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Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

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Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Mar Jun 11, 2013 10:18 pm

En aquella ocasión se encontraba frente a una oscura, pero despejada noche, en donde se podría observar en todo su esplendor las hermosas estrellas en el cielo acompañadas de una magnifica y gran luna llena en aquel manto de oscuridad, por obvias razones decidió escabullirse con sumo sigilo dentro de las instalaciones educativas para dirigirse hacia la azotea del mismo Instituto y así poder contemplar el esplendoroso cielo con sus orbes verdosos. Mientras se dirigía al sitio no podía dejar de pensar en la falta de seguridad en el sitio, en las anteriores escuelas que había visitado se podían apreciar guardias por doquier, en cambio, ese sitio estaba desierto, desierto de autoridades al menos pues podía jurar haber visto a una que otra persona que parecían ser alumno. –Die französisch sind sehr zuversichtlich–. Menciono casi en un susurro, era mejor dejar de lado su opinión sobre los extranjeros, bastante malo había sido su día como para ponerse a pensar en los defectos de las personas con las que ahora vivía.
Lentamente caminaba y subía un sin fin de escalones para poder llegar al sitio ideal y así poder observar tan maravilloso y tranquilo espectáculo, sus pasos eran extremadamente suaves. Aquella noche vestía de una manera bastante ligera y cómoda, pantalones de mezclilla color negro ajustados, junto a una blusa roja con finos detalles, mientras parte de su cuerpo y por sobre la camisa era cubierta por una delgada chaqueta de color negro. Tenía el cabello algo alborotado por la brisa nocturna aunque no podía importarle menos, si lo pensaba en retrospectiva se estaba empezando a acostumbrar a vestir con finas y provocativas ropas por culpa de Jared. Tomo aire, cerro los puños y siguió subiendo escalones, tenía demasiado en la cabeza.
Finalmente pudo llegar a su destino y se acercó al barandal para poder apoyar sus brazos en estos y así alzar su mirada hacia los cielos, no sin antes sacar de uno de los bolsillos de su chaqueta una pequeña bolsita para sacar de este un redondo caramelo para acariciar por breves segundos sus labios para luego finalmente sumergirlo hacia su boca y disfrutar de su exquisito sabor a cereza, su plan inicial había sido fumar allí mismo pero ni siquiera se había dado el tiempo para parar en alguna tienda y comprar una cajetilla.
Contemplaba con suma atención las diversas estrellas en el firmamento, mientras heladas brisas invadían el lugar, pero para ella eran exquisitas caricias debido a que le encantaba ese tipo de climas. La chica se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja para evitar que este le nublara la vista; jugaba con el caramelo en la boca mientras miraba las estrellas, ya más relajada, concentrada únicamente en estas, comenzó a contar con los dedos. –Odiar y que te odien; amar y que te amen; doler y causar dolor; ser feliz y causar felicidad–. Junto sus heladas manos y las froto la una con la otra para lograr un poco de calor. Luego continuo. –Son la misma cosa, indican que estas vivo y sin embargo yo odio a los que sólo existen y no viven–. Rendida al no poder conseguir calentar sus manos, dejo caer sus brazos sobre el barandal de nuevo, cambio el peso de su cuerpo para apoyarlo todo sobre una de sus piernas y continuo mirando el hermoso cielo mientras hablaba a media voz. –Lo que daría por un cigarro–.


Última edición por Marceline Abadeer el Sáb Jun 15, 2013 4:49 pm, editado 1 vez
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jun 15, 2013 9:05 am

Realmente ya se le había olvidado el motivo por el cual había ido al colegio nuevamente, más encima era tarde y ya casi todos las salas estaban cerradas con llaves. Debía tener cuidado por si alguien lo encontraba merodeando por esos lares, pero ni precaución tuvo que tomar cuando caminaba con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, no vio ni un solo vigilante desde que inició su caminata por casi todo el establecimiento. Incluso podría hasta robar utensilios valiosos de ahí y nadie se daría cuenta que fue él, era un negocio redondo para tener dinero a futuro. Sin embargo, tenía la flojera acumulada en su espalda, no iba hacer un esfuerzo tan grande, no ahora cuando andaba sin ánimo y su memoria andaba por los suelos. Como igual se fue iba a llegar, solo debía esperar a que su cerebro hicieran “click” y todo solucionado.

Ya el sol se escondía y daba paso a esa noche tan estrellada,  con estrellas que nunca antes notó. No era de estar observando el cielo tan intensamente y menos darse esos gustos tan triviales, pero ese día sin saber porqué subió como todas las veces a la azotea y se recostó en uno de los rincones, apoyando su cabeza debajo de los antebrazos que usaba como cómodos almohadones. En el día ni los pájaros volando veía, solo estaba con el cigarrillo en los labios y llenándose los pulmones de humo. ¿Ahora que era diferente? Ah sí, no traía cigarrillos cualquiera, no eran de tabaco, eran de marihuana que le habían dado unos chicos en las carrera de motos el día anterior y desde entonces no los había fumado por falta de tiempo. Quizás era el momento de hacerlo ahora, pero mirar tan fijo el cielo nocturno le entró un profundo sueño que poco a poco sus parpado fueron gobernados por el intenso deseo de dormir. Fue así que durante algunos minutos permaneció completamente dormido, medio oculto por algunas sombras porque había poca luminosidad por esos faroles que alumbraban los distintos sectores del colegio.

