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Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

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Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Sen Takatsuki el Sáb Ene 30, 2016 9:33 am

“Disasters are ethereal interventions in disguise.”
—Anónimo.

“¿A qué te refieres con que aún no has escrito nada, Takatsuki?” refunfuñó su editor. Él era un hombre bastante molesto, de ese tipo de personas que tienen una sonrisa amable en el rostro sin importar la situación, una persona con poco valor, miedoso hasta la médula e insistente como ninguna persona que jamás haya conocido. Shunji Shiono, ése era el nombre del editor encargado de sus escritos, con el cual llevaba trabajando ya trece años y que había pensado dejó muy atrás cuando partió de Tokyo hacia un nuevo lugar para vagar. Lo cierto era que se sorprendió de sobremanera al verlo parado frente a su departamento, esperando a que ella arribara de una vez por todas. El primer pensamiento de Eto fue el de darse vuelta, fingir que no lo había visto y partir tres días a cualquier lugar desconocido hasta que el hombre se fuera: ella no quería enfrentarse a la mirada acusadora del patético hombre cuando le dijera que no había hecho más que platicar con muchachos de ojos parchados y jugar con su propia vida y la de un molesto albino en un inofensivo juego de ruleta rusa. ¿La renombrada escritora temiendo de Shiono? Apretó los puños con insistencia, ¡por supuesto que no! Y es que, es, sin duda alguna, trágico que un escritor se quede sin palabras para decir, sin palabras para describir y más que no querer enfrentarse al hombre no quería enfrentarse a ella misma y a los no tan simpáticos seres demoniacos del interior de su materia gris que le recriminaban con furia que ella no estaba siendo productiva, que estaban ansiosos por redactar algún horrido relato y que la asesinarían por la noche si nos liberaba.

Tranquilízate, Shiono, verás que, para esta noche, ¡tendré una nueva idea! —ésa era la parte más fácil, quería decir, la de convencer al editor que maquinaría incansablemente hasta conseguir el próximo éxito literario. No obstante, así no trabajaba ella, dando ideas sin sentido, aburridas y repetitivas, de un día para el otro. ¿Acaso se pensaba que el Huevo de la Cabra Negra lo planeó en una noche? No es fácil ser una buena escritora, los hilos no se cosen solos y las tramas no se dibujan con una tinta independiente de su mano y su mente—. Pero, señorita Takatsuki… —ella se levantó imprudentemente de la pequeña silla en la que estaba sentada, apoyando fuertemente las manos en la madera de la mesa, haciendo que las tazas de café tambalearan graciosamente—. Shiono, deberías ir a casa por ahora. Nos encontraremos en la noche en el restaurante de la calle principal del centro, ¿sabes de cuál hablo? —le entregó una sonrisa falsa pero muy risueña, tratando de que la molestia no se hiciera tan evidente, al menos, no ahora. No necesitaba asustar al hombre que había hecho posibles muchas cosas en su vida—. Oh, pero si has llegado hoy. Qué ligereza la mía. Entonces, ven aquí a las siete, iremos a cenar y tendré algo preparado —con todo planeado, se dirigió a la puerta como invitando a Shiono a que se retire. El hombre no reparó dos veces en las opciones, tomó sus cosas y se retiró con la leve advertencia de que en la noche quería ver algo formulado en su pequeña cabecita.

Él se veía lo bastante convencido del encuentro, por eso la desconcertó un poco que el hombre alegara que se encontraba demasiado ocupado esa noche debido a la mudanza y que prefería encontrarse con ella en la tarde de mañana. Y le enervaba la situación: ella había hecho una reserva incluso, porque el hombre había viajado desde Tokyo por órdenes de Shūeisha, y le recriminaba que ella se había ido con la promesa de escribir una nueva novela y que era en lo que menos se estaba concentrando, y ahora… ¿la dejaba sola? Vaya que sí era el hombre más molesto e insignificante del mundo. Bueno, al menos se había salvado por el momento. No obstante, la reserva seguía en pie y ella no desaprovecharía una oportunidad tan jugosa para hacer una de las cosas que más le gustaba: comer. No había mucho que hacer, a Eto no le importaba que fuera un restaurante refinado, sus ropas seguirían siendo tan desaliñadas y flojas como siempre con su cabello recogido de forma descuidada, incluso usaría sus vendajes si pudiera, pero sería bastante raro, ¿verdad? el ver a una mujer completamente vendada; la sociedad era muy extraña por pensar de esa forma, se decía ella misma de camino al dichoso restaurante.

Ciertamente había estado muy pocas veces en el lugar, podía contarlas con los dedos de una sola de sus menudas manos, y aun así, nunca se cansaría de la parte delantera del lugar, y es que, ¿a qué clase de mujer no le gustan los lujos? Tenía una suerte desmesurada de que ella misma podía darse tanta opulencia, la hacía sentir como una verdadera reina; debería de comprarse una corona con rubíes alguna vez y auto proclamarse la reina de todo, estaba segura que sería un mundo mejor si ella era su majestad—. Tengo una reservación hecha. Takatasuki Sen. —soltó cuando estuvo frente al hombre con una larga lista apoyada en una columna pequeña de madera—. Señorita Takatsuki, un honor tenerla aquí, su mesa está por aquí, sígame por…—no obstante ella comenzó a caminar ignorando completamente al hombre en un traje elegante—. Gracias, puedo sola —divisó entonces que el lugar estaba realmente lleno, sin embargo había varias mesas vacías a las que suponía ella podía ir aleatoriamente sin ningún problema: todas eran iguales. Entonces, por el rabillo del ojo, algo logró llamar poderosamente su atención. A un par de metros de ella podía ver con total claridad el perfil de un muchacho albino con una larga cabellera y frunciendo el ceño molesto, sentado solo con dos platos en la mesa, ¿solamente era ella o era una invitación abiertamente a que se sentara con él? Definitivamente ese asiento tenía su nombre. Rió por lo bajo, tenía cierta antonomasia por los albinos, ¿hm? Quizá el hecho de no poseer ningún color era lo que llamaba su atención.

