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— ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

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— ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Doll Blumer el Miér Mar 30, 2016 11:43 am

Miró a su alrededor una vez más antes de suspirar tres veces, contadas por ella misma. Ciertamente el escenario que se presentaba tras bambalinas era completamente diferente a cómo es que se presentaba por fuera. Fuera de los grandes y coloridos telones con imágenes de líneas verticales y colores llamativos se mostraba un escenario relativamente pacífico, lo más pacífico que se podía estar en una inauguración de circo, por supuesto. Las sonrisas abundan y los niños corren casi con desesperación, esperanzados de que por correr más rápido podrán llegar a los lugares donde está la jaula de Betty o donde se mantienen cautivas las serpientes de Snake, aunque ella sabe que no importa qué tan rápido corran o cuánto lo deseen, aquellos lugares siempre estarán cerrados para ellos. Se venden algunos aperitivos, como manzanas agraciadamente acarameladas y palomitas de maíz en recipientes de líneas rojas; allí, es esos puestos, hay una gran fila de personas que esperan ansiosas y algo impacientadas, temiendo perderse el espectáculo. El coro más común son las risas y hay muchas personas sacándose fotos con sus compañeros encargados de entretener a la multitud en lo que empieza la función. Sin embargo, dentro de los telones, se alza algo que pareciera no tuviera relación alguna con lo de afuera: las sonrisas son caras nerviosas, los que corren son sus compañeros intentando estar listos a tiempo, hay pocos aperitivos y simple agua en una mesa que apenas se sostiene y más que risas hay órdenes severas en el aire. Así es el interior de un circo.

Por su parte, estaba demasiado acostumbrada a dar espectáculos, por lo cual ella se había preparado mucho antes que todos allí, al igual que sus hermanos. Parecía ser como de familia tener instalado un reloj con alarma anticipada cuando se trataba de alistarse. Doll se encontraba cómodamente sentada en una caja de madera con contenido desconocido, jugando con las rosas de su paraguas. Estaba aburrida. Y es que siempre le molestaba esperar para que la función de comienzo y aunque así fuera, también le exasperaba no ser la primera de todas, ¡es que su número era el mejor! ¡Estaba segura! Bueno, quizá se merecía estar luego de Wendy y Peter, porque su actuación de por sí implicaba mucho más esfuerzo que la suya. Fue la voz de Joker y un pequeño tirón del brazo lo que la sacó de su fuero interno; no era primera, ése puesto se lo llevaba Beast y Betty, pero era la segunda, y la muñeca del circo debía estar preparada para pender de un hilo, literalmente. En lo que Beast agitaba su látigo y Betty obedecía, ella se tomó el atrevimiento de descaradamente caminar por detrás de ellas y prepararse para subir a su puesto, como siempre. No obstante, apenas sus manos tocaron el barandal de la diminuta escalera, los gritos de ayuda se escucharon a sus espaldas: hay alguien allí, desmayado y sin respirar.

Su primera reacción fue, por supuesto, soltar su paraguas allí sin más e ignorar por completo la función que se había detenido de sopetón para correr a auxiliar a la persona que corría peligro. Saltó la pequeña pared, se movió entre los asientos empujando a las personas sin ningún cuidado y llegó al lugar donde se desarrollaba el problema: en el suelo al lado de un hombre con un three-piece negro muy elegante se encontraba el muchacho con vestiduras victorianas, igual de refinadas. El hombre intentaba reanimarlo, mientras que todos los demás se quedaban mirando con susto en el rostro cómo es que se le iba la vida a un inocente niño. Casi con furia al hombre, ¡¿es que no se daba cuenta de que no estaba haciendo para nada un buen trabajo?! Se serenó, respiró de nuevo unas cuantas veces y comenzó a apretar en la mitad del pecho, pero no parecía funcionar tampoco—. ¡¿Qué sucedió?! —gritó desesperada, casi tanto o más que las personas a su alrededor—. Se ahogó con la bebida —había millones de explicaciones para una situación como ésa, pero nunca pensó que sería una tan torpe: bueno, es que ella no era nadie para juzgar tampoco, le había pasado millones de veces que había ahogado con su saliva. Decidida a salvar al pobre muchachito tapó su nariz y mantuvo su quijada hacia afuera, se posicionó y posó sus labios en los de niño, en un intento torpe de darle respiración boca a boca: ella no esperaba que su primer beso fuera de esa forma, ¡lo soñó en campos de rosas y no en el piso con alguien medio muerto!

Empujó tres veces más su pecho y le dio de nuevo su propia versión de ❝El beso de la vida❞, y como su hubiera sido un truco de magia el ajeno tosió, escupió un poco de refresco o lo que sea que estuviera ingiriendo y desesperado comenzó a buscar más aire para llenar sus pulmones. Doll soltó el que ella tenía en los suyos y se dedicó palmear la espalda del desconocido—. Hey, tranquilo, ya estás bien, ya estás bien —dijo con voz apacible antes de que él la mirara y luego, al igual que como despertó, volviera a desvanecerse. Se asustó al principio, pero volvió a sonreír cuando verificó que estaba inconsciente, pero respiraba normalmente. Fue entonces cuando sus hermanos llegaron detrás de ella para determinar que el muchacho recibiría la atención necesaria hasta que volviera a despertar.


