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¿Encuentro casual o destinado desastre?

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¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Zatsune Mei el Miér Mar 23, 2016 11:39 pm

No llevaba demasiado tiempo en aquella ciudad de nombre que le parecía tan empalagoso, se había mudado ahí en específico no sólo por la locación medianamente lejana a la de sus parientes, sino además debido a su nombre tan adorablemente cursi. ¿Por qué? Pues la respuesta era curiosamente simple e irónica, Mei meramente deseaba ver el lado oscuro de una ciudad con tan dulce nombre, nada más, nada menos. Por esta razón se encontraba aquella noche eligiendo las ropas adecuadas para su primera salida nocturna tras la mudanza, y pronto encontró algo que le gustó, un adorable vestido con la parte de arriba hecha por un corsé de cuero negro con cintas de encaje rojas, combinadas con la parte baja de un corta y pomposa falda de encaje. Nada muy exagerado, era perfecto. Le sumó unos bonites negros, delgados y estilizados, y finalizó con sus siempre clásicas coletas a cada lado de la cabeza, ah. ~ Cómo las amaba.

Con la preparación lista, salió de su casa con el móvil guardado a un costado de su brasier, dinero en un bolsillo secreto de su manga izquierda y un diminuto juego de llaves en el mismo sitio pero de su brazo derecho, lo justo, lo necesario. Y lo primero que hizo fue mirar al cielo y sonreír. La noche era joven, la luna llena y la brisa primaveral acompañaba un agradable clima, todo le decía que aquella era la noche perfecta para salir a hacer de las suyas. Y así lo hizo, caminó por las ya oscuras pero suavemente iluminadas calles de la ciudad para ser guiada sin rumbo real a donde sus pies le pidieran ir, después de todo, no conocía la ciudad y no, no estaba dispuesta a tomar locomoción. Así que caminaba y en la medida que las calles continuaban, las luces de los faroles y comercios se hacían menos frecuentes hasta que en el camino encontró un antro, nada del otro mundo, uno que otro pandillero afuera, algunas motos estacionadas, quizá algún pobre diablo vomitando en un rincón, quizá alguna pareja perdida en el callejón. Sonrió, seguro encontraría alguien interesante por ahí, y si no, al menos tomaría un buen trago y bailaría alguna tontería antes de buscar el siguiente lugar.

Y así lo hizo, ni bien llegar a la barra pidió un clásico roncola y tras pagarlo y tenerlo en sus manos, lo terminó. No habrán sido dos tragos y el vaso yacía sobre la barra con el hielo casi intacto. Hecho esto, miró con una sonrisa al apuesto barman y le guiñó un ojo antes de dar media vuelta para caminar con seguridad y un agraciado contoneo, pero no hacia la pista de baile sino hacia un costado, donde había un grupo de chicos con pintas no muy decentes pero bueno ¿Quién buscaba decencia en un lugar así? Así que se acercó y pronto tuvo la atención de todo el grupo, con 8 miradas sobre ella sonrió y miró coqueta al que se apoyaba en la pared, el más guapo de aquel grupo, la verdad –. ¿Bailas? – Preguntó, ladeando ligeramente la cabeza hacia la pista de baile. Quizá de ser otro lugar aquello habría sido desagradable, pues lo clásico era que la chica esperara por ser invitada, o al menos invitara a alguien sin amigos cerca; pero en lugares como ese, las reglas sociales estaban algo distorsionadas. Y a los chicos rudos les gustaban las chicas rudas. Con una sonrisa ladina el hombre se alejó de la pared, y, con un impulso para caminar, sin decir nada tomó la mano de la morena para guiarla a la pista de baile.

Bailaban, o algo similar, pues claro está que en lugares como esos lo dotes en la danza eran lo menos importante. Se apegaban y coqueteaban con sus cuerpos sin el menor problema, hasta que en cierto punto el desconocido besó el blanco cuello de Mei un par de veces y sus manos comenzaron a irse para otros sitios, desdibujando ciertos límites implícitos con cierta sensualidad. Y sin embargo, lejos de quejarse, la morena parecía complacida con la admiración tácita que el contrario parecía entregarle, siguiéndole el juego sin mayores complicaciones. Y tras pasados unos minutos de esta forma, el sujeto se acercó al oído ajeno y susurró –. Acompáñame – Con voz suave y apenas audible con el ruido de la música, con un tono seductor que la joven no estaba dispuesta a rechazar, después de todo, era mejor dejarse llevar. Así que se alejaron levemente y Mei le sonrió coqueta y confiada antes de ser nuevamente tomada por la muñeca para que el extraño le guiara a una parte más alejada y algo escondida del lugar, perfecto para escapar un rato.

No demoraron mucho en comenzar los apasionados besos entre desconocidos, por unos segundos hasta que él bajó a su cuello y entones ella recordó algo. Antes de salir no se había tomado las pastillas. Oh, sí, esas pastillas. No importaba, no pasaba nada, seguramente él tendría protección… A quién engañaba, nadie le aseguraba nada, así que le preguntó sobre ello antes que las cosas se calentaran.Él se alejó con una ceja enarcada y una sonrisa burlona –. ¿A quién le importa eso? Vamos, no pasará nada – Dijo con seguridad antes de volver a besarle el cuello. Mei bufó algo molesta, en parte con su propio descuido, en parte con la estupidez ajena, y lo alejó para irse. Le gustaba divertirse pero vamos, no era tan idiota como para cometer semejante descuido, había aprendido comportamiento sexual hace ya tiempo. Sin embargo, al contrario no pareció agradarle la idea. La sujetó y le dijo que fue ella quien comenzó, volviendo a acercarse para besar su escote y presionarse contra ella, momento en que la joven frunció el ceño molesta –. Él se lo buscó – Pensó y relajó los músculos, acercando su rostro al ajeno para besarle nuevamente. Pronto el joven, complacido, soltó sus muñecas y Mei avanzó una de sus manos a la mejilla ajena en una pequeña caricia, justo antes de sujetarle el cuello con firmeza y golpear su entrepierna con un fuerte rodillazo.

