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Not so fond of flowers, indeed.

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Not so fond of flowers, indeed.

Mensaje por Goro Akechi el Miér Sep 27, 2017 6:09 am

Consideraba que no habría de resultar una sorpresa para ninguno de sus escasos conocidos que una parte de sus actividades predilectas era dedicarse tiempo a cultivar su imagen pública. Era una constante en Japón que no pasó desapercibida por sus grupos de fans, y mucho menos por las entrevistas de televisión: todo el mundo debía saber que el Ace Detective era más que un joven prodigio en la deducción. Uno de los tantos factores que ayudaban a mantener su imagen y encanto personal eran las horas que pasaba recolectando temas de conversación, más allá de una colección erudita en literatura, era mucho más sencillo apostar por las cosas sencillas y que llamaban la atención de la multitud. La comida, por ejemplo, solía ser de interés general más allá del campo gourmet, por todos aquellos aficionados que respetaban la imagen pintoresca de un catador de vinos o un crítico elegante. Después de todo, la gente solía amontonarse en cualquier restaurante que recibiera una buena calificación en alguna revista importante, fueran capaces de apreciar el delicado sabor de la comida o no. Su trabajo sólo constaban de estar allí primero que los demás, adueñarse de todas las referencias posibles para hacer relucir su conocimiento a futuro. No se trababa de una tarea particularmente difícil, que significara mucho esfuerzo físico o cerebral, pero le costaba una considerable cantidad de horas mantenerse siempre a la vanguardia en un campo voluble.

La verdad es que ni siquiera tenía un interés personal por la mayoría de esos lugares, en ese sentido, el café de LeBlanc era todo lo que necesitaban sus papilas gustativas para ser felices. Sin embargo, él apreciaba el sentido de practicidad por sobre todo lo demás, incluso sus propias preferencias. E incluso cuando no era completamente necesario, ni siquiera tenía que preocuparse por cuidar de una imagen pública con pulcritud inmaculada, era una costumbre difícil de matar: ¿qué daño podía hacer deleitarse con la comida francesa y presumir al respecto? Podría considerarse un desperdicio residir en el país europeo sin la oportunidad de degustar su reconocida cocina, aunque para él mismo no significara nada más que la excusa con la que se convenció de ir a comer pancakes esa mañana. El tiempo libre tenía la capacidad de volver a cualquier individuo en un ocioso, aparentemente. No es que él tuviera algo mucho mejor que hacer. Sin Akira alrededor en el departamento, tenía la mala costumbre de aburrirse en soledad, dado que no era especialmente aficionado al resto de individuos que el otro consideraba aptos para compañía (un gusto lamentable, a su parecer). Así que, por mucho que no se tratara más de su trabajo, no era una costumbre completamente desagradable y satisfacía al menos un poco su antigua necesidad de atención. Como agregado, no podía negar que el sabor dulce de los pancakes era atractivo.

Así que no necesitó más incentivo. Luego de una breve búsqueda en internet, leyendo algunas referencias, se enteró de una promoción en estreno que se veía lo suficiente decente para cumplir la función. Se trataba de una pintoresca cafetería en el corazón del área comercial de la ciudad; que tal como se veía, se especializaba en cosas dulces y desayunos con alto contenido azucarado. Por supuesto, se preocupó de arreglarse apropiadamente para la ocasión, aunque siempre salía de casa sin ningún cabello fuera de lugar. No le tomó más de media hora llegar al lugar, encontrándose con la deliciosa sorpresa de que apenas estaban abriendo la tienda (no es que hubiera coordinado su viaje con el horario de la cafetería antes de partir, no), así que el placer de ser el primer cliente haciendo uso de la promoción era sólo un agregado extra a su lista de satisfacciones del día. Excepto, que no lo era. Se detuvo a medio camino tras pasar la puerta, encontrándose con la figura menuda de una niña rubia justo enfrente del mesón de los dulces, aparentemente su pequeña victoria robada por un infante que ni siquiera tendría la edad suficiente para salir solo. Forzó una sonrisa, manteniendo la máscara de perfecta cortesía en su lugar, por la costumbre y el hecho de hallarse en un lugar público—. ¿No es un poco temprano para que los niños desayunen sin sus padres? —su voz era demasiado suave para sonar agresiva, pero de todas formas acompañó el gesto con una simpática mirada de extrañeza y una sonrisa.

