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▬ Deux est mieux qu'un? {Priv. Bianca F. Lopardo}

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▬ Deux est mieux qu'un? {Priv. Bianca F. Lopardo}

Mensaje por Agata Katsuhira el Miér Jul 06, 2016 4:46 am

Tarde o temprano acabaría sucediendo; a él le daba exactamente igual, de todas formas, no es como si ahora las cosas cambiaran por el simple hecho de estar en una nueva ciudad, su situación siempre sería de la misma manera: él nunca sentía nada y las personas tomaban provecho de eso y por su parte Agata no hacía demasiado para cambiar aquello, para él las cosas naturalmente se redirigían de esa manera. Y no era una sorpresa que todos sus compañeros de clases ya lo supieran, a pesar de que llevaba allí no más de unas semanas, quizá, hasta el instituto completo tenía una cierta idea de su condición o en los pasillos se murmuraría acerca del anormal sin dolor. Pensó que era natural que los informaran de ello, ¿no se asustarían un poco si él se llegara a cortar gravemente con algunas tijeras y no prestara ni un ápice de atención a la sangre escurriendo por sus dedos blanco papel? Y aunque muchas veces se le atribuía el insulto de imbécil él no lo era para nada; estaba bastante consciente de que las personas con mentalidades retorcidas y sádicas le aparecerían a montones a cada paso que la suela de sus zapatos dieran.

Ésta, por supuesto, no era la excepción. Hilando sus remembranzas se dio cuenta de que ni siquiera tenía una idea clara de cómo había acabado así: acorralado, intimidado, con los puños de los ajenos tan cerca de su rostro que en cualquier pequeño movimiento éste  podría encontrarse tranquilamente con ellos. Quizá él sólo quería estar en un lugar verde y tranquilo, mas nunca esperó que alguien estuviera detrás de sus pasos. Y estaba entre encontrar hilarante la desesperación ajena o molesto, puesto que él no tenía ganas de limpiar la sangre de su rostro y llenarlo de banditas y parecer un muchacho problema, ¿acaso a alguien le gustaría pasearse por el instituto el resto del día con la blancura de su camisa manchada en lagos pequeños de rojo? Pero mientras más minutos pasaran y sus facciones se mantuvieran igual de estoicas la consternación crecía en las personas que decidieron molestarlo esa tarde; consagrados como los primeros en molestarlo y fructificar su enfermedad.

No tengo dinero… —dijo claramente, a pesar de que los ajenos ni siquiera dijeron una palabra aún. Era bastante normal que lo que las personas buscaran de él fuera el dinero que sus padres le enviaban de vez en cuando y que él sabiamente nunca llevaba a la escuela: este acontecimiento se dio muchas veces como para que Katsuhira no entendiera que era mejor esperar a llegar a casa si es que quería almorzar algo de su agrado. Mas aunque su plan fue planeado fríamente los matones no estaban contentos con aquello—. Eres una pequeña escoria mentirosa, ¿eh? Sabemos que tienes bastante, imbécil —su tono buscaba amedrentar, no obstante el albino mantuvo la misma expresión; que no duró más de unos segundos, siendo ésta deformada por un puño chocando con su cara—. Vamos, que solo tienes que entregar el dinero, nos estás quitando el tiempo —sonó casi desesperado—. Que no tengo nada —finalizó Katsuhira, sintiendo como su quijada ya comenzaba a doler: ¿es que les costaba tanto entender? Acabaría con algún diente en sus manos si esto seguía así.
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Re: ▬ Deux est mieux qu'un? {Priv. Bianca F. Lopardo}

Mensaje por Bianca F. Lopardo el Miér Jul 27, 2016 6:08 pm

Habían varias cosas que odiaba, así como varias que le encanaban, como cualquier persona normal. Bien, una de las cosas que amaba era la comida, era un hecho, ¿quién no amaba la comida? Debía de tener un grave problema si detestaba los dulces o no comía al menos cinco veces al día. Por sí, señoras y señores, ella come cinco veces en todo el bendito día.

