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A risky leap? Challenge accepted. {Priv. Judai Yuki}

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A risky leap? Challenge accepted. {Priv. Judai Yuki}

Mensaje por Lynette Autumn el Vie Jun 30, 2017 8:07 am

Siete de la mañana. Bonita hora para estar despierta sin haber pegado ojo en toda la noche. ¡Pero es que no pudo resistirse! Había encontrado un fanfic tan bueno… que, por cierto, ahora mismo se había dispuesto a continuar mientras desayunaba. Era anormal que estuviera despierta tan temprano, pero tenía buenas razones para ello. Y se había dicho a sí misma que dormiría sus debidas ocho horas… hasta que ese malvado fanfic se puso en su camino y cuando se dio cuenta ya eran las seis de la madrugada y no había dormido nada. Así que a sabiendas de que igualmente tendría que levantarse temprano, había decidido que la decisión más inteligente era salir de la cama de una vez, aunque fuera casi arrastrándose. Con el cabello hecho un desastre y los ojos todavía entrecerrados, la imagen que el espejo le devolvió de su persona era tan deplorable que juraría que había superado a su hermano en cuanto al tamaño de sus ojeras—. Tan hermosa como siempre —se acomodó el cabello con vanidad, aunque todo su cuerpo se sintiera como si le hubieran pasado un tractor por encima. Pero no era nada que no pudiera arreglarse con una buena ducha.

Poco tiempo después se encontraba bajando las escaleras a la cocina, donde su abuelo ya estaba desayunando una humeante taza de café. Aunque no tenía mucho apetito, se preparó lo que creyó necesario para tener la suficiente energía y poder realizar todo lo que tenía en mente ese día. La voz de su hermano dando los buenos días la sacó de su ensimismamiento, concentrada como estaba en la lectura al punto que había olvidado comerse el pan que tenía en la boca—. ¿Hoy irán al parque que me comentaron? —oyó preguntar a su abuelo, y ella asumió que se dirigía a su hermano porque fue él quien respondió. Por su parte, decidió desconectar de la conversación entre los dos hombres y continuar con lo suyo. Justo estaba en la parte donde las cosas se resolvían cuando sintió que alguien le arrebataba la bebida energética que estaba a punto de verter en su café, salvándola de quitarse dos años de vida con ese potencial veneno—. ¡Oye! ¡Esas cosas no son baratas! —reclamó cuando vio que el chico tiraba el líquido en el fregadero sin ninguna consideración. Y así fue como tuvo que conformarse con un café bien cargado.

Afortunadamente para ella, el entusiasmo, el fanfic y la música sonando en sus oídos no le habían dado tiempo para adormilarse. Al menos no hasta que llevaban un rato de trayecto y ella cayó rendida, porque los viajes en coche siempre lograban ese efecto en ella. Despertó justo cuando faltaba poco tiempo para llegar, unos diez minutos como mucho. Stephen había hecho un excelente trabajo en cumplir su petición sin perderse (al menos no mucho) y llegando en una sola pieza a ese dichoso parque. Al bajar del auto respiró el aire fresco y se estiró, con una amplia sonrisa marcada en el rostro y la emoción creciendo a cada segundo. Es importante decir: aquel parque no era como los ordinarios, con juegos mecánicos. No, señor. Lo que lo diferenciaba del resto era la posibilidad de practicar deportes extremos, entre otras muchas actividades emocionantes como subirse a tirolesas, jugar paintball… incluso tenía una zona acuática. Era perfecto. Y lo primero que hicieron fue explorar los alrededores. Luego de un rato, llegaron a lo que parecía ser un despeñadero. Y a lo lejos alcanzó a ver algo que le dio una idea. Intercambió una sonrisa inocente con su hermano, que no tardó en convertirse en una amplia y peligrosa.

¡VAYAMOS AL BUNGEE! —literalmente gritó, provocando más de una mirada de la gente alrededor. Y sin esperar confirmación (sabía que su hermano se iba a resignar de todas formas) se encaminó al sitio destinado. Era una larga plataforma situada al borde de un barranco, y la cantidad de personas concentradas en ese punto era prácticamente nula. Había varios paseando por los alrededores y otros en el circuito que se encontraba a algunos metros de allí. Sólo un valiente ya estaba con el instructor poniéndose el equipo, con sus dos acompañantes mirando. Se acercó un poco más, queriendo ver cómo el sujeto se tiraba y a la vez comprobar qué tan alto estaba, mientras su hermano se entretenía viendo los alrededores—. Un pequeño error al ajustar el arnés y caes a tu muerte segura… interesante —habló para sí misma, con una sonrisa maliciosa.
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Re: A risky leap? Challenge accepted. {Priv. Judai Yuki}