Se movió con un paso torpe entre las mesas, procurando quedar a espaldas del muchacho y cuando llegó lo bastante cerca de él le habló al oído—. ¿Te abandonaron, chico bonito? —se burló, de forma risueña. Oh él simplemente podía estar allí sin ninguna razón especial, aunque parecía ser que a ambos los habían abandonado esa noche, por supuesto que era el destino coincidir—. Puedo sentarme entonces, ¿verdad? El vacío no se molestará si le robo el lugar por esta noche —y antes de que pudiera negarse ella se encontraba sentada frente al albino de ojos muy furiosos, con sus manos sosteniendo su barbilla mostrando una simpática sonrisa—. Sé mi cita por hoy, ¿sí, chico bonito?
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Re: Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Ryou Bakura el Miér Feb 10, 2016 7:41 am

Tenía una curiosa dualidad de sentimientos en ese momento y era, en primer lugar, ¿cómo demonios había acabado acordado una cena formal con la molesta francesa a la que últimamente le tenía ligera afición? Y segundo, ¿por qué no lo había hecho antes? No iba a negar que la idea de dos personas que, según ellas mismas, e insistirían incansablemente en ello, se detestaban entre sí, fueran lo suficientemente compatibles para acabar de organizar una pseudo-cita le divertía de sobremanera. Como parte de algún relato cómico del que fuera parte, por mucho que él prefería los cuentos de terror. Y es que se encontraba agradablemente feliz y satisfecho con la idea del panorama, incluso si no se tratara de ningún logro importante y la mayor aspiración era la noche era intercambiar mutuamente comentarios mordaces entre sí. Estaba perfectamente bien con eso, sumado al hecho importante que se encontrarían en un lugar medianamente lujoso, ya que la francesita era ese tipo de personas extravagantes: por supuesto, ella también sería la encargada de los trámites de la reserva y detalles pertinentes.

Francamente lo que más le atraía de la idea de un restaurante así era la comida. El aspecto y los lujos le daban exactamente, pero imaginar un trozo de carne fina espléndidamente cocinado le hacía agua la boca, además, sentía una sana curiosidad si habría la posibilidad de un buffet de postres. Incluso sin bollos de crema, estaba completamente seguro que disfrutaría de las opciones disponibles. Sólo por ese motivo se dignó siquiera a escuchar los reclamos de Rosette, que abiertamente le decía que no podía presentarse en sociedad con los harapos que comúnmente llevaba. De mala gana había accedido a ir "presentable", nada porque no quería escuchar la estúpida voz de la francesa gritándole en la cena por no hacerle caso. Oh, sí, prefería ahorrarse la molestia de oídos. Aun así, consideraba que tenía un aspecto bastante ordinario para la ocasión, ya que de ninguna manera iba a separarse de su gabardina negra ni siquiera al entrar al restaurante. Sucedía algo bastante similar con su cabello: estaban locos si pensaban que iba a recogerlo con una coleta o algo por el estilo. Así que sin problemas se dedicó a ignorar la mirada desconcertada del mesero que le dio la bienvenida pulcramente vestido.

Incluso se atrevieron a observarle con cierta desconfianza cuando declaró que tenía reservación, y cuando le preguntaban dónde estaba la señorita de apellido Montesquieu él se limitaba a aclarar de una vez que ella todavía no había llegado. No trascurrió absolutamente nada interesante a partir de este punto, fue conducido sin mayores miramiento hacia una de las mesas disponibles en el local, y rodó los ojos con fastidio cuando el mismo mesero le deseó que disfrutara la velada con exagerada cortesía, patético. Pero, con lo poco que le interesaba la calidad de las vidas ajenas a la suya, no tuvo otra opción en adelante que esperar a que la francesita se dignara de una vez a aparecer. Se dedicó a ojear la mayoría de los platos señalados en el menú, y podría jurar que su estómago gruñía a cada quince minutos de espera, cuando ya estaba peligrosamente cerca de memorizar los precios dispuestos en la hoja de papel. Ya estaba completamente seguro que la hora acordaba había pasado hace bastante tiempo, y es que para empezar, él ni siquiera había tenido la sutileza de llegar temprano. Notar aquello mató inmediatamente todo rastro de buen humor que pudiera quedarle.

