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Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

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Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Vie Ene 27, 2017 9:29 am

Pocas cosas lograban sacarlo tanto de quicio, quizá, como el inherente recordatorio de su humanidad que estaba obligado a soportar. A veces estaba bien, y lograba ignorarlo por completo (él era el Shaman King, después de todo), pero en otras ocasiones sentía que sólo le escupía directo en la cara. Y cuando eso sucedía, las veces que sucedía, se limitaba a tratarse de una sensación apabullantemente molesta. Todavía le parecía un poco irrisorio el hecho que él, quien había sido dado por muerto más de cinco años por la casa central de su familia, estuviese inscrito en una nimiedad tan insignificante como el instituto Sweet Amoris. Siendo sincero, era una necedad tan ridícula que incluso a él mismo se le olvidaba, constantemente, puesto que sólo se había tratado de una estrategia para instilarse con mayor comodidad en la ciudad donde se había mudado su prometida. Nuevamente, Anna resultaba todo lo positivo que podía rescatar de la situación: no podía negar que escudriñar la ansiedad de los gestos de su prometida cuando le daban una noticia desagradable era una de sus aficiones favoritas, a pesar de que estaba bastante convencido, de que él era la noticia más desagradable que ella había recibido en mucho tiempo. Nunca estaba de más tenerse a uno mismo en buena estima.

Enterarse del cargo que desempeñaba la muchacha rubia en la institución tampoco le significó una sorpresa, resultaba una especie de alivio irónico pensar que al menos una persona de entre todo el cuerpo estudiantil haría bien su trabajo (teniendo en cuenta que él no se consideraba parte del cuerpo estudiantil en absoluto, así le podía dar más crédito). Tenía serias dudas sobre cómo funciona el sistema en total, puesto que, resultaba un tanto difícil de concebir cómo era posible que un alumno que irregularmente asistía a cualquier tipo de lección fuera capaz de pasar de año, aunque lo aceptaba con un encogimiento de hombros; no era de menos esperar de él que fuese adecuadamente letrado en filosofía e historia. La única persona que estaba autorizada para sermonearlo sobre sus inasistencias constantes sería Anna, aunque teniendo en consideración que la muchacha en cuestión se limitaba a lanzarle miradas gélidas de soslayo, eran ocasiones extremadamente escasas. Fue en una de esas coincidencias extrañas, donde sucedieron dos sucesos insólitos al mismo tiempo: primero, él se había dignado a aparecer a una clase media mañana; y segundo, que su prometida le dirigió la palabra, con la rigidez fría que caracterizaba su simpática personalidad.

Sonrió con ironía clara, aunque no por ello su expresión y la leve inflexión en su voz dejó de ser menos que encantadora—. ¿Necesitas mi ayuda para limpiar la bodega? —repitió, sin evitar vanagloriarse levemente en la oración completa, como si el hecho por sí sólo le significase una victoria importante. En esos momentos se sentía como si la vida escolar pudiese ser interesante, pero sólo se trataría de la emoción del momento: como siempre, Anna le observaba desde arriba con el ceño fruncido y los brazos cruzados, mientras él se mantenía sentado en el pupitre, con la barbilla apoyada descuidadamente en el dorso de sus manos, tal vez quería dar la impresión de pereza. Los demás alumnos se había marchado del salón hace mucho—. ¿O es una de tus excusas para pasar más tiempo conmigo? —prácticamente se había tomado la osadía de ronronearle, y le gustaba, le gustaba demasiado provocarla con el coqueteo descarado. A pesar de que tenía que tener un poco de consideración, sólo para evitar cualquier reacción agresiva innecesaria. Se levantó con lentitud, como si con la sola acción fuese a exasperarla más, y finalmente soltó la sentencia—. Está bien. Considéralo un acto de bondad de mi parte —decretó, con seriedad ceremonial que desencajaba con sus gestos alegres. Estaba perfectamente consciente que Anna era una mujer inteligente, y probablemente le pidió ayuda sólo porque, no había nada más disponible, y sabía que no desaprovecharía la oportunidad negándose.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Vie Abr 28, 2017 3:41 am

