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The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

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The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Ken Kaneki el Dom Dic 13, 2015 6:16 am

Alguna vez alguien le habían dicho que los conejos morían de soledad, y en ese momento, había soltado una pequeña risa y repuso «Hide, pero tú no eres un conejo», ya que su amigo solía ser muy dramático cuando él se ausentaba por plazos cortos de tiempo, incluso cuando faltaba unos días la escuela. Lo recordaba a la perfección, había sido el poco tiempo en Japón que sí disfrutó de verdad, a pesar de que las cosas en casa de su tía empeoraban un poco cada día, Hide siempre lograba sacarle una carcajada a la fuerza con alguna payasada suya. Así era como recordaba a su amigo, como una persona llena de vida que iluminaba sus días tristes; literalmente, él había sido su mundo por muchos años, incluso antes de que su madre falleciera. Por eso, había sido realmente duró cuando el muchacho de cabellos anaranjados se mudó a Inglaterra. Y entonces era él quién se sentía como un conejo, solo y abandonado. Aunque no le fue imposible vivir, desde entonces el único medio que tenían para comunicarse era a través de cartas, desde postales y también correos electrónicos. A veces incluso paquetes que llevaban en navidad.

Era impresionante pensar que todavía lograba sacarle una carcajada en un mal día, incluso a miles de kilómetros de distancia. Creía que sólo su mejor amigo era capaz de hacer eso. Había sido una presencia constante, incluso después de que tiñera su cabello de blanco y sus uñas de color negro, todavía se hablaba ocasionalmente con su mejor amigo, y no había pasado mucho tiempo antes de que le dijera que se mudaría a Francia. Había pasado un año completo desde entonces. Y apenas hace unas semanas tal persona se había dignado considerar la idea de mudarse al mismo país, en esta ocasión, le replicó «Idiota, ¿por qué no lo pensaste antes?». Él había madurado mucho, ya no era el débil chico de cabello negro que se iba al fondo del salón a leer, sin embargo, estaba seguro que Hide seguía siendo el mismo de siempre, un cálido rayo de sol. Y eso era más que suficiente para esperar su visita con ansías, mucho más de la usual. Quizá estaba un poco tenso, pues discutió un asunto superficial con cierta muchacha que le rondó la cabeza un tiempo, pero en resumen, la llegada de su amigo era la principal razón por la que estaba allí. Ese día, en una cafetería. Que había visitado muchas veces antes, solo o en compañía.

Habían acordado juntarse en ese lugar, quizá porque como siempre su amigo tenía en cuenta su gusto casi exagerado con el café. Debía aclararle de una vez que ya no solía trabajar de camarero (vamos, que llevar un delantal y una peluca para simular tener su cabello negro de nuevo no era lo más cómodo del mundo), la idea era casi risible a esa altura, pero ya tendría tiempo para aclarárselo cuando lo viera. Así que esperó alrededor de media hora sentado en la mesa de la cafetería, con una sola taza de café sobre la mesa, cuyo contenía había acabado de consumir hace bastante tiempo, y debía resistir la tentación de pedir un poco más cuando la muchacha del servicio se le acercaba, y él debía aclarar que estaba esperando a alguien. ¿Qué le tomaba tanto a su amigo para venir? ¿Y si su vuelo se cancelaba? ¿Y si llegó a cualquier ciudad de Francia menos Sweet Valley? ¡Era Hide de quien estaba hablando! Era despistado, pero nunca cometería un error garrafal como ése. Era más probable que se hubiera perdido por la ciudad, quizá se quedó hablando con una ancianita en la calle preguntando direcciones.

La imagen mental le hizo embozar una sonrisa. Aunque eso no evitó que empezara a impacientarse, y ya estaba cerca de insultar mentalmente a su mejor amigo porque todavía no llegaba, se limitó a posar sus dedos sobre la mesa y a golpear rítmicamente la superficie de ésta, mientras continuaba esperando. Apenas diez minutos después, cuando estaba considerando seriamente hacer una llamada al desgraciado, se escuchó la campana de la puerta que anunciaba la entrada a un cliente. Y apareció en su rango de visión la figura de su mejor amigos de muchos, muchos años. Tal como lo recordaba, ojos alegres que buscaban alrededor casi con desesperación, y la respiración entrecortada. Sí, definitivamente se había perdido. Rodó sus ojos, aunque uno de ellos se encontraba cubierto por su parche de color negro, y se vio en obligación de levantarse de su asiento cuando el otro se demoró demasiado en encontrarlo—. Te he esperado cerca de cuarenta minutos y ni siquiera vienes a saludar. ¿Qué clase de mejor amigo eres? —le reclamó en voz alta, con los brazos cruzados. A pesar de que se encontraba sonriendo en su dirección. Pronto se acercó unos pasos más, hasta quedar frente a frente. Vaya, su compañero había crecido también, era más alto de lo que recordaba—. Tiempo sin verte, Hide —le ofreció un apretón de manos, sólo porque no era una personas de abrazos.
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Hideyoshi Nagachika el Sáb Ene 02, 2016 11:03 pm

El día por fin había llegado, el día en que vería a su mejor amigo de toda la vida una vez más, y esperaba que en esta ocasión fuera a durar mucho, mucho más tiempo. Ya que su última separación no había sido algo lindo, ambos tristes y sollozando mientras se despedían, en ese tiempo pensaban que para siempre. Pero no contaban con la astucia de Hide, que le pidió a sus padres que lo dejaran mudarse a casa de su mejor amigo, en Francia, normalmente un padre común y corriente se negaría de inmediato, pero los padres de Hide tenían algo que esos padres no tenían; Un desprecie por su único hijo, así que así sin más, lo dejaron partir a Francia, mandándole algo de dinero cada mes "Para que no molestara".

Esta vez era el día correcto, puesto que se había equivocado en la fecha del pasaje, tuvo que viajar un día antes de lo planeado. Si no fuera porque encontró un hotel decente en las cercanías, hubiera dormido en la calle como un perro abandonado, pero aun así, no había sido un día totalmente desperdiciado, conoció a cierta chica mientras caminaba por la calle buscando a Kaneki, o al menos a alguien que lo ayudara con su situación. En fin, cierta chica era alguien importante para su mejor amigo, pero luego le preguntaría sobre ella. Primero tenía que llegar al lugar que habían acordado, una cafetería, al parecer los gustos excesivos por el café aun corrían por sus venas. La cafetería se encontraba a unas cuadras de distancia, caminando muy tranquilamente ya que llegaría unos minutos antes de lo acordado. La mirada puesta en la siguiente esquina en la que tenía que cruzar, fue interrumpida por un pequeño niño sollozando en medio del camino. Como es de esperar, se detuvo frente al niño y se puso en cuclillas para estar más o menos a su altura  —. ¿Que te ocurre, pequeño? ¿Estás perdido?— preguntó, no recordaba la última vez que había lidiado con un niño perdido, tal vez porque nuca lo había hecho, pero bueno, hay que aprender que hacer en el mismo momento. El niño asintió con la cabeza, sin dejar de llorar. La única solución que se le venía a la cabeza, era llevarlo a alguna estación de policía para que cuidaran de él, de todas maneras tenía tiempo de sobra antes de su encuentro con Kaneki, y además ese pequeño se veía devastado, no podía dejarlo ahí abandonado.