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Re: Not so fond of flowers, indeed.

Mensaje por Mary Guertena el Jue Oct 12, 2017 9:33 am

El infante de extenso cabello dorado sabía de la locación de un lugar en especifico que se tomaría el deber de cumplir sus caprichosos deseos por degustar de algo dulce, esperando que entre la extensión de los platillos que ofrecieran se encontrase con algo tremendamente empalagoso, y que si no era de chocolate que al menos lo llevase en honor de su novio que por una u otra razón no podría acompañarle. Él tendría una excusa infalible para no estar presente, una queja similar al de "no ser éstas las horas para encontrarse despierto y mucho menos levantado": Era temprano, lo suficiente para ser ella la primera en encontrarse esperando impacientemente a que los trabajadores terminasen de abrir la tienda por completo, y como claro sentían el deber moral de no dejarla afuera en lo que aún cerciorasen que todo estuviese en su sitio e impecable, un vistazo a revisar que el panorama no fuera caótico para seguido dirigirle unas disculpas de antemano a la pequeña dama flor si es que acaso veía algo que la descolocase, siendo que ellos como el turno matutino no podrían estar seguros de que el turno vespertino no hiciera enteramente bien su trabajo. Por supuesto que a Mary le importó un bledo las excusas baratas, el sitio se veía decente y eso era suficiente, aún con las advertencias prefería entrar ya antes de que tuvieran el atrevimiento de mantenerla fuera en el fresco que suelen poseer las madrugadas.

Su pequeña estadía allí que tomaría no sólo como punto de parada y nada más, sino comer en el mismo establecimiento, sabía que al finalizar forzosamente debería de llevarse algo para llevar y en el producto que seleccionase sí tendría que ser cuidadosa en que efectivamente sí fuese de chocolate y además cubierto de jarabe y chispas dé, porque nunca era demasiado de aquella delicia si se trataba de Chara. Se posó en frente del cristal y observó la variedad con ejemplos visuales de lo que ya pudiese consumir si daba la orden y el efectivo. Sonreía sin mostrar sus dientes, estaba bastante complacida con el simple hecho de tan sólo mirar a los desvergonzados, ser tan antojable y bonito de ver debía ser ilegal. Casi estaba a punto por decantarse a elegir por medio del poderoso método del azar al apuntar mientras cubriera sus ojos (aún si los iba a cerrar, como prevención graciosamente auto-impuesta para evitar hacer trampa, una poco eficaz realmente), sin embargo llamó su atención que se dirigían precisamente a ella, siendo muy seguramente la única excesivamente menor de edad en el local que pudiese recibir la denominación de niña—. ¿Y no es un poco temprano para que la gente esté metiéndose en asuntos que no le importan? —en reflejo respondió, sin pensarlo demasiado ni darle muchas vueltas a la situación en la que sí tenía la capacidad para ser más amable si lo intentase, incluso aún sin siquiera haberse girado todavía por completo y elevar su mentón para encontrarse con... ¡¿CHARA?!

