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▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

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Mensaje por Sans W.D. Gaster el Lun Mar 14, 2016 9:26 am

Un niño de 150 centímetros, ¿cómo podrías sospechar, incluso preocuparte, de un ser que mide aquello y tiene once años? Explicarlo tomaría un rato, pero en términos sencillos, aquél chico de ojos tóxicos tenía una inocencia retorcida. Sí, sí, entiendo, ¿cómo puede ser eso posible? La inocencia en sus definiciones explica que es una condición de la que se está libre de culpa o pena, es la carencia de malicia… Entonces, ¿cómo puedes juntarlo con una palabra como la que es “retorcido”? Al igual que cualquier otro niño, su psicología era infantil, era egoísta y parecía que su crueldad era innata, como si nunca nadie le hubiera dicho que actuar de tal forma estaba mal en sociedad. Si a un león lo dejas sin alimento y en algún punto llega a sentir el hambre es lógico que por mucho que te tenga una estima te dará una mordida por sus instintos, pues más o menos eso era lo que ocurría con el chico de cabellos castaños. Le abrió las puertas y acogió en brazos a un dolor de cabeza, un minino descuidado, berrinchudo y vaya que ya tenía suficiente con su propio hermano, de haber tenido una descripción más acertada y previa de lo que era la realidad acerca de su ser se hubiera pensado dos veces haber aceptado en cuidarlo, más que nada, una parte de él se sentía en deuda con Toriel por haberle ayudado tanto, era una forma de apoyarla y por desgracia era ya una promesa, con lo mucho que le disgustaban—. ¡Hey! ¿Tu nombre es Chara, correcto? Yo soy Sans y ése que viste pasar corriendo es mi hermano Papyrus —oficialmente ya se podría considerar que estaba instalado y que este sería su hogar, no había más familia Dreemurr por allí; no más Asgord, Toriel o Asriel, simplemente esa pequeña “cosa” adoptada. Iniciar de una manera agradable era lo mejor ya que luego de sus palabras le tendió la mano amistosamente esperando un apretón por parte del contrario, le esperaba una eléctrica sorpresa.

Papyrus tan pronto había corrido hacía la cocina con gran prisa más que prestarle atención a el nuevo inquilino que viviría bajo su mismo techo resultaba inusual de su parte, todo se aclaró en cuanto comenzó a oler que algo se quemaba. La expresión de Sans parecía preocupada, incluso sentía que las gotas de sudor iban a recorrer por su frente, pero eso sí, mantenía esa sonrisa que ya no venía al caso— espera un momento —dijo al pequeño de suéter verde, dejándolo fuera de su vista unos minutos en lo que iba y abría una de las ventanas, sin correr, pero con pasos largos. La calma con la que se tomó eso no era como para relajar a alguien, eso bien indicaría que estaba más o menos acostumbrado y que por lo tanto lo que le esperaría al otro sería una vida “interesante”. No se pasó inmediatamente a con el chico luego de cometer tal acción, sólo una mirada y un comentario rápido que podría ser desentendido fácilmente fue lo que le dirigió— puedes ponerte cómodo, niño —fueron sus palabras. Se introdujo a la cocina, informarse de lo que había ocurrido con exactitud era probablemente algo necesario aún cuando tenía una idea formada, pero tal como se esperaba, lo que había provocado tal daño eran las “clases de cocina” de su hermano, su práctica para ser más precisos, ya que su maestra y amiga de ambos no estaba presente por el momento, pero en serio, ¿qué rayos le estaba enseñando? ¿Cómo consigues eso al hacer un simple cereal? La fórmula era simple: Un tazón, cuchara, leche y cereal, no tiene ciencia. El hermano mayor no se enojó, ¡al contrario! parecía feliz de que nadie haya muerto ese día y qué bueno, quedaría muy-muy mal si el primer día que tenía a Chara consigo lo asesinaba, más cuando aún ni llevaba la hora allí.

Volviendo con el invitado con su hermano ya acompañándolo a su lado se presentó oficialmente por su cuenta alardeando de su grandeza pero con aquel toque amistoso y de gentileza que poseía. Unos cuantos comentarios y preguntas nada discretas atacaron al pequeño; “¿Qué crucigramas te parecen los más complicados? ¿Te gustan los puzzles? ¿Te gusta el spaghetti? Porque yo: el gran Papyrus, adora el spaghetti…” Entre otras cosas, incluso se atrevió a ofrecerle de aquel cereal que recién había hecho Dios sabrá cómo. Tampoco estaba muy seguro de querer enterarse. No se espero a que como una persona sensata el niño se negará luego del espectáculo ocurrido ya que para entonces ya había vuelto a correr hacía la cocina a revisar si efectivamente le convencía presentar su platillo. Sans suspiró alegre y se sentó en el sofá que según él le había ofrecido antes al momento de decir que era libre de ponerse cómodo—. Disculpa toda aquello—se refería a la intromisión a su privacidad y cómo es que casi moría hoy, pero claro que no iba a indagar demasiado en el asunto por si acaso no lo había notado, después de todo ni siquiera era un adolescente— ...Papyrus puede ser un tanto demasiado activo y a veces no se da cuenta cuando está invadiendo el espacio personal ajeno, pero, podrás haber comprobado que es una buena persona. Estarás bien aquí —se tomó la libertad de despeinar sus cabellos como si de un cachorro se tratara, aunque muy arreglados antes no estaban.