No se trataba de la molestia espera, ni del profundo aburrimiento por el que debió pasar apenas colocó un pie en ese restaurante, no: era que había sido plantado. Rosette se había atrevido a dejarlo plantado a él. Y la idea le molesta tanto que desearía quebrar uno de esos finos platos de blanca porcelana en la cabeza del primer imbécil que se le pusiera en frente. Sencillamente, estaba muy mal, no se supone que él fuera una persona para dejar una cita cancelada y ya sin el mínimo amago de cortesía, se sentía estúpidamente ofendido. Mucho más molesto consigo mismo por el hecho que le importaba, cuando bajo cualquier circunstancia, si esa muchacha gustaba o no de juntarse no era su asunto. Sí, en definitiva sólo estaba jodidamente molesto porque le hizo perder el tiempo de una forma estúpida, era su completa maldita culpa por no asistir y dejarlo esperando una hora completa allí. Gruñó por lo bajo, y se convenció que el único motivo por el que todavía estaba allí es que debía aprovechar la oportunidad y ordenar algo de comer antes de que muriese de inanición. Fue al mismo tiempo que llevaba a esa resolución cuando sintió a una oportuna presencia hablarle en el oído, no iba a negar que le tomó por sorpresa. Pero su burla sutil no le pasó desapercibida, causando que sus labios se torcieran en otra mueca de desagrado al mirar cómo la figura menuda de una mujer se instalaba cómodamente en su mesa—. La verdad, no te interesa saber y a mí no me interesa compartir —puntualizó, y su única respuesta a la petición ajena fue clavar en ella una profunda mirada de molestia.

Pero no iba a insistir en ello porque la mujer ya se había sentado, y no tenía que dignificar una respuesta a una pregunta que no esperó en ser respondida. Tal vez sólo porque estaba de especial mal humor no le pareció interesante ni divertido que la otra directamente le pidiera convertirse en su cita, ni siquiera para seguirle el juego con una broma ingeniosa—. Adelante, pero no seré una cita muy agradable —le sonrió con sorna, y consideraba que estaba fuera de cuestión por qué venía a fastidiarle a él de entre todos los posibles comensales reunidos: debía ser el único idiota ubicado en una mesa solo por demasiado tiempo. Aunque ya poco le importaba a esa altura, lo único que le quedaba era dignarse a pedir algo de comer de una buena maldita vez—. ¡Camarero! —llamó en voz alta sin importarle los buenos modales ni interrumpir a la mas mesas vecinas, se tomó el lujo de sonar exigente hasta que el hombre en cuestión se acercó—. Quisiera un filete à la Chateaubriand y pommes soufflées, por favor —pidió, pronunciando exageradamente el nombre los platillos franceses, y finalizando la oración con una sonrisa marcada, que luego con su trato con el camarero no podía si no ser vista como una burla sutil. El hombre procedió a tomar el pedido, y tan pronto como hubo acabado, le dirigió una mirada a su acompañante temporal, esperando por el suyo. Él imitó su acción, sólo que sus ojos mostraban una mezcla de impaciencia y diversión que decían "¿te toma tanto tiempo o te comieron la lengua los ratones?"

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Re: Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Sen Takatsuki el Sáb Mar 19, 2016 8:59 am

Había dos posibles rutas que tomar esa tarde: la primera era nada más ni nada menos que ignorar el banal hecho de que Shiono le canceló minutos antes de la velada que estaría bañada en tensión, decepciones y algo de enojo e incluso olvidar la reservación que ella misma había pagado y quedarse en su hogar a (esta vez sí) idear algo nuevo e innovador; desechó casi vertiginosamente esa posibilidad, porque a Takatsuki Sen no le importaba para nada gastar un poco de papel pintado por un idiota que no valía demasiado la pena, pero definitivamente ella no desaprovecharía la oportunidad de reemplazar ramen instantáneo comprado en un supermercado por una comida digna de una mesa del más refinado de los gourmets. Fue una decisión precipitada pero acertada, ya que inclusive se había arreglado lo menos posible para asistir al lugar, aquello no suponía demasiado problema: ¿se supone que ella debe sentir vergüenza? ¿Se supone que ella debería acomplejarse estando bajo las miradas de la multitud? Le importaba, sinceramente, un carajo lo que simples humanos podían llegar a pensar de ella.

Reconsideró si la decisión tomaba había sido la correcta cuando pisó por más de cinco minutos el lugar: era un conglomerado de personas con existencias tan aburridas y triviales para el mundo que Eto juraría sentía la sangre de su cabeza bombear con tal fuerza que podría volver a casa, o vagar por las calles en busca de algo que le quitara la horrible sensación de que nadie en esa pequeña ciudad valí la pena. A Eto hoy no le bastaba con sentarse en una esquina crucial del lugar y observar a las pequeñas bolsas de carne, quemándolas con la mirada e intentar adivinar cuáles eran sus secretos que se delataban fácilmente en su forma de actuar, no, Eto necesitaba algo como un ojo parchado, un arma a punto de decorar con sesos las paredes de las profundas calles de Sweet Valley o incluso un juego de escondidas simple y llano. Era casi definitivo que se daría la media vuelta y se iría con una total decepción, de no ser que sus ojos traviesos captaron por el rabillo un interesante manto blanco muy solitario. Ah, ¿es que el niño caprichoso con un poder ridículamente desmesurado la escuchaba y la consentía porque ella lo veía como lo que es verdad?