Jumbo y Dagger se encargaron de llevar al muchacho en lo que la función seguía para el resto del público. Su actuación fue sublime, a pesar de que su mente estaba ocupada el ochenta por ciento en el muchacho al que le había salvado la vida, ¿era exagerar? ¡No! ¡¡Ella le evitó la muerte casi segura!! Doll esperó a que todo llegara a su fin y que la audiencia se fuera por completo y cuando las puertas del circo se cerraron para el público ella corrió agobiada a cambiarse sus ropas y poder sacarse la pesadumbre que tenía encima por no saber nada del estado del ajeno. Se cambió lo más rápido que pudo, se desmaquilló y procuró que su ojo maltrecho estuviera bien oculto y emprendió camino a la “enfermería” de su “hogar”. El camino se encontró con Joker y el hombre acompañante del muchacho, quienes le advirtieron que él seguía dormido, y que no era grave: quizá la tensión del momento, o la desesperación que tenía un asmático común al no poder respirar había sido demasiado para él; en todo caso, ella debía ser cuidadosa. Ingresó a la pequeña carpa más limpia que las demás y se acomodó en una silla cerca de la cama donde él yacía. Y esperó, entreteniéndose mirando su rostro, el cual tenía un parche en el que no se había fijado antes, ¡es que era igual que ella! Aunque estaba segura de que menos desfigurado.

Notó, entonces, cómo el chico de ojo parchado se movía lentamente y parpadeaba unas cuantas veces, como para acostumbrarse a la luz o para saber dónde es que se encontraba. Ensanchó la sonrisa y esperó a que él entrara en razón, aunque con lo ansiosa que ella es, no pudo evitar que se saliera de repente—: ¡Hey, enano, despertaste! ¡Genial! —y palmeó repetidas veces su hombro, a pesar de que le habían dicho que debía ser lo más delicada posible—. ¿No te vas a volver a morir, verdad? ¡JA! El susto que nos diste, oye —vociferó alto, bueno, en realidad, ése es el único tono que existe para ella. Volvió a estirar sus comisuras aún más y creyó que era el momento justo para presentarse—. Me llamo Freckles, un gusto, ¿el tuyo? —terminó. Pasó un segundo, y ella sorbió hacia adentro el poco agua que soltaba su nariz decorada con pecas para pasar su mano por debajo de ella y luego extendérsela al desconocido en forma de saludo.
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Re: — ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Ciel Phantomhive el Lun Abr 04, 2016 8:42 am

Quizá a altura de su existencia en la ciudad francesa de nombre jocoso debiera estar acostumbrado a esas salidas esporádicas que su agradable mayordomo (además de tutor encargado de su enseñanza, realmente era un buen sirviente multiusos) se empeñaba en agregar a su agenda. ¿Por qué? ¿No tenía suficiente con las lecciones de violín, las lecciones de etiqueta o las clases de francés? Aparentemente no, a juzgar por la insistencia del hombre mayor por ir al circo. Al circo, de todos los lugares posibles, a pesar de que la idea de un circo francés sonaba de cierta manera pintoresca por sí sola, a él continuaba sin atraerle en absoluto. Por supuesto, debía dar un poco de crédito a la inteligencia de su sirviente, y averiguar más temprano que tarde que no se trataba de una simple visita esporádica sin propósito en absoluto: al parecer, se trataría de su primer "trabajo", finalmente algo que no era simplemente discutir con dependientes de las tiendas que vendían su mercancía sin su permiso. Existían algunas irregularidades en ese espectáculo, un conveniente circo clandestino con un alto rango de niños desaparecidos en su espectáculo. Probablemente sólo un idiota vería el patrón a largo plazo como una coincidencia, sumado al hecho más sospechoso de mudarse de país desde Inglaterra hasta Francia abruptamente, casi como si estuvieran escapando de algo.

Y era una completa lástima que la policía inglesa no tuviera jurisdicción en tierra extranjera, probablemente el único motivo por el que enviar a un miembro de la familia Phantomhive (y el único que quedaba, por cierto), no importando si era un niño de trece años. La situación era grave, como ridícula y graciosa al mismo tiempo, hilarante considerando que era un circo el sitio literalmente al que iba a ir; él odiaba los circos, considerándolos por definición lugares repletos de personas y espectáculos absurdos. Tal vez ese día en especial estaba de peor disposición para cualquier actividad que no fuera quedarse en su estudio a merendar un postre dulce, culpa de un ligero dolor de cabeza que sólo podría culpar como el inicio de un resfriado común, no podía quedarse en casa con una excusa patética como ésa. No cuando era el Conde Phantomhive y tenía un deber que cumplir. Graciosamente podía echarle la culpa al tiempo invernal, pese a estar acostumbrado a los climas fríos de Londres y la lluvia constante, su salud era frágil en igual proporción a su mala condición física. Pero tenía un semblante de seriedad que mantener, y quejas sobre su comodidad física a mitad del viaje de treinta minutos hasta el borde de la ciudad, ubicación del espectáculo, sólo restaría profesionalismo a la situación, no un lujo que iba a permitirse.