Hecho esto, escapó. Caminando tranquila y tomándose incluso el tiempo de voltear para guiñarle un ojo al sujeto, quien profería malas palabras y gritos de dolor a diestra y siniestra, como si a ella aquello le afectara en lo más mínimo. Nadie obligaba a Zatsune Mei, a nada. Y él lo aprendió de mala manera, desgraciadamente. Pronto estuvo de vuelta con el ruido ensordecedor y las luces parpadeantes, dirigiéndose una vez más a la barra para pedir, esta vez, algún combinado de vodka; sin embargo, cuando doblaba la pared divisoria que llevaba a la barra, chocó de frente con alguien y casi cayó, de no ser por la pared de la que se sujetó en el momento preciso. Levantó la mirada para quejarse con quien fuera que interrumpía su caminar, pero cuando llevaba los ojos en el pecho ya la vestimenta del contrario le llamó la atención y comenzó a sonreír en la medida que llegaba al rostro ajeno, perdiéndose por un pequeño segundo en el bello rojo de su cabello antes de quedarse en sus ojos y mirarlo coqueta –. Vaya, eso fue peligroso – Comentó inicialmente, con tono divertido y ligeramente coqueto –. ¿Qué buscabas? Quizá ya lo encontraste – Comentó apoyándose en la pared y mirándolo desde abajo – pues era unos 10cm más baja que él – Haciendo un pequeño juego con sus pestañas. Esperaba que el otro sujeto no volviera a aparecer, pero si lo hacía, quizá ya tenía a quien usar como escudo.


Última edición por Zatsune Mei el Dom Mayo 29, 2016 9:35 pm, editado 1 vez
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Akaito Shion el Miér Mayo 04, 2016 9:33 pm

Una localidad francesa de nombre azucarado que al parecer era casi desconocida en la mayor parte del mapa geográfico del país. De todos los destinos posibles, ¿era verdaderamente necesario elegir precisamente éste? Desde su punto de vista, la ciudad parecía tan falta de encanto, tan insignificante a comparación del opulento y bullicioso Japón al que estaba acostumbrado que necesitaba conocer la vida nocturna que ofrecía. Y hoy finalmente iba a ser la noche, tiempo de salir a divertirse y comprobar por cuenta propia qué tan interesante podía llegar a ser su estancia allí. O por el contrario, qué tanto se había equivocado al haber aceptado mudarse con la esperanza de encontrar cosas más llamativas que las que su país le había ofrecido. Las cuestiones de su traslado y todo lo que mudarse implicaba lo habían tenido ocupado los primeros días de su estancia en el país europeo, a pesar de que el amigo de su padre le había facilitado bastante las cosas. Personalmente no dejaba de parecerle un tanto exagerado todo ese asunto de seguirla y hacer de niñero siendo que la chica ya había cumplido la mayoría de edad y legalmente era libre de hacer lo que le viniera en gana. Pero allá él con su rollo de padre responsable.

Soltó una bocanada de humo, dejando que una afilada sonrisa se extendiera por su rostro cuando se dio cuenta de que por fin era momento de pasar a la acción. Después del tiempo que llevaba observándola a la distancia conocía ciertos patrones que se repetían en algunas de sus salidas, entre ellas el horario, no muy difícil de predecir, que volvían más fácil la tarea de mantener un ojo sobre ella. Casi podría decir que la conocía, incluso sin realmente hacerlo, pero aquello sonaba demasiado acosador para su gusto. Aunque ella no tenía por qué saberlo. Igualmente, le dio una última calada a su ya casi consumido cigarro, dejándolo caer al suelo y pisó los restos del mismo. Estaba impaciente por comenzar la diversión y se preguntaba cuál sería el primer lugar que encontrarían. Las calles de la ciudad tenían una apariencia algo apagada, pero conforme los locales iban desapareciendo y éstas parecían ir sumiéndose cada vez más en las penumbras, esa calma parecía más una advertencia de los peligros que podrían esconderse más adelante. Sin embargo, lo único que hallaron en el camino fue una discoteca cualquiera, con sus borrachos y sus parejas apasionadas. No parecía un sitio que pudiera ofrecer demasiado, pero peor era nada. Así, tras ver cómo la joven desaparecía por la puerta del establecimiento, se decidió a entrar. Lo primero que haría sería pedirse algo fuerte.

Quién fuera sol para calentar ese cuerpo… —pero, por supuesto, lo que menos esperaba era el ser interceptado por una chica antes de siquiera poder llegar a la barra. Arqueó una ceja, algo divertido por el extraño piropo salido de la nada pero mostrándose a la vez levemente interesado. Tal parecía que estaba bastante efectivo esta noche. De reojo podía ver que Mei ya había encontrado a alguien con quien divertirse, y la mirada que le dedicaba la atractiva joven enfrente suyo estaba llena de picardía. Su estilo salvaje y directo que demostraba era lo que le había atraído de primera instancia, y ella de igual manera parecía genuinamente interesada—. Y bueno, ¿te vienes por un trago o qué? —es lo que ella diría, luego de un rato de lo que empezó como una plática casual, llena de comentarios picantes y miradas juguetonas por ambas partes. Algo bueno podía surgir de eso, pensaría cuando ambos estuvieran en la barra. Pero en ese preciso instante se daría cuenta de un detalle, y mirando a su alrededor, buscaría con la mirada a una joven de largo cabello negro, sin conseguir localizarla en ningún sitio. Su actual acompañante lo miró con insistencia, levantando una ceja al notar el ceño fruncido en el rostro ajeno.

