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Mensaje por Sans W.D. Gaster el Dom Mar 06, 2016 9:36 am

Tic-tac, las horas seguían pasando, el grado de concentración que había alcanzado el albino sumergido en sus investigaciones ya deberían de preocupar a quienes le esperaban en casa, o cuando menos sí al que compartía su misma sangre. No fue hasta que se dio cuenta del tiempo que cogió su móvil y en él se encontró miles de mensajes aleatorios de su hermano tan enérgico como siempre, entre ellos no faltaba el que le deseaba suerte en su deber y una que otra queja por dejarlo con tan preocupante acompañante. La sonrisa en su rostro no se hizo esperar, esbozo un suspiro de satisfacción ya dando por hecho que podía retirarse. Apagó las luces de lugar en el que se localizaba, ya era momento de regresar para quizá enfrentarse a Cthulhu (el spaghetti que prepara su hermano). Avanzando por las calles ya iluminadas gracias a los faroles amarillentos se decidió por tomar un atajo, un peligroso atajo. Era cierto que por donde ahora circulaba tenía fama de haber varios indicios de asaltos, peleas, entre otras cosas: estaba consciente del peligro aunque al final terminará ganando la idea de ir por el camino corto, tampoco es como si bajase la guardia, aún si no lo parecía iba tanteando el terreno para evitar encontrarse con “sorpresas”.

Con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo parecía preparado para sacar algo para defenderse en cualquier instante cuando la cruda realidad era que la acción la ejecutaba por inercia, eso mismo se podría decir de lo siguiente que iba a suceder a continuación. La escena: dos sujetos parecían estar molestando a un chiquillo que tendría más o menos la edad de Chara. La vestimenta del mencionado dejaba en alto la teoría de que podría haberse perdido y con mucha mala suerte terminar en aquel enrollo donde estaban jugando con lo que era su… ¿bastón? ¿Un niño con bastón? Dejando de lado las preguntas absurdas y rápidas que se formularon dentro suyo, fue impulsivamente hacia donde se encontraban, debieron haberlo visto cuando se acercó ya que no parecían sorprendidos y por supuesto que no si hasta le rebasaban en número—.
Heh, qué débil se tiene que ser para meterse con un niño claramente indefenso y más entre dos. Sí, qué agradable debe de ser eso —dijo. Su característica sonrisa en rostro y la manera burlesca con la que terminó no gustó para nada. Sin mencionar que el comentario que había llegado como un alivio, como llamada de atención, parecía atacar no sólo a los sujetos sino también a la capacidad del chico para defenderse por sí solo. No tendría por qué avergonzarse y más con la edad que se cargaba, pero en esos momentos no estaba midiendo si aquello afectaría al menor.

Los dos hombres, cabreados por la actitud ajena no se iban a quedar de brazos cruzados, menos aún cuando se creían que estaban en su territorio. Era cierto que Sans poseía cierta desventaja y más si llamaban a otro, pero, ¿de verdad estaba tan desventajado?— personas como ustedes me dan asco —eso fue la gota que derramó el vaso, uno de ellos se acercó corriendo: el de sudadera anaranjada. Iba con intenciones de agredirlo, por supuesto, preocupante si quisiera un abrazo. Sans detuvo un golpe tan simple y sin aplicar demasiada fuerza para poder dejarlo en el piso al hacer el movimiento que tenía en mente. Aprovechó la poca distancia que les separaba y en segundos le hizo un “oper cop”. Su golpe iba en dirección hacia la quijada desprotegida, para entonces ya había soltado el puño ajeno del cual se había protegido anteriormente, lo que hizo caer a su contrincante cual saco de papas—. ¡Y sólo falta uno más! —fanfarroneo por la suerte de que le tocasen dos mocosos que creían saber cómo luchar. Pero ¡oh, oh! Not so fast, diría quien le atacó por la espalda de encontrarse en una película. Había tocado su hombro como un aviso, pero sin ser uno ya que lo volteó de manera apresurada y su puño impactó directamente contra el rostro del científico; fue lo suficientemente fuerte como para lograr que escupiera sangre, ¡qué bueno que la bata no la tenía puesta esa vez! Los enemigos volvían a ser dos y el tercero parecía estar espabilando nuevamente— Si tú me has golpeado a mis espaldas, no te molestara que yo te haga lo mismo, ¿verdad? —enojado, le hizo un gancho al que le propició tal daño. No era su mejor idea por lo susceptible que lo dejaba ya que para pronto los otros se acercaron más que para intentar salvar a su camarada, para hacer montón. Efectivamente su gancho no era un simple adorno, ya que con su rodilla empezó a darle golpes con rabia al estomago del que tenía atrapado.

