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Mensaje por Arima Kishou el Miér Mar 01, 2017 10:44 am

¿A dónde nos llevarían las abrumadoras historias de a quien llaman The God of Death? ¿Algún caso intrigante que ponga a prueba sus habilidades como investigador para demostrar una vez que Santo Arima hace milagros aquí y en China de ser necesario? Tal vez directamente ubicarnos a la acción donde se ve "obligado" a asesinar brutalmente a algún pobre diablo, sin la necesidad de gastar su preciado tiempo al no hacer movimientos inútiles... Pues no, incluso él hace cosas banales como todos los demás humanos y esta historia comienza así, sin emoción explosiva alguna. Su ubicación actual era una tienda de auto-servicio, una entre tantas, era pequeña, no requería de mucho para las dos cosas que se dirigía a pagar las cuales eran una botella de agua y unas magdalenas selladas por un antojo repentino del que había sido víctima, pero ni él se esperaba cuál sería el siguiente suceso de acontecimientos del que no sólo sería testigo, aparte sería participe activo del mismo. "¡Felicidades ustedes dos!", exactamente, no había escuchado mal: dos personas, no sólo él, para variar había otro involucrado que estaba detrás suyo en la fila y por lo tanto pagó después. La cajera comentó lo extraño que era este suceso al no sólo darse cada miles de años (siendo exagerados, ¿o quizá no?), más aparte era seguido, ¡uno tras otro! Estos misterios de la vida. Los demás estarían sintiendo la crueldad del destino por no haberse formado antes o el alivio de no ser el punto de mira en ese ridículo escenario en que por desgracia hasta había saltado confeti, ¿estaban completamente seguros de que no pasaba muy a menudo?

Esto no se iba a quedar así nada más, mandó a ambos adultos a que fueran a tal parte del mismo centro (porque sí, el establecimiento de auto-servicio estaba dentro del mismo centro comercial) para reclamar su respectivo premio—. No es necesario —mencionó finalmente, nada de esto le sorprendía como a cualquier otro ente con sus capacidades emocionales en niveles normales, así que tampoco le importaba dicho premio en realidad. Sea lo que sea, él podría pagárselo si en verdad lo quisiera o necesitara, pero la señorita que era de todo menos anti-social, no tomo en cuenta el comentario del albino y calló al rubio sólo por si acaso también iba a decir algo: "Por favor. Vayan. Esto nunca pasa y a mí me darán un tipo de comisión por ser yo quien los atendió." Ella parecía ir bastante seria con sus palabras, siempre dicho todo con amabilidad pero era fácil percibir la hostilidad bien camuflada. Y así fue que, casi regañados el tal Cecil Palmer y Arima Kishou se encontraban en uno de esos lugares que suelen ser más visitados por las féminas, un salón de belleza.


Última edición por Arima Kishou el Jue Jun 01, 2017 4:22 am, editado 4 veces
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Re: ▬ L'ORÉAL: Because we're worth it. »

Mensaje por Cecil Palmer el Sáb Abr 29, 2017 6:31 am

A pesar de mi amor por mis dos pequeñas mascotas, el trabajo en la estación de radio era cada vez más demandante. Tanto así, que no medí apropiadamente la cantidad de alimento que le quedaba a Khoshekh ni a Adrik. Antes de que ambos animales comenzaran a reclamarme la falta de croquetas en sus respectivos tazones, tomé las llaves, un poco de dinero, y salí en busca de algún lugar donde vendieran el alimento a granel. Lamentablemente, las tiendas que conocía, habían cerrado ese preciso día. – ¿Acaso los empleados fueron abducidos? ¿O tal vez las mariposas luminosas lograron devorar las almas de los dueños? –teoría tras teoría, mi mente comenzaba a buscar alguna explicación. Pero toda esa atención y creatividad, se fueron en cuanto di con una tienda de auto servicio.