Aunque no todo podía ser tranquilidad absoluta, porque vagamente a sus oídos llegaron leves vocablos de alguien que hablaba al parecer con otra persona, despertándolo. Habían arruinado su mejor momento de sueño y eso no lo iba a perdonar muy fácilmente, terminando por sentarse en el cemento y observando en dirección al tono molesto de voz, pero no eran dos ni tres, solamente una chica que estaba apoyada en el barandal. Hablando sola. –Vaya sorpresa…– Pensó, al darse cuenta que esa jovencita se trataba ni más ni menos que Marceline, la gatita de la mafia que tenían con Jared. Recordando cual era su misión en ese lugar, era buscarla y llevarla de regreso donde él para planear un fututo atraco. Sin embargo, ya que estaba sola debía aprovechar para saciar algunas de sus malas intenciones con ese cuerpo casi prohibido. – Deja de maullar gata… que aunque quieras la luna no te va a responder – Dijo alto, poniéndose de pie con lentitud y sacudiéndose un poco sus prendas de cualquier polvillo que tuvieran por acostarse tan de repente en el piso. Ni siquiera verificó si había luna, solo dictó palabras por decir.

– Miau…– Se burló, arañando el aire como cual gato rabioso solo para seguir molestándola. Sin embargo, también sacó una copia idéntica de un cigarro normal pero con un contenido completamente diferente, enseñándoselo a la susodicha para que se tentara con el. Había escuchado su última petición y como buen compañero de tretas le iba a dar en el gusto, un gusto que esperaba que lo recordara por el resto de su vida. – ¿Quieres? – Incitó.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Sáb Jun 15, 2013 5:25 pm

Miro de nuevo el cielo, no esperaba una respuesta de los astros, eso era obvio pero había pensado que el exteriorizar sus ideas le ayudaría a encontrar alguna respuesta propia, sin embargo se vio interrumpida con una voz ajena. Ni siquiera tuvo que darse vuelta para saber quién era el dueño de la voz, sabía a quién le pertenecía, para su desgracia conocía muy bien al chico. Su cuerpo se tensó por la vergüenza de no solo de haber sido escuchada sino también por quien la había escuchado, se sintió como si el mundo cayera de golpe sobre sus hombros y deseo como no lo había hecho hacía mucho tiempo, que la tierra se abriera y la arrastrara hacía el confín más lejano posible. – Vögeln – Dijo en un tono tan bajo que solo ella podía haberse escuchado. Tomo aire en un intento vago de recuperar su compostura, bastante mal se llevaba con Hans como para darle más motivos para burlarse de su persona. Giro sobre sí misma asolo para encontrarse con uno de los rostros que con tanto ahínco había deseado no tener que ver esa noche, este parecía haber estado durmiendo allí mismo, la chica quiso darse un golpe en la cara, siempre pasaba lo mismo en ese Instituto, uno buscaba un momento de privacidad y resultaba que alguien estaba ocupando el sitio, era como una maldición; justo vio al chico arañar el aire, si lo que el chico planeaba era burlarse de ella, no lo conseguiría con eso, se había visto tan ridículo que la chica no podía evitar reír. Luego de la rápida carcajada, se aclaró la garganta y trato de recuperar un tono más serio para poder seguir hablando con normalidad. – ¿Qué haces aquí? ¿Estas enfermo? Porque esa es la única explicación que encuentro para verte a ti en la escuela –. Enfatizo el “a ti” asegurándose de decirlo con el mayor desprecio posible, no estaba de tan buen humor como para olvidarse de los problemas por la broma del chico y sobre todo, sabía que si Hans estaba en la escuela no sería para estudiar. A continuación miro lo que se le ofrecía, parecía un cigarro cualquiera, se sintió avergonzada pues eso significaba que Hans había escuchado absolutamente todo lo que había dicho, la poca esperanza que tenia de que eso fuera incorrecto se desvaneció. Se acercó unos pasos hacía él de manera que le fuera posible ver mejor el pequeño objeto. Entorno los ojos con desconfianza y paseo su mirada del cigarro al rostro del chico varias veces, no se creía que él le ofreciera algo solo porque sí, por mucho que odiara admitirlo y por poco que pareciera, Hans era un delincuente y como a cualquier delincuente, se le debía tener desconfianza, en cima el chico le había parecido ya muchas veces un maniaco capaz de todo, constaba confiarse el que le reglaría algo sin estar planeando alguna cosa. Aun así estiro la mano y tomo el cigarro, no quería mostrarse temerosa porque ya muchas veces le había ocurrido con ese tipo de personas, si uno mostraba un poco de desconfianza en sus acciones se lo podría comer vivo; jugueteo un poco con el cigarro entre sus dedos, parecía un cigarro cualquiera pero seguía teniendo sus dudas, lo miro con una ceja levantada y volvió a ver a la persona que se lo daba solo para después preguntarle con auténtica curiosidad. – ¿Qué es esto? ¿Le pusiste algo? – Su voz cambio casi en automático debido a su propia personalidad y continuo hablando con sarcasmo. – O me vas a decir que ahora somos amigos y me regalas cigarros solo porque sí –. Se acomodó el cabello con una mano libre y cambio el peso de su cuerpo para apoyarse en una sola pierna, a continuación estiro la mano para que Hans tomará el cigarro, miro a este con una sonrisa alegre, como si se tratara de una niña pequeña pidiéndole ayuda a cualquiera de sus amigos. – Enciendelo para mi… – Se encogió de hombros como si de verdad lamentara tener que hacer eso. – No traigo encendedor así que es mejor que lo hagas tu –. Agito de nuevo el cigarro como si estuviese cansando de sostenerlo mientras seguía con la mirada cualquier cambio de actitud que pudiese tener el chico.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Dom Jun 16, 2013 5:39 am

Estaba más que seguro que se iba a quedar en esa azotea por un buen rato y más si tenía a la gatita a solas con él. Debía aprovechar aquellos momentos sin la interrupción  de Jared como siempre lo hacía. Sin embargo nada era fácil y la contraría hacia las típicas preguntas de “¿qué haces aquí?” y demás, como si el mundo no fuera libre para caminar por donde a uno se le antojara, ni que fuera la novia tampoco. Reflejando una clara mueca de disgusto en su rostro por todas esas palabras, ni que pensara que le iba a responder y aunque lo hiciera todo lo que saliera de sus labios iba ser ironía pura.  Cierto era que su presencia en la escuela era rara, más porque la mayoría de las veces se saltaba las clases para estar fumando, tomando o simplemente divirtiéndose en otro lado del establecimiento. No era un buen estudiante y menos de buenas notas, era obvio que pensara de ese modo.