No veo que trajeras mucho equipaje, ¿es que más tarde enviarán lo demás? —no le habían avisado de aquello pero tampoco le parecía mal si así era—. Es verdad, supongo que estás esperando a que te diga dónde es que dormirás, ¿no? Sígueme —se levantó sin muchas ganas puesto que ya se había quedado muy a gusto en el sofá, qué se le iba a hacer, había que atender el deber para así más tarde poder pasar haciendo otras cosas además de darle atención al contrario. Caminó, pero no hacía las escaleras que conducían al segundo piso como era de esperarse, a cambio lo llevó sospechosamente a algo que parecía un garaje, al entrar podía verse que había dos platos en el piso: uno con agua y otro con comida que no parecía para humanos, además de una colcha para mascotas, bastante bonita aunque eso no quitaba que tampoco había sido diseñada para los de su misma especie—. ¿Y? ¿Qué opinas al respecto? ¿Te has quedado mudo? Sabía que te gustaría, bueno, te dejaré para que te vayas acomodando… —eso tenía que ser una broma, no había manera posible de que estuviera serio respecto al hecho de que el hijo adoptivo de su amiga se quedaría en tales condiciones. En cuanto salió de allí era entendible si el recién llegado comenzaba a maldecir en su cabeza o llorar, lo segundo presentaría más un problema, sin embargo no fue mucho tiempo para que regresara el menor de los hermanos a “rescatarlo” de aquel sufrimiento, haciéndole ver que en efecto no era verdad y de paso contándole una historia sobre Sans y una piedra-mascota... El mayor de los albinos por su parte estaba esperando al otro lado de la puerta a que éste se diera cuenta por sí mismo, por supuesto que cuando Papyrus le preguntó por la locación no tuvo problemas para decirle que allí se encontraba—. Así que te diste cuenta —¿cómo no iba a hacerlo si hasta descaradamente dejo que el tercero entrase? Lo preguntaba así, descaradamente, sabía lo que había hecho y no le importaba, le satisfacía —descuida, tu verdadera habitación está subiendo las escaleras. Tu madre ya se había encargado de venir antes a arreglarla —finalizó. Esta vez se encargó de guiarlo a su verdadero destino.
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Re: ▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

Mensaje por Chara Dreemurr el Sáb Mar 26, 2016 10:05 am

Cualquier persona con un mínimo de sentido común podría notar en la expresión de su rostro que no estaba de muy buenos ánimos en ese momento. La razón era bastante sencilla: el viaje en avión había resultado un suplicio. Por supuesto que tenía derecho a quejarse, ¿qué clase de monstruo sin corazón dejaba solo a un niño en un viaje de aproximadamente diez horas hasta Francia? Claramente estaba exagerando, nada más resultaba que su madre en especial era una persona práctica. Y se encargó personalmente de despacharlo al aeropuerto, revisarle los bolsillos y comprobar que no tuviera ningún objeto corto-punzante consigo para el viaje. Tch, nunca lo dejaban divertirse. Su asiento estaba ubicado entre un viejo gordo y barbudo con características de diabetes (resultaba una verdadera lástima que no tuviera ni siquiera una aguja para pincharle los pies), y un niño de relativamente su edad. Tal vez el pobre imbécil hubiera tenido mejor suerte de sentarse al lado de cualquier otro pasajero que no fuera él, pero de todas maneras, consiguió hacerlo llorar un poco y su ración de snack para el viaje. Estaría extremadamente complacido de saber después si fue o no la razón por la que el otro desarrollara una fobia ligera a volar, ¿quién no lo haría con todos esos índices de accidentes y muertes anuales? Fue divertido las primeras dos horas de viaje, pero después ni siquiera fue capaz de conseguir más de tres horas de sueño decente con las turbulencias y los ronquidos del tipo gordo.

Eso lo hacía estar de extremo mal humor, o mejor dicho, fatigado y con deseos de una merecida siesta. Entonces, cuando finalmente arribó a lo que a partir de allí sería su nuevo "hogar" (todavía torcía una mueca al pensarlo), se quedó un tiempo observando con atención a los únicos otros dos habitantes de allí, ambos sujetos demasiado altos para su gusto. Cuando el más alto ellos corrió directamente a la cocina, tuvo la sensación de ése era el perfecto idiota de la casa, y el que se quedó a recibirlo, su niñera. Embozó una pequeña sonrisa al pensar en eso, y tomando en cuenta sus mejillas sonrosadas y expresión de angelito, el gesto habría de hacerlo parecer una cosa adorable vestido en un suéter de color verde. Qué maravillosa primera impresión, hasta que abrió la boca para hablar—. ¿Sans, Papyrus? ¿De qué programa de caricatura salieron sus nombres? —su voz había sonado en extremo dulce mientras continuaba sonriendo, pero tenía cierto toque mordaz no difícil de distinguir. Aceptó la mano que el sujeto de cabellos blancos le ofrecía, y su gesto sonriente cayó tan pronto había sentido la pequeña descarga eléctrica en el apretón. De inmediato retiró la mano, sin importarle demasiado si fuese descortés o algo por el estilo, seguramente era mucho más descortés gastar ese tipo de bromas sin gracia a la gente—. Oh, así que eres un comediante. ¿Lo haces a menudo? —deslizó la palabra con taciturna neutralidad, de tal forma que era complicado distinguir si era un halago o un reproche. Quizá sólo podría deducirse por la irritación creciente en su tono, presentía que Sans era el tipo de persona que daba cuenta de esos detalles. Al menos, eso auguraba ser divertido.

¿Acaso Toriel lo había enviado a una casa de la risa? La posibilidad no se le hacía tan ridícula, de alguna manera uno de los sujetos se las había arreglado para quemar algo en la cocina en los apenas cinco minutos que llevaba en ese lugar, a eso incluso podría llamársele una especie de talento (completamente inservible). Tampoco le sorprendió que el comediante se dirigiera a abrir una de las ventanas con ligero gesto de nerviosismo, a pesar de que la lentitud de sus movimientos lo hacían parecer un completo perezoso. Recuperó su expresión risueña, pues pronto tuvo que aguantar las ganas de reír, ni siquiera él estaba muy seguro de por qué se molestaba en mantener la fachada—. Por supuesto, ve, antes de que tu hermano queme la casa —se despidió del sujeto mayor, nuevamente con una sonrisa quizá demasiado amplia para lo que estaba implicando en esa oración. Porque no había sonado como una broma. Al observar al mayor perderse de vista, probablemente ya en la cocina, se pregunto qué iba a ser lo primero que haría en ese lugar: podría escaparse por la ventana que el otro dejó abierta, sólo ver la desesperación en sus rostros cuando el niño al que tenían que "cuidar" se había esfumado en menos de quince minutos. Sí, era una posibilidad, pero no estaba armado para ello. Su cuchillo estaba en el fondo de su maleta, y prefería esperar a volver a tocar ese metal frío antes de fugarse. Así que en su lugar, hizo la segunda cosa que se le ocurrió: se sentó en el sofá de un salto, y acomodó la cabeza como si fuera a quedarse dormido.