Tampoco es que fuera a comprar mucho, solo lo suficiente para un par de días; a fin de cuentas, no faltaba mucho para que recibiera mi paga, y pudiera ir a hacer las compras de la despensa. Unos cuantos paquetes de comida entre mis brazos, mientras miraba a todos lados, en busca de alguna noticia que pudiera dar; aunque no esa noche, por suerte, era mi día libre. Pero mi atención fue absorbida por la voz de la cajera, que en completa emoción, felicitaba al hombre parado frente a mí.
–Espere… ¿yo también? –pregunté al notar que también se dirigía a mí. No tuve opción de decir nada, pero la súplica de la mujer me conmovió un poco. Me apresuré a pagar mis compras, porque, el hecho de ganar un premio, no evitaba que tuviera que pagar lo que me llevaría; y me dispuse a seguir a la señorita.

– ¿No es esto emocionante? –pregunté a mi compañero de premio, algo entusiasmado por el desarrollo de los hechos. No tenía en mi memoria, recuerdo alguno de haber ganado, al menos una vez, un premio. Y aunque el “trofeo” no fuera lo que esperaba, no dejaba de emocionarme el hecho de haber ganado algo. Sin embargo, podía notar en la expresión de aquel hombre, que la idea no le agradaba del todo. –Vamos… es una forma de relajarse. En este tipo de situaciones, solo se debe resignar, y aceptar el destino de buena gana –añadí, admirando el lugar. No estaba vacío, como uno esperaba, y todas las clientas que ya estaban allí, nos miraban curiosas. No pude evitar sonreír amable a las mujeres ahí reunidas, a modo de saludo. –Esto será divertido –murmuré, antes de sentarme en una de esas sillas negras, que una de las empleadas me había indicado.
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Re: ▬ L'ORÉAL: Because we're worth it. »

Mensaje por Arima Kishou el Vie Jun 30, 2017 5:30 am

Según parecía no tenía opción, incluso su libertad para expresarse había sido censurada por la señorita que rápidamente "corrió" a los dos mayores de la tienda para ir a su siguiente destino, por supuesto que ella misma pidió un permiso rápido para guiarlos, gritando a sus compañeros cercanos a dónde iba, como diciendo que la justificasen en caso de que algún superior llegase y no estuviese enterado del acontecimiento que recién había ocurrido donde, incluso saltó un poco de confeti, dejando ese cajero en especifico en especial colorido. Escuchó el comentario de su ahora compañero de premio; ¿Emocionante ha dicho? En realidad ni siquiera se le había cruzado esa idea o sentido aquello como para poder afirmarlo, por lo que se le quedó mirando pensativo, por supuesto que el porte que daba seguro daba miedo cuando tan sólo pensaba algo tan simplón como aquello. Aquél pareció notar cierta disconformidad que hizo que rápidamente comentase otra cosa, si tuviera que hacer un análisis, diría que el rubio estaba intentando congeniar con él por causas desconocidas. Después de todo era Arima, y Arima veía eso completamente innecesario, tampoco es como si lo necesitase pero de todas formas le daría el gusto al extraño e intentaría seguir un poco su conversación—. Quizá estés en lo correcto —se sonrió, un milímetro pero lo estaba haciendo, ya que el uso de la palabra 'destino' le había resultado de cierta forma hilarante, como si activase todos esos pensamientos complicados que llegaba a tener más veces de las necesarias.