Vaya que la situación era encantadora y ¿a quién podría pedirle refuerzos? Obviamente que al pelinegro no, ¡el pelinegro! ¿Aún seguía allí? ¿Qué esperaba para irse, que le tomara de la mano y le indicase el camino? Por supuesto y más si era cierto aquello de que estaba perdido. De esa "fiesta" tendría que salir completo—. ¡Niño! ¡El bastón! —acabarlos a bastonazos no sonaba a una mala idea aunque tuviera más de la mitad del trabajo hecho.


Última edición por Sans W.D. Gaster el Vie Oct 21, 2016 7:59 am, editado 1 vez
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Mensaje por Ciel Phantomhive el Vie Sep 23, 2016 5:04 pm

Pensaba que no podían culparlo por tener poca paciencia, como todo infante de su edad, era perfectamente esperable que trámites que tardaran más de tres horas en concretarse debido a la inutilidad de los servidores sacarían de nervios a cualquiera, en especial a un niño. Sin embargo, Ciel no podía rebajarse a permitirse tal comportamiento infantil y estúpido, siendo el Conde Phantomhive, estaba obligado a permanecer con el inmutable semblante de neutralidad mientras su mayordomo lo siquiera, fiel como una sombra. Aunque en el fondo, todo lo que quisiera hacer sería enviar todos al demonio y finalmente largarse a casa, fue un suplicio aguantar las tres horas en ese lugar sólo para tener un anexado más a las acciones de su (futura) compañía, era agotador. Sin embargo, finalmente se sintió francamente más despejado de salir del edificio, oficina o lo que fuera. Definitivamente odiaba la burocracía, y la pérdida de tiempo innecesaria que significaba seguir cada uno de sus parámetros minuciosos cuando el trámite podría hacerse mucho más simple si tan sólo dejaran de colocar trabas porque era menor de edad. Podría sentirse aliviado de haber acabado ya, de no ser por el minúsculo detalle de que no tenían trasporte listo. Lo que faltaba.

Evidentemente, le dirigió una mirada de profunda molestia a su acompañante vestido de negro, incluso a través del parche que cubría su ojo derecho debiese sentirse su indignación. Pero el sujeto en cuestión sólo se encogió de hombros, y procedió a asegurarle con una sonrisa que ya conseguiría algo; cómo le hastiaba ese comportamiento—. Eres un inútil —se quejó en voz alta, con un suspiro audible. Estaba lo bastante cabreado para tratar de ir a casa solo si su mayordomo no se daba prisa, cosa que lamentablemente no hizo. Y aparentemente, diez o veinte minutos más de espera era demasiado para su paciencia ya largamente agotada. ¿Acaso podrían culparlo? No importaba si se iba primero, su perro guardián llegaría por sí solo tarde o temprano. A él todo lo que le concernía en ese momento era cruzar la calle y tomar algún tipo de trasporte, un taxi de preferencia, luego podría tener cómodamente en casa una taza de café y quejarse en silencio de la inutilidad de sus sirvientes. Sí, eso era un buen plan. Pero una terrible mala suerte que la calle principal no era el sentido por donde estaba caminando, lo notó después de un rato allí. Quizá lo notó cuando ya era demasiado tarde para dar media vuelta y seguir por otro camino, pues no recordaba exactamente dónde podría estar en ese momento. Soltó un gruñido frustrado al darse cuenta de la situación.