Podría matar por una siesta, y el pensamiento parecía peligrosamente literal cuando nuevamente fue interrumpida su tranquilidad por el par de hermanos, esta vez el más alto de los dos se presentó por sí mismo, innecesariamente ruidoso; y ya le quedaba completamente claro que era un idiota sin remedio cuando no dio indicios de reconocer su mirada amenazante, hasta tuvo el atrevimiento de ofrecerle cereal quemado. Tanta simpatía de un par de perfectos desconocidos le asqueaba, porque le recordaban vagamente a su familia adoptiva que acababa de deshacerse de él justo como sus padres biológicos. Absolutamente maravilloso. Tanto que se empezaba a preguntar dónde estaban los cuchillos. Antes de que se diese cuenta, nuevamente estaba a solas con el más bajo de los hermanos, parecía de los dos el único con unas pocas neuronas suficientes para racionalizar que quizá no era buena idea dejar a un niño completamente solo en su nueva casa: ellos no tenían ni idea. Casi estaba tentado a conservar la fachada de gatito inofensivo para poder morder y arañar muy fuerte después, pero eso resultaba un poco difícil luego de comprobar lo irritante que le parecía ese sujeto. ¿Por qué, exactamente? Tal vez era la forma que sonreía en su dirección, como si realmente pensara que iba a estar bien en ese lugar pese a su propia expresión estoica; prácticamente le gruñó en silencio cuando se atrevió a revolverle los cabellos así nada más—. Podría simplemente clavarte un cuchillo en el pecho, comediante. Pero apuesto que no te dejas matar tan fácilmente —lo que sonaba como una amenaza, efectivamente lo era. Ya ni siquiera estaba siendo sutil, sacado un poco fuera de contexto, sus palabras sonaban tan simples como sería un agradecimiento banal a su hospitalidad.

Continuó sonriendo con aquella escalofriante expresión suya, en parte porque era hilarante que después del pequeño diálogo de todas maneras el mayor estaba en obligación de dirigirle a su no-temporal morada. Guardó silencio, al menos para disfrutar de la idea que tendría un sitio donde echarse a dormir unas cinco horas de siesta cuando el otro se retirara. Sin embargo, había tenido un mal presentimiento apenas obviaron las escaleras para caminar directamente al garaje. Efectivamente, allí había una colcha en el suelo y un par de platos con comida y agua dispuestos a su consumo. Ni siquiera tenía que preguntarlo, debía ser una broma. Y ya no le cabían dudas de por qué le desagrada tanto el maldito comediante. Ni le dirigió una palabra cuando lo dejó allí, tan sólo sintió la necesidad de tomar la colcha y desgarrar la tela profundamente con un objeto filoso. En su lugar, siempre podría usar las manos, sus pequeños dedos eran útiles para destruir cosas cuando se le antojaba, así como arrancar todo el algodón que pudo. Así cuando Papyrus entró en la habitación, hablando sobre más tonterías que no le interesaban y ¿una piedra mascota?, hizo lo que había hecho hasta ahora: ignorar al idiota y caminar directamente hacia el comediante—. Sin duda tú te crees muy, muy gracioso, ¿verdad? Por cierto, se rompió —escupió las palabras, y sin rastro de delicadeza pasó a dejar la colcha desgarrada en manos del adulto, como si fuera su absoluta responsabilidad arreglarlo sólo porque él se lo ordenaba—. No quiero ir a mi habitación todavía —declaró de la nada, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, parecía a punto de ejecutar un berrinche—. Tengo hambre, y quiero chocolate.  ¿Tienen?—miró alternativamente a ambos hermanos, detestando el hecho de tener que levantar el cuello debido a la diferencia de altura. No se estaba esforzando particularmente en ser adorable, pero habría de ser una cualidad innata para que incluso luego de su comportamiento grosero, el adulto al que tenía identificado como el idiota se ofreció rápidamente a llevarle un poco desde la tienda. Había sido convenientemente fácil—. Mira, tu hermano es muy servicial. ¿Lo entrenaste tú? —se burló sutilmente, o quizá no tanto, acompañado con una risita pequeña. Sería buena idea salir del garaje en ese momento.
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Re: ▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

Mensaje por Sans W.D. Gaster el Miér Abr 20, 2016 9:48 am

La auto-presentación llegó puesto que no era necesario que el pequeño lo hiciera, ya a esas alturas sabía perfectamente quién era y de dónde venía, bueno, al menos su nombre porque tampoco era como si hubiera registrado los antecedentes de éste, y aún así, ¿qué tanto historial podría tener un niño de once años? Parecía bastante decente hasta que se le ocurrió hacer un comentario desagradable, pero en fin, era un niño y los niños hacen esa clase de comentarios sin medirse, así que lo dejo pasar. No le comentó nada al respecto puesto no creía que fuera necesario, más sin embargo sí era perceptible la incomodidad por la mueca que tenía. De todas formas eso no iba a hacer que tirará a la basura la ocasión de realizar una pequeña broma eléctrica. Lógicamente al sentir la descarga parecía haberse sorprendido, enojado cuando hizo aquél comentario que era más propio de un adulto al sonar algo sarcástico. Se había cobrado aquello y sin realmente haberlo planeado, vaya-vaya, qué oportuno había sido todo—. Nah, no pasa muy "a menudo" —eso era claramente una mentira que no conocía el descaró, de haber estado presente cualquier persona que tuviera ya tiempo conociéndole le acusaría de decir tal barbarie con tanta naturalidad, era casi como si el albino no pudiese vivir sin hacer bromas o chistes malos, era como su nicotina. No le podían quitar eso, ni siquiera era algo agresivo para tomar represalias, claro que la pequeña descarga eléctrica es una excepción y aún así no es nada grave. Mala suerte la que había tenido el mocoso, ¿no?