El establecimiento no era cualquier cosa y eso era perfecto porque sería decepcionante que un premio fuera algo simple como cualquier otro, la accesibilidad a algo quita el encanto en ciertas ocasiones, es decir, por lógica no quieres ganarte algo que tú pudieras conseguirte cualquier día o perdería su sentido y emoción. Tanto que daría lo mismo. Se sentó al lado de su compañero, mientras la cajera que los había guiado dedicaba su despedida con unas palabras de por medio: "¡Descuiden! Ya todo está hablado y en todo caso, aquí tienen. Con esto no habrá problema en caso de que les llegasen a reclamar por el pago, así se confirmará que están en su derecho de que su estadía aquí sea completa y gratuita. Bien. Aquí terminó yo, ¡y felicidades!". Se fue bastante feliz, el rubio también parecía bastante extasiado y ¿por qué no? incluso las clientas y dependientas que les rodeaban—... ¿Y usted sabe qué es exactamente lo que haremos aquí? —estaba bastante perdido respecto al tema, debía aceptarlo. Era un salón de belleza pero... En realidad no encontraba qué tanto se podría exprimir del dichoso sitio. Por otra parte, una de las empleadas que alcanzó a escuchar y muy seguramente menor que ellos se sonrió maliciosamente, como si tuviera mucho trabajo que hacer al enseñarles lo genial que podría ser, llamó a las otras y como si fuesen todas las Musas a punto de cantar la historia de Hércules, estaban divertidisimas con lo-que-sea que estaba pasando allí.
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Re: ▬ L'ORÉAL: Because we're worth it. »

Mensaje por Cecil Palmer el Dom Jul 30, 2017 10:05 pm

Una sonrisa de completa satisfacción en mi rostro, apareció ante las palabras de aquel extraño; a fin de cuentas, no parecía ser un mal chico. La voz de aquella amable cajera me saco de mis pensamientos. La alegría con la que nos hablaba, dejaba notar lo feliz que se encontraba conque hallamos ganado el premio. –Después de todo, la comisión debería ser muy buena –despedí a la señorita, moviendo efusivamente la mano, mirando como desaparecía por la puerta del lugar, dejándonos solos, entre toda esa multitud femenina. Giré el rostro ante aquella pregunta, mirando a las dependientas, gracias a sus reflejos en los espejos dispuestos a lo largo de la pared. –Para ser sincero, no tengo la menor idea –respondí calmadamente, –pero no puede ser tan malo, ¿verdad? –la risa escapó de mis labios antes de que pudiera darme cuenta.

Aunque ciertamente, los cuchicheos y acciones de todas esas mujeres, comenzaba a darme repelús.
–Quiero decir… esto es un salón de belleza –añadí, señalando el lugar con un gesto de las manos. –No ha de pasar que nos arreglen el cabello, ¿no? –conforme mis palabras salían, el tono de mi voz comenzó a sonar dubitativo. Las chicas asintieron, acercándose a nosotros con lentitud; algunas, incluso arrastraban cajoneros con diferentes instrumentos y productos. No tardaron en colocarnos las batas, anudándolas a nuestras espaldas. La frase: “un cambio de look”, saliendo de los labios de una de las estilistas, me dio un escalofrío que subió por mi espalda. –Pero… me gusta mi estilo –esas palabras quedaron atoradas en mi garganta, a fin de cuentas, era un premio, tampoco podía ponerme “mis moños” ante ello.

Unas pequeñas palmaditas en mi hombro, tal parece que la chica más cercana a mí, notó mi actitud.
–Bueno, ellas lo dijeron, un cambio de look… estamos en buenas manos –comenté, mirando al joven a mi lado; para luego articular un “eso creo”, esperando que ninguna de las chicas me hubiera visto. Tampoco quería que por mi duda, termináramos mal parados.
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Mensaje por Arima Kishou el Dom Ago 27, 2017 8:11 am

