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Retiro de 4 días y un pequeño encuentro [Priv. Kayonara Utaite]

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Retiro de 4 días y un pequeño encuentro [Priv. Kayonara Utaite]

Mensaje por Mizuki Sakuragi el Mar Ago 27, 2013 12:01 am

Era el día ideal, un sol cálido, cielo despejado, briza fresca de mañana, más precisos eran las 6 A.M., y yo me encontraba en la terminal de autobuses, con 2 maletas grandes con ropa y cosas útiles a los lados de mis piernas en el suelo, Momo en un pequeño bolso para perros colgado de mi hombro y una mochila con lo más indispensable a la mano. Por casualidades de la vida, había llegado a mis manos un folleto que contaba sobre un corto retiro a zonas naturales que se encontraban aledañas a la ciudad; mi pasión por demás era dibujar zonas naturales y animales salvajes (tranquilos obviamente, no voy a dibujar un jabalí), por lo que la idea de un corto viaje no me sentaba para nada mal. Investigué en la agencia que organizaba estos retiros, solo se hacían en los fines de semana largos, y casualmente en los próximos días habría uno, serían 4 días y 3 noches en una montaña boscosa donde había un hostal propiedad de la agencia.
Sin pensarlo más me inscribí y pagué la tarifa del viaje el mismo día que averigüé, me parecía maravilloso un viaje de estos en época de clases, y lo mejor es que se dejaban llevar mascotas que no fuesen muy grandes, mi Momo era un perro de raza pequeña, era perfecto para llevarlo conmigo y no tener que buscar quien lo cuide.

-Seguro serán días geniales, ¿no, Momo?- dije a mi perrito que me miraba fijamente mientras seguía esperando el autobús junto con otras 20 o más personas que se había inscrito para el viaje. Sin pensarlo saqué a momo de su bolsa y lo levanté en brazos sonriéndole excesivamente alegre. -¡Vas a conocer lugares nuevos, muchos arbolitos donde marcar tu territorio, y te dibujaré mucho en espacios donde te veas mucho más lindo!- le dije sin importarme como me mirase la gente, que seguramente pensaban que estaba loco por hablarle a un perrito.

Unos momentos más tarde llegó el autobús, nuestras maletas fueron guardadas en el compartimiento correspondiente, y unos 30 minutos después salimos con rumbo a las montañas. El viaje duraría alrededor de 5 horas, por lo que llegaríamos a las 11 o 12 del mediodía, pero, aunque tuviese el tiempo suficiente como para dormir, no podía hacerlo, me la pasé tomando fotos a los distintos paisajes que vi pasar durante el recorrido.
Fue algo largo, pero al llegar a destino quedé maravillado con el hostal, era una casa antigua muy grande y espaciosa, con un toque inglés muy llamativo y precioso. Había unas diez o doce habitaciones con camas como mucho, esto llamó mi atención, ya que éramos muchos allí, sobraba gente; el guía, cuando estuvimos en el recibidor pasó a explicarnos que compartiríamos habitación con alguien más, ya que el objetivo del viaje era también conocer gente nueva.
El encargado pasó a nombrar las parejas organizadas por la agencia, consistían en parejas del mismo sexo para que no hubiese problemas con nadie, por mi parte me pareció perfecto, mientras no tuviese inconveniente con los perros estaría genial. Cuando llegó por fin mi turno, un tal "Kayonara Utaite" fue nombrado luego de mi nombre, así que busque con la vista a la persona que tuviese su mano alzada, encontrándolo con facilidad.

Tomé mis cosas y fui hasta él con una sonrisa, volví a dejar las maletas en el suelo cuando estuve a su lado y tomé sus manos con mucha alegría y simpatía. -¡Hola, mucho gusto, me llamo Mizuki Sakuragi, espero nos llevemos bien este fin de semana jeje!- exclamé muy feliz de poder conocer a alguien nuevo, a la vez que Momo también saludó con un pequeño sonidito desde el bolso bajo mi brazo. -¡Ah! este es Momo, espero no tengas problema con los perros jeje- agregué sonriendo alegre sin soltar sus manos ni un segundo y viéndolo fijamente a los ojos.
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Re: Retiro de 4 días y un pequeño encuentro [Priv. Kayonara Utaite]

