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The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

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The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

Mensaje por Brooke Lewis el Jue Mayo 05, 2016 9:16 pm

{Flashback, finales de junio.}

He oído muchas veces que una despedida puede ser más dolorosa que otra. Algunas son aceptadas por el simple hecho de saber que estarás mejor sin esa persona, pero otras… Te dejan marcada para siempre. ¿Cómo se supone que debía afrontarlo cuando no sabía si él volvería? ¿Iba a poder asimilar siquiera que no estaba?
Había podido llegar hasta mi casa ilesa, sin ninguna clase de impedimento. Pero parecía un ser sin alma. Una muñeca a la que le habían arrebatado parte de su alma y ahora era un simple títere vacío. Dejé las llaves sobre la estantería del recibidor mientras comenzaba a desvestirme lentamente. Con una mirada perdida me dirigí hacia la bañera para poder llenarla de agua y meterme dentro. No dejaba de repasar los momentos anteriores a la despedida en la estación de trenes; cada recuerdo era como una punzada en el pecho, lacerante y profunda.

“Es una carta gubernamental… Servicio militar.”

Me encogí en aquella bañera, abrazando ambas rodillas mientras hundía mi cabeza en las mismas.  – Hice bien en decirles a todos que debía estar sola… Hice muy bien. – repetía esas palabras en mi mente, mientras apretaba fuertemente mis dientes. Diablos, no quería llorar, le había prometido que no lo haría. ¿Desde cuándo me volví tan nenaza? “Desde que lo conociste.” Respondió la mente traicionera. Levanté un poco el rostro y entreabrí más mis ojos al ver aquella vela aromática que había colocado el mismo pelirrojo.

“Pasamos mucho rato aquí hablando, es un tanto romántico. ¿No crees, Berenjena?”

Y esas palabras acompañadas de aquella sonrisa traviesa, llenaron absolutamente todo mi ser. Ya era tarde para detener las lágrimas y aquél fuerte llanto que llegó a escucharse por toda la estancia. – Estúpido… C-cabeza tomate. – tartamudeaba intentando coger bocanadas de aire. – ¿Por qué siento que no te volveré a ver…? No es justo. No es justo. – maldecía con todas mis fuerzas el día en el que había llegado esa dichosa carta, odiaba el hecho de saber que aquél beso fue el último, pero sobretodo detestaba no tenerle conmigo. ¿Desde cuándo me había vuelto tan dependiente de él? Pensaba que no sucedería nada, es más, prometimos seguir escribiéndonos y mantener el contacto. ¿Pero por qué sentía ese vacío? ¿Por qué lloraba con tal intensidad? Ojalá alguien pudiera abofetearme.

“Se dice que lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos, porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos con violencia el muro que la naturaleza ha alzado entre ella y nosotros”.

{Fin flashback}

Julio, 2016. We Got The World

Ya habían pasado tres semanas desde que Damon se había marchado a hacer el servicio militar. Los minutos se me hacían eternos, intentaba no pensar en ello y centrarme en otras cosas, como por ejemplo entrenar y hacer otros trabajos a tiempo parcial, pero al final del día  acababa tirada en la cama como un cuerpo sin vida. A los ojos de los demás siempre intentaba aparentar animada, odiaría que se preocuparan por mí; por lo que solo me quedaba llorarle a la almohada, por así decirlo. Taiga se había ido a pasar un mes con su madre, cosa que me aliviaba ya que podía estar modo zombie sin que ande preguntándome “¿Qué te sucede?” cada dos por tres. Y esa misma noche no era diferente. Me hice un bol de palomitas y me tiré al sofá para poder mirar cualquier cosa en la televisión. Me había graduado en la Academia de Investigación Criminal, sin embargo aún no pensaba festejarlo. Simplemente no tenía ganas. O al menos no entraba en mis planes hasta que recibí una llamada de Juvia.

– ¡WHOAH! ¿Una casa en el lago? ¿Pasado mañana? ¡Claro que iré! – sentencié esperando no haber dejado a mi amiga sorda por el chillido que pegué. – Siempre me ha hecho ilusión ir a un sitio así, ¿Así que por qué no? Nos vendrá bien para despejarnos. – comenté esbozando una leve sonrisa mientras me levantaba del sofá y me dirigía hacia mi habitación. – ¡Por cierto! ¿Crees que podríamos traer a Valeria? Es la amiga de la que te he hablado… Sí, la que sale en revistas de moda. – después de escuchar una afirmativa, di un pequeño salto de alegría. ¿Hacía cuanto que no sonreía de verdad? – ¡Oh! Puedo cogerle prestado el Jeep a Dante. Así nos ahorramos dinero en el transporte y será más divertido. – después de acordar todos los detalles, me despedí de la peliazul diciendo que la vería el sábado, y casi de inmediato marqué el número de Valeria.
– ¡Mamá osa! Te llamo con una propuesta a la que no te puedes negar~. El sábado, Juvia e yo iremos de viaje a una casa del lago. ¡Y tú te vienes con nosotras! – sí, la verdad es que no le estaba preguntando, le estaba afirmando que iría con nosotras quisiera o no. – Así que si tienes trabajo o algo por el estilo, déjalo para otro día para acompañarnos. – me tiré a la cama, mientras jugaba con mi cabello y escuchaba la respuesta de la morena. – ¡Genial! Pues el sábado por la mañana pasaré a buscarte y después de ir a por Juvia, nos iremos directamente a Provence-Alpes-Côte d'Azur. – dije pronunciando las últimas palabras con cierto exagero francés. Terminamos de hablar y después de dejar el teléfono sobre la mesilla de noche, me incorporé con cierto animo comenzando a rebuscar en mi armario para sacar el bikini, toallas, etc. Lo cierto es que hacía tiempo que no estaba motivada a hacer alguna cosa fuera de estas cuatro paredes, así que me vendría bien en todos los sentidos.
Al día siguiente llamé a Dante para que me trajera su Jeep; obviamente el hombre se negó al principio. ¿Dejar a su preciosidad a la que llamaba “Wanda” en las manos de una chiquilla poco confiable al volante? ¡Debía estar loco! Pero después de largos minutos de convencimiento por mi parte, acabó por ceder y enviarme el vehículo.

Y así fue como llegó sábado. Me levanté relativamente temprano para darme una ducha y luego vestir el bikini junto con las demás prendas. El viaje en coche duraría una hora más o menos, así que prefería ir con ropa cómoda. Tan solo me faltó hacerme el desayuno, peinarme y luego salir del apartamento con una bolsa de deportes. Tras dejar la llave a mi vecina para que fuera a cuidar a Luke en mi ausencia, bajé las escaleras del bloque y caminé hasta aquella preciosidad de coche. – Tenía muchas ganas de tocar tu volante, Wanda. – quizás la frase había sonado un toque mal, pero no había dicho ninguna mentira. Dejé la bolsa en el maletero y después de poner el coche en marcha, me dirigí hacia la casa de Valeria, quién no tardó en salir después de pitar el claxon del vehículo. – ¡Mama osa!~ – exclamé dándole un abrazo. – ¿No te has olvidado el bikini, verdad? – inquirí entre divertida y emocionada.