—. Ven conmigo, vamos a una estación de policía, ellos te llevaran con tu mamá— el niño accedió, lo cual sin dudas estaba muy mal. Parece que aún no le enseñaban la frase de "No hables con extraños" y mucho menos que te vayas con ellos. Pero en esta ocasión, que el niño no supiese esas cosas aún, era bueno. Si no se iba con él puede que un "extraño" con malas intenciones se lo lleve consigo. Buscó, y buscó alguna estación de policía, pero nada. Solo daban vueltas en círculos mientras le decía cosas al pequeño para que se tranquilizara, pasaron unos 15 minutos hasta que decidió, por fin, preguntar por indicaciones. "Al final de esta calle, a la izquierda" sonaba fácil, así que camino, camino, y camino. Esperando llegar al final de la calle, pero esta seguía y seguía. Con fin de animar el ánimo del pequeño, que parecía deprimirse y comenzar a llorar nuevamente, lo llevo en sus hombros por casi todo el camino. Al llegar finalmente a la estación, se encontró con la Madre del chico, que se hallaba esperando que la policía encontrase a su pequeño. Luego de un reencuentro muy tierno y emotivo entre Madre e hijo, se le dieron las gracias por su hazaña, y se fueron a casa.

Se sintió feliz al ver la sonrisa del pequeño al irse con su madre, eso era lo que le encantaba, hacer sonreír a las demás personas, alegrarles el día de alguna forma. Observo el reloj de la estación, el tiempo se le había pasado volando, se suponía que llegaría unos diez minutos con anticipación, pero en lo que camino al buscar la estación de policía, hasta que pidió direcciones, y finalmente llegar, ya habían pasado cerca de 40 minutos. "Creo que lo mejor será que corra" se dijo a si mismo, y sin nada más, se dirigió a paso apresurado  hacia el punto de encuentro. Le sorprendió un poco que su mejor amigo no le haya llamado por la tardanza "¿Tal vez el también había llegado tarde?"No, Kaneki no es el tipo de persona que llegaría tarde a algo como eso, pero bueno, cuando llegue sabrá porque su mejor amigo no se dignó a preocuparse por él. Entro a la cafetería, jadeando, buscando por todos lados a su amigo, solo vio a unos empleados, un anciano, y unas jóvenes en el otro lado, "¿Dónde está?" se preguntó, cuando sin aviso el "anciano" que había denominado así al sólo ver su cabello de color blanco, se le acercó y le dirigió la palabra. Al verlo más de cerca se dio cuenta que, ese anciano con uno ojo fallado/parchado, era su amigo de muchos, muchos años, Kaneki.

Sonrió de oreja a oreja, sí, era su amigo, su mejor amigo. Ignorando la mano que le ofreció, dio un paso hacia adelante y le dio un abrazo de oso, apretándolo con todas sus fuerzas, cuando escucho una de sus costillas retorcerse, lo soltó. Observó su rostro y una pequeña lágrima de felicidad broto de uno de sus ojos —. No me vengas con tus formalidades, Shiro ¿Que fue lo que te paso? — preguntó, refiriéndose a su ojo parchado y cabello pasado de moda. —. Perdón por el retraso, tuve un ligero inconveniente... pero ya estoy aquí — se sentó en la mesa que tenía su mejor amigo ocupada. Pudo ver que solo había una pequeña taza de café en ella, de reojo vio que esta se encontraba totalmente vacía, hubo en efecto, café en ella —. Debes estar muriéndote por una taza de café, no has cambiado nada — rio, a lo que llamo a la camarera para pedirle más café para su amigo —. Quisiera una taza de café, amargo por favor. ¿Y tú, Shiro?

Ya con el café ordenado, solo les quedaba conversar, de todo lo que no se habían dicho a través de postales, lo primero que se le ocurrió preguntar a su mejor amigo fue sobre la chica. —. Sabes, conocí a una chica en la calle, se veía muy agradable— continuó — Tomamos helado juntos y todo, creo que se llamaba Celestia, Celestia Blackwood


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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Ken Kaneki el Dom Ene 31, 2016 8:56 am

Como se esperaba, ese día iba a resultar en una ocasión especial. Y por primera vez en bastante tiempo, estaba rogando internamente que no sucediera ningún inconveniente ni sorpresa desagradable, como siempre parecía tener la desgracia de sufrir en cada uno de sus encuentros. Es cierto que aquello ayudaba a hacer su vida menos monótona, especialmente desde que se había mudado a esa ciudad, pero solamente por un día, ¿era mucho pedir tranquilidad absoluta y que nada marchara mal? Hacia literalmente unos seis años que no veía a su mejor amigo de toda la vida, creía tener un poco de derecho a exigir que el encuentro marchara en calma y paz. Por ese motivo, había llegado a la cafetería, el punto de encuentro acordado, puntual a la hora acordada. Y los siguientes minutos de su entrada se dedicó a rememorar, no sin la creciente nostalgia, el tiempo que Hide y él pasaban juntos después de la escuela, esas pequeñas "ocasiones especiales" como celebrar su calificación en un examen que era algo tan simple como ordenar hamburguesas juntos. Estaba realmente muy animado de esperar que esos tiempos podrían volver a repetirse si su amigo se mudaba a Francia.

Tan pronto como pidió su primera taza de café, y trascurrieron los diez minutos iniciales de espera, tuvo el desagradable presentimiento que Hide iba a llegar tarde. A pesar de que el café ayudó a disminuir su impaciencia, al tiempo que el contenido de la taza de había acabado, se vio obligado a mantener la vista de su ojo no-parchado fijo en la puerta de entrada, clavando su mirada en la manija a la espera que cierta persona se dignara a aparecer. Al principio no estaba molesto, pero sí un poco extrañado, pues pese a que su mejor amigo tenía fama de ser un pequeño torbellino de energía, no recordaba que fuese necesariamente impuntual. Era más probable que se hubiera perdido o que se detuviera a mitad de la calle para ayudar a una anciana a cruzar la acera, lo creía perfectamente capaz de ello. Y pese a que lo creía perfectamente capaz de cuidarse por sí solo, no podía evitar la pequeña pizca de preocupación de preguntarse si el vuelo habría llegado bien, o a la ciudad correcta, y por el amor de los dioses, que no hubiera explotado en el aire o algo. Aunque la idea era ciertamente ridícula e infinitamente improbable, no quería ni siquiera pensar en la posibilidad. Lo último que quería era un mejor amigo muerto.

