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Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

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Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Jarek Dutkiewicz el Lun Abr 25, 2016 3:53 am



Natasha Tchaikovsky | Ciudad de Cracovia, Polonia.
Like a toymaker's creation trapped
inside a crystal ball.

Siempre había imaginado el momento de regresar a Polonia, viendo la oportunidad como algo lejano, pero definitivamente asequible. Quizá unas vacaciones en invierno, cuando pudiera disfrutar del clásico makowiec  en la Plaza del Mercado de Cracovia. Puede que incluso le diera por visitar la pequeña ciudad en la que se había criado sus primeros años. Se dice que en cada persona suele existir una latente necesidad de volver a los lugares de su infancia, pero no siempre se acierta cuando se trata de la razón por la que sucederá. Inhaló profundamente, tratando de ignorar la repentina sensación de sofoco que le provocó el saber que se encontraba pisando tierras polacas después de dos años y medio. ¿Cómo se supone que debería sentirse en una situación así? Tenía una dualidad de sentimientos en este momento, y el de entero desagrado era el que más predominaba. En especial, porque todavía no había terminado de asimilar esa frase que había quedado en el aire y resonaba en su cabeza una y otra vez, como un insistente e interminable eco:

«Sander, tu padre va a casarse»

Era absurdo, carente de toda lógica. Y ni siquiera sabía cómo debía reaccionar. ¿Alegrarse como quizá haría un “buen hijo”, porque su padre seguía adelante pese a lo ocurrido? ¿Disgustarse, porque eso significaba que alguien más iba a ocupar el lugar de su madre dentro de su familia prácticamente desintegrada? ¿O puede que... molestarse, porque él ni siquiera se había dignado a decirle nada? No podía especular sobre las razones que lo habrían orillado a tomar tal decisión, sólo sabía que necesitaba respuestas que sólo él podía darle. Por ello ni siquiera lo pensó cuando, antes de colgar la llamada a su tío, sus labios se movieron para formar una última frase: «Salgo ahora mismo para allá. Más vale que tenga una buena explicación» Observó cómo la gente en el aeropuerto se aglomeraba a su alrededor, ajena a la vorágine de pensamientos que se acumulaban dentro de su mente, y sostuvo con fuerza la asidera de su única maleta entre sus dedos. Tenía que salir del lugar en busca de un taxi que lo llevara a su próximo destino: la casa de su padre. Pese a que mantenía un gesto firme y decidido, no podía hacer nada para eliminar esa molesta sensación que le oprimía el estómago ante la idea de volver a enfrentarse a aquella persona que lo había rechazado años atrás y la incertidumbre de no saber cómo acabaría. Soltó un suspiro cansado, demasiadas cosas en las que pensar y un desarrollo demasiado rápido de los hechos estaban empezando a hacer mella en él.

¿Sander? —una voz logró sobresaltarlo, inmerso como estaba en sus pensamientos. Giró el rostro para ver a quien lo había llamado, pero sólo había una persona en todo el mundo que le decía así—. Tío Henryk… —la sorpresa era evidente, pues no se habían visto desde que el muchacho se había marchado a Francia. Incluso a Henryk le sorprendía haberlo reconocido, aunque en realidad no era tan difícil gracias a su rosada melena. Ese pensamiento le sacó una sonrisa, que logró confortar al chico—. Ha pasado un tiempo, ¿eh? Cómo has crecido —le revolvió los cabellos, similar a cuando era un infante, y por unos segundos sintió que regresaba unos doce años en el tiempo. Por desgracia, ya no era un niño de nueve años y a estas alturas el gesto resultaba un tanto bochornoso—. ¿Qué haces aquí? —preguntó, intentando disimular la leve incomodidad que lo había asaltado—. Dijiste que vendrías, así que vine a recibirte —el hombre se encogió de hombros con su típica despreocupación—. Te llevaré con Piotr. Imagino que querrás tener una seria charla con él, y estás en todo tu derecho —añadió con inusitada seriedad, que se le hizo extraña por lo poco que solía verse en él—. Vamos, traje el auto.



