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No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

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No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Jue Dic 03, 2015 8:12 am

¿Qué podía decir? Siempre se excusaba con el típico ir a tomar aire cada vez que su aburrimiento se tornaba abrumador y sencillamente no soportaba estar encerrado entre cuatro paredes, haciendo cualquier actividad. Después de todo, debía organizarse de alguna manera después de graduarse del instituto de forma definitiva, el único maldito motivo por el cuál su familia (en específico, sus dos hermanos mayores) se habían librado temporalmente de su presencia enviándolo a Francia. Ese par de bastardos. Sus recuerdos sobre ellos no eran gratos, le hacían fruncir el ceño el sólo recordatorio de su presencia, que amenudo era acompañado con una maldición musitada en voz baja de su parte. ¡Iban a ver de lo que era capaz Manjoume Thunder en cuando saliera de esa ciudad! ¡No necesitaba de ellos! Él siempre se había valido por sí mismo, después de todo. Era estúpido esperar que fuera diferente.

Sin embargo, no estaba tan preocupado de eso ahora. Tan concerniente como podrían ser los asuntos de su dificultosa vida familiar, primero tenía que solucionar un problema igualmente importante: su estómago tenía hambre. Ya le había alertado antes, con unos cuantos gruñidos. Pero ahora, el sonido era tan estruendoso que pensaba que sólo comiéndose un elefante entero podría llegar a calmarlo. Por supuesto que exageraba, pero el pensamiento le motivó para apresurarse y buscar un local de comida decente para su persona. Porque, ¿cómo alguien de su clase podría rebajarse a probar cualquier porquería de la que se alimentaban las otras personas? De ninguna manera, antes se dejaría vencer en un juego de cartas por algún imbécil de cabello castaño.

Tan pronto como pensó en un candidato apropiado a la descripción, había dado oportunamente a parar frente a un local de comida. Leyó en nombre en voz alta, remarcando la pronunciación francesa, y se decidió a probar suerte y entrar. Nada iba a perder, además de valioso tiempo. Pero su estómago continuaba gruñendo y creía que debía quizá conformarse con un bocadillo allí, antes de reunir fuerzas suficientes para irse y llegar a un lugar más apropiado para su persona. Sin embargo, debía admitir, cuando más tiempo se tomaba en ver el menú y lista de precios que no estaba tan mal. Al parecer, era una especie de buffet, y había una gran variedad de comida. La idea le hizo antojarse más por algo de comer, y entonces no dudó en tomar asiento en una de las mesas disponibles, apenas dedicándole una mirada superficial a la camarera que lo condujo hacia allí. Se conformó con pedirle un café negro.

Esperó un total de cinco minutos, impacientándose. Cuando la taza finalmente le fue servida, lo degustó con una mueca de seriedad que fue lentamente transformándose en una sonrisa al saborear el sabor amargo que tanto acostumbraba. Entonces, se levantó del asiento, y con mirada crítica, se dirigió a examinar la comida servida para todos los comensales. O no era hora de almuerzo allí, o la cantidad de personas que conocían la existencia del local era pequeña, pues que no había fila alguna para la comida. Mejor para él. Se permitió sonreír otra vez, mientras se acercaba con un plato en la mano izquierda a servirse a sí mismo. Primer, la sección de ensaladas. Inmediatamente le llamó la atención distinguir el aroma característico de los camarones fritos, y dando una fugaz mirada alrededor, localizó su ubicación. Pero tan pronto como se dirigía allí, una figura se le adelanto, prácticamente empujándolo para llegar. ¿Quién se creía?—. Escucha tú, imbécil —se plantó de frente, con un tono de voz claramente molesto, él no era delicado para esas cosas—. Aléjate ahora de ahí, esos son mis camarones fritos —le exigió, y su voz no estaba dejando tono a replicas.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Judai Yuki el Jue Dic 10, 2015 8:37 am

El único pensamiento que tenía en ese momento era más que evidente: tenía hambre. Maldición, se atrevía a decir que en realidad tenía mucha hambre. ¡Se iba a morir de inanición! ¡No era su culpa que la fila en la tienda de cartas estuviera tan inusualmente larga! Pero, por supuesto, él no iba a salir de allí sin llevarse su edición de Masked Heros. Era prácticamente impensable después de haber esperado de manera literal meses por aquella edición. ¿Y lo mejor de todo el asunto? ¡Era el deck perfecto para complementar sus propios E-Heros! Nunca estaba de más un Gaia en el extra deck de fusiones. Y claramente, Great Tornado le caía de maravilla en cualquier situación. Suspiró totalmente satisfecho cuando logró salir de la tienda airoso, y con las cartas que quería (y necesitaba) desesperadamente en manos.

Quería dirigirse entusiasmado a casa, llegar, saludar a su gato y dedicarse toda la tarde a armar con las cartas su deck. Oh, sin duda iba a patear muchos traseros luego de eso. Si tan sólo su amada Súper Polimeración no estuviera betada del juego, sería probablemente completamente feliz en ese momento. Pero dejando sus pensamientos, no podía irse del centro de la ciudad, no todavía. Porque había sido su estómago el cual, apenas se desocupó de gastar toda su mensualidad en cartas de un juego intercambiable para niños, le atacó con un sonoro gruñido que alertaba la baja de glucosa en su organismo. O en palabras simples, que alguien como él pudiese entender, que tenía hambre—. ¿Acaso ya es hora de almuerzo? —se preguntó dudoso, con una mano sobre sus tripas como si necesitara confirmar su apetito.

No necesitó más, ya completamente convencido de su necesidad de alimento. ¡Sabía perfectamente a dónde ir! Iría a ese restaurante buffet donde comió con su amiga Sayaka la última vez, dejando en duda su mal sentido de orientación, parecía que podía tener una buena memoria espacial solamente cuando se le antojaba. ¡Y cómo no, si los postres allí eran deliciosos! Sería un completo desperdicio que olvidara su ubicación, así que hizo el esfuerzo de guardar el dato celosamente en su memoria, esperando el día que regresara a tener hambre lejos de casa. Aunque en esa ocasión iba a ir solo, y eso no era tan divertido, ejecutó un pequeño puchero con su boca al pensar que iba a hacer un almuerzo aburrido sin nadie con quién compartirlo. Pero rápidamente recompuso su expresión apenas divisó el local, y al entrar, sintió el aroma a comida llenar sus fosas nasales. Instaló una sonrisa de entusiasmo ansioso en su rostro, y sin tardar un segundo más, ya estaba listo para comer.