El verano había terminado antes de lo esperado y, misteriosamente, no había conseguido relajarse en absoluto. Más era hora de volver al instituto, lo cual le suponía – a diferencia de a otros chicos – un gran alivio pues tendría algo mejor en lo que enfocarse que las pequeñeces de su vida. Grande fue su sorpresa cuando cierto castaño apareció frente a ella una semana después de iniciar las clases, realmente no podia creerlo, ¿Qué demonios hacía él allí? Esto muy probablemente tenia que ver con la casa principal, por lo cual fue rápidamente a quejarse con los maestros de la casa, sólo para recibir el mandato directo de la abuela Asakura sobre “soportarlo”. A pesar de su desagrado, siguió las instrucciones en silencio, de todas formas su autoconvencimiento de ignorarlo facilitaba enormemente las cosas, o eso quería creer. Las primeras semanas habían transcurrido sin problemas, quizás porque él faltaba constantemente y eso le suponía un gran alivio, más como encargada del salón el profesor decidió que debía ser la nueva niñera del castaño. Claro, sus palabras exactas fueron “A él pareces agradarle, eres la única con quien realmente habla, no estaría mal que lo convenzas de venir más a menudo”, pero para ella sólo sonaron como la sentencia que eran, ser su niñera.

No hacía muchos días de esa breve conversación, se le encargó hacer limpieza e inventario de unos materiales en el sotano. Por supuesto, Anna era realmente diligente en este tipo de cosas, pero hacerlo sola no era opción, no llenaría su ropa de tierra y haría fuerzas innecesarias, no teniendo al rededor de 20 otros alumnus que podían hacerlo mientras ella escribía el inventario. Más para cuando volvió a la clase, luego de hablar con el profesor, resultó que todos los alumnos se habían ido, excepto por uno… Respiró hondo y caminó hasta su pupitre para encararlo de frente, con los brazos cruzados –. Ven conmigo, debes limpiar la bodega – Ordenó seria y fría, mirándolo sin sentimientos como era usual ya. frunció en seguida el ceño al escucharlo transformar sus palabras como si nada, más no se esforzó por responder, no valía en absoluto la pena contestar estupideces. Mantuvo la mirada fija mientras lo veía levantarse con total relajo, como si ella tuviera todo el día para esperarlo. Rodó los ojos ante su respuesta y dio media vuelta para dirigirse al sótano, donde estaban los materiales que debía organizar. No dijo ni una palabra en el camino ni miró hacia atrás, simplemente se escuchaban los pasos de ambos al caminar en el ya algo vacío edificio.

Pronto llegaron a las escaleras, encendiendo la luz para bajar hasta llegar a una de las puertas que se veían en el pasillo que ahora estaba frente a ellos. Anna sabía de antemano la puerta correspondiente así que no se molestó en mirar los papeles que traía, (entregados por el profesor de antemano) y abrió una de las puertas, sintiendo de inmediato un ligero escalofrío en la espalda que la hizo fruncir los labios un momento, por suerte el castaño estaba tras ella así que no había forma de que notara su breve gesto. Encendió la luz y pudo ver una vaga sombra moverse al final de la habitación, sólo para molestarla. Ignoró sus propios sentidos, como ya estaba acostumbrada a hacer, y se dirigió a una mesa, pasando una toalla que estaba pr ahí tirada para limpiar ésta y una silla que la acompañaba. No diría que estaba todo asqueroso, pero se notaba que en verano no se hizo un gran aseo en el lugar. Miró una ventanilla alta con rejilla en una pared y volvió la vista a Hao –. Abre esa ventana antes de empezar – Ordenó sin más, sentándose para colocar los papeles y el lapiz sobre la mesa, comenzando a revisar para ver lo que debía o no anotar. Llevaba 20 minutos dirigiendo las acciones del castaño, haciendo que moviera cajas para ella poder revisar la cantidad de cosas mientras ordenaban y limpiaban un poco – principalmente él lo ultimo pues ella no estaba dispuesta a ensuciar su blusa – cuando se sintió un “click” en la puerta que antes el castaño había cerrado al entrar.

