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|( ▪ Le Sens de la Vie ▪ )| ||Gianella Graziani||

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Mensaje por Saga Hraesvelgr el Vie Jun 23, 2017 9:09 am


Dans le café de la jeunesse perdue
A veces, nos acordamos de algunos episodios de nuestra vida y necesitamos pruebas para tener la completa seguridad de que no lo hemos soñado.

Deleitoso bamboleo de la campana dorada que, ha de anunciar el fin de la segunda clase; libertad anhelada por cualquier estudiante, sonido entrañable y relajante a ojos de Hraesvelgr. Y, puede afirmar que, el ciclo escolar comienza a mostrar la mejor de sus cartas; desmotivación puede percibir en cada uno de ellos. ¿Razón? Días festivos, celebraciones que han de esperar con ansia, dejando a un lado el rendimiento académico y en tal caso, notas en decadencia. Hraesvelgr, comprende la situación, también fue alumno y el deseo de lanzar todo apunte hacía el próximo cubo de basura, es de lo más deleitable. Sin embargo, ha de motivarles en el próximo examen, con la esperanza de conseguir el mejor de los resultados e incluso, existe la probabilidad de recurrir al auxilio de una nueva estrategia educativa. “Pasen buena tarde” Palabras que ha de mencionar al compás de un ademán. Por consiguiente, se desplazó hasta la biblioteca principal de la institución, única ruta que le ha de ofrecer el apoyo necesario ante la situación vivida. Quizá, pudiese cambiar de opción e ir directamente a la sala de profesores, una buena taza de café le espera. Pero, Saga valora la educación, manteniendo un gran aprecio a su profesión; posición que le ha de justificar su inesperado desvío. En seguida, se aventuró hacía adentro, percibiendo un aroma tan característico, familiar e incluso, agradable… instantáneamente, el silencio del interior se ha roto por el tenue sonido de una hoja al pasar página desde un ejemplar, por el murmullo somnífero de un bolígrafo a manos de la bibliotecaria, hasta del mundillo que, es capaz de liberarte de toda atadura proveniente de la vida terrenal, con la habilidad de abrir un nuevo horizonte y enriquecer todo conocimiento.

Y, con esa melodía efímera, tan frágil, era que la mirada de aquel docente terminó por recorrer una gran fila de libros que, le han de sorprender. Ágil, dedos blanquecí tocaron la gruesa portada de un libro verdoso con detalles plateados en las letras de su autor, sonrió, la nostalgia le golpeo, atraído se permitió extraer un libro más del estante, su infancia recordó al ver un par de ilustraciones en relación a leyendas y relatos de la mitología clásica. En efecto, Hraesvelgr se desvió de su objetivo principal, pero, el mito de los dioses y héroes siempre le causo interés desde niño. Atraído, no tardó en seleccionar ambas piezas con el propósito de acercarse a la próxima mesa, el deseo de deleitarse y huir de las fauces de un mundo agobiante se manifiesta palpitante; se dispone a leer... hojeó el ejemplar con gran curiosidad, con la intensión de saber lo que encierra cada página, asemejándose a un niño que, posee entre sus manos el mejor cuento ilustrado. Pero, ha de tratarle con delicadeza, se muestra envejecido por el uso, una vida que pudiese narrar; portada tenuemente degastada, y las marchitas hojas que lejos de causar desprecio, a Hraesvelgr le trasmitía añoranza. Sin embargo, el tiempo ha de avanzar, y más a la mano de lo confortable. Saga alzó la mirada hacía el reloj de pared disponible, parpadeando más de una ocasión. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido? Debía haber vuelto a la sala de profesores con la finalidad de ir por su maletín y preparar la siguiente clase. Fue entonces que se incorporó y sujetó ambos libros, e incluso, solicitó el préstamo de ambos en el escritorio correspondiente. En seguida se dirigió hacia la salida con extensa cabellera que se ha de ondear al compás de sus pasos y el posterior saludo silencioso de la bibliotecaria al despedirse.