Su compañero no sólo estaba alegre de lo que ocurría, debería recalcar que parecía demasiado optimista en cuanto la situación actual en la que estaban ambos. Bueno, tampoco es como si fuera algo de gravedad por lo que preocuparse, ¿qué podría ser tan malo como para verle el lado negativo a todo esto? En realidad aún si no lo había pedido se encontraba bastante indiferente respecto a todo lo que estaba sucediendo, pero no lo suficiente para apagar su curiosidad o no habría preguntando al contrario que tampoco tenía idea de nada—. No creo que vayan a cortarnos la garganta con alguno de los instrumentos que posean, así que sí, no debe ser "tan malo" —sin duda el comentario sonaba gracioso aún si no lo estaba diciendo de la manera apropiada adhiriendo el tono correcto para catalogarse al cien como sarcasmo puro, de hecho él lo decía sin cambiar esa seriedad por lo que cínico sí era, así que iba a enserio con la posibilidad descartada aún si el otro lo tomaba como un chiste. Y viendo otro asunto, ¿qué tenía la presencia de ellos que hacía que las féminas no parasen sus labios? Debería referirse a tales como un público desde que notaba que las miradas simplemente no volteaban a otra parte que no fuera para las presencias masculinas, ¿era eso? Que según observaba eran de momento los únicos hombres, ¿o existía un factor del cual no se percataba? Seguro alguno de sus hijos captaría más rápido la jerga que él, estos jóvenes. (?)

Tuvo que ayudar a la tarea de una de las chicas a colocarse una bata que tenía el fin de no ensuciar su indumentaria, en vista de que sus brinquitos parecían ser inútiles para alcanzar a amarrarlo debido a su descomunal altura. También escuchó lo que dijeron tanto su acompañante como las que estarían atendiéndolos: Tenía que estar de acuerdo con el rubio, el albino tampoco se encontraba en discordia en cómo se veía su apariencia física como para hacerle modificaciones innecesarias, pero esas mujeres actuaban deprisa, no sólo era hablar porque sus actos venían casi al instante o al mismo tiempo que ya hasta los tenían posicionados en un asiento para cada uno luego de haberlos movido a un lugar que se veía más V.I.P. al estar apartado del "público"; poseía un nivel más arriba en lujo además de su privacidad relativa—. Al menos ya no tenemos tantas miradas encima —le comentó intentando calmar al contrario que parecía estar en un debate contra sí mismo de si estar o no seguro de lo que les iba a pasar. "¡Mírense a ustedes dos! ¿Qué ven en ese reflejo...? No-no, no me respondan, tan sólo piénsenlo y vayan resignándose a la persona que ven ahí" dijo alegremente la que parecía estar comandando esa tragedia; "¡Traigan las toallas calientes!" mencionó rápido, con cuidado se las colocaron a ambos en el rostro luego de inclinar su asiento para tal hazaña. Una de ellas dijo que era para abrir sus poros para lo que venía—. Tengo entendido que, es un método mayormente usado por la población femenina para mantener tu rostro fresco y reluciente. Libre de impurezas —dijo con el tono que no harían que desapareciera: Uno que le quitaba el encanto a una frase que podría haberse dicho con mucho dramatismo comercial, todo esto aún con la toalla cubriéndole en cuanto les informaron sobre la amenaza de que les colocarían enseguida una 'mascarilla'. Claro que, antes les quitaron los lentes y en dicho reflejo, por lo menos él ya no veía un carajo del reflejo que debía supuestamente despedirse, detalles.
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Mensaje por Cecil Palmer el Dom Sep 24, 2017 11:30 pm

Solté una risa ante el comentario ocurrente de mi albino compañero. ¿Acaso esa estética estaba colmada de asesinos disfrazados de amables estilistas? ¿Qué ganarían asesinando a un humilde locutor de radio, y a su algo enfurruñado compañero de premio? Tal vez, nadie nunca lo sabrá. Sin embargo, eso no pareció molestar a las damas que nos rodeaban y superaban en número; al contrario, comenzaron a reír a la par de mí, intercambiando varios comentarios al respecto de dicha “broma”. Pero no podía dejar de sentirme inquieto ante las miradas de todas esas mujeres; parecían una parvada de búhos, atentos a un par de ratones. ¿Acaso éramos tan apuestos que no podían dejar de vernos? ¿O será que al ser dos hombres, desentonábamos con creces en el lugar? Claro, eso no podía ser. Desde hace muchos años, no solo las mujeres podían entrar a recortar su cabello a una estética; los hombres comenzaron a asistir también a dichos lugares, relevando a las barberías casi al olvido.

