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Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

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Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Sep 06, 2013 6:17 pm

Recuerdo del primer mensaje :

El olor a mierda era insoportable, olía tan fuerte que cuando me acerqué a aquella alcantarilla sentí como un puñetazo en mis receptores nasales. Pero no podía quejarme, era yo, el que estaba en aquel lugar de mala muerte, lleno de gente totalmente diferente a lo visto en el centro de la ciudad. Era un criadero de ratas, la academia de la vida, seguro que si salías de aquel lugar no podías tocar fondo, porque ya venías de el.
Tapandome la nariz me acerqué a unos cubos de basura llenos, los cuales aparté de una gentil patada. Strike, cayeron todos y pude ver aquella parte de la pared, mohosa y sucia. Subí encima de la basura sin contemplamientos y pasé, nada de exquisiteces, ningun señorito me habia contagiado sus modales. Apoyando mi mano en la pared me agaché y metí la mano en un agujero del tamaño de tres ratas paralelas, (¿Metros? Aqui medimos con ratas), no tardé mucho en empezar a sacar el brazo lentamente. Conforme salia mi brazo parecia tener una especie de nueva extension. -Oh si, me dije mientras sacaba aquello tan bonito.

Alcé frente a mi aquel bate, hermoso, sucio pero hermoso. Ja, sentía aquello como un nuevo bastón de la injusticia que abriría el mar de la monotonía como si nada. Aquí llega el profeta, bastardos. Me lo puse encima del hombro y empecé a caminar saliendo de aquel oscuro rincón. Mientras andaba procuraba raspar mas de lo normal la suela, por si algo se hubiese pegado... No era un princeso, pero no me gustaba llevar mierda encima. Solté un buen escupitajo a mi derecha mientras caminaba altivamente, como siempre.

Has tardado, chino.

El escupitajo fue a parar frente a los pies de un chico. Era mas bajo que yo, un tatuaje en la cara, pelo corto y negro y mirada decidida. Tras el tres 'brodas' mas se juntaban mientras pasaba de largo. Sin decir nada seguí mi camino, ellos se unieron, sabían que tenían que hacer.

-¿Estan ahí, no?

Pregunté sin establecer contacto visual con el chaval, el asintió con un 'Si' y nos pusimos en marcha. Hoy tocaba recuperar algo que era nuestro y que estaba en manos ajenas, sucias y ajenas. No mostraba expresión alguna, parecía un jodido maniquí, pero por dentro me quemaba de impaciencia, por fin un día libre para divertirme a mi manera.


Última edición por Shen Yang el Vie Nov 22, 2013 8:14 pm, editado 5 veces
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Mar Nov 05, 2013 2:50 pm

Rudolph y yo anduvimos como ratas a través de la interminable red de callejones del alcantarillado. Si la zona por la que me movía se asemejaba al inodoro de un tugurio, esto ya superaba mis espectativas. El olor era asqueroso, y las ratas pululaban como hormigas trabajan en su hormiguero.

Muy bonito el paraje, qué pena no tener uno de esos móviles con Instagram para darle un filtro cálido y tener un agradable recuerdo — escupí bastante molesta, sí, el camino era más seguro, pero la mierda abundaba en tales cantidades que pensaba que en cualquier momento saldría el Rey Mojón para recibirnos en su reino — ¿Cuándo cojones vamos a llegar?

Rudolph frunció el entrecejo y no me respondió, genial, ¿ahora tenía parálisis facial o qué?. Aceleró el paso, zigzagueando por un par de callejones más y señaló una escalera.

Ahí está la salida "Su Majestad" — pronunció con un leve tono de molestia.

Emití un bufido y me adelanté, comenzando a subir por la escalinata. Los barrotes tenían más mierda que los del metro de París, y eso ya es decir, nunca había visto un metro tan asquerooso como ese. Una vez hube alcanzado la cima del basurero aparté la tapa de la alcantarilla y salí al exterior. Bendita calle, la ligera brisa que me invadió, impregnada de olores más bien desagradables, me parecía una fragancia de Channel en comparación al hedor del alcantarillado. Rudolph me siguió y salió con facilidad, depositando la tapa de la alcantarilla en su sitio. Su móvil sonó de nuevo, y yo simplemente comencé a caminar un par de metros por delante suyo. El tipo cortó la conexión y me alcanzó.

Se han ido.
¿Se han ido? — pregunté alzando una ceja.
Sí, no sé qué coñ0 ha hecho el chino, pero ha logrado despistarles de una u otra forma, la Pelizorra ha dado aviso de que la mayoría de los trajeados han dejado la zona, esperemos que los que iban en tu busca también lo hayan hecho, pero...
Pero qué.
El chino, está con Jean, supongo que habrán armado juntos algún plan para esquivar a las visitas.
¿Jean? Joder, ¿y cómo os enteráis de todo esto  en tan poco tiempo? ¿Sois los Ángeles de Charlie o qué mierda? — el que faltaba para completar el circo, Jean. Le conocí al poco de llegar a la zona, no es que tuviera una relación muy profunda con él, bueno, digamos que en parte sí.

Conocí al tipo cuando huía de casa de mi madre, digamos que era parte de la competencia de mi padrastro y me ayudó a esconderme por estos lares, en aquel momento no me quedó de otra que aceptar su ayuda, digamos que tenía... (y tengo) bastante información acerca de los trapicheos de mi padrastro y él creyó que si me cobijaba le correspondería con el premio gordo de Navidad. Nada más lejos de la realidad, lo que yo sabía conmigo se quedaba, y él se dio cuenta al poco tiempo. Pero no tomó represalias contra mi, el tipo estaba algo así como enamorado de mi persona, o algo parecido, me había insistido más de una vez en "ir a tomar algo" o "al cine" y yo le había correspondido, al principio, con evasivas, y al final con un "vete a la mierda". Pese a su ayuda tuve que hacerle un diagrama a lo Barrio sésamo para explicarle que no me interesaba y que yo no pagaba mis deudas como si fuera una puta. El caso es que Jean estaba ahora con el chino, y el caso es que Jean, sabiéndolo o no, me había salvado el culo de nuevo.

Y el caso es que eso me enfurecía.

Vamos — Rudolph me instó a seguirle — La Pelizorra ha contactado con los colegas de Jean, nos han dicho que en su edificio estaremos más seguros, puede que aún queden algunos de los efectivos de los trajeados.
¿Qué mierda...? tío, sabes que Jean es un jodido baboso, no pienso ir a darle las gracias. Se le pondrá dura de nuevo y empezará a decirme cualquier babosada que terminará con mi paciencia — en realidad no era eso lo que no me gustaba. Lo que no me gustaba es que de alguna u otra forma supiera que le debía otra más, o que se le hubiera acabado a él la paciencia. Además estaba con Shen, hacía planes con Shen y parecía muy amiguito de Shen, así que no sabía cuál sería mi situación en aquel momento, tal vez el chino se aliara con Jean de alguna forma para terminar de putearme. Shen me gustaba, pero le conocía poco, y era un tipo al que la acción y sus propias reglas le perdían, tal vez si lo encontraba interesante, o lograba algo a cambio... Joder, mi cabeza daba más vueltas que un jodido carrusel. Necesitaba comprobar cómo estaban las cosas, tendría que ir al encuentro de aquel par de diablos, además, mejor eso que quedarme en la calle a la espera de que algún trajeado que quedara por la zona me encontrara y me llevara de vuelta a "casa".

Le di una patada a una papelera, e hice un leve asentimiento, comenzando a caminar con Rudolph hacia mi fatal destino, una leve cortina de lluvia hizo acto de presencia para desembocar en un torrencial chaparrón, parecía que los astros se habían alineado en mi contra.

No tardamos mucho en llegar al bloque en el que vivía Jean. Jodido histérico, todo el edificio era suyo porque el tipo estaba obsesionado con su seguridad, pues que viviera en el alcantarillado, nadie querría meterse ahí, respirar durante más de una hora en los bajos de los bajos fondos seguro que te daba una embolia cerebral o algo así. Un par de tipos nos registraron a la entrada, se propusieron quitarme el machete, único arma que me quedaba, y me negué de una forma non grata... patada en los cojones. El tipo me maldijo de una y mil formas y yo subí escaleras arriba hasta dar con el piso de Jean. ¿Rudolph? No lo sé, solo quería terminar con todo aquello cuanto antes, no me hacía mucha gracia que Jean le diera demasiada información de mi al chino.

Llamé con insistencia, con más insistencia con la que llama Sheldon Cooper a Penny (?), y la puerta se entreabrió. Vi el rostro de Jean dedicarme una inquisitiva mirada pero relajó el rostro de inmediato.

Luci... tiempo sin vernos.
Sí, tiempo sin vernos, gracias por la acogida — dije con desgana mientras me adentraba en el piso con seguridad.

Me dirigí al salón y ahí le vi, tirado con comodidad en el enorme sofá, comiéndose un croissant. El chino disfrutaba del manjar felizmente, maldito chino, lo disfrutaba todo.

Hey — le saludé, tal vez dejando ver un matiz de desconfianza que antes no existía — ¡Jean, voy a darme una ducha! Tengo peor aspecto que un gremlin cuando come más tarde de las doce, te pillo algo de ropa — exclamé a Jean, quien se internaba en el salón detrás mío.

Debía tomarme el encuentro como algo desenfadado, estaba nerviosa porque no sabía cuál era la situación, pero no debía dejar entrever mi nerviosismo, seguir actuando con confianza y seguridad era la mejor barrera para esquivar o al menos retardar los posibles problemas que se paseaban por mi mente. Así que me metí al baño, me duché y me puse algo de ropa limpia. Jean solía tener ropa de tía en su casa, pues se solían pasear por ella muy a menudo sus putitas provisionales. Me puse una camiseta de tirantes holgada y unos shorts de andar por casa y salí de nuevo a su encuentro, revitalizada por el baño.

Seguían ahí, intercambiando una conversación desenfadada y bromeando, ambos me observaron cuando me acerqué y me senté en uno de los sillones frente a ellos.

Vaya con el chino, resulta que nos salió pijo — inicié — no sabía que existían tan buenos partidos por esta zona.
Luci... ¿estás bien? — preguntó Jean, preocupado. Fruncí el ceño, no me gustaba que se preocuparan por mi, nunca había necesitado tales atenciones.
Perfectamente, ¿no me ves? Sigo igual de atractiva que siempre, y con la misma poca paciencia para aguantar actitudes sobreprotectoras — le respondí, Jean se inclinó en su asiento sin dejar de mirarme — ¿De qué os conocéis? — pregunté para reiniciar la conversación que era de mi verdadero interés.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Mar Nov 05, 2013 7:45 pm

Joder, no estaba contando la de Croissants que me estaba zampando. Bah, había que celebrarlo. Jean ya daba por oficial el hecho de que los trajeados se habían largado de Sweet Valley. No se si era una batalla ganada o un triunfo directamente, porque no hubo batalla. Pero no me hacía gracia que se hubiese librado una 'guerrilla' y que la sangre me hubiese salpicado. Literalmente si, pero no me gustaba que mi nombre figurase en archivos que luego se pudiesen usar en mi contra. Yo era el de la información, yo la controlaba y decidía como usarla, era obvio que no me gustaba que intentasen tocarme los huevos.
La cosa era que todo estaba cerrado. No, un momento... aún quedaba Lucita. ¿Donde demonios estaba? ¿Y por qué Jean la conocía? Si, me dí cuenta de que la conocía por su gesticulación al mencionar su nombre. El muy cabrón al parecer la tenía en el punto de mira, porque se mojó los labios y cruzó las piernas, yo conocía que quería decir eso. Eso también me daba una idea de que tan 'famosa' era nuestra famosa pelirroja, no famosa del tipo 'Interviú', idiotas, si leen esto saben a que me refiero. Así que Lucita no era producto de mi imaginación... y tenía un buen peso en la realidad.
La pelirroja fue el motivo de que volviese a abrir la boca, adquiriendo una pose de conversación normal. Acerqué el enorme sillón cerca de Jean mientras exclamaba dandole la espalda, el sillón pesaba lo suyo pero me permitía soltar aquel tipo de preguntas con aire de policía malo, con ese tono de interrogatorio.

Se que eres mas salido que los obreros de la calle 19, cabronazo, la mitad de los piropos que se pusieron de moda en este sitio llevan tu firma. Así que no me digas que no la conoces o vamos a tener un feo tu y yo.
Shen... a veces llego a odiarte, ¿Sabes? No me gusta que un niñ-
Que hables te digo.

Me miró con cara de asco para despues empezar a reírse, yo también lo hice. Así era nuestro extraño humor. Pero desembuchó cosas sobre la pelirroja que hicieron que mi interés en ella fuese mayor. ¿Que demonios? ¿Hace cuanto que no preguntaba por una chica? Me cago en... creo que ella me... nah. Sabía que ella vendría, Jean me lo había comentado, con ese tono de voz salido. Casi parecía que le estaba tocando el culo ya con esa posición de las manos, el estaba inquieto. Jodido viejo verde, el cabronazo temía por su seguridad pero dejaba entrar a todas las putitas que pasasen por delante del bloque. El jodido Jean parecía un autobus público, todas se habían subido en el.
Me acomodé en el sofa mientras tomaba otro trozo de paraíso y lo devoraba. Oh si, era el Godzilla de los croissants. Empezamos a hablar de coches, la cosa empezó a ponerse violenta,

¡Y yo te digo que Optimus Prime es una mierda en un tramo cerrado! Es un camión. Un CAMIÓN. Bumblebee es un Chevrolet Camaro, sin rencores, sabes que corre mas el amarillo. Por algo lo pintaron del color del rayo.

Y así pasó el poco tiempo hasta que alguien tocó a la puerta de una manera inusual. No a porrazos como solían hacer los gorilas de Jean. No se, cuando tocaron en la puerta me sonó a música... Jean puso esa cara de mandril en celo mientras se dirigía a abrir y dejaba entrar a quien yo ya conocía. Está entró con ese vaivén involuntario de caderas, aquella fulminante mirada y aquel cabello que parecía hecho del mismo aliento de un dragón. ¿Era cosa mía o empezaba a fijarme mas en aquellos pequeños rasgos de Lucita?

Oh no... descubrieron nuestra base. Aborten la misión.

Dije con un tono desganado, respondiendo a su peculiar 'hey'. Iba a soltarle un comentario que sin duda me hubiera hecho ganarme una bofetada, pero no me dió tiempo. Ella sabía a lo que iba, parecía que no le gustaba estar así de 'impresentable' así que decidió ir a tomarse una ducha. ¿Ducha? Supongo que yo también necesitaba una. Aunque la ropa no estaba manchada, era como el Don Limpio de las peleas, me podía meter en lo más profundo del culo de un elefante y seguro que saldría mas reluciente que los dientes de los anuncios de Colgate. Era un don... era dificil que me ensuciase haciendo aquel tipo de cosas. Pero no me tomaría una ducha en aquel lugar, lo haría en casa... Ah, la casa, hacía un par de semanas que no pasaba por casa, habría que ir a visitarla para que no se sintiese sola. Tan grande y vacía... que desperdicio.
Jean y yo seguímos discutiendo sobre asuntos inutiles. Haciendo una pausa para lanzarle una mirada de: 'Como vayas, la lias' cuando Jean intentaba levantarse para ir a espíar aquel cuerpo titánico que se quitaba la mugre de encima.
Se pasó rapido. No pude negarlo, ambos alzamos la cabeza como cachorros cuando salió de la ducha. Tenía que reformarme... ¿Otra vez? Como fuese, recuperé mi compostura y me quedé tirado en aquel sofá, en mi trono. Ella tomaba asiento cerca de nosotros mientras Jean hacía el papel de papi. Tuve celos, bueno no, no me gustaba que Jean se portase como mi papi, pero cuando se interesaba por otro de sus hijos si que quería que me prestase atención, hijos conflictivos.
Me moló la pregunta de la pelirroja, quería saber que jardín secreto hacía ahí, solo que con otras palabras. Aunque supongo que tambien le interesaba saber como dos engendros se habían entrecruzado. Jean iba a hablar, a cantar, el cabronazo tenía menos pelos en la lengua que una Barbie en el chumino. Lo mandé callar con un ademán de mano. Justamente cuando alguien llamaba a Jean para que saliese, parecía alterado, Jean suspiró, nos miró a ambos, pero no pudo evitar el deber y salió. Así era la vida de Batman, uy, se me escapó el gran secreto de Jean (?).

¿Y quieres que te lo rapee a lo Principe de Belair? Aunque no mola contarlo si no está Jean delante así que dejemoslo para otra ocasión.

Dije mientras me inclinaba lentamente hacia delante y disfrutaba de las vistas. No, no le miraba el escote, le miraba a los ojos. Me producían mas sensaciones que la montaña rusa de los Looney Tunes, y mira que eso era fuerte... Pero mantenía una expresión serena, callada e inquisitiva, como obligandola a que mantuviese aquel bello contacto de ojos. Pero... a la misma vez la retaba, y ella seguramente había captado el mensaje.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Mar Nov 05, 2013 9:17 pm

Era tan absolutamente tiránico en sus ademanes que en cierto modo me provocaba rabia, había mandado callar a Jean en la única frase útil que estaba a punto de dedicarme en la historia. Shen era un tipo interesante, era inteligente, sagaz, ingenioso y divertido en su forma de ser, aunque creo que pocos entenderían su sentido del humor hacia la vida. Sin embargo mostraba a su vez un agujero negro, sí, digamos que tenía una de esas lagunas mentales que te dan cuando te pillas la borrachera de tu vida, una laguna inaccesible, y si la cosa no tuviera que ver conmigo tal vez lo hubiera dejado pasar, pero había algo demasiado obvio que escondía y que no me quería decir, y yo había pasado una noche lo suficientemente movidita por cortesía del chino pijo como para encima no recibir ni una mísera explicación.

Jean se marchó del piso cuando alguien solicitó su presencia, parecía un tanto alterado. Una vez la puerta cerró el territorio de nuevo el chino se acomodó en el sofá, definitivamente se notaba que había vivido entre algodones, su manera de asentarse parecía la del capo de una mafia, acostumbrado a que le obedecieran, acostumbrado a que no le contradijeran en nada. Esa actitud me cabreaba, me ponía de los nervios, pero al mismo tiempo sabía que esa era la actitud de un líder, de una persona confiada que no duda en sus actos, y aquello, por muy contradictorio que pareciera, se me antojaba irresistible.

Volvió a evadir mi pregunta, respondiendo con ironía y diversión, sus ojos, afilados como cuchillas, rastreaban mi semblante. Se inclinó con calma hacia delante y fijó su objetivo en mis ojos, pareciera que trataba de acobardar mis intenciones... No, se estaba divirtiendo, porque ahora él tenía el control, él tenía la información, y me estaba echando una partida de póker visual, me estaba provocando, quería manejar todas las cartas de la mesa. No deshice el contacto visual y le dediqué otra intensa mirada, ¿amilanada yo?. Ya había pasado por muchas experiencias en la vida, y el chino no sabía hasta qué punto era atrevida, él era peligroso, pero yo no me quedaba atrás. Parecíamos dos leones salvajes, inspeccionando el territorio, marcándolo, el instinto nos dominaba. Joder, los de National Geografic podrían hacer una enciclopedia entera solo con nosotros dos.

Jean Jean Jean... deja en paz a Jean, o me pondré celosa. Primero es la maldita llave, después me entero de que eres hijo de una familia que mea sobre billetes de 500 euros porque ya no sabe qué hacer con ellos y ahora veo que tienes un affair con un treintañero desaliñado. ¿No has pensado en hacer una serie televisiva? "La cuádruple vida de Shen". Simplemente quiero respuestas, chino, y no me las das... y me estoy enfadando. Y yo no me enfado como las nenas del instituto, que rompen a llorar cuando se les ven las bragas, yo me pongo en modo Hulk, pero a lo pelirrojo (?).

Maldito chino, simplemente se dedicó a mantenerse en su posición mientras esbozaba una sonrisa socarrona. Parecía complacido por mi comentario. Me enervaba, me atraía pero me enervaba. Me levanté de mi asiento y rodeé la pequeña mesa que se interponía en nuestra distancia. Tal vez fuera la... ¿presión?. No, eran las ganas de destruir aquel talante sobrado. Me coloqué a su lado y pasé con agilidad una de mis piernas al otro lado de las suyas, acercando sus rodillas entre sí, y me senté a horcajadas sobre sus piernas.

Click, primer contacto, como digo, si de las mujeres se dice que tienen un sexto sentido, de los hombres se dice que tienen un segundo cerebro, yo me había limitado a comprobar aquellas conjeturas, y el semblante del chino cambió, poco pero lo hizo. Se inclinó un poco hacia atrás, manteniendo una distancia cautelar, no fuera a ser que le denunciara por acoso sexual, pero no le dejé. ¿No quería guerra? se la estaba sirviendo en bandeja de plata, ¿no era lo que esperaba? que se joda. Le agarré de la camiseta con energía, y prácticamente le obligué a que se acercara a mi para dedicarle una mirada seria y profunda, vamos, le estaba taladrando los ojos de tal manera que cualquiera se hubiera quedado ciego de por vida.

Pero Shen no era así, Shen sabía mantener la compostura y mantenerse libre de pecado, parecía una puta monja de clausura. Mi cabello, aún húmedo, se desplazó con rebeldía a lo largo de mi cuello, aterrizando en los hombros de Shen, provocando que el contacto fuera, en cierto modo, más cercano.

Habla, maldita sea —le zarandeé levemente, sabía hasta qué punto debía provocar y hasta qué punto no.

Su mano quiso alzarse, pero se topó con mi muslo. El leve contacto hizo que me recorriera un estallido de escalofríos por la columna vertebral. ¿Pero qué mierda tenía ese chino en las manos? ¿Hacía magia? Esto no era Hoghwarts. Deslicé mis manos hasta su cuello, maldito desgraciado, ¿con qué derecho me provocaba aquella repentina ansia de... devorar?.

Que hables de una puta vez, maldita sea — quise gruñir, acercándome con más ahínco a su rostro, recibiendo el palpitante crepitar de su carótida en mi mano derecha.

Jodido chino, a mi me estaba pegando algo, ¿qué era? ¿un puto aspersor de feromonas?. ¿Por qué mierda me seguía observando sin decir nada?. El contacto era cada vez mayor, se suponía que yo le provocaba, él se dejaba provocar y cantaba como un jilguero. Pero no nos engañemos... ¿Shen canturreando porque una tía se le eche encima?. Había perdido los cabales, le conocía de una sola noche, y había sido lo suficiente como para darme cuenta de que para Shen, en el amor y en la guerra, no cualquier agujero es trinchera. Sin embargo su mano permanecía ahí, en mi muslo, quieta, joder apártala ya o me vas a terminar de encender, y no quiero arder como los infieles en tiempos de la Inquisición.

Exhalé un leve gemido, me cago en todo, como Jean entrara ahora la íbamos a liar parda, porque sí, mínimo que el chino se comiera toda la movida también, aquí todo que sea recíproco. Me volví a acercar, más tensión, y las palabras no salían de su boca, recorrí con mis manos su cuello, llegando hasta la clavícula, y le mordí juguetonamente el labio inferior.

Habla.

"Habla Shen, habla de una maldita vez o te voy a terminar de callar de una forma en la que después puede que me arrepienta, ¿o quizás no?." Pensé para mis adentros, ¿hasta dónde estaba llegando? ¿estaba loca o algo por el estilo?. Y... ¿hasta dónde sería capaz de llegar Shen?.

El caso es que, su mano, tembló sobre mi muslo.

Oh oh...
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Miér Nov 06, 2013 8:21 pm

Lucita Beckett. Así la iba a llamar. La tipa entró, se bañó, se apalancó y empezó a ladrar preguntas. ¿En que jodido derecho estaba? ¿Había alguna enmienda o algo que me hiciese soportar aquello? Me hicieron gracia sus comentarios, se reflejó en mi sonrisa. La tipa sabía retarme, intento aguantarme la mirada. Intentaba ganarme en mi juego. Los poetas retratan los ojos de distintas maneras; bellos, hermosos, como agujeros negros a veces... si yo pudiese expresar lo que veía en los ojos de las personas talaría diez millones de arboles, haría folios con ellos y no me bastaría para explicar lo que ví en Lucita. Mi sonrisa tembló un poco, pero solo un poquito (?). Aquello no era una batalla de miradas, ni mucho menos, yo no luchaba cuando iba ganando, y si, me echo la victoria a la espalda porque en aquel juego nadie me gana.
Ella se hartó, sabía que no había manera de sacarme información. ¿O no? Se le ocurrió otra cosa, quizás fuese un plan... o quizás se estuviese dejando llevar por el instinto. El instinto animal, lado inexplorado del ser, carnal e irracional, dificil de entender pero... era algo natural. Me llevé el pulgar a la boca, relamiendome aquel ultimo rastro de azucar glaseado que quedaba espolvoreado por encima de mi dedo. Devoraría mi dedo, aunque yo fuese Made in China aquellos dedos eran únicos, irremplazables, eran mágicos. Y si no se lo creen preguntad por ahí, recordarán esos dedos y suspirarán, seguro.

Estos croissants te dejan buen sabor de boca. Debería aprender a hacerlos.

Dije casi como ignorando al hecho de que Lucita se había teletransportado de su lugar y ahora pasábamos a ocupar un espacio bastante cercano, cerrado. Y aquello no lo había propiciado yo. El comentario sobre el croissant lo había pronunciado justo despues de que me zarandease tirando de mi camiseta, parecía una 'vacilada' y de hecho lo era. Me gustaba aquel tipo de interrogatorio, ¿Que era? ¿Policia? Bueno, creo que las únicas policias que hacían ese tipo de interrogatorios trabajaban de 01:00 a 04:00. No me hizo falta acomodarme, ya venía comodo de serie, se podía notar en mi semblante que aquella situación 'parecía' no afectarme, es mas, casi que me parecía lo mismo que cuando estaba delante mía. Lo mismo era una chica a mil kilometros que encima de mi regazo. Pero si era Lucita la cosa cambiaba, hacía que esa partícula tirase de la otra, las dos se matasen y dejasen el vacío para que el señor instinto hiciese aparición. ¿Sabía a que jugaba o era realmente tan inocente de posicionarse así? Pensaba para mis adentros mientras mi reptiliana mirada seguía enlazada con aquellos orbes ajenos, que me provocaban la incesante necesidad de intentar poseerlos, hipnotizarlos... Pero aquella cortina de fuego impidió que el hipnotismo se realizase. Aquella cortina de fuego rozó mis hombros y escuché su voz mas cerca que nunca. No podía anularme... ella. Quise responder con un 'bonito' gesto, y mi mano terminó en su muslo. Juro por todo lo que aprecio que fue sin querer, pero ya que estaba ahí... ¡Boom! El juego empezaba sin querer. La reacción fue instantanea. No pude saciar mi primitiva necesidad de aporrear cosas, violencia, sangre... así que saciaría mi otra primitiva necesidad...
Cualquiera que viese la escena pensaría que Lucita jugaba con un muñeco hinchable, solamente la observaba, daba miedo, no respondía, solamente respondía con aquella mano en su muslo y hacía caso omiso de sus preguntas. Decidió jugar sus cartas, sus manos se posicionaron encima de mi... bonito cuello, mi preciado cuello. Nadie tocaba mi cuello, nadie me tocaba sin permiso, preguntenle que le pasó al tipo que me sacó del vientre de mi madre. Pensaba que se iba a quedar ahí, que iba a jugar lento, que aquella apariencia de chica mala era solo una fachada. Pero fue mas allá y tocó, no, mordió mi querido labio inferior. Aquel labio... era mi labio inferior, si, era obvio que no podía tener dos labios inferiores pero nadie nunca se había saltado todo el protocolo y se había acercado así de rápido. ¿Quieres jugar Lucita? Juguemos.
Mi mano, la que estaba en su muslo se movió lentamente ascendentemente para empezar a mover los dedos lentamente. Meñique, anular, corazón, indice y pulgar... se movían como soldados. Saltaban y volvían a su sitio, parecía una academia de futbol. Aquel hormigueo sobre el muslo de Lucita paró para agarrar aquel cacho con fuerza.

A ver. Lo que tu quieres es información. Y sin haberme hecho siquiera 10 preguntas terminas encima mía. ¿Que ha pasado con los latigazos? ¿Y los simpáticos puñetazos en mi cara que llevan a que escupa palabras y sangre? Aunque acercarte a alguien de esta manera...

No quise terminar aquella última frase. Sabía lo que habría desencadenado y no quería ganar el juego de la manera fácil, dejaría que se desarrollase. Tenía que mantenerme en mis cabales, si enloquecía saldría mi yo animal. ¿Y que había sido de la racionalidad, la predominancia de la razón? A la mierda todo aquello, todo aquello se podía ir a la mierda en cuestión de segundos.
Me dejaba provocar, y ella... ella simplemente se debía dejar. Llevé mi mano de su muslo a su espalda, sin separarla de su cuerpo. En el trayecto pensé en... bueno, tocar aquel trasero que me gustaba mas que a un tonto un lapiz. Reprimiendo mis ganas e intentando evitar no tocarlo metí mi pulgar por debajo de su ropa y la estiré con fuerza. Mierda, ella me anulaba. Pero no caía tan facilmente. Despues de aquel tiemp en el monasterio aquello parecía un crucigrama del Burger King comparado con lo que tuve que soportar. Aunque aquel jodido crucigrama se iba poniendo mas dificil, lento, pero gradualmente.
Recuperé mi posición, me eché hacia atrás mientras usaba mis brazos como reposa cabeza y volvía a establecer aquella incómoda mirada con ella. 'Shen, eres mas marica que una bici sin sillín' seguramente gritaba mi parte mas carnal por no lanzarme en aquel momento. Pero en mi yo dominaba el control, pero era un reinado inestable, la revolución podía llevarse a cabo, y ella era la chispa.

Eres mas sospechosa que McGyver con dos clips y un alambre... Dime realmente lo que quieres. ¿Quieres información? o... ¿Quieres sacarme la información?

Mi tono de voz ya no era tan violento, pero aún se sentía aquella fuerza, aquel tono imperativo que inspiraba a responder cerradamente a lo que pedía, como a mi me gustaba, sin vuelta de tuerca. Practicamente estaba invitando a Lucita a revelarme sus intenciones. O lo hacía o me ponía menos ortodoxo, al igual que perdía el control podía perder otras cosas... y era la paciencia.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Miér Nov 06, 2013 10:46 pm

Iba ganando el juego, o eso creía él. No estaba mal, a veces para llevarte la partida hay que señalar algún signo de debilidad para que el oponente se confíe, y lo que a Shen le sobraba era confianza en sí mismo. Pero esta situación era como una partida de póker, podía fruncir el entrecejo, desviar la mirada... podía hacer muchas cosas que se prestaran a indicar que mi mano estaba obsoleta, pero hasta que no la descubriera la certeza jamás llegaría. Sí, quería la información, era algo evidente, pero había logrado generar aquel click en la mente de Shen, un click que le desconcertó hasta cierto punto, aunque como ya he mencionado antes, Shen es listo, sagaz e imperturbable cuando se lo propone, y en aquella situación se limitó a escupir las palabras necesarias, y a dejarme claro que la puerta de entrada a su salón estaba cerrada.

¿Cerrada? ¿Seguro? Podía llegar a discernir un leve haz de luz que se colaba a través de una diminuta rendija.

¿Es eso lo único que sabes hacer? — le contradije cuando reforzó el agarre de su mano en mi muslo — ¿Responder ante la violencia física? Esperas que te saque la información a base de puñetazos y patadas, ¿te crees que soy imbécil? ¿por qué iba a jugar en un terreno en el que tengo menos probabilidades de ganar? — finalicé mientras desviaba mi mirada hacia la herida que había recibido en el hombro para dirigirla nuevamente a aquellos orbes que ahora se entrecerraban un poco más — ¿Te da miedo que me acerque a ti? — mi pregunta fue adornada con un leve carcajeo.

Él jamás dejó de apartar la mirada, y su talante comenzaba a, aparentemente, serenarse. Pero aquel gesto que solía dejar entrever una actitud bromista y agobiantemente desenfadada había desaparecido, y yo sabía que me estaba metiendo en la boca del lobo, pero a estas alturas no podía parar, ni quería, si creía que él era el único ser en el mundo capaz de controlarlo todo, ya era hora de ponerle los pies sobre la tierra, poco me importaban las consecuencias, eso ya lo discutiría más tarde conmigo misma si es que salía viva de esta.