Apenas espió el menú superficialmente, puesto que había una comida que llamó su atención prácticamente de inmediato, poco después de acercarse dudoso al área de ensaladas—. ¡No puede ser! ¡Camarones fritos!—oh, prácticamente gritó, saltando de alegría. Y en ese bello instante no había nada que se interpusiera en el camino de la comida y él, corrió atropelladamente hasta el platillo sin importarle empujar accidentalmente a otro comensal, estaba tan ensimismado en el olor delicioso y la figura suave del camarón que ni siquiera lo notó. Sin embargo, aparentemente éste sí a él. Y cuando le habló, creyó reconocer a la perfección ese tono de voz, siseando enojado. Obvio completamente el insulto proferido, estaba mucho más ocupado estando sorprendido por encontrarse con su amigo allí—. ¡Manjoume!—su rostro de alegría rivalizaba con el momento en que vio a los camarones, no, ¡incluso era mejor! ¡No veía al muchacho de ojos grises desde hace milenios!—. Am, ¿así que también quieres los camarones,eh? ¡Cómo no, si son deliciosos! —se corrió levemente hacia un costado, permitiéndole al otro acceso a la comida. No iba a negar que la mirada de profunda molestia en el rostro de su amigo era intimidante, pero él era él, y podía obviarlo sin problema alguno—. ¿Qué tal si los compartimos? —propuso, nuevamente con una sonrisa de felicidad.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Lun Dic 21, 2015 10:16 pm

Su salida no había tenido un propósito en específico, mas que el de, quizá, mantenerse distraído durante un rato, por mucho que detestara la simple idea de encontrarse rodeado de personas. Por lo menos, tendría que agradecer que la población de la localidad no era tan abundante como lo sería en su país natal. Sin embargo, ya que la simple caminata que había decidido salir a dar se había visto interrumpida por un acontecimiento dentro de su organismo, tuvo que darse a la tarea de buscar un local de comida en el que pudiera consumir algo para aplacar la repentina necesidad de glucosa de su estómago. Aunque estaba claro que por mucho que éste estuviera reclamándole por alimento al comenzar a soltar gruñidos cada vez más sonoros no iba a conformarse con entrar a cualquier establecimiento vulgar, el lugar en el que había terminado por ingresar parecía lo suficientemente decente como para que él pudiera considerar la idea de probar por lo menos un bocado de la comida allí servida, así fuera simplemente con objeto de calmar su hambre. Después de haber terminado su primer pedido, un café bien cargado, consideró que era buen momento para decidir si la comida del sitio realmente valdría la pena, dirigiéndose a donde ésta se encontraba servida, a la disposición de todos.

Y nada más acercarse lo suficiente, tardó poco tiempo en identificar el olor a camarones fritos y fijar el lugar donde estos se encontraban. Eso de alguna manera podía considerarlo una grata sorpresa, que podría valer su entrada a dicho establecimiento. Pero, igual que siempre, parecía que era demasiado pedir disfrutar de una simple y tranquila comida en un local sin que ninguna molesta presencia hiciera una súbita aparición para fastidiarle el día. Por supuesto, frunció notoriamente el ceño cuando una figura se interpuso entre su comida y él, incluso teniendo el atrevimiento de empujarlo para tener acceso a ésta. Claro está que no iba a molestarse en ocultar su enojo, prácticamente queriendo dejar en claro que estaba en su territorio y más le valía al otro no hacer cuestionamiento alguno de su orden o tendría bastantes problemas. Y por si hubiera sido poco el enfado que ya le había causado, reconocer de quién se trataba sólo le causó un fruncir de ceño aún más grande, si es que era posible. Oh, qué molesta sorpresa. No esperaba encontrarse a nadie conocido allí, principalmente porque la cantidad de personas de las que su memoria había guardado registro era bastante reducida.

Obviamente, el que fuera justo esa irritante presencia la que ahora tenía enfrente en ese momento tuvo el efecto contrario para menguar su mal humor, puesto que distaba mucho de ser lo que consideraría como una agradable coincidencia, como aparentemente fue para el castaño. Aún así, mantuvo su semblante severo, resistiendo las ganas de rodar los ojos ante la típica actitud animada del otro muchacho, que como siempre, contrastaba enormemente con la suya—. Slifer idiota, ¿no tenías algún local mediocre de comida basura que visitar lejos de aquí? —ironizó, maldiciendo internamente su mala suerte. Era cierto que no había visto al idiota slifer desde hace bastante tiempo, y en lo personal, sus planes eran que continuara siendo así. Por desgracia para él, parecía que la vida no pensaba de la misma forma. No le sorprendió demasiado la propuesta que llegó a sus oídos, una que desde luego no estaba dispuesto a aceptar. Apenas entonces, esbozó una pequeña sonrisa arrogante—. ¿Compartirlos contigo? Ja, sobre mi cadáver —el tono de voz que había empleado evidentemente estaba muy lejos de ser amable, siendo acompañado por su habitual burla cínica—. Absolutamente no pienso “compartir” mis camarones fritos contigo. Arréglatelas solo —fue preciso, contundente con sus palabras, y creía haber dejado perfectamente en claro que no tenía intención alguna de darle de sus camarones fritos, ni mucho menos de soportar su presencia merodeando alrededor.

Conociéndole, sabía que era probable que sus palabras le entraran por un oído y le salieran por el otro, pero ya no iba a seguir perdiendo el tiempo el tiempo al continuar con esa “charla” sin-sentido. De manera que, aprovechando que el contrario le había dejado espacio libre para que pudiera acercarse él también a la comida, tomó los camarones que, por supuesto, le pertenecían—. Ve a buscar los tuyos, preferiblemente a otro lado, y no molestes —se volteó, ya no molestándose en dirigirle la mirada al otro, y con toda la intención de ignorar olímpicamente cualquier palabra que pudiera salir de sus labios a continuación. Sólo pretendía continuar con su tarea de servirse un poco más del resto de la comida, que debía admitir, no se veía tan mal, y si bien podría haberse largado directamente de allí sin más, no iba a permitirse perder algo que ya había marcado como suyo y mucho menos contra el idiota de cabello castaño. Oh, de ninguna manera. Además, su estómago seguía reclamando por comida, y no podía seguir ignorando los gruñidos de éste durante mucho tiempo más. Así que, al terminar de recorrer las siguientes secciones tomando las porciones de comida convenientes, se giró de regreso a la mesa que había ocupado antes, esperando que al otro le hubiera quedado claro y se dignara a dejarlo en paz. Pero sabía que eso probablemente era demasiado pedir.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Judai Yuki el Sáb Ene 02, 2016 9:16 pm

Oh, su excusa para estar allí era bastante simple, como su persona. Tener hambre le era motivo suficiente para recorrer la mitad de la ciudad si era necesario, y aunque no era su idea en principio detenerse a almorzar y fue su metabolismo veloz el que le obligó, para él no había ningún tipo de problema. Después de todo, siempre disfrutaba de excelente ánimo todas sus salidas. ¡Y con mayor razón si habían cartas de Duel Monster involucradas! No era secreto para nadie que era bastante aficionado a ese "juego de cartas para niños", como salían llamarlo los poco eruditos en el tema. Pero, fuera de tema, cuando completó satisfactoriamente su odisea mañanera en la tienda de cartas, fue totalmente libre de encargarse por completo a la falta de glucosa que atacaba a su organismo. ¡No había mejor solución que ir a comer a un restaurante buffet convenientemente cercano! Le agradaba especialmente que en el centro del Sweet Valley todos los locales necesarios para su supervivencia estaban a la mano caminando unos cuantos minutos y conociendo la dirección.