Por suerte, logró calmar sus temores imaginarios, lo suficientemente para encontrarse justificadamente indignado al tiempo que Hide finalmente se dignó a cruzar por el umbral de la puerta, con cuarenta minutos de retraso. De ser cualquier otra persona, estaría probablemente muy molesto, sin embargo, quizá sólo porque se trataba de su mejor amigo de toda la vida, se sintió feliz y bastante aliviado de verlo llegar, más de lo que le gustaría admitir a sí mismo. Al notar los ojos frenéticos de su compañero, que parecían examinar la cafetería completa buscándolo, decidió ser buena gente y levantarse a recibirlo; después de todo, su propio mejor amigo no tenía una idea clara de su apariencia todavía, hubiera sido mejor comertárselo antes. Claramente pudo notar la sorpresa en su expresión al verlo de frente, e incluso pareciera que le tomó un par de segundos extra determinar que realmente era el amigo por el que se había mudado de país. ¿Acaso se notaría tan diferente con el cabello blanco y el parche? Quizá el parche era un poco excéntrico, pero no tuvo más oportunidad de agregar algo más a su saludo, porque el otro pasó olímpicamente del apretón de manos que le estaba ofreciendo, para dirigirse directamente a darle un abrazo de oso. Tan, tan típico de Hide. Hubiera sido capaz de devolverle el gesto adecuadamente, sin importarle demasiado que se convirtieran en el centro de atención de la cafetería en ese momento, de no ser porque su amigo le estaba casi rompiendo la columna vertebral. Lo más que pudo hacer fue darle pequeñas palmaditas en la espalda, con voz un poco ahogada—. Sí, sí, también te quiero. Pero dejaré de hacerlo si me destrozas las costillas —bromeó en voz alta, justo a tiempo que su amigo lo soltaba. Estaba realmente feliz de volverlo a ver.

¿Qué formalidad? Tú fuiste quien dijo que el cabello blanco me caería mejor —se quejó, nuevamente con indignación fingida en su tono, señalando entre divertido y complacido un mechón de su cabello níveo proveniente de su cabeza. Se preguntaba si acaso Hide se extrañaría por las uñas negras también, o si lo había notado ya—. Pero esta vez al menos no es harina —agregó divertido, haciendo referencia a su primera aventura juntos, y al origen del apodo "Shiro" por el cual era llamado. Sin mucho más, ambos se sentaron en la mesa que antes ocupaba, y en la cual todavía yacía abandonada su taza de café vacía. Quedaron frente a frente, le recordaba bastante a los viejos tiempos—. ¿Un inconveniente de cuarenta minutos? —repitió, a modo de ironía. No estaba realmente molesto por ese hecho, es decir, había esperado y ya estaban juntos otra vez. Pero, maldita sea, el desgraciado lo había preocupado un poco—. ¿Estabas salvando al mundo otra vez, Hide? —inquirió, bastante divertido de considerar la idea. No le extrañaría en absoluto enterarse un día para otro que su mejor amigo era súper héroe en su tiempo libre o algo por el estilo, sencillamente calzaba perfecto con su personalidad. No podía darle más que la razón a su comentario sobre el café, desde hace un tiempo que se estaba volviendo un vicio inofensivo, y esperó a que su amigo llamara a la camarera para ordenar—. Yo quiero un café negro, por favor —pidió, con igual tono de formalidad que su amigo. No fue hasta que la muchacha se marchó que volvió a hablarle a su amigo, en un leve tono de confidencia—. ¿Desde cuándo pides el café amargo? —quiso saber, con una mirada interesada. Que él supiera, lo suyo eran las cosas casi espantosamente dulces.

Finalmente, podían tener el tiempo de conversar todo lo que quisieran, sin necesidad de colocar una postal y kilómetros de distancia por delante. Hide fue el primero en hablar, y debe agradecer que en ese momento no se encontraba bebiendo una taza de café, de lo contrario hubiera escupido su contenido sobre el rostro de su mejor amigo apenas lo escuchó—. ¿Celestia Blackwood? ¿su Celestia? Estaba genuinamente sorprendido por la información que su mejor amigo le soltaba de sopetón. ¿Cómo que ya se conocían? ¿Se habían visto? ¿Dónde, cuándo, cómo?—. ¿Y comieron helado? ¿No llegaste hoy a la ciudad? —preguntó, un poco desconfiado, que debió notarse en cómo rápidamente había fruncido el ceño. Sin embargo, tenía la certeza que el otro debiera conocerla, porque no habría otra posible explicación para que siquiera conociera su existencia, él nunca creyó haberla mencionado—. Bien, me sorprende que la hayas visto. Ella es... una amiga —habló, con la mayor neutralidad en su rostro posible. Aunque no pudo evitar rozar suavemente su barbilla con dedos, no fue consciente de ese pequeño gesto—. ¿De qué exactamente hablaron? —cuestionó, con una falta de sutileza que no le importaba. Recordaba perfectamente que se supone que Celestia estaba molesta con él, y no habían arreglado el asunto todavía.

De todas formas, Hide —llamó por su nombre, buscando cambiar completamente de tema. Lo observó con leve gesto de severidad, y de no ser porque todavía se encontraba sonriendo levemente en su dirección, cualquiera habría pensado que el otro muchacho estaba en problemas—. ¿Dónde te piensas quedar? ¿Necesitas buscar un hotel? —preguntó, inclinándose ligeramente en el asiento—. También puedes hospedarte en mi departamento si no tienes dónde ir —agregó al final, con una sonrisa mucho más amplia que las anteriores. De cierta manera, estaba esperando que ése fuera el caso, le hacía ilusión quedarse con su mejor amigo un tiempo aunque fueran unos días cortos mientras el otro se instalara—. Así podría obligarte a leer una de mis novelas —bromeó al final, con una risa maliciosa. Pues sabía perfectamente que su mejor amigo parecía tenerle alergia a todos los libros gruesos de los que, por el contrario, él era muy aficionado. Pero nada se perdía con intentar.
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Hideyoshi Nagachika el Mar Mar 01, 2016 8:59 am

Cuarenta minutos de retraso, eso es más de lo que normalmente tardaría en ir y volver al sitio dos veces caminando. Y eso que tenía planeado llegar unos minutos antes de la hora propuesta por su mejor amigo, no pudo evitar ayudar a cierto niño perdido en la calle, no es que uno tarde cuarenta minutos en llevar al niño a la estación de policía más cercana, el problema fue que Hide prácticamente se perdió mientras llevaba al niño en sus hombros. Se supone que alguien que sabe lo  que hace, o en este caso, sabe dónde está parado debería guiar a alguien que este perdido, pero él había llegado el día anterior a esa ciudad. No tenía idea de dónde encontrar algo o a alguien especifico, a excepción de la cafetería, ya que Shiro se había tomado la molestia de dibujarle y mandarle por correo un pequeño mapita para que este se guie en su travesía. Entonces ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué se tomó la molestia de tratar de ayudar al pequeño si obviamente terminarían perdidos los dos? La respuesta es simple y confusa al mismo tiempo: Hide, alguien como él no puede dejar a un niño llorando por la acera, alguien como él no descansaría hasta poder ver al menos la sonrisa del pequeño, así es el, como un ligero, y a la vez fuerte rayo de sol.