Lo cierto es que había desvelado un poco más del carácter de Shen. Su hiperactividad y sentido de la violencia eran inauditos, sin embargo, no me había desdeñado aquel ligero muerdo en el labio y había permitido que me acercara a él sin entrar en un estado de... frenesí. El aura de Shen era muy salvaje, probablemente por eso mismo le calaba mejor de lo que le calaban otras personas, porque yo también lo era. Ya me había fijado en que, anteriormente, cuando hice que simuláramos ser una pareja dándose el lote en la oscuridad, él había colaborado más de lo esperado apoyando su mentón en mi hombro y deslizando su aliento hasta mi cuello. El indicio me había dado pistas, y el movimiento que hacía ahora acariciando mi cuerpo con propiedad hasta mi espalda y metiendo el pulgar bajo mi ropa para estirarla con fuerza era el susurro que me decía que a él... le gustaba el juego. Por mucho que quisiera refrenarse. No os creáis que soy un cuerpo sin alma, os podéis creer que soy el Doctor House de la psicología, eso sí, al menos de la psicología de Shen. El contacto con aquel movimiento me provocó un intenso placer, una delicia que disfruté en mis adentros y que simulé a la perfección, o eso creía yo, entornando los ojos y volviendo a taladrar sus orbes con mi mirada.

Hice que mis manos se escabulleran desde su clavícula hasta la nuca, entretejiendo mis dedos con su cabello desordenado y afiancé mi posición acercando mi cuerpo un poco más al suyo, él seguía reclinado sobre el respaldo del sofá, con las manos entrecruzadas en la alto de la cabeza. Seguía en aquella posición cautelar y no pude evitar reírme para mis adentros.

Y entonces volvió a hablar, ¿querer información? ¿o querer sacarle la información?.

¿Qué es lo que quieres tú, Shen?. Porque te veo muy cómodo conmigo encima — repliqué y le obsequié con una confiada sonrisa — Parece que siempre estás al tanto de todo, y que lo tienes todo bajo control, si alguien hace algo que no te gusta o no prevés, entras en cólera y fin del asunto. Eres bueno imponiéndote a los demás, y sin embargo, se te da mal eso de mantener a tus aliados bajo tu estandarte, porque menuda noche, tu amigo Caleb te ha dado la espalda a la primera de cambio. Ese es tu problema, que crees que tu aislamiento te hace más poderoso, y no sabes cuándo "dejar entrar a los demás en tu casa" hasta que es demasiado tarde.

Menudo discursito, debería presentarme a las elecciones presidenciales, joder. Aunque más bien, sentía que estaba firmando mi sentencia de muerte, quién sabe, eso sólo hacía el asunto aún más interesante.

Todos esos tíos que te perseguían... no sé cómo les has despistado, pero volverán. Lo curioso es que tenemos algo más en común, un nuevo... ¿enemigo?. Y yo pretendo colaborar contigo pero tú no quieres. Y es así como te mueves, en distintos círculos, con todos y con nadie a la vez, y eso te pasará factura — efectivamente, mi curiosidad acerca de aquellos trajeados se había acrecentado cuando supe que varios de los efectivos habían venido en mi búsqueda también. Digamos que le había dejado la respuesta sobre la mesa, aunque hubiera recurrido a su actitud personal para señalarle sus defectos. No le gustaba, no le gustaba un pelo que jugara con su mente, así como yo tampoco soportaba que él lo hiciera con la mía, pero dentro de aquel duelo pude ver un destello de complicidad.

Desplacé mi mano derecha desde su nuca hasta su pecho y la apoyé con energía, sintiendo el palpitar de su sangre, bullía en ira, ¿o era nerviosismo?. Nah, tal vez, y pese a mi respuesta, se hubiera impacientado porque el juego continuara. Tal vez pensara que... esto se estaba poniendo más divertido, al menos era lo que a mi me venía a la mente. Volví a acercarme, asomé mi lengua tímidamente para relamer mis labios y volví a jugarme el pescuezo adentrándome en sus trincheras. Esta vez le di un beso de verdad, uno rápido y fugaz, pero dejé que saboreara el juego de mis labios con los suyos, que discutiera en aquella pelea verbal que no decía nada. Finalicé el contacto deslizando mi lengua con rapidez a través de la punta de su labio superior.

Puedes pegarme un puñetazo ¿es lo que vas a hacer?. Sí, sé que eres capaz de hacerlo, eso y mucho más, no lo dudo. De lo que de verdad deberías preocuparte es de que no temo tus represalias, yo también estoy preparada, no eres el único peligroso sentado en este sofá. Muchos te ven como un rey, otros como un monstruo, ninguno se ha percatado de que, a fin de cuentas, eres solo un hombre. Seguro que comes y cagas como todos los demás seres humanos de este mundo (?).

Había revelado mis intenciones, a mi manera, porque al igual que él, a mi también me costaba confiar en los demás. Probablemente no le gustara mi respuesta, porque Shen era directo y sin medias tintas, sin embargo no tenía por qué ajustarme a sus dictámentes, yo seguía únicamente mis propias reglas, al igual que él, era el sino de nuestra concordancia, el caos interno. Era yo quien se había adelantado un paso, era yo quien estaba arriesgando, como siempre había hecho durante toda mi vida. Escondí mi labio inferior bajo el superior (?) y saboreé con la lengua el segundo contacto que había realizado con Shen. ¿Había sido necesario?. Probablemente no, me conocía a mi misma lo suficiente como para saber que el instinto me estaba llevando por unos derroteros demasiado arriesgados. Sin embargo, podía mantener el equilibrio entre la locura y la cordura, podía mantenerlo a menos que el chino se pasara de la raya.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Jue Nov 07, 2013 1:57 am

Seguramente me habría reido a carcajadas de no ser porque era Lucita y no otra persona, intentaba hacerme sombra en mi juego... y se le estaba dando bien. Aquello me parecía gracioso, era muy raro que alguien pudiese rozar siquiera la primera ronda y ella estaba aguantando como un peso pesado, Lucita IV: Gonna Fly Now. Pero que decir, me encantaba que jugase conmigo, y digo jugar porque ya me había enviado un par de buenos ganchos. Pero el campeón no se rinde, e intenta defender el título. Pero ella crecía gradualmente, quizá, aquel era el caracter que buscaba. Era como darle Napalm y que se lo bebiese. Estaba loca, lo suficiente para responder a aquella pregunta trampa de una manera abierta. Y también era sexy, Barney Stinson la tendría por los aires en la escala sexy-loca.

¿Te da miedo que me acerque a ti? Esa no era una pregunta. Esa era la pregunta. ¿Realmente pensaba que un hombre se iba a sincerar sobre sus temores? ¿Acaso era ella un temor? Seguro que cualquier apollardado habría pensado en ello como una pregunta que provocaba, que incitaba a seguirle el juego. Pero no, tenía un código oculto y la pregunta en si era una afirmación. Obviamente no iba a responder, dejaría aquella ronda para que siguiese jugando sus cartas. Aunque sabía de que iba no podía evitar frustrarme un poco. Yo sabía de que iba ella, sabía como era y sabía como actuaría... y eso es lo que mas me nervioso me ponía, porque ella empezaba a recordarme a mi, y si yo era impredecible ella podía ser una caja de sorpresas, eso me sacaba de mis casillas... pero a la misma vez, no se porqué, me atraía. Me atraía el hecho de no poder subyugarla, a obligarla a someterse, era el sueño de mi yo domador, me había topado con la peor fiera y lo peor era que aquella fiera... era otra domadora.
Escuché a Lucita, pero esta ve su gancho me dió al mentón. El campeón se recupera, pero el golpe le ha dolido. No me gustaba para nada que nadie cuestionase mis métodos y forma de actuar, mas que nada porque siempre se hacían una idea erronea, pero aquel ser había logrado sacarse una idea de como había funcionado la cosa. Su discurso tenía algo de verdad, y algo no implica la totalidad. Pero parte de lo que había dicho era real y me sentaba... ¿Como me sentaba? Recuerdo que me solían sentar fatal esas cosas, pero en aquel momento... como decirlo, si, me excitó. Si, y no ando confuso. Ella había tirado sus ultimas cartas, se lo jugaba a doble o nada. Y aquello hizo que Lucita me pareciese aún mas, pero mas, interesante. Una palabra erronea y ella podría haber acabado como la madre de Bambi.
El juego por el otro lado seguía. Empezabamos a rozar lo carnal y probablemente fuese ella la primera en haberse lanzado al abismo de la tentación, pero yo no era menos, y la iba a seguir, por las buenas o por las malas aquel lado inexplorado de mi ser pedía aquel contacto. Sus manos parecían deslizarse, no temblaban ni dudaban, suaves como patines sobre el hielo. Y bueno... el beso. El beso fue por así decirlo como el aguillotinamiento del rey, fue placentero y fugaz, pero ya no había marcha atrás. Mientras asimilaba sus ultimas palabras me relamí los labios, y no era por el croissant... Pero a fin de cuentas, por mis orejas entró el sonido, el tesoro, la información. Si resumía ella  lo que quería era un acercamiento a mi. Un featuring. Que domadora y domador... bueno, domasen. Y valoré aquellas palabras, aunque mi expresión era de 'No me importa lo que dices' le dí un valor a aquellas palabras, si ella resultaba ser tan parecida a mi como pensaba, aquello era una confesión de las que me hacían plantearme si realmente podía brindarle mi confianza a alguien. Si, era dificil hablar conmigo y te podía llevar años que te hiciese caso, era una realidad. Pero algo me decía que apostase por aquel siniestro sentimiento, a ciegas, mostrarle la puerta trasera a mi confianza a Lucita.
Levanté mis brazos y retiré los ajenos solamente para quitarme la camiseta y dejar mi torso al aire. Hacía mas calor que follar debajo de un plástico.

Bien. Saltémonos tu análisis psicológico. Sabes de que te estoy hablando, no cocino sin leer las instrucciones...-Dije con voz desganada, dandole a entender que como siguiese intentando psicoanalizarme me iba a poner serio.Lucita, Lucita, Lucita. ¿Sabes lo que me ha costado sacarte tu nombre? Que noche de fiesta mas movidita, de esas para enmarcar... En serio, te lo montas bien, Power Ranger escarlata. Pero ¿Sabes lo que no me ha gustado? Que me respondas con evasivas cuando realmente quiero un si o un no. Así que la proxima vez que te dispare una pregunta no intentes esquivarla, porque mis balas van y vuelven, a lo Wanted... Dejando todo esto de lado, recapacitaré la opción de tenerte como asociada si es ese uno de tus propositos. Pero como todo... debe negociarse. Y este no es el lugar mas idoneo para hablar de negocios.

Quizá era la indirecta más incómoda, para mi, que había lanzado nunca. Si sabía interpretar el hecho de que le estaba brindando mi confianza entendería que estaba tratando con una hembra de mi extinta especie. Como fuera. Lucita llevaba atacando por la otra banda todo el rato. Quizás era el momento de un contrataque. Lo era, lo deseaba.
Posicioné ambas manos debajo de sus axilas, aquellas mágicas manos fueron bajando por aquella bonita silueta hasta llegar a las caderas. Fue un proceso lento, arrastraba mis manos como queriendo acentúar aquel contacto. Agarré a Lucita, y sonreí, una de mis limitadas picaras sonrisas salió a flote. Inclinandome un poco hacia un lado y levantandome con ella logré ponerla a ella en mi lugar, quizás algo descolocada, pero ahora ella estaba sentada y yo disfrutaba de aquella altiva pose. Pero no me detuve ahí. Colé una de mis rodillas entre su piernas para inclinarme hacia delante, sin soltarla aún. Mi pecho y su pecho parecían ir al mismo coro de los domingos, porque llevaban el mismo ritmo, la respiración estaba casi sincronizada, ¿casualidad? Mis manos lloraban, querían ir a mas, tocar mas, Lucita era un 10/10 y todo era tocable, pero Shen sabia controlarse a si mismo. Mi frente terminó pegada a la de ella, mi cuerpo separado prudentemente, pero nuestros rostros tan cerca. Desde aquella posición parecía que su cabello me iba a quemar, que sus ojos iban a devolverme la hipnosis y que su boca... bueno, dejemos esa boca.

''¿Te da miedo que me acerque a ti?''

Dije con el mismo tono que había usado ella, quizá un poco mas sagaz y bribón, pero era casi una imitación perfecta. Ella ya había jugado todas sus cartas, y le había salido bien. Era el momento de lanzar el primero de mis naipes... todos comodines.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Jue Nov 07, 2013 3:11 pm

Shen se había asegurado de darle la vuelta de tuerca a la situación. Se había quedado, digamos, satisfecho cuando la proposición de alianza había salido de mis labios, poco más y le tengo que entregar el anillo de compromiso, iugh. Mi análisis psicológico parecía no haberle afectado en lo más mínimo, digo parecía porque Shen jamás le daría una tregua a la debilidad, unos de los aspecto que más detestaba y que apaleaba constantemente con su personalidad. Continuó revisándome con aquella mirada viperina, tal vez pensando en aquella tímida propuesta. Sí, aunque muchos crean que la palabra timidez no va conmigo, algo de eso había, no una timidez insegura no, era una timidez precavida. Era una puesta en escena con la que arriesgaba, y mucho, porque yo era alguien irrefrenable e indómita, al igual que Shen, y así como bien podíamos convertirnos en los amos de... nuestro propio mundo, el mundo podía comernos vivos si no éramos lo suficientemente inteligentes como para equilibrar la balanza de caos interno que se se movía de un lado a otro intermitentemente. El caso es que, de una u otra manera, deberíamos aprender a confiar el uno en el otro, y era más fácil aprobar tres carreras de ingeniería seguidas que lograr tal objetivo. Pero a mi me gustaban los retos, y más aún, poner a prueba a otras personas, y de entre todos los seres de este mundo me había encontrado con uno que despertaba mi curiosidad e interés como probablemente no lo hubiera logrado nadie antes, así que la idea de retar a Shen constantemente era, por así decirlo, como levantarte todas las mañanas tras haber echado el polvo de tu vida, podría llamársele adicción, el chino era una caja de sorpresas y quería descubrirlas todas, mi adrenalina y la necesidad de acción que imperaba en mi forma de vida me lo pedían a gritos.

Pero volvamos al asunto que nos atañe, ese acerca de que Shen le había dado la vuelta de tuerca a la situación. Me había contestado directo y sin rodeos, había aceptado mis palabras a su manera, había considerado mi propuesta. ¿Shen considerando algo? No, él era más rápido que el Correcaminos y Speedy González juntos, ya habría tomado una decisión, una decisión que probablemente me complaciera a mi también, pero me dejaba en claro que en su mundo en blanco y negro, el gris no tenía cabida. Para él era un sí o un no, no un tal vez. Sonreí con desdén, queriendo decirle con aquel gesto que... aceptaba su respuesta, que la aceptaba, no que la fuera a cumplir, yo sólo cumplía cuando a mi me interesaba, y las cartas en aquel asunto aún no estaban todas puestas sobre la mesa.

Me gustaba jugar con aquella impaciencia, me gustaba dejarle las cosas a medias porque me excitaba su tono demandante y directo, ver que su liderazgo nato tenía vacíos legales cuando intentaba imponérmelo a mi.

De un rápido movimiento se quitó la camiseta, su pelo se revolvió aún más tras su acción. Estaba jugando sucio, maldito cabrón. Me incliné hacia atrás, mi instinto me hacía querer ver aquel torso bien formado en todo su esplendor. Él sabía que me estaba dejando llevar por mis deseos más carnales, y jugaba su baza queriendo provocar el desastre. Repasé instintivamente con mi dedo índice el ecuador que dividía la perfecta geometría de su cuerpo, unos pectorales firmes que desembocaban en un abdomen más apetecible que un bote de Nutella (?). Digámoslo en resumidas cuentas: me había puesto cachonda. Pero eso era algo que él no tenía por qué saber.

No quería hablar de negocios aquí, había dicho, y me lo confirmaban sus acciones. Pero cual fue mi sorpresa cuando sus manos agarraron con firmeza mis costados a la altura de las axilas, y descendieron con una lentitud terriblemente provocadora hasta mis caderas. Una pícara sonrisa emergió de sus fauces de león y en un visto y no visto la situación se había vuelto en mi contra. Ahora era yo quien estaba sentada en el sofá, y era él quien me observaba desde las alturas. Coló una de sus rodillas entre mis piernas, exigiendo el territorio que él creía que le correspondía por derecho. El calor que emanaba de su cuerpo podría haber hecho que mi respiración se entrecortara, pero no, debía seguirle el ritmo y no mostrar la pareja de treses que ahora me quedaba en la baraja. Apoyó su frente contra la mía, estaba levemente sudorosa, su rostro estaba a escasos centímetros del mío y podría jurar que nuestros alientos estaban a punto de generar una combustión espontánea.

Y entonces hizo el chiste, no un chiste como tal, pero burló mis palabras repitiendo mi misma frase en su posición privilegiada. No respondí, creo que la respuesta era obvia, así como su silencio hablaba por sí solo el mío también. Tomé sus manos, que seguían reposando en mis caderas y me di el lujo de ser su guía en aquel sendero inexplorado. El sudor palpitaba en ellas, la tensión quería hacer que se mantuvieran inmóviles, pero oh bueno, por muy follonera que sea, a fin de cuentas soy una mujer, y sabía que esas manos estaban luchando en contra de la rebelión. Pues eres tú quien ha querido seguir el juego, Shen, y ahora no puedes salir de él. Arrastré sus manos con calma a través de mi cuerpo, indicándoles el camino de entrada bajo mi camiseta, dejando que reposaran en mis costados, cuatro de sus dedos permanecían cercanos a la tira del sujetador que recorría mi espalda, y el pulgar se estableció bajo el aro del mismo.

Te atreves a decirme eso, cuando eres tú quien se ha asegurado de mantener las distancias, en este juego, usar la carta del Jóker es de cobardes — le susurré, dejando que mis labios quedaran a milímetros de los suyos. Si creía que no había notado que mediante aquella posición garantizaba que a través la distancia de nuestos cuerpos no sucumbiría a la tentación, es que, en cierto modo, se creía que yo era un poco inocente. Y para mí la inocencia era poco más que una utopía.

Era curioso que Shen se negara a dejarse llevar por su lado salvaje en aquella situación, y a mi me hacía gracia, y me daban ganas de seguir poniéndole a prueba hasta hacerle estallar. Además, él no era el único cuya paciencia tenía un límite.

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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Jue Nov 07, 2013 9:28 pm

La fuerza es la vida, la debilidad es la muerte. Era lo que resonaba en mi cabeza. ¿Pero de que demonios hablas Shen? Si, demonios. El hecho de que no quisiese lanzarme al abismo era que no sabía como iba a terminar, no conocía mi lado salvaje, inexplorado, irracional. Probablemente si sucumbía a Lucita me sentiría como quien se come una tarta de ambrosía, pero parecería debil. ¡No! Aquello formaba parte de mi, y aunque luchaba contra la tentación ella también lo hacía. Ninguno de los dos mostraba debilidad, ninguno quería mostrarla, jugabamos a aquel juego mental sabiendo que ambos nos anulabamos. No valía de nada jugar porque aquella partida se podía hacer eterna, pero eramos tozudos, no queríamos admitirlo. Y lo digo en plural, Lucita empezaba a resultarme un ente con el que me empezaba a identificar, y era dificil, casi imposible el que me identificase con alguien. Pero Lucita tenía mas peligro que Willy Fog con un bonobus y aún así, algo me decía que no jugase en su contra, dejarme llevar. El blanco y el negro, mi ying y mi yang discutían entre que debía y que no debía hacer. Maldita seas, y bendita seas, Lucita. Nadie nunca me había hecho dudar de aquella manera. Y mas dudaba cuando olía su aroma, como éter que me hacía entrar en un estado confuso. Su olor hacía que mi yo animal quisiese salir. En cualquier momento rasgaría mi pecho y saldría, no podía reprimir aquel instinto, y tampoco quería. Sí, había cambiado de idea, Lucita me atraía, así que ¿Por qué reprimirme?

Ella guió mis manos, en aquella travesía placentera, mis manos volvieron al contorno del angel de cabello de fuego. Pero esta vez volvieron a donde empezaron, a una posición privilegiada comparada con la anterior. No levantó nerviosismo en mi, pero si hizo que me espavilase más. Maldita ella, quería liberarme de mi jaula. Un Shen desencadenado... Reafirmé mi posición, mis manos casi actuaron involuntariamente, mi pulgar tiró de su sujetador un poco. Mis manos se afianzaron a su cuerpo. Mi baraja llena de 'jokers' se empezaba a quedar obsoleta, quería quemar esa baraja.
Casi podía besarla, a escasos milimetros de sus labios hacían que los mios ardiesen, igneos labios los suyos. Cerré los ojos, lo necesitaba, como una tregua de dos segundos. Pero algo volvió a atacarme e hizo que exhalase un fuerte suspiro, uno de incertidumbre y rabia, potente mientras mi rodilla se adelantaba mas, entre las piernas ajenas. Abrí los ojos, topándome con su seráfica mirada. ¿Por qué una sola mirada hacía que me replantease lo que debía hacer? ¿Y por qué mis labios se acercaban lentamente a los suyos si no quería quemarme? Pude notar aquella calidez, mi cuerpo empezaba a apegarse al suyo y mi rodilla era la traidora, mostraba aquella revolucionaria impaciencia. El rozar sus labios no fue ya un deseo, los sentí de cerca, quise besarlos pero... dualidad.
Casi con rabia me levanté del sitio, retrocediendo y alejándome de aquel extraño magnetismo que me incitaba a quedarme. Lo rechacé con dificultad, fue rápido, mi pecho subía y bajaba por culpa de una respiración agitada. Y mis pasos me llevaron a una pared, sin cortar el contacto visual con Lucita. Estaba dudando de lo que hacía, y eso... eso realmente me enfadaba. La pagué con la pared, a la que le propiné un potente puñetazo. Hice una pequeña muesca en el muro y perforé uno de los cuadros de Jean.

¿Puedes decirme a que demonios jugamos?-Dije, arqueado y con tono sugestionado. Ahora no quería una respuesta cerrada-El instinto dicta el deber y la inteligencia dicta pretextos para eludirlo.

Fue lo que brotó de mis labios mientras apoyaba mi espalda contra la pared, mil millones de veces mas fria que Lucita. Crucé los brazos fuertemente, no quería golpear nada más, de un modo u otro resultaba que el lado racional y el irracional no resultaban tan diferentes. Y la culpa de aquella incertidumbre, de aquel descubrimiento era ella, a la que observaba como quien acababa de descubrir el fuego. De algún modo la mecha que encendió en aquel callejón estaba llegando a la polvora y la reacción iba a ser catastrófica. Nuestro cruce de miradas lo decía todo, unos segundos mas y sabría si Lucita y yo ibamos encaminados al mismo sitio. Estaba experimentando una sensación nueva, desconcertante, que hacía que mis ideas se desordenasen. Hacia que mis sólidas ideas se calcinasen ante su ignea presencia. ¿Era eso atracción? Creo que empezaba a decantarme por el sí, porque la distancia entre nosotros empezaba a matarme, pero era prudencial, la fiera tenia la boca abierta y no quería lanzarme de cabeza, pero ¿De que valía ser prudente? Ya que toda prudencia era poca cuando ambos lo que queríamos era acabar precisamente con eso.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Vie Nov 08, 2013 1:17 am

Indomable, definitivamente. Incluso cuando se mostraba desconcertado su rebeldía siempre ganaba el pulso, aunque en este caso fuera para mantener la sensatez y la cordura, qué ironía. Recuerdo haber temblado muchas veces, de frío, de rabia, de risa, de emoción... Pero jamás había recibido un espasmo tan contundente por la electricidad que propiciaba una atracción de semejantes dimensiones. De repente se me pasó por la cabeza que la situación me quedaba grande. Agité mis pensamientos, no, yo siempre me reía de todo y de todos, yo siempre me salía con la mía, hacía malabares con los demás... pero no con Shen. Se acercó más a mí, sentía su respiración agitada, su pulso restallando en el agarre sobre mi cuerpo, su rodilla, su maldita rodilla que de un momento a otro pensaba, que a un milímetro de contacto más, haría que mi jugarreta me estallara en la cara haciéndome sumisa al placer. Y a mi la sumisión no me gustaba, pero el placer era otra cosa... ¿qué podía hacer?. Me hizo gracia pensar que fue él el más precavido de los dos, pues si por mí fuera, probablemente ya nos hubiéramos lanzado al mar tempestuoso. ¿Qué clase de persona era para hacer que alguien como Shen me frenara los pies?. Formaría parte de un mundo en el que Terminator es el protagonista de una novela de Jane Austen. Sentir aquel cálido aliento... el aliento de un dragón, a escasos centímetros de mis labios terminó por marearme, notar aquella mirada retadora, hacía que se me encogiera el alma, pero al mismo tiempo me provocaba una serie de explosiones en mi interior que jamás había experimentado. Definitivamente el chino era un jodido mago, de fijo que tenía la marca tenebrosa tatuada en algún lado de su cuerpo.

Su presencia comenzaba a invadirme, su cuerpo se deslizaba sinuosamente, sin prisa pero sin calma, el hierro en mi interior se fundía cuando el pulgar jugó travieso con mi sujetador. Podía contar las centésimas de milímetro que quedaban para que el apocalipsis llegara a mis labios. Y así como todo parecía llegar al clímax se esfumó. Se levantó con rapidez, apartándose de mi, como si fuera un leprosa o algo por el estilo. Parecía más confundido que antes, sus puños fuertemente cerrados daban buena cuenta de su rabia e histeria. Le dio un puñetazo a la pared, y en el camino reventó uno de los cuadros de Jean, daba igual, era horrible, qué mal gusto tenía aquel tipo en cuanto a decoración se trataba. Dio media vuelta para encararme con un semblante amenazador, estaba claro que no le hacía ni puta gracia la situación, estaba claro que... me estaba pasando de la raya.

¿A qué mierda estábamos jugando?. Era su pregunta, sus palabras martillearon el ambiente tenso. Sus palabras me estaban diciendo que si rehuía el contacto era por algo. Pero yo ya me había decido a finalizar con mi objetivo. Yo quería algo más de Shen, necesitaba algo más de Shen, la atracción era obvia, ¿por qué me atraía tanto?. Quería experimentarlo por mis propios medios, a mi no me gustaba desaprovechar las oportunidades, pero aquel león enjaulado rugía al acecho, aquel león enjaulado temía salir de aquella cárcel, porque él era quien mejor se conocía a sí mismo, y él sabía lo catastrófico que sería dejarle, en aquel momento, suelto por la sabana. Pero el león únicamente veía el vaso medio vacío, y yo quería mostrarle la otra cara de la moneda. Qué egoísta era, pero así me había moldeado la vida.

¿Quieres que te haga un esquema, Shen?, cuando un hombre y una mujer... — comencé a hablar, pero detuve mis palabras, el chino no estaba para bromas, y en realidad, yo tampoco, me levanté de mi asiento y caminé con gracia, sin dejar de observarle, de analizar la situación. Shen finalmente había hecho la trampa, había jugado el comodín que le daba un full, y yo con mi pareja de treses poco tenía ya que hacer, así que desvelé mi mano — Me atraes Shen, mucho, demasiado diría yo, me atraes como hombre, ni como capo de tu mafia, ni como el niñito rico de papá, ni como el matón de este nido de ratas, me atraes como Shen — permanecí de pie, al frente de aquella mirada afilada, aguantando sus contínuos navajazos, y retomé mi discurso a la par que caminaba para, de nuevo, recortar la distancia. Él se incorporó de la pared, esperando a que cantara, como había hecho cantar a todos aquellos que se habían interpuesto en su camino tras una paliza, mi paliza era un poco distinta, pues el dolor se acumulaba en todo mi cuerpo por haber apartado su esencia con tanta rapidez, sin dudar — Y me molesta que te niegues a mi, me molesta mucho, te conoces tan bien a ti mismo que incluso tú te temes. Y te niegas al conocimiento de una nueva experiencia, porque es desconocida, y porque no sabes si podrás mantener el control — finalicé, quedando a un paso de distancia.

Observé sus brazos cruzados, aquella posición que declinaba cualquier otro tipo de contacto, y me enfurecí. Le agarré de ambos antebrazos y deshice aquel nudo de negación. Acto seguido le empujé violentamente contra la pared, cualquiera diría que una sanguinaria batalla daba comienzo, pero no, esta batalla era de otro calibre, de un calibre del que Shen era más consciente que yo. El golpe contra el muro no hizo más que ser la señal del inicio de aquella turbulenta carrera. Y en el momento en el cual él, probablemente, se dispusiera a corresponderme con un movimiento no muy amistoso precisamente, me deslicé con gracia entre sus brazos, saltando la valla. Esta vez aferré mis manos a su nuca, no le iba a dejar escapar de nuevo, y mi rapidez de movimiento corporal fue encumbrada por un beso promíscuo, sí, promíscuo. Invadí su boca con la mía, mordí su labio inferior, lo lamí y jugueteé traviesamente con él, era una maldita desvergonzada, ¿y qué?. Coge aire Shen, agárralo con fuerza, porque esta vez no te daré tregua. Y efectivamente no se la di, mi lengua se internó en su boca, en la caverna del dragón, del dragón que escondía el tesoro que yo andaba buscando y que tomaba con desdén sin pensar en las represalias. La hice danzar, buscando su lengua para enlazarlas en un baile más erótico que el tango. Vamos Shen responde, porque quieres responder, y de repente la correspondencia llegó, y no precisamente de manos del cartero. Jugué más y más, con su lengua, con sus labios, jugaba con violencia, porque él me había obligado a que así fuera. Me aparté con brusquedad, inspirando aire, ¿aire? hasta me había olvidado de respirar, joder.

Existen muchos tipos de violencia, este es uno de ellos — le dije para tratar de disimular un gemido que a punto estuvo de salir a flote — ¿Acaso no eras un maestro de la lucha? Deberías saber este tipo de cosas — bromeé con cierto grado de crueldad. A estas alturas me daba lo mismo el odio que pudiera supurar de todo su cuerpo, porque lo único que yo notaba era una expansión cálida, ¿las llamas del infierno?. Si era así, cometería los pecados que hicieran falta para llegar hasta él.

Volví a empujarle sin ningún tipo de cuidado, era She el indestructible, ¿no?. Y volví nuevamente a besarle con ahínco y pasión, a revolver mi saliva con la suya para dar con la fórmula contra el sida, contra cualquier enfermedad de mierda que existiera en el mundo, para crear el elixir de la vida.

Mi cuerpo había estallado, y mis manos ahora viajaban desde su cuello hasta su espalda, creando una especie de abrazo, una especie, digo, porque me limité a recorrer con fiereza sus músculos, arañando, acariciando y volviendo a arañar. Las desplacé nuevamente, mientras intensificaba aquel beso y seguía bebiendo del veneno de los labios de Shen, extasiada y sorprendida al comprobar que tenía un sabor inigualable. Recorrí su torso sin vergüenza alguna, como si aquel fuera mi propio cuerpo, me deleité de su fragancia, de aquel aura de imposición, de aquella rabia que supuraba su sudor, y finalicé en su cintura, deslizando mis dedos con violencia en la hebilla de su cinturón. Lo desabroché y tiré de él con fuerza, y se desplazó a través de la cintura como si resbalara sobre mantequilla. Pareciera que acababa de desenfundar un látigo.

Y cuando me di cuenta de todo lo que quería hacerle él rugió, no sé si de ira o de placer. Deshice el beso, relamiendo mis labios nuevamente, y no cejé en mi empeño de sostenerle la mirada. Con su cinturón en mis manos volví a caminar hacia atrás, sudando, inspirando y expirando el aire viciado de aquella habitación. Mi mente estaba más revuelta que la de un tipo que acabara de comer setas alucinógenas. Me senté en uno de los brazos de los sillones y dejé caer el cinturón al suelo, aún le observaba, no podía dejar de mirarle, su mirada tenía tal magnetismo que pensaba que me iba a absorber en un agujero negro.

Y... este es el juego que tanto odias pero a la vez tanto te gusta — dije aún jadeando, la verdad es que esas palabras se podrían aplicar perfectamente a mi también.