No hizo falta mucho de su ingenio para darse cuenta de que el contrario de cabello tan largo como el de ella tenía un carácter explosivo y agresivo, y es que ella simplemente había dicho una oración para que fuera merecedora de la mirada más fratricida que había visto. No pudo sostener más cautiva a la risita que se le escapó de los labios y luego de suspirar y terminar en una sonrisa algo siniestra dijo—. ¿Que no me interesa? Pensaba que las personas hacían interrogativas cuando querían información a cambio, ¿es que estoy equivocada, chico bonito? —ah, ¿podía ser aquello más maravilloso? Él no tenía un arma, ni un rostro lleno de tragedia, ni siquiera jugaba con ella a algo infantil, pero tenía una personalidad cáustica deleitable, con veneno en las palabras y dagas en la mirada, suficiente para ser un objeto de investigación de la señorita manos ligeras—. ¿Tú crees? A mí ya me has enamorado —sólo que ella ama diferente a los demás, sin palabras bonitas ni afectos empalagosos, sino con preguntas y burlas, mentiras y torturas legales, ¿o no? Dependiendo del papel que interpreta en la ocasión o del humor que tuviera en ese momento—. Estoy segura de que serás la cita perfecta para esta noche —terminó para entregarle una sonrisa falsa con un tinte de simpatía artificial.

La conversación se vio momentáneamente interrumpida por la voz del sujeto frente de ella, aclamando por un poco de atención de las personas que traen los platillos. Éste se acercó, con su infaltable sonrisa y un bolígrafo con papel en la mano dispuesto a anotar todo. Rió, esta vez más fuerte, al escuchar el acento marcado que el contrario empleaba, ¿Es que era necesario? Se escuchaba tan ridículo forzando un acento no propio, ¡oh, definitivamente esta sería una de esas citas que a ella le encantan! De las que seguro recordaría una vez pasado mucho tiempo—. Lo mismo que el chico bonito, ah, que no se te olvide que la carne esté siagnant, trae vino, ¿tú tomas, cariño? Bueno, no importa, un poco no te hará daño hoy. Eso es todo —el camarero escribió velozmente presionado por la mirada intensa de la mujer de cabellos verdes y tras un pequeño asentimiento de cabeza se retiró a paso apresurado, ah, ¿es que se había sentido incómodo por la tensión casi cortante que se sentía sólo en aquella mesa? Bueno, es que no era su culpa si su pareja temporal tenía un carácter de mil demonios—. Vamos, no tengas esa cara larga, pagaré por ti, yo invito esta noche, chico bonito —susurró burlonamente, como intentando meter el dedo en la llaga, porque, una de las posibilidades de su malhumor posiblemente sea que lo dejaron plantado cuando gastó centenares de dinero para una cita tan fina como aquella—. Oh, espera, ¿ya has pagado y tu pareja no ha llegado? ¡Eso no importa! —vociferó demasiado alto, tanto que se llevó miradas poco importantes de mesas contiguas—. Me tienes a mí esta noche, puedo asegurarte que soy mucho mejor partido que tu actual pareja, chico bonito… Por cierto, ¿vas a decirme tu nombre? Asumo que ya me conoces, no necesito presentarme —sonrió, triunfante, como regodeándose de su renombre.

De nuevo la charla banal tuvo que parar por unos minutos, y Eto entregó una mirada de molestia al hombre que llevaba consigo una pequeña canasta de pan y algunas salsas que dejó encima de la mesa junto con una jarra de agua, “cortesía de la casa”. Ella con un gesto totalmente aburrido tomó uno de los grisines y revolvió la salsa blanca con él, simplemente jugando—. ¿Y bien? ¿Me dirás qué haces aquí? Tu novia te dejó plantado, ¿no es así? Una verdadera lástima, no para mí, claro, no tendría esta increíble oportunidad —entonces las comisuras se le estiraron con sorna, antes de que llevara el grisín a la su boca. Bueno, ella tampoco tenía mucho que decir, también le habían cancelado cruelmente, a ella, a Takatsuki Sen, y no había sido cualquiera sino su propio editor. Se sentía un poco encolerizada, como cuando fue con él la primera vez y le dijo que su “poesía innecesaria” no llamaría la atención y estaba de más, y aunque no quería seguir pensando en eso no pudo evitar soltar—: Si te hace sentir mejor, mi editor me canceló, ese pequeño Shiono es un desperdicio de carne y huesos —soltó alegre, como si quisiera empatizarse con él, aunque ella bien sabía que eso, contar situaciones parecidas, sólo servía para sacar información de los demás.
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Re: Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Ryou Bakura el Miér Mayo 04, 2016 11:43 am

Casi le resultaba molestamente doloroso pensar en todo el panorama que antes consideró interesante, verse arruinado por algo tan banal como que su "cita" para esa ocasión no se había dignado a aparecerse allí. ¿Era una broma de mal gusto? No, aunque tenía toda la pinta de parecerse a una. Porque era ridículo que la persona plantada fuera él, eso sencillamente no estaba bien, no era correcto que sucediera en el universo. Y su único motivo para estar en un sitio tan pulcro y elegante era que Rosette era una muñequita tan bonita como quisquillosa, además de otras características poco deseables en una mujer que podría tomarse gran parte de la noche sólo en enumerar. No, su ausencia no le partía el corazón ni algo absurdo como eso; nunca caería tan bajo. Era algo simple, y es que estaba espléndidamente cabreado en ese momento, saber que sus esfuerzos por asistir y soportar el escrutinio innecesario de los comensales alrededor por su apariencia eran nada más un gasto inútil y futil de tiempo, su valioso tiempo. Inevitablemente había enumerado mentalmente todos los escenarios interesantes en que podría estar en ese momento, de hallarse en cualquier otro lugar. Incluso rendar una película de miedo barata podría parecerle mejor que esto. Pero ya se había medianamente resignado a la situación, no iba a largarse a casa sin al menos probar un buen corte de carne.

