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Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

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Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Sáb Mayo 25, 2013 5:26 am

La noche aparecía como en contra mía. La luna, oculta tras nubes negras presagiaba tal vez un torrencial aguacero.Me dispuse a dejar abandonado el auto que me habían "prestado" después de concluido uno de los trabajos, la recolección de información sobre la pandilla que estaba creciendo al sur de la ciudad estaba completo, gracias a eso había tenido que soportar las tontas charlas e insinuaciones del jefe de esos chiquillos. No había mucho que contar, lo único que podría ser relativamente relevante era la creación de pequeños grupos de niñatos que se creían delincuentes que jugueteaban en las zonas donde yo quería usar para ampliar un poco nuestras redes de trabajo. Aun así no era eso lo que me molestaba, era agobiante no poder conducir sola, sabía hacerlo y a pesar de eso tenía que usar un chófer, me sentía estúpida haciendo eso, ya estaba pensando en lo que le diría al "jefe" cuando llegará, quería mi propio auto, uno que pudiese conducir yo sola. Empece a caminar hacia la parte mas empinada de la zona , en donde aparecía como una fortaleza el exclusivo y oculto Bar Kaiser. Esa noche era diferente y a la vez igual que todas las demás; era oscura, hacia frió, había poca gente por el lugar y tan solo se escuchaba el ruido de algún borracho y de mujeres “ejerciendo su oficio” junto con sus clientes.

Anduve casi cinco metros y vi unas luces que aparecieron a lo lejos , no se por que causa me oculté un poco en una saliente de la pared que formaba uno de los lados del edificio, mismo lado que daba de frente al asfaltado, a esa hora ya no había coches en movimiento, por lo menos no en el asfalto, fuera de los coches que se mecían sospechosamente mientras seguían estacionados a la orilla de la calle, la zona estaba vacía; por la misma razón me quede esperando que pasara el ferrari, alcancé a divisar su marca de manera nítida, conocía demasiado bien ese auto, era Jared.

Suspiré, era obvio que Jared no dejaría su auto hasta que Hans hubiese llegado también y no podía culparlo, hacía frío, yo también quería regresar al auto o entrar al bar, por lo menos así podría calentar un poco mis congeladas articulaciones. Maldije por lo bajo a Hans por tardar en llagar y me acomode el abrigo. Me frote las manos y mire a ambos lados de la calle, el bicho se tardaba demasiado; mire la hora en el móvil, habían pasado casi 15 minutos y no había ni rastros de él, comenzaba a desesperarme, aún más al no saber. Temprano ese mismo día había recibido una llamada de Jared diciendo que tenía algo importante que contar, sin embargo no había mencionado más detalles, tenía curiosidad por saber de que se trataba todo ese asunto pero sabía que de nada servía estar imaginado hipótesis sobre que podría decirnos el chico si el bicho no aparecía.

La ropita para rellenar xD:


Última edición por Marceline Abadeer el Lun Mayo 27, 2013 7:15 pm, editado 1 vez
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Dom Mayo 26, 2013 3:49 am

Estaba recorriendo las calles de la ciudad en su Honda CBR1000RR Repsol, buscando con la mirada a las mujerzuelas que le habían gustado a Jared aquella noche fría, donde no encontró mejor manera que calentarse con un par de chicas a cada lado de la cama. Sin embargo, después de buscarlas por un par de horas no las vio por ninguna parte, seguramente andaban trabajando con otros clientes y eso realmente le irritaba, iba a llegar con las manos vacías a la casa sin el pedido de su “billetera andante”. Fue entonces que recordó el mensaje de texto que había recibido del pelinegro, chasqueando la lengua porque estaba atrasado por quince minutos y sin pensarlo dos veces apretó el acelerador a lo que daba para pasarse uno, dos, tres y más semáforos en rojos para llegar lo antes posible al bar Kaiser.

Su cabeza estaba cubierta por un casco integral negro, que hacía juego con toda la tenida que llevaba encima incluso la moto hacia parte de aquello, tan oscuro como la noche que podía pasar desapercibido fácilmente si se esconde entre las sombras. La cadena junto al anillo que rodeaba su cuello azotaba constantemente contra su pecho ante la velocidad que imponía en sus movimientos, inclinando su cuerpo hacia la derecha o izquierda al pasar por las curvas, provocando que sus rodillas pseudo tocaran sutilmente contra el suelo en cada inclinación. No obstante, solo se demoró tres minutos para llegar, observando con la tenue luz de los faroles una silueta femenina y si su presentir era acertado se trataba de la gatita de Marceline. Le iba dar un buen susto, así que ni siquiera disminuyó velocidad y solo frenó bruscamente cuando estuvo a escasos centímetros de la mujer, levantando la rueda de atrás al recargar su peso hacia adelante y luego dejarla caer libremente para quedar con la cabeza levantada hacia ella. – ¿Cuánto andas cobrando gatita? – Dijo levantándose la visera y dejando ver sus ojos teñidos de azul y negro. Siempre que la veía le gustaba molestarla con eso, como si fuera puta, solo era un pedazo de carne que en cualquier momento se iba a comer, si no fuera por Jared ya estaría disgustándosela hace rato.

– ¿Dónde está Jared? – Preguntó de inmediato, pero no dejó dar respuesta ya que instintivamente lo buscó con la mirada hacia los costados y al distinguir su auto retrocedió y se giró en dirección del mismo. Haciendo que su rueda trasera al deslizarle por el pavimento lanzara polvo y algunas piedrecillas hacia la persona a sus espaldas, Marceline. Desafortunadamente. Parecía como si lo hubiera hecho a propósito y era exactamente eso, le tenía bastante manía desde que la ingresaron al grupo, no podía aguantar que una mujer hiciera trabajos que solo a hombres le pertenecían, creyendo siempre que en cualquier momento la causante de algún mal trabajo sería por culpa de ésta.

Le tocó la ventanilla al causante de su junta con los nudillos, esperando que le abriera y se bajara de aquel auto. – Hey… que no te voy a poner una alfombra roja para que te bajes – Bromeó con una sonrisa, sin quitar el casco aún de su cabeza.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Lun Mayo 27, 2013 6:46 am

Aquel antiguo espejo que se encontraba en uno de los cuartos principales de la mansión, reflejaba mi persona mientras sostenía un vaso elegante de cristal. Los hielos se escuchan al chocar entre si, produciendo ese típico sonido. Observe mi rostro por un instante, mientras pensaba en los próximos movimientos que haría, una rata sucia no estaba cumpliendo con lo acordado. Lo cual hacia que mis piezas no concordaran en mi juego. Este tipo de problemas no me gustaban, y la mejor manera era eliminarlo rápidamente. Sin embargo una voz femenina me saco de mis pensamientos, susurrando mi nombre. Sonreí mientras miraba el lado derecho del espejo, un sofá chaise longue con capitoné en color negro se reflejaba. En sus cómodos cojines se encontraba recargada una mujer, cabellera negra hasta la altura de su busto, con inusuales ojos verdes, portando un vestido elegante corto en tono azul rey, que entallaba la cintura de la chica, acompañados de unos sensuales lazos. Con su mano me hacia señales, para que me acercara a ella. Yo solo sonreí ante tal reflejo, bebí un poco del whisky de mi vaso, nada como etiqueta azul de Johnnie Walker. Una de las mejores mezclas de whiskies de más de 100 años de añejamiento. Deje de beber y voltee para contemplar tan seductora imagen. Camine hacia la chica, dejando mi vaso en una pequeña mesa de cristal que se encontraba cercas del sofá. Dándole un pequeño empujón hacia el borde del sofá, jugar un rato al lobo feroz, no tenia nada de malo. Mostré en mi rostro una sonrisa de malicia, mientras mis manos se encontraban posadas en cada extremo de los hombros de la chica. Dándonos esa distancia personal. –The beast of Prey…exclame hacia la chica. Sin embargo unos golpes en la puerta del cuarto interrumpieron dichoso ambiente. Suspire mientras dirigí la mirada hacia la puerta de madera. –Ahorita no. Exclame tranquilo mientras volví a dirigir la mirada al rostro de la chica. –En que estábamos? Sonreí ante ella. Sin embargo volvieron a golpear la puerta. –Estoy ocupado, maldita sea!!! Grite mientras lance una de mis dagas con mi mano derecha, hacia la puerta clavándose en el centro de esta. Fruncí el ceño mientras con mi mano derecha tome el muslo de la chica. Una voz madura se escucho al otro lado de la puerta. –Señor esta en la ciudad…. Era mi mayordomo Walter una hábil persona, que a pesar de su edad, aun podía hacer los trabajos domésticos como la protección de la casa. Al escuchar la exclamación de Walter me quite del sofá para dirigirme abrir la puerta. –Desde cuando? Pregunte. –Ahora en la mañana señor. Contesto Walter. –Esa rata gorda! Exclame en tono alto mientras salía de la habitación y caminaba por el pasillo. -Que hago con la señorita señor? Pregunto mi leal mayordomo. Dándole la espalda a Walter cerré los ojos por un instante. –Sácala de la casa, mátala no lo se. Le conteste en tono de desinterés. –Si señor. Contesto Walter. La rata sucia había llegado a la ciudad, y era el momento de arreglar algunos asuntos. Me dirigí a mi despacho, sentándome en mi sofá chesterfield individual. Walter entro después de mi, le pregunte sobre la información obtenida. Hans y Marceline algunos días atrás los envié a buscar el paradero de este sujeto. Después de unos trabajos de compasión que realice para a el, no había pagado el efectivo que habíamos acordado. El plazo ya se había vencido y la rata había escapo olvidando el acuerdo y eso no me gusta mucho que digamos. Después de una charla y planeación de una dulce visita. Todo estaba listo para tomar cartas en el asunto. Primer movimiento ir a su paradero el Bar Kaiser, un bar que aparenta ser normal de día, sin embargo en las noches es todo lo contrario. Visitaríamos esta noche, ese lugar, mande a Walter tener mi auto listo, mientras me preparaba para salir. Tome mi móvil para avisar a mis sabandijas la ubicación del lugar, donde nos encontraríamos. Unas horas después me dirigí hacia el patio de la mansión donde Walter esperaba con mi auto listo. Acomode mi corbata un poco mientras bajaba las escaleras de la puerta principal, Walter en sus manos tenia una maleta negra que me entrego cuando me detuve a lado de el. -Tome señor. Exclamo. Tome la maleta mientras que el se dirigió abrirme la puerta del auto para que subiera a el. Era una noche perfecta para hacer visitas, la luna se ocultaba entre las nubes que prometían una tormenta desbastadora. Sentado en el auto encendí el estero para colocar un poco de música clásica. Mientras lance la maleta al asiento de lado. Seguido encendí un cigarro lanzando el cerillo a través de la ventana del coche. –Vuelva Pronto Señor exclamo Walter. Yo encendí el auto para dirigirme hacia el bar. Todo ya estaba planeado, la rata nunca esta sola, seguramente estará en uno de los cuartos ocultos del lugar. Marceline se encargaría de distraer a los gorilas de este. Mientras Hans y yo estamos con el, teniendo una entretenida charla. Por que se que querrá escaparse de nuevo, y hablaría a sus gorilas antes tiempo. Así que tenemos que bloquear todas sus rutas. Llegue al lugar indicado un lugar de las zonas mas bajas de la ciudad. Estacione mi auto enfrente del lugar, observe detrás de los vidrios polarizados del auto la fachada del bar. Sabía que si colocaba un pie en el lugar le avisarían a la rata. Hans como siempre llego tarde, se acerco a mi auto golpeando un poco el vidrio de este. Lo baje mientras saque mi mano con mi cigarro y dándole un suave golpe con uno de mis dedos para que la ceniza cayera. –Si te quitas, estaría mucho mejor. Exclame dentro del auto hacia Hans que su torpeza evitaba que saliera del auto.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Miér Mayo 29, 2013 5:50 am

Harta del frío viento golpeándome el rostro, me puse la capucha del saco, me quedaba algo grande así que no podía ver bien, sin embargo no me importó y seguí refunfuñando por tener que esperar allí parada. Tan solo unos segundos después de las quejas que había estado dando en mi mente pude ver una motocicleta acercándose a gran velocidad, demasiado rápido diría yo, el sonido del motor cortaba el silencio de la misteriosa noche de una forma extremadamente irritante, ingenuamente pensé que pasaría frente a mi de inmediato y se alejaría junto con ese molesto ruido de motor, sin embargo no fue así, apenas pude terminar de pensar en el ruido, la motocicleta se aproximaba peligrosamente contra mi, instintivamente di unos pasos hacia atrás, chocando contra la pared del local, mi respiración se corto y mis ojos se abrieron como platos por la sorpresa; la moto se detuvo de golpe en un movimiento seco que bien podría ser aplaudido pues solo un profesional podría hacer algo así. Una vez el conductor se detuvo, no tuve que esperar para saber de quien se trataba, con tan solo escuchar su voz podía decir con certeza que se trataba de Hans, cerré los puños con enojo mientras escuchaba su estúpida pregunta, me limite a mirarlo por debajo del gorro mientras trataba de recuperar el aliento por el susto que me había dado, siempre hacia ese tipo de "bromas", nada graciosas y muy inmaduras de su parte, en cierta forma comentaba a acostumbrarme, eso me agradaba pues eran menos las veces que me sorprendía pero desagradaba al mismo tiempo, no quería ser el juguete de nadie, mucho menos de un psicópata como él; no tuve tiempo de responder nada, ninguna queja o reclamo, hizo una pregunta veloz, no espero mi respuesta e ignorándome hizo girar la motocicleta en dirección opuesta. Con ese movimiento me dejo detrás, entre polvo, humo y algunas piedrillas, agradecí tener el gorro puesto pues aunque no fuera mucho servia para cubrirme. Me quede tosiendo entre el polvo, cubriéndome en vano la boca con la mano, comencé a caminar hacia el coche de Jared mientras trataba de calmar mi ira y alejar el asqueroso olor de gasolina y tierra que siempre dejaban las motocicletas detrás. Me sacudí la ropa lo mejor que pude, no quería entrar al bar llena de tierra; saque un pequeño pañuelo de seda blanca del bolso que colgaba de mi hombro diestro. De allí mismo saque un espejo de mano y me limpié el rostro a la vez me acomodaba el cabello, el viento no había jugado a mi favor y era un caos apenas reparable. Me acomode como pude el cabello, mis dedos estaba tiesos por el frío pero el susto del estúpido de Hans servia para olvidarse de eso un poco.
Una vez cerca del coche alcance a escuchar las ultimas palabras de Jared, aproveche que hablaban de eso para darle un buen golpe en el casco, no esperaba que le doliera, eso era obvio pero por lo menos que le molestará. Me aleje unos pasos evitando que pudiese alcanzarme por si quisiera buscar venganza. Trate lo mejor que pude de sonreír con alegría mientras esperaba que saliera Jared del auto, no pensaba hablar con Hans a menos que fuese necesario o que siguiera molestando tanto.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jun 01, 2013 4:12 am

Esperó paciente a la bajada del vidrio, notando en primera instancia la mano del otro junto con el cigarro y botando la ceniza hacia afuera, la misma que fue atrapado por la suave brisa que recorría el ambiente a pesar de ser muy sutil, tras de eso escuchó la voz de Jared, reclamándole que no podía bajarse por su culpa y eso solo provocó una sonrisa divertida en sus labios, ¿qué le costaba bajarse por el otro lado?, pero no, siempre era llevado a sus ideas y tenían que hacer lo que él decía, aunque la mayoría de las veces Hans siempre le llevaba la contraría a sus vocablos, pero sus acciones eran una cosa totalmente distinta. Iba a poner en marcha su motocicleta para dejar que el chico se bajara, pero antes de poder sacar el pie del suelo recibió una leve perturbación en su casco, una pequeña molestia que movió el mismo un poco y al voltear la mirada hacia el causante se encontró de frente con la supuesta “muñequita” de la banda.

–Patético… – Dijo serio ante la acción de la contraría, retirando su amigo de dos ruedas hacia otro lado para despejar la puerta del automóvil. Estacionándose cerca y bajándose hábilmente para quitarse la protección de la cabeza, la cual no le gustaba traer siempre consigo, así que la puso sujeta a su vehículo. Dejando relucir su rostro descubierto y meramente pálido, donde lo único que resaltaba del era el tatuaje negro en forma de gancho imposible de ignorar. También pasó una mano por su cabello azabache despeinándoselo un poco y haciendo que algunas hebras rozaran sus anillos algo góticos que poseía en su mano izquierda, aunque solo eran dos. Índice y anular. – Bien, bien… ¿para qué nos quieres? – Preguntó algo desganado mientras se dirigía hacia aquellos dos, buscando entre sus ropajes con leves palmadas la cajerilla de cigarrillos, ver a Jared fumando le habían entrando las ganas tremenda de fumarse un cigarrillo también. Sentir la nicotina entrando por cada rincón de su cuerpo en una simple calada era embriagador, tan adictivo como la misma cocaína.