La irritabilidad de la respuesta que poseía un ceño fruncido instantáneo se suavizó con la misma rapidez. Ahora se encontraba entre la confusión, sorpresa y un tanto de felicidad. Estaba manejando muchas emociones en ese pequeño momento del cual se trataba solamente mirar a un sujeto, y seguro que eso no era extraño si es que le gustase de alguna forma pero sabía que no era el caso al no ser su novio con problemas muy característicos, pero de momento sí creyó que era él por muy estúpido que sonase al razonarlo. Veamos, primero: Chara es más bajito que ella. Mary cerró su boca a la que poco le faltaba para que se le cayera la saliva o entrase casual una mosca a pasar el rato (o bien eso podría parecer una posibilidad), y seguido optó por realizar "lo obvio". Sin ninguna clase de preocupación por lo mal que se viera eso y aprovechándose de ser un infante, fue que comparó con su mano, subiéndola y bajándola para evaluar la escala en la que se supondría se encontraría Chara y ese nuevo Chara crecido—. Mmh —actos tan simplones y directos le estaban ocasionando sentirse como un Sherlock Holmes aún si estuviera muy lejos de ser el caso, estando más cerca al ser sólo otro niño incomodo más, ¡pero! Agh. Debía de proseguir, el segundo punto era que... Bien, de momento no encontraba otras diferencias tan obvias como lo era la primera, así que se veía obligada a preguntarle—: ¿Cómo has hecho para crecer tanto en tan poco tiempo? ¿Al fin has encontrado alguna magía negra? Tal vez el laboratorio de Sans... —aunque inició con sus preguntas decididas, comenzó a bajar su voz cuando ella misma se empezó a dar ideas imposibles en caso de verdad ser eso posible, porque muy de momento al diablo con la lógica—. ¡¿Y no crees que te pasaste un poco?! —se recuperó rápido de sus teorías express para brindarle aquella cuestión que hacía de función también como queja, al fin de cuentas si era su chocolatoso novio, pues ahora le sacaba más de una cabeza y todo se vería un poco ilegal, ¡Oh! Eso también, se veía mayor... ¡¿Envejeció?! Bueno, su lista de dudas y de cómo llenaría al detective con tales solamente iban en aumento si el contrario no se apresuraba.

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Re: Not so fond of flowers, indeed.

Mensaje por Goro Akechi el Dom Oct 29, 2017 6:12 am

En realidad, quizá podría tener un poco más del tiempo libre del que estaba acostumbrado desde que salió de Japón. En consideración de la reducción de sus actividades, el cercano término de la educación primaria y apenas su trabajo de detective a modo de hobby, no le resultaba una sorpresa que uno de sus demás pasatiempos hubiera acabado afuera de una cafetería, madrugando para obtener una promoción especial de pancakes. No, la situación no se le hacía tan ridícula como debería, después de todo, no había nada de malo en concederse algo de auto-indulgencia y disfrutar de su desayuno favorito en paz, sin nadie indeseable que le molestara (no es que Akira ni siquiera tuviera tiempo para venir, no hubiera pensando en invitarlo de todas formas [?]). Definitivamente, tiempo para sí mismo. Eso era todo lo que necesitaba. Tampoco es que se hubiera esforzado en llegar más temprano de lo necesario para estar precisamente al instante en que el local en cuestión abriera sus puertas a los clientes. No era importante ser el primero en probar la nueva promoción sólo por el gusto de hacerlo, no hay mérito en lo que habría sucedido por mera casualidad. Así que resultaba lógico razonar que tampoco significaba una pérdida cuando no había sido el primer individuo en entrar en la cafetería esa mañana, sino una niña pequeña de cabello rubio que parecía muy entretenida con su tarea de admirar los dulces del aparador. Se iba a convencer lo suficiente para que su sonrisa saliera convincente al hablarle, después de todo, y con testigos alrededor, reclamarle a un infante desconocido resultaría inapropiado a muchos niveles.

Sin embargo, iba a admitir, tampoco se esperaba de regreso una respuesta tan... agresiva, casi como si hubiera usado el mismo trato mordaz para dirigirse a ella en lugar de la amigable cortesía encantadora a la que las personas solían responder mejor. Suponía que podía hacer una excepción con algunos niños, reprochándose no haber sopesado la posibilidad de encontrarse con un ejemplar simplemente grosero. Lo que resultaría una lástima, pues aquella chiquilla parecía una versión diminuta de una dama elegante—. Entiendo tu punto. Pero debes admitir que es un tanto inusual —claramente, no iba a disculparse, pero mantenía firme su voluntad de no regresarle el mismo trato reprochable, al menos mientras mantuviera su compostura bajo control. Además, no estaba haciendo nada malo, era sólo una pregunta sin ningún ánimo de ofender. Suponía que allí iba a zanjarse todo el asunto, cuando la pequeña en cuestión se volteó para dirigirle la clásica mirada aristocrática del desprecio por los campesinos ordinarios, pero en su lugar, su expresión se había teñido con algo similar a ¿asombro? Hasta el punto que una mueca de extrañeza se instaló en sus propias facciones, tan pronto la pequeña rubia abandonó la actitud hostil para cambiar a hablarle directamente, en su mayoría frases inconexas. ¿Se estaba perdiendo de algo? ¿O sólo se trataba de un infante grosero y con una imaginación particularmente activa? Era un poco temprano para tratar con niños así antes del desayuno. El hecho que le hablara como si le conociera era un tanto desconcertante.

