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Meilleures amies pour la vie

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Meilleures amies pour la vie

Mensaje por Gianella Graziani el Jue Nov 30, 2017 9:05 am

'Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaos sin cesar! Con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.'

Aunque no figuraba en sus planes iniciales, Gianella se vio prontamente arropada por los brazos de Morfeo bajo la cómplice mirada del tibio sol otoñal; como a los pies del centenario nogal del patio de su niñez en Teherán, con alguno de los libros de su madre en sus manos. Cuando cayó en cuenta ya era demasiado tarde, si bien pudo advertir en el horizonte, que se dejaba ver impregnado de los mismos tonos que las hojas en otoño, el último vestigio de la tarde que quiso aprovechar leyendo al aire libre. Por lo demás, los violetas y añiles avanzaban rápidamente por el cielo, que aparecía cuajado de estrellas sobre su ahora innecesario sombrero de playa, evocándole vagamente a las noches en Yazd, y soplaba una brisa algo fresca. Se desperezó sin prisa y fue a encender las luces del salón con ayuda de la linterna de su IPhone, ya que en el pent-house reinaba la penumbra, no sin antes revisar que ya eran las 8:15 PM y que, casi rayando en lo insólito, no tenía mensajes nuevos... Y precisamente esto la llevó a replantearse la pregunta del día...

¿Dónde demonios se habrá metido Vera? Cada día al sonar el timbre del primer recreo Graziani tenía por costumbre tomar té o café, a veces con una dona, y entretenerse leyendo los mensajes de su mejor amiga en su IPhone, que a esas horas ya se contaban por montones. A veces recordándole que la amistad traspasa fronteras, otras con alguna ocurrencia graciosa, o bien para enseñarle 'la vida de gato' de su otrora mascota, 'Rachel a.k.a. Dieciocho', pero siempre con algo que decir. Hasta Blanche, la madre de la susodicha, solía llamarla con cierta regularidad —o bien cuando la 'oveja descarriada' de su hija 'olvidaba' contestarle el móvil—, aunque tampoco es que los azares del día a día se hicieran de rogar a la hora de evocar a su mejor amiga —ayer, sin ir más lejos, le dio por recordar cuando la conoció en el instituto mientras revisaba el trabajo escrito de uno de los compañeros de Elizabeth, al parecer con cierta inclinación hacia lo gótico, y tuvo que contenerse de revisar el móvil—. Hoy era uno de esos días raros en los que Kusanovic brillaba por su ausencia, lo cual no impidió que fuera evocada, entre otras cosas, por el ejemplar de 'Les Fleurs du mal' de Charles Baudelaire con el que dio Gianella en la biblioteca del Sweet Amoris. Era una de sus lecturas obligadas cuando perfeccionaba su francés en el Le Rosey, compartía cuarto con Vera, y Rosemary Rubinstein, la por entonces modélica presidenta de curso, se empeñaba en hacerles la vida imposible. Fueron tiempos duros, de adaptación, y sin embargo la croata, que en un principio apenas reparaba en su existencia, se mantuvo a su lado siempre recordándole que, cuando fueran libres, harían suyo el mundo de ser necesario. De ahí que asociara 'Las flores del mal' con Vera.

¡Y justo se le ocurre desaparecer hoy! Se quejaba Gianella en su fuero interno tras comprobar la ausencia de notificaciones. Acto seguido, vio cómo un nuevo intento de incordiar con mensajes al más puro estilo Kusanovic a Vera quedaba en nada porque, para colmo, a su Internet móvil también se le antojó fallar justamente hoy. Y es que llevaba buena parte de la jornada intentando dar con la susodicha para darle una buena nueva, pero nada. Hoy el karma hacía de las suyas, pensó Graziani, pues era más propio de su amiga quejarse de sus 'vistos'... aunque bien puede que esta no estuviera siquiera en Sweet Valley, o bien algún destilado, la kriptonita de la invencible Kusanovic, tuviera algo que decir al respecto. Sea como fuere, ya era tarde, juzgó Gianella, que entonces fue a preparar té, decantándose por la manzanilla por sus propiedades relajantes. Apostaría que mañana iba a despertar con tanto 'spam' de Vera como siempre, por lo pronto decidió seguir leyendo a Baudelaire, ahora en el confort de su cuarto... Sí, todo hacía presagiar una noche tranquila.
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Gianella Graziani
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Re: Meilleures amies pour la vie

Mensaje por Vera Kusanovic el Mar Feb 27, 2018 6:42 am


Une vie…
Les rêves des amoureux sont comme le bon vin
Nous allons enfin nous régaler, et sortez les bouteilles
Je suis heureux à l'idée de ce nouveau destin

