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Mensaje por Shuu Tsukiyama el Miér Mayo 31, 2017 6:37 am

¡La sesión debía de continuar! Una pose diferente en un mismo atuendo y otras más en otros, siempre de un límite preciso de varias tomas se elige al final la que más perfecta quedase según el ojo critico del fotógrafo. No debía preocupase demasiado por ello puesto que era excelente en lo que hacía, no sólo aquí como un modelo profesional más allá de catálogo (que dada la localización parecía estar siendo el caso), creedle que si fuera así ya le estarían dando contusiones importantes por ser ése uno de los escalones más bajos. El modelo, conocido más por su apodo como el Gourmet, no sólo sabía de moda, su dedicación se extendía a su otro trabajo de critico de alimentos especiales, siempre iba a lo especifico y valoraba qué tan especial podía o no ser para ser merecedor de su atención, nuevamente no es en cualquier cosa en la que él pueda fijarse y ya está: Es refinado, no necesitaba que alguien le viniera a enseñar de ello porque más que saber dé, bien parecía que ya lo tendría implantado desde hace ya años cual don natural que simplemente fue pulido según pasaba el tiempo. Tenía además a su favor de venir de buena familia, lo cual hacía que desarrollarse rápidamente en todo lo que quisiera fuera más sencillo de lograr y en caso de fallar no fuera tanto un problema porque seguiría teniendo mil y un intentos restantes, pero eso no significa que fuera una mala persona... al menos no por los puntos anteriores. Y si bien hablamos de su pasión, ¿qué decir su romance hacía el albino parchado? Todo esto era maravilloso de acotar, algunos de esos factores podían saberse sin necesidad de una búsqueda rigurosa, mientras que en otros debías de tener cierta interacción para poder darte por enterado. Era de suponer que nada de esto lo sabía aquél rubio de él, ni Tsukiyama al cual durante su sesión le captó la atención esas prendas que no había visto nunca antes, por supuesto, tampoco al joven que las estaba usando, por lo que se encontraban en igualdad de condiciones en ese instante.

Al terminar con su trabajo del que poco le faltaba ya desde el momento en que apunto su interés en aquella persona, pensando que bien podría ya haberse ido de la tienda fue tranquilamente con dirección al Starbucks donde pidió un café frío, qué le echasen o qué no de momento no le parecía importar siempre y cuando fuera de la lista variada que bien podría dejar de hacer un café uno en sí. Justo cuando se lo tenían listo y lo llamaron, vio desde allí aún dentro del local ver pasar a ese rubio y fue que salió deprisa (sin olvidar su bebida, obvio) a ir en la tarea de "ayudarlo", probablemente más bien un tipo de hostigamiento, todo dependería desde qué perspectiva lo percibía el contrario—. ¡Aspettare, aspettare! —pidió al menor insistentemente que lo esperase en italiano, porque claramente parecía un buen momento en que necesitas que alguien pare, decírselo en otro idioma de las cuales existan escasas probabilidades que entienda y no haga lo que dices. Bravo, Shuu, ahora sí lo hiciste. Afortunadamente, quién sabe si era porque entendió o simplemente creyó que iba dirigido a su persona que paró, o tal vez sea porque ya estaba demasiado cercas, lo suficiente que hasta había tocado el hombro ajeno—. Hmm —miró detalladamente todo lo que pudo de su ser; ¡No le dijo nada! Tan sólo observó de cerca y descaradamente, incluso lo rodeo como él solía hacer, nada creepy, claro que no. Fue cuando nuevamente estaba frente suyo que por fin sus ojos se fijaron en los del buen samaritano que ya debía estarse arrepintiendo mentalmente por haber accedido a detenerse, que el pelimorado se sonrió como un niño pequeño encontrando un juguete que quería pedir a sus padres para que le comprasen—. Tu rostro es precioso —halagó, genuinamente lo creía ya que poseía cierto toque femenino pero sin llegar a ser el de una chica y eso le gustaba.