Tú pide lo que quieras, ya vengo —fue su único comentario, antes de encaminarse hacia la puerta del lugar. ¿Dónde se había metido esa mujer? ¿Y por qué justo ahora? Casi podía sentirse como un hermano mayor a cargo de su hermana indefensa, pero no tenía otra opción.  A pesar de que ya podía intuir en qué asuntos podría estar, sólo iba a cerciorarse de que tuviera las cosas bajo control (y de que verdaderamente estuviera en eso y no peleándose a muerte en un callejón) y regresaría. Nada más. Al menos ésas eran en inicio sus intenciones, pero antes de que pudiera girar hacia donde se encontraba la salida una chica se atravesó en su camino, con tal suerte que chocaron y ésta perdió el equilibrio, faltándole poco para llegar a caerse de no ser porque se sostuvo de la pared en el momento preciso. No alcanzó a pronunciar siquiera una palabra, porque apenas un par de segundos después habría descubierto de quién se trataba. «Mira a quién tenemos aquí…» Arqueó ambas cejas, sintiéndose repentinamente frustrado por su propio descuido. Se suponía que ella no tenía que verlo o todo el asunto de “cuidarla” podría salir a la luz. En todo el tiempo que llevaba vigilándola nunca había interactuado con ella por lo mismo. Pero, a causa de ello, era también la primera vez que la tenía tan cerca.

Ese pensamiento le hizo sonreír—. Oh, y vaya que lo encontré —replicó con un aire de picardía. Después de todo, no le haría daño seguirle un poco el juego, ¿verdad? Estaban allí para divertirse. Y personalmente, lo que más le divertía era el giro inesperado que había dado la situación—. ¿Qué me dices tú? ¿Querías encontrar algo en especial, o más bien huías de eso? —le devolvió la pregunta con cierta travesura dibujada en sus facciones, imitándola al recargarse ligeramente en la pared detrás suyo con gesto relajado. Aquello quedaba a libre interpretación de la joven, si bien la había visto antes con el sujeto disfrutando de un interesante baile, podía simplemente tomarse como un comentario en referencia a los que iban allí para despejarse de los problemas del día a día y simplemente disfrutar. Y hablando de disfrutar… No le había tomado demasiado tiempo comprobar que su antigua acompañante ahora se movía con todas las ganas en la pista de baile con otro muchacho, lo que lo hizo encogerse mentalmente de hombros. Lástima, era un buen partido. Pero en lugares como esos el interés solía ser efímero.

Y bueno, ya que estamos, ¿qué tal si te ofrezco una copa como compensación por el daño ocasionado? —propuso con su clásica sonrisa ladina, señalando la barra al realizar un ademán de cabeza—. He escuchado que sirven un curioso coctel en este lugar hecho con vodka sueco con grado del 40% y té de frutos rojos, principalmente —comentó como al pasar, y aquello realmente no era una mentira, la chica que acababa de ver bailando con otro sujeto se lo había comentado hace un rato. Aún así, fingió hacer un esfuerzo mental recordando el nombre, mientras erguía nuevamente su cuerpo y se giraba para empezar a caminar hacia la barra—. ¿Cómo se llamaba…? Ah, Glamourose —pronunció finalmente, dedicándole a la chica una sonrisa de suficiencia antes de avanzar por el sitio. De reojo pudo ver cómo el grupo de hombres que acompañaban a la primera conquista de la pelinegra hablaban entre ellos sin quitarles la mirada de encima, hasta que un par se levantó y se dirigió hacia la puerta del lugar, probablemente en su búsqueda ya que éste no había vuelto todavía. Debía admitir que lle daba algo de curiosidad saber qué había sucedido, pero no necesitaba quebrarse el cerebro para suponer que seguramente ella lo habría dejado tirado. No sería la primera vez que hiciera algo como eso.


Última edición por Akaito Shion el Miér Nov 30, 2016 11:07 pm, editado 1 vez
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Zatsune Mei el Vie Jun 24, 2016 12:04 am

Amplió ligeramente su sonrisa felina ante la respuesta ajena, el contrario parecía interesado y eso le complacía, más porque él parecía de su tipo. No demoró mucho en responder la contra pregunta con voz suave y, mientras comenzaba a hablar, alzó su mano izquierda para apoyar el dedo corazón en el pecho ajeno con cierta delicadeza y a la vez con confianza –. Me parece que encontré algo sin saber que lo buscaba – Indicó, mirando su propio dedo en el cuerpo ajeno antes de volver a alzar la vista con una mirada cómplice. Notó que el chico miró a otro lado por un momento y pasó por su mente que alguien pudo llamar más su atención que ella, esto le enervó de sobre manera pues algo que odiaba era eso. Sin embargo, el pelirrojo no demoró más de un momento en volver a observarla y ofrecerle un trago, haciendo un movimiento con la cabeza para señalarlo, eso hizo suponer a Mei que quizás no había mirado a nadie y solamente había meditado si invitarla a bailar o beber, mejor así.

Uh, pero resulté muy dañada, quizás no baste con un trago para arreglarlo – Acotó a modo de broma, acentuando que podrían beber más de un trago o hacer algo luego, y sin demora se apartó de la pared en que se había apoyado para comenzar a caminar junto al atractivo desconocido. Mientras se acercaban a la barra, el chico comentó algo sobre un trago recomendado y Mei volvió a sonreír, un tanto interesada por la actitud altiva del joven, antes de responder –. Glamourose – Repitió en un suave siseo, apenas audible por la música –. Suena agridulce, espero le haga honor a su recomendación – Agregó, con un pequeño implícito desafío para el conocedor, y tras esto llegaron a la barra, donde el pelirrojo pagó por sus tragos y el barman comenzó a prepararlos, demorando no más de un minuto en ello. Entre tanto, Mei volteó hacia el joven y le sonrió –. Así que, conocedor, ¿Sueles venir por aquí? Quizás podrías ayudarme a encontrar algo más divertido – Acotó sin complejo; aunque esto podría interpretarse de muchas formas distintas, y eso era justamente lo que la morena esperaba para probar un poco al contrario en lo que se tomaban lo pedido, que llegó justo después de su comentario.

