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Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

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Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Miér Oct 11, 2017 6:31 pm

Henos aquí a mi hermana menor y a mi, el veinticinco de agosto, en un avión con destino a Londres, Inglaterra. Si era cierto que en mis vacaciones de cuatro meses estuve en la ciudad cuna de la familia Parrish, de la cual provenía mi madre, también es cierto que me olvidé de visitar a mis abuelos en esa ocasión. Como Alan y Sarah se enteraran, me lloverían coscorrones todo el plazo de los cinco días que estaríamos lejos de casa... Claro que adoraba a mis abuelos maternos, al punto que eran de las pocas personas con las que me llevaba de maravilla desde que tengo uso de razón. Pero no estoy seguro de porque no pasé por su casa esos días...

Miré al asiento contiguo al mío, en donde Natzu estaba sentada con cierta sonrisa en sus labios. - Así que se te antojó venir a ver a los abuelos en este cumpleaños. Creo que la vejez empieza a hacer efecto en ti, y ahora estás más nostálgica que nunca. Eso pasa cuando llegas a los veinte años - dije con sorna, chinchándole un poco a la rubia. Honestamente hasta yo mismo tenía ganas de verles, después de todo, siempre me llenaron de cariño en nuestros dispersos viajes a su hogar. Menos cuando me comportaba mal, y allí los coscorrones eran la muestra de afecto favorito...

Llegó el momento de aterrizar en el aeropuerto de destino, y en cuestión de varios minutos rápidos estuvimos en tierra y fuera del pájaro metálico. Creo que Natzu mencionó antes de hacer el viaje que había hablado con los abuelos para avisarles de nuestra hora de llegada precisa, así que no pensé demasiado en que haríamos para movilizarnos hasta su hogar. - Supongo que tomaremos un taxi hasta su casa. No tengo deseos de dar vueltas en el metro de la ciudad. Es un coñazo eso - declaré mientras tomábamos nuestro equipaje y nos dirigíamos hacia la salida del aeropuerto. ¡Vaya sorpresa tuvimos al ver a Alan en la zona de espera de los pasajeros en llegada!

Con una sonrisa enternecida, y casi diría que un brillo emocional en los ojos, abrió sus brazos para darnos un gran abrazo a nosotros. La jóven rubia se acercó con prisa al hombre mayor, y pude observar la alegría en el rostro de ambos mientras caminaba hacia ellos con paso tranquilo. - Hola abuelo, cuanto tiempo sin vernos - dije en tono suave pero divertido. - Hola Hiro. ¡Como has crecido en el último año! ¡Ven aquí! - escuché de sus labios, y por supuesto obedecí y le regalé un cálido abrazo. Y tras separarnos, él colocó cada mano en uno de nuestros hombros, alternando la mirada entre Natzu y mi persona. - Es bonito volver a verles después de tanto tiempo. Sé que tienen sus vidas en Francia, pero no se olviden de Sarah y de mi, y vengan más seguido. Casi ni les reconocí con lo adultos que se ven - expresó sin perder ni un momento la curva de sus labios, diría que con cierto aire de melancolía entre toda la felicidad que dislumbraba. - Vamos abuelo, no es el momento de ponerse así. Además, no te vendría mal ir de vez en cuando a visitarnos a Sweet Valley para unas vacaciones, ¡eh! - respondí con aire divertido y de pillín, cosa que obviamente hizo que riera al escucharme. - Solo espero que no me vayas a cobrar por entrar a tu bar a tomar algunos tragos - añadió el pícaro hombre de cabellera canosa y ojos verdes.

Después de un leve momento en el que vio el gran reloj del aeropuerto, nos dijo con serenidad - Vayamos a casa, pequeñines. Su abuela está ansiosa por verles. Incluso preparó su más famoso postre, una rica tarta de manzanas, solo para ustedes. Pero no olviden darle un trozo a este pobre anciano -. Lo último lo dijo con picardía y una risilla de niño travieso. Como todo buen Parrish en nuestra familia, tenía buen gusto por los dulces y los postres. No por algo fue uno de los presidentes de la famosa empresa familiar "Parrish Chocolate & Candy Factory". - Vale abuelo. Robaremos un trozo solo para ti - respondí cómplice, y entonces los tres salimos del aeropuerto para ir al aparcamiento del mismo.

