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Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

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Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Vie Ene 27, 2017 9:29 am

Pocas cosas lograban sacarlo tanto de quicio, quizá, como el inherente recordatorio de su humanidad que estaba obligado a soportar. A veces estaba bien, y lograba ignorarlo por completo (él era el Shaman King, después de todo), pero en otras ocasiones sentía que sólo le escupía directo en la cara. Y cuando eso sucedía, las veces que sucedía, se limitaba a tratarse de una sensación apabullantemente molesta. Todavía le parecía un poco irrisorio el hecho que él, quien había sido dado por muerto más de cinco años por la casa central de su familia, estuviese inscrito en una nimiedad tan insignificante como el instituto Sweet Amoris. Siendo sincero, era una necedad tan ridícula que incluso a él mismo se le olvidaba, constantemente, puesto que sólo se había tratado de una estrategia para instilarse con mayor comodidad en la ciudad donde se había mudado su prometida. Nuevamente, Anna resultaba todo lo positivo que podía rescatar de la situación: no podía negar que escudriñar la ansiedad de los gestos de su prometida cuando le daban una noticia desagradable era una de sus aficiones favoritas, a pesar de que estaba bastante convencido, de que él era la noticia más desagradable que ella había recibido en mucho tiempo. Nunca estaba de más tenerse a uno mismo en buena estima.

Enterarse del cargo que desempeñaba la muchacha rubia en la institución tampoco le significó una sorpresa, resultaba una especie de alivio irónico pensar que al menos una persona de entre todo el cuerpo estudiantil haría bien su trabajo (teniendo en cuenta que él no se consideraba parte del cuerpo estudiantil en absoluto, así le podía dar más crédito). Tenía serias dudas sobre cómo funciona el sistema en total, puesto que, resultaba un tanto difícil de concebir cómo era posible que un alumno que irregularmente asistía a cualquier tipo de lección fuera capaz de pasar de año, aunque lo aceptaba con un encogimiento de hombros; no era de menos esperar de él que fuese adecuadamente letrado en filosofía e historia. La única persona que estaba autorizada para sermonearlo sobre sus inasistencias constantes sería Anna, aunque teniendo en consideración que la muchacha en cuestión se limitaba a lanzarle miradas gélidas de soslayo, eran ocasiones extremadamente escasas. Fue en una de esas coincidencias extrañas, donde sucedieron dos sucesos insólitos al mismo tiempo: primero, él se había dignado a aparecer a una clase media mañana; y segundo, que su prometida le dirigió la palabra, con la rigidez fría que caracterizaba su simpática personalidad.

Sonrió con ironía clara, aunque no por ello su expresión y la leve inflexión en su voz dejó de ser menos que encantadora—. ¿Necesitas mi ayuda para limpiar la bodega? —repitió, sin evitar vanagloriarse levemente en la oración completa, como si el hecho por sí sólo le significase una victoria importante. En esos momentos se sentía como si la vida escolar pudiese ser interesante, pero sólo se trataría de la emoción del momento: como siempre, Anna le observaba desde arriba con el ceño fruncido y los brazos cruzados, mientras él se mantenía sentado en el pupitre, con la barbilla apoyada descuidadamente en el dorso de sus manos, tal vez quería dar la impresión de pereza. Los demás alumnos se había marchado del salón hace mucho—. ¿O es una de tus excusas para pasar más tiempo conmigo? —prácticamente se había tomado la osadía de ronronearle, y le gustaba, le gustaba demasiado provocarla con el coqueteo descarado. A pesar de que tenía que tener un poco de consideración, sólo para evitar cualquier reacción agresiva innecesaria. Se levantó con lentitud, como si con la sola acción fuese a exasperarla más, y finalmente soltó la sentencia—. Está bien. Considéralo un acto de bondad de mi parte —decretó, con seriedad ceremonial que desencajaba con sus gestos alegres. Estaba perfectamente consciente que Anna era una mujer inteligente, y probablemente le pidió ayuda sólo porque, no había nada más disponible, y sabía que no desaprovecharía la oportunidad negándose.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Vie Abr 28, 2017 3:41 am