Al encontrarla sacó uno y se la puso en sus labios, desviando solo por un instante la mirada hacia aquel bar llamado Kaiser, notando como algunos salían casi arrastrados por sus amigos, al parecer estaban pasándola muy bien en aquel sitio de mala muerte, si no fuera porque tenían “trabajo” que hacer seguramente estaría derrochando dinero ajeno en algunos tragos bien cargados y mujerzuelas bien dotadas. La envidia le picaba un poco, no obstante se centró en prender el pitillo y dejar que una delgada estela de humo apareciera ascendentemente. No iba a molestar a Marceline, no iba a gastar sus fuerzas en algo que no valía la pena, menos teniendo filete de primera calidad cerca de esa taberna, sería estúpido cambiar filete por charqui. Ya se iba a dar un desquite cuando todo se acabara, si es que se acaba esa noche o si no simplemente tendría que esperar un poco más.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Lun Jun 03, 2013 10:59 am

Esa tarde en el despacho, planeaba cuidadosamente los movimientos que haría junto a Hans y Marceline. Aquella tabla de ajedrez posaba en mi escritorio de mármol en tono negro. Las piezas de ajedrez acomodados en dichosa tabla, con su típico color blanco y negro. Rey, Reyna, Torre, Alfil, Caballo y Peón ninguno faltaba. A lado de ellos reposaba un vaso de Whisky que tanto me gustaba. Johnnie Walker un Whisky de la mejor calidad, Etiqueta azul su categoría, compuesto de 40 Whiskies, cada uno añejado hasta unos 50 años aproximadamente. Mis papilas regocijaban por magnifico sabor de aquella bebida. El sugerente tintineo del gélido choque entre los hielos, brotaba intenso aroma, acompañado de la amplia gama de colores desde un oro pálido hasta el ámbar rojizo. Tome el vaso chato de cristal para beber un poco más y satisfacer a mis papilas. Seria el sabor de la victorial al terminar la noche. Información había sido obtenida, unos días atrás. Deje el vaso de nuevo en el escritorio mientras subía mis pies suavemente en la superficie de esta. Me recargue un poco más en el sofá chesterfield individual. –La vida es como un Ajedrez Walter. Exclame mientras tome una cajetilla de cigarros nueva que estaba en un cajón del escritorio. Gire el paquete golpeándolo tres veces secamente en la palma de mi mano. Para luego abrirlo, y acercar la dichosa caja a mi boca tomando con los dientes uno de los cigarrillos que comúnmente están en vueltos en papel aluminio, el cigarro a un lado de mis labios se encontraba, un encendedor se acerco a la punta del cigarrillo, era Walter que desde hace un momento estaba conmigo en el despacho informándome lo que se había obtenido. Aspire algunas veces para que se encendiera el tabaco.

El mayordomo alejo el encendedor mientras yo inhalaba el humo para luego sujetar el cigarrillo entre mi dedo índice y el dedo mayor. Dejando fluir el humo de mi boca. – Habrán personas, que trataran de que fracases pero de tus decisiones y acciones dependerá…… mencione a Walter para terminar dichosa frase con una sonrisa. –Tu éxito. El mayordomo solo mostro una sonrisa en su rostro. Siguiendo el plan el primer movimiento era ir al Bar káiser, las sabandijas ya había sido avisadas mediante un mensaje de texto, solo era de tiempo estar reunidos en el asqueroso lugar. El auto ya estaba preparado y solo era de arrancar al lugar, algunos minutos después me encontraba ahí, Hans se había colocado junto a la puerta, mientras golpeaba el vidrio polarizado, exclame que se quitara , ya que su torpeza evitaba que saliera del auto. Después de dejar caer algunas cenizas del cigarro que traía en mano, introduce de nuevo el brazo al interior del automóvil llevando con mi mano de nuevo el cigarro a mis labios y tomando con mi mano derecha el maletín negro que me había dado anteriormente Walter. Con la mano izquierda presione el botón para subir el vidrio del automóvil para luego abrir la puerta que se desplegaba hacia arriba, el auto tenia esas puertas Lambo o también conocido como puertas mariposa. Cuando la abrí me baje inmediatamente. Vestía elegante para la ocasión Camisa negra como pantalón y zapatos del mismo tono excepto la corbata que era color rojo. Un tono desganado llego a mis oídos provenientes de la boca de Hans que preguntaba para que los solicitara. –Para abrazarlos no creo Hans exclame hacia el comentario del chico en tono serio.

Seguido cerré la puerta del auto y me dirigí a la parte trasera de este en este caso la cajuela. Por parte de Marceline mostraba una sonrisa, sin embargo no creo que le dure mucho después de lo que hará, será otra prueba para demostrar que puede trabajar en esto. Abrí la cajuela para colocar la maleta que traía en la mano, seguido saque unos guantes negros de mi bolsa trasera para colocármelos rápidamente, para después abrir la maleta que me habían entregado, en su interior se apreciaban mis viejas compañeras mis preciadas Dagas. ¨Dragones Asesinos¨¨. Las tome para luego girarlas y colocarlas cercas de mi cinturón. Mi camisa haría el trabajo de ocultarlas. –Numero uno nunca entres a un bar sin terceras personas exclame a la nada mientras cerraba la maleta de nuevo. Sujete el cigarrillo entre mi dedo índice y el dedo mayor, para continuar. –Ahí esta lo que necesitan. Apunte dentro de la cajuela. Un par de armas se apreciaban, conmigo iban mejor las armas blancas pero para las sabandijas, me gustarían que fueran armados. Tome una bolsa negra que estaba dentro igual y se la lance a Marceline. –Colócate eso rápido mencione en tono serio a la chica. Mientras la chica buscaba un lugar para cambiarse, en este caso seria detrás del carro, la bolsa se encontraba en su interior un vestido negro corto y un par de tacones negros. Explique lo más rápido posible lo siguiente que haríamos en el lugar. –Cuando entremos verán que habrá alguien mas en cubierto, razón? mas claro que el agua, nos proporcionara información de los movimientos del bar en sus ultimas horas. Si son listos sabrán quien están de nuestro lado y quienes no. Así que tengan cuidado.Entraremos como si fuéramos a tomar un par de copas y gastar dinero ajeno o no Hans? exclame lo ultimo con unas risa suave mientras voltee a ver a Hans.

La rata se escondía en el lugar, iríamos solo hacer una visita a su fachada solo era de tiempo que entráramos en acción.-La barra esta entrando pegado al lado derecho del lugar. Al fondo hay algunos sofás. Al lado izquierdo hay mesas y una zona para bailar. Al fondo del lado izquierdo aparte de los baños hay unas escaleras que dan a otra explanada donde habrá mesas y al fondo una puerta ahí se esconde el chico malo exclame riendo un poco –y ahí es donde Marceline hace su trabajo no se como le hagas pero quiero que quites a los matones de la puerta. Mencione a lo vacio a la chica pues esperaba que se cambiara. –Hans y yo esperaremos la señal para hacer la dulce visita a su cuarto de descanso. Lleve el cigarro de nuevo a la boca para después tomarlo de nuevo y expulsar el humo.-No tiene mucha ciencia esto ustedes sabrán que hacer después cuando estemos dentro . Mire mi reloj de mano y alce la voz a la chica –Rápido! Que no tenemos toda la noche.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Miér Jun 05, 2013 6:15 am

Me dedique a escuchar y observar las tonterías de Hans mientras giraba los ojos, no me podía importar menos; por fin dejo espacio para que Jared saliera de auto, como siempre elegante y con ese aura de odio que hacía que muchos, las personas ingenuas, como yo llamaba a aquellas que jamás habían conocido la esclavitud de este trabajo tan sucio, peligroso y retorcido. No había muchas personas en este mundo con ese tipo de presencia, era diferente al resto y muchas veces me había hecho pensar en que esa podría ser la razón por la que él actuaba de jefe, aunque también podría tratarse de los millones que tenía a su disposición.

Seguí los movimientos de Jared con mucha atención, mis nervios se crisparon cuando lo vi sacar sus dagas, tendría que ser un trabajo importante si planeaba usarlas, el simple hecho de que las mostrara ya me mala espina, entorne los ojos cuando abrió la cajuela de auto, no tuve que dar más que unos cuantos pasos para ver el contenido, había armas de fuego y armas blancas, sentí un malestar en el estómago aunque trate con todas mis fuerzas de que no se notará, las armas, las dagas, el misterio con el que nos había llamado solo auguraba muerte, sangre y muy poca planeación para realizar todo eso, además de un gran riesgo para todos; no me molestaba el trabajo, no me daba miedo, no me importaba el salir herida, pero odiaba la idea de terminar en medio de un encuentro, no me gustaba ensuciarme las manos, lo había dicho hasta el cansancio y sabía que lo seguiría diciendo. Quería hacerme de una reputación maso menos aceptable, ilusamente había pensado que tendría una oportunidad así al seguir allí pero el dinero jalaba del alma más fuerte que cualquier determinación, era una lección que había tenido que aprenden a la mala. De pronto Jared me arrojo una bolsa negra, la atrape apenas y tome aire antes de mirar en su interior, nunca se sabía que podría estar cargando ese chico y lo menos que quería era estar cargando algún tipo de miembro humano. Sostuve la bolsa con una mano y con un dedo de la otra abrí un espacio para ver su contenido, al mismo tiempo que Jared me ordenaba que me lo pusiera, se trataba de ropa y zapatos aunque no podía ver bien. Lo miré con escepticismo al principio pero su mirada era seria así que no podía quejarme, sin pedir siquiera su permiso abrí con un movimiento ascendente la puerta de su auto, me metí en el mismo y cerré la puerta, sabía que debía seguir sus órdenes si quería obtener un buen pago pero no estaba lo suficientemente loca como para desvestirme en la fría calle.

Una vez dentro de coche, saque rápidamente el contenido de la bolsa, observe la vestimenta con desprecio, no creía haber visto un vestido tan corto en mi vida, no en una persona decente, solo en las putas baratas que solía ver acompañar a Hans, suspire y me quede tan solo unos segundo pensando en la posibilidad de recriminar el traje a Jared pero sabía que si lo hacía le haría enojar y perdería toda oportunidad posible para obtener mi auto. Tenía que decidir rápido, lucir el traje más corto de mi vida o tener mi auto, por supuesto la respuesta era fácil, la dignidad de las personas así como su silencio, orgullo y cualquier sentimiento se podía comprar. Me saque el saco de inmediato así como el resto de la ropa, tratando de ocultarme lo mejor posible en el auto, cosa extremadamente difícil y molesta por lo que al fin me rendí y me cambien sin prestar atención a los posibles mirones, de cualquier forma no había nadie en la calle además de los dos chicos de afuera. - Los hombres son tan inútiles, siempre se van a por la carne, venga a ver lo poco evolucionado que están sus cerebros.- Me coloque el vestido negro y los zapatos en la mejor forma que pude, mientras lo hacía podía escuchar la explicación de cómo se llevaría a cabo el trabajo, no me convencía para nada y me molestaba eso de que hiciera como pudiese para alejar a los guardias, si quería una distracción bien podían haber pagado una puta pero ya no importaba, cobraría bastante por esto; luego de terminar de vestirme abrí la puerta del auto y trate de salir sin que el micro vestido se levantara, jale con cuidado los bordes tratando de cubrir un poco más mis muslos, era bastante molesto. Mire a los chicos con desprecio y me acomode el cabello como si no me importará en lo absoluto la molesta ropa. Me dirigí a la cajuela de nuevo mire las armas pero no vi nada que pusiese ocultar con ese tipo de vestimenta, a excepción de una ridícula pistola, tan pequeña que no parecía ser más que un juguete. La tome y la acomode dentro del escote, bastante incomodo pero podría quedar oculta. -¿Qué tipo de señal debo hacer? ¿Habrá alguien cubriéndome o tendré que arreglármelas sola?- Mi voz sonaba indiferente, camine hacia ellos y los mire con los brazos cruzados pero me arrepentí de inmediato, el vestido se subía con cualquier acción, lo jalde de nuevo como si no importara la cosa mientras maldecía internamente a todos los hombres del planeta.

Sentí una corriente de aire frío y me abrace como acto reflejo, asía demasiado frío pero no podía quejarme, no podía permitírmelo, no frente a ellos, no frente al estúpido y peligroso trabajo que tenía enfrente, tenía que tener la mente alerta y preparada para cumplir a la perfección con el trabajo, de lo contrario no podría conseguir mi exquisita y tan deseada recompensa, tenía que ser lista, entrar, cumplir y salir de allí sin ensuciar mis manos con muertes inútiles, ese era trabajo de Hans.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jun 15, 2013 8:56 am

Con el cigarro en los labios lo sostuvo lo suficiente para sacar su encendedor de bolsillo personal y encenderlo hábilmente, dejando que una delgada estela de humo saliera de la punta prendida y así dar esa tan anhelada calada que todo su cuerpo ansiaba desde que vio al otro hacerlo desde el auto. Fue tan placentero que sus parpados bajaron al instante para sentir como aquella sustancia nociva entraba desde la boca hasta los más recónditos lugares de sus pulmones y enseguida expulsarlo lentamente hacia arriba con un levantar de mentón. La felicidad en su rostro fue inminente que solo se borró cuando escuchó las palabras irónicas de Jared ante su pregunta. –Jeh.. – Enunció igualmente sarcástico, siguiendo con su vicio en el tabaco para calentarse un poco los huesos en esa noche tan fría.

Esperó que su “jefe” cerrada la puerta del auto, no apartándole la mirada ni un segundo cuando inició sus pasos hacia la cajuela del vehículo, sus pies se movieron instintivos y lo siguió hasta aquel sitio sin reclamo, guardando silencio casi fúnebre y dejándose deslumbrar por las armas que habían ahí dentro. No iba a negar que tuvo curiosidad por saber que había en la bolsa negra que le lanzó a Marceline, pero por su densidad seguramente era ropa y más porque le ordenaron que se lo pusieran. ¿Cómo será? Seguramente demasiado sexy para ensalivar las bocas de esos hombres en el bar. Bueno, era de esperarse, las mujeres siempre son vistas para eso y es lo único que sirven en casos como estos según su mente machista. Por otro lado la voz del portador de las dagas seguía hablando acerca de cómo adentrarse en esas zonas peligrosas y aunque actuara como que no escuchaba con la mitad del cuerpo superior inclinado hacia las armas estaba en completa memorización. No debía estar mirándolo directo al rostro para escucharlo con atención, es la función de los oídos realizar aquella labor.

–Cuenta conmigo – Dijo ante la propuesta de gastar dinero ajeno después de lanzar un poco de humo, sonriendo muy divertidamente y más porque le había leído la mente. Como deseaba tomar ahí dentro y así lo iban hacer según el plan. Siguió cabizbajo, botando de vez en cuando la ceniza que se acumulaba en la punta del cigarrillo y volviéndolo a colocar en sus labios escuchando las indicaciones. Esa noche llevaba puesto cuatro sortijas, dos en cada mano y cada una con un estilo diferente, pero siempre cayendo en su preferencia por lo oscuro y sus gustos medios góticos, servían harto, especialmente para intensificar la potencia del golpe y generar más daño.  Estaba por elegir una de las armas para llevarse cuando no pudo evitar reírse amenamente ante el llamado de atención hacia la gatita. Como le gustaba que la retaran, seguía pensando que era un simple estorbo que no debía estar ahí. No obstante, estaba emocionado, quería romper algunos huesos y sentir la sangre de su oponente escurriendo por sus manos. Inquietante.

– ¿Por qué no simplemente entramos y disparamos como locos? Tsk... Estúpidos planes. – Se quejó, era impulsivo y seguir un plan al pie de la letra se le dificultaba bastante, sin embargo debía limitarse a eso. Aprovechaba hablar ahora que la protegida de Jared estaba dentro del auto cambiándose de ropa, no esperó respuesta por parte del ajeno y solo lanzó el cigarro ya consumido al suelo para pisarlo con la punta del pie, refregándolo. – Más te vale que tu informante de allá dentro sea bastante bueno o me tendrás que pagar con una caja del mejor whisky y con cuatro mujerzuelas. – Murmuró sonriente  y divertido, le gustaba jugar así con el otro, ya que compartían casi los mismos vicios y eso por lo general hacia que pudiera tener una buena relación con él. Como sus manos ya estaban desocupadas, tomó una de las armas que quedaban a su entera disposición, revisando el cargador y la comodidad de la misma al tenerla en su mano, ya conforme con esa tomó uno de los cargadores sueltos y lo guardó entre sus ropajes, mientras que la pistola la dejó detrás de su pantalón, siendo cubierta por la prenda superior, esa camisa negra que a pesar del frio que hacía no abrigaba lo suficiente. Poco le importaba.

Desvió su mirada cuando escuchó la puerta del auto cerrarse y del bajó Marceline, reluciendo ese corto vestido negro con tacones. Debía reconocer que Jared tenía un buen gusto en esto de las prendas femeninas, hacia resaltar a la puta que llevaba dentro. Sin más, la miró como león hambriento frente a un animal herido, comenzando desde la punta de sus pies y terminando hasta el final del cuello porque si seguía iba a encontrarse con el rostro de esa fémina y no quería  arruinar aquel momento de gozo tan rápido. ¿Se le subía? Oh vaya, se le subía el vestido, debía aprovecharlo para molestarla un poco.  – ¡Hey! Gatita porque no maúllas un poquito ¿eh? – La molestó al tenerla ya a su lado. Ignorando las palabras de la misma y sonriendo ladinamente. – Y muestras más las piernas, así nadie te mirará – Siguió molestándola como niño pequeño, tomando un extremo de la falda del vestido con todo el descaro del mundo y comenzándoselo a subir para que sus muslo se viera con más esplendor.