El tic en su ojo por el estúpido cliché fue detenido cuando volvió a sentir un escalofrío en su espalda, tontas ilusiones. Negó con la cabeza, acercándose para ver si aun se escuchaba algo desde afuera, más todo lo que escuchó fue otra puerta más lejos al cerrarse también. Suspiró negando y volvió a la tarea que acababa de interrumpir –. Inútiles profesores – se quejó en voz baja al entender que el hombre había olvidado dar aviso de que ellos estarían ahí ordenando, más realmente no le dio mucha importancia, vamos, solo llamaría por teléfono a alguien cuando acabara su trabajo y se iría de ahí, idealmente lo antes posible pues no le hacía nada de gracia estar encerrada con el castaño y menos con esas ilusiones acechándola.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Jue Mayo 25, 2017 12:20 pm

Haciendo caso omiso a su molestia generalizada, extendida un poco más allá de cada diminuta persona a su alrededor, los horarios de clases y la estructura a grandes rasgos de la educación en sí no se le hacían tan insoportables. Intelectualmente, no estaba extasiado, pero al menos lo suficientemente entretenido para no estar deseando constantemente gastar su valioso tiempo en otra actividad, lejos del encierro obligatorio. Tenía otra clase de prioridades, después de todo, aunque era un poco difícil llegar a conseguir verdadero avance cuando tal prioridad ejecutaba tan descaradamente la ley del hielo en tu contra; ¿no era un poco gracioso que Anna fuera incapaz de las sutilezas? No dudaba que la rubia sabía a la perfección que sus reacciones (rabia, sorpresa, desconcierto e incluso, la tan temida indiferencia) le parecían deleitables, un espectáculo del que recogía hasta el más pequeño de los detalles, y él se preguntaba con leve entretención irónica por qué continuaba cediendo tal fácil a sus provocaciones. Tal vez quería saber, más específicamente, por qué se molestaba en hacerse la difícil. Todo era un escenario demasiado encantador, en conjunto, era exactamente esa clase de contradicciones lo que volvían a su prometida objetivo de su interés. Un desafío que le era imposible de rechazar.

Su dinámica estaba repleta de asperezas, interacciones breves y quietud mordaz; a veces la intensidad del hielo en la mirada ajena le recordaba vagamente a un fuego quemando frío, otras veces jugaba con el pensamiento que a cualquier oración para provocarla, Anna saltaría a morderlo (no despacio ni de la forma en que le gustaría). Las palabras de la muchacha nunca eran peticiones ni sugerencias, se trataban de órdenes contundentes que todo el que supiera lo que le conviene habría de acatar. De cierta manera era fascinante cómo ejercía control sobre los demás, y no tenía nada que ver con su trabajo de delegada. Para él no era la excepción, con la particularidad que su disposición a seguir órdenes no se trataba de la mera intimidación (estaba lejos de ser un humano patético como todos los demás), sino el buen humor característico y la oportunidad de pasar algo de tiempo de calidad, aunque fuese en una versión muy suave de trabajos forzados. No se molestó en puntualizar cómo Anna hizo caso omiso a sus intentos inofensivos de entablar una conversación, habría sido demasiado conveniente recibir una respuesta verbal de su parte. En su lugar, le observó con impaciencia mientras él se tomaba su tiempo en levantarse del pupitre, como si hubiera estado reposando quinientos años y no apenas un par de horas, y necesitase estirar sus articulaciones.

El silencio que les siguió camino a la bodega, lugar donde se iría a realizar la limpieza, se sentía casi lúdico. La soledad creciente del edificio luego del final de la jornada escolar daba la agradable sensación de hallarse completamente solos, aun si el sitio al que se dirigían era lo suficientemente privado para cualquier cosa que se le viniera a la cabeza. Bajaron las escaleras en dirección al sótano sin ningún inconveniente, viendo a su alrededor sin verdadero interés por cualquier artefacto añejo que guardaran allí. Ni siquiera resaltaba a la vista por ser demasiado desagradable, nada más daba la aburrida impresión de tratarse de una habitación descuidada, al menos Anna estaba ahí—. A su orden, señora —le sonrió con jovialidad, encontrando casi entrañable la sumisión con que estaba dispuesto a seguirle el juego: los siguientes minutos pasaron con él yendo de allí y allá moviendo cajas, apilando cosas y sacudiendo con las manos el polvo pegado a las superficies de cartón. El trabajo de fuerza no se le hacía complicado, acostumbrado a la vida rústica y a la violencia nómada. Consideró la oportunidad de soltar un comentario sobre si así sería su vida de casados, cuando un click nada sospechó en la puerta les trasladó a un escenario diferente.