Volvimos a ponernos en marcha, esta vez para buscar a Juvia. No sabía si también había invitado a Gray, pero si lo había hecho entonces ya tendríamos al payaso del servicio para divertirnos. Una vez la peliazul también estaba fuera de casa, bajé del coche y también le di un efusivo abrazo. Desde aquél día no las había visto y recién ahora me daba cuenta de cuánto las había echado de menos. – Val, esta es Juvia. Juvita, esta es Valeria. Tendréis tiempo para hablar en el coche. ¡Ahora en marcha! – regresé a mi puesto de conductora para luego arrancar el motor. El viaje no se hizo nada pesado, en compañía de ambas féminas resultaba todo lo contrario. Por fin volvía a sentirme viva. Conversamos de unas cosas y otras, esperaba que ambas chicas se cayeran bien pues íbamos a pasar cinco días juntas y deseaba que todo fuera perfecto. – ¡Por cierto Juvia! ¿No invitaste a Gray? Como me digas que se ha negado, cuando volvamos pienso patearle el trasero. – sentencié con una expresión un tanto temible. Luego dirigí mi mirada a Valeria, soltando una suave risa. – Gray es ese chico que iba con nosotras a clase. No sé si lo recuerdas. Le gusta a Juvia. – dije con una sonrisilla burlona a la espera del bochorno de la peliazul. ¡Si era adorable cuando entraba en modo tomate! – Y ella le gusta a él… Maldita sea, hubiera sido lindo que viniera y hacer de Cupido. – sí, no tenía vergüenza alguna para soltar esas cosas. Básicamente porque esos dos eran unos lentos y si no les daba un empujón, no se confesarían ni en mil años.

Después de un viaje lleno de risas, finalmente llegamos a nuestro destino. Aparqué el Jeep y lo primero que hice al salir del vehículo fue mirar los alrededores completamente asombrada. El aparcamiento estaba más alejado de nuestro alojamiento, pero  vamos, aquél lugar era magnífico. El bosque, el lago, el aire fresco… Hasta me temblaron las rodillas. Seguimos a Juvia hasta la casa y al verla… Literalmente me quedé con la boca abierta. – Santa Vaca… ¡¿Esa es vuestra casa del lago?! – exclamé señalando la edificación rústica que tenía unos… ¿Dos pisos? Dioses del Olimpo, cuando me había dicho de hacer un viaje a la casa del lago no me imaginaba una morada tan… Enorme. De repente, me sentía muy emocionada. Quería correr, ver la casa y probarlo todo. Y no me hice esperar demasiado. Sin avisar a las dos féminas, arranqué a correr hasta la parte delantera de la casa. Por el camino me encontré con un señor algo mayor y me paré para poder darle un abrazo. – ¡Ya estamos aquí Harold! ¿Se llama Harold? Bueno, eso no importa, tiene cara de Harold. – le di unas palmaditas en los hombros, con una sonrisa de oreja a oreja y seguí corriendo. ¿No hace falta decir que dejé al hombre plantado con cara de “¿Qué demonios acaba de suceder y quién es esa?”, verdad? Probablemente recibiría un buen regaño después… Pero no pude evitarlo. Corrí hasta el muelle que había enfrente de la casa y sin pensármelo dos veces di un salto directo al agua. Sí, con ropa y todo. Dios, eso era vida.


La casa del lago~. :

El jeep -wtf-:
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Re: The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

Mensaje por Valeria Caprice el Dom Mayo 29, 2016 3:54 am

FlashBack
Hace un par de meses

–. Ah, ese idiota de Damon, siempre tan desordenado – Pensaba tras entrar a la vacía casa ajena pues, ni bien entrar, se había encontrado un gran desastre que incluía muebles fuera de lugar y desorden por doquier. Si bien era un tanto extraño, para Valeria no lo era tanto, al menos viniendo de su mejor amigo. Sin embargo, cuando se disponía a ordenar un poco, no tardó mucho en encontrar un papel tirado en el suelo que inmediatamente llamó su atención por el sello que tenía.

“Ha sido reclutado (…)”

Ah, había leído mal, ¿No? Negó levemente y volvió a leer, pero la carta decía lo mismo, ¿Damon? No, seguramente había sido error de remitente, seguro que era una broma, él no era el tipo de persona que encajaba en la milicia, simplemente no podía irse… ¿Cierto?

“Llegó una carta, Val. Debo ir al servicio militar…”

Abrió los ojos y saltó sobre él para abrazarlo, no por tristeza propia, no, eso ya lo había pasado por sí misma hace una semana cuando halló la carta. Lo abrazó en un intento de contenerlo, sabía sólo por su rostro lo difícil que sería para él a pesar de que él intentaba no demostrarlo, tenía aquí a Brooke, acababa de asentarse con su hermana y, aunque quizás no era tan importante, la tenía a ella, por no mencionar a sus mascotas. Tendría que dejarlo todo, ¿Cómo se sentiría? Ella no podía imaginarlo realmente, era difícil y lo entendía con el abrazo que Damon le devolvía, sólo tenía eso pues sabía que tarde o temprano él intentaría aliviar el tema, así era él al fin y al cabo.

“¡Cuidate, princesa cabra!

Ah, su sonrisa lucía tan feliz como podía estarlo, y sin embargo su semblante no conseguía demostrar la alegría que él intentaba enseñar al despedirse; sin embargo, Valeria no pudo hacer más que sonreír y asentir en respuesta, tratar de darle algo de seguridad, era lo único que podía hacer en ese momento, no sabía cómo contener a Brooke, no sabía cómo conseguía contenerse ella misma, y sin embargo ninguna de las dos lloraba cuando el pelirrojo cruzó la entrada y se perdió de vista, aún a pesar del desconsolado llanto de la pequeña Allyson a su lado. No fue sino hasta que Damon dejó de verse que Valeria soltó el aire contenido y se volteó para abrazar a la pelimorada y a la castaña; más bien, ambas intentaban contener a la menor que no era capaz de aguantar las lágrimas, apenas les salían palabras de aliento y sonrisas compasivas, buscando animar a la hermana de su pelirrojo.

–. Tienes que salir de aquí…

Se lo repetía constantemente hace días, desde que Damon se había ido, su partida aún no se hacía del todo real y sus ánimos estaban por los suelos, él era el hermano que nunca pudo disfrutar, el amigo que jamás tuvo, y ahora lo perdía de un momento a otro como si nada. ¿Podría siquiera ir a verlo? Sabía claramente la respuesta, el impedimento no era monetario, no importaba al fin y al cabo… Pero tenía que salir de su casa de una vez por todas, no podía seguir preocupando a sus niños, no podía seguir fingiendo ante Allyson, no podía ignorar a Brooke, necesitaba recuperarse por los suyos, no había discusión.