Así habían arribado satisfactoriamente al terreno, donde se notaba a varias millas la cantidad de gente que empezaba a acercarse. ¿Acaso era la inauguración? Le dirigió una mirada interrogante al hombre a su lado, clavando en él la totalidad de su ojo azul exigiendo una explicación, ya que ésa era información que debiese haber proporcionado antes de llegar allí, ninguno de sus atuendos era exactamente discreto para pasar desapercibidos en una multitud. Sin embargo, como acostumbraba hacer, el mayor le dedicó una sonrisa de inocencia y se encogió de hombros, disculpándose brevemente por su ineficiencia en esa ocasión. Soltó un resoplido molesto, pero no estaba de humor para sacar a relucir la inutilidad de su siervo en un comentario mordaz en ese momento, así que lo dejó pasar. El día estaba frío, aunque él sentía la cabeza caliente y sentía las manos congeladas. ¿No era un mal signo? Francamente no se sintió peor de lo que ya estaba, al menos hasta que entraron a la carpa del circo junto al público dispuesto al espectáculo. Era una misión simple, ¿no? Encontrar niños perdidos en alguna parte, alguna familia, algún indicio. Quizá un pequeño extraviado sollozando solo en un rincón, nada que le resultara nuevo. Pero solamente se encontraba con caras de familias felices, y niños riendo con sus padres celebrando que iban al circo, su primera vez en un circo, un recuerdo feliz que no iban a olvidar nunca. No supo en qué momento empezó a sentir una opresión en el pecho, y le faltaba el aire. Pero le era infinitamente molesto tener una reacción estúpida en un momento así—. Cof, estoy bien —su voz había salido como un quejido débil, pero era lo suficientemente contundente para que su acompañante lo dejara en paz unos minutos. No era nada, sólo necesitaba un momento.

Hasta que comenzó a toser, pues a sus pulmones no parecía llegar suficiente aire para respirar correctamente. Y alguna mano extraña le había ofrecido el envase de una bebida, que en su leve desesperación no reparó mucho en tomar y estaba fría, quizá demasiado fría para su garganta causando que simplemente se ahogara patéticamente con el líquido que se supone iba a ayudar. Y dolía, sentía la presión en el pecho y le ardía la caja torácica con cada respiración, que a esa altura eran sólo una serie de tos ronca tratando de conseguir aire, el ataque se estaba extendiendo demasiado. En algún momento sólo era consciente del hecho que no estaba respirando, y un gran alboroto a su alrededor, como si lentamente se estuviera desvaneciendo en la oscuridad y no era una sensación muy agradable. No registró nada más a excepción de la continua fuerza ejercida sobre su tórax, y que de un momento a otro, aire estaba entrando en sus pulmones por algún medio externo. A la fuerza, pero no de manera brusca. Hasta que nuevamente se encontró consciente y la oscuridad se había esfumado, ni siquiera podía articular alguna palabra pues todo lo que hacía era vaciar sus pulmones del líquido que lo ahogaba. Ugh, su garganta ardía como el infierno. Su corazón latía tanto como su cabeza y casi podría pensar que iba a explotar, o algo por el estilo. Pero un par de palmadas en su espalda fueron suficiente para tranquilizarlo y que no volviera a hiperventilar.

Se dio cuenta de varias cosas en ese momento, aun con los pensamientos frenéticos en su cabeza. Primero, había tenido un presumible ataque de asma en un circo (otra razón para no gustar de estos); segundo, su mayordomo era un completo inútil y tenía muchas ganas de gritarle, pero nada de energías para hacerlo. Y tercero, quizá lo más importante de todo, la muchacha que estaba delante de él y le salvó la vida se veía muy bonita en su traje blanco, con los rangos finos y delicados casi parecía una muñeca de porcelana. Hubiera tenido una reacción como sonrojarse de mantenerse despierto el tiempo suficiente para deducir que le habían dado respiración boca a boca, probablemente, y que había pasado todo un escándalo público cuando la intención era lo contrario. Pero se desvaneció nuevamente en la inconsciente antes de que alguna de esas posibilidades sucediera.
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Su primer pensamiento al despertar fue que efectivamente, odiaba los circos. Y que sus últimos planes para ese día era despertar dentro de uno, al menos no en la manera cómo había pasado. Le dolía la cabeza como el infierno y posiblemente su resfriado común no era tan inofensivo como creía, tendría que encargarse de eso al llegar a su mansión. A la vez, estaba cansado de dormir, si es que eso tenía algún sentido, no es que le importara demasiado ahora. Cuando abrió los ojos, afortunadamente todavía conservaba su parche negro sobre su globo ocular derecho, porque lo primero que distinguió fue a una persona justo frente de él, probablemente a más cercanía para la comodidad de cualquier enfermo. Lentamente trató de incorporarse en la cama, a exigir al otro muchacho algunas explicaciones, pero las palmadas que abruptamente el otro depositó en su hombro casi logran devolverlo a su posición tendida, además, hablaba demasiado fuerte para su gusto. Frunció el ceño ante la forma tan informal con que le hablaba, incluso si no se trataba más que de un niño sólo un poco mayor que él en apariencia—. No me digas enano... —trató de hacer que su voz conservara la solemnidad de siempre, pero sentía la garganta tan rasposa que era suerte que pudiera articular una oración completa. Trató de toser un poco para despejar sus cuerdas vocales, lo que sólo empeoró un poco el problema—. No me voy a morir —respondió con bastante fastidio, con el mayor tono de molestia que su voz le permitía. No debía escucharse demasiado amenazante viniendo de un susurro grave, mucho menos si la persona que lo emitía tenía la apariencia de un niño moribundo.

