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La ayuda al prójimo que salvará mi vida [Yubel]

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La ayuda al prójimo que salvará mi vida [Yubel]

Mensaje por Kaname Isaki el Vie Dic 09, 2016 3:17 am

Qué cabezota llegaba a ser mi padre. A veces me solían pedir que fuese a comprar algunas cosas para el hogar o para ellos, eso no me importaba en absoluto. Pero en ocasiones lo hacían de una manera un tanto exagerada, teniendo ellos la posibilidad de encargarse pero de mandarme a mi por simple vagueza o interponiendo la excusa de "Tú eres más joven".
Esta vez me tocaba recoger un paquete de una oficina de correos en específico, y para llegar a ella tenía que andar bastante. El día estaba nublado, parecía que en cualquier momento se pondría a llover pero lo único que notaba molesto en el clima en aquel momento era el viento que hacía; frío y débil. Mi nariz estaba roja y apenas la sentía, lo mejor que podía hacer en esos casos era cubrirla o al menos palparla para ver que aún estaba en su sitio y no se me había congelado y caído a trozos, pero las manos dentro de mis bolsillos parecían andar pegadas, no quería sacarlas de su confortable escondite hasta que estuviera seguro que el ambiente fuese lo suficientemente agradable como para que no corrieran el mismo destino que mi nariz. Andaba erguido y con un ritmo tranquilo, llevaba puesto un chaquetón que cubría hasta mi boca y no dejaba que esta se mostrara a menos que levantara mi cabeza, puesto que la misma la llevaba un tanto agachada. Mi vista, en cambio, siempre andaba visualizando a la gente, los alrededores y el paso que llevaba por si me equivocaba de camino, en definitiva siempre me andaba vigilante de todo lo posible, a menos que me metiese por donde no debía como me ocurriría en un momento u otro.

Si quería llegar cuanto antes, el mejor camino que podría recorrer sería una plaza entre edificios de viviendas que si pocas visitas recibe y mal acogido se encuentra entre conversaciones, me venía perfecta para atajar. Puede que no fuese recomendable, pues aquellos sitios siempre contenían a la peor gente posible, o casi siempre era así, pero el riesgo era necesario ya que tenía frío, narices, quería entrar en el local de envio de paquetes y resguardarme lo antes posibles, no sufrir un malestar continuo por culpa del mal tiempo, y encima soportar la lluvia inminente pues no me había traído paraguas por si acaso.
Atravesé una calle mirando a ambos lados y acelerando la marcha hasta que me encontrara en la siguiente acera, para luego desplazarme por el callejón que me llevaría a la mediana plaza. En esta, no parecía encontrarse nadie que pudiese hacerme mal, en el banco había un hombre que miraba a un crío jugar en un parque infantil del mismo lugar, posiblemente su padre y, tan pronto miró hacia una calle intermedia, se fue con aquel chaval tan tranquilamente. No podía especificar lo que se encontraba allí que hubiese espantado a aquellos dos, ya que no había visual posible, pero tan pronto como me topara con el fenómeno, comprendería la razón de lo sucedido.
Me detuve en seco al ver como una panda de unos 6 chicos acompañaban a un crío mucho menor que ellos, el cual comenzó a correr hacia el parque infantil. La banda se cruzó por enfrente mía ya que andaban por el callejón que tenía que atravesar, y nada más dejar al chico que jugase en su lugar favorito, me miraron y se sorprendieron, al igual que yo, pero no con las mismas intenciones.