Allí estaba, detrás suyo, clavando en su espalda una mirada de profundo odio. Apenas giró el rostro para comenzar su escrutinio, sin mostrar ni un ápice de felicidad ante el hecho de volver a su hijo después de casi tres años. ¿Para qué iba a molestarse? Sabía bien que el sentimiento era mutuo—. Así que viniste, después de todo. Veo que continúas con esa estúpida costumbre de teñirte el cabello de ese color —articuló con calma, pero sus palabras estaban teñidas de evidente desprecio. Jarek se tensó ante el comentario despectivo—. ¿“Después de todo”? Suena como si desde un principio lo supieras, aunque no pensaras decirme una sola palabra respecto a tu boda —se cruzó de brazos, esperando una explicación—. Creo haber dejado bastante claro que no quería volver a saber de ti, pero tu tío no parece haberlo comprendido —razonó, a lo que Henryk se apresuró a replicar—. Sander tenía derecho a saberlo, Piotr. Te guste o no, sigue siendo tu hijo —el mayor simplemente sonrió con sorna ante lo último—. Pues bien, ya que es mi hijo creo que merecemos tener una charla como tal. Quiero decir, si no te importa, Henryk —el aludido recogió la insinuación, y tras dirigirle una mirada de desdén a su hermano y otra de apoyo a su sobrino, se encaminó hacia la puerta—. Estaré en el comedor… —avisó, antes de cerrarla tras de sí. Tras su salida, un pesado silencio inundó la sala. Piotr volvió a mirar por el ventanal, como si se hubiese olvidado de que no estaba solo en la habitación.

Espero que tengas una buena explicación —fue el chico quien decidió hablar, y su padre lo miró de reojo—. ¿Qué explicación tengo que darte? Los hechos son bastante claros por sí solos —la respuesta le hizo perder parte de la paciencia, a pesar de que sabía que mantener la compostura era primordial. No iba a darle el lujo a él de observarlo perder la calma—. Suficiente. ¿Por qué haces esto de repente? ¿Acaso estás sacando un beneficio de ello? ¿O sólo buscas aparentar? —escupió, cada vez con más desprecio—. ¿Qué hay de mi madre? —no había tardado en sacar el tema, justo como él esperaba. Su hijo no había cambiado nada, pensaría con sorna—. Minka está muerta, Aleksander. Tengo derecho a rehacer mi vida sin ella —el mencionado tensó los músculos ante la frialdad con la que había pronunciado esas palabras—. ¿Y por eso buscas formar una nueva familia al ver que la nuestra se desintegró luego de tu rechazo? ¿Así de fácil nos sustituyes? —vociferó. Un escalofrío lo recorrió al sentir la afilada mirada de su padre clavársele, desprovista de todo sentimiento. Con lentitud, éste separó los labios para hablar—. Deberías saber ya que las personas somos lo más prescindible y reemplazable que existe en este mundo.

Palabras secas como la misma persona que las pronunciaba. No cabía duda, así era él, justo como su nombre indicaba, con la misma sensibilidad de una piedra—. Me cuestiono cómo será esa mujer para haber accedido a casarse contigo —mencionó fríamente, provocando, para su sorpresa, una sonrisa en el rostro de su padre—. Pronto la conocerás. Es más, perfectamente puede ser ahora mismo, ¿qué te parece?oh, ¿qué? El muchacho apenas fue consciente de cuando su padre buscó el móvil en el bolsillo de su pantalón. El hombre marcó un número sin apartar la vista del rostro estupefacto de su hijo, llevándose posteriormente el aparato al oído—. Mila, ¿dónde estás? —pronunció con firmeza, y Jarek se estremeció al escuchar el nombre. Quería creer que el parecido era sólo una coincidencia—. Aleksander ya está aquí y dice que quiere conocerte. Creo que es un buen momento para una reunión familiar. ¿Hablaste con Kassia? —en ese punto de la conversación, enarcó una ceja sin comprender. ¿Quién era Kassia?—. Bien, asegúrate de que ella también venga —su padre intercambió un par de palabras más con la mujer al otro lado de la línea antes de colgar y verlo con una sonrisa de suficiencia. Jarek frunció el ceño con desconfianza, sintiendo cómo un mal presentimiento comenzaba a aflorar dentro de sí—. ¿A quién te referías con... Kassia? —inquirió con cautela, sintiendo que la atmósfera entre ellos se condensaba cada vez más conforme los segundos pasaban. Piotr esbozó una sonrisa ladina—. Ah, parece que olvidé mencionarlo —y mirándolo con altivez, añadió, casi saboreando cada palabra—: Kassia será tu media hermana.
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Re: Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Natasha Tchaikovsky el Lun Mayo 02, 2016 11:29 am

