualidad, y no me arrepentí, al mismo tiempo también quería lo contrario, quería que desease aquella llave, que me matase por ella, que moviese lo inamovible por tocarla de nuevo y que rompiese lo irrompible para saber lo que abría.

-Y de hecho, el c0ño te hará mas palmas que una copla de gitanos, pero no es el momento de hablar sobre la llave. De hecho nunca es el momento de hablar sobre la llave, es más, ¿De que llave hablamos? Hablemos de otra cosa, hablemos de otra cosa... ¡Hablemos de tu pelo! ¡Ese pelo rojo y ardiente! ¿No te quemas la cara con el?

Dije como si el alcohol me hubiese cogido por los huevos mientras tomaba un mechón de su pelo inclinándome hacia ella, ella sabía que los dos jugábamos a lo mismo y que ambos competíamos activamente en aquella liga de dos. Tras tocar su pelo me eché rapidamente hacia atrás, como reconfortado por haberlo hecho, como si haberme quemado el dedo que sujetó aquel mechón me hubiese quitado el mono. Me puse la camiseta con parsimonia, como si quisiese terminar con su paciencia, pero parecía que no hacíamos mas que sonreir, como si jodernos el uno al otro nos provocase placer, yo sabía lo que ella quería y ella igual. Pero mostré algo de iniciativa, no merecía la pena ser tan perro, despues de todo, habíamos estado muy unidos anteriormente...

Esta llave, la llave... Shen, Jean, Caleb, Jean, los calvos de antes, toda la 'chupipandi' que me quería partir la cara, hasta el alcalde de esta ciudad necesita esta llave, todo el mundo que sabe lo que abre quiere esta llave y la intentarán conseguir por todos los medios. Quien sabe, puede que abra el maletín de Marcelus Wallace...-Dije con un tono fuerte pero algo desganado, cuando hablaba de una joya inimitable. La pieza sobre la que giraba y se desarrollaba un extraño juego-Pero este no es el sitio para hablar de la llave, en sitios como este la gente habla de temas como: ''¿Por qué dejaste la escuela, Mike?'', ''¿Estás embarazada Amelié, de quien?'' o... ¿Eres de por aquí, Lucita?

Mis codos se apoyaron sobre la mesa denotando el interés que mostraba, no había nada que ocultar. Quizá le había devuelto la pelota un poco antes de tiempo. Pero estaba seguro de que podría tener aunque fuese unas palabras con ella, una conversación, saber que era Lucita, y cuando supiese algo de Lucita ella pudiese saber de Shen. Que Shen y Lucita, que Lucita y Shen intercambiasen algo mas que fluidos corporales, miradas que derriten el sol y palabras que nadie quería escuchar. Era la primera vez que deseaba tanto una conversación, quizá no fuese normal, ¿Pero había sido todo normal? Todo lo que había pasado desde que la ví, todo y al mismo tiempo nada había sido normal. Todo había sido como coger un bidón de gasolina y haber quemado aquella casa llamada 'razón'. Y ver como aquel fuego llamado Lucita quemaba todo, y yo disfrutaba viendolo todo arder, arder, arder.

OFF:En fín, al final me he dignado a aparecer por aquí, siento mucho la ausencia. Tus mensajes de WA me han levantado la moral rolera así que...
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Ene 26, 2014 10:48 pm