¿Era acaso su buena suerte trabajando, o la mala suerte de Anna quedándose encerrada en la misma habitación que él? Sea como fuera, no podía obviar la amplia sonrisa que se deslizaba por sus facciones, en especial después de escuchar la queja lanzada al aire por la rubia. ¿Iba a fingir normalidad volviendo al trabajo pacífico como hacían hasta ahora? Por su parte, él consideraba que la tranquila normalidad había durado demasiado, pues había esperado una oportunidad como ésta desde el principio: su sumisión había caducado bastante rápido. Se acercó casi con sigilo hasta la mesa donde la otra trabajaba, hablándole desde su espalda—. ¿Acaso no te pone nerviosa? —preguntó con su usual sonrisa de serenidad, una pizca de travesura deslizándose bajo sus palabras, con sus ojos depredadores. Esperaba ser lo bastante vago en su oración, continuar según se acercaba hasta estar prácticamente detrás de la muchacha sentada, entonces se permitió abordarla e inclinarse lo suficiente para poner una mano sobre la lista de papel en la que estaba escribiendo—. ¿Estar encerrada aquí, sola, conmigo? —susurró con voz suave, incluso seductora, prácticamente su aliento soplando suavemente en su oído, buscando causarle un escalofrío. Esa clase de reacciones siempre eran deliciosas.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Miér Mayo 31, 2017 7:09 pm

Anna no era una persona paciente, y ciertamente la situacíon, sumada a la mala compañía, eran fuertes detonantes para sacar a relucir su irritabilidad. Más mantuvo la calma, no le daría ese gusto a él, oh no, no a él de todas las personas. Así que siguió con su trabajo como si nada, ya lo resolvería luego, todo estaría bien. Hasta que el castaño decidió que no quería que fuera así.

Escuchó su voz tras ella, más la ignoró y siguió a lo suyo, ignorando además una nueva sombra moverse por el rabillo de su ojo. ¿Es que acaso había un complot? Sólo era su imaginación, ya estaba acostumbrada a lidiar con ese tipo de fantasías, pero no estaba acostumbrada a lidiar con él. Y se le hizo imposible no notar que él se acercaba, como si de una serpiente al acecho se tratara. Continuó ignorándolo, no tenía de otra, era su mejor opción.

Pero no contento con aproximársele, vio su mano apoyarse en el papel que ella escribía, obligándola a frenar su trabajo. No pudo negar el efìmero escalofrío en su espalda, por suerte discreto y desapercibido, al sentir la voz del ajeno en su oido. Cerró los ojos y suspiró, empuñando su mano derecha sobre el lápiz para usarlo como apoyo para su rostro, volteando tranquila hacia el castaño para abrir los ojos en una gélida mirada directa y potente hacia el castaño.

Se podía decir que sus rostros no estaban a más de 5 centimetros uno del otro. Anna lo miraba directamente sin hesitar, sin titubeos, demostrámdole lo poco que le importaba –. Quítate – ordenó con voz tranquila y demandante. Tras unos segundos, alejó su rostro del ajeno para volver la vista a su hoja, y sin el menor miramiento bajó rápidamente su mano aun empuñada, enterrando la punta del lápiz en el dorso de la mano de Hao para que la quitara.

En cuanto alejó la mano de Hao – pues lo conseguiría de una forma u otra – continuó lo que había dejado a medias y miró al frente lo siguiente que había para inventariar –. Esa caja sigue, muévete o piérdete – Indicó tranquila y movió su silla para atrás, sin preocuparse si lo llegaba a golpear, para levantarse. Sin importar qué, debía terminar rápido ese condenado trabajo, llamar al profesor para que le abrieran y salir de ahí, salir de donde él podía terminar con sus nervios y obligarla a hacer algo que no quería.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Lun Jun 26, 2017 11:28 am

Aunque pudiera sorprender a algunas personas, él no era tan centrado en sí mismo como para negar la posibilidad de sucesos interesantes ajenos a su capacidad, incluso en lugares tan remotos de su rutina habitual como podía resultar, por ejemplo, el instituto. Pero, si tenía que apostar por al menos una certeza que podía tener dentro de todo el cuerpo educacional, es que cualquier hecho particular en que se viera envuelto de forma placentera tendría que estar ligado a su prometida. Le alegraba ver que sus expectativas no eran erróneas, ayudaba a aumentar el rango de su satisfacción cuando las circunstancias actuaban casi por completo a su favor. Le era apenas un beneficio extra que para Anna, aquello le pareciese el escenario menos deseable posible, un contraste de opinión que era parte del encanto siniestro de la situación desafortunada. Por supuesto, ¿quién en su sano juicio desearía estar encerrado en una bodega descuidada y sucia como ésa? Que tal accidente le proveyera una utilidad adicional era algo completamente incidental.