Poco le importa ser regañado por el menor, él seguía con su intento de subir esa tela negra y entre pequeñas risitas que trataba de ocultar para no llamar la atención, jalaba y jalaba para arruinar esa tranquilidad casi intacta que mostró su compañera ante ellos, esa suma  indiferencia que solo lo llamó a fastidiarla como siempre lo hacía. Juego entre niños, donde él siendo el mayor que todos era el más infantil a veces.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Jue Jun 20, 2013 8:17 am

Mis viejas amigas, estaban listas, como cazador esperando al zorro salir de su escondite. Pasar la navaja entre la piel, y llegar hasta la hipodermis, no esperar mucho para observar tal líquido rojo, la sangre  es la vida. Es el líquido vital, el río rojo de la vida. Todo está en la sangre, la sangre lo es todo. Sentir la adrenalina, sentir la frecuencia cardíaca incrementar cada vez más. Lleve el cigarro a mi boca para después tomarlo de nuevo y expulsar suavemente el humo. El viento soplaba con suavidad, la noche era perfecta, sonidos exteriores se percibían del bar que estaba a unos cuantos centímetros de nosotros. Algunas armas mostré a los chicos, para que seleccionaran alguna para lo que nos esperaba en dichosa lugar. Marceline dio unos pasos hacia atrás, tal vez se sintió incomoda o algo parecido, sin embargo ya sabia como funciona esto. Obtener de una u otra forma cosas que nos beneficien, hacer negocios, expandirnos y un sinfín de cosas que no es necesario explicar. Exclame el plan sugerido al momento de entrar al lugar, no era cosa del otro mundo así que entenderían. Hans por su parte fumaba tranquilo como siempre y escuchaba con atención a mis indicaciones. Aunque no se le notara cooperación alguna en el rostro, por dentro moría por despedazar gente. Compartiría esa sensación, no puedes matar sin antes torturar, hasta la locura. Es que sin tortura no es divertido. Sonreí mientras cerraba un momento mis ojos, al recordar esa sensación, en algunas experiencias con la perra de mi compañera, sin embargo eso ya quedo atrás. Una bolsa negra lance a la chica, era una prenda de vestir para esta noche, se le pudo notar por un instante la sensación de miedo, yo mostré una media sonrisa, miro curiosa dentro de la bolsa, tal vez creyó que era una cabeza de una persona que se fue a dormir con los peces, o algo parecido. Alce la voz para que fuera a cambiarse, como se dice el tiempo es oro y no podemos estar perdiéndolo. Mientras que la chica se vestía, una exclamación de Hans me hizo reír por un momento respecto a lo de gastar dinero Ajeno. –Nos divertiremos como siempre, solo imagínate tener cuatro mujeres para ti solo Hans y ahogarte en bebida. Divertido? O no? Exclame divertido. Dejando a lado la broma, era realmente placentero divertirse un rato, con mujeres y que mas da, lo de más es historia. A un conversando con Hans acerca de los placeres de la vida. Una queja llego a mis oídos por parte de Hans. Para mi seria fácil hacer eso, entrar y que todos mueran. Sin darle la espalda a Hans, lo mire tranquilo mientras tome el cigarro de mis labios con mis dedos para luego exclamar tranquilo. –Podría matar sádicamente a todos ahí, sin embargo hay algo llamado cárcel, la cual te pueden llevar Hans y que te pudras ahí adentro. Si no fuera por ello la mitad del mundo ya estaría muerto, y habría un mar rojo de pura sangre. Conteste al chico en tono serio. Seguí escuchando el comentario del chico acerca de los informantes. –Ya te dije, lo mejor, bebidas, mujeres hasta la madrugada, imagínate un par de buenos……. No termino la frase cuando la chica ya había bajado del auto. Marceline salió del automóvil, vistiendo lo que le había indicado, el vestido color negro con tacones, para ser sincero no se miraba nada mal. Con unos ojos de desprecio nos observaba a mi y a Hans. Yo mostré una sonrisa solamente y demostrando que le daba igual a la chica se acerco a la cajuela y tomando una pequeña pistola de bolsillo. De inmediato se acerco a nosotros con los brazos cruzados, en una distancia considerable me acerque a la chica mientras tome su mentón y la mire a los ojos un instante. -Westen taschen pistole. Mencione en tono Alemán para continuar. Buena elección para esta noche, nada como un calibre 22, tamaño pequeño que lo hacen útil para corta distancia y un buen asesinato selectivo. Con tono Francés agregue. – Como toda una Femme Fatale Termine en tono serio para luego dejar a la chica y cerrar  la cajuela. Hans no perdería tiempo y comenzó a molestar a la chica, yo por mi parte solo sonreí mientras cerraba mis ojos por un momento y me encaminaba hacia el bar con pasos tranquilos, que estaba a unos cuantos metros de nuestra ubicación. 

La calle solitaria, apenas iluminada por unos cuantos faroles con tonos anaranjados, tanto que las palomillas revoloteaban en el foco. En situaciones los chicos parecían un par de niños, peleando por un dulce. Sinceramente eso me daba gracia. Me detuve un momento para dirigir mi mirada hacia el cielo, la luna se apreciaba completamente, tome de nuevo el cigarro de mis labios para fluir el humo tranquilamente, para luego tirarlo al suelo y pisar con mi zapato el resto de el. Seguido camine hasta la entrada del bar, donde un gorila cuidaba la entrada. Esperando a las sabandijas, tome a Marceline de la cintura rápidamente y la apegue a mí. Mientras que Hans se supone que iba detrás de mí. –Cómprate algo bueno. Exclame al sujeto de la puerta mientras le deje un par de billetes en su bolsa que tenia su camisa. Mientras tanto entre con los chicos al bar, no era mucho que explicar el mismo ambiente de los típicos bares, gente tomando, otros borrachos, bailando, jugando poker etc. Me dirigí hasta la barra, para luego soltar a la chica y sentarme en un banco. –Chicos relájense, la noche es joven.. No sean tímidos y ordenen lo que gusten Exclame a Hans y Marceline, respecto que con seguridad ordenaran algo de tomar. Por mi parte yo sabía como estaría el movimiento, por el momento tome un cigarrillo de una cajetilla que tenia en un bolsillo del pantalón. Para luego llevarlo a mi boca e intentar encender el tabaco, con mi encendedor que saque después del bolsillo sin embargo una flama se acerco, desvié la mirada para ver la proveniencia de este, una mujer joven se apreciaba, muy guapa sin duda, cabello corto, en tono negro, facciones delicadas en el rostro, como cuerpo bien formado. Vestía un vestido en color rojo, atado con una correa en el cuello y un corte del vestido que llegaba hasta la altura del muslo, dejándose apreciar su pierna, sin olvidar un par de tacones negros. Yo solo sonreí y encendí el tabaco con la flama mostrada. Deje liberar un poco de humo. –Como estas? Exclame a la chica en tono burlón. Solo era de tiempo para entrar de acción, no quería adelantarme tan rápido.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Vie Jun 21, 2013 5:35 am

Apenas di unos pasos, Jared tomo mi barbilla y me miro con usa, yo por mi parte le correspondí de la misma manera, sonreía con la mayor calma que me era posible, tratando de ocultar lo que realmente pensaba sobre el vestido, lo escuche hablar en alemán, una simple frase que me arranco una sonrisa sincera de los labios, rara era la vez que había escuchado hablar en otro idioma que no fuera el feneces o su nativa lengua italiana. Desvié la mirada divertida pues se trataba de una oportunidad extraña, encima era lindo, aunque no lo admitiera nunca escuchar un poco de alemán, había pensado muchas veces que él de olvidaba de esos detalles como son el origen de sus compañeros y cosas estúpidas que de nada servían en el trabajo pero igual daban buen gusto. Tenías los brazos helados, las ligeras brisas que pasaban de vez en cuando no ayudaban en nada, apreté los dientes con fastidio, no podía quejarme. Mucho menos después de la última frase en francés de Jared que a mi gusto bien podría ser una broma pero al ser él una persona bastante sería, lo dudaba en grande. Con frío y molestia seguí sonriendo, recordándome con todas mis fuerzas que quería en verdad ese coche que le pediría al chico al final de la noche y que si de verdad era un trabajo importante, también habría una recompensa considerable así que tendría que soportar sin importar como, el orgullo podría quedar de lado por esa noche.  

Al tiempo que él se alejaba para por fin cerrar la cajuela del automóvil, Hans comenzó a molestarme con el largo del vestido, comenzó a subir el mismo y yo a jalarlo para impedir que lo consiguiera, lo mire con el ceño fruncido y una sonrisa para nada alegre, sus bromitas eran bastante infantiles pero no tenía caso quejarse, sabía que las mías no era mucho mejor.   –¡Bicho! ¿Y  si  mejor te vas a buscar una puta que te entretenga un poquito? Así dejas de molestar mientras trabajo ¿eh? – Imité la voz del chico con el mismo tono de burla y le pegué en la mano para que dejase mi falda. Luego, con el mismo y ridículamente infantil carácter que siempre tenía cuando me encontraba con Hans, pasé mis brazos por su cuello como si fuese a abrazarlo y me acerque a él para poder hablarle al oído, con la voz cargada de sarcasmo y el humor mejor que en cualquier momento para molestarlo le susurré. –Igual si no te gusta como trabajo te puedes poner el vestido y los tacones tu e ir a seducir a los guardias, seguro tu cuerpo les encanta – Me separé apenas un poco de él, así podía mirarlo de frente y agradecí por primera vez en la noche tener los tacones pues casi podía estar a su altura. Sin dejar de sonreír con irónica, continué. –Mira que el negro te queda bien, sí, estoy segura que les va a encantar–Aprovechando que tenía los brazos alrededor del cuello ajeno, clave las uñas en este y las deje deslizar con fuerza suficiente como para dejar unas grandes marcas rojas por todo su contorno, llegando hasta debajo de sus clavículas. Me alejé como si nada pues sabía que si me quedaba más tiempo tendría que hacer frente a la venganza de Hans; me acomode el cabello con una mano libre mientras alcanzaba a Jared, caminaba con una confianza faltante, fingida. Tome aire y llegue a lado de Jared quien pasó una mano por mi cintura, prefería mil veces caminar a su lado a entrar sola a ese bar; sin dejar mi fingida expresión de confianza, ingrese al lugar, no podía negar que Jared me hacía sentir un poco más segura, la mini pistola no era un gran consuelo y molestar a Hans tampoco era de mucha ayuda; revise con disimulo todo el sitio, no había mucho que ver y no parecía haber indicios de la compaña de algún extraño, sospechoso o algún otro personaje importante en el lugar.

Cuando Jared tomo asiento, lo imité y me senté a su lado, me acomode el cabello con ambas manos para dejar que el cabello me cubriera los hombros y lo escuche mientras seguía observando el lugar, no tenía muchas ganas de beber en un sitio así pero no podía rechazar una trago gratis. Sonreí y decidirme sobre que ordenar, desde el momento en que había cruzado la puerta de entrada del bar, había estado controlando cada movimiento, cada cosa que hacía debía ser con cuidado, no podía dejar de actuar pues no sabía quién estaría observándonos y sobre todo no sabía quiénes eran los supuestos guardias a los que tendría que “distraer”. Termine pidiendo un anuska pues sabía que de nada serviría todo el acto si tenía el aliento con olor a alcohol. El anuska tenía poco más que vodka, zumo de limón y gaseosa así que serviría para pasar el rato mientras esperaba indicaciones. Mientras llegaba la bebida vi a la chica que se acercó a Jared, vestía un vestido rojo bastante más largo que el mío, la envidie un segundo y luego sonreí mientras trataba de escuchar entre los murmullos ajenos, la música y el alboroto que reinaba en el lugar, lo que tenía para decir.  Sin prestar mucha atención al cantinero, quien debo la copa en la barra, la tome y le di el primer sorbo, puse los ojos en blanco y le di otro sorbo, era una bebida dulce y no muy fuerte cosa que a mi gusto personal le quitaba la diversión a beber. –So platt – Comenté en una voz apenas audible y seguí mirando el lugar, claro, sin perder mi atención de la voz de la chica quien después de lo poco que le había dicho Jared, era fácil adivinar que se trataba de su informante o algo por el estilo.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Sáb Jun 29, 2013 4:09 am

No había necesidad de responderle algo a Jared, tenía como siempre la estúpida razón y solo rió complacido porque al menos iba disfrutar esa noche con algunos buenos tragos, mujerzuelas baratas y la sangre hirviendo a mil por el trabajito de romper algunos huesos. La diversión era primero y eso le gustaba del otro, que no apretaba la mano en ningún momento para soltar cuánto dinero sea preciso para pasarla bien. Igualmente hubiera preferido decir algo, un “eso espero” o tal vez “no me digas que ya sé” pero todas sus palabras de respuesta fueron comidas por el vestuario de la mujercita para calentar a otros hombres y no a ellos que estaban ahí muriendo de frío.   Exagerada, pero de que la había encontrado apetecible para sus perversidades, lo estaba.

Esperó que la chica estuviera sola para molestarla con el vestido, subiéndoselo con atrevimiento para que sus muslos se vieran con más majestuosidad y como era más que obvio puso resistencia, haciendo que en él se expandiera su risa divertida a un tono más alto. Más le causó risa cuando lo mando por una puta para entretenerse ¿acaso ella no era una?, es decir, no estaba tomando el papel de una o quizá aún no se daba cuenta de cuál era su papel en realidad en ese trabajo, porque una dama no iba ser. – ¡Ay! que fiera la gatita…–  Dijo con sarcasmo al sentir el golpe en su mano, la cual retiró rápidamente para no seguir molestándola con el traje. Pensando que hasta ahí iba a quedar toda esa jugarreta de niños pequeños, pero no, la contraría le gustaba a pesar de que lo negara seguir el jueguito que siempre comenzaba Hans. Siempre le seguía la corriente y terminaban casi agarrándose de las mechas, palabras iban palabras venían y cosas peores.

No se molestó al tenerla con los brazos rodeándole el cuello, pero si se extrañó del por qué lo hacía tan repentinamente y no necesitó ni un segundo para entenderlo. Sus bonitas palabras venenosas entraban por su oído soltando todo, riendo afiladamente por la ocurrencia del cambio de vestuarios y retirando toda idea morbosa de la mente al tenerla ahí junto a él, en bandeja de plata  para bajar una mano y darle un gustoso agarrón a una de esas nalgas, pero no, aún no.  Así que guardó ambos manos dentro de los bolsillos del pantalón y cerró los ojos con una curva ladina en los labios. – Que fetiche el tuyo de ver a los hombres con ropa de mujer… ¿a caso te calienta?– Se burló, sintiendo como las garras de esa felina rasgaban la piel de su cuello. Bajando, bajando y bajando hasta terminar en las clavículas, tuvo todo el tiempo de detenerla con un veloz levantar de manos, sin embargo ese simple gesto tan rudo hizo que su cuerpo se estremeciera en un dos por tres. Como le gustaba eso, como le gustaba que las putas que se metía le rasguñaran y esta estaba haciendo prácticamente lo mismo. Esa noche Marceline no iba a salir cantando toda feliz, le iba a demostrar en carne propia lo que provoca sus acciones y se iba a divertir más que nunca.

La dejó ir, sin hacer absolutamente nada y más solo tener una curva permanente en los labios, afilada que no se enganchaba más. Las marcas le ardían como nunca, pero ni se esmeró en tocarlas y solo caminar hacia Jared que se iba adentrando al bar Kaiser junto a la culpable de su deseo carnal. – Ya verás, ya verás lo que recibirás por esto…– Decía para sí mismo en su mente, caminando confiado y con naturalidad por esos lares, no era de espanto ya que estaba acostumbrado a estar en lugares mucho peores. Ni cruzó la mirada ante el tipo que le dio dinero Jared, solo entró como perro por su casa y se detuvo a observar el ambiente en un vistazo rápido, escuchando el “Chicos relájense, la noche es joven… No sean tímidos y ordenen lo que gusten” indubitablemente él se iba a divertir bastante. Esperó unos minutos seleccionando a los posibles candidatos para su pequeña “broma”  hacia la gatita y cuando los tuvo en mira fue hablar con ellos, por suerte fueron personas que conocía de sus carrera nocturnas por las calles de la ciudad, además de las apuestas ilegales donde perdía más de lo que ganaba junto con el otro.

Regresó campante hacia sus compañeros de llegada, tomando a la causante de sus heridas de un brazo y girándola hacia él bruscamente, de igual forma la sacó de un jalón del asiento y no la aflojó en ningún momento. Le importaba muy poco si estaba haciendo algo importante o no, el tatuado se iba a desquitar y más encima se iba a complacer con lo que sus ojos presenciarían. ¿Querían una distracción en  el lugar? Pues eso provocaría. – ¡¡¡Hey Chicos!! – Mencionó en voz alta junto a un silbido para llamar la atención de toda esa masa de borrachos y calentones que estaban solos en casi todo el bar. – Sé que están aburridos y necesitan un poco de calentura, por eso les traigo a esta bailarina ¿esta como quieres no?  – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja, enseñando al producto con la mano libre, toda esa figura que estaba envuelta en un sutil traje negro.  – ¡Así que le vamos a dar ánimos para nos baile y nos anime esto mierda! –  Agregó luego poniéndole mayor énfasis a la última palabra y soltándola solo porque sus cómplices estaban preparados para tomar a la chica por debajo de los brazos y de sus piernas aunque ésta se opusiera. Lo hicieron.