Era difícil, ahora especialmente, pensar en el momento exacto donde las cosas comenzaron a desmoronarse por completo en su familia. Quizá había sido su culpa, sí, lo sabía, podía recriminárselo totalmente y lo cierto era que la prueba evidente de que la familia amorosa comenzó a resquebrajarse fue cuando ella confesó su naturaleza, pensando que sería bienvenida, que la entenderían y ayudarían como los buenos padres que hasta el momento habían demostrado ser. Sin embargo, ella no poseía ninguna especie de rencor hacia sus padres quienes rechazaron a su propia hija, mucho menos algún tipo de odio originado por el hecho de enviarla incluso a otro país. Para este punto de la historia, la joven rusa había razonado que todos los problemas que se pudieron ocasionar en el pasado estaban completamente resueltos, no afectaría el futuro y todos podían proseguir con sus vidas cotidianas con total serenidad, entonces, ¿qué es exactamente lo que había pasado con sus padres para que una separación repentina ocurriera? Cuando la noticia llegó a los oídos de Natasha ella cerró fuertemente los ojos y deseó que nada de lo ocurrido hubiera existido para empezar, quiso creer fuertemente que esto no tenía nada que ver con ella y a pesar de que su madre y sus abuelos llenaron con suaves palabras sus oídos aún no podía sacarse de la cabeza la última oración que escuchó de su padre esa tarde al teléfono: “Esto sólo ocurrió porque tuvimos una hija enferma como tú, arruinaste nuestras vidas”.

Sus padres se había separado poco después de que ella partiera y eso era una verdad innegable, la adolescente había comprendido luego de un tiempo que aquello no podría arreglarse de ninguna manera y de cierta forma se había acostumbrado en poco tiempo a que las cosas cambiaran drásticamente, sin embargo, fue un severo golpe a su estabilidad cuando su madre anunció que había conocido a un hombre. Natasha no podía negarle la felicidad a su madre, pero, ¿acaso ella no era suficiente? Pensaba que no había un segundo en el que Mila hubiera pensado que ella necesitara la compañía amigable de su madre que antes estaba tan presente, ya que Mila parecía tener otras prioridades y eso le dolía más que cualquier palabra filosa o separación de una familia. Los planes de que su madre se trasladara de Samara hacia Sweet Valley quedaron completamente en el olvido por la intervención de este hombre, mucho más considerando que, luego de un par de meses, la decisión de casarse surgió de improvisto. En primera instancia, sus reacciones carecieron de lógica y razón alguna, incluso llevándola a levantar la voz en protesta por tal decisión apresurada: cualquier signo de desaprobación por su parte fue rebatido y/o ignorado y perdió catastróficamente la lucha. ¿Había algo más que agregar para terminar de hacer todo más terrible? Ah, sí, el viaje que debía hacer hacia Cracovia.

Era una verdadera lástima, opinaba, que conociera un lugar tan pictórico en circunstancias como éstas, creía que podría disfrutar más de Polonia si no tuviera la mente sumergida en otro tipo de problemas y se recriminaba a sí misma no disfrutarlo de todas formas. Pero era algo bastante imposible tener en cuenta los escenarios ajenos a ella cuando estaba más preocupada por el conejo que llevaba a su lado—. ¡Kassie, mi amor! —escuchó de repente, asustándola—. Estás aquí, ¡qué alivio que llegaras bien! ¿Traes a ese apestoso conejo? Ugh, vamos, vamos, que no hay mucho tiempo, debemos cambiarte esas ropas e ir a conocer a tu nuevo padre —Natasha ya no tenía el mismo afecto por su padre biológico, las palabras que soltó esa tarde quemaron y lastimaron a la joven como la peor de las llamas, no obstante, la sola mención de formar una nueva familia le estremecía hasta los huesos y le dejó en la boca un sabor amargo extraño —. Piotr acaba de llamar, justo cuando tú estabas llegando, él dijo que Aleksander quería conocerme y que te llevara a ti también, al parecer él está emocionado, ¿no lo crees Kassie? ¿Y por qué estás tan callada, cariño? —Natasha tuvo que respirar más de dos veces para controlar su respiración: ¿qué es lo que ella había dicho? No podía procesar la información y había nombres que ella no conocía y que incluso se parecían mucho, quería decir, al de su progenitor; se sintió asfixiada y por un momento se sintió con el impulso de darse la vuelta e irse, volver a Sweet Valley con Babu y Dedu y llevar su vida pacífica como hasta ese momento.

