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Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

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Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Miér Oct 11, 2017 6:31 pm

Henos aquí a mi hermana menor y a mi, el veinticinco de agosto, en un avión con destino a Londres, Inglaterra. Si era cierto que en mis vacaciones de cuatro meses estuve en la ciudad cuna de la familia Parrish, de la cual provenía mi madre, también es cierto que me olvidé de visitar a mis abuelos en esa ocasión. Como Alan y Sarah se enteraran, me lloverían coscorrones todo el plazo de los cinco días que estaríamos lejos de casa... Claro que adoraba a mis abuelos maternos, al punto que eran de las pocas personas con las que me llevaba de maravilla desde que tengo uso de razón. Pero no estoy seguro de porque no pasé por su casa esos días...

Miré al asiento contiguo al mío, en donde Natzu estaba sentada con cierta sonrisa en sus labios. - Así que se te antojó venir a ver a los abuelos en este cumpleaños. Creo que la vejez empieza a hacer efecto en ti, y ahora estás más nostálgica que nunca. Eso pasa cuando llegas a los veinte años - dije con sorna, chinchándole un poco a la rubia. Honestamente hasta yo mismo tenía ganas de verles, después de todo, siempre me llenaron de cariño en nuestros dispersos viajes a su hogar. Menos cuando me comportaba mal, y allí los coscorrones eran la muestra de afecto favorito...

Llegó el momento de aterrizar en el aeropuerto de destino, y en cuestión de varios minutos rápidos estuvimos en tierra y fuera del pájaro metálico. Creo que Natzu mencionó antes de hacer el viaje que había hablado con los abuelos para avisarles de nuestra hora de llegada precisa, así que no pensé demasiado en que haríamos para movilizarnos hasta su hogar. - Supongo que tomaremos un taxi hasta su casa. No tengo deseos de dar vueltas en el metro de la ciudad. Es un coñazo eso - declaré mientras tomábamos nuestro equipaje y nos dirigíamos hacia la salida del aeropuerto. ¡Vaya sorpresa tuvimos al ver a Alan en la zona de espera de los pasajeros en llegada!

Con una sonrisa enternecida, y casi diría que un brillo emocional en los ojos, abrió sus brazos para darnos un gran abrazo a nosotros. La jóven rubia se acercó con prisa al hombre mayor, y pude observar la alegría en el rostro de ambos mientras caminaba hacia ellos con paso tranquilo. - Hola abuelo, cuanto tiempo sin vernos - dije en tono suave pero divertido. - Hola Hiro. ¡Como has crecido en el último año! ¡Ven aquí! - escuché de sus labios, y por supuesto obedecí y le regalé un cálido abrazo. Y tras separarnos, él colocó cada mano en uno de nuestros hombros, alternando la mirada entre Natzu y mi persona. - Es bonito volver a verles después de tanto tiempo. Sé que tienen sus vidas en Francia, pero no se olviden de Sarah y de mi, y vengan más seguido. Casi ni les reconocí con lo adultos que se ven - expresó sin perder ni un momento la curva de sus labios, diría que con cierto aire de melancolía entre toda la felicidad que dislumbraba. - Vamos abuelo, no es el momento de ponerse así. Además, no te vendría mal ir de vez en cuando a visitarnos a Sweet Valley para unas vacaciones, ¡eh! - respondí con aire divertido y de pillín, cosa que obviamente hizo que riera al escucharme. - Solo espero que no me vayas a cobrar por entrar a tu bar a tomar algunos tragos - añadió el pícaro hombre de cabellera canosa y ojos verdes.

Después de un leve momento en el que vio el gran reloj del aeropuerto, nos dijo con serenidad - Vayamos a casa, pequeñines. Su abuela está ansiosa por verles. Incluso preparó su más famoso postre, una rica tarta de manzanas, solo para ustedes. Pero no olviden darle un trozo a este pobre anciano -. Lo último lo dijo con picardía y una risilla de niño travieso. Como todo buen Parrish en nuestra familia, tenía buen gusto por los dulces y los postres. No por algo fue uno de los presidentes de la famosa empresa familiar "Parrish Chocolate & Candy Factory". - Vale abuelo. Robaremos un trozo solo para ti - respondí cómplice, y entonces los tres salimos del aeropuerto para ir al aparcamiento del mismo.

Cuando de repente dijo - Metan sus cosas en el maletero -, observé bien el coche que le pertenecía. - ¡Pero que demonios! ¡Es un Rolls Royce! - exclamé al ver semejante automóvil costoso. - ¡No digas groserías, Hiroshi! - se quejó el mayor de inmediato. Demonios, había olvidado como detestaban mi forma normal de hablar. Tendría que moderarme frente a los abuelos, por suerte solo sería por unos días la censura. - ¿Qué pasó con el BMW Serie 7 que compraste hace dos años? - pregunté curioso mientras guardaba mi pequeña maleta en el portaequipajes. - Bueno, era algo aburrido de conducir, así que lo vendí y me compré este la navidad pasada. ¡A qué es una preciosura! - respondió con alegría, y por cojones, ¡claro que lo era! Es un puto Rolls-Royce Ghost 2009, ¡que cuesta cerca de trescientos mil euros!. El anterior costaba un tercio de ese precio... - Si, es toda una belleza - no pude negar su afirmación. Tendría que estar loco para hacerlo...

El momento que levanté la maleta de Natzu para meterla en el portaequipajes casi me da una hernia, e impulsivo dije en tono de queja - ¡Demonios, Natzu! ¿¡Qué carajo le has metido a la maleta!? ¿¡Piedras!? -. Y casi de inmediato sentí un coscorrón que me hizo exclamar - ¡Auh! -. Miré hacia mi derecha y allí estaba el culpable. - ¡Te dije que no dijeras palabrotas, Hiroshi! -. Serían días muy largos en Londres...

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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Miér Oct 11, 2017 10:00 pm

Por mi cumple este año me pareció una idea estupenda que mi hermano y yo visitáramos a nuestros abuelos, que vivían en Londres, asique unos días antes de la fecha tan especial partimos en avión hacia Inglaterra. Además no iban a ser unos días especiales para mi... Hiro tendría una sorpresaza allí y no quería perderme su cara al ver su reacción.

- Oh vamos, si estás deseando llegar a tierra firme tú también para ver a los abuelos. ¡Ojalá haya pastel de manzana recién hecho!

Total que al llegar me pareció bien la idea de ir en taxi, pero cambió toda por completo después de escuchar una voz llamándonos desde lejos ¡Tendríamos un adorable chofer a nuestro servicio!

- ¡Hola abuelo! -Le abracé fuerte -¡que gusto me da volver a verte!

Que lindo era vernos a los tres juntos, sobre todo a mi hermanito mayor tan contento. Aunque el abuelo Alan se puso por un momento sentimental y casi me pega a mi ese sentimiento si no llega a ser porque Hiro le quitó importancia al tema, pues era hora de sonreír y no de otra cosa. ¡Anunció que había tarta de manzana! iba a zamparme un buen trozo al llegar.