Eran un grupo de estudiantes del instituto, 4 de ellos eran de mi curso y los otros dos eran de uno mayor, pero tan pronto me echaron un ojo encima, sonrieron y taparon disimuladamente mi ruta; obviamente querían algo. Con solo un vistazo, posé mi mirada de nuevo hacia abajo, pero me vi interrumpido por la voz de uno de ellos; un chaval de mi clase. "Eh, espera. ¿Tú eres Kaname, cierto que estamos en la misma clase?" me dijo al mismo tiempo que me agarraba lascivamente del hombro. Di un pequeño bote y le miré directamente a los ojos, separando minuciosamente mis labios e indicando nerviosismo. "Ah... S-Sí, ¿eres Ryouta, verdad?" le dije levantando el rostro hacia él.
"Oye oye, qué bueno encontrar a alguien como tú por aquí." comentaba el chico vulgarmente, se veía que el aprovecharse de los demás era su afán de ser, pero no se preocupaba siquiera en ocultar las intenciones. "Ya que somos compañeros, ¿podrías ayudar a un colega de estudios, verdad?" preguntó sin quitarme la mirada de encima.
Alguno de sus amigos se apoyaron en la pared o simplemente se quedaron a su lado sin apartar interés en la conversación, mientras sonreían o reían tontamente. "¿Ayudar... como?" le pregunté. Es cierto que me gustaba ayudar a quien fuese, de siempre me había comportado así pero... él posiblemente quería algo que me perjudicaría y no parecía mostrar interés en admitir un no como respuesta; de todas formas se había topado con alguien que tampoco rechazaría una oferta de ese estilo tan fácilmente, ya que se trataba de mí.

"Necesito dinero para mí y mis compadres, ¿tú me vas a prestar, a que sí?" me decía a medida que me apretaba el brazo. Cada vez me iba sintiendo más incómodo, temblaba y tartamudeaba por lo intimidante que estaba poniéndose la situación. Ryouta miraba de vez en cuando hacia las salidas de la plaza, posiblemente por si alguien se acercaba a nosotros. "Venga, ¿no somos amigos?"
La tensión me hizo acceder asintiendo y, tragando saliva, alcancé mi cartera con la mano derecha. No me quedaba otra, puede que... puede que en ese momento me ayudara más a mi mismo que a ellos al realizar el favor de prestarle dinero.
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Re: La ayuda al prójimo que salvará mi vida [Yubel]

Mensaje por Yubel Dracssenkrad el Vie Dic 16, 2016 12:58 am

No era un secreto que ella actualmente estaba estudiando para convertirse en una exitosa abogada en un futuro que esperaba no fuera tan lejano, considerando todos los obstáculos que le aparecían constantemente, interponiéndose desagradablemente entre ella y el camino. Mencionar esto no es totalmente innecesario ya que es lo que te hace cuestionarte qué hacía invadiendo un barrió tan "curioso", si bien el perfil de una persona que apunta a uno de esos objetivos no tiene mucho sentido que vague casualmente por tales lares, a pesar de que su aspecto no fuera fuera exactamente definido por ser formal; comenzando por recalcar sus cabellos, donde se dividían en dos colores que hacían constraste, llamativos, nada característico esperado de la persona que podría defender tu caso cuando se te ocurra meterte en problemas. Tampoco su ropa, que aunque se mantenía limpia seguía dándote la impresión de una persona más "alternativa" que centrada en sus estudios, al menos guiándose por los estereotipos. Podría ser excelente, pero una de las cosas que disfrutaba era estar viajando y viendo que por el momento no podía salir de esa ciudad o cuando menos no irse a perder por allí muy lejos; ¿entonces qué mejor que explorar varías áreas? Fue mera casualidad que la afortunada terminase siendo aquella zona que definitivamente te hacía sentir muchas cosas y ninguna de ellas buena, especialmente a lo que se refería seguridad.