Shen y yo éramos muy parecidos, pero existía cierto punto de diferencia. Él se mostraba inflexible en ciertos aspecto y yo no, y así como él era muy atrevido para todo tipo de cosas... yo era atrevida en lo único que él quería proteger, supongo, su corazón humano.

Pero no os lo toméis como una frase romántico-shakespeareana, lo que él protegía de los demás era su naturaleza humana, su... ser interior, y yo lo único que me proponía era descubrirlo, como ya dije antes, Shen es una caja de sorpresas, yo quería descubrir todas y cada una de ellas... y no iba por mal camino.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Nov 08, 2013 6:47 pm

La situación era muy tensa. En el aire había tanta tensión que se podía cortar. Aquello parecía una ignición lenta, como un fuego lento a punto de estallar. Mi mirada no era una mirada perdida, desconcertada, sabía cual era el problema, el causante de todo aquello. Era ella, y yo parecía disparar un fulminante rayo hacia ella con los ojos. No era una mirada de odio, era como ver caer un ángel del cielo, pero un ángel oscuro que sabías que te podía hacer daño donde mas te dolía. Y a mi lo que mas me dolia era no poder controlarme. Era irónico, horas antes estaba a punto de entrar en frenesí, pero la violencia se terminaba en cuestión de segundos, una pelea era un placer ajeno a aquello. El placer carnal podía hacerse eterno, igual que un sonido puede hacer eco en la eternidad, un beso se me podía clavar como un alfiler, como un jodido piercing mas. Sentí una caliente gota de sudor caer por mi frente, ¿Yo sudando? ¿Por aquello? Sin duda me afectaba mas de lo que pensaba. Parecía que iba a quemar aquella pared, esta, era fría, pero con el calor que irradiaba mi cuerpo casi que no la sentía, se hizo gradualmente una sauna. Pero no había nada mas ardiente que mi mirada, parecía que iba a quemar la habitación con todo aquello. Quemarlo todo, y dejarla a ella. No se si fue un intento de suavizar la situación, pero reincorporandome ella decidió tomar prestado el silencio otra vez, pero volvió a cantar .Ella, que volvió a hablar, con aquella lengua lisa, suelta, pero notaba su tono de duda, por su manera de hablar parecía sincera, es más, lo era. Ella no podía mentir, estba siento todo lo precavido que podía ser y no podía equivocarme en algo como aquello. Pero si estaba siendo sincera... todo aquello que acababa de decir, me iba a causar mucho efecto, y vaya que si lo hizo.

Respondí con una mueca de rechazo, desviando algo la mirada, con un ceño fruncido. Mientras volvía mi rostro, parecía que hubiese pasado una eternidad, ella frente a mi, ¿Cuando? ¿Como? Deshizo aquel candado y me empujó con fuerza contra la pared. No me hizo daño, pero ya esta, se la tenía jurada. Era suficiente contención. Era una farsa mentirme mas. ¿Soltarse realmente? Había intentado simular aquello pero había llegado el momento. Intenté cogerla por los hombros, pero la condenada fue rápida, se coló como serpiente que era entre mis brazos. Y volvió a invadir mi boca. Pero esta vez no fue algo tímido, no fue un roce, nada comparado con lo anterior. Esta vez fue algo similar a dos Big Bangs en la misma galaxia. No me dejé llevar esta vez, no quedé pasivo, su sabor invadió mi yo e hizo que mi reacción fuese la de besarla. Artífice de mi próxima locura, movía la lengua, adopté una posición mas apta para penetrar, para permitir aquel baile de lenguas. Su lengua de fuego hacía que me quemase por dentro. De aquella boca de donde solían salir palabras frías ahora salía el sabor que inducia a la locura. Correspondí, lo habías logrado Lucita. ¿Contenta? La jaula ahora estaba abierta, aténgase a las consecuencias, señorita. Iba a empezar a embriagarme con su élixir, pero se alejó, bruscamente, jadeando. Máldito oxígeno.
Aquella distancia me mataba, era como quitarle a un pez el agua. ¿Con que derecho lo hacía? Y encima hablaba de una manera con la que intentaba camuflar lo que sentía, ¿Acaso era ella la que debía ser inducida a la locura ahora? No me gustaba aquella distancia, ella me gustaba, me atraía, nuestro magnetismo pedía a gritos que volviese. Recorrí aquel cuerpo nuevamente con la mirada, con el consciente y con el subconsciente. Me perdí en las curvas, derrapé en unas cuantas y salí disparado, pero me volví a sentir atrapado por ella.

Nuevamente, teletransporte, magia. ¿Dynamo en femenino? ¿Lucita Angel? Daba igual, hechicera o bruja, maga o gurú, su veneno ya empezaba a correr por mis venas. Lo último que quedaba de razón empezaba a refugiarse en un bastión, no quería sucumbir al instinto que se expandía como un tsunami. Abrí realmente los ojos con aquellos arañazos. Me estimularon de alguna manera, quería volver a beber ambrosía, y la fuente de la que salía. Disfrutabamos del mismo sabor, pero aún no, era apasionado, pero no lo suficiente, estaba bueno, pero aún no demasiado, le faltaba aquella chispa, le faltaba... aquel punto salvaje. Mis manos ya se habían vuelto a apoderar de su cuerpo, me quemé con su pelo y retiré mis manos a sus caderas, quería apegarla a mi, esta vez no nos iba a separar nada, ni Moises con su bastón. Intercale un pequeño beso para coger algo de aire, me ahogaba lentamente, pero a la vez me sentía mas vivo cada vez. Sus manos bajaron, podía sentirlas, hicieron de mi columna un poste electrico, podía sentir electricidad a lo largo de mi espalda, algo me sacudía, aquellas chispas erizaron mi pelo. Y pude percibir su mano retirando mi cinturón, támpoco es que lo quisiese tanto... Yo hice lo mismo, pero no fuí a por su cinturón, fui a por aquel deseado lugar, aquel que tanto quería tocar, y agarrar con posesión. Mis manos se deslizaban como serpientes, aquel trasero iba a ser mío, bajo aquel delicioso beso, que se hacía cíclico y adictivo, se camuflaba mi acción, pero cuando pude rozar mi destino lo último que quedaba de razón me clavó una buena dosis de dolor e hizo que gruñese. Soltase un gruñido, la razón sucumbió. Tenía luz verde, y pude disfrutar un segundo de beso de una manera amplificada, casi fue como un espasmo. Tanto que aparté a Lucita con aquel pequeño rugido. No ibamos a parar a tomar el aire, no ibamos a parar a ordenar nuestras ideas, nada, y cuando digo nada, digo nada. Me mordía el labio inferior de una manera en la que parecía en la que iba a devorarlo. Me llevé las manos a la cabeza, pasé lentamente mis manos por mi pelo, rubio, eléctrico. Y eléctrica fue la sensación, me gustaba rozar mis capilares, lo necesitaba, era como el Red Bull de antes. Mi mirada se perdió, pareció perderse en siglos, pero solamente fueron segundos.
Como un autómata, un zombie de los de Michael Jackson en Thriller caminé hacia ella. El pantalón se sostenía sin necesidad de cinturón, aquello solo era un agarre extra, una ornamenta. Pero a la mierda con aquello, mi corazón estaba apoderandose de todo, hasta de mi mente. Aquel brazo del sillón donde se sentó se transformó en un trono de repente, donde se sentaba la artífice de mi locura. Mis pasos eran lentos y cortos. Lo que me hacía diferente a un zombie era solamente aquel subir y bajar de mi pecho mientras tomaba aire. Aquel aire que también se torno pesado, me costaba abrirme paso entre el, parecía millones de cortinas en perfecto orden, pero las podía sentir, tenía un ligero peso, y un aroma nuevo.
Empezaba a acercarme a Lucita, su respiración parecía sincronizada con la mía, yo no queria aquello, no quería el orden. Mi yo poseedor del orden había muerto. Ahora quería el caos, el desorden. Su voz se hacía eterna con aquel eco en mi mente, taladraba mi mente y me hacía comerme letra a letra. Pero aún así quería seguir siendo el emperador, y quería devorarla con la mirada, mis ojos soltaron un rúgido mas fuerte que el de Mufasa y Chewbacca juntos. Después de aquello, supongo que entré finalmente a las puertas de lo salvaje. ¿Me daba lo que quería y quería separarse? No.
Me incliné hacia ella, mis ojos se ensancharon, como si estallasen, una supernova. Podía achicharrarme con su cercanía, pero yo deseaba quemarme con ella. Sin pensarlo cogí con ambas manos el cuello de su camiseta de tirantes, con fuerza y sin pensarmelo mis brazos se separaron para desgarrar aquel trozo de tejido.


Finalicé por abrazarla separandola de aquel asiento, por rodear aquella espalda que se me hizo eterna, como las cataratas del Niagara fue una caída libre, vertíginosa, su cuerpo era de infarto, parte por parte. No fue un abrazo timido, quedó atras toda muestra de duda. Fue un abrazo para que fuese mía, mi comida, ella ahora debía caer conmigo. Como un animal me lancé a su cuello, como un depredador impaciente mi boca se abrió. Mis fauces tuvieron que contenerse, no quería llevarme un cacho de cuello, pero mordisqueé aquel blanco cuello, lo lamí, quería saborear aquella carne antes de devorarla. Quería jugar con ella, igual que había hecho ella. Pude sentir el choque de torsos, sensación majestuosa. Quería que al igual que la saliva, el sudor se mezclase, pero por mucho que lo quisiese no nos ibamos a fundir. Y eso me enfureció en cierta manera, no lo quería tan pronto, pero sabía que no ocurriría, y fui a por ello. Bajé mis manos hasta su trasero, lo agarré con fuerza, nada de galanterías. Ahora que lo había tocado no lo soltaría, no lo dejaría, le puse tanto empeño que acabé levantandola contra mi, lentamente. No sentía su peso, solo la sentía a ella. Su delicioso cuello casi me hacía babear, pero no necesitaba un babero, sabía comerme mi comida, pero mi comida también podía comerme. Aquella idea me gustó, mi punto salvaje volvió, y con el aquel bonito matiz violento. Mientras me adueñaba de su respingón trasero y la mantenía sobre mi la llevé contra la pared, casi aplastándola, mi pelvis colaboró en aquel apresamiento feroz y agitado contra el muro ,sin modal alguno mordí mas fuerte aquel cuello ahora embadurnado con mi sabor. Quedaban resquicios de su sabor en mi boca, y los había perdido en su cuello, no, no quería perder nada, mi reacción fue lamer aquel cuello de arriba a abajo. Lentamente, como si se fuese a acabar derritiendo y fuesen los ultimos segundos. Pero involuntariamente mi boca terminó cerca de su oreja, se me hacía mordible también. Pero me tocaba hablar, había alzado la mano gentilmente en aquel debate y era mi turno de palabra (?).

Quiero mas de tu napalm

Le solté al oído casi como un sóplido lleno de travesura. Creo que aun le quedaba algo de razón a Lucita, esos psicoanalisis no me gustaban, era hora de desatarla del todo a ella también, provocarla del todo. Despues de todo, era algo recíproco.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Vie Nov 08, 2013 9:22 pm

Me acababa de tirar a un pozo sin fondo, a un agujero negro donde solo reinaban el caos y la discordia, y no fui realmente consciente de ello hasta que él terminó de dirigirme una mirada efervescente de necesidad y comenzó a caminar como un autómata, con el objetivo fijado. Si se hubiera interpuesto un muro entre ambos lo hubiera despedazado de un puñetazo. Pero este no era el caso, entre nosotros no se interponía absolutamente nada, sólo la distancia que había salvado inesperadamente, como si le acabara de jugar una travesura. Y por lo que pude deducir en sus semblante, la hora de las travesuras había finalizado, me había pasado por todo el Arco del Triunfo sus reglas, sus condiciones, y ahora me lo iba a hacer pagar caro. Nadie nunca, jamás, me había provocado tal necesidad, estaba sedienta de Shen, y escuchar el "tap tap tap" de su paso amenazador amplificaba por momentos el estímulo que ya era de por sí asfixiante. "Ven" exclamaba mi instinto, sí, eso es, ven, porque acabo de afilarme los dientes, y ahora mismo son más multiusos que una navaja suiza. Y él vino, cumpliendo mis deseos Aladdinos, el genio acababa de salir de la lámpara y estaba dispuesto a concederme un único deseo. Agarró con violencia el cuello de mi holgada camiseta "¿Te metes conmigo?" parecían rugir sus orbes "Pues te vas a enterar de quién es Shen". Sin un ápice de mesura sus brazos se estiraron, sus músculos, perfectamente torneados, desgarraron con rudeza el tejido que cubría mi piel dejándome expuesta a su inigualable liderazgo. Se había asentado en el trono, en el trono de los locos, y a mí me gustaba que aquel rey hubiera despertado y me reclamara como un poseso.

Sonreí mordiéndome el labio inferior, su forma de ser era vandálica en todos los aspectos, pero a mi no me importaba, me divertía recibir de tan malas maneras el contraataque directo, me excitaba. Me abrazó con vigor, aquí las sutilezas nunca habían formado parte del juego, ambos lo sabíamos. El león había desgarrado los postigos de su jaula y ahora reclamaba lo suyo. Recorrió mi espalda con sus manos, aquellas manos varoniles e insaciables que despertaban una ansiedad casi enfermiza en cada poro de mi piel. Me disponía a corresponder a aquel gesto, a juguetear con su descaro, pero esta vez Shen era más rápido que yo, su instinto había explotado y estaba dejando más víctimas que la bomba de Hiroshima. Sus labios recorrieron con salvajismo mi cuello, lamiéndolo con ferocidad, sus labios exigían cada una de mis células, porque yo se lo había dejado en bandeja de oro, y lo que le ofrecen al rey, el rey lo toma como suyo. Estaba frenético, sus jadeos lo demostraban, y el ímpetu se transformó en una oleada de mordiscos que viajaban de un lado a otro de mi cuello, como si estuvieran marcando territorio. Me agarré con fuerza a su espalda, si hubiera podido hundir mis dedos en su carne estaría ya como un colador, pero eso era imposible, pese a la atracción y el magnetismo no podíamos fundirnos en uno solo, y la rabia y la desesperación se apoderaron de mi mente. Deslizó sus posesivas manos hacia mi trasero, y lo apretaron con la furia de un soldado en plena batalla. De nuevo otra oleada ígnea, otra expansión de calor que me hacía pensar que me encontraba en el mismísimo averno. No me daba tregua, esta vez era él quien manejaba el cotarro. Me levantó como si yo fuera un peso pluma y él un peso pesado, sus contínuos ataques a mi cuello me estaban haciendo presa del placer, comenzaban a subyugarme y sentía que él se hacía más alto y yo más y más pequeña. Me empotró contra la pared, nuevamente sin un atisbo de delicadeza, solté un gemido apasionado y mis pechos temblaron como gelatina, pero él seguía sin concederme ni un solo segundo, él seguía alimentándose de mi, chupándome el alma. No lo iba a permitir, Shen, no podía dejar que ganaras con tanta facilidad, pese a que mi cuerpo me pedía a gritos que izara la bandera blanca.

Me aferré a él como si fuera una araña, mis brazos rodearon su cuello con fuerza y mis manos se entretejieron con ferocidad en su cabello. Enredé mis piernas alrededor de su cintura, reforzando la cercanía y estabilizando mi posición, me quería asegurar de que aquel cuerpo de infarto no se separaba ni un milímetro del mío. Me proponía atacar de la misma forma en la que lo había hecho él, quería devolverle todo el daño que me estaba haciendo, pero Shen siempre tiene un as bajo la manga, y nuevamente, se adelantó a mis intenciones. Su lengua serpenteó a través de mi cuello con malicia, llegando hasta el lóbulo de mi oreja izquierda, relamiendo el lóbulo y mordisqueándolo, mi instinto me jugó una mala pasada, porque mis caderas se movieron al son de la canción de un local de putas. Malditas feromonas, traidoras, me vengaré de vosotras. Y si bien yo había necesitado todo un discurso para desencadenar al torrente de violencia que era Shen, él únicamente necesitó cinco palabras para tirar a un contenedor la poca cordura que me quedaba. su aliento en mi oído desencadenó una nueva oleada, una nueva oleada que ahora se centraba en un lugar en específico, pero tenía que mantener, en cierto modo la compostura, porque dejarle la partida ganada a Shen en ese momento era hacerle ver con facilidad todo lo que me gustaba. Y no, no, no, aún me quedaban muchas victorias que obtener.

Me separé levemente, todo lo que pude en aquel rincón de lujuria, llevé mis manos al broche de mi sujetador y lo arranqué sin pudor alguno. Quería que me viera, que se deleitara de mi y al mismo tiempo me maldijera. Le observé por un segundo, un ínfimo segundo para dedicarle una mirada de malicia, ¿quería napalm?. Tenía un trailer lleno en mis reservas. Volví a encerrarme en su abrazo, volví a deslizar mis manos, a acariciar y tirar de aquel maldito cabello revuelto que me estaba llevando al manicomio. Dejé que mis senos se estamparan con fuerza en su torso, de esa forma no podría tocarlos, pero sí sentirlos, de esa forma le estaba dando más y la vez se lo denegaba, y sabía que eso a Shen le ponía furioso.

Tuve que hacer un movimiento titánico para lograr dar un cuarto de vuelta y liberarme de la posición de víctima en la que me encontraba. Según mis cuentas, mi cuerpo era mucho más visible que el suyo, y a mi no me gustaba jugar en desventaja, deshice el nudo de mis piernas alrededor de su cintura y me bajé, sin dejar que el contacto siguiera presente. Le distraje como pude, invadiendo de nuevo su boca con un beso aún más salvaje, mientras que en la retaguardia, mis manos se deslizaban a la velocidad de la luz para encontrar el postigo que mantenía a salvo su virilidad. Desabroché el botón y bajé la cremallera para acto seguido deslizar sus pantalones con energía hacia el suelo, hacia donde debían haber estado hace mucho tiempo. Le insté a caminar, mordisqueando su barbilla y mirándole a los ojos mientras me atreví a agarrar su trasero con la misma fuerza con la que él había agarrado el mío. Y el baile comenzó, anduvimos unos pocos metros, y él se liberó de lo que quedaba de sus pantalones, yo seguía atrayéndole hacia mi, apretando cada vez con mas energía ese trasero que se ocultaba bajo sus boxers y deleitándome con el contacto más profundo una vez se quedó en gayumbos. De nueva cuenta él se proponía arrinconarme contra la pared, y leyendo sus intenciones di un salto para retomar la posición en la que minutos antes estábamos, volví a enredarme a su cuerpo, y él me mantuvo cogida sin ningún esfuerzo.

Chocamos de nuevo contra la pared y le obligué con mis manos a que se deleitara saboreando mi pecho, no, no mis pechos, mi pecho, mis senos aún estaban restringidos, únicamente quería seguir poniéndole a prueba, burlar sus ataques con los míos y seguir provocando. No pude evitar gemir de nuevo ante aquella situación, no, en definitiva no me había tirado a un pozo, me había tirado a la boca de un volcán y me estaba consumiendo en la lava.

Giramos otro cuarto de vuelta, quedando apoyados en el marco de la puerta de una habitación que colindaba con el salón. La tenue luz del sol se filtraba tímida entre las persianas medio bajadas. Mis manos que seguían afianzadas en su trasero se revolucionaron y volvieron a recorrer con furia los músculos de su espalda ancha.

No te voy a dejar ganar la partida así como así... — le susurré al oído tras un leve jadeo.

Y era cierto, no le iba a dejar ganar de ninguna manera, mi competitividad restallaba incluso en aquella situación, nos estábamos devorando, estábamos peleando en una batalla de lujuria y los dos éramos demasiado orgullosos como para admitir la derrota, aunque ya hubiéramos sido vencidos. El caos vagaba como Pedro por su casa a través de mi mente y mi cuerpo, y yo sólo tenía una cosa en la cabeza.

Shen.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Sáb Nov 09, 2013 11:03 am

Ayhooooo, ayhooooo a casa a descansar. Era lo que cantaba seguramente todo lo que quedaba de mi razón, ya se rendía totalmente ante aquel lado inexplorado de mi ser, impulsado por Lucita, desencadenado por aquella atractiva bestia. Me encantaba aquello, era como una continua descarga eléctrica que me recorría de la cabeza a los pies. Nadie nunca me había hecho sentir de aquella manera, si, era joven, pero yo ya sabía mas que el Diablo y ningun jadeo como el de Lucita me hacía sentir como en un huracan, ningunas manos habían hecho tanta magia, ningunos labios me habían abierto tanto el apetito. Ella era la primera. Ahora solo quería degustarla, devorarla lentamente, sin esquemas, sin nada planeado como solía hacer, era el momento de ser todo lo libre que quisiese. Mi pecho irradiaba un calor enorme, no sabía si mi corazón ahora era como el de Iron Man, pero de seguro necesitaría uno como aquellos despues de lo que iba a suceder. Intenté buscar aquella mirada otra vez, no sabía por donde empezar, pero siempre ponía primero a aquellos enfermizos ojos. Fue mirarlos y recorrerme todo el Sistema Solar. Algo me sacó de aquellos ojos, ella se distanció de mi, ¿Quería seguir tentando a la suerte? Si se volvía a escapar esta vez me lanzaría con las garras por delante. Pero no, fue solo unos segundos, yo respiré, y ella tambien, ahora tenía una pieza menos de la que preocuparse. Sus pechos, sus prominentes pechos ahora libres. Yo quería dejarlos, llevarmelos luego, pero ella quiso adelantar el acontecimiento. Daba igual el orden, seguían siendo desmedidamente grandes, y aquello me encantaba. Mi mirada pasó a mirar su cuerpo, pero la distancia se cerró muy rapido. No quiso dejarme degustarlos, selló aquella distancia con un abrazo. En un choque de pecho contra pecho. Torso desnudo contra torso desnudo, choque de planetas, santa colisión. Pecho ardiente contra pecho ardiente, pude sentir su respiración contra la mia, llegué a desear en aquel pequeño lapso que ambos se fundiesen como en una forja y que al enfriarse fuese el mismo pecho. Podía sentirlos, pero no podía tocarlos, no era suficiente, yo los quería, y ella lo sabía, quería ponerme furioso, y ahora que sabía a que quería jugar aún así me hizo efecto aquello y fruncí el ceño. Lo iba a pagar con sus labios, y lo hizo mientras se movía, ¿Para que? Para literalmente bajarme los pantalones. Casi como hipnotizado por aquellos labios la seguía mientras los deshechaba, cuando sentí sus manos sobre mi trasero, apoderandose de el me lancé de nuevo a su boca y apreté el suyo nuevamente, casi arañandolo.

Pero me hice dueño del baile nuevamente, cogí con mas fuerza aún ese culazo y de nuevo contra la pared. El beso se deshizo, pero ella a cambio me ofreció su pecho, sus pechos aún no quería dejarmelos, me estaba tentando y mucho. Mi lengua pareció extenderse para lamer su pecho lentamente, quería ver a que sabía aquella parte de su cuerpo. Pero no lo hice dudando, me lancé, casi como si mi lengua fuese un taladro, rozando la parte inferior de su cuello y compaginandolo con un par de mordiscos alentados por un gemido suyo, cada vez que jadeaba, cada vez que gemía era como lanzar mas bidones de gasolina a la hoguera, me avivaba mas, y mas, y mas. Sus ojos me volvían enfermo, sus manos rodeandome me mantenían enfermo, su boca me incitaba a quedarme enfermo, su cabello ardiente irradiaba aquel aire enfermizo, su cuerpo entero era algo que hacía que me pusiese enfermo, y si era por mi, quería padecer aquella epidemia por siempre, no quería la vacuna contra Lucita. Nos movimos un poco, y los rayos del sol, debiles rozaron nuestros cuerpos, y no la delataron, vampiresa ella no se quemó con ellos ¿Mas magia? Me separé un poco de ella, relajando la presión, y lancé mi vista hacia abajo. Desde su hipnótico ombligo mi vista fue subiendo, pasando por aquellos prominentes senos en los que me detuve casi deseando poseerlos también, pero no tenía cuatro brazos, despues mi mirada subió por su delicioso cuello, su sexy barbilla y de nuevo en aquellos narcóticos labios. La hice chocar contra mi de nuevo, boom. Me hice dueño de aquel trasero de nuevo y la levante mas obligandola a que me rodease con las piernas mas fuerte. Parecía que su pandero ahora llevaba su nombre, lo apretaba con tanta fuerza que parecía que iba a explotar, moví un poco las manos por el para entrelazar mis dedos en el punto intermedio y hacer un candado del que no iba a escapar, no.

Y todo esto mientras la llevaba contra la puerta por la que salió Jean, choqué contra ella bruscamente mientras ladeaba el rostro y me fundia en su boca. Me deshacia y hacia que ambos pares de labios jugasen a un juego nuevo para ellos. Pero tuvieron que aceptar a su nuevo compañero, unos labios que invadían la boca ajena buscando también otra lengua de fuego con la que achicharrarse. Cerré la boca un poco y me tragué su saliva, el primer trago de aquel alcohol de 120º. Ella pensaba que no me iba a dejar ganar, niña, ambos habíamos perdido, tanto el juego como la cordura, el sentido, nos perderíamos. Lucita, tu, yo y lo que quedaba por explorar era junto a tí. Sentir su cuerpo me estimulaba, y mucho, cerré las distancias con ella, aplastándola mas mientras me separaba de sus labios, no lo hice voluntariamente. Una voz sonó al otro lado de la puerta, Jean. Aguafiestas. No es que me diese miedo que nos pillase, simplemente no me hubiese gustado que nos pillase juntos. La ultima vez que le levanté una chica a Jean le tuve que hacer un regalo que me salió bastante caro, le ponía furioso que me llevase sus chicas. Pero Lucita era mía, nunca había sido suya, Lucita había sido mía desde que su melena de fuego había bailado en aquellos callejones. Desde que sus caderas se movían en un vaivén y me hacían seguirla como un perro por aquellas calles, yo había pensado que ella siempre había sido mia.

¡Shen! ¡Abre! ¿Pasa algo?

Respondí de una manera en la que solo yo podía hacerlo. Se me dibujó una socarrona mirada en el rostro y mi pecho pareció incharse, no se, pero creo que fue el roce de mis metálicos pezones con los suyos lo que terminó por encenderme. Reducí un poco la distancia con ella sin soltarla, atenazando aquel culazo, para embestirla con un movimiento pelvico, como si fuese a penetrarla contra la pared. Haciendo un ruido bastante fuerte, casi echando la puerta abajo. Pero le tapé la boca a Lucita con fuerza, obligándola a que si soltase un gemido quedase ahogado, aquello me encantó. Tanto que volví a repetirlo, choqué nuevamente como si quisiese perforar mis boxers y llevármela directo. Y tapar su boca con fuerza, me ponía tapar aquella fuente de ambrosía. Sonreía, pero sonreía desmedidamente mientras decía al mismo tiempo que posaba mi frente sobre el pecho de Lucita.

¡No pasa nada! Solo la estoy interrogando... no te preocupes.

No mentía a la hora de que mis ganas de Lucita fueron aumentando despues de aquello. No deseaba nada mas que nos perdiesemos en aquel lugar. Me encantaba el lugar, se había impregnado de nuestra esencia, de su enfermiza esencia. Me relamí los labios mientras cambiaba de mano y sujetaba a Lucita contra la puerta para aguantar el picaporte que Jean intentaba abrir. El quería ver que pasaba, y yo no. Era una situación violenta pero excitante. Lancé una mirada complice a Lucita. Si no podíamos continuar la fiesta ahí nos la llevaríamos a otro sitio. Jodido Jean, pero no me apresuré, mientras el intentaba abrir lo hice de nuevo, como un idiota que quería delatarse. Esta vez no tapé la boca de Lucita porque con una mano la sujetaba contra aquella pared y con la otra mantenía el picaporte. Pero lo volví a hacer, moví las caderas hacia delante, violentamente, mas violento que un luchador del Mortal Kombat, la puerta crujió, fue la mas fuerte de la serie de trés. Por un momento deseé que no existiese la ropa, para poder perforarla completamente. Pero todo aquello estaba destinado y planeado para que ambos nos pusiesemos aún mas fogosos. ¿Aún mas? Si, aún quedaba mucho camino. Pero no quería que la fiesta se cortase por Jean, así que había que hacer algo. Maldito francés de mierda, no me convenía perder a Jean, si viese lo que estaba haciendo con Lucita de seguro no me hablaría en siete meses ,le dí un efímero beso a Lucita para susurrarle al oído rápido:

Ponte mi camiseta, la tuya está hecha un cristo... lánzame mis pantalones y procura poner una cara mas o menos de chica torturada. Mas rápido que Forrest Gump en los San Fermines. Ya

Dije en un tono cómplice, clandestino, como si todo aquello fuese prohibido. Y de hecho lo era, aquello no debía pasar, pero estaba escrito que si que podía pasar y que cuando ocurriese... boom. La dejé en el suelo mientras pasaba a sujetar el picaporte con ambas manos. La cosa no se iba a enfríar con aquello, no, iba a ponerse mejor todavía, mas salsa, mas sabor. Hacía mucho que no sentía nada como aquello, y era culpa de una sola persona, un solo ser, algo que existía y que quise negar. Su nombre empezaba por L de Locura. La que nos invadía y dirigía. Fiera salvaje con la que me sentía cada vez mas unido. Ella había prendido un fuego que ni el mimísimo diluvio universal podía apagar.

Lucita.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Sáb Nov 09, 2013 6:33 pm

Shen el maldito, ese era mi único pensamiento, ¿pues cómo sino podría describirle?. Su furia estaba destinada a avivar mis llamas, y yo jamás había experimentado un fuego que no pudiera combatir, en cierto modo me frustraba, me frustraba que Shen fuera el único personaje del imaginario con la indudable capacidad de someter mi instinto, pero por otro lado... por otro lado me llenaba de júbilo haber encontrado la llama que encendiera mi mecha, que me hiciera explotar una y mil veces creando una onda expansiva de placer y satisfacción. ¿Cómo lo consigues Shen? ¿Cómo lo haces para encerrarme en un estado de locura del cual no deseo salir?. Las preguntas en aquel momento no eran la solución, prefería encontrar las respuestas a la enigmática y poderos atracción a través de la carne. Sí, como lo hacía él, porque ambos llevábamos el mismo ritmo frenético, ambos estábamos dispuestos a aumentar la velocidad de nuestro inminente estallido para crear el Apocalipsis. No dudó en devorarme nuevamente, en repasar con desdén y autoridad mi pecho, mi cuello, mi piel erizada con sus labios, no dudaba porque él no era un hombre de inseguridades, porque la única que había mostrado se había ido hace rato por el desagüe del inodoro. Volvió a tomar las riendas de la situación, me rodeó con más fuerza, me apretó las nalgas de tal manera que sentía que de un momento a otro iba a suplicarle por más, hechicero del diablo. Me tenía maniatada, y me gustaba, me gustaba aquel poder que ejercía sobre mí, me gustaba el poder que ejercía sobre él. Me aferré con más fuerza aún, con toda la que pude, porque quería sentir en cada célula de mi cuerpo aquella shensación, sí, shensación, única, infinita, demoledora.

Anduvo como un rey en la sala del trono, manipulándome como si fuera su cetro, asegurándose de que comprendiera que estaba a su competa merced y no había discusión alguna para debatirlo. Maldito seas, porque ahora mismo no puedo hacer nada contra tu omnipotente sensualidad, pero me vengaré de esta. Me estampó contra la puerta de entrada al piso, me arqueé con naturalidad, recibiendo aquel golpe como si se tratara de una caricia y no pude evitar estirar mi cuello y soltar otro maldito gemido acompañado de una leve sonrisa. La tregua no llegaba, porque me invadió con aquellos labios llenos de la droga a la que ya me había vuelto adicta, era el peor de los cocainómanos, necesitaba un chute constante de Shen o sino mi alma se iría a vagar al limbo. Arañé su espalda con mis uñas, rugía por aquel cuerpo, le había descubierto, había encontrado la mina de oro, oro en bruto, y quería apoderarme del tesoro y disfrutar de mi fortuna para el resto de la eternidad. ¿Sabías, Shen, que nunca había dependido de nada ni nadie?. Y llegabas tú, con tu aire prepotente, con esa mirada ladina, perversa, y desnudabas mi alma, la violabas a tu antojo, y me gustaba, y quería más, y más, y más. Pero la cima en la que nos encontrábamos tembló, tembló en una serie de golpes al otro lado de la puerta. Jean, cabronazo, métete en tus jodidos asuntos y déjanos en paz. Me embistió con fuerza, me dejó sentir el poder y la rudeza de su virilidad, joder, mierda, temblé y no pude evitar corresponderle con un lascivo contoneo de caderas, prácticamente sentía que la última pieza del puzzle encajaba, pero sus boxers y mis shorts no dejaban que el rompecabezas se completara. Quise exhalar otro gemido, otro gemido que le dejara en claro a Jean que era mejor no atravesar el umbral, a la mierda, que le jodan. Pero la mano de Shen se cerró con fuerza en mi boca, ahogando mi deleite vocal en apenas un suspiro, dios, soy atea y te menciono, este tío va a acabar con cualquier resquicio de salud mental que me queda. Serpenteé con mi lengua en la palma de su mano, me estás conteniendo, necesito liberarme de alguna manera... maldito chino.