- ¡Ni que fuéramos a comernos toda al llegar, que no estamos muertos de hambre! Que no quiero que la abu y tu hagan drama por nuestra alimentación nada más llegar. Además seguro nos mandarán al dentista antes de regresarnos a Francia.

Seguro que la abu se ponía a preguntarnos qué que desayunamos, comemos y cenamos normalmente... y nos consentiría con rica comida casera que nos haría reventar si repetíamos plato y alguno que otro dulce. Cuando fuimos hacia el coche nos encontramos que lo habían cambiado de nuevo, esta vez por un cochazo de reyes...  que le pediría si me lo dejaba conducir un rato, que lo más seguro no me deje ni en sueños. Tarareaba una canción y le pasé el mango de mi maleta a Hiro para que lo metiera en el maletero del coche, pero se me vino un aluvión de drama encima cuando cogió mi pesada maleta.

- ¡Abuelo, Hiro se está metiendo conmigo! -Y coscorrón que voló a la cabeza de mi hermano, por eso y por decir su típico "carajo". Me daba a mi que iba a tener que tragarse la lengua para no decir malas palabras estos cinco días... Subimos los tres al coche, nosotros dos atrás y el abuelo Alan de conductor. Cuando nos pusimos el cinturón de seguridad me acerqué a mi hermano para hablar en voz baja. Mi abuelo estaba más sordo que una tapia de un oído y no nos podría escuchar tan fácilmente- Menos mal que no se enteró de que no viniste a verle cuando hiciste tu famoso tour de cuatro meses de duración... Si no los coscorrones volarán hacia tu cabeza sin cesar.

La mala suerte para nosotros fue que el abuelo lo escuchó todo porque se había comprado un sonotone. ¡La que iban a liar al llegar a la casa por no venir de visita! En el viaje hacia el hogar de nuestros abuelos por lo menos la cosa se relajó y empezaron a hablar de coches. Para hacer la conversión más divertida se me ocurrió decir que mi coche era mejor que el Rolls Royce y ambos me trataron de loca por un rato. Cuando estábamos doblando la esquina de la calle pudimos ver a la mujer que tanto nos malcriaba con dulces y chocolate cuando eramos pequeños. Abrí la ventanilla y grité saludándola con la mano.

- ¡¡Abueeeeeeeeee!!-Casi de un brinco salí del coche dejando a Hiro atrás y fui corriendo a darle un abrazo a la única abuela que conocí. - ¡Te extrañamos mucho!

Que nostalgia me daba su olor y su voz, me sentía como una niña en esos momentos.

- Y yo a ti mi mujercita ¡Cuanto te pareces a tu madre cuando era joven! -Nos separamos y me besó la mejilla con cariño, después hizo lo mismo con mi hermano- ¡Pero ustedes dos no me llaman seguido! Y yo que tengo una cosa preparada para los dos.

- ¿La contraseña del WiFi de la casa? -Y me voló un coscorrón firmado del abuelo, que estaba detrás de mi en ese momento- ¡Auh, auh! ¡Que era un broma! -Y ya estaban dando la turrita de "Estos jovenes de hoy en día..." - Es tu pastel especial de manzana, nos lo ha chivado el abuelo.

Metí en un problema a su esposo por revelarnos el secreto, eso seguro porque se puso a darle un pequeño regaño. Hiro me pasó mi maleta y pasamos los cuatro dentro de la casaza. Lo primero que hice fue fijarme en el lindo piano al lado de las escaleras que dirigían a la parte superior de la vivienda. Subir con mi maleta al piso de arriba donde estaban las habitaciones hubiera sido un problema si no la subían entre los dos hombres ¡No había otra manera humana de hacerlo! Eso si, me llevé otra ronda de preguntas sobre qué tenía guardado en la maleta.

Aún me acordaba de cuál era mi habitación, cuando la abrí estaba totalmente cambiada, más juvenil en vez de tan aniñada. Me gustó la colcha blanca con motivos violetas... Solo había un problema que justo estaba en una de las mesillas... Unas flores moradas falsas, que combinaban con el color de la colcha.

- Flores de plástico... Si las viera Clay las tiraría por la ventana

Murmuré divertida dejando la maleta a un lado y salí nuevamente, bajando las escaleras dando saltitos como una niña. Fui hacia la cocina y allí estaba mi abuela cortando un par de trozos de tarta de manzana. Fuimos al salón donde me senté en uno de los sofás color crema y me sirvió un la mesa de madera oscura un platillo con la tarta y una taza de té mientras que mi hermano no regresaba.

- Gracias abu. -Me crucé de piernas con elegancia y tomé el tenedor para desmenuzar un trocito y me lo metí en la boca... Dios que delicioso- Nunca probaré una tarta de manzana igual abu, ni aunque la hiciera yo misma ¡Pero que delicia! ¿A que sí Hiro?

Bebí un sorbito de té viendo como se iba a la cocina, seguramente a prepararle a mi hermano un festín igual que el mio. Radiografié desde allí dónde tenían el modem, pero parecía ser que no estaba en el salón o lo habían escondido para reírse un rato de mi. Ya quería decirle a Ed que había llegado, pero el matrimonio no soltaba prenda de cual era la contraseña del WiFi...

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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Jue Oct 12, 2017 11:02 pm

¡Enana rubia malagradecida! Solo intenté ayudar con su jodida maleta, y viene a chivarme con el abuelo que ando diciendo cosas "malas". - Como vuelvas a acusarme así, te daré un coscorrón, mocosa - le dije entre dientes mientras continuaba la lucha con el pesado equipaje. Por suerte tenía fuerza y metí a Godzilla en el maletero sin hacer ningún desastre, o el viejo me mataba si le hacía un solo rayón a su precioso coche de trescientos mil euros...

Finalmente subimos al Rolls y salimos del aeropuerto, con nuestro abuelo al volante y nosotros dos en el asiento trasero. Cuando mi hermana llamó mi atención, me acerqué para escuchar lo que casi me estaba susurrando. Claro que, se le ocurrió revelar que estuve aquí en mi viaje de vacaciones y no visité a nuestros familiares, y para mi endemoniada suerte, Alan se había comprado un aparato para mejorar la audición y pilló cada sílaba en detalle. - ¡Hiroshi! ¿¡Cómo es eso de que estuviste en Londres y no viniste a vernos a tu abuela y a mi!? - se quejó el hombre mayor mirando al retrovisor. Bueno, ya que el regaño me vendría igual, me hice el sabiondo y respondí - Veo que al fin te compraste el auricular para el oído, abuelo. Seguro disfrutas mucho de los chismes del barrio -. Por supuesto, no le gustó el chiste - Cuando lleguemos a casa, verás las estrellas con el coscorrón que te daré - declaró. Yo solo esperara que no se hubiese hecho un implante de memoria y se olvidara de esa promesa...