En todo caso, si realmente acertaba con mi primera teoría, no quería decepcionar a todas esas mujeres. Pero mi corazón solo estaba reservado para Carlos. Ahh, Carlos. ¿Qué estará haciendo mi exótica belleza latina en estos momentos? Quizás esté en su laboratorio, investigando… lo que sea de lo que trate su más reciente estudio. Un largo y pesado suspiro escapó de mi boca. Hacía bastante tiempo que no veía a mi amado Carlos. Ni siquiera tuve tiempo de dejarme llevar por mis propias tristezas, pues fuimos transferidos a otro lugar.
– ¿Así que no fui el único en notarlo? –pensé, al escuchar a mi compañero. –Tiene razón… al menos ya no me siento una suricata entre leones –contesté lo más alegre posible, imaginando aquella escena, digna de un documental de vida salvaje.

Tan metido estaba en mis pensamientos, que acaté sin pensar, las indicaciones de aquella chica. Grave error. Apenas mis ojos notaron mi reflejo, brinqué de mi asiento, desviando la mirada del espejo frente a mí.
– ¡Ya lo vi! Ya lo vi, perfectamente. Si, memorizado –mi voz salió presurosa, al contrario de mis párpados, que estaban fuertemente cerrados. Sentía mi corazón palpitar tan rápido, como si estuviera huyendo de un monstruo enorme y terrorífico. A pesar de no ver nada, supe que los presentes me miraban confundidos ante mi reacción. –Ammm… pueden proseguir, por favor. Esto es muy emocionante –añadí, abriendo de a poco mis ojos. A mi lado, una chica esperaba con una toalla, mientras otra, retiraba lentamente mis lentes. – ¡Oh! Olvidé que los traía puestos –respondí con una ligera risa, aligerando los nervios de las muchachas. Más que un cambio de look, esto parecía ser un spa.

Las palabras de Arima llamaron mi atención.
–Vaya, usted sabe más de lo que uno imaginaría –traté de bromear, aferrándome al asiento, al sentí como este era inclinado. La toalla ofrecía una sensación cálida, y aunque suene muy contradictorio, refrescante. Sentía los músculos de mi rostro relajarse, así como todo mi ser. –Esto es muy relajante –murmuré, recibiendo risitas de las chicas. – ¡Oh! ¿También pondrán pepinos en nuestros ojos? –mi voz sonó, hasta cierto punto, infantil. –Siempre he querido probar eso –añadí, con la voz ahogada por la tela. Las mujeres siguieron trabajando, masajeando nuestros rostros por encima de la toalla, la cual comenzaba a perder su calor inicial. De no ser por la constante visión que esos malditos espejos causaron en mí, podría haberme quedado dormido en esos momentos. – ¿Están seguras de que no se convertirán en viscosos seres con tentáculos y múltiples ojos, tratando de robarse nuestras almas? –pregunté con cierto recelo, a lo que las muchachas tomaron como un tipo de broma; algo deducible, con solo escuchar sus carcajadas.
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Mensaje por Arima Kishou el Lun Sep 25, 2017 2:17 am