Quizá, debía apresurar el paso por el amplio pasillo, pero era un hecho que poseía tiempo de sobra que le ha de permitir disfrutar la ligera brisa que tiende a escabullirse desde la gran puerta del patio escolar al final del corredor. Sin embargo, durante el transcurso se ha de detener a petición de una estudiante, su tono ajetreado le incita a realizar una leve pausa frente a Hraesvelgr, su postura se asemeja a un atleta que, ha cruzado la meta a escasos segundos atrás. De su parte, se mantuvo expectante más el tartamudeo inesperado de la jovencita le ha de confundir. No obstante, pareciese recobrar el valor suficiente con el propósito de exponer su demanda y finalmente, se le ha escuchado hablar. Gracias a un resfriado le ha incapacitado entregar puntualmente un informe requerido por Saga, por consiguiente, le ha suplicado recibir el folio. ¿Rechazarle ha de ser lo más apropiado? No en su persona, Hraesvelgr aceptó inmediatamente. — Hasta entonces. — ligera sonrisa ha dejado escapar al son de dar un paso hacia atrás, con el fin de continuar su camino. Pero, un pequeño descuido ha de llevarle a tropezar con una persona. Todavía, el incídete le ha causado dejar caer el folio junto a uno de los libros que ha de llevar consigo. — …. — el sonido del ejemplar pareciese escucharse en cada esquina de su alrededor. — Mademoiselle. — reveló después de mantener la distancia a modo de auto reflejo, permitiéndole ver el rostro de la posible víctima de su despiste. — ¿Se encuentra bien? — le cuestiono, utilizando un tono propio de su persona. Seguido, enfocó su vista a los objetos, por suerte el libro se mantiene a la cercanía a excepción de la hoja, se ha deslizado a espaldas de la dama.


Última edición por Saga Hraesvelgr el Sáb Oct 14, 2017 11:36 pm, editado 1 vez

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Re: |( ▪ Le Sens de la Vie ▪ )| ||Gianella Graziani||

Mensaje por Gianella Graziani el Lun Jul 31, 2017 2:54 pm

'Quédate cerca de cualquier sonido que te haga sentir feliz de estar vivo'

El sol calentaba agradablemente y en los prados brillaba el rocío. Los pájaros cantaban entre los árboles y olía a primavera. Llegaban algunas voces adolescentes desde el instituto. Gianella Graziani aspiró una profunda bocanada de aire fresco. Llevaba toda su vida soñando con ese momento, pero no lograra aplacar los nervios. Anteayer contemplaba la Torre blanca en Salónica, cavilando cómo tranquilizar a los socios de su padre, que en mejores tiempos se movía como pez en el agua en la alta sociedad europea. Entretanto, recibió una llamada que iluminó su rostro. Supo que su vida iba a cambiar. Aterrizó anoche en Sweet Valley, echando en falta tiempo para preparar una clase como dios manda, pero lo prefería así pues quería empezar cuando antes. Hoy, entonces, se enfiló al Sweet Amoris. El mundo renacía tras un crudo invierno. Y ella nunca pensó que aquella sobria entrevista que tuvo lugar un lejano día gris daría paso a su primera experiencia laboral.

Despertó al alba, se duchó, se arregló el pelo, se enfundó en un batín —para no alimentar la curiosidad de la menor— y desayunó con Schecther. Le contó algunas anécdotas de su periplo por los Balcanes pero omitió el porqué de su abrupto regreso. Cuando su protegida hubo de ser recogida por 'Jovanotti' en el Range Rover Evoque de su padre, Gianella se sirvió un té verde y leyó a Hafiz para infundirse ánimos. Luego se dio un tiempo para pensar en sí misma. Se encontraba ad portas de dar un giro en su vida. Y es que, desde que su madre le leía a Emilio Salgari bajo el centenario jacarandá del patio, sabía que quería seguir sus pasos... Y conocer la lejana Italia. Obviamente ignoraba el rumbo que tomarían las cosas, pero con el tiempo se acostumbró a su nueva vida, aunque ni todo el oro del mundo logró cambiar sus convicciones... Pero no quería que los recuerdos eclipsaran su día.  Por tanto, se recogió el pelo en una larga cola de caballo azabache, se cambió de ropa, se colgó la cartera al hombro y salió en un taxi tras los pasos de Schecther y 'Jovanotti'.

