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You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

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You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Ken Kaneki el Miér Mayo 25, 2016 12:21 pm

En realidad, no estaba de humor para nada particular ese día. Como siempre, últimamente sus ánimos caídos rozaban el suelo, si no es que incluso un poco más abajo. Se sentía casi como salido del manicomio, y probablemente hace unos meses atrás se hubiera reído con ganas de esa acotación, tal vez un poco nervioso, pero ya no era el caso. Porque habían pasado tantas cosas en ese tiempo (y no todas precisamente agradables) que la broma había perdido por completo cualquier pizca de gracia. Una parte de sí se preguntaba si acaso no debería estar contento del hecho de estar sano otra vez, pero por más que se esforzara en pensar algo agradable respecto a eso, volvía a quedarse en blanco. Tal vez la palabra frustrado fuese un poco más apropiada, porque no se sentía precisamente mejor que antes, el cabello negro no hacía ninguna diferencia y sus dedos todavía tronaban con un crack desagradable cuando se sentía ansioso. Nada más habían aumentado los dolores de cabeza que le eran tan molestos antes, y todavía se negaba a consumir cualquier tipo de droga políticamente correcta para mancillar la dolencia. Tal vez si dejara de pensar constantemente sobre lo hilarantemente caótica que su vida se sentiría un tanto menos deprimido, pero francamente no podía evitarlo, ni haría alguna diferencia importante para mejorarle los ánimos. Las cosas era como eran sin importar lo que hiciera, ya se había cansado de tratar de cambiar eso.

Podría decir que además estaba cansado de esperar a que las cosas mejoraran cuando todo se iba tan fácilmente costa abajo, pero resistió la tentación, porque eso se escuchaba demasiado melodramático para cualquiera, incluso para él mismo. Y lo menos que quería en ese momento era volver a sentirse inútil y dar lástima, simplemente no soportaba la sensación de impotencia, estaba demasiado acostumbrado a ella. Sin duda tendría algo que ver además con el brusco cambio de ambiente, no es que el sitio donde "reposó" fuese precisamente silencioso (había un piano en la habitación principal, le hubiera gustado que alguien lo tocara, le recordaría un poco a Celestia), pero a comparación con el bullicio de la ciudad y las luces apuñalando sus globos oculares constantemente incluso a plena luz del día, casi le daban ganas de volver a estar encerrado. Por supuesto que exagerada, de todas maneras, nunca había sido un fanático por la vida fuera de su propio cómodo hogar, pero todavía le hacía un poco de ilusión el disfrutar de la efímera sensación de libertad al ser dado de alta, ¿podía desperdiciar la oportunidad? Claro que sí, pero necesitaba algo con qué entretenerse y mantenerse enfocado por unas horas que no fueran un libro y una taza de café. Aprovechando que todavía no tenía trabajo qué hacer, no es que procrastinar fuese una de sus cosas favoritas, pero definitivamente necesitaba despejarse la cabeza con alguna actividad diferente.

Probablemente una chaqueta larga de color negro no fuese la elección de ropa más discreta, pero eso le importaba tan poco como llevar el parche sobre su ojo izquierdo, aunque esa práctica la había desechado recientemente, seguía el mismo principio. No estaba de ánimos para esforzarse en vestir algo que no reflejara lo opaco de su carácter, o mejor dicho, no estaba de humor para esforzarse en nada. Y ya no se iba a engañar a sí mismo pensando ingenuamente que eso cambiaría en algún momento pronto, cada vez que volvía a sentir un dolor de cabeza tenía deseos de largarse morir dormir por al menos mil años. Pero no podía darse ese lujo. En cambio, lo que sí podía hacer era dejar de vagar por las calles de la ciudad en una especie de búsqueda infructuosa por algo que valiese la pena, y resignarse a entrar a cualquier primer local que se viera lo suficiente decente para el sector de la ciudad. Era francamente estúpido ser exigente en esos lugares, pagabas por algo más de decoración y bebidas de consumo parcialmente más exclusivo. Él era una persona adulta a esa altura de su vida, no se sentía como un adolescente descarriado o un universitario primerizo yendo a un bar para probar suerte o ligar con alguien. No, él sólo necesitaba un trago de lo que fuera. Podía permitirse ser un ciudadano mediocre por una vez en la vida, no necesitaba ser un mártir todos los días de su existencia.