No se encontraba tenso, que él no diera la impresión de una persona relajada era otra cosa muy diferente. Arima en estos momentos después de descargar dicha información que hasta pareciera ya haber traído ensayada para ese preciso instante, tan sólo estaba haciendo lo que se suponía que debía de hacer allí: Nada. O al menos ése parecía el punto en dicha estadía, porque además de estar en el asiento con un compañero al lado que sin duda comunicaba todas las inquietudes que poseyera de manera tan liberal (aunque igual y eso vendría a ser lo normal y más si lo comparaban con el albino), y un grupo selecto de trabajadoras encargándose de un supuesto cambio, estaban haciendo ya toda la labor y requerir de la asistencia de los dos hombres era innecesaria. Esto básicamente era un "tú sólo relajate y déjate consentir"... Tal vez torturar, eso ya dependía de uno—. Algunos aspectos técnicos quizá, pero la verdad es que soy un novato en todo esto —admitió luego de unos escasos minutos callado ante lo que había parecido un halago de parte del rubio. Aquél mismo personaje hizo un comentario al aire dirigido hacía las expertas, ahora él era quien parecía ya saber demasiado acerca del tema—. ¿Probar tener pepinos en los ojos? —tuvo que recalcar lo que escuchó en modo de pregunta, es decir, la forma en la que estaba imaginando eso era solamente ridícula e incomoda, dolorosa tal vez; el pepino era una verdura bastante grande y dura (no jodas, cof xDDDDD) para una labor así—. ¡En rodajas! —se contestó a sí mismo al intentarle encontrar una posible solución que sí fuera viable, y aunque sí se escuchó más animado del tono que ha estado empleando en todo el recorrido, tampoco era una expresión que causara mucho revuelo por lo efusiva, no, nada que ver. Seguía tan "inmutable" como desde un principio.

El último comentario acusador del rubio dejó a al sexo contrario entre risas y algunas otras con una expresión de desentimiento gracias a lo extrañamente explicito que sería escuchar algo así entre la comunidad que no estuviera tan acostumbrada a cierto tipo de comentarios, por ponerlo de alguna manera. Obviamente que le negaron que eso podría siquiera pasar, aún si estuviera por lo menos una tentada a darle la razón, después de todo ellos estaban para pasar un buen rato y no temer por alguna clase de abducción que acabase muy-muy mal. Al quitarles las toallas húmedas que ya no poseían más su calor inicial fue que pudieron notar que el peliblanco sí estaba respirando pero ya había dejado de estar con ellos desde hace quién sabe cuánto rato mientras la platicas entre los que sí se dignaban a ser participantes activos continuaba; "No querremos despertarlo. Todavía", mencionó una al sobreviviente que resistió la primer parte del proceso. Una llamada entrante para la encargada surgió, que, según su manera de actuar daba la impresión de ser importante y urgente que tuvo que dejar a los dos inocentes a cargo de las jovencitas que tenían menos experiencia, disculpándose, pero diciendo que regresaría tan rápido fuera a solucionar algo en la escuela de su hijo pequeño. Una discusión improvisada surgió de la nada cuando las que quedaban hicieron un circulo en plan equipo antes de comenzar la partida de algún deporte: "¡No se preocupen, que siguen en buenas manos!", las palabras más que un ánimo al regresar de ellas a escena, daban a entender que bien era todo lo contrario... por alguna razón en ese lugar así todo se sentía. Arima despertó luego de un rato tan sólo para enterarse de las nuevas noticias y que ahora ambos poseían el cabello empapado en alguna sustancia extraña que llenaba todo el cabello—. Tan sólo espero que esto no sea tinte —¿era desinterés genuino o simplemente seguía muy adormilado? Un bostezo prolongado le prosiguió. Ahora seguía ponerles "otra sustancia extraña" pero en sus rostros: "¡Y ya vienen los pepinos!", dijo una claramente motivada—. Ah. Creí que me había quedado dormido... —de momento lo dudaba ya que regresó justo del tema en el que se había quedado antes de ceder ante los poderes de Morfeo.
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Mensaje por Cecil Palmer el Sáb Oct 28, 2017 7:57 am

La actitud calma y reservada de mi compañero, me parecía hasta cierto punto, divertida. El imaginarlo hacer bromas con esa estoica expresión, era aún más hilarante. No pude evitar reír ante su pregunta. – ¡Sí! Como en las películas –respondí con cierto aire victorioso, incluso infantil. Sin embargo, todo mi autocontrol se fue por la puerta, al escuchar aquel grito de su parte, como si acabara de descubrir el secreto de la enorme nube de luces neón que cubre la ciudad. Comencé a reír tanto, que podía sentir las manos de las empleadas, tratando de evitar que la toalla dejara mi cara, al tiempo que me sujetaban, sin éxito, por los hombros, para mantenerme quieto. – ¿Pues de qué otra forma usarían los pepinos en nuestra cara? –pregunté divertido, convulsionando un poco, a causa de la risa contenida.