No obstante su ofrecimiento del cigarrillo fue bien recibido, aunque con ligeras muestras de desconfianza que notó fácilmente en sus ojos. Subían y bajaban cada cierto tiempo, como si estuviera analizando el producto y quien se lo estaba ofreciendo, no era tonta al parecer, pero le estaba dando en el gustito de su petición anhelada a las estrellas que jamás le iban a escuchar, debía agradecer que al menos él estuviera ahí con ese regalo tan divino. – No seas ridícula, si no lo quieres simplemente me lo devuelves y ya – Dijo respondiendo al tema del cigarrillo, no tenía veneno para que se muriera así que si no lo quería él fácilmente se lo podría fumar en algún rincón de aquella azotea. Desperdiciar, nunca.  – Como si fuera a gastar dinero haciéndote trampitas… ¡jah! Ilusa, no eres tan importante. – Agregó luego de tomar el cigarro de la mano ajena, había escuchado que no tenía encendedor y que se lo prendiera, exactamente iba hacer eso.

Introdujo la mano dentro del  bolsillo izquierdo del pantalón y sacó su encendedor cuadrado negro, pero antes de encenderle el  pitillo se lo puso en los labios afirmándolo con bastante comodidad y ofreciéndole otro a la chica para que no dudara de que aquel tuviera algo antes, mejor manera de probárselo fumándolo él mismo. – Estas rodeada de peligros por nuestro trabajo… y le temes más a un simple cigarro que te doy, me das risa – Mencionó bastante sarcástico ante la situación que se presentaba, era como si la otra pensara lo peor del en cada momento del día y quizás no estaba tan equivocada del todo, pero no era de aquellos de andar siempre con la maldad en mano. Pasaba más divirtiéndose que andar pensando en molestarla a ella.

Acercó la flama del encendedor a la punta de esa imitación barata de tabaco, aspirando para conseguir que se encendiera velozmente. Luego y sin esperar más le lanzó el encendedor a Marceline para que lo sujetara, si quería prendía el vicio que le proporcionaba, si no, ella se lo perdía en grandes dimensiones de placer absoluto. Soltó el humo en dirección al cielo, dejando que se combinara con el aire. – Pruébalo ya, gallina – Concluyó, sujetando la marihuana envuelta entre dos dedos, el índice y medio.  Esperaba ansioso la respuesta de su acompañante, pero sabía que era aburrida, demás que ni una aspirada le iba a dar.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Lun Jun 17, 2013 5:38 am

Dejo de sonreír cuando él tomo el cigarrillo, tomo aire y se encogió de hombros mientras este lo encendía, poco le importaba lo que le dijera pero igualmente no podía imaginarse a Hans regalando cosas; suspiró pensando que quizá él se podía estar cansando de sus peleas infantiles tanto como ella, pensó que incluso podrían llevarse un poco mejor y no discutir tanto cada vez que se veían pero con tan solo mirarlo unos segundo más se dio cuenta que estaba muy lejos de la realidad el pensar así. –Sí, sé que no soy importante para ti, oh como quisiera serlo – Comentó con una falsa voz de tristeza, la bromita esa no le hacía gracia pero daba igual pues sabía que discutir no la llevaría a nada bueno; sí, estaba a años luz de llevarse bien con él. Cuando el chico le ofreció otro cigarrillo idéntico al anterior, decidió aceptar sin quejas, si podía ponerse el primer cigarro en la boca, significaba que no podía ser tan malo, a menos claro que eso hubiera planeado desde el principio, la chica pensaba en mi posibilidades sobre lo que podía estar planeando Hans, sobre las cosas que ella misma haría o diría pero se vio interrumpida, fuera de sus pensamientos, regreso su mirada a su acompañante. Sonrió con ironía al escuchar su comentario, parecía que la había leído la mente, era imposible no ser desconfiada con las personas, precisamente con el trabajo que tenía, ser desconfiado era una cualidad que muchas veces le había logrado salvar la vida. –Bueno, es raro que tu estés tan de buen humor como para invitar cigarros, y sobre todo, no se trata de “a que le temes” sino “de quien te cuidas” –. Después de decir eso estiro los brazos hacia el cielo como si recién se estuviese levantando de una siesta, tenía el cuerpo algo tenso y eso de estirarse ayudaba mucho en la situación.

Le costó un poco tomar el encendedor, bajo los brazos lo más rápido que pudo para tomarlo pero terminó viéndose como si hiciera malabares con el objeto para evitar que cayera al piso. Una vez pudo tomarlo bien y con el cigarrillo en una de las manos, le dedico una sonrisa agria a Hans, sabía que se había visto ridícula pero esperaba que este guardara silencio. –Pensé que era una gata, no una gallina – trató de imitar lo mejor que pudo al chico y araño el aire con el encendedor aún en la mano. Luego lo uso para encender el cigarro esperando llenarse los pulmones con el humo y el sabor del tabaco sin embargo no fue eso con lo que se encontró, era un sabor distinto, un sabor más natural e incluso un poco dulce. Soltó el humo lentamente disfrutando del olor, igual de delicioso. El olor de la marihuana, tan inconfundible, tan único. Miro a Hans entre sorprendida y divertida. –Marihuana, ¿enserio? Comienzas a agradarme Hans – Movió el cigarrillo entre los dedos, examinándolo con cuidado, ahora, encendido se podía ver el tono verdoso de la yerba, el olor que poco a poco los rodeaba. Jamás había visto ese tipo de presentación, realmente parecía un cigarrillo común, era una gran idea para las ventas. Podría usarlo para sus propias ventas, era una idea lida tener ese tipo de facilidad para comerciarla. Se tocó la mejilla y cerró los ojos con alegría, le dio otra jalada al cigarro y disfruto un poco más del sabor; desde que había llegado al instituto no se había dado el gusto de fumar yerba, solo podía vigilar a los vendedores que trabajaban con ella para que no se aprovecharan y robaran la mercancía para ellos mismos, sin embargo era bueno tener un poco en ese momento. Soltó el aire y estiro la mano para devolverle el encendedor a Hans, solo por el simple hecho de darle ese cigarrillo se había ganado un poco de aprecio.