¿Quién es Aleksander? —soltó quedo, como si tuviera miedo a la respuesta. Su madre, acostumbrada a la suave y calmada voz de hija logró escucharla entre todo el bullicio, sin embargo solamente dijo—: Él es el hijo de Piotr, seguro se llevarán bien —pero eso fue suficiente para acallar por unos segundos a Natasha, mejor dicho, a partir de allí ella no volvió a decir más. A pesar de que Natasha quería protestar tenía las palabras atascadas en la garganta y sentía que entre todo el parloteo de su madre no había un espacio donde ella pudiera comentar algo. Pronto llegaron al lugar donde ella se cambiaría las ropas, ignorando dónde es que la estaban llevando exactamente; su madre le obligó a vestirse con las mejores ropas que tenía y atarse el cabello para mostrar su bonito rostro, haciendo sentir a la rusa completamente incómoda, con su manto de protección despojado de sí—. No quiero llevar el cabello así, mamá… —protestó por primera vez, pero su madre simplemente obvió su comentario y la llevó casi a rastras a un gran salón con sillones refinados y dos personas allí, en un escenario lleno de tensión: de nuevo tenía las imperiosas ganas de huir y sus piernas flaquearon por unos minutos, haciendo que tropiece torpemente y si no fuera por su madre que la sostuvo con firmeza su rostro hubiera tenido un amigable encuentro con el suelo; perfecto, como si eso ayudara a no estar más nerviosa.

¡Piotr! ¿No te parece ella una hermosa muñeca? Es torpe y no tiene ningún atributo en especial, pero es bonita. Kassia, preséntate, él es Piotr, mi futuro espeso —vociferó con la voz melosa y a la vez llena de veneno. ¿Desde cuándo su madre se había vuelto tan… desagradable con ella? O quizá se estaba volviendo mucho más sincera—. Soy Natasha, es un placer conocerlos —pronuncio con la voz lastimera y apenas viendo la cara del hombre frente a ella: si debía decir la verdad, la persona que su madre había elegido como pareja le inspiraba cierto temor, no sólo por su porte sino por esos ojos serios que parecían todo el tiempo estarle reprochando—. Muy bien cariño, ve, siéntate allí. ¡Ah! Tú debes ser Aleksander, es un placer conocerte. Tu padre no ha hablado mucho sobre ti, pero pareces un buen chico, llevémonos bien —comentó su madre al que era su nuevo medio hermano. A diferencia de los mayores, el muchacho de particular cabellera rosa le inspiraba más confianza, incluso si su rostro mostraba evidente molestia; al menos estar a su lado no era tan incómodo como ella había pensado, aunque aún sus piernas y manos temblaban—. Con permiso —dejó salir antes de sentarse. Natasha se tomó la libertad de mirarlo de reojo, olvidando por completo que su gran flequillo no estaba allí para ocultarla, y tras algunos minutos de escrutinio soltó luego de una pequeña risita—: Que coincidencia… Quiero decir, seremos hermanos y nuestros cabellos son iguales… A-ah, lo siento —se disculpó, pensando que se había tomado cierto atrevimiento, mirando al instante un punto fijo intentando pensar en cómo llevaría esta situación de ahora en adelante.  
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Re: Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Jarek Dutkiewicz el Vie Jun 03, 2016 8:10 am

Impotente. Así era como se sentía en este momento, y necesitaba con urgencia hacer algo para calmar los sentimientos de ira y frustración. Él generalmente era un muchacho tranquilo que sabía mantener la compostura en la mayoría de las situaciones, pero las charlas con su padre siempre eran algo que lograban superarlo. Y lo detestaba por ello, porque a pesar de los años que habían transcurrido desde la última vez que discutieron, el hombre seguía teniendo esa odiosa capacidad de alterarle los nervios al punto del descontrol. Al menos esta vez no había terminado como la última, con gritos y palabras que nunca creyó escuchar de la boca de su progenitor, pero no podía evitar recordar cada vez el dolor que había sentido aquella ocasión al saberse rechazado por su propio padre. Respiró una, dos, tres veces tratando de serenarse. Piotr hace rato que había abandonado el cuarto, pero él permaneció allí, pensando, tratando de ordenar el lío que era su mente y dejando que a cada minuto que pasaba los deseos de irse de ese lugar y no volver a saber nunca más de nada que lo implicara, a él o a su padre y su nueva esposa, se volvieran más y más consistentes. No fue hasta que se sintió capaz de dominarse a sí mismo otra vez que se dirigió a la cocina, donde su tío lo esperaba; él ya había ido a verlo luego de la salida de Piotr para preguntarle si todo estaba bien, pero le había pedido que lo dejase un momento a solas. Nada más verlo entrar, y sin preguntarle nada, el hombre le sirvió un vaso de agua, a sabiendas de que seguramente debía tener la boca seca.