Su propia debilidad lo molestaba mucho, porque debería estar cumpliendo un trabajo y no descansando en la cama de alguna enfermería. De todas maneras, podía admitir para sí mismo que el lugar estaba mucho más limpio de lo que había esperado—. ¿Freckles, eh? Extraño nombre para un muchacho. Tú... vives, eh, ¿trabajas aquí? —preguntó de manera torpe, y quiso culpar un tanto a su experiencia cercana a la muerte por su mal manejo político. No es como si tuviera mucho que tratar con un niño, pero podría intentarlo. Después de todo, los niños eran mucho más fáciles de manejar que los adultos. Sólo en ese momento tuvo un recuerdo fugaz de la chica de blanco, y se preguntó si ella también estaría en el circo. Lo más certero sería imaginar que sí, dada su vestimenta. Perdido en sus pensamientos notó la mano que el chico le extendía, tal vez había pasado mucho tiempo y se viera descortés, así que arrugó la nariz con desagrado y respondió a su saludo, haciendo caso omiso a cualquier sustancia mucosa posible. No respondió a la pregunta de su nombre, tal vez era mejor si no se presentaba con el desconocido, tal vez el otro ni siquiera lo notaría o se limitaría a darle un apodo estúpido—. No quiero quedarme en la cama para siempre —tuvo que fingir una mueca de complicidad junto a una sonrisa, y estiró ambos brazos sobre su cabeza como si se estuviera desperezando. La verdad es que ni siquiera tenía ganas de moverse, pero tenía menos deseos de permanecer allí inmóvil como un bulto—. ¿Crees que puedas darme un recorrido por el lugar... amigo? —no es como si realmente esperara que los niños perdidos estuvieran escondidos en una jaula (deseaba que no hubieran jaulas, estrados ni cuchillos, por favor), pero cualquier actividad sospechosa era igualmente de utilidad. También podría encontrarse nuevamente con la muchacha de blanco, tenía que convencerse a sí mismo que sólo era para poder decirle gracias.
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Re: — ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Doll Blumer el Mar Mayo 03, 2016 11:11 am

A primera instancia, el día había comenzado como algo anodino, Doll pensó que la única emoción que tendría sería a la que ya había estado acostumbrada la mayor parte de su vida y una función de circo no cambiaría mucho su jornada; el día empezó aburrido y terminaría de igual manera a menos que la muchacha inglesa pusiera de su parte y saliera a recorrer su nuevo hogar como último método de diversión luego del espectáculo. No obstante, la castaña no contó con que un niño con algún problema respiratorio colapsaría oportunamente en medio de la tribuna, en pleno acto. Al menos, en un futuro cercano podría presumir enormemente que había sido la salvadora de tal muchacho menudo y estaba segura que vociferaría a los cuatro vientos haber salvado una vida hasta el cansancio, tanto como el de sus hermanos, como el de ella. Sin embargo, a pesar de que se sentía el ser más triunfante de todo el planeta, no podía evitar preocuparse por la salud del muchacho de ojo parchado: si antes el salir a recorrer estaba en sus prioridades ahora quedaba último en la lista, luego de verificar si había hecho bien su trabajo de salvadora y nada malo había sucedido con el desconocido. Y era increíble, desde una perspectiva ajena, que Doll tomara la decisión de querer en cargarse de alguien; quizá, reconsideró, se sentía responsable de él mientras estuviera en ese lugar e incluso aseguraba inconscientemente que era menor que ella.

Al momento de arribar en la enfermería a ella ya había llegado la noticia de que se encontraba totalmente sano y salvo, quizá algo débil, pero de todas formas, fuera de peligro de muerte como horas atrás. Para su suerte, o quizá desgracia, él se encontraba completamente dormido, y cuando pensó que tenía que esperar más de la cuenta que él recobrara la consciencia él despertó taciturnamente. A pesar de que le habían asegurado que su integridad física no corría peligro y hasta se había tomado la molestia de palmear para nada de forma delicada los hombros del muchacho él lucía como si su desmayo hubiera sido uno de las peores cosas que podrían haberle pasado; se preguntaba internamente si en verdad él debía ser tratado en una enfermería común de un circo no precisamente muy adinerado, pero le restó importancia, llegando a la hipótesis que cualquiera despertaría de cierta forma luego de haber sufrido un desmayo repentino a falta de poco aire y que, además, durmió demasiado para el gusto de cualquier, excepto para el suyo, claro—. ¡Pero eres un enano! ¿Cuántos años tienes, eh? Que eres muy pequeño —rió con alegría. Suponía, por su estatura, que al menos tenía unos once años o poco más que eso; el pensamiento inconscientemente le entristeció un poco: quizá él era mucho más pequeño que ella y, al igual que la inglesa, tenía el ojo oculto, presumiendo que había sufrido un cruel destino. No obstante incluso así la sonrisa no se borró de la boca de Doll.