¿Se había perdido? ¿Él? Era hilarantemente patético, la risa amarga que surgió desde su garganta dejaba bastante claro su humor en la situación. Lamentablemente, parecía haber subestimado un poco su sentido de orientación, nunca siquiera se había asomado por aquella parte de la ciudad antes, nunca hubo necesidad. Tal barrio de mala muerte le traía un extraño sentido de peligro, como si de un momento a otro cualquier extraño fuese a ofrecerle dulces para llevárselo a alguna parte. Por supuesto que la idea resultaba patética, pero su atuendo elegante e incluso el bastón de madera que cargaba consigo como símbolo de elegancia no dejaba un buen presentimiento, no era estúpido o lo suficiente ingenuo para pensar que no era un blanco ridículamente fácil. Maldijo tener razón cuando dos sujetos de tamaño considerablemente mayor al suyo lo interceptaron, y a continuación, se dio una extraña escena donde pasó de ser un empresario tratando de resolver un trámite, a nada más que un niño muy frustrado por no ser capaz de la auto-defensa, apretando los dientes de rabia y hasta un poco preocupado, porque la situación no se veía demasiado bien para él después de todo.

Sin embargo, la suerte era un elemento extraño. Quizá mucho más errático de lo que estaría dispuesto a adivinar, no trascurrieron ni siquiera veinte minutos, en lo que un tercer extraño apareció, una especie de héroe de acción que llegó a darles una paliza a los villanos. Y a pesar de que Ciel no se consideraba un niño, y tal comportamiento resultaba inherentemente infantil, no pudo evitar pensar que el tipo se veía como un sujeto muy genial. Era poco profesional de su parte quedarse a observar la situación, contra todo sentido común que dictaba que debía largarse de allí lo más rápido posible, pero su ojo no-parchado estaba pegado en la demostración de violencia gratuita no acostumbrado a observar. Y se hubiera mantenido así de no ser por la voz del sujeto de cabello blanco, que le gritó de un momento a otro que le pasara el bastón, que había dejado olvidado convenientemente en el suelo. Por un momento la idea de golpearlos con un bastón se le hizo hasta cómica, pero se apresuró a cumplir la orden lo más rápido que salió del trance—. ¡A-aquí va! —se lo arrojó, con toda la fuerza que poseían sus brazos. Se preguntaba qué clase de repercusiones legales podría tener una escena así, para rápidamente decantarse por la idea que no era probable que hubiese algo legal allí a cien metros a la redonda.

No le gustaba sentirse tan inútil. Pero incluso su humor agrio se vio opacado por el bochorno repentino cuando el sujeto genial que lo había salvado acabó con los dos maleantes, y finalmente se veían fuera de peligro inmediato. ¿No debería acercársele a decir gracias? ¿Debía ofrecerle una recompensa en gratitud? Era nuevo en esa clase de situaciones, así que más bien se mantuvo rígido en el mismo lugar, y alzó la voz lo suficiente para cerciorarse de ser escuchado—. Usted... de verdad le agradezco por la ayuda, señor —hizo un esfuerzo en mantener el contacto visual, que por la diferencia de alturas, le obligaba a estirar ligeramente el cuello—. Francamente, el espectáculo ha sido... impresionante —continuó, como un halago vago y un pensamiento en voz alta que no necesariamente debería haber comunicado.
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Mensaje por Sans W.D. Gaster el Vie Oct 21, 2016 7:57 am