La conversación no se extendió lo suficiente por problemas técnicos ocasionados gracias a su hermano de enorme estatura, y claro que el niño lo había entendido a la perfección que su oración dejaba claro que era una criatura bastante pesada, y eso sólo habían sido las primeras impresiones que tenía acerca de él. Había entendido la situación a la perfección y mantenía una tétrica sonrisa en el rostro como si luego de saber lo que podría pasar aún así no le importara... ¿Estaría pensándolo demasiado? es que vamos, por el momento no calificaba como "monada", y más que ganarse puntos los estaba perdiendo, aún así no iba a dejar que esos pensamientos lo dominarán, no aún, quizá sólo estaba siendo prejuicioso, era mejor pensar eso a que su "nueva adquisición" fuera un pequeño bastardo. Al regresar de la cocina ya ambos hermanos con el pequeño fueron bastante considerados y agradables, podría considerarse, es verdad que su hermano se emocionaba de más muchas veces, pero eso era parte de su encanto y lo que te hacía quererlo. Es verdad la mayor parte de su vida pecaba de inocente, por suerte Sans solía siempre estar a su lado, y siendo él bastante avispado notaba cuándo una situación era desfavorable o que una persona había hecho x cosa con todo el afán de joder más que por un simple error o confusión. Esto lo hacía ser un poco desconfiado, no lo iba a negar, pero uno de los dos tenía que saber lidiar con esos comportamientos y tomar acción ante ellos, ya que como verás al peliblanco le gustaba tomar lo que se dice "ojo por ojo, diente por diente". ¿Venganza? No, eso era lo justo. Es lógico que como nos trates, te trataremos. Teniendo en cuenta esa psique que a pesar de no ser malvada, era agresiva si se le empujaba a tal punto era lo que convertiría la vida de esos dos en un campo de batalla y eso aún ni siquiera quería pensarlo cuando mencionó el hecho de que podía matarlo. Bastante agraciado el ángelito— Heh, no tienes ni idea, niño. No tienes ni idea —su semblante se hizo más oscuro, no es como que le hubiera caído en gracia que dijera eso con tanta naturalidad siendo que aún ni se había establecido y aún así tuvo la amabilidad de haberle contestado, sonaba a como si tuviera toda una vida de experiencia llena de tragos amargos, cosa que no era una mentira.

La seriedad de Sans crecía a cada minuto que el castaño hablaba, era como si esa cosa fuera una pequeña bolita de odio y rencor acumulado. ¡Joder! Pero repito, que tiene once años, ¿qué clase de cosas le pueden pasar a un niño de su edad? Eso inmediatamente le había hecho pensar que en su adolescencia no todo fue tan sencillo como hubiera deseado, tampoco es como que supiera por lo que había pasado el otro, después de todo con él ya era la segunda familia adoptiva que tenía. Eso debería hacerlo sentir como si lo estuvieran botando constantemente cuando se supone que las familias son para toda la vida, intentaba ponerse en sus zapatos muy fuerte para no condenarlo terriblemente desde ya. Qué lo tenía que cuidar por quién sabe cuánto tiempo... De hecho, sí, ¿por cuánto tiempo? ¿Es que acaso ya se había arrojado a sí mismo a un crío hasta que llegará a la mayoría de edad? Allí es cuando sentía el nerviosismo invadirlo otra vez, la culpa de no leer los "términos y condiciones" antes. Ya era tan común darle aceptar a las cosas sin leer la letra pequeña que no se le ocurrió preguntarle eso a Toriel, tsk. Decidió llevarlo a la segunda broma que tenía preparada y si es que antes existía algún sentimiento acerca de aprovecharse del menor, era seguro que ya no se encontraría más. Lo dejo un rato adentro del garaje, más se espero allí al otro lado de la puerta hasta que el otro por sí solo se diera cuenta, aunque ahora simpatizaba más con la idea de efectivamente dejarle ese lugar como su nueva habitación si no fuera porque seguro le llegaban los de protección infantil o algo similar, esos sujetos se entrometerían porque no saben a qué se enfrentan, basta dejarlo hablar unos minutos para saber que se necesitan tomar medidas más drásticas—. Creo que viene a ser más un hecho que una creencia —satisfecho, con esa sonrisa nada forzada en su rostro por haber logrado hacer enojar a un niñito. Bravo, Sans, porque eso es lo que hace un adulto maduro. Ni siquiera le dio mucha importancia al factor de que había destruido el cojín, pero sí le llamó la atención el cómo había conseguido aquello, ¿acaso ya había venido armado? Así empiezan las películas de terror, ¿vale? Hay un niño creepy con problemas psicológicos rondando en una casa y seguramente el primero en morir sea Papyrus por bonachón. Sus pensamientos obviamente habían ido por el ámbito cómico, así que pensar tal cosa como la muerte de su hermano no había sido algo que le hiciera derramar lagrimas por la forma en la que se planteó.

Afortunadamente para el chico su estadía había sido relativamente corta y digo relativamente porque hasta se puso a sacarle el relleno a un cojín indefenso, ¿qué pasaría si no hubiera estado jugando? Adiós cama, hola suelo—. No, no tenemos, ahora ven conmigo antes de que cambie de opinión y decida hacer del garaje tu verdadero hogar —lo dijo con un poco de fastidió ante su berrinche, porque sí, ahora es cuando se decidía por actuar como un niño normal, claro que Papyrus por su parte regañó a Sans por decirle cosas "crueles", él lo veía más como explicarle la realidad, y bien merecida después del repertorio de frases. No obstante, el hermano menor salió apresurado a la tienda para complacer el capricho. No se le podía hacer nada a eso ya que en verdad quería hacerlo, lo desagradable de todo fue que aún viendo que uno de los dos había sido lo bastante bueno como para sí hacerle caso aún se le ocurriera decir algo así—. Preguntando por entrenamiento, ¿eh? ¡Vaya! No creía que estuvieras interesado en tal cosa —mencionó mientras miraba la puerta por donde había partido su hermano, para luego dirigirla hacía él con aquella sonrisa que seguía intacta, pero su mirada; su mirada parecía fría y su ceño estaba fruncido, el hecho de que aún cuando se molestaba pudiera conservar su sonrisa hacía todo un poco más retorcido— pero, ya que lo mencionaste, no me molestaría en lo más mínimo darte a ti uno —finalizó. Esa frase era la que había dejado una pausa de por medio hasta que volviera a insistir con lo de la habitación, dando unos pasos para adelantarse al destino—. Dices que no quieres ir, qué mal, bueno, supongo que entonces no te molestará que vaya solo a ella para encontrarme con todos los regalos que seguramente no te mereces, conociendo a tu madre habrá dejado un montón de cosas dulces —y dicho eso, subió las escaleras y efectivamente se metió al espacio del castaño: El lugar estaba bastante ordenado y apetecible como para ponerse a echar una siesta, sobre todo cuando eres un perezoso de primera categoría, claro que no era mucho su estilo al tener tantas cosas infantiles por todos lados, le hacía preguntarse si de verdad Chara jugaba con esas cosas, ahora se le hacía más difícil imaginar eso, quién sabe, igual y sólo le daba por desfigurar cojines ajenos y ya: Error, aquello terminó por esfumarse en cuanto al tomar uno de los peluches observo que estaba enmendado, como si alguien ya hubiera hecho de las suyas con él—. Y por está clase de cosas terminarás siendo el tal "Sid" de Toy Story. ~