Camino de vuelta al barandal y se apoyó de espaldas en él, recargando únicamente los codos, se quedó mirando al chico con una sonrisa.  –Entonces… ¿qué tal tu noche? – Su plan original había sido preguntarle sobre el origen de la yerba o el por qué se la regalaba así como así pero la verdad no le importaba y sabía que en lugar de responderle él daría alguna respuesta sarcástica así que no valía la pena arruinar su buen humor, más cuando la yerba le ayudaba a sentirse relajada. Le dio otra probada al cigarrillo, se sentía bien poder relajarse así, tanto que podría romper a reír como niña pequeña en cualquier momento pero de igual manera decidió contenerse.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Vie Jun 21, 2013 5:05 am

Iba ser su imitación de cigarro tránsfugo hasta que la chica diera su primera calada, porque era obvio según él y todo el mundo que ha fumado marihuana que inspirar y botar el humo de la hierba no iba a causar el mismo efecto, esta fumada no era para los pulmones si no para el cerebro, no tenía sentido hacerlo si su mente no se volvía algo alocada y con gusto a diversión. Prefirió callar ante sus palabras, no contestarle nada más o no podría ver el gesto facial ante el sabor que iba a proyectar en sus papilas gustativas que posiblemente ya haya probado, pero con él  nunca y eso era un paso más para disfrutar junto a ella, una instancia que terceros no estuvieran ahí para estar molestando por cualquier cosa y mejor aún, nada de trabajos a cumplir por las ordenes de Jared y más que nada porque las odiaba, sin embargo su orgullo era fácilmente comprado por un par de fajos verdes bien regordetes.

No negaría que tuvo deseos al contestar su insinuación de que se cuidaba del o más o menos eso le dio a entender. Posiblemente, quizás era verdad, no había sido tan “bueno” con esa mujer desde que la vio metida en los mismos enredados prófugos que hacía junto al otro y eso lo sacó de sus casillas completamente. Es como el buen dicho machista que escucha siempre en las calles “Mujer al volante, peligro constante” y eso era lo que pensaba siempre, era un peligro para una misión. Sabía que ya era un cliché decirlo y pensarlo, pero siempre y siempre lo iba a pensar así. Velozmente una sonrisa burlesca se dibujó en sus labios, divertido al ver a la fémina ridiculizándose por su propia cuenta al no sujetar de manera firme el encendedor lanzado, aunque no era la primera vez que quedaba como una torpe en frente de sus ojos bicolores.  

–Ay… no  pensé que extrañabas tu apodo… gatita– Dijo bastante irónico para acabar jodiendo de la risa por aquella maniobra con la mano tan conocida para él, ese gesto lo había hecho hace un rato, idéntico e inconfundible. No obstante a él le salía mucho mejor aquel rasguño al aire. Finalmente lo que había esperado llegó a su encuentro, la chica dio su primera jalada aquel pito disfrazado y bueno, lo descubrió. Al parecer ya había fumado esa hierba porque el reflejo de su cara era más gozo que extrañeza, mejor así, ya no la encontraría tan atontada y niñita de preescolar que no mataba ni una mosca.   –Vaya así que la conoces… que sorpresa– Mencionó quitando el filtro del cigarro y dejándolo como un simple papelillo de marihuana envuelta. Ya no tenía que estar fingiendo que era un pucho, ahora podía actuar libremente para dar las jaladas que quisiera. Antes de hacer todo eso, tomó el encendedor propio de la mano de Marceline y lo guardó en su bolsillo delantero del pantalón con toda la tranquilidad del mundo.

Ya la chica no estaba frente del, se había alejado hacia el barandal para apoyarse, hubiera hecho lo mismo pero no, terminó por dejar caer su cuerpo al suelo y poniendo una de las piernas dobladas y la otra medianamente estirada.   –Aburrida… por eso me quiero animar un poquito con esto – Respondió llevando la droga hacia sus labios y dándole una profunda calada hasta sentir que ya no podía más, reteniendo el humo por algunos segundos en su interior para que hiciera el efecto correcto a su sistema y luego botarlo lentamente por la boca.  –Deberías fumarlo bien, no te vas a volar nunca si lo chupas como cigarro ¿Cómo podré abusar de ti así?– Aconsejó con una sonrisa en los labios, terminando con una ligera broma en su pregunta y apoyando el antebrazo de la mano que sujetaba el pito encima de la rodilla de su pierna doblada.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Sáb Jun 22, 2013 10:49 pm