Escuché la pregunta, casi exclamación, al otro lado de la puerta, y la maldad de Shen se vistió esta vez de policía malo, pues se suponía que me estaba haciendo un interrogatorio. No era tan mentira, era una verdad a medias, porque el interrogatorio era más bien mutuo. La idea de ser tan condenadamente lascivos a escasos centímetros de Jean no hizo otra cosa que sumir mis pensamientos en un mundo más perfecto que el de los Teletubbies (?). Recorrí mis manos a través de su espalda y desencadené mis ansias en el trasero de Shen, avanzando bajo aquellos boxers y agarrando con energía la piel tersa y suave, puto chino, debería hacer un anuncio de Dodot. Sus músculos se tensaron cuando me volvió a embestir, pero esta vez dejó mi boca libre porque se estaba encargando de impedir que Jean girase el picaporte, pensé que sería genial que Jean nos pillara en plena penetración, sí, ya estaba rozando el punto más retorcidamente morboso del asunto, pero los movimientos de Shen tenían la magia del caos, y corrompía aún más cada milímetro de mi cuerpo.

Shen me dio un beso fugaz, mientras seguía sujetando la puerta, y me dejó las cosas claras, vestirse, ahora. No quedaba de otra, Jean iba a entrar en cualquier momento, cuanto más aplazásemos la charlita peores iban a ser las consecuencias, tanto para Shen como para mí. Así que me bajé, con todo el dolor de mi corazón, de aquella obra de arte de Miguel Ángel, y me dispuse a recoger la ropa que estaba desperdigada por el suelo. Alcancé sus pantalones y se los lancé, él los agarró al vuelo, y seguidamente me puse su camiseta, ¿pero cuánto ocupaba el chino? casi podría haberla usado como vestido, me llegaba a la mitad del muslo, mis shorts quedaban ocultos bajo ella. Mi "colega de aventuras" se puso los suyos en un santiamén, mientras que yo arrastraba con el pie los resquicios de mi anterior camiseta bajo el sofá y recogía mi sujetador, ocultándolo bajo mi nuevo atuendo.

El tiempo era oro, y mientras Shen dejaba abrir la puerta yo me arrebujé el cabello alrededor de mi cuello para ocultar las marcas que había dejado la bestia. Jean entró bastante exaltado, dirigiéndole una inquisitiva mirada a Shen y después a mi. Me crucé de brazos, tenía los pezones como estalagmitas y no era plan de darle pistas a Jean acerca de lo que había ocurrido en aquel lugar así que mi nueva postura que aparentaba mal humor era en realidad el escondite perfecto para las evidencias que quedaban en el camino.

¿Qué mierda os pasa? Desde el piso de abajo me han dicho que han escuchado ciertos ruidos, ¿te ha hecho algo? — me preguntó Jean con preocupación. Joder, maldito bastardo, iba a meterle su osada prepotencia por el culo.

No le contesté, me limité a sentarme en una de las sillas que reposaban junto a una exuberante mesa, indicándoles a ellos que se sentaran también. Así lo hicieron, ellos dos frente a mi.

Tu jodido amiguito y yo parece que tenemos nuestras diferencias — respondí como una fiera, como si acabara de darme una paliza no sexual con Shen. Sin embargo aquí todos, menos Jean, sabíamos que no era así. Me deslicé hacia abajo en mi asiento, aparentando que me ponía cómoda, pero mis únicas intenciones eran... dejar la silueta de mis pechos oculta bajo la altura de la mesa — Teníamos que arreglar cuentas, le hice una serie de favores, y como pienses mal te juro que te acuerdas de mi y de todos los muertos de mi familia, y no quiere colaborar, ¿qué pretendes que haga? ¿que me quede de brazos cruzados?. Tu chino de mierda me está tocando la moral — escupí el veneno desde mi boca. No tenía otra opción, Jean nos conocía lo suficientemente a ambos como para pensar una de dos, o que nos lo habíamos montado o que nos estábamos matando a golpes. Sin embargo, bajo la mesa mi malicia y mi desdén trabajaban en otro asunto, mi pie descalzo se había encontrado "casualmente" con la espinilla de Shen, acaricié suavemente aquella zona y le dirigí una fugaz mirada, riéndome de mi travesura. El contacto subió lentamente hasta la rodilla, deslizándose juguetón, y avanzando hacia la cara interna de su muslo — Y encima cuando parecía que nos íbamos a poner de acuerdo llegas tú a joder el trato que estaba a punto de cerrar, no estás ganando puntos Jean, pensaba en confiarte un par de asuntos, pero si sigues interrumpiendo mi vida, y más de esta manera me voy a cabrear seriamente — mis dedos siguieron jugueteando en aquella zona erógena, y a punto estuve de soltar una risita, pero rápidamente la convertí en un bufido.

Cuando parecía que el contacto bajo la mesa iba a llegar a más me aparté, y nuevamente de brazos cruzados me levanté de mi asiento. Dirigiéndome hacia la puerta de salida. Jean se levantó a la par, y Shen se hizo de rogar, tal vez no estuviera en condiciones de seguir el drama inmediatamente, pero a los pocos segundos avanzó hacia nosotros, colocándose tras Jean.

Dame la llave del ático — le exigí a Jean, mi fingida indignación estaba causando el efecto deseado, y Jean relajó el semblante dejando entrever un sentimiento de culpabilidad. Eran tan fácil manejar a aquella marioneta con pene que casi me vuelvo a reír — Necesito echar una cabezada, una muy larga, llevo toda la noche sin dormir y la herida comienza a molestarme, ¿serás capaz de dejarme tranquila durante unas horas?. No te preocupes, si me da por romper cosas las muñequitas que tienes por subordinados no lo escucharán, nadie se pasa por el ático. Así yo puedo descansar y evitar estas ganas que tengo de asesinarte y vosotros podéis seguir viviendo en paz y armonía — finalicé extendiendo un brazo mientras meneaba los dedos para que se diera prisa.
Luci joder, sabes que estaba preocupado y...
Y sabes que odio que la gente se preocupe por mi, así que ya estás tardando — le interrumpí para volver al asunto que nos atañía.

Jean rebuscó en sus bolsillos, desviando la mirada ante su palpable confusión. aproveché aquel momento de distracción para entrecruzar de nuevo mi mirada con Shen y señalé la ventana con un leve cabeceo. El edificio de Jean contaba con una desvencijada escalinata en el exterior para acceder a los diferentes pisos, y sabía que aquella escalinata llegaba hasta el ático. Así que si quería más fiesta, Shenromeo tendría que utilizar sus dotes de escalada. Jean encontró la llave por fin, joder, se estaba haciendo más viejo o algo así, un lustro para encontrar una puta llave en el pantalón. Me tendió el pequeño objeto y yo abrí la puerta con la llave al Paraíso en mi poder y salí al rellano.

¡Espera! ¿Por qué llevas puesta su camiseta? — preguntó de nueva cuenta el imbécil de Jean. Bravo, al menos tenía un ápice de inteligencia.
¿Por qué no se lo preguntas al chino? — bufé molesta.

Jean dio media vuelta para dirigirle una mirada al chino, y presa de la malicia, nuevamente, exhibí mis facultades de stripper, a espaldas de Jean y a ojos de Shen, y me quité con facilidad los shorts que estaban ocultos bajo aquella enorme camiseta. Sí joder, el sentido de la desmedida provocación me hacía realizar actos demasiado arriesgados, pero aquello me excitaba, y podría jurar que lo mismo le ocurría a Shen. Oculté el corto pantalón tras mi espalda y me dispuse a subir las escaleras, dos pisos más arriba, hacia el ático.

No quiero más interrupciones, y contigo... — dije mirando al chino, joder, cómo me ponía — ...ya arreglaremos cuentas.

Era inevitable que mi maldad saliera a flote, había dejado a Shen en una posición comprometedora, le había metido en un buen lío, en mi rostro se dibujó la sonrisa de las máscara de V de Vendetta, aquí todo era recíproco, ¿no?. Me encantaba poner a prueba a mi alma gemela de fuego, jugar con su astucia y deleitarme con sus ingeniosas respuestas. No esperé más y subí las escaleras en pos del nuevo... picadero.

Abrí la puerta del ático, que consistía en una sala grande con un sofá y cocina incluída, un dormitorio y un baño, el salón estaba lleno de trastos. Tiré el sujetador y el short al sofá y me encendí un cigarro mientras dejaba abierta la ventana. Quería dejarle pruebas de mi malvada existencia cuando llegara, porque sabía que iba a llegar, que iba a volver a mi, y no saber cuándo me excitaba aún más. Pero mi ingeniosa malevolencia no daba tregua al ingenio del chino, una vez terminé el pitillo y lo apagué en el cenicero, decidí que... sería interesante jugar al juego del gato y el ratón. Shen llegaría, dispuesto a llevarse su comida, y la comida no se presentaría ante él a menos que la encontrara. Esbocé una sonrisa socarrona y pensé dónde esconderme.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Dom Nov 10, 2013 4:23 pm

La chica era sin duda la complice mas profesional que había tenido nunca. Se me daba bien fingir, actuar y demás, pero me costó esconder todo aquello que había pasado en aquel poco tiempo. Era como intentar tapar el sol con un dedo, parecía facil de lejos, pero de cerca... Aún así me puse mis pantalones y esbocé una mirada como de cabreo, como de cuando no me salían bien las cosas. Jean entró, con aires de grandeza, el cabrón se crecía cuando había chicas delante, y mucho, no es que me molestase, porque ambos sabíamos que aquel aire inquisitivo nunca iba a funcionar conmigo, aunque seguía el código broda con el, no iba a aparentar lo contrario con 'una putita delante'. Lucita no era una de ellas, así que el código broda no quedaba vigente. El tipo pareció oler el ambiente del aire, quizá lo olió de una manera como de: Aqui ha habido movimiento. Si, la había interrogado (?). Pero solo Lucita y yo sabíamos a que olía realmente, aquel aroma era algo que solo ella y yo podíamos disfrutar del todo. Callé, semblante serio, como iracundo me senté junto a Jean frente a ella. Se cubría los pechos, no quería que se le viesen, ah, ¿Ahora tampoco? Juraría que en aquel momento hubiese vendido mi alma al diablo por una vista de rayos x. Ella habló por su cuenta, como si hubiesemos estado negociando, de hecho no mentía, y además le pidió la llave del ático, ¿A donde quería llegar? Jean actuó casi como domado. Perrito amaestrado empezó a buscar las llaves, le lancé una mirada de ¿Que haces? a Lucita, pero ella cabeceó en dirección a la escalerilla de incendios. ¿Quería que yo subiese por ahí? Mas clandestino todavía, se me antojaba mas aquella pasión, ahora me tocaba jugarme la vida para poder continuar con aquello. La muy idiota no sabía o ignoraba que Jean había casi inutilizado aquellas destrozadas escaleras para que nadie se colase. Ni siquiera un mono araña podía colarse en aquel bloque de pisos por aquel lugar, era un obseso de la seguridad. Joder, me ponía, y mucho que me lo pusiese dificil, pero empezaba a verse imposible. Salió y tanto yo como Jean la perseguimos con la mirada, aquel movimiento hipnótico que hacía al caminar. Daba igual si no podía cantar o no podía bailar, ella caminaba mejor que Rihanna. Fue eso, su llamatividad lo que hizo que Jean se fijase en que llevaba mi camiseta, ya era hora campeón, buenos dias. Cuando se giró Jean, con mirada asesina ella hizo algo... hizo algo que... me hizo suspirar para mis adentros, sabía como matarme, seguro que si hubiese lanzado aquellos shorts por la ventana hubiese sacado alas para ir a rescatarlos, sabía como provocar, a espaldas de Jean. Si ser sexy fuese un delito a ella no la perdonaba ni San Pedro. Ella me dejó el muerto en los brazos y dejó un 'ya lo arreglaremos' en el aire. Un ático, vacío, solo Lucita y yo, ibamos a empezar la demolición del bloque por arriba. Pero primero tenía que llegar y... deshacerme de Jean. Cuando desapareció casi pudo dejar una estela de su olor, de su presencia que quise olisquear, como un ratón al queso, pero el jodido Jean estaba insistiendo en que le respondiese.

¡Dime que demonios le has hecho! ¿¡Por qué lleva tu camiseta!?
Eh, calma chicha. Tan solo hemos empezado a negociar y esa perra se ha puesto nerviosamente violenta, solamente tuve que... hacer que se callase. Y bueno, y ella precisamente no es que no sepa defenderse.

Dije mientras me levantaba y le mostraba mi espalda a Jean, el tipo reaccionó asombrado. Si, tenía mas de una bonita marca, Lucita me había dejado la espalda llena de arañazos, de sus zarpazos de animal, escocían, pero no los hubiese cambiado por nada. Por mi tono de voz Jean no llegó a cuestionarme, no quiso hacer mas preguntas, pensaba que hablaba en serio. Quiso preguntar, pero mi mirada hizo que mi voluntad cayese sobre la suya como un elefante sobre una hormiga. El hombre venía algo alterado, y lo noté, no me gustaba la manera en la que me miró, quizá era por eso por lo que no hizo mas preguntas, el parecía compadecerse de mi, como si me hubiese traicionado. Casi no preguntó por el cuadro que le había destrozado de un puñetazo, algo pasaba, porque el amaba ese cuadro.

Canta.
¿Como?
Que cantes
No se que te refieres
Lucita las tiene bien puestas, esa forma... como dos gotas de lluvia despampanantes coronadas por unos pezones que...-Hice una pequeña pausa como estremeciendome-Y ese culazo, ¿Sabes? Me hacen falta un par de manos nuevas, estas las voy a guardar en una vitrina; le pondré el titulo de: Las manos que tocaron EL culo
¿Que demonios has hecho Shen? ¿¡Que demonios has hecho con ella, Shen!?- Se levantó de su sitio, iracundo. Enfadado, parecía que en cualquier momento ibamos a pasar a los puños
'No se a que te refieres'

Terminé aquella conversación con el mismo tono de voz que el puso. Y entonces sin mediar palabra, sin añadir nada mas salió furioso por aquella puerta, de seguro que si su mirada fuesen cuchillas se me hubiesen clavado una y otra vez en el pecho. El no quería creerme, el no podía creerme, dudaba si era cierto, pero era por eso, porque no podía pensar que no era cierto. Cuando salió pude escucharle hablar con uno de sus gorilas, mandándolo a vigilar la puerta del ático, y cito textualmente 'Cagando leches'. Genial, ahora lo tenía mas dificil. Y aquello hacía a la princesa del ático un objetivo mas interesante. De seguro que ella estaba esperándome, tramando algo, y yo, idiota quería ir a caer en su trampa. Por eso me dirigí a la ventana y me apoyé en aquella plataforma, que se separaba de la del siguiente piso por un buen trecho. Pero por suerte yo era un mono ninja araña, yo le dí clases a Spiderman. Casi no me paré a observar las bonitas vistas, el sol bañaba la ciudad en oro tan temprano y aquel frío matinal iba a hacer que mi sudor se volviese rocío. Me dispuse a escalar por una pequeña brecha en la pared cuando de repente algo empezó a vibrar en mi bolsillo. Me solté rapidamente, sin expresiones. Nadie nunca llamaba a aquel número, solo el. Me apoyé en la roja barandilla de la plataforma mientras sacaba el movil. Me lo llevé lentamente a la oreja y añadí.

¿Baba?

Pasaron unos seis minutos aproximadamente. Hablé por teléfono seriamente, no hubo escenas de mi picardía durante aquella conversación en chino. Finalicé la llamada y me llevé el teléfono al bolsillo. Tenía la vista perdida, observando aquellos bloques de edificios ordenados en un plano cuadriculado. Mi mirada se dirigió al propio edificio donde me encontraba, ¿así que en el ático? Usé la plena fuerza de la que disponía, a brazos y hombros logré escalar hasta el piso siguiente, estaba concentrado. King Kong quería llegar hasta su presa. Y estaba tan ansioso de verla de nuevo que se me olvidó el ser cauto, y entonces mi razón se partió el culo, a carcajadas. Sin cautela casi logro hacer que un gorila de la planta superior me viese por una ventana, se estaba zampando un bocadillo enorme y viendo una telenovela mexicana. Tenía el volumen puesto a toda hostia, pero se levantó dudando dirigiendose hacia la ventana. Y se asomó, pero no vió nada, y como quien ve un fantasma se volvió a su sitio maldiciendo su imaginación. Suspiré aliviado mientras colgaba al vacio de la plataforma, haciendo un esfuerzo sobrehumano me levanté con un solo brazo, bufando como un animal me logré levantar. Las jodidas escaleras las había quitado Jean y su manía de la seguridad.
En cuestión de segundos llegué a la ventana del ático. Resoplando abrí aquella ventana llegando a escapar de la cámara que casi me enfoca, me colé de una voltereta en el ático. Estaba algo oscuro, pero era un 'apartamento' por así decirlo de lo mas bueno. Era el lugar mas decente de todo el bloque. ¿Como es que Lucita sabía de su existencia? Como Indiana Jones, sabiendo que me adentraba en un territorio desconocido caminé con confianza por aquel lugar. Pero no pude encontrarla, no pude verla. Sabía que ella estaba ahí, su aroma había atenazado de nuevo mi alma, su olor estaba presente. Volvía al juego. Me relamí los labios, aun quedaban restos de su sabor. Mi corazón empezaba a pedir una tregua antes de encontrarse de nuevo con ella. Despues de lo de la habitación y la escalada necesitaba una pausa. Pero no se la iba a dar, no, ahora dominaba el instinto. Pero aún así era un instinto algo... travieso. No fuí en su busqueda, me dirigí a la cocina. Era bastante espaciosa y bien equipada, Jean era buen cocinero, y ya lo había remarcado cuando me comí 3 de sus croissants. No me costó encontrarlo. El jodido bote de sirope de chocolate. Lo abrí inmediatamente mientras lo alzaba por encima de mi cabeza, chorro delicioso, me encantaba aquello. Empecé a caminar lentamente por el lugar, como un cachorro perdido, o eso quería aparentar. Me movía lentamente, observando los objetos. Obras de arte de un gran valor, figuritas exóticas, máscaras... Era el santuario de Jean. El olor de Lucita se iba haciendo mas fuerte cada vez, bajé el chocolate y dejé de tragar para abrir una puerta lentamente. La había encontrado, ella estaba ahí... Terminé por abrir aquella puerta de una patada.

¡Aquí esta Johnny!

Exclamé cuando se abría, como el loco de El Resplandor. Pero para mi sorpresa no había nadie en aquel cuarto, lo que me hizo sonreir ampliamente. Había fallado. Me dirigí a la habitación mas cercana, si no estaba ahí tenía que estar en la de al lado. Hice lo mismo con esta, pero mas fuerte.

¡Aquí esta Jack!

Grité sin contenerme, aquel apartamento estaba insonorizado para que las putitas de Jean gritasen a placer y no molestasen a nadie. Pero dejando aquello de lado, tampoco estaba ahí Lucita. Lo único que vi fue un cuarto con todos los disfraces de Jean. Desde el de policía malo, pasando por astronauta y terminando por el simplón Tarzán. Mierda, ¿Donde demonios estaba? Golpeé la ultima puerta que había mas cerca con un placaje. No sin antes volver a llenarme la boca impacientemente de sirope, haciendo que se me saliese de la boca.

¡Soy Johnny, soy Jack, soy Tinky Winky, el pizzero y medio reparto de los Power Rangers!

Exclamé con voz alocada, mientras dejaba caer unas cuantas gotas de sirope al suelo. ¿Que que había en aquella habitación? Me llevé la botella de sirope de nuevo a la boca, era obvio que no había nada. Y había delatado mi presencia a Lucita, la muy condenada se escondía mejor que Wally. Tenía ganas de Lucita, y cuantas mas puertas abría y no la encontraba mas se me antojaba. Sin siquiera verla ya empezaba a montarse aquel ambiente de jungla, me encantaba. Volví a la sala de estar, para volver a reorientarme ¿Donde debía empezar a buscar? ¿Como debía buscarla? Se me habían unas cuantas maneras de hacerla salir. Pero con el pensamiento sin querer llevé mi mano hacia atrás mientras bebía sirope y me apoyaba en un mueble. La minicadena de música que había instalada por todo el apartamento empezó a sonar, le dí al play sin querer, no pregunten que canción sonó. Simplemente caminé hacia el centro de aquella sala con el sirope en la mano. No ignoraba a Lucita, simplemente me dejaba guiar por el dicho de que las serpientes se sentían atraídas por las vibraciones, que así fuesen. Empecé a bailar a aquella canción solo, divirtiéndome, no sabría si surtiría efecto, me moría por su presencia pero no podía evitar bailar esa canción. Me llevé la mano a la cabeza mientras me ponía en posición y al unísono del que cantaba decía:

I'm sexy and i know it

Seh, el baile nene. Me moví bailando por el lugar, casi como restregandome con el aire como si fuese una barra y yo un gigoló. Era una busqueda rara, digamos que la buscaba ¿Bailando?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Nov 10, 2013 7:00 pm

Me había puesto en plan Doctor Maligno, a idear un, obviamente, malévolo plan con el que atacar a Shen. La idea de esconderme era atractiva, pero... en aquel lugar no es que hubieran muchas opciones. Recorrí la cocina, el baño, el cuarto... me cago en el cuarto, Jean había acumulado todas sus fantasías sexuales en forma de disfraces, hasta había un taparrabos de Tarzán, seguro que le quedaba enorme como un pañal, mucho que tapar no tenía, o eso imaginaba. Le eché un vistazo al lugar, tal vez entre el disfraz del Capitán Garfio... Garfio, a saber qué habría hecho con ese garfio, y el de King Kong podría resguardarme a ojos del depredador que estaba en camino. Pero oh sorpresa, me sentí más profesional que el Inspector Gadget cuando entreví el picaporte de una disimulada puerta en la pared. Abrí y una cara de pokerface emergió a mi rostro. Era un pequeño cubículo, un armario grande, pero en él se encontraban todos los disfraces de mujer más pervertidos que uno pudiera llegar a imaginar, la mente de Jean era muy creativa cuando se lo proponía, entrecerré levemente la puerta, y en el momento en el cual me disponía a inspeccionar aquel camerino la bestia entró.

Le escuché andar despreocupadamente por el salón, sus pasos se dirigieron más allá de lo que mis oídos podían alcanzar, y boombaaa, debió abrir una puerta en mi búsqueda, pero no estaba, continuó su recorrido, el eco de sus pasos se acrecentaba, inminente, y... booombaaa versión 2.0, la puerta se abrió violentamente y él exclamó como si acabara de entrar en una de las casas de Elm Street. Pero Shen era demasiado impaciente y, por suerte, no perdió el tiempo investigando de más, +2 en sigilo extra para Lucita, fuck yeah. Salió de aquella singular habitación y yo me limité a escoger un disfraz, veamos... uno guarro, uno guarro que muestre y no a la vez, en resumen, que ponga cachondo al chino y le frustre por no poder ver más. Y de repente mi vista se fijó en la piel que bien podría haberme descrito de un solo vistazo. Un traje de diablesa, uno sencillo, de cuero rojo brillante y ajustado. Me quité la camiseta de Shen y me puse manos a la obra, el traje básicamente consistía en un vestido de esos que parecen piel de embutido, tan ajustado que si querías implosionar era el método perfecto (?). No tenía mangas, terminaba en un cuello un poco alto y ya, y su largura daba risa, la falda tapaba lo justo y necesario. Me lo puse y comencé a abrochar la cremallera, me cago en las zorras de Jean, pensaba que tendrían algo más de pechonalidad, digo, para tirarte a una tía y ya, no necesitas que sea una gurú de la cultura, pero mínimo que tanga un buen par de perolas... pues no sé qué pasaría con esas tías, pero a mi me costó sudor y lágrimas subir la cremallera a la altura de los pechos. Pero ea, debía de tener la habilidad de un carnicero para embutir carne porque logré, al menos, que la cremallera subiera. No del todo, como dije había que dejar cacho que ver, en plan calientapollas.

Una vez hube terminado mi obra maestra el sonido de la música invadió el salón, al chino le gustaba la fiesta, y la había puesto a todo volumen, pero en esta fiesta no había ni coca, ni marihuana, ni alcohol, esta fiesta contaba con una droga mucho más adictiva, e iba a estallar dentro de poco, y no me refiero a mi misma dentro de ese vestido, aunque poco faltaba (?).

Salí de la madriguera, solo con el vestido, la idea de "ponerme los cuernos" de diablesa no me molaba mucho, y no los necesitaba, a mi los adornos en mis propósitos me sobraban. Miré con disimulo detrás de la puerta, jodido Shen, ya estaba provocando, parecía no ser la única puta de aquel local, el gigoló se estaba montando su propio show para atraerme a la trampa, con gusto recibiría el engaño, pero... oh sí, me había fijado en que uno de los disfraces de Jean, el de Indiana Jones, tenía un accesorio más que interesante, un... ¡látigo!. Sí, sí, sí, esto iba a ser más divertido y excitante que montar en el Dragón Khan 6 veces seguidas, ¡y sin potar!.

Pues a lo que iba, el Dominus se encontraba haciendo lo suyo en el salón, se lo había afianzado, pero la Dómina iba a recibirle como se merecía. Vamos, a mi nadie me invade el territorio, y le iba a dar buena cuenta de ello en un tris. Se iba a acordar aquel maldito cuerpo musculoso, sensual y atractivo... ejem, de quién era la que mandaba. Aproveché el volumen estruendoso de la música para salir de mis trincheras, la Segunda Guerra Mundial iba a dar inicio, cuidado, Hitler llega vestida de rojo. El cuerpo de Shen se retorcía en sensuales movimientos, cuánta maldad, ya me quería lanzar a su espalda y dejarle otra dedicatoria de mi parte. Pero no, los arañazos regresarían después.

Mis pies descalzos camuflaron el sonido de los pasos contra la madera del suelo. Quería volver a provocar la guerra y ya sabía cómo hacerlo, por la espalda sí señor. Aquí lo de mantener el honor estaba de más, sólo en las películas ganaban los principios más nobles, la realidad sin embargo te hacía saber que los golpes, cuanto más bajos, más efectivos eran. Y así era como me lo tomaba yo, de la forma más práctica y rastrera. Tensé el látigo entre ambas manos, y según el chino continuaba con aquel baile erótico festivo que estaba a punto de hacer estallar todas mis hormonas, le atrapé el cuello con el látigo de un rápido movimiento. Le inmovilicé durante unos leves segundos, en los cuales aproveché para golpearle en la parte trasera de la rodilla, obligándole a flexionar una y en consonancia la otra también. Parecía que iba a caer al suelo, pero no le dejé, por suerte la escuela de kendo me había enseñado unos cuantos trucos del combate cuerpo a cuerpo, deja que las cosas se muevan por su propio peso. Un leve agarre de hombros, un leve giro y le tenía sentado en el sofá por sorpresa.

Obviamente me volví a sentar en su regazo, con una pose indecente, mostrando los encantos bailarines de mis caderas acompañado de una sonrisa de júbilo ante la victoria.

Bu. — solté a modo de broma — Chino despistado, qué fácil eres de ganar cuando te lo propones — continué, mi lema era provocar a Shen, siempre, sin tregua, y me limitaba a cumplir mis propias normas.

Observé de nuevo su cuerpo con una mirada de lascivia y me apoderé de su bote de sirope de chocolate, dándole un trago.

¿Este es el presente que le traes a la reina nada más invadir su territorio?. No deberías comerte los regalos de los demás — dije mientras depositaba algo de sirope en mi dedo índice y lo introducía en mi boca para saborear el dulce manjar — Llegas justo en el momento adecuado, pensaba hacer una apuesta contigo — incliné el bote y esparcí una línea recta de chocolate a lo largo de su torso desnudo, se lo devolví y paseé mi lengua por aquella fina línea, degustando el sabor del chocolate entremezclado con el sudor de Shen. Oh god, me sentía toda una top chef, había descubierto el sabor más delicioso de todos los tiempos. Finalicé mi aventura estirando el recorrido de mi lengua en su cuello para finalizar en la punta de su barbilla y me incliné hacia atrás, mirándole a los ojos de nuevo.

A tres rounds — le dije — Bailemos... no, peleemos, a tres rounds, si tú ganas... yo me lo quito todo — señalé indicando mi atractivo atuendo — si yo gano... tú te lo quitas todo — finalicé obsequiándole con otra malévola sonrisa. Me levanté de mi cómodo asiento, volviendo a contonear las caderas, parecía una perra en celo. Volví a estirar el látigo entre mis manos, una vez me hube alejado un par de metros de él. Y le levanté el dedo índice para señalarle que viniera a enfrentar el duelo que le había propuesto de una buena vez.

Por cierto, voy ganando 1-0, la llave que te he hecho para sentarte en el sofá cuenta como primer round — escupí como una víbora, a mí me gustaba apostar sabiendo que llevaba las de ganar. Aunque con Shen... nunca se sabe.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Dom Nov 10, 2013 10:19 pm

Me movía como pez en el agua. Me encantaba bailar, sentía la música entrar por mis oídos y fluir por mis músculos y huesos. Era una sensación ajena a todo, no se, no podía describir el baile con palabras, solo con movimientos. Era mas yo mismo cuando bailaba que en cualquier otro momento del día, cuando fuese dictador del mundo haría del baile lenguaje internacional, de obligatorio aprendizaje. Se manifestaba mi euforia con aquel movimiento pélvico, con unos pocos pasos aleatorios, deslizando tobillos hacia atras y delante y cambiando las manos de lugar. Sonreí para mis adentros, ¿Y Lucita? ¿Cuanto tardaría en atacar al indefenso Shen? Era una presa bastante... apetitosa. Posicioné mis manos de tal manera que parecía que azotaba al aire, con gracia y de manera divertida, lo acompasé con un movimiento de hombros peculiar que se metió en sintonía con el ritmo de la canción. Parecía una coreografía destinada a provocar pero era todo improvisado, un baile erótico para nadie. Bajé ambas manos lentamente para moverme un poco hacia atras, con un paso particular, un Clown Walk. Metí mi hombro por delante de mi cuerpo y mi brazo serpenteó, la nueva canción empezaba y esta vez iba a partir la pana. Si, lo iba a hacer. Pero se quedó en un intento. Algo rodeó mi cuello, pero mas que exhaltarme sonreí, casi como esperándolo. ¿Es que eres gilipollas Shen? Te rodean el cuello como si fuesen a estrangularte y tu sonríes. Lo único que me estrangulaba era la impaciencia, sabía que era Lucita, su presencia, su calor golpearon en mi espalda. Y también golpearon, literalmente las partes traseras de mi rodilla para profesionalmente mandarme al sofá. Hacía bastante que nadie me hacía caer de aquella manera, nadie me derribaba con una llave tan bien hecha, tan limpia. Pero ahora, señores, ahora es cuando venía la parte en la que mis ojos se abrían como platos.