Mientras en el interior de ese bar se escuchaban las animadas voces de los hombres gritando por el tan esperando baile que les había prometido el pelinegro y si quería actuar como desapercibida debía hacerlo o haría que toda esa muchedumbre de gente sedienta por carne femenina la devorará en menos de lo que se tarda uno en pestañar. Ágilmente los dos hombres subieron a la chica encima de la mesa más cercana y la que estaba más al centro de todos los espectadores. – ¡Qué baile! ¡Qué baile! – Alentaba con ambas manos en distintas direcciones para hacer elevar la voz de todos y que dijeran lo mismo que estaba pronunciando, lo cual se produjo tal como lo esperaba. La mayoría de ahí estaba atento a esa desconocida en la mesa y animando para que comenzara con el deleite de sus movimientos, incluso el encargado de la música puso un tema especial y perfecto para ella. – ¡Bebidas gratis para todos si la chica baila! – Gritaron desde la barra y más se prendieron por el deseo de verla y tomar.

– Baila gatita… – Susurró dirigiendo la mirada hacia Marceline, diciéndole con sus ojos que eso se merecía por el pequeño recuerdo que le hizo en el cuello, el mismo que acarició con ambos dedos índices en sus lados correspondientes. Lo disfrutaría, lo disfrutaría como nunca antes y más porque hacía tiempo que quería ver a la protegida de Jared moviéndose sensualmente.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Dom Jul 07, 2013 6:54 am

Una pequeña pausa ofrecí, antes de continuar con lo planeado, no hace daño darnos un pequeño receso en el bar, tomar algunos tragos antes que la adrenalina y el ritmo cardíaco se eleven. Se que los chicos se impacientarían y mas Hans, que ya desea romper algunos huesos. Sin embargo todo a su tiempo, no puedes correr si no has comenzado a gatear. Me encontraba sentado en aquel banco junto a la barra con seductora mujer. Me ofreció encender aquel cigarrillo que posaba en mis labios, al encender el tabaco y el humo se esparcía. –Dos bebidas aquí, de lo mejor que tengas  dije tranquilo al barman que atendía en este momento mientras le hacia una pequeña señal. –Como estas? Dije a la chica en tono burlón mientras tomaba el cigarrillo entre mi dedo índice y el mayor. –Cuando continuaremos lo que dejamos pendiente aquella noche en Paris? fue la respuesta a mi pregunta por parte de ella. Continúe con la conversación tranquilamente. –Paris?  sonreí  -Fueron muchas copas aquella noche comenzamos con 3 luego fueron elevándose 14 o 16 si no me equivoco?  El barman se acerco y poso sobre la barra dos vasos chatos, las bebidas ya estaba servidas, la chica tomo uno de los vasos y le dio un sorbo mientras continuábamos. –Fueron 3 pero tampoco exageres fueron menos de 14. Tome aquella bebida con colores rojizos y ámbares y bebí un poco mientras sostenía el cigarro entre mis dedos aun. –Tal vez haga una excepción en mi lista y podremos divertirnos un poco Ada. Dije sonriente a la chica, volviendo a colocar el vaso en su lugar.. Ella recargo sus brazos a la barra –Vamos no seas aburrido Jared, como que una excepción? Aquella ves en el elevador,  fue excitante estar atento que no nos descubrieran, mientras bajábamos al segundo piso. Sonrió levemente mientras continuaba –Y sin olvidar aquel recorrido entre el largo camino de Amapolas amarillas y rojas. Sabes que prefiero  las amapolas que las Lilas. Termino mientras roso con su mano mi mejilla. Tome aquella mano ajena que rozaba mi mejilla. –Suena tentador. Dije mientras bese su muñeca. –Jared aquí no, nos pueden ver, hasta podría verme como una zorra más del lugar. Exclamo mientras intentaba soltar su mano de la mía. –Me encanta cuando te pones tensa. Reí mientras no soltaba su mano apretándola con fuerza –Recordé aquel día que casi tumbaba, aquellos jarrones de la dinastía Ming, no se sabe que tendrá dentro de ellos. Solté su mano. –Muy cierto conteste con tranquilidad mientras cerré un poco los ojos y tomaba aquel vaso para darle un sorbo. Por un momento cambio radicalmente el ambiente en el bar, los choques de vasos, las bolas del billar pararon, hasta los borrachos se quedaron en silencio. Solo fue un momento que todo quedo en silencio, hasta la música quedo paralizada cuando se escucho -Hey chicos!! Esa voz era reconocible era Hans con su alboroto, no me tome la molestia para voltear a ver su espectáculo. La chica volteo a ver semejante escena –Tus chicos están… fue interrumpida por los gritos de un tiro que dieron todos los presentes en el bar, hasta sentí que me bañaron con cerveza que arrojaron del fondo. Yo que venia tan elegante y me arruinan mi camisa en fin. Nunca había escuchado a personas tan exaltadas y alegres por algo, así que voltee al fondo para ver que tramaba Hans. Me levante del banco mientras sonreí al ver semejante alboroto, Marceline arriba de una mesa, preparándose a bailar? Nunca pensé que llegaría a tal extremo, con que todo salga perfecto esta noche, no importa lo que se tenga que hacer. Ada se acerco a mí mientras me susurro algo al oído, yo la tome de la cintura y caminamos hasta donde estaba toda la muchedumbre. –Esperen!! Alce la voz  mientras soltaba a Ada y levantaba los dos brazos, abriendo mis manos para llamar la atención de público.

 Por un momento fije la mirada en Hans mientras que le sonreí. No tardaría el chico en maldecirme, por parar su espectáculo, pero aun no era el momento para que pusiera esa cara larga.
–Chicos! Esto no tiene caso. Exclame sin embargo al fondo se escuchaba –AguaFiestas!! Hice señal al público que esperaran. –Saben que les falta!! Gritaron al fondo –Que? Aguafiestas!! Que tu madre venga a recogerte!! Sonreí a tal comentario. –No podrá recogerme, por que estaré con la tuya en la noche. Dije en tono de burla mientras gritaba al ultimo –Bebidas gratis para todos!! El ambiente se volvió a prender, para que esperar a los de la barra hasta que dieran bebidas. La música  volvió sonar, todos esperaran  que Marceline bailara. Ada se alejo a dirección con Hans, yo tome una botella de cerveza que llevaban en una charola para darle un buen trago. –Que baile!! Grite mientras alzaba la botella y caminaba hasta el fondo donde estaba el pasillo según lo planeado, dando la espalda a la muchedumbre que gritaba, esperando a la sabandija bailar. Ada se dirigió con Hans para avisarle que ya era hora, seguramente atraería su atención con un ¨Ya es hora guapo¨ mientras que jugueteara con sus cabellos, aquella chica atraía a todo con su sensualidad. Esperando a Hans subí tranquilo aquellas escaleras que daban para subir a la planta de arriba. -En parís eh... pensé un momento al pisar el ultimo escalón, se apreciaba un pasillo y a lado izquierdo una puerta que daba a un balcón, me asome hacia dentro y había aproximadamente catorce o dieciséis personas. –Hay bebidas gratis haya abajo!!! Grite hacia el interior con alegría para animarlos a bajar. La gente no se quedo sentada mas y salió apresurada para bajar las escaleras a la primera planta por mi parte me quede observándolos mientras caminaba al fondo del pasillo. –Pi: 3.1416….3,3,3, donde estas...o con que estabas ahí. Decía dentro de mí mientras mire a un sujeto tranquilamente. –Hey detente ahí!! Esta prohibido caminar por aquí. Ignorando su advertencia seguí caminando hacia el. –Detente maldito. Dijo mientras se paraba enfrente de mí. Yo solo mostré una gran sonrisa, el juego comenzaba aquí. Sin perder tiempo lo golpe utilizando el Crochet seguido por un [/font]Back side-Kick,era un par de técnicas que se utilizan para pelear, en tanto el sujeto se impacto contra la pared, cayendo al suelo. Me acerque a el mientras sacaba una de las dagas y se la introducía en el estomago. –Solo quedan dos.. le susurre, mirándolo a los ojos y ver como salía sangre de su boca, yo solo me bajaba a su nivel un poco mas y introducía mas la daga. Por eso me encantaba Ada esa maldita zorra era buena reclutando información. No me arrepiento de haberla conocido cuando trabajaba para mi ex-jefe, en aquellos días de invierno en Rusia. Esa chica oriental era todo un peligro. Una simple conversación, en clave para obtener mucha información. Tres copas en Paris, tres hombres protegiendo al Frances. Su nombre era Jean Marc un hombre que deberíamos desaparecer de la lista. Catorce o dieciséis, menos tal vez, numero de personas que están en el balcón. 
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Lun Jul 08, 2013 1:36 am

Seguía mirando a la chica que acompañaba a Jared, era perfecta para mi plan, no quería que ningún idiota me tocara de más esa noche así que usarla a ella para continuar con el trabajo serviría, poco me importaba si tenía el permiso de Jared o no, incluso y esperaba que no fuera así pero si llegaba a abrirse el fuego dentro del local, podría usarla de escudo humano, era más alta que yo y se notaba que también era mayor así que serviría bastante bien. Era un buen plan y seguro lo hubiese puesto en marca si no hubiese sido por el estúpido de Hans. Con mi trago sobre la mesa y varios tipos cargándome, no sabía qué hacer, me había tomado desprevenida. Pase de observar a los tipos con los ojos abiertos como platos a fruncir el ceño al entender la estúpida jugarreta de Hans; trate de resistirme y de patearle la cara a uno de los tipos pero no podía hacer mucho, por más resistencia que puse, por más que trate de retorcerme para conseguir que me soltarás, no logre nada. Cuando me di cuenta estaba sobre una mesa, mire con desprecio hacia Hans mientras me ponía de pie sobre la mesa y me acomodaba el vestido, no pensaba mostrarme apenada y poco me importaba el ruido que provocaban los hombres dentro del bar, había sido demasiado infantil el actuar del chico, solo por unos rasguños, ya me vengaría de otra forma yo pero mientras tenía que arreglármelas para bajar de la mesa sin hacerme daño, había ido allí para cumplir con las ordenes de Jared, no con los deseos de Hans. Ignorado a los hombres, mire en dirección a Jared, esperaba encontrar alguna solución a ese incomodo momento en él, sin embargo este ofreció bebidas gratis y de nuevo el ruido de la masa de gente se elevó hasta casi dejarme sorda, miré con desprecio en dirección a los chicos, me habría traído para actuar de puta frente a la gente, desde el principio lo había adivinado por más que no quisiera admitirlo pero no importaba, le cobraría caro el bailecito a Jared, si quería tratarme como mujerzuela yo le cobraría, le cobraría más que lo que cualquiera de sus mujerzuelas le hubiera cobrado jamás. –Me voy a vengar por esto –. Susurre y lamentándome por lo que estaba a punto de hacer, me acomode el cabello con las manos, le sonreí al grupo enfrente mío, como si no me importara tener que bailar como si de verdad quisiera bailar, como odiaba la situación. Tome aire y poniendo atención únicamente a la música y no al vulgar ruido que hacían los presentes, comencé a moverme por la mesa, manteniendo el equilibrio para no caerme de allí, meneando el cuerpo lentamente al ritmo de la estúpida canción. Me incliné sobre el eje de mi cintura, doblando ligeramente mi cuerpo y recorriendo con las manos mis muslos, mi pantorrilla y hasta mi tobillo solo para volver a subir de nuevo. Siguiendo el ritmo, tome el borde del vestido y lo subió solo un poco mientras seguía meneando lentamente las caderas, luego regrese la prenda a su lugar y me arrodille sobre la superficie de la mesa, recorrí mi cuerpo con las manos, acariciando mi cabello, mi pecho y mi cintura, aprovechando que los asquerosos hombres estaban cerca de la mesa, acaricie con un dedo la barbilla de uno mientras les sonreía con picardía al resto y a la vez a nadie, poco me importaban los presentes. Aún arrodillada, estiré mi cuerpo hacia atrás formando una pequeña curva con mi espalda y seguí acariciando mi cuerpo. Me acomode de nuevo, poniendo todo el peso sobre los tobillos, me levanté lentamente sin doblar la espalda sino más bien recorriendo con las manos el largo de mis piernas. Pase mías manos por detrás de mi cabeza y seguí moviendo la misma lentamente mientras meneaba mi cuerpo completamente, lentamente. Me aproxime al borde de la mesa y con cuidado me senté en este, con las piernas colgando, jale del cuello de la camisa de uno de los hombres allí, al menos era el menos asqueroso que había logrado ver, de cualquier manera, lo aproxime a mí, le sonreí con picardía, pase mis manos por su cuello y su rostro, antes de que pudiese hacer algo, lo solté, volví a subir las piernas a la mesa y a ponerme de pie. La canción estaba casi por terminar, lo sabía, la había escuchado antes en una película, estúpida canción la que había tenido que elegir Hans. Antes de poder hacer algo, el ruido provocado por los gritos, alaridos y alegría de los presentes se vio interrumpido por el sonido de un disparo, todos parecieron atónitos, mire en dirección al sonido, no creía posible que Jared hubiese disparado, ni siquiera el estúpido de Hans sería tan tonto como para hacerse notar de esa forma, la única idea posible era que alguno de los hombres a los que estábamos buscando hubiese abierto el fuego. Otro sonido de disparo cortó el aire, las personas, antes tan alegres comenzaron a tomar sus cosas y salir corriendo, nada valientes resultaban ser. –Vaya suerte la que me toco hoy – Ladee la cabeza sin saber que más esperar, las personas que corrían de un lado a otro hacían tambalear la mesa, logrando que casi perdiera el equilibrio, así que me baje rápidamente de esta. Corrí en con contra de la multitud de gente que se arremolinaba hacia la única puerta de salida visible de ese lado, entre codazos y esquivando pisotones, logre llegar hasta el inicio de la escalera y de allí al pasillo del fondo, este estaba vacío así que correr por allí no fue difícil, sabía que era el único sitio posible por el que podría encontrar a Jared, además si me quedaba entre la locura que reinaba en la zona del bar, terminaría aplastada por tanta muchedumbre histérica.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Lun Ago 05, 2013 6:29 am

Que entretenida noche se estaba comenzando a formar y que mejor inicio que el baile de la gatita para dejarla en vergüenza por el resto de su vida. Menos mal que Jared se unía a la jugada y se había aflojado el bolsillo para invitar a medio mundo con tragos para animar más y más a la clientela de viejos borrachos. Vaya que si lo disfrutaría y se lo merecía por aquella rasguñada en el cuello que aún le ardía, esperaba que esas uñas no estuvieran infectadas o ya tendría problemas, porque esas manitos angelicales no eran muy limpias que digamos si tiene que andar conquistando a todo pez gordo para conseguir información, si es que lo hacía porque no ponía las manos al fuego por alguien que no le radiaba confianza en absoluto. Se había sentando en una de las sillas con el brazo izquierdo apoyado en el respaldo mirando la función, pero su vista fue interrumpida por una chica alta y demasiada bella. Estaba como quería, justo para llevarla a la cama sin pensarlo dos veces.

Estuvo a punto de atraerla contra si cuando escuchó ese molesto mensaje proveniente de Jared con voz sensual. Justo ahora tenían que entrar en acción, se perdería el baile de esa gata en celo. Mierda. – Que fastidio…– Dijo maldiciendo por debajo y levantándose para susurrarle en el oído de la hermosura que tenía enfrente. – Se buena chica y grábame el baile, mínimo – Agregó con una sonrisa de lado, pasando a su lado y dándola una leve palmada en el trasero para saciar el gusto que tenía desde que la vio, ni siquiera se volteó para ver su gesto o si decía algo ante su petición, solo introdujo las manos en los bolsillos del pantalón y comenzó a caminar hacia el lugar indicado, como todos estaban atentos y calentones por la chica en la mesa no se precavió en revisar si alguien lo estaba vigilando, solo se adentró como perro por su casa hasta el segundo piso. Ahí se topó con varios sujetos bajando las escalones con gran apuro, seguramente ya se habían enterado de lo que estaba pasando en la planta baja ¿Quién se podría resistir? Sonrió más ampliamente y apretando los puños por la emoción que gobernaba su ser, tan intensa que la adrenalina ya hacia bombear su corazón con rapidez.