Fin FlashBack
~
Julio 2016


Habían sido ya más de dos semanas, lo había intentado, de verdad, al menos dentro de sus posibilidades, pero Allyson parecía ser la única que mejoraba, en cambio no había podido comunicarse con Brooke y las veces que había ido a su casa no la encontraba, la pelimorada le tenía muy preocupada; aunque por un lado esto era mejor para Valeria ¿Por qué? Pues estar preocupada y al pendiente de sus dos amigas había sido la mejor manera que había tenido para no decaer por la partida del pelirrojo, sin embargo hacía una semana Allyson había vuelto con sus padres a Inglaterra y Brooke seguía sin dar señales de vida, se sentía impotente y lo odiaba, pero también sabía que la ojiazul tenía su manera de pasar las cosas, en ese sentido se parecían, pero precisamente porque lo entendía era que le preocupaba, aunque en el fondo sabía que su amiga era suficientemente fuerte para pasar por ello.

Ya eran tres semanas desde la partida del pelirrojo, Valeria estaba llegando a casa luego de un buen día de trabajo y tocaba mimar a sus mascotas, pero no pudo hacerlo por más de un minuto pues su móvil sonó. Cuando vio el nombre en la pantalla, abrió grande los ojos y se apresuró a contestar la llamada, sonriendo instantáneamente en el momento que escuchó la animada voz de Brooke, sólo eso le quitaba un gran peso del pecho –. ¿Juvia? – Consultó mentalmente, ladeando la cabeza para sí misma, antes de levantarse para tomar asiento en el sofá mientras escuchaba la siguiente frase. Miró brevemente el calendario a su costado, colgado en la pared con varias fechas, nombres y horarios marcados para toda la siguiente semana. ¿Quién le mandaba a llenar todos los espacios de su tiempo? Ah, claro, Damon. Sonrió de nuevo y respondió –. ¿El sábado? ¡Claro! Tengo libre estos días – Mintió rápidamente, asintiendo para sí misma un momento. Pronto escuchó los detalles y accedió, preguntando un par de nimiedades para el viaje antes de terminar la llamada. –. Así que Juvia… – Divagó unos minutos sobre la nombrada, a quien no conocía más que por uno u otro comentario de la pelimorada y, tras un rato, volvió sus pensamientos a otra cosa.

Tomó su móvil y buscó un número en específico. Cuando la persona contestó, Valeria no esperó mucho para ir al grano –. Cancela mis compromisos de este sábado en adelante, dos semanas – Indicó sin mayores problemas a su agente. La pobre mujer comenzó a llorar mientras rogaba piedad a la morena, quien se rió un poco –. Vamos, no lo tomes tan en serio, todo irá bien – Le decía relajada, hablando en italiano pues a su agente le era más fácil hablar en su idioma natal. La mujer volvió a pedir que lo pensara mejor y Valeria negó para sí misma –. Decidido, nos vemos mañana. ~ – Se despidió y cortó antes de volver a escuchar las súplicas ajenas, que sabía no terminarían nunca. Ah, mañana sería un largo día. Por el momento se dispuso a dormir, así que tras comer un poco de fruta y colocarse la pijama, partió al mundo de los sueños. Al día siguiente, el trabajo fue todo lo que ocupó su mente, eso y escapar discretamente de su agente para que no la molestara tanto. Y cuando el día acabó, llegó a casa y comenzó los preparativos para el sábado, dejando una pequeña maleta lista con lo que necesitaría para el viaje, que según Brooke le dijo, sería de una semana, antes de comer algo e irse a dormir, mañana sería un gran día.

Y así llegó el sábado, despertó incluso antes de sonar su alarma y se levantó diez minutos después, comenzando su clásica rutina de los sábados, sólo que una hora más temprano de lo habitual. Tras haber ejercitado, como de costumbre, se duchó, Vistió y desayunó. Recogió la ropa sucia y comenzó a lavar, revisó la comida de sus mascotas y limpió un poco la cocina. La hora se acercaba así que subió a buscar su maleta, revisó que estaba todo bien y metió su móvil y cosas personales en una carterita de tela sencilla que combinaba con su atuendo y con otros tantos de su guardarropa para el viaje en caso de necesitarlo. Mandó un mensaje a su nana, para recordarle que viera por sus mascotas aquella semana, cosa que habían hablado ya el día anterior pero nunca estaba de más. Terminó de preparar las cosas y fue a la tienda que quedaba cerca para comprar unas cosas, le dejó a su nana unos bocadillos en el refrigerador con una nota pegada a un imán en la puerta y en lo que acomodaba el resto de lo comprado, sonó el claxon de un auto afuera y en seguida partió a abrir la puerta con sus mascotas alborotadas por el ruido.

Lo primero que hizo fue saltar sobre Brooke –. ¡Osita! – Le dijo mientras se abrazaban, y cuando se alejaron, respingó adorablemente la nariz en respuesta –. Fue lo primero en empacarse, ¿Por quién me tomas? – Bromeó animada, ver a Brooke sonreír después de ver su rostro vació tras la partida de Damon era algo que la sobrecogía realmente, aunque en el fondo le molestaba un poco que ella no había podido hacer nada por ver esa sonrisa y ahora simplemente la disfrutaba; pero no importaba, durante el viaje se encargaría de que todo saliera bien y de mantener a su osita morada con los ánimos por los cielos. Así que sin más subieron la mini maleta de la morena al auto y partieron al siguiente destino, tocaba ir por la anfitriona, Juvia. En el camino, Valeria preguntó por el jeep y qué tanto había llorado Dante por entregárselo, no se podría decir que fue un recorrido callado hasta llegar a la casa de la tercera joven, además, le entregó la bolsa de bocadillos a la pelimorada y casi se arrepintió pues terminaría por exigirle que dejara de comer mientras conducía. En cuanto llegaron, apareció una joven de ondulado y precioso cabello azul, con apariencia de ser una linda señorita. Vamos, que ni bien verla, a Valeria le dio la sensación de una ardillita. Saludó a la joven con un beso en la mejilla y eso fue todo, pues Brooke no les dio tiempo a hacer nada antes de subir al coche.

Una vez que el viaje recomenzó, los comentarios siguieron y pudo conversar de una que otra cosa con la peliazul, después de todo, la italiana no se cortaba para hablar con nadie. Así que el viaje se hizo corto entre comentarios y risas hasta que finalmente llegaron a su destino, una agradable y bella cabaña bastante bien cuidada junto a un lago, a simple vista la morena asintió brevemente, el lugar era mejor de lo que había pensado al escuchar “cabaña”, no estaba nada mal, por sobre todo le gustaba el ambiente natural, seguro pasarían un buen rato ahí. Aparcaron el jeep y bajaron para caminar hasta la casa, así que mientras más avanzaban, más visible se hacía la casa, hasta que llegó un punto en que Brooke la vio por completo y saltó a correr como si se le fuera la vida en ello. Valeria sonrió y siguió caminando junto a Juvia, sin perder de vista a Brooke que ahora se lanzaba sobre un pobre hombre –. Gracias – Soltó de la nada, sin dejar de mirar a la pelimorada que acababa de abraza al confundido hombre –. Ni siquiera se me ocurrió llevarla a vacacionar y la dejé encerrarse en su cuarto – continuó hablando suave y sincera –. Así que gracias, por ser una mejor amiga que yo esta vez – No pudo evitar el “esta vez”, su orgullo de amiga no le permitía más que eso, sin embargo no había mentira en sus palabras al ver a la chica correr como una niña pequeña, alegre y vivaz, lo último que recordaba era su rostro deprimido y el cambio era enorme.