El tiempo no había corrido lo suficiente y seguía sintiéndose ansioso de que el mocoso no acudiera de una vez a "clavarle un cuchillo", que ya casi y estaba considerando a tomarse una siesta sobre sus cobijas limpias, y de esculcar para entretenerse ya había visto suficiente, no era demasiado interesante lo que habían dejado allí, tan sólo parecía la habitación de cualquier otro infante. Algo que sí notó y pensó que serviría como carnada era la canasta que tenía allí con varios chocolates de diferente tipo. Tomó uno y la envoltura la volvió a revolver con los otros que aún no estaban abiertos, teniendo allí el cesto de basura cercas por alguna razón lo otro resultaba una mejor idea—. ¡Yo que tú venía! —gritó con la boca llena, eso hizo que sonará un poco extraño, pero seguía entendiéndose el mensaje—. ¡Y corriendo! A no ser que quieras que me acabe tus dulces —incitó más al pequeño león, estaban invadiendo directamente su nuevo territorio y con todas las ganas de verlo furioso por ello, eso seguro no era correcto y qué bueno que su hermano aún no regresaba o ya el plan se hubiera ido por un tubo, ahora lo que más importaba es que si no venía antes de que se acabará de comer sus cosas pues tendría que ir a buscarlo e investigar qué otra cosa habría arañado ya.
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Re: ▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

Mensaje por Chara Dreemurr el Dom Oct 16, 2016 2:49 am

Si tuviera que describirse a sí mismo, probablemente se descantaría por llamarse una especie de oveja negra en cualquier lugar que estuviera, porque al parecer ni siquiera su segunda familia adoptiva pudo soportarlo lo suficiente para aplacar sus malos hábitos, y le habían cargado el problema a algún ingenuo en otro país que prometió hacerse cargo de un pequeño demonio como él. ¿No era un poco triste? ¿Un hecho hilarante? Ni siquiera él quería estar allí, el adulto tampoco querría tener muchos deseos de recibirlo, percibió el cambio en su mirada apenas soltó el primer comentario desagradable, ¡y por supuesto que no se había detenido allí! Porque presionar las cosas hasta el límite se trataba de su especializar, tan desagradable como podía tornarse su comportamiento y tan fuerte podía llegar a reír si se le daba la oportunidad. Lo más divertido de la situación es que el otro estaba obligado a cumplir, quisiera o no. Y definitivamente tenía que aprovecharse de una circunstancia tan beneficiosa. ¿No se lo merecía? El viaje en avión había sido tan largo, después de todo. Había pasado ya muchas horas sin un lugar de descanso decente y sobre todo, sin una buena dosis de azúcar que le permitiera continuar disfrutando de su miserable pero entretenida existencia.

Y las presentaciones mutuas, tan necesarias como eran, efectivamente, resultaban en igual medida algo aburrido. Se dio el lujo de reírse de los nombres de sus dos nuevos cuidadores, pero la suave descarga eléctrica del apretón de manos le tomó por sorpresa, sólo un poco. Haciéndole desconfiar de inmediato de esa sonrisa marcada en la expresión perezosa del comediante. ¿Qué tal rápido podía ganarse su desagrado? ¡Parecían estar en récord! Y eso venía desde ambas partes, porque las expresiones tensas luego se hicieron demasiado evidente para dejarlas pasar, él decidió que no iba a confiar en su palabra. A pesar de que el ambiente de la nueva casa era probablemente agradable, nunca había sido muy buen juez en esos asuntos, la vivienda de los Dreemurr era apenas un poco más grande; tal vez le disgustara un poco más el hecho de ser arrancado desde las raíces del hogar en que vivió por tres años, pero tanto como no quería pensar en eso, sabía que la conclusión inevitablemente acabaría en destrozar propiedad ajena de un modo u otro; quería tener más tiempo para lidiar con ello. Quizá cuando el adulto más alto allí no le estuviera, ¿platicando? ¿Sermoneando? ¿Interrogando? Francamente no podía recoger muy bien de qué estaba hablando, cambiando de tema tan veloz como lo hacía. Oh, pero el comediante. Sans definitivamente iba a brindar los ratos interesantes a su convivencia, bastaba con ver cómo se oscureció su semblante tan pronto mencionó la posibilidad de matarlo. ¿Había ido demasiado lejos? Ojala fuese así, porque no le importaba.

Efectivamente, no tengo idea —repitió, embozando una repentina sonrisa demasiado amplia para ser considera inofensiva, quizá porque los bordes eran filosos como los cuchillos a los que era aficionado; ladeó la cabeza, sólo para desencajar más su semblante adorable—. ¿Crees que me tome mucho para averiguarlo? ¿No amas que tenemos tooodo el tiempo del mundo, Sans? —su tono de voz cambió a uno melodioso, tan suave que podría resultar afectivo de no ser porque su propia expresión torcida dejaba en claro que no. Tal vez el otro debiese anotar en su bitácora persona o lo-que-sea la ocasión en que un niño de once años lo amenazó, podría apostar a que no sucedía a menudo y él se sentía un poco orgulloso de ser el primero en esa categoría. Pero tanto como disfrutaba de perturbar a los adultos a su alrededor, también era una criatura lo suficiente curiosa para seguir al mayor cuando éste indico que le enseñaría su habitación, en especial cuando le convenía encontrar un lugar donde echase una siesta de al menos cinco horas: lamentablemente, estaba sobre-estimando la capacidad del comediante de hacer algo bien, porque había sido conducido hacia ningún otro lugar que el garaje de la casa. Y tan hilarante como era todo, no tenía ganas de reír. Se conformó con destrozar con las manos y las uñas el cojín que iba a servir de cama, aprovechando la intervención del hermano más alto para volver a hablar con Sans.