「Regalo 1 de 15」

Tendida y dormida entre caricias nocturnas vi a mi amor inclinarse sobre mi triste lecho, pálida como el fruto y la hoja del lirio más oscuro, rasa, despojada y sombría, con el cuello desnudo, listo para ser mordido... besado…

[…]

A mediados de Junio, una semana después del cumpleaños de Kusanovic Dimitri, la hija bastarda de dios, por fin había recibido el paquete “basura” por parte de su hermano mayor. Presente que, ha de atacarle de la peor forma irónica posible, no obstante, olvidó indagar en su interior, como si fuese algo más que desechar, mas meses después, tuvo la dicha de encontrarle olvidado en el fondo del armario. ¡Lucy Pevensie ha descubierto Narnia! Pronto, Kusanovic le inspeccionó, buscando el índice delatador de su cruel broma o aquello que, Dimitri desease instruir. Pero, el envoltorio moca no desprende más que un ligero olor a lignina, hasta el peso del mismo le hace sospechar, y si fuese poco, procedió a despojar la barrera de su posible martirio. El movimiento  sucedió demasiado rápido como para que la croata lograse evitar retroceder, la sensibilidad de sus yemas ha de paralizarse inesperadamente.—Eres un imbécil detectivesco, un imbécil listo, un imbécil lógico, los peores, un completo imbécil — sonrió, con la seguridad que su orgullo ha de ofrecerle. Tan pronto se acercó a su lecho, y vacío el contenido, la bastarda mordió tenue su labio inferior, justo al ver un conjunto de bolas de papel que le ha enviado, arrugadas, desechadas por el tiempo, olvidadas… Si bien el juego del mayor consistía en hacerle descubrir el interior de cada una, Dimitri lo había logrado en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, no está de más contactarle a través de un insípido mensaje de texto: « Emo estafador, deja de enviarme mensajes en código… ¿Qué significa “La zorra de Rosetonta terminará rodando por las escaleras?” » La croata ni siquiera se ha molestado en verificar el buzón de salida, bastase con dos, tres segundos, lo suficiente con tal de proseguir a desarrugar bolas de papel sin tacto, al azar.

「6 de 20」

LA HIJA BASTARDA DE DIOS
(LISTA NEGRA)

1-Mary “Blanche” Magdalene  2-Rosemary Rubinstein    3-Cecil de Clermont  y “Parásitos”
4-¿Gianella “Nerd” Graziani?    5-El “Enano” Kórsakov     6- ¿V. “Debbie Jellinsky” Schechter?  
7-Le “Renacuaja” Schechter

[…]

El sonido melódico que ha de provenir desde el teléfono celular, pareciese insinuar un aspecto onírico hacia los oídos de Kusanovic, parpadeó, con el propósito de confirmar que aún se mantenía despierta y no soñando, después de todo, una vieja película ha de revelarse frente a sus ojos. —¿No hay cosas en el mundo que es mejor dejar en lo desconocido? —Le cuestiono aquel que, siempre ha de mantener una mirada melancólica y soñolienta. Kusanovic Dimitri, pese a estar ahora en altavoz desde el aparato, no le derribó la personalidad sombrío y oscura que le ha de acompañar—. Olvidar lo que alguien te ha regalado es un acto digno de muerte —con hastío, se le ha escuchado exhalar—. Voy a ser bastante claro, siempre te recordaré… lo que olvidaste —espetó—. Aunque, naturalmente, eso podría ser una mentira —se le escuchó reír a lo bajo, después de todo, el mayor posee a su favor ser alguien que tiende a engañar con un simple juego de palabras. Vera no debía ceder tan rápido, si bien no era fácil enfrentarle y dada la situación, Dimitri es conocedor de sus puntos débiles. Nacido con la capacidad de llegar a toda flaqueza ajena, orgulloso de no poseer orgullo, catalogado más allá de una amenaza, no es más que el hijo perfecto de Blanche Kusanovic. —Demi, demi… Eres más idiota que un hombre que engaña a su mano derecha con la izquierda —expuso con gentileza, tan propia de su persona cuando ha querido divertirse con el mayor. —¿Es todo lo que tienes? —le cuestiono Dimitri, su voz fue gélida tal cristales rotos clavándose sobre su piel. Pronto, la hija bastarda le maldijo en voz baja y se dejó caer sobre la cama. —Tal vez estoy engañándome a mí misma —respondió, era como si supiera muchas cosas pero a la vez, nada, absolutamente nada. —Está vez, yo me encargaré del resto... —Soltó el mayor, con una paciencia que ha de anticipar lo peor. De algún modo, le dio la razón a su hermano; un golpe directo a su orgullo.