Intenté distraerle el resto del viaje a su casa sacando el tema de los coches, y hablando de cosas típicas como prestaciones y potenciales de diversos modelos. Al menos eso lo tranquilizó un poco... Pero mi suerte estaba echada al estar aparcados finalmente en el garaje, pues si mi abuela se enteraba de todo, me daría unos buenos escobazos... Bajé del coche después de ver correr a Natzu en dirección a la mujer mayor, y me acerqué a paso tranquilo con una sonrisa en los labios. - Hola abuela. Sigues tan hermosa como siempre, incluso diría que te ves más jóven - le saludé mientras ella me daba un beso en la mejilla. - Hiroshi, sigues igual de zalamero que siempre. ¿te estás comportando bien en Francia? - cuestionó la dulce mujer, más ignoré totalmente la pregunta por conveniencia. De todos modos, nos regañó por no llamarle más seguido, cosa que reconozco que soy pésimo para recordar...

Por suerte no me había ganado ningún coscorrón en todo el rato, y solo reí divertido al ver el que Natzu recibió. Claro que, la muy tramposa se vengó del abuelo tirándolo bajo el autobús, con solo revelar que nos dije prematuramente cual era la sorpresa. - Hay que ver que eres mala con la gente, rubita - le susurré tras lo ocurrido, prefiriendo ir al coche y sacar las maletas del mismo. Ya cuando todo se calmó, entramos a la acogedora casa en donde Alan y Sarah han vivido juntos casi una vida... Me traía recuerdos de todos los viajes que hicimos mamá, mi hermanita y yo a esta ciudad.

Bueno, era hora de subir nuestras cosas a las habitaciones que nos correspondían, y si, nuestros abuelos tenían cuartos en esa casa exclusivamente para nosotros. Les encantaba recibir nuestra visita, y nunca les vi con otra expresión más que alegría de tenernos en su hogar. ¿Y cómo subiría Natzu su maleta de media tonelada? ¡El estúpido de su hermano mayor le ayudaría!. - ¡En serio! ¿Qué traes aquí? ¿¡Todo tu armario!? - pregunté quejumbroso mientras hacía fuerza para subirla. Mi abuelo se acercó a darme una mano luego de verme sufrir mucho, y entre ambos la dejamos en el tercer piso luego de obtener un par de hernias. Por lo menos la rubia tuvo la consideración de subir mi maleta pequeña...

Entré a la habitación que siempre utilizaba, y que ahora mi familia había pintado de color gris. La cama tenía una colcha color blanca con diseños en gris oscuro, una que no recordaba haber visto anteriormente. Sin embargo, aún estaba allí una foto de mis abuelos, mamá, y nosotros los niños, todos abrazados, en un portarretrato plateado sobre la mesita de noche. Siempre adoré esa fotografía... Después de dejar la maleta a un lado de la cama, saqué de mi bolsillo el móvil y le hice una llamada rápida a mi novia Claire. - Hola Gatita... Si, ya estoy en casa de mis abuelos... ¿Cómo que desnuda?... Nunca haces eso cuando estoy allí... Venga, que cuando regrese lo probamos... Que si, que yo siempre me porto bien... Sueña con lo que hice anoche, ¡eh!... ¡Demonios!... Bye - dije al teléfono, solo haciendo las pausas cuando ella hablaba. Si no le llamaba de esa manera, me arriesgaba a quedarme sin sexo durante un par de meses...

Terminado ese asunto de suma importancia para mi vida sexual, salí de la habitación y bajé la escalera con destino hacia el salón. Sin embargo, me detuve en el segundo piso por un breve instante, observando la puerta cerrada de la recámara que normalmente ocuparía mamá si estuviera aquí. - Siete largos años sin verte... - me dije a mi mismo con aire melancólico y una sonrisa dulce en los labios. Sin pensar más en ello, bajé el resto de la escalera para ver sentadas en el sofá a Natzu y a nuestra abuela. Mi hermana justo me vio y me incluyó en su afirmación de que Sarah hacía las mejores tartas de manzana del mundo. - Para que negar que lo hemos intentado, abuela. Pero nunca llegaremos a tanta perfección. Tu tarta es insuperable - afirmé sonriente mientras me sentaba en el sofá, junto a la jóven rubia. - Años de práctica y mucho amor, mis pequeños. No por nada conquisté a su abuelo con mi tarta - dijo sonriendo de oreja a oreja mientras caminaba hacia la cocina.

Me arrecosté cómodamente en el amplio sofá, y dije a mi hermana con cierto aire divertido - Bueno, las cosas parecen haber cambiado poco por aquí desde la última vez que vinimos, hace como dos años y medio. Es... agradable eso, ¿no crees? -. No es que estuviera en contra del cambio, pero esta casa formaba parte importante de mis recuerdos más agradables, y la nostalgia hablaba por mi en esos instantes. En eso apareció la abuela con un trozo de tarta de manzana y una taza de té para mi. - Como sé que te gusta el café, te preparé un té negro - mencionó en ese tono dulce que te acurrucaba suavemente. - Gracias abuela. Tu si que me conoces - respondí alegre, tomando la taza entre mis manos y dándole un sorbo al líquido oscuro. Estaba delicioso.

No me perdería tampoco la sabrosa tarta, así que no perdí el tiempo y corté un trozo con el tenedor. La explosión de gustos en mi paladar fue tan poderosa que me llevó incluso a mi infancia, en esos primeros momentos en los que degusté tan delicioso dulce por primera vez. - Tan increible la tarta como siempre - dije en tono casi infantil, pero como culparme de ello si estaba reviviendo momentos de felicidad en los recovecos de mi mente. De repente vi al abuelo bajar por las escaleras, quien se me había perdido luego de ayudarme a subir la maleta de la rubia. - ¿Dónde estabas abuelo? Casi me acabo la tarta entera mientras te esperaba - dije en tono travieso, y por supuesto que me miró achicando los ojos y respondió - Como no me dejes tarta, muchacho, tendrás que volver a Francia con cién coscorrones en la cabeza -

El ambiente era tan alegre que sin pensarlo me levanté y caminé hacia el precioso piano. Tomé asiento y toqué algunas teclas para probar su sonido. Estaba perfectamente afinado, como lo esperaba. - Creo que nuestra merienda necesita un poco de música - afirmé con tono tranquilo y alegre. Sin decir más en ese instante, empecé a tocar un cover de piano de la canción favorita de mi abuela Sarah: "My way" de Frank Sinatra. Después de la introducción, llamé a mi hermana menor - Venga Natzu. Canta mientras yo toco -. Ella se negó totalmente a seguirme, así que solo declaré - Lo lamento, pero la cantante parece tener vergüenza y pánico escénico. Así que solo será el piano por ahora -

Tan solo ejecuté la composición totalmente concentrado en las teclas y el sonido del instrumento de madera. El estar sentado aquí, frente a este piano, el recuerdo de mi madre a mi lado enseñándome esta precisa canción, su sonrisa con cada progreso que hacía. Sonreía pacíficamente en ese instante, y dulcemente pulsaba cada tecla necesaria para que el sonido continuara navegando el salón. Era curioso como el hacer música calmaba mi alma rebelde, y tan solo seguí adelante hasta terminar la canción, en mi propio mundo.