El acto no acabaría allí sin más y mucho menos su evaluación que se detuvo de momento para enfocarse en el punto fuerte y bueno, debía de continuar por el bien del arte—. Es por eso que me apena decir que no me siento del todo complacido por tus prendas, que por cierto, son bastante inusuales. No las he visto nunca en ninguna otra parte, ¿diseñador? —espero a que contestase como si todo el mundo en verdad supiera o siquiera le interesase quién hacía la ropa cuando por lo general la gente sólo compra la prenda porque le gusta y ya—. De todas formas, necesitas acompañarme urgentemente. Debemos hacer algo al respecto. Descuida, no tienes por qué preocuparme porque yo estaré contigo —dijo afectado mientras poseía bastante cercas la pajita de su Starbucks, llevándola finalmente a su boca para darle un sorbo y completar la introducción de esa persona a un mundo de vanidad—. ¡Vamos! Que el centro comercial no estará abierto para siempre —musitó, tomándose la molestia de tomar su brazo y escoltarlo hacía un local de ropa.
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Re: — CaramelMacchiato ✦ K u r a p i k a.

Mensaje por Kurapika Kuruta el Dom Jun 25, 2017 12:44 pm

Evidentemente, no podía excusarse siempre de que todas sus salidas fueran por motivos de trabajo con la familia Nostrade o con motivo exclusivo de su venganza. Para sorpresa de algunos (y a veces, incluso para él mismo) poseía una vida aparte de todos esos elementos, aunque si le interrogaran al respecto, no supiera muy bien qué hacer con ella. Tal vez era la razón principal por la que se enfrascaba casi permanentemente en su trabajo, además de que era necesario dedicarle las horas necesarias para que la convivencia en la mansión no se convirtiera en un completo desastre, tenía pocas horas para descansar. Horas que usualmente pasaba en una actividad más productiva que simplemente vagar alrededor, pero la última vez que se dejó llevar por una pista sobre el Genei Ryodan, y se arrojó de cabeza, tuvo la suerte (buena o mala, quedaba por determinar) de que nadie evitara su intento de suicidio. No sentía que había aprendido la lección, y por supuesto no iba a prometer que sus impulsos no le ganaran de nuevo, pero al menos, le quedaba sentido común: el suficiente para moderarse hasta asegurarse de no repetir un error estúpido, en el corto plazo de tiempo. Descansar no era una opción que pudiera darse por tiempo prolongado, por lo que al contrario, prefería estar activo. Le facilitaba despejar los pensamientos de su cabeza, también.

Lo que se trataba de su martirio en ese momento se hallaba en algo mucho menos elemental, pero que le corroía la consciencia como piedras pesadas hundiéndose en el agua. Perder tiempo lo ponía nervioso, sentía los hombros tensos y el cuello dolorosamente tieso. Tal vez simplemente estaba demasiado desacostumbrado al tipo de vida pacífica y fácil que nunca deseó, pero que anhelaba de una u otra manera. Habían mejores formas de pasar una tarde, y razonó demasiado tarde que hubiera sido mejor traer a un acompañante en lugar de arriesgarse a sus propias cavilaciones. Por cuestión de costumbre, no se molestó en llevar su traje de trabajo, el uniforme de guardaespaldas que le daba un aire profesional. Sus ropas típicas atraían otro tipo de atención no deseada, como si se tratara de un espectáculo andante recorriendo las pequeñas tiendas del centro comercial. Iba a admitir que el diseño era extravagante y quizá estrafalario, pero le tenía demasiada estima a sus orígenes para rendirse a aquellos inconvenientes. Estaría pensando en retirarse, tal vez girar sobre sus talones y conseguir un café, pero como si le leyeran la mente, una voz desconocida le hizo detenerse, en compañía de un acento extraño.