Después de prácticamente arrojarle el trozo de tela destruido, exigió como buen niño emberrinchado por su golosina favorita. Dentro de sí ya se esperaba una respuesta negativa, dado que no había sido precisamente un ángelito desde su llegada, sin embargo, aquello no impidió que entornara los ojos y casi soltara un bufido de indignación por la respuesta tan contundente del adulto—. ¡Pero yo quiero! ¿Acaso de verdad pueden no tener en toda la casa...? —dejó la pregunta al aire, ignorando olímpicamente toda la acotación de quedarse a dormir de verdad en el garaje, porque el chocolate era mucho más importante en ese momento. Aunque al menos consiguió soltar una carcajada, porque el mismo Papyrus regañó a su hermano por hablarle de forma tan ruda, y posteriormente se ofreció a conseguir la golosina para él. Era adorable, casi demasiado fácil, que no podía dejar de sonreír con esa expresión ligeramente escalofriante propia de su persona. Le empezaban a agradar las respuestas certeras de Sans respecto a sus acotaciones desagradables, esperaba que no tuviera algo mejor que hacer que discutir con un niño malcriado, al menos interesante—. No lo intentaría domesticarme si fuera tú. Yo muerdo, ¿sabes? Mucho y muy fuerte —cerró los ojos, encogiéndose de hombros como si no estuviese insinuando ningún arranque de violencia allí. Al menos no estaba mintiendo, su madre debía de haber mencionado que era una pequeña bolita de destrucción antes de regalarlo de esa manera, qué desconsiderado de su parte.

¿Quería ir a su habitación? ¿No quería ir a su habitación? A esa altura el asunto se reducía a algo muy simple: le estaba llevando la contraria, otra de sus especialidades. A pesar de que realmente no le importaba si llegaba allí rápido a no, fue el comentario de cosas dulces lo que le hizo fruncir el ceño, porque el comediante lo estaba haciendo a propósito, y ya no podía ir a buscar sus preciadas golosinas sin hacer lo que el otro quería que hiciera. Al menos decidió que podía hacerle esperar, dudaba qué cosa interesante habría en una habitación que no conocía, por tanto no era de su pertenencia aún. Le gustaba más la idea de rondar por el primer piso, a un niño sin supervisar le pueden pasar muchas cosas, ¿cierto? Como si accidentalmente se pusiera a jugar con los cuchillos, no tardó demasiado en encontrarlos en un cajón de la cocina, que se molestó en volver a cerrar sólo para ocultar la evidencia. Pensó también en husmear la alacena, robar algo de comida. Pero sus ideas de encontrar galletas o algo por el estilo fallecieron tan rápido escuchó la voz proveniente del segundo piso, una que delataba en sus propias narices que se estaba comiendo sus malditos dulces. Ni siquiera tuvo que pensarlo dos veces antes de correr directamente por la escalera, sin preocuparse de caer y romperse algo, porque nuevamente, el chocolate era la prioridad allí: abrió la puerta de un golpe, y no vio nada más que no fuese al hombre en medio de la habitación con la boca sospechosamente llena—. ¡No te atrevas siquiera a seguir masticando! —rugió, y en un arranque de ira espontáneo, prácticamente se le lanzó encima, con el impulso suficiente para colgarse de su brazo y morderlo como una cría rabiosa de algún animal.

Porque se lo merecía, verdaderamente se sintió demasiado satisfactorio infligir al menos un poco de dolor corporal a tal sujeto. No pudo clavar sus dientes muy profundamente como quisiera, considerando que la ropa gruesa amortiguaba la mayoría de su fuerza, pero de todas formas se conformó con aplastar algo de carne blanda. Y tan rápido como había hecho eso, antes de que Sans simplemente se sacudiera para empujarlo fuera, se aferró incluso más fuerte de la tela de su ropa, como una garrapata. E igual que el desagradable arácnido, trepó y trepó por su espalda, hasta al menos la altura de sus hombros. ¿Qué estaba haciendo ahora? Molestando, probablemente. Después de todo, no era sorpresa que se esforzaba al menos un poco en ser irritante. A no ser que le mordiera el cuello como un vampiro, cosa que no iba a pasar—. ¡HEY! —gritó, un poco demasiado cerca de donde se encontraba la oreja ajena, no pudo aguantar la risa luego de eso—. Puedes salir de mi habitación, o llevarme de caballito. Todo se ve muy alto desde aquí que no me molestaría un paseo —sí, definitivamente la única utilidad de tales sujetos ridículamente altos era la vista.
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Re: ▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

Mensaje por Sans W.D. Gaster el Dom Nov 27, 2016 10:51 pm

La esperanza de que el otro dejase de contestarle se estaba desvaneciendo a cada que intercambiaba comentarios, pero después de todo, eso es lo normal, la otra persona te debe responder para que se pueda llevar esto a lo que se llama comunicación, más sin embargo la cuestión estaba en si de verdad valía la pena intentarlo justamente ahora; "¿Dejarlo un rato solo para que explore el sitio?", era una de las preguntas y posibilidades que se planteaba en su cabeza, además de lidiar con el chico que no parecía dejar de estarlo incitando totalmente a propósito. Paciencia, eso era todo lo que necesitaba, quizá también unos cuantos tranquilizantes y no precisamente para él, mejor se los daba al niño y de esa forma estaría somnoliento y tranquilo... Más dado que sonaba bastante ilegal e irresponsable, fue por lo que lógicamente era algo en lo que ni siquiera debía de haber pensado ni en broma, menos mal que nadie podía escucharle allí o ya se encontraría con reclamos, considerando todavía el hecho de que al ser un científico tiene un acceso fácil a esa clase de sustancias, ¡es más! Él si quisiera ya podría haber conseguido los materiales y creado algo para explotar el lugar. Ahora todos debían de dar gracias que se trataba de él y no del endemoniado niño que de buenas a primeras ya estaba en una categoría especial llamada "problemas que no se me permite ignorar", lo que se le fuera agregando para hacer aún más especifico el título ya sería con el tiempo y en base a cómo actuase, y si es que le tomaba cariño, que por el momento no era para nada el caso. Se notaba bastante disgustado al encontrarse allí, tener que aguantar todo lo que decía y no poder recurrir a la violencia, dirán: "Pero Saaaans, tú eres un hombre de ciencia. Lógica. Números. ¿Cómo que violencia? No querrás decir, ¿argumentar?" ¡No! ¡No! Él sabe lo que dijo. Violencia, y de la buena. Sabía perfectamente que serviría poco o nada que le dijera que detuviese de una buena vez su actitud acompañada de comentarios insulsos, inclusive, su psique probablemente le diría que por eso mismo debería esforzarse más en joder, y ya que no era eso lo que buscaba, sencillamente se limitó a suspirar con pesadez.