Así que no tenía muy claro si se trataba de una buena o mala suerte cuando una persona, una mujer evidentemente mayor que él sintió el suficiente interés en su persona como para tomar el lugar de su acompañante, e instalarse sin su consentimiento en la silla vacía. Sólo sabía que estaba bastante irritado por la interrupción innecesaria, y más le enervaba la burla sutil que fluidamente escurría de las pocas oraciones que la otra le había dedicado hasta ese momento—. Pues está equivocada si cree que las vidas ajenas son interesantes, a mí me suelen aburrir mucho —declaró, y pese a su notoria irritación, la sonrisa sardónica que le caracterizaba nunca tembló en su lugar. Después de todo, en sí la vida era un aburrimiento constante con pequeños alti-bajos de diversión. Que cada uno debiese aprovechar como le venga en gana, por eso en general lo que los otros hicieran no era su problema. Ah, bueno. Tenía al menos que aceptar que la mujer frente a él era lo suficiente insistente para no retirarse, seguramente planeaba fastidiarle la existencia hasta el final de la cena o algo así, ¿por qué no aprovechar también? Quizá tuviera razón y podría hacerse una desagradable compañía mutua—. ¿Tan rápido? No puedo decir que no tienes buen gusto —por lo menos, su ceño fruncido había sido reemplazado por una mueca de diversión, y la voz profunda que trataba de parecer galante, siendo demasiado exagerada para serlo.

Personalmente, se estaba muriendo de hambre desde hace un buen rato atrás, y no tuvo reparó alguno en llamar en voz alta al pobre sujeto que atendía las mesas, haciendo el mínimo escándolo posible que podía sólo para fastidiarles a él y a los clientes alrededor. ¿No era una pena esa clase de comportamiento en un lugar tan elegante? Era justamente su idea de diversión, además de pedir un filete de vacuno y patatas fritas, con tal acento francés que habría de resultar monstruo que cualquier nativo lo escuchase; desearía que Rosette pudiese oírlo también. Pero tan pronto como había llegado ese pensamiento a su cabeza, fue inevitable que otra mueca de irritación se instalara en sus facciones. Justo a tiempo para que el camarero tomara nota de la orden de su acompañante de cabellos verdes (no había notado antes lo peculiar que se veía, aunque ya debería estar acostumbrado a los colores exóticos como el rosa) y se alejara con extraordinaria rapidez, como si alguno de ellos fuese a morderlo o algo por el estilo. En vista que tenían hambre, no lo creía un escenario tan alejado de la realidad, pero apostaba a que la carne de mesero era un poco chiclosa debido a los nervios y al estrés, mejor en otra ocasión. Tuvo necesidad de reírse abiertamente de la amabilidad ajena, porque, nuevamente, no podía faltar el pequeño deje mordaz de que la mujer solo se estaba burlando de su persona. En algún punto ya no le molestaría tanto, él tenía la costumbre de hacer exactamente lo mismo con los demás.

Muy amable de tu parte, me alegro que no tengas nada mejor en que gastar tu dinero que comprarle comida a un extraño —le regresó la sonrisa, con el menor rastro de hostilidad pese al contenido de su frase; sólo estaban bromeando entre sí, ¿no? Nada que tomar personal—. No hace ninguna diferencia, de todas formas, mi cita iba a pagar —nuevamente soltó una carcajada, más para sí mismo, porque la idea de él pagándole a alguien una cena romántica era tan absurda como hilarante: era un tanto más divertido porque la persona que hacía tantas preguntas no lo conocía ni un poco para imaginar tal clase de escenarios, qué adorable. Se calmó lo suficiente para encogerse de hombros ante su siguiente acotación, tomando la oportunidad para dar un mejor escrutinio a la mujer que aclamaba ser su cita esa noche—. Eso no puedo discutirlo, tú tienes mucho mejores curvas —prácticamente ronroneó, y era evidente que le había dirigido una mirada no muy sutil a su anatomía para sacar esa conclusión. A pesar de que no pudo mantener la seriedad mucho tiempo, al escucharla decir que él debería conocerla, se quedó un segundo en silencio, examinando sus rasgos—. ¡Tienes razón! No sé cómo no me di cuenta antes —fingió una mueca de pena, cerrando los ojos y colocando una mano en su pecho en señal de arrepentimiento, hizo una pausa lo suficiente extensa para que su acompañante se regocijará con lo siguiente que iba a decir—. Tú eres... una persona a la que nunca he visto en mi vida. ¿Puedo tener su autógrafo?