¿Alternativas? No las tenía. La mala suerte del niño parchado había terminado por convertirse en buena o cuando menos una neutral al momento de que el albino hizo su aparición con todas las intenciones de meter las manos al fuego por el pequeño. No podía echarse para atrás y tampoco quería hacerlo, desde su punto de vista había sido algo bueno que específicamente ese día hubiera salido tarde y que además decidiera irse por el atajo, no se arrepentía de salvar a una criatura tan indefensa, aún si se tratase de Chara, aunque para él aquél significado de la palabra en su totalidad no aplicaba tal cual para el pequeño demonio que habitaba su casa todos los días—. Wüoh-wüoh, parece que los subestimé —un golpe con mayor intensidad de parte de su rodilla para el hombre que yacía aún en su "trampa" fue el que recibió en su estomago y terminó finalmente por dejarlo knock-out. Quedaba el nuevo que se había unido a la fiesta y uno de los que estaba desde el inicio, perfecto. La cuestión era que Sans no había necesitado de usar de sus habilidades en tiempo considerable, bien lo aprendió y no lo ha olvidado, pero después de esa noche seguro que se dedicaría a calentar un poco para seguir en condición y dar una pelea más decente, ya que al igual que esa noche esos sucesos se presentaban siempre sin aviso (si es que uno no los busca a propósito, obviamente): Él podía hacerse cargo fácilmente de los tres si la otra condición fuera cumplida, pero eso sonaba a excusas, no era posible que aunque fueran más le ganasen. Es muy diferente una pelea de delincuentes juveniles a una persona que fue preparada exactamente para el combate. Aún así, si ellos podían jugar sucio, eso le daba también ciertos derechos, ¿no es así?— ¡Gracias, niño! —logró tomar el bastón que lanzó y que por poco le daba en la cabeza y dejaba inconsciente—. Ahora, ¡ésta es a la clase de ventaja a la que me refería! —mencionó con energía para sí mismo como si lo que tenía en sus manos se tratase de un arma con filo o un rifle.

Se puso en posición y colocó sus manos de manera debida, posición propia de un bateador. Realmente no estaba seguro de estarlo haciendo bien, todo era improvisado ya que intentaría hacer un home run con al menos uno de los sujetos. Estos no se rieron si quiera, estaban afectados de sentir que los estaban burlando y vaya de que manera, ¿qué se creía? De hecho tenían un punto, ¿qué se creía? se suponía que debía estar siendo más serio ya que tenía que llevar al niño de regreso a casa, pero vamos, que esto no se daba todos los días y más con la excusa de defensa propia. No es violento, pero ellos se lo habían buscado. Al parecer a los adolescentes muchas veces prefieren aprender a las malas y él en esos momentos específicamente no era quién para negarles ese derecho. Todos quieren la oportunidad de golpear a un adolescente en la cara en su momento, ¿y realmente eran tan menores? quién sabe, a sus 27 años de edad sentía que todo el mundo ya más o menos lo era. Llegaron los dos corriendo hacía él como toros intentando embestirlo, parecían estar poseyendo la misma "delicadeza" que uno al ir de manera tan torpe por él, claro que en este caso no pensaría en esquivarlos, o dependía. Muchas cosas se iban planeando sobre la marcha y el instinto. ¡BAM! Se escuchó que algo había hecho crack un poco, estaba seguro de que él no había sido ni tampoco el niño, las opciones se reducían al primer sujeto que había optado por valientemente (más bien estúpidamente) sí tomar el golpe del bastón directo en sus costillas, o el bastón en sí. El momento pasó velozmente, así que en esos exactos instantes no podía cerciorar qué, más que aplicar fuerza para mandarlos a volar unos cuantos centímetros, ya que no era como si estuviera empujando a uno y ya, el otro que seguía tras suyo estaba incluido, sólo que ése había tenido más suerte de no recibirlo de manera directa.