Para su fortuna, tal pareciera que los casos de borrachos desolados a esas horas de la noche eran circunstancias bastante abundantes, o quizá sólo porque era viernes por las noche, y era una ley no declarada que la gente salga de sus trabajos a deshacerse de las tensiones consumiendo alcohol. Cualquiera era el motivo y a él no le importaba, pero se sintió casi complacido cuando el bartender encargado entendió su solicitud baja con una simple mirada muerta de su parte, asintiendo con la cabeza y dedicándole una sonrisa que no fue capaz de corresponder adecuadamente, pero que de todas maneras agradeció. ¿Tendría tan mal aspecto? ¿Eran las ojeras? Prefería no cuestionárselo, y para eso se apresuró a beber el contenido del vaso que le fue servido instantes después de su primera interacción con el señor en cuestión, tomando el vaso de vidrio con la mano que cubría un guante rojo y dejando deslizar el contenido amargo por su garganta. Ah, el sabor no era magnífico, pero definitivamente era mejor que nada. Con algo de suerte se olvidaría de pensar en la siguiente media hora y saborearía un poco del dulce néctar de la embriaguez, pero no quería contar con su mala suerte para ello.

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Re: You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Akira Mado el Miér Jun 08, 2016 10:48 am

Para esta altura del partido, la mujer rubia debía de confesar que estaba acostumbrada a ir a los bares, sabía cómo manejarse en ellos, los tipos de personajes que podría encontrarse allí y las cosas típicas de él, etc. Sin embargo, en lo personal, ella no se consideraba una alcohólica ni mucho menos: pero la cantidad de veces que había ido a un bar y se había emborrachado en lo que llevaba su estadía en Sweet Valley ponía enormemente en duda si gustaba o no deleitarse con los más… Baratos alcoholes que existían en esa ciudad no tan grande pero de parecer famoso. No habían sido más que unas cuatro o cinco, hasta el momento, y es que en ella esa cantidad supone un titubeo enorme por parte de cualquiera, después de todo era una mujer correcta, hecha y derecha, que en el puro uso de sus facultades mentales aborrecería cualquier actitud tan poco decorosa como la de un borracho. No obstante, si también debía asentir un hecho más, es que ella podía olvidarse de todo (de sus padres, de Japón y de su existencia propia, mas nunca de Maris, ella no podría olvidarse de Maris cuando sabía que la esperaría) al menos por unas horas cuando se encontraba en algún taberna ingiriendo algo amargo que aseguraba a nadie podría gustarle. Entonces, para su propia insatisfacción, comenzó a acudir a ellos más de lo que hubiera querido jamás, mas nunca tenía el verdadero valor como para embriagarse más de la cuenta, puesto que su trabajo la requería a todo momento del día.

Y aun así, de todas formas, nada le impedía ir a gastar su tiempo (cuando tenía un poco de él) a cualquier bar que estuviera cerca de la estación en la que ejercía. Aquél día no era la excepción y aunque algunos compañeros se ofrecieron a ir con ella por su propia seguridad ella declinó amablemente la petición, soltó un—: Quiero estar sola por hoy —y todos comprendieron perfectamente su situación y la dejaron ser por esta vez. Así se encaminó al primer bar que sus ojos celeste claro divisaron. No podía decir que exactamente era un lugar de mala muerte, sin embargo tampoco era el más lujoso de los bares en los que había estado pero ella no era quién para juzgar y el propósito que quería consumar se cumpliría aunque del techo cuelgue la araña de diamantes más ostentosa que se podría comprar. Entonces, como si fuera un ritual que se sabía de memoria, tomó su móvil y lo dejó en algún lugar seguro de su ajustado traje, con el designio de que de allí no pudieran quitárselo y se encaminó a la barra donde un bartender la esperaba silenciosamente—. Sé que tienen una política de no dar más alcohol a aquel que sobrepasó los límites, pero, por favor, no me deje ir si es así, mi móvil está en el bolsillo izquierdo de mi chaqueta y el número que tiene que marcar es el último que he llamado —el bartender sonrió por el meticuloso plan de la ajena y asintió con la cabeza—. Muchas gracias —respondió ella y tras entregarle otra sonrisa pidió algún trago que él mismo le recomendó.