Boom, bang, zaska, y bazinga. Solté un silbido ascendente y gradualmente fue perdiendo el tono. Aunque tenía la boca llena de sirope casi se me hace agua cuando la ví. Embutida en aquel traje. Metida en aquel disfráz, moradora de aquel traje de pesadilla. Empezó la noche siendo un ángel y empezaba el día siendo lo que realmente era, mostrando su naturaleza, ¿Era aquella su verdadera piel? Diablesa, de la D a la A tenía todas las cualidades. Cambió el tridente por aquel látigo, los odiaba, no me gustaba el juego de ser dominado, me excitaba pero lo odiaba. Se sentó en mi regazo, de nuevo, sintiendola cerca me costó horrores mantenerme 'sereno'. Su escote andaba acentuado, y cuando digo acentuado, lo digo en serio, aunque odiaba que no estuviese a la vista me encantaba el uso que el ser humano le había dado a los trajes, por cosas como esa yo apoyaba totalmente la industria erótico textil (?),el caso es que sus pechos permanecían firmes, bajo presión en aquel traje el cual se le ajustaba y pasaba a reemplazar suu piel. Le quedaba fenomenal. Endiabladamente bien. Rojo puro, parecía que se iba a quemar el cuarto, y yo me quería quemar con el. Lucita ya era sexy de por si, muy sexy, pero con aquello... con un jodido traje había conseguido que mis ojos se abriesen de par en par. Recuperé mi característica mirada, con dificultad mientras mi afilada sonrisa, aquellas fauces que deseaban morder más se mostraban mas brillantes y ansiosas que nunca.

Bueeeeeeeno. Podría decirse que... si, me deje ganar. ¿Sabes? Esto de hacerse pasar por la presa hace que el depredador aparezca mas rápido.

Contesté, desafiante. Sabía que mis desafios a ella le gustaban. Pero ella venía mas desafiante que yo, mucho mas, venía con ganas de apostar, se traía toda la artillería para jugar al juego de todo o nada, joder, aquella mirada hubiese hundido en la bancarrota a Las Vegas. Pero antes de nada, antes de proponer siquiera el juego me arrebató aquella dulce poción y se la llevó a su boca. Ahora se me antojaba no el doble, ni el triple, ni cuatro veces mas, no podía expresarlo en términos matématicos lo mucho que se me antojó volver a poseer aquella boca. Me encantaba la manera en la que me aprisionó, su torso rojo, encurtido en el traje sobre mi regazo, solo le faltaba moverse hacia arriba y hacia abajo, arriba y abajo... arriba y abajo. Me lancé lentamente a besarla, pero casi que me apartó para imponer su voluntad, o su glotonería por así decirlo. Eché la cabeza hacia atrás mientras miraba de reojo como una linea ascendía por mi torso. Desde lo mas bajo de mis abdóminales hasta mi cuello se extendió aquella dulce linea. Suspiré, expirando mientras sentía su lengua subir lentamente. Víbora, me había dejado una estela de veneno que se extendía a lo largo de mi cuerpo. Mi reacción fue obviamente de satisfacción, arquée mi espalda hacia atrás mientras escuchaba su propuesta. Y me reincoraba a tiempo para ver como señalaba su cuerpo, aquel cuerpo que iba a terminar desnudo si yo la derrotaba en aquel juego. Quise abrazarlo antes de empezar, pero se volvió a adelantar, hija de perra, me estaba impacientando, era la primera cosa que empezaba a colmar mi paciencia de la manera mas provocativa posible. Ella empezaba ganando, pero aquello casi que me me importó poco cuando empezó a mover las caderas mientras caminaba. Izquierda, derecha, izquierda, derecha... de seguro que era la marcha militar que mas cuerpos movía en el mundo. No tardé en levantarme, con aquel aire de chulería aparente. Ella pensaba que ganaba, pensaba que era una torrencial lluvia y que yo era una pequeña llama de cerilla. Y no se equivocaba. Mientras ella extendía aquel látigo tropecé voluntariamente, como si alguien me hubiese atacado, haciendo una pequeña voltereta y pasando a su lado.

Ups, nuestro heroe tropieza por culpa del ataque invisible de la Endiablada Bastarda-Dije con voz de comentarista, aprovechando para bautizarla-Con el marcador con dos a cero, a favor de la antágonista nuestro heroe se encuentra contra las cuerdas ¿Que hará nuestro protagonista para darle la vuelta a la situación?

Dije mientras me dirigía al cuarto de los disfraces. Si por mi fuese hubiese jugado con aquel peculiar atuendo de 'Shen', pero había que meterse en el papel. Levanté la mano antes de entrar al cuarto, como solicitando un tiempo muerto. Cerré la puerta tras de mí. Estaba ansioso por volver y contentarme solo con mirarla. Pero aquello se había hecho personal. Abrí el armario rapidamente y empecé a mover los disfraces, aquel tipo tenía mas disfraces que una Barbie. Estuve a punto de elegir el de Tarzán, pero no me tapaba lo suficiente lo que quería tapar. Finalmente, mis manos se detuvieron en un disfráz que me gustó, e hizo que exclamase:

Dios bendiga América.

No contaré como me lo puse, fue algo dificil embutirme en aquel disfraz. Y digo embutirme porque era también algo pegado. Salí del cuarto y me dirigí al ring. ¿Disfrazado de que? Disfrazado de Capitán América. Yeah, bitches, justice is here. Personalmente me encantaba aquel tipo. El disfraz me venía como un guante de latex. Me notaba incluso mas musculoso, Jean estaba fuerte, pero yo lo estaba mas, ¿Por que nos ibamos a mentir? Pero lo único que quedó mal fue la parte del paquete, si, parecía un traje hecho a medida porque esa parte me quedaba pequeña, demasiado, tanto que tuve que ajustar mi señorito de determinada e incómoda manera para que fuese mas creíble el disfraz y pareciese que llevaba un arma de fuego, lo cual era ilegal en nuestra pelea.

¿Es un Power Ranger? ¿Es una salchicha azul? ¿Quien demonios es? El es EL heroe. Oh, el público enloquece, nuestro heroe ha vuelto. La Endiablada Bastarda debe estar temblando.-Añadí mientras saltaba, haciendo el indio por la sala y haciendo poses de culturista, remarcando mis músculos, como un luchador de lucha libre. La situación empezaba a ponerse rara, pero a la mierda, con aquel traje que me dejaba solo los ojos y la boca al descubierto no podía otra cosa mas que divertirme, enloqueciendo como siempre-¿Y de que manera piensas quitarte ese disfraz? Porque es obvio que no me vas a ganar aun a puertas de la victoria.

Aquello último lo dije con tono de Shen, y cuando yo hablaba sin usar aquellas tontas vocecillas hablaba en serio. Cual serpiente me deslicé rapidamente hacia ella, me parecío visualizar un movimiento no amistoso por su parte, lo que me invitó a ladearme hacia un lado, fugaz y a la misma vez potente para embestirla por un lateral con mi hombro, sin galantería alguna. Agarré la mano que mas cerca tenía para llevarla a la espalda de la diablesa y ponerme tras ella, le podía romper el brazo perfectamente, y otra cosa mas que ella tenía por ahí detrás, remarcada con aquel traje. Pero la rechacé empujandola hacia delante. Mientras lo veía irse, no me refería al brazo que pude haber roto, sino a aquel trasero que se debía someter a aquel compacto traje.

Dos a uno, y estoy siendo demasiado blando. Ataca. El primero que toque el suelo pierde, vale dos puntos (?)

Dije poniéndome en pose de combate, llevándome el pulgar a la nariz para pasarmelo dos veces, a lo Bruce Lee. Flexioné un poco las rodillas incluyendo aquel ademán provocativo de: 'Come here, madafocka'. Mis verdes ojos destellearon. Iba a disfrutar de aquello. Y lo mejor era... que toda aquella peleita no era mas que un pretexto, una bonita manera de calentar, y yo me preguntaba ¿Como demonios habíamos empezado a jugar? Pero aquella pregunta no era la que quería que me respondiesen no, era el como ibamos a terminar. Sinceramente, hubiese preferido luchar a bocados contra Lucita.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Nov 10, 2013 11:52 pm

Shen, Shen, Shen... cómo me hubiera gustado grabar a fuego esa expresión que traía el chino al levantarse. Era el gallo del corral, y por la mañana el gallo hace "kikirikiiiiiiii" para anunciar el comienzo del día, bueno, pues a Shen de repente se le había levantado la cresta de gallo, junto con el resto del cuerpo, y su expresión clamaba más que un "kikiriki" (?), su expresión anunciaba algo más que el comienzo del día, anunciaba la batalla, los cañones se levantaban, las bombas preparadas, las minas en espera a punta de estallar, cuidado señores, porque el chino... venía con todo. Bueno, dadle un poco de tiempo para que espabile más, pues nada más levantar del sofá se había tropezado y me había adjudicado... otra victoria.

Maldito y desgraciado Shen, no había cosa que me molestara más que trataran de pasarse de listos conmigo, y Shen me estaba provocando con chulería al adjudicarme otro tanto más, porque eso solo quería que decir que se quería poner al límite para demostrarme que él podía salir de la victoria incluso en la peor de las desventajas. Fruncí el ceño, se iba a acordar de esta, me iba a poner en modo Don Ramón con el Chavo del Ocho, iba a hacerle llorar mariconamente, por mis santos ovarios (?). Para acrecentar más mi molestia, Don Shen pidió tiempo muerto, yo no concedía tiempo muerto a nadie, bueno, muertos puede que sí, pero tiempo no (?). Se internó en la habitación de los disfraces, como si fuéramos la típica pareja que va a salir a cenar, y segundos antes de partir la mujer hace esperar al hombre otra media hora porque se tiene que retocar el maquillaje, adivinad dónde está la mujer... En fin, chasqueé el látigo para señalar que no quería esperar ni un minuto más, y como por arte de magia el chino salió.

¿Que yo estaba enfadada?. Ah sí, bueno, eso es cosa del pasado. El maldito chino se había disfrazado del capitán América, el brazo de la ley, ley no sé, pero el condenado brazo quedaba bien expuesto en su entrepierna, si había tratado de disimularlo, mis hormonas podía jurar y perjurar que ya habían calculado los centímetros de placer que medía aquello, y mi mente comenzó a pensar cosas sucias, MUY sucias. Y el chino se emocionó y empezó a saltar, hala, venga, arriba abajo, al centro y padentr... espera, estaba saltando y haciendo el imbécil, no procreando, mi mente era ya un basurero que transformaba en suciedad cualquier imagen visual que me viniera del chino. Maldito brazo del mal, eso es trampa. Parecía que de repente se había puesto serio, ¿debería de tomarme yo también un break?. Me retó de nuevo, desgraciado, efectivamente mis sospechas se hicieron patentes, se estaba asegurando la victoria pese a que le llevaba una grandiosa ventaja.

¿Qué ladras? — carcajeé — Yo estoy pensando en ver cuán afiladas están mis uñas para desgarrarte ese trozo de tela que llevas encima, tss.

Y lo dije con un aire de chulita, un aire de chulita prepotente e insoportable, porque sí, me había agarrado mi propia rabieta, pero más rabia me daba haberla sustituído con tanta facilidad por la lujuria cuando le vi enfundado en aquel traje. Me cago en... joder, los piercings de sus pezones también se remarcaban. Poco más y se le graban los poros de la piel, pero qué puto gustazo visual, comenzaba a pensar que este tío me estaba causando alguna serie de enfermedad fetichista, así, bien hardcore. Porque ver una masa azul y roja tan bien formada... es decir, mira que yo no me fijo en los culos de los tíos, pero le hubiera dibujado una sonrisa al culo de Shen para sacarle una foto y verla todas las mañanas para afrontar con buen ánimo el día, sí, me pondría feliz tener una foto de su culo, así de enferma mental estaba ya a estas alturas.

En fin, que la rencilla debía de seguir desarrollándose, ya era hora de dejar atrás, por un segundo, a mis feromonas. Pero no, ahora el chino se había puesto serio, ahora el chino se ponía en acción, y me daba que al chino se le daba bien lo suyo, hacer maniobras de artes marciales a lo Bruce Lee para salirse con la suya. Se movió con agilidad, adelantando sus pasos como si estuviera bailando, iba a propinarle un latigazo, bueno, si es que este chisme era un látigo de verdad, pero él fue más hábil y esquivó mis intenciones realizando un leve giro y aprovechando el impulso para insertarme un empujón con su hombro. Perdí el equilibrio y la concentración, mal hecho Lucita. Agarró uno de mis brazos al instante y me inmovilizó desde detrás. Joder, podía sentir el brazo único pegado a mi culo, poco más y se lo pongo para que me diera la gran coz (?). Notaba cierta presión en el brazo, como si le gustara tener el poder, saber que yo era igual de humana que él y que podía destrozarme si se lo proponía, pero se limitó a empujarme, y yo me dejé llevar por el golpe aún extasiada por el contacto de su cuerpo. Ea, ya me había hecho a la parrilla, mi carne estaba al punto.

Y se aventuró de nuevo a retarme, a decidir el uno por el todo en el siguiente round. Quien caiga al suelo antes, en definitiva, pierde. Mírale qué listo, se aprovechaba de mi orgullo, del mismo orgullo que tenía él, para sacarle partido a la situación, porque seamos claros, seguía llevando la ventaja.

El primero que caiga al suelo gana entonces, y no me seas blando, que a mí me va más eso de partir en dos los ladrillos con la mano, you know, digo, cortar gelatina no es nada entretenido, chino.

Ah, Shen, qué malvado eres, cómo te aprovechas de mi orgullo y me tiendes trampas más que obvias que no puedo rechazar. La adrenalina se acumulaba de nuevo en mis venas, ahora estaba más que excitada, estaba con los pensamientos volatilizados alrededor de aquel cuerpo al que le quería arrancar aquella piel azul a tiras. Sus ojos verdes centellearon a través de la máscara, ¿cómo una persona podía ser tan insultantemente atractiva?. Shen era el único que me hacía odiarle y desearle con las mismas ganas creándome un colapso mental. Se flexionó, completamente metido en el papel, y me dio la señal de comienzo "Ven aquí, desgraciada, que te voy a dar pal pelo". Yo sí que te iba a dar pal pelo, cabronazo, vas a salir calvo. Te voy a dar un zas, en el bang, y después un zasca con un kaboom, y vas a llorar, vas a pedirle a mamá que te proteja de la ira de la bestia, además qué jardín secreto, soy un diablo, los diablos son inmortales (?).

Observé el campo de juego, veamos... una cómoda al lado de la puerta, el sofá enfrente, un jaguar disecado al lado del sofá... Jean y sus gustos raros. Listo, reconocimiento del campo finalizado, estrategia preparada. Avancé hasta su posición de unos cuantos pasos, él me recibió con no muy buenas intenciones, pero ahí estaba mi instinto para agacharme y esquivar lo que quiera que fuera a hacer. Desde mi posición cercana al suelo me encontraba en el ángulo perfecto. Estaba al lado de la cómoda, él también. Abrí el último cajón que golpeó con fuerza en su pierna, ¡zasca! y Shen perdió el equilibrio, lo suficiente como para recuperar mi posición mientras él se apoyaba sobre el alto de la cómoda para no caer, procuré propinarle una patada barredora para finalizar con el asunto cuanto antes, pero no me di cuenta de que sin calzado no iba a surtir tanto efecto, digamos que en condiciones humanas, yo como mujer tenía menos fuerza que él, era obvio, así que el golpe sólo logró hacer que volviera a trastabillar, pero no a caer. Daba lo mismo, no sería tan fuerte, pero en cuanto a inteligencia era otra cosa. Me separé un poco, quedando a su lateral, agarré el látigo y de un movimiento le había agarrado la muñeca, era un movimiento sencillo, tirar con energía y dejar que su propia posición le hiciera caer al suelo.

No cayó, trastabilló por tercera vez, el cajón de la cómoda se fue a tomar por culo, y en su intento de no terminar de caer al suelo casi me lleva por delante. Ambos tropezamos y caímos en el sofá. Peligro, ahora era él quien llevaba la posición victoriosa. Ahora yo me aferraba a sus dos manos con las mías en un intenso pulso, si me dejaba ganar, Shen terminaría de utilizar su fuerza para llevarme al suelo como si de un cigarrillo recién terminado me tratase.

¿Tantas ganas tienes de ganar, Shen? — le pregunté con la voz forzada por el esfuerzo, no evité su mirada, su mirada me emocionaba aún más, porque me encantaba sentir la fiereza con la que se proponía ganar aquella batalla. Si hubiera sido más débil, me hubiera rendido ante aquellos ojos. Por suerte mi sentido de la competitividad era demasiado fuerte como para ponerme a pensar en cursilerías, definitivamente me iba a ganar el pulso Shen. Se estaba acercando tanto a mi cuerpo que pensaba que en cualquier momento saltaría sobre sus labios y volvería a beber insaciable de aquel elixir de la vida, ah, maldito, cómo es posible que incluso cuando estoy furiosa tu atractivo y sensualidad le gane la partida a mi ira. No dejé que el pulso finalizara, aproveché mi gran flexibilidad para interceptar el contacto de nuestros cuerpos con mis piernas y lograr empujarle con unos músculos más potentes que los de los brazos. Con la suela de mis pies en su estómago empujé hasta que logré lanzar al chino un par de metros atrás, casi se estampa de nuevo contra la cómoda.

Y bien... ¿cuándo te pones duro, decías? — y esta vez me refería al ámbito de pelea, en el sexual daba buena cuenta de cuán duro estaba. Relamí la punta de mi látigo con la lengua, de repente le deseaba más y más, si por mí fuera, le hubiera atado enterito con mi arma y hubiera comenzado otro tipo de lucha, y el primero en morir hubiera sido su brazo, el gran brazo. Pero el combate seguía a flor de piel, y yo debía demostrarle la grandeza de mis artimañas, así como él se proponía exhibirme sus dotes más salvajes.

Sí Shen, en este próximo movimiento nos lo jugamos todo. Lancé mi látigo a un lado y me saqué las tabas de ambas manos. Último movimiento, y un solo ganador... para qué mentirnos, después de aquella pelea los dos íbamos a salir ganando.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Mar Nov 12, 2013 9:11 pm

Ni de lejos era un ridiculo, algo era ridiculo cuando te avergonzabas de ello ¿No? Pues yo andaba bien orgulloso de lucir aquella nueva piel azul, con aquella enorme estrella estampada en mi pecho. Pero realmente casi veo el logo de mi pecho, osea, las estrellas cuando ella quiso adelantarse y pasarse de lista. Pude haberlo esquivado, es más, se veía venir, pero algo hizo que mi cuerpo se quedase en el mismo sitio. Sin moverme, algo de lo que me arrepentí, pues me llevé un cajonazo en toda la pierna. Aquello hizo que intentase buscar un punto de apoyo, el mas cercano, la cómoda, ella se lanzó intentando derribarme con la característica patada que yo había usado yo antes en la calle, pero carecía de la potencia suficiente para poder lanzarme al suelo y perder la batalla. Sin duda, acababa de perder la oportunidad, la única que se le había presentado de haber puesto tierra de por medio en aquel duelo. Obviamente aquel latigazo que se enrolló en mi muñeca dolió, pero solamente era un nuevo intento de hacerme perder el equilibrio, lo logró un poco, pero no lo suficiente, hacía falta aquello y más. Pero si que logró moverme, con aquel movimiento enérgico, parecía que pretendía cazar un titán a base de fuerza bruta. ¿Que demonios me pasaba? Me sentía mucho mas blando, como lacio por culpa de aquella diablesa. ¡Trampa! Ella había hecho trampa, seguro que sus labios eran ponzoña que hacia que mi cuerpo no pudiese reaccionar en su contra. Si, debía ser aquello. Y por eso intenté dirigirme hacia ella cuando iba a perder el equilibrio, llevarmela por delante, como si fuese realmente un placaje mas que otra cosa. Ambos caímos en el sofa y empezó el forcejeo mas sexy que había tenido nunca, ¿Como se puede saber si un forcejeo es sexy? En función de con quien lo hagas, simple. Y Lucita estaba lo suficientemente buena como para hacer que mis fuerzas volviesen, su presencia, el latir de su corazón salvaje, casi que lo volví a sentir y aquello me hizo recuperar poco a poco mis fuerzas. A la mierda el duelo, me la iba a comer ahí mismo. Pero no, ella volvía a la carga y logró interponer sus piernas y enviarme de vuelta a la cómoda. Como no me quedaba paciencia no sabía donde me iba a apoyar esta vez, que excusa iba a poner.

Sus provocaciones, no las pude tachar de tales, aunque si que hicieron que aquel juego se me antojase mas. Sabía que si yo perdía Lucita iba a hacer que me quitase hasta la dignidad, ¿Pero y ella? Sabía lo que había en su cabeza, y era probable que se quedase vestida solo por joder al personal, para castigarme. Así que cuando vi aquel látigo alejarse de sus manos me relamí los labios, como si acabase de ganar. Alcé las manos mientras ladeaba el rostro como algo desconcertado y a la vez seguro de lo que decía:

¿Ahora que? ¿Quieres jugar limpio? Debería verte esa herida, lo mismo has perdido demasiada sangre

Dije con tono socarrón mientras acortaba distancias, con una guardia baja, confiado. ¿Quien acabaría rey de aquel absurdo juego? Me encantaba Lucita enfundada en aquel disfráz, se lo quería arrancar a mordiscos. Pero me encantaba aún más Lucita sin disfráz, y con disfráz me refiero a una Lucita sumisa y obediente, If you know what i mean. Pero aquella confianza casi hace que me llevase un testarazo en la cara por parte de Lucita, suerte que estaba hecho un Neo y pude esquivarlo al mas puro estilo Matrix. No estaba para tonterías, la chica quería ganar, como si le fuese la vida en ello. Sabía que aquello solo era un aviso. Pero gracias a aquel aviso pude llegar al macrobote de sirope de chocolate. Lo agarré como quien agarra un arma, y de seguro ella se habría reído como ¿Que haces Shen? Si, aquello contaba como arma. Quería impregnarla con aquel elixir, combinar aquel rojo diabólico que ahora lucía con aquel pesado tono marrón del chocolate, casi negro. Quería hacer de ella arte comestible, bueno, mas de lo que ya era. Y bueno, eso parecía que intentaba cuando lancé unos cuantos chorros en su dirección, a presión. Cuanto chocolate desperdiciado, ella se movía, casi como regañandome por hacer aquello, podía ver en su mirada aquel latente desafio, ella aún esperaba que me lanzase, ella estaba preparada y parecía predecir cualquier movimiento. O no... Aquel bote parecía tener mas fondo que el bolsillo de Doraemon, porque no se gastaba, eché un poco en mi boca para pillar un chute de sabor mientras caminaba hacia ella subiendo la guardia. Lancé un tonto puñetazo, pero firme y cerrado que la invitaba a que retrocediese, entonces encadenándolo con aquello me lancé como patinador ruso. Y digo patinador ruso porque el suelo estaba hecho una pista de patinaje, la mas dulce del mundo, destinada y solo hecha para terminar en un sitio. La agarré mientras ambos resbalamos sin control y restructuré el equilibrio para que ambos cayesemos en el sofá de nuevo. Mientras ella caía encima de mi sonreí ampliamente, como si acabase de ganar. Bueno, ganaba cuando Lucita estaba cerca, cuando su ominosa alma estaba pegada a mi cuerpo, cuando me alejaba de ella me sentía realmente un perdedor. Lo bueno de aquel sofá es que no estaba apoyado contra ninguna pared, ahí, bonito. ¿Pero sabes lo que tambien fue bonito? Mi manera de 'hacer trampa'. La abracé con fuerza, como si quisiese sacarle el alma por la boca, apretando con fuerza, como si fuese un chaleco de fuerza. Aquel contacto hizo que mis reservas de energía fuesen del 100% al 200%, 300%... su cuerpo alcalino, hacía que mil bombas de hidrógeno volviesen a explotar en mí. La aplasté contra mi vigorosamente, y pude regalarme el placer de besar sus labios picaramente, sin previo aviso, fue un segundo, quizá un poco más, pero fue lo suficiente como para darme alas, pero no esas alas de Red Bull, ni de lejos unas alas de ángel, unas alas que te lanzaban a la estratosfera casi sin darte cuenta. Ladee nuestros cuerpos hacia un lado, despues hacia otro y finalmente hacia el lado del respaldo del sofá, con la suficiente fuerza y el peso como para volcarlo, como para volcar aquel sofá y cien más si me volvían a dar Lucita como fuente de energía. El caso es que el sofá chocó con fuerza en el suelo, sacándonos fuera, a la vez, no se supo quien tocó antes el suelo, rodamos mientras me decía a mi mismo: ''A la mierda si Jean, sus gorilas y chita lo escuchan, a esta me la meriendo hoy'', pero casi que no me importaba el ruido del sofá, ya me empezaba a hacer vanas ideas de hacer a Lucita 'gritar' tanto que aquel insonorizado apartamento pareciese inutil.

Había terminado yo debajo, con aquel rodamiento de cuerpos que parecía sacado de una pelicula de Clint Eastwood. Pero aún estando debajo ambos conocíamos el resultado. Si ambos habíamos tocado el suelo a la vez eso quería decir que...

Bueno, creo que compartimos el mismo suelo y que ambos lo hemos tocado a la vez. Es un empate. O lo que viene siendo lo mismo, que he ganado yo.

Dije, casi replicando. Si ninguno de los dos había ganado entonces habíamos perdido ambos. Respiré profundamente mientras hacía un ademán imperativo, sabía que no había ganado, pero me comportaba como tal, para ver si colaba y eso... ¿Que sería lo siguiente? ¿Una ruleta rusa? Lucita sabía que ya no tenía paciencia, podía ponerme diez mil juegos y yo podía inventarme diez mil maneras de terminarlos rápido como hice con aquel. Quizá había sido divertido, algo excitante, y acojonante ver aquel látigo afilado que podía haber tocado mi querida piel. Aun con ella encima levanté mi torso poco a poco, apoyandome en mis brazos, los cuales echaba hacia atrás con fuerza, si hubiese poseído garras hubiera perforado el suelo, se notaba mi impaciencia, pero podía jugar sobre aquella cuerda de fonambulista aún estando ciego. Pero la culpa era ella, ella era la ráfaga cojonera que me podía hacer caer en la locura completa. Sin necesidad de palabras, como con sus ojos, los cuales me ví incitado a mirar de nuevo, ojos de cobra, hipnóticos, podían quitarle el trabajo a los míos si se lo propusiesen. No sé, pero experimentaba la avaricia cada vez que los observaba, y después de aquello, en mi mente se formaba un caos ordenado.

Y bueno, ¿Y ahora a que quieres jugar? Propongo que juguemos a médicos y pacientes, se me da bien poner inyecciones.

Le guiñé el ojo mientras soltaba un par de pequeñas risas por lo bajo. Aquello no quería decir que aquello se había vuelto amistoso, aún existía aquella tensión en el aire, de hecho , aquello se empezaba a hacer más pesado que un tanque en el párpado. Y yo ya estaba decidido, si Lucita no decidía acabar con aquello, o empezar con lo otro, yo lo iba a hacer. Fuera tonterías, cuando el macho entra la casa tiembla.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Miér Nov 13, 2013 11:26 pm

Me sentía como en el cuento de Hansel y Gretel. Era como si el malvado brujo Shen me estuviera cocinando poco a poco con chocolate para, una vez al punto, degustarme a su antojo. Por supuesto el instinto seguía siendo el emperador del reino, Shen había decidido armarse con el bote de sirope de chocolate y realizar una burlesca estratagema, llena de ingenio... y satisfacción personal, he de suponer. Deslizó el bote entre sus manos y comenzó a lanzarme chorros del espeso líquido, para ver si acertaba el muy cabrón, quería aliñarme, y yo era una ensalada muy rebelde. Pero el chino era el chino, y el chino confabulaba mejor que El Coyote y el gato Silvestre juntos, su estrategia se vio encumbrada con un resbalón, uno que nos llevó al sofá, se estaba cansando, lo sabía, y no pude evitar dedicarle una sonrisa aparentemente inocente pero llena de picardía. En sus labios aún quedaban rastros de chocolate, y a mi me daban ganas de arrebatárselos a mordiscos, era un calefactor humano, Shen para mí era una central eléctrica más potente que Iberdrola, le pagaría las tarifas que hicieran falta muy a gusto para que me diera más de su energía, de su aire rebelde y descontrolado, de su frenetismo. El chino, a cada movimiento que hacía, me ponía más en sintonía con mi yo pervertido, y se me estaba acabando el autocontrol. Y cuando estaba a punto de hacer estallar mi frenesí me abrazó, me abrazó tan fuerte que sentía que me transformaba en gelatina en sus brazos, maldito cuerpo, maldita sensualidad, maldita hombría que emanaba, podría haber seguido apretando hasta asfixiarme y yo hubiera soltado un escandaloso grito de placer, más aún cuando interceptó mis labios con los suyos en un beso fugaz pero ardiente, lleno de deseo y de malicia, lleno de soberbia y de maldad. Podía sentir la lava fundirse en nuestros cuerpos, pero aquel deleite poco duró, porque estando yo presa de la delicia de sus músculos tensos, él aprovechó para balancearme con rudeza en el sofá, de un lado a otro, y gracias a su fuerza logró desestabilizar el asiento compartido, que cayó sobre su respaldo. El coloso se me tiraba encima, aquel maldito Adonis de mirada sibilina se jactaba de sus dotes más perversas, pero yo lo disfrutaba, lo anhelaba más que un moribundo en un desierto anhela agua. Joder, él sabía que me estaba convirtiendo en una bestia, me estaba desatando, y le parecía divertido, sus palabras lo corroboraron cuando me dijo que el juego había terminado y después me guinó un ojo de manera infantil pero pícara.

Habíamos caído a la vez, se supone, era difícil saber quién de los dos había tocado suelo primero, ¿pero qué importaba?. Los dos habíamos perdido antes de iniciar la trifulca, antes de iniciar aquella excusa para poder regalarnos después a algo más placentero, y los dos queríamos que se acabaran las medias tintas. Sus ojos rasgados me sesgaban las entrañas, que bullían por salir a aquel encuentro desesperado con su cuerpo. Necesidad. Perversión. Placer, mucho placer.

¿Entonces la enfermera debería sanar al paciente? — pregunté con un sórdido y sensual tono de voz, relamiendo mis labios incandescentes — La enfermera ha caído encima del paciente, así que la enfermera hará... lo que le de la gana con el paciente — le susurré al acercarme como una serpiente hasta su cuello, deslizando mi lengua con desdén hasta el lóbulo de su oreja, agarré con fuerza aquella máscara y se la quité — ¡Oh, no me jodas, el capitán América es un chino! — bromeé, pero la mirada viciosa siguió presente en mis ojos.

Había llegado a mi estado de frenesí, mis muslos destapados se apegaron con fuerza a sus costados, como queriendo retenerle en mi telaraña. Quería más de shen, necesitaba más de Shen, tenía que pegarme el chute de mi vida para terminar viendo ponys voladores, o yo que sé qué mierda vería al probarle, de lo único que estaba segura es de que él sabría llevarme al séptimo cielo... o infierno, quién sabe. Le agarré de los hombros con rudeza, y le obligué a incorporarse de un brusco movimiento.

Levanta — le dije a la par que me erguía y tomaba el látigo que minutos antes había dejado caer junto con el bote de sirope. Él pareció no querer hacerme caso por mero divertimento, menudo diablo. Pero le agarré con una fuerza sobrecogedora y no le quedó otra opción que obedecer. Me contoneé con sinuosa elegancia al lado suyo, apoyando mis manos sobre su pecho y deslizándolas hasta su pelvis mientras intercalaba unos cuantos pasos para posicionarme a sus espaldas. Mis dedos se escabulleron hasta la cremallera de su espalda y la bajaron con rapidez, violentamente. Acto seguido los desplacé, sin despegarlos ni una sola vez de su cuerpo, por debajo de aquella ficticia piel azul y tiré con fuerza hasta que su torso hubo quedado al completo descubierto, era tal mi desesperación que terminé por rasgar las mangas para dejar sus brazos a la completa intemperie.

No dudé, no dudé porque me había abandonado por completo al instinto, me acerqué más a él y le rodeé con mis brazos, enterrando mis uñas en sus pectorales, mi látigo se dejó caer un poco y aproveché para deslizarlo alrededor de su cintura y retomar mi posición al frente de aquellos ojos que me electrocutaban en mi sentencia de muerte.

Ven, sígueme — susurré en un tono aparentemente dulce, pero lleno de maldad a la vez. Le incité a que anduviera dando un par de pasos hacia atrás, con sigilo, remarcando el movimiento de mis caderas, observándole desde abajo con una mirada ardiente. Le guié a lo largo de todo el salón en un baile íntimo y exótico, en un baile lleno de deseo. Entramos en la habitación, no, no en la de disfraces, el tiempo de recreo había terminado, entramos en el aula de exámenes, y el papel en blanco se dejaba caer en forma de cama de matrimonio. No le dejé hablar, posicioné mi dedo índice en sus labios y deshice el amarre del látigo. No podía esperar a nada más, ni siquiera tenía paciencia para aguantar uno de sus ingeniosos y sarcásticos comentarios. Era una leona en plena caza, y había atrapado a mi presa, y una vez la presa es atrapada, no queda otra cosa que hacer que comérsela entera.