Luego de unos minutos, dejé de saber de… de… fue en ese momento, que nunca pregunté su nombre. ¡Y me hacía llamar reportero! Nunca en mi vida me había sentido tan avergonzado. Lo dejaría pasar, si apenas llevara unos minutos de haberle conocido, pero llevábamos más que eso desde que nuestros caminos se encontraron.
–Sé que suena repentino, pero nunca nos presentamos –inicié, aprovechando que las mujeres seguían decidiendo que hacer. Ni una respuesta. – ¿Se habrá molestado de que me reí? –era una posibilidad. Después de todo, mi reacción, aunque no era mal intencionada, podría ser percibida de esa forma. En especial, luego de aquella estridente carcajada que, estaba seguro, se escuchó por todo el camino, hacia la tienda de autoservicio que nos trajo aquí.

– ¿Señor? –insistí, sin obtener respuesta alguna. –Parece que alguien se tomó muy en serio eso de relajarse –escuché a la “jefa” reír, a la par de los cuchicheos de sus subordinadas. –Menos mal –murmuré con cierto alivio. Ya regresaría a ese tema cuando ambos estuviéramos dispuestos, y más importante, despiertos. El sonido de pasos, ruedas, botellas y plástico chocando entre sí, comenzó a llenar mí alrededor, distrayéndome de una agradable forma. Sería divertido hacer esto con Carlos. Pero el golpear del metal, tan característico, me hizo pensar mejor esa excusa de cita. Nunca traería a mi amado Carlos a este lugar; su perfecto cabello no sería profanado por nadie, el tocar una sola hebra castaña de su hermosa cabeza, sería el crimen más atroz que cualquier ser vivo de este universo y otras dimensiones, podría cometer en toda la historia de la existencia. Y no permitiría eso.

Mientras esperaba a que el calor de las toallas nos abandonara por completo, aproveché para platicar con las chicas que nos atendían tan alegremente. Así como ellas me contaban las historias y leyendas que conocían de la ciudad, yo les relataba los cuentos fantásticos que sabía de mi amado Sweet Valley, y el resto de lugares que había visitado en mi juventud. A pesar de que la encargada se ausentó por unos minutos, yo seguí con mi animada conversación, como si eso no fuera relevante para mí. Su regreso, fue efímero, lo suficiente, para dar anuncio de las razones por las que nos dejaba.
–Que todo vaya bien –la despedí, con la voz ahogada, todavía. Los cuchicheos volvieron a llenar el lugar, solo que esta vez, los sentí un poco más alejados. –Bienvenido de vuelta al mundo de los vivos –saludé a mi albino compañero, mientras evitaba mirar a toda costa, esos infernales espejos.

Las chicas siguieron su trabajo, ignorando olímpicamente, nuestros intentos de obtener información acerca de nuestro futuro estético. Y antes de que cantara un gallo, se pusieron manos a la obra.
–Si lo es o no, debe admitir que esa sustancia se siente muy bien en el cabello –cerré mis ojos, dejándome llevar por la agradable sensación que ese líquido espeso provocaba. –Escuché que es bueno para eliminar las bolsas bajo los ojos –solté al aire, recibiendo varios comentarios de las chicas, que concordaban conmigo, mientras enlistaban más beneficios.  –Bien, ¿pero ya nos dirán que planean hacernos? –pregunté de la forma más amable posible, buscando obtener respuestas. En su lugar, solo obtuve risas y la misma frase. –Ya lo verán. Quedarán maravillosos –solo me limité a encogerme de hombros. ¿Qué más podía hacer? Ellas eran las expertas, debía conformarme con eso. –Cosas peores nos pueden pasar –traté de bromear, una vez más.
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