Cuando finalmente pudo llegar al lugar de encuentro luego de haber salvado al niño, no pudo encontrar a la persona que de seguro llevaba un buen rato esperándolo, lo único que pudo divisar fueron unas jóvenes a un lado y a un anciano. Al principio pensó que tal vez pudiera estar en el baño, luego pensó que aún no habría llegado, pero descarto esa última opción, Kaneki no era alguien que llegaba tarde y menos cuarenta minutos. Para su sorpresa, el que había nombrado como anciano era en realidad su mejor amigo de toda la vida; Kaneki. Si no fuera porque se había levantado y puesto en frente suyo con su mano extendida para saludarle, no habría podido reconocerlo. Al parecer, Shiro se había tomado muy a pecho su apodo y decidió hacerlo realidad, tiñéndose el cabello de color blanco. Obviamente, lo primero que hizo fue abrazarlo extremadamente fuerte, como si el contrario fuera un muñeco de trapo lo meció de a un lado a otro hasta escuchar un leve crujido en su columna. Lo segundo fue preguntarle qué demonios le había ocurrido a su cabello y ojo, ya que este lo tenía totalmente parchado con un parche, si, parchado con un parche que, además era de muy mal gusto. Y lo tercero fue pedir una taza de café amargo, esto último causo una interrogante en su mejor amigo que le dio cierta vergüenza al responder —. Bueno…tomar café era una de las pocas formas de recordarte, y como ya sabes que los libros no son lo mío, y me gusta llevarte la contraria en todo, así que lo pido amargo — miro hacia otro lado, literalmente no se había dado cuenta de lo que había dicho, dada la vergüenza que sentía, dijo cualquier cosa, con o sin sentido, en resumen, le gustaba pedir amargo su café porque recordaba que Shiro siempre odiaba de ese tipo, y como el odio y las cosas malas son más fáciles de dejar en tu mente que las buenas, lo usaba para poder recordar a su mejor amigo, pero a estas alturas ya es más un habito.

Cuando por fin llegó el momento de hablar, lo primero que quería saber era que tipo de relación tenían Celestia y Kaneki, ya que, se había topado el día anterior con ella, y se dio cuenta que ellos eran más que amigos dado la forma en que la chica hablaba sobre el, y como él era tan celoso cuando ella hablaba mucho con otras personas —. Ehh, no diría que la palabra correcta sea “comer” helado pero… si— comento medio risueño al final, le pareció extraño escuchar como Kaneki se equivocaba, aunque al parecer a él no le parecía muy gracioso, de hecho le molesto que este le corrigiera —. Perdón, perdón, no te molestes conmigo — rio, levantando ambas manos en señal de paz. Prefirió guardarse lo que habían conversado con la chica, creía que era mejor esperar a que ambos estén juntos para preguntarle porque no le había mencionado sobre la chica y porque no le había mencionado a la chica sobre él, ohhh si, sí que la pasara mal cuando estén los tres sentados en un mismo lugar —. Uhm, no hablamos de muchas cosas, fue un encuentro casual, aunque si surgió tu nombre varias veces— le miro con unos ojos de anciana chismosa.

Por suerte, Shiro prefirió cambiar de tema, a uno que en realidad, si era más importante que simples chismes sobre su persona —. En realidad… tenía planeado quedarme en tu hogar de forma…permanente — dijo con una mirada de entusiasmo, si su mejor amigo le decía que no iba a tener muchos problemas, ya que el hotel donde se había quedado estaba rentado por una noche, y sus padres comenzaran a mandarle dinero a partir de final de este mes. Así que, si no se quedaba en casa de su mejor amigo, tendría que vivir bajo el puente por unas semanas —. Puedo ser un buen compañero de hogar, incluso podría pagar la renta yo solo a partir del siguiente mes — menciono, ya que sus padres gozaban de una pequeña fortuna, y no querían que su hijo los molestase, le mandarían una cantidad muy considerable de dinero mensualmente —. Ugh, no bromees con esas cosas Shiro — suspiró levemente.

—. Entonces... ¿Todo arreglado? ¿Puedo llevar mis cosas a tu apartamento? — pregunto entusiasmado, al oír una positiva no pudo evitar levantar los brazos de la emoción e incluso llego casi a caerse de su silla, si no fuera porque alcanzo a afirmarse de la mesa, habría terminado pasando una vergüenza en ese lugar. Una vez reacomodado en su silla luego de la casi caída, ya comenzó a pensar en que hacer una vez instalado —. Creo que en el momento en el que este ya instalado, lo mejor sería que hablemos Tu, Celestia y yo
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Ken Kaneki el Dom Abr 10, 2016 10:37 am

Era evidente que estaba muy feliz con la oportunidad de encontrarse con su mejor amigo de toda la vida otra vez, especialmente después de unos muchos años sin verse las caras. En realidad, se empezaba a preguntar un poco por qué no lo habían hecho antes, pero eso no era importante en ese momento. Todo lo que tenía en la cabeza es que estaría con Hide al final del día, y eso haría las cosas un poco mejor de lo que eran. No es que su vida allí fuera mala o algo por el estilo. Pero Hide lograba hacer todo más brillante con su presencia, y siempre había admirado ese rasgo de su persona: aquélla facilidad para sonreír y actuar como un cálido rayo sol. Era por ese motivo que estaba deseando con todas sus fuerzas que nada desagradable pasara, sólo por esa ocasión, si acaso no era mucho pedir a ninguna deidad inexistente en particular. Estaba esperando que fuese una velada tranquila y agradable, bebiendo café con su mejor amigo en una cafetería francesa cualquiera. No entendía cómo habría siquiera posibilidad de que algo malo pasara allí, y fue entonces cuando el aludido en cuestión lo tuvo cuarenta minutos esperando en una mesa del local, como si no se fuera a dignar a venir. Y la idea de que Hide lo dejara plantado era terrible, peor de lo que podría admitir a sí mismo. Pero se negó a aceptar la posibilidad, principalmente porque no era algo que su mejor amigo haría ni en un millón de años, menos después de seis años sin verse. Era simplemente ridículo y el sólo hecho de considerarlo ya lograba fastidiar su buen humor, pero para ese caso tenía una conveniente taza de café para relajarse en la espera, despejando esos pensamientos amargos de su cabeza.

Cuanto más avanzaba el tiempo, más se convencía de que el muchacho rubio sencillamente se debió haber extraviado en las calles francesas, y eso estaba bien. Era capaz de esperarlo un poco más si la paciencia daba frutos, y supo que su paciencia valió la pena apenas divisó a Hide entrar al local con la respiración entre cortada y los ojos frenéticos, posiblemente buscando con desesperación en su dirección. Debía de sentirse ofendido de no ser reconocido por su propio mejor amigo, sin duda, pero en el instante era mucho mayor su alegría de verlo que cualquier sentimiento negativo por la espera o la ansiedad que le hizo pasar. Tenía el cabello blanco ahora, no es que pudiera culparlo de confundirlo con un anciano aleatorio en el fondo del local o algo por el estilo. Por eso es que fue él el primero en recibirlo, con un apretón de manos que fue olímpicamente ignorado por el otro, y reemplazado con uno de esos abrazos apretados que pueden romperte la espalda. Podría jurar que escuchó crujir una de sus vertebras antes de que su amigo lo soltara, vaya que estaba eufórico. Y lo entendía perfectamente, él estaría exactamente igual que el otro, pero se supone que era el más recatado de los dos y estaban en un lugar público, a pesar de que tenía la certeza de que en realidad a nadie le importaba demasiado dos muchachos que se abrazan a la entrada de una cafetería.