Y finalmente dio el paso... aunque no llegó a avanzar demasiado porque un choque la trajo de vuelta al mundo real. «Como en las películas» pensó, aunque no reaccionó de inmediato. Bien podía tratarse de un estudiante alocado corriendo por los pasillos, pero Gianella se juzgó igualmente responsable por no mantener la cabeza en su sitio. Se recompuso y escudriñó al desconocido, con aire distraído, encontrándose con un hombre alto y que, para su sorpresa, parecía fugado de un baile de la Cruz Roja en Mónaco.  «Tiene que ser un profesor» adivinó y, con mayor razón, quiso disculparse. —Mil disculpas... Debí fijarme por donde iba. —dijo con una risueña reverencia. Y fue entonces en que reparó en el libro que yacía desparramado en el suelo. Graziani, que siempre supo estimar el valor de un libro con solo verlo, adivinó que quizá se encontraba frente a un ejemplar único. Se agachó y lo recogió a modo de compensación, pero la curiosidad la embargó. Olía a viejo y, tal como en la ligera evidencia del paso del tiempo en cada una de sus páginas, Gianella juzgó que ahí radicaba su encanto. Los cerró con sumo cuidado, como temiendo que se deshiciera en su manos, y se fijó en la portada, aunque esta no le dijo mucho. Inevitablemente dijo: —Se parece al Quijote... ¿Usted lo ha leído? —Solo después se percató de que su pregunta podía juzgarse surrealista. Luego de chocarlo, ¿le pedía acaso una reseña? Pero no dijo más. Su pregunta había sido formulada y, al parecer, el hombre, al que se vio obligada a mirar para arriba, se disponía a contestar.
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Re: |( ▪ Le Sens de la Vie ▪ )| ||Gianella Graziani||

Mensaje por Saga Hraesvelgr el Miér Nov 22, 2017 12:55 am

Entre pisadas juveniles que han de resonar en cada rincón de la institución, el joven griego se mantuvo desorientado, inofensivo, pensando en su descuido. Por suerte, no fue capaz de dañarle, o ello ha de suponer. Hraesvelgr se mostró atento al escucharle responder—. Por el contrario, perdone, no me percaté de su presencia —le dijo, detonando de su voz una disculpa sincera—. Complicado es mantener la cabeza sobre la tierra —sonrió, antes de ocuparse a levantar el folio que yacía aún en el suelo, desde luego, Saga con la cabeza gacha y la mirada clavada en la hoja verificó que no estuviese dañada, quizá, un par de arrugas en la albina se han de mostrar. Durante gran parte de su vida se expuso a circunstancias interesantes, pero aquello le resultaba bastante peculiar, agradable, de alguna manera lo era… y, es cierto que la dama se perdía en el atractivo del ejemplar, le observó después de incorporarse, pareciese que, le sostenía con severa firmeza y comedimiento, cálida hasta meticulosa—. Me disculpo de antemano, señorita, no puedo evitar preguntarme si es una lectora competente —no titubeo, simplemente soltó aquello—, ávida —finalizó, con una tenue sonrisa. Incluso, tuvo la sensación de estar tratando con una persona simpática; lentamente dio un par de pasos hacía la figura femenina, buscando la forma apropiada de abarcar la conversación que la misma ha de ofrecerle, un encuentro enriquecedor—. No me crea tan interesante, dista de ser una obra mundialmente reconocía —confesó—. En efecto, he tenido la oportunidad de disfrutar la novela de Cervantes, mas debo admitir que lo he dejado en pausa, momentáneamente —agregó.

Y, cuando la curiosidad amainó, Hraesvelgr se permitió especificar el contenido del mismo—. Mitología griega —tenue sonrisa se asomó al son de una mirada soslayo sobre el libro—, llena de dioses, monstruos, guerras e incluso, pasión y expiación —Saga sonrió nuevamente, en su cabeza recuerdos han de surgir sobre las antiguas historias que en algún momento de su infancia disfruto. Todavía, de los labios de su fallecida madre a la hora de dormir, aquello era más que un relato para su persona, un estado impalpable, real e hiriente, memorias que reducen a escombros su niñez grisácea con su padre. Hraesvelgr no sería capaz de guardar rencor, ni siquiera de cuestionarse lo que ha vivido—. Me disculpo —de algún modo paso por alto sus modales—. Saga, Saga Hraesvelgr —se presentó. No obstante, realizó una pausa antes de continuar—. En caso de no ser inoportuno hasta de interferir con su tiempo, sería un placer compartir una conversación con usted acerca de más títulos de interés —le comentó con un tono sosegado—. Debo confesar que me siento algo sorprendido —segundo tras segundo, conllevan nuevas interrogantes. La impresión de los actos ajenos fue solo el inicio de la situación que se ha de avecinar, sin más, ha de estimar una mañana diferente que, con un poco de suerte terminaría siendo más que interesante. Aunque, no había necesidad de apresurarse, simplemente, le era atrayente discutir con una persona sobre literatura universal—. Es insólito toparse con personas que,  con el simple roce de los dedos sobre la portada pueden observar el valor de una obra —continuó—, es decir, más allá del diseño, género hasta el contenido del texto — agregó, siendo cuidadoso de no excederse.