Cuando de repente dijo - Metan sus cosas en el maletero -, observé bien el coche que le pertenecía. - ¡Pero que demonios! ¡Es un Rolls Royce! - exclamé al ver semejante automóvil costoso. - ¡No digas groserías, Hiroshi! - se quejó el mayor de inmediato. Demonios, había olvidado como detestaban mi forma normal de hablar. Tendría que moderarme frente a los abuelos, por suerte solo sería por unos días la censura. - ¿Qué pasó con el BMW Serie 7 que compraste hace dos años? - pregunté curioso mientras guardaba mi pequeña maleta en el portaequipajes. - Bueno, era algo aburrido de conducir, así que lo vendí y me compré este la navidad pasada. ¡A qué es una preciosura! - respondió con alegría, y por cojones, ¡claro que lo era! Es un puto Rolls-Royce Ghost 2009, ¡que cuesta cerca de trescientos mil euros!. El anterior costaba un tercio de ese precio... - Si, es toda una belleza - no pude negar su afirmación. Tendría que estar loco para hacerlo...

El momento que levanté la maleta de Natzu para meterla en el portaequipajes casi me da una hernia, e impulsivo dije en tono de queja - ¡Demonios, Natzu! ¿¡Qué carajo le has metido a la maleta!? ¿¡Piedras!? -. Y casi de inmediato sentí un coscorrón que me hizo exclamar - ¡Auh! -. Miré hacia mi derecha y allí estaba el culpable. - ¡Te dije que no dijeras palabrotas, Hiroshi! -. Serían días muy largos en Londres...

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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Miér Oct 11, 2017 10:00 pm

Por mi cumple este año me pareció una idea estupenda que mi hermano y yo visitáramos a nuestros abuelos, que vivían en Londres, asique unos días antes de la fecha tan especial partimos en avión hacia Inglaterra. Además no iban a ser unos días especiales para mi... Hiro tendría una sorpresaza allí y no quería perderme su cara al ver su reacción.

- Oh vamos, si estás deseando llegar a tierra firme tú también para ver a los abuelos. ¡Ojalá haya pastel de manzana recién hecho!

Total que al llegar me pareció bien la idea de ir en taxi, pero cambió toda por completo después de escuchar una voz llamándonos desde lejos ¡Tendríamos un adorable chofer a nuestro servicio!

- ¡Hola abuelo! -Le abracé fuerte -¡que gusto me da volver a verte!

Que lindo era vernos a los tres juntos, sobre todo a mi hermanito mayor tan contento. Aunque el abuelo Alan se puso por un momento sentimental y casi me pega a mi ese sentimiento si no llega a ser porque Hiro le quitó importancia al tema, pues era hora de sonreír y no de otra cosa. ¡Anunció que había tarta de manzana! iba a zamparme un buen trozo al llegar.

- ¡Ni que fuéramos a comernos toda al llegar, que no estamos muertos de hambre! Que no quiero que la abu y tu hagan drama por nuestra alimentación nada más llegar. Además seguro nos mandarán al dentista antes de regresarnos a Francia.

Seguro que la abu se ponía a preguntarnos qué que desayunamos, comemos y cenamos normalmente... y nos consentiría con rica comida casera que nos haría reventar si repetíamos plato y alguno que otro dulce. Cuando fuimos hacia el coche nos encontramos que lo habían cambiado de nuevo, esta vez por un cochazo de reyes...  que le pediría si me lo dejaba conducir un rato, que lo más seguro no me deje ni en sueños. Tarareaba una canción y le pasé el mango de mi maleta a Hiro para que lo metiera en el maletero del coche, pero se me vino un aluvión de drama encima cuando cogió mi pesada maleta.

- ¡Abuelo, Hiro se está metiendo conmigo! -Y coscorrón que voló a la cabeza de mi hermano, por eso y por decir su típico "carajo". Me daba a mi que iba a tener que tragarse la lengua para no decir malas palabras estos cinco días... Subimos los tres al coche, nosotros dos atrás y el abuelo Alan de conductor. Cuando nos pusimos el cinturón de seguridad me acerqué a mi hermano para hablar en voz baja. Mi abuelo estaba más sordo que una tapia de un oído y no nos podría escuchar tan fácilmente- Menos mal que no se enteró de que no viniste a verle cuando hiciste tu famoso tour de cuatro meses de duración... Si no los coscorrones volarán hacia tu cabeza sin cesar.