Estaba esperando los comentarios de Hide sobre su nueva apariencia, y allí estaban, criticando sin falta de gracia amigable su color de cabello e incluso el parche negro que llevaba sobre su ojo izquierdo. Estaba esperando a que se riera de su esmalte de uñas también, pero afortunadamente eso no sucedió. En su lugar, fueron capaces de tomar asiento en la misma mesa en la que él llevaba esperando cuarenta minutos a que su amigo se dignara a llegar, todavía con la taza vacía de café sobre la superficie como evidencia. Por supuesto, a esa altura no les quedaba más remedio que ordenar, llamando a la camarera para que cada quien hiciera su pedido respectivo. Hizo lo de siempre, pedir una taza de café negro. En cambio, su compañero había hecho una acotación peculiar que inevitablemente le llamó la atención, lo suficiente para preguntárselo. Y le sorprendió la respuesta un poco más de lo que se esperaba, quizá por su sinceridad o porque la timidez repentina lo hacían parecer a que se estaba declarando a la chica que le gustaba. No es que fuera muy alejado de la realidad—. Eso es... dulce de tu parte, Hide, gracias —ni siquiera estaba muy seguro de que era algo que agradecer, pero se sentía como un detalle demasiado importante como para no hacerlo—. De todas formas, yo también prefiero el café amargo ahora —le dedicó una media sonrisa, como si estuviera haciendo una broma aunque no resultaba divertida.

Todo bien en ese momento, y así fue hasta que su amigo mencionó el nombre de Celestia, de la nada y cuando se supone que ellos no se conocían entre sí. De inmediato le dio una especie de mala espina, a pesar de que no tenía justificación real para ello, tal vez estaba un tanto paranoico. No evitó evitar mostrar una mueca de molestia cuando Hide se tomaba tan a la ligera la implicación, incluso teniendo la osadía de corregirlo en medio de su frase—. Sólo responde la pregunta, maldita sea —se cruzó de brazos con frustración, aunque le divirtió ver a su amigo levantar los brazos en señal de rendición, como si realmente él fuera peligroso para él. No para Hide. Nunca. Pero al menos había confirmado que fueron a tomar helado, juntos, y eso resultaba el infierno de extraño—. No lo estás haciendo parecer menos sospechoso, ¿sabes? —se quejó, con un suspiro de resignación al ver que el muchacho aparentemente se negaba a proporcionar más información de la que ya era evidente. Se debía hacer a la idea que Hide no dejaría el tema así como así, se podía imaginar que estaba sumamente ofendido por no haber sido mencionado a la muchacha cuando se supone que eran mejores amigos del alma y todo el asunto. La idea en parte le hizo sonreír, pero todavía no quería tener esa conversación.

Por ello, dadas las circunstancias, era mucho más productivo volver al tópico de interés y enterarse de una vez en qué condiciones venía su amigo. Tenía entendido que se trataba de una visita permanente a la ciudad francesas, y eso sólo significaba que debía encontrar un sitio donde hospedarse lo más pronto posible. Claramente, estaba a su disposición para ayudar en todo lo posible, e incluso le entusiasmaba la idea de que fuera a quedarse en su departamento por unos días. No que Hide literalmente hubiera planeado llegar a vivir con él desde Inglaterra, podía decir que su idea de una velada tranquila se desvanecía paulatinamente mientras más se enteraba de las cosas que planeaba su mejor allí—. Tú sabes que eres siempre bienvenido en mi casa —era una forma de hablar, porque cuando vivía con su tía ni siquiera él mismo era bienvenido en su propia casa, pero no estaban hablando de eso—, pero, ¿no crees que hubiera sido mucho mejor avisarme? —le dedicó una significativa mirada, sin mostrarse molesto del todo, pero de todas maneras le estaba exigiendo una excusa y una explicación para eso—. No bromeo con eso, te haré leer todo el primer y segundo libro de Don Quijote de la Mancha —a pesar de que a esa altura ya estaba sonriendo, se entendía que sus palabras eran una especie de amenaza implícita, por venganza.

Pero no tenía más opción, ya que resultaba obvio que no podía decirle que no a su mejor amigo de una forma tan traicionera, no tuvo más remedio que asentir con la cabeza cuando el otro preguntó en confirmación si se podía quedar a vivir en su departamento. En ese instante, Hide casi salta de alegría y por poco se cae de su asiento debido a su opción brusca; no ocultó la risa que brotó de su garganta cuando pasó—. Pero con una condición, Hide. No incendiaras la casa ni tocaras mis libros —nuevamente se cruzó de brazos con una expresión de severidad, la misma que usaría un padre diciéndole a su hijo que si quería conservar a su perro debía sacarlo a pasear. Al menos Hide era más fácil de cuidar que un perro, se alimentaba y se bañaba solo. A pesar de que el breve momento de relajación terminó tan pronto el contrario volvió a la conversación anterior, haciendo evidente el hecho que tendrían que hablar juntos, los tres. No sabía por qué juntar a Celestia con su mejor amigo lo repelía tanto. Se tomó el tiempo necesario para considerarlo, y hacer una mueca—. No creo que sea buena idea —decretó, viéndose un tanto más tenso de lo necesario—. Ella y yo tuvimos un... desacuerdo reciente, tendrías que esperar unos días —era al mismo la verdad y una excusa, pues estaba seguro que se habrían arreglado antes si se hubiera dignado a coger alguna de sus llamadas. Era mejor tener un tiempo de descanso antes de juntar a esos dos a hablar.

De cierta manera se sintió salvado por la campana cuando la respectiva camarera que los atendió regresó, oportunamente, con sus pedidos en una bandeja: que se trataban nada más de dos tazas de café, nada del otro mundo. Tomó el suyo, casi con delicadeza, y tuvo el cuidado de colocarle exactamente dos cucharadas de azúcar antes de acercárselo a los labios y beber un sorbo, disfrutando del sabor amargo como ya costumbre—. ¿Qué dices? Yo tengo hambre de una hamburguesa —le sonrió a su amigo, como si se tratara de algún código entre los dos para decirse algo importante. Pero no esa vez, sólo tenía hambre—. Luego podemos ir a buscar tus maletas, y ya sabes, ir a mi departamento. Te conseguiré una copia de la llave para mañana —continuó la plática, con la mayor neutralidad posible para ocultar al menos, lo muy feliz que se sentía en ese momento.
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Hideyoshi Nagachika el Lun Jun 06, 2016 6:11 am

Uno normalmente no te pide vivir contigo de forma permanente a partir de ese mismo día, pero la relación de ellos dos era diferente, sentía la suficiente confianza con su mejor amigo como para hacerlo, sabía que estaría igual de emocionado que él y que por eso no lo rechazaría. Claro, al momento en el que Shiro le pregunto porque no había avisado con anticipación sobre su petición, respondió con una excusa no-muy creíble como formalidad —.Si, tienes razón... pero todo paso tan rápido que no tuve tiempo para si quiera pensar en ello — una mentira bastante grande la verdad, lo tenía planeado por bastante tiempo, se lo quiso pedir en persona sólo para asegurarse de que dijera que si, ya saben, nadie puede negarse a esa mirada de perrito de tu mejor amigo. ¿Leer el quijote de la mancha, Hide? Ni pensarlo, literalmente se aburriría en la segunda plana, se levantaría e iría a hacer cualquier otra cosa dejando el libro donde caiga. Se limitó a hacer un ruido de molesta en tan solo pensar en eso, exagerando bastante apoyando su cabeza con la mesa fijando la mirada en el suelo.