¿Quién ha de evitar leer las palabras de un sabio? Todo libro es poseedor de un propósito, te invita a sumergirte en una corriente de palabras que, gusta de hacerte perder la cordura. Un deleite que pocos pueden atesorar—. Tal parece que fui demasiado expresivo — ¿Cómo culpable? Es experto en devorar palabras, oraciones, memoriza cada verso que el sabio le ha de obsequiar. Y, ello pudo carecer de importancia, pero cuando leía se perdía completamente en lo que realizaba.

X:
Información de antemano. (?)

Autor: Robert Graves.
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Re: |( ▪ Le Sens de la Vie ▪ )| ||Gianella Graziani||

Mensaje por Gianella Graziani el Dom Ene 28, 2018 9:35 am

Prestó oídos al pelinegro como si de una última lección antes del examen final se tratase, a la par que intentaba acallar las dudas... ¿Proyectaría ella acaso la mitad de la seguridad que Saga ante los estudiantes? ¿Y qué tan dispuestos se mostrarían estos a escucharla? ¿La nostalgia por el docente que solía impartir su ramo le jugaría en contra? ¿O por el contrario es a ella a quien esperaban? Afortunadamente, cual chaleco salvavidas en medio de un mar de dudas le vinieron las palabras de Hraesvelgr, al que agradeció en su fuero interno por distraerla con su buena conversación y quien, deliberó Gianella, tenía que ser un profesor. Vio entonces en él a un posible aliado dentro del instituto y, más importante aún, alguien de quien aprender. Ahora bien, Saga tenía cara de impartir clases de historia, de literatura, o quizá de griego —que sabía que es una de las asignaturas de Elizabeth—, pensó Graziani, esforzándose en hacer memoria de todos y cada uno de los docentes por cuyas aulas pasó y ver con cual perfil calzaba más el pelinegro. El ruido de las aulas le advirtió que le tocaba poner de su parte para mantener a flote la conversación; aunque bien hubiera podido quedarse toda mañana en calidad de oyente. Por mucho que Vera la viniera instando desde siempre a 'hacerse oír más', ¿qué sería de esta vida sin aprender algo nuevo cada día? Pensaba ella... aunque por lo general callaba.

Sin embargo, rápidamente cayó en cuenta de cómo su relación laboral empezaba con el pie izquierdo; y, no sin la reverencia de rigor, dijo:

—Gianella Graziani... Me llamo Gianella Graziani y es un verdadero placer... —Luego, tras sopesar escrupulosamente sus palabras, añadió: —Créame que también me sorprende que la primera persona con la que me 'topo' nada más entrar al instituto sea justamente un amante de los libros... como yo. —Y sonrió, a la par que cruzaba sus manos sobre su regazo y pensaba en algo interesante para decir: —Pero honestamente no creo ser la más indicada para juzgar la calidad o el valor de una obra, aunque desde luego las hay que me gustan más y otras menos, debo admitirlo. Hay autores que me fascinan y otros no tanto. A Poe, por ejemplo, me lo enseñó mí mejor amiga hace ya algún tiempo, ¿puede imaginar la impresión que eso causa en una adolescente que apenas se está abriendo al mundo? —No lo exteriorizó, pero se supo turbada por el paso del tiempo. —Hay un antes y un después, naturalmente... Y también dice mucho sobre la que era, es y será mi mejor amiga, ¿verdad que sí? —En realidad Gianella aprovechaba de ponerse aprueba a sí misma, pues no quería ni pensar en lo que pasaría si se quedaba en blanco ante los alumnos.  —Y en cuanto a Grecia, me declaro ignorante, o casi ignorante, pero, ¿no es cierto acaso que 'no está bien ocultar la propia ignorancia, sino descubrirla y ponerle remedio'? —Dijo, citando a Heráclito de Éfeso. —Por mi parte, créame, Saga, que empezaré por ponerle remedio a la mía apuntando la suya a mis lecturas pendientes.

«¿Taarof? No lo creo...» Se dijo, no sin cierta ironía, ante la invitación ajena, la que evadió deliberadamente en primera instancia, pero que exigía una contestación: —sobre su invitación, ¿está seguro, Saga? Honestamente no quisiera disponer de su tiempo, aunque no me molestaría posponer nuestra charla para otro momento. —Y echó un rápido vistazo hacia los pasillos y corredores por donde transitaba uno que otro estudiante —seguro aquí hay quienes lo necesitan más que yo, ¿verdad? Aunque... —repuso Gianella, risueña, y extendió sus brazos, devolviendo así aquel libro que narra sobre los dioses y sus hazañas a su propietario —si no le molesta perder conmigo el tiempo que podría invertir leyendo este ejemplar o haciendo alguna actividad de su interés, de lo que menos me quejaré es de su buena charla...