¡Auch! —hizo honor a lo que cualquiera de esos dos, o inclusive el que fue noqueado primero debería haber dicho en algún momento. Estaba sonriendo en esos momentos como si de verdad estuviera jugando un partido de baseball, pero su mirada seguía siendo la tranquila de siempre. Es decir, no hay razón de ponerse psicópatas, no es su estilo y la situación no era tan grave. De hecho ahora se estaba preguntando mentalmente si debía de llamar a alguna ambulancia y la policía luego de haberles hecho un poco de daño, por supuesto que él no se iba a quedar allí a contestar preguntas de cómo o por qué había ocurrido algo así. Mucha problemática, con ser suficientemente buena persona como para que al menos los trataran debía ser suficiente, ¿no? Se impactaron contra una pared y luego contra el pavimento. Al que le dio en las costillas ya se podía considerar fuera sólo por el dolor que debía estar padeciendo no debía de estar en condiciones—. Qué buena marca —dijo jugando acerca del bastón que parecía haber resistido como todo un campeón—. Oh vamos, no me digas que tú todavía quieres continuar —le dijo al único que quedaba consiente y todavía con facultades de seguir. Éste sólo lo miró enfurecido sin saber si dejar a sus camaradas y escapar, o terminar como ellos. Lo segundo era más honorable, pero lo primero te daba la oportunidad de ayudar después, qué alivió no estar en su posición—. ¿A qué viene esa mirada? No creo que tengas el derecho de culparme de lo que les ha pasado —y ciertamente no, no lo tenía. Un golpe sencillo en el rostro con su puño descubierto fue lo que le dio, seguiría consiente y podría ayudar después, pero así no diría que no recibió nada. Además, a ninguno de ellos los había golpeado allí y tenía ganas de regresarlo, por supuesto que su golpe fue más fuerte que él que le habían dado... pero detalles pequeños.

Una vez habiendo terminado con la basura se dirigió de nuevo a con el pequeño que se expresaba de una manera bastante propia, por sus pintas debía de ser de una familia pudiente, y por su bastón debía de tener algún tipo de problema en las piernas... Realmente no le encontraba sentido llevar ese artefacto a su edad, ni aunque se viera bien, así que esa era su conclusión. Toda su apariencia era curiosa y le hacía formular teorías para saber a quién había ayudado—. Eso no fue nada. Tú también hiciste un gran trabajo —le sonrió calidamente y posó su mano izquierda en la cabeza de éste—. ¿Estás bien, verdad? ¿No te lastimaron o te quitaron algo? Tú sabes, siguen allí tirados, todavía se puede recuperar —roleo los ojos, y lo peor es que iba en serio, la persona que seguía consiente seguro habrá sentido un escalofrió al escuchar aquello. Quitó la mano que había puesto sobre el niño y se colocó de cuclillas dándole la espalda éste—. Vamos, sube, yo te llevo —eso era lo que tenía planeado desde el inicio, por eso no le había devuelto el bastón que seguía en su mano diestra. Luego de que éste aceptará un poco más a fuerzas fue que partirían al menos lejos ya de esa escena aunque no necesariamente de la zona en sí—. ¿Y cuál es tu nombre? Yo soy Sans. Me intriga que estés en este lugar a estas horas de la noche, ¿no te han dicho que es peligroso? Sobre todo si vistes así —porque sí. Si vistiera más acorde al lugar no llamaría tanto la atención, al menos no para ser asaltado por dinero... Quizá sí por otras cosas más turbias. Pensándolo mejor, no, simplemente ser un niño y estar paseando por allí no era una buena idea.

El comediante avanzaba con el chico en su espalda, con las buenas noticias de que esperemos ése fuera el único tramo complicado con el que tuvieran que lidiar. Le haría el comentario al pelinegro sobré la posibilidad de que el albino le estuviera secuestrando, ya que, bueno, seguían siendo dos extraños y aún si lo había rescatado quizá lo que él quisiera sería algo peor. Tenía entendido de que había mucha gente loca por allí que cometía canibalismo, creyéndose ghouls por el mundo. Si no lo mencionaba aún es porque no quería asustarlo, puesto que él sabía que ese no iba a ser el caso y quería darle confianza para que no sintiera temor que ya suficiente era con haber tenido que pasar por esa experiencia. Peor sería que maten tus padres enfrente tuyo... Basta, tenía que parar con todas esas ideas de comentarios bizarros para personas que sí fueran mayores—. ¿Y qué te gusta comer? —¿por qué no le preguntaba mejor dónde vivía? Era simple, si estaba perdido no sabría cómo regresar, y antes de devolverlo no quería tener que entregar una criaturita con un trauma considerable. Intentaría contentarlo con algún postre o algo del estilo, quizá prestarle su celular luego que salieran de allí para que verificará que seguía vivo también era una buena idea, ¿qué edad exacta tendría?
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Mensaje por Ciel Phantomhive el Mar Nov 29, 2016 6:21 am