Se encogió de hombros ante los comentarios de Hans, no entendía porque le causaba sorpresa cuando era bien sabido que ella se estaba encargando de los negocios de venta de drogas de Jared, era obvio que conociera la marihuana aunque considerando la idea estúpida de niñata tonta y confiada que tenia de ella el chico, quizá si pudiese sorprenderle. Sin decir nada, obedeció sin importarle mucho al chico, le dio una calada al “cigarro” y mantuvo el humo un rato, la verdad la marihuana no era mucho de su gusto pues después de relajar a uno y en su caso hacerla reír hasta más no poder, no causaba mucho más. Soltó el aire lentamente mientras escuchaba la irónica oración de Hans. – ¿Abusar de mí? – Lo miró y comenzó a reír sumida en no más que pura diversión. Era típico de los hombres como él, pensar en drogas, dinero y sexo, siempre viendo a las mujeres como objetos fáciles de tomar, siempre era lo mismo, si la opinión de ellos era que todas las mujeres eran inútiles pedazos de carne entonces decir que todos los hombres eran inútiles animales en busca de carne también era correcto. Hans no era muy diferente y no era el primer chico de ese tipo que ella conocía, pensando que podía hacer lo que quisiera, que ella sería como las chicas de su edad, sumisa y tonta, dejada. Tomó aire tratando de recuperar el aliento tras reír tanto. –No me hagas reír con eso, quizá sea otro el que deba cuidarse – Fumo otro poco, manteniendo el humo dentro de la boca sin dejar de sonreír, tras un pequeño lapso dejo escapar el humo con la vista hacia el cielo, con la mano libre y parándose correctamente, imito de nuevo el arañazo al aire. –No sabes de lo que soy capaz, miau – Siguió riendo después de decir esa tontería, era gracioso pensar en Hans creyéndose capaz de hacerle algo cuando este dependía tanto de Jared y este ultimo la tenía con más cuidado que cualquiera a ella, no por nada se había esforzado tanto en ganarse su aprecio y cariño; eso mismo la mantenía lejos de las garras de Hans, si lo pensaba bien él no era mucho más que un peligro para las putas, jamás lo había visto con otro tipo de chicas, sonrió pensando que quizá un poco de su mala fama fuese solo imagen y no tanto algo real.

Se quedó parada un poco más, dio dos caladas profundas antes de caminar hacia Hans, sintiéndose más relajada, producto de la marihuana, se sentó a un lado del chico con las piernas cruzadas y lo miro como si buscara algo en su rostro. Entorno los ojos como cuando uno en verdad trata de concentrarse para encontrar algo, sin embargo después de unos segundos se recostó en el suelo, estirando las piernas y con la vista en el cielo. –Sabes… la marihuana es mejor cuando la fumas de pipa, pega más y se siente mejor el sabor aunque el efecto es un poco más rápido. Aunque a mí me gusta más fumarla con manzana, raspa la garganta un poco pero sabe muy bien – Sonrió y le dio otra calada, más profunda, aguantando un poco más el aire antes de soltar el humo, se quedó mirando las estrellas, había llegado allí con esa razón, se veían lindas antes pero ahora con la mente nublada por la ligera droga, se veían aún mejor, más brillantes, más cercanas y quizá hasta un poco más vivas. Sentía las mejillas cosquilleándole por tantas sonrisas, no solía hacerlo, sonreír no era lo suyo, por lo menos de esa forma, sincera, sin tener que quedar bien, sin tener que fingir, vagamente se recordaba que no estaba con la mejor de las compañías y no debía confiarse mucho pero era divertida la sensación que tenía, la marihuana hacia que el cuerpo se sintiera como dormido, ayudaba como anestésico así que su cuerpo dejaba de sentirse en cierta forma, muchas veces le había pasado, cuando más joven que al fumar marihuana junto con el grupo de chavales a los que solía llamar amigos, terminaban riendo y mirando cómo se golpeaban los unos a los otros sin sentir nada.  Esa parte de tontear era buena en algunas formas. Comenzó a reír ente dientes, sin dejar de mirar las estrellas. –Soy yo o se están moviendo muy rápido… – Señalo las estrellas un rato, sentía el brazo pesado y a la vez ligero, seguido a eso otra calada al cigarro. La marihuana en ese tipo de envoltorios se quemaba rápido y sabía que no le duraría mucho aunque el efecto se quedara un poco más. Bajo el brazo que tenía estirado hacia el cielo y se cubrió la frente con la palma de la mano mientras seguía riendo sin razón y el humo escapaba entre risas. Sin motivo, las estrellas le parecían muy divertidas.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jun 29, 2013 4:19 am

Volvió acercar la hierba a sus labios ya sin el filtro incluido, dejando que sea más fácil de llevar toda aquella sustancia a su organismo. Sin embargo le gustaba de la forma tradicional, con el papel más delgado estilo biblia y sentir la marihuana más fuerte que lo dejara pasado en una sola lanzada de humo al aire, pero esa nueva forma de marihuana camuflada en cigarrillo era innovadora y fácil de comercializar a simple luz del día. Iba causar gran impacto entre las masas jóvenes desesperadas por un rato de diversión. Bien lo sabía él que pasaba de un lugar a otro buscando entretenimiento fácil y más cuando todo está en bandeja de plata para uno. Sonrió manteniendo el humo unos varios segundos, hasta que no aguantó más y lo expulsó libremente por su boca, escuchando entonces la pregunta junto con esa molesta risa. No entendía la gracia, pero seguro era muy bueno para causar tanto en esa fémina que solo la miró con una ceja alzada esperando que acabara de  una vez por todas con ese show, ese show que parecía casi cómico.

Estuvo a punto de seguirle el mismo juego, escapándose algunas tímidas sonrisas de los labios, pero deteniéndolas rápidamente por el nuevo hablar de ella, no obstante se mando a estallar de risa pura, una risa tan sonora y sacada del alma que no podía ni mantener la cabeza levantada. Era muy gracioso, tan gracioso como burlarse de la caída de alguien en plena calle pública. Le estaba diciendo abiertamente que él debía cuidarse, acaso ¿se iba a tirar encima a violarlo como depredadora sexual? Una imagen que no podía crearse en su mente y menos de ella que siempre le anda reprochando todo. – No creo que seas capaz gatita… eres de las que saca las garras pero no rasguña – Dijo luego de volverla a mirar, notando aquel intento patético de rasguño en el aire e insistía que él lo hacía mucho mejor, hasta el maullido había reproducido que lo dejó con una nueva sonrisa. Seguramente la yerba ya le estaba haciendo efecto, porque nunca la había visto tan tonta como lo estaba haciendo ahora, aunque la prefería así que toda seria e insoportable.