El tiempo pasó casi sin darse cuenta, al igual que las bebidas que ingirió, y si la barra no era la cama de algunos vasos vacíos era porque el hombre que le proveía el alcohol era demasiado amable para con ella, ¿quizá porque era una señorita? ¿O se debía que desde que comenzó a tomar pasó de la risa estrepitosa al pequeño llanto adolorido y, a los segundos, más risas? Akira tenía un carácter bipolar e hilarante cuando tomaba, no obstante ella ni siquiera advertía los cambios bruscos en él. Al cabo de una hora Akira se encontraba entre la fina línea de la conciencia y el alcoholismo, ya que había dejado de ingerir alcohol mas no se había retirado del lugar porque las llamadas a su móvil fueron inexistentes y conjeturó que no la necesitaban en la estación; su posición era extraña y para otros parecería dormida, puesto que su cabeza se encontraba apoyada por sobre sus brazos y estos en la misma tabla de madera. Parecía no prestar mucha escucha a su alrededor, sin embargo, notó cuando la silla alta se movió a su costado pero ninguna exigencia salió de la boca de la persona en cuestión, ¿es que ella estaba demasiado borracha para no escuchar nada? ¿Debía ya acuñarse en título de alcohólica? Quería pensar que estaba muy lejos de eso todavía y un poco de autocontrol le quedaba pululando por algún lugar, incluso si tuviera que buscarlo en sus bolsillos.

Movió la cabeza del lado que pensó escuchó el sonido provenir, y sus ojos se encontraron con la cara de lo que parecía la muerte personificada y humanizada, con el rostro apagado y sombrío, con la monotonía dibujada en cada centímetro de su rostro como si fuera un intento pobre por demostrar a todos que en algún momento de la vida caeremos profundo en ella—. Oye —dijo bajito luego de mirarlo por un rato tendido, y el ajeno de lentes ni siquiera se inmutó—. ¡Oye! —gritó esta vez, llevándose fructuosamente una mirada algo descolocada por su parte—. ¿Te despidieron de una funeraria y estás ansioso por volver por eso estás que te mueres? JAJA —rió, orgullosa de su chiste tan elaborado y, ciertamente, coherente para su estado actual—. Espera, espera, ¿o ya estás muerto? ¿Deprimido? Ah… No, no, es que eso es inaceptable, puedes contarle a mamá Akira qué te sucede en la vida, mami promete poner vodka en tu biberón —terminó y volvió a reír de su propia broma de borracha falta de coherencia.
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Re: You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Ken Kaneki el Miér Jun 15, 2016 11:26 am