El verano había terminado antes de lo esperado y, misteriosamente, no había conseguido relajarse en absoluto. Más era hora de volver al instituto, lo cual le suponía – a diferencia de a otros chicos – un gran alivio pues tendría algo mejor en lo que enfocarse que las pequeñeces de su vida. Grande fue su sorpresa cuando cierto castaño apareció frente a ella una semana después de iniciar las clases, realmente no podia creerlo, ¿Qué demonios hacía él allí? Esto muy probablemente tenia que ver con la casa principal, por lo cual fue rápidamente a quejarse con los maestros de la casa, sólo para recibir el mandato directo de la abuela Asakura sobre “soportarlo”. A pesar de su desagrado, siguió las instrucciones en silencio, de todas formas su autoconvencimiento de ignorarlo facilitaba enormemente las cosas, o eso quería creer. Las primeras semanas habían transcurrido sin problemas, quizás porque él faltaba constantemente y eso le suponía un gran alivio, más como encargada del salón el profesor decidió que debía ser la nueva niñera del castaño. Claro, sus palabras exactas fueron “A él pareces agradarle, eres la única con quien realmente habla, no estaría mal que lo convenzas de venir más a menudo”, pero para ella sólo sonaron como la sentencia que eran, ser su niñera.

No hacía muchos días de esa breve conversación, se le encargó hacer limpieza e inventario de unos materiales en el sotano. Por supuesto, Anna era realmente diligente en este tipo de cosas, pero hacerlo sola no era opción, no llenaría su ropa de tierra y haría fuerzas innecesarias, no teniendo al rededor de 20 otros alumnus que podían hacerlo mientras ella escribía el inventario. Más para cuando volvió a la clase, luego de hablar con el profesor, resultó que todos los alumnos se habían ido, excepto por uno… Respiró hondo y caminó hasta su pupitre para encararlo de frente, con los brazos cruzados –. Ven conmigo, debes limpiar la bodega – Ordenó seria y fría, mirándolo sin sentimientos como era usual ya. frunció en seguida el ceño al escucharlo transformar sus palabras como si nada, más no se esforzó por responder, no valía en absoluto la pena contestar estupideces. Mantuvo la mirada fija mientras lo veía levantarse con total relajo, como si ella tuviera todo el día para esperarlo. Rodó los ojos ante su respuesta y dio media vuelta para dirigirse al sótano, donde estaban los materiales que debía organizar. No dijo ni una palabra en el camino ni miró hacia atrás, simplemente se escuchaban los pasos de ambos al caminar en el ya algo vacío edificio.

Pronto llegaron a las escaleras, encendiendo la luz para bajar hasta llegar a una de las puertas que se veían en el pasillo que ahora estaba frente a ellos. Anna sabía de antemano la puerta correspondiente así que no se molestó en mirar los papeles que traía, (entregados por el profesor de antemano) y abrió una de las puertas, sintiendo de inmediato un ligero escalofrío en la espalda que la hizo fruncir los labios un momento, por suerte el castaño estaba tras ella así que no había forma de que notara su breve gesto. Encendió la luz y pudo ver una vaga sombra moverse al final de la habitación, sólo para molestarla. Ignoró sus propios sentidos, como ya estaba acostumbrada a hacer, y se dirigió a una mesa, pasando una toalla que estaba pr ahí tirada para limpiar ésta y una silla que la acompañaba. No diría que estaba todo asqueroso, pero se notaba que en verano no se hizo un gran aseo en el lugar. Miró una ventanilla alta con rejilla en una pared y volvió la vista a Hao –. Abre esa ventana antes de empezar – Ordenó sin más, sentándose para colocar los papeles y el lapiz sobre la mesa, comenzando a revisar para ver lo que debía o no anotar. Llevaba 20 minutos dirigiendo las acciones del castaño, haciendo que moviera cajas para ella poder revisar la cantidad de cosas mientras ordenaban y limpiaban un poco – principalmente él lo ultimo pues ella no estaba dispuesta a ensuciar su blusa – cuando se sintió un “click” en la puerta que antes el castaño había cerrado al entrar.