Música que toca Hiro:



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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Vie Oct 13, 2017 2:56 pm

A Hiroshi no le pasó inadvertido el hecho de que nuestro abuelo se desapareció de la nada por un buen rato... La diferencia era que yo sabía la razón de su oportuna ausencia. Disimulé haciéndome la que no sabía nada, comiendo el último trozo de pastel que me quedaba en el plato.

- Pues abuelo, si abu va a hacer más pasteles de manzana estos cinco días tarde o temprano misteriosamente vas a quedarte sin pastel alguna vez... -Dije riendo con travesura después. - Yo solo te advierto. -Después de que Hiro me comentara sobre que había pocos cambios desde la última vez que vinimos le respondí torciendo un poco la boca- Les daría alguna idea de decoración, la verdad... Pero no le digas a la abue que a ella le encanta su casa así.

Rápidamente la señora le trajo té negro, mientras que el mio era del verde que la verdad me gustaba más que el suyo. Mi hermano estaba tan animado y feliz que le apeteció regalar a nuestros oídos una muestra de su talento con el piano. Fuimos los cuatro hacia el hermoso instrumento y se sentó en la banqueta. Yo me quedé de pie al lado, mirando a Hiro negando con la cabeza cuando me dijo que cantara la canción a la vez que él ponía la música de fondo.

- ¡Nooo! Mejor les demuestras a todos tus habilidades - El pícaro abuelo sacó una cámara y comenzó a grabarnos, por el lado contrario a donde estábamos nosotros, pues quería captarnos a todos. Saludé a la cámara con una sonrisa divertida y mi abuela se puso a mi lado. - Otro día les deleito a todos con mi voz melodiosa.

Mi hermano estaba tocando de forma maravillosa... Y de repente en el punto intermedio de la melodía, alguien bajó por las escaleras de forma pausada y tranquila. Paró frente al piano admirando al pianista, que iba tan concentrado que no se daba cuenta quién hizo acto de presencia: nuestra mamá, a la que no veía en siete años. Mamá le puso un dedo suavemente en la barbilla para subirle la cabeza y la mirara, sonriendo con ternura.

Escuché a mi abue haciendo un ruido bajito, y es que no pudo evitar emocionarse con esa escena tan preciosa entre madre e hijo y estaba reprimiendo las lágrimas, pero sonreía.

- Ay abue no llores.

El abuelo se acercó a ella, me entregó la cámara y le limpió las lágrimas a su esposa, abrazándola a continuación. Mamá habló con la típica sonrisa tierna con la que nos miraba a los dos desde pequeños.

- No tienes que esperar más por mi, cielo mio... Ya estoy aquí contigo. -Acarició su mejilla con delicadeza y dulzura- Que grande estás, ya eres todo un hombre mi muchacho.

Por mi parte sonreía alegre grabando el reencuentro deseando ver la reacción de mi hermano.
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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Vie Oct 20, 2017 7:04 pm

Allí estaba, inmerso en las dulces notas del hermoso instrumento que me apasionaba y que, aunque solo practicara ocasionalmente, me gustaba mostrar mis emociones a través del mismo. ¿Cuál era el sentimiento con el que ejecutaba en aquel instante? El cariño que le tenía a mis abuelos, quienes eran incluso más cercanos a mi desde mi arribo a Europa. Si bien cuando mi vida se acomodó ya no hablábamos tan seguido, fueron fundamentales para mantener parte de mi sanidad intacta en mi solitaria estadía en Sweet Valley.

Pero, aún no acababa de tocar mi canción cuando sentí como alguien ponía su dedo en mi mentón y me alzaba el rostro, forzándome a mirarle a los ojos. Mis dedos fallaron la siguiente nota que proseguía gracias a la impresión de ver aquella mirada zafiro, y detuve en seco mi acto. Su voz, suave y melódica, era inconfundible, pues en mi alma siempre quedó grabado ese tono angelical. ¿Acaso estaba soñando? ¿En verdad es la mujer que me trajo al mundo? Era imposible confundir ese cabello lacio y dorado, y esa sonrisa llena de años de recuerdos...

La mujer acarició mi mejilla con una dulzura incomparable, y por instinto alcé mi mano y busqué tocar ese rostro tan hermoso, y al sentir su suave piel de la misma manera que ella lo hizo, algunas lágrimas se escaparon de mis ojos. Instantaneamente me levanté de mi asiento y le abracé con firmeza. Era mi madre, la única otra persona en la familia Anzai aparte de mi hermana a quien quería con todo mi corazón. ¡No me lo puedo creer!. - Mamá... Te extrañé mucho... Yo... Quería verte con tantas ganas... Mamá... Te quiero mucho... - mi mente no coordinaba una frase más completa que esas palabras en ese instante, y creo que mi tono de voz hizo algo difícil aquella labor, por lo quebrado que sonaba. Mierda, ¡me siento tan feliz! ¿¡Pero por qué demonios estoy llorando!?

- Yo también te quiero mucho, mi corazón. Me duele no haber estado contigo todos estos años, pero me siento muy orgullosa de todo lo que has conseguido - me dijo en la dulce voz que me acurrucaba por las noches cuando era un niño. Sentí como acariciaba mi cabello con su mano, calmando mi alma intranquila y salvaje, incluso calmando las estúpidas lágrimas que rodaban por mis mejillas. Era una sensación de paz que hacía mucho tiempo no vivía... - Gracias mamá. Me he esforzado mucho por hacer bien las cosas, aunque por el camino terminara en alguna tontería - respondí con una sonrisa tranquila, aunque también un poco traviesa.

Cuando dejamos de abrazarnos, le observé con mayor detenimiento. Por supuesto que en su rostro se veían los años que trascurrieron desde la última vez que nos vimos, aunque lo que más me llamó la atención fue el hecho de que ahora yo era más alto que mi madre, cuando antes de salir de Japón ambos éramos de la misma estatura. - Mamá, te recordaba un poco más alta. Creo que te has achicado con los años - bromeé en tono divertido, a lo que ella respondió con cierto aire ofendido que en realidad solo simuló - Hiroshi, ¡no vengas a decirme eso!. No es mi culpa que acabaras teniendo los genes de altura de tu abuelo -. Ambos sonreímos luego de aquel intercambio.

La mujer rubia se giró luego para observar a Natzu, notando que ella estaba grabando todo con la cámara del abuelo. Por supuesto que le dio un regaño a la jóven chica de ojos azules, cosa que me hizo soltar una carcajada divertida. Aquel encuentro si que era una sorpresa como no me había imagino nunca en esta vida, y estaba agradecido de ello.