Y para su suerte, él se consideraba a sí mismo un individuo bastante adaptable. No tenía problemas para adecuarse a la situación al cerrarse la puerta con un click suave, y se sentía como que ya no estaban ordenando más los objetos en la habitación. Por lo que se dirigió a rodear a su presa, sin ánimo ni intento de ocultar su presencia apabullante acercándose con sigilo, lentitud ceremonial para saborear el momento. Y se trataba de Anna, la misma muchacha que hacía caso omiso por completo a sus provocaciones, por lo que ella no impidió su avance, como si verse comprometida en una posición vulnerable, donde él casi estaba encima de ella no le afectara en absoluto. Claro, tendría que admirar su voluntad de hierro. Mantener la expresión completamente neutra incluso cuando sopló un aliento suave sobre su oído. Cuando sus miradas se encontraron, la rubia no le estaba dedicando más que frialdad habitual, aunque él sabía distinguir la incomodidad detrás de ella. Se escuchó la orden clara de que se quitara de encima, y apenas reprimió una risa pequeña escapar de su garganta—. ¿Y si no quiero? —volvió a ronronear, embozando una sonrisa demasiado alegre para el tono ominoso de su declaración, como un desafío.

Sus rostros se acercaron a casi menos de cinco centímetros, como la última vez, y sería quizá demasiado fácil inclinarse para...

El dolor punzante sobre su mano derecha le recodó que, efectivamente, la había colocado sobre los papeles para apoyarse más cerca e interrumpir su tarea al mismo tiempo. No podía decir que no lo había visto venir, pero se congeló al momento que sus nervios gritaron. No emitió ningún sonido de agonía, ni siquiera contuvo el aire de sus pulmones. Aunque la sonrisa que le dedicó a continuación, diferente a las anteriores, tenía un borde quebradizo—. Siempre eres tan... agradable —se enderezó, sacando su mano de la mesa y cobijándola con la palma de la otra, como si eso fuera a aliviar el dolor. Por supuesto, cuando se trataba de infligir daño físico, su prometida era rápida, eficiente y certeza: pensarla vulnerable hacía sido una suposición demasiado optimista. Aunque no se alejó por ejemplo, Anna por poco empujaba la silla para correrlo hacia atrás.

Pese a recibir su orden, su ánimo juguetón se había desinflado junto a su mano dañada, por lo que su siguiente oración sonó a algo parecido a un lamento—. Ya no sé cuál de los dos está jugando a la casita —se burló, ladeando la cabeza, y caminó lo suficiente para rodear el resto de la mesa, posteriormente inclinándose sobre ésta como si fuera a sentarse sobre la superficie. Finalmente lo que los separaba era un trozo de madera—. Aunque, por supuesto, tú eres la esposa mandona, y a mí me gustaría más una luna de miel —se relamió los labios, casi con descaro. Sin hacer el menor ademán para mover la caja que continuaba en su posición inerte, la podría usar como un posa-pies si se estiraba lo suficiente—. ¿Recibiré alguna recompensa por esto? —se cruzó de brazos, y aunque pretendía dar la impresión de negociar, en realidad le interesaba saber cómo podría la muchacha arreglárselas cuando se negaba a hacer el trabajo. Aunque, muy en el fondo, sólo quería provocarla un poco más—. ¿Un besito en la mejilla?
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Vie Jun 30, 2017 7:33 pm

Si había algo que la enervaba en el mundo, era precisamente él. No tenía más que decir, era impresionante la forma tan fácil en que conseguía sacarla de sus casillas, siendo sólo superado por él sabiendo que lo conseguía. Lo sabía, pues tan sólo una mirada a los ojos gatunos le daba la respuesta, él siempre supo cómo manejarla de pequeño, y no dudaba que seguía sabiendo cómo, excepto que ahora lo usaba para exasperarla en cada mínima ocasión posible. Pero no estaba dispuesta a darle la satisfacción de alterarla tan pronto, no, ella tenía más control que eso y no le permitiría la satisfacción de verla rabiar tan rápido.

No hubiera desperdiciado su oportunidad por nada del mundo, la visión del dolor en los ojos de Hao era un placer inolvidable, a pesar de que no lo expresara en su rostro, tenía algo de resistencia al menos, pero eso no evitaría que ella buscara la sutil manera de herirlo cada vez que él le diera oportunidad, y él parecía decidido a darle muchas oportunidades al acceder a quedarse encerrado con ella. Casi hubiera pensado que el plan había sido suyo, de no ser porque no tuvo oportunidad de planearlo pues ni bien le ordenó ir con ella había caminado con él, no le perdió de vista como para darle tiempo a hacer alguna estupidez, y aun así estaba en esa situación. La sombra que se movió en la esquina pareció reírse de ella igual que el universo cuando la hizo quedar ahí encerrada.