Agradeció el gesto, la presencia de su familiar era tranquilizadora y hacía que lograra sentirse menos solo en esa situación. Sin embargo, sabía que era algo de lo que debía encargarse por su cuenta, y tuvo que sobreponerse a la tensión que le provocó escuchar a su padre decir, transcurrido un rato, que Mila y su hija habían llegado y fuera con él al salón para recibirlas. No tenía claro qué era exactamente lo que se supone esperaba encontrarse al momento de conocer a las dos personas que serían parte de su “familia” a partir de ahora, pero definitivamente no era nada como lo que la joven de cabellos rosados parecía ser. De la mujer, por otro lado, no sabía qué pensar; no se parecía en nada a su madre y se preguntaba en qué se habría fijado su padre siendo que tenía muy presente a Minka. O, al menos, eso había creído él hasta hoy. De antemano, lo único que podía decir es que se había ganado un poco de su desprecio cuando escuchó la forma en que le hablaba a su hija—. Por supuesto, Mila, es una muchacha muy bonita. El vivo reflejo de su madre —pronunció su padre con voz suave, al menos lo más que se podía tratándose de él, pero tan extraña en su persona que Jarek no pudo reprimir un escalofrío, porque era un tono sumamente diferente al que había empleado con él hasta el momento. ¿En qué momento habían cambiado a su padre que no se dio cuenta?

Lo miró de reojo con extrañeza, casi sin reconocerlo, habiéndole parecido observar el espectro de una sonrisa en su rostro pese a que seguía manteniendo el mismo semblante severo y la gélida mirada de siempre—. El gusto es mío, Natasha. Tu madre me ha dicho algunas cosas sobre ti —el hombre mantuvo su expresión “afable”, pero Jarek pudo distinguir cierta inflexión crítica en su frase, lo que no hizo sino provocarle un mal sentimiento.  A continuación, tras el comentario de la que sería su nueva “madre”, podría haberla corregido y decirle que, por favor, lo llamara por su primer nombre; podría haber pronunciado que le gustaría poder decir que era un gusto también. Incluso podría haber comentado a modo de ironía que si su padre no le había hablado de él era porque literalmente no quería volver a saber de su existencia. Y sin embargo, lo único que pronunció fue un seco—: Ya se verá —que dijo con total neutralidad y sin variar ni un poco su expresión. Notó que su padre lo miraba de reojo—. Disculpa su actitud. Hemos tenido algunas diferencias últimamente —explicó su padre, y él estuvo a punto de soltarle un comentario de: “querrás decir, desde hace tres años, que forzosamente reprimió para no empezar una nueva discusión en presencia de las dos mujeres. Tan sólo se mantuvo inmóvil en su sitio, de pie, con los brazos cruzados, apenas moviéndose para darle paso a la muchacha sin mirarla; estaba demasiado ocupado con la batalla de miradas que mantenía con su padre. Por ello, le sorprendió escuchar de pronto una suave risita a su lado y notar que la joven de cabellos rosados que se había sentado al lado suyo le hablaba.

Oh, está bien —atinó a responder, algo distraído, y apenas entonces fue que se dignó a girar un poco el rostro para verla—. En realidad sí… es bastante inesperado. Ironías de la vida, supongo —se encogió de hombros, esbozando una sonrisa casi imperceptible –y un tanto amarga– antes de devolver su mirada al frente. Tal vez en otras circunstancias hubiese dicho que aquello era como una burla del destino, porque realmente lo sentía así y podría reafirmarlo mil veces, pero reprimió ese comentario al no sentir deseos de mostrarse duro con la joven a su lado, que parecía estar pasándolo igual de mal que él, si no es que hasta más—. Pero, por favor, siéntanse cómodas, están en su casa. Aleksander, toma asiento, esto durará un largo rato —ordenó su padre de pronto, increíblemente manteniendo todavía ese tono “acogedor” al hablar. El primer comentario lo había hecho crisparse un poco, porque esa ya no era su casa, ni era bienvenido allí, pero no podía hacer mucho más que obedecer. Si se quedaba de pie estaría más inquieto de lo que ya se encontraba, aunque no lo manifestara—. Les pediré algo de tomar, ¿les gusta el café o prefieren un té? —preguntó a continuación, y Jarek pudo percibir que se dirigía únicamente a las dos mujeres, como era de esperarse. Pronto llamó a la empleada doméstica, y cruzó el umbral de la puerta una mujer adulta, de edad no muy avanzada. Casi le sorprendió reconocer a Irenka, una de las servidoras más fieles de su padre, quien le dirigió una leve sonrisa antes de marcharse por donde había llegado.