La mala suerte para nosotros fue que el abuelo lo escuchó todo porque se había comprado un sonotone. ¡La que iban a liar al llegar a la casa por no venir de visita! En el viaje hacia el hogar de nuestros abuelos por lo menos la cosa se relajó y empezaron a hablar de coches. Para hacer la conversión más divertida se me ocurrió decir que mi coche era mejor que el Rolls Royce y ambos me trataron de loca por un rato. Cuando estábamos doblando la esquina de la calle pudimos ver a la mujer que tanto nos malcriaba con dulces y chocolate cuando eramos pequeños. Abrí la ventanilla y grité saludándola con la mano.

- ¡¡Abueeeeeeeeee!!-Casi de un brinco salí del coche dejando a Hiro atrás y fui corriendo a darle un abrazo a la única abuela que conocí. - ¡Te extrañamos mucho!

Que nostalgia me daba su olor y su voz, me sentía como una niña en esos momentos.

- Y yo a ti mi mujercita ¡Cuanto te pareces a tu madre cuando era joven! -Nos separamos y me besó la mejilla con cariño, después hizo lo mismo con mi hermano- ¡Pero ustedes dos no me llaman seguido! Y yo que tengo una cosa preparada para los dos.

- ¿La contraseña del WiFi de la casa? -Y me voló un coscorrón firmado del abuelo, que estaba detrás de mi en ese momento- ¡Auh, auh! ¡Que era un broma! -Y ya estaban dando la turrita de "Estos jovenes de hoy en día..." - Es tu pastel especial de manzana, nos lo ha chivado el abuelo.

Metí en un problema a su esposo por revelarnos el secreto, eso seguro porque se puso a darle un pequeño regaño. Hiro me pasó mi maleta y pasamos los cuatro dentro de la casaza. Lo primero que hice fue fijarme en el lindo piano al lado de las escaleras que dirigían a la parte superior de la vivienda. Subir con mi maleta al piso de arriba donde estaban las habitaciones hubiera sido un problema si no la subían entre los dos hombres ¡No había otra manera humana de hacerlo! Eso si, me llevé otra ronda de preguntas sobre qué tenía guardado en la maleta.

Aún me acordaba de cuál era mi habitación, cuando la abrí estaba totalmente cambiada, más juvenil en vez de tan aniñada. Me gustó la colcha blanca con motivos violetas... Solo había un problema que justo estaba en una de las mesillas... Unas flores moradas falsas, que combinaban con el color de la colcha.

- Flores de plástico... Si las viera Clay las tiraría por la ventana

Murmuré divertida dejando la maleta a un lado y salí nuevamente, bajando las escaleras dando saltitos como una niña. Fui hacia la cocina y allí estaba mi abuela cortando un par de trozos de tarta de manzana. Fuimos al salón donde me senté en uno de los sofás color crema y me sirvió un la mesa de madera oscura un platillo con la tarta y una taza de té mientras que mi hermano no regresaba.

- Gracias abu. -Me crucé de piernas con elegancia y tomé el tenedor para desmenuzar un trocito y me lo metí en la boca... Dios que delicioso- Nunca probaré una tarta de manzana igual abu, ni aunque la hiciera yo misma ¡Pero que delicia! ¿A que sí Hiro?

Bebí un sorbito de té viendo como se iba a la cocina, seguramente a prepararle a mi hermano un festín igual que el mio. Radiografié desde allí dónde tenían el modem, pero parecía ser que no estaba en el salón o lo habían escondido para reírse un rato de mi. Ya quería decirle a Ed que había llegado, pero el matrimonio no soltaba prenda de cual era la contraseña del WiFi...

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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai el Jue Oct 12, 2017 11:02 pm

¡Enana rubia malagradecida! Solo intenté ayudar con su jodida maleta, y viene a chivarme con el abuelo que ando diciendo cosas "malas". - Como vuelvas a acusarme así, te daré un coscorrón, mocosa - le dije entre dientes mientras continuaba la lucha con el pesado equipaje. Por suerte tenía fuerza y metí a Godzilla en el maletero sin hacer ningún desastre, o el viejo me mataba si le hacía un solo rayón a su precioso coche de trescientos mil euros...