Spoiler:
Le lancé de espaldas contra el mullido colchón, y rebotó brevemente. Me incliné sobre el mismo espacio, deslizándome como una víbora y agarré lo que le quedaba de traje para mandarlo a la mierda, lugar al que se debería de haber ido hace mucho tiempo. Repté sobre su cuerpo, desplazando mis rodillas entre sus piernas y dejando que mi vientre peleara con el suyo, estaba ardiendo, el sudor comenzaba a hacer acto de presencia a través de aquellos remarcados músculos, y yo me estaba volviendo loca. Le di un trago al sirope de chocolate, y me apoderé de aquella boca regalándole parte de la dulzura de chocolate que tenía en la mía. El beso comenzó desenfrenado, interné mi lengua con violencia en su boca, desplazando el chocolate a mi antojo, y la hice bailar sexualmente con la suya, pareciera que estaban peleando. Jugueteé con su labio inferior, lo mordisqueé, lo besé, lo volví a mordisquear, el aliento de aquel dios mezclado con el chocolate ma había llevado al limbo, poco me importaba qué ocurriera después, quería seguir bebiendo de aquel néctar que provocaba en mí una serie de jadeos intermitentes y llenos de placer. Me aparté con brusquedad, con los labios hinchados, y volví a esparcir el sirope en aquel musculoso torso, ni líneas rectas ni hostias, la carrera había llegado a un punto en el que pareciera que estuviéramos haciendo 20 loopings seguidos, me estaba mareando, me estaba mareando porque estaba descubriendo en un solo instante todo lo que me ponía Shen, y pese a que creía saber que me atraía bastante, la realidad es que el bastante se quedaba demasiado corto para lo que me estaba demostrando mi cuerpo en aquel momento. Volví a repasar con mi lengua aquel cuerpo embadurnado en chocolate y el desenfreno la llevó a juguetear desbocadamente con unos de sus pezones, el piercing que llevaba en él me puso aún más cachonda. Emití un suspiro de placery seguí bajando, con mis manos siguiendo el rastro que dejaban mis besos.

Aquel hombre era, en definitiva, la llama de una vida entera, así lo percibía en aquel momento. Arrastré mis manos hasta su pelvis, jugando en un terreno más que peligroso, lo sabía, pero el juego había tomado un camino que ya ninguno de los dos podría esquivar.

Estoy cansada de ser tu menina, "princesa" — le dije a la par que deslizaba mis manos bajo sus boxers y se los quitaba. La ropa estaba de más, hace mucho rato que sobraba, pero no me había atrevido a dejar que mi instinto se disparase por completo. Shen había sido quien me había terminado de provocar el desastre interno, y ahora pagaría las consecuencias.

No evité el contacto, mi mano parecía tener vida propia y desplazarse a voluntad, como si tuviera sus propios reflejos, unos mucho más adelantados a los míos. Agarré su miembro, tenía el joystick (?), el mando de la situación, y la estaba llevando a donde yo quería, no pude evitar desplazar mi ansia con mi lengua desde abajo hasta la cima de su sexo, quería más, pero debía administrarme las dosis de placer o sino sufriría una combustión espontánea con demasiada rapidez. Palpé con suavidad, y comencé a mover con mi mano de arriba a abajo, arriba, abajo... y no pude evitar soltar un gemido de placer al sentir cómo su cuerpo recibía un leve espasmo. Incluso yo temblé, sin embargo contuve un poco mi pasión y sin dejar de realizar aquel movimiento constante que iba acelerándose por momentos, volví a atacar su torso, aquel torso lleno de curvaturas perfectas que me estaban llevando al paraíso terrenal. Estaba completamente contaminada de Shen, mi respiración se agitaba al compás del movimiento de mi mano, mi lengua se desplazaba desvergonzada a lo largo de su extenso tronco, buscando su propio placer, queriéndole encontrar un suspiro que avivara más la llama.

Acabas de hacer estallar una bomba de relojería — volví a susurrar, acompañando mis palabras de un sonoro jadeo.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Jue Nov 14, 2013 6:54 pm

Me encantaba su manera de jugar, era como si sacase un siete en un dado de seis caras. ¿Que la enfermera hará lo que quiera con el paciente? Oh si por favor, ando super enfermo. Ella era mi enfermedad y a la misma vez mi cura, máldita sexy ironía llamada Lucita. Sentí su aliento acercándose de nuevo para añadir un comentario, el cual me hizo sonreir mientras me quitaba mi máscara. El heroe desenmascarado, ¿Que debía hacer? Si, habíamos perdido. Pero yo ya ondeaba bandera blanca, su aura imperativa empezaba a emanar por todos lados, casi pude predecir el hecho de que ella acabaría por delatar su impaciencia. Y aquello me reconfortó en cierto modo. Me mandó levantarme, ¿Que me levantque? Actué como si no supiese lo que decía, pero no pude hacer la gracia, se las ideó para dejarme erguido. ¿Y que fue lo siguiente? Si, probablemente aquella fue la vez que mas disfruté que alguien me desnudase, y no fue con la mirada. Felinamente se deslizó a mi espalda mientras sus zarpas, raspaban mi pecho, tomé aire y tragué saliva, iba a empezar lo que ambos queríamos. Lo que iba a pasar dos plantas mas abajo, pero ahora iba a pasar pero con un algo añadido, parecía tener mas magia. Y su magia desbloqueó el simple código de aquella piel, deslizó hacia abajo y de paso se cargó las mangas. Mi torso quedó nuevamente al aire, pero yo ya tenía otra piel nueva. Mis poros me producían un continuo hormigueo, por culpa de su cercanía, era como si hasta mi propia piel me delatase. Pasó a ser de Lucita, la cual con sus garras me hizo despertar de nuevo, estimulando de nuevo a la bestia. Volvió a posicionarse frente a mi, y mi mirada casi pudo perforarla, era como una violación mental. Por un momento pensé que iba a disparar rayos por los ojos a lo Mazinger Z, ella hacía que mi cuerpo reaccionase sin necesidad de pedirme permiso.

¿Que te siga? Me tienes amarrado como a un perro y aún así lo pides, para rematarlo, mala.

Respondí a su malicia en envoltorio de proposición dulce. Y entonces guíado, como una cobra hechizada bailé con la diablesa, fue el baile mas inconsciente que hice. Una marcha a la perdición mientras la seguía, rodeado por aquel látigo que parecía el material conductor de su maldad. Y en aquel tour en dirección a la perdición la guía nos llevó hasta el cuarto del que no quise decir nada, quizá porque en aquel momento me quedaba algo de razón y no quise darme cuenta de que tarde o temprano ibamos a acabar ahí. Maldita fuese ella, cuando quise añadir lo ultimo que diría consciente posicionó aquel dedo que casi muerdo frente a mis labios. Obedecí, callé y caí. Y caí, y caí... En aquel trayecto descendente a la cama me dejé a la mitad que mas me pesaba fuera, solo se quedó el instinto dentro de mi cuerpo. Mi cuerpo rebotó, mis parpados se abrieron, dejaron de estar rasgados por una fracción de segundo. Para ver como la diablesa, ahora transformada en animal se avalanzaba sobre mí. Bye bye.

Spoiler:
No se cortó, no quiso empezar lento, no quiso seguir el protocolo del depredador. Se deslizó casi como si la gravedad no tuviese efecto en ella, reptil. Mandó a tomar por culo mi traje, y yo parecí agradecerselo con la mirada, y con la sonrisa. Lucita se había vuelto loca antes que yo, pero yo la seguiría en cuestión de segundos, pero por lo menos había tenido la suficiente consciencia para disfrutar como ella caía antes que yo, como aquel titánico cuerpo se apoyaba contra el mío, para que mi sudor sirviese de lubricante. Los gigolos usaban aceites y purpurina, yo usaba mi sudor, con denominación de origen. Ahora que Lucita empezaba a empaparse de el y empezaba a disfrutar de como lo hacía quise voltear la situación y soltarme la melena yo también, el león quería rugir. Pero ella siguió testaruda e imperativa, dió un trago a nuestro jugo común y se lanzó violentamente sobre mi boca. Loca. La invadió, asaltándola, mi lengua despertó con la visita de la suya. Cerré los labios lentamente en aquel beso mientras reincorporaba mi lengua y hacía que ambas se enzarzasen en una pelea de serpientes. Sus besos seguían sabiendo a fuego fatuo, pero ahora tenían un regusto a algo nuevo. Y no pude evitar apasionarme mas; su boca, su cuerpo contra el mio y su completa participación, no faltaba nada. La besé con líbido, mis labios volvían a empezar a derretirse, su sabor de nuevo. Y su impaciencia, sus ansias de no saber por donde empezar a devorarme hicieron que se separase. Me consolé con la vista de su cuerpo, aún estaba disfrazada la muy tramposa, pero no podía negar que bajo aquel disfraz se escondía un sudoroso cuerpo. Y además de animal era gourmet, hizo de mi una obra de arte por unos segundos, para hacer una limpieza general de mi torso. Me mordí los labios mientras me llevaba las manos a la cabeza lentamente. Cuando tocó uno de mis sensibles pezones metálicos mi reacción fue el que agarrase mi pelo con fuerza, sabía que no podía contenerme, pero quería dejarla actuar, simplemente reprimí las ganas de agarrarla y eso se notó cuando jalé mis propios mechones con fuerza.

Y entonces se la jugó, decidió promocionarse a primera división. Tomar las riendas del asunto. Sentí que aquella pieza de ropa interior sobraba, y ella también, aunque para cuando quise darme cuenta ella me dejaba completamente desnudo, al contrario que ella. Respondí a su gesto y su comentario con una de mis peculiares miradas, amplificada mas de lo normal, no sabría expresar que quise decirle con aquella mirada. Y fue algo que esperé, quizá algo que imaginé pervertidamente horas antes. Ella tomó a mi soldadito, para que llamarlo así, ya estaba semi-erecto cuando ella hizo magia. Pero lo que no pude imaginar fue el hecho de que su eléctrica lengua fuese desde lo mas bajo hasta la copa. Mi reacción fue instantanea, no pude evitar soltar un gemido que intenté no soltar, no me gustaba gemir, pero aquello no lo pude evitar, arqueé la espalda hacia arriba mientras agarraba con violencia las sabanas y entrecerraba los ojos. Ella se había puesto a masajearlo, y el soldado estaba empezando... a bueno, ganar rango. Joder, aquello era placentero y lo demás parecía dar asco. Sus manos de hechicera tenían algo, algo que convertían su continuo movimiento en una sensación que invadía todo mi cuerpo. La manera en la que sudaba se acrecentó, ella volvió a devorar mi cuerpo, no quería dejar restos. Pero no se olvidó de lo que empezó a hacer, el movimiento de su mano hacia arriba y abajo hacía eso, mandarme al cielo y de vuelta al infierno seguidamente. Su boca sobre mi cuerpo y su mano en mi zona mas íntima... Seguramente me hubiese retorcido del placer solo de imaginarmelo, pero ahora que lo sentía en mis propias carnes solo podía quedarme paralizado, sintiendo a Lucita. Yo también quería participar, ser artífice de aquello, pero mi cuerpo pedía que estuviese quieto, que disfrutase, deleitarme. La única mano que logré mover fue directa a su rostro, el que se estaba comiendo todo. Levanté su barbilla lentamente intentando no gemir, aquel movimiento de su mano me provocaba espasmos y ya había hecho que el soldado subiese a capitán, general y comodoro. Era la primera vez que alguien estimulaba de aquella manera mi sexo, ¿La primera? Si, y no diré nada mas. Levanté mas su barbilla mientras colaba mi pulgar en su boca, obligándola a mirar mis ojos. Procurando no gemir recuperé mi afilada sonrisa mientras me mojaba los labios. Mirame a los ojos Lucita, mírame de nuevo y piérdete, desgraciada. Era como si me hubiese encariñado del antrax.

No sabía que existiesen las princesas bomba

Quizá salió algún jadeo involuntario mientras añadía aquello, pero pude captar su atención. Aún así, ella seguía bombeando la zona de abajo, como una autómata. El comodoro ascendió a mariscal y se estaba comentando el subirlo a vice-almirante, que demonios, se estaba poniendo caliente la cosa, ¡A almirante de cabeza!. Metí mi pulgar del todo en su boca sin darme cuenta, sentirla ahí abajo hacía que no pudiese controlarme, fue involuntario pero aún así no saqué mi dedo de su boca hasta que pude haberlo notado lleno, impregnado de su saliva. Y entonces me lo llevé hacia mi boca, fue un envío bastante placentero, dí el 5/5 en feedback. Metí mi pulgar en mi boca y me lo chupé, succionandolo, rico. Eché la cabeza hacia atras, dejándola caer, me rendía, que siguiese, aquello era jodidamente placentero, una sensación fullbody. Pero algo hizo que me exhaltase, abrí los ojos y esta vez si que gemí, mierda, un gemido por mi parte, que... natural sonó. Su mano mágica, sus dedos, los que rodeaban mi almirante producían un placer comparable a cualquier cosa. Y aquello fue lo que me preocupó, el almirante se saltó las reglas, dió un golpe de estado, y se proclamó emperador. ¿Que que significaba aquello? Aparte de que el soldadito había pasado a emperador a que me había puesto erecto del todo, empalmado joder. Totalmente empalmado. Procuraba que aquello no pasase nunca, porque cuando ocurría solía durar, y mucho, además de que se me formaba un bulto tremendo en los pantalones. Pero ahora no, ahora había libertad, no tenía nada que esconder, lo único que esperaba era que Lucita pudiese someterlo. Sin florituras, aquella paja me estaba destrozando y recomponiendo a la misma vez. Que se divirtiese, aquello me deleitaba, pero después me tocaría a mí, y quien muerde ultimo muerde mejor, ¿O no era así? Pero no morder, el ponerme el bozal se me estaba haciendo algo casi imposible, mis feromonas estaban disparadas por culpa de la diablesa y no tardaría mucho en desafiarla y someterla, aquello si que era... demonios, es que movía las manos tan bien que no podía siquiera pensar en destronarla. De momento me contendría, pero aquella contención duraría poco, estaba mas impaciente que un niño en la fábrica de Charlie por hacerla sentir a ella lo que me hacía sentir, no podía quedarme quieto, después de todo, lo nuestro era recíproco. Me limite a morderme los labios de tal manera que parecía que iba a desgastarmelos y disfrutar de la canción que sonaba de fondo, mezclada con algún que otro sexy jadeo.

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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Vie Nov 15, 2013 6:15 am

Spoiler:
¿Que cómo estaba en aquel momento? ¿Hace falta describirlo?. Porque si me pusiera a describir con todo lujo de detalles todo lo que se arremolinaba en mi cuerpo y en mi mente hubiera sacado el guión de película porno más grandioso de todos los tiempos. A Nacho Vidal se le hubieran encogido los huevos al leerlo. Mi mano se movía al son de mis incontrolables instintos, y mis instintos eran más caóticos que el chupinazo en San Fermines (?). Había comenzado a arder de pasión cuando trató de contener el primer gemido pero sus labios le traicionaron. Shen me había alzado el mentón casi por inercia, atravesando mi boca con su pulgar, y mi única reacción fue chuparlo con semejante lascivia que hasta yo me sorprendí de mis actos. Jugueteé con mi lengua, dejando que su dedo empapara mis papilas gustativas con sus huellas dactilares, sí, eso es, déjame pistas del crimen, del crimen que estoy cometiendo. Soy una psicópata de tu cuerpo, desgraciado. Aún no terminaba de ejercer el placer, ¿era placer para él o para mí?, y lo sacó con rapidez para degustar mi corrompida saliva en su boca, aquel simple gesto hizo que la zona de mi bajo vientre volviera a estallar. Volvían a antojárseme esos labios de diablo, volvía a querer caer en la perdición de aquellos ojos que me atravesaban como si fueran mil espinas, pero una vez le vi posando definitivamente su cabeza presa del placer, me dije a mi misma que tenía que llevarle al Nirvana. No podría definir con palabras exactas todo lo que se agolpaba en mi cuerpo al ver aquel cuello estirándose para abandonar su mente al placer más absoluto. Un ínfimo gesto de Shen eran mil explosiones en mi particular mundo de la Playboy, y yo me disponía a honrar aquella franquicia jugando más con mi principito. Dirigí mi vista hacia su miembro, abrí un poco más los ojos y decidí que debería bautizarle con el nombre de "Mandoble". La madre que le parió, que no sé de dónde habría salido, pero el chino se había pasado, literal, por el forro de los cojones a todos los estudios médicos que vaticinaban que los asiáticos la tenían pequeña. Me había llevado el premio gordo, y lo de gordo también lo podíamos dejar como una descripción literal. Volví a serpentear con agilidad hasta abajo, dejando que mis dedos se divirtieran con sus pezones, y lentamente los abandoné para arrastrar mi lengua a través de su vientre. Si hubiera podido, juro que me hubiera quedado embelesada con cada uno de los tensos músculos que visité en mi travesía, me hubiera quedado a admirar todos y cada uno de ellos cual turista japonés (?), ¿por qué Shen tenía que ser tan asombrosamente atractivo?. No había habido ni un solo detalle que no me atrajera desde que le vi por primera vez de lejos en aquella pelea. Mis dedos se adelantaban en el camino de mi lengua para volver a apoderarse de su miembro, de aquel... futuro trono que se había alzado imponente como él, yo tenía ganas de invadir su territorio. Volví a masajear, esta vez lentamente, y acerqué mi lengua hasta la punta, con cuidado, ensalivando la cima de los dioses, envenenándola a fin de cuentas. Había descubierto que lubricarle también me ponía, y mucho más cuando él no pudo evitar dejar escapar otro gemido. Música celestial, a la mierda las arpas, Shen podría ser el dios de la música si volvía a elevar sus instintos a través de sus cuerdas vocales.

Pero yo no me conformaba, quería volver a retomar el papel de mala de la película, afianzar el control de la situación y demostrarle mis habilidades seductoras. Y despegué mis labios con lentitud de su miembro para volver hacia aquel rostro que, nuevamente, me mataba de ansiedad. Volví a besarle por enésima vez, enterrando mis labios en esta ocasión con mayor parsimonía, elevándolos de vez en cuando para dirigirle hacia mi boca. Mi trampa nuevamente volvía a suspenderse en el aire, ni siquiera sabía cómo era capaz de idear un plan cuando tenía todos mis sentidos puestos en él, bueno sí, sí lo sabía, mi única meta en aquel momento era llevarle a la gloria. Le besé de nueva cuenta, incorporándome un poco una vez él se hubo erguido sobre sus manos mientras apretaba con furia el colchón, los volví a desenredar en un movimiento cauto y silencioso que se desvaneció rozando ligeramente la punta de su nariz, me apegué un poco más a él, dejando que su erección se colara bajo mi vestido, acercándolo a mi propio sexo que ardía en deseos de fusionarse con él, el roce dicen que hace el cariño, ¿no?, mi roce no pretendía tal atrocidad, mi roce simplemente quería encargarse de torturarlo en la senda del placer y el deseo. Porque no fui a más, nunca le dejaba las cosas fáciles, y él lo sabía. Le tomé del rostro con ambas manos para dejarle una estela de mordiscos, el primero de ellos fue a su labio inferior, dejándole una pequeña herida que hizo manar un hilo de sangre.

Me has provocado tanto, que me has convertido en una vampira, chico malo — le dije suavizando mi tono de voz en uno más erótico e intercalando una risita "inocente".

Dejé que mi mirada se perdiera por un instante en aquellos orbes hipnóticos, podría haberme perdido mil años en ellos y sería la mujer más feliz del mundo, sin embargo debía culminar mi obra de arte, mi performance. Me incliné, apegando mis apretados pechos sobre su torso, y volví a deslizarme sin dejar que el contacto se perdiera, a estas alturas mis pezones estaban como... escarpias, pero por suerte el cuero lo disimulaba un poco. Mi juego continuó, burlándose del autocontrol de Shen, y mi pronunciado escote aterrizo "equivocadamente" en su miembro viril. Me las ingenié para que su mandoble se escurriera entre ambos, queriendo esconderse en ellos, pero impidiéndoselo, y comencé el baile del apareamiento. Me movía como una leona en celo, deleitándome con aquel calor que parecía que se iba a extender por cada poro de mi piel, y jugando a besarle y no besarle cada vez que llegaba a una distancia próxima a su vientre. Quise observar sus facciones, aquella dura e implacable mirada que tanto me hacía suspirar, quería sentir cómo sus instintos se desvanecían poco a poco, pero ante todo, quería que él me viera a mí. A estas alturas debía de ser más ninfómana que la estrella porno más rica de la historia, pero me daba igual, porque ver a Shen mostrando aquella expresión no tenía precio. No pude evitar que una ligera sonrisa asomara a mis labios, podría decir que estaba llena de júbilo y de satisfacción, porque la treta había dado resultados, pero esa era solo la primera parte, ahora se venía lo gordo.

Voy a tener que hacer un Tetris en mi boca para meterme todo eso — le dije sonriendo con malicia, anunciándole su porvenir.

Y caí con lentitud, reposando mis labios en la cima de nuevo, presumiendo mi bandera de conquista frente a aquella majestuosa montaña. Enredé mi lengua en el glande, no, desde luego pequleño no era, volví a degustarlo y dejar mi marca con saliva, voví a apoderarme de su fuerza y su vigor, y quise ir más allá. Me incliné más, y más, y más, joder, ¿pero cuánto medía? ¿no tenía fin?. En resumen, deje que su mandoble me sesgara las entrañas, me lo metí en la boca todo lo que pude y comencé a ascender, y a bajar de nuevo, y ascender otra vez. Sentí que mi cuerpo se iba a evaporar al apresar su virilidad, no podía llegar a un grado de excitación más alto, ¿o sí?. Debería comprobarlo, chica curiosa yo. Me hice el cabello a un lado, dejando que mi cascada de fuego se posara sobre su muslo derecho y acompañara a aquel movimiento con una sensación de suavidad. Cada vez que llegaba a la cima le miraba a los ojos para corroborar que él seguía sumido en una placentera pesadilla. "Sí, Shen, quiero que me mires así, que sigas matándome con esa mirada hasta destruirme" quería decirle, pero obviamente, mis palabras no podían salir, de mi boca sólo salía ese movimiento leve y acompasado, débil, lento, mientras mi lengua seguía enroscándose con gracia alrededor de su miembro, jugando con todas y cada una de sus partes que alcanzaba. Me estaba pegando un festín. Volví a dejar que mi boca se liberara del mandoble, tuve que tomar aire, no me di cuenta de que estaba jadeando, tenía la vista nublada, pero eso no impidió que mis manos se posaran sobre las suyas con aparente ternura. Quería dejarle en la duda, ¿qué le pasa a esta tía? ¿ahora se va a poner en plan "chica dulce"?. No, no colaba, ambos conocíamos la naturaleza del otro, y eran lo suficientemente parecidas como para intercambiar siquiera un amable gesto que no escondiera una acción malintencionada. Besé su cuello y comencé a succionar hasta dejarle mi sello en forma de chupetón, quería dejar mis huellas por todo su cuerpo, "este león es mío".

Y cuando parecía que iba a besarle de nuevo, mis manos alzaron las suyas violentamente haciéndole perder el equilibrio y caer con rapidez de nuevo en el colchón. Ni hubo rebotado la primera vez cuando ya tenía su miembro metido en mi boca hasta el fondo. Basta de tonterías, las suaves caricias habían pasado a un segundo plano, sin siquiera dejarle reponerse del inesperado movimiento mi boca estaba bailando a través de su pene con frenesí, yendo de arriba a abajo y de abajo a arriba sin darle tregua. Revolví mi lengua nuevamente, sentí en mis papilas que sus venas se hinchaban, que la sangre acumulada bullía cada vez con más fuerza, dejé que un gemido se ahogara en aquella pelea a marchas forzadas, quería provocarle un orgasmo e inundarme yo misma en su propio placer para terminar de destapar mis instintos más primitivos. No cejé en mi empeño, arrastré mis manos en su pelvis, acariciando aleatoriamente cada célula de aquella piel de dios que podía alcanzar, y seguí bailando con mis labios, aumenté la velocidad e intensifiqué el movimiento realizando leves cabeceos que movían circularmente su miembro. Estaba completamente desbocada, lo quería todo de él, quería chuparle el alma si hacía falta, pues él era el culpable de todos mis pecados, él y su sensual forma de hablar, de mirar, de burlarse, de gemir, de retorcerse...

Nunca había experimentado una sensación de tal calibre, sentía que Shen me había llevado al abismo.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Vie Nov 15, 2013 7:37 pm

Spoiler:
Mis pezones eran mis pezones, y como yo eran rebeldes, no les gustaba que los tocasen, coronados por aquellos piercings intentaban imitar la rudeza de sus amos, pero cuando los tocaban se ponían sensibles. Y mucho. Eran una zona muy erógena, por así decirlo, eran como dos botones especiales, y ella sabía como pulsarlos, como tocarlos. Podía hacer de dos zonas tan pequeñas una sensación que sacudía todo mi cuerpo, ¿Magia? No, llamemoslo Lucitismo. Por un momento cerré los ojos, la sentí bajar de nuevo por mi torso, el cual no podía evitar ponerse mas tenso, marcado, mi zona abdominal estaba a punto de explotar cuando ella pasó con su venenosa lengua por encima. Pero sus manos eran menos ligeras que su lengua y bueno, el emperador se sintió regocijado al saber que volvía a tener visita. De nuevo el tacto de su piel sobre mi sexo, ahora con el extra de su boca, su preciosa boca sobre mi sexo. Entreabrí la mirada para observarla, podía jugrar que le gustaba. Y si a ella le gustaba a mi me encantaba. Apreté con tanta fuerza mis dedos que parecía que iba a derretirlos contra las palmas de mis manos. Suspiré para mis adentros, ¿acaso me estaban dominando? ¿o me estaba dejando dominar? Odiaba a Lucita, la odiaba por hacer que la desease de aquella manera. Ambos sabíamos que estaba siendo muy buena, aún no había comenzado con su rol de diablesa, y lo hizo. Cortó el contacto con mi sexo, rompiendo aquel sello para acercarse de nuevo a mi rostro. ¿Alguna vez has visto un par de asteroides dirigirse lentamente hacia ti? Aquellos eran los ojos de Lucita, dos asteroides de tono verdoso, salvaje, de la jungla. Y cuando estuvieron lo suficientemente cerca entonces ocurrió el beso, el anhelado beso, de nuevo, era como la marea, pero una marea furiosa. Ella me besaba cuando quería, cuando le daba la gana, dejandome con ganas de aquel sabor. Iba y venía y yo estaba empezando a hartarme, quizá era aquellas ganas de comer lo que me hicieron empezar a pensar en sublevarme. Pero ella seguía tendiendo aquellas trampas mortales, cada vez que lograba besarla un poco ella se alejaba un poco hacia atras, y como un pajaro que perseguía las migas inconscientemente la seguía, haciendo que sin darme cuenta, mi torso se levantase apoyandose sobre mis brazos. El roce fue inminente, inconscientemente rocé su X con mi X. Casi parecía que el emperador volvía a crecer, que deseaba ponerse mas grande para hacer mas latente aquel roce. ¿pero que fue aquello que sentí aparte de aquella zona caliente, la zona de guerra? ¿su ropa interior? Ro-pa in-te-ri-or y encima ella aún llevaba aquel máldito sexy disfraz, había cavado su tumba al hacerme estavilar de aquella manera. Si ella hubiese querido lo hubiese echo, que X y X se encontrasen, pero quería castigarme, hacerme sufrir, pero ella no había considerado que yo disfrutaba aquella tortura, que para mi aquel roce era como el avistar un oasis en el desierto. Pero ahora que ya lo había visto no iba a quedarme quieto, no. Tomaría cartas en el asunto y torturaría tambien a la buenorra de Lucita. Quizá no estaba valorandola lo suficiente, debía ponerla por las nubes, tenía frente a mi una hica 10, una chica con cuerpo titánico, de rostro hermoso e interior salvaje y ominoso. Pero como podía olvidarme de las fauces de la bestia, de como empezó aquella cadena de mordiscos, y no mordía precisamente flojo. Aquello quedó reflejado en el hilo de sangre que sentí salir de mi labio inferior, no quise lamerlo, aún no, quería que se volviese un río, era como el vino de mi cosecha personal, solo lo sacaba para ocasiones especiales y dejaría que tanto la vampiresa como yo lo disfrutasemos.

Boom, cada vez que abría la boca parecía sacudirme. Su voz parecía pertenecer al diablo, a la mierda, me excitaba escuchara a Lucita y sus comentarios, entraba por mis orejas y salía por todos mis poros como sudor. Y se aprovechó de mi lubricado cuerpo para bajar con sus majestuosos pechos de nuevo ¿Cuantas veces se había subido al tobogán? Por mi podía subirse todas las veces que quisiese, tenía pase VIP la muy perra. Y otro comentario de los suyos... otro... ¡Wait a moment! ¿Que se lo iba a meter en la boca? Aquello me incitó a observarla con mas interés, observar sus labios, su boca. Como se sellaban alrededor de mi pene, y cuando pensé que solo jugaría con el un poco, como hizo antes se la jugó, fue a por todo. Sentí su boca avanzar poco a poco, meterselo lentamente, ¿Quería atragantarse o que? Pero no la iba a parar, no estaba loco, bueno si, un poquito (?). Y volvió a subir, y a bajar, y a subir, podía sentir su paladar en mi sexo y aquello era muy, pero que muy placentero, a la mierda el chocolate. Solté un gemido y esta vez no intenté camuflarlo, a la mierda, ella sabía lo que hacía y lo que ello supondría, me provocaba aún mas. Mi mirada volvió a dirigirse hacia ella como la lanza de Odín, perforante y directa, casi fruncí el ceño mientras la mataba con la mirada, era el instinto el que ahora controlaba la manera en la que la miraba, pero parecía descodificar su mirada, parecía pedir mas, ¿Mas de que? Si era ella la que lo estaba dando todo, ¿O quizá no? ¿Era mi mirada y mi actitud pasiva algo que le gustaba? Ah, le gustaba el control, al igual que mi. Cuando se echó la melena para un lado, con aquel gesto que pretendía dar una sensación de chica remilgada esbocé una sonrisa casi riendo mientras comprobaba que mis piernas no se quemaban con esta. Me estaba matando, y no había juego mas cruel que ese. Tomó mis manos, y las tomó. Era la primera vez que tocaba las manos de Lucita, quise lanzarlas lejos, rechazarlas, no me gustaba aquel 'dulce' gesto el cual era mas oscuro que la noche mas pura, pero también quería agarrar sus manos, y hacer que hasta nuestros dedos se enzarzasen en una disputa. Cuando pensé que iba a darme una oportunidad avistó mi cuello, ¿Era aquello una venganza? ¿Quería devolvermela? Lo logró, logró hacerme jadear con la boca entreabierta cuando saboreaba mi cuello, ya empezaba a tener saliva de Lucita por todo el cuerpo, era sin duda, del perfume del que me encantaría impregnarme todas las mañanas. Pero al igual que con mis pezones, con mi cuello tenía un problema, y ella lo sintió cuando encogí mi barbilla hacia dentro.