Por lo tanto, la forma más fácil de salir de la situación era decantarse por la opción más plausible—. Creo que me estás confundiendo de persona —le volvió a ofrecer una sonrisa simpática, quizá un poco lastimera puesto que creía entender como una norma tratar a los niños con cierta condescendencia amable. A pesar de que se ese "creo" se trataba de una creencia absoluta, tampoco era aconsejable ser tan contundente con un ser que había demostrado en sus pocos segundos se interacción tornarse voluble. Lo mejor era evitar inmiscuirse más, pero, ¿no era un tanto cortante dejarle así como así? Sin olvidar que algunos de los trabajadores ya se habían fijado en ellos conversando, seguramente asumirían que estaba con la pequeña dama a esas alturas—. ¿Por qué no te apresuras a pedir? Estabas primero en la fila —y ese hecho no le desagradaba en lo más mínimo, su sonrisa no se agrietaría por un detalle tan minúsculo, pero tuvo que flectar las rodillas para dirigirse a ella sin la necesidad de ver hacia abajo—. ¡Oh! Tal vez podrías considerar los pancakes. He tenido buenas referencias —se jactó, no era lo suficientemente resistente para evitar presumir lo que había aprendido del local la noche anterior. Un consejo inofensivo y de buena fe.

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Re: Not so fond of flowers, indeed.

Mensaje por Mary Guertena el Vie Ene 26, 2018 2:26 am

¿Qué dudas fueron disipadas? ¡Ninguna! Nada de lo que preguntó obtuvo una respuesta decente, un fácil "te has equivocado" para cambiar rápido del tema, Mary tuvo que inflar sus mejillas acompañado de su ceño fruncido que ya se creía desaparecido, después de todo no la iba a engañar, aún si se veía un poco distinto en alguno que otro punto, suponía era natural si su altura y edad incrementaron dramáticamente de la nada, pero estaba segura de que no había visto a más Charas en la ciudad como para no saber que era él y que le estuviese diciendo que no. No le reclamó instantáneamente y nada más se mantuvo mirándole en silencio y con furia caprichosa hasta que volvió a dirigirle la palabra en la parte donde mencionaba adquirir pancakes y no algo que estuviese relacionado con el chocolate—. ¿Pancakes? —en borrón y cuenta nueva, ahora su expresión era la que esperabas de una criaturita de su escasa edad; viéndose inexperta y confundida acerca de lo que hablaba—. ¿Es que acaso tienen chocolate líquido encima en lugar de miel? —era una pregunta bastante específica, daba por sentado que debería tener algo relacionado a aquél producto o la orden no tenía mucho sentido para ella al conocer de su adicción bien marcada. Esperaba por una respuesta del mayor pero no se detuvo a que solamente él tuviera el trabajo de saber acerca de tecnicismos (aunque debería en ese caso), por lo que volteó rápidamente a dirigirse a varios de los personajes que allí trabajaban hasta que una se atrevió a responderle que "no exactamente, pero si así lo deseaba podía hacerse"—. Esto es muy sospechoso, ¿es que acaso Sans o Papyrus te dieron la idea? Es normal para ti pedir algo que directamente sea chocolate en su totalidad y no como un condimento que ni era seguro desde el principio.