Volvió a probar el cigarrillo y inspiró como si no tuviera otra opción, sintiendo como su diafragma se contraía y los pulmones se expandían, cuando ya no puedo más lo retiró y aguardó hasta que el humo hiciera su trabajo, ya después de eso simplemente lo botó. Notando como la gatita estaba sentada a su lado viéndolo raramente, quiso ahí darle un beso, acercado el rostro perezosamente pero ella irónicamente se recostó en el suelo antes de hacer algún sutil contacto. Curvó los labios frustrado observándola de reojo y escuchándola hablar una vez más, pero poco le interesaba y no prestó atención a nada de sus vocablos, más solo continuo ingiriendo aquella droga mientras la otra reía como desquiciada. – Si, todo se mueve… – Murmuró contagiándose por esa risa, aunque más era porque estaba pensando en una pequeña travesura. – Como yo que ahora estoy encima de ti – Agregó, subiéndose arriba de la contraría con tanta libertad, poniendo las rodillas a los costados del cuerpo sometido y lanzando lo poco y nada que le quedaba del cigarro para fumar, una o dos fumadas ya y estaría acabado. No le importó, se deshizo de aquel.

– Para jugar un ratito… – Concluyó, sujetando ambas muñecas de Marceline y subiéndolas hacia arriba de la cabeza, tan rápidamente que no iba a dejar tiempo para que reaccionara y le arruinada el momento. Su rostro lo mantuvo cerca de la misma y le sonrió tan maliciosamente como un depredador asechando a su presa.  Pudo observarla directa a los ojos, pero solo centró sus orbes en los labios femeninos, tan seductores y atrevidos que deseaba comerlos de un bocado. Luego, sin vergüenza le contemplo el rostro completo.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Mar Jul 02, 2013 9:32 am

Su visión de las estrellas se interrumpió por el rostro de Hans, apenas había prestado atención a lo que él le decía, como si se encontrara en un concierto, los sonidos eran demasiado amortiguados y ruidosos en su cabeza, demasiadas cosas en su cabeza pasaban al mismo tiempo pero a la vez parecían muy poco importantes; la eufonía y la sensación de lejanía que le causaba la droga era demasiado divertida como para dejarla por algo que tuviese que decir él. Dejo de reír cuando sintió como la tomaba por las muñecas y levantaba estas por encima de su cabeza, lo miro por unos segundos mientras trataba de entender por completo la situación, sumado a que lo poco que le quedaba de cigarrillo había caído al suelo al ser tomada por las muñecas, perdiéndose las últimas caladas de marihuana, tenía a uno de los hombres que más problemas le causaban en su vida, encima suyo, encarno las cejas sin poder creérselo ella misma. Trato sin fuerzas de liberarse de las manos del chico, todo le parecía demasiado lento y demasiado irreal, así que no le podía prestar mucha atención o alarmarse por lo que pudiese pasar, seguía sintiéndose igual de relajada y feliz que antes, incluso con el rostro masculino tan cerca de ella. Le devolvió la mirada y se encontró a ella misma reflejada en los ojos ajenos, tenía las pupilas dilatadas pero eso era normal, era un efecto de la marihuana, sonrío más por su reflejo que por otra cosa para luego hablar con toda tranquilidad, su voz era baja y aterciopelada. – ¿Qué tipo de juego es este? No parece ser muy divertido – Incluso si entendía las intenciones del chico, no estaba dispuesta demostrar que se daba cuenta, era más fácil hacerse pasar por tonta y fingir que por la droga no se daba cuenta de nada, aunque fuese verdad que por esa misma no le estaba poniendo la misma importancia a sus acciones de lo que habría hecho sin ella, en situaciones normales ya habría pateado al chico o al menos le abría escupido la cara, contrario a lo que habría hecho su ser racional, siguió mirándolo sin dejar de sonreír, recorrió el rostro ajeno como si se tratase de poco menos que un cuadro, una fotografía o una pintura, sentía que se detenía en cada detalle, pocas veces se había tomado el tiempo de mirar a Hans, como siempre terminaban pelándose cuando estaban juntos, prefería muchas veces pasar de él y ahorrarse las bromas pesadas y problemas además de las incontables venganzas que parecían nunca tener fin, incluso cuando estas las comenzaba ella. Entorno los ojos al encontrar algo que para ella era entretenido y diferente en el rostro del chico. –Tienes una mancha en la cara, si lo pienso bien, siempre la tienes, deberías lavarte la cara de vez en cuando – Trató de librarse del agarre de nuevo mientras reía suavemente, el tatuaje en el rostro de Hans se le antojaba la cosa más divertida del mundo en ese preciso momento, aunque claro, dadas las condiciones en las que se encontraba, cualquier cosa le hubiese parecido entretenida y graciosa, incluso el vuelo de una mosca. Siguió riendo suavemente, ya no se sentía tan cómoda riendo como antes y comenzaba a sentirse acorralada; tomó un poco de aire antes de hablar con seriedad. –Ya suéltame, este juego no es divertido, es más bien muy aburrido, quiero jugar a otra cosa – Giró el rostro a un lado dejando de una vez la sonrisa de antes, se mordió el labio inferior, tenía la mirada fija en uno de los espacios de la azotea, entre las brumas de su cabeza y la relajación mezclada con diversión de la droga, trataba de encontrarse a sí misma, sabía vagamente que “juagar” con Hans era como jugar con fuego, si no conseguía reaccionar más rápido, encontrar una forma de librarse de él terminaría mal parada o en una situación de la que sería mucho más difícil librarse. Seguía con su lucha mental pero por más que trataba no lograba atrapar el pensamiento que quería, se le hacía realmente difícil pensar en por qué no era correcto jugar un rato con ese chico. Giró su rostro de nuevo, esta vez hacia el otro lado, sin fijarse en el chico, siguió mordisqueándose el labio mientras buscaba sus razones, no podía comprenderse a sí misma, sabía que era malo, pero no entendía el porqué.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jul 06, 2013 8:14 pm