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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Sáb Oct 28, 2017 9:46 pm

¡Mi hermano llorando! Oh cielos la situación realmente era bonita. Pero esperaba que abue parara de llorar... No estaba acostumbrada a tanto llanto y menos de parte de la mujer mayor que siempre tenía una sonrisa en los labios para todo el mundo. En un momento dado escuché una frase que por fin hizo reír a Hiro, y como no era un regaño para mi.

- ¿Y tú no me das la bienvenida, monita? Deja la cámara y ven a darme un abrazo.

Le pasé la cámara al abuelo y me abalancé hacia mi hermano y mi mamá, abrazándonos los tres fuerte pero con mucho cariño.

- ¡Hola mami! Que bueno verte de nuevo. -Me acarició el cabello con el cariño que siempre lo hacía- ¡Te he traído muchas cosas de Francia, creía que me iban a hacer pagar de más por el equipaje porque no pesé la maleta, pero por suerte entró en el peso establecido!

Al separarnos le sonreí a mi madre, que lucía hermosa como siempre. Los cinco fuimos hacia el salón, sentandonos en los sofás de salón para charlar y no estar de pie todo el rato. Hiro, mamá y yo nos sentamos en el sofá central color crema para estar juntitos, mientras que los dueños en el otro sofá que ese era de dos plazas. El abuelo le trajo  un pañuelo a la abue para limpiarse las lágrimas que le quedaron en el rostro, pobrecita. Me puse a enumerar todas las cosas que traje para ella en mi super maleta, esa a la que casi le da una hernia subir por las escaleras a los hombres de la casa. Charlamos entre todos un ratito, tomando té y yo me repetí otro trozo de tarta, obviamente. Mi voz cambio de pronto a una más suave en un momento que nos quedamos todos callados.

- Acabamos de llegar hace un rato, sabes... -Ella respondió con un "aha" asintiendo con la cabeza, formándosele una sonrisa divertida en los labios- Y hemos estado entretenidos todos el rato sin parar.

- Quieres la contraseña del WiFi, cierto?-Asentí con energía con una sonrisa de oreja a oreja- "Estos jóvenes de hoy en día..." -Los abuelos se echaron a reír de golpe como si la frasecita fuera lo más ingenioso del mundo. Me quedé mirándoles uno a uno sin entender nada ¿Cuál era el chiste? Eché un ojo a Hiro por si él tampoco entendía, pero parece que si que entendió porque comentó algo sobre eso que me dejó aún más confundida que antes- Ponlo todo junto, monita.

El descojone del abuelo era bastante importante, y ahí fue cuando mi madre no pudo aguantarse más y puso también a reírse. Me llevé una mano a la frente cayendo en cuenta de que esa era la preciada contraseña que tanto quise saber y justo me mencionaron cuando pregunté nada más llegar.

- Sois todos unas personas crueles, que lo sepan. No se vale jugar con eso...  

Les saqué la lengua como si estuviera enfadada y me levanté, como un rayo subí por las escaleras hasta la habitación. Cerré la puerta y abrí mi bolso donde saqué mi móvil, lo encendí y por fin me conecté al Internet de la casa, recibiendo notificaciones de varias personas. Avisé a Kenichi y a Clay de que habíamos llegado ya y que todo fue bien, aunque seguramente la última ya lo sabía. Miré si Ed, mi novio, estaba conectado y ¡Genial, si que estaba! Seguramente desde el wifi del dentista por la hora que era. Le envié un mensajitos, que respondió casi al instante. Como no quería interferir en su trabajo por si le llegaba algún cliente fui rápida.

"¡Hola travieso, ya llegamos a casa de mis abuelos! El viaje en avión fue bien, un poco pesado pero es normal. ¿Qué tal tu día?"-Sonreí ante su respuesta a eso y solté una carcajada con su siguiente frase- "Tranquilo, ya le dije a Hiro antes de venir que no dijera que eres un cochino si sales en alguna conversación"-Como era un poquitín melosita no pude evitar escribir que lo extrañaba, aunque el no lo era casi. Obvio yo no era ninguna novia romántica pesada, pero siempre tenía alguna palabra linda para él.- "Ten un muy buen día ¡Ya te extraño!"

Después de su despedida apagué la pantalla de mi móvil, que ya estaba medio roto por culpa de que en el trabajo se me había caído más de una vez de una altura muy alta y a velocidad rápida... El primer golpe que dejó la pantalla medio rota por un lado fue desde el ring de boxeo del gym donde trabajaba, que cuando no tenía otra cosa que hacer me iba allí a hacer algo de deporte al salirme la inscripción muchísimo más barata. Me metí un caramelo de toffee en la boca que tenía en el bolso y bajé con una sonrisilla feliz en los labios, ahora sin ninguna prisa.
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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Vie Nov 03, 2017 9:16 pm

Natzu se acercó a nosotros dos y nos abrazamos todos. Mi verdadera familia estaba en presente en esa casa, y eso era tan importante para mi que no cabía en mi felicidad. Después de tanto tiempo, finalmente los cinco estábamos presentes... Escuché entonces como la "monita" le dijo a mamá que le trajo muchos presentes de Francia, lo que explicaba totalmente el exagerado peso de su maleta. - ¿Qué demonios compraste, Natzu? ¿¡Toda una jodida tienda!? - dije en tono de queja sin pensarlo mucho, lo que me hizo ganar un buen coscorrón de parte del abuelo. - ¡Nada de palabrotas! - exclamó el mayor. Joder, le pesa la mano con lo viejo que está...

Tras separarnos, volvimos al área del salón donde estaban los sillones, y como no, Natzu y yo compartimos el asiento con nuestra mamá sentada entre ambos. Al ver a mi abuela llorando, le di la mano y le sonreí de medio lado. No me había enterado del momento en el que ella soltó esas lágrimas de felicidad tras ver la reunión familiar. Lo bueno fue que el ambiente se animó con mucha facilidad, y ahora conversábamos de cualquier cosa de forma tranquila y amena. Acabé de tomarme la taza de té y comerme el postre delicioso hecho por Sarah, y no podía estar más que satisfecho con todo. Era como volver al pasado, a momentos en donde aún era inocente y veía el mundo con otros ojos...

Aprovechando uno de los pocos momentos en los que mantuvimos un poco de silencio, mi hermana menor tuvo el valor de preguntar una vez más por la contraseña del Wifi. Y como no, mamá la leyó como un libro al ver esa carita de "inocente" que puso... Pero al escuchar la frase "estos jóvenes de hoy en día" y como los abuelos se reían, caí en cuenta de que justamente esa era la clave del internet. - Tienes que estar bromeando... - dije en voz alta mientras hacía un facepalm. Pero el notar que mi hermana no lo había pillado y parecía desconcertada, hizo que también me uniera a la carcajada colectiva. - Nadie tiene culpa que seas lenta, tortuguita - respondí a su queja en tono divertido y sonriente. Y con su objetivo conseguido, le rubia hizo drama y se perdió por las escaleras de forma veloz.