Llegó al pasillo y se encontró con una persona tirada al fondo. Como si fuera broma se arrodilló frente al mismo y lo comenzó a punzar la cara. Muerto por completo. –Vaya estúpido, así que Jared te doy tu merecido… Uuy me hubiera encanto ver tu cara de sufrimiento – Susurró divertido, poniéndose de pie y mirando hasta el fondo del pasillo, pero no podía ver mucho ya que éste justo terminaba e iniciaba otro hacia el lado izquierdo. Odiaba esos pasillos de película de terror, mirar por el extremo y encontrarse con el monstruo que se comerá tus sesos en cualquier momento. Aunque ahora los papeles eran distintos. Dio un primer paso para encontrarse con su compañero, pero algo le atrapó la pierna con fuerza. Justo hablando de monstruos y a él le agarran el pie desde el suelo ¡Zombies! Fue lo primero que pensó. Giró la cabeza con lentitud pensando en lo peor aunque fuera increíble, vamos un sujeto como Hans también merece asustarse a veces. – Qué carajos… – Balbuceó con una expresión de asco, era el tipo que supuestamente estaba muerto, pero al parecer aún tenía fuerzas para respirar. Sacó la pistola que guardaba detrás de su pantalón y le apuntó directo en la frente, ladeando un poco la cabeza para darle una buena despedida al imbécil al estilo Terminator, pero justo ahí vio algo que no le gustó nada, tenía un brillo en su mano contraria. – ¡Hijo de perra! – Gruñó aflojando el agarre de la pierna y tomándolo desde las prendas superiores al desdichado con brutalidad para estamparlo contra el vidrio de una ventana. – ¡Comienza hablar ahora! ¿A quién mierda llamaste? – Preguntó con un humor de perros, apegando el cañón de la pistola en la frente para atraerle miedo. El muy hijo de puta tenía el celular muy cerca de su rostro era obvio que había realizado una llamada, seguro alertó a todos de que estaban ahí.

El sujeto no quería hablar o más bien no podía por toda la sangre que tenía acumulada en la boca y como Hans no era de tener mucha paciencia lo empujó con fuerza contra el cristal, confiando que la música de abajo sería el disfraz perfecto para no llamar la atención, por primera vez en su miserable vida estaba poniendo las manos al fuego por esa gata que estaba distrayendo a medio mundo con su baile erótico. Saltaron pedazos de vidrios alrededor, dejando caer libremente el cuerpo hasta el precipicio, sin ante coger el celular y llamar al último número digitado. – ¡Ya vamos para allá! ¡Él jefe esa informado de todo, resiste! – Mencionó la voz del teléfono con bastante agitación, seguramente venían desde la planta baja subiendo con apuro. Ya todo se complicaba, no esperó ni un minuto más, tirando el aparato al suelo y rompiendo con el pie en una fuerte pisada. Sus prendas estaban cubiertas con sangre al igual que sus manos al tomar el cuerpo de ese individuo, lo único bueno de usar prendas oscuras es que la sangre no se nota tan a simple vista. Insultos iban y venían en su cabeza, corriendo a todo lo que daba para doblar  y seguir hasta el final.  Fue ahí que a los pies del ascensor vio a dos cuerpos más tirados, Jared si sabía cómo hacerlo.

Tomó el ascensor hasta el tercer piso para encontrarse con el otro, no se demoró nada y al salir del mismo le dio un golpe con el mango de la pistola a los controles para que dejara de funcionar, de esta forma nadie más podría subir para interrumpirlos. No quería estorbos y menos aliados de los enemigos, así que para asegurarse mejor de que no funcionara nunca más le dio un disparó a los circuitos, causando un apagón momentáneo en todo el lugar, un rápido pestañeo de luces por unos segundos pero luego todo se normalizó. No había escaleras en el segundo piso, así que subir hacia donde estaban seguramente sería un desafío, aunque probablemente más de otra salida o entrada había para llegar al último piso, tan idiotas no podrían ser para construir una sola ruta de escape. En fin, los sujetos del segundo piso tendrían que ceder porque por el ascensor no iban a subir.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Dom Ago 25, 2013 6:03 am

El ambiente seguía tan asqueroso como siempre, no puedo mentir, estos lugares siempre, serán así, mi atención la tenia aquella sensual oriental, la mirada de arriba hacia abajo, apreciando espectacular cuerpo. Aquella señorita, era más que una cara bonita, era sorprendente recolectando información, y que más da, no había una palabra que definiera su excelente trabajo. Cualquier idiota sabría, que no se puede estar hablando del trabajo como si fuera una conversación cualquiera, aquellas palabras que intercambiamos solo se disfrazaban con tal sencillez. Las paredes están llenas de oídos con las cuales la información se trasmite más rápido que el derramo de un vaso con agua. Un silencio controlo el dichoso lugar Hans llamo la atención de la gente con espectáculo que jamás me lo podría imaginar, luego tendría su recompensa hizo un buen trabajo esta vez. No era necesario ver el escándalo, con los gritos de emoción de los borrachos era predecible lo que ocurría. En ese momento nuestra agradable conversación había sido interrumpida, que mas da la información necesaria ya había sido obtenida, Ada menciono que mis chicos andaban en el fondo, una sonrisa se dibujo en mi rostro y me fui con ella hacia donde estaba la gente, por un momento capte su atención, las bebidas gratis debían ser servidas una vez mas, Marceline con enojo volteo hacia mi como a Hans, lo se, estaba estallando por dentro. Sin embargo no era para tanto, solo era por un momento, mandaría a Ada, pero esta niña tiene otras cosas que hacer. Clave mis ojos azules en Marceline mientras sonreía con malicia. –Baila solo por esta noche trate de deletrear a la chica, aunque sabia que seria inútil con todo el ruido del lugar, conociéndola bien, sabia que se vengaría después, dándola la espalda al show hice una señal de adiós, para encaminarme a lo que seguía, el plan seguía de maravilla, no era necesario que fallara. Por un momento mande a Ada avisarle a Hans que ya era hora para seguir a lo que veníamos esta noche, es una lastima, ya será en otra ocasión cuando tenga que terminar la conversación con sensual mujer. Moviéndome entre la gente, tome un vaso de alcohol que tenia una mesera en una charola. –Hasta el fondo! Exclame mientras de un solo golpe bebí aquel líquido del vaso, para después colocarlo de nuevo en la charola. Sonreí y seguí mi camino, antes de subir aquellas escaleras que daban al segundo piso del bar, encendí un cigarro, mientras sentía la adrenalina correr por mi cuerpo una vez mas, no podía contener las ansias de ver el sufrimiento, y la sangre correr en el suelo. Una risa deje escuchar cuando pise el primer escalón. Tranquilamente comencé a subir el resto de las escaleras, siguiendo aquella conversación, todo coincidía como tal. Unas bebidas gratis mencione al balcón , seguramente la gente bajaría como idiota, quien no se resistiría a bebidas gratis?. Seguí el paso, esperando al primer sujeto que me toparía, valla no tardo tanto pues ya me estaba deteniendo para ya no avanzar más allá de sus límites. Un par de golpes bastaron para dejarlo en el suelo, que placentero el juego había comenzado, y este sujeto no había durado mucho en pie, eso lo volvía un tanto aburrido, muéstrenme lo que tienen, es que acaso solo con su apariencia intimidan a la gente pero que patético es todo esto. Aquella daga , ¨los Dragones asesinos¨ fue introducida en su estomago , vamos que su sangre se derramaba poco a poco, armas blancas sencillas pero fatales, por eso me encanta manejarlas, en cambio las de fuego, un simple disparo y los sesos vuelan, no le encuentro chiste a eso, la muerte es mas dulce cuando es lenta y dolorosa. Solo faltaban dos, si era correcta la información de Ada, esa maldita mujer, su información tan excelente como siempre. No debo dejar a un lado  Jean Marc este sujeto francés, que me debía una conversación agradable. Dejando atrás al primer sujeto seguí mi camino, sin embargo todo estaba en silencio, de momento seguí al lado izquierdo, esperando que saliera el siguiente sujeto, vamos que no tenía todo el tiempo del mundo, ya era el momento de mandarlo al otro mundo. El pasillo estaba un tanto largo, así que me apresure a pasarlo, que mas da parecía hospital psiquiátrico, al fondo se podía apreciar el elevador, pero la pregunta del millón es donde estaban los dos gorilas que se suponen que estarían cuidando aquí? El silencio fue apagado por la carga de una pistola, me detuve un momento mientras desviaba mis ojos a mi sien. Una sonrisa se dibujo en mi rostro. –Detente antes que te vuele la cabeza exclamo el sujeto numero dos. –Pero que manera de tratar a sus invitados!!! Dije alzando la voz mientras hacia énfasis en invitados, con habilidad esquive la pistola , y tomando la segunda daga en mi mano, las tenia las dos en mi poder, solo falto una para deslizarla por su abdomen haciendo una cortada peligrosa, este solo disparo al aire, impactándose la bala en la pared. –Que idiota! Mencione al sujeto. –Yo que quería jugar un poco más….exclame mientras le daba un par de golpes en el rostro y una patada baja para tumbarlo al suelo. –Que pasaría si hago esto…..dije al sujeto mientras lo miraba con malicia en el suelo y cortaba su cuello. –Ooh si pasa eso, Mmm creo que ya no necesitaras esto. Mencione al aire, tomando del suelo su arma que había soltado al momento del corte en el abdomen. Mis dagas las coloque en su lugar, mis manos de sangre estaban. Primero cerveza ahora sangre, es que acaso nunca se puede terminar un trabajo con la ropa limpia? –Suelta el arma! Grito otro sujeto yo solo voltee y la tire al suelo, sonreí ante su presencia, el sujeto numero tres había hecho su aparición. –Aparte que ni me gustan las armas, son aburridas. Dije tranquilamente y al final con un bostezo. –Entonces no te importara que te mate una. Contesto el. –Vamos por que no lo intentas Conteste como si nada hacia el. Una de mis manos se fue hacia atrás de mi espalda. –No te muevas! Me grito. –Solo tengo una sorpresa para ti conteste sonriente. Mientras que en mi mano estaba una de las dagas que lance rápidamente a su pecho. El sujeto dio algunos pasos hacia atrás intentando quitarse el arma blanca y tirando la de fuego al suelo sin antes disparar. –Que diablos….exclame ladeando mi cabeza, mientras me acercaba a el. Tome la daga de su pecho para luego cortar su cuello. Creo que ya eran todos, camine hacia el elevador sin problema entre hacia el. -3 piso mencione oprimiendo el botón indicado, por un momento comenzó a sonar mi celular. –Que sucede? Conteste tranquilo. –Que sucede? Eso debería preguntarlo yo, la gente aquí abajo esta corriendo, por que la policía viene hacia acá. Y? conteste como si nada. –Que grabe un video para tu chico, y me largare de aquí, nos vemos pronto. Era Ada la cual finalizo la llamada, lleve mi celular de nuevo a mi bolsillo, la música del ascensor parecía de cuna, aunque no tardo en llegar al tercer piso. Las puertas se abrieron y solo Salí de ahí, unas mujerzuelas gritaron al verme yo con el dedo índice les hice la señal que guardaran silencio. Las mujerzuelas salieron corriendo para uno de los dos pasillos que se encontraba en la sala, en cada pasillo había un cuadro al lado derecho un cuadro de amapolas lilas y en la otra amapolas amarillas. Que mas da vamos por las amarillas, me dirigí hacia ese pasillo para encontrarme con otro camino recto. Así que solo me recargué en la pared con el cigarrillo en labios esperando a los chicos.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Miér Oct 02, 2013 12:54 am

La subida había sido realmente aburrida, golpeando con la punta del pie diestro el suelo del elevador en espera impaciente por acabar con esos imbéciles que esperaban en la parte alta, solo debía encontrar a Jared y ver cuáles eran las indicaciones a seguir ahora. Aunque no creía que los planes habían cambiado tanto desde que entraron al bar, no obstante nunca fue un entrar y salir como se lo imaginó desde un comienzo, pero claro, él se iba a tomar su tiempo antes de salir, su buen tiempo y lo disfrutaría.  Al bajarse, hizo lo más lógico que podría haber hecho, terminar con las posibles rutas de acceso y con un simple disparo sonoro bastó para mandarlo a la mierda. Las luces parpadearon por unos instantes indicando que algo no andaba bien, pero para él todo indicaba lo contrario. Sonrió abiertamente observando a las personas que trascurrían por el pasillo, incluso había unas mujerzuelas tratando de usar el ascensor luego de haberle disparado a los circuitos. – Lo siento pero por aquí nadie baja – Musitó pícaro y señalando con el cañón de la pistola los controles destruidos de la maquina.

Los gritos inundaron el espacio y comenzaron a retroceder despavoridas hacia otro lado. Aprovechando Hans a guardar la pistola nuevamente detrás de su pantalón y comenzar a caminar con las manos introducidas en los bolsillos del mismo lleno de confianza hacia los interiores que jamás antes había pisado. Una vez más vio a más chicas corriendo con unas telas cubriendo el cuerpo, porque apenas cubrían las partes importantes y ni sentido tenía llamarles ropa a esos trapos. Sin embargo para sus gustos estaban bien si hubiera venido por intereses personales, esas zorras estaban como querían y ya le ardían las manos por acariciar alguna, pero estaría mintiendo de cierta forma ya que su mayor placer ahora era disfrutar una masacre descontrolada con inundaciones escarlatas. – Tsk… Donde carajos anda Jared – Se quejó a baja voz, apunto de girar hacia el otro pasillo sin precaverse de la existencia de su compañero, pero la esencia de cigarro de buena marca impregnó sus fosas nasales mirando hacia un costado.

– ¡Hijo de puta! – Saludó a su buena forma a Jared al notarlo reposado en la pared como si nada. Yendo a su lado y suspirando pesadamente al apoyar la espalda también en esa fría pared con un cuadro nada de gusto para él. – Pensé que ya habías acabado con todos… y te veo muy aquí descansando con un cigarro… – Musitó con los parpados bajos y algunas hebras oscuras cubriendo la frente. Si el señor de la billetera abundante estaba ahí sin hacer nada era por algún motivo, así que mejor seguir como él. No siguió pronunciando palabra, pero si le quitó de un agarrón el cigarro de los labios ajenos, posicionándolos en los propios y jalando como si lo esperó toda la vida. Posteriormente soltó el humo hacia arriba desde la boca y volviendo asechar con la mirada a su similar.

– ¿Entonces qué? – Preguntó. Haciéndose propietario del cigarrillo y sonriendo afiladamente de lado izquierdo al notar como los gritos de las mujeres de bajo mundo eran más chillones que cuando estaban gozando en la cama. Lo extraño era que no veía ni un solo hombre por esos lados, seguramente estaban en alguna habitación ¿todos juntos? No lo creía del todo, pero ver tantas chicas saliendo disparadas sin escolta detrás de ellas era solo para pensar una cosa, estaban preparando algo contra ellos y no era nada bonito. Fue entonces que realmente entendió que amaba su trabajo y saboreó en una calada el cigarro robado con dicha. Esa noche se iba a divertir como nunca y más si tenía que engañar a la muerta otra vez.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Dom Oct 13, 2013 6:44 am

Seguí corriendo hasta llegar al elevador, la gente pasaba volando a mis costados, todos estaban luchando por salir del lugar, apreté el botón del elevador y espere unos segundos, nada, volví a apretarlo pero de nuevo no hubo si quiera un sonido, levante la vista para ver en que piso se había detenido pero no aparecían números, parecía estar apagado, “apagado o arruinado” pensé para mis adentros. Tome aire mientras trataba de retener la frustración y el enfado, fui soltando el aire despacio. – Oh, no me jodas, esto tiene que ser una broma –. Miré a los costados, las personas comenzaba a hacerse una masa que o permitía la entrada ni salida, sabía que Jared estaba en el piso de arriba y sabía también que había unas escaleras a la entrada del pasillo, las mismas que había decidido ignorar para poder usar el elevador.  Apreté el puño sobre mi frente mientras cerraba los ojos y tomaba inhalaciones, despacio, tratando de contener el enojo, lo del elevador era una tontería pero era una gota más que amenazaba con rebalsar en vaso de mi metafórica paciencia; la ropa, el baile, el elevador, estupideces que estaban acabando con mi ya de por si poco buen humor.
Sin perder más tiempo, regrese sobre mis pasos por el pasillo, ya no me importaba llegar rápido hacia Jared así que camine con toda la calma que pude, iba pegada a la pared para evitar la estampida, ¿de dónde salía tanta gente? Parecían ratas, no terminaban de salir por los rincones. Llegue a la escalera, había muchísimas mujerzuelas bajando por allí, casi no llevaban nada encima y gritaban como si se tratase de cerdos en el matadero, escuche a una de ellas gritar por auxilio y otra más diciendo que la policía estaba cerca, puse los ojos en blanco, si se asustaban por una pequeñez como esa sería porque no eran veteranas en el negocio; las mujerzuelas de la mafia ya estaban acostumbradas a ese tipo de escándalos. Puse los ojos en blanco y comencé a subir por la escalera, era como luchar contra la corriente de un río salvaje y no estaba de humor para soportar la histeria así que opte por dar de codazos a todo el que se acercará a mí, a muchas de las personas no pareció gustarles mi actitud, me miraban con los ceños fruncidos pero seguimos bajando sin detenerse a decirme nada, muchas otras ni siquiera se dieron cuenta de que las había golpeado, quizá era la adrenalina y el miedo mezclados en sus cuerpos Era molesto, hacía calor, era odioso traer tacones y la mini pistola en el sujetador. – !Muévanse inútiles! –. Más y más razones para ponerme de malas. Tras un largo rato luchando en la escalera, logre llegar a la cima, allí todo estaba más tranquilo, había menos gente, por no decir que el sitio estaba desierto, aproveche para  acomodarme el cabello, se había hecho un lío con todo el jaleo de antes, use una de las pulseras de goma como liga de cabello y me hice una coleta, luego tiré del vestido por si es que se había subido o algo, pensé en las películas donde las mujeres asesinas iban con vestidos como esos y una mierda con las producciones cinematográficas, era horrible y desesperante llevar esa cosa. Moví el cuello de un lado a otro para relajar los músculos; no tuve que caminar mucho para encontrar a Jared y Hans, relajados, fumando y casi como si no estuviéramos encima de un caos, incluso aquí se escuchaban los gritos. – Por fin los encuentro, algún estúpido con retraso mental averió el elevador, tuve que usar las estúpidas escaleras – Me apreté el puente de la nariz con dos dedos mientras miraba a los chicos, que envidia ser un jodido hombre y no tener que usar esta maldita ropa pero bueno ya no iba a quejarme frente a ellos, solo conseguiría que se burlasen, mejor dicho, solo conseguiría que el estúpido se burlara de mí y ya no estaba de humor para eso. – ¿Ahora qué sigue? ¿Por fin podré ver algo de trabajo de su parte?– Pregunte mirando a Jared, camine hasta donde Hans, le quiete lo que quedaba de cigarro y le di una calada mientras regresaba a lado de Jared, ya poco me importaba que se enojará por eso, le tocaba trabajar a él.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Sáb Nov 02, 2013 6:53 am