Requirió mucha de su fuerza de voluntad no echarse a reír antes de tiempo, incluso se dio la libertad de implementar una voz más suave como si realmente le resultara una sorpresa encontrarla allí. Lástima, porque no tenía ni mínima idea de quién era, tal vez le resultaría interesante saberlo en un rato. Pero en la breve interrupción que sufrieron, se acercó el mismo camarero de hace un rato a dejarles sobre la mesa los entremeses convenientes antes de la comida. Por su parte, lo celebró, pues todavía tenía bastante hambre. No parecía prestar la debida atención a las palabras de su acompañante mientras hablaba, y él estaba mucho más entretenido viendo la comida, pero sí se dignificó a responderle coherentemente—. ¿Qué más puedo hacer aquí? Vine a comer algo digno de un panteón griego —se regodeó plenamente en llevar el grisín hasta su boca, luego de hundirlo en alguna de las salsas depositadas allí. La comida era importante, sin dudas. Y no tardó en ese pequeño lapso de tiempo en llevarse otro trozo de pan a la boca, sólo para aprovechar la oportunidad—. Tal parece que cancelar citas se ha hecho una mala costumbre en la actualidad, ¿no? Pobre de nosotros —nuevamente, su expresión de pena falta que no convencía a nadie en absoluto, porque por dentro se estaba riendo de la mala suerte que compartían.

Se sentía satisfecho al pensar que, hasta el momento, no había revelado ninguna información realmente pertinente a las preguntas de la mujer. En parte porque no había algo muy interesante en ellas, y además porque le desagradaban esa clase de interrogatorios de introducción. Pero podía complacerla, al menos un poco—. Mi nombre es Bakura, extraña a la que nunca he visto —le dedicó una sonrisa burlona, todavía divertido con el recuerdo—. Puedes decirme tu nombre, a menos que quieras jugar a que lo adivine —era sarcasmo, pero con tal ligereza y desinterés que en verdad no se negaría a jugar a ello si la otra se lo pedía (pero no iba a engañarse, nunca iba a adivinar), tenían tiempo que matar antes de la comida.

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Re: Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Sen Takatsuki el Miér Sep 28, 2016 6:09 am

¿Aburrirte? ¿Las vidas ajenas? ¡¿Cómo es eso posible?! —exclamó exageradamente. Para Eto, indagar en vidas privadas y desconocidas era su pequeña entretención, tener la capacidad de hacer preguntas simples y sacar tanta información de sus respuestas era algo que la maravillaba; a veces, no sólo las respuestas orales sino también las físicas eran lo que más le gustaban. Por supuesto que no todas las vidas valían la pena, y ella lo sabía mejor que nadie: había muchas que no eran dignas de nada, ni siquiera de existir, típicas, morales, aburridas, no obstante sus estadísticas decían que eso sucedía en dos personas de cada diez. Entonces, resultaba heteróclito que alguien no gustara de inmiscuirse en vidas ajenas, ¿no era eso lo que hacían todos? ¿No era eso lo que más le gustaba a los humanos? —. Déjame decirte, mi compañero trapisondista, que estoy segura de que eso se debe a que no has encontrado a la persona correcta. Pero dime, ¿nunca has tenido curiosidad por los secretos de los demás? ¿Sabes? Un mundo como este, tan simple, es manejado con secretos —comenzó con elegancia, empezando su monólogo cual discurso de una reina—. Imagínate sabes algo sucio acerca de un gran empresario, la extorsión es lo de hoy, ¡imagina cuánto dinero le puedes sacar a ese pez gordo! Y sólo con saber sus secretos —finalizó feliz, como si fuera que su discurso ayudaría a mejorar la vida del ajeno, ¿y es que no era así? Pues, incluso ella estaba condenada a un secreto, la diferencia de ella con el mundo es que su poca moral le permitía simplemente erradicar a cualquiera que la estuviera amenazando, era casi como el orden natural de la vida, puesto que el fuerte devora al débil y ella sería caníbal si fuera necesario.

Por su parte, disfrutaba de la manera tan pintoresca que tenía el desconocido de actuar, así, gritando hacia el mesero como si no te tratara de un fino restaurante francés sino una cantina y estuviera pidiendo unos tragos; pero más que eso disfrutada de la manera que los comensales los veían: con extremo terror en los ojos, con desaprobación y extrañeza, y aunque a ella debería importarle mucho su imagen (ya que era una escritora reconocida, después de todo, no era cosa banal la forma en la que actuaba) esa noche no tenía las ganas para recordar cada lección de etiqueta que Shiono le había obligado a aprender, se había sentado en tal lugar porque quería diversión y no se pondría a medir sus límites ahora—. ¿Qué puedo decir? Soy una mujer con el corazón demasiado sensible y enamoradizo —vociferó, llevando ambas manos a sus mejillas como si realmente estuviera apenada por tal declaración o como si para empezar, ella realmente pudiera sentir algún enamoramiento efímero y de forma tan sencilla—. Pero sabes, yo no me enamoro de las apariencias y aunque ciertamente eres exótico y sugerente eres tan poco polícromo como la mitad de las personas que me he encontrado hasta el momento, así que debes tener algo escondido detrás de esos ojitos amargados como para atraerme —se explayó, más como para ella misma que para él, definitivamente más como un soliloquio que a una declaración que debía ser escuchada. Sin embargo, su segundo monólogo de la noche terminó con la aparición del mesero, que hilarantemente tardó un corto período de tiempo en desaparecer de nuevo con las órdenes de ambos.