Finalmente subimos al Rolls y salimos del aeropuerto, con nuestro abuelo al volante y nosotros dos en el asiento trasero. Cuando mi hermana llamó mi atención, me acerqué para escuchar lo que casi me estaba susurrando. Claro que, se le ocurrió revelar que estuve aquí en mi viaje de vacaciones y no visité a nuestros familiares, y para mi endemoniada suerte, Alan se había comprado un aparato para mejorar la audición y pilló cada sílaba en detalle. - ¡Hiroshi! ¿¡Cómo es eso de que estuviste en Londres y no viniste a vernos a tu abuela y a mi!? - se quejó el hombre mayor mirando al retrovisor. Bueno, ya que el regaño me vendría igual, me hice el sabiondo y respondí - Veo que al fin te compraste el auricular para el oído, abuelo. Seguro disfrutas mucho de los chismes del barrio -. Por supuesto, no le gustó el chiste - Cuando lleguemos a casa, verás las estrellas con el coscorrón que te daré - declaró. Yo solo esperara que no se hubiese hecho un implante de memoria y se olvidara de esa promesa...

Intenté distraerle el resto del viaje a su casa sacando el tema de los coches, y hablando de cosas típicas como prestaciones y potenciales de diversos modelos. Al menos eso lo tranquilizó un poco... Pero mi suerte estaba echada al estar aparcados finalmente en el garaje, pues si mi abuela se enteraba de todo, me daría unos buenos escobazos... Bajé del coche después de ver correr a Natzu en dirección a la mujer mayor, y me acerqué a paso tranquilo con una sonrisa en los labios. - Hola abuela. Sigues tan hermosa como siempre, incluso diría que te ves más jóven - le saludé mientras ella me daba un beso en la mejilla. - Hiroshi, sigues igual de zalamero que siempre. ¿te estás comportando bien en Francia? - cuestionó la dulce mujer, más ignoré totalmente la pregunta por conveniencia. De todos modos, nos regañó por no llamarle más seguido, cosa que reconozco que soy pésimo para recordar...

Por suerte no me había ganado ningún coscorrón en todo el rato, y solo reí divertido al ver el que Natzu recibió. Claro que, la muy tramposa se vengó del abuelo tirándolo bajo el autobús, con solo revelar que nos dije prematuramente cual era la sorpresa. - Hay que ver que eres mala con la gente, rubita - le susurré tras lo ocurrido, prefiriendo ir al coche y sacar las maletas del mismo. Ya cuando todo se calmó, entramos a la acogedora casa en donde Alan y Sarah han vivido juntos casi una vida... Me traía recuerdos de todos los viajes que hicimos mamá, mi hermanita y yo a esta ciudad.

Bueno, era hora de subir nuestras cosas a las habitaciones que nos correspondían, y si, nuestros abuelos tenían cuartos en esa casa exclusivamente para nosotros. Les encantaba recibir nuestra visita, y nunca les vi con otra expresión más que alegría de tenernos en su hogar. ¿Y cómo subiría Natzu su maleta de media tonelada? ¡El estúpido de su hermano mayor le ayudaría!. - ¡En serio! ¿Qué traes aquí? ¿¡Todo tu armario!? - pregunté quejumbroso mientras hacía fuerza para subirla. Mi abuelo se acercó a darme una mano luego de verme sufrir mucho, y entre ambos la dejamos en el tercer piso luego de obtener un par de hernias. Por lo menos la rubia tuvo la consideración de subir mi maleta pequeña...

Entré a la habitación que siempre utilizaba, y que ahora mi familia había pintado de color gris. La cama tenía una colcha color blanca con diseños en gris oscuro, una que no recordaba haber visto anteriormente. Sin embargo, aún estaba allí una foto de mis abuelos, mamá, y nosotros los niños, todos abrazados, en un portarretrato plateado sobre la mesita de noche. Siempre adoré esa fotografía... Después de dejar la maleta a un lado de la cama, saqué de mi bolsillo el móvil y le hice una llamada rápida a mi novia Claire. - Hola Gatita... Si, ya estoy en casa de mis abuelos... ¿Cómo que desnuda?... Nunca haces eso cuando estoy allí... Venga, que cuando regrese lo probamos... Que si, que yo siempre me porto bien... Sueña con lo que hice anoche, ¡eh!... ¡Demonios!... Bye - dije al teléfono, solo haciendo las pausas cuando ella hablaba. Si no le llamaba de esa manera, me arriesgaba a quedarme sin sexo durante un par de meses...