Aún con sus dudas, pidió exactamente lo que le dijo que hiciera, que en realidad jamás fue una orden pero estaba actuando como si fuese el caso y sin olvidarse de que lo hicieran lo más chocolatoso posible que pudiese ser un pancake, sin dejar de dar gusto al paladar—. Y de tomar... —volteó nuevamente a ver al detective en busca de qué era lo que quería, sin embargo le espantaba que tal vez su nuevo cuerpo le hubiese cambiado esa clase de gustos y en lugar de que terminara de hablar para expresar su sentir de cuando menos lo que estaba sucediendo ahí, fuera-lo-que-fuera, pidió rápidamente una bebida que incluyese algo con chocolate también, porque no podía ser jamás un exceso para el niñito que conocía, aclarando después que si iba a ser algo que llevase leche que fuera estrictamente de almendra o cuando menos no de vaca, cabra o de alguna mujer mayor—. Ven, vamos a sentarnos —en estos momentos estaba muchísimo más alto que ella y era extraño, sumamente desproporcionado que en momentos si no le veía al rostro sentía que estaba con Garry o algún otro adulto desde el momento en que le tomó de su manita para guiarlo—. Descuida-descuida, te dejaré la orden pero me dejas probar para saber a qué te referías con lo anterior, acerca de si en verdad es bueno o no. Personalmente, creo que es mucho y te va a doler el estómago después, ¡pero! Tal vez con ese cuerpo sea diferente, no sé, ¿quieres que pasemos a comprar sangre de Junkomaeda Pepto Bismol o algo por el estilo? Por si acaso —su forma de hablarle tan libremente es porque se sentía muy en confianza estando ya sentada en frente de su supuesto novio crecido.

Cuando llegó la misma señorita que le había respondido hace rato con la orden que ahora resultaba ser del detective, a ella como suelen parecerle a algunas mujeres mayores y subnormales, le pareció sumamente tierna la escena que estaba viendo, tanto la niña-flor vestida cual muñeca con su acompañante que parecía un príncipe encantador. Todo bien de momento, Mary se estaba comportando aún si le estaba irritando un poco que le mirase de esa forma estúpida y soñadora como si ella fuera un maniquí en escaparate y no un cliente que acababa de comprar algo de su propia "billetera", pero cuando pasó a mirar al castaño de la misma forma fue deprisa que volvió a encenderse—. De momento ya no necesitamos nada, llamaremos a alguien cuando así se requiera. Así que... ¿Nos permites? —a diferencia de cómo le respondió al inicio al detective, esta vez fue bastante centrada pero era fácil notar que desprendía rabia ya que no era como el otro que ya tenía años de experiencia al intentar manejar su propia ira. La trabajadora se quedó paralizada unos momentos hasta que entendiera por fin que el cliente que le estaba diciendo algo que sonaba diplomático para seguir siendo un poco grosero, era esa misma cosita, pero no es como si fuera a quedarse desde un inicio por lo que pidió disculpas y se retiro—. Tsh, ¿viste eso? Ahora harás que no sólo haga llorar a las cosas babeadoras de nuestra edad, pero también a las que se ven así, como, ¡como tú en este instante! En serio, ¿qué hiciste? —en todo momento se había encontrado bastante desenfocada de ver en realidad de cara a cara al chico, pero ya que estaba todo tranquilo y podía verlo comer. Se sintió extraña, porque a pesar de que fuera él parecía la primera vez que se encontraban en persona y le estaba dando pena mirarlo directamente a los ojos—. Y... y...

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Re: Not so fond of flowers, indeed.