¡Bueno! ¡Mejor! Eso es un alivio, nadie quiere que haya muertos aquí en un circo, ¿verdad? ¡Eso sería terrible! Espero que no tengas una mala vista de los circos, ¡eh! ¡Que casi te hayas muerto no los hace malos! ¿Verdad? —carcajeó. Por supuesto que aquello era un parte una mala broma: era cierto que no querían muertos allí, pero no lo había salvado sólo por la reputación que tendrían, porque, para empezar, aquella ya era muy mala por sí sola, sin contar, por supuesto, todos los secretos que ellos ocultaban muy bien detrás de los telones. Ella actuó como cualquier ciudadano haría en una situación similar. Sin embargo, lo más importante ahora era presentarse debidamente, con la intención de inspirar confianza en el ajeno—. ¡Sí, Freckles! Es por éstas —dijo señalando las graciosas pecas que bañaban el valle de su nariz y parte de sus mejillas—, no es un nombre muy elaborado, lo sé, pero se supone que es artístico y un apodo, ya sabes, cosas de circos —finalizó, quizá hablando más de lo que debía, rigiéndose por su naturaleza charlatana que no podía evitar—. Sí, sí, vivo y trabajo aquí, ¿no es eso extraño? ¡Pero recorremos muchos lugares! No sé cuánto tiempo estaré aquí… ¿Tú dices que este lugar es bonito? —dijo dubitativa. Era cierto que se supone se establecerían de forma definitiva en este lugar, pero eso no quitaba que, como todos los circos, debían ir a otras ciudades a ganarse su dinero; el irse temporalmente de Sweet Valley era bastante probable y algo que sucedería mucho.

Se sintió más activa con la declaración y propuesta del ajeno, incluso alegre de que no debían quedarse allí el resto de la tarde, le parecía que un recorrido no le haría mal y si él no quería quedarse en la cama era, claramente, porque ya se sentía mejor, ¡eso le pasaba a ella cuando ya no se sentía resfriada! — ¡Perfecto! Es hora de un recorrido —festejó dándole una gran palmada en la espalda, con una fuerza que incluso le sacaría los pulmones—. Espera, ¿qué fue eso? Oh… ¡Ya sé! Una sonrisa, la primera desde que despiertas —comentó burlona, pero con buena intención—. ¡Estás en un circo! ¿Cierto? —gran observación—, te mereces tener un nombre artístico también: serás Smile —resolvió como si fuera una gran hazaña, incluso antes de que le diga su nombre. Esperó, entonces, a que se pusiera bien la ropa y los zapatos antes de dirigirlo a la salida de la habitación. Ignoró por completo las advertencias que muchas veces Joker vociferó como un mantra: “no estaban permitidos los recorridos a extraños”, pero Doll quiso creer que un niño no podía delatarlos con mucha facilidad, incluso así, tampoco mostraría los lugares privados donde se mantenían grandes secretos, ella tenía clavado en la mente un gran cartel que anunciaba que no podía ir más lejos que las carpas comunes y la pequeña feria que se encontraba abierta por la media tarde y algo de la noche.

Mira, Smile, este el lugar donde practicamos todos, pero no es muy importante, por lo que no entraremos, a menos que quieras subirte a la cuerda floja, ¡ah! Pero eso no está bien para ti, que estar enfermo, sigamos, sigamos —empujó sin cuidado al muchacho más pequeño que ella, pasando de largo por las carpas llenas de los objetos que ayudaban a todos a practicar; procuró también pasar de largo por el sitio donde Joker y el hombre de three-piece que acompañaba a Smile para que no los regañaran y pudieran recorrer con tranquilidad—. Por allá están las carpas principales, pero no te recomiendo ir allí: hay serpientes venenosas por todo el lugar, Snake las deja libre ¡y hasta se les escapan! —advirtió, excusando que no irían exactamente a ese lugar. Pero por supuesto que no era mentira, recordaba haber pasado por el lugar y tener que empujar con el pie a muchas víboras porque se metían en su camino, incluso ir a buscarlas a otros lugares porque ella era la única que no les temía—. En realidad, no hay nada muy especial en las carpas, ¿qué te parece si vamos a la feria? Está abierta, y seguro que nos dejarán jugar gratis, tú sabes, privilegios, ¿eh, eh? ¿No es genial? —codeó sin cuidado al ajeno, tomándose ciertamente libertades que podían parecer desubicadas para él, no obstante ella ignoraba aquello: simplemente quería ser amigable y tratar de forma familiar a un invitado que había sufrido un ataque en medio de sus shows—. ¡Vamos con Jumbo!

Jumbo se encargaba de medidor de fuerza, lo cual era completamente entendible. A pesar de que él tenía la misma edad que sus hermanos o un poco menos, tenía un cuerpo descomunalmente musculoso y rígido, por eso él se encargaba de ese juego cuando la función acababa. No tardaron en llegar, puesto que era uno de los juegos principales y situados casi al comienzo de la feria no muy alejada de la carpa principal; el escenario que se mostraba era pintoresco, con luces de colores y, al igual que al comienzo del show, estaba lleno de personas felices e hiperactivas—. Sé que no deberías de hacer esto, porque estás enfermo y te ves súper debilucho —empezó, a pesar de que ella no tenía una contextura precisamente parecida a la Jumbo—, pero ¡es divertido! ¡Y puedes ganar dulces Funtom como consolación! Así que, ¿qué dices, Smile? ¿Mides tu fuerza? Ve tú primero, ¡llega hasta arriba! ¡Hay otro tipo de premios!  
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Re: — ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Ciel Phantomhive el Mar Oct 25, 2016 2:22 am