Y tras probarlo, sin cortarse ni un poco en beberse un tercio del vaso desconocido, tragó y saboreó el dulzor mezclado con el ardor pseudo agrio en su garganta, soltando el aire contenido en un suspiro placentero –. Delicioso – Mencionó con una leve sonrisa antes de voltear nuevamente al pelirrojo –. Buena elección, entonces ¿Alguna otra recomendación? – Incitó brevemente y tomó otro tanto de su vaso, quedando aproximadamente un tercio en el cristal. Hablaron tan sólo un minuto tras eso, pues Mei divisó de reojo que había algo de movimiento al otro lado de la división –. Oh-oh. ~ – Pensó brevemente al ver que se trataba del grupo de antes, del que había dejado a su amigo sin descendencia. Ahora que lo pensaba, usar al pelirrojo como escudo no era una buena opción, no porque le preocupara en lo más mínimo si él salía herido o algo, eso sería burdo. Meramente no le serviría porque eran alrededor de 6 y, vamos, no les costaría mucho dividirse para atraparla. Tomó lo último de su trago rápidamente y tomó la mano ajena sin preocuparse –. Entonces, ¿Vamos a otro lado? – Mencionó con una sonrisa juguetona, y es que situaciones así le provocaban mucha emoción. No, no miedo, emoción.

La adrenalina comenzaba a correr por sus venas cuando dio el primer paso para alejarse de la barra hacia otro sitio. Terminara en lo que terminara con el desconocido, le importaba poco, lo más importante era escabullirse, la diversión del escondite, aunque cuando se jugaba al gato y el ratón,ella prefería ser el gato. Y sin haber esperado respuesta alguna, estaba guiando al pelirrojo hacia la que parecía ser la última sección del bar, tan sólo separado por un escalón y el piso en desnivel a éste. No sabía si el contrario habría captado o no el pequeño disturbio en la otra sección, o si intuiría que algo tenía que ver con su escape, pero esperaba que le siguiera el juego. Debía haber alguna salida en esa parte, esos lugares siempre tenían unas dos salidas sin contar alguna secreta o de personal y, quien sabe, quizás el chido sí le llevaba a algo más interesante, después de todo, no parecía del tipo aburrido.
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Akaito Shion el Mar Jun 28, 2016 7:04 am

Algo dentro de sí le hacía tener ganas de reír por el tan inesperado giro de los acontecimientos, pero en su lugar pensó que era mejor dedicarse a disfrutar del momento y la compañía temporal. Era igual que en todas sus salidas de este tipo, al fin y al cabo, pues dudaba que volviese a tener la oportunidad de hablar con ella tal como estaba haciendo ahora. Su descuido no se iba a repetir dos veces—. Oh, pero eso se puede arreglar. Podemos llegar a un acuerdo justo —le siguió el juego, mostrando aún la misma sonrisa interesada de antes. No había necesitado estar directamente junto a ella para percatarse que la muchacha era atractiva y muy de su tipo, eso era algo que cualquiera notaría aunque la viera a distancia. De no ser por la condición de su “trabajo” sin duda habría intentado acercarse a ella hace tiempo, pero ahora que la tenía allí, sentada junto a él a la espera de las bebidas ordenadas, puede que aprovechara el momento para intentar conocerla un poco—. Depende qué tipo de diversión estás buscando —le ofreció una sonrisa ladina e hizo una pequeña pausa antes de añadir—. Pero puedes quedarte y descubrir qué tengo para ofrecer. ¿Te gustaría hacer la prueba? —preguntó con expresión desafiante, y no despegó su mirada de los orbes ajenos, de ese tono carmesí que le daban un toque de fiereza muy encantador, buscando cualquier atisbo de interés ante su propuesta. Porque si no, ¿dónde estaba lo divertido?

Tomó entonces la copa que le acababa de ser servida, llevándosela a los labios para descubrir que, tal como la joven le haría notar un momento después, no había errado en su elección. Al parecer aquella chica de antes sí tenía buenos gustos, después de todo. Sonrió entonces, complacido con el comentario ajeno, y a continuación meneó un poco el vaso entre sus dedos con movimientos circulares lentos que hacían sonar los hielos que éste contenía—. Dejemos que el bartender nos sorprenda esta vez —propuso con cierta travesura tras un momento de reflexión, y esta vez dirigió su atención al hombre detrás de la barra, que se había acercado a ellos luego de escuchar su comentario—. Danos algo bueno —pidió, como un reto implícito, pero apenas terminar el primer trago la chica propuso ir a otro lugar—. Si a la dama aquí presente le complace… —mencionó con tono divertido y no opuso resistencia, intuyendo que una razón debía haber para tan repentino cambio de ubicación. Y pronto comprobó que no se equivocaba, pues el grupo del que antes había visto salir a dos miembros estaba, suponía, en búsqueda de la joven, con una no muy buena expresión en el rostro—. ¡Eh, tú! ¡La de coletas! —se alcanzó a escuchar entre todo el ruido que entre las personas y la música se elevaba dentro del sitio, justo cuando acababan de pasar a la siguiente sección del local. Y le sorprendió advertir a lo lejos que se trataba del sujeto que había estado con la chica al principio.