Siguieron caminando y, en cuanto vieron a la pelimorada saltar al agua sin siquiera sacarse el polerón, Valeria comenzó a reír y negó levemente con la cabeza, típico de Brooke… –. Ah, ¿Qué más da? – soltó su maleta y se quitó las sandalias rápidamente, comenzó a correr y saltó al agua con un “woooo” hasta caer de bombita y salpicar a su amiga, lanzándose sobre ella para hacerla su caballito de mar y comenzando a jugar. ¡El agua estaba deliciosa! Y las risas no se hicieron esperar. Pronto llegó Juvia a la orilla del lago, parecía un poco preocupada porque se habían tirado al agua con ropa, principalmente por Brooke, que estaba más cargada. Pero entre risas la incitaron a que fuera con ellas hasta que aceptó, al menos en parte pues se quitó las botas y metió los pies en la orilla de una manera un tanto tímida y adorable, se movieron más a la orilla para poder pisar mejor y estar más cerca de la peliazul y siguieron jugando y riendo, sin embargo no pasaron más de 5 minutos cuando, dando un paso en falso, Juvia perdió el equilibrio y calló de trasero sobre el agua. Al principio se acercaron a comprobar que todo estaba bien pero luego, estando ya Juvia mojada, se sonrieron macabramente y la tomaron una de cada brazo para levantarla y llevarla más adentro, de todas formas, ya estaba mojada, ¿No?

Jugaron un rato más, Valeria no podía evitar aprovecharse un poco de Juvia por ser tan adorable y abrazarla de la nada de vez en cuando, ¿Hace cuánto no se reía tanto? Claro, desde el día anterior a encontrar la dichosa carta de Damon… Pero no pensaría en ello ni en nada más, era momento de divertirse y despejarse, sólo que de pronto sonó un fuerte gruñido que las acalló… Y ambas voltearon a mirar a una hambrienta Brooke. La italiana comenzó a reír sin más y cuando pudo calmar la risa, habló –. ¿Hora del almuerzo? – Preguntó aún entre risas y, tras un par de bromas, salieron las 3 del agua y se dirigieron de vuelta a la casa. Lamentablemente para Valeria, había decidido lanzarse al agua sin siquiera llevar bikini de bajo, por lo que debía cambiarse pronto o se incomodaría así que fue la primera en meterse al baño con su mini maleta para darse una rápida ducha y cambiarse. Esta vez fue más sabia y se colocó el traje de baño en seguida para evitar cualquier problema, así que con un cómodo short y una holgada blusa, salió y partió a la cocina, donde quedaron de juntarse por la comida. Se puso al día con lo que prepararían las ya duchadas jóvenes y ayudó a cocinar. Pronto, con 6 manos en la obra, terminaron todo y llegó la hora de comer entre comentarios y bromas. Hasta que acabaron la comida y comenzaron la limpieza, con lo que también terminaron bastante rápido, era la hora, la hora importante –. Quiero elegir cuarto primero. ~ – Canturreó, sabiendo que todas habían ido a ducharse, Brooke no había tenido tiempo para ello y Juvia era la dueña así que no lo necesitaba.

Sin esperar respuesta de nadie, comenzó a caminar e inspeccionar la casa, no demoró mucho en llegar al segundo piso y encontrar un cuarto que le pareció perfecto, con vista al bosque y a un agradable claro en este, tenía buena iluminación y una gran ventana que abrió para encontrarse con una hermosa enredadera a un costado de la pared que alcanzaba uno de los lados que no se abrían del vidrio. Con una sonrisa bajó para encontrarse con Juvia, quien le avisó que Brooke estaba ya desempacando lo de su cuarto elegido y asintió, avisándole cuál le había gustado a ella antes de llevar su maleta para dejarla por ahí, como seguramente había hecho Brooke pues dudaba que se hubiera puesto a ordenar la ropa de su bolso. Bajó y esta vez sí encontró a ambas chicas ya en el salón y pronto se dirigió a hablar –. así que… ¿Les apetece una caminata por el bosque para bajar la comida? ¿O volver al agua? – Sugirió con una sonrisa, colocándose tras la pelimorada para abrazarla por los hombros, apoyando su cabeza a un lado de la ajena con naturalidad, eso era algo que hacía seguido con quienes quería.
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Re: The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

Mensaje por Juvia Lockser el Miér Jun 29, 2016 11:51 pm

"Las amigas son el hogar que eliges."
Juvia Lockser, Amitiel Samantha
Summer ~ Calvin Harris
¡El sobre llegó! Ese inmenso rectángulo sobre color pergamino había aterrizado en sus manos. Exactamente, en ambas, unidas por los dedos menores que delimitaban esas extremidades, y como si fuese una pala de huesos y carne, más huesos ya que sus manos eran bastante huesudas, el contenedor de papel quedó inerte sobre las palmas de las mismas. Contuvo la respiración. Demasiado tiempo para quedarse del color de la fresa, para provocar una risota a su papá y un regaño de su mamá. Estos también estaban expectantes con los resultados que guardaba esa carta de tamaño A4. Aunque su mamá lo disimulaba mucho mejor que padre e hija. La esposa se mantenía firme con la taza de té entre sus manos y se apoyaba en el umbral de la entrada de la cocina. Ya padre e retoño parecían dos bombas humanas, el mayor porque no dejaba de apoyar el peso tanto en un pie, como en el otro y así consecutivamente como pleno conteo del artificio. Y la heredera de tan atípica familia, su rostro lo decía todo ya que parecía espacio a punto de extinguirse por una mera explosión. – Juvia, no tiene ántrax. – La forma sutil de su madre de indicarle que lo abriera de una vez. Aunque en lugar de incitar a la japonesa menor de abrirlo, terminó por alarmar a su esposo que, rápidamente, arrebató el sobre de las manos de su precioso engendro. – Cariño, no hay posibilidad que lo tenga, Era una forma de expresarme para que no temiera tanto abrirlo. – Añadió el elemento femenino mayor mientras giraba los orbes sobre sus propios ejes. A alguien tendría que salir su hija con esa falta de filtros para entender algo más que la literalidad.
No fue Juvia que abrió el sobre, fue su papá aún receloso de lo que pudiera contener. Maldita la hora que la madre hizo un juego de palabras. Ni que no conociera a su familia. Al menos, su casa no estaba a punto de estar petada de entes policiales e ingenieros de la compañía de su esposo. Lo que no sería nada surrealista de pensar ya que el único hombre de la familia tenía sus contactos y podría resultar bastante sobreprotector con su princesa de agua. ¿Se había casado con un loco? Muy probablemente, pero ella tampoco podría decirse muy cuerda y lo cierto es que estaban enamorados, lo suficiente para poder procrear con amor al retoño de melena azul que era su hija. Y educarla en bases de amor, disciplina y protección. En fin, sobre la taza, que acababa de inclinar sobre sus labios para tomar un poco del elixir frío de la misma, pudo ver como el sobre iba fluctuando sobre el aire hacía el suelo, como una mera pluma llevada por una brisa, y un papel de textura suave como el mismo pergamino eran enseñadas a ambas féminas. Juvia se hallaba un poco adelantada, pero se mantenían casi en el mismo trayecto. Acto seguido, fue ver su esposo hacer una especie de danza de la alegría con el diploma en ambas manos. Danza que la menor de los Lockser solía tacharla del “Baile del cangrejo”. Y eso sólo podría decir una cosa: no sólo había aprobado como también lo había hecho con matrícula de honor. Ni vio las clasificaciones de su retoño y regresó a la cocina para seguir cocinando. ¿Fría? No lo era, pero conocía a su esposo y hasta soltar a Juvia entre apapachos y ataques de besos, llevaría un buen rato. Ya en la noche, la felicitaría como era debido y como una madre debe hacerlo teniendo su propio momento con su hija como lo estaba haciendo el padre.