「STREGAS」

A MEDIANOCHE
(Shamsuddin Hafiz)

Con los rizos al viento, perlado de sudor, riente y ebrio, entonando una oda.
Los ojos pendencieros, la ironía en los labios, a media noche, junto a mi lecho se sentó.
Acercó la cabeza a mi oído y en un tono triste dijo: mi inquieto enamorado, ¿tienes sueño?


[…]

Kusanovic  prosiguió. —Algo paso y no puedes decírmelo, ¿cierto? Eso debería preocuparme— mientras el mayor meditó su respuesta, Vera recorrió la vista hacia el paquete, un gesto sutil, por poco imperceptible. Elevó la ceja diestra al son de alargar su brazo con el propósito de alcanzar el mismo. Y, al percatarse que existía algo más oculto en el interior, se incorporó inmediatamente—. Puede que, sea mi última oportunidad… pero te diré algo que quizá te moleste —sonrió—. Iré a saludar a Giovanni de tu parte, lo tienes bastante abandonado. ¿Por qué descuidar a tu mejor amigo? Hasta recuerdo verles juntos como si fuesen los protagonistas de una novela romántica —espetó—, podría dedicarles un poema —dejó la sugerencia al aire, puesto que, su mirada se ha de perder en aquel objeto que ha sacado del anonimato. —Y, es por eso que no soporto a los jóvenes y niños, olvidan, maldicen, lloriquean, y ven romances por todos lados —se le escuchó molesto a Dimitri e incluso, se ha limitado a finalizar la llamada con un simple: “Mi trabajo ha terminado”. La hija bastarda le agradeció con voz entrecortada pese a que, el otro se desconectó. No obstante, su mirada se perdió en la nada, jugueteando con sus pulgares sin dejar de sostener a su nueva víctima de autopsia. En efecto, a Kusanovic le urgía ir de inmediato con “Ziani”, el tesoro entre sus manos era de importancia para ambas, aunque, sería una mentira asumir que no sentía nerviosismo ni angustia ni tensión… « ¡Con un demonio! » Pareciese que su mente estuviese a punto de colapsar. —Tranquila Vera, tranquila —enfatizó—. ¡Necesito perder la cabeza! Sí, con alcohol, mucho alcohol. Aunque… —se puso de pie apenas terminó de hablar, y dejando con cuidado el tesoro sobre su lecho, decidió “preparar” un par de bolsas kraft con lo mejor de su gabinete personal.

Mas sería tonto de su parte no enviar “spam” a Gianella, simplemente quería avisarle sobre su visita, pero por mucho que le molestase, estaba segura que no recibiría respuesta de su parte, por el momento. En todo caso, podría considerarle una “sorpresa” por el simple hecho de presentarse por su cuenta. Y, por eso mismo, ha de preferir aprovechar el tiempo restante en la ducha hasta organizando los últimos detalles de su “inesperada” visita. Minuto tras minuto, hora tras hora… la noche llega y entre ella las suaves notas de botellas de vino chocando suavemente entre sí. — ¡Soy yo! Ni siquiera te molestes en preguntar, Giovanni —fina elegancia, observó sin inmutarse cómo el “deteriorado” Galassia le ha de saludar ante su llegada a la residencia. Kusanovic asintió nada más, sin cuestionar el paradero de Graziani, desde luego, poseía una copia de las llaves en caso de emergencia. Pronto, el eco de sus pasos es el único que acoge ese canto cálido hasta que el tiempo de utilizar la llave mágica se presentó. Fue entonces que, la penumbra le interrumpe, y aun cuando ruega  encontrar a Gianella, le es negado, pues el tiempo no ha de esperar. —¡Gianella! —Le nombró, con una sonrisa radiante sobre el rostro. A Kusanovic le carcomía el entusiasmo por mostrarle aquello que ha recibido. —¡Gianella! Responde, no me dejes hablando sola —avanzó hacia el lado opuesto de la entrada, a su derecha, se vislumbra un umbral—. ¿Ziani? Tengo algo para ti —Curiosidad, sí, demasiada. Vera caminó más lento, a cada paso…

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Re: Meilleures amies pour la vie