El tic en su ojo por el estúpido cliché fue detenido cuando volvió a sentir un escalofrío en su espalda, tontas ilusiones. Negó con la cabeza, acercándose para ver si aun se escuchaba algo desde afuera, más todo lo que escuchó fue otra puerta más lejos al cerrarse también. Suspiró negando y volvió a la tarea que acababa de interrumpir –. Inútiles profesores – se quejó en voz baja al entender que el hombre había olvidado dar aviso de que ellos estarían ahí ordenando, más realmente no le dio mucha importancia, vamos, solo llamaría por teléfono a alguien cuando acabara su trabajo y se iría de ahí, idealmente lo antes posible pues no le hacía nada de gracia estar encerrada con el castaño y menos con esas ilusiones acechándola.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Hao Asakura el Jue Mayo 25, 2017 12:20 pm

Haciendo caso omiso a su molestia generalizada, extendida un poco más allá de cada diminuta persona a su alrededor, los horarios de clases y la estructura a grandes rasgos de la educación en sí no se le hacían tan insoportables. Intelectualmente, no estaba extasiado, pero al menos lo suficientemente entretenido para no estar deseando constantemente gastar su valioso tiempo en otra actividad, lejos del encierro obligatorio. Tenía otra clase de prioridades, después de todo, aunque era un poco difícil llegar a conseguir verdadero avance cuando tal prioridad ejecutaba tan descaradamente la ley del hielo en tu contra; ¿no era un poco gracioso que Anna fuera incapaz de las sutilezas? No dudaba que la rubia sabía a la perfección que sus reacciones (rabia, sorpresa, desconcierto e incluso, la tan temida indiferencia) le parecían deleitables, un espectáculo del que recogía hasta el más pequeño de los detalles, y él se preguntaba con leve entretención irónica por qué continuaba cediendo tal fácil a sus provocaciones. Tal vez quería saber, más específicamente, por qué se molestaba en hacerse la difícil. Todo era un escenario demasiado encantador, en conjunto, era exactamente esa clase de contradicciones lo que volvían a su prometida objetivo de su interés. Un desafío que le era imposible de rechazar.

Su dinámica estaba repleta de asperezas, interacciones breves y quietud mordaz; a veces la intensidad del hielo en la mirada ajena le recordaba vagamente a un fuego quemando frío, otras veces jugaba con el pensamiento que a cualquier oración para provocarla, Anna saltaría a morderlo (no despacio ni de la forma en que le gustaría). Las palabras de la muchacha nunca eran peticiones ni sugerencias, se trataban de órdenes contundentes que todo el que supiera lo que le conviene habría de acatar. De cierta manera era fascinante cómo ejercía control sobre los demás, y no tenía nada que ver con su trabajo de delegada. Para él no era la excepción, con la particularidad que su disposición a seguir órdenes no se trataba de la mera intimidación (estaba lejos de ser un humano patético como todos los demás), sino el buen humor característico y la oportunidad de pasar algo de tiempo de calidad, aunque fuese en una versión muy suave de trabajos forzados. No se molestó en puntualizar cómo Anna hizo caso omiso a sus intentos inofensivos de entablar una conversación, habría sido demasiado conveniente recibir una respuesta verbal de su parte. En su lugar, le observó con impaciencia mientras él se tomaba su tiempo en levantarse del pupitre, como si hubiera estado reposando quinientos años y no apenas un par de horas, y necesitase estirar sus articulaciones.

El silencio que les siguió camino a la bodega, lugar donde se iría a realizar la limpieza, se sentía casi lúdico. La soledad creciente del edificio luego del final de la jornada escolar daba la agradable sensación de hallarse completamente solos, aun si el sitio al que se dirigían era lo suficientemente privado para cualquier cosa que se le viniera a la cabeza. Bajaron las escaleras en dirección al sótano sin ningún inconveniente, viendo a su alrededor sin verdadero interés por cualquier artefacto añejo que guardaran allí. Ni siquiera resaltaba a la vista por ser demasiado desagradable, nada más daba la aburrida impresión de tratarse de una habitación descuidada, al menos Anna estaba ahí—. A su orden, señora —le sonrió con jovialidad, encontrando casi entrañable la sumisión con que estaba dispuesto a seguirle el juego: los siguientes minutos pasaron con él yendo de allí y allá moviendo cajas, apilando cosas y sacudiendo con las manos el polvo pegado a las superficies de cartón. El trabajo de fuerza no se le hacía complicado, acostumbrado a la vida rústica y a la violencia nómada. Consideró la oportunidad de soltar un comentario sobre si así sería su vida de casados, cuando un click nada sospechó en la puerta les trasladó a un escenario diferente.