Mentiría al decir que reconoció las palabras, pero se trataba de una respuesta instintiva, como si recogiera sus intenciones flotando en el aire. Apareció frente a sus narices un hombre alto, de cabello púrpura. Ninguno mencionó palabra alguna, de repente sólo mirándose mutuamente, aunque en su caso se trataba de la sospecha cautelosa, y el contrario nada más parecía embargado por la curiosidad. El hombre en cuestión rompió el contacto visual, literalmente empezando a rodearlo como si se tratara de una presa, y subió la guardia por reflejo, rozando las puntas de las cadenas que enrollaban su mano derecha. Aunque su siguiente oración le tomó por sorpresa, haciéndole parpadear y enfocar nuevamente la vista en él, esta vez, con hostilidad detrás de sus ojos azules—. ¿Qué? —enarcó una ceja, como si no le hubiera escuchado, pero era consciente de que desconcierto se trataba del caso contrario, y que le había entendido perfectamente al modular. La situación se estaba tornando de un degradé más absurdo, si eso era posible—. Mis ropas —empezó, aclarándose la garganta y cerrando los ojos, para volver a abrirlos y dirigir una mirada de frialdad a su improvisado interlocutor—. No son de su incumbencia, señor —estaba tratando de ser cortés, no necesariamente amable. Era lo más natural, ¿no? Se trataban de dos completos desconocidos, y no habría razón lógica por la que ese hombre le estuviera hablando específicamente a él, de todos los clientes del lugar.

Sin embargo, tendría que reprenderse mentalmente, parte de ese comportamiento impulsivo y absurdo le recordaban a la señorita Neon. Y era un pensamiento bastante inapropiado, ya que no podía tratarse de alguien de fiar. Pero el cabello extravagante y la descortesía de simplemente agarrar a alguien y llevarlo de compras, se le hacía tan familiar... Cuando se dio cuenta, ni siquiera estaba colocando la adecuada cantidad de resistencia, y aquello le pesó como un martillo en la cabeza. Deteniéndose brusco, obligó al extraño a voltear a verlo en lugar de proseguir, nuevamente en guardia ante la persona desconocida—. De acuerdo, ¿quién eres tú y qué demonios estás haciendo? —exigió saber, con impaciencia recubriendo cada una de sus palabras. No, no se veía como una amenaza. Pero moriría antes que confiar simplemente en la sonrisa afable de alguien (y dado su clase de trabajo, aquello podía tratarse de un hecho).
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Re: — CaramelMacchiato ✦ K u r a p i k a.

Mensaje por Shuu Tsukiyama el Miér Jun 28, 2017 8:38 am

Agradecía que sí se detuviera aún si era por inercia en lugar de una acción enteramente voluntaria. El Gourmet no se había hecho esperar y para pronto comenzó a observarlo de cercas por todas partes evaluando la calidad de ese individuo en lo que se refiere el físico y, a pesar de no estar decepcionado puesto que su rostro era sumamente precioso, parecía tener un cabello bastante cuidado y qué decir de esos maravillosos ojos, había un problema y era que su ropa no parecía expresar adecuadamente lo atractiva que esa persona era—. ¿Eh? —respondió con el mismo tono de cuestión a su pregunta simple e impulsiva, sus ojos estaban más abiertos de costumbre y una sonrisa bastante sincera y alegre fue la que le dedico al contrario en ese preciso momento, como si estuviera lidiando con un niño pequeño el cual no quería que se asustase en lugar de una persona lo suficientemente mayor como para salir por sí sola al centro comercial—. Qué cruel es usted, príncipe. Decir tan seguro que algo como sus vestimentas no me conciernen simplemente logran que mi corazón sufra en remordimiento —no era exactamente lo que sentía, lógicamente, pero sí era verdad que le interesaba pulir a ese diamante que nada más no esperaba encontrarse—. A decir verdad, te había visto cuando estaba laborando, pero como todavía no había salido creí que lo nuestro iniciaría y terminaría en una simple notificación acerca de que un ente así anda caminando por la misma ciudad que yo. Justamente cuando había dejado mis ilusiones e esperanzas por los suelos, te vi pasar luego de adquirir mi café —lo eleva para que éste pueda observarlo y ver que su historia era cierta, como si un simple vaso relleno de x sustancia fuera la prueba definitiva. También cumplía como pequeño recordatorio de que aún tenía ese objeto en las manos, con eso de que estaba más interesado en el rubio era fácil olvidarse dé—. ¿Ves? ¿Quieres probarlo? Su colores me podrían hacer recordar un poco a los tonos claros de tu cabello y tez. Incluso tiene un nombre bonito, ¿no te gustaría ser "Caramelo" de ahora en adelante? O quizá príncipe te ha convencido más —se río un poco apenado por todo lo que le estaba diciendo—, con eso de que aún no tengo el placer de saber tu nombre.