Volvió su mirada al frente, tratando de ubicar la salida trasera, pero con tantas personas allí no llegaba a verla. Bufó mentalmente y acercó sus labios al oído ajeno—. Aquello también podría darse aquí, ¿sabes? No me molesta tener público —sonrió con picardía, siendo su turno de jalarla hacia un punto más apartado donde un grupo de amigos estaba reunido. Evidentemente la intención no era terminar en eso, pues no era el momento apropiado. Se le había ocurrido un plan. Y menos mal, porque el hombre no había tardado en darles alcance y enfrentarse a él, vociferando insultos y reclamos sobre su acompañante y diciendo algo sobre “darle una lección”. Le dedicó entonces una mirada rápida a la chica que permanecía a cierta distancia, guiñándole un ojo de forma cómplice, y volvió al sujeto frente a sí. Menos mal que ya tenía un plan—. Bueno, no podemos culparla a ella por haber quedado descontenta. Quizá sea otro el que necesite unas lecciones para aprender a hacer las cosas bien —se encogió de hombros, y le pareció escuchar cómo uno de sus amigos del hombre y varios de los del grupo que tenía detrás se reían abiertamente. El aludido, por supuesto, no había tardado nada en recoger la insinuación, reaccionando de forma violenta. Y eso era justo lo que deseaba.

¡¿Qué dijiste, imbécil?! —el sujeto preparó su puño para darle un golpe, pero por desgracia –para el sujeto– no le fue difícil esquivarlo –años de práctica en peleas callejeras daban sus frutos– y terminó en un chico de entre el “público” que estaba a su lado. Éste obviamente no reaccionó de buena manera y le devolvió el golpe de forma casi instantánea, provocando una especie de reacción en cadena, pues los amigos de uno se lanzaron de inmediato para pelear contra los del otro. La distracción perfecta. Y esta vez fue su turno de tomar la mano ajena y guiarla hasta la salida ya despejada, sin dejar de avanzar hasta que dejaron lo suficientemente atrás el escándalo que proferían los envueltos en el altercado—. Simpáticos tus amigos, eh —ironizó, enarcando una ceja. Y con su típico aire despreocupado de siempre, soltó una risa. Dieron la vuelta en una esquina del callejón, donde se detuvo tras comprobar que nadie los seguía—. Al menos parece que les animamos un poco el ambiente a los presentes —dicho eso, casi de inmediato se pudo escuchar la voz de un par de sujetos, que aparentemente habían conseguido escaquearse del alboroto y ahora especulaban sobre el paradero de ambos.

Se asomó ligeramente hacia donde se encontraba la puerta por donde habían escapado, notando que se trataba de dos de los amigos del que quería “venganza” contra la chica y entonces volvió a su posición en las sombras, donde ambos escucharon en silencio, sin moverse—. Bueno, yo me voy a buscarlos por allá, esos dos no deben andar muy lejos… ah, tú traes las llaves del auto de Evans, ¿no? Al pobre le dieron una golpiza que casi lo dejan en coma y los demás están igual, pero de tanto alcohol. Te tocará manejar a ti esta noche —mencionó uno de ellos en cierto momento, y Akaito no pudo más que agradecer mentalmente por la información. Se le había ocurrido algo que podría llegar a ser muy interesante, de manera que miró a su acompañante con un brillo de travesura en la mirada y acercó los labios a su oído para susurrarle una vez más, esta vez en un tono que sólo ella escucharía—. ¿Cómo te suena la idea de un paseo por la ciudad conmigo en su auto? —le propuso con tono juguetón—. Algo me dice que la policía no tardará en llegar con todo este escándalo —agregó, como una forma de decir que tenían que desaparecer de allí pronto si no querían verse envueltos en problemas legales. Lo típico, vamos.


Última edición por Akaito Shion el Miér Nov 30, 2016 11:09 pm, editado 1 vez
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Zatsune Mei el Miér Ago 31, 2016 4:26 am

Miró atenta toda la escena, con ambas cejas alzadas ante la perspicacia del chico. No sólo se había dado cuenta del sujeto que la perseguía, sino que la había ayudado a zafarse de él con una maniobra tan sutil como efectiva. A pesar de ello, no demoró en reaccionar cuando fue tomada de la mano para irse de ahí con rapidez. Vaya si el chico era de su tipo, no pudo evitar reír con la ironía que dijo mientras avanzaban. Y pronto estaban afuera, asegurándose que nadie los hubiera visto –. Nah, un par de copas más y se animan solos – respondió respingando la nariz con una sonrisa. Pero su voz se vio casi interrumpida por otra, esperó a que el pelirrojo se asegurara de quienes ella pensaba que eran y aguardó por más información. ”¿Auto…?” Una pequeña idea pasó por su cabeza en aquel momento, no tenía manera de escapar más que a pie, al fin y al cabo. Y entonces su mirada se encontró con la ajena antes de verlo cercarse. Se deleitó brevemente con la agradable sensación de esa masculina voz susurrándole, pero más se deleitó con lo que dijo y su sonrisa lo delató sin contratiempos antes de escuchar sobre la policía. Cierto, la policía. Ahora fue su turno, lo sujetó del abrigo con sutileza y lo jaló hacia abajo sin real fuerza, acercándose a su oído con confianza –. Perfecto, te pagaré el favor por salvarme – susurró con suavidad, y seguidamente le entregó un muy fugaz y delicado beso junto al oído.

Sin darle tiempo a responder, se movió a su lado y avanzó hasta la esquina de la pared, observando al que se había ido en otra dirección, mientras el importante se había quedado cerca de la entrada, vigilando por su aparición. Perfecto. Avanzó altiva y confiada, contoneando la cintura con delicadeza coqueta hasta acercarse lo suficiente para ser vista. El hombre abrió los ojos como platos y seguidamente la boca, seguramente para gritar, pero ella le hizo una seña con el dedo para que guardara silencio, sonriendo sensualmente sin el menor complejo. Él aguardó, un tanto atontado, a que Mei se le terminara de acercar, y cuando ella estuvo frente a frente con el sujeto, subió ambas manos para apoyarlas en su pecho –. Por fin vienes – Siseó en tono bajo y sensual, mirándolo siempre a los ojos mientras subía las manos hasta los hombros –. Quería explicártelo, tu amigo se enojó tanto cuando le dije… – Continuó mientras se acercaba a su oído sin dificultad pues era más bien de su altura –. Que te prefería a ti – Finalizó antes de volver a alejarse y mirarlo mientras se mordía el labio inferior con una sonrisa juguetona. Él se quedó ahí quieto y callado con una mirada tan atónita que uno pensaría que algo así jamás le había pasado en la vida. Lo tenía donde lo quería.