Es cierto que él podría considerarse como un sol, pero, ¿Incendiar la casa no sería demasiado? incluso para él, que sabía controlar sus rayos de sol perfectamente —. ¡Prometo que no tocare tus libros! — exclamó con la mayor sinceridad posible, omitió la parte de "incendiar la casa" en forma de broma. Se imaginó a si mismo sentando en el sofá del departamento de Shiro y, sin hacer prácticamente nada, algo de fuego comienza a brotar en el sofá "Tal vez...debería tener algo de cuidado, sólo por si acaso". Sacó de nuevo el tema de Celestia, esta vez para proponer que los tres se juntaran para hablar, hasta el momento tenía dos grandes razones para hacerlo: Primero, verificar si su relación es, en realidad, una relación amorosa y Segundo, pero no menos importante que la primera, "confrontar" a su mejor amigo junto con Celestia para preguntarle Por qué no los había mencionado al otro, es decir, Kaneki no menciono sobre Hide a Celestia y No aviso sobre Celestia a Hide. Lo más probable es que la vaya a pasar bastante mal en el momento en el que se junten, muy, muy mal —.¿Un desacuerdo? — sabía exactamente el "Desacuerdo" que tenían, pero no podía demostrarlo diciendo cosas como "Oh si, deberías dejar de ser menos celoso" ya que, se supone que sólo fueron a tomar helados, sólo eso y nada más —. Bueno, es una lastima, en unos días más te lo recordaré

La camarera llego con lo que habían ordenado, sólo dos tazas de café, tomó la taza que había quedado luego de que Kaneki tomara la suya, la soplo un poco antes de beber un sorbo solo para medir la temperatura de este. Al notar que no se quemaría la lengua, dio otro sorbo más grande, no era un aficionado del café, pero estaba con Kaneki, no podía perderse tomar café con Kaneki, es como no hacer ecuaciones cuando estés en la misma mesa que Einstein. El haber corrido para llegar a la tienda seguro lo dejo con mucha hambre, así que acepto de inmediato al escuchar la palabra "hamburguesa" —. ¡Por supuesto! — le sonrío de vuelta a su amigo. Bebió otro sorbo de su café, estaba muy feliz al ver que Kaneki estaba tan metido en el asunto de la mudanza, diciéndole que le conseguiría una llave para mañana mismo. Se podría decir que su felicidad sobrepaso los límites cuando se levantó para darle otro abrazo a su mejor amigo, pasando prácticamente por encima de la mesa —. ¡Muchas gracias, de verdad, muchas gracias por dejarme quedarme contigo! — termino el abrazo al momento de finalizar la frase, pero, no se alejó para nada, mirándolo de frente a una distancia muy corta. Sin dar previo aviso y, (al parecer) sin pensar en lo que hacía, acortó aún más la distancia que los separaba, dándole un beso en los labios. Lo extraño fue que ninguno de los dos rechazo ese contacto de labios, lo más probable porque uno estaba demasiado emocionado y el otro estaba...en shock. Duro exactamente cuatro segundos, bastante largo para ser un "accidente" —. Eh... — a pesar de haberse alejado lo suficiente para que dejaran el beso, aún seguía prácticamente de frente a Kaneki —. Lo...siento, creo que fue la emoción del momento — se echó para atrás lentamente, volviendo a su silla. Pudo notar que dos o tres personas los habían visto y estaban chismeando a lo lejos, pero no le dio importancia. Era Kaneki, y, por alguna razón, sentía que volvería a pasar muchas veces más ahora que vivirán juntos.
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Ken Kaneki el Miér Jun 15, 2016 11:24 am

Evidentemente, estaba muy feliz de recibir a su amigo de prácticamente toda la vida en la ciudad. En especial porque si nada en su vida había sido precisamente "bueno", Hide era la excepción que merecía la pena conservar y guardar como un tesoro precioso en un cofre. Se sentía tan extraño verlo luego de largos seis años como entrañablemente familiar, porque a su diferencia, el muchacho de cabellos anaranjados no había cambiado en nada: misma sonrisa radiante, misma actitud impertinente que esperaba hospedarse en su casa y que aceptara, sólo por tratarse de Hide. Quizá lo peor del asunto es que el bastardo lo conocía bastante bien, y sabía que su respuesta era un rotundo. Por mucho que se haya esforzado en al menos parecer enojado, no podía hacerlo por demasiado tiempo, no cuando el otro le miraba con aquellos ojos de cachorro triste—. ¿No tiempo para pensar en ello? Sí, claro —repitió, cruzado de brazos y dejando bastante en claro que no le estaba creyendo ni media palabra. Ya que una mudanza no de ciudad, de país, no se tomaba precisamente a la ligera, ni siquiera para los estándares de su amigo. Tal vez debía de pensar un castigo más apropiado a los gustos intelectuales del otro, algo que fuese más sencillo de hacer cumplir que hacerle leer aproximadamente dos mil páginas de literatura española antigua—. Claro, como es tan de improviso, y no me avisaste antes, supongo que tendrás que dormir en el sofá al menos una semana —se encogió de hombros, lo más casual que era capaz, tratando de ocultar una sonrisa de travesura que se asomaba por las comisuras de su boca.

Tenía condiciones, por supuesto, pero eran nada más una formalidad para dejarle en claro a su amigo que era su departamento y sus cosas las que estaban allí, no podría considerarse un hombre si no demostraba dominio sobre su territorio. Y su mejor amigo tenía ligeras tendencias desastrosas que eran de cuidado, lo mejor era estar bien prevenido. Sonrió al escucharlo exclamar aceptar la condición de no arruinar sus preciados libros, pese a que al parecer obvió olímpicamente la petición de no incendiar el departamento, los libros siempre eran más importantes—. Instalaré alarma de incendio, sólo por si acaso... —murmuró para sí mismo, pero lo suficientemente alto para que llegaras a oídos de su interlocutor: también estaba bromeando, evidentemente. Era consciente de que Hide no era ningún tonto, y de que el hecho que conociera a Celestia y le hablara directamente de ella significaba que sospechaba algo al respecto. A veces daba miedo lo aguda que resultaba su intuición, casi siempre en lo correcto. Eso, sumado a la idea de hacerle frente a la misma muchacha en cuestión era una idea que le palpitaba la cabeza, y quería evitar el escenario tanto como fuera posible, al menos hasta... tener una excusa válida, al menos para uno de ellos—. Querrás decir, en unos días me molestarás hasta que acceda a invitarla —gruñó por lo bajo, un poco molesto por el escenario desfavorecedor por delante, pero a la vez, aceptándolo con resignación tal fuese una especie de castigo divino.