Salvaje, eso es lo que era. Me hizo caer de nuevo al colchón, aunque su boca se había separado ya de mi cuello aún podía sentir el cosquilleo. Cerré los ojos mientras separaba las manos, ¿tan pronto? Pero se justificó cuando volvió a por el emperador. Joder, ya estaba hasta los huevos, o mejor, hasta el pene. Me había calentado, Lucita, me quería comer todas las letras de su nombre. Su boca succionando mi sexo, su sucia boca succionando mi sucio sexo. Todo aquello era sucio, nuestros pensamientos, la manera en la que nos movíamos, la manera en la que pensabamos, lo que pensabamos hacer, lo que estabamos por hacer y lo que hacía. Se sentía muy bien la boca de Lucita, mi placer iba aumentando por segundos, no, por milésimas de segundo. Me retorcí, arqueando de nuevo la espalda mientras intentaba asesinarla con la mirada, no sabía decir ya que quería transmitirle con mi mirada, yo ya no me conocía. Yo ya... me dejaba en brazos del instinto. Iba a añadir algo, pero noté que yo jadeaba por culpa de ellay aquello hacía un poco dificil pronunciar uno de mis afilados comentarios con precisión, sin que se entrecortasen. Todo el calor que había dentro mi cuerpo, el de las mil bombas nucleares que explotaban con cada succión de Lucita, todo aquel calor se aglutinó en mis brazos. Los cuales fueron directos a su cabeza, posandose sobre esta mientras cabezeaba sensualmente con cada uno de sus movimientos. Apreté con fuerza hacia abajo, obligándola a tragar mas, ¿Que se esperaba? ¿Una completa sumisión por mi parte? Pero no fue una orden tímida, la obligué literalmente cuando presioné con fuerza y la dejé subir un poco para volver a hacer lo mismo. Monitoreando aquello sentía mucho mas placer, ahora si que era mas divertido. Seguro que para ella también, ''Te gusta tu propia medicina''. Empezaba a verlo ya en el horizonte, se veía venir, o se me venía venir... Pero no, aún no, aunque aun nos quedaba mucho tiempo por delante aún no quería que el emperador diese uno de sus discursos en la boca de Lucita, aquello me hubiese encantado, hacer que se tragase todo, desde la primera hasta la ultima gota del discurso. Pero no, me eché hacia arriba un poco, otra vez, ayudándome de mis brazos para sentarme y estabilizarme. Cogí el rostro de Lucita y lo aparté con una suave brusquedad y hacer que me mirase. Sus labios andaban mojados, muy mojados, y aquello me parecía sexy y no se podía discutir que también apetitosos. La obligué a posicionar aquel cuerpo asesino de nuevo contra el mío, haciendo que sus pechos, sus pezones bajo aquel inutil disfraz que ya odiaba rozasen los mios metálicos. El beso no fue un beso, jardín secreto, eso era un morreo, nada de aire intercalado, nada de pausas. Se me había amontonado algo de sangre en mi boca, aquel sabor a hierro frío había invadido mi paladar y yo quería compartirlo e intercambiarlo. El piercing de mi lengua, ahora teñido de rojo fue el primero en asaltar la boca de Lucita, mis labios sellaron aquella incursión. Quería que probase aquel sabor y hum, beber mas del suyo, que mezclasemos mas en aquel caldero que se formaba cuando ambas bocas chocaban. Mis manos posicionadas en su nuca la obligaban a no separarse para coger aire, era un baile bastante placentero el de nuestras lenguas. Ladée el rostro para que el asalto fuese mas profundo, y así lo fue, se nos escaparon unos gemidos que se ahogaron en nuestras propias bocas, delicioso, delicioso y excitante. Aquello me estimuló tanto, lo disfruté tanto que mis manos decidieron jugar por si mismas a bajar por la espalda de Lucita, para sujetarla y bueno... virar como un buen capitán. Me separé de sus labios sin cerrar mi boca, mi lengua se quedó asomando lo que provocó que algo de saliva escapase mientras la situación cambiaba, haciendo que Lucita quedase ahora tumbada en aquella cama. Bueno, ella también tenía que probarla ¿No? Era bastante... cómoda. Como la posición de ahora, mis manos agarraron las suyas, apretándolas contra la cama fuertemente, por si se le ocurría contestar. Lamí la saliva que se había derramado en su barbilla, con toda la lascividad que me permití, mi mirada se iba perdiendo poco a poco mientras bajaba por su cuello con la punta de mi lengua. Me dí el lujo de ir mas lento cuando llegué a su canalillo, entre sus pechos, entre aquel estrecho pasó mi exploradora lengua ardiente que se detuvo cuando tocó una cremallera. Sabía mal, lo suficiente mal como para morder la cremallera. La mordí con odio y a la misma vez juguetonamente mientras bajaba mi rostro lentamente por su torso, sí, a la mierda aquel vestido. Acabé por quitarselo con las manos, soltando sus brazos, ella sabía que me podía poner mas brusco si intentaba negarme lo que por derecho era mío. Pero antes de pararme a dialogar le quité aquel maldito y sexy vestido, aquel vestido que me comería si me lo pusiesen en un plato, el que Lucita se había puesto y había bañado con su sudor. Sudor que valía mas que cualquier diamante. Y para joya su cuerpo, ahora estaba completamente desnudo, menos aquella pieza de ropa interior, no me molestaba. Aunque aquel cuerpo había estado embutido en el disfraz que no dejaba nada a la imaginación se veía mejor así, desnudo. Ahora podía ver su buen par. Su pecho tenía una muy buena pinta, demasiada. Lo recorrí todo, desde sus hombros hasta sus pies. Todas aquellas partes hacían que me excitase mas, era como descubrir el infierno. Pero no me pararía a describir cada parte con precisión, era imposible junto con las emociones que desencadenaba. Me incliné hacia ella totalmente, obligandola a estar tumbada. Me encantaba aquello, se ponía cada vez mejor. Mientras mi rostro subía por su cuerpo, como ella había hecho tantas veces me detuve para dar un ligero beso a su ombligo y succionar, como buscando en aquella pequeña cuenca mas sudor.

Mi rodillas, como punto de apoyo junto con mi brazo izquierdo. ¿Y que pasaba con el izquierdo? ¿Que que pasaba? Preguntenle a ella. Me incliné totalmente mientras masajeaba la parte interior de sus muslos, movía mis dedos como un marionetista, recorría ambos muslos por dentro como dando pinceladas. Y mientras me entretenía masajeando aquel lugar tenía que devolverle algo, si aquello era recíproco la venganza era algo que no podía faltar. Sus pechos se hacían cada vez mas grandes, joder, no mas, ya lo eran demasiado. Pero la perspectiva hacia que aquel buen par se hiciese mayor, y mejor por momentos, si, mi rostro se acercaba hacia ellos. Casi enterrando mi rostro entre ellos y respirando de una manera agitada, como quien se contiene ante una provocación. Dejé mi boca entre el pequeño espacio que había entre sus dos... como se llamen, eran gigantescas.

¿Que te crees? ¿Que el chico que sacude la ciudad como un barbaro se quedase quieto y callado ante tanta provocación?

Quise añadir algo mas, pero entre aquellos pechos donde enterré finalmente mi rostro se dibujó una sonrisa malévola. La mano que masajeaba la parte mas intima de sus muslos, que jugaba frente a las puertas del infierno, si, esa mano fue directa a su ropa interior. Y mi pulgar, aquel que me había tragado anteriormente, el pulgar mas sucio de la sala se puso encima de aquella fina capa de tejido para apretar poco a poco. Pidió el relevo el indice y empecé a dar pinceladas lentamente, presionando solo un poco tocando su sexo. Levanté poco a poco mi rostro mientras mas dedos se iban uniendo al juego para finalmente, casi sin querer apartar a un lado aquel humedo trozo de tela y hacer que mi dedo corazón se asomase un poco hacia dentro. Hasta la uña, entoncés paré para sacarlo un poco mientras lo seguía moviendo hacia arriba lentamente y hacerlo bajar. Y observé su rostro, mas satisfacción. Mas poder. Mas locura. Sonreí ampliamente mientras decía exhalando un pequeño jadeo.

¿Debí haber preguntado antes de haber entrado? Creo que ya nos conocemos lo suficiente para dejar cortesías a un lado.

Mis dedos volvieron a jugar en las puertas del infierno sin entrar, aun no se les había ordenado aquello, aunque curiosos rozaban con demasiado impetú aquello, angelitos, no podían soportar contenerse. Pero aún no. Mi rostro lo decía todo, yo aún quería probar mas, hacerle sentir lo mismo o incluso mas. Aún no quise pegar mi cuerpo completamente contra el suyo, ambos desnudos, era un placer que disfrutariamos mas tarde. Ahora era parcial, tan parcial como mi boca resbalando hacia su busto izquierdo. Mi piercing asomó, y lo primero que hizo fue hacer contacto con su pezón. Casi me sacudía la sensación, fue tan jodidamente deleitoso el sentir como poco a poco mis labios se cerraban sobre su busto, ampliandose algo mas para lamer discretamente. Hacer circulos alrededor de su pezón mientras mis labios parecían apresar parte de aquella enorme mama. Me permití el placer de morder solo un poco para seguir lamiendo su pecho. Separé mi boca un poco de su busto, con dificultad, pero lo hice. Y entonces solté un fuerte soplido encima de aquel lugar lleno de mi saliva, un soplido que le haría descubrir una nueva sensación, volví a lamer y a soplar de nuevo encima para inconscientemente darle un mordisquito a su pezón y succionarlo un poco, se me estaba antojando mas y mas. Pero no iba a dejar al otro tan tranquilo, cambié de busto y lo lamí viperinamente, repetidas veces, mientras coordinaba mis dedos, para que siguiesen frotando aquella parte bajo su ropa interior. Joder, describir aquello se hacía mas dificil por momentos, era como un paraiso en llamas. Ambos lo sentíamos, en común, como una conexión extrasensorial, la chica de rojo y piel deliciosa... quien diría que al final de aquella noche podíamos devorarnos sin límites. Y pensar el hecho de que aquello era real, y no mi imaginación me estimuló, tanto que me metí todo lo que pude de busto y succioné con fuerza, chupando como si buscase sacar algo. Estaba bueno, y se notaba cuando no dejaba de chuparlo, aspiradora sexual (?). Aparté mi boca un poco para poder mirarla fijamente mientras mi torso se alzaba contra el suyo, mis dedos aún seguían ahí, y nadie los iba a quitar. Saqué mi lengua cual perro mientras me alzaba imponente por encima y mi mirada caía perpendicular a ella, la vista a esos orbes hizo que jadease caninamente sin cerrar la boca, maldita hipnotizadora. Cerré la boca para tragar saliva. Mis dedos frotaron un poco mas fuerte la entrada a su sexo, bordeandolo sin timidez alguna. Aún era el principio, pero el hecho de que fuese Lucita me hacía sentir orgasmos internos solo con pequeños gestos, como su mirada. La desafié con la mirada mientras se acentuaba el movimiento ahí, en la zona prohibida y notaba una creciente humedad que avivaba mucho mas el fuego que había encendido en mi pecho. Ambos eramos los guías del otro en un cámino a la perdición, pero eso sí, era una senda jodidamente satisfactoria, y me encantaba ir cogido de la mano de Lucita en aquella senda, ¿Por que quien mejor que ella?

¿Y bien? ¿Algo que añadir antes de que el maldito apartemento se queme?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Dom Nov 17, 2013 9:32 pm

Spoiler:
Por un momento creí estar viviendo en una realidad ficticia, en una película muy bien montada que estaba engañando a todos y cada uno de mis sentidos. Tener el poder me estaba colocando demasiado, escuchar todos y cada uno de los gemidos que dispuso en aquella guerra me taladraba el alma y desmigajaba mi cordura, cuando su voz pasó de esgrimir escuetos y contenidos gemidos a liberar el placer carnal a través de su garganta pensé que la oda a mi libertad sonaba orgullosa imponiéndose ante un coro de trompetas. Dejé escapar una nueva sonrisa, porque mi instinto me decía que su mandoble estaba a punto, el gesto imperativo y desenfrenado de sus manos sobre mi nuca, pidiéndome más mientras exigía más fuerza en mis movimientos, me decía que estaba a punto de... A punto de nada, él fue listo, muy muy listo, y me arrebató la gloria de un solo movimiento. Me alzó el rostro, con rapidez pero cierta delicadeza, me observó fijamente con su mirada asesina, aquella que despertaba mi adrenalina, porque su mirada amenazaba, y en algún recóndito lugar de mi mente me daba pavor, y ese recóndito pavor era el que hacía que la emoción se disparase aún más por cada célula de mi cuerpo. Se las ingenió para colocarme junto a su cuerpo, mis pechos se aplastaron rotundos contra la firmeza de su torso, mis pezones hicieron contacto con los suyos, adornados mediante aquellos aros metálicos que me daban unas ganas tremendas de arrancar salvajemente a mordiscos. El vestido me molestaba, estaba transpirado a través del cuero, mi piel estaba ardiendo, tenía ganas de perderse entre los músculos de aquel retorcido ser. Y entonces se abalanzó sobre mis labios, mis húmedos y esponjosos labios, aquel beso no fue un beso tímido, la palabra timidez no entraba dentro del diccionario de Shen, aquel beso fue bestial, aquel puto beso hizo que viera las estrellas, casi creí que me estaban dando un puñetazo, porque mi cabeza estaba volando a un lugar atemporal. Aquel morreo dolía, dolía porque me encantaba. Sus finos labios habían arremetido, y el piercing de su lengua, bañado en sangre, se adelantó para invadir la mía que por un momento se vio dominada. Era un cabronazo, era un puto malabarista, jugaba con mi lengua de un lado a otro, desplazándola, atrayéndola nuevamente, y dejaba una estela de sabor agridulce, una estela de sangre. Otro ínfimo detalle que provocó que me revolviera involuntariamente, aprisionada de nuevo por un calor excesivo. Él ladeó el rostro para que la pieza de aquel puzzle encajara a la perfección y yo quise aferrarme posesivamente a su cuerpo, volver a tomar el control. Pero hablamos de Shen, y Shen no soporta durante mucho tiempo el juego del dominado, por mucho que le gustase su naturaleza le llamaba a reinar. Sus manos se entrelazaban entre mis cabellos, aferrando mi nuca con vehemencia, impidiéndome coger aire. Me daba igual, no lo quería, prefería morir asfixiada a separarme del placer de sus labios y de su sangre. Se separó de mi levemente, jadeó un instante, dejando la lengua fuera y quise ir a por ella, abrí la boca en su busca de nuevo, me tenía completamente controlada. Sin embargo hizo que me moviera, se encargó de darle la vuelta de hoja a la situación de nuevo, se encargó de dejarme abajo, a él le gustaba mirar desde las alturas, como a mi. Me devolvió el golpe, joder, me estaba dando una paliza. Me chupó la barbilla, y me puse aún más caliente, me chupó el cuello y pensé que ardería Troya y se tomó la jodida libertad de darse su tiempo para finalizar el extenso lametón entre mis pechos, sentí que mis pezones se erizaban aún más por aquel contacto, y sentí que me volvía loca cuando agarró la cremallera de mi vestido con los dientes y comenzó a deslizarla hacia abajo sinuosamente. Maldito león, verdaderamente estaba destripando a su presa, no dejaba de mirarme mientras su portentosa habilidad terminaba de desabrochar la cremallera y quitarme el vestido, malvado, maldito. Mi cuerpo quedó al descubierto y él lo recorrió con sus manos, sentí un tremendo latigazo de excitación, joder, mi tanga parecía un puto charco (?). Pensé que si lograba solo eso por resbalar sus manos sobre mi piel, si llegaba a algo más me terminaría derritiendo como la mantequilla, sabía que sería así, me frustraba clarificar que quería que me dominase, eso siempre había ido contra mi forma de ser, pero Shen era un maestro de la manipulación, y a mí me tenía presa de su erótica masculinidad.

Se paseó de abajo a arriba con su lengua, como queriendo restregar su maldad por todo mi cuerpo, me sentí doblegada ante el bombardeo, cuando succionó mi ombligo... no, no lo pude evitar, emití un gemido, un gemido que acabó en un pequeño gritito. ¿Pero qué cojones me estaba pasando?. Jamás había dejado escapar un sonido tan indefenso de mi boca, aquel rubio estaba mermando todas mis defensas, había entrado en la ciudad por la fuerza y sembraba el caos a su antojo. sin embargo, ese era el inicio del contraataque, se apoyó en uno de sus brazos, lo miré de reojo, deleitándome de aquellos músculos tensos y no pude evitar acariciarlo, asombrada de que aquellos brazos que a tantos habían sometido a base de puñetazos y golpes tuvieran a su vez la magia de envolverme en el paraíso. Él no cesó, aventuró su mano libre al interior de mis muslos, el artista quería dejarme huella haciendo una obra de arte, su mano ardía, sus manos eran ásperas pero las sentía como una caricia gloriosa y llena de veneno, un veneno que supuraba de mi cuerpo a base de sudor... y otras cosas. El primer instinto que me vino a la mente fue cerrar las piernas, creía que si le dejaba hacer más, no podría contenerme, contener todo el deseo que se aglutinaba en mi sexo, sin embargo era tal su habilidad que lo único que hice fue temblar, otro espasmo, otro maldito espasmo. Elevó su rostro para enterrarlo entre mis senos, con la respiración agitada, podía notar el bamboleo de su cuerpo debido a la exaltación, y sin embargo no dejaba de acariciar peligrosamente aquella zona tan sumamente erógena. Sus palabras me pusieron a mil, el macho de la manada estaba de vuelta e iba a hacer lo que le diera la gana conmigo, joder, llévame al infierno si te place, haría cualquier cosa por seguir percibiendo tu jodida musculatura. Y entonces... kaboomba, ¿pero qué mierda?. Uno de sus dedos apretó la fina tela que ocultaba mi sexo, ese maldito dedo, lo apretó con lascivia, sacó a otro de sus chicos, para juguetear con crueldad en mi, y ese segundo chico se tomó la molestia de darse una vuelta a mis puertas, y sus malabares iniciaron verdaderamente cuando el tercer relevo se llevó el premio al más hijo de puta, porque se metió, entre juegos, a mis puertas, asomó la cabeza, como diciendo "Hey, ¿qué pasa?" y era evidente lo que pasaba, Shen sabía lo que pasaba, más aún cuando lo corroboré esgrimiendo un gemido placentero que volvió a salir agudo, indefenso, colocado por el placer de la droga que me estaba suministrando, subía y bajaba, divertido, haciendo el mismo recorrido una y otra vez, y yo inconscientemente le seguí el ritmo entre aquellos infantiles jadeos, pero ya no me importaba, debía aceptar la sumisión, dejé que mis necesidades fluyeran a través de aquellos sonidos indefensos, daba igual, le distraerían, creería que tiene todo el poder y llegaría yo a arrebatárselo en el momento más inesperado. Vendetta. Volvió a dirigirme la palabra, dejando que un jadeo se le escapara en su venenoso diálogo, era irresistible escuchar aquella voz empañada de lujuria, aquella voz malévola y traviesa susurrando un comentario afilado mientras se derretía de placer, me encantaba. Cerré los ojos y sonreí, arqueando levemente la espalda. Sin embargo, aquel semblante aparente de relajación se endureció cuando Shen, nuevamente, volvió a hacer una de sus trastadas, ahora sus palabras se desplazaban mudas a través de mi pecho izquierdo, y sus afilados dientes, sus dientes de león, se cerraron con cuidado en mi pezón haciendo que mi cuerpo estallara en mil y un hormigueos, su lengua siguió andando campante en mi seno, rodeándolo con fiereza, una fiereza contenida que me proporcionaba tal estímulo que mis párpados se cerraron con fuerza y mis manos temblaron, hice gala de otro gemido cuando sopló sobre el campo que había arrasado, incluso su aliento me arrebataba las energías. Llevé mis manos a su nuca por inercia, acariciando con fuerza su cabello sudoroso, quería aferrarme de alguna manera a aquella fuente de poder, e incluso su húmeda cabellera hacía que me volatilizase en fuego puro, acaricié con ambas manos aleatoriamente su pelo, y se cerraron con vigor cuando el malvado se desplazó a mi otro pecho y volvió a lamer, volvió a apoderarse de mis energías mientras sus dedos mágicos obraban en mi sexo convirtiéndolo en una fuente de calor y humedad apabullante. Comencé a contonear mis caderas con un remarcado movimiento, me había dejado atrapar en aquella fuente de diversión y el placer me sumía en un estado de embriaguez del cual me resultaba casi imposible salir. Un grito salió de mis labios cuando él se puso más serio y comenzó a succionar con fuerza del pezón, maldita sanguijuela, pensé que no podría contener el orgasmo que sentía que llegaba inminente, y apenas había hecho cuatro movimientos, ¿acaso era un jodido dios del sexo?. No lo sé, pero mi cuerpo correspondía con tanto énfasis a sus estímulos que me daba por pensar que sería imposible que quisiera que otras manos lo tocaran. Levantó su semblante, rompiendo el contacto, su mirada penetró la mía, la mía le suplicaba por más, por mucho más, aquellos ojos que me observaban desafiantes me sumieron en el éxtasis, y aquella frase provocadora me devolvió un poco a la realidad. Seguíamos luchando.

Hah... — quise hablar, pero los jadeos me traicionaban constantemente — llevo ardiendo desde que entraste por esa puta ventana, maldito pirómano. Que le jodan al apartamento, que les jodan a todos, vas a arder conmigo.

Sólo pensé en una cosa, llevarle al límite de la provocación, cabrear en cierto modo a la bestia creciente. No me moví de mi sitio, no hacía falta, me tenía donde él quería, pero yo era una presa complicada, y aún desde aquella posición podía hacerle una jugarreta, joder, era licenciada en hijoputismo, esta no podía ser la excepción a la regla. Le atraje hacia mi postura, y segun él terminaba de quedar encima mío me abrí de piernas, bastante, he de decir que mi flexibilidad me daba cierta ventaja. Una vez le tuve entre ambas piernas las entrecerré alrededor de su cintura mientras seguía observando aquellos ojos, mi mirada parecía ser presa del sadismo cuando me di cuenta de que aún le quedaba un poco de sangre en aquella herida, más veneno con el que contaminarme. Le agarré de la parte trasera del cuello y le incliné con violencia a mi rostro para volver a entrechocarme con aquellos labios omnipotentes, nuestras lenguas volvieron a bailar en medio de otro beso desenfrenado, éramos bestias, ya no nos quedaba nada de raciocinio, lo único que nos movía era el instinto. Finalicé el contacto desplazando mis labios de los suyos, llevándome aquella sangre a mis labios, era como si en vez de usar carmín hubiera utilizado su sangre para maquillar mis labios, me gusta mucho, me gustaba demasiado el intercambio de fluídos, era mejor que una bebida energética, era como si me enchufara a una corriente de electricidad de infinitos kilowatios. Su mano aún seguía en mi sexo, parecía negarse a apartarla de ahí, y lo tuve que hacer yo, lo hice con furia, con fuerza, lo hice con la intención de que se diese cuenta de que el placer que me proporcionaba era tan intenso que necesitaba devolvérselo a cada momento para que supiera cómo me sentía. Apreté sus manos con las mías, y aproveché el agarre para empujarle hacia atrás, para que volviera a ver desde las alturas cómo la víbora elaboraba su estrategia de seducción. El agarre de mis piernas se reforzó, y mis manos volaron con ansiedad de nuevo a su miembro, para masajearlo levemente, ojalá existiera el Loctite para Shen, así tendría la excusa perfecta para no despegarme de su cuerpo jamás. Arqueé la espalda profusamente, realicé el movimiento para que mi sexo se apegara al suyo a más no poder, para que ambos sintiéramos la calidez que emanaba el otro, era su culpa, su maldita culpa que comenzara a actuar como una desequilibrada. Pasé de su pene a mis caderas, y comencé el suave contoneo, el baile en la cama mientras transportaba mis manos hacia arriba lentamente, repasé mis caderas, mi vientre, mi cintura, y me detuve para posarlas con fuerza en mis senos y dejar que mis pezones resaltaran más a la vista. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa complacida, y mi cuerpo seguía contoneándose en una sensual danza mientras mi sexo seguía frotándose con el suyo a través de aquella fina y húmeda tela. Terminé de llevar mis manos a la cabeza, para enredarlas en mi cabello revuelto mientras me mordía el labio ensangrentado con la sangre de Shen y sonreía con los ojos cerrados, como si estuviera en mi propio mundo. El juego no terminaba, aún había tiempo para seguir con la estrategia, nunca me había divertido tanto en una pelea, aunque también es cierto que nunca había tenido una pelea como aquella. Volví a tomar sus manos, y las coloqué en mi trasero, aprovechando que se encontraba un poco elevado debido a mi posición, me hice con las reglas del juego y provoqué que sus manos atraparan mi trasero con fuerza, que notaran la verdadera piel con la que estaba hecha, mientras mi contoneo, que en un principio había comenzado con movimientos circulares, ahora se transformaba en un insidioso movimiento que iba de arriba a abajo, simulando que me estaba penetrando cuando aún no era así. Lo dicho, provocación llevada al extremo, o eso pensaba yo. Dejé que los gemidos se apoderaran de mis cuerdas vocales, estaba dispuesta a entregarme al placer con tal de joderle la existencia, con tal de enfurecerle hasta tal punto que no tuviera otra opción que devolverme la jugada de manera más brusca, como le gustaba a él, como me gustaba a mi. Volví a guiar sus manos desde mi trasero hasta mis caderas, para que sintiera el movimiento, el desplazamiento que éstas realizaban en pos del placer mutuo.

No me gusta bailar, pero por ti, y sólo por ti, voy a hacer la excepción a la regla — mascullé con un tono suave y provocativo, endulzado por mi agitada respiración y unos jadeos continuados, a fin de cuentas, que no me gustara bailar no significaba que no se me diera bien.

Volví a contonearme, esta vez con más fuerza, esta vez apretando más su sexo contra mi sexo, y entrecerré los ojos, dejando que mi vista se nublara con el último recuerdo de su viperina mirada, dejándome caer en el abismo del abismo del abismo. Desplacé sus manos de mis caderas a mi vientre, alentando mi movimiento guía con los gemidos continuados que me provocaban sus manos. ascendí lentamente con sus manos a través de mi tronco, zigzagueándolas sobre cada una de las zonas de mi cuerpo, quería que me volviera a recorrer entera para seguir disfrutando del interminable hormigueo que me invadía a cada momento con más despotismo. hice un alto en el camino cuando sus manos volvieron a llegar bajo mis senos, vocalizando esta vez, un gemido más enérgico. Y terminé por llevarlas a mis pechos, cada una de sus manos a cada uno de mis pechos, dejé que se hundieran en ellos, que fueran partícipes de la suavidad, de la textura, y jugueteé con sus dedos de mago para que apretaran con fuerza mis pezones. Y entonces emití el primer grito sonoro, y me mordí los labios intentando acallar un jadeo, pero volví a hacerlo, volví a darme otro chute, volví a provocar a sus dos índices y sus dos pulgares para que volvieran a apretar, me hicieran click y volviera a gritar con efusividad, el placer era tan infinito que me parecía absurdo. Mi danza se volcó en su pene, mis caderas se removían salvajes producto de su maniobra que había llevado yo a cabo, me estaba deslizando hasta el infierno y lo hacía por cuenta propia, porque el contacto de Shen era incomparable y cargaba con tal adicción en aquel momento que ya no sabía si mi estratagema había surtido efecto en él, pero desde luego a mí me había llevado y devuelto del paraíso incontables veces. No quería dejar de sentir la magia que emanaban sus manos.

Las separé de mis pechos, dejando que repitieran el recorrido que habían hecho de ida a la vuelta, dejé que circundaran la zona de mi ombligo sensualmente, me relamí el labio inferior, la sangre que portaba estaba reseca y se negaba a perderse entre mi saliva. Las llevé de nuevo donde él las había dejado, a la entrada de la ciudad, y cuando noté que se acercaban a mi bajo vientre solté una risita infantil presa de la locura. Era completamente devota a sus estímulos, a sus inyecciones de gozo, de deleite, de complacencia. Dejé que su mano izquierda reposara sobre mi costado mientras que con mis otras dos manos dirigía a su diestra debajo de la tela de mi tanga, aquella tela que había quedado completamente inservible, sentí cómo su índice resbalaba estrepitosamente entre los labios de mi boquita de abajo (?) y me volví a arquear, porque cuando le guié a la zona neurálgica de mi deseo sentí que iba a estallar en una fracción de segundo. Estaba mucho más estimulada, joder, si él ya me había puesto mucho de por sí, yo me había buscado la propia ruina cuando hice mi acto vandálico, podría decir que me había salido el tiro por la culata, sin embargo, al mismo tiempo, me sentía pletórica. En aquel instante podría decir que odiaba a Shen con todas mis fuerzas, le odiaba con un intrínseco sentimiento de adoración. Quería más, y ver a su orgulloso mandoble resaltar entre mis muslos no hizo sino aumentar mi apetito sexual, me hubiera gustado volver a depositar mis fauces sobre su miembro, la posición me lo impedía, pero la necesidad estaba ahí, latente, siempre latente. Volvía contonearme, esta vez con más rapidez, había quedado completamente a expensas de ese dedo índice que recorría la entrada a mi sexo intermitentemente gracias a mis salvajes movimientos, porque él no lo movió, él quería llevarme a tal punto de desesperación sólo por verme suplicar, se le notaba en la divertida mirada que portaba. Daba lo mismo, por mucho que creyera que llevaba las de ganar, sabía que él se encontraba en una situación similar a la mía, tal vez él pudiera controlar más sus instintos, pero para eso estaba yo, para provocarlos a la mínima oportunidad, parecía estar diseñada para joderle, para encontrar ese punto preciso que él no soportara, me gustaba demasiado cumplir con aquel rol, y podría asegurar que a él le gustara que se me diera tan bien manipularlo.

Vas a dármelo todo Shen, vas a dármelo todo o sino te lo arrebataré yo con mis propias manos.

Si esperaba una súplica podía seguir soñando. Por muy placenteras que fueran las circunstancias, al igual que él, mi naturaleza me llevaba por el sendero autoritario, pese a ser la presa en aquel momento. Estaba descubriendo demasiadas cosas gracias a Shen, él hizo que por un momento no me reconociera a mi misma. Él era Shen, y yo era Lucita, y en aquel instante creía que junto a él podría conquistar el mundo entero.
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Shen Yang el Lun Nov 18, 2013 9:08 pm

Spoiler:
Y volvió a hablar, los jadeos que intercaló cuando hablaba eran como la base de una canción perfecta, su voz parecía viajar a la velocidad de la luz hacia cabeza, es mas, ni eso, parecía que se esparcía por todas direcciones para tomar forma de dos manos invisibles que tomaban mi cuerpo como su rehén y lo paralizaba. ¿Un escalofrío? Escalocaliente. Maldita vampiresa, diablesa o lo que fuese, ella era sexy, cada momento, cada segundo que pasaba contemplando su cuerpo parecía ver el final de una gran película, me encantaba, pero deseaba mas. Y sus piernas se abrieron, dejo de describir, si hubiese descrito lo que quise hacer en aquel momento de hecho que esta sería la linea mas sucia que se podría leer. Y me atenazó entre aquel par de muslos, en la zona conflictiva para sentir como de nuevo ella intentaba hacerse con el control. Eramos como dos jodidos piratas en el fin del mundo, aún sabiendo que hundiriamos nuestros barcos sin necesidad de hacer nada nos jodíamos los unos a los otros, amábamos capitanear, y en aquella tormenta la bandera de Lucita se alzó de nuevo. No tenía parche, ni espadas, ni cañón, pero supo abordar mi mente como nadie nunca lo había hecho antes. Había abordado mis cinco sentidos, desde el primero hasta el último. Vista, ay mi vista, no sabía si seguir perdiendome en aquellas curvas o intentar luchar contra su salvaje mirada. El gusto y el tacto eran algo siempre presentes, la sentía despacio, como sus sudorosas manos se agarraban a la parte trasera de mi cuello, bautizaba cada lugar de mi cuerpo cada vez que ella lo tocaba, porque no podía llamarlas partes de mi cuerpo cuando no las sentía mias... Y en cuanto al gusto, ¿Cuando harían el helado con sabor de boca de Lucita? Desde sus carnosos labios, con sabor a ambrosía hasta lo mas profundo de su boca, donde mi lengua pudo llegar, con su compi de baile mas activa y deliciosa, la lengua de la diabla. El beso era tan incontrolado, de nuevo, como si fuese el primero, como si fuese el soñado, me sentía idiota, odiaba a Lucita. Había ya estado mas de una voz en su boca, tantas veces en tan poco tiempo, había disfrutado como un niño en una tienda de caramelos donde todo era gratis, y aún así, cada vez que entraba en su boca no dejaba de asombrarme, como si se me borrase la memoria cada vez que salía de ahí, era una jodida casa del placer. Y volvimos a separarnos, nunca entendí porque le dejaba hacerlo, pero nunca negaré el hecho de que me encantaba que me quitase su boca, porque aquello me hacía desearla mas y mas, y por lo visto a ella también, porque cada vez nos costaba separarnos mas cuando aquello ocurría. Perra, se tintó sus ya ardientes labios con mi sangre, tragué el fluido que mezclamos, aquella deliciosa saliva inconscientemente. Quise acentuar el movimiento ahí abajo, le haría pagar aquello, pero la bestia apartó mis manos con furia, y aquello mas que alejarla de mi la acercó mas, se había delatado, su cara lo decía todo. Sonreí, aunque había apartado mis dedos, sonreí mientras soltaba una ligera risa, en un par de movimientos su mano se volvía a posar sobre mi emperador, y mi sonrisa de chico previsor, que pensaba que todo estaba visto se transformó en un arco que intentaba cerrarse, contraerse para cerrar la boca y evitar soltar un jadeo. Sus malditas manos, fue una sacudida leve por su parte, pero aquello me hizo recordar buenos tiempos, como cuando Lucita me lo masajeaba para llevarselo a la boca, un momento, aquello pasó justo antes. ¿Ves? Esto es lo que odio, además de hacerme sentir en otro lugar distorsionaba mi tiempo, era como una diosa del espacio-tiempo, conquistadora del cosmos que se había detenido en la tierra para castigar al mas osado, castigarlo placenteramente, si aquel era el castigo quería perderme toda la eternidad, aunque la eternidad fuesen dos segundos o todo el jodido el día.