La libertad de tomar su brazo y llevárselo como si ya todo estuviera dicho aún si el otro bien podría tener más preguntas que respuestas para ese punto a él no le causaba remordimiento hasta que sintió no solamente la agresividad que mandaban las vibraciones ajenas, también su forma de hablarle y su lenguaje corporal que aún si no había hecho nada, parecía listo para atacar: Tsukiyama no era un estúpido, sobre todo si era un asesino con bastante clase (o de lo contrario muy seguramente estaría tras las rejas). Su sonrisa habitual llena de picardía había regresado acompañada de los ojos que insinuaban exactamente lo mismo—. Oh, pensé que no era muy importante el saberlo y por eso con los nick-names estaríamos perfectamente. Lo siento mucho —se aclaró la garganta, y le dio un momento su bebida a un peatón para que la cuidase, éste tuvo que quedarse allí esperando, algo bastante gracioso de observar—: Mi nombre es Shuu Tsukiyama —para entonces se encontraba a escasos pasos más lejos del hombre de ojos rojos, lo suficiente para poder hacer una reverencia apropiada, fue cuando regresó a su pose completamente erguida en todavía la posición digna de una caballero que volvió a tomar su bebida y le guiño un ojo al extraño en sinónimo de gratitud por haberle esperado—. Y en cuanto a "qué demonios estoy haciendo", ¿no es un tanto obvio? Pensé que entre todo sería el punto que estaba más claro que el cristal —pestañeó exactas dos veces, un poco inseguro si acaso la respuesta que le estaba dando era la indicada, es decir, sin duda era la verdad pero era demasiado evidente que usar el sarcasmo hubiera sido más apropiado.

Si es que no se iban a mover de ese punto en el que estaban y no estaban a la vez en ninguna parte, prefería que continuasen con esa charla de preguntas y respuestas en donde fuera provechoso y que desde un inicio era a donde quería llevarle—. ¿No te parecería mejor si entrásemos a una tienda? Aquí tan sólo estamos obstruyendo la pasada. Allí podré contestarte casi todo lo que quieras —miró hacía un costado y con su mano libre movió uno de los mechones más largos que constituían su flequillo—. Mmh —se quedó pocos segundos pensativo hasta mover esa misma mano para ponerla frente a la del rubio con solamente su meñique y dedo índice al aire mientras los demás hacían al puño: tenía una idea—. ¡¿Quieres comer algo primero?! Es decir, no tenemos porque ir primero a las tiendas de ropa si aún no estás listo. Puedo esperar, además, por lo general las personas no dicen que no al alimento aún si sólo es un antojo simple. ¿Te parecería? No tienes que preocuparte por nada, yo te estoy invitando y por lo tanto me haré responsable de la cuenta.
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Re: — CaramelMacchiato ✦ K u r a p i k a.

Mensaje por Kurapika Kuruta el Dom Oct 01, 2017 4:40 am

No podía decir que estaba esperando que su improvisación de un intento de salida normal acabara del todo bien, especialmente con el rumbo escabroso de sus pensamientos, pero ni siquiera con su estilo de vida agitado estaba acostumbrado a las presencias vibrantes que abordaban inocentes transeúntes por razones más allá de lo trivial. Su naturaleza desconfiada le hacía cuestionar por muchos motivos las posibles razones que tendría un individuo desconocido para retener su atención pasados los segundos de interacción social obligatoria, además, algo sobre lo dramático en su postura y sus gestos histriónicos le descolocaban en mayor medida. En un contraste inusitadamente gracioso, a diferencia de la postura afable y animada de su interlocutor, su propio ceño fruncido se había transformado mayormente en una mueca de neutralidad que apenas denotaba un poco de extrañeza, tal vez simple duda sobre lo que estaba pasando justo frente a sus narices. No le pasaba desapercibido que la descripción de su encuentro inicial era dolorosamente similar a cualquier intento romántico de novela moderna—. No estoy interesado en su compañía ni en su... café —a pesar de su seriedad, tuvo un leve momento de vacilación distrayéndose con la visión acaramelada de colores que le recordaba un poco al amarillo. No era el tiempo para distraerse con ese tipo de cosas.