Mis pasos eran tranquilos, mientras subía por aquellas escaleras la cual era el único camino para dirigirme a la segunda planta del bar, a pesar de la música a todo volumen que provenía del baile sensual de la sabandija podía aun escuchar el sonido de mis zapatos al pisar tales escalones. Aquel grupo de gente que mantenía su maldita diversión en el balcón seria muy fácil distraerlos con bebidas gratis, quien no se resiste a un exquisito y delicioso trago gratis? No cualquier idiota negaría tal regalo generoso de un desconocido. Solo fue gritarles tal mensaje para que salieran como ratas escondiéndose de la lluvia hacia la primera planta aparte estarían más entretenidos que nada, un baile los esperaba con ansias. Con tranquilidad seguí mi camino hacia el pasillo que parecía mas laberinto que nada aunque pensándolo bien asemejaba a un hospital psiquiátricos con sus diseños macabros, y la luz que parpadeaba al final del largo y confuso pasillo como si fuese una patética película de terror. Sin embargo lo que le faltaba a este lugar era sangre que se derrame en los pisos. Y que sorpresa, el primer imbécil hace su aparición, uno, dos…. Cortes bastaron para tumbar a cada pedazo de estiércol que me encontraba a mi paso, de sangre se manchaban las paredes, como el piso que su reluciente mármol de carmín se machaba. Uno a uno se caían, después de tener una agradable conversación, sus rostros de dolor era lo mas fascinante, vamos muéstrenme que están retorciéndose de maldito dolor, sin embargo ver su maldita sangre en mis dagas no era suficiente para mi, quería que pelearan mas, que me mostraran sus habilidades estos imbéciles. En mi rostro se dibujaba esa sonrisa de malicia y mi cuerpo de adrenalina se llenaba quería mas, quería mas!!, tenia que saciar esa hambre que me devoraba por dentro. Mis carcajadas resonaron al momento que me encontraba con el último sujeto del pasillo, solo un corte en el cuello para que cayera al suelo balbuceando en su propia mierda. Camine hacia el único elevador en el pasillo, aquel juego había comenzado  y no existe manera de detenerlo. Las puertas metálicas cerraron escuchándose el típico tintineo, oprimiendo el botón correcto, el marcador que se encuentra arriba de la puerta marcaba los pisos recorridos, por un momento me quede con brazos cruzados al escuchar la maldita música de cuna que sonaba. Sin embargo una llamada recibí, era Ada que mencionaba que ya se largaba del lugar, mas que nada que decir finalizo la llamada, sin darle mucha importancia al asunto, al cual se supone que debía preocuparme por que la policía venia, vamos todos saben que le darán la maldita mordida a la manzana para que se larguen y digan que en el basurero del bar Kaiser no paso nada mas que una pequeña riña entre borrachos. Mientras que todo se siga como el plan no habrá ningún problema aunque estoy consiente de que suceda algún desvió después de todo nada es perfecto. Aquel marcador del ascensor indico el tercer piso, lo cual las puertas  abrieron de inmediato, un grupo de mujerzuelas que era obvio que satisfacían a las ratas en cuartos privados salían despavoridas después de escuchar hace unos momentos el par de balazos en el segundo piso, en tanto Hans y Marceline no tardaban en llegar. Un sonrisa se dibujaba en mi rostro mientras les hacia una señal de silencio a las escandalosas mujeres, no ganas me quedaban de darles un balazo a cada una para que se callaran de una vez por todas el maldito hocico. –Están peor que cerdos en el matadero mencione con una ligera risa de burla mientras caminaba a los presentes pasillos, según la información se encontraban dos cada uno mostraba un cuadro en la pared. Sin perder más tiempo camine por el cuadro de Amapolas amarillas. En este caso era el pasillo izquierdo, ya que en el derecho solo existían cuartos privados. Me recargue un momento en la pared mientras encendía un cigarrillo y lo llevaba a mis labios, debía esperar a los chicos, ya que en este punto se separan las niñas lloronas de los hombres. –Esta todo tranquilo, mas de lo que esperaba… exclame en voz baja mientras cerraba mis ojos. Sin embargo escuche alguien acercándose tranquilamente, desvié mi mirada cuando escuche el grato saludo de Hans. Sonreí de buena manera a su comentario ya era costumbre. –Hans, aun te hacia disfrutando aquel baile candente mencione al chico con una ligera risa. Aquel cigarro que posaba en mis labios y el cual disfrutaba en ese momento me fue arrebatado por el pelinegro. Sin antes escuchar lo que mencionaba este. –Tómalo como un ligero receso, Aparte el señor Marc quiere jugar un rato…. Exclame desviando la mirada hacia un punto del techo el cual se encontraba una cámara de seguridad. Tome una de las armas que cargaba conmigo en realidad era la única arma de fuego, aparte de las dagas, para apuntar y con solo tirar el gatillo aquella cámara dejo de funcionar. Al diablo ser sigilosos ahora!!, al carajo!!! La guerra comenzó desde que pisamos el maldito lugar. El sonido se disperso por los pasillos, si la rata ya quisiera, estuviéramos rodeados Hans y yo en ese momento con un par de armas apuntándonos la cabeza. ¿Entonces qué? Escuche pronunciar a Hans, hice una pequeña pausa mientras guardaba el arma en su lugar para luego observar el cuadro de las Amapolas. –Relájate un momento Hans.., por que no observar los detalles del cuadro, fue pintado por Van Gogh en 1887 , en pocas palabras aquel sujeto que se corto el lóbulo de la oreja izquierda. sin embargo este simple cuadro tiene un valor de cincuenta millones de dólares. Mencione con una ligera sonrisa en mi rostro. Sabia que Hans no disfrutaba para nada el arte pero que mas da se le podía sacar un jugoso provecho aquellos numeritos. Por un momento alguien mas se acercaba, era Marceline que venia con un humor del diablo. –y que tal el baile? Pregunte tranquilo a la chica, sabia que no estaría contenta por tal show que tuvo que realizar y más por tales ropas. –Bien el receso termino, es hora de finalizar el trabajo pendiente. Mencione con una sonrisa de sed de adrenalina mientras escuchaba a Marceline hablar. Deje de apoyarme de aquella fría pared para luego caminar tranquilo por el pasillo recto, mas cuadros de paisajes conocidos colgaban de la pared. –Esto se pondrá feo, así que no hay vuelta atrás mencione con una ligera risa. Mientras mas llegábamos al final del camino, tal vez los chicos se preguntarían, si esto era una broma, pues el camino finalizaba y enfrente de nosotros solo algunos jarrones de decoración se encontraban, mientras que a lado derecho una puerta simple estaba, por lógica debíamos entrar. Me coloque enfrente de la puerta para darle una fuerte patada y esta se abriera. –Trick or Treat? Preciosa…. Exclame en tono de diversión al momento de que la puerta se abriera y una chica se encontraba adentro, el cuarto no era tan grande, asemejaba a un tipo camerino, un par de espejos con un tocador que en la superficie se hallaba maquillaje, sin olvidar un ropero lleno de ropa exótica como un pequeño sofá pegado a la pared, sin duda el lugar donde las mujerzuelas se preparaban para realizar su trabajo. La chica se apego a los espejos asustada de lo que ocurría, sin embargo no la pensó dos veces antes de salir por la puerta. –Hans.. Exclame con seriedad mientras chasqueaba los dedos, dando entender al chico que la sujetara y la volviera a traer al cuarto. Me recargue en la pared mientras volvía a encender un cigarro, aquella chica rubia pataleaba para poder zafarse de Hans. –Hans, Marceline, revísenla completa! que ella tiene algo para nosotros. Mencione las órdenes a los chicos. –Yo no tengo nada!! Suéltenme!! Mencionaba la rubia con tal desesperación, que comenzó a llorar. Tome el cigarro entre mis dedos. –Te lo diré una sola vez, entrega la tarjeta, o de lo contrario serás la cena de dos adorables perros que tengo en casa y están ansiosos por comer. Comente a la chica con burla estando aun en la pared, lo cual esta seguía pataleando y hasta mordió a Hans en el brazo, eso me causo una ligera risa. –Yo no se nada!! Se los juro!! Gritaba con desesperación. Le di una ligera calada al cigarro para luego tirarlo, solo unos cuantos pasos bastaron para detenerme cercas de la chica y tomar su cabello con fuerza. -Cuando acaban con mi paciencia no es buena señal! Alce la voz a esta mientras acercaba mi rostro al suyo. Al finalizar la tome del brazo con fuerza para aventarla al sofá, camine hacia ella, tome su muñeca haciéndola recostarse en el sillón, y acerque mi rostro de nuevo. –Contare hasta……. Mencionaba con una ligera suavidad mientras hacia una pausa y me acercaba a su oreja. –Tres…. Volvía incorporarme, después de acorralar a la rubia en el sofá.  -Así que estoy esperando. Mencione con un ligero tono de enojo mientras le daba la espalda. –Lo juro! Yo no se nada!  –Uno Tome de nuevo aquella arma de fuego. –Espera no me mates! Soy nueva! –Dos Accione la carga. –Espera! Espera!, Si lo tiene ella! La chica nueva, la de cabello cortó.  –Tres. Solo apunte sin mirarla, jalando aquel gatillo, no era necesario describir lo que sucedió de esa acción, lo cual solo fue a dormir. Mire a los chicos un instante. –Y esa  es la razón por la cual no me gustan las armas de fuego, hacen volar todo en un instante y eso no es placentero. Finalice con una risa divertida y a la vez guardaba el arma de nuevo. –El que se enoja pierde exclamo una voz femenina desde la puerta, lo cual me enseñaba la tarjeta que buscaba. Con intención de salirme del cuarto tome de paso la tarjeta que posaba en la mano de Ada, ella no se iría fácilmente, claro que no, sin antes de su paga. –El que no arriesga no gana. Exclame tranquilamente deteniéndome en frente de la pared donde estaban aquellos elegantes jarrones. –El señor Marc es muy cosquilloso, en la seguridad y todas aquellas idioteces. Mencionaba al aire, quitando a la vez uno de los jarrones, lo cual solo era un pequeño señuelo ya que se encontraba una caja de seguridad, y claro la tarjeta, permitía el acceso a la puerta fantasma, muy lista la ratita. Sin perder mas tiempo, la tarjeta deslice y la puerta se abrió, esperando que los chicos entraran camine hacia otra puerta que estaba en el interior con la excepción que estaba media abierta. Solo tome una de mis dagas y con precaución abrí la puerta, se apreciaba un Table dance , la fachada era algo grande , mesas , botellas a medias sobre ellas, algunas mesas de billar etc. Sin embargo lo extraño era que estaba solo el lugar, aunque la acción comenzó desde que se hizo reventar una botella de alcohol de una mesa, desde el otro extremo de nuestra ubicación, se encontraban dos puertas, tanto izquierda como derecha. –Abajo! Grite a los chicos. La lluvia de balas dio inicio. –Querían trabajo ya lo tienen! Mencione a Hans y a Marceline. Mientras derribaba una de las mesas que se encontraban y me cubría con ella. 
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Lun Nov 18, 2013 1:06 am

El cigarrillo ajeno lo había relajado un poco,  tanto que aguardó unos segundos antes de soltar el humo por la boca hacia la atmosfera. Escuchando las palabras del imbécil de Jared, que si no hubiera sido por su llamada inoportuna ya estaría con el baile candente grabado en la cabeza. No importa, ya haría bailar nuevamente a esa puta de Marceline, no sería difícil si siguen existiendo trabajos con hombres que mueren por ver un cuerpo danzar encima de una mesa. Eso lo hizo sonreír a medio labio, engreído y bastante confiado de la situación que los rodeaba en ese entonces. Las palabras no eran necesarias porque su gesto facial lo decía todo y más ¿había una cámara que los estaba observando? Malditos hijos de putas, los iba a descuartizar a todos por andar creyéndose mejores que ellos, menos mal que el forrado en dinero atinó a dispararle y acabar de una vez por todas la comunicación visual que podrían haber tenido desde un rato. Chasqueo la lengua y cerró los ojos estando molesto.

Volvió atraer el cigarro a los labios, succionando la nociva toxica y oyendo la clase de historia que daba el otro acerca de un estúpido cuadro con flores pintadas en aquel. ¿Qué sentido tenía? Ni bonito lo encontraba, solo era un cuadro y ya.  – Como si un cuadro me relajara… no seas ridículo – Mencionó con los ojos cerrados queriendo volver a jalar esa droga legalizada, pero unos pasos lo alertaron y no le quedó de otra que concentrar su visión hacia aquella zona donde el sonido provenía. Y ahí estaba, la zorrita del grupo que venía quejándose como siempre y más le valía que hubiera hecho su trabajo bien porque si no él mismo le iba a hacer pagar por ello.  – ¡Hey!  ¡Busca tus propios cigarros! – Alzó la voz hacia la mujer, olvidándose completamente que él también había robado ese tabaco de los labios de Jared. Detalles, detalles, simples detalles que no requerían ser recordados. Se sosegó al ver que el plan continuaba en marcha y un tronar de dedos lo hizo despertar nuevamente en su sed de sangre.

– ¡Jah! ¿No tendrás miedo ahora Jared?– Le mencionó algo burlesco mientras seguía el camino, por parte del no se iba a ir a ningún lado. La habitación que los esperaba no era nada de lo que tenía pensado y esa puerta a la derecha era la única pista para lo que venía después. Se paró con una mano en la cadera ante el “Trick or Treat” de su camarada al patear la puerta y encontrarse con esa hermosura adentro. Algo bueno tenía que surgir de ese apestoso lugar.  – ¿Donde crees que vas muñequita?, apenas llegamos para la diversión – Exclamó al sujetar a la chica que quiso escapar por la cintura con uno de los brazos y dejarla apegada de espalda contra el pecho propio, reteniéndole un antebrazo alzado con fuerza para que no se le ocurriera salir huyendo nuevamente. Deslizó los labios hasta el oído femenino mientras esta inquietamente trataba de zafarse por todos los medios posibles, pero no sería fácil. No con él inmovilizándola.  – Sigue y tu hermoso rostro solo será de recuerdo – Amenazó  dándole una pasada con la punta de la lengua por la oreja más cercana, descontrolando cualquier pensamiento que pudiera tener esa chica en ese instante y solo desarrollar una expresión de pavor que no podía ocultar en cien metros. Lástima que fuera rubia o si no se la hubiera pedido a Jared para hacer algunos jueguitos con el cuerpo antes de matarla.

Ante la próxima orden elevó ambos antebrazos ajenos con firmeza, dejando el cuerpo bien dotado de la puta expuesto hacia los ojos de Marceline, que ella la revisara porque si no terminaría emocionándose con cada toque que diera.   – Haz los honores… – Se dirigió a la debutante de bailes candentes en el  bar. La rubia sometida seguía diciendo que no tenía nada y que la soltáramos ¿de verdad creía que la soltaría porque ella lo estaba diciendo? Estaba realmente equivocada, quizás si le propinara algunas caricias hábiles podría acceder en son de caridad. Esperó que la revisión acabara, pero en el proceso la muy hija de puta hizo un extraño movimiento que acabó con los dientes enterrados en su brazo, eso lo molestó y la soltó de inmediato para arrojarla bruscamente hacia el frente.  – ¡Tsk, perra! – Masajeó el lugar mordido apoyándose contra una de las paredes de la habitación, aquella más cercana de la puerta, oyendo como Jared hacía el papel de chico malo con su amenaza de matarla a la cuenta de tres si no le decía lo que quería saber. Vaya juego, pero afectivo para alguien que por dentro esta muerto de miedo.

Se despojó de la camisa manchada de sangre, quedando con la camiseta negra sin mangas y tronándose los dedos por pura falta de adrenalina en esa habitación. Causaba gracias el interrogatorio y más porque al parecer la chica no sabía nada, lastima por ella, puesto que de todas maneras iba a terminar con la cabeza partida en dos. Ya sabía él. Uno, dos y tres, la mejor contada que escuchó nunca para arrebatarle la vida de alguien, sobretodo porque ver el sufrir en los ojos ajenos era fascinante e incluso adictivo en cierto punto sádico. Sonrió de lado afiladamente al notar al responsable de toda aquella conmoción.   – Claro que es placentero, solo que tu lo haces aburrido – Comentó riendo. A los pocos segundos apareció la hermosa figura de la chica que le envió el recado sobre comenzar la misión y sin descaro alguno ladeó un tanto la cabeza para deslumbrarse con tantas curvas puestas en ese cuerpo. Un “Uff” salió de sus labios, no había nada que le sobrara o que le faltaba, estaba como quería. Tan ardiente.