La voz rencorosa del castaño le agradó, era mejor que el tono seductor que siempre intentaba usar en ella, pero no era lo suficientemente satisfactorio. Cuando se levantó del asiento, casi esperaba haberle dado un golpe al castaño, pero el destino – o los reflejos ajenos – no permitieron que ocurriera y eso la frustró un poco al ponerse de pie. La oración del ajeno la descolocó, ¿A la… qué? Enarcó ligeramente una ceja y lo miró de reojo recorrer el borde de la mesa con lentitud ceremonial, sabiendo que eso la exasperaba, más esperando que él no fuera tan estúpido como para no hacer lo que ella quería. Cuando llegó al borde de la mesa y tuvo el descaro de apoyarse en esta para mirarla por sobre el hombro, lo miró fulminante, era demasiado esperar que él se sosegara y cooperara para salir de ahí. Frunció los labios al escucharlo, ¿Luna de miel? ¿Es que acaso se había vuelto tonto desde la última vez? Pregunta capciosa, claro que era tonto, le había dado la espalda a la rubia como si no estuviera en inminente peligro en la misma habitación que ella.

Ver como se relamía los labios casi mató su paciencia, pero aun la pudo controlar lo suficiente para apoyar sus manos en la mesa, en lugar de hacia el cuello ajeno –. Muévete de una vez – ordenó en tono severo y bajo, casi ahogado por la ira contenida. Más entonces él derramó la última gota, era el colmo, no conocía límite en su petulancia. Alargó la mano hasta su camisa, apoyándose en la mesa con su mano libre para llegar a él sobre el tamaño no tan amplio de la mesa. Su mano firme se aferró a la delgada tela para jalar a su dueño y hacerlo caer hacia atrás por la fuerza, soltándolo justo antes de impactar y sin importarle el sonido crudo de su espalda chocando con la mesa, o tan siquiera si llegaba a golpearse la nuca con la madera.

Su mano rápidamente llegó al pecho del castaño para sostenerlo unos segundos en su lugar mientras se inclinaba para mirar sus ojos desde arriba, llenos de rabia no sólo por las provocaciones de él, sino por darle la satisfacción de ver como la enfadaba, pero igual daba, la compensaba el daño físico que él conseguía –. Harás lo que diga, porque YO lo digo, y punto – declaró con firmeza y enfado, delineando cada palabra con calma, gesto que sólo aumentaba el nivel de su ira. Se movió hacia un lado para ir ella misma hacia otra caja y soltarse del agarre ajeno, sin esperar que él la sujetara por la muñeca, usándola como impulso para volver a erguirse al tiempo que ella era jalada hacia su cuerpo, chocando con su pecho antes de poder evitarlo.

Apoyó inconscientemente una mano en el pecho ajeno al verse empujada, mano que de inmediato se hizo un puño aferrando la camisa ajena con enfado y fuertes ganas de desgarrar la piel bajo la tela mientras alzaba la vista hacia él para alejarse, apenas lo suficiente para poder mirarlo a los ojos con ira –. Eres el colmo – declaró con desdén, pensando la mejor forma de hacerle daño. No estaría mal alejarse lo suficiente como para alzar su rodilla y darle un golpe en la entrepierna, pero tenía fuertes deseos de alzar la mano y darle un puñetazo en el ojo para arruinar esa mirada burlona, la segunda opción pareció mejor en el momento en que soltó su camisa para dirigir el puño a su rostro.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Miér Jul 26, 2017 1:35 pm

Probablemente, cualquier persona externa que presenciara toda su dinámica dentro de la bodega lo hallaría digno de un espectáculo. No se le ocurría una mejor forma de describirlo, encontrándolo infinitamente divertido incluso cuando las circunstancias dejaron de funcionar completamente a su favor. Después de todo, ¿cómo pudo haber esperado que su diminuta distancia con la rubia no resultara en alguna clase de traumatismo menor para él? Claro que había valido la pena, eso no lo negaría, pero el pensamiento difícilmente resultaba reconfortante para los nervios que gritaron de dolor en el dorso de su mano, incluso llevando los guantes puestos. El sentido común le había dictado retroceder y dar a su tierna Anna un poco de espacio para recomponerse, por supuesto, tal vez tal no duró lo suficiente para evitar comprometer nuevamente su integridad física. ¿Por qué fastidiar a su prometida resultaba tan, tan fácil? ¿Cómo podían ser las reacciones de una persona tan atrayentes para él? Empezaría a pensar que Anna no era la única con un problema allí, pero podía dejar esa cavilación para la siguiente ocasión.