Y si bien su sentido de orientación solía apestar, las excepciones eran aquellas ocasiones donde la comida estuviese involucrada. ¡Vamos! Que era distraído, pero no lo suficiente para olvidar la ubicación de un excelente buffet que tuvo oportunidad de conocer antes. Prácticamente en un santiamén ya se encontraba en la puerta, y a pesar de que le atacó el repentino pensamiento que comer solo era muy aburrido, en pos de su hambre consiguió hacerlo a un lado, viéndose recompensado de inmediato cuando la gama de diferentes y deliciosas aromas invadió sus fosas nasales. Ni lento ni perezoso, luego de hojear rápidamente el menú se dirigió directamente hacia la comida, y desde allí vio algo que le hizo saltar de alegría: ¡camarones fritos! ¡Su comida favorita en el mundo! A partir de allí no esperando ninguna otra sorpresa agradable en el día, se había olvidado de todo temporalmente mientras corrió hacia su objetivo. Sin embargo, se alegraba mucho de estar equivocado. Porque una voz grave, molesta y familiar le había exigido que se quitara del camino.

Obviamente, sus ojos marrones se habían ampliado de sorpresa cuando volteó para encontrarse frente a frente con el muchacho de cabellos negros y vestimenta igualmente oscura. Su nombre había salido de su garganta casi involuntariamente como una exclamación de alegría, y era precisamente como se sentía en ese momento. Era un hecho que el único motivo por el cual no se lanzó a abrazar a su antiguo amigo era la mirada de grave seriedad que le estaba dirigiendo, enfocándose también en los camarones fritos. Y aunque parpadeó un tanto extrañado por su cruda rudeza, estaba ya acostumbrado a los típicos comentarios mordaces de su amigo como para preocuparse por alguno de ellos—. ¡Pero éste es el local de comida más cerca que tenía! —respondió a su reclamo, excusándose con una sonrisa torpe aparentemente no captando el deje despectivo de su acusación. De todas maneras, tenía por seguro que nada del mal humor de Manjoume podía arruinar su buen ánimo por encontrarlo, literalmente después de prácticamente más de un año sin verse. Esas oportunidades no se tenían todos los días, y debía aprovecharla, aunque el otro se notase asqueado con su persona, seguro sentía lo mismo por él en el fondo.

Se limitó a fruncir los labios en un puchero cuando su compañero se negó a compartir los camarones con sus persona—. ¡Pero, Manjoume! —se quejó en voz alta, y perfectamente se trataba de un berrinche. Pero a esa altura su amigo ya se le estaba dando la espalda y sirviéndose la totalidad de los camarones en un plato. ¡No es justo! ¡Él también quería un poco! Pero a sabiendas que no iba a hacer caso a sus reclamos, se limitó a cruzarse de brazos y ejecutar una mueca. Pero con su estómago gruñendo, no tuvo mucho tiempo para estar enojado, y rápidamente se decidió a que debía ir a buscar más comida, yendo literalmente detrás de su amigo como una sombra—. ¿Y cómo te la pasas en el Sweet Valley, Manjoume? ¿Has tenido más duelos? ¡Podríamos juntarnos a jugar un día! —y apenas entró en confianza otra vez, no tuvo reparo alguno en atosigar a preguntas al otro, aunque la mayoría de sus exclamaciones ni siquiera fueron tomadas en cuenta. Y cuando su compañero de ojos grises acabó de llenar su plato con comido, lo siguió fielmente como un perro, sosteniendo su propia merienda—. No te molesta que me siente contigo, ¿cierto? —ni siquiera había esperado una respuesta, cuando ya estaba cómodamente instalado frente al muchacho de cabello negro—. ¡Comer solo es muy aburrido! Prometo que no te molestaré —se apresuró a agregar, antes que el otro le aventara una silla en la cabeza o algo por el estilo.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Lun Abr 04, 2016 1:53 pm

Si antes había considerado la idea de que tal vez no se trataba de un local tan malo como hubiera podido suponer, los pensamientos positivos que pudo haber tenido al respecto se esfumaron nada más encontrarse con la molesta presencia que ahora tenía frente a sí. No le fue del todo extraño, dado el carácter entusiasta del castaño que a estas alturas ya conocía bien, que el otro se mostrara sorprendido de encontrarlo, pronunciando su nombre con probablemente  más emoción de lo que a él le hubiera gustado. Aunque admitía para sus adentros que tampoco estaba dentro de sus planes, por su parte, ni siquiera veía la necesidad de molestarse en fingir que a él también le alegraba verlo, porque no era así, y tampoco pretendía convertirlo en una especie de “reencuentro efusivo” como los que a menudo podía ver. Ni que fueran amigos, de todas formas. Para su suerte, por lo menos pareció que su ceño ya lo suficientemente fruncido le dio a entender al castaño que no estaba de humor, y quizá sólo por eso se contuvo de lanzarse encima suyo en un incómodo abrazo como hubiera podido suceder en otra ocasión.

Y al contrario que él, su “saludo” consistió en un comentario irónico, dicho con toda la intención de que el otro se diera cuenta de que no le agradaba su presencia en el lugar. Ya ni siquiera le extrañaba la inocencia con la que se había tomado su comentario, y tan sólo tuvo que contener un bufido de molestia, limitándose a cruzar los brazos—. Pensé que alguien como tú podría conformarse con cualquier porquería que vendieran en algún puesto ambulante —respondió, nuevamente con sorna, e hizo un amago de sonrisa burlona. Aunque pronto ese gesto diminuto había sido borrado, dando paso a una mueca de extrañeza, e incluso arqueó una ceja cuando el otro muchacho propuso la idea de que compartieran los camarones que aparentemente ambos querían. En ese punto no supo si reír o acentuar su ceño fruncido, porque era evidente que no estaba dispuesto a hacerlo, ni siquiera si el otro se empeñaba en convencerlo con ruegos. Y se había encargado de dejárselo bien en claro, dándole la espalda después para seguir viendo el resto de opciones de comida que ofrecían allí. No le sorprendió realmente que Judai lo siguiera con intención de hacer plática, a pesar de que lo había ignorado olímpicamente hasta el momento. Al menos no se estaba quejando. Y cómo no, pronto salió a flote el tema de los duelos, quizá la única cosa que tenían en común además de respirar.

Ja, seguro. La mitad de las personas aquí parecen no haber tocado una carta del Duel Monster en su vida —esta vez sí sonrió con burla, y no se trataba precisamente de una exageración, aunque puede que su condición de huraño tuviera un poco que ver con ello. Es decir, había encontrado personas que conocían el juego... más o menos, y estaban dispuestas a aprenderlo, al menos. Pero fuera de eso, nada. Y tomando en cuenta eso, la idea de un duelo con el slifer no le pareció mala, un duelo no era algo que él fuese a rechazar. Hace tiempo que no tenía ninguno, de todas formas. Y evidentemente no iba a perder—. De acuerdo. Disfrutaré haciéndote morder el polvo —fue su petulante respuesta, y para entonces se podía decir que su ánimo inicialmente crudo había logrado menguar un poco. Sólo un poco. Era tan simple como hablar de un juego de cartas coleccionables. Y tan pronto había terminado de servirse todo lo que pretendía consumir, se dirigió de vuelta a la mesa que había elegido con anterioridad, con el castaño tras él. Ya se esperaba lo que venía, pero de todas formas miró con ojo crítico a su ahora acompañante, levantando una ceja al escuchar su pregunta—. ¿Acaso tengo opción? —y la siguiente acción de sentarse por parte del otro era toda la respuesta que necesitaba. Era más que evidente—. Lo que tú digas —rodó los ojos al cielo, ya sin ánimos de replicarle con un comentario sarcástico. Lo único que quería era disfrutar de una buena comida en el lugar.