En eso, la abuela Sarah preguntó con curiosidad - ¿Y por qué la niña insistía tanto en la clave del Wifi? -. Le miré por unos segundos, y aunque sabía que le sorprendería la respuesta no solo a ella sino a todos los presentes, dije sin anestesia - Porque anda loca por hablar con su novio -. Y como lo predije, los mayores mostraron sorpresa en sus rostros. - ¿¡La nena tiene un novio!? - preguntó retóricamente la mujer anciana, a lo que solo asentí en esta ocasión. - Natsumi no me contado nada sobre su novio. ¿Cómo es el chico? - mi madre solicitó más información al respecto, cosa que veía venir luego de ver su mirada curiosa. - Es un rubio pervertido de Italia. Es un buen chico en el fondo, pero todo un pervertido de mier... caca - lo último tuve que censurarlo por la sanidad de mi pobre cabeza, ya que vi el amago del abuelo para darme un nuevo coscorrón. Noté como Sarah se persignaba susurrando algo como "Ave María purísima, sin pecado original concebida". ¿Mencioné antes que mi abuela era muy católica?

Mamá cambió el tema al ver a su madre toda impactada. - ¿Y cómo está tu novia, Claire? - preguntó en tono sereno y sonriente. - Si la ves, no la reconoces. ¡Está mucho más buena ahora! - respondí con una curva enorme en mis labios, sacando el móvil del bolsillo para mostrarle a la mujer rubia una fotografía de Clay. - ¡Hiroshi!... - se quejó al principio de mis palabras, pero luego flipó con la foto - Tienes razón. ¡Está muy cambiada! ¡¡¡Si me la encuentro por la calle, no la reconozco!!! - dijo sorprendida.

- Hiroshi, déjame ver la foto de tu novia - interrumpió Alan en ese instante. Y al igual que como hice con mamá, le mostré la pantalla del móvil. Aunque, me di cuenta que Sarah tenía una mirada que seguro asesinaría a mi abuelo... - ¡Que muchacha más buena moza! - exclamó mi abuelo, haciendo un pulgar arriba con su mano derecha. Le respondí con el mismo gesto y una gran sonrisa traviesa.

En eso llegó Natzu de donde quiera que estuviera, y por supuesto, la abuela no pudo evitar decir en el típico tono preocupado de madre sobreprotectora - Niña, ¿¡cómo es eso que tienes un novio pervertido!? -. Por supuesto la jóven rubia me dio una mirada de ira difícil de ignorar. - ¿Qué? ¡Ella me preguntó y dije la verdad! - respondí encogiendo los hombres y alzando los brazos. Bueno, es la pura verdad...



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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Sáb Nov 04, 2017 11:44 pm

Con una sonrisa de oreja a oreja por haber hablado con Ed me fui a la cocina. Me apetecía ver los dulces y galletas que seguro había hecho mi abuela para nosotros. Al abrir un bote de galletas en concreto me encontré con unas galletas con chispas de chocolate... Pero no me vino un olor común y corriente. Dejé el bote en la encimera y tomé una llevándomela a la boca identificando inmediatamente que llevaba calabaza. Puse una cara de extrañeza, no me acababa de convencer el sabor pero tampoco sabía mal... Terminé de comérmela y cogí dos más para llevarle una de ellas a Hiro y que diera su opinión. Dejé el bote bien cerrado en el armario de donde las saqué y llegué al salón con una mano el móvil y en otra la galleta. ¡Pero el recibimiento no fue como yo me imaginé, mi abuela me vino con el cuento de que Ed era un pervertido!

- ¡Eres un chismoso! ¿¡Porqué dices eso!? ¡Me prometiste que no hablarías mal de mi novio y vas y es lo primero que les sueltas! Solo le dices  cochino porque nos viste dándonos un beso en el porche de mi casa cuando nos hicimos novios -Se escudó en que ella preguntó sobre mi chico- Es muy gracioso que digas que él es un pervertido ¡Porque por a la mañana siguiente de que hayas dormido en mi casa siempre te encuentro besuqueandote en el salón o en la cocina con tu novia! ¡Y semi desnudos!

La abuela se persignaba susurrando alguna oración... Seguro habría hecho lo mismo cuando le contó lo de "mi novio el pervertido". Rodé los ojos cuando mi hermano me respondió sobre mi argumento de las mañanas candentes en la casa Lumière. Le metí la galleta de calabaza en la boca suavemente para que se callara ya de una vez.

- Pero hija mía, eso es natural en una pareja... -¡Encima se ponía de su parte! - ¡Y me parece a mi que no fue solo un beso inocente! ¿No es así hijo?

Miré al hombre que observaba todo en silencio ¡Necesitaba algo de apoyo! Mordí un trocito de la otra galleta que cogí del bote. - ¡Abuelo diles algo! -Nos miró a Hiro y a mi... y parece que se dio cuenta de algo importante porque se quedó con la boca abierta- ¿¡Estáis comiéndoos mis galletas de calabaza, malandrines!? -Me quedé callada con la media galleta metida en la boca. Uups. Menos mal que mamá vino a socorrernos y cambiar de tema- Y bueno monita ¿Cómo están tus mascotas? ¡Enséñame una foto! -Desbloquee mi móvil y abrí la galería de imágenes seleccionando la  que salían mi gatito, mi conejito y Hiro tumbados en mi cama ¡Venganza! - Mira aquí están. -Le pasé  el móvil y la vio comentando que mi móvil estaba todo rotisimo, pero al ver la foto se le olvidó el tema- ¡Que bien sales aquí, mi niño!

Me empecé a partir de la risa por mostrarle a mamá la sesión de fotos kawaii  que le hice a mi hermano y... ¿¿QUÉ?? ¡¡RAYOS!! ¡¡Se puso a pasar fotos y llegó a una donde salimos Ed y yo!! El karma...
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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Lun Nov 06, 2017 6:30 pm

Espera, ¿se estaba quejando de los momentos en donde me quedaba a dormir en casa de MI NOVIA y luego me diera besos con ella?. ¡Pero que demonios!. - ¿O sea que, para ti, el comportamiento normal de una pareja de novios, que por cierto tienen casi tres años juntos, es pervertido?. Estás un poco loca, hermani... - respondí de la manera más natural a aquellas palabras, hasta el momento en el que literalmente la jóven rubia metió una galleta en mi boca y no pude seguir hablando... Bueno, ahora que lo pienso, incluso cuando viviamos juntos Natzu se quejaba de los "mimos de pareja". Ya parece a la abuela, que andaba justo en este momento rezando algo porque sus nietos "eran pecadores"...