En su estado actual, no quería tomarse la molestia de racionalizar completamente lo que se supone que estaba haciendo, qué utilidad habría y en qué posible estado iba a acabar luego del consumo de alcohol. Porque era un poco un hecho que estaba cansando de pensar todo el maldito tiempo, ¿no tenía derecho de tomar un descanso, dejarse caer en la inconsciencia y olvidarse unas horas de lo miserable que se sentía la existencia? Aunque no tenía una excusa válida para tal resolución, simplemente creía que ya había tenido suficiente y ya. Sus ánimos ese último tiempo eran tan oscuros como sus ropas y las bolsas bajo sus ojos, probablemente entre los colores y la vivacidad de la ciudad resaltaban sólo un poco más. Nunca se había acostumbrado a beber alcohol, ni en su tiempo de universitario ni ninguno posterior a ése. Ah, y casi se sentía tan lejano. Pero le desagradaba profundamente cualquier sentimiento de añoranza que se instara en su pecho, por lo que dejó el pensamiento pasar sin ahondar en él, y en su lugar prefirió dedicar el resto de sus monólogos mentales a la situación en sí. Quizá sería inteligente de su parte dejar de vagar, entrar a un bar cualquiera y mantener la esperanza de que no terminara en una circunstancia horrorosa. ¿O acaso su vida siempre debía tratarse de una tragedia? El pensamiento le hizo reír, pero no tenía deseos de responder.

Siendo así, sus ojos grises apenas vagaron por la decoración de las paredes del bar mientras se acercaba a la barra de bebidas; se sentía como un muerto viviente, y puede que tuviese la apariencia de uno. No habían tantos comensales alrededor como se habría esperado, pero de todas maneras le zumbaba en los oídos el ruido de fondo del resto de las personas hablando entre sí, ni siquiera les quiso dirigir una mirada. Increíblemente, el bartender que lo atendió comprendió con exactitud lo que quería apenas lo vio, quizá adivinando sus intenciones y viéndolo con lástima ligera. En cualquier otra circunstancia se habría molestado, pero resultaba un tanto consolador saber que no era el único pobre diablo que iba allí a deshacerse de sus penas como ciudadano mediocre. Con alcohol. Aunque admitiría que la idea de beber y beber hasta perder la consciencia no se escuchaba como una opción agradable, la posibilidad de borrarse apenas unas horas en la dulce embriaguez era tentadora. Con algo de suerte no se quedaría a dormir ahí, no quería verse tan patético como un borracho de viernes por la noche, pero estaba dispuesto a aceptar las consecuencias apenas probó el contendido del primer vaso que le sirvieron, y el contendido entre amargo y ácido se deslizó limpiamente por su garganta, dejando la leve sensación de picazón característica.

Podría decirse que se quedó viendo el vaso de vidrio vacío por un largo rato, pero no tardó en pedir un segundo y repetir la acción anterior, más pausado, tomándose el tiempo de degustar mejor el sabor de la bebida esta vez. Después de todo, tenía toda la noche. No creía que tener prisa ayudaría a algo, sólo a darle una resaca peor. Sin embargo, no pudo mantenerse en su ensimismamiento demasiado tiempo, a pesar de que había hecho bien en ignorar todos los estímulos externos del lugar hasta ese momento, fue una voz estruendosa de una mujer a su lado la que inevitablemente le hizo girar la cabeza, un poco sobresaltado, logrando que la viese con sorpresa a través de sus anteojos de marco redondo. No la había notado antes, pero a juzgar por la posición de su cabeza y brazos, prácticamente acostada sobre la barra, podía deducir que estaba en un estado alcohólico más avanzado que el suyo. ¿Le causaba envidia o lástima? Nuevamente no quería responder. Apenas entendió la broma de mal gusto que le dirigió, seguido de la risa estridente. Y era perfectamente consciente de que debería estar enojado, pero en su lugar, se sintió sólo una pizca más patético de que incluso una mujer ebria pudiese notar la miseria de su apariencia. Tal vez el alcohol finalmente le afectaba también.