Oh, y eso iba a hacer, pese a cualquier molesto inconveniente de cabellos castaños que se le hubiese cruzado en el camino; quería atribuir parte de su mal humor al hecho de estar hambriento. Y se podía decir, al menos, que su presencia era soportable. Cómo no, con el tiempo que lo había tenido pululando alrededor suyo en la academia—. ¿Y bien? —soltó de repente, con los ánimos visiblemente más calmados, luego del momento de silencio que había seguido a su última respuesta—. ¿Has conseguido algún duelo que valga la pena mencionar? —terminó preguntando, con neutralidad en su tono, y ni él mismo sabía bien por qué. Pero considerando la forma de ser del castaño, tal vez hubiese podido encontrar a alguien con experiencia en los duelos en esa ciudad, o mínimo introducido a alguna persona al juego. Él mismo había tenido un par de encuentros así, no le extrañaría que  igual hubiese pasado por eso—. Si vamos a estar viéndonos las caras durante los siguientes minutos, al menos quiero enterarme de algo interesante —sentenció. De todas formas, de recibir una respuesta negativa de parte del contrario, igualmente se daría cuenta de que realmente no se estaba perdiendo de nada, ni sería el único que no tenía mucho que decir respecto a duelos. Aunque probablemente también se aburriría más.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Judai Yuki el Miér Abr 27, 2016 1:37 am

Dadas las circunstancias, estaba realmente feliz de haber acudido a ese local de comida justo en ese momento. ¡Era prácticamente como el destino! Pues el hecho era que a pesar de que llevaran dos años completos viviendo en la misma ciudad, ninguna oportunidad había tenido para encontrarse con el muchacho de cabellos oscuros que ahora le dirigía una de sus mejores miradas de desprecio. Sí, era exactamente así como recordaba a su amigo: con un genio de los mil demonios. Sin embargo, eso estaba completamente bien para él. Sabía que en el fondo, muy muy en el fondo, casi en el centro o algo así, a Manjoume le agradaba su presencia, y por ese motivo era por el que él se empeñaba tanto en congeniar con el otro en el tiempo que compartieron en la Academia. ¡Además de los duelos, claro está! Así que encontrarse con el muchacho de ojos grises en ese momento, en ese local y buscando a por camarones, podía considerarse lo mejor que le había pasado en el día. Y eso significaba bastante, en consideración que horas más temprano había adquirido una edición de los Masked Heros que complementaban su deck.

Por ese motivo continuaba parado allí, pese a que se notaba a kilómetros que Manjoume estaba de especial mal humor en ese momento, usualmente sus comentarios mordaces eran un poco menos punzantes cuando estaba de buenas. Habría de ser el hambre, sin duda alguna, a él tampoco le gustaba cuando su estómago gruñía y no tenía nada con que llenarlo—. Oh, pues, sí, supongo... Pero tú sabes, dicen que la comida sana es mucho mejor —se rió luego de su acotación, un poco torpe. Porque se trataba de una mala excusa, dado que él nunca había comido sano en toda su vida y era probable que el otro se diera cuenta o recordara ese minúsculo detalle sobre su dieta. En realidad estaba allí por los postres y el recuerdo de su salida con Sayaka. ¡También! Estaba allí por los camarones fritos, fue el primer platillo que corrió a consumir apenas lo divisó a la distancia, y casi tenía la certeza que lo mismo le había pasado a Manjoume, de lo contrario, no estarían en esa semi-confrontación por ver quién se quedaba con la comida. Lástima para él que su idea de simplemente compartir fue rechaza cruelmente, e ignorando su pequeño berrinche, su amigo le dio la espalda y se dedicó a apropiarse de los camarones, pera posteriormente continuar sirviéndose comida en el buffet.

Estaba de más decir que lo siguió, sea porque extrañaba su compañía, quería robarle uno de los camarones de su plato (era suicida, pero igual lo consideró) o porque no tenía nada mejor que hacer. Tal vez una mezcla de las tres, y se encontró a sí mismo tratando de mantener una conversación decente con el otro usando el tópico que más tenían en común: duelos. No perdió oportunidad de interrogar al otro sobre su vida de duelista en la ciudad francesa, todo eso mientras lo seguía cual perro por el comedor del local, aprovechando la instancia para llenar su plato con otra comida deliciosa. No había olvidado que tenía hambre, después de todo, a pesar de que los camarones fritos en el plato de su compañero le hacían agua la boca, tendría que aguantar—. En Francia el juego no es tan popular como en Japón, ¡pero las tiendas de cartas se mantienen al día! —agregó como acotación, queriendo dar un incentivo positivo a pesar de que Manjoume tuviera razón en sus palabras: prácticamente nadie sabía jugar Duel Monster allí. Con suerte se había encontrado compañeros que siquiera conocieran el juego. Era un poco... triste, pero eso nunca lo desanimaba de intentar enseñárselo a otros. Evidentemente, embozó una sonrisa plagada de entusiasmo cuando su amigo dio una respuesta positiva a su petición de juntarse un día de esos, sólo a duelear—. Perfecto. Es una cita —le guiñó un ojo, y a pesar de que su frase de trataba de una broma, tanta confianza podría fácilmente ser confundido con un coqueteo bastante sutil, que tal vez ni él mismo habría notado.

¡De todas maneras! Pronto regresaron a instalarse a la misma mesa en que Manjoume había estado, creía. La verdad no tuvo demasiado reparó en pedir permiso al mismo tiempo que se sentaba en la mesa, no dándole al otro la oportunidad de darle una respuesta negativa. No debería, pero se sintió igualmente entusiasmo con que su amigo finalmente se resignara a su presencia. Aprovechando el instante, tomó la oportunidad para empezar a comer lo-que-sea que se hubiera agregado al plato: había una mezcla graciosa de ensalada, legumbres y carne, específicamente pollo. Volvió a posar sus ojos marrones en la figura del otro tan pronto le soltó la pregunta, casi de golpe, si había pasado algo interesante en su vida respecto a duelos que valiese la pena mencionar. Le tomó un par de segundos acabar de tragar lo que estaba tragando, antes de responder—. ¡Sí! Sí, sí, de hecho... —se tomó un momento para respirar, y no ahogarse con la comida—. ¡Conocí al señor Yami Yugi Motou hace unos años! Tú sabes, el Campeón Mundial de Duelo de Monstruos, bastante genial, eh —por un momento casi se podía sentir presumido, además del hecho que tenía prácticamente todas las revistas del sujeto en cuestión—. Pero aparte de él, no creo que algo más. ¿Viste a Asuka? Sus cíber-patinadoras estaban fuertes, como siempre —mencionó, con un tono ligero de añoranza, pues ella se había ido de Sweet Valley también. Aprovechó la oportunidad en que Manjoume se tomó más de un par de segundos simples para hablar, y con la velocidad de un ladrón poco experimentado, se inclinó sobre la mesa y tomó con sus dedos desnudos uno de los camarones fritos de su plato—. ¡Jaja! Gotcha! —se rió con una mueca de triunfo, llevándose el camarón secuestrado a la boca.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Mar Jun 28, 2016 11:45 pm

Lo cierto es que estaba empezando a preguntarse por qué seguía haciendo comentarios a las respuestas ajenas cuando fácilmente podía dar media vuelta, tomar los camarones e ignorar la presencia del castaño simulando que nunca lo vio. Y sin embargo, algún motivo desconocido lo hacía seguir allí, parado, dándole continuidad a una conversación que no iba a llegar a ningún lado. Lo miró seriamente unos segundos tras su última respuesta, evidentemente habiéndose percatado del poco sentido que tenía tratándose de alguien como él—. Ajá. ¿Y desde cuándo haces caso a comentarios por el estilo? —preguntó, esta vez imprimiendo cierto tono de burla en sus palabras. Porque el castaño no era precisamente una persona que se destacara por tener unas costumbres alimenticias demasiado saludables. Si no recordaba mal de sus años de convivencia casi forzosa con él dentro de la Academia, su dieta se basaba casi en su totalidad de comida que no se podría catalogar de otra cosa que basura, e incluso sus propios horarios eran distorsionados, pues había ocasiones en las que fácilmente podía saltarse el almuerzo y juntarlo con la comida por la tarde. Eso entre otros múltiples ejemplos de conductas poco saludables. Definitivamente, ese muchacho era un caso perdido.