Claramente, no estaba entre sus facultades ser capaz de predecir que una misión tan ridículamente sencilla podía estropearse tan mal, por si no fuese suficiente decir que fue un descuido de su parte sufrir un ataque de asma en medio de la función de un curso. Ni siquiera él mismo estaba muy seguro de cómo se supone que había pasado: entendía que los colapsos podían suceder al verse envuelto en una situación de estrés muy grande, quizá había sido su propia culpa por subestimar la situación apenas empezó a sentirse mareado. Detestaba tanto cuando su criterio fallaba miserablemente. Aunque por supuesto, no había tenido demasiado tiempo para reparar en las consecuencias del suceso, principalmente porque había estado plácidamente inconsciente un tiempo indeterminado luego del accidente. No era un método ideal de proceder, por supuesto, pero siendo lo suficientemente justos, al menos era una forma segura de infiltrarse en el circo más allá de la función principal. Aunque primero se centró en la desagradable sensación de despertar luego de un desmayo, la cabeza pesada y las extremidades tiesas.

Desafortunadamente para su creciente dolor de cabeza, detectó de inmediato una voz ajena que hablaba demasiado fuerte y con exacerbado entusiasmo; ¿acaso estaba tan feliz de ver a un niño desconocido no morir? Le resultaba al menos un poco risible, pero esa clase de humor mordaz y desagradable que estaba seguro que no iba a ser apropiado compartir. En su lugar, se centró con mayor ahínco en la forma descuidada en que le hablaba el ajeno, manteniendo el ceño el fruncido al continuar escuchando el apelativo al que explícitamente pidió no ser llamado. Tuvo que ahogar un suspiro, preguntándose internamente siquiera por qué iba a molestarse en responder—. No soy un enano: mi estatura es perfectamente normal para los trece años de edad —se tomó el lujo de explicar, con leve orgullo infantil en su oración. Porque insistir en el tema sería probablemente inútil, pero al menos quería la satisfacción de escucharlo reivindicarse. A pesar de que aún no se levantaba de la cama, por lo menos se había incorporado con la espalda derecha, lo suficiente para hacer su valer su punto.

Inevitablemente le llamaba la atención la actitud entusiasta contraria, incluso su mala broma que había resultado desagradable, por el simple hecho que mencionar la posibilidad de su propia muerte no le entusiasmaba en lo más mínimo. Aún tenía muchas cosas que hacer, después de todo. Además, no podía hacer nada al respecto del hecho que ya detestaba los circos, incluso con una razón de mayor peso ahora. Le dirigió una sonrisa pequeña y resignada, que probablemente no se vería como una sonrisa: no quería necesitar simpatía ajena—. Sí, supongo que tienes razón —mintió con calma, cerrando los ojos como si estuviera dándose tiempo para reflexionar. ¿Qué debía hacer a continuación? No estaba en la mejor condición física para explorar por su propia cuenta; de repente le comenzó a pensar en la cabeza que ni siquiera sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, pero algo le decía que había sido despertado precisamente porque el show circense acabó, o al menos se hallaban en una pausa. Podía trabajar con eso. Lo escuchó parlotear, prestando al menos la mitad de la atención a las cosas que decía—. Francia es... interesante, supongo —se encogió de hombros, fingiendo desinterés—. ¿Por qué movieron el espectáculo desde Inglaterra hasta aquí? ¿No iban bien las ganancias? —preguntó, esperando sonar con la mayor curiosidad que podía. No era una pregunta demasiado específica, aún.

La única manera de avanzar era salir de la tienda de campaña, ¿verdad? Dudaba que se diera la oportunidad de hacer algo si no insistía a salir por sí mismo, dada sus condiciones de salud. La buena noticia es que el otro aceptó su propuesta sin siquiera un instante de vacilación, pero no tuvo tiempo de celebrar su pequeña victoria en su cabeza, pues apenas hacía ademán de levantarse de la cama, recibió una palmada en la espalda que lo empujó de golpe fuera de ésta, casi haciéndole tropezar—. ¿Qué diablos...? —ahora el otro estaba parloteando del circo otra vez, sólo que lo incluía y descaradamente se dio a la tarea de darle un "nombre artístico". No podía resistir la necesidad de quejarse, era necesario hacerle ver lo absurdo de la idea—. Pero yo no soy parte del espectáculo, ergo, no necesitas llamarme Smile —intentó sonar agradable, pero era fácilmente distinguible en su expresión su descontento con el apodo, en especial por la forma de enfatizar al final. Antes de salir por completo, tuvo que darse a la tarea de vestirse apropiadamente con las ropas de cambio, al menos no iba a verse como un conde en miniatura en lo que duraba la exploración, no era necesario llamar más la atención de lo necesario. Afortunadamente fue capaz de ponerse de pie sin tambalearse, y haciendo caso omiso al pequeño, minúsculo dolor de cabeza, se encontraba perfectamente bien para continuar.

