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La milla verde [Privado con Killua Zoldyck]

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La milla verde [Privado con Killua Zoldyck]

Mensaje por Murasakibara Atsushi el Miér Ene 20, 2016 2:01 pm

Existían muchos tipos de fobias. Algunas comprensibles, otras más particulares. No podría decir que lo suyo fuera una fobia o simplemente pánico pero lo que si sabía era que una vez cada seis meses era el peor día de su vida y había tenido muy malos días a lo largo de la historia. Caminaba como alma en pena, con el móvil en la mano, dejándose guiar hacia el cadalso por el gps y mirando con aprehensión cómo los metros iban acercándose al 0 peligrosamente. La voz en japonés que salió de su teléfono le puso la carne de gallina.- Ha llegado a su destino.- Guardó el teléfono en el bolsillo de la chaqueta y miró hacia arriba, encontrándose con un edificio en cuyo letrero anunciaba con letras bien grandes y ostentosas: DENTISTA.

Murasakibara entrecerró los ojos por un instante, si había algo en la vida que odiaba hasta la muerte eran los dentistas. Podía medir dos metros, podía pensar casi 100 kilos, pero nada de eso servía cuando una enfermera te sentaba en esa silla incómoda y humillante, aparecía un tipo con una mascarilla y te decía: Di aaah. En eso momento lo único que podía pensar el jugador de baloncesto era en que la tierra se abriera bajo sus pies y le tragara para siempre. De momento solo tenía que hacerse una revisión rutinaria, la típica que se hacía cada seis meses y la única razón por la que nunca se saltaba esas citas, pese a no tener la supervisión de sus padres, era porque comía muchos dulces y demasiadas porquerías. En cualquier momento podría tener algún problema dental, ya los había tenido y no era tan extraño, por eso prefería ir cada cierto tiempo, aunque fuera el mismísimo infierno, pero tal y como su abuela decía a menudo: Más vale prevenir que curar. Dejó pasar a una mujer por delante de él y poco después soltó un gran suspiró e resignación, para coger fuerzas de flaqueza y abrir la puerta del establecimiento.

El impacto del olor a desinfectante fue brutal y por si eso no fuera poco, muy cerca estaba el sonidillo de la maquinaria con la que los dentistas torturaban a sus clientes, ese sonido a taladro minúsculo que le ponía la carne de gallina. Había algo de cola en la entrada frente a la recepción y eso le puso aun más nervioso. Por suerte, solo se veía a un muchacho alto, esperando pacientemente mientras se quitaba el gorro de lana gris y los guantes, con suma tranquilidad. Fue su turno cuando los guardó en los bolsillos de la chaqueta, se tuvo que inclinar para poder mirar a la recepcionista que pidió sus datos y comprobó que estaba en lista antes de pedirle amablemente que tenía que hacer tiempo en la sala de espera hasta que fuera su turno. Como vacas en el matadero. Se metió en la sala, que por suerte era bastante amplia, incluso tenía una zona retirada a un lado donde los niños podían jugar y no molestar demasiado al resto. Murasakibara se sentó en uno de los asientos libres, sin pensar demasiado si tenía gente cerca o no. Se quitó la chaqueta, para no morirse de calor y se echó hacia atrás las mangas en los antebrazos. La silla había crujido peligrosamente cuando él se acomodó, lo que hizo que varias personas giraran la cabeza para mirarle con sospecha, pero él hizo caso omiso y junto las manos, intentando no salir de allí a toda prisa. Había bastante gente en cola y eso no le gustaba, había llegado un cuarto de hora antes pero...Seguía habiendo demasiada gente, no quería estar allí horas esperando a la guillotina, era inhumano.

El tiempo fue pasando y la cola iba mermando, pero con mucha más lentitud de lo que le gustaría. Ya no sabía ni en qué postura ponerse. Tenía las manos sobre el vientre, ligeramente recostado en la silla, medio tumbado y con las piernas flexionadas, porque seguramente si se estirase ocuparía demasiado espacio. Se fijó en la pecera de tamaño considerable que había en la pared perpendicular a la que él estaba sentado y miró el ir y venir de los pobres bichos escamosos y de colores que vivían en un local para dientes...Qué pesadilla. Había un bicho de esos que se dedicaban a comer el resto de porquería de los otros peces, pegado a la pared de cristal de la pecera, justo frente a él, con la boca redonda pegada como una ventosa. Murasakibara puso el dedo delante del cristal, pero ninguno de los peces se inmutó, seguramente estaban demasiado acostumbrados a que la gente hiciera eso. Sin embargo, uno de los pececillos de colores vivos pareció pensar que el dedo de Atsushi era una especie de gusano gigante, así que se acercó con curiosidad y empezó a seguirlo, con lo que el chico estuvo entretenido, moviendo el dedo de un lado a otro viendo cómo el animal le perseguía.
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Re: La milla verde [Privado con Killua Zoldyck]