Pero ése no era el punto en este momento. El punto ahora era que no pensaba compartir sus camarones con él, por lo que se dedicó a darle la espalda a la molesta presencia de cabello castaño el resto del tiempo que duró escogiendo el alimento que iba a consumir. Lo mismo con el tema de conversación que se esforzó en poner. Recordaba que las tiendas de cartas que había visitado hasta ahora siempre habían estado prácticamente vacías, cosa que no le extrañaba, pues la cantidad de personas que lo jugaran en la ciudad debía ser ridículamente baja. Pero aún así, no podía negar que el hecho que señalaba su ahora acompañante era algo que podría considerar positivo tomando en cuenta lo anterior. De todas formas, sólo se encogió de hombros—. Te concedo el punto. Por lo menos parece que no tendremos problemas en ese aspecto —comentó con neutralidad. Como ya se esperaba, el otro reaccionó con júbilo luego de aceptar su propuesta de reunirse para tener un duelo. Y aunque él permaneció con semblante neutral, no pudo evitar enarcar una ceja ante lo que le hubiera parecido un ineficaz intento de coqueteo de no ser porque era Judai del que se trataba, si bien tampoco ayudaba la forma en que se había referido a su reunión. Como una cita, literalmente hablando. Pero decidió, por el bien de ambos, que lo mejor sería no hacer ningún comentario al respecto. Siempre había sabido que el castaño era una persona un tanto peculiar, de todas formas.

A estas alturas, ya ni siquiera se iba a molestar con el hecho de que el otro literalmente lo siguió y se sentó con toda la naturalidad del mundo delante suyo, es lo que esperaría de Judai, después de todo. Y en vista de que tendría que resignarse a su compañía, no vio mal el preguntarle al otro respecto al tema de los duelos, preguntándose si acaso el castaño habría tenido más suerte que él para encontrar gente que gustase del Duel Monsters. No era necesario aclarar que tenía pocas expectativas al respecto, pero de todas formas esperó la respuesta del contrario. La respuesta positiva que le dio no le sorprendió demasiado, asumiendo que quizá habría encontrado a un sujeto cualquiera en clase o algo por el estilo, ese tipo de cosas simples que para el otro a menudo significaban tanto, por lo que continuó sin mirarlo por lo menos hasta escuchar sus siguientes palabras. De haber estado bebiendo algo, juraría que lo habría escupido. Afortunadamente, lo único que pasó fue que tuvo que tomarse un momento para terminar de tragar y no ahogarse en el proceso—. ¿Estás diciendo que conociste en persona al proclamado Rey de los Juegos? ¿En Francia? ¿Cómo demonios? —mencionó una vez que se vio en condiciones de hablar, sin ocultar la sorpresa, pues, ciertamente, no se trataba de algo que hubiese esperado.

Por si fuera poco su comentario sobre su encuentro con el “Rey de los Juegos”, que hasta casi podía sentir que estaba presumiéndole su buena suerte, a continuación salió a flote la mención de cierta muchacha rubia, y casi podía sentir que el simple hecho de escuchar su nombre lo había hecho tensarse durante unos segundos. Suerte que en esta ocasión no estaba comiendo nada—. Sí, la vi. Mantuvimos algo de contacto antes de su partida —fue lo único que dijo, sin la intención de dar más detalles sobre lo ocurrido con ella en ese tiempo. Pero no contaba con la siguiente acción del castaño, que descaradamente estiró el brazo hacia su plato, logrando hacerse con uno de sus camarones. Oh, si pensaba que iba a dejar las cosas así, estaba muy equivocado—. ¡Eh! ¡Devuelve eso, bribón! —exclamó, levantándose de su asiento para tratar de tomar el marisco antes de que el otro pudiese comerlo. Sabía que de antemano no le iba a resultar una tarea fácil, de manera que comenzaron a forcejear un poco, cada uno intentando apropiarse del camarón que a este paso terminaría destrozado. Él no estaba dispuesto a consentir un robo tan descarado, pese a que prácticamente estaban haciendo un espectáculo allí y varios de los comensales y los propios encargados ya se habían volteado a verlos con extrañeza. Sin embargo, la escena no duró mucho, pues en un descuido al poner una de sus manos en el lugar equivocado, que casi parecía estar estratégicamente colocado para provocar lo que había provocado, terminó disparando un proyectil de alimento hacia un punto incierto. Que una persona que pasaba por allí en ese preciso instante tuvo la mala suerte de recibir.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Judai Yuki el Jue Sep 22, 2016 2:04 am

¿Qué podía ser mejor que una reunión improvisada con uno de sus antiguos mejores amigos de la Academia? Definitivamente aquél era su día de buena suerte, porque no importaba que Manjoume no quisiera verlo ni en pintura en ese momento, él tenía suficiente entusiasmo para los dos. Vamos, que incluso estaba dispuesto (un poco) a sacrificar su amor por los camarones fritos y dejar que su compañero se apropiara de ellos, incluso cuando se trataba de su plato favorito y se le hacía agua la boca probar aunque fuese solamente uno. No tenía nada que ver con la mirada intimidante que le dirigió el otro para que dejara de insistir, claro que no. A pesar de que carraspeó un tanto nervioso cuando su pequeña excusa fue descubierta tan fácilmente, todavía en ese instante no dejó de embozar una amplia e incómoda sonrisa—. ¿Me crees si te digo que desde ahora? —preguntó, con un tono de voz unos niveles más agudo de lo normal, y probablemente su expresión de ingenua esperanza a que el otro le respondiera que no tenía precio. Al fin y al cabo, no importaba qué tan mordaces fuesen los comentarios del muchacho de cabellos oscuros, él estaba demasiado feliz con su encuentro fortuito para ofenderse por alguno de ellos. Sabía que Manjoume era buena persona y su ceño fruncido era nada más por el hambre.