Acto seguido, calló y dejo que el rumor de las aulas inundara aquel pasillo; ahora solo quedaba ver si el pelinegro mantenía su invitación.
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Re: |( ▪ Le Sens de la Vie ▪ )| ||Gianella Graziani||

Mensaje por Saga Hraesvelgr el Mar Mar 27, 2018 9:30 am

Dialogar, ejercicio fructífero y natural de la humanidad, a su juicio. La práctica más exquisita que cualquier otra actividad de la vida pudiese ofrecer. Más las voces que han de retumbar por el extenso pasillo, pareciese que, han de apagarse al compás de los minutos. Gritos, miradas, pasos… Hraesvelgr gozaba de una concentración, por poco, perfecta. Al conversar, solía perder la noción del tiempo, o de aquello que le rodea, literalmente, se abstraía. Atención, al principio, y después de la primera impresión, indudablemente, parecía gobernar el pasillo desde su mismísimo vocabulario; a Hraesvelgr le resultó osado y a su vez, gracioso. Y, vaya forma de presentarse e incluso, el socializar. Imponiendo semejante falta de respeto. A punto estuvo de reír por lo bajo, pero se contuvo, especialmente al ver a la señorita retomar la conversación. —Entonces, así será, es un halago, un hecho, una oportunidad de cruzarme en esta vida con alguien que ha de apreciar el arte, la belleza de la literatura—admitió—. Incluso, me he preguntado que su rostro no me es familiar por estos lares, ¿viene de paso, señorita Graziani? —Preguntó. El profesor era consciente de la convocatoria de personal, como era de esperarse, el conocimiento ha de recibir a todo aquel que, ha de inspirar el cambio en jóvenes mentes. Probablemente, con Gianella no era la excepción. Sin embargo, continuó escuchándole.—Comprendo —dijo con calma, asegurándose de atesorar el folio bajo el brazo izquierdo antes de proseguir—. Y, en efecto, hasta el mismo Edgar navego por un antes, su vida estuvo marcada por la depresión, la melancolía, una carrera militar hasta su afición por el alcohol y las drogas. El después, se ha de narrar solo, hoy es mundialmente conocido como uno de los maestros del relato corto, innovador de la novela gótica, y poeta del terror —se quedó con cierto deleite.

—Lo que intento decir es que pienso que esto forma parte de lo que se supone que significa la realidad. En todo caso, también fui un joven que ha de inspirarse a base de obras maestras y el significado supremo —explicó, hasta con algo parecido a la añoranza. Quizá, porque extrañaba un poco de la vida en Creta, sino porque eso, una vez más, le recordaba lo diferente que era. Hraesvelgr sonrió, y esta ocasión fue un intento más exitoso—. El primer paso de la sabiduría, es saber que no se sabe nada —respondió, como lo haría un chiquillo al ver un juguete nuevo, más bien, por la representación de Sibila en el Santuario de Delfos. Sí, tuvo que obligarse a callar, momentáneamente; la invitación pareciese ser rechazada—. Oh… el tiempo —pareció desconcertado. Hraesvelgr miró su reloj de muñeca, calculando cuánto le ha de restar para su siguiente clase, aproximadamente, una hora más—. Al contrario, mi invitación fue clara, no existe nada que pudiese necesitar de mi presencia — y no mentía. Cuando decía que era “transparente” así era—. Señorita Graziani, no lo haga por mí, lo puede hacer por la buena charla que le espera —le dijo, al recibir el libro de vuelta—. Incluso —sonrío, sin mirarle, más bien, con los ojos fijos en la portada del tomo—, por la taza de café que, probablemente disfrutara en cafetería —levantó la mirada, observando el semblante femenino. Definitivamente, solía ser un tanto curioso, dejándose encantar en ciertas situaciones. Y, ahora, una situación como aquellas han de presentarse; Saga podría mantener la compostura mas ello no evitaría que continuase incitando a Graziani a interesarse—. Entonces, ¿aceptaría? —Prosiguió—. No hay muchos alumnos en la zona, hasta sé que a varias personas les gusta disfrutar de un buen libro en soledad. Pero, el compartir también es poseedor de sus virtudes — dijo, un tanto más tranquilo.

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