Pero a la vez tenía extrañas ganas de reír, porque la siguiente acotación de su interlocutora borracha simplemente le pareció demasiado hilarante para dejarla pasar. Esta vez se giró completamente a mirarla, con el guante de color rojo todavía afirmado del vaso ahora también vacío—. ¿Mamá Akira? —repitió, de extraño buen humor. Pero al mismo tiempo colocó una mueca, porque en sí la palabra "mamá" le traía malos recuerdos que no estaba seguro de querer en ese momento. Ni nunca. Pero sus pensamientos se estaban desviando demasiado—. ¿Me veo como un bebé de biberón para ti? —cuestionó, e hizo un esfuerzo algo infructuoso por mantener una expresión seria, al menos no se le escapó ninguna risita. La buena noticia es que todavía tenía pleno uso de sus facultades mentales, a diferencia de la mujer a su lado, así que, ¿qué daño hacia un poco de vodka? ¿Quizá un vaso, dos o tres? Porque escuchar a un borracho que te insta más a beber es perfectamente lógico, probablemente el mismo bartender que los atendía les dirigió una mirada de extrañeza cuando empezaron a reír en conjunto—. Todo es muy simple, mamá... Akira —empezó a hablar, y hasta a él mismo le había pasado desapercibido su propio fallo. Apoyó la cabeza en sus manos, para no dejarse caer sobre la barra—. La vida es una joooodida broma, ¿no?

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Re: You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Akira Mado el Dom Ago 28, 2016 6:51 am



No es algo para malinterpretar: Akira posteriormente había intentado buscar una justificación para afirmar que había cierta lógica en querer perder la conciencia simbólicamente con algo de bebida alcohólica, razonar que era algo bueno, una acción simple que borraría temporalmente lo calamitoso de su ser y la pena que a veces la ahogaba, no obstante, era demasiado racional para considerar que todos los puntos anteriores eran beneficiosos y falló enormemente en el intento; al fin y al cabo había una cantidad perenne de opciones mucho más sanas que ésa, incluso mucho más entretenidas que sentarse en una barra a platicar con otros individuos tan patéticos como ella, pero la diferencia es que ella podía aseverar que no eran tan efectivas como ésta. De todas formas, volvería a repetir que esto no era una costumbre inmutable, claro que no, entendía perfectamente que ella necesitaba estar juiciosa la mayor parte del tiempo, por no decir a cada segundo de su vida, y aquellas excepciones eran tan nimias que podrían considerarse como nada fatal para la mujer de cabellos rubios. Entonces, al final del raciocinio Akira quedaba un poco con la conciencia limpia y no había necesidad de sentirse culpable por estar intercambiando risas con un extraño de apariencia lóbrega y con características propias para acuñarse el término de la parca.

Sí, mamá Akira —reafirmó ella igualmente, con el tono risueño característico de los seres embriagados y ahogados en un juicio borroso—. Seré tu madre esta noche y te consentiré con shots de lo que más gustes, ¿no es eso lo que las madres hacen? —pausó, pensando internamente que su acotación estaba de por sí errónea, pero, después de todo era un juego entre dos borrachos; por eso no dudó un segundo en reír por la imagen mental del muchacho de cabello negro sosteniendo un biberón de nada más ni nada menos que una de las más potentes bebidas blancas—. Ah, pequeño —dejó escapar en medio de un suspiro—, con biberón te verías tan gracioso y es tan impropio de alguien que parece morir como tú, pero hey —palmeó entonces el hombro del muchacho, dándose esa libertad de extravasar los límites del espacio personal siendo que acostumbradamente ni siquiera pensaría el hecho de llevar a cabo la acción si fuera alguien desconocido como él—, ¿no es mejor tener un biberón que vasos de alcohólicos? ¡La inocencia no está perdida! —claro, reflexión de alguien que no está completamente en sus facultades mentales, que de cierta forma tenía algo de sentido y a la vez parecía carecer de toda coherencia.