Entonces, ¿tu novia-sin-curvas iba a pagar y no se ha presentado? Qué vulgar, cariño, ella quería que te metieras en problemas con el establecimiento, ¿no es acaso una perra? Sí, estate feliz de estar conmigo —la mueca de diversión  se mostró sutilmente una vez más en sus carnosos y rosados labios, mas ésta se suprimió con lentitud mientras escuchaba atentamente cada una de las palabras ajenas. Para empezar, sería lógico si ella se ofendiera por tal comentario, debería grítale o al menos montar una débil escena de enojo profundo, pero simplemente se carcajeó fuertemente por un pequeño lapso, llamando la atención de los comensales y meseros (otra vez, parecían ser el blanco constante de las miradas esa noche). ¿Disgustarse? ¿Tomar aquello como una injuria hacia su persona? Por favor: sí había llevado mucho tiempo y esfuerzo ser quién era, su inteligencia y brillante oratoria en prosa la ponían, no en lo más alto, debía admitir, mas en un elevado puesto entre todos los escritores actuales, sin embargo, este era sólo otro juego para ella y su conciencia estaba calma con saber que, de por sí, ella era mucho mejor que el ente que se mostraba del otro lado; bastaba con traer cualquier libro y ponerlo sobre la mesa para asegurarlo, y aun así, Takatsuki Sen no necesitaba el reconocimiento de nadie—. Eres un muchacho gracioso, ¿sabías? Eres rápido para soltar el veneno de tu lengua y comienzas a agradarme mucho —expresó con el deje de risa en la boca—, ahora con mucha más razón te dejaré mi autógrafo —el bolígrafo y el cuaderno que guardaba en el bolso que en esta noche la acompañaban por fin tenían un uso útil; al principio estaba destinado a ser el dador de ideas para Shiono, pero: azares de la vida. ❝¡Felicidades! Me agradas. Ahora eres de mi propiedad. Con cariño, una persona a la que nunca has visto en tu vida❞escribió con tinta azul dándose el derecho posesiva y celosamente, firmando con el pseudónimo de tono misterioso para luego entregárselo al ajeno.

Era risible como finalmente la comida era el punto de concentración de ambos, aunque éste debería serlo desde un principio teniendo en cuenta el lugar en el yacían. Y de todas formas, la conversación sólo se veía interrumpida por externos, como si ninguno de los dos quisiera que los silencios aburridos formaran una brecha entre ambos quitando la emoción que con esfuerzo habían logrado crear esa noche—. ¿Pobre de nosotros? Já, no, no, pobre de ellos, sólo merecen el castigo, ¿no es así? —de pronto parecía ausente, como si estuviera en otra lugar más llamativo, y es que en su mente se preguntaba cómo es que Shiono, sabiendo quién era Eto Yoshimura, se atreviera a plantarla sabiendo que probablemente eso sería un disgusto, no obstante, estaba segura que Shunji tenía conciencia de que Eto tenía un lado suave para con él y se aprovechaba de eso. Se sintió asqueada de sí misma al razonar que, efectivamente, no cumpliría su palabra de hacerlo pagar con lágrimas de sangre y perdonaría cualquier cosa que Shiono hiciera. Sacudió fervientemente esos pensamientos de fuero interno y tras elevar sus comisuras respondió—: Por supuesto que tendrás que adivinar, ¿no son los juegos algo divertido? Una vez alguien me dijo que jugar a las escondidas y los juguetes son cosas de niños, pero, vamos, La vida no es divertida si no hay juegos de por medio —recordaba sólidamente ese encuentro en el bosque y se dio la libertad de repetir sus propias palabras—, al menos no es tan difícil, por mis labios se ha escapado que por sobre mí hay un editor, ¿no es así? Tienes una pista desde el comienzo. Es fácil, dime, ¿te gusta el terror y el suspenso? Eso es algo crucial para adivinar mi nombre —era tan dadivosa que hasta el juego parecía injusto para ella, ¡esas pistas deberían de ser suficientes para reconocerla! Claro, ignorando el hecho de que podría de ese grupo de ignorantes que tienen como pecado tocar un libro o siquiera leer algo con calidad. Para este punto el mesero había vuelto esta vez con sus platillos; por su parte, se dedicó a saborear su filete saignant disfrutando de esa textura carnosa y jugosa (casi cruda) con la que hace tiempo no se deleitaba— Bon Appetit! —fue su turno de exagerar el acento francés.



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Re: Explorers of wildness. {Priv. Ryou Bakura}

Mensaje por Ryou Bakura el Miér Mayo 17, 2017 1:49 am

Estaba agradecido, de cierta manera poco convencional, de que una interrupción indeseada fuese precisamente el factor que tornó la desgraciada circunstancia de abandono en una experiencia interesante. Probablemente, mucho más atractiva de lo que habría resultado una cena simplona con aquella francesa de colores chillones y actitud desagradable, aunque parte del mérito también fuese de ella por dejarlo plantado, no era una ofensa que perdonaría fácilmente, ni siquiera ya pasado el momento de la indignación. Finalmente había empezado a disfrutar de la velada improvisada con una desconocida, de actitud y modales tan bruscos como los suyos, seguro que era una manera peculiar de destacarse en sociedad, en especial cuando todos los comensales y hasta los empleados al rededor de su mesa se veían tan elegantes, como muñecos disfrazados para una obra—. A mí me parece que hay una diferencia abismal entre la extorsión, que es un método fiable y práctico, al simple acto de chismear en la vida de los demás —medio en serio y medio en broma, no podía jactarse de estarle llevando la contraria nada más porque sí (aunque su sonrisa marcada delatara otra cosa), simplemente estaba convencido en su completo desinterés por las vidas ajenas, a sabiendas de lo monótono y banal de la mayoría. Tal vez porque los seres estúpidos no valían su tiempo y mucho menos su curiosidad, irónicamente, le intrigaba cómo alguien pensase lo contrario.