Lo sujetó de la chaqueta para jalarlo hacia ella mientras retrocedía, fingiendo llevarlo al callejón de la esquina, donde esperaba oculto su real acompañante. Con esta acción pudo sentir brevemente el tintinear de las llaves en uno de los lados. Bingo. Cuando llegó cerca de la esquina, lo volteó sin demasiad fuerza y el desconocido quedó apoyado en la pared, en seguida movió sus manos por dentro de la chaqueta para comenzar a “quitarla” con lentitud tortuosa y en lo que la chaqueta caía, sujetó las llaves que quedaron colgando entre sus dedos. Sonrió y las puso frente a ella, a la vista del tipo –. Perfecto, gracias – Indicó con una sonrisa amable, y ante la perplejidad del contrario, lo tomó por los hombros y le dio una fuerte patada en la entrepierna para alejarse y dejarlo caer con un grito de dolor. Corrió hasta la esquina de donde salía ya el pelirrojo incentivado por la “señal” y le tomó la mano para incentivarlo a correr –. ¡Rápido! Tenemos como mucho dos minutos para encontrar el auto – Indicó divertida y se dirigió al estacionamiento que debía pertenecer al lugar, no había demasiados autos debido al tipo de establecimiento así que no sería difícil. Hizo sonar la alarma del auto y escuchó como uno de la derecha reaccionaba, sin embargo no pudo detectar de cual se trataba. Mientras seguían corriendo, hizo sonar una segunda vez el auto y notaron que acababan de pasar el correcto así que volvieron sobre sus pasos para subirse. Por supuesto que Mei se adelantó y fue a por el lado del piloto, colocando las llaves en su lugar y encendiendo el aparato lo más rápido que pudo –. ¿Listo? Espero que no te de miedo la velocidad – Mencionó con una sonrisa juguetona, justo antes de poner el auto en primera y partir.

De más está decirlo, salió disparada del estacionamiento y pasó por cerca de la entrada de antes, poco lo que pudo ver al pobre diablo que cayó ante sus encantos, encorvado y apuntando hacia el auto con uno de los amigos a su lado. Mei les hizo un saludo de mano y siguió el camino. Fue gracioso que el “sano” largara a correr, intentando perseguir al auto que ya iba en tercera. No demoraron mucho en perder de vista todo el barrio pero eso no provocó que bajara la velocidad en absoluto, a esas horas de la noche no había mucho tránsito y era todo más fácil. Hasta que un auto de policía más adelante les hizo señas para frenar –. Busca los papeles de esta cosa, veremos cómo sale – Indicó divertida, si podían pasar desapercibidos, vamos, sería genial. Aparcó el auto y bajó la ventanilla con una sonrisa discretamente coqueta –. ¿Qué pasa oficial? ¿Infringí alguna regla de tránsito? – Preguntó con tono fingidamente inocente, apoyando su mano izquierda desde la ventanilla hasta su pecho, apuntando un momento con su dedo índice antes de meter discretamente la punta de su dedo en el escote. El sujeto no era de fierro, y su mirada lo delató, pero no por eso dejó de cumplir su deber –. Una de sus luces falla, señorita – Indicó señalando con su lápiz hacia el lado derecho del auto.

Oh, dios, lo siento tanto – Volvió a responder la morena, y su rostro se tornó un tanto afligido –. Apenas noté el fallo ayer por la noche, y hoy estuve tan ocupada con todo, el médico demoró horrores en atender a mi madre y luego la universidad me comió la tarde y ahora llevar a mi primo que estudia vespertino y sale tan tarde de la facultad – se quejó como si en serio esos problemas fueran verdad o como si en algo le importaran –. Le prometo que mañana mismo voy a reparar el problema – Volvió a expresar una sonrisa cálida para el hombre, quien estuvo entre escucharla, verle los labios cundo hacían gestos o se mordisqueaban y checar si podía ver un poco más de escote. Sin embargo, en un último aliento, pudo percibir el olor a alcohol en la joven y enarcó una ceja –. Lo siento, señorita, pero necesito su licencia de conducir, los papeles del auto y que baje del auto para un alcotest – Ah, casi zafaba –. Por supuesto – Accedió e hizo ademán de sacarse el cinturón para abrir la puerta, momento en que el oficial se alejó un par de pasos y ese fue el momento, Mei se dedicó a apretar el acelerador de ahí en adelante lo más rápido que pudo para despistar a la patrulla que ahora le perseguía –. ¿Tienes idea de donde podemos ir para botar esta chatarra? – Consultó sin haberse llegado a pensar que a su acompañante no le gustara la idea de ser perseguido por la policía. Ahora que lo pensaba, ¿Qué persona en su sano juicio accedía a ese tipo de cosas sin siquiera refutar? Bueno, mientras menos enfadado estuviera él por lo que ocurría ahora, mejor se llevaría con ella –. espero que tengas buen estado físico, tendremos que correr un rato cuando dejemos el carro – Agregó con simpatía y desafío implícito, ¿Qué tanto estaría él dispuesto a aguantar? Ella se lo estaba pasando de lujo, pero quizás las cosas eran un tanto distintas para el pelirrojo, a saber, tampoco le importaba demasiado, sólo lo abandonaría si la situación se volvía problemática.
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Akaito Shion el Mar Ene 31, 2017 7:04 pm