Terminado ese asunto de suma importancia para mi vida sexual, salí de la habitación y bajé la escalera con destino hacia el salón. Sin embargo, me detuve en el segundo piso por un breve instante, observando la puerta cerrada de la recámara que normalmente ocuparía mamá si estuviera aquí. - Siete largos años sin verte... - me dije a mi mismo con aire melancólico y una sonrisa dulce en los labios. Sin pensar más en ello, bajé el resto de la escalera para ver sentadas en el sofá a Natzu y a nuestra abuela. Mi hermana justo me vio y me incluyó en su afirmación de que Sarah hacía las mejores tartas de manzana del mundo. - Para que negar que lo hemos intentado, abuela. Pero nunca llegaremos a tanta perfección. Tu tarta es insuperable - afirmé sonriente mientras me sentaba en el sofá, junto a la jóven rubia. - Años de práctica y mucho amor, mis pequeños. No por nada conquisté a su abuelo con mi tarta - dijo sonriendo de oreja a oreja mientras caminaba hacia la cocina.

Me arrecosté cómodamente en el amplio sofá, y dije a mi hermana con cierto aire divertido - Bueno, las cosas parecen haber cambiado poco por aquí desde la última vez que vinimos, hace como dos años y medio. Es... agradable eso, ¿no crees? -. No es que estuviera en contra del cambio, pero esta casa formaba parte importante de mis recuerdos más agradables, y la nostalgia hablaba por mi en esos instantes. En eso apareció la abuela con un trozo de tarta de manzana y una taza de té para mi. - Como sé que te gusta el café, te preparé un té negro - mencionó en ese tono dulce que te acurrucaba suavemente. - Gracias abuela. Tu si que me conoces - respondí alegre, tomando la taza entre mis manos y dándole un sorbo al líquido oscuro. Estaba delicioso.

No me perdería tampoco la sabrosa tarta, así que no perdí el tiempo y corté un trozo con el tenedor. La explosión de gustos en mi paladar fue tan poderosa que me llevó incluso a mi infancia, en esos primeros momentos en los que degusté tan delicioso dulce por primera vez. - Tan increible la tarta como siempre - dije en tono casi infantil, pero como culparme de ello si estaba reviviendo momentos de felicidad en los recovecos de mi mente. De repente vi al abuelo bajar por las escaleras, quien se me había perdido luego de ayudarme a subir la maleta de la rubia. - ¿Dónde estabas abuelo? Casi me acabo la tarta entera mientras te esperaba - dije en tono travieso, y por supuesto que me miró achicando los ojos y respondió - Como no me dejes tarta, muchacho, tendrás que volver a Francia con cién coscorrones en la cabeza -

El ambiente era tan alegre que sin pensarlo me levanté y caminé hacia el precioso piano. Tomé asiento y toqué algunas teclas para probar su sonido. Estaba perfectamente afinado, como lo esperaba. - Creo que nuestra merienda necesita un poco de música - afirmé con tono tranquilo y alegre. Sin decir más en ese instante, empecé a tocar un cover de piano de la canción favorita de mi abuela Sarah: "My way" de Frank Sinatra. Después de la introducción, llamé a mi hermana menor - Venga Natzu. Canta mientras yo toco -. Ella se negó totalmente a seguirme, así que solo declaré - Lo lamento, pero la cantante parece tener vergüenza y pánico escénico. Así que solo será el piano por ahora -

Tan solo ejecuté la composición totalmente concentrado en las teclas y el sonido del instrumento de madera. El estar sentado aquí, frente a este piano, el recuerdo de mi madre a mi lado enseñándome esta precisa canción, su sonrisa con cada progreso que hacía. Sonreía pacíficamente en ese instante, y dulcemente pulsaba cada tecla necesaria para que el sonido continuara navegando el salón. Era curioso como el hacer música calmaba mi alma rebelde, y tan solo seguí adelante hasta terminar la canción, en mi propio mundo.

Música que toca Hiro:



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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Natzumi Anzai el Vie Oct 13, 2017 2:56 pm

A Hiroshi no le pasó inadvertido el hecho de que nuestro abuelo se desapareció de la nada por un buen rato... La diferencia era que yo sabía la razón de su oportuna ausencia. Disimulé haciéndome la que no sabía nada, comiendo el último trozo de pastel que me quedaba en el plato.

- Pues abuelo, si abu va a hacer más pasteles de manzana estos cinco días tarde o temprano misteriosamente vas a quedarte sin pastel alguna vez... -Dije riendo con travesura después. - Yo solo te advierto. -Después de que Hiro me comentara sobre que había pocos cambios desde la última vez que vinimos le respondí torciendo un poco la boca- Les daría alguna idea de decoración, la verdad... Pero no le digas a la abue que a ella le encanta su casa así.