Shen usa evasión, ¡es muy efectivo! El chino ya estaba jugando sus poderes de Pokémon y haciendo bailar su palabrería hacia otros derroteros. Carraspeé un poco y sonreí, si le hubiera preguntado cincuenta veces seguidas por aquella llave, él me hubiera dado cincuenta respuestas diferentes, y en realidad no encontraría la contrariedad en ninguna de ellas. Era un juego entretenido, sobretodo porque se dedicaba a hacer sus acrobacias para saltar el obstáculo que le suponían mis interrogantes, como por ejemplo, inclinarse y recoger un mechón de mi cabello entre sus dedos, acariciarlo y volver a su sitio, como si nada hubiera ocurrido, como si hubiera hecho un paréntesis a lo Kit Kat y el punto y aparte que le había puesto al párrafo sólo diera lugar a una historia completamente diferente. Acaricié con mi mirada cada uno de los músculos de su torso a medida que se ponía con parsimonía la camiseta, pareciera querer decirme con sus gestos que aquella fiesta había terminado, el tesoro de Indiana Jones volvía a donde debía estar y nunca debió haber salido. Percibí que cuando se hubo tapado del todo un ciclo en mi interior se cerraba para dar comienzo a uno nuevo, Shen me abría puertas y cerraba las que ya había atravesado detrás de mí, vigilante. Era como un enorme laberinto, si elegía la opción equivocada ahí podía quedarme hasta morir, si abría la puerta adecuada suponía que algún día llegaría hasta el objetivo final. Ni siquiera sabía cual era, pero supongamos que esa llave, esa que se había vuelto a guardar en el bolsillo del pantalón disimuladamente, era la llave de la puerta de salida, la solución al cubo de Rubik. Por un lado ansiaba alcanzar el final, deseaba desde lo más profundo de mis entrañas socavar los misterios de Shen, por puro egoísmo, nada de concesiones, me lo tomaba como un reto personal, una prueba que rallaba en lo absurdo. ¿Por qué aquella necesidad? Era simple, había encontrado a una persona, solo una, que sabía jugar al mismo juego que yo, que filosofaba con la vida a base de golpes, que se violaba al mundo, que aturdía a su entorno, lo moldeaba a su manera y entonces se regocijaba en él. A alguien que seguía sus propias reglas, alguien como yo.

Y este era nuestro choque personal, nuestros mundos combatiendo, cada uno con su batallón, en este ajedrez no había color blanco, en esta partida el negro era el color que reinaba, los dos veníamos de la oscuridad, cada uno a su manera, y sin embargo brillábamos sobre el resto, lo sabíamos, éramos conscientes de cuán capaces éramos de cumplir nuestros cometidos. ¿Pero qué llegaría a ocurrir si nuestros intereses se veían entrecruzados? ¿Cómo acabaría aquello? ¿Sería el broche de oro a la saga de películas de Rambo? Aquella pregunta retórica hizo que balanceara la botella sobre la mesa mientras él se dignaba, con su característica perspicacia, a dejarme caer unos cuantos acertijos más acerca de la llave, de aquel jodido "anillo único". Tan pronto como le volví a prestar atención él cambió de tema de nuevo, primero a la izquierda, después a la derecha, él quería pero no quería al mismo tiempo, le gustaba que entrara en el juego, pero a la vez no le hacía ni puta gracia que se metieran en sus asuntos, y bueno, qué podía reprocharle yo de aquello, su dualidad se asemejaba demasiado a la mía. Él dio con el nuevo giro a la conversación, un giro de 360 grados que nos dejaba en el mismo punto de partida pero que pretendía recorrer un camino diferente, tal vez algo más suave, algo más normal para el mundo pero extraño y ajenos a nosotros. Y volví a sonreír, observando la botella bailotear entre mis manos y dejando escapar una leve carcajada, aún tenía un bastión de hormonas peleando por mantenerse calmado y no sucumbir al instinto, en realidad estaba peleando contra una vorágine de confusión cuyo punto central era aquel hombre que se sentaba frente a mí y que ahora se apoyaba sobre sus codos, ofreciendo un semblante cauto pero interesado ante lo que viniera después de aquella acometida. Apoyé mis pantorrillas sobre la esquina de la mesa, entrecruzando las piernas, y me balanceé sobre mi silla, eché la cabeza atrás, despejando mi rostro de mi cabello, despejando a mi mente de la intensa mirada de Shen. Miré hacia el techo, estaba confundida, digamos que quería contarle de todo, quería decirle lo bien que me lo pasé aquellos años en los barrios bajos de Londres, cuando descubrí mi afición a las peleas, quería contarle acerca del día en que, con el grupo de rock que tenía en secundaria, armamos un concierto clandestino en el patio del colegio, quería contarle cómo ayudaba a mi madre a encontrarse la vena cuando necesitaba darse un chute. Y al mismo tiempo no quería contarle nada, desnudar mi cuerpo había sido fácil, desnudar mi alma no. Él podía ser muchas cosas, y entre ellas cabía la posibilidad de que tomara el rol de Jack el destripador y despedazara mi alma de puta en mil y un pedazos.