Pero lo gracioso del todo el asunto es que sí se había distraído, el comportamiento familiar e incluso el color de cabello eran un recordatorio bastante vivaz de la señorita Nostrade, incluso si ambos sujetos no tenían mayores similitudes en apariencia. Por ese motivo había regresado a la realidad casi de forma abrupta, bruscamente deteniéndose y plantando sus pies con suficiente fuerza para que el hombre no continuara arrastrándole como a un muñeco de trapo. Algo sobre el hecho de que le tuviera tal confianza le enervaba, pero era consciente que se trataba de su propio temperamento sacando lo peor de él más que una reacción racional. O tal era una especie de sentido común advirtiéndole. A veces era un tanto difícil advertir apropiadamente la diferencia—. Creo que me interesaba mucho más saber cuáles son los motivos por los que Shuu Tsukiyama —citó, en una especie de retórica elegante, mirándole directamente a los ojos en todo momento—, se toma la molestia de hacerlo —mantuvo tanta formalidad como le fue posible, aunque su actitud continuaba tan intransigente como al principio. Después de todo, gran parte de la excesiva amabilidad resultaba al menos sospechosa. Ninguna persona normal hace de su pasatiempo simplemente llevar a comprar ropa a extraños al azar, pero, quizá "normal" era la palabra que no calzaba con la actitud estrafalaria del hombre.

Daba la curiosa sensación de que se habían estancado en un punto muerto, aunque por su parte, era perfectamente capaz de dar media vuelta e irse, no podía asegurar que el desconocido no le insistiera hasta el punto de seguirlo. La mejor opción era enfrentar el problema de frente, se resolvería más rápido de esa manera. Excepto que tal vez estaba subestimando la situación, o le faltaba la suficiente firmeza para declinar una oferta simple: ninguna de las opciones le parecía atractiva. Podía excusarse en que le ganaba la curiosidad a por qué el empeño—. ¿Qué clase de preguntas no podrías responder? —no pudo resistirse a cuestionar, volviendo a observarle con una ceja enarcada y un difuso rastro de interés. Pero dándose cuenta que sería exactamente la clase de preguntas que seguramente no respondería, dio paso a la frustración. Seguramente terminaría lamentando la decisión, pero esperaba estarse equivocando. Ahogó un suspiro, y se aclaró la garganta, con actitud de permanente profesionalidad—. De acuerdo, aceptaré tu invitación a comer —habló de forma pausada, como si el otro pudiera tener alguna confusión con sus palabras. Si ya estaba perdiendo el tiempo, al menos podría perderlo y llenarse el estómago en el proceso. No había mayor pérdida—. Pero si la condición continua siendo ir a la tiendas después, declinaré a hacerlo —consideró pertinente advertir, ya que hacerle cambiar de idea resultaba una tarea difícil.
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Re: — CaramelMacchiato ✦ K u r a p i k a.