Estaba bien, él entendía el sentimiento completamente. Estaba casi seguro que, sin comida por unas horas podría llegar a explotar o algo por el estilo, y prefería ahorrarse la experiencia. Por tanto, se contentó con seguir cual sombra a su amigo por el local de comida, con la maravillosa excusa y oportunidad de abastecerse de un almuerzo nutritivo por una vez en la vida, aunque todavía no podía ir a buscar el postre o Manjoume aprovecharía la oportunidad para perderle de vista, y él no estaba dispuesto a permitir que su reunión acabara tan pronto. No señor, como mínimo iba a extorsionarle toda la información de contacto posible. Además, ¿qué podría salir mal? Habían sobrevivido a la compañía del otro en la Academia, en el Sweet Valley no podía ser tan diferente siempre y cuando no hubiesen objetos punzo-cortantes alrededor, afortunadamente los cubiertos del local eran todos de plástico—. ¡Vamos, Manjoume! ¿Dónde está tu entusiasmo? ¿No has conseguido un deck que te satisfaga últimamente? —se tomó la libertad de darle un par de palmaditas en la espalda al tiempo que hablaba, con su usal tono animado. Después de todo, especialmente esa temporada desde el lanzamiento del HERO's Strike la vida de duelista aficionado marchaba sobre ruedas. No sabía si los Dragones Armados o los Ojamas habían tenido tanta suerte como sus Héroes Elementales ese año.

Había tomado con humor cuando su compañero aceptó su invitación a un duelo amistoso en alguna oportunidad, y simplemente no puso resistir la tentación de referirse a su siguiente reunión como una cita. No se molestó cuando el implicado en cuestión permaneció en su silencio neutral, entendía que no todos apreciaban su talento de comediante. Y todavía debían llegar a la mesa a comer luego de llenar sus bandejas de los alimentos servidos, no fue sorpresa que tuviese la confianza suficiente para sentarse frente a su amigo sin siquiera esperar una invitación, estaba empeñado a pasar tiempo con él, aunque fuese un poco a la fuerza. Se entretuvo el tiempo suficiente devorando su almuerzo, ¡no sabía que el pollo de allí era tan bueno! Y sólo abandonó su actividad para atender la pregunta del contrario, respondiéndola sin pensárselo demasiado. Si acaso ya se sentía un poco presumido de revelar la información de haberse encontrado con nada menos que El Rey de los Juegos en persona, la reacción de Manjoume sólo infló un poco más su ego—. ¡No tengo ni la menor idea! —respondió en el mismo tono de consternación que el otro, sólo que se le escapó una risa de por medio—. Seguramente estaba en una gira secreta o algo por el estilo. ¡Pero me dio la mano, Manjoume! ¡El señor Yami Yugi me dio la mano! —enfatizó su punto, encargándose de remarcar la importancia de este agitando su mano derecha prácticamente frente a la nariz de su compañero.

Cuando calmó un poco de la emoción de sus recuerdos felices, tampoco pudo evitar tomar la oportunidad para mencionar a Asuka, probablemente la única otra amistad que tenían en común. Se había sentido muy feliz de reunirse con ella después de un tiempo, lástima que su estancia en la ciudad no fue demasiado prolongada. Esta vez, esperó a por la respuesta contraria con algo de picardía, una mueca bastante inusual en su rostro—. ¿Ah, sí? ¿Y tuvieron muchos duelos juntos? —se inclinó ligeramente en el asiento, y aunque no estaba implicando nada en sus palabras, la sonrisa amplia que profería en ese momento harían dudar a cualquiera. Por supuesto, todo fue parte de su plan para distraer a Manjoume y asaltar de sorpresa su plato de comida, apropiándose de un camarón frito en el acto. Aunque celebró su victoria, habría pensado que echárselo a la boca era suficiente para que Manjoume se resignara; por el contrario, su respuesta fue agresiva y precisa, en un instante le había arrancado la pieza de camarón y estaban forcejeando—. ¡Déjalo, es mío! ¡Tiene mis gérmenes! —se quejó en voz alta, apenas aguantando la risa de la situación. En algún momento el camarón frito salió volando desde su mesa hasta la cabeza de un comensal cercano, una señora de edad avanzada que caminaba por ahí, y el grito femenino por la sorpresa de tener algo grasoso y desconocido de improviso en el cabello no se hizo esperar. De inmediato quedaron ambos congelados en el lugar, en la sospechosa posición donde Manjoume todavía trataba de ahorcarlo—. Oh, am... ¿crees que esté enojada...? —musitó, apenas en un susurro. Y observó con pavor cómo la señora se acercaba a pasos pesados hasta su mesa.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Mar Ene 31, 2017 10:52 am

En vista de que el asunto de los camarones fritos ya había quedado claro, asumía, hizo un buen trabajo en ignorar las miradas que el castaño le dedicaba a su plato en el que estos estaban, por lo que sencillamente se limitó a continuar la charla que de una forma u otra había terminado surgiendo. El pensar en la imagen de Judai comiendo alimentos saludables y preocupándose por lo que consumía era un escenario tan insólito (e imposible) como derrotar a Exodia. Sólo era necesario conocer los hábitos alimenticios del otro para saber que aquello no estaba más lejos de la realidad, y dudaba que algo de eso hubiese cambiado en el tiempo que transcurrieron sin saber nada del otro. De cualquier forma, era evidente que no se iba a creer una excusa tan simple, ni siquiera aunque el otro estuviera casi poniéndole ojos de cachorrito para que simplemente le siguiera la corriente y sólo dijera que sí—. Mira, qué casualidad. Nadie diría que sólo se trata de un pretexto —hizo ademán de encogerse de hombros, como restándole importancia. De todas formas, no es como si el asunto en sí tuviera demasiada importancia, ni siquiera sabía por qué le había replicado todavía en primer lugar. Sólo debía darse media vuelta y continuar con su selección de comida, ya que había conseguido lo que quería sin demasiadas quejas por parte del otro, aunque dudaba que más adelante no hiciese algún movimiento con tal de adueñarse de uno de sus camarones.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Jue Jun 29, 2017 1:31 am

En vista de que el asunto de los camarones fritos ya había quedado claro, asumía, simplemente ignoró las miradas que el castaño le dedicaba a su plato, limitándose a continuar la charla que de una forma u otra había terminado surgiendo. El pensar en la imagen de Judai comiendo alimentos saludables y preocupándose por lo que consumía era un escenario tan insólito (e imposible) como derrotar a Exodia. Sólo era necesario conocer los hábitos alimenticios del otro para saber que aquello no estaba más lejos de la realidad, y dudaba que algo de eso hubiese cambiado en el tiempo que transcurrieron sin saber nada del otro. De cualquier forma, era evidente que no se iba a creer una excusa tan simple, ni siquiera aunque el otro estuviera casi poniéndole ojos de cachorrito para que le siguiera la corriente—. Qué casualidad, nadie diría que se trata de un pretexto —respondió, mirándolo de reojo. De todas formas, no es como si el asunto en sí tuviera demasiada importancia, ni siquiera sabía por qué le había replicado en primer lugar. Sólo debía darse media vuelta y continuar con su selección, ya que había conseguido lo que quería sin demasiadas quejas por parte del otro, aunque dudaba que más adelante no hiciese algún movimiento con tal de adueñarse de uno—. Tampoco tiene mucho caso actualizar un deck si no hay a quién patearle el trasero con él —se encogió de hombros.