A su salida, Jarek se removió un poco en su asiento, sintiendo que el ambiente comenzaba a volverse sofocante conforme pasaban los segundos, hasta que finalmente decidió romper el breve silencio que se había formado—: Así que… ¿cómo se conocieron? ¿Hace cuánto? —inquirió con suspicacia, mirando alternativamente a su padre y la mujer que sería su madrastra a partir de ahora. Por un momento creyó que sería ella la que hablaría, pero fue su padre quien tomó la palabra—. Hace un tiempo hice un viaje a Rusia. Negocios, ya sabes. Mila es originaria de allí y yo me instalé en un hotel en la ciudad que ella residía. Ahí fue cuando nos conocimos —mencionó un tanto vagamente, y miró a su prometida, como dándole pie a que especificara un poco más cómo había sido el encuentro si deseaba hacerlo. A Jarek no le sorprendió, pues su padre no era precisamente alguien muy dado a hablar de su vida íntima—. Ya veo. Pero “hace un tiempo” es una respuesta muy ambigua, ¿no crees? Podrían haber sido años… o sólo un par de meses —enarcó una ceja, reticente, con la seguridad de que ambos adultos entenderían a dónde quería llegar con eso. De todas formas, procedió a explicarse, entornando los ojos—. Lo digo porque, para mí al menos, la idea de la boda parece muy repentina. Pero claro, yo no puedo saber si estuvieron planeándolo con antelación si me enteré a último momento y de pura casualidad —continuó, esta vez empleando un notorio tono irónico para hacer evidente la recriminación hacia su padre—. Estoy seguro de que Natasha apoya mi punto. Así que, ¿podrían aclararlo? —concluyó, metiendo a la chica que se encontraba a su lado con la esperanza de que ella dijera algo, aunque fuese un simple monosílabo de aprobación, que le sirviera de soporte a sus palabras.
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Re: Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Natasha Tchaikovsky el Sáb Mar 04, 2017 10:34 pm

Era hilarante como las cosas terminaban convergiendo, especialmente luego de los arduos momentos de los que fue protagonista no hace muchos meses atrás; había pensado que su partida lejos de sus padres haría que las cosas marcharan bien, para ellos y para sí misma, no obstante, resultaba todo lo contrario. Por su parte se había llevado la sorpresa de que sus abuelos eran más compresivos de lo esperado, logrando formar en su fuero interno la duda de por qué su madre era tan reacia a sus gustos personales; se sentía como si finalmente estuviera en casa después de todos estos años. Mas cuando su madre anunció su próximo casamiento volteó por completo las expectativas de una axiomática y pura paz: iba a tener una familia completamente nueva, y temía por el hecho de que la obligasen a mudarse una vez más cuando ya se encontraba cómodamente instalada en Francia; quiso preguntarle a su madre por esta incógnita, pero Mila no dejó espacio para reproches ni dudas. No obstante, Natasha pensaba que no había algo más aterrador que conocer gente nueva, y pudo comprobarlo cuando frente a ella se alzaba la figura del que, se suponía, era su nuevo padre. Sus labios temblaban inconscientemente y su voz suave pero rasposa temía salir de su garganta, sostenía celosamente la demente esperanza que su madre no haya dicho ni una sola palabra acerca del porqué estaban separadas, pero sabía que mantenerla era inútil, Piotr probablemente estaba al tanto de la situación.

El tono afable del hombre mayor no hacía más que empeorar las cosas: aún si su tono era suave sentía que sus comentarios eran órdenes con máscaras de amabilidad y aquello no hacía otra cosa que ponerla más nerviosa de lo que acostumbraba a ser, sumando que su intento de charla con el muchacho pelirrosa se vio hecha un fiasco, sentía que estaba atrapada en un lugar donde no encajaba, de nuevo; decidió que no mejor era ser sólo una espectadora callada como era su manía, no obstante, se vio en la obligación de responder ante la pregunta de Piotr —. Té estará bien, muchas gracias —murmuró, esperando que la haya oído, siendo esta la última vez que esperar ser parte de la conversación—. Pues, Aleksander, nos conocemos de meses. Hemos decido casarnos hace un mes, pero no estábamos seguros de comentarlo tan rápido, ¿sabes? No siempre es bueno acelerar las cosas —habló calmadamente su madre, con un tono tan suave que le daba nostalgia, recordándole a cuando aún parecía quererla. Se lamentaba por no tener el valor de poder comentar algo, pues, tenía tantas o más dudas que el muchacho a su lado, quería poder decir que al igual que él quería respuestas concretas, pero tenía demasiado miedo de decir algo incorrecto y que ambos mayores, incluso el hijo de Piotr, la miraran con ojos acusadores.