Era natural en él meterse en esta clase de situaciones, casi como si fuera un imán para los problemas, incluso se podía decir que inconscientemente (o no tanto) él mismo los buscaba. Lo que hacía la diferencia en esta ocasión era que su cómplice se trataba nada más y nada menos que la joven a la que, se suponía, tenía que cuidar que no se metiera en precisamente este tipo de cosas, o por lo menos no terminara mal. No iba a negarlo, la joven era muy de su tipo, pese a estar plenamente consciente de que no se suponía que debía interactuar con ella. Mas no puso hacer nada para evitar un leve estremecimiento cuando ella le susurró algo al oído, antes de obsequiarle un beso junto a éste, a lo que no hizo más que dedicarle una sonrisa galante. Oh, ¿por qué tenía que ser tan condenadamente atrayente? Estaba claro que la chica sabía cómo usar sus encantos a su favor, y por ello no le sorprendió la técnica empleada para adueñarse de las llaves del auto, tal como le había sugerido. Fácilmente habría podido echarse a reír al ver toda la escena; la expresión del tipo no tenía precio, pero, ¿quién podía culparlo? Luego de ello no les quedaría más que echar a correr para buscar el coche y salir de una vez por todas del lugar. Evidentemente fue la muchacha quien se adueñó del volante, puesto que ella traía las llaves, por lo que él se limitó a ocupar el asiento de copiloto sintiendo cómo la adrenalina del momento comenzaba a fluir por sus venas. ¿Y cómo no?

Así que simplemente disfrutó el momento y el sonido del rugido del motor, colocando sus brazos despreocupadamente detrás de su cabeza. Al menos hasta que de camino contaron con la grandiosa suerte de encontrarse con una patrulla que los hizo detenerse. «Maravilloso» pensó, aunque sin borrar la sonrisa en su rostro, e hizo lo que la otra le indicó, pasando a abrir discretamente la guantera del coche. No le sorprendió que los papeles no se encontraran allí; en su lugar, le esperaba otra clase de sorpresa. Ya tenían pinta de estar metidos en cosas ilegales. Pero bueno, no es como si él fuese la persona más adecuada para juzgar eso. Tras dedicarle una mirada a la morena, simplemente aguardó a que hiciera de las suyas una vez más. Era divertido ver cómo el policía trataba de disimular las miradas que le entregaba a la joven, siempre lo mismo con esos sujetos. Pero justo cuando creyó que estaban librados, la situación dio un giro y ahora se encontraban yendo a máxima velocidad con los policías detrás de ellos. Dudaba que a estas alturas la cosa pudiera ser más divertida—. Descuida, tengo años de experiencia en esto de escapar de policías —bromeó, bien era cierto que había estado en situaciones similares más de una vez, pero no era como si pasara todo el tiempo, ¿verdad?—. Y en cuanto al lugar… bueno, eso depende de lo que quieras hacer después —agregó con picardía. Y por un momento se preguntó qué pensaría el padre de la joven si viera que su “protector” le estaba tirando los tejos tan descaradamente. Posiblemente lo ahorcaría.

Oh, bueno, no era tan importante. De todas formas no tenía por qué saberlo, ¿verdad? Tenía que concentrarse en la situación actual, lo primero era despistar a la patrulla que los seguía—. Podríamos dejarlo en algún callejón y luego ir por una hamburguesa. No creo que este trasto sirva ni para apostarlo —se encogió de hombros con su típico aire despreocupado y sonrisa burlona, consciente de que ésa sería definitivamente la peor forma de invitar a “cenar” a una muchacha. Vamos, tampoco lo decía tan en serio. Pero todavía seguía escuchando las sirenas detrás de ellos y eso era un problema; al menos el sonido era más distante que al inicio. Quizá unos cuantos cambios de dirección y giros entre calles los despistaría. Y cuando parecía el momento ideal para dejar el auto, la joven lo aparcó en un callejón cualquiera. Segundos después corrían lo más rápido que sus piernas les permitían, tratando de “perderse” entre los callejones para no dar indicios de su paradero. De esa manera bajaron unas cuantas calles más, dejando que el azar los guiara en su recorrido porque ambos eran nuevos en la ciudad y ninguno tenía ni la menor idea de dónde estaban. No tardaron en volver a escuchar a la patrulla, mas ésta pareció seguir de largo sin siquiera asomarse al sitio donde había quedado el auto, por lo que el sonido terminó perdiéndose en la lejanía. Aparentemente estaban a salvo.

Hm, tan ineficientes como siempre —mencionó con burla, enfocando seguidamente su atención en la joven a su lado—, pero aun así no hay que confiarnos demasiado —y con un movimiento de cabeza le indicó que siguieran andando, al menos ahora ya no sería necesario correr. Por lo menos esta vez la suerte estuvo de su lado, pronto divisaron en la lejanía una especie de bar, al menos con un mejor aspecto que el local del que recién habían escapado—. ¿Qué tal otro trago para celebrar nuestro triunfo? La noche aún es joven. Además, toda esta persecución me dio sed —sugirió de buen humor—. A menos que tengas en mente un sitio mejor —y era obvio que no, pero tenía que parecer “natural”. Terminaron encaminándose al sitio señalado, y nada más entrar le agradó notar algunas mesas de billar al fondo, además de uno que otro grupo de personas jugando al póker. Nada mal. Las cosas también podrían ponerse interesantes por aquí—. Quizá no sea tan mala idea apostar el auto, después de todo —habló medio en broma, con un tono confidente que sólo ella escucharía. Luego de todo el alboroto anterior se le hacía extraño encontrarse con un ambiente tan… pacífico, si ignorábamos a los borrachos en las mesas del fondo en las que también había una que otra pareja apasionada. Pero, a comparación de lo anterior, esto no era nada. De momento simplemente avanzaron hacia el interior del local, yendo directamente a la barra—. Danos lo mejor que tengas —pidió simplemente al llegar, suponía que no era necesario aclarar que él invitaba. Mientras esperaban, se recargó de espaldas en la barra, en una pose relajada—. Así que… ¿te persigue la policía a menudo, chica problema? —inquirió con una amplia e inofensiva sonrisa.
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Zatsune Mei el Lun Mayo 01, 2017 10:27 pm