Mensaje por Gianella Graziani el Mar Mar 27, 2018 10:16 am

Decidió dejar a un lado su lectura y prendió su laptop, enfocándose así en uno de sus quehaceres pendientes: reservar dos vuelos para la víspera de la Navidad. Los poemas de Baudelaire le recordaban demasiado a Kusanovic, a la oveja negra que tantas noches de sueño le arrebató a Blanche hasta no hacía mucho y cuyo talento para meterse en líos es tal que Graziani se venía prohibiendo desde el colegio sacar conjeturas sobre su paradero en casos como este. Tampoco tenía noticias de Elizabeth y eso no pintaba nada bien, considerando que la blonda fue a reunirse con su madre, 'Debbie Jellinsky' Schechter... Aun así Gianella, se empeñaba en creer que conocería al heredero de la familia Graziani sin mayores reveses y que con algo de suerte le tomaría alguna foto para poder conocerlo ella también. Se limitó entonces a buscar vuelos en internet, no sin antes volver a llenar su taza de té del samovar y pasar a resguardarse del frescor nocturno bajo las mantas de su lecho. Se acercaba la Navidad y Blanche pasó a realizar la 'tradicional' llamada, amenazando a diestra y siniestra con no volver a dirigirles la palabra si Vera se permitía faltar a la cena navideña que organiza cada año. Y naturalmente Graziani 'juró por Dios' que llevaría a la 'hija prodiga' de regreso a casa. Respetaba a la madre de su compañera como a la suya propia y guardaba los mejores recuerdos de las navidades en Zagreb. Por lo demás, siempre podía convencer a la croata sugiriéndole emprender luego un corto periplo por su tierra natal, como en sus primeras vacaciones juntas... Pero primero, lo primero, se decía Gianella, sopesar la manera de convencerla, cuando se digne a dar señales de vida, de que presente su curriculum en el Sweet Amoris, donde sabía qué faltaba una doctora. Cavilaba, pues obviamente Vera se negaría una y mil veces, cuando el silencio dio paso a una voz que delataba su inconfundible origen croata...

Las ironías de la vida quisieron que, al escuchar su voz, su mente evocara nada más y nada menos que a Cecil de Clermont repitiendo hasta el hastío lo incapaz que era Kusanovic de seguir la más mínima norma. Y sonrió, divertida por el hecho de 'casi' estar de acuerdo en algo con el que en su época era uno de los inspectores del colegio... Y es que, ¿en qué otra cabeza cabe presentarse sin avisar en su hogar, coartando así a Graziani de brindarle un merecido recibimiento a su más ilustre invitada? Aunque no le costaría mucho replicar a de Clermont que, al fin y al cabo, en la imprevisibilidad radica gran parte de la magia de la croata... ¿Si no por qué ella misma llevaba estampada una amplia sonrisa en el rostro, a la par que la curiosidad la tentaba como al gato ante lo que la croata afirmaba tener para ella? «Aun así» se dijo Gianella, que en ese momento salía de la cama a toda prisa. «Eso no te exime de culpa, Vera Kusanovic...» Cerró la laptop, dejándola sobre el velador, se desperezó y echó un chal azul marino con flecos sobre sus hombros, luego se soltó la coleta y el pelo le cayó en cascada por la espalda. Encendió la linterna de su IPhone, ya que iba ataviada con un vestido hasta los tobillos y tampoco iba a arriesgarse a sufrir algún accidente en la escalera que da al primer piso, y fue al encuentro con Vera.

Sin molestarse en encender las luces, avanzó con paso rápido y cauteloso hacía el salón principal, desde donde intuía que la llamaba Vera. Y ahí, parada junto al piano Steinway & Sons que su padre dispuso para ella nada más llegar a Sweet Valley, fue a descubrir su silueta perfilándose contra las luces de la ciudad. Sus ojos zarcos brillaron y una sonrisa maliciosa asomó en sus labios. Y, sin perder, más tiempo se acercó a hurtadillas, aprovechando que las alfombras de Kermán que tapizan el suelo silenciaban sus pasos. Desde su infancia en Teherán, Gianella se caracterizó por ser silenciosa y pasar desapercibida... y por a veces 'aparecer de la nada' y no pronunciarse, 'infartando' a más de uno en el proceso. Y, aunque no pretendiera ir por la vida gastando bromas pesadas, eso no impidió que hasta su valiente Tío Reza en Isfahán o su amiga Vera, que la protegía cual caballero a su dama, palidecieran ante alguna repentina aparición suya en el pasado. Por mucho que la furibunda mirada de la segunda se empeñara en afirmar lo contrario, recordó riendo por lo bajo Graziani, consciente de que repetiría la 'gesta', aunque esta vez adrede. Y, como si su vida dependiera de imitar a Rachel, se 'lanzó' a por la 'oveja negra'.

Puso una mano sobre el hombro de la croata, la jaló hacia sí e intentó abrazarla por detrás, por la cintura. Sin mayor demostración de afecto por pura 'precaución' en caso de que esta decida volver a la adolescencia, 'confundiendo' su rostro con el de 'Rosetonta'. —¡Te tengo, cariño! —Exclamó entre risas, mientras en su mente revivía las mil y una aventuras vividas con la hija rebelde de los Kusanovic... A quien conocía hasta tal punto que no podía no formularse cierta pregunta... ¿es ella realmente la cazadora o acabará convertida en la presa?
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