Pero el toque de melancolía y la parrafada acerca de que la vida era completamente un asco nunca podía faltar, no era la excepción, por supuesto, y pronto el ambiente ameno que había formado entre ambos se vio afectado por una leve tensión combinada con insustancial tristeza—. ¿Una jodida broma? —repitió como si ella no hubiera entendido a lo que se refería, mas la acción era más para sopesar cada palabra y darle internamente el peso de aseveración que se merecía—. Dímelo a mí, vivo con una eterna mala suerte —río en vez de llorar, porque Akira era bifacética, claro, pero en estos estados sus dos estados duales se mezclaban tanto que no podía diferenciar seriedad y tristeza de la animosidad y la alegría: principal razón de pasar del llanto a la risa en segundos—, que parece que si toco a alguien se muere. ¡Pero no te preocupes! A ti no te pasará porque ya eres muerte viviente. Si tu vida es una jodida porquería, mi mala suerte no te la puede arruinar más —aclaró, como si fuera lo más obvio del planeta—. ¿Y qué hay de ti… Eh… Tú, hijo mío? —la pregunta tenía algo de duda ya que el nombre del ajeno no había hecho acto de presencia aún: pero Akira no quería dejar la pregunta en el aire y además, ahora era su hijo, ¿verdad? Tenía derecho a nombrarlo de esa forma

No, espera, una madre no deprime más a su pequeño, ¡mamá Akira te pondrá feliz! ¡¡BARTENDER!! —gritó a todo pulmón seguido de un—: ¡DOS DE VODKA POR AQUÍ POR FAVOR! —al menos tenía la decencia de ser educada. Las bebidas llegaron más rápido de lo esperado y Akira se lo extendió al muchacho más joven que él, sin embargo su idea no era quedarse sentada allí todo el día y un abrir y cerrar de ojos había tomado al ajeno para dirigirse a la zona de karaoke—. Vamos, vamos, toma que tienes que tener valor para esto —prácticamente lo obligó a tomarse el contenido amargo del vaso que le había entregado anteriormente para luego tomarse el suyo. Su siguiente acción fue buscar los micrófonos y poner la canción correspondiente—. ¡Que hay que ponernos felices, mi querido hijo! ¡Hey, hey, bartender, dos Margaritas! —y es que el alcohol en sus manos no podían faltar cuando estaban a punto de dar un espectacular show. Le entregó su trago y un micrófono al muchacho sin nombre y carraspeó antes de comenzar entre medio de la melodía que ya podía escucharse:


   
   
   

¡En la fuerza está el poder! ¡En lo sabio está el saber! Con el tiempo todo llegará —sí, ya no había vuelta atrás, ignoraba si las personas la veían o no, pero de algo estaba segura: ella no cantaría sola.
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Re: You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Ken Kaneki el Dom Oct 02, 2016 9:14 am

¿No resultaba al menos un poco divertido? Francamente, su doble moral debiese causarle más vergüenza que risa, pero en esos momentos desconocía tener capacidad para sentir más lástima por sí mismo. Porque al fin y al cabo, llegar a la patética resolución de que el alcohol podía considerarse una salida fácil para el estrés mental constante, era tan hipócrita como acceder a consumir cualquier otra droga legal en forma de medicamento, con la diferencia de que al menos el embriagarse daba la sensación de mantener un poco en control de la situación y no dejarse manipular vilmente por fármacos; tal vez aún prefería la inconsciencia parcial al alivio artificial, pero eso era un tópico que tenía ninguna ganas de discutir, ni siquiera como plática de borrachos. Para empezar, porque al llegar tenía la firme resolución de que como mínimo no tenía necesidad ni caería en la bajeza de platicarle sus penas a un extraño; dudaba siquiera de que alguna persona se le acercara lo suficiente para entablar conversación con la muerte oh tan triste recluida en sí misma, las ojeras bajo sus ojos y la expresión en blanco que permanentemente tenía gravado en el rostro. Era agotador, tan sólo pensar, respirar y existir resultaban en una actividad agobiante.