No podía ni quería negarlo, este pelirrojo le caía cada vez mejor y la sonrisa en su rostro la delataba. El que la invitara por una hamburguesa le indicaba que a él también le agradaba ella y eso la complacía de sobre manera. Más aún la complacía el hecho de que acababan de perder a la policía, que pasó cerca de ellos y siguió de largo aun buscando la chatarra de antes. Lo importante ahora era encontrar un lugar para pasar el rato y, como si pudiera leer sus pensamientos, el chico a su lado le apuntó un lugar que lucía bastante bien. Claro que, cuando le preguntó si tenía un mejor lugar en mente, su propio cuarto pasó por sus pensaientos como si nada y ella sonrió coqueta –. Por ahora ese bar suena bien, ya veremos luego – Respondió sugerente y lo miró de reojo, bajando la mirada a sus pies y volviendo a su rostro rápidamente de forma sutil, pero evidentemente coqueta.

En cuanto entraron, se percibió el buen ambiente que los rodeaba, lugar agradable. Mei se sentía como en casa y lista para un buen par de tragos que el pelirrojo no demoró en pedir para ellos, en respuesta ella le sonrió complacida y se apoyó de frente en la barra, opuesta al pelirrojo y sonriéndole desde su lugar junto a él para escuchar la pregunta –. Uh, ¿Y si así fuera? – consultó con una sonrisa sugerente y mirada directa a los ojos ajenos, luego desvió la vista al bar –. ¿Qué hay de ti? Recuerdo haber escuchado sobre tu “experiencia” siendo perseguido – Dijo bromista en lo que recibían sus tragos. Sonrió al barman con su usual sonrisa en agradecimiento, más aunque era guapo y le devolvió la sonrisa, no le prestó mucha atención ya que el pelirrojo a su lado era bastante atractivo y llamativo, lo suficiente para llevarse la mayor parte de sus miradas.

Tomó ambos vasos y se giró hacia él, ofreciéndole su vaso para, en canto lo tomó, chocar cristales en un discreto “salud” para beber el primer trago, con el cual se llevó más de la mitad del contenido para dejar el vaso sobre la barra con los ojos cerrados, suspirando al tragar –. Delicioso – Confirmó satisfecha ante el sabor y con una bella sonrisa, mirando los labios del ajeno mientras lamía discretamente el costado de su labio inferior. –. ¿Y bien? No me has dicho tu nombre, ¿O debo llamarte caballero en roja armadura? – Bromeó divertida, respecto a su ayuda de antes –. Puedes llamarme Keira, por cierto – Se presentó con un nombre falso, cosa que solía hacer por temas de seguridad para que los chicos con quienes estaba no la volvieran a encontrar, y esperó por la respuesta del ajeno, ofreciéndole la mano en saludo.

En cuanto estaban presentados, terminaron sus tragos y Mei miró las mesas de billar para voltear hacia el pelirrojo divertida –. ¿Sabes jugar? – Consultó animada, ella tenía bastante experiencia en esos juegos por apuestas y demases, pero aun así –. Yo no sé jugar para nada, ¿Me enseñas? – Mintió para usarlo como excusa al escuchar la positiva ajena y, sin realmente esperar por una respuesta, habló al barman para que les entregara las bolas de billar con una tiza, los palos estaban todos a la mano en la zona de las mesas. En cuanto el hombre les entregó la caja correspondiente, Mei la tomó con una mano y con la otra tomó la mano ajena para guiarlo a una mesa con borde rojo que encajaba con ellos.

En seguida comenzó a acomodar las bolas de billar mientras el pelirrojo escogía un palo adecuado para cada uno y comenzaron, él explicándole algunas cosas básicas y ella fingiendo que iba entendiendo, como si no supiera ya. Pronto llegó la hora de comenzar la práctica, momento en que ella se acomodó (Erróneamente, por supuesto) para dar el primer golpe a la bola blanca y esperó a que él la instruyera en cómo sujetar correctamente el palo para golpear. Pronto la instrucción pasó al descarado coqueteo, colocándose él tras ella y pasando los brazos a su alrededor para ayudarla a acomodarse como correspondía sin necesidad de mucho incentivo, por supuesto, de no haberlo hecho ella directamente hubiera tomado sus manos para guiarlo a que lo hiciera. Ya apegados y con las manos juntas, el pelirrojo la ayudó a dar el primer golpe certero, que hizo chocar estridentemente las bolas de colores para esparcirse por la mesa.

Mei sonrió complacida mientras él se apoyaba en la mesa sin aun alejarse, entonces ella aprovechó para voltear hacia él, habiendo dejado el palo sobre la mesa para quedar frente al joven, apoyando las manos sobre las ajenas para evitar que se alejara –. Parece que eres un gran profesor, me pregunto… ¿Cómo puedo pagarte? – Consultó seductora, mordisqueando el costado de su labio inferior mientras lo miraba a los ojos. Por supuesto, la parte de coquetear le encantaba y tenía unos fuertes deseos de besarlo, pero si había algo que le gustaba más era que le coquetearan y la buscaran, buena razón para volver a voltearse lentamente, sin dejar de mirarlo hasta que volvió a quedar frente a la mesa para tomar nuevamente el palo de billar –. ¿Qué debo hacer ahora? – preguntó con cierta inocencia, mirándolo por sobre el hombro un momento.
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Re: ¿Encuentro casual o destinado desastre?

Mensaje por Tema Cerrado el Sáb Jul 01, 2017 7:16 pm

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