Mensaje por Shuu Tsukiyama el Miér Nov 08, 2017 4:12 am

Era un individuo difícil de convencer, ¿verdad? Dejando aparte el hecho de que ya sea a consciencia o no de que Tsukiyama tuviera la noción perfecta de qué estaba pasando y cómo actuar ante cualquier situación, aún con ésas su primera reacción ante el comentario de "desprecio" hacía su café fue una mueca de tristeza exageradamente bien marcada como para no reconocer inmediatamente la emoción que estaba intentando transmitir, ¡que hasta parecía un emoticono! Eso es, coger a cualquiera de esas "caritas amarillentas" y simplemente ponerle el peinado y color que bien distinguían al Gourmet y ya estaba lista la descripción perfecta. Sus expresiones tales siendo como indica la palabra, expresivas, eran aparte veloces que pasar de una a otra no le ocasionaba problemas, así que el hecho de que ahora estuviera un poco atónito por la desconfianza exagerada de la que padecía el rubio como para preguntarle una y otra cosa siendo que se encontraban en un lugar en el que suponía que cualquier movimiento extraño lo pondría en una mala posición a él como para atreverse, probablemente, era un exceso y más si el contrario ya dejaba la impresión de no ser precisamente alguien que se iba a dejar—. ¿Motivos? ¿Molestia? —se río un poco, para él todas esas especulaciones de momento resultaban hilarantes—. ¿Acaso me veo tan sospechoso y desagradado por el trato que yo mismo estoy ofertando? —la respuesta debería ser no, después de todo tanto su apariencia como personalidad podrían considerarse radiantes sin necesidad de estar mintiendo descaradamente al afirmarlo.

No podía darse aún por servido y aclamar su logro de haber conseguido su cometido, el rubio no daba su brazo a torcer: "Supongo que el dicho estereotipado tan sólo aplica a las mujeres que poseen tal tono", se dijo sin pena a sí mismo en sus pensamientos. ¡Ah! Pero aún no se había ido, estaba fijo o de lo contrario se encontrarían en aquella incomoda persecución casi haciendo referencia a cuando un vendedor ambulante intenta convencerte de comprar su producto, ¿sería aquello lo que le mantenía o era una curiosidad genuina? Lo supo responder en cuanto escuchó la pregunta—. My-my. Pero qué atrevido es usted, caballero: ¿Es justamente lo que no puedo responder lo que quieres saber? ¡Pero analicemos un momento! ¿Qué secretos podría tener alguien como yo para captar tu atención? Además de aquellas banalidades que posee cualquier mundano más sin embargo como individuos nos causan bochorno, ¿qué sería tan especial? No es como si yo fuera alguna especie de 'ghoul' —le comentó divertido de la broma que no estaba demasiado alejada de la realidad. Muchas veces ser honesto le era similar a decir una mentira porque, sí, es verdad que estés siendo completamente honrado al decir los hechos tal y como son, pero todo es cuestión de cómo es que el otro se lo tome y que te crea. Si todo fuera tan sencillo dejarían de existir varias profesiones que van ligadas al tema—. Si tantas dudas posee, ¿por qué no acepta? ¿Qué podría perder? ¿Es que acaso tiene algún apuro? Debo de recalcar que aún no tengo conocimiento de su nombre, Príncipe —de alguna forma le estaba devolviendo el mismo trato pero sin poseer el mismo tacto, mientras que el otro seguía infestado en recelo, Shuu seguía manifestando su mejor porte.

La conquista del modelo no podía terminar en un fallo, era bastante persistente cuando algo o alguien le interesaba—. ¡Sabía decisión, Caramelo! —tomó una de sus manos y la entrelazó con la suya, el gesto no sólo era palpable pero visible ya que le había obligado a subirla a una altura en donde ambos pudiesen observar qué estaba pasando. Casi automáticamente la soltó pero no resultó agresivo, era fácil deducir que gracias a asa misma energía era todo en base a su excitación—. ¡Te aseguro que no te vas a arrepentir! —caminó tres pasos y se detuvo, no se dirigía a nadie en especial en esos momentos pero como si estuviese en un escenario estiró sus brazos, sus piernas que también ya estaban separadas y fue gracias a que recordó que aún poseía el café que se contuvo aunque es verdad que por poco lo derramaba. Terminando su show express fue que volteó con intensidad hacía el rubio y se dirigió con la misma confianza que había tenido desde el principió. Con firmeza se inclinó un poco y estiro el brazo esperando que le diera la mano, como si estuviese invitándolo a bailar—. ¿Me haría el honor? —la escena era un tanto llamativa, ¿para qué negarlo? Los mismos rostros de los fulanos que por allí transitaban cuando menos volteaban una o dos veces para confirmar a qué clase de escena les estaban poniendo de testigos.
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