Sin embargo, la revelación de que la misma persona que tenía sentada delante de sí había tenido el honor de conocer al Rey de los Juegos personalmente le había caído como un balde de agua fría. Pese a que intentó que la sorpresa no se reflejara mucho en su expresión, no pudo hacer demasiado cuando la comida casi se le atora en la garganta al intentar hablar más pronto de lo que debía, e incluso las palabras que articuló después no evitaron ser dichas con notorio desconcierto. Le costaba imaginar el encuentro como algo casual y casi, casi sintió envidia del castaño. La actitud que había adoptado éste tampoco ayudaba mucho—. Sí, Judai, ya entendí tu punto. No necesitas restregármelo en la maldita cara —frunció el ceño, no muy a gusto con el entusiasmo de su interlocutor y el hecho de que no dejaba de agitar la dichosa mano en sus narices. Ya habiendo recuperado un poco la compostura, volvió nuevamente su atención a la comida en su plato, intentando parecer lo más neutral que pudo al respecto—. ¿Y qué? ¿Te acercaste y le dijiste que lo habías visto en la televisión? —cuestionó, y pensó que realmente no le sorprendería escuchar una respuesta positiva por parte del chico, a pesar de que la pregunta iba hecha con un sentido irónico. Lo conocía, después de todo, y aquello sonaba como algo que él haría.

El siguiente tópico que Judai decidió tocar no fue mejor, tomando en cuenta lo… complicado de su relación con la muchacha mencionada, que había terminado por irse de Sweet Valley más pronto de lo que, quizá, él mismo hubiera querido. Intentó tomárselo con bastante neutralidad, cosa que le estaba funcionando bien hasta que vio esa sonrisa sospechosamente amplia en el rostro del muchacho de ojos marrones, diferente a las que usualmente solía esbozar—. No me agrada el tonito con el que lo dices —entornó ligeramente la mirada con recelo, sin intuir que todo aquello formaba parte del plan del contrario para, aprovechando un momento de despiste, robarle uno de sus camarones del plato. Su primera reacción había sido la de intentar recuperarlo, cometido en el que falló estrepitosamente. Y, para colmo, el alimento había terminado quién sabía cómo en el cabello de un cliente. Una señora, para ser más específicos, que pegó un grito que llamó la atención de todos los comensales. Ambos se quedaron petrificados un instante, hasta que el otro decidió romper el breve silencio con un comentario de lo más innecesario.

Oh, no lo sé, creo que su ceño fruncido no me dice nada. Seguramente sólo viene directo a nuestra mesa a saludar —rodó los ojos, conteniendo las ganas de darle un golpe en la cabeza por hacer un cuestionamiento tan obvio. Lentamente aflojó el agarre en el cuello de la camisa del castaño, aunque sus ganas de ahorcarlo no habían disminuido (diría que al contrario); mas no se alejó todavía—. Escucha, si nos echan de aquí por esto… —pero no pudo terminar de hablar porque fue interrumpido por una voz femenina llena de cólera; la señora había resultado más escandalosa de lo que cualquiera de los presentes hubiera querido. Un almuerzo tranquilo, eso era lo único que deseaba. Y ahora tenía a una señora histérica prácticamente gritándole casi en el oído. ¿Era demasiado pedir comer en paz? Inspiró hondo y tuvo que armarse de toda la paciencia que disponía para no decirle un par de cosas a la mujer en cuestión, hasta que la susodicha pareció terminar su discurso. Se cruzó de brazos, sintiendo que le palpitaba una vena en la frente. Iba a terminar con un fuerte dolor de cabeza a este paso. Miró a Judai con seriedad—. ¿Y bien? ¿No vas a disculparte? Después de todo, fue tu culpa que el camarón saliera volando —y como no podía ser de otra manera, le cargó toda la responsabilidad al otro chico, pese a que la fémina en cuestión no parecía que iba a conformarse con una simple disculpa.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Judai Yuki el Miér Jul 05, 2017 7:37 am

Por supuesto, años de vivir en aquella ciudad le habían demostrado que el mundo era un pañuelo y las sorpresas gratas que ello podía conllevar nunca le parecían pocas. Se trataba de una de esas ocasiones, donde la decisión de simplemente salir de casa ese día para estar allí y en ese momento le hacía querer sonreír, como si se tratara del mejor regalo de navidad del mundo: él apreciaba mucho a sus amigos, y Manjoume era uno de esos seres humanos que pese a su actitud huraña y agria, siempre le alegraba estar alrededor. Tal como si el contraste de sus personalidades le significase un magnetismo absurdo, seguro que el otro se quejaba de que él le seguía como perro faldero por toda la tienda de comida. Y no estaba del todo equivocado. Se negaba fervientemente a desperdiciar la oportunidad, no iba a dejarlo ir sin al menos tener una plática larga y extendida con su amigo de expresión sofocada. Además, la comida siempre tenía mejor sabor cuando estaba rodeado de otras personas, eso lo podía dar como un hecho.

Los duelos siempre serían su cosa favorita, y que el muchacho de ojos grises compartiera su mayor afición era uno de os motivos por los que se volvieron amigos: a la fuerza, y porque probablemente él era muy persistente. Pero estaba seguro que todo había resultado para bien en la Academia, y volver a encontrarse allí era una señal del destino para continuar—. Pff, no digas eso. Puedes patearme el trasero cuando quieras —la simpleza de su declaración era graciosa; la expresión despreocupada de su rostro se tornó de pronto en una sonrisa de complicidad, a continuación, incluso se tomó la molestia de guiñarle un ojo con gesto lúdico—. Por supuesto, si es que ganassin pretensiones, pero sus cartas E-Hero no eran un hueso fácil de roer antes, y mucho menos lo serían luego de años perfeccionando su técnica. Tenían una rivalidad que mantener, después de todo, ¿qué clase de duelista sería si fuera y le permitiera al otro ganar tan fácil? No uno que se respetase, por mucho que se tratara sólo un pasatiempo y no se considerase especialmente competitivo. ¡Lo importante era divertirse, por supuesto! Que fuera excepcionalmente bueno en los juegos de cartas era sólo un beneficio conveniente, y seguro que Manjoume lo recordaría también: le gustaban los desafíos.

Irónicamente, al instalarse a comer, el tópico de la comida había sido rezagado a segundo plano con rapidez abrumadora. Claro, cualquier jugador informado reconocería la abrumadora sensación de haber visto al mismísimo Rey de los Juegos en persona. Él sólo había tenido suerte, tanta que hasta era descarado de su parte dedicarse a presumir. No podía evitarlo, seguramente esas oportunidades se daban una vez en la vida o algo por el estilo—. Le dije que lo había visto en una revista y que tenía un gato llamado Faraón —asintió con la cabeza, con la misma expresión orgullosa de un niño pequeño que enseña un dibujo de crayón a sus profesores, aunque la última parte de su afirmación sonaba un poco inconexa con todo lo demás. Pero, ¡hey! Se trataban de un hecho verídico, no podía hacer nada para arreglarlo. El hilo de la conversación continuaba, y él se valió de una pequeña trampilla para hacer caer desprevenido a su amigo: por supuesto, sabía que su historia con Asuka era un poco complicada, pero quizá valía la pena arriesgarse a una paliza posterior si alcanzaba a hacerse con un camarón frito del plato ajeno. Era una acción sumamente inocente, siquiera tomó uno de entre el montón. No mentiría al decir que se estaba esperando el desenlace de forma violenta, pero lo que no planeó fue ni siquiera alcanzar a darle un bocado a su botín robado.