Prácticamente pasaron de largo la sección de las carpas, su improvisado "guía" excusándose al decir que no había demasiadas cosas por ver allí. Probablemente utilería y demás objetos relacionados al espectáculo, sin embargo, inevitablemente le llamó la atención la sutil advertencia sobre las serpientes en las carpas principales, ¿qué era tan importante de esconder como para colocar serpientes venenosas alrededor?—. Eso está... ¿bien? ¿No muerden al público o algo? —preguntó, procurando que su voz saliese tan fina como fuese posible. Se imaginaba que las serpientes eran un elemento aterrador, y debía actuar acorde, incluso si el otro le estuviese mintiendo al respecto. Al mismo tiempo, resultaba fútil alegar en voz alta lo posiblemente ilegal de tal práctica. Más pronto de lo que hubiese querido, el muchacho llamado Freckles lo había arrastrado a un lugar muy diferente: la feria. Ni siquiera tenía idea de la existencia de la misma hasta que el otro la mencionó, y ya sentía un desagrado familiar instalarse en la boca de su estómago. O sería el inapropiado contacto físico que su acompañante propinaba, en realidad podía ser cualquiera. Se sobó sutilmente el área de las cosquillas, asintiendo con ningún entusiasmo. Mantuvo su actitud contemplativa, al menos hasta que el otro abrió la boca nuevamente para insinuar su poca capacidad física—. ¡Hey! No soy un debilucho —protestó, casi con una mueca. Y no pretendía decirlo tan fuerte, pero al parecer el tal sujeto llamado Jumbo tomó su acotación como una respuesta positiva, entregándole el martillo de material pesado justo en las manos.

No tenía oportunidad de devolvérselo, no cuando ya los dos presentes lo observaban con expresiones similares de expectación. Suspiró, y si su suplicio era inevitable, al menos no lo extendería más de lo necesario. De un impulso dejó caer el martillo, siendo tal el movimiento que casi se tambaleó por la acción, y cuando levantó la cabeza para ver el resultado indicado, no le ánimo en absoluto ver que la barra no había avanzado más de un cuarto del marcador. Se sentía un poco patético, pero sonrió con deje de ironía cuando le fue entregada una bolsa pequeñas de dulces Funtom. Vaya premio de consolación. Regresó hasta donde Freckles estaría probablemente riéndose de él—. Toma, no me gustan los caramelos —decretó, con tal dejé de neutralidad que era propio de su trabajo, y no mucho de su fachada. No importa, otro niño no debería notar la diferencia, y de todas maneras depositar la bolsa de "premio" podía ser considerado un obsequio amable. No estaba lo suficientemente oscuro aún para tratar de escabullirse, sin embargo, al menos debería tratar algo: la respuesta vino a su persona tan pronto examinó con mayor escrutinio las atracciones de la feria—. ¡Oh! ¿Quieres ir a la casa de los espejos? —propuso, su ánimo súbitamente recompuesto, como si estuviese señalando algo repentinamente muy interesante. En su caso, era más bien un beneficioso laberinto de vidrio.
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Re: — ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Doll Blumer el Mar Abr 25, 2017 4:01 am

Era verdaderamente gracioso como las situaciones tenían cierta tendencia a converger de una forma u otra; cuando esa tarde se vistió con su típica vestimenta de circo y se calzó su peluca nívea jamás pensó que terminaría salvando a un muchacho de la audiencia en pleno acto de Beast, tampoco que acabaría charlando “cómodamente” con el susodicho en una de las camas con las que contaba la enfermería del lugar. Mas eso no suponía problema alguno en su rutina diaria (a pesar de que el elenco tuvo que tomar un descanso para luego seguir con el acto) y aunque sonara algo cruel, Doll gustaba de tener la oportunidad de poder hablar con alguien de más o menos su edad: en ese circo sólo congeniaba con miembros de su familia y alguno que otro novato—. ¿Supones? Ah, vamos, seguro que tiene que tener algo bueno que te llame la atención, ¿no? —comentó, pensando internamente que ella había estado en muy pocos lugares desde que llegó a Francia, no podía decir mucho del lugar y casi rogaba que el ajeno recomendara sus lugares preferidos—. ¿Por qué nos mudamos? —repitió, como si tuviera algún problema de entendimiento, no obstante, graciosamente eso la ayudaba a pensar mejor una respuesta concisa—. No, no, las ganancias eran buenas, Inglaterra era un buen lugar para este circo teniendo en cuenta que hay muy pocos... —comenzó distraídamente, tambaleándose en su silla de atrás hacia adelante—. Nos mudamos porque el dueño del circo pensó que sería mejor recorrer otros países, pero, ¡qué va! No tengo idea de sus intenciones —era bastante complicado expresar cuál era el motivo de su abrupta mudanza: su “Padre” nunca decía motivos, ciertamente era un hombre misterioso, pero ninguno se quejaba de aquello.