Pero soltó a mi emperador (si sigo llamandolo así es porque seguía bastante, bastaaaaaaaante estimulado) para posar sus manos sobre si misma. ¿Pero que quería? ¿Autodestruirse? ¡Pero que haces loca!-Fue lo que gritó mi mirada. Aquellas ardientes manos, sobre aquel explosivo cuerpo era la receta del TNT en nuestra dimensión. Y yo, embobado, lo observé, mientras sentía mi X mas fuerte contra el suyo, las tenazas creadas por sus piernas eran el candado que querría llevar si fuese un esclavo. Esa sonrisa con los ojos cerrados, esa expresión lasciva que hizo que mi barco se llevase de lleno un cañonazo de su galeón. Pero lo que ví, buah, tremendo. Fue un baile sensual, espléndido, digno de diez millones de aplausos, pero todos míos, solo yo quería disfrutar de aquel espectáculo, si, ya empezaba con mi egoísmo posesivo, quería a Lucita como algo mío, un algo mío que no podía controlar. Seguí sus manos por todo el recorrido. Me encantaba bailar, amaba bailar, y había bailado mas veces que amaneceres se vieron desde el principio de los tiempos, y había visto a gente bailar, pero la danza de Lucita, era una danza mas prohibida que la Lambada. Hipnótica, es la palabra, me entraron ganas de levantarla y bailar aquella canción que sonaba de fondo, pero no, yo ya carecía de voluntad, solamente me movía por impulsos dictados por el instinto, un instinto que se alimentaba de Lucita. La zona 0 se iba poniendo mas caliente por ambos lados, aquel roce no iba a traer nada bueno, era como frotar una bomba nuclear soviética con una americana esperando que ambas se diesen las manos, en aquella guerra de bandos, aquel jodido roce en el que participé sin querer, caliente, simple. Dejó que atrapase aquel trasero, que demonios, aquel culazo, en su forma mas pura, aquellos Gluteus Maximus y aquellos Gluteus Minimus que deseé poseer toda la noche, los agarré con cuidado al principio, casi acariciandolos, pero se acentuó en un fuerte agarrón de trasero, no sabía que parte del cuerpo de Lucita me excitaba mas, y aquel maldito trasero era de mis favoritos, era un culo perfecto. .Pero el baile cambió de dirección, la madre que la parió, sus muertos que trajeron a su madre y me acordaría de cincuenta generaciones de antes de Lucita. Era un movimiento que incitaba al pleno sexo, o que pretendía simularlo directamente, casi quise hacer que dejase de ser una emulación para literalmente romper la puerta del infierno. Pero llevó mis manos, la guía mas malvada que se podía contratar, eso si, la guía mas sexy, llevó mis manos de su culo del me costó separarme hasta sus caderas mientras hacía aquel lascivo y epicureo movimiento. Cuando toqué sus caderas y sentí aquel roce haciendose cada vez algo mas caliente, mas que un volcán, me sentí como un jinete que cabalgaba sobre la muerte, si, tenía las manos puestas encimas, pero aquello no me daba control alguno, solamente me hacía sufrir placenteramente. El baile se hizo mas largo, gracias a quien crease aquel cuerpo tan precioso, gracias. Mis manos siguieron en aquella travesía, un viaje mas fantástico que el de un Hobbit por medio universo. Los gemidos y los jadeos, que se hacían cada vez mas populares entre ambos, eran la canción de aquel erótico baile. Mis manos sobre su cuerpo esculpido perfectamente sobre la piedra maleable mas hermosa del mundo, cada vez que movía un solo milímetro aquellas manos una onda se metía por estas, recorría mis brazos, llegaba a mis hombros, se quedaban en mi pecho y se producía el libre albedrío por mi cuerpo. Y mas libres se sintieron aquellas enfermizas ondas cuando mis manos, acompañadas en aquel baile, por sus compañeras, aquellas atrevidas manos, posaron las mias sobre sus senos, aquel perfecto par. ¿Y sabes lo que paso? Que mis dedos quisieron revelarse; el meñique, el anular y el corazón se sintieron castigados pues el indice y el pulgar se cerraron como un par de pinzas. Mi cabeza pidió vacaciones después de tocar sus pezones, no le importaba si le despedía, mi cabeza solamente quería desaparecer y no volver, aunque le gustaba la juerga, así que decidió aumentar la presión que ejercían aquel par de pinzas, sin timidez alguna, cada vez mas fuerte.
Me sentía como su esclavo, no sabía porque, yo disfrutaba tanto o mas que ella solo con aquel contacto, y a la misma vez sufría como el que mas, y aún así me gustaba. Pero mi Shen interior se manifestaba lentamente de nuevo, y no se dejaría doblegar por la pirata, era hora de contrarrestar el abordaje. ¿Pero que abordaje ni que tonterías? Yo lo que disfrutaba era sentir mis dedos recorrer de nuevo su cuerpo, aunque me apartase de sus senos, siempre tendría su piel, aquel viaje por sus poros, por cada celula y molécula que conformaba aquel cuerpo de otro planeta. ¿Y que había dicho de los cinco sentidos? Mis oídos no paraban de zumbar, mi mente desmontaba las acorazadas puertas para dejar que todo lo que viniese de Lucita entrase por la puerta grande, por la alfombra roja. Y el olfato, me puse a sentir lo que realmente pasaba con mi olfato mientras ella monitoreaba mi mano lentamente hacia las puertas del infierno de nuevo. Mi olfato parecía regocijarse con aquel enfermizo olor que emanaba Lucita, con aquella pesada atmósfera que habíamos creado, tóxica. Y entonces, al pensar como había influido tanto sobre mi me di cuenta de lo mucho que la odiaba. Y lo mucho que lo deseaba. Era la ironía mas sexy que podía existir sobre la faz de la tierra. Y además era mi kriptonita, y yo sabía que yo era para ella lo mismo, parecía un don, una conexión, ella de alguna manera había logrado con sus poderes establecer aquel entendimiento empático entre ambos, aunque lo usasemos para hacernos mas daño. Porque yo tenía una pistola con dos cañones, uno apuntaba hacia mi y el otro hacia ella, y aún así disparaba a quemarropa. Mi mirada se afiló demasiado, parecía cortar aquel aire, como si hubiese vuelto de la forja de Hefesto mas tajante todavía. Su petición hizo que quisiese hacer regresar todo aquel placentero mundo a los cimientos del absolutismo, donde reinaba yo y ella era el maldito pueblo que soportaba mis abusos de poder. Y así traducí sus palabras, sus ponzoñosas palabras.

Así que lo quieres todo. No hace falta--Me cortó la frase un contoneo de los suyos, fue uno fuerte, uno que hizo que soltase un gemido camuflado entre dos jadeos, y aquello me dejó expuesto-ni que lo pidas

Aquello fue el culmen. La mano que hizo que fuese a la zona de guerra, el solo dedo indice que se balanceaba mas que el elefante en la telaraña, ese dedo decidió tomarse la venganza, la agradable venganza por si mismo. Se internó un poco en aquella abertura, y el dedo corazón se la jugó tambien, eran mis jugadores estrella. La zona que toqué era la que mas ardía, y el calor que emanaba hizo que me hizo arder mas lujuriosamente. Ambos bailaron un baile antes de internarse aunque fuese un poco mas, en el sexo de Lucita, no sin antes 'patalear' un poco. El movimiento de Lucita ante aquello me encantó, fue la primera ficha de dominó en caer. Dejé de mover aquel par de dedos, que parecía que se iban a derretir para mirarla de nuevo como si nada hubiese pasado, picaramente y llevarme aquel par de dedos a mi boca. No se podía comparar con la saliva de Lucita porque tenía un sabor diferente, y diferente no quería decir que no estaba bueno. Succioné mis propios dedos mientras soltaba un pequeño suspiro, mientras sacaba mis pequeñas extremidades de mi siniestra boca las lamí como si no fuese a probar aquel sabor de nuevo, era una muestra bastante buena, ahora quería el lote completo. Resbalé la mano que reposaba en su cuerpo hacia abajo, muy lentamente, como si quisiese limpiarme su esencia y a la misma vez hundir mis manos de nuevo en ella, era como intentar secarse despues de un baño con una toalla de agua. Solo el hecho de intentar provocarla con aquello me había costado horrores, mi yo mas salvaje deseaba lanzarse de nuevo sobre aquella bruja y hacerle lo escrito y lo que no. Mientras apegaba mi sexo contra el suyo, con fuerza y tal presión que me hizo echar la cabeza hacia atrás como si ya me hubiese venido metí mis manos en su tanga, me encantaba su tanga, pero hermano, molestas, me gusta como le quedas, pero me molestas, así que... Mientras separaba aquel roce y me echaba para atras levanté sus piernas para deshacerme de aquella bendita prenda. Mi pecho pareció inflarse, mi emperador crecerse y mi mirada ensancharse, cuando pensé que no podía estimularme mas, el hecho de hacer desaparecer una fina prenda me hizo ver a una Lucita completamente desnuda, al 100%, mas me valía ir encargando unos ojos nuevos, los míos acababan de quemarse. Envalentonado, y mas que nada, metido en aquel juego de dos volví a tomar sus muslos por debajo, cada uno para cada mano y la acerqué mas al borde de la cama, dejando la nueva e inexplorada parte fuera de esta. Me arrodillé mientras lo hacía y abrazaba sus muslos, aquellos muslos estaban mas buenos que los que te servían en el KFC. Lo único que hice fue emborracharme con el olor de aquel particular sitio mientras mis ojos se entrecerraban, como si hubiese esnifado rayas de tres en tres. Mi rostro se fue acercando mas y mas a su X. Aquel cosquilleo por todo mi cuerpo se extendió, el estimulo me hizo mirarla por ultima vez, desafiante. En mi reino, en mi absolutista estado había hambre, hambre de Lucita, ¿Y que hacer si no comer?

Wooooooow-Pareció alargarse, cuando estaba frente a su ardiente entrepierna- ¿Y este es mi Happy Meal?

Dije con un tono provocativo, buscando aquella rabia de Lucita que solo ella sabía canalizar de una placentera manera. Pero no dejé tiempo a respuestas, los del National Geographic hubieran filmado como mi lengua se ensanchaba, alargaba y se dirigía hacia su zona erógena. Como una pequeña cacería donde la comida estaba ya servida. Y así fue, literalmente le dí un buen lametón, de arriba a abajo, lentamente, mientras un pequeño gimoteo escapaba por mi abierta boca, aun sin hacer nada, solo por dejarse catar ella me hacía sentir de aquella manera, retroalimentación, un fenómeno que no se podía explicar. Tras aquella lamida, casi de inspección, la que me hizo relamerme los labios rodee sus muslos, atenazandolos con ambos brazos, pasandolos por debajo y pegué mi rostro contra aquella zona que ya no era tan intima. Ella ya había probado la mía, y como yo era buena persona iba a devolverle el favor. Mis labios se posaron sobre los que había ahí abajo y en algo parecido a un carnal beso que se dividió en dos partes intenté colar mi lengua en aquella fiesta, pero no sin antes volver a entrecerrar mis labios y empaparlos de aquella humedad, aquel peculiar sabor. Y mi osada lengua, mientras mis labios parecían bailar ahí afuera, la pérfida lengua entró mas allá que los dos dedos habían hecho antes, se saltó el record y fue a por el oro. Me recorrió una sensación por todo el cuerpo, como si los estimulantes de un caballo me hubiesen hecho efecto y estuviese frenético, apreté aquellos muslos con mas fuerza y literalmente me comí toda su zona X. Me permití el lujo de hacerlo lento en algunos momentos, para despues hacerlo algo mas rítmico y hasta colar mi lengua algo mas adentro y hacer algo que solo yo sabía porque. Enrosqué mi lengua sobre si misma para cerrar tanto mi rostro contra su sexo y finalmente soltar mi lengua en un giratorio movimiento, como 'un pequeño tornillo'. Por desgracia necesitaba un mínimo de aire por lo que aproveché un poco para soltar los muslos de Lucita, no del todo, pero si reducir la presión con la que lo hacía, casi embriagado. Aquello que había probado estaba condenadamente bueno, con denominación de origen de Lucita, aquel tanga debía ser el objeto mas feliz del mundo. Aproveché para asomarme entre los pies de Lucita, mientras mi cuello se dejaba apoyar sobre su sexo, y el simple hecho de tragarme aquella tóxica y ahora envenanada saliva  hacía que la nuez de mi cuello rozase de nuevo la abertura de su sexo. La observé como a mi semejante, como quien se ve en un espejo. Y la maldije. Entonces sonreí, para mi y para ella. Me encantaba todo aquello, parecía que respirabamos azufre, un azufre que se iba haciendo mas denso con cada jadeo. Y respirabamos aquello y lo exhalabamos de nuevo. Mis brazos volvieron a atenazar sus muslos, como si fuese a volver a degustar su deliciosa entrepierna. Pero lo único que hice fue afianzar mi posición. En aquel momento el mundo solo lo formabamos Lucita, Lucita, Lucita, Lucita, Lucita y yo.

¿Que se siente?
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Re: Ayho, Ayho. [Privado] [+18]

Mensaje por Lucita Kent el Jue Nov 21, 2013 10:39 pm

Spoiler:
Todo aquello me pareció, de repente, un tablero de ajedrez, yo era la reina, me deslizaba desbocada por todos lados, en cualquier dirección para destruir y aniquilar, y Shen... Shen era claramente el rey, el rey que lo ve todo desde arriba y que de un solo paso hacía lo mismo que yo en diez. Oh vamos, seamos sinceros, yo era la que suplicaba, y él recibía mis súplicas con agrado, era capaz de hacer equilibrio mejor que yo en aquel hilo de la discordia, lo disfrutaba, disfrutaba bambolearse de un lado al otro ebrio de aquel sentimiento de atracción, yo sin embargo me aferraba como podía a aquella fina hebra para no terminar de caer, pero qué mierda, era sumamente placentera aquella emoción de derrota y victoria al mismo tiempo, porque sabía que en lo más profundo de mi ser se había abierto algo nuevo que llenaba mi consciencia de una droga que me permitía ver más allá del horizonte lejano que era mi vida. Ni la mejor de las borracheras, ni el mejor puñetazo, ni el mejor porro del mundo hubieran podido siquiera equipararse a las manos de Shen. Su continuo roce me había hecho descubrir hasta qué punto había estado cegada pensando en que mi vida, a su modo, era perfecta. Siempre había sido ambiciosa, siempre había querido más, explotar mi existencia para ahogarme en un tumulto de diversión y caos. Pero yo no sabía hasta qué punto el contacto con un hombre, el contacto con él, con Shen, podía opacar el resto de mis intereses. Podría jurar que el puzzle de mi ser se había completado al jugar a "hacer travesuras" con aquel niño grande.

Porque sí, ya estaba enredada en aquella telaraña de picardía y diversión aderezada con un toque ostentoso de sensualidad. Shen, sus dedos... eran los dedos de un dios todopoderoso, creador de un nuevo mundo para mí. Había deslizado dos de ellos para juguetear en mi sexo, que para entonces ya estaba más que húmedo y disponible para que se fueran a hacer "patinaje sobre hielo", continuó con aquel leve deslizamiento, inspeccionando el lugar, y tras sus malabares iniciales se llevó aquellos dos dedos a su boca. Le observé embobada, mis gemidos hacía tiempo que salían de mi garganta sin permiso alguno, se habían sublevado a mi raciocinio que ahora era poco más que un perro apaleado. Resbaló su mano a través de mi piel, volviendo a provocar, imaginad la adrenalina que debe de sentir un cervatillo al verse acorralado frente a su depredador, imaginad ese instinto que le dice que no tiene escapatoria, que pese a que trate de huir, finalizará su existencia entre las fauces de un lobo salvaje y sanguinario, ahora multiplicad esa sensación por infinito y obtendréis un atisbo de lo que mi cuerpo experimentaba en aquel momento. Dejó que su sexo se diera de empujones contra el mío, poco a poco me iba colocando más y más, me iba perdiendo en las fauces de aquel lobo, estaba temblando, ¿por qué estaba temblando, joder?. Si yo soy el hermano malo de Hulk. Estaba temblando porque a mi cuerpo le sobrevenían contínuos espasmos provocados por la atracción que sentía hacia el jodido cuerpo de Shen. Cuando creía que ya me había sorprendido de todo, él volvía a hacer de las suyas y me sumía nuevamente en la desesperación. Sus manos cayeron en mi tanga, sus manos se colaron debajo de él y me alzaron las piernas para arrebatármelo, sus manos habían decidido que ya era hora de dejarse de mariconadas. Me sentí liberada, ahora ya estaba al mismo nivel que él, ahora ya estábamos sincronizados en todos y cada uno de los aspectos que terminaban por unirnos en aquella turbulenta mañana. Vi su pecho henchirse de orgullo, vi aquella expresión de victoria y pensé que sólo con aquello iba a recibir un orgasmo, cada vez que Shen mostraba ese semblante de niño travieso, cada vez que en la curvatura de su boca se dibujaba una malévola sonrisa, yo me deshacía en calor, en uno muy espeso que él localizó instintivamente. Me arrastró por la cama hasta posicionarme al borde de ésta, ¿desde cuándo el rey movía a la reina en aquel tablero de ajedrez? No, simplemente había hecho un movimiento, simplemente se había colocado al lado mío y me había comido. Maldito estratega. Con mis muslos en sus manos él se acercó más a "la cueva" (?), y volvió a inspeccionar el terreno, era un maldito animal dejándose guiar por el instinto, y rogaba porque el instinto le llevara a... Habló, dejó caer uno de esos comentarios ácidos, llenos de su particular humor, y no pude evitar soltar un bufido dejando escapar en él una carcajada de complicidad. Era malo, malo hasta la médula, y en su maldad residía su indiscutible atracción.

Aquella sonrisa ladina se ensanchó, pude notar su entrecortada respiración ahí abajo, mi pulso se acrecentaba, el suyo también, y sin mediar ninguna otra palabra más extendió su lengua de improviso y comenzó con la degustación. Elevé un grito ahogado, tuve que tragar saliva un par de veces, porque aquella sensación era nueva, demasiado nueva y demasiado placentera, era como si le hubieran agregado una mecha más a la bomba de relojería que tenía en el cuerpo a la vez que el temporizador se adelantaba peligrosamente. Arqueé la espalda voluptuosamente a la vez que mis manos se aferraban como podían a aquellas sábanas, podría jurar que intentaba aferrarme a las llamas. Me aferró más contra sus brazos, me manipuló a su antojo como si fuera un títere más en su función de circo, me volvía a dejar expuesta ante la magnanimidad de su salvajismo, y yo no podía hacer otra cosa que dejar seguir escapando aquel gritó que finalizó como un susurro. Se permitió estampar su cara, como movido por alguna clase de impulso, dios, ¿qué podía hacer?. Era increíble cómo Shen lograba desatar su aura de rey impío estando arrodillado ante mí. Él era el arrodillado y yo la esclava, ¿cómo lo lograba?. Pero no, el capo de la mafia tenía que terminar el trabajo, el capo de la mafia estaba dispuesto a sacarme las palabras que quería oír, y ahí comenzó la verdadera tortura. Deslizó su lengua, y maniobró con ella colándola a su apetencia dentro de mí, en aquel momento una intensa llamarada creó un fogonazo en mi vientre y escupí la primera parte de mi diálogo, gemidos, gemidos y más gemidos, casi parecían lloros joder, tenía tal habilidad para llevarme al extremo que ya no sabía si reír o llorar, porque seguía frustrada de haber descubierto a la única persona que me había doblegado ante su mera presencia. Traté de incorporarme, no Shen, no sigas o sino... Pero el gladiador no daba tregua al oponente, y terminé llevando mis manos hasta aquel cabello desordenado, aquel cabello perlado en sudor para acariciarlo. Ni la mejor de las sedas hubiera sido rival para tan agradable contacto, ese cabello rebelde, ese maldito cabello rebelde era un reflejo tan puro de su depravada alma que me hizo sonreír como posesa, dejándome llevar por el fuego de su boca y haciendo que mis manos bailaran en un suave masaje alrededor de esa cabellera del diablo. Apretó más mis muslos, mis músculos se pusieron en tensión, porque era tal el calor que emanaba de mi cuerpo que en cualquier momento podría estallar, su lengua traidora jugueteaba en mi sexo a marchas forzadas, combinaba aquellos labios finos pero demoledores, y siguió hilando su estratagema, siguió demudando sus movimientos, primero rápido, después lento, otra vez rápido... Comencé a balancear mis caderas, mi torso, y mi cabeza bailaba de un lado a otro, había entrado en frenesí, no comprendía nada, en un segundo le odiaba a rabiar, y al siguiente podría ser su fiel más devota, me debatía en la enorme diatriba que me provocaba el macho. Me debatía entre el placer y el odio, la rabia y el deleite, la frustración y la pasión. Y en medio de aquella pelea de pensamientos mi cuerpo se movilizaba en unos movimientos ascendentes y descendentes que llevaban aquella batalla a favor de Shen. Diablo del infierno, había logrado que mis jadeos se elevaran promíscuamente a gritos, mi voz estaba expresando lo que sentía mi cuerpo. Mi vientre se llenaba de más necesidad y la copa estaba a punto de ser rebasada por el líquido de su veneno. En aquel tumultuoso caos, Shen tuvo que apartar su rostro para coger aire, me miró a los ojos, agazapado entre mis piernas, y mi último grito fue encumbrado por otro espasmo, un espasmo mucho mayor, El Espasmo. Su mirada me provocó más de lo que cualquiera otra de las anteriores lo hubiera hecho. Mis vista estaba nublada, excepto aquella mirada... todo lo veía borroso, y cuando realizó aquella pregunta tuve que liberarme de sus manos, para agarrarlas con fuerza y se inclinara sobre mi. No podía contenerme, mi gesto estaba contraído en una mueca que no sabría definir, mi vista estaba empañada de sexo, del suyo, del mío, del de los dos. Me aferré a su cuerpo una vez me cubrió con él, y cuando volví a sentir su sexo contra el mío abrí los ojos desmesuradamente por una fracción de segundo y grité escandalosamente. No pude resistir dejarme llevar por aquel orgasmo que me invadió, y él lo debió de notar porque mi temblor fue uno de 10 sobre 10 en la escala Richter y mi sexo no habló, echó un discurso más largo que el de un abuelo contando batallitas.

Estaba frenética, casi ni sabía dónde me encontraba, ok no, sí lo sabía, pero no era consciente de mi entorno, mis pensamientos únicamente se fijaban en Shen, y en lo que había conseguido con su movimiento de ajedrez. Maldito y condenado rey. Ni siquiera me había dado cuenta de que mis uñas se clavaban en su espalda de nuevo, ni de que el temblor que portaba seguía haciendo de las suyas impidiendo que me moviera bien. Yo solo pensaba en que la adicción se había vuelto tan grande, que si me apartaban de aquel chute de maldad me iría a tres metros bajo tierra en cuestión de segundos. Dejé que se arrastrara nuevamente al suelo, donde planeaba seguir con aquella táctica, le gustaba verme en aquel estado de impotencia, de cervatillo asustado. Pero volví a rebelarme nuevamente, me arrastré junto a él, dejando que el roce de nuestros cuerpos se acrecentara, deslizando mis manos a sus bíceps para rodearlos con posesividad.

Estás siendo un chico malo, muy malo — jadeé, porque mi zona x aún mantenía aquellas pulsaciones desbocadas — ...pero aún no has terminado de cumplir tu parte del trato.

Ni él, ni yo, todo hay que decirlo, pero ya que él me había expuesto con "palabras", yo le respondía con las mías. Él quedó sentado, apoyado contra el armario empotrado que se situaba cercano a la cama. Yo simplemente miré con descaro aquel mandoble que seguía erguido, le miré a los ojos y me relamí los labios mientras avanzaba a su regazo. quise ir a besarle, pero cuando mis labios estaban a escasos milímetros, sentí que si me fundía de nuevo con ellos no podría separarme, y mi contraataque debía llevarse a cabo para el gozo de ambos. Me incliné de nuevo, y volví a lamer con efusividad su pene, me lo volví a meter en la boca y volví a jadear mientras me ahogaba en aquel sinsentido. Me gustaba su masculinidad, como ya he dicho muchas veces, y me gustaba apoderarme de ella, era la única masculinidad a la que le permitiría tratarme de aquella forma, a fin de cuentas, no creía que existiera alguna otra capaz de ello. Deslicé mis manos hasta sus muslos y avancé con ellas hasta agarrar su cintura. Las "palabras bonitas" y las concesiones habían terminado, mi juego de manos se desplazó a su antojo, aleatoriamente, alrededor de su cintura y sus muslos mientras mi boca volvía a subir y a bajar frenéticamente a través de su miembro, moldeando aquella sensación que él había procurado evitar en primera instancia. Sus venas volvían a palpitar, y yo volví a realizar aquel movimiento que tanto me gustaba con mi lengua. Desplacé aquella agradable sensación de manipuladora desde abajo hasta arriba en un último contoneo bucal que finalizó con mis labios degustando la cima en un fugaz "beso". Un hilillo de saliva conector quedó en el espacio cuando elevé mi rostro para observar el suyo, me gustaba dar golpes bajos y este más bajo no podía ser. Le besé el ombligo esbozando una sonrisa y me volví a sentar a horcajadas encima suyo. Y esta vez sí, esta vez me di el lujazo de saborear aquellos labios sucios, aquellos labios llenos de una inmundicia producto de nuestros perversos actos. Abrí la boca como si fuera una jodida víbora que iba a comerse a su presa, e hice que él me siguiera el juego en un morreo digno de toda clase de censuras. Ladeé mi rostro para llegar a todos y cada uno de los recónditos lugares de aquella ideadora de comentarios malévolos, aspirando su flujo, aspirando el mío propio, terminando de entremezclar todos y cada uno de los líquidos a los que en aquella mañana de "borrachera" nos habíamos invitado. Y la ferocidad de ambos fue tal, que terminamos como perros en el suelo, jamás había contoneado mis caderas de aquella manera, en cualquier momento podrían romperse, porque mi baile era estrepitoso y agresor. Por suerte había terminado yo encima de él, sobraban los permisos, de hecho, nunca los habíamos dado, nos habíamos saltado las reglas del otro como si todo nos importara una mierda.

Agarré su miembro, mientras en aquella danza de besos, roces de piel, mordiscos y arañazos (el pack completo, fuck yeah) nos deshilachábamos, y volví a mover con energía, quería provocar un cataclismo. Observé la mesita de noche, al lado de la cabecera de la cama y a escasos centímetros de nuestras cabezas, tenía que encontrar el tesoro, era una habitación diseñada, seamos sinceros, para follar así que... Abrí el cajón con fuerza, impidiendo que Shen tuviera opción a estudiar mis actos. Le enterré otro beso desenfrenado mientras contoneaba mi sexo para que mi clítoris rozara levemente con la punta de su miembro. Dejé escapar un gemido acompañado de una risa de placer. Me encantaba sentir su hombría entre mis piernas. Mientras tanto mi mano buscaba con desesperación el premio, el juguete del Happy Meal, y por suerte, tras palpar con furia, lo encontró. Cerré el cajón de un golpe secó, y advertí el sonido como la señal para la siguiente fase, para la ronda final, para la pelea del desenlace de una película de acción, aunque en este caso la acción era de otro tipo. Me liberé traicioneramente de sus labios y me alcé como toda una reina, mostrando mi báculo en forma de preservativo (?). Rompí el cierre y saqué el candadito. Se lo puse de forma más sensual que encontré, con la boca, y me henchí de orgullo al ver que había quedado perfecto.

Antes hablabas de Happy Meal... Ahora hablamos de Big Mac — le dije mientras me elevaba aún más apoyándome en mis rodillas.

Seré sincera, tenía miedo, más que nada porque con aquel manubrio sentía que más que follar acabaría empalada (?), pero mi atrevimiento no daba lugar a una marcha atrás, así que agarré su mandoble y dejé que se internara en mí poco a poco. Joder, dolía, pese a mi dilatada situación ahí abajo, pero por suerte se deslizó con facilidad. Emití un grito una vez hubo quedado dentro del todo, el látex se tiñó de rojo. Dolía, joder, dolía bastante, pero yo lo había querido, eso es lo que predicaba la mirada de Shen, "tú te lo has buscado". Sí, yo me lo había buscado, pero el dolor no era un impedimento, el dolor era la más sincera de las sensaciones de las que me proveía Shen. Él era un puto dolor, sus labios eran un puto dolor, sus besos, sus manos, pero ante todo, su mandoble era lo que más me dolía. Y sin embargo, me hubiera agujereado las entrañas con tal de hacer su visita más agradable, así era el sino de mi relación con Shen, el inevitable magnetismo que irradiaba y me conducía a la perdición. Me apoyé en su torso, y jugueteé con mis dedos en sus pezones, para acto seguido iniciar con aquel movimiento, pausado al principio, pero no por ello mis gemidos dejaron de corear, no, mis gemidos volvían a alzarse triunfales ante mi. Mis gemidos volvían, nuevamente a transformarse en unos gritos, que de no ser porque el piso estaba insonorizado hubieran dejado sordos a todos los habitantes de aquel edificio. Observé a Shen desde la cima, ahora sí, ahora indudablemente estábamos conectados, ahora la energía fluía del uno al otro y del otro al uno, ahora la reciprocidad y la retroalimentación eran marcas registradas en nuestro contrato. Y ahora, definitivamente me sentí plena, pude comprobar cómo llegaba al súmmum, al éxtasis de la diversión, solté una carcajada entre los continuados gemidos porque estaba, digamos, feliz, feliz poder terminar con Shen de aquella manera, definitivamente le había hecho perder la partida, aunque yo también hubiera salido malograda, pero jamás una derrota había sido producto de tanta dicha.

Mis movimientos se volvieron continuados, pese al dolor del inicio, el placer se coló disimuladamente una vez seguí con mi danza encima suyo. Arqueé mis espalda y mi cabeza hacia atrás, y tomé sus manos para depositarlas en mis pechos, adoraba aquella sensación, y mis caderas lo demostraron haciendo que el movimiento se volviera más enérgico. La trayectoria circunvalada que llevaban hacía que pudiera sentir con más fuerza su miembro dentro de mi, y eso me gustaba, me gustaba muchísimo, podría jurar que era la cosa que más me gustaba en el mundo. Volqué mi mirada en él, para analizar su semblante, era una perra egoísta, no le había tenido en cuenta en aquel acto, pero él sabía que yo no era de las que se preocupaban por lo que fueran a decir los demás, y yo sabía que a él le gustaba. No sé si tanto como a mí, porque tener aquel cuerpo, entre mis piernas, y a aquel capitán general de todas las naciones del mundo, de la galaxia y del universo (?) dentro de mí santía que me hacía ascender hasta el Olimpo, junto a él, junto a su malvada y socarrona sonrisa, junto a sus juegos de titiritero. Yo quería seguir empapándome de todo aquello, quería seguir empapándome de Shen hasta ahogarme, él había atravesado una barrera en mí, joder, literal y metafóricamente hablando, y como intruso en mis dominios, le castigaría, ojalá durante mucho, mucho tiempo.

Me ha tocado el premio gordo — sonreí.
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Lucita Kent
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