Había llegado un punto donde Natasha no estaba escuchando específicamente la conversación que se desarrollaba frente a ella sino más bien se concentraba en reprimir los impulsos de salir corriendo del lugar y no mirar atrás, sabía las consecuencias que eso acarreaba, para eso, fijaba sus ocelos aguamarina en la taza de té que hasta el momento no había tocado ni para darle un sorbo, sin embargo, como si de repente algo explotara dentro de ella, se levantó de sopetón del sofá acallando a todos los presentes del lugar—. Disculpen, creo que necesito ir al baño —el silencio se prolongó alrededor de unos cuatro segundos cuando su madre lo rompió—. Por supuesto, Kassie. Aleksander, ¿podrías acompañar a tu hermana y mostrarle el baño, por favor? —sentía pena por haber arrastrado a Aleksander con ella sin haberlo querido, pero estaba segura que él tampoco quería seguir en ese ambiente incómodo y asfixiante. Caminaron a la par hasta salir de la habitación y siguieron igual un par de minutos más—. Lo siento, Aleksander —vociferó, con la imperiosa necesidad de disculparse de todos modos—, yo… S-sólo necesitaba salir de allí, era tan incómodo —murmuraba, arrepintiéndose por no tener su cabello para esconder su rostro levemente avergonzado—. En realidad, no necesito ir al baño —explicó, aunque eso estaba más que claro para este punto—, ¿podemos ir a otra parte? —pidió descaradamente. Se mantuvo callada segundos antes de darse cuenta que eso podría suponer un problema para el contrario—. ¡Q-quiero decir! Sólo tienes que mostrarme el jardín y, y luego puedes volver si lo deseas, no necesitas acompañarme —se justificó, intentando arreglar lo que ella creía había hecho mal.

Lo cierto es que simplemente necesitaba un lugar donde pudiera respirar con normalidad y que la ayudara a no pensar en absolutamente nada, en especial su madre y Piotr. Si pudiera, estaría segura que correría a la tienda de animales en la que era ayudante, pero Cracovia era totalmente diferente a Francia o Rusia: se sentía como su estuviera perdida—. O cualquier otro lugar estaría bien, no importa cuál… —finalizó a susurros, casi desesperada por salir de esa gran casa que daba la sensación de una cárcel y a la vez un poco melancólica razonando la extraña y sorpresiva situación por la que estaba pasando.
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Re: Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Jarek Dutkiewicz el Lun Mar 27, 2017 8:16 am

La mayoría de las personas, en algún momento de su vida, tenían la necesidad de regresar al sitio donde habían pasado la mayor parte de su infancia, pero en su caso, sentía que no tenía ninguna necesidad de regresar a un sitio donde la calidez hogareña que alguna vez pudo sentir había desaparecido. Desde la muerte de su madre, los pasillos y habitaciones se sentían vacíos y temperatura de la residencia parecía haber disminuido. Las paredes blancas del salón no ayudaban a mermar esa sensación de frialdad que le recorría la columna vertebral. Tenía mil preguntas en la mente y no quería esperar a tener la oportunidad de expresarlas todas, de encontrar una razón para hacer todas las acusaciones que tenía contra su padre. No sabía cuál era el desenlace que estaba buscando, quería obtener un resultado que le favoreciera pero no encontraba la forma de llegar a él por mucho que la recriminación implícita en sus preguntas tuviera buenas bases y estuviera obteniendo las respuestas que esperaba—. ¿Llaman a eso “no acelerar las cosas”? —replicó con más severidad, y se podría notar que su paciencia para este punto ya era prácticamente inexistente. La habitación podía ser amplia y tener la suficiente ventilación, pero eso no evitaba que se sintiera asfixiar dentro. Quería terminar las cosas rápido. Como si las paredes estuvieran comprimiéndose, le daba la impresión de que estaba quedándose atrapado en un cuarto sin salida conforme la discusión avanzaba sin ver un final.