¿Qué decir? Era de piel caliente y si tenía una mujer enfrente no iba  a dejarla ir como idiota, debía probarla al menos, una que otra tocadita por aquí y por allá. Nada sentimental eso sí, solo algo de calentura y deseo carnal, aunque si quisiera podría prometer amor eterno por el simple hecho de llevar a una chica a la cama, ya después no le importa nada y menos dejar corazones rotos, por eso mismo prefiere las prostitutas, dan lo que uno busca y no se ilusionan con romanticismos falsos. Ahora estaba en una situación más o menos parecida, solo con la leve diferencia de que todo era gratis y esa chica no era puta aunque en el fondo, bien en el fondo lo era pero aún no lo quería confesar al mundo entero. Suposición de Hans y la misma que hace con todas las chicas, porque ninguna es santa de su devoción. Hacia un buen tiempo que quería tener a Marceline así, en bandeja de plata y con él con los cubiertos en cada mano, listo para devorar.  

No la dejaba de mirar, no dejaba de contemplar ese rostro gobernado por esa mascara de droga pura que escapaba de sus ojos dilatados. Se moría por robarle un beso, pero de esos buenos besos que te quitan la respiración y el corazón se acelera por el simple deseo de tomar el cuerpo contrario como tuyo, hacerlo propio y quedar deseoso de seguir probando esos labios. Sonrió solo porque escuchó que el juego no era para nada divertido, no obstante no había propuesto ninguno por el momento, aunque por sus acciones eras más que obvio a donde quería llegar. Quería estar por lo menos con una sonrisa maliciosa en los labios, pero esa estúpida curva en la cara de su compañera era más bien imposible, le gobernaba ese deseo incontrolable de reír también y de vez en cuando bajaba el mentón para ocultar ese pequeño problema que se le escapaba por culpa del efecto de la marihuana. Risa.

– Tienes una mancha en la cara… – Repitió las palabras de Marceline burlescamente. –Obvio, si es el tatuaje – Dice con un notorio tono de ironía en cada uno de sus palabras. Estaba bien que la droga le estaba afectando a su cerebro, pero parecía tonta con esas comparaciones. Aunque pensándolo muy detenidamente le convenía que estuviera fuera de sus capacidades mentales. Así que la volvió a mirar con una sonrisa afilada y aferrando más las muñecas para que no se soltara, pero no era ni necesario porque ésta ni fuerza hacia para liberarse. Bajó nuevamente la cabeza después de esas palabras de completo rechazo ante el juego, aprovechando que tenía el rostro ladeado se acercó y pensó en rozarle la mejilla, no antes de susurrarle unas leves palabras por tanto mordisqueo en su labio que observaba. – Será nuestro secreto gatita… disfruta, no le diremos a nadie. – Iba ser como siempre, una noche con una y luego al día siguiente ni la recordaría. Llevó la punta de la nariz hasta la mejilla, bajando por el cuello femenino en un roce lento de línea recta hacia abajo, no se separaba de ahí, estaba en esa zona deleitándose por el aroma y luego sin esperar más lo mordió con los labios dos veces.

– Igual si no quieres, te podría tomar a la fuerza – Agregó espinosamente reteniendo las muñecas con una mano y la otra ubicándola en el extremo de la blusa, la cual no esperó mucho para adentrase en ella y buscar su abdomen con los dedos.  Retornando una sonrisa astuta y ladina junto con una lamida hacia el sector que sus labios ya probaron. Subiendo, subiendo hasta encontrar con la lengua el lóbulo de la oreja y luego morderlo en un arrebato de nervios descontrolados. No tan fuerte tampoco, pero si lo suficiente como para que se quejara esa gatita. Eso quería, quería oírla gemir, quería endulzar sus tímpanos con esa melodía tan embriagadora que tienen las chicas cuando muestran la puta que llevan dentro. No quería avanzar tan rápido, tomarla en un dos por tres y ya, no, quería disfrutarlo lentamente y más porque la droga le daba un toque especial en sensaciones.
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Marceline Abadeer el Lun Jul 08, 2013 1:34 am