Mensaje por Judai Yuki el Jue Jul 06, 2017 7:56 pm

Desafortunadamente, no creía que existían muchas oportunidades como ésas en Sweet Valley. Es decir, conocía a la perfección el parque de diversiones, los juegos mecánicos y las ferias que llegaban de vez en cuando al lugar, disfrutaba de esos lugares cada vez que tenía el dinero suficiente y motivación para pasar una tarde agotadora, pero emocionante. Por ese motivo, dirigirse a un sitio fuera de la localidad resultaba una experiencia novedosa de por sí, lo suficientemente atractiva para hacerle despertar relativamente temprano un día normal de fin de semana. Ah, ¿quién hacía eso los sábados? Juraría que su despertador hizo tal ruido molesto reproduciendo su canción favorita al menos tres veces antes de que se dignara por completo a apagarlo, consciente del riesgo que suponía quedarse dormido. Afortunadamente, el maullido de su gato desde la puerta de su habitación le permitió evitar tres horas más de sueño accidentales—. Faraón, ¿sabes siquiera qué hora es...? —se quejó, un poco sorprendido de la capacidad de su mascota para conservar el apetito tan temprano en la mañana. Ni siquiera él tenía esa habilidad adquirida aún, perfectamente podía noquearse sin comer por horas.

Por supuesto que su felino favorito no resultaría un buen ejemplo de una rutina saludable en las mañanas, considerando que apenas terminó su desayuno se echó a dormir al sofá, sin ninguna consideración por la cantidad de pelos que ya había cubierto como su territorio sobre el mueble. Le envidiaba en gran medida por su capacidad de dormir dieciséis horas cuando él tenía que conformarse con ocho diarias (a veces nueve, diez o doce, nadie llevaba la cuenta y las siestas no contaban), pero nada que un buen desayuno y un subidón de azúcar no fueran a arreglar. ¡Iba a tener un buen día! Se sentía como de excursión en un campamento en sus años más jóvenes, y la parte de levantarse en la mañana siempre resultaba lo más difícil, ni siquiera sus doce años de educación pudieron arreglar sus desperfectos de horarios. Pero no era el momento para quejarse de eso. Al mejo estilo de Bob Esponja saliendo de casa para ir a trabajar, el tomó todo lo que iba a considerar necesario llevar en una mochila de color rojo, y se encaminó fuera de su vivienda con el entusiasmo renovado de quien va por primera vez a un torneo de cartas. No era la descripción más apropiada, pero consideraba que estaba lo suficientemente cerca para cubrir parte de su anticipación.

Era, después de todo, la primera vez en que iba a subirse a juegos más extremos que las montañas rusas y las máquinas que dan vuelta tu cabeza por el aire. Eso era lo suficientemente válido para hacerle salir de la cama al menos antes de mediodía, lo que fuera necesario para coger el bus a tiempo y asegurarse un viaje sin contratiempos, ¡incluso había comido ligero para ahorrarse cualquier inconveniente estomacal! Claro, lo lamentaría cuando le diera hambre, pero seguro que el parque en sí podía mantenerle lo suficientemente entretenido para hacerle olvidar el apetito hasta hora de almuerzo (más allá de eso sería un milagro que sucediera). Al parecer, la única parada del dichoso auto-bus se trataba también de un sitio concurrido por los turistas, por lo que se bajó del vehículo con un grupo considerable de gente, que se desperdigó inmediatamente por el área. Se tomó al menos unos minutos en admirar el paisaje, el aire despejado y la brisa fresca de la mañana: se trataba de un sitio tan alto que prácticamente podía ver la ciudad desde el borde, y eso que ni siquiera se había asomado demasiado—. Groove —fueron sus profundas palabras, impresionado y cuestionando qué tan aterrador sería caer desde allí.

Como si leyeran sus pensamientos, inmediatamente su atención captó la primera de las actividades interesantes: aparentemente lejos de toda la chusma del lugar, al borde del despeñadero se encontraba una plataforma, y la respuesta a la pregunta que se formuló en su cabeza fue respondida tan pronto un inocente transeúnte se lanzó desde el borde, con lo que se distinguía a distancia era un arnés amarrado a su cintura—. ¡Necesito probar eso! —fue su exclamación inmediata, como si su naturaleza impertinente le exigiera correr hacia el peligro como una una polilla hacia la luz. Curiosamente apropiado, pero no eran las circunstancias para analizar los inconvenientes de esa aseveración. En lo que era apenas un parpadeo, ya se encontraba frente al instructor, y la fila inexistencia que se trataba de una sola persona antes que él. Al mismo tiempo, una muchacha de cabello multicolor parecía estar contemplando igualmente el espectáculo, y no evitó sonreírle antes de dirigirle un saludo bastante normal para sus estándares—. ¡Apuesto a que grito más fuerte que tú! —se jactó, tal vez porque necesitaba expresar en voz alta la emoción y no había mejor manera de hacerlo que desafiar a un desconocido.
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