Y de pronto, la joven de cabellos rosados se había levantado de su asiento, causando un silencio sepulcral que sólo se rompió con sus propias palabras. Instintivamente, su atención se dirigió a su figura con la interrogante que no expresó en voz alta pintada en su expresión. Tardó unos segundos extra en captar que la mujer se dirigía a él, demasiado abrumado por el repentino cambio en la atmósfera—. Está bien —musitó, aún levemente desconcertado, levantándose para acompañar a la joven al servicio. Como era esperable, el silencio se instaló fácilmente entre ellos en el trayecto. Y probablemente habría continuado así de no ser porque, para su sorpresa, la chica fue quien decidió hablar. La miró un momento sin entender, pero de pronto, todo cobró sentido. Estaba tan ocupado tratando de lidiar con su propio duelo, que dejó de lado el hecho de que ella debía sentirse igual o peor. Únicamente había estado actuado de acuerdo a sus propios intereses. Inspiró hondo y metió las manos en los bolsillos de su pantalón, soltando silenciosamente el aire contenido en sus pulmones unos segundos después—. Soy yo quien debería disculparse. Hice que todo se pusiera más tenso innecesariamente —reconoció, con la incomodidad adornando su semblante—. Lo siento. Tú también debes estar pasándolo mal —y tras eso, se quedó brevemente en silencio, tan sólo observando a la otra para captar la reacción que tendría a sus palabras.

Para evitar que la incomodidad siguiera creciendo, súbitamente giró el cuerpo, cambiando la dirección de sus pasos hacia un rumbo diferente—. Podemos ir al jardín si quieres, es por aquí —sugirió a continuación, señalándole el camino hacia donde recordaba que estaba el jardín. En menos de un minuto ya se encontraban frente a la puerta que permitía el paso, extrañamente cerrada a diferencia de como la recordaba hace algunos años. Colocó la mano en el pomo con desconfianza, y lo giró lentamente, sin hacer ruido.  Lo que encontró detrás de la puerta tampoco se asimilaba a lo que él recordaba. La mayor parte del césped había sido reemplazado por empedrado, dejando únicamente escasas macetas y zonas con flores y árboles que se notaban descuidados, el pequeño bebedero para aves gris (y para colmo, seco) en el medio y una banca de madera a uno de los costados. Del jardín frondoso que conocía no quedaba más que eso: un recuerdo. Inspeccionó los alrededores con la mirada, sin poder ocultar la decepción en su gesto—. Bueno… no hay mucho que ver, pero al menos se puede respirar aire frescopor lo menos todavía queda un sitio donde llega aire fresco, fue lo que pensó pero cuidó no decir. No muy lejos de él se encontraba el cobertizo donde solían guardarse todas las herramientas. Y en cuanto entró a su línea de visión, una idea cruzó su mente. Se dirigió nuevamente a la joven—. Tómate el tiempo que quieras. Yo… estaré por acá para no molestarte —le indicó, comenzando a caminar hacia el almacén.

Recordaba las veces en que había ayudado a su madre e Irenka a cuidar del jardín, cómo habían plantado juntos nuevas flores y les habían dado los cuidados necesarios para verlas crecer. Con ello, no era de extrañarse que le gustara la jardinería, aunque esa afición suya no era del conocimiento de cualquiera. Se detuvo frente a la puerta de madera que había abierto tantas veces antes, y dudó. ¿Sería prudente echar un vistazo? No lo sabía, y pronto supo que no le importaba. Sus dedos instintivamente se colocaron sobre el picaporte y lo giraron, dejando ver lo que había dentro. Herramientas diversas, productos de limpieza, una podadora... todo estaba igual que siempre. Excepto que había una cosa que no recordaba. Una bicicleta. Algo dentro de él se agitó ante la idea que acudió de súbito su mente. ¿Quizá podrían...?—. Hey —llamó a la otra desde su lugar, haciendo un gesto con la cabeza para que se acercara. Volvió la vista hacia el interior de la caseta, sin despegarla de allí ni siquiera cuando sintió la presencia ajena a su lado. Simplemente dejó que ella misma sacara sus propias conclusiones. Transcurridos unos segundos de silencio, la miró con una sonrisa—. ¿A dónde te gustaría ir? —preguntó, y la sonrisa en su rostro se hizo más amplia ante la implicación de sus palabras. Había decidido que no iba a desperdiciar su viaje a Polonia en una conversación que no tenía ningún sentido desde el inicio—. Yo tomaría toda la responsabilidad, obviamente —aclaró, aunque sabía que su padre se enojaría únicamente con él. Se adentró en el reducido espacio, enderezando el manubrio de la bicicleta—. Por cierto —tomó la palabra de nuevo—, mi primer nombre es Jarosław, aunque puedes decirme Jarek, si gustas. Lo cierto es que detesto el nombre de Aleksander.
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Re: Like a toymaker's creation trapped inside a crystal ball. {Priv. Natasha Tchaikovsky}

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 02, 2017 12:56 pm

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