Poco le importaba lo que el chico le dijera, de hecho lo estaba ignorando, trataba de pensar en la razón por la cual estaba mal seguir con todo eso pero sus pensamientos se interrumpieron cuando escucho el susurro en su oído, como si le estuvieran leyendo la mente, sonaba bien lo de mantenerlo en secreto, igual no pensaba contarle a nadie sobre cómo estaba aguantando a Hans, estaba a punto de responderle cuando sintió las mordidas de este, encarno las cejas sorprendida, la había atrapado con la guardia baja y eso la hizo reaccionar un poco, trago saliva y se quedó en silencio mientras escuchaba con un poco más de atención, sonrió ante lo dicho, estaba por reír pero por segunda vez se vio interrumpida al sentir la lengua ajena sobre su piel, ni siquiera le importaba la mano del chico sobre su abdomen, claro mientras no la moviese de allí pero que la lamiera era otra cosa, era pasarse; sintió un escalofrío recorrerle la espalda, no era placentero ni desagradable solo una reacción del contraste entre su mente y cuerpo, trataba de deshacerse de la tranquilidad que sentía pero la droga seguía recorriéndole el sistema, trato de soltarse, esta vez con mayor insistencia pero pronto se rindió, tampoco tenía porque soltarse, no en ese preciso momento, le daba igual, pensó en lo que estaba haciendo el chico, giro el rostro para poder mirarlo de frente y no pudo evitar reír un poco. –¿Eso es todo? Lamerme, ni que fuera paleta y encima estoy llena de tus bacterias ahora, que asco – Hizo una mueca y luego volvió a sonreír, tenía la vista clavada en el chico, con los ojos entornados y la voz relajada. –Si me estas tratando como a tus zorras… y si es así como las satisfaces a ellas, que poca cosa eres, esperaba algo más del gran y temible Hans – Menciono con un dejo de sarcasmo al final de sus palabras. En cierta forma era cierto, había escuchado a Hans alardear tanto y al resto de las personas hablar de él que se estaba imaginando algo un poquito mejor que estar llena de saliva y con la mano del chico bajo la blusa, esas eran niñerías, pensar que habían tantos rumores por allí solo para encontrarse con una verdad tan decepcionante, se encogió de hombros y siguió mirándolo con los ojos como cuchillas, le dejó ver una afilada sonrisa ladina mientras trataba de soltarse nuevo. Se pasó la lengua por los labios, humedeciéndoselos. –¿Por qué no te enseño yo a divertirte un poco? siguió sonriendo mientras cambiaba su expresión, dejando los ojos entornados y mirándolo con más inocencia, fingida por supuesto. Tomó aire y trato de levantarse un poco, no era posible pues seguían sujetándola por las muñecas pero al menos lograría estar cerca del oído del chico, le susurro con tono meloso, tan bajo que solo pudiese escucharla por la cercanía en la que se encontraban, le divertía hacerlo de esa forma pues él también acababa de susurrarle. –Será divertido si me sueltas, sabes que quieres probarlo – Se dejó reír ligeramente mientras volvía a recostarse en el suelo, poco podría hacer si seguía así de acorralada y ciertamente no era la suficiente sumisa como para quedarse allí tirada mientras Hans la tocaba y lamia completa. Volvió a mirarlo de frente como retándolo con la mirada, sería demasiado que no la soltará cunado ella misma estaba accediendo a jugar con él un rato, ella sabía que este chico era demasiado carnal y si una chica se ponía frente a él de tan buena voluntad no lo dejaría pasar, sin embargo ella tampoco dejaría la oportunidad de divertirse un rato, no era lo suficientemente inocente ni buena chica como para irse de allí sin ese dejo de diversión que podía sacar gratis de esa situación, la droga la mantenía ente atenta y relajada así que era una buena oportunidad para ver hasta donde llegaban los “encantos” que supuestamente poseía Hans, por muy decepcionada que se encontrara hasta el momento. Suspiró para luego  negar con la cabeza sin dejar la sonrisa y la mirada retadora. –Decide antes de que cambie de parecer –
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Re: Filosofeando de noche. [Priv. Hans Jaeck]

Mensaje por Hans Jaeck el Lun Ago 05, 2013 6:47 am

Se detuvo sin hacer más al escuchar esas palabras tan venenosas, respirando sobre su cuello  y sonriendo a medio labio por las estupideces que entraban por los oídos. Incluso pasó a compararse con una de las tantas putas con las que había estado ¿Pero cómo? Si fuese así ya tendría la mano entremedio de sus piernas y con la lengua incursionando cada rincón de la boca femenina. Debería estar agradecida que sus acciones eran “caballerosas” o quizás tanto viejo verde que ha tenido encima le gusta las cosas rápidas de meter, sacar y acabar al minuto. Esa chica tenía una muy mala idea del y más cuando se trata de tener sexo con alguien. Ni que fuera experta tampoco. Así que como ella rió, hizo lo mismo al minuto después que le volvió a escuchar en cuanto a satisfacer a mujerzuelas ¿Estas chica era tonta o la marihuana realmente le había afectado tanto al cerebro?  

–Uno se mete con putas para complacerse, no para darles placer a ellas… ¡estúpida!–  Dijo burlándose completamente de ésta, con la risa a punta de lengua y negando con la cabeza varias veces por no creer lo que había presenciado. – Ay si… voy a pagar por putas para yo darles placer – Se ríe junto con su sarcasmo. – Voy a gastar todo mi dinero para hacerlas sentir bien ¡no me jodas! Y no te hagas la que me conoces, no sabes nada de mí en lo absoluto. – Agregó mirándola directamente al rostro y apretando solo un poco más aquel amarre a las muñecas. Si no quería ser tratada como puta la muy boquita floja ¿entonces por qué estaba actuando como una ahora mismo? Era irónico si  se piensa de cierto punto de vista. Debería cerrar esos labios porque cada vez más le recordaba a una vieja conocida que visitaba en la esquina cuando andaba con estrés. Terminó bajando los parpados para no verla y dejándose engatusar por el dulce susurro en sus oídos que hacía despertar todos sus instintos primitivos de deseo carnal, pero había una cosa que tenía que tener bien claro, no era imbécil  y si la soltaba seguramente se iría de golpes contra aquel, además para que aceptar su oferta si ya le había demostrado que no tenía idea de cómo ser complacida y más cuando se trata de alguien que posiblemente pasa las noches solitariamente.

– Repito por si no entendiste, te puedo tomar a la fuerza si quiero… – Sonrió afiladamente acercándose al rostro de Marceline con peligro. –Ya tú si quieres disfrutarlo, me da igual… con tal que te de unas buenas sacudidas y lo goce yo, me basta… – Susurró diciendo más que la verdad, ella no estaba con derecho a nada y menos elegir el destino que tendría ahora y como tampoco le gustaba sus lamidas entonces con más motivo la iba a lamer. Se mordió la lengua de lado viéndola fijamente con malas intenciones y en un dos por tres le lamio a recorrido lento la  comisura de sus labios, bajando hasta el cuello y haciendo lo mismo, simplemente para molestarla más y que reclamara como toda una ricachona por estar entera babeada. Por otro lado, su mano debajo de la blusa la sacó y buscó en su bolsillo trasero una navaja de hoja curva que quitó a uno de los hombres con quien generalmente apuesta en las carreras de motos. Justamente ahora sería útil. – Sigue sintiéndote con asco, yo gozaré tu expresión – Comentó gracioso ante sus acciones, sacando la hoja afilada y poniendo la punta sobre el último botón de esa prensa rojiza para comenzar a cortar uno por uno al instante que ésta comenzaba a subir por aquel sendero de botones y dejar su piel descubierta.
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