Volví mi cabeza hacia él, quien seguía en la misma posición. Le di un trago al ron, y observé cómo apretaba el cuello de su botella de vodka, sus labios aún humedecidos por el alcohol constituían una distracción bastante apetecible para mi hormonada mente. Saqué un cigarrillo y lo encendí, desviando mi mirada a la primera calada de humo que exhalé, y una vez en situación, volví a mirarle.

Inglesa, nuestro himno es el "God shave the Queen" — dije ironizando directamente aquello que los Pistols no pudieron en sus mejores tiempos — Me gusta jugar... al billar, de muchas formas — sonreí — Me gusta el rock... el ron... — levanté la botella a modo de brindis y bebí — Y hace muy poco me aficioné al porno asiático — le dije sonriéndole y mirándole con lascivia — If you know what I mean — recalqué en mi lengua materna, aunque era obvio a lo que me refería.

Seguí bebiendo, no sé si es que creía que el ron sería el elixir para cubrir mi más que visible desconfianza al mundo, pero necesitaba hacer arder mi garganta para que se manifestara en mis palabras. Shen portaba un rostro ahora tan ajeno a mí que me costaba asimilar que me lo había tirado hasta reventar hace poco menos de una hora. Era curioso ver cómo tratábamos de acercarnos el uno al otro gruñendo, enseñando los dientes, diciéndonos "Estás jugando en terreno peligroso". Y sin embargo, pese a todo aquello, estaba segura de que la necesidad de acercarme a aquel ente de otro planeta era real, de que me gustaría hacer arder el mundo con él, para despedirnos del mismo con una carcajada de satisfacción. Puede que él fuera el genio capaz de cumplir todos mis deseos y viceversa. Aunque aquella idea me tentaba, me molestaba sobremanera ver que alguien podía cumplirme algo de lo que yo no era capaz, o... ver que a mi sola me costaría mucho más. Me escurrí en mi asiento, dejando ver una postura cómoda, queriendo expresar la seguridad en mí misma que en estos momentos en realidad se tambaleaba tanto o más que el revoltijo de experiencias que sentía en el estómago. Siguió mirándome, esperando algo más, su expresión denotaba lo que yo ya sabía de antemano, que no era suficiente, no habíamos venido aquí a hacer la gracia, por lo menos no en ese preciso instante. Yo le había exigido en el piso de Jean acercarse más a las nuevas experiencias, al alma humana, y ahora era yo quien estaba echando la mierda a paladas sobre mis propias palabras, qué fácil es hablar, qué complicado es cumplir.

Estudio en un lugar "De cuyo nombre no quiero acordarme" — puntualicé, combinar las palabras "Sweet" y "Amoris" en una frase dirigida a Shen era demasiado dantesco incluso para mí — Y llegué a París sin quererlo en realidad, quién sabe — suspiré — No llevo mucho tiempo, pero sí el suficiente como para saber moverme por aquí, supongo que una chica que se ha criado en los suburbios, tiende a mezclarse en el microclima en el que siempre ha vivido, llámalo instinto animal si quieres, soy una rata de cloaca, pero con estilo — le dije guiñando un ojo.

No me gustaba hablar tanto de mí, y es por eso que de repente se manifestaba un odio hacia Shen que podía ver en mi piel erizada. Supongo que era una rabia contenida bajo un semblante en perfecta calma. Él controlaba cierto magnetismo que hacía que abriera la boca más de lo que debería, en cualquiera de los sentidos, y me frustraba ver que su demonio interno contaminaba mi espacio vital desatando el caos y la confusión, como si aquella mirada fuera una pócima de la verdad que se derramaba implacable hacia mis labios. Por suerte era una chica fuerte, por suerte, aunque el alcohol comenzara a partir en dos a mis neuronas lograba mantener el equilibrio en la balanza que en cualquier momento derramaría mi instinto o mi cordura. La presencia de Shen era un constante reto para mi caos interno, y aunque le odiase por provocar todo aquello con aquellos ojos afilados, me gustaba saber que hubiera alguien en esta jodida ciudad con los cojones suficientes como para traspasar mi muro de Berlín.