La noche llegó. De hecho, más que eso, el programa familiar había finalizado: solían pasar una velada en el salón jugando a juegos de mesa: esa noche había tocado trivial. No había televisiones en la casa, esos aparatos del mal como decía la madre de la casa. Y ya en la habitación de su hija, peinándola con delicadeza, inició su momento de madre e hija. El resto del contenido del sobre (su padre sólo había visto el diploma y enseñado el mismo con su danza), ahora adornaba la cama menos el diploma que su padre lo conservaba para poder enmarcarlo (todos los logros aprobados de su hija siempre eran enmarcados). Entre ese papeleo estaban las observaciones de sus tutores particulares: La joven nunca asistió a ninguna escuela, ni pública ni privada, pero tuvo que examinarse juntos a todos los demás estudiantes para los globales y las pruebas universitarias. También estaba uno en que tenía su materia y la clasificación de la misma que no era otra que la máxima. En resumen, estaba apta para ingresar a la universidad que deseara. Incluso, poder ir al extranjero, lo que rompería el corazón de su padre, seguramente. Sin embargo, no estaba en sus planes ir para la universidad. No en el próximo curso al menos. Algo que ningún de sus tutores lo podría entender, y también lo dejaban claro en las observaciones. Estaba rechazando un futuro que muchos habían perdido sangre para tener esa suerte. La fémina no lo rechazaba, no se negó a ello, pero no sería ese año que ingresaría a una universidad, necesitaba algo que no encontraría en la universidad y estaba segura de ello. Hay que mencionar que Juvia puede ser muy cabezota con sus corazonadas y ni la propuesta de ingreso de la mejor universidad de la ciudad pudo hacerla cambiar de ideas. Ni siquiera más del cincuenta por ciento de posibilidades de ingresar a Oxford. Mundo. Tenía que conocer el mundo por sí misma, pero no viajando, conociendo sus fallos y pudiendo contribuir para la disminución de las mismas. Por lo tanto, en lugar de acudir a entrevistas de universidades, acudiría a entrevistas para organizaciones y ser voluntarias de las mismas. Eso era lo que creía que debería hacer y qué era lo correcto. Su padre no estaba del todo de acuerdo, pero lo aceptaba y su madre estaba maravillada con su idea. Mejor que ver su niña en una isla en medio del atlántico como era Gran Bretaña.
La mención de un regalo por sus buenos resultados no la hicieron relucir de alegría. Es decir, estaba muy conforme con tener un regalo, pero los estudios eran su obligación como estudiante e hija, así que es normal que se esforzara, ¿no? Asimismo, al saber cuál era su regalo y tenía permitido llevar a sus amistades, el caso cambió de figura, o más bien, su ánimo. Casi tiró la silla donde tomaba asiento del brinco que dio y terminó aferrada a su madre. Para suerte de su progenitora, no decidió hacer el “baile del cangrejo” como su esposo. Sí, había que admitir que Juvia tenía mucho de su padre en la forma de comportarse. Lo que le provocaba ciertos disgustos en sus modales debido a su espontaneidad y falta de sentido del ridículo. Ojo, amistades, pero desde un inicio prohibió que invitara al joven que tenía de fondo de pantalla. Adivinad quien está en esa foto jugando con Jem-kun. Por cierto, Jem-kun (el nombre completo es James) es un felino color noche que Juvia considera su hijo y del protagonista de esa foto. Foto que el elemento principal que sale en ella no sabe que existe. Juvia fue traviesa y la sacó sin pedir permiso en alguna vez. ¿Cómo sabe la madre de su fondo de pantalla? Pues, su padre una vez queriendo saber la hora, y teniendo más a la mano el móvil de su hija, vio la dichosa foto y hubo una erupción volcánica en casa. ¿Los motivos? Son simples: era la foto de un chico siendo que este chico tiende la mala fortuna de aparentar ser un delincuente. Aunque Juvia lo negó de forma rotunda, pero no esperemos tolerancia de parte de su padre sobreprotector que toma como amenaza hasta un el cartero que puede hablarle a Juvia. En resumen: el regalo el poder pasar una semana, casi, en la casa del lago que tienen por los alrededores, Juvia podrá ir sola con sus amistades, pero sólo chicas. ¡Y ni por asomo el chiquillo de la foto puede ir! Aunque, para la madre, el chiquillo no le parece tan malo, es atractivo y si logra mantener una charla con su hija, debe tener mucho mérito, pero tampoco lo conoce así que no va intervenir por el momento. O hasta conocerlo.

Al día siguiente, primer pensamiento de la princesa de la casa fue justo llamar a su mejor amiga. Y única miga seamos realistas. Lleva años en la ciudad, y sólo logró hacerse de una amiga, la verdad. Conocí más chicas, pero no pasaron de conocidas que les perdió la pista sin más. Ni que las hubiera perseguido, sólo es una forma de hablar. ¡Bien! Si ya estaba maravillada con la idea de poder ir de vacaciones con Lyra-chan, al colgar el teléfono, más feliz se quedó, si era posible quedarse más contenta de lo que ya estaba, su morada amiga aceptó la invitación y traería otra chica. ¡Iba a ser el mejor verano del mundo! Bueno, no tanto así, porque Gray no podría ir, pero... ¿Mejor? ¡Se moriría de vergüenza por dormir bajo el mismo techo de Gray! Mejor, mejor, se decía para ella misma.