Era definitivo que la suerte se trataba de una cosa curiosa, aunque valdría decir con mayor exactitud, que su casual falta de criterio era una condición aun más extraña. Probablemente el creerse un poco más independiente de lo que era, y verificar (quizá de la peor manera) que efectivamente no era así resultara un golpe contundente para su orgullo en construcción, porque se supone que a esa edad al menos debiese estar calificado para actividades simples como devolverse por sí mismo a casa, sin ayuda de su mayordomo después de un trámite extenso. ¿Cómo iba a saber que estaría tan magistralmente equivocado? El plan era demasiado sencillo para echarlo a perder, se preguntaba exactamente cómo se las había ingeniado para caminar en dirección contraria y extraviarse de forma tan patética. Cómo había terminado en un barrio de mala muerte vestido como todo un pequeño conde inglés de ropas llamativas y costosas, habría de resultar un imbécil para creer que no llamaba la atención de esa forma; y desafortunadamente, el sentido común desde un principio tenía razón. No había tardado en ser acorralado en un callejón por dos sujetos que fácilmente le doblaban en tamaño.

¿Aquello no era perfecto? Como si su día no pudiese ir peor, agregar asaltado a su lista de cosas se veía lo suficientemente malo para mermar su ánimo en la semana. Aunque increíblemente, la situación había dado un giro inesperado a su favor; y él no era la clase de persona que creía en héroes ni nada parecido, el mundo real le había enseñado que tales ilusiones infantiles era inútiles e inconsistentes, y sin embargo, no lograba evitar que aflorara dentro de sí un sentimiento muy parecido a la admiración al ser testigo en primera persona en como un desconocido acudía a su rescate, y además, le daba una paliza bastante merecida a los antagonistas de la velada. No estaba acostumbrado a tales muestras de violencia, nunca había estado en una pelea, pero tenía que resistir el impulso primario de animar al sujeto de cabellera blanca en su labor, como esperaría hacerlo con un padre o un hermano mayor en alguna situación similar. Pero no, no podía darse ese lujo. Estaba un poco demasiado ocupado quedándose quieto, sin hacer nada, a excepción de facilitarle al adulto su propio bastón de madera fina para que acabara con los enemigos restantes. Se trataba de un espectáculo digno de ver y de aplaudir.

No pasó demasiado hasta que la situación se halló en calma, con al menos dos de los sujetos desagradables inconscientes y un tercero desconcertado con la serie de acontecimientos. Él estaba inseguro de cómo proceder en tales circunstancias, si debía limitarse a darle las gracias a su salvador o negociar alguna recompensa digna de su posición, dudaba y todo lo que salió de su boca fueron palabras amables y de admiración leve, le sorprendió un poco la calidez con que el adulto le respondió, no era lo que se habría esperado de quien hace cinco minutos estaba repartiendo una paliza. Una mano mucho más grande que la suya se posó sobre su cabeza, y tuvo que hacer un esfuerzo para que tal contacto no le hiciera erizarse como un gato. Diplomacia, diplomacia. Él debía ser capaz de reaccionar a la situación, incluso si su posición actual estaba reducida a la de un infante necesitado—. Me encuentro muy bien, no se preocupe —le dirigió una sonrisa pequeña, un poco tensa en los bordes, que esperaba no se notase demasiado. La verdad, tanta amabilidad repentina resultaba un tanto abrumadora, y apenas pudo contener el bochorno que invadía su rostro en ese momento, cuando el otro le había ofrecido llevarlo a su espalda. Hace más de tres años que no se veía en una situación similar, no desde que sus padres estaba muertos. Esa clase de pensamientos no iban a ayudar a su diplomacia, y decidió despejar su cabeza de estos antes de que le causasen una reacción nerviosa—. Mi nombre es Ciel Phantomhive —recitó, con el típico tono de elegancia que llevaba su título de Conde, incluso si había obviado la información—. Estaba tratando de llegar a la calle principal y creo que me desvié del camino, lo siento —la última palabra le había salido como un silbido ahogado de la garganta, cargado profundamente en vergüenza.