La historia de mi vida es simple, supongo que no crecí un ambiente adecuado para muchos, pero aprendí a sacarme las castañas del fuego yo solita, no me quejo de todo lo que he hecho porque ha sido bajo mi propia decisión, y siempre he asumido mis consecuencias de buena gana, aunque me acostumbré muy rápido a salirme con la mía. Me gusta mi vida, me gusto yo... — bufé un poco alegre por el alcohol — Y estoy contenta con lo que tengo. Contenta no significa que sea suficiente, me considero lo suficientemente egoísta y perversa como para sacarme aún más partido, y sacar partido de los demás. Curiosamente anoche no esperaba al salir del trabajo toda esta gresca, pero ¿cómo decirlo? Encontré a una especie en vías de extinción, tú. Y para tu desgracia has llamado mi atención.

Ya era suficiente, ya me había pasado la pelota y le había dado mi discurso de presentación. "Hola, soy Lucita, soy una hija de puta crónica y la llevas clara si quieres pasarte de listo conmigo, pero hey, podemos echar otro polvo cuando quieras, babe." No sabía cómo llamarle a eso, pero ahora no me iba a poner a indagar en un diccionario de emociones en blanco. Reposé mi botella sobre la mesa y me incliné para deshacer el nudo de la mano de Shen alrededor de su botella de vodka. Fruncí el ceño molesta cuando noté cómo mi cuerpo volvía a reaccionar frente al leve contacto de su mano, ese tipo era peor que el virus de The Walking Dead, me volvía zombie por su culpa. Tiré del recipiente para hacerme con él y darle otro trago largo, como queriendo robarle lo que era suyo, como tratando de mostrarle mi altanería para que no se creyera que había ganado la partida. Podía ser una puta cría cuando me lo proponía, Shen no iba a ser la excepción, a fin de cuentas él también se mostraba muy crío cuando le daba gana. Se la devolví una vez hube saciado mis ganas de joder, aunque me hubiera gustado compartir con él algo más que el cuello de una botella.

¿Y qué hay de ti, chino? ¿Cuando llegaste por estos lares? Ya sé que estás podrido de dinero, lo que no sé es por qué teniendo el culo bañado en oro asientas tus posaderas en este retrete de mierda. Por cierto ¿no tendrás ninguna enfermedad venérea, verdad? — bromeé. Sentía que el ambiente se había enrarecido tras mi diálogo, y eso no me gustaba, eso me hacía pensar, y pensar de más era como rebuscar en las leyes de la química la explicación a algo tan evidente para el mundo pero tan incomprensible para mí. Indagar de más era darte cuenta de ciertas verdades, y la verdad siempre ayuda, es cierto, pero la mentira, a veces también. Le miré, le volví a repasar de arriba a abajo detalladamente, como tratando de cerciorarme de que realmente estaba allí, y de que me iba a contestar. — Tranquilo, que iremos poco a poco — dije con tono guasón. Y aunque el comentario sonara desenfadado y burlesco, contenía la verdad más grande que nos amenazaba a los dos. Descubrirnos el uno al otro era interesante y divertido, pero para mí, en cierto modo, era peligroso, creo que me arriesgaba a muchas cosas si trataba de desvelar más de aquel chico bala. Lo que me preocupaba en realidad, es que mi interés por él no dejara de aumentar, o que lo hiciera cada vez a pasos más agigantados. Volví a beber, hasta aquel momento, hasta que no pronuncié todo mi discurso, no fui consciente de lo malo que estaba el jodido ron.

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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Abr 04, 2014 2:32 am

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