Mensaje por Killua Zoldyck el Lun Ene 25, 2016 4:25 pm

Los demás lo sabían, él lo sabía, no había ninguna sola alma que tuviera una idea contraria a la que ya estaba comentado hasta el cansancio, así es, tarde o temprano el comer tantos dulces le pasaría deuda y por lógica se pagaría con su salud vocal deteriorada o una visita al dentista, es decir, todo el mundo tiene que ir cada determinado tiempo como cuando te refieres del psicólogo o el doctor general pero seamos realistas, ¿quién rayos va y hace esas citas si no se siente realmente mal? Y digo realmente porque muchas veces no esperas hasta que sientas que te estás muriendo para acudir con los especialistas, los cuales juran no sólo con palabra, hasta hay un certificado en las paredes de cada uno de ellos mencionando que son aptos para el trabajo… —Bullshit —no se dedicaba a nada de eso pero le constaba que había conocido o sabido de varias personas que no por tener tal oficio deberían de ser merecidas de respeto, quizá solamente le estaba irritando el hecho que debía ir y ya ni siquiera por voluntad propia, estaba literalmente obligado a presentarse por culpa de los sirvientes especializados que le habían mandado sus padres, espiando hasta que cumpliera la acción «Siendo un dolor de cabeza », era el trabajo de ellos pero aún así, esas llamadas ocasionales que recibía cuando lograban ver que se desviaba o tomaba un atajo para recordarle de las consecuencias. Tuvo que inhalar y exhalar despacio para calmarse.

Se había asegurado de cepillar sus dientes antes de ir y todo el trabajo implicito que requerían, vease usar el hilo dental, el enjuague bucal, examinar por sí mismo que todo estuviera en orden, asegurandose de que a lo único que iría sería una revisión para terminar con su miseria y ya está. Pensaba ir “solo”, porque aún cuando sabía que lo estarían siguiendo a todas partes por esas horas no era como si tuviera alguien al lado con el cual ir conversando. En realidad no entendía como era que aún no le habían “secuestrado” en alguna limusina para hacer todo más sencillo y quitarse ellos un peso entre sus preocupaciones, podría ser que querían dejarle su espacio como el hijo independiente y rebelde que era, ¿no es eso de cierta forma hilarante?

Al entrar al recinto notó como el clima se establecía, haciéndose aceptable, ya que podría decir que afuera hacía quizá no una tormenta pero sí estaba lo suficientemente frío como para alegrarte cuando tenían calefacción. Desgraciadamente también se percato de que al parecer no era uno de esos días en los que eres el único cliente, quizá uno o dos más pero no… ¿Es que acaso se había realizado algún concurso donde tu dentadura quedaba echa trizas? Demonios, ¿cómo es que se había perdido algo así? Se sonrió para sus adentros y continuó echándole un vistazo al lugar; todo era bastante común, todo lo que se podría esperar que hubiera, de hecho, ¡allí estaban! Algunos cuadros pegados a la pared que te informaban de lo bueno que era, un espacio donde tenían una pila de revistas para que pudieras ojear mientras esperabas, los asientos: llenos, no se lo podía creer… ¡Hasta la pecera estaba allí! Agh, el sarcasmo con el que se lo dijo no tenía precedentes que seguro si los demás le escuchaban pensarían que era un cretino o algo. Por suerte no había niños pequeños, a excepción de él, lo que podría resultar en una contradicción pero vamos, más pequeños aún, de esos que se ponían a hacer todo un escándalo, lloriqueando, haciéndote sentir lo fácil que sería causar un genocidio allí en ese mismo instante.

No había mucho que explorar y quedaba un lugar al lado de un sujeto de cabellos morados, le llamo la atención no sólo su estatura que superaba con creces a la suya, si no que también se encontraba jugando con la pecera que había contado entré sus clichés de sitios así. Se dirigió directamente y se sentó al lado suyo como ya había planeado inconscientemente, le observó unos segundos para ver lo entretenido que se encontraba burlándose de un pez ingenuo… Esperen, ¿se puede usar esa palabra para referirte a una existencia así? ya que era como decir “salir para afuera”. —He escuchado que existen peces que si sumerges tus pies en el agua ellos van y comen las callosidades —la idea era un poco repugnante si la comentabas de esa forma, que poco a poco algunos que se encontraban al lado y no estaban lo suficientemente distraídos hicieron una expresión de desagrado ante el comentario del chico, pero no importaba, no era a ellos quienes les estaba hablando. —Sin embargo no sé nada sobre las manos —imitó lo que hacía para comprobar si el pez entraba en un conflicto interno al preguntarse por cuál “presa” debería ir primero, lo que no duró mucho ya que decidió continuar mejor siguiendo al mayor. —¿Aaah? —frustrado, de alguna forma quería que algo cautivador sucediera pero suponía debía estar pidiendo mucho a una pecera —supongo que has ganado, el pez al parecer tiene muchas ganas de llevarse un festín de tu dedo, es un pez con muchos deseos de superación, ¿huh? —se sonrió un poco ante su propio comentario intentando crear un momento que matará el ambiente de lugar con su compañero de al lado, sobre todo porque a veces el sonido del taladro penetraba hasta esa sala y era, ¿cómo decirlo? Como si alguien estuviera rascando una pizarra, lo cual era curioso ya que no recordaba haber tenido una experiencia con la dicha sin embargo la tenía presente como ejemplo.
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Re: La milla verde [Privado con Killua Zoldyck]

Mensaje por Tema Cerrado el Vie Mar 04, 2016 10:34 pm

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Re: La milla verde [Privado con Killua Zoldyck]

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