Sin embargo la dichosa tarjeta la tenía ella y así comenzaron una nueva ronda hacia la habitación adjunto, retirando uno de los jarrones  y entrando a esa puerta oculta que estaba. Había mucho silencio y eso era indicios de que algo estaba mal, así que preparó la pistola que tenía sujeta detrás del pantalón, manteniendo el dedo en el gatillo para apuntar y disparar de inmediato si algo hacia cambiar sus planes.  – Marceline saca tu pistolita, no te quiero proteger todo el tiempo… – Susurró serio, como nunca. Si quería trabajar con ellos entonces no debería ser un estorbo, era hora que se los comprobara. Ya dentro, sus ojos rodearon el lugar en una veloz pasada y esa botella caída tras los sonidos retumbantes de los cañones de las pistolas y las balas impactando contra las cosas lo hicieron actuar por instinto, derribando una segunda mesa pero de billar y usándola de escudo contra esos proyectiles.  – ¡Son unos hijos de putas! – Rezongó en el camino de su fortaleza, jalando del brazo a la novata y escondiendo detrás de la misma. Debía mencionar que no fue nada delicado, no midió fuerzas solo tomó y arrojó.

Tenía la espalda pegada contra la tabla de la cubierta y notando que la balacera solo venía de una dirección. Estos hijos de perras le estaban preparando una emboscada, era obvio, no podían estar tan tranquilos después de arruinarles una fiesta de millones.  – Tú mujer sacrifícate, demuestra que eres de utilidad – Dijo tranquilo y bromista ante toda esa lluvia sobre ellos. Era cosa de esperar a que recargaran para iniciar ellos, disparar ahora según su lógica era cosa de pérdida de tiempo, se quedarían sin municiones y estarían en la cuerda floja por ese fatal error. Podría ser muy impulsivo a veces, pero cuando hay que hacer las cosas bien, las hacia bien. Sacó el móvil y le mandó un mensaje a Jared que estaba detrás de la otra mesa: “Juguemos a la gallina ciega” Era obvio lo que quería decir, oscurecer el lugar para que no conocieran sus puntos exactos, era arriesgado pero si se hacía todo bien ya sería cosa de minutos para acabar con esa barda de ilusos, además de la diversión inhumana que recorrería por sus venas.  La sonrisa demente que demostraba en cara era indescriptible.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Marceline Abadeer el Dom Dic 08, 2013 9:55 am

Jared comento que el “receso” había terminado, vaya suerte la que me tocaba a mí pero no podía reclamar, había sido mi culpa por ser la última en llegar. Tiré el cigarro al suelo y lo pisé mientras seguía a los chicos hasta lo que parecía ser una habitación; Jared no tardó mucho en abrir la puerta con una patada, yo me quedé mirando sin mucho interés desde detrás de ellos. Dentro solo había una chica rubia, que mala podía ser la suerte d algunas; su pánico la delato y su intento de escapar fue truncado por el bicho de Hans quien ordenado por un chasquido de Jared y cual perro fue a obedecer las órdenes de su amo y la detuvo. Miré con desdén al chico, cuando hablo de cumplir con los honores, tenía que obedecer pues había sido orden de Jared pero de verdad era molesto tener que escucharlo de boca de Hans, en cima no le veía algo positivo a tener que tocar el cuerpo de una prostituta barata porque se notaba que esa chica lo era, de las prostitutas que van por montones a ese tipo de eventos. De cualquier manera comenzó a revisar el cuerpo de la chica. – Que asco – Revisó de pies a cabeza a la chica, cuando estaba llegando a los tobillos, la rubia mordió a Hans quien sorpresivamente la soltó, vaya sorpresa, una mordida y deja a la chica, supongo que no era tan rudo como creía. Lo miré con una ceja levantada con la lastima reflejada en la sonrisa que se me escapaba de los labios. Me levante mientras me sacudía las manos, al final la chica no tenía nada. – Desagradable, seguro te pego la rabia –. Le dije con sarcasmo y me aleje de la escena; Jared ya empezaba con su interrogatorio, amenazas, cuentas regresivas, nada nuevo de su parte; la rubia a su vez estaba demasiado hundida en pánico como para ser útil, mientras seguía el pequeño show del uno, dos y tres, me dedique a pasarme por el pequeño lugar pensando encontrarme no algo útil sobre la ubicación de la tarjeta, eso sería demasiado fácil y obvio pero alumnos ese cuarto de prostitutas debería tener alguna joya robada o regalada de alguno de sus contratistas. Sin embargo, nada, no había nada de valor.

A penas comenzaba a fruncir el ceño cuando el disparo me hizo voltear hacia la rubia que ahora estaba tirada sin vida. – Pobres perros, pensé que tendría una buena cena esta noche –. Suspiré y encogí los hombros ante el comentario de Jared y Hans sobre las armas de fuego, eso me traía sin cuidado, en realidad lo que yo buscaba era limpieza a la hora de matar, las dagas manchaban demasiado así que me inclinaba más por la opinión del bicho. – Aja –. Mencione sin entusiasmo, no me importaba el tema. Ada apareció de nuevo, pensé que se habría retirado después de dar la información al momento de nuestra llegada al bar pero como sea, ella tenía la dichosa tarjeta. Ladee la cabeza con molestia, había tocado a la prostituta por nada.

Continuamos con el trabajo ese siguiendo a Jared hacia un pasaje oculto detrás de una cerradura que se escondía tras un florero. Había un espacio secreto y unas puertas. Todo estaba tranquilo, lo cual era bastante inquietante, por el comentario de Hans, no era la única preocupada. – Muy gracioso –. Le escupí en un susurro cual veneno y saque del escote la ridícula pistola que me habían dado antes. Jared por su parte abría la puerta con su daga por delante, muy típico de él. En cuanto lo hizo, el caos comenzó. Las balas volaban sin cesar, las mesas se pateaban y el cuarto se convertía en un sitio de guerra. Sentí el apretón de Hans en el brazo y su brusco tirón, todo pasaba en cuestión de milésimas de segundo. Haciéndome caer de rodillas pero detrás de la mesa, Hans seguía con sus tonterías, parecía estar disfrutando de la situación. Ignoré su comentario sobre sacrificarme y frote las rodillas mientras él escribía en el móvil; no pude evitar la curiosidad a pesar del sonido ensordecedor de las balas golpeando contra la mesa así que estiré el cuello y vi lo que le decía a Jared. “Juguemos a la gallina ciega”. Miré el techo, bastante obvio, había pocos focos, la oscuridad les favorecería y dada la sonrisa bizarra de Hans, había más adrenalina que otra cosa moviéndolo en ese momento. La cosa comenzaba a ponerse interesante, no podía negarlo pero ya era demasiado. – Ok, es ist zeit, um zu arbeiten–.

Aprovechando que tanto Hans como Jared estaban ocupados con el tema de dejar el sitio a oscuras. Giré la pistola y con el mango le di un fuerte golpe en el rostro a Hans, casi podía haber escuchado su hueso nasal crujir con el golpe; no era suficiente como para noquearlo, lo sabía pero sí era bastante como para distraerlo un rato con el dolor, la sorpresa y sobre todo era perfecto para darme la oportunidad de salir de allí, por lo menos para eso había servido el juguete ese al que llamaban arma. Sin tardarme un segundo tras darle el golpe, levante la mano sobre la mesa, mostrando una señal, una “L”, el espacio entre las balas se hizo de inmediato y corrí a través de él. A penas estuve en un sitio seguro, las balas volvieron a llenar el aire. Hans y Jared seguían del otro lado, lastima por ellos; uno de los hombres me entrego una pistola de verdad, tenía suficientes balas. El jefe estaba esperando al otro lado, listo para escapar. Miré por última vez el sitio, ni Hans ni Jared se había movido aún, bueno daba igual. Les di la espalda y uno de los hombres comenzó a guiarme hacia el jefe.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Miér Ene 22, 2014 12:45 pm

Post Biblia (?):
Todo parecía muy tranquilo a mi parecer, demasiado fácil a decir verdad, la información recolectada hace unos días  fue analizada sin embargo una pieza como si fuese un simple juego de ajedrez no cuadraba en su posición, desde cuando una rata deja las puertas abiertas a sus enemigos?,  Jean Marc no creo que sea tan imbécil para no darse cuenta que vendría por mi dinero, desde que yo coloque un pie en esta mierda de lugar, él lo sabia sin embargo sus estúpidos juegos ya lo tenia previsto, acaso me creeré el juego de los peones en el pasillo? O de la perra de hace un momento, fue demasiado territorio avanzado si le encanta divertirse con uno a perder el tiempo, pues debo mencionar que esperaba mas de él. Vaya lastima……Detrás de aquella puerta junto a los chicos nos preparábamos para lo siguiente, la puerta se encontraba media abierta debía fingir que solo era una coincidencia? Demasiado silencioso, demasiado tranquilo, demasiado manifiesto……  Con cautela la puerta fue abierta y tras aquel rechinido una nueva zona se apreciaba, un tipo de Table Dance claro un poco más privado para las ratas del lugar, siempre disfrutando las danzas eróticas de las chicas candentes en las plataformas cuando se realizan negocios de armas, drogas, órganos o cualquier cosa que genere billetes. Solo una botella que exploto con una bala dio a conocer que la diversión dio inicio, Jean quería divertirse un rato con nosotros, aunque debo darle puntos lo estaba logrando  o tal vez no? Desde mi punto de vista, demasiados detalles que poco a poco serian descubiertos y espero que los chicos lo noten, esperando impaciente que demuestren sus destrezas esta noche. La rápida reacción ante tal estimulo nos dirigió a la defensiva inmediatamente, derrumbando una de las mesas para cubrirnos ante la ráfaga de balas que iniciaron, aquella zorra ardiente se encontraba a un lado de mi, mientras que Hans y Marceline a unas cuantas mesas de nosotros. Dos puertas se encontraban tanto derecha como izquierda solo era de matar a la plaga para seguir y acabar por una vez todo el estúpido juego como obtener el dinero que eso era lo principal. –Ya sabes que hacer después. Comente a la chica con seriedad mientras realizaba un leve golpe al cargador de la arma que portaba anteriormente guardando aquella daga en su lugar, el simple sonido indicaba que estaba segura y lista para usarse, no había de otra, las armas de fuego se debían utilizar en este momento aquella Five-SeveN  fantástica para manejarla y aunque tuviesen chalecos antibalas las ratas, no seria fácil escapar de ella. Con arma cargada y la bala preparada en la cámara comencé a jalar el gatillo ante la plaga que se resguardaban igual que nosotros al otro extremo. – A mi señal te mueves para cubrirte y ya sabes el resto. Alce la voz a la pelinegra mientras apuntaba a un sujeto jalando el gatillo nuevamente cayendo cercas de una mesa, la adrenalina comenzaba hacer presencia, ritmo cardíaco y presión sanguínea todo de un golpe. –Vamos algo mas debes tener Musite por un momento hasta que sentí que el celular en mi bolsillo vibraba, esperando que fuera algo bueno cuando mire el nombre en la pantalla mientras lo tomaba y me protegía de nuevo. –Perfecto Exclame ante el mensaje de Hans oportunidad perfecta antes de lanzar la bomba de gas por parte de la oriental, guarde el celular, y apunte rápidamente a las tres lámparas que se encontraban en medio del techo en una hilera horizontal. Los focos reventaron uno por uno cayendo rápidamente los pedazos de vidrio blanquecinos al suelo. Ojala que les cayeran en los ojos a estos imbéciles, sin percatarme de lo que ocurría del lado de la mesa de billar con Hans y Marceline esperaba que en la oportunidad que tuvieran avanzaran, ya no son unos niños por lógica e instinto deberían derribar a todo aquel que se cruce en su maldito camino. El lugar quedo totalmente a oscuras, las balas al momento de chocar entre las paredes y mesas soltaban aquel resplandor. –A hora hermosa! Alce la voz a Ada mientras daba la señal ya comentada hace un momento, avance entre cuclillas mientras cubría a la zorra, la pelinegra sabia perfectamente que debía lanzar una bomba de humo en la zona nos ayudaría un poco mas aparte de la idea de Hans, ahora si estábamos completamente ciegas solo era utilizar tus sentidos, y si no eres rápido en eso ya valiste mierda. –Hijo de tu puta…. Exclame al momento de moverme de aquella mesa hacia la barra donde seria mas fácil llegar, impactándose una bala en una de las esquinas levantando y destrozando el material de la dichosa barra como reventando automáticamente un grupo de  botellas que posaban en ella, los vidrios como el liquido cayó en mi ropa. Me levante apretando el seguro para que el cargador se deslizara de la pistola para cargarla de nuevo y seguir con las ratas que pareciera que no desaparecían. A pesar de la oscuridad y  el humo que se esparcía rápidamente mire que Marceline desaparecía entre una de las puertas, voltee de reojo hacia Hans que aun seguía avanzando como cubriéndose en el otro extremo de la zona. Solo existía una palabra para definir tal acción observada Traición, alta traición por parte de ella, algo imperdonable y cual castigo es el indicado?  La muerte………
Un poco después las balas cesaron en el cuarto, todo el maldito lugar era un desastre, como el humo comenzó a desvanecerse observando tal escena. Deslice unas botellas destrozadas en la superficie de la barra para brincar hacia el otro extremo de está, solo el crujido de los vidrios en el suelo se escucharon al momento de pisar. Camine con tranquilidad mientras observaba las salpicaduras en el suelo, en la pared, en las mesas aquel color carmín que daba a relucir en el lugar, los charcos de aquel color en un tanto color oscuro y marrón oxidado abarcaban el piso debajo de los cuerpos de sus dueños. Solo patee un sujeto que yacía en el piso, mirándolo con frialdad, maldito bastardo…… Las huellas de las pisadas quedaban marcadas en el piso, me detuve  a pocos metros de aquellas puertas, dando la espalda a los chicos esperando que se acercaran. Aquella seriedad y frialdad se desvanecieron para solo comenzar a reír como un maldito demente, mis carcajadas se hicieron escuchar mientras encendía un cigarrillo nuevo. Dando una calada profunda, mire de reojo que se acerco Ada. –Perra Estúpida! Exclame con ira ante ella soltando un golpe con pistola en mano contra su persona, cayendo inmediatamente al suelo. –Se te escapo un detalle. Seguí exclamando con el mismo tono y a la vez que le apuntaba con el arma en dirección de la cabeza. –Sin embargo aun no terminas tu trabajo Finalice con ella bajando el arma entre sus piernas y jalando el gatillo del arma, disparando automáticamente. La chica tenia una orden y debía seguirla así que solo desapareció entre la puerta donde Marceline entro. Solté el humo del cigarro hacia abajo para esperar a Hans. –La traición solo se paga con la muerte Mencione seriamente mientras miraba a Hans de igual manera apuntándolo con el arma. –Nos veremos en el infierno… Exclame con el mismo tono desviando el arma hacia la esquina y jalando el gatillo con rapidez.  –Están peor que las cucarachas seguí comentando ante chico para bajar el arma y solo mover suavemente el cuello a un lado. –Hans recuérdame ir por unas putas después que termine todo esto. Finalice ante él dándole la espalda y llevando mi mano a mi cuello para realizar un pequeño masaje. Esperando que Hans me siguiera solo pasamos aquel pasillo, para toparnos con una puerta más, con una patada fue mas que suficiente para que rápidamente se escucharan los seguros de las armas apuntando a nuestras cabezas al igual que yo apuntaba al sujeto al lado mio. Y te voy a cortar la garganta hasta que observe como se desliza la sangre por tu cuello……… 
Off:
Una disculpa por la tardanza, estaba en planes si salia de la ciudad o no, sin embargo fue cancelado. Insignia de putas para Hans por su regalo de navidad que pidió (???)
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Miér Ene 29, 2014 9:41 pm

Estaban siendo acorralados por una lluvia infinita de balas y la única idea loca que se le ocurría en ese momento era un juego bastante infantil, pero justo como anillo al dedo. No sabía si a Jared le había parecido la idea, pero debería porque era una oportunidad de un millón para ser parte de la oscuridad y comenzar con el contraataque. Finalmente lo supo, aquel estallido de focos haciendo que la habitación quedará en negro era la respuesta clara, cerraría los ojos unos minutos antes para acostumbrarse y apuntar con su pistola hacia los imbéciles que se creían más que ellos, pero en un mirar hacia Marceline que estaba de chismosa observando el mensaje se encontró de lleno con el mango de la pistola. ¡Hija de puta! Maldijo internamente mientras la vista se le nubló, si no hubiera sido por aquel movimiento de cabeza ya tendría la nariz rota, aunque no podría agradecer nada porque la parte lateral del rostro comenzaba a inundarse de sangre. Lo siguiente que recuerda es que todo estaba apagado y él trataba de cubrir la herida con la mano, apretando los dientes con fuerza. Esa chica estaba muerta, la traición se paga con muerte, era la ley básica de su trabajo. ¡La iba a matar con sus propias manos!