Como ahora estaba comiendo la deliciosa galleta con sabor peculiar, cuando mamá preguntó acerca del beso "no inocente", asentí a su afirmación, confirmando su sospecha inicial. La nena de la familia pidió el apoyo del hombre mayor, aunque en ese instante estaba más concentrado en el curioso dulce en mi paladar. Cuando el abuelo dijo "galleta de calabaza", mi cerebro hizo la conexión y solo dije sonriente - Claro, ¡es calabaza! -. Luego caí en cuenta de la mirada asesina de Alan y el rostro de susto de Natzu. ¡Mierda! ¡Me involucró en su travesura y ahora soy culpable del robo de galletas de calabaza!. Le regalé a mi hermana otra mirada asesina para que coleccionara...

Bueno, continué comiendo mi galleta hasta que vi como Natzu le mostró a mamá la foto que me tomó con sus mascotas hace unos meses atrás. - ¡Pero que...! ¡Dijiste que la habías borrado! - me quejé de inmediato, censurándome por suerte para mi pobre cabeza dolida. La muy descarada se ríe en mi cara al escucharme quejarme. Ya vería como tomaría venganza por su insolencia... Oh, ¡que rápido llegó el momento de pagarle!. Justo cometió el peor de los errores: Dejarle a su propia madre el móvil para que pasara las fotografías ella misma. Y por supuesto, dio con una imagen en donde aparecía el jóven novio mordiendo el cuello de mi hermana menor. - Monita, ¿me puedes explicar esto? - preguntó mamá, arqueando una ceja mientras le miraba buscando una razón para la foto.

Claro que, antes de que pudiera responder la jóven rubia, decidí echar más leña al fuego y dije sin contemplación con una sonrisa perversa - Y si hubieses visto los chupones que le quedaron en el cuello ese día. ¡Como una semana le duraron! -. Y para mayor efecto, abrí el gas para una mejor explosión: Tomé el móvil y se lo mostré a Sarah - Lo ves abuela, es todo un pervertido -. - ¡Por dios, niña! ¡No hagas cosas tan indecentes! - exclamó la abuela persignándose una vez más. - ¿Acaso tu madre no te enseñó nada? ¿¡Y por qué llevas una falta tan corta!? - preguntó bastante alterada la pobre mujer mayor. Sin embargo, yo tampoco ayudaba con la situación, que estaba descojonándome en mi asiento de la risa por todo lo ocurrido.

Sentí un coscorrón de repente, pero ni eso pudo detener la carcajada. - Hiroshi, ¡deja hacer que tu abuela se preocupe! - me exigió en ese instante, y vaya que no le puse mucha atención entre risas. Por suerte, todo se calmó después de un rato y volvimos a un ambiente más relajado. Eso no evitaba que cada vez que veía el rostro de mi hermana me entrara un poco de diversión e hiciera ademán de descojonarme una vez más...

Aún no podía creer que mamá estaba junto a mi, y con solo observarla terminaba sonriendo con ternura, como un niño pequeño. - ¿Y qué te trajo a Londres? ¿Viniste esclusivamente a vernos? ¿O tienes algo más que atender? - pregunté lleno de curiosidad, sin ninguna mala intención. - La principal razón de mi viaje era verlos, mis pequeñines. Aunque, tuve una reunión ayer en la fábrica de chocolates. Estamos trabajando en una nueva línea para estrenar en América del Sur - explicó la mujer de cabello dorado en su típico tono calmado y educado, mientras me observaba a los ojos. - He leído de la nueva expansión por internet. Me parece una grandiosa idea, la verdad - agregué con una sonrisa tranquila. Siempre intentaba estar al tanto de todas las noticias relacionadas a la empresa familiar Parrish. Mi abuelo sonrió muy alegremente al escucharme decir eso, y es que estaba seguro que en el fondo, deseaba que Natzu y yo continuáramos la tradición chocolatera.

- ¿Y cómo va tu negocio, muchacho? ¿El bar te da buen dinero? - preguntó ahora él con curiosidad inusual. Creo que a raiz de mi propio comentario sobre la empresa que fundó. - Hemos continuado creciendo por tercer año consecutivo, así que vamos excelentemente. Llevo personalmente la contabilidad, así que no se me escapa nada allí. Además, dejo que mi novia se encargue de la administración. Se le da mejor tratar con los proveedores y otros involucrados... - expliqué al mayor con total serenidad. - ¿Y qué pasará el día que se llegue a acabar la relación? Porque ustedes son co-dueños, ¿no? - cuestionó interrumpiéndome. - Pues la verdad, llevamos tres años juntos y estamos muy bien en este momento. Dudo que eso llegue a pasar - respondí bastante seguro de mis palabras, sin siquiera inmutarme por su insinuación.

La abuela le dio un manotazo en el dorso de la mano, y le regañó delante de nosotros - ¡Alan! ¡No digas esas cosas tan feas! -. No sabía que Sarah estuviera tan a favor de mi relación actual, si soy honesto... - ¿Y para cuándo se casarán, mi pequeño? ¡Se les va a pasar el arroz en cualquier momento! - dijo girándose hacia mi y sonriendo alegremente. ¡Pero que demonios! - Abuela, estoy muy jóven como para que se me pase el arroz... - mencioné en tono algo frustrado. Tal vez fuera por eso que me defendió a mi y a Clay. Y vaya que hay historiales en esta familia de casarse y tener hijos a mitad de los veintes...



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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Lun Nov 13, 2017 4:58 pm

Y encontró unas fotos donde Ed hacia la acción como que me mordía el cuello ¡Ay por Dios! ¡Justo ese día! No se ni cuantos chupetones en el cuello me hizo ese día para una fiesta de disfraces a la que fuimos. La excusa para hacerme las marcas era que mi disfraz era básicamente el de dama mordida, y para que quedara "más creíble" me comió el cuello a besos por un buen rato. De tantas marcas no sabía como ponerme el pelo para que no se me vieran después de la fiesta... En los entrenamientos del gym no tenía como taparlos y mis compañeros se rieron la semana entera de mi por llevar como un cuadro el cuello... Y aún hacían bromas al respecto cuando se acordaban de mi cuello lleno de chupetones.

- ¡Fuimos a una fiesta de disfraces y él iba de vampiro! -¡¡¡Y SE LO ENSEÑA A LA ABUELA!!! Y como no, se puso a hacerme un drama como el chivato esperaba. Ya no sólo criticó la foto, sino también opinó sobre mis modales y mis faldas... De hecho en ese momento llevaba una plisada corta- Ay abue ahora se llevan así no me regañes. ¿A que me queda bien?

Cada vez que mi hermano me miraba soltaba una risa o estaba a punto de hacerlo. Le miré torciendo los labios y le dije con voz pedante.

- ¡Jajá! que gracioso eres...

Como estaban hablando de cosas aburridas, con mi móvil ya en mi poder le mandé un mensaje a Ed "Si fuera por mi abuela ha dejado claro que si pudiera me tiraría todas las faldas que tanto te gusta que me ponga... Y me compraría faldas parecidas a hábitos de monja". Reí delante del móvil imaginando su siguiente frase. Pero cuando levanté la vista mi abuelo le preguntaba a Hiro que qué haría con el bar si se separaba de Clay. Ella era mi mejor amiga y por eso hice una mueca de desagrado bastante notable. Mi hermano no reaccionó así en cambio, pero él y yo eramos diferentes...