Rodeó el borde de la mesa de trabajo lentamente, como si el acto por sí solo significara una burla a la paciencia de la muchacha. Y en consideración al temperamento explosivo de la contraria, el hecho que no hubiera recibido ningún tipo de golpe directo decía bastante de su auto-control, pero aquello nunca lo había detenido. Mentiría al decir que la necesidad de presionarla más y más superaba a su mejor criterio, puesto que era plenamente consciente de sus palabras y de sus propios ademanes. Así que probablemente, continuar sonriendo con descaro mientras Anna con rapidez lo había empujado lejos, sacándole de su equilibrio y luego haciendo que cayera hacia atrás, podría ser visto como una muestra de masoquismo inadecuado. En definitiva estaban condenados a una dinámica absurda, pero ser el receptor doloroso de su constante tira y afloja no le era tan placentero como debería. Aunque en su defensa, por la forma en que la misma Anna se acercó hasta él mientras aún estaba en el suelo, no era el único de los dos con la necesidad de contacto físico. Que fuera meramente para amenazarlo era un detalle insignificante.

No se esperaba menos por parte de su prometida, las palabras contundentes y rígidas que enviarían escalofríos a la espina dorsal de cualquiera. Lamentablemente, el Shaman King no era cualquiera para resultar intimidado, pero se agradecía de todos modos el entusiasmo (no tanto los moretones). A pesar de que su teatro privado estaba lejos de terminar, se levantó de un impulso veloz apenas la otra trató de alejarse, agarrando a la muchacha por la muñeca con firmeza para erguirse de pie. Como resultado, había obligado a Anna a acercarse lo suficiente para chocar contra su pecho, la diferencia de estaturas le hacía apreciar un poco más la fuerza bruta que poseía la chica en esa figura menuda. La mano que arrugó sus ropas en lo que debía traducirse como rabia intensificada le hizo arrancar una risita, como si no estuviera en inminente peligro de recibir un puñetazo—. No puedo evitarlo —le sonrió, bastante feliz, que ni siquiera se distinguía un rastro de burla por dejado de su tono. Por supuesto, tuvo que arreglárselas para tomar el puño que seguro iba dirigido a dejarle un ojo morado, y bajarlo con lentitud, que en cualquier otra circunstancia habría de resultar un gesto romántico entrelazar sus dedos juntos—. Te ves muy linda cuando te enojas.

No estaba mintiendo, cualquier expresión pasional que reemplazara la mueca de apatía en el rostro de Anna resultaba deslumbrante. Por ese motivo no separó sus ojos castaños de los ámbares de la contraria, como si buscara transmitirle serenidad incluso en la posición comprometida en la que se encontraban. A pesar de eso, la postura de la muchacha rubia estaba tensa, como un animal acorralado: dispuesto a morder o a escapar. Distinguir tal postura le hizo soltar un suspiro, casi en derrota, y sería la primera vez que parecía desanimado, una tristeza hueca que resultaba curiosa en sus facciones usualmente alegres—. No voy a lastimarte. ¿Por qué siempre a la defensiva, Anna? —su voz se suavizó, por un instante breve se sintió como que la estaba sujetando para no dejarla caer más que simplemente evitar que se alejara. Él había dicho que la quería desde el principio, por lo que no entendía por qué ella tenía que hacerse la difícil (siempre cerrada, hermética y hermosamente fría). No todo tenía que ser una lucha entre ellos, era capaz de gestos delicados y caricias suaves, si por una vez ella no lo rehuía de inmediato—. ¿Tengo que demostrarlo? —se inclinó ligeramente hacia adelante, soltando los dedos hechos puños para en su lugar, rodearla suavemente de la cintura: el beso no se trató de un gesto brusco, pero tampoco fue una acción lenta y pausada, no podía darse el lujo de desperdiciar el tercer intento.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Mar Ago 01, 2017 5:55 pm