Mensaje por Invitado el Vie Ago 30, 2013 5:10 pm

Cinco y sonaba la alarma del móvil. Una alarma personalizada obvio. Si el músico se fuese a despertar con un ruidoso y molesto sonido de una alarma corriente, lo que estuviera a su alcance no sobreviviría ni un minuto más para contar su vida. Se desperezó con escasa gana de salir de la cama pero lo hizo y con pasos arrastrados y lentos se vistió. La maleta y mochila ya estaban listas desde el día anterior. Harinita lo ayudó, más bien, ella le hizo la maleta mientras él decía que necesitaba rodando por la cama. Intentó atravesar el salón lo más silencioso que pudo pero ahí estaba el rey de su choza; Shuyt. El gato negro maullaba meciéndose entre las piernas del chico. – Jolines… - susurró agachándose – Te llevaría lo sabes. Pero a ti no te gusta estar con otra gente. A mí tampoco pero es una ida a la montaña. – explicó con paciencia y pena por dejarlo acariciando a su mascota como si fuese una persona. No era una persona, pero para él, Shuyt era mucho mejor que mucha gente. – Solo serán unos días y vendré con melodías nuevas para tocarte. ¡Te lo prometo! – Sonrió tomando por segundos el gato en brazos y lo llevó a su alcoba – Harinita te cuidará bien, lo sabes, ¿no? Y tú cuida de ella, eh. Porque ya sabes, nuestra reina no tiene los tornillos todos. Y ahora shhhh, que despertarás a la reina. – le guiñó un ojo como si el gato lo entendiera. Lo que no era muy erróneo pensar, porque justo le obedeció viendo como su compañero humano se marchaba de mochila a la espalda, maleta colgando del hombro, piano portátil metido en la funda en una mano y en la otra la guitarra enfundada de igual modo. Y de algún modo se las arregló para cerrar la puerta sin hacer mucho ruido para no despertar a la bella dormida que se quedaría a cargo del loft mientras no estaba.

En menos de 20 minutos llegó a la estación de buses en un taxi que Harinita le había reservado el día anterior. Harinita siempre tan atenta con lo que él ni se recordaba de que podría existir. Faltaban unos segundos para que el reloj marcara las 6 y tenía que esperar el bus de la empresa que organizaba la excursión. Estaba acostumbrado a esa compañía, solía ir muchas excursiones hechas por la misma ya que el entretenimiento y las condiciones siempre eran muy buenas. Y los lugares que elegían eran muy inspiradores.  Como siempre había mucha gente apuntada y a Kayo se arrepió que ni gato – Multitud… - murmuró enfurruñado suspirando de alivio al ver que llegaba el bus. Acomodó toda su bagaje en el compartimiento adecuado y solo llevó para dentro del transporte la mochila y la guitarra. Pasó el viaje todo dormido porque solía marearse en los transportes. Y aunque hubiera tomado pastilla por si las moscas no funcionaba, preferiría dormir. Además estando dormido nadie le platicaría. No tenía un perfil muy sociable.

Entre bostezo y arrastrar de pies caminando al interior de lo que sería su “hogar” por unos días, observó maravillado la arquitectura. ¡Le chiflaba la arquitectura antigua! Y rápido se espabiló posando tanto los instrumentos enfundados en el suelo. El guía estaba explicando, Kayo no hacía la mínima idea que explicaba con lo embelesado que estaba por el lugar. Escuchaba una voz lejana. Total, podría saber más o menos lo que decía ya que el sistema de organización no cambiaba en mucho de excursión para excursión.  Volvió a ponerle atención al guía cuando se percató que empezaba dictar una lista de parejas. No faltaría la regla que hay que compartir habitación. El joven cruzó dedos y cerró ojos con fuerza, la ultima vez le había tocado un viejo gordinflón con las pieles a caerle por todos los lados como compañero de pieza. Y encima que solía comer al joven con los ojos. Pero seguro ni le levantaba por ser tan viejo.  Era de ese tipo de viejos que tienen una mente súper obscena y son unos descarados pero ni con viagra se les levanta ya. – Que sea al menos un tipo de 40 máximo y no sea gordo y que esté comestible… - murmura como si estuviera rezando. No le importaba nada que le mirasen raro y hasta hubo gente que se apartó del chico disimuladamente por así decir. Nadie quería estar cerca de un loco. El guía solo se rió por lo bajo. Ya conocía a Kayonara desde hace tiempo porque era un cliente muy habitual y más que dejaba muy buenas propinas aunque siempre acompañado de halagos poco corrientes que dejaban a cualquiera sonrojado. Sin embargo, se había dado cuenta que el chico solo era muy suelto y ni pensaba lo que decía. Solo era espontaneo.

Mal escuchó su nombre alzó la mano todavía sin abrir los ojos. Estaba receloso a saber quién le tocaría de esta vez. – Un globo gigante no….por favor… - siguió murmurando hasta que escuchó un saludo seguido de una presentación y con recelo abrió un solo ojo bajando el brazo. Se le iluminó el rostro y de la nada sus manos fueron tomadas y no le importó nada. Parpadeó pasmado, ¡el tipo estaba tan comestible! – ¡No pareces bola de grasa viviente! – soltó sin más animado – Es más te daría mi poto ahora mismo. – confesó sin pensar si eran cosas que debería decirse a alguien que recién conoces. Se río aliviado, no le había tocado un viejo grasiento. El tipo parecía un adolescente pero no creía que lo fuera, a esas excursiones suelen ir adultos. A lo mejor era como Kayonara que tenía 21 y aparentaba ser un enclenque crío. – ¡Un perro! – su expresión infantil se volvió más infantil todavía - ¡Me encantan los animales! Excepto los pajaros… - arrugó la nariz; tenía fobia a las aves. – Por cierto, soy Kayonara pero siempre me dicen de otro modo más corto. – se presentó con mucha familiaridad mirando tierno al perrito. – ¿Puedo cogerlo? ¿Puedo? – pidió con una voz entre entusiasmada y tierna. ¡Los animales eran una de sus debilidades!
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