Suponía a esa altura que no les quedaba más que resignarse a la compañía mutua, y le alegraba empezar a considerar aquello como algo menos fatídico; el espíritu burlón y festivo de perturbar a los demás se le ajustaba mucho mejor. Era su especialidad llamar la atención a la mala manera, quizá la razón por la que la mujer estaba ahora frente a él además de su apariencia desgarbada—. Apuesto a que ese corazón sensible y enamoradizo ha encontrado a muchos jóvenes en la ciudad —se burló sutilmente, negando suavemente con la cabeza sin dejar de sonreír, sin embargo, no dudaba que la actitud avasalladora de la contraria era un motivo recurrente: de seguro tenía la costumbre de acribillar pobres diablos a cada oportunidad que le daban. Hasta empezaba a preguntarse si seguía un patrón, tal vez incluso la falta de colores diera una pista, o se trataba todo de simple casualidad. Hilarante no tener forma de saberlo—. ¿La mitad han sido mimos y la otra payasos? —soltó la pregunta con sorpresa falsa, cruzándose de brazos y abriendo los ojos para presentar una legítima mala actuación, exagerando la única distinción vaga que la otra habría brindado—. No pienso que mis ojos amargados y yo lleguemos a ser la mitad de interesantes —se jactó, con débil resolución, y más bien una muestra más que evidente de sarcasmo. A decir verdad, el único rasgo interesante de su persona habría de ser su personalidad levemente torcida y sus actividades ilícitas pasados los horarios vespertinos, pero no era la clase de información que iba a soltar en la primera cita, ¿verdad? Al menos compartir un trago primero.

Tanto como estaba disfrutando de la compañía ajena, ello no significaba que debía ser agradable, y ser agradable incluía tal vez fingir interés o una disculpa por desconocer la identidad oh tan importante de quien fuese que estaba sentado frente a él. Afortunadamente no era esa clase de persona con modales de plástico, y la mujer no era la clase de fémina que se histeriza frente a un insulto insulso dicho con deseos de incordiar, quizá harían buena pareja después de todo, aunque fuese sólo para desmenuzar al mundo con comentarios mordaces, incluidos ellos mismos. Nuevamente le dedicó una sonrisa, aquélla se extendía hasta dejar ver parte de sus dientes en la comisura de su boca, simulando colmillo—. Sería una excelente serpiente mascota, ¿no? —disfrutaba de la comparación, tanto porque resultaría igual de peligroso mantenerle cerca por demasiado tiempo, nunca se podría estar seguro que no le dieran ganas de morder. Se limitó a observar su acción, siguiendo con los ojos los dedos gráciles que plasmaban la escritura improvisada en un trozo de papel que posteriormente le fue extendido. No ocultó que le causó gracia recibir un autógrafo completamente a su nivel—. Suena extraño ser de la propiedad de alguien a quien nunca he visto. Y no he tenido una gota de alcohol todavía —ironizó, extrañamente de buen humor. Había tenido experiencias interesantes que involucraban una resaca al día siguiente, pero nada como una declaración inválida de propiedad, siempre existía una primera vez para todo.

Los pobres diablos seguimos siendo nosotros, que nos encontraremos con esa gentuza otra vez —el poco animo de su declaración pudiese incluso ser apropiado para un brindis, pero tal actitud fatalista debiese conformarse con los entremeses que seguían en la mesa, y que se estaban encargando de devorar a paso veloz. Aunque le daba el pie para reflexionar qué clase de relación tendría con Rosette para siquiera desear verla de nuevo, decidió rápidamente que ello no era importante en cuanto volvió el dichoso camarero, con sus órdenes finales sobre la mesa. Personalmente, a continuación, toda su atención estaba en su filete de solomillo de vacuno, pero aún podía prestarle el mínimo rastro de interés a su compañera, de cierta forma se había ganado esas sutilezas de interacción social—. Si te gusta ponerle juegos así a la gente, seguro estás muy acostumbrada a la decepción —la observación no iba más que como un comentario plano, sonaba lanzando al aire como un pensamiento superficial. La gente en general era bastante incompetente, después de todo. Él ni siquiera tenía deseos de esforzarse: apuñaló con el tenedor su corte de carne, y en lugar de cortarlo como alguien civilizado, lo levantó para arrancarlo de un solo mordisco, dejando que algunos jugos se deslizaran por su barbilla—. Iré con lo sencillo, escritora de terror y suspenso —ni siquiera tuvo la decencia de terminar de masticar antes de hablar, pero sus modales a la hora de comer habrían de ser el menor de sus intereses—. Sigo sin estar familiarizado con cualquier nombre —se encogió de hombros, al menos la siguiente mordida a su comida fue menos salvaje. Despreocupadamente, se relamió los labios y los costados de la boca, saboreando lo salobre de la carne, obviando en absoluto que existían cosas como las servilletas. Cuando volvió a posar sus ojos en ella, parecía que apenas recordaba que se encontraba ahí, le volvió a dedicar una sonrisa sardónica y una risa fea, un poco escandalosa para la relativa calma que habían tenido al empezar a comer—. ¡Tal vez podrías empezar a deletrearlo!

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Mensaje por Tema Cerrado el Sáb Jul 01, 2017 7:39 pm

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