El sábado anhelado llegó. Obviamente, que su maleta vintage estaba lista con todo lo que necesitaba para dormir en una casa que no era su hogar oficial. Tampoco es que necesitara tremendos útiles siendo que iba a tener la misma comodidad que tenía en su hogar. Básicamente, era llevar ropa, calzado y no mucho más. La casa en cuestión no estaba solitaria, tenía un casero que la mantenía en orden en términos de limpieza y con lo necesario para albergar sus dueños o visitas del mismo. Además, el propio casero, que era más una especie de abuelo para Juvia era lo suficientemente detallista para saber hasta el jabón favorito de su “nieta”. No solo la maleta estaba lista con prontitud, la misma Juvia estaba lista desde antes de las siete de la mañana. No, no pudo conciliar demasiado el sueño por la ilusión de la próxima semana. Por lo tanto, cuando ya empezaba amanecer empezó a alistarse. Luego pudo disfrutar del desayuno en familia para después cepillarse los dientes una última vez antes de irse. Aunque la ida sólo fue realizada una vez que Lyra-chan llegó para recogerla. Y pese a que pudo despedirse de sus progenitores como una bala expulsada del cañón, no se libró del registro de su padre. O más bien, al jeep que trajo su mejor amiga. El hombre tenía que asegurarse que ningún chico estaba escondido y mucho menos ese rufián. Para suerte de todas, Lyra-chan, pudo apremiar y su papá no soltó un interrogatorio para saber más sobre ese extraño que tiene su cara de bobo delincuente (según el hombre) en el móvil de su hija. ¡Ningún chico es digno de estar en el móvil de su princesa! Excepto él, obvio. Sí, el típico padre sobreprotector que se cree que su hija es de cristal.
Tras registro paternal, unas cuantas lágrimas del mismo que hizo prometer a Lyra-chan que no dejaría ningún macho, ni uno bien intencionado, acercarse a su princesa, saludos, entre estos varios apapachos, incluso a Valeria que a Juvia se maravilló por la misma. O sea, hablamos de la chica que siempre ve en revistas y que la cree súper hermosa. Ya más adelante pierde la vergüenza y le pide autógrafo. Aunque un beso ya había logrado. Y no, no ha disimulado nada su entusiasmo por ninguna de las dos. Su propio semblante era una plena fresa. La fresa del grupo iba relucientemente feliz en el asiento trasero con su cinturoncito siguiendo la plática de las demás. Su sonrisa era de oreja a oreja y su momento fresa se hizo más evidente cuando Gray fue mencionado. Si estuviera bebiendo algo, o comiendo, seguro lo hubiera escupido e imaginado el regaño de su mamá.  Para su suerte, no comí ni bebía nada, solo le embargó un bochorno enorme como si fuese el Titanic hundiéndose. Aunque este estaría helado, porque fue en aguas heladas, y la joven de helada nada estaba. Que toda su piel ardía al punto de quemar. O esa era la sensación que tenía. – Will-sama… Juvia… ¡No…! Sí, gusta a Juvia… - Y sus brazos se han extendido como alas para después doblarlos gesticulando nerviosa como un pájaro de alas mojadas como si cayera en picado. – No, no gusta a Juvia. – Intentó retractarse de lo que iba a decir, pero ya muy tarde, no había mucho por donde arreglar. Lo cierto, es que ella no estaba segura de nada en ese punto. Desconocía lo peso que podría tener ese gustar, pero no por eso no se pusiera nerviosa y muerta de vergüenza. No era consciente de sus sentimientos, pero ellos existían y hacían mella en sus acciones y en exteriorizarse. – Gusta, pero Lyra-chan también gusta a Juvia… ¡Y Juvia también gusta de cómo se Valeria-san en las revistas con esos modelitos! ¡Y ahora también! – Era lo máximo que podría decir por la morocha del trío ya que no la conocía más que el saludo y las charlitas del coche. En fin, tras todo ese repentino parloteo, y apresuradas oraciones que salieron de su boca a trompicones, suspiró enseñando cierto agotamiento como si acabara de echarse una buena carrera. ¡Qué perdió el aliento imaginando, respondiendo y poniéndose ansiosa!
Tras unos cuantos tragos en su botellita de agua, la cual también ofreció a las demás, que trajo en su mochilita. Esta fue la única que se quedó junto a ella en el asiento trasero. Su maleta al maletero fue, desde luego. Pudo disfrutar un poco del paisaje. O eso fingió. Tras todo ese alboroto vocal, que la dejó para bucear en un agujero y no volver tan pronto a la superficie, se dedicó a canturrear canciones japonesas mezclando el ruso con el francés, lo que produjo un sonido muy extraño, poco sincronizado con el ritmo y bastante detonante, pero ella siendo el hada de la alegría, ahí continuó por o que quedaba del camino canturreando, meciéndose sobre el asiento y, de algún modo, prestaba atención a todo lo que era mencionado por sus amigas. Ya podría considerar a Valeria amiga, ¿no?

¡Llegaron! Brazos para arriba de la efusividad y una sonrisa brillante como si el sol estuviera iluminando la misma agua y provocando efímeros destellos en la misma. No tuvo problemas en cargar con su maleta, sólo era ropa, no mucho, tampoco era una maleta grande y ella tampoco era una damisela de cristal. Aunque lo aparentara. Bueno, era una damisela, pero no era de cristal y no se rompía con cualquiera cosa así que su mochila de tela a la espalda y su maleta en una de sus manos para adentrarse en lo que sería los terrenos de su casa. A lo lejos avistó al casero que las esperaba en el porche. Y con la mano libre, lo saludó lleno de entusiasmo, pero en silencio. La mano es que se movían como si le hubiesen dado mucha cuerda. Y el ancianito, que no era jovenzuelo, estaba para acercarse y ayudar a las niñas con sus equipajes, pero se vio impedido, físicamente. Ni idea cómo, pero terminó con una de las jóvenes enganchadas a su figura. Sus orbes iban de hito a hito, pero no de espanto, sólo estaba muy descolocado. La única que solía engancharse a él era Juvia. Y no en público que tendría su madre regañándola. Así que fue muy insólito. – ¡Sam-san! – El saludo de la única chica que realmente conocía se hizo presente, pero la pregunta de cómo estaba no se hizo presente en el espacio ya que Valeria emprendió otra clase de charla con la japonesa. El casero no se extrañó que no hubo indagación de su estado por la distancia. Aún faltaba un tramo para alcanzar el porche y tampoco podría acercarse que tenía esa especie de lapa morada diciéndole Harold. Bueno, era amiga de Juvia, debería haberse esperado que no fuera normal. O sea, la propia niña le dice Sam y su nombre ni se acerca a esas tres letras para ser apodo del mismo. Todo porque la joven lee Game of Thrones y le dice que le recuerda a un personaje llamado Sam.
El agradecimiento la dejó pestañeando sin entender a que venía. Fue repentino. Cualquiera quedaba unos segundos sin poder siquiera procesar, por ende, quedó ladeó el rostro viendo a la morocha sin detener el paso. Incluso, sus labios formaron una “o”, pero ningún sonido salió de estos hasta que vino la oración a seguir al “gracias”. Sus mejillas volvieron al color fresa que quien convivía con Juvia se acostumbraba a ver a menudo. Y una sonrisa se formó, no había felicidad en la misma, ternura, sí, pero no era animosa, tenía tintes de tristeza. O quizá no de tristeza, pero tintes que rayaban un desfallecimiento fugaz. Esta misma sonrisa se enfocaba más en un lado provocando en un moflete se viera más esponjoso de lo normal. - ¿Y Valeria-san? ¿No tiene peso igual? ¿También tiene corazón que sufre? – Tres meras preguntas, en un tono más bajo de su normal, ya de por sí no es de hablar a los cuatro vientos, y se encogió de hombros. Quizá se ha sobrepasado. Podría incordiar a la morocha que recién conocía, sinceramente. Sin embargo, no iba a permitir que se sintiera culpable, o con más peso de lo debido, cuando no era culpa suya. Al fin y al cabo, de uno y otro comentario de las peripecias que Lyra-chan le suele contar, pudo entender que la Blancanieves también era cercano a la niña esa de ojos esmeralda. Esto… ¿Os preguntáis quien es Blancanieves? El mismo Damon, así fue como lo nombró. ¿Por qué? Por su pelo, aunque este sea rojo, pero por eso mismo lo nombró Blancanieves cuando vio una foto de este. Es que Blancanieves tenía los labios rojos, rojísimos como el pelo de ese chiquillo así que… ¡Blancanieves, pues! – Juvia no cree que sea mejor que Esmeralda-san – sí, acaba de nombrarla por su cuenta y sin permiso – en amistad. Juvia no sabe muy de amistad y de relaciones, pero si hay algo que sabe es que las intenciones y los sentimientos pueden ser muy útiles tal como son las acciones. – De esta vez se adelantó a la chica, se colocó de espaldas a su delantera y continuó caminando. – Y Juvia no cree que hayan faltado acciones a Esmeralda-san. – Sabía que esta había acompañado a Lyra-chan en la despedida de Blancanieves, y eso era mucho de mucho. – Además, no hay nada de agradecer A Juvia, muy por el contrario. Juvia agradece tener una amiga como Lyra-chan y poder conocer a Esmeralda-san. – Dos dedos arriba, los demás doblados hacía bajo y la seña de la paz fue hecha con una risita acompañando el símbolo. – Hay que animarse. – Finalizó girándose de talones en un simple movimiento, y para cuando volvió a mirar al frente, observó como la morada del grupo se lanzaba con ropa y todo al lago. - ¡Lyra-chan!