Rápidamente la señora le trajo té negro, mientras que el mio era del verde que la verdad me gustaba más que el suyo. Mi hermano estaba tan animado y feliz que le apeteció regalar a nuestros oídos una muestra de su talento con el piano. Fuimos los cuatro hacia el hermoso instrumento y se sentó en la banqueta. Yo me quedé de pie al lado, mirando a Hiro negando con la cabeza cuando me dijo que cantara la canción a la vez que él ponía la música de fondo.

- ¡Nooo! Mejor les demuestras a todos tus habilidades - El pícaro abuelo sacó una cámara y comenzó a grabarnos, por el lado contrario a donde estábamos nosotros, pues quería captarnos a todos. Saludé a la cámara con una sonrisa divertida y mi abuela se puso a mi lado. - Otro día les deleito a todos con mi voz melodiosa.

Mi hermano estaba tocando de forma maravillosa... Y de repente en el punto intermedio de la melodía, alguien bajó por las escaleras de forma pausada y tranquila. Paró frente al piano admirando al pianista, que iba tan concentrado que no se daba cuenta quién hizo acto de presencia: nuestra mamá, a la que no veía en siete años. Mamá le puso un dedo suavemente en la barbilla para subirle la cabeza y la mirara, sonriendo con ternura.

Escuché a mi abue haciendo un ruido bajito, y es que no pudo evitar emocionarse con esa escena tan preciosa entre madre e hijo y estaba reprimiendo las lágrimas, pero sonreía.

- Ay abue no llores.

El abuelo se acercó a ella, me entregó la cámara y le limpió las lágrimas a su esposa, abrazándola a continuación. Mamá habló con la típica sonrisa tierna con la que nos miraba a los dos desde pequeños.

- No tienes que esperar más por mi, cielo mio... Ya estoy aquí contigo. -Acarició su mejilla con delicadeza y dulzura- Que grande estás, ya eres todo un hombre mi muchacho.

Por mi parte sonreía alegre grabando el reencuentro deseando ver la reacción de mi hermano.
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Re: Viaje a Londres: Un cumpleaños sorpresivo [Privado]

Mensaje por Hiroshi Anzai Ayer a las 7:04 pm

Allí estaba, inmerso en las dulces notas del hermoso instrumento que me apasionaba y que, aunque solo practicara ocasionalmente, me gustaba mostrar mis emociones a través del mismo. ¿Cuál era el sentimiento con el que ejecutaba en aquel instante? El cariño que le tenía a mis abuelos, quienes eran incluso más cercanos a mi desde mi arribo a Europa. Si bien cuando mi vida se acomodó ya no hablábamos tan seguido, fueron fundamentales para mantener parte de mi sanidad intacta en mi solitaria estadía en Sweet Valley.

Pero, aún no acababa de tocar mi canción cuando sentí como alguien ponía su dedo en mi mentón y me alzaba el rostro, forzándome a mirarle a los ojos. Mis dedos fallaron la siguiente nota que proseguía gracias a la impresión de ver aquella mirada zafiro, y detuve en seco mi acto. Su voz, suave y melódica, era inconfundible, pues en mi alma siempre quedó grabado ese tono angelical. ¿Acaso estaba soñando? ¿En verdad es la mujer que me trajo al mundo? Era imposible confundir ese cabello lacio y dorado, y esa sonrisa llena de años de recuerdos...

La mujer acarició mi mejilla con una dulzura incomparable, y por instinto alcé mi mano y busqué tocar ese rostro tan hermoso, y al sentir su suave piel de la misma manera que ella lo hizo, algunas lágrimas se escaparon de mis ojos. Instantaneamente me levanté de mi asiento y le abracé con firmeza. Era mi madre, la única otra persona en la familia Anzai aparte de mi hermana a quien quería con todo mi corazón. ¡No me lo puedo creer!. - Mamá... Te extrañé mucho... Yo... Quería verte con tantas ganas... Mamá... Te quiero mucho... - mi mente no coordinaba una frase más completa que esas palabras en ese instante, y creo que mi tono de voz hizo algo difícil aquella labor, por lo quebrado que sonaba. Mierda, ¡me siento tan feliz! ¿¡Pero por qué demonios estoy llorando!?



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