En general, él no confiaría ni siquiera un poco en algo como la suerte para cambiar la situación, que no fuese a algo completamente peor atraído por su aura de desgracia. Tal vez había olvidado por un momento que el azar funciona como una fuerza aleatoria, y que no había que sobre analizar todos aquellos factores para explicarse el por qué una mujer rubia había decidido hablar con él sobre su apariencia desgarbada, reírse de una broma de mal gusto y posteriormente, llamarse a sí misma su madre. No había ninguna secuencia lógica en eso, y no le importaba. Pero no colocó objeción alguna, no porque se encontrase en un estado similar de incoherencia (todavía, al menos), sino porque sintió una pizca de inmediata simpatía con un ser tan desencantado con su propia vida, lo suficiente para decidirse a hablarle al único ser humano con apariencia tan demacrada como él. Incluso podría dedicarle el amago débil de una sonrisa, porque la plática de borrachos sobre biberones y vodka resultaban en algo inapropiadamente hilarante mezclado con la maternidad, no sabía ni por dónde empezar a nombrar todo lo erróneo con tema—. ¿Es por qué tengo cara de bebé? —acotó, con seriedad tal como si fuese lo más normal de decir; lo era, de cierta forma, considerando el rumbo de la conversación.

Aunque por supuesto, no debiese de sorprenderle que su propio estado fuese un tanto más lamentable un rato después, cuando finalmente se sentía lo suficiente turbado para abandonar la rigidez de su postura y dejarse caer parcialmente sobre la barra, con la cabeza apoyada en sus manos enguantadas en rojo. ¿Acaso no era inevitable la plática melancólica? Porque la vida de ninguno de ellos era particularmente feliz, y la nueva mención de la "mala suerte" le hacían querer sonreír una vez más, porque sentía la familiaridad incluso si venía de los labios de otra persona. "Si tu vida es una jodida porquería, mi suerte no te la puede arruinar más". Ésta vez se permitió reír, un poco fuerte, y se escuchaba como un sonido ahogado más a una carcajada—. Creo que eso es... lo más consolador que me han dicho en mucho tiempo —había un poco de temblor en su voz, y él no sabía realmente por qué le apretada el pecho como si quisiese reír y llorar al mismo tiempo; un poco abrumado por el repentino sentimentalismo impropio de su persona, se tardó unos segundos antes de responder a su nueva... "madre", o algo por el estilo—. Yo sólo quiero morir con estilo, supongo.

Era un pensamiento vago, que nunca había verbalizado hasta ese momento. Hacer cualquier cosa que valga la pena, no le importaba realmente el qué. Pero no tuvo oportunidad de continuar su lúgubre tren de pensamiento, porque al instante siguiente la ajena volvía a llamar la atención del bartender con energía vigorosa, llevando más alcohol a su lado del mesón. Estaba un poco desconcertado, en primer lugar porque ni siquiera había probado un sorbo de su vaso servido cuando era arrastrado a una sección diferente del local, sin concentrarse lo suficiente en dilucidar exactamente cuál—. ¿Valor para qué? —cuestionó, con algo de irritación que le decía que al menos no estaba completamente ido, pero dudaba que duraría lo suficiente. Consumió la bebida igual que la primera que había tenido, dejando deslizar el líquido limpiamente por su garganta sin vacilación alguna. Así que no le quedaba más opción, pero al menos desearía estar lo suficiente embriago para realmente no sentirse ridículo en un karaoke, al menos no tanto como en el momento que tomó torpemente el micrófono: así que optó por el camino fácil, y bebió el margarita de un solo trago otra vez. Amargo, ácido, un poco cítrico. Se estaba desviando del tema—. Yo... realmente no canto, mamá —músico como pudo, con demasiada vacilación para su tono usualmente fuerte y firme.

Empezaba a recordar lo que se sentía cuando los pensamientos dejan de acumularse en su cabeza, y poco a poco se desvanecen para dejar una incoherencia casi amistosa. Pero la idea de cantar se pegaba a él como un no rotundo, a pesar de que la melodía era bastante más agradable de lo que estaba dispuesto a admitir—. Hijo de hombre, busca y ve. Que tu alma libre esté —ah, ¿ése no era el coro?, ¿por qué lo estaba siguiendo?—, orgulloso un día estarás. Hijo de hombre... un hombre un día serás.

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Re: You're so pitiful, just like me. [Priv. Akira Mado]

Mensaje por Tema Cerrado el Jue Jun 01, 2017 11:27 pm

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