Mensaje por Goro Akechi el Jue Feb 22, 2018 11:02 pm

Por supuesto, entre los planes para su velada temprano ese día no estaba el encontrarse con una dama en miniatura que repentinamente le tratara como si fueran viejos conocidos. Claro que él estaba acostumbrado a esa clase de cambios de actitud en Japón, cuando aún poseía la reputación de Príncipe Detective y las personas eran capaces de reconocerlo, sin embargo, dudaba mucho que fuera el caso de la pequeña criatura que ahora le mirara como si se tratara de la versión crecida de alguien, a deducir por sus comentarios inconexos sobre la exagerada que era su altura. Era mucho más sencillo decantarse por decir que se había equivocado de persona, que se trataba de la verdad pura y lisa, pero aparentemente la obstinación de la pequeña rubia era suficiente para no creerle. ¿Tal vez podría sobornarla con comida para que le dejara en paz? Los dulces solían funcionar bastante bien en los niños, puntos extra por encontrarse precisamente en una cafetería especializadas en su platillo favorito. Pero la respuesta ante su propuesta inocente no se trató de lo esperado, sino que volvió a verle como si su comportamiento se tratara de una falla en la Matrix. Era extrañamente desconcertante la avidez con que continuaba su fantasía de conocerle. Y, al parecer, era posible agregarle más condimentos a los pancakes que simple miel. Un dato interesante para tener en cuenta a referencias futuras.

No sé de qué hablas, a mí siempre me han gustado los pancakes —por supuesto que necesitaba corregirle, no iba a permitir que un infante al azar pensara que sabía más de su persona que él mismo. Ni siquiera a Kurusu le daba ese beneficio (aunque tuviera la razón más veces de las que iba a admitir). Por lo menos, su sonrisa todavía no reflejaba del todo alguna incomodidad, no cuando apenas se tratara de un infante y técnicamente él aún fuera el adulto allí. Aunque claro, él tenía nada en contra del chocolate, en general disfrutando de los sabores azucarados, sólo no quería darle un punto a la pequeña. Un poco para su sorpresa, la dama en miniatura obedeció su consejo a pesar de evidentemente no encontrarse del todo convencida, incluso llegando al extremo de pedirse una bebida igualmente dulce que la salsa de desayuno, viéndole en todo momento como si consultara por su opinión. Afortunadamente, la orden fue hecha y se sentía como que cada quien era capaz de seguir con su camino, a excepción de que ni siquiera fue capaz de llegar al mesón a ordenar por sí mismo antes de que la misma niña en cuestión le diera la libertad se tomarle de la mano y dirigirlo hasta una de las mesas disponibles del local vacío. Claro que era ridículo ser jalado por un infante contra su voluntad, pero cualquier arranque de brusquedad sería juzgado duramente por el público en servicio, y hasta el momento su amabilidad no habían dado resultados—. Disculpa —su expresión fue un poco tensa, pero imaginaba que su sonrisa agradable lo cubriera lo suficiente para disimular—, ¿de qué estás hablando?

De todas formas habían terminado juntos en una mesa, aparentemente, con la orden servida que de forma extraña iría para él (una pequeña victoria: había terminado siendo el primer cliente, técnicamente hablando). Se sentía como la pequeña en cuestión le estaba consintiendo, y aquello más que resultar halagador, le hacía volver a pensar que la niña no tenía ni idea de con quién estaba hablando. Ni siquiera quería saber las implicaciones posteriores cuando efectivamente discierna su identidad. Pero hasta entonces, se sentía como un crimen desperdiciar un pancake en buen estado (definitivamente no lo estaba comiendo sólo porque se encontraba delicioso, incluso con el chocolate encima). No fue hasta después de aceptar la situación con un suspiro de resignación, totalmente necesario, y observar sin impresionarse el intercambio de la rubia con la pobre camarera que se dignó a volver a comentar algo, además del “no seas grosero con tus mayores” que francamente no le importaba suficiente para impartir—. Te dije que te equivocaste de persona —volvió a recalcar, aunque dándole una nueva mordida al trozo de dulce espeso servido en su plato, se sentía que era una declaración un tanto descarada si ya estaba consumiendo el “obsequio” que no le correspondía, de todas maneras no significaba ningún problema pagarle de regreso si ponía alguna clase de reclamo. Así que, con lentitud ceremonial, terminó de tragar su bocado, se acomodó un poco la corbata de su traje, y le volvió a ofrecer una de sus sonrisas patentadas de Príncipe Detective a la criatura que apenas podía verle a los ojos—. Mucho gusto, mi nombre es Goro Akechi.

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