La rabia que emanaba por las constantes burlas del castaño era casi tangible en el ambiente, y la confusión que plantó en ella esa aparentemente sincera risa no aminoró la fuerza de su impulso cuando dirigió un puñetazo directo al ojo risueño. Sorpresa fue cuando él pudo detenerla, algo de crédito debía darle, no era un completo debilucho al menos, pero su comentario sólo consiguió cabrearla incluso más. Quería zafarse y alejarse, pero él seguía sujetando su mano con fuerza suficiente para negarlo y eso le fastidiaba, igualmente no le daría el placer de verla desesperarse y forcejear para alejarse como un animal con rabia. No, ella tenía más orgullo que eso y rápidamente pensó en una forma inteligente y dañina para alejarse de él.

Sin embargo, no pudo llevarla a cabo a tiempo, no cuando vio el extraño cambio de expresión en él. Lo conocía, lo conocía mejor que nadie y por eso no podía negar la sinceridad en esa triste expresión decepcionada, la confusión la atacó implacable y dejó su mente en blanco por unos segundos, sin entender en absoluto porqué el enseñaría semejante expresión en una situación que podría estar disfrutando a pleno. Sus palabras sólo consiguieron aumentar su consternación, y totalmente aturdida como estaba no fue capaz de registrar en qué momento él soltó su mano para sujetar su cintura, sólo lo notó al sentir que era suavemente arrastrada hacia él por la mano cálida, y entonces él estaba demasiado cerca para reaccionar.

Apenas había comenzado a procesar nuevamente, cuando el apenas perceptible roce de sus labios con los contrarios envió un agradable escalofrío por su cuerpo, como si intentara despertarlo, descongelando el hielo a su paso. Por un momento todo se centró en esa efímera sensación, más entonces su mente volvió a funcionar, dispuesta a hacer todas las preguntas en el aire. No lo entendía del todo, claro, él había dicho muchas cosas hasta el momento, pero en cada ocasión ella asumió que era todo una gran burla para con ella por lo tonta que había sido de pequeña, pues esperar que él no fuera cruel era esperar demasiado de él, ¿No? Sencillamente no encajaba, él no era el tipo de persona que se guiaba por sentimientos para hacer las cosas, era más inteligente que eso y ella lo sabía. Entonces sólo podía llegar a una conclusión y era que él no hacía esto en un impulso, sus verdaderas razones o sentimientos quedaban para después.

Y se vio a sí misma cerrando los ojos para responder aquella extraña acción, pues no le había tomado más que unos segundos para demostrar su naturaleza demandante. Pero él no tenía derecho a exigir nada de ella, no, claro que no, así que alzó nuevamente la mano que antes él sujetaba para apoyarla en su pecho y volver a empuñarla, aferrando ahora la camisa ajena con ambas manos posesivamente, adueñándose del mando. Separó sus labios y mordió el inferior ajeno antes de terminar de entender todo lo que ocurría, éste era sin lugar a dudas su primer beso pero eso era lo de menos, para ella seguía siendo una batalla de voluntades, una que no estaba dispuesta a perder. Al menos, hasta que la punta de su lengua rozó con la ajena y la escalofriantemente placentera sensación la hizo retroceder, era demasiado en tan poco tiempo. Se separó de golpe, empujándolo con ambas manos y retrocediendo ella misma unos pasos para tapar su boca por unos segundos, finalmente reaccionando y preguntándose por qué demonios no se había alejado de inmediato.

Las mejillas discretamente sonrojadas en su blanca piel eran lo de menos, no quería alzar la vista y ver la sonrisa triunfante en la cara de Hao, no estaba dispuesta a tal humillación, sabía que él había conseguido lo que quería, debilitar sus defensas y atacarla con la guardia baja, podía imaginar perfectamente su expresión ganadora sin necesidad de voltear a verlo. Su respiración se calmó y alejó la delicada mano de sus labios para caminar a un costado, hacia la mesa, moviendo la silla para sentarse y apoyar el codo en la mesa, seguidamente apoyando su frente en la mano para cerrar los ojos y respirar hondo, calmando su agitado corazón –. Vete – dijo secamente, en tono bajo y suave más aun demandante –. No me importa cómo lo hagas pero quiero que salgas de aquí – agregó sin cambiar su tono, ya no quería lidiar con él, suficiente tenía intentando lidiar con su propio cuerpo. Calmar sus pensamientos y enfriar los sentimientos era una tarea que en ese momento requería toda su atención.
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Anna Kyoyama



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