Como mínimo, finalmente era capaz de degustar una decente taza de café desde la llegada de Hide, pese a que no habrían pasado más de veinte minutos y probablemente la velada se extendería aun más, considerando todas las cosas que debían de decirse. En ese momento, podían darse un instante para descansar y simplemente disfrutar de la compañía del otro, y nada era más apropiado que el brebaje amargo deslizándose por su garganta para eso. Porque existían pocas cosas que disfrutaba más que una buena taza de café, quizá la presencia de su mejor amigo podría ser una de esas cosas. Pero antes de ponerse demasiado cursi en su propia cabeza, prefería hacer algo coherente y avisar de una vez a su ahora nuevo compañero de departamento que le conseguiría una copia de las llaves lo más pronto posible, junto a mencionar la posibilidad de ir por una hamburguesa, nada más porque podían. ¿Acaso existía una mejor forma de celebrar? Lo dudaba. Inevitablemente sonrió ante la nueva reacción entusiasta de su mejor amigo, Hide era tan fácil de complacer—. No tienes que agradecerme, no te puedo dejar durmiendo en la calle, tonto —le sonrió en respuesta, enfatizando el apodo casi de forma cariñosa. El muchacho de cabellos anaranjados prácticamente había cruzado toda la mesa sólo para darle otro abrazo, así que se vio en obligación de levantarse del asiento y corresponder al gesto un poco forzoso, al menos había tenido la delicadeza de mover su taza de café para no derramarla accidentalmente con un movimiento brusco. Al finalizar el abrazo, el rostro de Hide no se apartó inmediatamente, sino que se quedó de frente mirándolo fijo, como si le fuese a revelar un secreto muy importante. Se esperaba una broma por el estilo, como buenos amigos que eran, pero definitivamente no estaba preparado para recibir un beso en su lugar.

De acuerdo, habían cosas que los mejores amigos hacen; bromear entre sí, abrazarse por los hombros y atormentarse mutuamente con bromas pesadas, pero claramente intercambiar contacto labial no era una de ellas, que él estuviera enterado. No, definitivamente estaba seguro que no era una de ellas. Así que quedó completamente estático en su lugar, preguntándose qué carajos estaba pasando y por qué demonios continuaban en la misma posición por aproximadamente cuatro segundos. Fue el mismo Hide quien se separó, volviendo a su lugar y musitando una disculpa leve, mientras él continuaba con la misma mueca de contrariedad y shock leve, aparentemente no acababa de procesar lo que pasó—. Tú... acabas de... Hide, ¿qué carajos? —finalmente soltó, cuando fue capaz de armar una oración decente, viendo a su mejor amigo con mucha más gravedad que antes, presionando los puños contra la mesa, porque si hubiese sido cualquier otra persona, le habría probablemente roto la nariz. A Hide no se atrevía a tocarle ni siquiera un cabello. Porque era Hide. En su lugar, se serenó soltando un suspiro, y podía decirse que ocultó su rostro en sus manos unos segundos, cayendo repentinamente en el bochorno—. vas a pagar el café y las hamburguesas —decretó, con el mismo tono grave todavía, pero mucho menos amenazante. Iban a tener una charla en casa, donde no hubiese comensales chismosos murmurando alrededor sobre lo que acababa de pasar. Discretamente volvió a tomar su taza de café para relajarse bebiendo el contenido, sin dirigirle una mirada de su ojo no-parchado a su interlocutor.
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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Hideyoshi Nagachika el Jue Sep 22, 2016 6:01 pm

Tal vez no era muy bueno mintiendo, o más bien, tal vez no era muy bueno mintiéndole a Shiro, ya que este podía ver a través de todas sus mentirillas piadosas, aunque, si lo pensamos bien, tal vez hacia mentiras obvias sólo para no tener el remordimiento de haberle mentido a su mejor amigo más tarde. No es un error decir que la mente de Hide es bastante...única —. Bueno...tal vez tenía algo de tiempo... ¡Pero no el suficiente! — otra mentira obvia, pero como ya se ha mencionado antes era su forma de no-mentirle de verdad a su mejor amigo. Dormir en el sofá no era lo más incómodo del mundo, pero esperaba una especie de trato especial, tampoco es que se lo fuera a exigir, pero si...señalar —. ¿En el sofá? Vaaamos, ¡Si cuando éramos más pequeños hasta compartíamos cama en las pijamadas! — ¿dos hombres adultos compartiendo una cama? No, Hide lo veía más como "Dos mejores amigos durmiendo cómodos bajo el mismo techo, como en los viejos tiempo".

Le era lindo escuchar a Shiro hacer bromas, ya que era Hide quien se caracterizaba por ser el bromista entre los dos, no está de más decir que él sabía que el chico albino estaba exagerando, pero no estaba de más sumarse a la diversión —. No creo que una simple alarma sea suficiente... — le sonrió con un rostro de "soy algo torpe", aunque claro está que ser "ser algo torpe" no abarcaba la estupidez de incendiar todo un departamento de la nada. Todavía seguía el tema de querer juntarse con Celestia, chica la cual sospechaba que era su pareja, entendía y a la vez no que este no quiera decirle la verdad, lo entendía porque tal vez aun no la conseguía al 100%, es decir, salían y se mantenían bastante cerca uno del otro, y a la vez no lo entendía porque él era su mejor amigo, debía decirle cosas como esa, en especial a Hide, ya que este podría incluso ayudarlo a poder dar el siguiente paso, obviamente el chico de cabello anaranjado tenía mucha, mucha, pero mucha más experiencia con relaciones amorosas que Kaneki, no es que el haya tenido miles de novias, sólo sabe lo general, se podría decir que sabe mucho comparado con Kaneki porque este no sabe nada sobre el tema —. Que comes que adivinas — obviamente seguiría con eso en unos días.

Lo que sucedió a continuación fue algo... repentino, ni el mismo sabía porque exactamente lo hizo, tal vez... ¿El entusiasmo, la felicidad de poder vivir con su mejor amigo? aunque mezcles todos esos sentimientos y muchos más no formaban una excusa para su acción siguiente. Luego de abrazar de corazón al chico albino, se quedó mirando su ojo no parchado de bastante cerca por unos segundos, para luego darle un beso labio a labio al chico con uñas pintadas. A la vez sabía lo que hacía y no, cuatro segundos de total contacto labio a labio entre Hide y Kaneki. No está de más decir que este último no se hizo para atrás, no lo empujo ni nada. Hide, obviamente tampoco se hizo para atrás, ni lo empujo ni nada, ya que él fue el que lo inició. De hecho, hasta cerró los ojos por... ¿Reflejo? tal vez. El beso aún seguía, esos cuatro segundos fueron casi interminables, Hide hubiera seguido y tal vez Kaneki también, pero los murmullos que surgieron por los chismosos de la cafetería hicieron que Hide "reaccionara" si es que no estaba consciente de lo que hacía en el momento. Se separó lentamente del contrario para volver a su lugar, se disculpó y se excusó, aunque sabía que eso no sería suficiente para explicar lo que había hecho. Se asustó al escuchar a su mejor amigo hablarle así, hasta sentía que este lo iba a golpear, era entendible, posiblemente haya sido su primer beso —. ¡De verdad lo siento, no sé qué paso! — junto sus palmas como para rezar y agacho la cabeza, gesto habitual que los japoneses hacen para disculparse con alguien.