Dudaba qué tan buen criterio era dejar que un completo desconocido (amable y de nombre Sans) lo cargase de a caballito hasta algún lugar, dudaba de por qué había permitido que aquello pasase como si se tratase de lo más normal del mundo. Al menos, ninguno de los dos había hecho la acotación obvia de que aquello pareciese un secuestro, a pesar de que se reía con leve nerviosismo de la idea. Tal vez estaba un poco impresionado todavía, incluso sin estar en peligro. No debía dejar que algo banal le afectase, él era más maduro que eso—. Me gustan los pasteles de crema y fresas, en general. Los postres de chocolate, de vainilla... —respondió, con toda la seriedad que era capaz, inconsciente de que sus gustos delataban la inclinación infantil de su paladar por las cosas dulces. Al menos estaba siendo honesto, y era lo importante. Carraspeó levemente antes de continuar—. Señor, ¿tiene experiencia en combate? —preguntó, deslizando bajo la voz la curiosidad y admiración al recordar el combate previo, aunque hizo lo posible por no sonar demasiado entusiasmado—. Considero que fue una escena bastante satisfactoria —no evitó sonreír, implicando sin pena alguna que el dolor efectuado a los bravuconees le deleitaba en algún punto—. Y agradezco mucho su ayuda. Puede recibir algún tipo de recompensa, si quiere. Yo sólo necesito un taxi —finalmente se sentía en mejor posición para negociar, aunque aquello descontextualizado sonaba a pagar para su rescate, la ironía le pareció graciosa.
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Mensaje por Sans W.D. Gaster el Vie Ene 27, 2017 5:12 pm

Típico que salías del trabajo, decides tomar la ruta rápida pero peligrosa y resulta que dentro del 50/50 de probabilidad aciertas maravillosamente y tienes que lidiar con los canis chungos de la ciudad, inclusive ganar puntos por salvar a una persona de paso. El albino creía que el trabajo de hoy había sido sumamente interesante y que eso sería el máximo nivel de emoción que obtendría, pero definitivamente la situación reciente sobrepasaba (y por mucho) a todo lo que pudiera haberle pasado antes desde que despertó—. Ciel, ¿entonces? —le pareció algo curioso la forma en la que se había presentado ya que mencionar inclusive el apellido era un malgasto de saliva según como él lo veía e inclusive algo molesto en su caso, porque aunque efectivamente apreciaba a su padre no le gustaría permanecer en su sombra por la eternidad considerando el eficaz científico que era. Además, no es como cada vez que se refiriera a él le iba a nombrar como "Ciel Phantomhive" a cada momento, se preguntaba si acaso el pequeño lo hacía, le resultaría un tanto-demasiado gracioso y ¿por qué no? Sumamente adorable—. ¿Lo sientes? —se divirtió bastante con esa disculpa que por mera lógica debía suponer era dirigida hacía él al creer le "ocasionó problemas", pero, lo que lo hacía aún más tierno es la diplomacia con la que había mencionado todo lo demás. Después de todo seguía siendo un crío aunque intentase actuar mayor o conforme a cual sea la educación que haya recibido, la que por cierto si le preguntabas pensaba era un tanto rígida si él sentía que debía actuar siempre bajo sus cabales, ya que bueno, la misma razón se asomaba una vez más: Es un niño, de eso no había duda—. No tienes por qué sentirlo, ¿quizá tú al igual que yo consideraste esa sección como un atajo? —definitivamente había sido una acción bastante atrevida que el pequeño pelinegro pasase por allí, pero no era quién para reñirle tal cual, tan sólo pensaba que había tenido suerte, y no quería dejarle tampoco la idea de que siguiera tomando esas decisiones en un futuro aún cuando no era su deber—. A quien deberíamos regañar es a tus tutores que te han perdido de vista... Tan sólo, prométeme que a la siguiente que vayas andando por allí prestarás más atención —"a la siguiente", deseaba muy fuerte que eso no existiera y se notó al momento en que lo dijo como estaba un tanto inseguro al decirle eso.