Con los ánimos renovados y la emoción pululando en su estómago no pudo evitar darle un apodo a su nuevo amigo, Smile sonaba perfecto en su fuero interno, sin embargo, parecía no agradarle al ajeno. ¿Se desilusionó? Por supuesto que no, Doll tampoco le tenía afecto a su “nombre original” pero ya se había acostumbrado, supuso que con Smile sucedería igual—. No eres parte del circo pero estás en uno —canturreó melódicamente, tocando con la punta del dedo índice la nariz de su compañero—. Tranquilo, Smile, te acostumbrarás, además, es muy bonito apodo —finalizó en lo que salían de la carpa de enfermería. El camino guiado había comenzado por las carpas, no obstante las vieron desde lejos, ella alegaba que las serpientes eran peligrosas mas verdaderamente quería apurar la situación—. ¿Si muerden? Sí, sí, muerden a los intrusos —explicó—, pero no al público, Snake sabe controlarlas muy bien, pero, repetiré, a veces escapan y Snake no está cerca… Por eso no debemos entrar —esperaba sonar convincente, que el muchacho parchado se tragara la no-tan-mentira y pudieran seguir adelante; afortunadamente, la feria la saco de ese aprieto. Jumbo y el medido de fuerza fueron la primera parada, y ella, con su acostumbrado entusiasmo, retó al pequeño y débil Smile—. Bueno, eso ya lo veremos Smile —se permitió decir con algo de gracia en su tono; ella no era quién para juzgar sobre fuerza, de todas formas, pero no pudo evitar esa entonación burlesca—. ¡Tú puedes, tú puedes! ¡Dale duro! —vociferó en un intento de animar al pequeño desconocido; el resultado, sin embargo, fue el esperado: su fuerza no fue suficiente ni siquiera para llegar a la mitad de la barra, sólo le quedaba aceptar los dulces y resignarse a su estruendosa risa que remarcaba la derrota del taciturno invitado.

La alegría volvió a emerger desde su interior para instalarse en su rostro cuando el ajeno se vio de la misma manera emocionado por seguir recorriendo, un asentimiento de cabeza fue suficiente para confirmar que estaba completamente de acuerdo con recorrer ese interminable laberinto que ya parecía muy fácil para ella; suspiró antes de emprender camino, naturalmente más tranquila al ver que él no se había tomado a mal su no-tan-delicada risilla—. ¿Estás seguro de esto, Smile? Mira que si te pierdes hay que llamar a alguno de los muchachos para que te saquen de allí, eh, ¡que no es fácil! —naturalmente advirtió, un poco en parte para bromear con él y otro muy en serio, recordando que en el pasado mucho niños y hasta adultos tuvieron que ser guiados aferrándose fuertemente de la mano de Joker para poder salir del lugar; es un evidente averno para quienes tienen mala orientación. Afortunadamente el lugar no tenía una fila de espera, pues, ¿quién tendría el valor de siquiera acercarse cuando la cartelera parecía una invitación a una pesadilla? Hablando sobre quién atrevería a enfrentarse a la locura que allí puede producirse—. ¡Hey, Dagger! —saludó animosamente—, Smile, él es Dagger, no lo pudiste conocer porque estabas inconsciente pero él te llevó a la enfermería —el susodicho saludaba amistosamente con su sonrisa que connotaba una pizca de duda referente al apodo, para preguntar luego el estado del muchacho—. Oh, él está bien, ¿te importa si entramos? Vamos, Smile, vamos —Doll no dejó que ninguno de los dos muchachos allí pudiera contestar siquiera cuando ya estaba dentro del laberíntico recorrido.  

Llevaban recorriendo ya un par de minutos, deteniéndose casualmente frente a los espejos con ilusiones óptimas más graciosas, principalmente esperando a que Doll jugara con muecas y caras frente a ellos. No obstante, antes de poder seguir el camino, la muchacha de pecas se detuvo secamente para voltear a ver al ajeno—. Juguemos un juego, ¿sí? ¡Será más emocionante! Tienes que encontrarme, ten cuidado, no te vuelvas loco —canturreó antes de desaparecer por completo detrás de un espejo; tenía mucha ventaja y estaba consciente de que era trampa, pero estaba segura de que él podría encontrarla—. Oh, Smile —cantó con voz meliflua, jugando a aparecerse y desvanecerse repetidas veces, dejando sólo como guía para el ajeno el eco de la risa—. ¡No puedes encontrarme! Terminarás loco aquí adentro —temía que fuera cierto, puesto que ya no escuchaba siquiera los pasos y quejas ajenas, pensando que se había rendido en el suelo como muchos hacían. Volvió tras sus pasos para encontrarse con el escenario mismo de la oscuridad y espejos, nada más, no avistaba a Ciel en ninguna parte—. ¿Ciel? ¿Dónde estás? ¿Ciel…? —llamarlo por su nombre parecía correcto, puesto que quizá se había enfurecido con ella, sin embargo, ninguna voz regresó a ella. Recorrió una vez más, con preocupación, el camino pero él ya no estaba allí. Decidió salir para encontrarse de lleno con su hermano—. ¿Dagger, has visto a Ciel? —inquirió con la consternación dibujada en su único ojo visible—. ¿Te refieres al enano? Salió hace unos minutos, iba con un tipo alto y de frac —explicó su hermano. Rendida, suspiró; había hecho una amistad y al momento siguiente desaparecía, siempre era igual. Caminó a paso lento hacía las tiendas principales, aún no había conseguido un compañero para mudarse de carpa. Se encontraba decepcionada con el desenlace de los hechos, triste al pensar que quizá nunca volvería a verlo, pero resignada a que pasaría de una u otra forma, al igual que su encuentro.


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Re: — ✤ Le cirque de l'amour. {Priv. Ciel Phantomhive}

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 02, 2017 12:58 pm

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