No fue la única, la morocha siguió a la morada y la azul sólo pudo correr hasta el lago gesticulando de pura preocupación. Avisos como los resfríos y similares fueron soltados, peor en vano, terminaron por convencerla a meterse también. Y eso hizo, al menos había dejado su maleta en algún punto de su trayecto y esta fue recogida por el Sam que no era Sam. Sólo porque era regordete y de personalidad cariñosa como lo era de la saga esa. Tímidamente se adentró en el lago, sin calzado, pero pasado unos momentos, debido a las piedras resbaladizas, terminó hundida y empapada como las demás. ¿El resto? Ya que estaba empapada del todo, aprovechó y jugó cuanto pudo. Incluso, tuvo contacto amistoso con Esmeralda-san. Otro detalle que el sacó colores, pero se divirtió. ¡Y también participó en la batalla de agua! ¡Y aprendió a saltar al agua toda encogida y hacer el efecto bomba! ¡Esto de tener amigas era divertido! Reluciendo estaba, reluciendo salió del agua y reluciendo se reía por el gruñido de la pancita de Lyra-chan y reluciendo se fue a la cocina para preparar algunos ingredientes, entre ellos el amado pollo de la morada, para llevarlos al porche y asarlos en el horno de piedra del mismo. Una vez todo cocinado, las tres comiendo en la mesa del porche, unas con más hambre que otras: adivinad quien, quien. Algo que no le importaba a Juvia, se reía, pero no con mal intención, era de pura felicidad, y de ternura, es que ver a su mejor amiga comer resultaba algo tierno, realmente. Un tierno extraño, pero es como ver a los niños comer y que te mueres de ternura. Pues, eso.
Quería enseñar la casa a las demás con una digna presentación, pero Sam no dejaba de atosigar a Juvia para que se fuera a duchar y cambiar. Según el anciano, no bastaba que estuviera enrollada en una toalla como una oruga. Tampoco su amiga. Por lo tanto, ahí fue Juvia. Mientras Juvia se duchó, intentó ser lo más rápida posible, hubo ciertos momentos extraños entre Sam y las presentes. Todo porque el anciano quería estar seguro que todas eran chicas y no había ningún chico camuflado. Principalmente, uno de pelo negro y con toda la figura de maleante. Sí, hasta Sam sabía de la existencia de Gray. Su jefe le dio bien claras las instrucciones. Aunque no hubo toqueteos para asegurarse que eran chicas, pero podría haber si desconfiaba que alguna era un chico disfrazado de chica. Todos muy normales en el entorno de Juvia, vamos. En fin, cambiaba la peliazul, volvió cantarina al porche dando paso a que fuera la morada. De esta vez no invitó a la Lyra-chan a ducharse con ella, porque no iba a dejar a Esmeralda-san sola. Aunque estuviera con Sam, pero Sam era como un ermitaño, aunque bien tierno, pero ermitaño y no creyó ser conveniente. Las tres duchadas ya, al parecer la morocha ya tenía elegido habitación, y aplaudió su elección, quedaba la morada así que aprovechó y dio un tour por la casa que sí… Era inmensa ahora que pensaba en ello. Lo que provocó que diera un inmenso abrazo a Sam cuando volvió a cruzarse con él. ¿Ya os imaginéis que es mantener todo eso limpio? ¡Y Sam lo dejaba pulcro! El hombre no entendió a que vino el arrebato, pero no indagó, convivir con Juvia era no entender mitad de sus acciones y mitad de su mundo. Era desconocido este y seguiría siendo desconocido, aunque te lo explicara. Por lo tanto solo despeinó sus melena que estaba mojada y una mueca de reproche se le hizo presente. La regañó diciendo que debería haberse secado el pelo. Bueno, mientras tenía las chicas desempaquetaban, su equipaje era poca la verdad ya que también tenía ropa suya en la casa, no había esa necesidad de desempaquetar como las demás, así que hizo caso a Sam y se fue a secar el pelo con el secador para después reunirse con ambas chicas en el salón. - ¡Caminata! – De su parte era una afirmación bastante completa. – ¡Picnic en el bosque! – Acababa de comer, pensaba en comer, bueno, era más por Lyra que pensaba en comer en este caso. ¡Y en la linda, y romántica, idea de hacer un picnic en los bosques como leía a menudo en los libros de época! Y cuando decimos “romántica” no tiene que ser necesariamente con su enamorado. Quién no existía. Bueno, sí, pero ella no lo sabía. También hay escenarios románticos que puedes hacer con tus amigas, pues. Por lo tanto, fueron montar unos sándwiches, a exprimir naranjas para colocar su jugo en un termo, añadieron unas piezas de fruta, reunieron servilletas, un mantel y vasos colocando todo ordenado en una cesta. Esta terminó en el brazo de Juvia como si fuese una campesina de toda la vida y la marcha se emprendió.