Ahora, si se hablaba un poco de las cosas que detestaba, era que la llamasen enana... No, no, no, no, no. Espera, espera. Eso no era exactamente lo que estaba pensando, demonios. En fin, ella detestaba a los bravucones. ¡Claro que sí! Esos eran nada más que aprovechados los cuales mostraban la fuerza bruta a través de golpes a los más débiles. Mayormente, también, para sacarles el dinero que ellos no llevaban para comer algo.
  Pobres cositas. Siempre que podía trataba de ayudar. Claro, trataba. Porque simplemente esos malditos tenían la suerte de parecer tan... tan... malos de apariencia. Sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda, estaba en medio de la clase de literatura. Ah, ni recordaba cómo era que había llegado a pensar en lo que le gustaba y en lo que no. Seguro no es porque la clase es interesante..., pensó, con cierto deje de sarcasmo. Dios santo, ¿cuánto faltaba para el receso? No era por ofender, pero el profesor no hacía nada para hacer interesante la clase. Miró su libro abierto y luego al reloj que decoraba la blanca pared del aula. Oh, vaya, no faltaba tanto como pensaba.

Fue guardando sus cosas una por una en lo que pensaba qué haría. Bueno, seguramente comer un poco y jugar Pokemon Go, esa cosa le estaba costando como la vida misma, eran muy difícil atrapar pokemones que en realidad ni existían. Rayos, debía de haber traído el manga que estaba leyendo. Hizo un puchero leve en lo que sacaba una barra de cereales de su mochila y se aseguraba de tener el celular cerca. Ya saben, ella era tan torpe y despistada que podría haberlo tirado por ahí y no darse cuenta. —Tengo esa clase de suerte, también.— Fue todo lo que dijo en lo que iba dando saltitos -su manera de correr teniendo piernas tan jodidamente cortas, por favor-.

Llegó hasta los jardines. Y lo vio.

Estaba justamente abriendo la aplicación cuando vio a esos... aprovechados y a un chico que tenía cara de burro. De hecho, había oído rumores de una persona que no sentía dolor, o algo así. Para ser más exactos, "ese chico de primer año que tiene cara de aburrido todo el día y si lo golpeas no siente nada". Al principio había pensado que era una especie de broma. Pero ahora...
Oh, debía hacer algo. Se había quedado de piedra con la barra cereal (ya abierta) en su boca y la mano que tenía en el teléfono, a punto de caer, en su mano izquierda. ¿Qué debía hacer? ¿Hablarle a un profesor? ¿Correrlos ella misma? Su frente comenzó, de repente, a sentirse mojada. Ah, no, no, no, no, no hay caso. Ella era un minion comparado con esas ballenas con piernas, ni caso que ella fuera a—...

Sin saberlo, ni siquiera notarlo, su móvil que estaba a punto de caer de sus manos de repente fue volando hasta la espalda de uno de los matones. Algo así como un terremoto sucedió en su cuerpo, cuando estos de voltearon con furiosas miradas hacia donde ella estaba. Al verla -no supo si fue la suerte de ser mujer o algo así- parecieron disminuir un poco su ira. De hecho, parecían confundidos, pensando que no había nadie allí; hasta que miraron el suelo. —¡¿Huh?! ¿Qué quieres? ¡Estamos ocupados, mocosa!— Se preguntaba si podría salir viva de ésta, puso sus manos sobre su cintura su cintura e infló el pecho un poco. —¿P-p-p-p-por qué no mejor se meten con alguien de su tamaño, imbéciles?— Los tipos se observaron, confundidos. Bueno, no se iban a meter con ella. —¡Llamaré a un profesor si no lo dejan tranquilo!— Como si eso los fuese a detener. Demonios, tratar de ser el héroe es agotador. Al menos, lo intentaba.
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