No bajaba la guardia por si las dudas, y aunque su vista se perdía en ocasiones para revisar si acaso había llegado algún mensaje a su móvil, sí estaba dando preferencia a mantener sus ojos atentos a su entorno, tanteando el terreno nuevo que estaba pisando y, ¿por qué no decirlo? un poco paranoica revisando que dentro de lo que cabía no hubiera nada que llamara exageradamente su atención, porque sí, en este caso no pensaba ir a averiguarlo y más cuando podrían ponerla en un peligro estúpido e innecesario. Esa sería la llamada para darse vuelta y largarse de una vez por todas o encontrar la salida más próxima a donde hubiera gente que fuera un poco más visiblemente amigable... Inclusive eso, por el momento no había sentido la presencia de nadie que anduviese cercas de ella, ya sabes, por eso de que las miradas se sienten (supuestamente). Tampoco el factor de ver a alguien directamente estaba presente, que en esa situación estaba segura que no querías hacer contacto visual con ninguna persona o siquiera encontrártela, nuevamente, por si las dudas, después de todo ella sólo era una, demonios, tampoco es como si fuera a convertirse en un dragón y devorar a todos si algo malo ocurría (desgraciadamente)—. Parece que esto es más aburrido y aventurado que entretenido e inspirador —se dijo en un tono bajo, no porque tratará de mantenerse en un perfil bajo que debería ser lo ideal, era porque en realidad estaba decepcionada, pero sinceramente, ¿qué esperaba? Si algo fabuloso fuera a ocurrir allí seguramente sí, sería totalmente una experiencia para jamás olvidar, pero ¿a qué costo, Yubel? Por lo que se podría decir era un sentimiento contradictorio, querer que pasase algo pero a la vez no, o al menos que si pasara tener el poder para salir uno victorioso, pero esto no era un videojuego y las probabilidades por lo general solían estar más en contra que a favor, sobre todo cuando sujetos que viven a la mala suelen ir en jauría y no por su cuenta, justo como era el caso de ella.

¡Al fin! Se escuchaban unas voces y por el momento todas masculinas: "Vaya, pero qué sorpresa", era el pensamiento empapado de sarcasmo que fue acompañado de poner unos instantes sus ojos en blanco. No iba a pasar enseguida de ellos, seguro que no, sería una acción muy tonta y descuidada, de hecho siquiera pasar por allí era ya una mala idea pero quería seguir su convicción de mantenerse firme e ir directo a su salida. No obstante se le ocurrió mirar de reojo y la situación era típica, francamente para el lugar sí que lo era, pero también el nivel bajaba cuando le recordaba más a una riña de críos de instituto. Iba a pasarse de largo puesto que no era de su incumbencia y tampoco le interesaba ser un héroe como seguramente su amado actuaría si el hecho ocurriera en sus narices, pero el problema era es que había escuchado lo suficiente de aquella mientras avanzaba y con éste su final que terminaba con un "¿no somos amigos?". Eso causó que inevitablemente soltase un bufido, porque ¡era hilarante! ¿En serio había usado esa línea tan cutre? Estaba comenzando a creer que igual a los matones de instituto los creaban a base de algún molde predeterminado para ese punto. Esto, por supuesto que llamó al menos la atención del principal que le estaba dando problemas al que podría catalogar como la víctima de ese episodio, agresivamente preguntó qué era tan gracioso para la bicolor, a lo que ella respondió con seguridad y un filo desgarrador en sus palabras—: La pregunta debería ser, ¿qué hacen aquí reunidos un montón de mocosos? —para ese punto ya había clavado su mirada en la del ajeno, pero no se detuvo—, ¿me atreveré? Oh sí, creo que lo haré... Tendré el atrevimiento de ser tan cliché como tú y preguntar si acaso sus madres les dieron permiso, ¿lo saben, Francis? —no se aguantó y por algún motivo decidió usar como nombre predeterminado el de "Francis" siendo el personaje "Ajax" de "Deadpool" lo que cruzó por su cabeza como burla de primera instancia, tampoco esperaba que lo comprendiera.

El dragón no había sido llamado allí y tampoco había nada que lo retuviera, ella sola se había introducido y a pocas estaba de presentarse de la misma agradable manera que había ya compartido ese instante de charla con quizá, el líder de ese patético grupito de niñatos. Su mirada ahora se dirigía al que había sido seleccionado por ellos como su chivo expiatorio, le veía con ojos de lástima combinada con un poco de molestia por no poder hacer nada para su liberación, de alguna forma sentía que si se quedaba allí terminaría ayudando sin motivo aparente—. ¿Y esto es tu día a día o...? —ignoró descaradamente lo que sea que el abusador estuviera parlando, para ese punto no le interesaba la pobre plática que le podría dar. Eso sí, ella seguía técnicamente segura, lo suficiente distante de ellos en la banqueta contraría.
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