Saltito por ahí, giro por allá, siguieron un sendero natural, aunque bastante denotado como tal, hacía el bosque. Juvia se sentía Caperucita roja aunque no tuviera nada rojo, pero bueno, hablamos de Juvia. - ¿Es muy exhaustivo ser modelo, Esmeralda-san? – Aquí viene la curiosidad descarada de Juvia. - ¿Cómo era Lyra-chan en la escuela? ¿Rompía narices? – No era por mal, pero conocía el carácter de su mejor amiga, y aunque nunca la había visto pegar a nadie, o al menos no con palabras, sabía que ella tenía esos puños por algo, ¡eh! – Debe haber sido hermoso ir a la escuela con amigos! ¿Había colas para todo? – Luego hay estas preguntas que cualquiera tomaría como muy bobas, pero es Juvia, no conoce nada de que no se le presente en los libros, y ni siempre te puedes fiar de ellos. - ¿Siempre fueron al mismo salón? – Sí, una vez que empezaba, no se detenía. - ¡Una mariposa! – Así de la nada cortó el hilo de cuestiones y se fue persiguiendo la mariposa con saltitos. Así era ella. Iba a su bola, totalmente. – Señora Mariposa. Una fotito al menos, señora Mariposa. – Ahí llamando al bicho volador como si la entendiera o le hiciera caso, pues.

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Re: The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

Mensaje por Brooke Lewis el Dom Jul 31, 2016 7:37 pm

Por un milésimo segundo, cuando mi piel entró en contacto con el agua, una gran cantidad de recuerdos comenzó a inundar mi mente sin parar. Mi cuerpo se quedó flotando boca arriba mientras observaba el brillo del sol con una mirada perdida. Ah… ¿Por qué demonios pensaba en él ahora? Aunque la respuesta era muy clara. El primer día en que nos conocimos ambos terminamos en el frío mar de la ciudad, solo porque nos pusimos a jugar como un par de idiotas. Dioses… Pero qué idiotas éramos.
De repente todos aquellos pensamientos fueron interrumpidos por las otras dos muchachas que no tardaron en entrar al lago conmigo. Al ver a ambas juguetear tan animadamente no hice otra cosa más que esbozar una sonrisa sincera y llena de agradecimiento. Creo que ahora ellas dos eran los pilares que me sostenían. Incluso creo que también lo era para ellas… Pero procuraba no pensar en eso ahora. Seguimos jugando un rato hasta que el dinosaurio de mi  estómago decidió hacer presencia. No pudimos evitar reírnos por lo que terminamos por entrar en la casa.
Terminando de hacer todo, se decidió que íbamos a dar una caminata por el bosque, a lo que no me opuse pues también deseaba conocer la zona. Dioses… Ni siquiera había pensado en los muchos recuerdos que podría traerme aquél sitio, aunque procuraba no pensar en ello. Habíamos venido a disfrutar y eso es lo que tenía planeado hacer en compañía de mis mejores amigas.

– ¿Romper narices? Si yo era un ser angelical. ¿A que sí, Val? – indagué alzando una ceja con una sonrisa cómplice dedicada a la morena. De hecho me peleaba muchísimo, aunque la mayoría de las veces era en defensa propia. Cuando Juvia comenzó a correr tan alegremente tras la mariposa no pude evitar soltar una risilla. – ¡Ten cuidado para que no te tropieces! – exclamé caminando rápidamente para no perderla de vista; sería un problema si le pasara algo o nos perdiéramos en pleno bosque. – Parece una niña. – acoté con una sonrisa ladina sin dejar de mirar aquella cabellera azul dando saltitos. Era muy sobreprotectora con todos mis amigos, pero digamos que Juvia me transmitía un sentimiento diferente. Su ingenuidad a veces me asustaba por lo que en parte entendía al progenitor de la muchacha; no es fácil dejar ir a tu hija cuando ha visto tan pocas cosas realmente. Y también comprendía a Gray cuando se preocupaba por ella. Es inevitable querer encerrarla en una burbuja para que no le pase nada… Pero por otro lado, también era maravilloso poder enseñarle cosas nuevas y sorprenderla.
Como ya no podía perderla de vista, dirigí mis orbes hacia Valeria quien caminaba a mi lado. La verdad es que quería hablar con ella aunque no sabía si aquél era un buen momento. – Al menos suelta lo que debes. – me dije a mi misma y cerré los ojos tratando de coger algo de aire. – Oye Val… Siento que haya estado tan incomunicada esos días, fue bastante egoísta de mi parte. – Sentencié repentinamente mientras me paraba para poder abrazarla. Sabía que la partida de Damon también fue dolorosa para ella y sin embargo, me encerré en mi misma sin pensar siquiera en ello. Era una pésima amiga. – Pero prometo que no volverá a ocurrir. Estoy bien… No, estamos bien. – coloqué las manos en sus hombros y tras apartarme un poco de ella, esbocé una sonrisa alegre. – Gracias por haber venido. – La verdad, no creí que pudiera decírselo tan pronto pero ahora el peso que llevaba sobre los hombros parecía aligerarse un poco...

Continuamos andando detrás de Juvia y cuando la alcanzamos pude ver que nos habíamos alejado bastante de la cabaña. – ¿Siempre sueles perseguir mariposas por el bosque? ¡A este paso aparecerá un oso y ni cuenta te das! – obviamente estaba bromeando aunque ahora que lo pensaba… De repente, mis hombros se tensaron y giré mi rostro en varias direcciones. – ¿Aquí no hay osos, verdad? – quizás fuera una pregunta estúpida pero solo era una persona que prefería asegurarse por las moscas. Aunque cuando otro sonido fue percibido por mis oídos, todos los pensamientos sobre animales salvajes se desvanecieron como si nunca hubieran estado allí. – ¿Escucháis eso? – pregunté mientras avanzaba un par de metros más y me desviaba del sendero. Aparté unas cuantas ramas y hojas de arbustos del camino, lo que me permitió ver una pequeña cascada que desembocaba en un río. – ¡Woah! Hermoso. ¿Hacemos el picnic aquí? – no solo el paisaje era bonito, el ambiente era tan fresco y poco caluroso que daban ganas de quedarte ahí durante toda la temporada de verano. Pusimos un pequeño mantel cerca de la cascada y encima colocamos toda la comida que habíamos preparado antes de salir. Me quité la camiseta que llevaba encima, quedándome tan solo en shorts y el bikini para acto seguido comenzar a rebuscar en mi mochila. Saqué la cámara de fotos y esbocé una sonrisa algo pícara. – Es la hora de la foto en grupo~. – puse el temporizador y coloqué la cámara sobre una roca que sobresalía del suelo. Caminé rápidamente hacia las chicas y me dejé caer de rodillas en medio de ambas para luego rodearlas por los hombros. – ¡Decid: pollo frito! – a los pocos segundos, la cámara emitió un sonido y me incorporé para poder recogerla y devolverla a la mochila. – Nada de ver las fotos hasta terminar el viaje, no pienso borrar ninguna por muy mal que salgamos. – comencé a reírme y me estiré cual gato.

– ¿Y bien? ¿Os apetece bañarnos primero y luego comer? – inquirí sin dejar de mirar los alrededores, aunque antes de recibir una respuesta otra cosa captó mi atención. – Oh… No sabía que tuvierais vecinos. – comenté señalando un tejado que sobresalía entre los árboles, a bastantes metros de la zona donde nos encontrábamos. Y ahora que escuchaba mejor… ¿Eso era música? – Bueno, mientras nos quedemos aquí no creo que haya muchos problemas. – probablemente se trataba del típico grupito de amigos que venía a pasar el verano sin compañía de ningún adulto.
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Re: The lake where the dreams come true. | Privado Grupal

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 02, 2017 12:50 pm

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