Una vez todos reunidos, o casi todos, que para pronto su hermano menor ya había salido deprisa a cumplir las demandas del pequeño, sólo quedaban una vez más él lidiando con aquella cosa café y verde, era algo así como un "árbolito invertido from hell" debido a los tonos. Se hubiera sonreído en diversión por la imagen mental que le había llegado, pero se estaba concentrando más en convencer al chico de irse a su recamara y así dejarlo encerrado, por siempre, con un dragón vigilandole por si acaso. La sociedad debería agradecerle en vez de abuchear o descartar tal idea, y si no le creían, que fueran a con él a convivir el tiempo que considerasen necesario y luego volvieran a debatir su idea si es que tenían las agallas—.
Ah, me imagino que sí, y no espero menos, niño. De esa forma queda totalmente excusado si tengo que usar sillas y látigos —hizo una pausa incomoda al pensar que lo segundo fuera de contexto podría sonar bastante subido de tono, sobre todo si se tratase de una persona más o menos de su edad, o quién sabe, quizá seguía siendo igual de inapropiado y aparte peor al ser un menor de edad. ¿Debería de molestarse en corregirlo aunque sea sólo para librar su consciencia? Juraba que su idea era la de un domador de leones, lo cual, ahora que le volvía a dar una vuelta tampoco sonaba del todo correcto. Llevó su mano derecha a la altura de sus ojos y con tres de sus dedos, desde el pulgar hasta el medio se talló los estos como si intentase quitarse lagañas o darle un masaje a su tabique nasal—. De todas formas, Chara... —sonaba como si para ese momento ya estuviera cargando con demasiada negatividad. Completamente adecuado para aplicar la frase "soy demasiado mayor para tener que estar lidiando con esto", hecho divertido, considerando que uno de los requisitos (o al menos así debería ser) para cuidar de una criatura de once años es ser lo suficientemente grande tanto en edad física como mental, madurez, y no olvidemos la estabilidad económica. Según aquello, Sans cumplía con todos los requisitos, algunas veces más y otras menos en cuanto a lo de ser una persona madura al pie de la letra, tampoco podías esperar mucho en ese apartado o dejaría de ser él—. Ni siquiera sé si quiero enterarme de por qué me afirmas tan certeramente que muerdes y muy fuerte. Claro que, al dentista sí le fascinará esa historia cuando tenga que reparar tus caríes y lidiar con todo el desastre que le puedas causar a tu dentadura.

El castaño no había accedido a su noble y para nada malintencionada forma de deshacerse de él unos instantes. Pues era en verdad una lastima, tal como le había comentado hace rato, porque definitivamente la instancia en la que él dormiría todas las noches sí era en efecto acogedora, de verdad se notaba que había pasado por allí una madre que de verdad quiere consentir a su hijo. Eso hacía que en momentos olvidara entonces qué hacía contagiando su casa con sus germenes de niño-adicto-al-chocolate, ya que vaya que sí le había dejado una enorme cantidad de estos en ese arreglo y si tuviera que jugársela, apostaría que si se ponía a indagar por su habitación encontraría varios otros "escondidos" como método de sorpresa—. Te estás esforzando mucho, Toriel. A ese niño ni siquiera le durarán para antes de la cena si se da cuenta —decía como si sus palabras fuesen a llegarle a la mujer que a miles de kilómetros estaba, le bastaba si al menos estornudaba, que según existe un dicho que dice que cuando hablan de ti lo haces, y no creía en ello, pero ahora le parecería gracioso si se diera el caso. Mientras dirigía su mirada con calma a varias direcciones se encontraba que también habían peluches, ¿decoración o en realidad el crío sí hacía un uso decente de ellos? ¿Y juguetes? Eso le parecía más racional pero todavía sorprendente. Tendría que irse adecuando a la idea de que seguía siendo una cosita indefensa aunque su personalidad fuese lo bastante psicópata para crear la ilusión de lo contrario.

Volvió a llamar al mocoso. No pensaba quedarse todo el día en su habitación y darle la libertad de incendiar la casa mientras, las medidas iban a ser drásticas y no para el comediante. Por supuesto que antes de llamarlo se aseguró de comer antes algunos, ya que bueno, tal y como si viese el futuro, seguro no iba a tener mejor oportunidad que esa de probar sus manjares, habría que aprovechar y aparte corroboraría al factor de hacerlo enojar, que bien merecido se lo tenía. No es como si fuera un delito, después de todo, le estaría compartiendo a la persona que le iba a dar de comer todos los días y quien terminaría por ser el que le comprase más de esas cosas llenas de innecesarias grasas saturadas. Dijo lo más claro que pudo y alto la frase ganadora, esa que hizo que el contrario saliera corriendo a todo lo que sus pequeñas piernas le permitían, todo para llegar una resolución bastante desagradable—.
¡AGH! —naturalmente se quejó e hizo una mueca de desagrado inmediato, tenía al crío literalmente agarrado de su brazo y para hacerlo aún peor, intentando arrancarle una parte de éste. ¡Oh no! ¡Oh no! Que ya lo sentía, aquí venía esa ira y la reacción impulsiva de impactarlo contra la pared, pero tuvo que superarla, no había de otra. Se sentía como el Dalái lama o algún personaje que predicase cualquier tontería que tuviera que ver con la paciencia y sabiduría: Respiro hondo, muy profundo. Serenándose y dándose a sí mismo razones de por qué no debería dejarse llevar por el momento y hacer pedazos varios huesos de el niño: Exactamente eso. Su mismo pensamiento destructivo le estaba dando la respuesta, podría acabar matándolo por un arranque que ni siquiera valía la pena—. Hey... ¿Cuánto tiempo piensas quedarte allí mordiendo? —le dirigió palabra una vez que se encontraba listo para "dialogar" como persona decente, no obstante, estaba bastante enojado—. ¿A esto te referías con eso de morder, huh? —con la mano que le quedaba libre y en la que tenía aún la canasta de dulces, lo que hizo fue tirarla al suelo (era la carnada, después de todo) esperando que de esa forma se quitase para ir a por ellos. Aún así, por si acaso y ¿por qué no admitirlo? desquite. Le dio un pequeño golpe en la frente con el dedo medio luego de haber creado presión con el pulgar para que en el momento de impactar doliera.