- ¡Uf que tarde es ya y no he hecho la comida! Natsumi ¿Nos tocas algo en el piano?

- Vale, avísame cuando termines la comida y paro. ¡Ya verán lo bien que toco!

Me levanté dispuesta a ir a tocar el tiempo que hiciera falta... Ya me había puesto un poquito de mal humor por el comentario desafortunado del hombre mayor. Me levanté del sofá y me senté en la banqueta del piano, comenzando a tocar algunas canciones de Yiruma, un pianista asiático. Cerré los ojos para concentrarme más, me las sabía de memoria. Cuando acabé la primera canción escuché pasos y la voz de mi abuelo.

- ¡Que bien que tocas pequeña, nada mal! ¡Has...

- Shhh...

Le callé suavemente con la onomatopeya del silencio, y eso fue lo suficiente para que el hombre mayor parara de hablar. Necesitaba concentración.

Piano:

Empieza en el 1:18

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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Miér Nov 29, 2017 8:39 pm

Parece que al fin se acercaba la hora de la comida, y como era costumbre en esa casa, la abuela tomaba posesión de la cocina y nos preparaba uno de sus magníficos platillos para consentirnos un poco. El ambiente festivo es uno muy bienvenido, pues era la primera vez en años que todos los Parrish nos reuníamos bajo el mismo techo. No podía dejar de sonreir al vernos a todos nosotros aquí, en este instante... Como era muy peculiar en nuestras visitas, Sarah le pidió a Natzu que tocara un poco de música con el fabuloso piano, a lo que obviamente mi hermana menor no se negó.

Por la elección realizada por la joven rubia, supe que se trataba de un pequeño concierto de uno de los pianistas que le gustaban mucho. - Así que Yurima. ¡Genial! - le dije a la chica mientras me acercaba a ella y le regalaba un beso tierno en la frente como muestra de cariño. Nuestro abuelo estaba totalmente embelesado en la dulce melodía, y mamá sonreía alegremente observando a su talentosa hija. Cuando la mayor posó sus ojos en los mios, hice un gesto para que señalar que me acompañara, empezando a caminar hacia el ventanal que abría paso al gran balcón de la casa.

Una vez que ambos estuvimos fuera, cerré detrás de nosotros las puertas de cristal, evitando que aquello que tenía pensado preguntarle fuera escuchado por mi hermanita. Me acerqué a ella, recostándome de la baranda. - Mamá, quiero preguntarte algo más privado sin que Natzu se entere de... - no tuve que terminar la frase para que ella dijera el nombre de aquel desgraciado - Toshiro, tu... -. La verdad es que agradecí que se detuvo antes de siquiera mencionar la palabra que no relaciono con esa basura de hombre. - ¿Cómo te está tratando ese tío? ¿Sigue con sus estupideces de celos? Porque la última vez que hablamos, sonabas muy preocupada de que se enterara que estabas al teléfono con alguien desconocido para él - pregunté sin cortarme la lengua ni un poco. Muy sabía que ese hijo de puta no veía a mi mamá como "el amor de su vida", sino como una posesión más bajo su control.

La mujer mayor suspiró, dejando de verme el rostro y permitiendo a su mirada perderse en el cielo azul. - Sabes muy bien porque me preocupa que sepa que hablo contigo, Hiroshi. Y sé que no piensas que pueda estar bien a su lado, pero él nunca me haría daño a mi ni a Natzumi - respondió con cierta tristeza en la voz, aunque fue curioso que me leyera como un libro e incluyera el nombre de mi hermana menor como una de las personas a las que el malnacido nunca dañaría. - Estás equivocada. Yo mejor que nadie sé lo que ambas significan para él, y temo afirmarte que te estás mintiendo a ti misma, mamá - afirmé con tono seguro, emulando el comportamiento de mi progenitora al observar el cielo inmenso.

- Hiroshi, tu no conoces a Toshiro como lo hago yo. Tu padre... - refutó de inmediato, aunque se detuvo al darse cuenta de que las últimas dos palabras me harían estallar en ira. Sin embargo, reprimí el sentimiento apretando los dientes y haciendo un sonido de enfado, para luego respirar hondo y simplemente responderle con la mayor calma que pude - Una vez más estás equivocada, mamá. Precisamente yo soy el único de nosotros que ha visto al verdadero Toshiro. Al despiadado y desalmado que tuvo los cojones de decirle a su primogénito que no merecía haber nacido bajo su apellido, que era débil y un estorbo en la vida de su hija, y al que le importó poco donde terminara después de echarle sin nada. Basta con que no hagas lo que él dice y no sirves más. Temo mucho por tu seguridad y la de Natzu -

Hubo un silencio entre ambos, en el cual pude escuchar a un grupo de niños jugar en uno de los jardines de los vecinos, lo cual hasta cierto punto me hizo relajarme un poco. - Él no es la persona que crees conocer, mi niño. Toshiro ama mucho a su familia, aunque no es un hombre demasiado expresivo emocionalmente, y siempre hace todo lo que está en su alcance para protegerla. ¿Acaso a tu hermana le ha hecho algo malo? - dijo en esta ocasión sin dudar ni un segundo sus palabras. Suspiré pesadamente, no por molestia o ira, sino con un aire de decepción muy en lo profundo de mi ser. - Aún no le ha hecho algo malo. Y si lo que dices fuera cierto, ¿entonces como explicas lo que me pasó a mí, mamá? ¿Qué hice mal para merecer el desprecio y el rechazo? Explicámelo, por favor - le reté con aquel cuestionamiento mientras le miraba a los ojos. Por supuesto que no tenía una respuesta para ello, pero aun así dejé que pasara un tiempo antes de volver a hablar.

- No te digo esto para ponerte en su contra. Te lo digo para que puedas estar prevenida antes de que ocurra algo realmente malo para ti o para Natzu. Sé precisamente de lo que hablo, y lo sabes muy bien. Toshiro es un desgraciado que no tiene alma, y no quiero que mis seres queridos sufran por su culpa - finalicé la conversación con esas palabras, justo para darme la vuelta y caminar hacia la puerta de cristal. Aunque antes, me detuve a un par de pasos de la misma y agregué con firmeza - Por cierto, mi padre me abandonó a los trece años y nunca más apareció en mi vida. Simplemente se murió -. Dicho aquello, abrí el ventanal y entré de nuevo a la sala, dejándome acobijar por la dulce melodía que mi hermanita aún tocaba en el piano. Verle sonreir y ejecutar música de esa manera solo me provocaba tener deseos de protegerle de aquel hijo de puta, a toda costa.

Solo espero que mi madre lo comprenda muy pronto también...



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