Su idea para intentar ablandar la experiencia era la comida, por lo que desvió el tema a ello al preguntarle sus preferencias. Pero por supuesto: Postres, ¿dulces? ¿chocolate? Eran algo similar pero los postres en sí se categorizaban por ser más exquisitos, costosos y definitivamente con más esfuerzo al momento de su creación. No debería de sorprenderle a esas alturas que a los menores se inclinaran más por las cosas dulces a estas alturas, pero a lo que sí había que prestar un poco más de atención era la manera tan detallada en la que había mencionado qué le gustaba; libre de dudas y sobretodo daba la impresión que estaba más que adecuado a tales sabores. Él se esperaba una respuesta más sencilla y no sabía por qué no lo había visto llegar dado el cómo hablaba más de usted que de , quizá era el cansancio o alguno de los golpes recibidos que no estaba tan avispado como debería, o que en momentos le picaba ese pensamiento sobre el hecho de que tendría que devolverlo y explicar qué hacía con un niño que no era suyo le daba bastante pereza, casi creía que era mejor ya secuestrarlo y que conviviera con Chara para evitar todo eso... No es como que fuera a hacerlo, ni siquiera iba a comentárselo—. Vaya, qué detallado repertorio tienes allí. ¿Entonces te parecería que fuéramos a alguna cafetería antes de escoltarte a tu "lugar de origen"? Seguro que venden algo de lo que has mencionado —y mientras él podría beber eso mismo que viene a ser la atracción principal de una cafetería, sería interesante que alguna que se hiciera llamar así no tuviera, además de molesto—, y no tienes que preocuparte por el dinero. Yo invito.

Antes de recibir una respuesta se enteró de unos cuantos halagos y dudas por parte de la pequeña cosita en su espalda—. ¿Satisfactoria dices? —no pudo evitar reírse bastante por ello—. Bueno, quizá tengas razón... ¿Quién no se sentiría de esa forma cuando alguien que te estaba molestando sin tú hacerle nada recibiera su merecido? En cuanto a "experiencia en combate" asumo que no tomarás como respuesta aceptable un "aprendí de los vídeojuegos", ¿cierto? —no es como si contarle a un pequeño que efectivamente el albino había sido entrenado para ello era algo que llevara hacía algo más apacible que era lo que estaba intentando y más desde el momento en que le preguntó qué quería comer, aunque el otro no parecía haber captado a qué había querido llegar con eso porque le respondió y se fue inmediatamente a lo que le interesaba. Maldita sea, realmente sentía que había encontrado a un animalito pequeño que necesitaba cuidados, ¿también vendría a ser un felino como la cosa esa adicta al chocolate que andaba destruyendo todo en su casa como un huracán?—. Yo agradezco haber estado presente en el momento correcto, así que estamos a mano. No tienes que darme nada a cambio... Pero si realmente necesitas aquello para sentirte bien, me parecería excelente si aceptases mi invitación anterior —no podía ver la expresión que poseía el ajeno puesto estaba en su espalda, tan sólo escuchar su vocesita. El comediante por su parte seguía sonriendo genuinamente feliz por la compañía ajena—. Si no te parece el lugar que he mencionado al ser tan vago, me puedes proponer tú alguno que conozcas y así te sientas más seguro —de forma indirecta intentaba decirle que no era su intención hacerle daño. El saber que sería un lugar concurrido y con seguridad debía influir a cubrir un punto que, aunque en cierta forma aún sintiera que engañase al niño juraba que no era así, más le era inevitable pensar eso cuando no tenía conexión directa con estos ya que con tantas personas enfermas en el mundo no quería parecer otra.
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Mensaje por Tema Cerrado el Vie Jun 02, 2017 12:39 pm

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