Fijó su atención en su brazo que seguía cubierto por su abrigo al que agradecía mucho de estar usando en ese especial momento, ignorando lo que para ese instante el chocolatoso estaba ya efectuando . Remangó para iniciar la evaluación de la nueva herida que tendría de decoración en su pálida piel, o que al menos así sentía porque sí le había “echado ganas”. Ya había sido ganancia haber conseguido quitarlo de su brazo suyo sin necesidad de mucha agresión física de por medio, no obstante ahora lo tenía pegado en su espalda y eso tampoco le hacía gracia, menos aún con lo que había sucedido. Volteó a verlo una vez más, o lo intento, porque como hemos mencionado estaba literalmente detrás suyo y en ese momento recibió otro motivo para causarle desagrado, pero qué se esperaba, ¿qué de su boca saliera una sinfonía de Bethoveen? Obvio no, un grito infantil, bastante fuerte que de no ser tan corto juraría que podría dejarlo sordo—.
¿Acaso no has escuchado del dicho que dice "no muerdas la mano que te da de comer y no grites en su oído sin su consentimiento"? —a este punto ser racional era una pérdida de tiempo, tal vez incluso desde hace mucho antes y lo que era efectivo sería la acción como tal, el punto era cómo haría uso de ella siendo que la violencia no le estaba permitida—. ¿Qué me asegura que cumplirars con tu palabra, pequeño demonio? En lo que a mí respecta yo llegué aquí primero, ¿no eras tú quien no quería acudir? ¿Qué tal si es un no y no a ambas peticiones? No creo que se te haya olvidado que hace unos segundos me dejaste el abrigo lleno de tus babas infantiles —dentro de su cabeza podía deducir con sencillez que “el niño ya debía estar acostumbrado a ser odioso”, más si el peliblanco que siempre estaba tranquilo se enojaba era ya otra historia muy diferente. Básicamente esto no era solamente una pequeña guerra contra esa criatura, sino una contra sí mismo de no perder el control para que cosas terribles pasaran—. Bien. ¿Dices que quieres pasear, verdad? Pues prepárate que tendrás tu paseo —ahora se escuchaba seguro y la sonrisa había vuelto a su rostro pero con cierta malicia, porque no, no planeaba aprovechar para ahogar al niño en agua o parecido aunque mala idea no fuera, pero sí probaría qué tan buena idea seria llevarlo a un toro mecánico en un futuro, claro que la fuerza no sería comparable con aquella figura de metal y fuerza eléctrica a la propia, pero tampoco lo era el jinete, así que podría decirse que en ese aspecto estaban en equidad.

No había necesidad de mencionar que sus actos iban a traer consecuencias ya que su comportamiento no ameritaba premios o un trato amoroso directo, pero sí un castigo o algo que le hiciera pensar en sus acciones, demonios, ¿que sí era el padre o algo por el estilo…? Comenzó a moverse por toda su habitación rápidamente, en repetidas ocasiones saltaba y sus movimientos en definición eran bruscos con intención—. Ya no sólo por mí, espero que por tu bien no vayas a vomitar, niño —salió de la habitación y consciente (o no) de la mala decisión que iba a tomar, lo hizo de todas formas, con el niño encima suyo se atrevió a subirse arriba de los descansos y rogar para que al final todo saliera bien. Así sin más se dejó deslizar, tomando con una mano el descanso de ésta y con la otra la pierna del niño por si se le ocurría ceder y salir volando que al menos no cayera tan lejos y con tantos estragos de por medio—. ¡HAHAHA! —se rió fuerte durante el proceso y luego de que milagrosamente sus pies luego de un salto sí hubieran tocado exitosamente el suelo, no estaba mal para ser de las pocas veces en las que había realizado aquello y creía que sí la primera con un niño en hombros—. Hey, ¿sigues allí arriba? ¿estás vivo? —fue relajado, una vez más. Era como si aquella pequeña dosis entre diversión y adrenalina fueran una reacción química aceptada para combatir su enojo que si se despistaba, seguro volvía. Corrió nuevamente, directamente a la visitar la habitación del castaño otra vez. En un momento que parecía ya ser serio por el silencio incomodo que dejó que ocurriera, fue que deslizó una de las almohadas con su mano para seguido tomarla con fuerza y estamparla contra la cara ajena que no debería seguir allí. Estaba seguro que tarde o temprano caería a menos de que quisiera que durmieran así, o cosas más recurrentes aún como ir a hacer tus necesidades, pero debido a que eso aún no le urgía el método rápido y sin negar que el más interesante era hacerlo a la antigua—. Creo que has tenido demasiada diversión por hoy para ser tu primer día, pero déjame advertirte de algo, cuando sé que yo hago algo bien, cobro por ello u otra forma bonita de decir que se las iba a pagar. Sin aviso o permiso, dejó caer su cuerpo encima de la cama prestando atención por supuesto a que su cabeza no aplastara el cuerpo del niño mientras hacía aquello. No fue hasta que estaba ahí “tirado” que la relajo, para esos momentos sólo sería molesto pero no mortal para el mocoso—. ¿Sabes sobre las leyes de la alquimia? —no estaba de broma, en verdad le estaba preguntando algo que no tenía nada que ver con lo que había pasado pero que aparentemente para el comediante que estaba siendo lo suficientemente serio sí—. "El hombre no puede obtener nada sin antes dar algo a cambio, para crear, algo de igual valor debe perderse." ¿Sabes qué te intento decir con esto? —una pausa que fuera lo suficiente para darle emoción al asunto y evitar que el otro comentara algo que desviase el tema—. Quiero decir que... Si quieres más dulces tendrás vivir con el hecho de que no puedes andar causando los destrozos que te den en gana, capisci? Buenos comportamientos es igual a que Santa se digne a sí darte regalos en navidad. Ahora, procura no zamparte todo eso, que no habrá más para después de tu cena... De hecho, guarda para una semana, porque me has dejado sin humor de querer obtener más —el tópico con el que salió para hacer relucir su punto había sido muy innecesario y posiblemente un poco sin sentido en partes, pero ya no estaba dándole importancia a eso. Le sonrió a la criatura que había dejado allí echada y algo aplastada luego de levantarse. Se disponía a irse de una vez de los aposentos de Satanás, no sin antes notar que tenía en su mano uno de los peluches del niño, que quizá habría tomado como muñeco desestresante, quién sabe—. Oh sí, esto... Por poco me lo llevo conmigo —y fue así, sin ningún aviso lo lanzó contra el rostro del pequeño y rápidamente cerró la puerta antes de que se le ocurriera devolver el ataque: ¡Ser adulto! Qué maravilloso. ~
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Re: ▬ M E G A L O V A N I A 「Chara」

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