¿Era acaso su buena suerte trabajando, o la mala suerte de Anna quedándose encerrada en la misma habitación que él? Sea como fuera, no podía obviar la amplia sonrisa que se deslizaba por sus facciones, en especial después de escuchar la queja lanzada al aire por la rubia. ¿Iba a fingir normalidad volviendo al trabajo pacífico como hacían hasta ahora? Por su parte, él consideraba que la tranquila normalidad había durado demasiado, pues había esperado una oportunidad como ésta desde el principio: su sumisión había caducado bastante rápido. Se acercó casi con sigilo hasta la mesa donde la otra trabajaba, hablándole desde su espalda—. ¿Acaso no te pone nerviosa? —preguntó con su usual sonrisa de serenidad, una pizca de travesura deslizándose bajo sus palabras, con sus ojos depredadores. Esperaba ser lo bastante vago en su oración, continuar según se acercaba hasta estar prácticamente detrás de la muchacha sentada, entonces se permitió abordarla e inclinarse lo suficiente para poner una mano sobre la lista de papel en la que estaba escribiendo—. ¿Estar encerrada aquí, sola, conmigo? —susurró con voz suave, incluso seductora, prácticamente su aliento soplando suavemente en su oído, buscando causarle un escalofrío. Esa clase de reacciones siempre eran deliciosas.
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Re: Love is the meeting. [Priv. Anna Kyoyama]

Mensaje por Anna Kyoyama el Miér Mayo 31, 2017 7:09 pm

Anna no era una persona paciente, y ciertamente la situacíon, sumada a la mala compañía, eran fuertes detonantes para sacar a relucir su irritabilidad. Más mantuvo la calma, no le daría ese gusto a él, oh no, no a él de todas las personas. Así que siguió con su trabajo como si nada, ya lo resolvería luego, todo estaría bien. Hasta que el castaño decidió que no quería que fuera así.

Escuchó su voz tras ella, más la ignoró y siguió a lo suyo, ignorando además una nueva sombra moverse por el rabillo de su ojo. ¿Es que acaso había un complot? Sólo era su imaginación, ya estaba acostumbrada a lidiar con ese tipo de fantasías, pero no estaba acostumbrada a lidiar con él. Y se le hizo imposible no notar que él se acercaba, como si de una serpiente al acecho se tratara. Continuó ignorándolo, no tenía de otra, era su mejor opción.

Pero no contento con aproximársele, vio su mano apoyarse en el papel que ella escribía, obligándola a frenar su trabajo. No pudo negar el efìmero escalofrío en su espalda, por suerte discreto y desapercibido, al sentir la voz del ajeno en su oido. Cerró los ojos y suspiró, empuñando su mano derecha sobre el lápiz para usarlo como apoyo para su rostro, volteando tranquila hacia el castaño para abrir los ojos en una gélida mirada directa y potente hacia el castaño.

Se podía decir que sus rostros no estaban a más de 5 centimetros uno del otro. Anna lo miraba directamente sin hesitar, sin titubeos, demostrámdole lo poco que le importaba –. Quítate – ordenó con voz tranquila y demandante. Tras unos segundos, alejó su rostro del ajeno para volver la vista a su hoja, y sin el menor miramiento bajó rápidamente su mano aun empuñada, enterrando la punta del lápiz en el dorso de la mano de Hao para que la quitara.

En cuanto alejó la mano de Hao – pues lo conseguiría de una forma u otra – continuó lo que había dejado a medias y miró al frente lo siguiente que había para inventariar –. Esa caja sigue, muévete o piérdete – Indicó tranquila y movió su silla para atrás, sin preocuparse si lo llegaba a golpear, para levantarse. Sin importar qué, debía terminar rápido ese condenado trabajo, llamar al profesor para que le abrieran y salir de ahí, salir de donde él podía terminar con sus nervios y obligarla a hacer algo que no quería.
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