Trató de pestañar tratando de recuperar los sentidos, pero le costaba bastante luego de ese golpe. Era imposible no negar que no le dolía, pero no era tiempo de andar quejándose por una pequeña herida de guerra. –Esa mal parida… ¡me las pagará! – Gruñó, manteniendo un ojo cerrado y tratando de seguir a la rata de Marceline. No obstante el humo obstaculizó que viera a la perfección, tenía una gran desventaja al no estar con sus cinco sentidos funcionando, todavía su cabeza se sentía mareada, pero eso no le impidió ver como la chica se iba con el bando enemigo. – ¡Perra! – Le gritó, apoyando la espalda contra una de las mesas tiradas y apuntando con su arma hacia los imbéciles que estaban atrapados por el humo. No estaba seguro, pero después de algunos disparos provenientes del su propio cañón las balas cesaron. Varias balas de los ajenos rozaban por sus cercanías, las podía sentir tan cerca que hasta podría poner las manos al fuego porque más  de alguna le rozaron las hebras del cabello. Lentamente el humo se esfumó y pudo notar a Jared gracia a sus insultos de voz. Sonrió de lado levantándose del escondite.

– No seas malo con ella cabrón… – Musitó sarcástico, ser apuntado por un arma en manos de su compañero de juntas era irrelevante, sabía bien que no era igual que la puta con tacos y no tiraría a traición. Dio algunos pasos hacia el ajeno luego del disparo hacia el costado, limpiándose la sangre con el brazo para poder ver mejor entre tanto color carmín. –Más quisiera yo irme con una putas… pero quiero aniquilar a Marceline, ¡no perdonaré que me haya lastimado!, ¡le cortaré los dedos, las orejas e incluso los parpados para torturarla y que me suplique piedad! ¡Recién ahí la mataré! – Decía irritado, apretando el mango del arma que tenía en su poder. Gozaba unas enormes ganas de asesinarla ahí mismo y si la viera nuevamente era más que seguro que no saldría viva. Promesa.

Ya todo andaba mejor, podría funcionar bien a pesar de ese tonto golpe. – Tsk… larguémonos – Escupió, tomando una de las pistolas de los fallecidos, verificando primeramente la cantidad de cartuchos y luego siguiendo el mismo camino que su compañero caminaba. Una puerta caída y el sonido de los seguros de las armas era el hincapié para una nueva batalla de plomo.  – Maricones… – Murmuró apuntando con un arma en cada mano y las burlas de los ajenos al notar que solo eran dos, éstos ganaban en número. Basuras. A primera vista contaba diez hombres, habitación mediana y adornaba con exóticos cuadros que ni loco tendría en las paredes de su casa o mejor dicho, en la mansión de Jared. Era algo de segundos, disparaban los malditos o disparaban ellos primero.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Vie Mar 28, 2014 9:12 am

Mi rostro mostraba una ligera sonrisa ante tal escena, cada paso que daba era una sensación de satisfacción y placer, sin olvidar el dolor en cada uno de sus rostros, el ambiente un tanto tétrico que para muchos sería un sentimiento de tristeza e impacto, sin embargo para mí solo es gozo. El último sonido del crujir de los vidrios rotos en el suelo, hizo detenerme, solo aquella risa de demente se escuchó un momento en aquel cuarto destrozado a causa de la lluvia de balas y antes que cesaran las carcajadas, observe a la perra, aquella perra seductora que bien se podría fácilmente llevarla a la cama. Solo mi ira bastó un momento por lo sucedido, para que estuviese en el suelo, un maldito detalle se le escapó de las manos, un minúsculo  detalle el cual pensé que estuviese atenta.

-Si fui todo un caballero con ella.  Respondí al comentario de Hans con una leve risa, siguiendo el juego del chico. Con la perra fuera del lugar, esperaba que cumpliera con lo que restaba, sin embargo antes de continuar una cucaracha más debía ser eliminada, solo el jalar de gatillo finalizo todo una vez más, si quieres que todo salga a la perfección, debes hacerlo tú mismo. Me detuve un momento mientras escuchaba el comentario de Hans hacia la traidora, dando una calada al cigarro, para luego soltar el humo hacia arriba con tranquilidad, aun dándole la espalda al chico – Ya habrá tiempo para que te encargues, por ahora hay que terminar con esto. Comente hacia Hans mientras reía suavemente con burla.

Mientras Hans tomaba entre las ropas de las ratas algunas municiones que eran útiles, camine un poco para que me alcanzara, si todo saldría según lo planeado con la investigación de la oriental en poco tiempo estaremos en las calles, para ser un patético bar tiene una estructura muy bien trabajada, varios conductos aunque no me sorprende las ideas delirantes que posee, en fin, detrás de esa puerta se encuentra lo que me pertenece, si la rata pensaba que solo vendría hacia este lugar, sin ninguna razón estaba completamente equivocado, aparte que se divertía jugando observándonos desde sus cámaras, debo admitir que me divertía a mi manera. Pieza por pieza no hay otra opción, reemplazos hay demasiados y mucha basura que desechar.  

Solo se escuchó resonar el cargador del arma que poseía en mis manos, antes de entrar por la puerta de la rata gorda. Una respuesta rápida realice al escuchar el seguro del arma ajena, que apuntaba hacia mí. Risas por parte de las escorias resonaban en la habitación, no me quedaban ganas de unirme con ellos a reír sarcásticamente por sentirse superiores a solo dos personas. A pesar que no era muy grande la habitación se contaban aproximadamente unos diez sujetos o tal vez más, variedad de cuadros exóticos adornaban las paredes como una estatua de la diosa venus que posaba en una mesa de cristal que se encontraba en medio de la habitación, algunos muebles importados como vitrales italianos adornaban la porquería de lugar.

Aún recuerdo las palabras de aquel anciano con el que trabajaba, una y otra vez mencionaba lo mismo mientras limpiaba la sangre de mi boca, por los golpes proporcionados por él. ¨Debes conocer los puntos débiles de tus enemigos, Nunca mostrar sobre-confianza ante ellos, y lo más importante, haz ver a tu enemigo que ha ganado y cuando veas la oportunidad lo debes apuñar por la espalda¨ Finalizaba dándome un golpe en las costillas, Julien era un estúpido, sin embargo se aprendían cosas buenas de él. Aun con el arma apuntando en mi sien, desvié la mirada hacia el sujeto que se encontraba a lado mío.  – Vamos jala el gatillo, ya estamos acorralados, o es que acaso necesitas que te den la orden como a un puto perro? Ooohh Espera tu jefe no se encuentra, Entonces si eres un puto perro..  Mencionaba con total tranquilidad, era fácil hacer enfadar a una persona, así que no tardo en amenazarnos la escoria, con gritos pedía que bajáramos las armas.

– Oye Hans por que no bajas tus armas.... Dije al momento de soltar mi arma desde la distancia que apuntaba al contrincante, esperaba que Hans entendiera el mensaje, simplemente seguir la corriente y atacar con rapidez, tome la base del cañón del arma de la escoria para desarmarlo, finalizando con un golpe en la cabeza con la rodilla, debíamos movernos rápido, con su arma que ahora estaba en mis manos le di el tiro del adiós, al igual que otro imbécil que estaba enfrente. El par de columnas de concreto que adornaban la habitación servían muy bien de escudo, contra el enfrentamiento presentado. Protegiéndome en una de ellas y esperando que Hans hiciera lo mismo, debíamos acabar de una vez por todas con las ratas, ya era la última habitación, y lo que busco se encuentra aquí. 
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Hans Jaeck el Dom Mayo 18, 2014 10:06 pm

Estar siendo apuntado por imbéciles que no sabían ni sujetar una buena arma daba rabia y más que ya la venía acumulando desde que esa perra de Marceline le traicionó sin culpa alguna dejándolo con el rostro ensangrentado. Mentiría si dijera que la sangre escurriendo por su mejilla no le molestaba ya que de vez en cuando tenía que cerrar el ojo para confiar plenamente en el otro. Más no podía hacer al tener ambas manos ocupadas para contrarrestar el ataque de los incautos. Si fuera por él ya hubiera disparado a todo lo que daba contra ellos, meterles su buenas dosis de plomo en el cuerpo para decirles “Mira quién manda hijo de puta”, pero Jared tenía otros planes en mente y como buen soldado debía seguirlo sin poner objeción. Se quedó atento escuchando las palabras valientes de su amigo, sabía que estaba jugando peligroso pero no pudo evitar que se dibujara una sonrisa en los labios por lo excitante que se estaba poniendo todo. Iban a morir si todos comenzaban a disparar sobre ellos y más si estaban en un espacio tan reducido.

Comprendió bastante bien la insinuación del otro al decirle que bajara sus armas y obvio que lo hizo, con un elegante movimiento hacia abajo que dejó colgando ambas pistolas en los dedos índices. – No tienes que decirlo dos veces amigo, ya las tengo bajadas, no creo ganar contra tan gran armamento – Mencionó para elevar la confianza del enemigo y bajar la guardia de los mismos. Obviamente sucedió aquello, sin apartar la atención de sus acechadores notó como la toma de sus equipos era más débil, no tenían esa firmeza de querer disparar a cualquier pelagatos que pasara por el frente. Cinco segundos contados lentamente en su cabeza daba paso a la hora de actuar, justo en el momento que sus buenas amigas de calibre veintidós hacían un vaivén de dos setenta grados para colocarlas nuevamente en las manos. Comenzaba el baile de los caídos.

La música había iniciado con el primer dispara que propinó Jared, mismo que fue acompañado por dos más al disparar a sangre fría a los estómago de dos hombres que tenía a corta distancia. ¡Bang! Hermoso sonido que parecía sinfonía de los mismos Dioses, porque la lluvia de plomo se dejó ver y antes de que a Hans lo pillara se giró tan rápidamente para lanzar dos balas más a las cabezas de dos idiotas que estaban tratando de darle. – ¡No saben con quienes se meten bastardos! – Exclamó ocultándose detrás de una columna en una pose casi arrodillada, sin dejar de disparar a lo loco, pero con la única diferencia que sus aciertos eran del cien por ciento. Pesadamente los cuerpos caían, otros sollozaban de dolor tratando de seguir luchando, grave error.  Brazos, piernas, torsos, cabezas perforadas una y otra vez, cinco era la cifra de sus muertos y aún deseaba ver más sangre derramada por aquel piso alfombrado. – ¡¡Mueran, mueran, mueran!! – Decía un tanto demente. – ¡Jah! ¡Jared te estoy partiendo el trasero con los muertos! ¡Te ganaré! – Si, estaba más o menos haciendo una competencia de quien mataba más en un momento como ese. Este chico era así, no le importaba absolutamente nada y solo le gustaba divertirse. No obstante, idiota no era, tampoco iba a utilizar todas las municiones para aniquilar a esos individuos de tan poca categoría, lo importante estaba detrás de otra puerta.  

Fue ahí que una bala le rozó el rostro y su expresión cambió drásticamente. Sin importar nada dejó sus armas, caminando entre todo ese bullicio para partirle el rostro a puño limpio, debía ser su compañero que lo protegiera mientras tanto para que él le diera su merecido a ese idiota y sacarle los dientes a puro puñetazo. Faltaban pocos, no iban hacer problemas los faltantes. – Estas muerto pedazo de mierda… ¡Estás muerto! – Agregó, tomando aquel hombre desde el cuello de la camisa, que intentaba dispararle nerviosamente en intentos fallidos, esa pistola ya no tenía balas. Solo el desdichado pudo notar como la sonrisa de Hans se alargaba, tan grande que pudo llegar hasta las orejas y un tronar de dedos fue todo para comenzar a salpicar sangre.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

Mensaje por Jared Di Vogli el Vie Jun 20, 2014 6:05 am

La primera vez que comienzas a observar aquel líquido escarlata esparciéndose en el suelo, te das cuenta que no hay vuelta atrás, muchas sensaciones salen a flote, hasta un simple temor que te hace esconder como rata en las alcantarillas o te convierte en un completo demente con deseo de más, y más. Aunque siempre tendrás en cuenta que contigo llevaras un rastro de muerte, y aquellos que solo alardean no tendrán un final feliz. Siempre existirá esa fina y delgada línea entre la vida y la muerte, que se decide por las insignificantes acciones que realices, un movimiento en falso y dejas esta porquería de mundo. El pelinegro siempre poseía en cuenta las cosas que pudieran suceder, siempre las vivía y ahora no era la excepción, le encanta arriesgarse, sin embargo con el simple hecho de verlo como un juego, y quien sabe alguien pudiese apuñarlo por la espalda. Una vez que Hans le siguió el juego con los imbéciles de la entrada, comenzó aquella lluvia de balas, que una vez más esperaba, nunca era suficiente hasta que recibiera lo que le pertenece, siempre pensaba que a las personas ya les gusta, que se realicen las cosas por las malas, es que acaso, ya nadie prefiere que se hagan por las buenas?

Simplemente se encontraban en un cuarto un tanto reducido, aquellos en los cuales las ratas se reúnen, sin olvidar que es elegante a comparación del resto del lugar. Su primera acción fue protegerse en una de las columnas de concreto y con arma en mano apuntar aquellos que intervenían, aquel sonido proveniente después de jalar el gatillo, siempre fue exquisito para sus oídos. –Es hora de divertirse!- Alzo la voz hacia Hans que encontraba a unos cuantos metros desde su posición, y mientras disparaba a un par de ratas que se resguardaban en una barra cercana continuo hablando. –Desean que los dejemos como mierda!!.- Seguía alzando la voz sin dejar de posar su vista en aquellos malditos, y a pesar de que las balas ajenas se impactaban en la columna de concreto, haciendo desprenderse pedazos de terrones de dicho concreto y sin olvidar el resto de polvo, continuaba disparando, al igual de cuidar la espalda a Hans, ya que así suelen trabajar ambos, y bien que disfrutan ver el líquido de la vida colorear el piso.

-Eso lo veremos!! Aunque te apuesto la mitad del dinero, a que no terminas con las ratas de la izquierda, o de lo contrario me quedo con tu novia! - Respondió sonriendo aquel comentario por parte de Hans, les gustaba competir de una u otra manera, además era una forma de impulso para realizar aquellos disparos. Y aún más le divertía, cuando mencionaba a la novia de Hans y no se refería a una mujer exactamente, su compañero sabía que se refería a su querida motocicleta. -¡Vaya! Que interesante. – Chasqueo la lengua al notar que Hans dejaba sus armas, y se dirigía hacia una cucaracha que deseaba dejar el mundo. –Es de mala educación interrumpir…- Mencionó sonriendo ante una rata que deseaba intervenir, el cual el pelinegro no permitió e inmediatamente disparo a tal sujeto. Solo soltó el cargador de su arma, ya que nuevas municiones serian puestas a su pistola. Solo faltaban pocos, a decir verdad el resto que quedaba no merecía la pena gastar más municiones, aunque debían estar atentos. Ya no fue necesario estar cubierto por aquella columna, el cual fue más fácil acercarse a pocos metros de su  compañero, aun se escuchaban los quejidos de los ajenos y uno que otro que intentaba con sus restantes fuerzas dispararles, sin embargo no serían cumplidos dichos deseos.

Se colocaría a un lado de Hans, aunque se detuvo cercas de una rata, el cual su cara se le hizo familiar. Se inclinó un poco, tomando por la camisa al sujeto moribundo. -Perro…. Donde está tu amo?- Pregunto con tranquilidad, aunque su rostro mostro desdén dejando caer al sujeto de golpe al suelo, después de recibir del ajeno un escupitajo en la mejilla. –A dormir…- Continúo después de levantar su arma y disparar a quemarropa al sujeto. Se incorporó de nuevo y se dirigió hacia Hans. – Espléndido!- Exclamo cuando observo el arte que realizo su compañero y una vez retiro el escupitajo con la manga de su camiseta sucia. Realizada dicha acción se acercó a una silla polvorienta, donde inmediatamente se sentó y levanto ambas piernas, para colocar sus pies encima de una pequeña mesa volteada. –Pero que sorpresa! Yo que comenzaba a ponerme cómodo…- Menciono al momento de ver que entraba aquel individuo, que ocasiono todo este divertido juego, si hubiese preferido solo entregar el dinero, no hubiera ocurrido tanto show. –¡Vaya! Con que así, recibes a tus amigos?-  Dijo mientras coronaba en su rostro una sonrisa, ya que la rata gorda hacia presencia y no era todo, lo apuntaba con un arma, y sin olvidar que la bala disparada, hizo roce sobre su brazo izquierdo.  

El francés no se encontraba solo, la pelinegra lo acompañaba. –Ya que nos traicionaste, porque no le haces el honor a la rata gorda, comenzado a disparar a tu ex jefe?- Levanto una ceja mientras preguntaba con diversión hacia Marceline, sin moverse de la silla polvorienta. – Además, debería esperar una apuñalada por la espalda por parte de Hans?  O qué opinas Hans? Continúo riendo suavemente hacia su compañero. Mencionaba lo anterior, por la rata que deseaba eliminarlos y además porque uno de sus aliados se fue a su territorio, es que acaso la rata pensaba que los eliminaría fácilmente con eso?. Sin embargo no era todo, necesitaba hacer algo más. –Dispara……. Dispárame…. – Finalizo mostrando una sonrisa ladina, mientras levantaba uno de sus brazos, hacia la rata y Marceline que se encontraba justo enfrente de sus ojos, aquellos ojos que mostraba malicia.
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Re: Contra la muerte [Priv. Jared Di Vogli y Hans Jaeck] +18

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