Entre el forcejeo y el intento de ahorcarlo por parte de su amigo, el camarón frito en cuestión salió volando de la mesa como un proyectil, yendo a parar directamente a la cabeza de una señora mayor que profirió el grito de su vida. Por si fuera poco, la dama enojada se dirigía directamente hacia su mesa, donde Manjoume apenas había soltado su camisa. Tragó saliva forzosamente, sabiendo de antemano que aquella situación no iba a terminar del todo bien. Se lamentó en silencio por su comida inacabada, y aún más por los camarones que no había alcanzado a probar del plato ajeno. Un verdadero desperdicio—. No creo que sea tan grave... —trató de darse ánimos, aunque a sus propios oídos sonaban a palabras vacías. Cuando la señora en cuestión llegó a su mesa, y comenzó prácticamente a ladrar las reprimendas para los dos jóvenes, él daba la impresión de querer esconderse detrás de su compañero hasta que todo se acabara, pero no podía hacerlo sin que la situación se viera un poco más ridícula. Casi soltó un reclamo al escuchar la acusación del contrario, como si por primera vez alguna de sus palabras le llegara a molestar, pero su disgusto fue opacado con el bochorno de saber que de cierta forma era verdad—. Lo siento mucho, señora —ofreció débilmente, con una sonrisa torpe. Pero no se esperaba que la dama en cuestión se erizara de tal manera apenas escuchó la palabra "señora" salir de su boca; al parecer había dado en un punto sensible.

Era ridículo en el mejor de los casos, pero incluso cuando la situación se le había ido un poco de las manos, la señora no dejaba de gritar y les pidieron amablemente que se retiraran del lugar, no dejaba de pensar que todo había valido la pena. Al menos estaba con Manjoume, y eso era definitivamente lo más importante. El tiempo que no corriera en peligro de muerte por estar cerca de él—. ¡Te compraré un almuerzo nuevo! —se apresuró a exclamar tan pronto cruzaron la salida del local, no decidiéndose entre mantener la distancia u ofrecerle unas palmaditas de consolación en el hombro.

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

Mensaje por Jun Manjoume el Dom Sep 24, 2017 7:18 am

Habían pocas certezas de las que podía jactarse, pero una de ellas siempre sería que en cualquier situación donde Judai estuviera involucrado, resultaría un inconveniente absurdamente molesto, llegando al extremo de que ni siquiera era capaz de disfrutar de una comida en tranquilidad con el duelista más joven revoloteando alrededor, como un cachorro hiperactivo pidiendo atención. Lo peor del dichoso muchacho es que ni siquiera parecía recoger el filo de su sarcasmo, respondiéndole cada comentario pernicioso con la usual alegría que irradiaba su estupidez abismal. A pesar de sus intenciones de continuar caminando e ignorarle, el contrario se las arregló para sentarse en la misma mesa que él (por supuesto, sin su permiso, una negativa implícita no iba a detenerle) y entablar conversación. Se encontró un poco sorprendido de que incluso a esas alturas de sus vidas, con años entre los días de la Academia y el presente, los duelos continuaron siendo el tópico seguro al que apoyarse para hablar. Si había algo que no rechazaba, se trataba de un buen desafío, y si tenía que admitir algo, es que al menos Judai consistía en un rival bastante decente cuando se trataban de juegos de cartas, pero no por ellos tenía que aguantar sus comentarios como si ya lo hubiera derrotado en más de una ocasión.

¿Crees que unas cuantas victorias te dan el derecho de pavonearte delante de mí? —esta vez, sólo por esta vez, su actitud petulante se volvió a transformar en la mezcla de antaño de adolescente engreído que se creía superior por llevar el color azul. Pero había madurado desde entonces, lo suficiente para reconocer las habilidades del slifer rojo que tantos problemas le causó en un inicio—. ¡Te enseñaré a no tomar a Manjoume Thunder a la ligera! —por supuesto, pudo haberse emocionado un tanto, lo suficiente para alzar la voz un poco más de lo necesario en medio de un lugar público, pero si alguno de los comensales siquiera se molesto en observar la guerra de miradas que ambos jóvenes estaban batallando, ninguno de ellos siquiera lo notó. Por un momento, se sintió la nostálgica sensación de tener sus cartas en todo momento de nuevo, cuando conseguir mejores cartas y monstruos más poderosos era una parte relevante de su vida. Afortunadamente, no tuvo suficiente tiempo para ponerse sentimental en frente de la peor persona posible, pero hubiera deseado que fuera algo diferente a simplemente tener al slifer restregándole otro más de sus logros en frente de sus narices. Porque siendo sincero, siempre consideró que Judai tenía una suerte absurdamente injusta.

Enterarse además de que el castaño había gastado la oportunidad de su vida hablándole al Rey de los Juegos sobre su gato tampoco significó una sorpresa, esa clase de cosas se las esperaría del descerebrado. Pero aún se sentía como recibir un puñetazo, tenía que aliviar su picor de envidia de alguna forma—. Y tal vez Yami Yugi dejó de aparecer en público luego de que un fan loco lo arrinconara para hablar de su gato —con la mayor neutralidad posible, se cruzó de brazos fingiendo indiferencia, pero tuvo que ahogar una pequeña sonrisa de satisfacción al distinguir la mueca de molestia infantil que el otro inmediatamente colocó. Cualquier pensamiento similar a quizá pasar tiempo juntos no resultara tan malo fue inmediatamente aplacado cuando Judai tuvo el descaro de mencionar a la ausente Asuka. Tenjoin-kun era un tema privado, preferiría desollarse a sí mismo antes que discutir con slifer slacker cualquier alusión a su relación. Sin embargo, la causa de su shock temporal se trató nada más que una treta sucia, que le sorprendió puesto que no creería que el otro tuviera suficiente materia gris para planificar algo. Claramente, no se dejó robar, ni siquiera un mísero camarón. Entre la discusión, las risas sofocadas (por parte de Judai) y el intento de asfixiarlo (por su parte), un comensal del público fue víctima del camarón volador no identificado, sólo les quedaba esperar la sentencia.

Siento quien era, era completamente consciente de que un incidente menor no les significaría ninguna penalidad grave, sin importar qué tantos reclamos pudiera tener la señora de edad que se acercó a regañarles. Lo que no se esperaba es que Judai fuera capaz de joderla dos veces en tan poco tiempo, terminando con la misma señora roja de furia y prácticamente escupiéndoles en el rostro. Desde allí, el desenlace natural fue dolorosamente obvio: con el estómago vacío, y la ilusión de una buena comida arrebatada injustamente, los echaron del local debido al escándalo. Todo lo que quería era asfixiar al contrario, y en esta ocasión, terminar bien el trabajo. En cambio, se encontró con el muchacho afuera, que reaccionó bastante deprisa a sus intenciones asesinas, un extraño instinto de auto-conservación que debió haber desarrollado en el tiempo donde no estuvieron juntos—. Está bien —decretó, luego de un silencioso tortuosamente largo, nada más para alargar el sufrimiento de su compañero—. Y no me importa que seas pobre, slifer slacker. No comeré cualquier tontería que estés dispuesto a ofrecer —no podía faltar su declaración de arrogancia, no importaba que la única respuesta a su comentario fue el asentir vigoroso del otro sujeto—. ¡Y si tratas de abrazarme, juro que te romperé el brazo en el mismo momento! —exclamó, tan pronto como identificó el entusiasmo inapropiado que parecía emanar del contrario. Aunque en el fondo, sabía que ninguna amenaza lo iba a detener (y efectivamente, no lo hizo).

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Re: No te metas con mi comida. [Priv. Judai Yuki]

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