Por suerte su mejor amigo no lo golpeó, eso de verdad le hubiera roto el corazón en miles de pedazos, pero ahora tendría que pagar por todo —. P-Pero Kaneki... no tengo nada de dinero... por eso pedí una taza pequeña para mí... — murmuro lo suficientemente alto lo último para que este lo escuchara, insinuaba obviamente que pidió la taza más barata para que Kaneki no tuviera que pagar mucho por él. Sólo le quedaba hacer esas promesas suyas que se sabe que cumplirá —. ¡Prometo pagártelo todo cuando me manden dinero! — dio un último sorbo a su taza de café casi vacía, se levantó medianamente rápido y llamó a la camarera para pedirle la cuenta de todo. Para ser sinceros sentía algo de vergüenza porque los chismosos aún seguían cuchicheando sobre lo que habían hecho, era mejor que se fueran a por las hamburguesas ahora mismo —. Me dio una gran hambre de hamburguesas, ¿Y a ti?

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Re: The sun's light can make everything better. [Priv. Hideyoshi Nagachika]

Mensaje por Ken Kaneki el Lun Oct 10, 2016 1:43 pm

Resultaba más que evidente que estaba feliz de ver a su mejor amigo, dudaba de cuándo fue la última que se sintió tan completo sólo con la presencia de otra persona, y es que sólo Hide lograba ese efecto en él, la sencillez de su compañía que podía con todo lo demás. Sólo eso importaba cuando estaban juntos, incluso luego de años y años y años sin verse. Por supuesto, no podía hacerle saber directamente lo dichoso que se sentía, o el desgraciado se aprovecharía de su amabilidad para colarse en su casa sin recibir ninguna clase de amonestación por no tener la delicadeza de avisarle de su mudanza, ni siquiera en una llamada o correo. Se tuvo que cruzar de brazos, y pretender la seriedad que no sentía—. ¿Cuándo niños? Pues claro, y tú siempre te quedabas con las sábanas —para enfatizar el punto, dio un sorbo a su taza de café, sin apartar sus ojos grisáceos del contrario—. Ahora no dudo que me tiras de la cama a patadas. —sin evitarlo, tuvo que al menos sonreír un poco al mencionar la última acotación: Hide era la clase de persona con sueño inquieto, y por mucho que amara a su mejor amigo, no estaba dispuesto a sacrificar un buen descanso por la comodidad de la espalda ajena.

Sin embargo, era más que evidente para los dos que los problemas de convivencia serían casis nulos, siempre y cuando se respetara el orden de sus cosas y sobre todo, la integridad física de sus libros. Después de todo, no le sorprendería escuchar de vez en cuando al otro bromear sobre que vivía dentro de una biblioteca con baño y cocina. No estaba del todo lejos de la realidad, pero no iba a decirlo en voz alta—. Está bien, Hide, te aceptaré con combustión espontánea y todo —concluyó, deseando estar lo bastante cerca para darle un par de palmaditas de consuelo a su mejor amigo. Sólo tenía que sobrevivir a la charla de mejor amigo marca por-qué-tienes-novia-y-no-me-pediste-consejo-antes. Ah, sí, iba a ser difícil, pero estaba dispuesto a pasar por ese escarmiento con tal de mantener a Hide a su lado, esperaba que el de cabellos anaranjados supiera que entraba en su pequeña lista de personas más importantes—. Sí, sí, pero que sea rápido y sin dolor —probablemente estaba dramatizando un poco, porque no es como si juntar a Celestia y su mejor amigo lo fuera realmente a matar, sólo... no quería hacerse a al escenario mental, todavía. Quería paz y tranquilidad primero.

Sin embargo, sus expectativas de tener una plática larga e informal con su mejor amigos de años en una cafetería, tranquilos, lejos de cualquier inconveniente innecesario, fue bastante fugaz. Porque de verdad no tenía idea de qué había pasado de un momento a otro, pero de tener un abrazo de mejores amigos, con el otro agradeciéndole que no lo dejaría dormir en la calle (¿por quién lo tomaba? Aún tenía corazón) pasó a algo como un beso. Y entonces su cabeza empezó a marcar ocupado, y transcurrieron más que unos pocos segundos antes de que se separaran, él con la misma expresión de shock leve y Hide, apresurándose a disculparse como si temiese que le llegaría un golpe de un momento a otro. Y la verdad es que estaba lo bastante molesto, porque fue sin su permiso, y le recordaba a cierto sujeto desagradable que no tenía ganas de mencionar. Pero era Hide, e incluso se sintió un poco culpable posiblemente haberlo asustado un poco. Temperamento, temperamento. Respirar. Mil menos siete. No, aún no. Alzó una ceja en extrañeza ante el comentario ajeno, aparentemente impresionado—. ¿Quieres decir que te mudaste de país sin hacer el cambio de moneda? Hide, ¿tienes idea de lo irresponsable que suena eso...? —le espetó, con un tono de regaño similar a de una madre demandante.

Por otro lado, era gracioso que su amigo de familia millonaria no pudiese pagarse la propia taza de café. No debería, pero se encontró nuevamente sonriendo ante aquello—. Voy a cobrarte un interés del cincuenta por cierto cada media hora. ¿Sigues mis matemáticas? —no se molestó en devolverle la mirada, cerró los ojos y se terminó toda la calma del mundo la segunda o tercera taza de café que llevaba en el local, a esa altura ya no recordaba. De todas maneras, pagó la cuenta, tratando de mantener la neutralidad en su expresión a pesar de que los apenas distinguibles murmullos a su alrededor le sacaban silenciosamente de quicio, incluso la camarera se veía un poco nerviosa por su mal humor evidente. Lo bueno es que estaban rápidamente fuera de allí, con hambre de hamburguesas en la cabeza—. ¿Y me harás pagarlas también? La peor cita de mi vida —negó con la cabeza, no sabiendo muy bien de dónde había salido ése comentario. Se tenían esa confianza, ¿no? Soltó un suspiro, sintiéndose repentinamente agotado sin razón aparente—. Podemos pasar a buscar tu maleta al hotel, y pedir comida para llevar a casa —sugirió, empezando a caminar y esperando a que su amigo le diera indicaciones.

Algo se sentía un poco fuera de lugar, como una sensación abrumadora que repentinamente le hacía voltear hacia atrás, sólo para asegurarse que Hide continuaba allí. Que no iba a ir a ninguna parte. Se sintió un poco tonto por tener esas inseguridades fugaces, pero no lo había podido evitar. Habló como si las palabras se le hicieran un nudo en la garganta, difíciles de tragar y rasposas al mismo tiempo—. Tú sabes, eres mi mejor amigo —recitó, nada más porque sí; absolutamente fuera de contexto, creía sentirse un ligeramente angustiado, pero se esforzó por sonreírle, apenas un poco, porque Hide le daba esa clase de seguridad permanente de que todo iba a estar bien—. Y nada del mundo va a cambiar eso. Nunca.
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